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Baile de navidad 2015: Especial campeones

Cuenta de Ambientación el Lun Dic 21, 2015 7:42 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Baile de navidad: especial campeones
Todos los alumnos y personal de Hogwarts

Como todos los años, estas festividades se celebraba el baile de navidad. En esta ocasión, no obstante, iban a a ser un poco más especiales. El hecho de que en Hogwarts estuvieran celebrándose el torneo de los cuatro magos, hacía que Dumbledore se llenara de orgullo y, en base a eso, quería dedicar el baile a sus campeones. Se dieron clase durante dos semanas para todos aquellos que no sabían bailar, totalmente opcionales para todos menos para los campeones y sus respectivas parejas, la cuales deberían asegurarse de que sabían abrir un baile o a McGonagall le podía dar un infarto.

Así pues, llegado el especial día antes de la marcha de todos los que pasarían las navidades con sus familiares, el baile estaba totalmente preparado. Todo el gran comedor poseía un aspecto liviano, con decoraciones blancas por todos lados mientras un hechizo hacía que pareciera que estaba nevando. El suelo estaba nevado estéticamente, ya que no era nieve que se fuera a derretir. Las mesas estaban colocadas a ambos lados del gran comedor, redondas y llenas de comida y bebida, manjares típicos navideño. En el centro, desde la puerta, había una alfombra gris por donde entraba todo el mundo, preparada para que los campeones, acompañados de sus parejas, nos ofrecieran el primer baile de la noche.

Dumbledore pidió la atención de todos y señaló hacia la puerta, en dónde estaba sus campeones.

Que entren los campeones.

OFF: ¡Hola!

El baile estará abierto desde ahora hasta el 25 de enero. Se puede entrar, comer, hablar y hacer lo que queráis menos BAILAR. Los primeros post de los campeones y sus acompañantes serán entrando al gran comedor todos juntos para llegar a la pista de baile y abrirlo, dando por hecho que estáis todos juntos afuera esperando. Después de que ellos bailen, ya pueden bailar todos.

Técnicamente es un baile en dónde "obligatoriamente" hay que llevar pareja, pero como en todas partes, si no has conseguido pareja, puedes ir solo. Eso sí, McGonagall te mirará por encima del hombro con reproche.

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Cuenta de Ambientación el Lun Ene 18, 2016 4:03 am

POST AMBIENTATIVO
Todos los alumnos y personal de Hogwarts

Todo en el baile iba perfectamente, nadie había dejado sin dedo del pie a nadie, no había habido ninguna pelea, los profesores estaban contentos por la gran participación de los campeones en el baile y todo, aparentemente, estaba surgiendo normal. Pero había algo en aquel comedor en lo que nadie se fijaba nunca... El techo, ¿acaso alguien se fijaba en el techo?

De repente, desde lo más alto del techo del Gran Comedor, comenzaron a bajar unas pequeñas plantas. En un principio nadie se percató de ellas, pues apenas se veían. A medida que el baile continuaba, aquellas raíces del famoso muérdago cayeron cerca de muchas de las parejas que habían en el baile.

Cuenta la leyenda que quién se bese bajo el muérdago será una pareja que dure para siempre, mientras que si se niega, la persona tendrá siete años de mala suerte en el amor.

¿Quién se arriesgaría a probar?

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Invitado el Lun Ene 18, 2016 4:37 am

"La Navidad agita una varita mágica sobre el mundo, y por eso, todo es más suave y más hermoso."
Norman Vincent Peale



Navidad, qué agradable sentimiento. Para la mayoría de las personas tenía un significado familiar, uno que Nina había perdido tras la muerte de sus abuelos, ya que con sus padres jamás llegaría a ser lo mismo. Para ellos era un estorbo, aunque en verdad a Nina no le importaba, no era como si jamás hubiese conocido el amor familiar o como si a ella misma no le gustase también buscarles el odio. Por supuesto, no iría a casa para celebrar las fiestas con su familia y se quedaría mejor en Hogwarts a pasarla con los compañeros que decidiesen quedarse. Amaba el ambiente navideño en el Castillo, y por sobre todo la salida Hogsmeade que siempre se planificaba para ese fin de semana.

Pero Navidad, también implicaba la noche del Baile de Navidad, ese al que la mayoría de las chicas de su casa deseaba ir, mientras que los chicos ojalá no llegara jamás ¡Menuda panda de valientes! Por suerte Nina jamás había necesitado de los hombres y se mantenía en pie de guerra con su postura feminista, por lo que no pensó dos veces en la opción de ir al Baile a solas, de hecho, ni siquiera por un momento pensó en buscar compañía.

Se arregló sólo lo necesario, un vestido sencillo, nada de peinados, ni mucho maquillaje, pues la verdad es que recién estaba aprendiendo a usarlo, para muchas cosas aún se sentía inmadura y pudo comprobarlo cuando llegó el baile y comenzó a ver los vestidos de las chicas y los cuerpos que éstas lucían en los brillantes y entallados trajes. Llegó a sentirse incluso un poco en menos, porque parecía que le faltaban pechos para entrar a esa fiesta. Sin embargo, suspiró… No es como si aquello fuese a cambiar radicalmente para el próximo año, se lo decía la genética.

Caminó entre los estudiantes, saludando a quienes conocía, para luego ver por entre medio de la gente, como es que Sirius Black, un chico de su misma casa sólo un año mayor que ella, invitaba a bailar a la Profesora McGonagall, por lo que sonrió con la intención de irse a parar a una orilla de la pista de baile para poder observar la escena. Fue ahí cuando vio a Remus, otro de los Prefectos de su Casa, bebiendo cerveza de mantequilla con una de las campeonas de Hogwarts, y sintió sed.

Sin dejar de echar vistazos repetitivos a la pareja de la profesora con el alumno, se acercó hasta la mesa de los refrescos de donde sacó una jarra de cerveza de mantequilla y, bebiendo de ella con mucho cuidado, se acercó nuevamente a uno de los bordes de la pista de baile en donde sonrió a Remus, para saludarle a la distancia, y lo mismo haría con Sirius, Johanne, Ruben y cualquiera de los miembros de su Casa que ahí estuviesen presentes.

Y cuando todo parecía ir de maravillas, sorpresivas hebras de muérdago comenzaron a descender del techo, invitando a besarse entre todas las parejas presentes, por lo que Nina abrió mucho los ojos, preparándose ya para ver el caos que quedaría en ese lugar durante los siguientes minutos y, por sobre todo, temió porque Black sí se atreviera efectivamente a besar a la Profesora Minerva y ésta, escandalizada, descontase quinientos los puntos de Gryffindor para dejarles en cuenta negativa.
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Invitado el Lun Ene 18, 2016 2:23 pm

Había que reconocerlo… La Profesora McGonagall era una experta en baile y, a pesar de sus años —aunque narrativamente hablando, sólo unos cuantos menos de los recordamos del capítulo en el que el bebé Harry es dejado en la puerta de los Dursley, en donde mi yo user le imagina así—, la bruja seguía teniendo varios de sus encantos y nadie podía negar la belleza de sus grandes ojos a pesar de la mirada severa con la que muchas veces los estudiantes se encontraban.

Sirius, por su parte, hasta ese momento se había comportado como un verdadero caballero, y es que realmente no tenía intención alguna de menos respetar a la bruja; bromas eran bromas, y de esas nadie se salvaba, por ello lo del intercambio de discos en el primer día de los ensayos, pero Minerva era Minerva y jamás negaría ante nadie que a esa bruja no sólo la respetaba —aunque a su manera— y también le admiraba. Bailaba con ella como si en el fondo la bruja fuese capaz de, por un momento, sacar lo mejor de él en cuanto a modales y costumbres se tratara. Para el alumno, sacarle a bailar había sido un desafío, pero eso no significaba no se comportara. Además, ella era realmente una bailarina experta, con quien podía hacer que un simple baile, fuese algo realmente para recordar. Y así lo intentó hacer Sirius, cuando luego de un momento con ambos en la pista, le obsequió una sonrisa sincera para transmitirle un poco de su misma confianza, antes de probar con algún otro movimiento de esos que sólo se ven en las competencias de baile de parejas expertas y, por supuesto, McGonagall no se quedó atrás.

Fue en ese momento, cuando todo estaba saliendo perfecto y parecía que ambos comenzaban a relajarse y a disfrutarlo, cuando las delicadas hebras de la planta de muérdago (la que por cierto era una planta parásita XD) comenzaron a llenar el Gran Salón, prometiendo causar ahí el caos y la destrucción.

Sirius miró a la Profesora con cara de sorpresa y, teniendo una de sus manos sujetada, mientras su otra estaba por allá por la cintura de la bruja, abrió la boca con la intención de excusarse.

—Lo siento Profesora, de verdad lo siento y quiero que lo entienda, porque en verdad la respeto, pero… no pienso tener siete años de mala suerte en el amor.

Se disculpó con una pequeña sonrisa de circunstancias, y así, tan imprevistamente, soltó la mano con la que sujetaba la otra femenina y tomó a la maestra desde detrás de su nuca para acercar sus labios a los de ella y darle así un simple piquito que, a sus ojos no hacía daño a nadie y sería capaz de dárselo hasta a su madre (que todos sabían cuan mala era la relación de Sirius con ella).

—Y lo siento, otra vez, pero esta es una emergencia.

Se explicó volviendo a tomarle de la mano para ir a escoltarle de regreso junto con los profesores, ya que a pesar de todo y como antes había dicho, le respetaba y no le dejaría simplemente tirada en medio de la pista. Volvió a dedicarle una sonrisa de disculpas y sólo en ese momento, ya perdió toda compostura de caballero y corrió, literalmente corrió, a donde se encontraban Remus y Rose; no para besar a la segunda, sino para robarse al primero.

—Lo siento Rose, es una emergencia.

Apenas alcanzó a disculparse, pues cogió a Remus por detrás de las caderas, como si tuviese la idea de comenzar a formar un trencito de conga y le hubiese elegido a él como la locomotora y le empujase directamente en medio de la pareja de baile que en ese momento eran Danny y Rhea, en donde soltó una carcajada, luego de haber pasado a llevar delicadamente a las chicas.

—Oh… ¡Lo siento!… Estábamos haciendo la conga y miren donde vinimos a dar ¡¿Qué cosas, no?! ¡Woooohooooohhh!!!

Exclamó alzando uno de sus brazos, antes de agarrar a Rhea de la cintura y llevársela a bailar un par de metros más allá, en donde también tomó su mano.

—Uh… Rhea… muérdago…

Señaló hacia arriba con una risa divertida, antes de mover sus cejas de arriba a abajo para la chica y soltar una nueva carcajada. La Hufflepuff también era su amiga, y la única persona del Castillo, que no fuesen sus mejores amigos, que sabía la situación de su familia, pues aún cuando se hubiese enterado contra la voluntad del mismo Sirius, era algo que también respetaba.

—Si no quieres tener siete años de mala suerte en el amor, puedes besarme, aunque sólo un piquito de amigos, eh? Nada de meterme la lengua que se me suben los colores.

Bromeó divertido, pero de todos modos esperó a que la chica tomase su decisión e hiciese lo que a ella se le antojase. Después de todo, él ya se había sacado de encima la maldición gracias a la Profesora de Transformaciones.

—… (rellene aquí con lo que Rhea decida XD)…—

Sirius le sonrió y detuvo momentáneamente el baile para tomarle de la mano y arrastrarle al lugar en donde había dejado antes a su verdadera pareja de baile, a quien sabía no podía dejar sola por mucho tiempo o aquello no sería nada bonito de su parte.

—Quiero presentarte a alguien. Rose Saunders, Rhea Jackson. Rhea Jackson, Rose Saunders  —sonrió a ambas —aunque de seguro al menos de vista se conocen, ambas son Campeonas del Torneo de los Cuatro Magos.

Alzó los hombros y su mirada, inesperadamente, fue a dar al techo otra vez para comprobar que ahí seguía la gran maraña de muérdago que cubría todo el salón, por lo que estiró sus brazos y cogió dos ramitas para ponerlas sobre las cabezas de ambas chicas.

—¡BESOS GRATIS! ¡VENGA YA! ¡DOS POR UNO, OFERTA DEL DÍA!

Exclamó lo suficientemente alto, como para quienes estuvieran estuviesen alrededor pudiesen escuchar aún a pesar de la música. Fue en ese momento, cuando esperaba que quizás algún otro chico se acercase a cobrar la oferta, que vio a la pequeña Nina Valmont a quien regresó la sonrisa.

—¡Hey! Nina, ven acá.

Le llamó invitándole con un movimiento de su mano y esperó a que la chica se acercase, ya que al parecer también había ido sola al  Baile.

—Chicas, les presento a Nina Valmont, Prefecta de Gryffindor, quinto curso. Nina, te presento a Rhea Jackson y Rose Saunders, ambas Campeonas, Hufflepuff y Ravenclaw respectivamente.

Sonrió a todas las chicas, pues a pesar de todo, a veces, muy a veces, Sirius era lo suficientemente preocupado por el resto como para no querer dejar a nadie solo. Después de todo, no cualquiera decide arriesgar su vida en la animagia simplemente para hacer compañía a uno de sus mejores amigos en sus momentos más inconscientes.

Y, hablando de esos mejores amigos, no pudo evitar echar un vistazo hacia la pista de baile para corroborar como le había ido a Remus.
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Invitado el Mar Ene 19, 2016 4:20 am

El ver a Sirius caminar decidido hacia la profesora Mcgonagall era como la crónica de una desgracia anunciada, se veía de lejos que haría algo que sacara de sus casillas a la profesora, era un hecho que pasaría, al fin y al cabo conocía a Sirius como si de su hermano se tratase y probablemente no se equivocaría si pusiera la mano en el fuego por alguna de las trastadas que este podía cometer en el baile y con ello terminar con algún castigo a mayores de los que ya solía ostentar.

No pudo evitar que una leve carcajada se escapase de sus labios cuando la Ravenclaw mencionó lo sucedido el día que había conocido a Sirius, carraspeando después para evitar que la joven se molestase o tomase aquella pequeña risa como una burla hacia ella o algo semejante - De Sirius me lo espero todo ya, después de seis años lo que me extrañaría es que algo no fuese una locura, pero disculpalo, no lo hace con maldad es que simplemente es así - Lupin siempre terminaba disculpándose por los otros dos merodeadores que solían estar inmiscuidos en todo fregado del colegio y era él quien tendía a dar la cara por ellos solo por el mero hecho de que parecía ser el que de verdad tenía consciencia de lo que realmente estaban haciendo. Sonrió levemente ante sus palabras siguientes, asintiendo con la cabeza - Soy el soso de los cuatro, ya sabes, el aguafiestas, por lo que creo que el término de "Pepito Grillo" me va al pelo - Esta vez fue él quien se encogió de hombros negando levemente - No sirve de demasiado, bueno, para darme quebraderos de cabeza, eso se les da de miedo a los dos.

No dudaba en absoluto de que Sirius iba a bailar con la profesora y que esta no tendría todas consigo a la hora de aceptar, pero allí se encontraba, bailando tranquilamente con esta sin demasiada oposición por parte de la profesora y hasta podría pensar que se lo estaba pasando bien aunque probablemente la tensión de que Sirius la liase estaba ahí presente en todo momento, cosa que no tardó en pasar. Quizás él ya estaba tan acostumbrado a las burradas de Sirius y por ende lo que estaba haciendo que parecía sorprender a Rose, para él era bastante light comparado con lo que podía llegar a hacer este - Con el tiempo este tipo de cosas ya no te sorprenden, de hecho creo que ni el hecho de que acabe de besar a Mcgonagall me altera.- En realidad un poco sí, para que negarlo, pero cuando estaba a punto de contestarle a Rose que lo suyo no era el baile, sintió como los pelos de la nuca se erizaban y aquello no era buena señal, la cual empeoró cuando escuchó la voz de Sirius y el posterior empujón directo a donde estaba viendo que iría y no estaba preparado para aquello - Black frena o esto no te lo perdono. - Palabras que se vio que o se perdieron o el otro ignoró vilmente.

Sus palabras de después que en otra situación habrían hecho que se riese en aquel momento le pusieron algo tenso, haciendo que tomase aire tratando de quitarse la expresión de incomodidad de la cara antes de ver como Sirius se iba con Rhea y él mismo quiso hacer lo mismo pero no iba a dejar a Danny allí con la palabra en la boca y mucho menos que pensase (o más bien confirmase) que trataba de evitarla por lo que elevó ambas cejas mirando a la rubia antes de decir lo primero que se le había pasado por la cabeza - Estás preciosa hoy - Una señal de "ERROR PELIGRO TERMINAL" pareció encenderse en su cabeza haciendo que él mismo se diese cuenta de que había dicho algo que podría desencadenar en algo que no quería o molestarla - Quiero decir yo...Es mejor que vaya a ... - Se quedó ligeramente pensativo ya que no se le ocurría una excusa y "salvar el mundo de una amenaza alien" no era la opción más adecuada - No sé bailar osea que es mejor que me vuelva por donde he venido a decirle a Sirius que te devuelva a Rhea - Se dio media vuelta para tratar de alcanzar a su amigo sintiéndose estúpido pero estaba seguro que quedándose la liaría todavía peor.
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Davina Abrasax el Miér Ene 20, 2016 12:15 am

Con Bastian.

Sonreí cuando Bastian sonrió después de que yo le dijese que me confiaba en que no me pisase los pies mientras bailábamos, porque siempre confiaba en él. E gustaba esa sonrisa que estaba esbozando en aquel momento, pues no era muy común verle sonriendo, pero cada vez que yo le veía sonreir cuando estaba conmigo me sentía muy contenta. Me sentía contenta con él incluso cuando estaba serio y con cara de gruñón. ¿Qué me ha hecho este hombre, que me tiene como encantada?

-Pues si no fueses de fiar me pondría botas de combate para que mis pies sobreviviesen a tu peso pesado- repliqué medio en broma, y nos pusimos a bailar.

Ya había conseguido tres milagros esta noche: que Bastian fuese al baile, que se vistiese con un traje en vez de venir con vaqueros y camiseta, y que bailase conmigo. Eso sí que parecía magia más increíble que la magia que nos enseñan en clase, pues antes habría jurado que era imposible que Bastian me sacase a bailar delante de toda esta gente. Le había arrastrado yo a la pista de baile, sí, cierto, pero él había venido conmigo y yo no había tenido que arrastrarle como si se hubiese pegado los las suelas de los zapatos al suelo. ¿Conseguiría un cuarto milagro antes de que acabase la noche?

Como no, en cuanto le mencioné que no estaba siendo tan malo como seguro que él había pensado que tener que bailar iba a ser, Bastian se quejó. A veces parece un crío de cuatro años, en serio, pero era adorable. Entrecerré los ojos para mirarle con una expresión que pretendía ser de reproche por su queja y su “amenaza”.

-¿Oh? ¿Y qué clase de consecuencias, exactamente? ¿Me arrepentiré hasta el fin de los tiempos por haberte hecho pasar semejante horror?- pregunté manteniendo aquella mirada en los ojos y poniendo morros de nuevo.

Yo tenía energía para bailar y bailar y bailar y seguir bailando toda la noche sin parar, pero no me quejé cuando aquella canción terminó y Bastian decidió salir de la pista de baile, llevándome a mí con él para sentarnos en una mesa. Cuando nos sentamos cogí uno de los dulces de colores con pinta sabrosa que había en bandejas de plata allí y me lo llevé a la boca. Estaba tan delicioso como tenía pinta. No tenía pensado nada específico que hacer después del baile, aunque estaba abierta a todo tipo de opciones, y le pregunté a Bastian con curiosidad que si tenía él algo en mente, pero solo me respondió con un “quizás".

-¿Quizás?- repetí.- ¿Me vas a tener en ascuas toda la noche? Y luego la mala soy yo- bromeé.- Sí, ya tengo la maleta hecha… Sabes que soy previsora, no me gusta estar luego con prisas mientras toda la Sala Común es un desastre.- Mi curiosidad aumentó cuando me dijo que tenía algo que darme, y mis labios se curvaron de nuevo con una ligera sonrisa.- ¿En serio? Vaya, ahora sí que tengo mucha curiosidad…

No llegué a preguntarle qué era eso que quería darme después, pues en ese momento algo captó la atención, un movimiento sobre nuestras cabezas. Alcé la mirada y vi como desde el techo estaban creciendo ramas de muérdago sobre las cabezas de las parejas que había por todo el Gran Comedor, y eso nos incluía a nosotros. Conocía la tradición: una vida de suerte en pareja si nos besábamos, siete años de mala suerte si no. Yo no creía mucho en supersticiones, aunque con la magia nunca se sabe. La verdad es que tenía ganas de besar a Bastian tanto con muérdago como sin él.

-Mira- dije, para que él se percatase de la presencia del muérdago sobre nosotros. Aquella sería la perfecta excusa para besarle sin que él pudiese rechistar, y ganas no me faltaban… pero no lo hice, porque no quise que él se incomodase. Aun así no dejé de sonreírle.
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Ian Howells el Miér Ene 20, 2016 1:10 am

Ian no le quitaba ningún tipo de razón a las palabras de Clary, de hecho eran lo más lógicas del mundo. El amor era algo que Ian tampoco había sentido nunca, por lo que tampoco sabía lo que se hacía por algo que la gente considera mágico. No obstante, el hecho de compartirlo todo con tu pareja era algo que venía en el paquete básico de aprendizaje sobre parejas y amor, por lo que lo de saber los enemigos era lógico.-Claro, cariño mío, ¿pero y si nos separan, qué? Seguiremos siendo uno frente al peligro.-Preguntó alzando ambas cejas ante lo que dijo de ser un princesita en apuros. ¡Por Dios, no! A pesar de que Ian adoraba la feminidad en las mujeres, algo indispensable para considerarla atractiva, odiaba a las mujeres que no rompen ni un plato o son débiles ante cualquier tipo de situación. Él negó con la cabeza rápidamente.-No, por favor. Dármelas de machote solo en la cama a ser posible, salvar a damiselas en apuros no está entre mis hobbies favoritos.-Le gustaban las chicas rudas, de esas con las que poder competir y no de esas otras por las que no preocuparse por si se rompen por un abrazo.-No me digas esas cosas que luego me gustas más.-Curvó una sonrisa encantadora.

Ian se sentía un poco incómodo ante el sentido analítico de la chica. Si a lo mejor estuviera analizándole de una manera más superficial, no le importaría, pero una de las pocas cosas de las que no le gustaba hablar era de él mismo y sus… ¿sentimientos? ¿Él acaso se entendía a sí mismo en ese nivel tan profundo? Era de esos chicos que se cerraban por el simple hecho de no saber exactamente cómo actuar en esas situaciones, motivo de que siempre intentase obviar ese tipo de sensaciones. Total, de todas maneras nunca había tenido que lidiar con ellas.

Ian la miró con un rostro un poco impaciente.-Puedes que tenga razón. Si te digo la verdad, ni yo mismo sé cómo soy. Depende de la persona, de la confianza…-Se encogió de hombros sin saber si darle la razón o no, por una parte porque ni él sabía y, por otra, porque si lo hubiera sabido, no sabría si querría que lo supiera.

Ian le contó entonces aquello que la chica quería saber. Le contó la primera anécdota absurda que le pasó por la cabeza, además de una de las anécdotas más asquerosas pero a la vez divertida que había pasado con una mujer al besarla. Entonces Clary preguntó que si el Calamar Gigante no estaba amaestrado. Así era, pero Ian no sabía ni qué clase de adiestramiento había tenido ni el por qué de sus acciones calamariles.-Pues estaría jugando con ella, yo qué coño sé. Estaba en apuros, o más bien, ella se veía en un apuro. No se abrió de piernas, por no lo menos no ese día…-Ian era de alardear, sobre todo con hombres, pero con mujeres como Clarissa a veces le resultaba igual de cómodo, además, era una Dankworth, por alguna extraña razón tenía la sensación de que podía hablarle igual que a su primo. Eso sí, solía decir el pecado pero rara vez al pecador, no iba a contarle a Clarissa que esa chica había sido Rhea. Soltó una carcajada ante lo del beso y negó con la cabeza.-No fue un eructo fétido, fue uno inofensivo, de esos que te salen repentina e inesperadamente.

Entonces Ian, deseoso de cambiar a cualquier otro tema, le preguntó a Clarissa por algo que nadie más supiera. Su confesión fue… original, sin duda alguna. Por un momento se imaginó a Clary, en el baño, haciendo caca y limpiándose el trasero de una forma realmente perturbadora. Menos mal que dijo que iba a por unas jarras, porque sin duda se había quedado con el rostro pillado después de esa imagen mental.

Ian la persiguió con la mirada mientras se recostaba en la silla y se estiraba, quitándose la chaqueta entonces para colocarla en la silla, quedándose con una camisa blanca, la pajarita y unos tirantes negros. Se sentó nuevamente y aceptó la bebida que Clarissa había traído para ambos justo después de que le echara el toque de alcohol con su petaca. Ian curvó una sonrisa y brindó con la jarra.-Feliz Navidad.-Le deseó con un guiño antes de beber un gran sorbo. La cerveza de mantequilla tenía un sabor característico y fuerte como para que se notara demasiado el alcohol, aunque a pesar de ello lo notó.

Se pasó la lengua por los labios y entonces vio como encima de ellos comenzó a bajar una especie de planta. La miró extrañado, mirando luego para ambos lados y viendo como la gente señalaba a la planta con felicidad para luego besar a su pareja. ¿Muérdago? ¡Era muérdago! ¡Hoy el día le sonreía! Miró a Clary y dejó la jarra sobre la mesa.-¿Sabes lo que esto significa, no?-Era un coco y le había dejado claro en lo poco que habían hablado que era lo suficientemente inteligente para no necesitar una explicación de Ian.-¿Quieres evitar tus sietes años de mala suerte en el amor conmigo? Me sacrificaré por ti.-Bromeó, haciéndose hacia adelante y apoyándose en sus propias piernas sin apartar la mirada de sus azules ojos.
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Invitado el Miér Ene 20, 2016 6:08 am

Ian pareció darle un poco la razón con el asunto de la confianza dentro de la pareja, y es que debía ser de ese modo para que se tratara de una pareja realmente solida, lo suficiente para que hubiese amor, ya que si hablaban de una pareja cualquiera, amiga con beneficios o quien sabe que cosa, no estarían hablando de ser un punto débil para el otro.

—¿Y…? Todos nacimos solos, de seguro te las puedes arreglar solito si acaso nos separan y si no, ya estabas jodido de antes de tener pareja de todos modos. A lo que voy es… tener gente a tu alrededor no debería hacerte más débil, al contrario; “La unidad hace la fuerza”. Porque si tienes miedo de que te pillen debilidades, para eso no sales de casa y te quedas encerrado forever and ever, dejarte ver ya es una debilidad, ¡vivir es una debilidad! Sólo tenemos que elegir el modo que disfrutamos mejor el correr ese riesgo. Además, en temas de parejas no es sólo tu opinión la que cuenta, es de ambos.

Luego dejó que siguiera con todo su contexto de que no era su hobbie salvar damiselas en apuros y aceptar el que tampoco se conocía a sí mismo por lo que ella podía tener razón. Clarissa sonrió orgullosa, le gustaba acertar en sus descripciones hacia las otras personas, ya que precisamente esa era de una de sus cualidades más peligrosas, ya que si en verdad llegase ella a convertirse en la peor rival de Ian en el futuro ¿cuánto podría servirle esta conversación?

—Pensaba que acababas de decir que rescatar a damiselas en apuro no era uno de tus hobbies, pero ahí andas de héroe con un indefenso calamar y una princesita de piernas flojas.

Sonrió meneando la cabeza y, mas tarde, cuando regresó de la mesa de los bebestibles con ambas jarras de cerveza de mantequilla, a la que puso su toque de malicia etílica, brindó con él chocando los cristales para escuchar ese sonido tan característico antes de beber y deleitarse con aquel nuevo sabor agregado.

Vio en ese instante que Ian miraba hacia el techo y parecía sorprendido con lo que veía por lo que ella miró también, descubriendo aquellas frondosa hebras de muérdago que parecían repentinamente haber inundado todo el Gran Salón dejándole todo por completo cubierto. Entonces Ian preguntó si acaso sabía lo que ello significaba y se propuso a sí mismo como sujeto de sacrificio para que ella se evitara esos tan lamentables siete años de mala suerte en el amor.

Clarissa sonrió aún mirando la mata de muérdago, para luego tomar un buen soplo de aire antes de volver a mirar Ian aún con la sonrisa curvándole los labios. No dijo nada, simplemente dejó la jarra sobre la misma mesa, en donde él había puesto la suya, y se puso de pie para cortar una ramilla del muérdago con sus dedos. Miró entonces al Slytherin con una sonrisa traviesa y se acercó al muchacho para sentarse sobre sus piernas y posar uno de sus brazos (aquel en donde portaba el muérdago) por detrás de sus hombros y con la otra mano poder acariciarle delicadamente la mejilla y parte de su cuello.

—¿Te va hacer escándalos en público, Ian Howells? —preguntó mirándole a los ojos —Porque a mi sí.

Le sonrió con cierto aire de complicidad y se acercó a él lentamente, hasta que ambas narices se rozaron.

—Sin embargo… ni tú ni yo creemos en el amor…

Volvió a sonreír e hizo un ademán de eructo, aunque sin hacerlo realmente, y entonces le beso la frente para luego echarse a reír mientras le abrazaba como si de ese modo le pidiese disculpas por molestarlo de aquella manera. Fue luego de reír lo suficiente que se separó y se puso de pie, tomándole de la mano para hacerle parar también.

—Ven, escapémonos de este lugar que el romanticismo me da nauseas. Vamos a cortar esa rama del Sauce Boxeador.

Le sugirió siendo ella quien esta vez le guiñase un ojo.
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Invitado el Miér Ene 20, 2016 10:57 pm

Chasqueó levemente la lengua ante sus palabras, negando con la cabeza antes de nuevamente hablar y parecía que todo lo que decía aquella noche iba con cierto aire de retintín, aunque tampoco es que estuviese intentando evitarlo. Se encogió levemente de hombros - Si vinieses con botas como para soportar mis pisotones, yo habría venido en vaqueros, los dos daríamos el cante - Achicó levemente los ojos negando - Para llamarme gordo te ha faltado tiempo - Comentó en tono de broma tratando de parecer molesto aunque lo cierto es que precisamente su molestia no se debía a aquellas palabras si no al estar en medio de una pista de baile repleta de gente.

Ya sin contar el tema de llevar traje, corbata incluida. Había tratado de convencer a Davina para que le dejase ir en vaqueros por lo menos, pero las miradas dedicadas por la menor de los dos, le hicieron percatarse sin demasiada dificultad de que la idea no era precisamente de su agrado. Hablando claramente, para aquella noche se había convertido en el calzonazos de oro cediendo a los deseos de su chica, pero como ella se había encargado de casi grabar a fuego en su cabeza "Ese era su último baile de navidad en Hogwarts y quería ir" por lo que haciendo de tripas, corazón allí se encontraba, bailando en la pista improvisada para el baile en el Gran Comedor agarrado de su pareja dentro y fuera de la pista casi llegando a olvidar lo que lo rodeaba.

NUNCA reconocería que muy en el fondo no lo estaba pasando tan mal, por más que la morena se lo repitiese él seguiría en sus trece de que había sido una experiencia traumática para su persona y que eso no tenía arreglo alguno. La cabezonería al parecer era algo genético, heredado de su abuelo materno y reprochado por su abuela cada vez que este tenía una pataleta.

Negó nuevamente elevando ambas cejas ante la mueca dibujada en los labios de la chica, humedeciéndose los labios inconscientemente - Es un buen castigo, si. Aún no lo he pensado, pero esto me lo tendrás que compensar, es por ley que todo novio torturado con compras o bailes merece un buen premio - En realidad no le costaba demasiado hacer aquellas cosas por el hecho de que con ello, pasaba más tiempo con Davina, pero si no se quejaba no se quedaba a gusto.

Agradeció internamente que ella no hiciese por quedarse en la pista y aceptase el sentarse tranquilamente en una de las mesas y el agradecimiento fue mayor cuando la corbata estaba prácticamente desanudada cayendo sobre su pecho por lo que desabrochó también uno de los botones de la chaqueta para que así la comodidad fuese mayor. Nada de lo que había en la mesa se le hacía apetecible, de hecho no era un gran fan de los dulces solo contados le gustaban y en una cantidad mínima, aunque al parecer a Davina si que se le antojaban deliciosos. Se frotó la nuca apoyando uno de sus brazos sobre la mesa, dejando que una de sus piernas se moviese nerviosamente dando leves golpecitos en el suelo. El joven podía parecer muy tranquilo, pero si lo mandaban pararse quieto probablemente se angustiaría.

- Sería una buena venganza para esto, la verdad - Otra cosa puede que no le encaja al cien por cien en el carácter de Davina, pero previsora si que le iba, al menos para depende qué cosas, por que cuando de repente saltaba con que quería hacer algo no había quien la parase, estuviese o no preparado. - Y tendrás que esperar a salir de aquí osea que...Cuanto antes me liberes de esta pesadilla, antes sabrás lo que tengo para tí.

Cuando esta dijo que mirase, lo cierto es que se temió algo semejante a lo que estaba sucediendo en el Gran Comedor. Muérdago. ¿De verdad Dumbledore? ¿No había nada mejor que hacer? No le gustaba mostrar afecto en público, ni un pelo, pero mucho menos le gustaba arriesgarse a la mala suerte que arrastraba el no besar a alguien debajo del muérdago, tampoco es que no tuviese ganas de besar a la menor, por lo que resopló levemente haciéndose de rogar sin hacer en un comienzo ademán alguno de acercarse a Davina a la cual sabía que lo que a él le preocupaba, le parecía una tontería.

- Esto te encanta ¿Eh? - Elevó las cejas negando levemente pero sin embargo, algo que probablemente ella no se esperase, se incorporó lo suficiente para rozar sus labios con los de Davina, haciendo después el beso algo más largo que el que previamente ella le había dado en la entrada del gran comedor como saludo.
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Rhea Jackson el Jue Ene 21, 2016 9:02 pm

Con Danny en la pista y me arrastra a las mesas
Aparece Sirius y tira de mi hacia la pista
Nos vamos de la pista a donde están Rose y se nos une Nina
Me voy de allí momentáneamente a hacerle una visita a Ian
Vuelvo a donde están Sirius, Rose y Nina


Era algo terrible por mi parte, pero muchas veces no pensaba con claridad y para mi, mi vida y la de Danny iban en la misma dirección y al mismo ritmo. En muchos aspectos así era, en la mayoría de hecho, pero en cuanto a chicos, había bastante distancia entre lo que yo había vivido y lo que había vivido ella. Cuando le pregunté si Remus le gustaba, su cara me recordó una vez más que debía tratar el tema con tacto y cuidado, pues era su primer beso y seguramente lo que yo, como su mejor amiga, le dijese sobre eso, sería lo que marcase alguno de los besos venideros. Es algo quizás un poco triste que la opinión de un amigo influya tanto, pero para bien o para mal es así y yo quería que todos y cada uno de los besos que Danny diese y recibiese en su vida fuesen maravillosamente únicos y perfectos. Ella se merecía lo mejor en todos los aspectos y no quería que mi torpeza llegase a estropear eso en ningún sentido.

Sonreí y levanté una ceja divertida mientras a mi pobre amiga le subían los colores hasta las cejas- Pues no sé..supongo que me refiero a si te gusta cómo es, estar con él, si te hace él más feliz que otros amigos...o si quieres besarlo de nuevo. Dicen que la prueba de que alguien te gusta son las mariposas en el estómago, aunque cuando a mi me dieron mi primer beso habría jurado que más que mariposas eran dragones en vuelo rasante- dije divertida intentando tomarme aquel tema con todo el humor posible para intentar no hacerla sentir demasiado incómoda.

La conversación sobre lo que había entre ella y Remus dio paso a mi confesión más oculta. Mi relación con Ian no era algo que le hubiese contado a mucha gente, por no decir que creo que solo dos personas sabían de tal cosa a parte del propio Ian y de mi, pero no contárselo a Danny llevaba ya demasiado tiempo consumiéndome por dentro y ante la perspectiva de enfrentarme a indómitos peligros en las pruebas del Torneo, prefería enfrentarme a ellos con la mente calmada y tranquila, sin ningún tipo de tema o cosa que pudiese rallarme o desconcentrarme. Además, si moría, aunque ella se empeñase en decir que no, al menos moriría con la conciencia tranquila. Mientras le contaba, su expresión pasó del enfado, supongo que por imaginarme arriesgando mi vida dándome un baño en el lago, a la confusión y finalmente a la perplejidad. Cuando este último estadio llegó a su rostro, no dijo ni una palabra. Me agarró del brazo y me alejó de la pista de baile hasta una de las mesas que estaban libres y más separadas. Se me escapó una pequeña risa nerviosa cuando me senté delante de ella, pero la pregunta que me hizo al sentarnos no hizo más que incrementarla- Ian Howells- dije en un susurro casi inaudible pero sin mirarla...aunque al final levanté la mirada para ver su expresión. La reputación de Ian lo precedía por todos los rincones del castillo, y aunque Danny sabía perfectamente que yo no me fiaba de las reputaciones demasiado...Ian hacia bastante justicia a la suya.

Escuché todas las preguntas que ya esperaba previamente que me hiciera aunque se convirtieron en un nudo en mi cabeza. La que cerró la cadena fue la de si estábamos juntos, aunque de manera indirecta. Cerré los ojos y tomé aire durante unos segundos antes de contestarle a todo lo que me preguntaba. Cuando volví a abrirlo, me enfrenté a su mirada con toda la sinceridad que pude.- Pues...es todo muy raro. Yo no esperaba que nada de esto pasara ¿vale? Ni siquiera sabía quien era cuando me salvó- dije con sinceridad buscando dejar eso muy claro- No sé que fue lo que pasó pero después de que me sacase del lago hubo como una conexión entre nosotros. Al menos por mi parte... no creo que tanto por la suya. Él debe tener conexiones con mucha gente- dije con menos rencor del que cabría esperar- Y fue algo que...me pedía el cuerpo y que se sintió...Pufff Genial, ¿sabes? Pocas veces me he sentido tan viva. Es más, a partir de ese momento hemos hecho un par de cosas juntos y siempre que estoy con él siento como que todo es posible, que el mundo se abre ante nosotros y espera a que lo recorramos y lo disfrutemos solo porqué sí. ¿Tiene sentido?- pregunté con cierta confusión- No estamos juntos, somos amigos...Y no, no me gusta, ¿no?- finalicé preguntándole a ella, mientras la miraba a los ojos, esa pregunta que llevaba dándome vueltas un tiempo la cabeza. Yo era muy consciente de que no iba a cambiar a Ian, no solo porque no sea capaz, sin porque no quiero. Ian era perfecto tal cual y me hacía mejor a mi, aunque fuese de un modo retorcido y poco convencional.

Mientras hablábamos, las ramitas de muérdago hicieron su aparición aunque a nosotras no nos dio demasiado tiempo a darnos cuenta de ello pues nos vimos interrumpidas por Sirius y Remus que parecían tener un plan maestro para separarnos a nosotras. O al menos eso fue lo que pasó por mi cabeza cuando Sirius me cogió de la cintura haciendo que me levantase y me arrastró lejos de allí- Pero ¿que...?- dije mientras la expresión perpleja de Danny debía combinar a la perfección con la mía aunque cada vez más distancia las separase.- Sí, que cosas. Eres sutil como un cactus metido por el culo- le dije a Sirius medio en broma medio en serio cuando se paró en medio de la pista a hablarme. Fue entonces cuando vi el muérdago porque él me lo señaló en medio de una proposición ligeramente indecente. Solté un sonido a medio camino entre un bufido y una carcajada antes de contestarle.- No te ofendas, pero creo que me arriesgaré- dije riéndome. No tenía intención de besarle aunque estaba empezando a ver sus intenciones más claras cuando me giré para mirar hacia donde había dejado a Danny.

Sirius y yo no duramos mucho bailando en la pista, pues tras negarme a besarlo, me arrastró de nuevo hasta la que era su pareja, Rose, a la que me presentó aunque yo ya la conocía. Le dediqué una sonrisa confiada y alegre a mi compañera campeona, que estaba guapísima- Sí, ya nos conocemos. Aunque, Rose, no sabía que fueses tan valiente como para venir con este espécimen al baile- dije en broma guiñándole un ojo a Sirius. Sin embargo, él estaba demasiado ocupado cogiendo ramitas de muérdago para ponerlas sobre nuestras cabezas y anunciar un dos por uno en besos. Me llevé la mano a la cara en un gesto más conocido como facepalm mientras me reía- Tio, necesitas ayuda. Una valeriana, un porro o algo que te calme, porque en serio, estás fatal- dije mientras me reía. No era yo muy partidaria de las drogas, pero notaba de lo más histérico a Sirius, y, aunque era muy divertido tratar con él en ese estado, no tenía muy claro donde pondría el límite a la hora de parar con sus locuras.

Tuvimos la suerte de que ningún chico parecía estar demasiado interesado en la oferta que Sirius ofrecía, o simplemente todos fueron lo bastante inteligentes como para percibir la caras de vergüenza que estábamos poniendo, por lo menos yo. Pero quien sí se acercó, quizás por pura casualidad, fue una nueva Gryffindor que no conocía mucho pero que al parecer se llamaba Nina. No podía decirse que Sirius no fuese una persona educada a la hora de presentar a la gente.- Un placer Nina, creo que te he visto en alguna reunión de prefectos. Yo soy la prefecta de Hufflepuff de sexto- dije con una sonrisa y extendiéndole la mano para que la estrechara para finalizar la presentación.

Al terminar las presentaciones, no pude aguantarme más y me giré hacia donde estaba Danny para ver si necesitaba rescate o víveres o simplemente que la sacaran de una situación incómoda. Sin embargo, no fue con mi amiga con quien se topó mi mirada, sino con Ian y la chica que lo acompañaba. Aquel bombón moreno estaba sentada sobre sus piernas haciendo que algo en mi hirviese haciéndome sentir estúpida. "Si lo hubieses invitado al baile....Si él hubiese querido venir conmigo..." pensé.- Disculpadme un momento- dije a Sirius, Rose y Nina con una sonrisa en la cara mientras echaba a andar con paso seguro.

Los altísimos tacones que llevaba puestos me daban más confianza que torpeza y hacían un ruido cada vez que pisaba. Me sentía como una de esas chicas Bond de las películas mientras caminaba hacia Ian y su pareja con un paso tan seguro que no parecía ser yo la que caminaba. No tenía muy claro que estaba haciendo o por qué iba a hacerlo, solo sabía que me lo pedía el cuerpo y si por la misma razón me había acostado con alguien, desearle feliz navidad no iba a ser un reto mayor. Cuando llegué a la mesa en la que estaba la pareja, sonreí sin mirarla a ella, con mis ojos clavados en los de Ian. Puse una mano en su hombro y dejé que paseara por su espalda mientras rodeaba su asiento. Me agaché ante él, arqueando la espalda y la mano con la que aun lo tocaba, se pasó a su cuello, acercándolo ligeramente a mi. Mis labios encontraron los suyos en un beso dulce y ligero pero intenso que no se quedó en un simple pico, sino que lo siguió otro en el que abrí sutilmente la boca para que mi lengua acariciara la suya por unos segundos y termine con otro beso dulce de esos en los que notas perfectamente la textura de los labios del otro- Feliz navidad- dije en un susurro en su labios con una sonrisa mientras lo miraba a los ojos.

Tras aquel gesto, más digno de una novia que de una amiga, me fui de allí con el mismo caminar seguro y atractivo con el que había llegado. Me sentía una zorra por haber hecho aquello, pero dios, una zorra poderosa, de esas que consiguen lo que quieren. Sabía que había obrado un poco mal, pero me sentía muy absurdamente bien al respecto.

Cuando llegué a la altura del grupo que minutos antes había dejado atrás, los miré con una sonrisa y hablé sin preocuparme demasiado por no enterarme de lo que estaban hablando- Bueno, Rose, ¿cómo lo llevas? ¿Nerviosa por la primera prueba?- pregunté con una sonrisa. Me alegraba de haberme puesto un pintalabios muy sutil y de larga duración.
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Rhea JacksonFugitivos

Danielle J. Maxwell el Jue Ene 21, 2016 10:34 pm

Con Rhea en la mesa sentada hablando
Con Remus de pie en frente de la mesa
Rhea da gracias a que no vi como besabas a Ian o me da un patatús de verdad

Me gusta cómo es Remus, me gusta estar con él, lo de hacerme más feliz que otros amigos dependía de la situación… ¿Y quería besarle de nuevo? Me lo imaginé por un momento y me ruboricé, mirando a Rhea con una sonrisa contenta, ya que me hacía gracia de mí misma y el proceso que tenía que hacer mi mente para asegurarse de si me gusta Remus o no.

Nunca he sentido mariposas, ni dragones ni avispas, cuando me besó lo hizo tan de repente que lo único que sentí fue un… —uní ambas manos en una bola y luego las separé como si fuera una explosión—En mi cerebro que me hizo quedarme muda y verle de otra manera... La vida es muy complicada, Rhea —contesté, soltando aire divertida. Aunque por lo que me había dicho, me había corroborado que sí, que me gusta Remus. Me gusta Remus. ¿Y ahora qué? ¿Tenía que hablar con él? ¿Qué le digo? ¿Y qué pasa si me gusta? ¿Yo le gustaré a él o el beso habrá sido un impulso del que se arrepiente y por eso no me habla?

Decidí no estresarme y hacer lo propio, lo que me había dicho Rhea: hablar con él era el primer paso de todos si quería volver a tener, por lo menos, a mi amigo como siempre lo había tenido y no a lo que parecía un conocido al que le caes mal y no para de huir de ti.

Entonces ella me contó su experiencia con un chico y yo me quedé tan sorprendida que tuve que sentarme para asimilarlo y pensar en las preguntas que debía hacerle, además de comprender el por qué de que hubiera actuado así, de repente. Cuando me dijo el nombre del chico en cuestión, casi me da un patatús. Pero de esos patatús que te afectan al corazón directamente y te da un pequeño dolorsito en él. Por lo menos no era Damon, una persona cruel y despreciable que se divierte con la humillación ajena, no, era el maldito amigo, una persona despreciable que se divierte jugando con las mujeres. Yo no le conocía en profundidad, y menos mal. Pero su reputación era conocida por muchos, sobre todo por mí, que su mejor amigo Damon no había parado de martirizarme desde primer año.

¿¡QUÉ!? —grité sorprendida cuando ella susurró el nombre del chico—¿¡Pero por qué, Rhea!? ¡Búscate a un buen hombre! —Y me di un golpe con la frente en la mesa en señal de: “esta vida no tiene sentido para mí”, me indignaba más ella que mi propio caso de confusión mental con Remus. Entonces le pregunté varias cosas y escuché con suma atención lo que tenía que decirme, pues no quería juzgar su decisión sin saber sus razones, pues me parecía de hipócrita. La miré casi con admiración cuando me explicó lo que sentía estando con ese chico, ya que esa definición me parecía más acertada para determinar “si te gusta una persona o no” que la que ella me había dado, además, parecía una sensación de libertad y que te inspira felicidad el estar al lado de esa persona. Finalmente me dijo que no le gustaba, o más bien me estaba preguntando mi opinión—Rhea, no soy experta en amores, te habrás dado cuenta...—puse la mano en su muslo y la miré con una sonrisa falsamente triste, pues en verdad era divertida—Pero creo que me has descrito perfectamente cómo es que te guste alguien. Es eso, no lo que me dijiste antes.

No quería que a Rhea le gustase Ian. Claro que yo no tenía ni voz ni voto en ese entierro, pero Ian era una mala influencia en todos los sentidos y lo que más me preocupaba de todo es que fuera precisamente lo que ella decía y que él no sintiera nada por ella, pues podría aprovecharse de Rhea y hacerle daño. Y claro, si alguien le hace daño a mi amiga, puede temer por mi ira y, todavía, era muy joven para cometer mi primer asesinato. Además, la Orden Jedi me había hecho prometer que no debía matar a nadie y no quería pasarme al lado oscuro por culpa de que un gilipollas le haga daño a mi mejor amiga.

No puedo ser objetiva con ese espécimen amigo de Damon, yo solo he visto lo que es con la gente, conmigo y con la gente como yo. No tengo ni idea de cómo es contigo... Pero ten cuidado con Ian, por favor —le pedí, tocándome la frente sin saber por qué me dolía. Ella era consciente de mis problema con las serpientes, sobre todo con Damon, por lo que era de esperar que yo no iba a estar muy a gusto con la noticia, sobre todo por ella, porque no me fiaba ni un pelo de esa serpiente. Rhea era una persona buena, se merecía un hombre de verdad y no eso. A lo mejor Ian luego era una buena persona, pero hasta que no lo viera, no me lo creería.

De repente, sin poder hablar mucho más, Sirius hizo aparición, sujetó a Rhea y dejó a Remus delante de mí. ¿La conga? ¿Quién narices hace la conga con esta música de mierda? Con los ojos como plato vi como Sirius se llevaba a Rhea a la pista de baile y me dejaba a solas con Remus. Espera, espera, ¿es eso muérdago? Una Danny de lo más rencorosa hizo aparición en mi mente, clavando una aguja imaginaria en un imaginario muñeco vudú con el aspecto de mi amigo Sirius.

Pero dejé de pensar rápidamente en lo que había hecho Sirius, ya que iba a seguir el consejo de Rhea y a enfrentar aquello que había entre Remus y yo, porque la verdad es que echaba de menos esas improductivas tardes en la torre de astronomía “intentando estudiar” con él.

¡Gracias! —sonreí de manera casi inconsciente cuando me echó ese cumplido. Si lo hubiera pensado un poco más rápido le hubiera echado en cara el hecho de que “estaba preciosa HOY” y me hubiera metido con él y su poco tacto a la hora de llamarme fea el resto de mis días normales, pero estaba demasiado ocupada buscando el momento perfecto para sacar el tema que realmente me gustaría abordar.

¿El muérdago? Ni me acordaba de muérdago en ese momento.

Sin previo aviso, esa muletilla que había adoptado este año conmigo de: “será mejor que me vaya…” volvió a salir a la luz. Se dio la vuelta para ir en dirección a Sirius y Rhea y yo me puse de pie para perseguirle.

¡Pero...! —llamé su atención justo antes de sujetarle la mano con suavidad antes de que se metiera en la pista de baile. Hice que se diera la vuelta y le miré a los ojos con el ceño fruncido, como si estuviera enfadada—No quiero bailar contigo —le dejé claro—Yo también bailo como una imbécil y encima me tuve que aprender la parte del chico para poder bailar con Rhea y abrir el baile, por lo que tú y yo seríamos ahora mismo incompatibles ahí dentro —añadí.

Retrocedí algunos pasos y tiré de él hacia mí para alejarlo de las personas que estaban haciendo la muralla de los espectadores, acercándolo a la mesa en dónde estaba con Rhea. Luego le solté, primero porque me daba vergüenza cogerle de la mano y segundo porque tampoco sabía si a él le resultaría algo incómodo.

Oye —iba a sacar el tema y, por raro que resultase, me parecía tan lógico el hecho de querer volver a estar bien con él que no me costó lo más mínimo abordarlo—Sabes tan bien como yo que estamos un montón de raros… y ambos sabemos por qué —arrugué la nariz y me crucé de brazos, intentando ponerme seria y tomar la iniciativa por una vez en mi vida—Tenemos tres opciones, la primera, hablamos de ello; la segunda, no hablamos de ello y, si quieres… olvidamos todo lo que ha pasado y volvemos a estar bien; o la tercera, que es seguir como hasta ahora —hice una leve pausa, sin apartar la mirada de sus ojos:—Pero te echo de menos. No paramos de huir del otro con tal de no afrontar el tema y parecemos imbéciles. ¿Acaso no somos amigos? —Lo primero de todo era volver a la normalidad. O por lo menos era lo que yo más quería.

Mi voz sonaba tan inocente y tranquila que casi daba miedo, pero Rhea tenía razón. Si elegía la primera opción, ahí si que me iba a dar vergüenza decir cualquiera cosa, si elegía la segunda opción… pues habría que olvidar, aunque estaba claro que por mi parte no iba a ser tan fácil. Y si elegía la tercera opción… que no espere que esté ahí cuando se le apetezca cambiar de opinión.
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Invitado el Jue Ene 21, 2016 10:46 pm

Vio a Remus hablar con Danny con evidente nerviosismo y darse la media vuelta para regresar hacia donde él mismo estaba, por lo que comprendió que para su amigo había sido una experiencia demasiado incómoda. Por supuesto, no lo obligaría nuevamente a hablar con la rubia, al menos no por esa noche, y le preguntaría claramente que era lo que sentía y si prefería estar lo más lejos posible de la chica, pues aún a pesar de todo, Remus era uno de sus mejores amigos y si veía que no había caso con él, tendría que apoyarlo en plan “Si no puedes contra el enemigo, únetele”.

—Uuuuh… Valeriana, porro, dame lo que sea que eso de seguro hará que me calme.

Respondió a la Hufflepuff con una sonrisa divertida antes de llevarse una de las ramillas de muérdago a la boca para masticarla como si de una pizca de tabaco se tratase, pero la estúpida y sensual hierba era tan agria, que no pudo evitar arrugarse entero, como niño pequeño comiendo limón. Así que inmediatamente tomó la misma jarra vacía que antes había dejado sobre la mesa y comenzó a escupir ahí, bebiendo también un poco de la cerveza de mantequilla que Rose aún tenía entre las manos, para disculparse después.

—Lo siento —mencionó al regresársela, aunque no sabía si la chica bebería o no otra vez de ella —¡Merlín! ¡Qué malo es!

Le habría encantado seguir escupiendo, pero en ese mismo momento notó como Rhea, luego de haber pedido disculpas, se dirigió a paso decido hacia una de las mesas en donde se encontraba una pareja en una posición bastante intima como para que no fuese llamativo el continuar viendo para saber que coño iba a ir a hacer Rhea ahí. Sirius entrecerró los ojos para ver mejor, cual alumna cotilla aun cuando jamás había sido tal, pero esa escena se veía demasiado prometedora, tanto que le extrañó no ver a Rita Skeeter por ahí tomando nota.

Y entonces, pasó lo inesperado.

Rhea literalmente se abrió paso entre medio de la pareja, nada más ni nada menos que para besar al joven y, besarlo bien besado, como si por si acaso quedara alguna duda de ello.

—Oh-my-gosh —comentó Sirius moviendo una de sus manos como si se estuviera quemando —¡Woooohooo!!! ¡ASÍ SE HACE, TIGRESA!

Entonces Rhea se vino de regreso hacia donde estaban ellos y Sirius no pudo evitar el soltar la carcajada antes de ponerse a ovacionar a la mujer como si de una Diosa se tratase. Pero, fue en ese mismo instante en que su mirada fue caer de nuevo sobre la pareja que había quedado atrás, esta vez para identificar el rostro del chico al cual reconoció como el coleccionista de mujeres de Hogwarts, por lo que su sonrisa desapareció de su rostro con la misma facilidad con la que había aparecido.

—¿Me estás jodiendo, verdad? —preguntó incrédulo a la Hufflepuff —¿Ian Howells? ¿Tú, Rhea?

Rió con una mezcla de sarcasmo y cabreo, antes de menear la cabeza y alzar las manos como si nada pudiese hacer, aunque en verdad se diera cuenta que la vida de Rhea no le correspondiese, pero creía que sus amigos merecían mejor, ya que el mismo como hombre acababa de ver como el “valor comercial” de Rhea había caído más bajo que el precio del petróleo estos últimos días. Era increíble como la opinión respecto a alguien podía caer tanto con un sólo beso, pero es que bien conocían todos el dicho de “Dime con quien andas y te diré quien eres…”

Un momento…

Si Rhea había caído TAN bajo, y Rhea era la mejor amiga de Danny… *inserte aquí sonido de alarma de evacuación* Mayday! Mayday! Mayday!

¡Rhea podría haber mal influenciado a Danny! ¡Y Danny le gustaba a Remus! ¡OH NO! ¡SU AMIGO ESTABA EN PELIGRO!!

Inmediatamente sus ojos se giraron hacia donde estaba Remus y vio como Danny lo sostenía para que éste no se fuera y volvía a hablar con él. Cosa que a Sirius hizo que se le subiera una especie de rabia que venía desde dentro y de pronto se sintió como una especie de padre al que acaban de tocarle los hijos.

—Lo siento —se disculpó con las tres chicas en general, pero enseguida miró directamente Rose —. Disculpa, emergencia familiar.

Habló con una seriedad muy poco frecuente en el rostro del chico y, arrojando la otra rama de muérdago al suelo, se dio la media vuelta para ir a donde estaban Remus y Danny a quienes interrumpió sin miramientos.

—Lo siento chicos —dijo a ambos, pero luego sus ojos se centraron en el Gryffindor —. Remus, nos tenemos que ir, luego te explico.

Sirius hablaba en serio, Remus podía ver como algo de verdad malo había pasado para el muchacho. No estaba bromeando, no estaba sonriendo y además volvía a buscarle para arrastrarle con él como si ya le importara una mierda todo el alboroto que antes se había dado el trabajo de armar para ir a dejarle con Danny. Mas estaba también tan decidido, que incluso insistiría si Remus se mostrase inseguro o no quisiera marchar con él y es que el pelinegro era quien cumplía realmente la función de perro guardián dentro de su grupo de amigos, él era el protector y lo seguiría siendo con todos y cada uno de ellos.
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Ian Howells el Vie Ene 22, 2016 2:14 am

Ian la entendía pero no la entendía. La entendía porque tenía razón, pero no la entendía por el hecho de que él seguía pensando que por mucho amor que hubiera, por muchas opiniones que pudieran juntar y por mucho que “la unión hace la fuerza”, ¿y si los separan, qué? ¿Y si cogen a uno de ellos y lo utilizan contra el otro? Pero por todo lo demás que decía, debía de admitir que la joven de ojos claros tenía toda la razón del mundo. Y tenía razón, Ian jamás había visto el “amor” como algo tan poderoso. Él no soñaba con tener una mujer a la que amaría por el resto de sus días… él tenía en mente que con una macizorra tendría suficiente. Por ejemplo la misma Clary. Podría acostumbrarse a vivir con Clary y ver esa belleza todos los días.

Entonces Clary relacionó el hecho de “que no era su hobbie salvar damiselas en apuros” con la anécdota que le había contado de salvar a la chica del calamar gigante. Ian suspiró. Esta mujer se lo tomaba a todo al pie de la letra.-¿Y qué?-Preguntó Ian encogiéndose de hombros.-No me gusta. No me gusta ese tipo de chicas para una relación seria, para tirármela una vez sí.-Le explicó con tranquilidad.-No me hice el héroe porque me gustara, sino porque sentí que era lo que había que hacer en se momento. Lo de que se abriera de piernas vino después gratuitamente.  

Después de eso la chica fue a buscar la bebida y volvió en cuestión de pocos minutos hacía dónde estaba Ian, aportando a la cerveza de mantequilla ese elixir que guardaba en la petaca de su muslo. Ian le preguntó que si quería librarse de los siete años de mala suerte con él y por un momento le dio la impresión de que sí. Se sentó sobre ella, le abrazó y acercó su rostro al de él… Esperaba un beso, pero ese amago de eructo le dejó bastante claro que estaba de broma. Le confundía. Aquella macizorra de ojos claros le confundía. ¿Qué quería de él exactamente? ¿Una noche de mero entretenimiento? ¿Algo más? Su mirada le confundía y sus actos también. ¿Estaba jugando solo con él? Obviamente Ian tenía intenciones, pero Clarissa ya de por sí le confundía con sus acciones, por lo que ahora tenía más interés en saber qué tenía en mente que en cualquier otra cosa.

Fue a levantarse para ir al Sauce Boxeador, ya que el hecho de relacionar lugar apartado, luz de la luna, alcohol y una macizorra como ella, le pintaba mucho mejor que estar en el baile de navidad rodeados de imbéciles. Porque encima hasta su mejor amigo estaba con su novia haciendo el papel de pringado bailarín. Sin embargo, antes de que pudiera levantarse, una mano le acarició el hombro y la espalda, hasta que una buenorra se le plantó delante. Para cuando vio que era Rhea, ya se había agachado y le estaba besando. Lo disfrutó y para cuando se había acostumbrado, ella se separó de él, deseándole feliz navidad. Ian la miró con confusión.-Feliz navidad.-Le deseó a ella también, medio trastornado.

De verdad, no entendía a las mujeres. Le enviaban señales confusas joder. Entre la macizorra que no le besa bajo el muérdago pero quiere irse del baile con una petaca con alcohol y la Hufflepuff que no le invita al baile pero luego le pega un beso delante de todo el mundo… no entendía nada. ¡Nada! ¡Todo eran señales confusas! ¿Por qué narices Rhea le había besado si ni siquiera le había invitado al baile? ¡Encima es que no fue ni con otro tío! ¡Fue con una tía! ¿Cómo debe interpretar Ian eso? Además, eran amigos con derecho, ¿no? Había hecho una maniobra muy sucia para joder alguna oportunidad con Clarissa. Bufó mentalmente, levantándose cuando Rhea volvió a la pista de baile, cogiendo su abrigo para sujetarlo en el hombro. Sentía que necesitaba darle una disculpa a Clarissa de parte de Rhea, que bueno, para Ian había sido un acto de Femme Fatale que le había puesto cachondo, pero ahora mismo como gentleman que era, su pareja era Clarissa y debía de tratarla bien. No por la amenaza de Zack, sino porque joder, ¿la habéis visto? Estaba buenísima. Además, a pesar de su sentido analítico un poco molesto, le caía bien.-Siento eso, es que las vuelvo loquitas a todas que no saben comportarse.-Negó con la cabeza, mirando a Clarissa. ¿Había sido raro, no? Ese beso así por la cara delante de la pareja que Ian había llevado al baile. ¿Estaría celosa? Ian no pensó que podría estar celosa, solo pensó que sus señales eran MUY CONFUSAS.-Vámonos al Sauce Boxeador a intentar quitarle una rama y que puedas amenazar a tu primo con fundamento. Mañana Zack se llevará una sorpresa. Además, el alcohol me hace pensar mejor.-Le guiñó un ojo y le posó una mano en la cintura, con intención de que ella fuera la primera en salir del Gran Comedor.
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Ian HowellsUniversitarios

Invitado el Vie Ene 22, 2016 8:49 pm

Apenas acababa de ponerse de pie y coger la mano de Ian con la intención de tirar de ella, cuando por detrás apareció una chica a la que sólo conocía porque había sido la mencionada campeona de Hufflepuff que había abierto el baile. Le quedó mirando porque no supo realmente quien era y por un momento reaccionó como sería lógico, conteniendo sus intenciones de presentarse y saludarle formalmente en cuanto la chica le mirase, pero jamás le miró. En lugar de ello sólo se limitó a agacharse de cola, haciendo que el ajustado pantalón pareciera que iba a ser absorbido por el hoyo de su agujero trasero por lo Clarissa elevó una ceja divertida, que mantuvo en la misma posición mientras le veía como besaba a Ian.

Le pareció divertido, no podía negarlo, pero también un poco incómodo, ya que cuando llega la pareja de alguien a besuquear a la persona con quien hablas y no tienes a nadie más para hablar a tu lado, bueno… es normal. Aún así, como toda una dama, esperó pacientemente su turno para presentarse con la imaginó por un momento que sería la novia de Ian y venía llegando tarde, pero cuando ésta acabó y se puso de pie sin mirarla, y se fue como si nada, aún sin mirarla, Clarissa entendió definitivamente que no podía ser la novia, sino que no era nada más que otra chicuela de esas caprichosas y celosas que abundaban en todas las escuelas.

Entonces regresó su mirada hacia el Slytherin y comenzó a reír inmediatamente.

—Ya veo… E imagino que ese es un ejemplo de las chicas tontas y agradecidas de las cuales me hablabas, pero… ¿en serio, Ian? ¿Una Hufflepuff, y una que no le basta sólo con ser Hufflepuff sino que además se comporta como tal y peor?

Rió divertida y meneó la cabeza y estiró su brazo para quitarle la chaqueta que colgaba en el hombro de Ian para ponérsela ella y guiñarle un ojo como todo agradecimiento.

Ambos salieron del Gran Salón echando un vistazo hacia los profesores, antes de escabullirse fuera del Castillo con verdaderas intenciones de cortar una de las ramas del Sauce Boxeador. Zack se lo tenía merecido y la Idea de Ian le había parecido de lo más original como para llevarla a cabo como una amenaza. Después de todo, aún quedaba un poco de diversión para ese anochecer, por lo que ambos acabaron no sólo tuvieron que huir de las ramas del sauce un par de veces antes de lograr recoger la rama cortada, pues ni levitándola se podía, el Sauce se había vuelto loco, por lo que tuvieron que huir de ahí antes de algún profesor llegara para darles una detención y eso había sido de la risa.

Sólo de regreso en la Sala Común, Clarissa dejó la rama del Sauce a un costado para regresarle la chaqueta a Ian antes de ambos irse a dormir.

—Gracias por esta noche, he disfrutado mucho contigo a pesar de que seas un guarro —rió brevemente —, y gracias por soportar también todos mis análisis, sólo lo hago con la gente que me interesa conocer y he descubierto que eres un chico bastante honesto, así que… quizás la siguiente vez te diga un poco más de mi.

Sonrió y se dio la media vuelta con la disposición de ir a subir por las escaleras al cuarto de las chicas.

—Gracias.

Mencionó por última vez señalando la rama del Sauce Boxeador antes de desaparecer por la curva de las escaleras e irse a dormir.
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Invitado el Vie Ene 22, 2016 11:17 pm

Y precisamente lo que estaba deseando que no pasara, sucedió: Sirius besó a la Profesora McGonagall en los labios. Sin embargo, ésta no pareció tan ofendida, ni convirtió al estudiante en una marmota o algo parecido, por lo que Nina se llevó una de las manos al pecho y suspiró son alivio. Parecía que el Gryffindor se había dignado al menos a dedicarle un par de palabras previas y eso había tranquilizado un poco la furia de la bruja.

Entonces prosiguió bebiendo de su cerveza de mantequilla, mientras observaba a todos alrededor, hasta que nuevamente su compañero de casa le llamó al notar que ella estaba sola, por lo que Nina se sonrojó levemente y se acercó al grupo con una sonrisa amistosa.

—Hola, mucho gusto.

Saludó de manera general, pero se quedó con su atención puesta en la alumna llamada Rhea cuando ésta le recordó que ella también era prefecta, por tanto debían de haberse visto en alguna que otra reunión.

—¡Oh, sí¡ Tienes razón, ya recuerdo tu rubia cabellera.

Le sonrió aún más amistosamente y estrechó las manos con ella para formalizar así aún más la presentación, aunque por supuesto, ya se conocían. Por eso ya iba abriendo la boca para comenzar una nueva conversación con la chica, pero ésta se disculpó para marcharse hacia una de las mesas en donde había una pareja de jóvenes, cosa que no era su asunto, por lo que se giró a mirar al resto, pero vio a Sirius muy divertido con la escena, por lo que se giró nuevamente y entonces vio a Rhea besar descarada y apasionadamente al muchacho, delante de todos los profesores y alumnos, e incluso de la chica que le acompañaba por lo que Nina sintió incluso un poco de vergüenza ajena. Es que vamos, incluso en los pasillos cuando las parejas se besan buscan un poco de intimidad y no lo andan haciendo delante de todos los profesores, menos en un evento de gala y siendo ella una de las celebradas.

Nina desvió la mirada, sólo divirtiéndose cuando Sirius animó a Rhea, aunque para cuando ésta ya había llegado de nuevo con ellos, la expresión del león era completamente diferente. Parecía molesto y decepcionado ¿le habría gustado Rhea o había sido por su comportamiento?

Se mordió los labios sin saber que decir, era una de esas situaciones incómodas en las que mejor te aseguras de no respirar para no existir. Sin embargo, no pudo evitar el sorprenderse cuando su compañero de casa se fue para buscar a Remus y llevárselo también de la fiesta, dejándole a ella sola con dos alumnas mayores, una que apenas conocía y otra de la que ya no sabía que pensar, por lo que volteó a mirar a los profesores que, evidentemente parecían molestos, y decidió marcharse antes de que la cosa se pusiera más incómoda aún.

—Eeeeeh… creo que es un poco tarde y mejor me voy a dormir. Un gusto en conocerlas, chicas.

Se despidió de ambas y se alejó con paso calmado para terminarse de beber la cerveza de mantequilla antes de llegar a la salida del Gran Salón.
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Davina Abrasax el Dom Ene 24, 2016 8:45 pm

Con Bastian.

Reí cuando Bastian bromeó haciéndose el ofendido y dijo que me había faltado poco para llamarle gordo al mencionar lo de las botas para aguantar sus pisotones.- ¿Gordo? ¿Tú te has visto? Me sacas una cabeza entera y eres puro músculo, si me pisases me dejarías los pies planos- comenté, medio en broma medio en serio.

Sonreí al imaginarme a Bastian refunfuñando por el resto de nuestras vidas por el hecho de que yo le hubiese casi arrastrado al baile. Pero oye, yo no he hecho nada, yo solo había dejado caer –varias veces, eso sí—que quería venir al baile porque era la última vez que podría venir al baile de Navidad. Podría haber venido con mis amigas o con algún amigo, pero si podía venir con mi pareja no iba a conformarme con nada menos. No me arrepentía de haber venido con Bastian; me lo estaba pasando muy bien, y la expresión protestona que él ponía a veces era adorable. Pero no en el sentido adorable de “oh, mira qué mono”, sino en el sentido adorable de que si no hubiese tanta gente a nuestro alrededor me lo comería a besos. Si no fuese porque sabía que las muestras de cariño en público le incomodaban porque no le gustaba que la gente le mirase ya le habría robado aunque fuese solo un beso, pero respetaba las cosas que él no quería hacer así que me autocontrolé. Puede que después tuviese la oportunidad de darle algo de cariño.

Cuando estuvimos sentados en la mesa me invadió mucho la curiosidad de saber qué era lo que él me quería dar después, pues no se me ocurría nada y tampoco me esperaba que él quisiese darme algo. Pero no llegué a preguntarle qué era, solo pude protestar de que me iba a dejar con la curiosidad hasta que se acabase la velada, pues mi atención fue desviada por las ramas de muérdago que bajaban hasta nosotros desde el techo. Las miré con una sonrisa, aunque no besé a Bastian por la misma razón por la que no le había besado antes, y miré a las parejas que había a nuestro alrededor con curiosidad. Alcé las cejas cuando vi que Rhea se separaba de Danny e iba hacia donde estaba Ian con la chica a la que yo no conocía y le besó de repente. No me sorprendió en plan “no me puedo creer que haya hecho eso”, sino en plan “¡olé!”. Miré entonces a Bastian después de hacer que él mirase las ramas de muérdago, y reí levemente cuando vi la expresión de su cara.

-Sí, la verdad es que sí- murmuré algo traviesa cuando me dijo que eso me encantaba. Pues sí, me encantaba ver la expresión que estaba poniendo, no iba a negarlo. Pero esa sonrisa traviesa fue rápidamente reemplazada por una expresión de sorpresa cuando Bastian de repente acercó su rostro al mío sin previo aviso y me besó en la boca, haciendo que me quedase sin aliento. Sonreí contra sus labios y le devolví el beso, y cuando nos separamos no le miré con expresión traviesa, sino con ternura. Alcé la mano y le acaricié la mejilla.- Creo que alguien se ha ganado que le saque de aquí.

Estaba muy contenta. Me lo había pasado bien bailando, me lo había pasado bien con Bastian… Estaba de muy buen humor. Sin decir mucho más me levanté de la silla en la que estaba sentada y le cogí de la mano, y ambos nos marchamos del Gran Comedor.
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