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It's a trap! {Danny Maxwell}

Invitado el Mar Ene 12, 2016 11:10 pm

Hacía pocos días había sido Navidad y Sirius había recibido un regalo que no esperaba, por lo que había tomado unos cuantos minutos asimilar lo que verdaderamente había ocurrido. Danny Maxwell le había enviado una escoba de carreras, precisamente porque había notado que él ya no tenía la suya y que habían pasado los meses y seguía practicando sólo con las escobas del colegio. Sirius jamás le había dicho nada al respecto y dudaba que alguien más que no fuesen su propio trío de mejores amigos, supiera que se había fugado de casa y que prácticamente se había llevado sólo lo puesto. De algún modo creía que todos en Hogwarts estaban demasiado pendientes de sus propios asuntos como para darse cuenta de las carencias de otros, por eso le sorprendía. Estaba claro que Danny no era una chica cualquiera y de cierto modo él se sentía en deuda.

Evidentemente, no pasó siquiera una hora para que una de sus muy reconocidas y brillantes ideas se le viniera a la cabeza. Sin embargo necesitaba de al menos uno o dos días para poder conseguir todo lo que necesitaba y poder compensar a la chica del modo que él había imaginado. Por eso escribió una carta la noche anterior, para que su lechuza pudiese viajar toda la noche hasta encontrar a Danny por la mañana, mientras que muy temprano por la madrugada él había aprovechado para escaparse del Castillo, puesto que había decido pasarse las vacaciones en Hogwarts para acompañar a Remus y de paso realizar aquella secreta misión de la Orden del Fénix en las profundidades del Lago Negro.

Por fortuna, luego de haberse mudado con los Potter, y antes del 1 de Septiembre de ese año, había llevado su motocicleta a Hogsmeade y la había dejado escondida en alguno de los cuartos de la Casa de los Gritos, bajo una pila de retratos desgarrados y un par de viejas y roídas cortinas. Sabía que la ocuparía en algún momento y ya lo había hecho en un par de ocaciones, en alguna de sus escapadas del Castillo. Había sido la misma motocicleta voladora la que lo había transportado de madrugada hasta Londres, por lo que había tenido que detenerse en el primer café abierto que encontró para quitarse el frío antes de finiquitar los asuntos que tenía pendientes para luego acudir al lugar de encuentro con la rubia de Hufflepuff.

La carta que le había enviado no decía absolutamente nada de una cita, pero había ido con una pequeña sorpresa, una piedra dentro de una pequeña cajita. Sí, una piedra, ese había sido su regalo para Danny, aunque la sorpresa se le vino encima cuando ésta le tocó, debido a que la piedra era un traslador. Por supuesto, la lechuza tenía instrucciones precisas de entregar la carta a las 9 de la mañana hora de Filandia (país en el que Danny se encontraba), 7 de la tarde hora de Londres. Por supuesto, ya estaba oscuro, pero ello no afectaba mucho al lugar en donde irían y Sirius tenía preparada ya una mochila con la ropa que la chica debía usar.

Faltando sólo un minuto para la hora planeada, Canuto llegó a un callejón desolado en Borehamwood, un pueblo de considerable tamaño a las afueras de Londres. Lugar en el que debería aparecer Danny en cualquier minuto a contar de ese momento, por lo que se sacó el casco, apagó el motor de la motocicleta y se ajustó la chaqueta de cuero para aminorar el frío de la temporada.

Y de pronto… ahí estaba Danny…

—It’s a trap!!

Sirius exclamó divertido, imitando la voz del Almirante Ackbar de la Guerra de las Galaxias.
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Danielle J. Maxwell el Jue Ene 14, 2016 12:27 am

Me encantaba volver a casa por Navidad como el turrón antiu xixona. Fue mi misma abuela quién me trajo a Finlandia —con ese desagradable método de aparición— el día después de que pudiera irme de Hogwarts; dejé un lugar lleno de nieve y frío para venir a un lugar con todavía más nieve y frío. Pero era diferente: a aquel clima le tenía verdadero cariño. Nada más ver a mis padres los abracé fuertemente con un abrazo de wookie amoroso. Sylvia era pelirroja, regordeta y bajita, mientras que Jerry era alto, delgado y poseía un gran bigote, además de que era moreno. Evidentemente no me parecía absolutamente nada a ellos, ya que no eran mis padres biológicos, pero para mí eran los mejores padres de la historia.

Pasamos navidad los tres y mi abuela por petición mía, ya que me apetecía pasar la navidad con toda mi familia al completo, la cual no era precisamente grande. Después de eso mi abuela volvió a Londres y yo me quedé allí en mi casa.

Fue un poco complicado el tema: “tratar con amigos muggles”, ya que hacía muchísimo tiempo que no los veía. ¿Dos años, tres? Aún así, me armé de valor, me inventé algunas excusas suficientemente creíbles y fui a tocar a sus casas un día cualquiera en dónde no tenía nada que hacer. Yo en Finlandia solo tenía amigos, ninguna amiga. Siempre había sido de hacer más migas con chicos que con chicas debido a mis gustos, a excepción de Hogwarts, ya que Rhea era la caña. Primero toqué en la casa de mi amigo Tom, pero no estaba pues se había ido de viaje con la familia. Luego fui a la siguiente más cercana, la de Jon. Cuando me abrió la puerta un chico, lo primero que hice fue preguntar por Jon. Su cara de sorpresa más su pregunta de: “¿Danny?” me hizo darme cuenta de que ese niño tan grande, incluso con barbita, era mi amigo Jon. Fuimos a buscar al tercero juntos y nos pasamos toda la tarde hablando y hablando, ya que la intención era ir a quitarme el polvo con el Skate, pero todas las rampas estaban mojadas por la nieve.

Había pros y contras de vivir tan lejos. Lo que más me gustaba de volver era estar con mis padres y ver nuevamente a mis amigos, pero la verdad es que hubiera preferido poder pasarlo en Londres y que mis padres se trasladaran, aunque no viera a mis amigos. Quedar con Rhea y sus simpáticos hermanos, acoplarme mil días a casa de Luke, quedar con Sirius y Remus… Era verdad que veía todos los días a Rhea, Sirius y Remus, ¿pero y qué? La navidad es especial. Y los echaba de menos a todos.

Un día cualquiera por la mañana, cuando el casi inexistente sol de mi ciudad aparecía calentando mi habitación, una lechuza decidió romperme el zen de mi sueño.

Ya vooooooy —dije, secándome la baba con la almohada para mirar la hora que era. ¿Las nueve de la mañana? Esto debería considerarse delito.

Me levanté somnolienta, despeinada y con un pijama de Chewbacca —un mono entero de arriba abajo, con pelos y tremendamente calentito— y me dirigí a la ventana, abriéndola para que la desesperada y helada lechuza entrara al interior. Cogí la carta y sonreí al ver que era de Sirius, agradeciéndome por la escoba que le había regalado. Cuando leí que me había mandado un pequeño obsequio, abrí la cajita que venía con la carta con muchísima ilusión. Menuda decepción la mía cuando veo que en su interior había una maldita piedra. Sirius cada vez tiene un sentido del humor más extraño… Con cara de poco amigos dirigí mis dedos hasta la piedra, tocándola.

Inmediatamente sentí como un tirón mágico en el vientre me revolvía por completo. De repente dejó de existir mi habitación y todo lo que veía era como las cosas daban vueltas a mi alrededor. Voy a morir, pensé, decidiendo que gritar era un buen método para avisar de mi frustración. Para cuando las cosas se calmaron a mi alrededor, me di cuenta de que estaba cayendo y que lo que parecía el suelo se estaba aproximando bastante rápido hacia mí…

PUM. En ese momento, dejé de gritar.

Auch… —me quejé a la vez que me levantaba del INFIERNO, porque para mí esa sensación había sido claramente la caída al mismísimo averno. Pero no, una voz sospechosamente conocida llegó a mis oídos, haciéndome levantar la cabeza con rapidez—¡Sirius! —sonreí ampliamente.

Me levanté rápidamente a pesar del golpazo que me había dado y me adelanté hacia dónde estaba mi amigo, dandole un fuerte abrazo. Me alegraba de verlo, primero porque en Finlandia echaba de menos a todo el mundo y, segundo porque eso me corroboraba que no había muerto. Luego relacioné las cosas y tras dar por hecho que Sirius había hecho de aquella sospechosa piedra un traslador, me separé de él y le di un leve empujón. En plan indignada.

¡Casi me muero del susto, tío! ¡La próxima vez avísame y por lo menos vengo decentemente vestida! —le recriminé, señalando a mi propio atuendo. Por no hablar de mi pelo… Menos mal que nunca me ha importado demasiado mi aspecto—¿A dónde me has hecho venir? —pregunté.
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Invitado el Jue Ene 14, 2016 4:05 am

Y ahí venía Danny, cayendo al suelo cual súper héroe es enviado a la Tierra, sólo que gritando como loca y sin nada de estilo, claro. Sirius no pudo más que echarse a reír y anunciar la trampa que era entre medio de la misma risa.

—¡Danny!

Respondió divertidamente luego de que ella exclamara su nombre y se bajó bien de la motocicleta para acercarse a ella con la intención de ayudarla a ponerse de pie, pero la chica se paró con tanto entusiasmo que ya lo había hecho ella sola y se acercaba para abrazarle. Inmediatamente el pelinegro correspondió a su abrazo e incluso la alzó un par de pulgadas desde el suelo antes de volver a dejarle sobre él y recibir su pequeño empujón.

—Pero si estás decentemente vestida ¿Qué mejor manera de enfrentar el invierno que con un verdadero traje de Chewbacca? Mira nada más que sexy estás.

Rió divertido, mientras tomaba su mano y la hacía girar para contemplarla en todos sus ángulos, pero entonces ella preguntó por el lugar en donde estaban, lo que recordó a Sirius todo lo ansioso que se sentía por darle cuanto antes su sorpresa.

—Mmmnnn… Estamos en Borehamwood, uno de los suburbios de Londres. Son las siete de la tarde y todo el mundo ya ha llegado a sus casas luego de la jornada laboral o está llegando a ellas ¿Tienes hambre? Imagino que sí, estás recién despertando y te quiero con energías para nuestra aventura de Navidad.

Le sonrió y subió nuevamente a la motocicleta para luego tender una mano a Danny para ayudarla a subir.

—Sé de un café por aquí cerca, venden chocolate caliente y unos pastelillos que tienen apariencia de buenos. Además tienen un baño lo suficientemente amplio como para que te puedas cambiar ropa con comodidad si acaso quieres sacarte la pijamas. Yo te he traído algo de vestir.

Había visitado ese mismo café hacía unos momentos, cuando había llegado que se le congelaban los huesos. Era uno de esos famosos que estaban en todas partes, pero que en ese mismo momento no recordaba como se llamaban. De seguro a Danny le gustaría, o eso esperaba, ya que aparte del chocolate caliente, vendían varios sabores de Navidad e incluso galletas de jengibre.

Sirius se acomodó inmediatamente bien hacia adelante para dejarle todo el espacio necesario y más, y se aseguró de que la chica estuviese bien sujeta tanto de manos y de pies.

—Es más seguro si te abrazas a mi, aunque hay gente que prefiere sujetarse del asiento —alzó los hombros —¿Has montado antes en motocicleta? Sólo debes dejarte llevar, no intentes forzar tu posición vertical, si la moto hace que vayas a un lado, sólo relájate y sigue su propia linea, no tocarás el suelo, pero harás que ambos nos caigamos si intentas enderezarte.

Rió divertido, aun cuando sabía por experiencia que el golpe dolía. Entonces se puso el casco y entregó otro más pequeño a Danny para que ella también se lo ajustara y no partió hasta que la chica estuvo lista para ir.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Ene 16, 2016 5:45 pm

Me separé de Sirius tras darle el abrazo con intención de darle una reprimenda por el susto que me había llevado y, también, por el golpe. Jamás había usado un traslador, por lo que la experiencia había sido totalmente nueva. Obviamente, al no saber usarlo había terminado teniendo un pequeño problema a la hora de aterrizar… tal problema que caí casi de plancha en el suelo. Menos mal que no había sido desde demasiada altura, pero sentía como si me hubiera agitado y todos mis órganos internos estuvieran bailando la macarena en estos momentos.

¿Qué? —pregunté divertida cuando me dijo lo sexy que estaba, dejando de dar la vuelta a mitad para soltar su mano y darle un divertido golpe en el hombro. Obviamente me lo tomé como una broma sarcástica—No te metas con mi despertar, jopé —me restregué los ojos, somnolienta—¡Debería estar en mi séptimo sueño ahora mismo!

Entonces claro, teniendo en cuenta que debería estar en Finlandia durmiendo y realmente estaba en Londres en algún sitio desconocido para mí junto a Sirius a la siete de la tarde, pues me entró la duda de qué narices estaba haciendo allí. Cuando me comentó el hecho de “nuestra aventura de Navidad”, se me quitó el sueño del golpe. ¿Había escuchado la palabra “aventura” y “navidad” en la misma frase? Este día prometía.

Le miré con extraña diversión cuando me di cuenta de todas las molestias que se estaba tomando. Tuve que hacer memoria para cerciorarme de que mi cumpleaños no era hasta febrero, intentando averiguar a qué venía todo esto. ¿Un regalo de Navidad? ¿A mí? ¿A la amiga que más lejos vive? Era extraño... ¡Si me había traído ropa y todo y dice que necesitaría energías! Con una amplia sonrisa que no sabía de dónde había salido de repente —aunque tengo la teoría de que esta sensación es simplemente felicidad—, noté que mi vientre rugía ante la idea de ir a ese café. Sujeté la mano de Sirius y me subí a la motocicleta como buenamente pude. No me fiaba de las motocicletas, pero me estaba congelando con ese pijama ahí fuera y quería llegar ya a ese café. Y sin duda la motocicleta parecía el medio más rápido.

Me muero por saber de qué va esa aventura de navidad, pero me congelo. Espero una explicación larga y tendida en ese café tan apetecible —dije, haciéndome una imagen mental de mi próximo chocolate caliente acompañado de muchos, muchos dulces.

Entonces él me explicó la manera de ir en motocicleta, algo que agradecí, ya que no tenía ni idea. Me dijo que la forma más segura es que me abrazara a él, por lo que sin dilación me hice hacia adelante y pasé mis manos por la cintura de mi amigo para abrazarme a él cual koala.

Entendido —dije, dejando de abrazar a mi amigo para coger el casco y ponérmelo. Nunca me había puesto uno de esos, pero tampoco tenía mucha ciencia. Después de eso volví a abrazarme a él y como parecía estar esperando por mí para arrancar, alcé una mano para que la viera y alcé el dedo gordo de mi mano, dándole a entender que estaba lista. Entonces Sirius arrancó.

Mi abuela no estaría orgullosa de que me subiera en una moto. Ni mis padres. ¡Mis padres! ¿Qué cara se les va a quedar a mis padres cuando vayan a despertarme dentro de tres horas y vean que no estoy allí? Mierda… iban a llevarse un gran disgusto e iban a asustar también a mi abuela. Y mierda. ¿Cómo iba a volver a Finlandia después? ¡Y mierda, qué frío hace yendo en moto! Que me estoy congelando viva.

Gracias a mi increíble control de la Fuerza —o eso quiero pensar— no me morí de frío en el camino en moto hacia el café. Eso sí, desde que llegamos lo primero que hice fue bajarme de la moto de un salto que ni yo misma creía que podía llega a hacer —quiero pensar que la Fuerza seguía acompañándome— para meterme corriendo al café que teníamos justo en frente, suponiendo claramente que era ese pues no había muchos más alrededor. Entré al interior y, dándome igual quien estuviera dentro o mirando mi entrada, corrí hacia la chimenea más cercana para prácticamente dar vueltas delante de ella para que me calentara todo el cuerpo. Parecía un pijama calentito y lo era bajo las mantas de plumas de mi gran cama, no en una moto en pleno invierno nevado en Londres.

Entonces vi a entrar a Sirius y fue cuando me di cuenta de que aún tenía el casco puesto. Me lo quité para parecer menos retrasada y me acerqué a él, llevando mis manos a sus mofletes. Estaban congeladas, por lo que era ese típico gesto molesto que hacen los amigos tocapelotas a sus otros amigos para romper su perfecto estado de equilibrio de calor.

Mas nunca me vuelvo a subir en una moto en pijama —dije con una seguridad tan grande que parecía que en vez de estar hablando de eso, estaba hablando de la guerra en el mundo—¿Podemos sentarnos al lado de la chimenea, por favor? —le pedí, notando como debía de tener la nariz roja de lo fría que la tenía.
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Invitado el Dom Ene 17, 2016 3:20 am

Esperó a que la chica se colocara el casco para partir, mientras la observaba por el espejo retrovisor para asegurarse de que no tuviera problemas, cosa que ella misma le confirmó cuando alzó el pulgar corroborando que ya estaba lista para marchar. Sólo entonces echó a andar la moticicleta, haciéndola rugir antes de partir.

Por fortuna el café quedaba bastante, sólo un par de calles hacia abajo en numeración, ya que dudaba poder ido más lejos con Danny sólo vestida en su pijama y es que andar en moticicleta sin una buena chaqueta, es como entregarte de ofrenda al frío para que te perfore los huesos.

Ni siquiera vio cuando Danny se metió tan rápido al café, ya que sólo supo que se detuvo para sacarse el casco y ella ya había desaparecido. Miró hacia ambos lado de la calle, por un momento pensó que hasta se había desaparecido o alguien había venido para raptarla, pero por fortuna le vio a través del cristal de la puerta de entrada antes de ponerse a gritar como un paranoico.

Entró al café con la mochila en el hombro y el casco en las manos, dentro estaba muy agradable, tanto que ni siquiera se comparaba a la temperatura en el exterior y mucho menos a la temperatura que se sentía andando en motocicleta. Vio también como Danny se sacaba el casco sólo después de haberle visto entrar y se acercó a él para poner sus congeladas manos sobre sus mejillas, por lo que Sirius se las tomó para frotarlas por un momento entre las suyas y asentir a su pregunta, acompañándola hasta la chimenea en donde dejó que se sentara.

—Yo iré por el chocolate caliente, tú quédate aquí.

Sonrió y dejó el casco y su mochila en el asiento frente a Danny, antes de ir al mesón y pedir por dos chocolates caliente con crema batida y malvaviscos, más un mini surtido de cupcakes, los que tuvo llevar a la mesa por separado o de otro modo tendría que usar la varita en presencia de muggles.

—Espero que te gusten los cupcakes.

Se abrió la chaqueta antes de sentarse y bajo de ella llevaba un suéter y unos pantalones que tenían un estilo un tanto en particular, parecía como si fuesen sacados de una revista de los setentas o principios de los ochentas, pero a la vez también tenían un toque los hacía parecer modernos; un estilo clásico para definirlo mejor. Entonces abrió su mochila y sacó de ella la ropa que traía para Danny, y era más de lo mismo, un conjunto de overall que más que parecer fuera de época, parecía que tuviera más bien un estilo retro. Sirius definitivamente parecía haberse tomado un buen tiempo dudando porque ropa muggle podría parecer normal y es que los magos no cambiaban de estilo cada década que pasaba.

—Aquí está tu ropa y ahí está el baño —señaló por detrás de la chica —. Puedes cambiarte ahora o después, depende de como te sientas de frío. Y también te traje una chaqueta y guantes porque volveremos a andar un poco en motocicleta. Debí habértelos pasado antes, lo siento.

Se disculpó de verdad, ya que estaba tan ansioso por avanzar pronto a la sorpresa que lo había olvidado.

—Y no, no te adelantaré nada, es una sorpresa.

Rió entre dientes, a sabiendas de cuanto reclamaría Danny por querer saber a donde irían, pero Sirius no cedería. No, señor.
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Danielle J. Maxwell el Miér Ene 20, 2016 3:32 am

El fuego era el calor de los dioses, definitivamente. Asentí obediente cuando Sirius dijo que él iba por el chocolate y, desde que se dio la vuelta, cogí mi silla y la arrastré hacia la chimenea, sujetando la mesa para arrastrarla también hacía allí. Luego me levanté, cogí la silla de Sirius y la acerqué a la mesa. Luego me volví a sentar como si nada hubiera pasado. Sentía a mi lado el calor gratificante de la chimenea, la cual parecía ser ahora mismo una estufa personal. Me froté las manos y subí mis pies a la silla, los cuales tenían unas pantuflas de estar por casa.

Observé a Sirius traer las cosas, dando dos viajes para poder traerlo todo. Nada más ver aquellos cupcakes y aquel chocolate de que salía humo —por lo que supuse que era magma volcánico pero de color marrón—, sentí como rugía mi wookie interior en busca de saciar mi hambre.

¡Me encantan los cupcakes! —contesté rápidamente—¿A quién no le gustan los cupcakes? —pregunté entre divertida y confundida. Era cierto que era una masa de puro azúcar, pero el azúcar era el bien. A mí me sentaba mal en grandes cantidades, pero no porque me hiciera daño, sino porque me volvía tremendamente hiperactiva. A mí en vez de darme bebidas energéticas o un café, dame algo con mucho azúcar y tendrás el mismo efecto.

Sirius sacó entonces ropa del interior de su mochila, ropa para mí. La miré de cerca y se trataba de un peto. Hacía años que no me ponía un peto, pero años años, más o menos antes de entrar a Hogwarts, con once años mientras hacía el imbécil con el skate, desde que no me ponía uno. En el fondo me hacía ilusión volver a ponerme uno como en lo viejos tiempos.

Se disculpó por no haberme dado la chaqueta y los guantes antes de subirme en la moto, hubiera sido todo un detalle y así no hubiera temido porque se me cayeran los dedos del frío, no obstante, soy una buena amiga y sé que no lo hizo para hacerme sufrir la ira divina del frío, por lo que negué con la cabeza.

No te preocupes, tampoco pasé tanto frío —zarandeé la mano con la intención de quitarle importancia. Era una mentirijilla piadosa que se sabía perfectamente que era una mentirijilla, ya que nada más para la moto me bajé de ella congelada en busca de una fuente de calor.

Miré a Sirius con la mirada entrecerrada, esa que podría categorizarse de sospechosa e inconforme, pero si algo había aprendido de mi experiencia es que Sirius Black podía ser muy pero que muy cabezudo. Tanto como yo. Pero él aquí tenía todas las de ganar. Desvié la mirada hacia mí chocolate y, dándome cuenta de que aún parecía estar en la temperatura del magma volcánico, decidí vestirme primero.

Pues ahora vengo.

Cogí la ropa y fui directa al baño. Apenas tardé cinco minutos en quitarme en pijama y ponerme la ropa que me había traído Sirius. Como era un baño pequeño, no pude ver cómo me quedaba, pero desde mi perspectiva todo me había quedado bastante bien. Salí nuevamente hacia afuera con el pijama en una bolsa metido todo a presión —ya que doblar no iba conmigo— y me sentí mucho mejor, ya que la ropa estaba bastante caliente y, ya de por sí, calentaba más que el pijama.

Me senté en frente de Sirius y tomé entonces un poco de chocolate caliente, el cual hacía honor a su nombre pues estaba muy caliente. Pero no importa, yo me lo bebí igual. Luego cogí un cupcake y lo examiné para empezar a comérmelo.

Ya que no me vas a decir la sorpresa, lo cual veo lógico porque si no dejaría de ser una sorpresa… —deduje con la lógica básica que todo ser humano tiene en este mundo—¿Me dices porqué me vas a dar una sorpresa? Mi cumple no es hasta febrero. O a lo mejor quieres ser previsor y como en febrero estamos en Hogwarts es tu regalo adelantado —sonreí divertida, para luego morder el cupcake y sentir el dulzor en mi boca—¿O te ha dado por regalar amor navideño a todos tus amigos, incluso los que vivimos en Mordor? —añadí divertida tras tragar el primer bocado.

Entonces una duda voló a través de mis neuronas. Sirius y Remus eran muy amigos, como uña y carne, como Zipi y Zape, como Sam y Frodo, como Han Solo y Chewbacca. ¿Vendría Remus hoy? Miré al cupcake como si fuera mi muralla y luego alcé la mirada a Sirius.

¿Estaremos tu y yo solos y vendrá alguien más? —pregunté con curiosidad, mordiendo el cupcake para esconderme detrás del dulce.
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Invitado el Vie Feb 19, 2016 5:00 pm

Danny parecía estar desmantelando el local mientras Sirius pedía lo que deseaba. Era inevitable que una de las varistas mirase a la chica con reproche, especialmente por andar con una especie de pijama felpón, por lo que Sirius se dedicó nada más que a sonreírle a encargada con una de sus sonrisas más adorables, en un intento bastante juvenil por llamar su atención y alejarla de su rubia amiga y, curiosamente, lo consiguió. El problema fue cuando le pidieron el nombre para escribirlo en su baso de chocolate caliente porque ¿quién demonios se llama Sirius en el mundo muggle?

—¿Serio… Serio, su nombre es serio?

—No, no Serio, Sirius… O… Orion, mejor Orion.

—Muy bien, Orion.

Sirius alzó ambos dedos pulgares y se fue a pagar, pero en lugar de regresar donde Danny, se quedó ahí haciendo presión sicológica hasta que le entregaron todo y tuvo que llevarse las cosas en dos viajes. Inmediatamente entregó a la chica la ropa que traía para ella.

—¿A mi? —respondió divertido a pregunta de a quien no le gustaban los cupcakes, mientras él mismo se echaba uno a la boca con cara máxima de placer —Los odio ¡Lo odio!

Por supuesto que la caja de cupcakes tuvo una considerable disminución de ellos mientras Danny se cambiaba ropa, pero al menos Sirius le había separado la mitad. Y para cuando la Hufflepuff salió del baño, Sirius le chifló para demostrar que le agradaba como le quedaba el overall.

—Pues… será tan especial que será un regalo de Navidad y Cumpleaños al mismo tiempo, así que no me jodas luego en Febrero porque se me haya olvidado —rió alzando las manos, como quien clama inocencia —. Tú me enviaste una escoba, Danny, y aunque según tu carta no te haya costado dinero, podrías haberla vendido y sacado una buena cantidad para disfrutarla tú, pero en lugar de ello me la enviaste a mi y eso se valora. Digamos que… no estoy el mejor periodo familiar y económico de mi vida.

Mencionó no muy seguro de profundizar más allá en ese tema, porque todos quienes venían de padres magos, sabían que los Black no tenían problema alguno de dinero y que eran, de hecho, una de las familias más tradicionalistas y puras de toda la comunidad mágica. Pero gracias a Merlín, no fue necesario hablar nada de ello, ya que Danny solita se metió en la boca del lobo, al preguntar si acaso iría alguien más. Ja! Como si el hubiese nacido ayer y jamás hubiese sido adolescente haciendo las mismas estúpidas preguntas. Sirius apoyó su espalda en el respaldo del sofá, como si estuviese poniéndose realmente cómodo para hablar de aquel tema.

—Realmente esperas que venga alguien ¿no es así? Remus —sonrió burlón y abandonó su postura cómoda para acercarse más a la chica, recargándose sobre sus propios codos sobre la mesa que les separaba, y entonces volvió a repetir —Remus, Remus... ¡Remus!

¿Que qué estaba haciendo? Sonrojándola por supuesto. Acababa de haberla pillado en un intento por saber del muchacho, eso ya la haría sonrojar y la dejaría susceptible a sonrojarse cada vez más mientras escuchara su nombre. Así que finalmente se echó a reír a carcajadas.

—¡Ay, Danny! Definitivamente no eres la maestra del camuflaje, ni yo el rey de la sutileza —le sonrió —. No, Remus definitivamente no viene hoy, lamento desilusionarte, aunque créeme que te he hecho un favor al evitar que el te viera vestida de Chewbacca. Sin embargo, me alegra que lo preguntes porque hay algo de lo que quiero hablarte al respecto: Rhea.

Sí, definitivamente Rhea era el problema principal del ojigris y no le agradaba ni un pelo el que Danny fuese amiga suya en esos momentos.

—¿Viste lo que hizo en el Baile de Navidad o realmente estabas demasiado embobada con Remus como para notarlo? —preguntó con los ojos entrecerrados —Honestamente, todos sabemos como los mejores amigos nos influenciamos los unos con los otros y Danny, yo… no quiero a nadie con las actitudes de ella cerca de mis mejores amigos. No sé si me entiendes.
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Danielle J. Maxwell el Vie Feb 19, 2016 6:19 pm

Sonreí divertida cuando Sirius cogió un cupcake y se lo metió en la boca al grito de que los odiaba. Yo también odio aquello que me encanta, es como un: “necesito devorarlo, pero sé que no es bueno para mí”. Pero siempre termino cayendo en la tentación y me encanta. Al igual que me encantaba esta “sorpresa” totalmente inesperada —ya que si llega a ser esperada, no hubiera sido una sorpresa—. No obstante, quería saber el por qué. Sirius no me debía nada —o eso creía—, además de que acordarse de la amiga que más lejos vive y tomarse las molestias de hacer incluso un traslador y engañarla vilmente para llegar a Londres… tenía su complicación.

Amplié la sonrisa cuando nombró mi cumpleaños, aludiendo al hecho de que si se olvidaba, no se lo tuviera en cuenta. En Hogwarts solo suele acordarse Rhea, por lo que la verdad es que estaba curada de espanto. Y se acordaba Rhea porque dormíamos en la misma habitación, que si no seguro que tampoco.

Podría haberlo hecho, sí… —contesté casi de manera inmediata. A mí ni se me había pasado por la cabeza venderla para conseguir el dinero y comprarme algo para mí. Desde que vi aquella Nimbus en mis manos pensé rápidamente en quienes de mis amigos no poseía escoba para regalarsela. ¿Y quién mejor que Sirius? Sabría que le daría un buen uso. Y así los Slytherin tendrían más competencia que no solo Hufflepuff. Supongo que tenía un alma altruista escondida en lo más profundo de mi consciencia, pero prefería mil veces eso a habérmelo gastado en mí misma—Me caes bien, Sirius, ojalá hubiera sido una saeta, hubiera hecho el Gryffindor vs Hufflepuff mucho más interesante... —añadí sonriente mientras cogía un cupcake de manera distraída, escuchando lo que decía de su estado actual, tanto familiar como económico. Lo miré con el ceño fruncido ante su comentario—¿Y eso por qué? —pregunté sorprendida—Si necesitas cualquier cosa, me avisas —me ofrecí. Mi economía familiar era baja, mugglemente hablando y mágicamente hablando, pero no importaba. Aunque no pudiera ayudarle, la ofrenda me había salido de manera automática. En tal caso, ambos podemos darnos apoyo moral.

Pero la verdad es que el tema no fue mucho más allá, ya que al parecer mi habilidad para ocultar mis intenciones es casi tan inútil como mi habilidad para no meterme en líos. Él me miró con una sonrisa traviesa y pudo averiguar rápidamente a qué me refería, motivo principal de que toda la sangre de mi cuerpo se hubiera concentrado en mi cabeza, enrojeciendo el rostro de manera casi inmediata.

Cogí el cupcake y como del rubor no podía decir nada —pues la sonrisa que me había salido me impedía hablar— dejé el cupcake a un lado y pegué mi rostro a la mesa ocultándolo del Gryffindor.

Cállate... —dije divertida, aún como un tomate mientras sacaba mi rostro de su escondite improvisado, cuando dejó de nombrar a Remus y dijo que yo no era la maestra del camuflaje—Sí, la verdad es que sí, no es mi mejor pijama —admití con sinceridad. Aunque entre Remus y yo había confianza, seguro que le hacía gracia mi pijama de Chewbacca.

Entonces Sirius pareció ponerse serio, diciendo que quería hablarme de Rhea. En un primer momento me quedé un poco perdida, ya que no sabía que querría contarme de ella. Fruncí el ceño para prestarle atención mientras bebía de mi chocolate caliente, el cual me calentó todo el cuerpo por dentro agradablemente. Eso sí, dejé se sentirme agradable cuando comenzó a explicarme el asunto de Rhea… Normalmente yo no era muy buena entendiendo indirectas, por lo que no sabía si lo que mi mente estaba captando era verdad o no.

No lo vi, estaba hablando con Remus antes de que te lo llevaras; pero sé lo que pasó, me lo contó cuando llegamos a la habitación —le contesté, obviando el hecho de que estaba “embobada con Remus”. No estaba embobada, estaba de espaldas a Ian y Rhea, qué es diferente. Lo miré con seriedad, sin tener muy claro lo que quería decirme. Decidí optar por la opción menos fuerte, aquella que quizás pudiera entender pero no compartir—¿No quieres que Rhea sea amiga tuya ni de tus amigos? —pregunté confundida, obviamente sin creer que todo eso iba por mí. Había nombrado a Rhea, por lo que el tema, en mi mente, lo relacionaba con ella—¿Y solo por lo que hizo en el baile?

Que me lo aclarase, mejor. Para mí lo que había dicho venía cifrado y la verdad es que en estos momentos no tenía ni idea de lo que me quería decir. Iba a tener que decírmelo directamente o irse por unas ramas más bajas.
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Invitado el Vie Feb 19, 2016 6:57 pm

Inevitablemente tuvo que reconocer que se sintió bastante bien el que le dijera que le caía bastante bien, precisamente porque en ese momento ya había dejado de ver a Danny sólo como una amiga más con la cual a veces debía compartir uno que otro castigo. Remus tenía sus ojos puestos en ella y aquella relación comenzaba ya a ser como el papá que debe aceptar a la novia de su hijo y hacerla sentir cómoda en su presencia o tanto ella como su hijo acabarían huyendo de su casa antes de tiempo. Aunque eso no evitaba que a veces también le diesen ganas de enterrarle una varita en los ojos a causa de los celos.

—Pffftt… No me recuerdes de ese partido, que para variar yo estaba castigado y no pude jugarlo.

Admitió con una sonrisa, pero debió la mirada, fingiendo haberse distraído con alguien del local cuando la chica preguntó nuevamente por lo que pasaba con su familia, pretendiendo de ese modo que no había escuchado a su pregunta, para luego beber de su chocolate caliente —ya no tan caliente— y cambiarle el tema rotundamente, regresando al asunto que más le interesaba.

—Yo sí creo que es uno de tus mejores pijamas —rió —, es sólo que no es sexy, e imagino que para Remus querrás verte sexy.

Mencionó moviendo sus cejas de arriba a abajo, con una de esas sonrisas que parecía que él todo lo sabía. Mas cuando se comenzó a tocar el asunto de Rhea y la cosa comenzó a ponerse seria, él mismo dejó completamente de lado su actitud bromista para concentrarse en lo que decía la chica.

—Lo sabes desde la perspectiva de Rhea —le corrigió, ya que estaba segura que la chica solamente le habría contado que sólo se acercó a darle un beso a Ian Howells —, no creo que eso sea saber la historia por completo. Rhea dejó al grupo con el que estaba, en donde yo mismo me encontraba, y se fue toda decidida a apartar a la otra pareja, comenzando ya a dar que hablar, siendo incluso Campeona del Torneo, teniendo la mirada incluso de McGonagall encima y ¿sabes que hizo? Prácticamente apartó a la otra chica y así mismo se agachó y ni siquiera como una dama o como le hubiese sugerido su vestido, lo hizo a todo culo parado, dedicándole su “mejor cara” —marcó las comillas con sus dedos —a todos los que la estaban mirando y metió a Ian su lengua hasta el esófago, para luego irse como si nada… y por supuesto el chico tampoco la siguió. ESO es lo que pasó, ESA es la actitud que no me gusta y no, no me refiero a que no quiero que se acerque más a mis amigos en plan amiga, me refiero a que no me gustaría que ellos acabasen enrollándose con una chica como ella y… tú… bueno… eres su mejor amiga.

Le miró por un momento como si esperase ver el engranaje de su cerebro comenzar a rodar y poder pensar que lo estaba entendiendo.

—No sé como explicarlo… Los mejores amigos siempre influencian demasiado en uno, ya ves como Remus muchas veces acaba sucumbiendo a nuestra travesuras, aunque él precisamente no tiene un carácter travieso, él es quien comenzó diciéndonos “No” a todas las maldades que queríamos hacer y acabó por meterse en tantos problemas como James y yo, bueno… quizás no tantos, pero varios —suspiró —. A lo que voy es que… los mejores amigos se influencian y no me gustaría verte comportándote así… yo sólo quiero lo mejor para mis amigos y si me tengo que enemistar con medio Hogwarts, lo voy hacer.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Feb 20, 2016 3:43 am

¿Sexy? ¿Yo sexy? Alcé las cejas sorprendida ante la suposición de Sirius. Jamás me había preocupado por mi aspecto, era de esas chicas que prefieren invertir su tiempo en leerse por cuarta vez un cómic que en arreglarse. Quizás este año es la primera vez que he intentado acicalarme un poco para un evento importante y es porque la campeona de Hufflepuff me invitó a ir al baile con ella. Quizás también un poco por Remus… pero el adjetivo idóneo para definirme sería “mona”, yo no llego a esa categoría de “sexy” que la sociedad ha impuesto como sexy. Yo me quedo simplemente en mona y si tal guapa. ¿Pero sexy? ¿Eso qué es?

Hmmm… —murmuré sin saber muy bien qué decir—Supongo que… ¿sí? —pregunté sin tenerlo muy claro. Por saber no sabía ni qué había qué hacer para ir “sexy”.

Si pensaba que hablar de cuán sexy podía ser era incómodo, hablar del siguiente tema rozó lo inimaginable. El simple hecho de que Sirius me dijera que quería hablar de Rhea no parecía nada malo. Quién sabe… a lo mejor solo quería decirme alguna anécdota, a lo mejor le gustaba y quería pedirme consejo o, yo qué sé, simplemente quería decirme lo simpática que era.

Pero no.

Dejé el chocolate a un lado y el cupcake por la mitad en la otra mano sin apartar la mirada de los ojos grises de Sirius. Si bien ya me había molestado el hecho de que Sirius no quisiera a Rhea con “sus amigos”, me estaba molestando mucho más que la estuviera juzgando por lo que hizo en el baile. Si no la juzgaba yo, que era su mejor amiga, aquella que sabía sus sentimientos, sus decisiones e incluso hasta sus arrepentimientos, ¿lo iba a hacer gente que no tenía ni idea de nada de eso?

Pero no me dio tiempo a quejarme de lo que decía, ya que al final de su diálogo me metió a mí de por medio. Mi rostro no se mostró sorprendido, sino más bien más fruncido, como si todo aquello cada vez me gustara menos. Hasta me puse nerviosa… las pulsaciones se me aceleraron, no sabía si de la molestia de que Sirius estuviera siendo tan estúpido, por el hecho de que se estuviera metiendo con mi mejor amiga o por el hecho de que me estuviera medianamente amenazando para que no me acercara a Remus si me juntaba con Rhea. Pero ya bastante tenía con oír mierdas así de gente que quiere hacerme el mal como para tener que escucharlas de alguien que es mi amigo.

¿Eres consciente de que estás juzgando a mí mejor amiga y que yo la conozco mucho mejor que tú? —pregunté retóricamente—¿Y eres consciente de que yo también soy amiga de Remus y también quiero lo mejor para él? —añadí a la retórica, sin darle tiempo a que contestara—Y según tengo entendido, tú y yo también somos amigos, ¿no? Me conoces bien. Sabes cómo soy. Y aún así me estás diciendo que crees que soy capaz de actuar como Rhea... —hice entonces una pausa, como si estuviera esperando una mirada de su parte para corroborar que he acertado. Para mí Rhea no había actuado mal, se había dejado llevar y, ¿quién se ha quejado? Nadie. Solo la gente que no tiene nada que ver—Si es eso lo que estás diciendo, entonces no me conoces nada.

Dejé el cupcake en la mesa, desanimada por el tema; por lo que había dicho. Me molestaba porque era un buen amigo —y no es precisamente que vaya sobrada de amigos— y dudaba de mí. Siempre he sido una chica independiente que va a su rollo, ¿o acaso me he visto influenciada por alguien y no me he dado cuenta nunca? Entendía su preocupación por su amigo, pero debía de mirarme A MÍ y no a Rhea. ¿O es que se cree que voy a ir copiando a mi amiga en todo lo que hace? Éramos dos personas MUY diferentes Rhea y yo. En casi todo éramos diferentes a excepción de que ambas éramos rubias, de ojos azules y más muggles que nadie. Pero en casi todas nuestras facetas éramos increíblemente diferentes; nos comportábamos de maneras muy distintas en mismas situaciones.

No voy a defender a Rhea, por una parte porque solo sé su perspectiva y la tuya. Y no se parecen nada y, puestos a elegir, déjame decirte que me quedo con la suya. Sobre todo ahora que estamos alardeando de mejor amistad y apoyar a los tuyos, tanto como para dudar de otros buenos amigos —le dije con el ceño fruncido, pero no cabreada, en verdad era una mueca extraña que mezclaba confusión con molestia—Pero si lo que te preocupa es mi actitud frente a Remus, puedes estar tranquilo. Aunque no sé que quieres exactamente ni a qué viene todo esto. ¿Quieres qué me separe de Rhea si quiero acercarme a Remus? ¿Hacerle un exorcismo a mi amiga? ¿Que elija? Porque si me estás dando a elegir, no lo voy a hacer.

Eso era en toda regla un “¡enemistate conmigo!”, sobre todo si lo que quería era que me alejara de mi amiga o hiciera algo similar. Era mi mejor amiga. ¡Mi única amiga, si nos ponemos a pensarlo fríamente! ¿Era tonto o qué? Que me odiara si quería, pero no pensaba alejarme ni de Remus ni de Rhea. Ambos eran amigos míos y no necesitaba el beneplácito de Sirius para estar con su amigo. ¡Ya bastante me costaba hablar con Remus, como para ahora tener que preocuparme de Sirius! ¡Y, joder, estaba cansada de que todo me fuera siempre mal y ser la débil que lo deja pasar! Esa Danny ya no está.
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Invitado el Sáb Feb 20, 2016 4:45 am

¿La conocía? ¿Sabía como era? Pues según ella sí lo hacía, pero según él no estaba seguro. Habían compartido varios castigos juntos desde primer año, habían compartido clases y sido rivales en partidos de Quidditch. Sí, habían hablado bastante y sí, él mismo la había defendido de quienes antes querían dañarla, pero eso no significaba que supiera todo de ella. Ni siquiera conocía a su familia y probablemente esta era la primera vez que se juntaban fuera de Hogwarts y, honestamente, la Danny que comenzaba a mostrarse en aquellos momentos, no era ni de cerca la Danny a la cual conocía.

La Danny que él conocía era una chica tierna y alegre, una a la que le daría gusto mezclar con sus amigos, pero la Danny que comenzaba a mostrarse en ese café comenzaba a actuar tan a la defensiva que incluso llegaba a ponerse chula “¿Qué acaso quieres esto? ¿De que vienes? No voy a elegir y tal”. Joder ¿a caso alguien le había dicho que eligiera? ¿Acaso se había dado el trabajo ella de entender lo que él que quería antes de ponerse a ladrar como un perro rabioso? Y más aún, comentaba muy prepotentemente que se quedaba con la visión de Rhea, mandando su opinión al carajo… Oh, sí, menudos puntos que comenzaba a anotarse Danny Maxwell, pues para él era en las malas cuando se conocía realmente a la gente, cosa que él consideraba tener a favor, pues siempre se había mostrado de la misma manera, diciendo a la cara directamente lo que pensaba aun cuando ello no agradase al resto.

Sirius se echó nuevamente hacia atrás en su asiento y se cruzó de brazos para mirarla con seriedad.

—Nunca había visto a una persona que se contradijera tanto a si misma, dices que no vas a defenderla y al segundo que sigue, sin que nadie te pregunte dices que eliges la versión de ella. Dices que eres mi amiga, pero antes de intentar comprender mi postura, y explicarme si estoy equivocado, te pones en plan desafiante —meneó la cabeza en un gesto de negación —. No, no conozco a esta Danny. La Danny que yo conozco escucharía, compararía perspectivas y no elegiría ninguna, sino que las utilizaría para comprender ambos puntos de vista, tomando a ambas como ciertas para intentar ver en donde están los errores de cada quien, antes de intentar explicarlos con paciencia, sin llegar a tomar partido por ninguno de los bandos. Después de todo, los Hufflepuff son los justos.

Hizo una breve pausa para beber un poco más de su chocolate caliente, mientras le miraba sin poder reconocer a Danny Maxwell en esos ojos azules, por lo que no sabía si sentirse satisfecho de encontrar que la chica en verdad estaba cambiando o decepcionado de que estuviese comportándose de esa manera. Por un momento incluso le dio el favor a la duda, de que quizás estuviese en medio de su periodo menstrual, hubiese tenido un mal día o fuese de esas personas que despertaban todo sensibles.

—Si aún te interesa saber lo que quiero antes de callarme la boca, pues… me encantaría entender los motivos de Rhea para comportarse de esa manera, me encantaría que alguien me hiciera ver que estoy equivocado y que volviese a mostrarme a una Rhea que vale la pena y que no es ninguna mala influencia para sus amistades. Eso es lo que un amigo hace.

Dijo antes de beberse lo que quedaba de chocolate caliente y dirigir su mirada hacia la puerta de salida, pues si Danny seguía en plan chiquilla cerrada y desafiante, no creía que mereciera la pena seguir con aquella visita. Lastima que el traslador ya tuviese la hora de regreso agendada, porque la rubia tendría que esperar aún un poco más para poder irse a casa, mientras que a él sólo le restaba subirse a la moto y darse el ánimo de volver a volar su par de horas sobre ella.
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InvitadoInvitado

Danielle J. Maxwell el Lun Feb 22, 2016 1:19 am

¿Contradecirme? ¿Que me ponía en plan desafiante? ¿Que los Hufflepuff éramos los justos? ¡Los Hufflepuff éramos los leales y se estaba metiendo con mi amiga! ¡Y yo no fui quien empezó diciendo que si tenía que enemistarse con medio Hogwarts, lo iba a hacer! ¡Luego soy yo la desafiante! Intenté serenarme ante sus palabras, intentando no odiarle momentáneamente, ya que éste tipo de actitud me ponía de rancia para arriba. Tenía que darme cuenta de una cosa: Sirius estaba diciendo todo esto porque estaba preocupado por sus amigos. ¿Si yo estuviera preocupada por mis amigos, también actuaría así?

Quizás lo único que quería Sirius era saber las razones de Rhea para actuar como actuó en el baile, pero bajo mi punto de vista su explicación de lo sucedido fue más un ataque que una simple explicación. Mi yo interior cogió aire profundamente, intentando meditar para entrar en un estado de zen y armonía con el ambiente.

¿Yo desafiante? ¿Pero te escuchas cuando hablas? —pregunté, ya que a lo mejor él no se escuchaba cuando hablaba y todo lo que salía por su boca era simpatía y justicia. Pero no. Una adopta aquella posición que naturalmente le sale, si había adoptado una posición defensiva es porque claramente sentí un ataque. Aunque claramente aquel que ataca nunca se da cuenta de lo que él hace, solo de lo que recibe de respuesta.

Pero venga. Yo era una niña con una competitividad sana y era una buena persona, por lo que Sirius tenía razón y debía de bajar esta antipatía repentina para intentar ser una chica racional a pesar de que no me hubiera gustado nada cómo había abordado el tema. Pero joder, que no se meta con mi amiga deliberadamente porque entonces, al igual que él, yo tengo claro de qué parte ponerme y por quién luchar.

Bebí entonces de mi chocolate cuando él me explicó lo que quería saber. Dejé el chocolate delante de mí, sintiendo que era algún tipo de elixir poderoso que me daría fuerzas en esa conversación. Relajé el gesto, intentando hacer de esa conversación una conversación de amigos y no de enemigos.

Deberías haber empezado por ahí —dije con tranquilidad. Y no empezando a decir que iba a medir las amistades que se juntan con Rhea, que se iba a enemistar con medio Hogwarts y yo qué sé qué más cosas que me sacaron de mis casillas… En fin, serenidad—A Rhea le gusta Ian —le dije a Sirius, ya que era lo que me había quedado claro en nuestra conversación en el baile—Yo tampoco entiendo qué ve en él. Yo solo veo un chulo prepotente que juega con las mujeres guapas y se mete con las feas y que tiene el ego muy alto —Mira que yo no me consideraba especialmente madura, pero a ese seguro que le gano—Pero Rhea me explicó lo que siente por él, ¿y qué voy a decirle yo? Rhea e Ian son amigos y se llevan bien y lo único que yo conozco de Ian es la mierda que deja ver, una superficialidad sin fondo. Ella le conoce, sabe cómo es y a la vez no parece ni saber qué quiere. Yo creo que está confundida… Pero ella lo conoce mejor que yo, me siento un poco hipócrita diciéndole que es un mal tipo cuando en realidad no le conozco nada... No sé si me explico... —le dije, sintiéndome confundida yo también, dándome cuenta de que ahora hablaba más como un confesor que otra cosa. Aunque también me sentía un poco perra. ¿Estaba traicionando la confianza de Rhea? ¿No, verdad? Es decir, ella había besado a Ian en el baile, yo creo que todo el mundo ya debe de saber qué le gusta Ian… Y solo estaba dejando las cosas claras ante un amigo un poco tonto que prefiere preguntarme a mí en vez de preguntar directamente a Rhea—Y claro, lo del baile fue un impulso —Un impulso de lo más fuerte, ya que el día que yo tenga un impulso así ya pueden crecerle pelos a las ranas—¿Pero qué tiene de malo? Es decir… el gesto cogió por sorpresa, pero Ian está soltero, ella está soltera y ninguno de los dos se ha quejado. Nunca he dado un beso así, pero supongo que al fin y al cabo es un beso y eso expresa sentimientos. Dudo mucho que todos los ojos del banquete estuvieran sobre ella y, los que estuvieran, qué hablen. Es un asunto entre Rhea e Ian y de nadie más —Cogí el cupcake entonces, queriendo terminármelo ante tanta sinceridad; la sinceridad me abre el apetito—Rhea es una buena persona, no es su culpa que un capullo le haya vuelto loca y que ni ella misma sepa qué hacer con su vida.

Con los dedos rompí un trozo esponjoso del cupcake y me lo llevé la boca, masticándolo con pereza mientras miraba a la magdalena. En realidad llevaba ya un tiempo sin mirar a Sirius, con la mirada enfocada en ese cupcake, como si ese cupcake fuera Rhea o algo así. Pero cuando terminé de masticar ese trocito, alcé la mirada.

No la juzgues por ello —le pedí, encogiéndome levemente de hombros—Es difícil saber cómo actuar cuando estás frente a la persona que te gusta y no sabes lo que quiere el otro. Solo que no todos actuamos iguales...

Y eso lo decía por experiencia propia. Joder, que cada vez que me encontraba con Remus me convertía en una patata retrasada. Aunque no porque me guste —que también, no voy a engañar a nadie—, sino porque aún quedaba una cosa que zanjar entre él y yo y ambos nos comportábamos como retrasados por no tener iniciativa para sacar el tema.
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Invitado el Vie Feb 26, 2016 11:59 pm

—Sí.

Respondió inmediatamente cuando Danny le preguntó si acaso se escuchaba a sí mismo cuando hablaba, porque la verdad es que sí lo hacía y sabía exactamente lo que estaba diciendo y como lo había dicho.

—Pero todo el mundo sabe que yo no conozco el significado de la palabra sutileza y que ando por la vida arrojando lo que pienso sin suavizante alguno. Por eso es que muchos me odian y creen que soy un chulo prepotente.

Le sonrió de manera irónicamente inocente, pues la verdad es que él era muy conocido por ello, por no tener pelos en la lengua y por decir las cosas con tanta carencia de tacto que muchas veces podían sonar incluso ofensivas, cuando en verdad no lo eran. Incluso en este caso en que Sirius SÍ había visto a Rhea besar a Ian con todo el culo parado en dirección a ellos y SÍ le había visto apartar Clarissa con total irrespeto, ambas acciones que jamás se hubiese esperado de una dama como pensaba que era Rhea, y mucho menos delante de McGonagall, que era una de las cosas que más le dolía, puesto a que Sirius Black, muy curiosamente tenía especial respeto hacia dicha profesora, ya que había sido ella la primera a quien había visto a hacer una mueca a la que él que interpretó como de agrado, en cuanto había sido seleccionado para Gryffindor, y había sido ella una de las únicas personas que siempre pareció preocuparse por sus alumnos de manera sincera y apoyarles aún cuando fuesen unas balas locas; eso y que además era una experta animaga a la que tuvo en admiración desde que descubrió en carne propia cuan difícil resultaba dominar aquella rama de la magia, y alguien que con los años seguía sorprendiéndole al verle incluso dentro de la Orden del Fénix. En resumen, Minerva McGonagall era para Sirius la imagen materna que siempre le hubiese gustado tener y quien se metiera con ella, o de cierto modo le faltase el respeto como sentía que lo había hecho Rhea, era como si se metiesen directamente con él. Aunque claro, hablar de su familia e imágenes maternas, era algo que hacía solamente con sus amigos más cercanos y sólo en contadas situaciones.

Tuvo que golpearse la cabeza cuando escuchó que Danny dijo que a Rhea le gustaba Ian, y admitió luego con la cabeza, cuando la rubia agregó lo que pensaba del muchacho.

—Te explicas, pero creo que todo Hogwarts y más allá, tiene exactamente la misma imagen de Ian Howells.

No entendía como a una chica como Rhea, bueno… como la imagen de la Rhea que tenía antes, podía gustarle un chico como Ian. Aunque la imagen de la Rhea que tenía ahora sí calzaba perfectamente con alguien de la calaña del Slytherin y ya prácticamente le daba lo mismo que se hiciera lo que quisiera con él con tal que se quedase lejos de sus amigos y dejara de faltarle el respeto a la Profesora McGonagall. Aunque claro, eso último jamás lo reconocería.

—¿Qué que tiene de malo? Ya te lo dije, Danny —reconoció medio incómodo, pues no quería ponerse a discutir con ella, le caía bien —. No fue el beso en sí, fue el como y en presencia de quien. Vamos, si te quieres comer el esófago de alguien, te lo llevas aun lugar más privado, sin profesores presentes y sin que esté su pareja de baile al lado. Lo que no me gustó fue su actitud, no lo que hizo, ni con quien lo hizo, aunque igualmente hubiese preferido que se metiese con alguien mejor, pero bueno… —alzó los hombros —si a ella le gusta y no se valora lo suficiente como para darse cuenta que ese tío no la va a respetar, pues… ¿qué se le puede hacer? ¿Tienes tú alguna idea?

Suspiró y volvió a beber un poco de su chocolate caliente que en ese momento estaba ya a la temperatura perfecta, por lo que lo mantuvo en sus manos para seguir bebiendo de él cuando se le diese la gana. Es decir, todas las veces que no tuviese la boca ocupada hablando con Danny.

—También creía que era una buena persona, por eso me ha molestado tanto verla en esa actitud, si hubiese sido otra me hubiese dado lo mismo. La Rhea que yo conocía no era así, y por eso también me da miedo que la mala influencia se contagie —sonrió —. Imagino que debió haber partido por Ian, así que por favor, del por favor, de los por favores, si vas a darle transfusión salival a Remus, que no sea delante de los profesores. O sea… si te vas a volver una salvaje, al menos, AL MENOS… que no sea delante de ellos… por favor.
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Danielle J. Maxwell el Mar Mar 01, 2016 2:26 am

¡Y se queda tan pancho! ¡Menuda mierda de consuelo saber que siempre va por ahí diciendo las cosas con la misma sutileza que si te metieran un palo por detrás! Que yo le conocía y sabía que era así, pero joder, es mi amigo y creo que soy su amiga, ¿no es lógico entre amigos intentar cambiar para no hacer daño con lo que dices o haces? Digo yo, vamos. O a lo mejor soy la única chica que piensa así y no considera un buen método de diálogo ser tan directo sobre todo si parece que vas a ir a hacer daño —aunque no sea así—, con lo fácil que es decir las cosas de la manera perfecta para que un amigo te entienda. ¡Se supone que son amigos! Si las cosas se dicen bien, jamás va a ver un malentendido.

Por suerte nos llegamos a entender. Yo decidí dejar mi antipatía repentina a su poco tacto a un lado e intentar comunicarme con Sirius como una persona civilizada. Yo intentaba ser una buena persona, por lo que con aquella gente que me importaba no me importaba lo más mínimo en dar mi brazo a torcer. El orgullo a mí me sobra con mis amigos.

Ya… —admití cuando él dijo con toda la razón del mundo que, probablemente aquí en Hogwarts y en cualquier sitio en dónde estuviera Ian Howells, todo el mundo pensase lo mismo de ese Slytherin. Todos menos Rhea.

Le conté todo lo que sabía respecto a la relación de Ian y de Rhea, sintiéndome una amiga horrible por traicionar “su confianza”, ¿pero esto era una buena causa, no? Es decir… no era ir por ahí pregonando a los cuatro vientos lo que me había dicho, sino que se lo estaba contando a un amigo común preocupado por todo lo que había pasado, ¿no? Dios, necesito una razón que me libre de tanta culpa. Voy a pensar que lo estoy haciendo por su bien, porque si no voy a llegar a casa sintiéndome terrible y le terminaré escribiendo una carta por mi arrepentimiento. Y no era plan.

Ya… —añadí sintiéndome repetitiva, aunque por mi rostro podría verse a una Danny pensativa que entraba en razón a medida que Sirius hablaba—Pues aunque no lo parezca lo he estado pensando detenidamente y he llegado a una conclusión —entonces me apoyé a la mesa con ambos antebrazos, mirando a Sirius con seriedad a los ojos, necesitaba expirar mis pecados—Debemos matar a Ian.

Sonreí divertida de repente y negué con la cabeza. Un poco de humor nunca viene mal, sobre todo ahora que he dicho de matar a una persona.

No, ahora en serio —tragué saliva—Nunca he sido partidaria de meterme en la vida de la gente que me rodea, pero también es verdad que no es lo mismo cualquiera, que Rhea —dejé claro antes que nada—A lo mejor Rhea solo conoce de Ian lo que éste le ha mostrado y quizás le ha mostrado a una persona decente. Deberíamos mostrarle lo ruin y sucio que es. A lo mejor así se da cuenta de lo que es cuando no está con ella, le hace cambiar de opinión o algo… —di como idea, sin estar muy segura de que fuera muy efectiva—O podemos esperar a que Ian le haga daño, que ambos sabemos que será tarde o temprano y, entonces, matarle; sería un homicidio justificado —solté entonces otra sonrisa inesperada, ya que obviamente estaba de broma. Cualquiera que me conociera sabía que yo no era capaz ni de matar a una mosca, incluso Sirius, que me ha conocido en mis momentos más traviesos, huyendo de profesores o haciéndole gamberradas hasta a los propios profesores.

Pero entonces me di cuenta que todo este rollo no iba por Rhea, sino por mí. Cuando me pidió por favor que si le iba a dar transfusión salival a Remus lo hiciera en un lugar privado, por casi no se me cae la cara de vergüenza en aquel mismo instante.

¿Qué? —pregunté atónita—¡Claro que no! —reaccioné de repente a la par que me volvía a apoyar detrás de la silla—¡Pero si no soy capaz de decirle a Remus que me gusta! ¿Cómo te crees que voy a ser capaz de darle un beso delante de nadie? —negué con la cabeza y me llevé una mano a la cara con diversión para luego mirarle y coger el cupcake que había dejado a medias con intención de terminárelo de una vez por todas—Pues estar tranquilo, tanto por mí como por Remus. Si en algún momento eso llega a pasar... —roja otra vez, aunque por suerte no influyó a mi conversación— no creo que sea delante de nadie. Ni la primera, ni la segunda, ni ninguna vez —le aseguré. Como si no nos conociera a ambos... el Rey y la Reina de la Timidez.

Entonces mordí el cupcake.

Yo era una chica reservada, mucho. No me gustaba ir por ahí contando mis preocupaciones, ni mis problemas, ni mis sentimientos. A mí me gustaba hablar de las otras personas, de cosas banales, de emocionarme hablando de Star Wars y sufrir cuando me decían que Star Trek molaba más que Star Wars. Era de esas chicas que con sus amigos se abrían lo justo y necesario y que se sentían tremendamente violentas e incómodas cuando alguien con quien no tiene confianza se pone a preguntarme cosas personales que, evidentemente, me cuesta comunicar. No sé decir que no, pero tampoco quiero decir la verdad. Pff… soy todo un espécimen de la comunicación… Pero con Sirius había confianza y esperaba, por favor, que no me la traicionase, ya que le había soltado ahí de repente que me gustaba su amigo. Que yo creo que todo el mundo lo sabe —por eso de que todo el mundo se entera antes que yo de mis sentimientos—, pero no es lo mismo decirlo en voz alta.

No le digas nada a Remus, por favor —le pedí tras terminarme el último trozo de cupcake—Ya sé que sois super amigos y que de ser al revés también cuestionarías mi lealtad si se tratara de contarle algo a Rhea, pero ya ha pasado suficiente tiempo como para que se entere por otra persona que no sea yo —lo miré—¿Me harías el favor?

Y tampoco quería saber de qué habían hablado Remus y él, porque está claro que lo han hecho. Pero era un tema entre él y yo y no quería, como en el tema de Rhea, que todo el mundo se viera involucrado o criticando nada. Quería que siguiera siendo un tema solo de él y yo. Quizás debería respetar eso y dejar que el tema de Rhea e Ian sea solo un tema de Rhea e Ian... Suspiré entonces de manera indecisa, cogiendo mi chocolate y bebiendo casi la mitad debido a que ya estaba a una temperatura decente.
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Danielle J. MaxwellUniversitarios

Invitado el Miér Mar 09, 2016 4:30 am

Observaba a la chica detenidamente, buscando en ella las expresiones que el indicaban que realmente ya se había calmado y se estaba tomando las cosas de mejor manera. Él también comenzó a sentirse mejor, Danny no era una persona con la cual quisiera pelear, por lo que empezó a beber de su chocolate caliente otra vez, con mas calma y comenzándole a disfrutar.

Prestó especial atención cuando Danny pareció comenzar a ponerse seria y adoptar una posición de confidencialidad, la que Sirius también siguió, poniendo —al igual que ella— las manos sobre la mesa. Realmente se esperaba cualquier cosa, menos esa ¿Matar a Ian? Por un par de segundos y hasta creyó que estaba hablando en serio, pero cuando la rubia sonrió, él se echó a reír con ella.

Notó, sin dificultad, que a Danny lo que más le importaba era que Rhea estaba con Ian y que Ian no era realmente un hombre de fiar. Bueno, el chico tenía su reputación, pero como Sirius ya había dicho, lo que a él le había afectado más había sido la actitud de Rhea, aunque por supuesto, si había que culpar a alguien, mejor era el culpar a Ian.

—Eeeeh… No conozco a Ian, pero no creo que sea tan idiota como para pretender ser mejor persona con alguien en particular, cuando con todo el mundo dentro del colegio se muestra de la misma manera. No le resultaría y más idiota sería la que le creyera —alzó los hombros, pues él seguía pensando que la del problema ahí era Rhea —. Digo… todos saben que Ian va detrás de todas las chicas del Mundo, no? Rhea se metió con él a sabiendas y… bueno, todos también sabemos ya que él no se quedará con una sola, entonces… Es Rhea la que tiene que abrir los ojos, lamentablemente.

Por suerte Danny finalmente entendió que el motivo principal de su preocupación era ella y su comportamiento para con uno de sus mejores amigos, pero aún así rió brevemenete cuando la chica le pidió que no le contase nada a su amigo.

—¿Qué no le cuente qué, Danny? ¿Qué el te gusta? ¿Qué tú le gustas? ¿Crees que yo me di cuenta porque él me dijo? —negó con la cabeza con una sonrisa —No, Danny y esta conversación la estoy teniendo contigo por si acaso… Nunca se sabe, y lo único que puedo decir es que…  hay cosas que es mejor sólo las arreglen entre ustedes, sólo te pediré una cosa. Pase lo pase, nunca te olvides de quien es Remus en realidad.

Terminó de beberse el chocolate caliente. Sí, estaba totalmente seguro de que Danny entendería el problema de Remus con su licantropía si acaso llegaba el momento en que él tuviese que decirle. Pero de cuando llegase ese momento dependería cien por ciento de su amigo y él no metería presiones por fuera, ni le apuñalaría por la espalda. Aquel era un asunto de Remuys y Danny, y Sirius sólo haría su parte de asegurarse de que la chica estuviese bien segura de no tomar ningún mal camino, no tan sólo por lo que pudiese pasar con Remus, sino porque ella era también su amiga.

Terminó su chocolate caliente y miró alrededor buscando por algún reloj, antes de comer el último cup cake. Ya eran casi las ocho de la tarde, por lo que se apuró el último bocado e hizo un gesto con la cabeza a Danny, indicándole hacia la salida.

—Deberíamos irnos ya, la sorpresa nos espera —le sonrió.

Esperó a que Danny terminase de comer y ambos se pusieron de pie para salir por la puerta y subirse a la motocicleta una vez más, aunque —en esta ocasión— le entregó antes la chaqueta y los guantes para que se abrigara. Ambos montaron una vez más, recordándole las indicaciones para evitar alguna caída, y partieron hasta Shenley Road en donde se estacionaron fuera de una construcción cuyo anuncio señalaba ser los “Elstree Studios”.

—¿Sabes en dónde estamos? —le preguntó con una sonrisa una vez que se hubieron bajado de la mato —Estos son los estudios en donde se filmaron las películas de Star Wars.

Ambos entraron al lugar, asegurándose de que aún estaba abierto al publico durante una hora más. No sólo se habían grabado importantes escenas de Star Wars en ese lugar, también Indiana Jones, entre otras, y en su interior aún se conservaban varias de las escenografías de tamaño real y pequeñas, aquellas que sólo se usaron en tamaño maqueta. Esa era realmente la sorpresa.
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