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La vida sigue {Sam J. Lehmann}

Invitado el Dom Ene 17, 2016 3:02 am

"Sintió como una patada hizo que su interior se removiese, las lágrimas que caían tenuemente de sus ojos, lágrimas de dolor ante aquello que casi se le había hecho evidente desde el primer momento, un ser esperado tanto por ella como por su ex-mujer la cual ahora estaba lejos de ella, lejos de todo y todos. Las fuerzas de aquella mujer que una vez alardeó de no tener nada que perder ahora flaqueaban precisamente por perder a aquella mujer que tanto había amado. Su cuerpo yacía en el suelo, inmóvil tras el duro golpe que acababa de serle propinado en las calles de Londres y donde estaba segura de que la vida en su interior estaba extinguiéndose así como sus propias ganas de seguir viviendo."

Se levantó de la cama sobresaltada y con la cara empapada, no estaba segura de si era por el sudor o por las lágrimas, llevaba varias semanas soñando con lo mismo, aquel maldito día que logró destrozar lo poco de felicidad que pudo haberle quedado en su vida. Se incorporó en la cama frotándose los ojos para eliminar los rastros que pudieron haber quedado de las lágrimas y acto seguido miró uno de los relojes de la pared. Le quedaba poco tiempo para llegar al ministerio, de ser una muggle probablemente contaría con un retraso en su hoja de asistencia si es que existía algo así, pero siendo una bruja, era tan fácil como aparecerse en una de las estancias habilitadas para ello por lo que tras echarse hacia atrás el cabello y ponerse en pie, el ducharse y vestirse correctamente (o más bien apropiadamente) para ir a su puesto de trabajo le llevó menos de un cuarto de hora por lo que no tardó tampoco demasiado en aparecerse donde debía para tomar su puesto en el ministerio.

El sonido sordo de los tacones en el pasillo aún pseudo vacío le sonaba a gloria, siempre había gustado de los tacones, del poder que a su parecer le otorgaba poder mirar a más de uno de sus compañeros de frente y ver como poco a poco estos se empequeñecian frente a su frívola mirada. Mentiría al decir que no disfrutaba de aquello, era como una manera de demostrar que por mucho que el mundo mágico (como la sociedad muggle) fuese una sociedad machista en la que muchos hombres creían ponerse por encima de las mujeres solo por tener pene que la verdad, para algunos parecía más el cetro del poder único que un cacho flácido de carne.

Se acercó a una de las máquinas de café para tomar uno, necesitaba algo de cafeína en su organismo antes de meterse a trabajar en aquella oficina repleta de imbéciles, por lo que nada más sacar su café de la máquina se apoyó en uno de los amplios ventanales para observar como la vida seguía fuera de aquellas paredes.
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Sam J. Lehmann el Lun Ene 18, 2016 1:38 pm

Mal, la vida le iba mal. Apenas lograba conciliar el sueño por culpa de sus propios pensamientos, por culpa del peso que de repente llevaba sobre sus propios hombros. Se sentía frágil y débil y todo por no haber sido consecuente de sus actos, y ahora no sabía ni qué hacer, ni cómo comportarse. Sentía que ya no era libre y que debía de condicionar sus creencias, sus principios e incluso sus ideales a un hombre que le había condenado de por vida. Era como si estuviera presa en una jaula todo el rato bajo la continua vigía de Rodolphus Lestrange. No sabía cómo actuar, qué hacer, qué no hacer… estaba perdida; más que nunca. ¿Y lo peor de todo? No se lo podía contar a nadie.

Ya es que se sentía con menos esperanzas que nunca. Entre que sentía que Leia estaba en más peligro que segura, su mejor amigo y casi hermano Henry le parecía cada vez más lejano y que ahora no tenía ni juicio propio… se sentía indefensa. Triste. No sabía cuánto tiempo se había pegando llorando, pero sin duda ya no le quedaban demasiadas lágrimas qué soltar.

No obstante, aunque ella no pudiera haberlo asumido todavía, podía seguir viviendo bajo unas pautas establecidas. Podía seguir siendo ella sin faltar a ninguna de las promesas hacia Rodolphus. Y debía de hacer eso o iba a terminar por coger una depresión, suicidarse y, por tanto, condenar a Leia. Ese día se levantó temprano, sin apenas esfuerzos e incluso antes de que sonara el despertador. Cuando éste sonó, se levantó y se preparó, dándose una ducha para prepararse. Vistió absolutamente toda de negro, pues se sentía irónicamente de luto por sí misma. Unos tacones altos pero discretos, unas medias negras y opacas, unos short elegantes a juego con una americana y una camisa negra bajo la americana. Peinó su pelo y se pintó los labios de rojo, una característica marca de Sam.

Usó la Red Flú más cercana para trasladarse al Ministerio y se dirigió directamente a su puesto de trabajo. Se sentó en su silla y… dejó caer su cabeza contra la mesa. Se dio un leve golpecito contra la madera, para luego darse otro y otro. Estaba tan perdida que no sabía ni por dónde empezar esa jornada laboral.

Debía de tomarse un café o no iba a espabilar nunca. Se dirigió a la máquina más cercana y vio a una chica con la mirada perdida mirando uno de esos ventanales característicos de ciertas partes del Ministerio que, evidentemente, tenían un fondo falso. Una de las muchas desventajas de trabajar bajo tierra. Sam metió un galeón dentro de la máquina y apretó el botón. Se quedó mirando a la expenddora con sumo silencio como si fuera lo más interesante que pudiera mirar: una máquina echando café en un vaso. Divertidísimo.

Cogió entonces el café cuando hubo terminado y lo sopló mientras se daba la vuelta y observaba a la chica mirar por el ventanal. A través de él se podía ver una imagen casi idílica y paradisíaca de un bosque rodeando a una ciudad. Ya le gustaría a Sam vivir ahí, lejos del mundo y de Rodolphus Lestrange. Suspiró y se apoyó en la misma pared que la morena, justo a su lado—Dan ganas de vivir ahí —comentó con un tono dulce pero apagado; lo primero era normal en ella, lo segundo no. Obviamente de eso solo se percataría una persona que conociera a Sam y no era el caso de esa mujer—Parece un sitio en donde todo es perfecto y no hay nada de lo que preocuparse —añadió, justo antes de cruzar uno de sus brazos y llevar la otra mano con el café a sus labios, soplándolos con suma lentitud.
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Invitado el Mar Ene 19, 2016 3:16 am

Rara vez tenía ganas de entablar conversación con alguien que no fuese ya conocido de años atrás y desgraciadamente aquel no era un día diferente al resto. La morena trataba, poco, de no sonar demasiado tirante a la gente del ministerio, pero lo cierto es que le daba exactamente igual ya lo que otros pudieran pensar de ella o de su manera de abordar sus propias relaciones personales o de trabajo, era buena en lo que hacía y eso era lo único que debía importar al fin y al cabo su manera de tratar a la gente era igual desde su estadía en Hogwarts, tantos años después no pretendía cambiarla y mucho menos porque hubieran llegado quejas a su superior porque era "demasiado dura con sus compañeros" pero ¿Qué esperaban? Trabajaban como la policía del mundo mágico, no ser duros podía hacer que mucha gente no llegase al día siguiente.

La rubia que acababa de acercarse le llamó la atención, podría decirse que sentía cierta debilidad por las mujeres con aquel color de cabello aunque tampoco intentó disimularlo, no era un secreto ni que había estado con una mujer ni que le atraían las mismas aunque era un hecho que aquello había sido quizás la mirada más inocente que había echado a alguien en mucho tiempo, era simple curiosidad nada más allá del mero interés en una persona que pese a sonarle del ministerio, la verdad es que no recordaba a ninguna persona que le hubiera llamado la atención pero que nunca se hubiera fijado realmente en la chica si que era una novedad para la morena.

Enarcó ambas cejas negando con la cabeza ante las palabras de la joven. Era obvio que era un paisaje falso, incluso las pequeñas sombras que se veían lo eran, no sabía si eso la alegraba o simplemente le parecía un intento patético del ministerio de mantenerlos más animados en la oscuridad del ministerio, no tenía claro exactamente el propósito de aquello aunque si dijese que no la tranquilizaba en ocasiones, estaría mintiendo vilmente. Tomó un leve sorbo del café que sostenía en una de sus manos, escuchando ahora a la rubia hablar y en cierto modo no pudo evitar que sus palabras sonasen tan toscas como siempre, la fama en el ministerio no le venía precisamente de regalo, era una reputación totalmente ganada y casi a pulso aunque a esta no le costase ni un poco el hecho de decir las cosas tal cual le venían a la cabeza.

- Precisamente por eso es una evidencia de que es falso, nunca viviremos sin problemas de los que preocuparnos - Tomó un nuevo trago del café como si lo que acababa de decir fuese lo más lógico y normal del mundo sin ningún tipo de componente depresivo en ello, girándose ahora para mirar directamente a la joven - Creo que no te conozco ¿Quién eres? - La gente normal probablemente se hubiera presentado antes, pero ella no era precisamente normal a la hora de empezar conversaciones, o presentarse, o hacer cualquier cosa socialmente aceptable. Por lo que antes de presentarse esperó la presentación de la joven sin aparentar ser demasiado agradable cosa que podría (y esperaba) que echase atrás a la rubia antes de empezar una conversación.
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Sam J. Lehmann el Miér Ene 20, 2016 2:31 pm

Sam estaba empática, triste y, sobre todo, con ganas de buscar algo ahora mismo en la vida que le diera ese toquecillo de felicidad que su mayor enemigo ahora mismo le había quitado por completo. Así que el hecho de hablar con desconocidos mientras se tomaba una inocente taza de café le parecía un buen método para por lo menos evadirse. Eso sí, la confianza ahora mismo la tenía cerrada con una llave que había tirado al abismo. Después de todo lo que le había pasado eran de esas personas que no se arriesgan a nada y prefería mil veces jugar sobre seguro a meterse en más líos innecesarios.

La contestación de la chica sonó un poco pesimista y un poco seca. Eso sí, lo que había dicho había sido más cierto que nada en este mundo, sobre todo para Sam, que en estos momentos tenía la sensación de que el resto de su vida iba a estar preocupándose—Touché —tuvo que decir, alzando levemente el café, ya que era lo único que tenía para “brindar” por lo que había dicho.

Entonces la morena se giró hacia Sam y la rubia simplemente giró la cabeza para escuchar sus palabras. No había sido pura casualidad el hecho de que sonara algo brusca —que no desagradable— antes, pues parecía que era su manera de comunicarse con el mundo. Sam frunció el ceño ante el hecho de que no se presentara primero pero realmente le dio igual, en este caso el orden de los productos no altera el resultado—Samantha Lehmann, instructora de Legeremancia. Aunque te pido encarecidamente de que, por favor, me llames Sam aunque no tengamos las confianzas todavía —le contestó a la morena con una pequeña y dulce sonrisa de complicidad. Casi nunca decía su nombre completo, pero entre las formalidades del Ministerio, lo había adoptado como casi una obligación.

Sam si sabía quién era ella, o más bien, sabía qué hacía. Sam muchas veces ayudaba en el departamento de seguridad mágica junto a los aurores para asistir a las interrogaciones en los juicios, por lo que en más de una ocasión la había visto por allí. Era normal que nadie se fijase en la instructora de legeremancia, pero Sam era muy buena con los rostros. Curiosamente, ya no podría participar en dichos interrogatorios, o si participaba, mentir como una absoluta bellaca si no quería que le diera un ataque al corazón en el mismo juicio para morir delante de todos. ¿En qué momento se le ocurrió que hacer un juramento inquebrantable era buena idea?

Bebió de su café un pequeño sorbo, ya que no quería quemarse y continuó hablando:—Yo sé que eres auror, pero desconozco tu nombre.
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Invitado el Vie Ene 22, 2016 2:35 am

Erika solía ser de aquel modo. La empatía no iba con ella, ni siquiera si detectaba aquel humor extraño en otras personas, su tacto se reducía al sentido sensorial del mismo nombre, a la hora de hablar, esta era casi como si escupiera espinas, obviamente no literales, era demasiado señorita para aquello...Al menos dentro del ministerio donde pese a tener la mala leche habitual, tampoco era el plan de ponerse a babear a sus compañeros aunque a juzgar por los comportamientos de más de alguno, una buena jornada de espinas en la piel le vendría que ni pintado y aquello tenía la certeza de que no solo lo pensaba ella, mucha gente en el ministerio tenía a algunos trabajadores bajo supervisión por sus continuos escarceos a las horas de trabajo para irse a hacer sabe Merlín qué cosa.

Que no hubiese una réplica en forma de queja a sus palabras la hizo sentirse extraña, rara vez (Si no era hablando con quienes conocía de hacía años) alguien no comentaba lo pesimista que era o que debía ver las cosas con mejores ojos, aquella chica simplemente había dado la razón a la morena que elevó las cejas y arrugó levemente los labios en señal de evidente sorpresa, tampoco es que hubiera tratado de esconderla, es más, le había salido tan natural que ni ella se había percatado de tal gesto. Si no fuese por que no la había visto antes, o que no se había fijado en ella , que probablemente sería la razón diría que a la joven le preocupaba algo pero al fin y al cabo no era asunto de ella, si tenía problemas ya era lo suficientemente mayorcita como para arreglarlo o recurrir a alguien a quien si le importase aquello.

El nombre de la rubia si que le sonaba, es más, era probable que hubiera recibido algún informe con su nombre por algún sitio, no era buena para los nombres que no le interesaban y una instructora de legeremancia no era alguien de vital importancia para ella aunque si lo fuese para el ministerio, muchas veces el confiar en los de su "equipo" hacía que las cosas se torcieron, no sería la primera vez que algo va a peor por el hecho de un pequeño fallo o simplemente que el mago que lo hacía era un poco inútil, adjetivo recurrente para algunos empleados del ministerio y ni siquiera los más importantes cargos se libraba de aquel apelativo que en más de una ocasión la propia Erika había usado frente a ellos para quejarse de la incompetencia, vamos, hablando en plata, Erika era el grano en el culo del ministerio, si no se quejaba ella, se quejaban de ella, un cúmulo de Vázquez digno de aborrecer.

- Está bien, Sam, pues un placer - Dio un nuevo sorbo al café antes de presentarse, otro diría que formalmente, en Erika aquello de formal era más una leyenda que una realidad, la última vez que había sido formal se podía decir que fue el día que firmó su contrato como aurora. Se echó el pelo hacia atrás fijando sus oscuros ojos en los de la joven - Erika Vázquez, en el ministerio suelen preferir llamarle "la zorra de hierro" o cosas así, aunque personalmente prefiero que me llames Erika - Una leve sonrisa se dibujó en sus labios pero su tono seguía con aquella aspereza que había tenido siempre, incluso siendo una adolescente, hay cosas que son innatas y lo "agradable" de Erika era algo que venía casi desde su más tierna infancia y jamás había optado por cambiarlo. - Supongo que no estás teniendo un gran día - Comentó distraídamente viendo como alguien pasaba a su lado y las miraba descaradamente - ¿Una foto? - Fue suficiente para que el hombre acelerase el paso.
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Sam J. Lehmann el Sáb Ene 23, 2016 2:55 am

Se llamaba Erika Vázquez. A Sam le sonaba el nombre por mero papeleo, ya que nunca había intercambiado ninguna palabra con ella. No obstante, el apodo de “la zorra de hierro” sí que lo había escuchado con anterioridad, pero nunca le había puesto rostro a la famosa “zorra de hierro” de la que todo el mundo se queja. Evidentemente, prefirió no intercambiar esa información con la chica. Sam estaba de un humor de perros, pero con ella misma y su vida, no con las personas desconocidas que en ocasiones son gratificantes porque te evaden ligeramente de tu mísera existencia—Yo también prefiero llamarte Erika —le dejó claro, ya que no tenía intención de ofenderla con ningún apodo ofensivo.

No hacía falta un analítico para identificar un rostro ensombrecido y una conducta triste en una persona, por lo que Erika se percató de que no estaba siendo un buen día para Sam. En realidad, desde que hizo el juramento, todos sus días estaban siendo un verdadero martirio del que prefería no hablar. En ocasiones quería simplemente cerrar los ojos por la noche y despertar en un mundo en donde no estuviese él.

Bufó ligeramente—Supones bien —le contestó a la chica. Sintió entonces como un hombre las miraba descaradamente, con esa mirada interesada en las curvas de una mujer bella y de perfectas dimensiones. Ella no dijo nada, solía omitir ese tipo de conducta por parte de los hombres y mujeres, pero al parecer Erika no era igual de permisiva.

Lo siento… —murmuró antes de seguir de largo en el pasillo.

Sam entonces se alejó apenas dos pasos de Erika y se sentó en unas sillas de plástico, ya que aquel pasillo pertenecía al departamento de reclamaciones de impuestos del ministerio, por lo que había algunas sillas para la gente que esperaban si el despacho estaba ocupado. Sam ocupó una y bebió nuevamente de su café, soplando antes con la mirada perdida. Decidió preguntarle por su vida, ya que no sería tan miserable como la de ella—Me hago una idea. ¿Pero se puede saber por qué te llaman “la zorra de hierro”? —preguntó—No te voy a mentir, he escuchado ese apodo, pero hasta hoy no le había puesto cara. Me imaginaba a alguien mucho más temible, con tacones con los que degollar a una persona de una patada o cuernos rojos… —se inventó, para dar a entender que se imaginaba a alguien más “terrorífico” que ella. Quizás no parecía la mujer más simpática, pero oye, las apariencias a veces engañan.
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Invitado el Lun Ene 25, 2016 7:37 pm

No esperaba que la chica fuese a optar de primeras a llamarla por su querido apodo dentro del ministerio, de todos modos tampoco le preocupaba como la llamase, la habían denominado de tantas formas distintas que el molestarse le parecía una total pérdida de tiempo sin contar el incordio que era pensar en como putear a aquellos que sabía que la llamaban de aquella manera, ella no hacía distinciones, los puteaba a todos por igual. - Me va mejor, aunque lo otro tampoco me desagrada, solo me hace sentirme más poderosa - Por raro que sonase, un mote como aquel solo era signo de poder sobre quienes lo usaban a su espalda por miedo a enfrentarla, aquello sabía tan bien que no podía enfadarse, al menos no normalmente, ya que si estaba de malas cualquier pretexto era bueno para insultar a algunos de sus compañeros.

Si se dijese que Erika poseía algo de empatía pues probablemente sería falso, como muchas otras cosas dichas sobre la morena pero no era el caso en aquel momento. El haber detectado tan rápidamente la falta de humor de otro ser humano que no conocía era algo que la sorprendió hasta a ella. Aunque su gesto no varió ni en lo más mínimo, de hecho siguió en su tosca expresión que solía estar en su cara durante todo el día, lo acusaría con marcadas arrugas en su vejez, pero por ahora no le preocupaba.

- Se ve que no eres una chica que sepa esconder como se siente - Murmuró a sabiendas de que podía oírla nuevamente bebiendo de su café el cual ya estaba algo más tibio y no dejaría su lengua cual estropajo rasposo al calcinarse. Su manera de decir las cosas era quizás malinterpretable, aunque en su mayoría solía ir por aquel camino en el momento de decirle eso a la rubia lo hizo más como una advertencia para ella, así solo lograría que pensasen que la joven era débil, alguien a quien poder manejar sin demasiada oposición a ser manipulada aunque no terminase siendo así, a veces las apariencias lograban atraer a ciertos moscones con ganas de guerra.

El tipo mencionado se disculpó, pero eso a Erika la trajo sin cuidado, enarcando una ceja suspirando antes de volver su mirada a la rubia, sonriendo de medio lado al escuchar su pregunta primero y soltando una leve carcajada ante la segunda descripción, la verdad, dudaba que el color rojo fuese para ella pero no le costaba afrontar el tema - ¿Por qué? Hay ciertos "sectores" de trabajadores que se piensan que pueden tocarse los huevos sin que nadie diga nada y dieron con la compañera incorrecta. Si les llamo incompetentes es por que lo son, no lo hago por gusto, que también, para qué decir que no lo disfruto pero si con eso hacen bien su trabajo no le encuentro el lado malo aunque ellos se ve que si a juzgar con las quejas que ponen dignas de un crío de primer año. - Se encogió de hombros - Creo que el rojo no es lo mío y respecto a lo de los tacones - Se miró los que llevaba puestos en aquel momento inclinando levemente la cabeza - Quizás tenga que ponerme unos que asusten un poco más. - Miró uno de los relojes tomando aire - ¿Y si nos escaqueamos un rato? - No tenía ganas de seguir allí y lo mismo encontraba en la rubia una compañera de escaqueo.
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Sam J. Lehmann el Jue Ene 28, 2016 2:34 am

La instructora se encogió de hombros ante la afirmación de la morena. Era cierto que no era una chica que pudiera esconder cómo se sentía; le costaba horrores sonreír cuando lo que quería era llorar. Pero lejos de lo que pudiera imaginarse Erika, Sam allí donde la veía aparentaba estar mucho mejor de lo que realmente estaba. Y es que no podía —o más bien no quería— que se le notara demasiado que estaba mal para no tener que dar explicaciones. Sobre todo a Leia. No podía contarle nada de lo de Rodolphus pero a la vez estaba viva gracias a todo eso y… no sabía ni cómo entablar una conversación.

Así que para acaparar la atención en otra cosa, le preguntó a su acompañante el por qué del mote que le habían puesto. Su explicación fue suficiente como para que Sam se hiciera una idea mental. Ya parecía a simple vista una mujer con carácter, por lo que se podía hacer una idea de cómo de temible podía ser poniéndose dura. Sam era sincera en el trabajo con la incompetencia de algunos —pues se consideraba lo suficientemente buena como para no tener que soportar la poca profesionalidad de algunas personas—, pero a ella no le habían puesto un mote pues, suponía, decía las cosas con mucha más sutilidad—Se ve que no eres una chica que sepa esconder su carácter —copió prácticamente sus palabras, mirando de reojo a la morena con una dulce sonrisa—Suelo hacer acopio de mostrar y exigir un nivel, pero supongo que la diferencia entre tú y yo es que tú usas una mano dura que todo el mundo quiere evitar. Posiblemente del temor hacia tu carácter haya salido ese mote —fue lo que le vino a la mente—No te conozco lo suficiente pero pareces una mujer a la que no se le mangonea. Y eso a los hombres les asusta... —le dijo eso último como si fuera un secreto.

Físicamente es lo que parecía, su rostro poseía un gesto duro y una mirada seria. Y por lo poco que la había escuchado hablar, es lo que ella intuía. Sam era una buena analítica de personas, por lo menos superficialmente, ya que mentalmente probablemente fuera la mejor analítica de todo el Ministerio.

Se terminó el café al haberse enfriado lo suficiente para cuando escuchó la oferta de la morena. La miró con un rostro sorprendido. ¿Hacer pellas como cuando tenían doce años e iban a Hogwarts? Ella nunca había hecho pellas, solo había faltado a clase para estudiar, por lo que no podría considerarse “hacer pellas” literalmente. Sin embargo, en aquel momento estaba tan desanimada para hacer nada que no tenía ganas de volver al trabajo. Además, era uno de esos días en dónde todo se reduce a una continua revisión de informes. Cierto era que debía de hacer algunas cosas del Fiscal Brooks, pero nada que no pudiera adelantar en su casa para mañana tenerlo hecho y entregárselo en un perfecto estado.

Sopesó seriamente aquella proposición, pero finalmente tiró el vasito de plástico a la papelera que estaba al lado de la máquina y se giró a la morena—No debería, pero me apunto. Si el Ministerio pude prescindir de una Auror, también podrán hacerlo de una instructora de legeremancia. Al parecer la “zorra de hierro” —lo pronunció con suma dulzura, la propia para dar a entender que lo había dicho en broma— es mucho más divertida y entretenida de lo que cuentan lo rumores —sonrió—El café está bien para no dormirte, pero no he desayunado. Conozco un sitio donde hacen la mejor empanada de calabaza. ¿Te apetece?

Seguro que conocía el sitio. Las Tres Escobas era un lugar conocido por todos y nada nuevo. Posiblemente al ser el primer restaurante mágico que Sam conoció, fue el que más le marcó. Además, en cierta manera tenía ganas de volver a lo antiguo y un paseo por Hogsmeade era un buen lugar en dónde desconectar.
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Invitado el Vie Feb 26, 2016 3:52 am

Es probable que Erika no fuese a reconocer en su vida que la rubia se le hacía llevadera, solo soportaba a una persona y por evidentes motivos de camaradería y en sus años en Hogwarts fue la única persona con la que realmente congenió y a día presente la verdad es que nadie había logrado despertar su simpatía, por decirlo de algún modo ya que "simpatía" y "Erika Vazquez" no solían ir en la misma oración por evidentes motivos de odio generalizado de la morena, era un hecho que parecía odiar al mundo bueno, no solo lo parecía en realidad, los odiaba pero debía mantener las formas antes de quemarlos a todos en una pila común. Detalles sin importancia de ser tratados ya que si lo fuesen probablemente estaría internada en San Mungo o alguna institución del estilo para tratar esos "síntomas" de enfermedad mental.

Una carcajada se escapó de sus labios haciéndola negar con la cabeza al escucharla - Esconder cosas no suele salir bien, hoy puede que lo logres, quizás mañana pero ¿Dentro de dos semanas? Estarás retorciéndote en tu miseria, por lo que esconder el carácter  solo lograría que dentro de dos semanas acabase en Azkaban - Aunque su voz dejaba ver un ligero, muy ligero tono de broma, lo cierto es que si se pasaba dos semanas poniendo buena cara a la gente, probablemente se volvería loca y eso se cumpliría - La mano blanda no sirve llegado cierto momento, se pitorrean de quien los trata bien y a quienes les dice las cosas claras lo apodan con motes infantiles - Se encogió levemente de hombros - Es un hecho que vivimos en una sociedad machista, incluso más dentro del mundo mágico y eso hace que todos se crean más hasta que alguien le baja los humos. Y ese alguien - Se señala haciendo una leve mueca - En este momento soy yo. Y me encanta. - No lo iba a negar ya que era una reverenda estupidez, solo con su manera de andar se notaba a leguas que le gustaba ser de aquel modo, es más, ni sabía ni quería ser de otro, era partidaria de el "si no te gusta, te jodes", hablando claramente y rápido.

En realidad y a pesar de que realmente era dura, Erika no había sido de aquel modo siempre, si era cierto que su carácter era bastante tosco en su época de estudiante, pero los sucesos acaecidos a lo largo de su vida fueron lo que realmente forjaron a la "zorra de hierro" que ahora era, como se suele decir, son las experiencias en la vida las que forjan el carácter final de un ser humano.

Hizo lo mismo que ella y se terminó el café, tirando en una de las basuras el vaso desechable que ahora estaba completamente vacío. No era de las que solía escaquearse, pero su humor actual no era como para ponerse a discutir con nadie, quería una jornada relajada, sin tener que tratar con nadie que le resultase desagradable y parecía que en aquel día, Sam había sido la escogida, quizás al día siguiente se despertase el rechazo por la rubia en ella pero por lo pronto, estaba cómoda y no se sentía tensa, algo bastante inusual en la latina, de hecho si no fuese de aquel modo no se le habría ni pasado por la cabeza el proponerle aquello y mucho menos de manera tan gratuita siendo la primera vez que cruzaba palabras con la joven.

Elevó las cejas con una tenue sonrisa, negando levemente con la cabeza - Un día es un día, además por dos menos no debería caerse el ministerio, aunque eso probaría que tengo razón y son una panda de incompetentes, no es que me alegrase, pero al menos dejarían de dar por saco en cuanto a lo de la mano dura - Se echó el cabello hacia atrás encogiéndose de hombros, curvando levemente sus labios - A veces, pero solo a veces, me gusta comportarme como una persona normal, pero no se lo digas a nadie, mi orgullo Slytherin me impide ser la buena de la película, además ¿No querrás hundirme la reputación no? - Señaló a la joven de manera acusadora pero sin embargo no había reproche en su voz, era un tono quizás algo más relajado que al comienzo de la conversación. - La verdad es que me vendría bien un buen desayuno, así que ¿Por qué no? Vamos allá.

Se ajustó la chaqueta, esperando que la joven dijese el lugar, ella no era muy dada a salir a prácticamente ningún local por lo que esperaba que fuese ella la que decidiese y ante sus palabras, solo le quedó esperar a que esta le dijese a donde ir.
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Sam J. Lehmann el Lun Feb 29, 2016 11:03 pm

La rubia no estaba de acuerdo con lo que decía la morena. ¿Se pitorreaban de la gente que tenía mano blanda? No lo creía así. Además de que Sam no tenía mano blanda, pero solía decir las cosas de tal manera que resultan agradables para los oídos y punzantes para sus responsabilidades. El respeto es muy bonito aunque hables con un gilipollas. Ella era una de las mejores legeremagas de ministerio, por lo que tenía su reputación detrás de sí. No le hacía falta mano dura para que sus palabras sonasen por encima de cualquier negligencia. Incluso había sido ella la causante de un despido hace poco en su mismo departamento, por lo que la gente sabía de qué iba Sam y que no había que jugar con ella por muy dulce que pudiera resultar su gesto—Hay que saber usarla —dijo de manera visiblemente preocupada—Cada una usa sus armas como puede. Yo no podría utilizar tu mano dura para dirigirme a mis compañeros; supongo que tú te impacientarías con mi método. Aunque no te confundas, soy de esas que parece buena persona pero no tolera un segundo error. ¿Tan difícil es un poco de organización y efectividad? —preguntó retóricamente. No habían intercambiado demasiadas palabras con ella, pero ya Sam había visto en ella esa prepotencia propia de gente con mucho carácter y que juegan a estar por encima de todos. Si había ido a Hogwarts, seguro que había sido Slytherin, pero vamos, no le cabía ni la menor duda. Si algo se le daba bien a Sam —aparte de leer mentes— era analizar a las personas sin meterse dentro de su cabeza.

Contra todo pronóstico, lo que había sido una desinteresada conversación en la máquina del café se había convertido en una proposición para ir a desayunar. ¿Cuánto más curioso, no? Una chica tan diferente como Erika Vázquez, la zorra de hierro del departamento de Aurores le había dicho a ella, una instructora cualquiera del departamento de legeremancia, de hacer pellas. ¡Cada vez le resultaba más Slytherin! El sombrero es sabio, quién entró Slytherin, siempre será Slytherin. Y quién entró Ravenclaw, siempre será Ravenclaw… y como buena Ravenclaw empollona, responsable y trabajadora… se dejó corromper por la rebeldía de la supuesta serpiente.

Sam estaba triste, por lo que la mínima brecha de discordia en su pequeña y repetitiva monotonía le hacía despejar su mente y cambiar de aires. Necesitaba reír un buen rato, pensar en otras cosas y, por qué no, conocer a una persona nueva. Sam era una chica tremendamente sociable y adoraba conocer a gente nueva, aunque luego por razones no las conservara al cien por cien en su vida y todo quedase en una conversación banal.

La legeremaga sonrió—Toca madera, por si acaso —bromeó ante su premisa de que se viniera el ministerio abajo sin ellas. Luego, una pequeña Sam en su interior, una Sam rubia de dos centímetros mentales, con gafas redondeadas y una pipa de fumar y que respondía al nombre de Sherlock Sam, gritó victoria cuando Erika se proclamó a sí misma como Slytherin. Qué buena era. Sam sonrió casi de manera risueña ante aquella manera tan sutil de querer decirle que, por mucho que fuera de tipa dura, era una persona normal a la que le gusta desayunar y relacionarse con la gente—¡Oh, no por favor! ¿Te imaginas? Sam hundiéndole la reputación a la famosa Zorra de Hierro. Me convertiría en la Zorra Implacable o algo así y te robaría el título —dedujo divertida, negando con la cabeza lentamente—Puedes estar tranquila, tu secreto de que eres persona normal estará a salvo conmigo.

A Sam no se le apetecía lo más mínimo volver a su departamento en busca de su chaquetón de invierno para ir a Hosgmeade, lugar en el que probablemente hubiera mucho frío, por lo que optó por el camino fácil. Se dirigió con Erika a la zona habilitada del Ministerio para aparecerse y le tendió la mano—Te prometo que mi eficacia apareciéndome es buena, mi licencia de aparición lo confirma —le dijo divertida, ya que por lo menos Sam solía ser bastante reacia a confiar en la habilidad de la gente para aparecerse con ella.

Se despareció y aparecieron directamente en medio de Las Tres Escobas, por lo que el camarero que iba con varias cervezas de mantequillas en su bandeja tuvo que hacer un movimiento maestro para no chocarse con ellas y tirar todo aquello al suelo.

¡Pero que…! —dijo el camarero.

¡Lo siento! —dijo Sam al verle el rostro.

¡Sam! —dijo contento.

Lo conocía. No porque trabajara allí y ella se pasase mucho tiempo en aquel local, sino porque era un viejo amigo de Hogwarts que probablemente estuviera ganándose unas monedillas trabajando allí. Tras intercambiar unas pocas palabras, Sam se sentó en la barra ya que estaba vacía y las mesas estaban ocupadas. Entonces se dirigió a Erika—¿La mejor empanada de calabaza del universo? —preguntó retóricamente—En las Tres Escobas, por supuesto —sonrió de manera risueña—Es un buen sitio, ¿no?
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Invitado el Miér Mar 02, 2016 2:18 am

La aurora había sido educada en una disciplina bastante dura en cuanto el tema de trabajo y responsabilidad, más de una vez se había llevado un buen cachete por no hacer lo que sus padres pedían desde un comienzo, por lo que aquello de que las cosas con mala leche terminaban realizándose antes que por la vía calmada era una ley de vida, o eres malo o te joden, era algo como que se le había quedado totalmente grabado y quizás por ello ahora era así , aunque muchos de sus compañeros habían notado el carácter de la latina agriarse tras la muerte de su esposa, quizás era por aquello que a día actual era así de tosca - En mi caso nunca ha funcionado, cuando era...Agradable dentro de lo que soy capaz tendían a pasar o tardar una eternidad en almacenar unos papeles, ahora no tienen los huevos de tardar más de el tiempo que les es dado, por la cuenta que les trae, supongo que tratamos con gente diferente y eso nos hace proceder de manera distinta. Se ve que la antítesis entre nosotras no es meramente física. - Una ligera carcajada se escapó de sus labios, haciendo a la morena encogerse de hombros - Aquí hay quien piensa que eficiencia y organización son algo que forma parte del menú, se ve que no todos se toman el trabajo igual que nosotras. No digo que todos sean una panda de incompetentes, pero si que hay más vagos que gente trabajadora para nuestra desgracia. - Se colocó la chaqueta aunque probablemente estuviese colocada de manera impecable como siempre, pero era un tic que mantenía desde Hogwarts con las antiesteticas túnicas del uniforme, solo recordaba con apego aquella preciosa corbata verde que la mayoría de las veces había servido para fines poco relacionados con la estética.

El tema de escaquearse de vez en cuando siempre le había resultado realmente tentador, desde sus años en Hogwarts, el escaparse de asistir a alguna clase era como algo que le daba vida, claro que ahora ya no corría el riesgo de ser castigada, incluso podría evitar represalia alguna diciendo que salió simplemente a desayunar o simplemente a seguir alguna probable pista sacada de alguna de las torres de sospechosos de ser mortífagos y no dirían más que a la próxima excursión avisase antes de salir de las oficinas, cosa que probablemente tenían claro que no haría pero que por ser justos debían recordar siempre que alguien rompía alguna norma por ínfima que fuese.

La última semana de Erika había estado plagada de terrores nocturnos y falta de empatía total por los pobres compañeros que estaban pagando sus platos rotos, sin embargo la idea de desayunar con la otra empleada del ministerio le pareció realmente agradable dentro de su total rechazo por cualquier ser humano que se le acercase, pero un día era un día, necesitaba una visión externa de ella, de alguien que no la conociese y tampoco la juzgase o se preocupase en exceso de sus cosas, vamos, necesitaba un "break".

- Si eso pasara solo haría cerciorar a la gente de cuanta razón tenía y eso me hará bastante feliz, no lo voy a negar - Se encogió nuevamente de hombros enarcando ambas cejas con gesto divertido dentro de lo que ella podía mostrarse de aquel modo, claro estaba. Entrecerró los ojos negando - De todos modos solo personas contadas te tomarían en serio, ya sabes, decir que tengo alma para algo más que martirizar sería algo que nadie se pensaría y probablemente te llamarían fantasma - Se echó el cabello hacia atrás - Más que robarme el título serías la heroína de la oficina, ya sabes, desenmascarar a la malvada suele crear héroes, no peores villanos que los que estaban antes, que conste que siempre me han parecido más atractivos los papeles de villanos, ser bueno está excesivamente sobrevalorado. Pero confío en tu palabra de que guardarás el secreto, algo que no digo muy a menudo, que lo sepas.

No era de las que solía dejarse llevar de aquel modo por otra persona, por lo que en un primer momento dudó tomar la mano de la rubia para que la llevase a donde quiera que pensara ir, pero sin embargo y para sorpresa propia, tomó la mano que la joven le ofrecía para que ambas llegasen al mismo sitio sin problemas de información o de no haber estado antes en el lugar, cosa que cuando todo se formó a su alrededor nuevamente, obviando el casi desastre del camarero, pudo ver que no era el caso.

Una de sus comisuras se curvó mirando a la joven antes de negar con la cabeza - No dudo de tu habilidad para aparecerte, pero si que eres una maestra escogiendo el momento exacto - Miró al camarero inclinando un poco la cabeza en señal de saludo con aquel semblante de ella misma que solía no causar demasiada comodidad en la gente que no la conocía, osea, en casi todo el mundo. Siguió a la rubia hasta que ambas se sentaron, asintiendo levemente ante sus palabras - Hacía milenios que no pisaba este sitio, de hecho la última vez que vine fue cuando aún vivía mi mujer - Comentó de manera despreocupada tamborileando en la barra con los dedos - Parece que tú si eres de las que viene un poco más por aquí ¿Me equivoco?
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Sam J. Lehmann el Jue Mar 03, 2016 4:42 pm

Había personas que cambiaban cuando trabajaban y Sam era una de ellas. Fuera del trabajo podías encontrarte a una chica tranquila, espontánea y con una dulce y amable sonrisa para prácticamente todas las personas que se dirigen a ella. ¿En el trabajo? Demasiado estrés en el trabajo… En jornada laboral se convertía en una persona seria, obsesa del control y sin muchas ganas de socializar amistosamente con el personal que le rodeaba. ¡Y mucho menos en la situación en la que se encontraba!—Hay personas que no saben diferenciar entre estar en el trabajo y fuera de él, de ahí el pasotismo y la poca eficiencia de algunos. ¿Pero qué se le va a hacer? Si todos fuéramos iguales dejaría de ser tan estresante y divertido venir al trabajo, ¿no? —se encogió de hombros, ya que realmente no había nada que hacer con esa gente que se empeña en ser el lastre del departamento. Mano dura, mano blanda… lo importante es que hicieran lo que tenían que hacer y, por una parte o por la otra, tanto Erika como Sam lo conseguían.

Pese a todos los comentarios que había escuchado de “La Zorra Implacable”, a Sam le estaba resultando la conversación con aquella chica de lo más agradable. Quizás comenzó un poco forzada por la incomodidad de tener que compartir el pequeño hueco para tomar café, pero poseía una opinión y una labia que sabían captar la atención de la legeremaga. Además de que era una chica muy curiosa, hecho que le incentivaba, todavía más, a conocer a alguien que tiene una fama tan fuerte dentro del ministerio.

Héroes, villanos… ambas partes están increíblemente sobrevaloradas. Sam solía adoptar siempre una posición neutral y es que creía que tanto la opinión de los héroes (el lado bueno, por decirlo de alguna manera) y la de los villanos (aquellos que buscan el caos y el mal) estaban las dos igual de equivocadas. Ambos extremos le parecían igual de inconclusos y estúpidos y, a pesar de que actualmente se viera sometida a apoyar al lado malo por culpa de su juramento inquebrantable, seguía manteniendo sus propias creencias. Motivo principal de que tuviera esa lucha interna de autotraición a sus propios valores—Una heroína… creo que no hay nada que pudiera llamar menos mi atención —dijo divertida, ya que destacar así no le llamaba absolutamente nada. Sam era de esas chicas que preferían pasar desapercibidas y sólo quería ser conocida por la sociedad mágica si en algún momento de su vida conseguía sobresalir en el campo que había elegido como su profesión: la legeremancia—Haces bien. Firmo todos los días contratos de confidencialidad por estar trasteando en las mentes ajenas, creo que soy de las mujeres de mayor confianza de todo el ministerio —curvó una sonrisa. Y era verdad. Por desgracia su profesionalidad nubló su juicio cuando su cliente le pidió jurar su confidencialidad.

Erika ofreció a la rubia salir a tomar algo y ésta última aceptó, decidiendo el lugar por cuenta propia. Le apetecía relajarse y tomarse una empanadilla de calabaza, por lo que cuando la chica aceptó su mano, ella se desapareció hasta Las Tres Escobas. Aparecieron justo en el paso de un camarero, pero por suerte no pasó ninguna desgracia más que unas risas por parte de todos los presentes ante el magnífico arte de esquivar que tenía el trabajador—Soy la reina de las inoportunidades, por mucho que me pese reconocerlo —admitió, recordando fugazmente todas y cada una de los momentos incómodos que había pasado por ser tan inoportuna.

Ambas se sentaron en la barra y Sam se cruzó de piernas mientras escuchaba a Erika hablar. Se quedó ciertamente pillada. No por el hecho de que hubiera tenido una mujer, pues Sam eso de la sexualidad lo tenía bastante metido en su cabeza como algo normal por evidentes razones, sino por el hecho de que hubiera estado casada. ¿Cuántos años tendría? Sam se quedó un poco pillada porque no sabía si sería un buen tema de conversación preguntarle por su difunta mujer, pero aún así se arriesgó—Lo siento por tu mujer —dijo de manera automática, ya que por suerte a Sam no le faltaba ni un pizco de empatía—¿Pero cuántos años tienes? Pareces joven, jamás hubiera dicho que estarías casada —preguntó curiosa por saber su edad, algo que en realidad no se pregunta, pero que oye, en esta ocasión está justificado.

Asintió con la cabeza—La verdad es que sí, es un buen lugar, sobre todo entre semana, para tomar algo y leer un buen libro. Además, me trae buenos recuerdos —dijo Sam sin darle mucha importancia.

Hola señoritas, ¿qué os pongo? —preguntó la camarera, guiñándole un ojo a Sam. Eran amigas, de hecho la señora que llevaba Las Tres Escobas siempre se enfrascaba en una conversación de lo más profunda con Sam, sobre todo hablándole de su amigo Henry, algo que no podía poner de peor humor a Sam. Pero bueno, en el fondo le caía bien.

Una empanada de calabaza para mí y zumo de melocotón y piña.

Sam miró a la morena para que ella pidiera lo que quisiera.
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Invitado el Mar Mar 08, 2016 4:23 am

La mujer de origen latino no era de aquellas que tendían a ser un cielo fuera de su trabajo y dentro de este convertirse en la misma dama de hierro que lograría poner a todos en tela de juicio a su desempeño laboral, era la típica que al igual que dentro de su trabajo exigía un mínimo de competencia, no le gustaba que las cosas estuviesen descolocadas, que una palabra sonase más alta que la otra, por aquello era por lo que pese a ser bastante arisca y cortante, pocas veces se le podía acusar de perder las formas o simplemente de meter la pata con una palabra peor que la anterior, lo peor que le podía decir a un compañero, directamente hablando, era que era un reverendo incompetente – Cuando das la mano, esta gente intenta cogerte el brazo, por lo que es mejor no darles nada, menos probabilidades tienes de que se confíen y terminen dejándote a ti como la persona débil que les permitió hacer todo – La mano dura podía venir dada de muchas maneras, ya fuese dada desde la “dulzura” o desde su implacable lengua viperina, al fin y al cabo la rubia tenía razón, lo importante era que surtiese efecto y si lo hacía…Era un método más que respetable dentro de lo diferentes que eran.

De todas formas la fama de la morena también venía dada en muchos momentos debido a haberla pillado de mal humor y que concretamente aquel día su lengua hubiese desprendido más veneno del que el receptor estuviese dispuesto a tolerar cosa que en cierto modo, ella también comprendía, probablemente de que alguien se portase con ella como ella lo hacía con ellos sería motivo de homicidio voluntario cometido con premeditación y alevosía, sin pizca alguna de pena por haberlo cometido y además considerando que fue totalmente justificado.

Nunca había encontrado el hecho de posicionarse con el “lado bueno” ya que para depende qué persona, el bueno era uno u otro, sin echarse más lejos a la idea de que ella había compartido los ideales del Señor Tenebroso durante sendos años, habiendo compartido incluso su varita en sus misiones pasadas, cosa que a su mujer no le había gustado ni un poco, algo normal contando que la susodicha no ostentaba el estatus de sangre de la latina. – No tiene que llamarte la atención para que alguien te del título, ya sabes, la gente otorga ese tipo de valores sin pararse a pensar si en quien los recibe realmente los aprecia o son más bien una carga, a los villanos suele darnos bastante igual también como se nos califique si consideramos estar actuando igual – Quizás aquello tenía un doble fondo que solo quienes conociesen su coqueteo con las artes oscuras comprenderían, pero tampoco es que fuese de las que se consideraba una villana de pleno derecho, es más, todo había sido abandonado por la debilidad causada por la pérdida de Bárbara algo que nunca reconocería abiertamente a no ser que se confiase demasiado o tuviera las defensas excesivamente bajas.- La verdad que no querría verme en tu trabajo, soy demasiado maruja para evitar soltar un comentario sabroso de algo que hubiera visto, estoy segura de que hay cosas realmente jugosas que compartir y esos contratos solo las merman. – Se encogió levemente de hombros ante sus palabras, ella misma sería un cotilleo jugoso para otros.
 
Al menos el camarero tuvo los reflejos que en el momento le faltaron a Erika para tirar de la rubia y así apartarla de la trayectoria del trabajador que pareció tomárselo bastante deportivamente, de haber sido al revés y que la propia Erika estuviese en el lugar del muchacho, probablemente ambas estarían bañados por el contenido de las jarras y no precisamente por accidente, sino porque habría considerado aquello una reprimenda mayor que una oral, probablemente así aprenderían a aparecerse en la puerta como la gente normal y no en medio de la sala donde estaban varios magos ahora observando a las recién llegadas, cosa normal contando la casi situación ocasionada por ambas intrusas. – Descuida, todos tenemos momentos de inoportunos, al menos no se ha liado nada extraño, un camarero con reflejos por lo que veo.

Se sentó frente a la rubia, quizás había hablado más de la cuenta, la homosexualidad no es que estuviese demasiado bien vista por ciertas familias puristas, aunque eso a Erika nunca la había llevado por el camino de la amargura, ella se casó con quien quiso casarse cuando lo vio necesario para ambas y no se arrepentía más que por, años después, haberse encontrado sola en el mundo dada la muerte de su esposa. Negó levemente cuando esta dio aquel pésame, no lo llevaba del todo bien, pero sabía que era algo que se hacía sin pensar demasiado, luego una leve risa se escapó de sus labios mirando a la joven, enarcando ambas cejas – Me casé joven, prácticamente recién graduada de la universidad, de todos modos, tengo veintisiete años, no soy una cría – Comentó distraídamente mientras que desvió la mirada hacia la barra.

-El problema de este sitio es que durante los fines de semana en las que los renacuajos de Hogwarts salen, se llena de hormonas y otra numerosa cantidad de inconvenientes que me hacen evitarlo, pero sí, supongo que me plantearé el volver por este sitio más a menudo.

Chasqueó la lengua levemente mirando al camarero, esperando a que fuese ella la que pidiera primero, quedándose pensativa ante lo que podría pedir, no estaba muy habituada y ya casi no recordaba lo que podía pedir en un lugar mágico y no los muggles a los que estaba acostumbrada desde hacía ya un tiempo – Voy a ponerme las botas, una cerveza de mantequilla y otra empanada de calabaza para mí – Miró a su acompañante – Hay que cuidar la línea pero un día al año no hace daño, como se suele decir ¿No?
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Sam J. Lehmann el Miér Mar 09, 2016 3:43 pm

Una cosa era hablar de la mano dura y la mano blanda, de las diferencias de cada una a la hora de buscar un poco de orden y efectividad en su departamento e incluso hablar sobre cómo tratar a los demás, ¿pero considerarse un villano? La palabra villano para Sam tenía connotaciones mucho más fuertes. Para ella un villano real era Voldemort, que no los mortifagos. Era una figura representante que quería hacer el mal, el caos y buscar el poder. Los mortifagos eran simplemente como los títeres de mal superior. Por lo que en cierta manera le entró muchísima curiosidad por saber por qué se consideraba a sí misma una villana. ¿Acaso tan mala persona era?—¿Te consideras a ti misma una villana? —preguntó sonando algo divertida—¿Por qué?

No era la primera persona que le decía que no sería capaz de hacer su trabajo. No por el hecho de que la legeremancia es increíblemente difícil de controlar al nivel al que lo controla Sam, un nivel por el que el propio jurado de Wizengamot da su voto de confianza, sino por el simple hecho de no poder guardar el secreto. No por habilidad, sino más bien por confianza en sí mismo—Hay muchas cosas. Pero luego te pones a pensarlo detenidamente y… ¿a quién narices le importa la vida de la gente? —preguntó con simpleza, con su usual tono de voz, tranquilo y dulce—A mí un cotilleo me llama cuando es de una persona a la que conozco, si no la verdad es que no me interesa lo más mínimo. Pero normalmente lo que veo son historias, anécdotas, veo una vida entera. Cuando dejo de estar en sus mentes y se dan cuenta de que he visto ciertas cosas me miran avergonzados, otros sonriendo, otros algos temerosos de que cuente su vida personal que, en verdad no tiene nada de malo, pero es simplemente privado… Es en ese preciso momento, en dónde me doy cuenta de que la gente más inocente y dulce tiene unos secretos tan íntimos y propios, en dónde valoro más que nunca la confidencialidad. No por trabajo, si no ya por ética. Es raro… —De hecho, estaba noventa por ciento segura que si todo el mundo trabajase con la misma pasión que ella en lo que ella trabajaba, todos terminarían por sentir lo mismo.

Una vez en las tres escobas Sam no tardó en pedir lo que ahora mismo le estaba pidiendo su estómago en aquel descanso inesperado. Así mismo, solía ser bastante buena no dejando pasar ningun detalle y el hecho de que se había casado con una mujer ya fallecida, no pasó para nada por alto—No eres una cría, pero tampoco tienes la edad corriente con la que se casa la mayoría de la gente —dijo sin ninguna pizca de malicia, más bien como dato técnico. La edad media está de treinta para arriba—Que oye, me parece estupendo, pero me ha resultado de lo más curioso conocerte con... ciertos prejuicios debido a tu mote, sinceridad ante todo… —agregó visiblemente divertida—Y claro, darme cuenta de que te habías casado tan pronto pues me resultó chocante. No se espera precisamente tanto amor de una chica a la que le llaman La Zorra de Hierro, ¿sabes? —intentó explicarse para no quedar mal por su sorpresa ni nada por el estilo.

Erika tenía toda la razón del mundo y es que Hogsmeade en fin de semana era un caos. Los alumnos de Hogwarts estaban por todas partes y rompían toda la magia del lugar—Eso es cierto —asintió con la cabeza. Sonrió ante lo que pidió Erika y se encogió de hombros—Ni dos, ni tres… Si estás perfecta, aunque te comieras ese desayuno todos los días durante un mes no creo que pierdas ninguna línea —dijo totalmente convencida, con un comentario totalmente objetivo. Sonrió de manera distraída y miró al interior de las Tres Escobas—¿Sabes? Así me encanta. Pero cuando vienen los alumnos de Hogwarts es cómo volver al colegio. Le tengo un cariño especial a este sitio, posiblemente porque es lo más cerca que puedo estar de Hogwarts —confesó de manera distraída—La maldita nostalgia…

Los estudios de madrugada, la compañía de Henry, las clases que dieron un vuelco a la vida de Sam. Aunque mucha gente no lo valorase, Sam valoraba su estancia en Hogwarts probablemente más que nada. Sobre todo en este momento de su vida. ¿No podrían haberle advertido en DCAO no hacer nunca, nunca, nunca, un juramento inquebrantable?
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Invitado el Jue Mar 24, 2016 3:34 am

¿Considerarse una villana? Se quedó levemente pensativa mientras su cabeza formaba la respuesta a aquello – Quizás en un pasado me consideré más vil, no villana quizás, no sabría explicártelo en realidad – Su pasado como mortífago la había hecho ver muchas cosas de un modo distinto a como lo hacía la gente. Se sentía entre dos aguas en realidad, compartía ciertas ideas con los mortífagos pero quizás no era tan afín a sus ideas como ella misma creyó en un pasado por lo que fue una “villana” mientras sus pasos la llevaron por el sendero de Voldemort, defendiendo sus ideas incluso discutiendo con su propia esposa, habiendo terminado por perderla con casi la seguridad de que sus antiguos colegas habían tenido algo que ver y viéndose ahora como un auror reputado en su mundillo y siendo eficiente en su trabajo que era, irónicamente, combatir a los que en su pasado habían sido sus hermanos de armas.

-Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que a todo el mundo le gusta saber lo que pasa en las vidas de los demás, para bien o para mal, el ser humano es un ser curioso, necesita saber que hay en donde no puede acceder  -Se encogió de hombros mirando a la joven con interés – Y estoy casi segura de que alguna vez has querido saber que hay más allá de una fachada, no por cotilla, si no por mera curiosidad – Ella misma era alguien a quien más de una vez algún compañero le había resultado interesante al nivel “¿Qué habrá pasado en la vida de este tío?” aunque en realidad aquello solía irse una vez cruzaba tres palabras con el susodicho que resultaba tener menos luces que un barco pirata, perdía todo el halo de misterio que el subconsciente de la auror le había dado en un primer momento – De todos modos, pese a la clara dificultad que tiene tu trabajo, estoy segura de que las cosas que hayas visto en más de una ocasión han hecho que te diviertas y ya por tu ética en el trabajo admiro lo que haces – Se echó el cabello hacia atrás inclinando levemente la cabeza – Y yo no soy de las que dice este tipo de cosas a la ligera, de hecho creo que como mucho he admirado a ciertos magos célebres que fueron bastante punteros, es algo así como un halago por mi parte, aunque no lo parezca con esta explicación – Realmente no era tan mala, pero su lengua viperina y su a veces, poco formal tono de voz la hacía parecer incluso peor de lo que era aunque ella misma se reconocía como una mujer bastante zorra, suelen decir que si tú mismo ves las cosas lo que los demás digan tiende a resbalarte un poco y dicho y hecho, su reputación era saludable pese al mote que habían puesto sobre la mesa para desacreditarla, no podía estar más orgullosa de dicho sobrenombre.

-Puede que no, nunca me paré a pensar en si era lo normal o no, solo sé que Bárbara hacía que todo fuese…Intenso – Sonrió levemente mirando a la rubia inclinando levemente la cabeza hacia un lado como acto reflejo, negando acto seguido con la cabeza – No todo venía de mí, en realidad ella era todo lo contrario a lo que yo soy y eso hacía que chocase bastante más el asunto de que alguien como ella estuviese con alguien como yo, era divertido, en realidad – Una Hufflepuff sangre sucia con una Slytherin purista, sin obviar el detalle de que los padres de Erika casi se mueren del disgusto cuando supieron de la relación y ella seguía sin saber que les había destrozado más, sí que su única hija tuviese una relación lésbica o que esta hubiera sido con una sangre sucia o un conjunto de ambas, nunca lo sabría y tampoco había perdonado a aquellos dos por no haber aceptado a su mujer.- O quizás todo se me acabó con ella y por eso ahora me llaman así, de todos modos he de decir en mi defensa que no es para tanto, es que son muy flojos.

- Te sorprenderías de lo que tengo que hacer para mantenerme así, aunque he de decir que tengo gusto por el deporte y aunque esto entre hoy, me cuido bastante, quizás porque soy un poco superficial – No lo veía como una característica negativa, en realidad, todos en un punto u otro de sus vidas eran superficiales, ya fuese un pensamiento aislado o una manera de verse a sí mismos, una sociedad superficial es lo que termina ocasionando a los individuos, aunque no vayan en esos grupos. Se llevó la cerveza de mantequilla a los labios dando un buen trago, sintiendo su piel erizarse bajo su ropa, aquel sabor le traía tantos recuerdos que realmente se vio abrumada por estos en cuanto aquel sabor surcó nuevamente su paladar – A todos nos ataca alguna vez esa nostalgia, era como no tener que preocuparse por nada, que todo lo que pasaba fuera era un mero espejismo y Hogwarts era seguro para que nada nos afectase pero…Los niños ahora no son como lo fueron en mi época, muchos de ellos son ariscos y se creen los reyes del mundo, alguno que me he encontrado necesitaba un buen castigo para ser puesto en cintura pero…Los padres ahora son demasiado permisivos. – No tenían que ser como lo fueron los suyos, pero un poco más de mano dura igual les iba bien.

- Y dime ¿Qué es lo que más extrañas de tu época de estudiante? – Ya que había mencionado la nostalgia sería por algo más que por escaparse a Hogsmeade o por probablemente escabullirse por el bosque prohibido como estimaba que todos y cada uno de los alumnos de Hogwarts habían hecho alguna vez en su época de estudiantes.
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