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Nunca dejes las cosas para última hora (Abel Crawford)

Invitado el Jue Dic 31, 2015 9:33 am

Hoy era el último día del año, para mi era como un día cualquiera porque mis planes eran quedarme en mi casa como cada noche. Brindar con Allie y si eso quedarnos hasta la madrugada viendo películas y bebiendo cual marujas, pero todo eso dentro de casa. Hoy no trabajaba, por lo tanto tenía el día libre y aun me encontraba en mi cama, escuchando los murmullos de la gente que pasaban debajo de mi ventana. Había dormido solamente en ropa interior y una camiseta, hoy no había hecho frío por lo que no merecía la pena vestirme como un esquimal. Bostecé, y con la misma ropa bajé las escaleras rumbo a desayunar algo. Para mi sorpresa, había algo junto al lugar donde normalmente desayuno, una notita que me había dejado Allie sobre la mesa..."Vete al Callejón Diagon e ingrésame el dinero del sobre que no me acordaba que hoy era el último día, que yo he ido a Londres a comprar unas cosas para cenar esta noche" Lo primero que hice nada más leerla fue apoyar la frente en la mesa. A quien se le ocurre mandar a esa calle el último día del año, y al banco encima...

Me vestí con mis jeans, un suéter, botas y me encamine con mi bolso al callejón. Se encontraba a pocos minutos de mi casa, tiempo suficiente para mentalizarme de donde me iba a meter ahora mismo. Suspiré, doblé la esquina y ahí estaba...Un montón de cabezas, ¿que encontrará la gente hoy en este sitio? Que yo sepa los regalos ya se dieron, a no ser que la gente quiera buscar algo de última hora para sus hijos que regresaban a Hogwarts. Saludaba y felicitaba a todo el que me encontraba, la gran mayoría gente que viene a San Mungo. Apenas podía caminar, la gente se paraba en medio de la calle para hablar y felicitarse el año, vamos...que el banco está ahí, a unos metros....Pero me rendí, me fui a un lateral, al lado de la tienda de túnicas y me apoyé en la pared hasta ver el momento apropiado para encaminarme de nuevo al banco. Por suerte quedaban horas para que cerrara, no hacía falta correr por encima de la gente para poder pasar.
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Invitado el Vie Ene 01, 2016 7:21 pm

No odiaba mi trabajo en absoluto pero si la gente que me impedía hacerlo a mi ritmo. Después de celebrar el nuevo año la gente venía dispuesta a guardar los galeones que habían recibido por parte de familiares seguramente. Sobretodo solían ingresarlo en cuentas de jóvenes, estudiantes de Hogwarts. Los cuales se llevarían la sorpresa de que podrían comprarse esa escoba tan deseada. O bueno eso también fue mi caso cuando estuve en el castillo. Aunque solía ir bastante atrasado en la moda de las escobas. Cuando conseguía la que todos tenían, ya había salido una mejor y siempre iba con anticuada. Pero finalmente decidí quedarme con la misma y sacarle el máximo partido posible, ya que creo firmemente en que lo importante es como se use. Todas las escobas son buenas, si el portador la utiliza como debe ser. Joder, lo que daría por sentarme a ver un partido de Quidditch en este momento.

Uno de los duendes enanos de tantos que habían allí me pasó el aviso de que Ollivanders tenía una varita que había encargado. Había pedido una expresamente para mi hijo Thomas. Núcleo de corazón de dragon, rígida, madrea de Cerezo... Una auténtica belleza. Que le daría cuando fuera mas mayor, ya que con cuatro años apenas sabría para que sirve. Pero mientras tanto la guardaría hasta que llegara el día en que entrara a Hogwarts. Mi hijo debe ser mago también o al menos eso es lo que me gustaría. Y también era consciente de que cuando hiciera sus compras como todos las habíamos hecho días antes de entrar al castillo, el mismo escogería su varita. Pero aun así, me pareció un buen regalo. Me puse en pie y salí rápido hacia la tienda para recogerla. En un abrir y cerrar de ojos, la tenía entre mis manos y sacaba los galeones para pagar al dueño. No debía haberme escapado ahora para ir allí, pero a veces soy un impaciente.

Decidí volver andando y guardé la varita con la caja en el bolsillo trasero de mi pantalón. Andar en esas calles se estaba volviendo imposible y había tardado tan poco en recogerla que apenas se darían cuenta. No estaba nada mal, algún día batiría mi propio récord. -¡Abran paso por favor, tengo una urgencia!- Mentí, pero estaba harto de caminar como una tortuga. Escuché como la varita caía al suelo y me giré rápidamente buscándola. -Maldita sea... -
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Invitado el Dom Ene 03, 2016 3:26 pm

Allie sabía perfectamente que no me gustaban los sitios con mucha concentración de gente, y más cuando toda esa gente estaban de compras. Los que saben de donde provengo, seguro que piensan que soy una pija que le encanta ir de compras, puesto que soy italiana y además rica. Bueno, rica no soy...esos son mis padres y mis tíos, yo me mantengo con mi sueldo de sanadora en San Mungo, y algo que me regala mi tía para que pueda soportar gastos. Mi tía es como mi madre, y creo que me da dinero para llenar ese vacío que dejé cuando ocurrió el enfrentamiento con mis padres por no ser una mujer de negocios y dedicarme a la medicina. Yo si tuviera hijos les dejaría hacer lo que quisiera, no les tendría atados como hicieron conmigo...Lo malo es que yo para tener hijos es un poco complicado, pero eso es un tema que no quiero compartir ahora, no viene al lugar.

El Callejón estaba a rebosar de magos, no se si habrá tanto espacio para tanta gente porque creo que si entra alguien mas esto podría ser un completo caos y más de uno morirá por aplastamiento, vale creo que estoy exagerando un poco. Con toda la prisa que me había metido creyendo que llegaba tarde, resulta que el banco no cerraba hasta dentro de un tiempo largo, por lo que me podía permitir el descansar en un rinconcito que encontré, preparada para luego dejarme llevar por las masas hasta la puerta del banco. De repente entre tanto ruido, veo que una cosa llega rodando hasta mis pies...Parece un palo, pero cuando lo recogí era una varita y nueva. Era muy bonita, seguro que es para un niño...Ya que se supone que las nuevas varitas son para los alumnos, a no ser que seas un adulto problemático y te dediques a romper varitas por gusto.

Admirando la varita escuché una voz cerca mía. Era un hombre mirando al suelo como que estaba buscando algo que se le había caído, ¿será la varita que acabo de encontrar? -Disculpe, aquí. Le hice una señal para que saliera de la multitud y se acercara a donde estaba yo. -¿Que le ocurre? Parece que está buscando algo, ¿por casualidad es esta varita? Me la acabo de encontrar en el suelo. Le pregunté abriendo mi mano mostrándole el objeto que momentos antes había llegado a mis manos. A lo mejor el hombre no estaba buscándola y he quedado como una tonta, pero bueno...Ahora solamente queda saber si este hombre es el dueño de mi tesoro. ¿En el caso que no fuera me la quedaría? No se...mi varita está bien, creo que la llevaría a la tienda para ver si allí pueden hacer algo con ella.
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Invitado el Lun Ene 04, 2016 9:47 pm

No me gustaba nada perder cosas y menos cuando me esmeraba tanto en conseguirlas o las había hecho milímetradas a mi gusto. Con todo el gentío me pareció imposible encontrarla y a simple vista no daba con ella, suspiré frustrado y empecé a moverme entre la gente por si había ido rodando a alguna punta pero nada. Una voz me sacó de mi búsqueda y al fin di con la varita, me acerqué a la chica que la tenía en sus manos y la cogí cuando me la tendió. Llevé la otra mano a mi cabeza y acaricié mi nuca algo avergonzado por haberla perdido de aquella manera. -Muchas gracias preciosa. Acabo de recogerla de Ollivanders, apenas la tengo diez minutos y casi la pierdo. Es una varita muy especial, la pedí al dueño de la tienda al detalle. - De repente noté una patada en la pierna y puse una expresión de enfado al ver a uno de los duendes de Gringotts mirándome con los brazos cruzados. Malditos seres del averno... Pero eran mis jefes al fin y al cabo y no quería que me pusieran de patitas en la calle, así que mejor sería intentar salir bien de este percance. -Oh entiendo. Si puede guardar esta varita en nuestro banco si lo desea. No solo se guardan los galeones, también cosas que pueden tener mucho valor económico o sentimental. Si me acompaña le enseñaré una de las cajas donde puede guardarla sin ningún problema ni compromiso, usted elige. Por cierto, soy Abel Crawford. -

Miré a la chica esperando que me siguiera el cuento y comencé a caminar mientras me seguía y desaparecíamos de la vista de aquel duende. Respiré aliviado al perderlo de vista y me guardé la varita con cuidado de que no se me cayera por segunda vez. Sonreí a la chica y me aparté un poco del gentío para que no nos empujaran mientras volvíamos a hablar. -Trabajo en Gringotts y ese es uno de mis jefes. Gracias por seguirme el rollo, tiene una mala leche de cuidado. Y ya que me has ayudado a recuperar la varita y a que me echen a la calle, te debo un favor. Así que me gustaría saber tu nombre. -
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Invitado el Vie Ene 15, 2016 5:42 am

Las pocas veces que me gustaba ir al banco era el último día del pago o el ingreso, y más cuando estamos a principio de mes que es cuando la gente ha recibido el sueldo y parece que si no se lo gasta anda más dárselo no son felices, como Allie por ejemplo, que nada más recibir el sueldo se compra algo en una tienda de ropa...El día que no lo haga es que le ocurre algo y el mundo se acabará definitivamente. ¿Por qué me meto mucho con Allie? Es de cariño, ya lo hacía desde el colegio así que se ha vuelto una parte de mi, me sale solo y sin pensar. Resumiendo mis pensamientos del día, me he levantado en mi día libre como siempre y cuando me dispuse a desayunar encontré una nota de Allie diciendo que fuera al banco...Me vestí con grandes resoplidos y me encaminé al Callejón Diagon donde ahora estoy apoyada en una pared al lado de un tienda esperando a que la gente se calme un poco y en mis manos una varita que puede ser de ese señor al que acabo de llamar.

Nada más llegar, el hombre me dio las gracias por haber encontrado su varita. Al parecer la había encargado y justa la había ido a recoger...Pues vaya pata, el ir a recoger un encargo y justo al momento casi se te pierda entre tanta gente. -Me alegro de haberla encontrado, tuvo mucha suerte porque con la gran cantidad de gente que hay hoy...¿No ha sufrido ningún daño no? Pregunté con algo de curiosidad. No quería que la varita tuviera algo y que luego me echara la culpa de haberla roto, que no es mi culpa pero gente especial hay en todos lados, y más en donde trabajo.

Tras entregarle la varita al que era su dueño, o el encargado de recogerla, ya que no sabía si era para él o para alguien, tampoco me importaba lo más mínimo, yo solamente quiero ir al banco a hacer lo que venía a hacer para Allie e irme a mi casa. De repente apareció de la nada uno de los elfos del banco, ¿estos bichitos una salían de allí? es muy raro ver uno fuera...Y justo en ese momento el hombre que se encontraba delante mía empezó a soltarme un rollo de que en el banco podría guardar la varita y más cosas...Vamos, que estaba dando a entender que la varita es mía y que me iba a enseñar en donde guardarla. -Muchas gracias pero yo no...Si, tengo que ir al banco pero no era precisamente a guardar una varita... Me intenté justificar cuando de repente el hombre me miró con ojitos para que le siguiera el juego...Siempre me dejo engatusar por las propagandas de los comercios y ahora por un puto banco, Allie quiero que me prepares espaguetis a la carbonara cuando lleguemos a casa, esta me la debes.

-Bueno, nunca viene mal echarle un vistazo a lo que me ofreces y así de paso hago las gestiones que me mandaron a realizar. Estaré encantada de acompañarle. Dije sonriendo con total naturalidad, estaba actuando pero no se me notaba mucho eso de si lo hacía de verdad o de mentira...Al final voy a ir al banco pero de una manera un tanto extraña. Asentí cuando el hombre se presentó como Abel y ambos nos encaminamos al banco, directa a la aventura. Pero no fui al banco como creía que iba a ir desde un principio, Abel hizo como me llevaba y a la primera de cambio redujo la marcha respirando a aliviado por algo, creo que el duende había desaparecido... -¿Ese duende era tu jefe? Vaya...es la primera vez que veo a un duende fuera del banco, pensaba que vivían allí y todo. Dije riéndome divertida. Si, a pesar de haber estudiado en Hogwarts y ser una mujer culta, no sabía si los duendes del banco vivían allí o tenían su casa, soy tonta. -No hace falta que yo te pida nada, solamente venía al banco a hacer unas coas, me encontré contigo y ya está. Por lo menos tienes tu varita y eso es lo importante. Señalé a la varita que Abel tenía consigo para que viera a lo que me estaba refiriendo. No quiero ahora tener un compromiso con la gente por encontrar una simple varita, aunque creo que el karma me ha ayudado... -Soy Amaya Agnelli y trabajo en San Mungo, mucho gusto. Me presenté haciendo una leve referencia con la cabeza. Ahora solo quedaba que si este hombre quería más cháchara o irnos cada uno por su lado. Si elige hablar espero que no tarde tanto porque como me cierre el banco y no haya hecho lo que tenía que hacer, Allie me pilla y me descuartiza.
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Invitado el Lun Ene 18, 2016 9:43 pm

Negué con la cabeza cuando me preguntó si le había ocurrido algo a la varita. Estaba en perfectas condiciones por suerte. -Es lo menos que puedo hacer por habérmela devuelto. Si tienes que hacer algo en Gringotts es tu día de suerte. ¡Tu buena acción será recompensada sin que tengas que estar horas esperando a que te atiendan! - Sonreí agradecido porque me salvara el culo. - Ese duende está por encima mía por lo que tengo que hacer lo que me pide y que justo me pille escaqueándome del trabajo no iba a gustarle en demasía, pero bueno lo peor ya ha pasado. Este duende es algo escapista, pero no suelen salir. - Sabes, reconozco que antes de trabajar aquí solía mandar a mi madre al banco. Me pone un poco de los nervios hacer colas y escuchar las quejas de la gente, pero ahora que trabajo aquí uno acaba acostumbrándose y todo. -Reí.

Caminé entrando en Gringotts y me dirigí a una de las principales salas, aunque caí en ese momento de que no sabía lo que la chica, la cual se había presentado como Amaya quería hacer. - Asi que en San Mungo eh. Bueno es saber eso. - Hice una pausa-    Estoy a tu disposición. - Tampoco era mi intención retener a la joven si tenía cosas que hacer seguramente, ayudándola a que no hiciera ninguna cola parecía una buena manera de compensarla.
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Invitado el Dom Ene 24, 2016 9:12 am

Si le contaba a Allie todo lo que me había sucedido en el día de hoy, seguro que se ríe en mi cara durante todo el día y una semana si se acuerda. Me gustaba cuando se reía pero ya reírse una semana de mis desgracias...Se pasa, pero la sigo amando igualmente a pesar de que me lleve por el camino de la amargura. Mi objetivo principal era ir al puto banco e ingresar el dinero de la despistada de mi amor platónico. He acabado en el banco si, pero hablando con un trabajador después de haber encontrado su varita y luego entrar casi obligada por culpa de un elfo, o del hombre por escaquearse del trabajo por comprar la varita, ¿la tienda no tiene un horario flexible para trabajadores? Todas estas preguntas me llenaban la cabeza hasta que por fin llegué a una sala, final del trayecto. Suspiré un momento y me quedé mirando a todo, escuchando las palabras de mi acompañante.

-Bueno, menos mal que no tengo que esperar la cola porque siendo las fechas que son...Me hago vieja esperando. Hablé rascándome la cabeza medio riéndome, por lo menos he tenido suerte y puedo llegar a mi casa sin pasarme media vida en un banco. -Venía a realizar un ingreso, y justo me encontré con tu varita y ya sabes el resto. Me di la vuelta para ver la gran cola a través de una de las ventanas, menos mal que he tenido suerte...Una varita a cambio de no realizar una cola de horas, me parece un buen intercambio. -A mi me pasaba algo parecido a ti, yo de joven apenas pisaba un médico y ahora soy sanadora. Sonreí con normalidad. No le iba a contar toda la historia a un desconocido así que con esto me vale. Miré en los bolsillos de mi chaqueta y me fijé que tenía todo lo que necesitaba para el ingreso, a ver si había salido de casa y me faltaba lo esencial, eso si que hubiera sido una gran putada... Podía irme ya a realizar el ingreso pero de repente mi curiosidad natural se encendió. -Y la varita...¿es para ti? Si puedo preguntar claro, perdona si es una pregunta un poco directa. Hablé un poco arrepentida, la verdad es que muchas veces mi curiosidad es un poco aguafiestas. Como había descubierto muchas cosas muy joven, mi mente todavía seguía investigando y queriendo curiosear.
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