Situación Actual
10º-16º
13 octubre ➟ luna llena
Entrevista
Halloween
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

Is This The Price I Must Pay For My Sins? (Abi McDowell)

Caleb Dankworth el Jue Dic 24, 2015 3:17 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Se acercaba la Navidad, pero aún quedaban unos días para ello, aunque el ambiente navideño ya estaba por todas partes. La mansión estaba decorada (no se puede tener la casa sin decorar al menos un poquito en Navidad, aunque sea el salón, y Zack siempre insistía en ello) y los regalos estaban escondidos. La familia estaba bien, aunque cada uno teníamos muchas cosas que hacer y estos días estábamos ocupados. En el departamento de desmemorizadores había muchas cosas que hacer porque con las fiestas los magos eran muy descuidados alrededor de los muggles, y Zack tenía muchos proyectos que hacer con la universidad e iba a tener que viajar un par de días a unos bosques de Noruega con la gente de su clase a estudiar a unos dragones que vivían en una reserva de allí. Zack estaba contentísimo, pues le encantaba su carrera y le apasionaban los dragones, y casi daba saltos de la emoción y no paraba de contarme todo tipo de detalles que se sabía de memoria acerca de la raza de dragones en cuestión que iba a ir a observar y estudiar, y yo le escuchaba con atención y alegría porque me gustaba ver a mi hijo tan contento. Sylvan andaba de un lado a otro, Clary estaba en Hogwarts y pronto volvería para las vacaciones, y Alyss también se había tenido que ir del país durante una semana por cuestiones de trabajo que n había podido dejar a un lado, y Grace se había quedado en casa conmigo. Todavía era muy pequeñita, pero era hermosa. La cuidaba con la misma devoción con la que había cuidado a Zack cuando él nació, aunque con más seguridad porque ya tenía experiencia aunque esa época de la vida de mi hijo hubiese quedado ya muy en el pasado, pero lo recordaba como si fuese ayer. Ahora al menos yo no me preocupaba de que fuese a meter la pata cada dos por tres con cosas como darle el biberón demasiado caliente o ponerle mal el pañal o que se me fuese a caer de los brazos mientras la sujetaba o cualquier otra cosa. Además las cosas ahora eran más fáciles porque había menos tensión en casa. Zack todavía no era el hermano mayor más jubiloso del mundo, pero al menos ya se notaba una cierta nota de cariño oculto cuando llamaba a su hermanita bebé “pequeño monstruito”.

Era por la mañana y solo estábamos en la mansión Zack, Grace y yo. Zack se tenía que ir por la tarde a Noruega, y estaba terminando de meter las últimas cosas que necesitaba en su maleta. Había quedado con unos compañeros de clase para coger un traslador todos juntos e irse del país a la vez. Yo tenía que ir a trabajar más tarde, y cuando me fuese dejaría a mi hija a cargo de Ferdinand. A veces me saca de quicio el mayordomo squib, pero si no mató a Zack cuando le dejé a su cargo de bebé confío en que tampoco se cargue a Grace. Grace estaba durmiendo en su cuna. Estaba durmiendo sin rechistar ni un solo segundo, cosa que era rara pues aunque era una bebé tranquila siempre se despertaba a estas horas para darnos una demostración de su asombrosa capacidad pulmonar porque tenía hambre. Pronto le prepararíamos un cuarto solo para ella, pero por el momento su cuna estaba en la habitación principal para que si necesitaba cualquier cosa Alyss y yo nos enterásemos inmediatamente, pero si estuviese en otra habitación a lo mejor tardaríamos en darnos cuenta de que teníamos que atenderla por la noche. Era aún muy pequeñita como para que yo me sintiese tranquilo con que ella durmiese sola en otra habitación. En los días en los que estábamos muy cansados y realmente necesitábamos dormir, sin embargo, Zack se ofrecía a quedarse con ella por la noche porque como tenía insomnio tampoco iba a molestarle mucho despertándole cuando llorase. Su fachada de hermano gruñón se resquebrajaba en esas ocasiones.

-¿Ya lo tienes todo listo?- le pregunté cuando le vi al pasar por delante de la puerta abierta de su habitación.

-Sí, pero aún no tengo que irme- dijo. Sonrió ampliamente, como llevaba haciéndolo desde hace días.- ¡Qué ganas!

-Ni se te ocurra robar un huevo y traérmelo aquí- le advertí mientras le señalaba amenazadoramente con un dedo y entrecerraba los ojos con la típica mirada de padre autoritario y severo.

-Jo, y yo que ya le había puesto un nido en las mazmorras y todo…- se quejó Zack en broma. Entonces salió de la habitación y se dirigió a mi dormitorio.- ¿Dónde está el pequeño monstruito? Realmente, ¿para qué quiero un dragón cuando ya tenemos a esa cosa fea en casa? La puedo poner a ella en el nido.

No le regañé, pues aunque ponía tono de voz de asco ahí estaba, oculto, ese pequeño timbre de cariño del que él mismo no se daba cuenta. Sonreí ligeramente y seguí a mi hijo dentro de mi habitación, donde él ya se había acercado a la cuna de Grace y se había asomado para mirar a la preciosa bebé que dormía como un tronco.

-Eh, monstruito. ¿Ves qué feliz estoy? Es porque te voy a perder de vista unos días. Menuda maravilla, ¿a que sí?- dijo mientras miraba a su hermana. Yo me apoyé en el marco de la puerta y miré esa escena que en realidad era tierna.- Monstruito, ¿me escuchas? No me ignores, despierta, mono perezoso.

-No la despiertes- le dije cuando vi que movía los brazos para levantar a Grace de su cuna, pero era muy tarde porque ya la había cogido en brazos. Y, en cuanto la tocó, Zack se puso tan pálido como la cera.

-Papá- dijo con voz temblorosa- está ardiendo.

-¿Qué?

-¡Grace, está ardiendo!

En una milésima de segundo había cruzado la habitación hasta llegar a donde estaban mis dos hijos y cogí a Grace de los brazos de Zack, cargándola en los míos. La toqué la frente, y fue como estar tocando fuego. Su piel estaba enrojecida y , ahora que la tenía tan cerca, escuché que no respiraba bien. Me desaparecí en un segundo a San Mungo. Zack dedujo a dónde me había marchado de repente y se apareció junto a mí apenas dos segundos después en la recepción del hospital. Corrí hacia el primer sanador que vi, con el corazón en un puño de la angustia.

-¡Ayuda! Por favor, mi hija…

El sanador cogió a Grace en brazos, le puso la mano en la frente, y entonces frunció el ceño y llamó a otra sanadora, y se llevaron a Grace. Yo quise seguirles, pero otra sanadora me detuve.

-Señor, va a tener que esperar aquí.

-¡Pero mi hija…!

-La están atendiendo, en cuanto sea posible un sanador vendrá a darle información, pero necesitamos que espere en la sala y rellene unos papeles.

¡¿Que rellene unos papeles?! ¡Se habían llevado a mi hija sin decirme ni una sola palabra, y la mirada del sanador no me había gustado nada! Sentía que me temblaban las manos casi de manera incontrolada y que iba a explotar de la angustia y de la preocupación. Mi hija, mi pequeña…

Zack se puso a mi lado y colocó una mano de manera tranquilizadora sobre mi hombro.

-Papá, vamos, siéntate. Ya has escuchado a la enfermera, el sanador vendrá a vernos en cuanto pueda, todo estará bien.

Quería protestar. No, lo que quería hacer era agarrar del cuello a la sanadora que no me había permitido seguir a los otros para estar con mi hija y estrangularla hasta retorcerle el pescuezo y matarla por osar separarme de mi niña. Mi rostro se contrajo en una mueca de rabia, pero al final escuché a Zack y fui a sentarme con él en la sala de espera. Me dieron todos los documentos que tenía que rellenar, pero me temblaba la mano y no podía escribir ni mi nombre bien, así que Zack cogió los papeles y la pluma y los rellenó por mí.

Pasó el tiempo, y ahí nadie me decía nada. En más de una ocasión Zack tuvo que sujetarme para que no me abalanzase sobre el personal del hospital hecho una fiera y les descuartizase a todos por no decirme absolutamente nada sobre qué le pasaba a Grace o cómo estaba.

-Tienes que irte ya con tus compañeros- le dije cuando habían pasado ya casi dos horas y vi que se le hacía tarde. Iba a perder el traslador a Noruega si no se iba ya.

-No, papá, me quedo aquí…

-No, vete- le dije. No quería que se perdiese el viaje que tanto había estado esperando. Zack dudó, pero le insistí y aunque no se le veía muy cómodo acabó aceptando. Me pidió que le avisase en cuanto supiese algo, y se marchó.

Yo avisé a uno de mis mejores desmemorizadores de que no iba a poder ir a trabajar y le expliqué la razón para que así le quedase claro que no se me podía molestar bajo ninguna circunstancia, y le dejé al mando del departamento hasta que yo volviese. Intenté contactar también con Alyss, pero me fue absolutamente imposible. Seguí esperando…
Caleb Dankworth
Imagen Personalizada : Is This The Price I Must Pay For My Sins? (Abi McDowell) - Página 2 Tumblr_mk0j30tESs1rd6vvbo3_250
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 39
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 26.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 376
Puntos : 268
http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Caleb DankworthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Vie Ene 22, 2016 1:24 pm

Mientras observaba a Grace jugar con mi dedo e incluso sonreír, Caleb se levantó. Desvié mi mirada hacia él y esbocé una sonrisa, señalándole con la mirada a su hija, la cual parecía más activa que nunca. Bueno, claro, yo ayer era la primera vez que la veía… verla más activa que ayer no era muy difícil. No tardó en levantarse y alzarla, tocándole la frente y comprobando que todo estaba bien. En menos de veinticuatro horas había visto a Caleb llorar de angustia y llorar de felicidad, dos facetas de él que jamás había visto y que me habían confesado su parte más humana, más familiar, aquella que rara vez había visto porque si bien me llevaba estupendamente con su hijo, rara vez había coincidido con ambos como para verlo como un verdadero padre. Zack era tan grande ya en relación con la edad de Caleb que no me daba la sensación de que fuera su hijo.

Cogí a Grace mientras Caleb se iba a buscar un sanador y la mecí con suavidad, sin llevarme demasiado bien todavía con la manera de coger al bebé, pero consiguiendo sujetarla con un brazo para con la otra jugar con ella. Llegó Caleb con el enfermero después de apenas unos pocos minutos y se la di al experto, el cual, en cuestión de minutos la observó para dar una buena noticia. Había pasado el peligro para ella, pero todavía tenía que terminar de mejorarse y, sobre todo, comer. Debido a lo débil y mal que había estado el día anterior apenas había comido, por lo que había que empezar a preocuparse por su completa recuperación. Tanto descanso, como comida y las pociones pertinentes. Bueno, Caleb debía de preocuparse… yo después de esto, ya había cumplido.

Cuando todo estuvo en orden nos desaparecimos los tres hacia la mansión Dankworth, al interior. Perseguí a Caleb hasta la habitación de Grace y me quedé en la puerta mientras él la recostaba en la cuna para que descansara. Miré el reloj de mi muñeca, dándome cuenta de que debería estar en el Ministerio en una hora y media, ya que habíamos madrugado muchísimo sin darnos cuenta. Cuando terminó de acunar a Grace, se dirigió a mí y yo retrocedí hasta el pasillo para que pudiera cerrar la puerta de la habitación. Sus palabras me hicieron sonreír levemente antes de recibir su abrazo.

Olvídate —le dije sin apartarme de él, con las manos alrededor de su cuello—Tú hubieras hecho lo mismo por mí. Y sabiendo como eres, temía que quemaras San Mungo o matases a algún sanador inocente si estabas solo —me separé entonces con una sonrisa más traviesa, bajando levemente mis manos por su cuello y su pecho para elevar mi mirada hacia él. Nos conocíamos desde hacía mucho tiempo en muchos ámbitos de nuestra vida y sabía perfectamente cómo se ponía Caleb cuando la angustia y la preocupación le invadía, motivo principal de que no hubiera dudado nada en ir a San Mungo desde que me enteré. Yo no tenía ni idea de cómo actuar frente a ello para tranquilizarle, pero la compañía y serenidad de alguien parecido a él en esas ocasiones habían sido suficientes para que no perdiera la cordura ayer. Separé entonces mis manos de él—Has sabido mantener la compostura después de todo el estrés. ¿Estás bien? ¿Quieres qué…

Pero un carraspeo se escuchó a nuestro lado, desde las escaleras del pasillo, interrumpiendo lo que estaba diciendo. Era Ferdinand, el mayordomo de Caleb. Adopté mi usual gesto inexpresivo y lo miré, el cual me miró con gran sorpresa.

Señorita McDowell, cuánto tiempo —dijo amablemente.

Ferdinand… —fue lo único que dije.

Señor Dankworth, no quería interrumpir, solo saber cómo está la pequeña Grace. La nota que me dejó Zack fue bastante escueta y preocupante... —dijo preocupado, mirándome a mí de reojo.

Sería raro para él verme durante mucho tiempo como la amante de Caleb para, de repente, dejar de verme el pelo y tener a Alyss viviendo allí en una relación estable con su jefe. Justo cuando Alyss y Caleb lo dejan, yo vuelvo. Sin duda no quería ni saber qué historias estarían pasando por la mente de ese mayordomo, pero seguro que precisamente yo no soy la que mejor queda en esa historia mental que se estará recreando. Por suerte, solo era curiosidad, pues en realidad me importaba una mierda lo que pudiera pensar.

Una parte de mí quería volver a hablar de lo que hablamos ayer con tal de quitarme esa incertidumbre de encima, pero la otra parte prefería dejarlo para otro momento en dónde no estuviera Ferdinand de por medio. O esa era la excusa que mi mente había acogido en vista a lo cobarde que era en abordar estos temas. Además, si quería ir a trabajar tenía que irme ya para poder ducharme, cambiarme de ropa y pegarme allí toda la mañana. Podía faltar un día por emergencia, pero a Benjamin no le hará ninguna gracia que falte un segundo día y mucho menos después de todas las cosas que me perdí ayer. Por lo menos había una noticia buena: era viernes, Benjamin se iba pronto e iba a tener mucho tiempo para adelantar cosas sin que el ministro me metiera prisa.

Miré entonces a Caleb puesto que Ferdinand todavía seguía allí.

Me tengo que ir ya, debo estar en el trabajo en una hora y tengo que volver a casa, ducharme, prepararme e inyectarme cafeína en vena —pues estaba claro que iba a tener que hacer algunas horas extras para adelantar todo lo que ayer no hice, algo que en aquellos momentos no se me apetecía lo más mínimo—Hablamos a la noche... —Era una afirmación, pero por el tono de voz sonó casi como una pregunta, por lo que me quedé mirando a Caleb esperando su contestación.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 35.612
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 881
Puntos : 647
http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Lun Ene 25, 2016 4:01 am

Desde el día anterior aquella era la única ocasión en la que de verdad iba a tener la oportunidad de hablar bien con Abi, tranquilo y en paz, pues todo el peligro había pasado y ya no tenía que estar dividiendo mi atención entre ella y mi hija a la vez para asegurarme de que todo estaba bien. Lo primero que hice fue darle las gracias, pues las tenía bien merecidas. Llevábamos meses sin hablarnos y Abi había dejado bien claro en el pasado que no quería volver a saber nada de mí y sin embargo en cuanto más la había necesitado había acudido a apoyarme sin dudarlo y sin que yo se lo tuviera que pedir. De verdad que aquello era algo que jamás olvidaría en la vida, y que no tenía ni idea de cómo pagarle. Pero por el momento al menos sí que puedo darle las gracias y un fuerte abrazo, así que eso es lo que hice. Sonreí cuando escuché lo que dijo ella.

-Bueno, al menos déjame darte las gracias por evitar que yo acabase en Azkaban por volar San Mungo por los aires- murmuré con una sonrisa en los labios mientras la abrazaba.

No quería soltarla, la verdad. Y sabía que teníamos que hablar dado a lo que habíamos dicho en el hospital, a lo que habíamos confesado allí tan de repente y sin tener tiempo de hablar de verdad, pero no sabía ni por dónde empezar. Tenía algo de miedo, y en el fondo estaba hecho un cúmulo de nervios. Sé cómo es Abi, la conozco muy bien, y saber que ella sentía por mí lo mismo que yo había descubierto que yo sentía por ella era algo que rompía todos los esquemas que tenía sobre ella. ¿Qué ocurriría ahora? No tenía ni idea, y eso era lo que me provocaba los nervios, por lo que no dije absolutamente nada. Fuimos entonces interrumpidos por Ferdinand, mi mayordomo que siempre estaba metiendo las narices en todo, toda la vida. Es su hobby favorito, aunque en esta ocasión estaba más que justificado porque estaba preocupado con Grace. Se llevó una gran sorpresa al ver a Abi allí, pues ya me había preguntado el por qué de su ausencia en la mansión hace unos meses y yo le dije que Abi jamás volvería aquí a no ser que fuese por asuntos que concerniesen a Zack. Solté entonces a Abi sin llegar a saber qué era lo que me iba a preguntar antes de la llegada de mi mayordomo.

-Grace está muy bien, tenía un virus pero ya lo ha vencido. Está en su cuna durmiendo- le dije a mi mayordomo. Ferdinand se mostró muy contento al escuchar aquellas noticias. Puede que solo fuese un viejo squib inútil a veces y en varias ocasiones le gritase, pero él ha estado en la mansión desde los tiempos en los que mi padre era joven, ha visto a muchos miembros de esta familia nacer y crecer, y a Grace ya le había cogido cariño como a los demás a pesar de que seguro pensaba que iba a heredar el mal carácter que teníamos la mayoría de la familia.

Miré entonces a Abi cuando ella volvió a hablar para decirme que tenía que volver a casa e ir luego a su trabajo. Yo quería protestar, no quería que se fuese. Quería que se quedase allí más tiempo conmigo, o todo el día si era posible. Pero no llegué a decirlo, y cuando me preguntó que si hablábamos por la noche carraspeé y asentí nerviosamente.

-Eh… ¡sí! Sí, claro… Por la noche…- murmuré distraídamente, y asentí mientras la miraba a los ojos.- Bueno, pues… Hablamos entonces…

Me sentía como un jodido idiota, pero no sabía qué otra cosa decir. Abi se dio la vuelta y se marchó por el pasillo por el que habíamos venido, y no aparté los ojos de ella hasta que desapareció por una esquina para ir hacia las escaleras que la conducirían a la entrada de la casa, donde podría desaparecerse. Ferdinand carraspeó a mi lado entonces, y me giré para mirarle. Ferdinand me estaba mirando con una pequeña sonrisilla ladeada, de esas que le ponen los viejos a la gente joven cuando saben algo que los jóvenes no saben, y alzó un poco las cejas.

-¿Qué pasa?

-¿No va a ir tras ella?- le miré sorprendido cuando me hizo aquella pregunta.- ¿Va a dejarla marcharse?

-Se tiene que ir.

Ferdinand puso los ojos en blanco y suspiró.- Señor Dankworth, le conozco desde que nació y sé perfectamente cómo mira a las mujeres a las que realmente quiere. No deje que se le escape, sería una verdadera pena. Y además, si le soy sincero me estresa cuando le veo deprimirse y no tengo ganas de ir detrás de usted recogiendo los destrozos de sus épicas borracheras.

Fruncí el ceño y a punto estuve de fulminarle con la mirada. ¿Quién se cree este viejo chocho que es? Pero no dije nada porque… joder, porque en el fondo el viejo chocho tenía razón. Miré en la dirección en la que se había marchado Abi, y entonces volví a mirar a Ferdinand y señalé la puerta de la habitación de mi hija.

-Te triplicaré el sueldo de este mes si te metes ahí dentro y te quedas con la niña todo el día sin molestar.

-¿Qué tal quintuplicar?- dijo entonces Ferdinand con una amplia y descarada sonrisa. Entrecerré los ojos.- Señor Dankworth, no tiene tiempo para negociar…

-Está bien, viejo ladrón aprovechado- dije antes de salir corriendo por el pasillo a la vez que él sonreía y se metía en la habitación de Grace para cuidarla todo el día mientras yo iba detrás de Abi. Esperaba que todavía estuviese en la casa…

Tuve suerte, pues cuando llegué a las escaleras que conducían al rellano del primer piso ella estaba a punto de llegar a la puerta de la entrada.

-¡Abi, espera!- exclamé para detenerla mientras corría como alma que llevaba el diablo para llegar hacia ella. Entre todos los pasillos y las escaleras y la prisa que me había dado en llegar allí tenía la respiración acelerada y el corazón agitado, pero eso no importaba. En aquel momento solo me importaba Abi, y hacer lo que tenía que hacer.- No te vayas… Por favor no te vayas.

Y entonces, sin dudarlo ni una sola vez, la agarré para tirar de ella y pegar su cuerpo al mío mientras posaba la otra mano en su nuca, y la besé como nunca antes la había besado en la vida.
Caleb Dankworth
Imagen Personalizada : Is This The Price I Must Pay For My Sins? (Abi McDowell) - Página 2 Tumblr_mk0j30tESs1rd6vvbo3_250
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 39
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 26.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 376
Puntos : 268
http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Caleb DankworthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Miér Ene 27, 2016 3:18 am

Apenas tardé unos segundos desde que me aseguró que nos veríamos por la noche para darme la vuelta y comenzar a caminar hacia las escaleras. Ni siquiera me despedí del Ferdinand, ya que me olvidé. Llegué prácticamente con la mente en blanco a las escaleras y empecé a bajarlas con suma lentitud mientras pensaba detenidamente lo raro que iba a ser reencontrarnos por la noche después de todo. Por un milisegundo me arrepentí de haber dicho nada, ya que directamente no sabía sobrellevar esta situación en la que nos encontrábamos.

Bajé un escalón. ¿Qué se supone que iba a pasar ahora? Bajé otro escalón. Me ha dicho claramente que soy lo que quería... Bajé otro escalón. Y yo como una imbécil le dejé claro que era recíproco y que no llegaba tarde… Bajé dos escalones rápidamente. ¿Esto nos hacía volver a ser amigos, o había que hablar de ir más allá? Se me hizo un nudo en el estómago y bajé otro escalón. ¿Y yo quería ir más allá? ¿Qué narices significaba “ir más allá”? Bajé otro escalón. ¿Y si no funcionaba? Yo solo quería volver a cómo estábamos. Ser esas dos personas que sin haberlo planeado se habían convertido en indispensables para el otro, quería poder estar con él en cualquier situación y exigirle aquello que quería. Y que él pudiera hacer lo mismo conmigo y que me exigiera, ya que, por alguna extraña razón, quería complacerlo. Llegué al último escalón con un nudo en el estómago, en la mente y hasta en el alma (si es que tenía, pues soy pelirroja) y caminé hacia la puerta. Quería evitar cualquier tipo de charla, cualquier tipo de conversación incómoda en dónde tuviera que sacar a relucir la poca experiencia que tengo en estos temas y lo estúpida que sueno hablando de esta mierda. Quería darlo todo por hecho, como hacíamos antes. No hacía falta decir qué éramos, ni decir cómo lo hacíamos, ni tampoco el por qué.

¿Desde cuándo ha hecho falta comunicación entre Caleb y yo?

Toqué el pomo de la puerta para poder abrir y salir de una vez por todas. Quería poder desaparecerme y darme una ducha tan fría que me hiciera dejar de pensar. No obstante, nada más tocar el frío metal del pomo, escuché como unos rápidos pasos bajan las escaleras a toda prisa junto a un grito de Caleb. Me giré casi instantáneamente tras alejarme del pomo y, para cuando me quise dar la vuelta, ya él estaba prácticamente a mi lado. No me dio tiempo ni de procesar que me estaba besando hasta que sentí el escalofrío de sus tacto sobre mi cuerpo. Sentí su mano en mi cintura y en mi nuca, pero toda mi atención estaba totalmente enfocada a los labios de Caleb, unos labios que creía haber olvidado. Decían que el momento previo a un beso era el que más emociones disparaba, pero podía asegurar ahora mismo que ese beso acababa de disparar todas mis alarmas y emociones, y no antes. Solo y exclusivamente cuando noté sus labios sobre los míos. Cerré los ojos y llevé una de mis manos a su rostro, devolviéndole el beso con una dulce pasión retenida. Hasta este momento nunca le había dado valor a un beso.

Cuando Caleb quiso separarse, no lo dejé. Llevé mi otra mano a su rostro y esta vez fui yo quién lo besó, con una terrible sensación de no querer separarme. Esa misma sensación fue la que me hizo separarme —pura autodefensa inconsciente— y abrir los ojos para admirar los suyos. Me humedecí los labios y mordí el inferior antes de sonreír. No sabía qué clase de sonrisa era, pero sin duda no era una que soliera salirme habitualmente.

El Ministro va a cabrearse mucho —negué levemente con la cabeza, bajando mis manos hasta dejarlas reposar sobre su pecho—Porque me has convencido de que me quede —curvé esta vez una sonrisa, haciendo que desapareciera aquella que me había salido y fuera sustituida por una traviesa sonrisa muy característica de mí—Le mandaré una lechuza al ministro diciendo que estoy enferma y me pasaré todo el día en la cama... —añadí sin dejar de mirarle a los ojos, acercándome a él mientras pasaba mis manos por detrás de su nuca, medio abrazándole—Está en tu mano hacer que la mitad de lo que le diga sea verdad... —le insinué con una sensual y seductora mirada, cargada de deseo. Ya no un deseo solo carnal, el que tenía por él hace tiempo, sino deseo de él. Todo él.

De su compañía, de su conversación, de su mirada, de su sonrisa... De todo. ¿Siempre había tenido esa necesidad con él y nunca la había valorado o era nuevo? Por una parte me resultó incluso familiar, pero por otra parte me resultaba de lo más inverosímil pensar que había sentido alguna vez eso y tenía el sentimentalismo de una piedra que ni me había dado cuenta. Pero la verdad es que ya no me importaba. Estaba en ese punto en dónde no sabía si necesitaba un beso, un abrazo, cuatro polvos o dos hostias. En ese punto.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 35.612
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 881
Puntos : 647
http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Lun Feb 01, 2016 12:36 am

No pude resistirme. Todo mi ser me pedía a gritos que corriese hacia Abi, la cogiese entre mis brazos y la besase como jamás la había besado antes, y fue eso precisamente lo que hice, sin pararme a pensar en nada más. Por eso cuando ella me devolvió el beso con la misma pasión, deseo, y necesidad de mí que yo sentía por ella tuve la sensación de que mi cuerpo entero iba a estallar, consumido por un fuego que era imposible de apagar. Y entonces me pregunté a mí mismo… ¿cómo? ¿Cómo lo había conseguido? ¿Cómo lo había hecho para estar tanto tiempo separado de esta mujer, para tolerar que se alejase de mí, que desapareciese de mi vida de la noche de la mañana? ¿Cómo no me había dado cuenta antes de que era una droga que en vez de destruirme, me hacía sentir pleno? ¿Cómo había sido tan inmensamente gilipollas como para haber estado confundido hasta ahora?  

Intenté separarme solo un poco de ella para poder recobrar la respiración, pues la ardiente pasión de nuestro beso me estaba dejando sin aliento, pero ella no me lo permitió, y me besó como la había besado yo antes a ella, con esa desesperación como si fuésemos dos personas sedientas que habían estado perdidos una eternidad en el desierto y acabasen de encontrar un oasis. Correspondí a su beso, y cuando ella se separó de mí de repente abrí los ojos para mirarla con miedo a que fuese a arrepentirse de lo que acababa de pasar y se diese la vuelta para marcharse y no volver. Pero Abi no dijo nada, pero jugueteó levemente con sus labios de una manera que hizo que me invadiesen unas ganas casi imposibles de controlar de besarla de nuevo. Sonrió de una manera que juraría que nunca la había visto sonreír así antes, y sonreí entonces yo también mientras le acariciaba el cabello rojo con mi mano.

Entonces su sonrisa cambió, convirtiéndose en esa típica sonrisa que yo reconocería incluso a kilómetros de distancia, esa sonrisa que Abi me había dedicado durante años y que yo había extrañado. Una sonrisa que la devolví con la misma expresión traviesa en mi rostro que reflejaba la de ella mientras escuchaba las palabras que me decía. Mientras ella me rodeaba con sus brazos yo bajé mis manos lentamente por su cuerpo hasta que ambas estuvieron colocadas sobre su cintura, sosteniéndola suavemente pero con firmeza mientras la mirada fijamente a los ojos. Ella quería quedarse, y después de la noticia de que mi hija estaba sana y salva no había absolutamente nada más que pudiese hacerme más feliz.

-Pues que se cabree todo lo que quiera, porque no pienso separarme de ti hoy- murmuré tras su insinuación, y volví a besarla como lo había hecho antes, haciendo que esta vez diese unos pasos hacia atrás hasta que su espalda quedó pegada contra la puerta de la casa. Mientras la besaba la alcé hasta que sus piernas se sujetaron alrededor de mi cintura, y mis brazos la rodearon para mantener su cuerpo sujeto y pegado al mío, y entonces la separé de la puerta y me di la vuelta y cargué con ella hacia las escaleras mientras seguía besándola como si no hubiese un mañana. Mientras cargaba con ella por las escaleras sonreí contra su boca y dejé de besarla apenas unos segundos para reír por lo bajo, no de manera traviesa, sino… feliz. No había manera de ocultarlo. Estaba inmensamente feliz, todo yo brillaba con esa emoción.

Sentí la tentación de meternos en cualquiera de las muchas habitaciones desocupadas que había en la mansión, pero tuve paciencia y aguanté hasta que llegamos a la mía. Para cuando llegamos a ella la mitad de nuestra ropa ya había quedado desperdigada por los pasillos al ser casi incapaces de contener el deseo que había sido reprimido durante meses, y cerré la puerta de una patada antes de caer ambos sobre la cama, donde nos dejamos llevar de manera desenfrenada por todo lo que sentíamos.

____________________________________

Horas después estábamos los dos sobre la cama, desnudos y cubiertos por las sábanas. Aunque aún era de día estábamos bastante a oscuras, porque las cortinas tapaban completamente las ventanas y no dejaban entrar ni un rayo de sol, y la única luz que nos iluminaba era la de la chimenea que había en la habitación, en la que ardía un pequeño fuego que nos proporcionaba un poco de agradable calor.

Abi se había quedado plácidamente dormida, y yo me mantuve a su lado, más despierto que nunca mientras la contemplaba en silencio sin apartar los ojos de ella, como si me estuviese memorizando a la perfección cada uno de los rasgos de su rostro, cada curva de su cuerpo cada tatuaje de su piel, cada pequeña marca que formaba parte de ella. Apoyé la cabeza en la almohada y sonreí mientras contemplaba su rostro, y alcé la mano para acariciar su rostro, su hombro, su costado, su espalda desnuda… No sabía qué hora era exactamente, pero sí sabía que era capaz de pasar muchas más horas así.
Caleb Dankworth
Imagen Personalizada : Is This The Price I Must Pay For My Sins? (Abi McDowell) - Página 2 Tumblr_mk0j30tESs1rd6vvbo3_250
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 39
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 26.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 376
Puntos : 268
http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Caleb DankworthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Miér Feb 03, 2016 2:58 am

No sabía exactamente cómo explicar aquel sentimiento y, de hecho, ni lo voy a intentar. Darle vueltas a algo que sientes siempre me había parecido estúpido e innecesario, lo realmente importante no era lo que sentías, sino lo que hacías con esos sentimientos. Jamás pensé que ir a apoyar a Caleb a San Mungo cambiaría tanto nuestra historia… que el hecho de estar en una habitación del hospital nos hubiera hecho abrirnos tanto el uno con el otro, como si todos estos meses en la distancia no hubieran significado absolutamente nada. ¿Yo, abriéndome sentimentalmente? Sí, me había liberado de un peso inhumano que llevaba cargando conmigo prácticamente seis meses, pero no había palabra que hubiera dicho de la que no me arrepintiera al segundo siguiente, posiblemente fruto del miedo irracional que tengo por este tipo de cosas.

Sin embargo, siempre he dicho que si tienes que arrepentirte de algo, mejor que sea de algo que has hecho y no de algo que deseaste haber hecho. Y no sé por qué el destino ha decidido volver a juntar los caminos de Caleb y mío, pero sin duda no me arrepiento de absolutamente nada de lo que he hecho o dicho, sobre todo ahora que estoy en la misma cama que él con una paz que casi parece utópica.

No fui a trabajar, ni siquiera le había mandado todavía la lechuza a mi jefe para explicarle el por qué de mi segunda falta consecutiva; tampoco había contactado con mi secretario para que cancelara mis reuniones de hoy… simplemente me perdí como nunca me había perdido en un beso de Caleb que, con sencillez, me hizo borrar cualquier preocupación de mi mente y volverme solo suya. No fue como antes, un acto pasional lleno de exclusivo deseo carnal; un aquí te pillo, aquí te mato. Había sido diferente, aunque para mí la única diferencia que había era que antes lo tenía por diversión y ahora sentía que lo necesitaba. Bueno, llevaba sintiendo eso ya bastante tiempo aunque me empeñara en negarlo.

Y ahí me encontraba después de varias horas, acabada de despertar, haciéndome la dormida en la cama de Caleb mientras sentía como las yemas de sus dedos recorrían mi piel desnuda con delicadeza, siguiendo las curvas de mi cuerpo. Podía asegurar que esto nunca había pasado entre él y yo, ¿dormir después de tener sexo? Una o dos veces, quizás estando borrachos, levantándonos al día siguiente con suma rapidez. ¿Dormir sin sexo? Bueno… fue un infierno en verano. ¿Pero compartir su cama de esa manera después de? Por un momento mi interior se asustó por el compromiso que eso suponía, pero estaba tan a gusto que ignoré cualquier tipo de aviso.

Me encontraba acostada de costado, mirando hacia el lado de Caleb y tapada con la sábana de caderas para abajo, con las manos justo delante de mí. Abrí los ojos lentamente y me encontré con el pecho al descubierto de Caleb, subí mi mirada hasta dar con la suya, la cual mantuve.

Medité qué decirle. “Hola” era demasiado redundante y me sonaba moñas. “Buenos días” lo mismo. “¿Qué tal has dormido?” más moñas. Y teniendo en cuenta mi experiencia, cualquier cosa que le dijera en ese preciso momento, iba a soñar de un moñas increíble. Y cuando me ponía moñas a conciencia no me gustaba. Si me ponía por lo menos que fuera inconscientemente y así me sentía menos retrasada, pero yo de eso tengo muy poco.  

Le sonreí, restregándome levemente un ojo para coger luego las sábanas, subirlas hasta mi pecho —por frío, no vergüenza— y apoyar mi codo contra el colchón, para luego apoyar mi cabeza en la mano. Me quedé callada durante unos segundos con la vista fija en él.

Por lo menos no mentiré a mi jefe… —sonreí traviesa, en voz baja pero sin llegar a susurrar—Me he pegado todo el día en cama… —añadí divertida—¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? —pregunté sin tener ninguna idea, ni siquiera una aproximación, de cuánto tiempo nos habíamos pegado allí dentro.

Entonces me acerqué a él y deposité un suave beso en sus labios, de esos que demuestran más cariño y afecto que cualquier otro tipo de sentimiento. Fue entonces cuando me di cuenta de que allí había algo raro, o más bien, fuera de lo común. Mis ojos volvieron a posarse en los de Caleb y me humedecí los labios a la vez que retrocedía la misma distancia que había acortado.

¿Y ahora qué? —pregunté, sintiéndome valerosa nada más despertarme contra todo pronóstico. Le preguntaba sobre el “ahora qué” en un futuro, no sobre el ahora de este preciso momento del día. Suponía que me entendería, ya que tanto él como yo sabemos que esto no era algo cotidiano ni normal entre él y yo.

Pero que aún así, míranos… ahí estábamos, sin mover ni un solo ápice de nuestro cuerpo como para querer cambiarlo. Porque yo por lo menos, no quería.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 35.612
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 881
Puntos : 647
http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Dom Feb 14, 2016 9:33 am

Sonreí ligeramente cuando Abi desertó y abrió los ojos, clavando su mirada verde directamente en la mía. Mi mano no dejó de recorrer su piel en ningún instante, apenas rozando sus suaves curvas con mis dedos, y mantuve la mirada fija en ella mientras permanecíamos en silencio durante unos instantes. La conocía a la perfección y sabía que estaba pensando, pero sabía también que no estaba incómoda. Esto que estaba sucediendo en este momento no era para nada algo típico entre nosotros, pero… era algo que a mí me estaba gustando. Me estaba gustando mucho. Ya me había dado cuenta de que estaba enamorado de Abi, jamás volvería a negarlo, y tenerla ahí conmigo a mi lado era algo de lo que estaba disfrutando enormemente. Siempre había disfrutado de su compañía, pero de otras maneras. Donde antes solamente había deseo y amistad, ahora había mucho más…

Abi por fin habló, rompiendo el silencio, y yo sonreí.- Si te echa la bronca por no haber aparecido por el Ministerio hoy tienes mi consentimiento para echarme toda la culpa a mí- dije sin borrar mi sonrisa en ningún momento, y mi mano viajó por su cuerpo hasta su rostro y acaricié su mejilla y rocé su labio con suavidad.- Un poco más de un par de horas. Todavía es de día.

Se acercó a mi y me besó de una manera en la que pocas veces me había besado antes, con suavidad y con un sentimiento que no estaba acostumbrado a ver en Abi. Nuestros besos siempre habían sido desesperados, apasionados, cargados de hambre y de deseo y en ocasiones bastante salvajes, pero casi nunca suaves y casi tiernos como este. No ponía ninguna objeción al cambio, al súbito amplio abanico de posibilidades que existían antes Abi y yo. Quería compartir todo tiepo de sentimientos y experiencias con ella, todas las que ella estuviese dispuesta a compartir conmigo. Y fue precisamente por eso por lo que, cuando de repente cayó La Pregunta, aquella que siempre es jodidamente difícil de responder y que la gente considera una gran putada que le hagan (sé que Abi se habría desesperado si yo le hubiese hecho la pregunta a ella) supe qué era lo que debía responder.

-Yo estoy dispuesto a compartirlo todo contigo- comencé a decir.- Ya te he dicho lo que siento… lo que siento por ti. Estoy más seguro que nunca en mi vida de que tú eres la mujer a la que quiero a mi lado, pero quiero que tú decidas cómo me quieres tú a mí a tu lado. Ya te he perdido una vez, y no pienso perderte otra vez, y sé que le tienes miedo al compromiso y a las ataduras. No pienso ponerte ninguna atadura, ni una sola- le dije con seriedad, queriendo que supiese que estaba hablando en serio y que de verdad sentía lo que decía.- Quiero que seas libre, y que hagas lo que tú quieras hacer. Quiero que decidas con calma qué es con lo que tú te sientes más cómoda, y sea lo que sea yo lo respetaré.- Quería que ella fuese mía, y solo mía, pero no podía exigirle eso, y mucho menos después de todo lo que había pasado. Era consciente ahora, tras darme cuenta de lo que sentía por ella y de que era recíproco, que la había hecho sufrir, por lo que no estaba ni de lejos en posición de exigirle nada, ni siquiera de sugerírselo.- Simplemente quiero que seas feliz con lo que tú escojas, y también quiero que sepas que, estemos en la situación que estemos, yo soy tuyo.

Le estaba dando la opción a ella de escoger cómo quería que estuviésemos los dos. Si quería que siguiésemos como antes, con nuestros encuentros cada vez que nuestros cuerpos y nuestras almas nos los pedían a gritos, así sería. Si quería mantener su total independencia así sería, pero siempre que me llamase yo acudiría inmediatamente a ella, y siempre que ella me buscase yo estaría allí para ella. Si quería una vida en pareja, así sería y yo sería feliz. Creo que era justo que fuese ella la que ahora me dijese qué era lo que deseaba. Era, tal vez, mi manera de expresarle que la quería lo suficiente para querer que ella viviese de la manera que ella prefiriese, y de compensarle el haberle roto el corazón sin haberme dado cuenta meses atrás.

Después de eso la besé como ella me había besado a mí antes.
Caleb Dankworth
Imagen Personalizada : Is This The Price I Must Pay For My Sins? (Abi McDowell) - Página 2 Tumblr_mk0j30tESs1rd6vvbo3_250
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 39
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 26.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 376
Puntos : 268
http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Caleb DankworthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Mar Feb 16, 2016 11:02 pm

La Pregunta. Caleb parecía estar esperándola, ya que apenas tardó unos segundos en ponerse a contestarla. No sabía exactamente qué era lo que quería escuchar. ¿Buscaba una relación con Caleb en dónde sólo estuviéramos nosotros dos? ¿Quería una relación como la que teníamos antes, simple y llanamente basada en el sexo y la amistad? ¿Qué narices quería? Lo único que tenía claro era que lo quería a él, que le necesitaba en mi vida, porque no hace falta más prueba que el bienestar que tengo ahora mismo —en comparación con cómo me he sentido estos meses atrás— para saber que el motivo es él. Me molestaba el hecho de tener que depender de una persona para mi estado anímico, pero cuando estás en el momento del bienestar, definitivamente vale la pena. Vale mucho la pena. ¿En qué momento exacto de mi vida ha entrado con tanta fuerza Caleb en mí?

Guardé absoluto silencio mientras él hablaba. Me sorprendí muchísimo cuando dijo que yo decidiría cómo querría tenerlo a mi lado. ¿Y si decido volver a cómo estábamos antes, de verdad él aceptaría tenerme de manera intermitente sin la seguridad de que soy totalmente de él? Mi fuerza de voluntad con los temas sexuales posiblemente sea la que más débil tenga y a pesar de que ahora mismo no tenía en mente compartir mi intimidad con nadie que no fuera Caleb, prefería mil veces cerciorarme de que él es mío; y que supiera que yo soy de él. Soy consciente de lo difícil que es pasar por momentos en donde la persona a la que quieres está alejado de ti, con otra persona e incluso totalmente ausente. Y ahora que tengo a Caleb delante de mí proponiéndome lo que yo quisiera, no iba a cometer la estupidez de alejarlo lo más mínimo de mí, por mucho que me costase decirlo.

Como aún estaba acostada, me recompuse ligeramente hasta apoyarme en su pecho y mirarle a los ojos desde allí. Esos ojazos de iris azulado hablaban más que cualquier discurso que pudiera darme.  

Es lo más cursi que me has dicho nunca —dije, coronándome probablemente como la cortarollos del año; pero había tenido suficiente con intentar expresar mis sentimientos ayer de la manera menos vergonzosa posible como para seguir con ese ambiente tan inquietante —por mi parte, claro—. Así que dejé que me besara con delicadeza en un descanso de sus palabras.

Entonces guardé silencio durante unos segundos, pensando lo que quería y teniendo como respuesta una y otra vez al hombre qué tenía delante. Seamos sinceros: si lo que quiero es él, ¿qué más da las condiciones? ¿Qué más da el cómo? ¿No era simplemente mantenerte a su lado y saciar así la necesidad de estar con el otro? Llevábamos mucho tiempo siendo amigos, lo suficiente como para que él me conociera a mí como un libro abierto y yo lo conociera a él como si se tratase de alguien que ha estado conmigo toda la vida. No éramos desconocidos, ni tampoco personas que acaban de comenzar a conocerse. Éramos Caleb y Abi y… fuera como fuese, si unimos nuestra amistad con nuestras ganas de estar con el otro, era más que suficiente. Muchos consideran a esa síntesis de “amistad” y “ganas de ti” por amor, pero yo aún no estaba en posición de afirmar eso en voz alta. No sabía si por vergüenza, por miedo o simplemente porque no sabía qué cojones tenía dentro de mí.

Me siento cómoda aquí —le hice saber, rompiendo el silencio de repente a la vez que hacía círculos con mi dedo en su pecho—Contigo, en tu cama, sin hacer nada más que hablar de cosas que me incomodan —curvé una sonrisa por lo irónico; estar cómoda hablando de cosas que me incomodan. Era todo un récord en mi vida.

Pensé en cómo hilar lo que iba a decir, por lo que tras una pausa, continué:

¿Te acuerdas de aquellos momentos en dónde éramos dos personas adultas disfrutando del dolor ajeno, de la diversión del caos, del placer junto al otro y de angustiosos momentos en donde de verdad pensamos que podíamos morir?  O angustiosos momentos en donde tú te sentiste mujer y yo hombre… —Eso último lo dije en voz baja, mirándole con cierta picardía por la cantidad de cosas que habíamos pasado juntos—Quiero volver a eso solo con una matiz; tú eres mío y yo soy tuya. Ni se te ocurra volver a… —Me quedé callada de repente. Quería decir: “volver a hacerme daño”, pero no quería decirlo porque ese tipo de afirmación me hacían sentir débil, por lo que bajé la voz y dije otra cosa—dejar que me separe de ti.

Podría haber dicho una cosa más sensata: "Ni se te ocurra volver a separarte de mí", pero en este momento confiaba más en Caleb que en mi misma. Era una mujer que este tipo de situaciones se las toma de una manera muy diferente que el resto de personas y temía de verdad que en algún momento me diera ese miedo irracional que me ha dado en tantas ocasiones por menos y que decida, por alguna razón, buscar un motivo para alejarme de él. No quería que eso pasara y confiaba lo suficientemente en él como para creer en cada una de sus palabras y saber que no me dejaría ir a ninguna parte esta vez.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 35.612
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 881
Puntos : 647
http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Mar Mar 15, 2016 6:12 am

Era difícil contestar la Pregunta, muy difícil. El hecho de que la Pregunta había sido formulada por nada más ni nada menos que Abi McDowell lo había el doble (no, ¡el triple!) de difícil, pues Abi era Abi, y este no era un terreno en el que yo supiese cómo iba a reaccionar a las cosas, era una Abi… poco común, por así decirlo. Pero estaba dispuesto a darlo todo y a descubrir este nuevo terreno junto a ella, y en cuanto me di cuenta de eso las palabras llegaron fácilmente a mi boca y entonces supe cómo responder a la Pregunta, y lo hice, y esperé su reacción tras escucharme. He de admitirlo, tenía el corazón en un puño, pues tenía miedo de que en cualquier momento Abi se esfumase de mi lado como lo había hecho meses atrás.

Reí suavemente cuando ella se apoyó sobre mi pecho desnudo y me dijo que aquello era lo más cursi que le había dicho en la vida. No mentía.

-No te acostumbres, esto es una excepción- dije, pues los dos sabíamos que no éramos de cursiladas. Yo podía serlo si era el momento en el que una cursilada era necesaria, y en este momento lo era porque no había otra manera de decir lo que quería decir, así que no tenía ningún problema con que sonase cursi… ¿pero habría funcionado?

Le había dejado claro a Abi que ella podía hacer lo que quisiese, que sus deseos serían órdenes para mí y que yo quería que nuestras relación fuese lo que ella quisiese que fuese. Tenía miedo, en el fondo. Al darle esa libertad le estaba dejando el camino completamente libre para que no fuésemos exclusivos y, aunque respetaría su decisión si esa acababa siendo el volver a estar exactamente igual que antes, en el fondo lo pensaba y me entraban unos celos terribles, pero tenía que controlarlos. Y así lo hice, y esperé a su respuesta, y cuando esta llegó escuché atentamente.

Entendí perfectamente lo que me quiso decir con lo que dijo, y sonreí. Me gustaba, y estaba de acuerdo. Y cuando dijo que yo era de ella y ella era mía, sentí algo placentero removiéndose en mi interior. Con aquellas palabras Abi estaba creando un vínculo entre nosotros que antes no existía, unos lazos sólidos y fuertes de unión, unos lazos que, aunque aún no se les había dado un nombre concreto, estaban allí. Yo ya estaba completamente convencido de que yo era de ella, pero escucharla a ella afirmar en voz alta que ella era mía era algo que no me había esperado que fuese a escuchar, y me hizo sonreír. Me gustaba como sonaba aquello, no en el ámbito posesivo, no… sino en el significado de ello.

-Nunca- murmuré cuando me pidió que no dejase que volviese a separarse ella de mí. Era una promesa. La rodeé con mis brazos y acaricié su cuerpo, y entonces la besé con intensidad, expresándole con aquel simple pero apasionado beso que todas mis palabras habían sido ciertas.

Un rato después, Abi intentó levantarse de la cama para ir a hacer algo. Creo que tenía que mandar cartas al trabajo. Se levantó de la cama, pero no llegó a irse pues la sujeté del brazo mientras sonreía juguetonamente.

-¿Eh, a dónde vas? ¿No te acabo decir que no te iba a dejar volver a separarte de mí?- pregunté esbozando todavía aquella sonrisa, torciendo ligeramente el significado de las palabras de antes.- Ven aquí…

Tiré suavemente de ella y la hice caer de nuevo en la cama, donde quedamos enredados entre las sábanas durante horas y horas perdidos en la pasión acumulada durante muchos meses. Teníamos muchísimo tiempo perdido que recuperar.
Caleb Dankworth
Imagen Personalizada : Is This The Price I Must Pay For My Sins? (Abi McDowell) - Página 2 Tumblr_mk0j30tESs1rd6vvbo3_250
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 39
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 26.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 376
Puntos : 268
http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Caleb DankworthMagos y brujas

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.