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Salvavidas inesperado {Leonardo Lezzo}

Invitado el Lun Ene 25, 2016 4:55 am

"Una vida grande nace del encuentro de un gran carácter y una gran casualidad"
André Maurois



Había salido a dar un paseo, o mejor dicho se había escapado por la ventana desde la casa de sus padres, mientras ellos realmente creían que la tenían encerrada para que no viera ninguna de esas amigas que a ellos tanto le desagradaban. Sin embargo, Nina pensaba precisamente en ir a buscar a una de ellas para llevarla a casa y hacer que sus padres pusieran el grito en el cielo. Sí, realmente le encantaba fastidiarlos y probablemente no dejaría de hacerlo hasta que ellos definitivamente le cortaran las alas.

¿Por qué lo hacía? Realmente esa era una pregunta que se la había preguntado más de mil veces, pero ella se negaba radicalmente a la misma respuesta, ya que no deseaba aceptar que se había hecho adicta a ello sólo para tener la atención de un padre que en realidad sólo le ignoraba.

Caminaba por las frías calles con un muy buen abrigo de lana pura, uno que además tenía propiedades mágicas que le ayudaban mucho más a soportar el frío del invierno, por lo que no dudó en aventurarse incluso por los parques y los puentes cercanos a los ríos. Se sorprendió de que algunos muggles fuesen incluso tan activos que les gustase correr en pleno invierno escuchando aquellos cacharros que se ensartaban en los oídos.

Caminaba casi zigzagueando como un borracho, y es que en realidad deseaba mantener el mayor espacio posible entre los muggles y ella. No porque en verdad fuese purista, aunque sus padres sí lo eran, sino porque en realidad le tenía un poco de temor a los muggles, sobre todo cuando andaban en grupos y nunca, jamás en su vida, se le ocurriría ir a meterse a uno de esos centros comerciales en donde se juntan tantos que se atropellan los unos con los otros.

Fue entonces que vio a un muchacho mirando la vitrina de una tienda, más no fue precisamente el chico el que le llamó la atención, sino un libro que él portaba bajo uno de us brazos. Era un libro de hechizos y eso hizo que le mirase más detenidamente intentando reconocerlo y realmente se le antojaba cada vez más conocido.

—Leeeeee… —comenzó creyendo recordar su nombre —Leo… ¡Leonardo!

¡Bingo!… O al menos creía que le había acertado. Recordaba aquel rostro porque había pertenecido a su casa y si mal no recordaba, también había pertenecido al equipo de Quidditch. Sin embargo, eran varios años los que les separaban dentro de las aulas y por ello parecían no haber entablado amistad alguna.

—¿Eras de Gryffindor, verdad? Yo también. Bueno… aún lo soy, quinto curso, iba en cuarto el año pasado, cuando si no me equivoco tú saliste de la escuela.

Mencionó intentando dar algunos detalles, en caso de el chico le recordase de vista, tal y como lo hacía ella.

—Soy Nina. Nina Valmont.

Se presentó tendiéndole una mano, siendo un poco extraño que se viniesen a presentar a estas alturas, pero es que en realidad con la diferencia de cursos que tenían, nunca se habían tomado en cuenta, puesto a que recién ahora Nina comenzaba a hacerse una adolescente y hablar con la gente mayor.

—Es bueno encontrarse con alguien conocido por estos lugares.

Mencionó moviéndose más cerca de la vitrina, quedando entre los cristales y el muchacho, al que involuntariamente utilizaba de escudo anti-muggles.
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Leonardo Lezzo el Vie Ene 29, 2016 10:38 pm

Durante el tiempo que les costó encontrar un piso donde Leo pudiese estar cerca de la universidad, madre e hijo se alojaban en una pensión céntrica decorada con gusto minimalista. Briana estaba orgullosa de su hijo y muy contenta de poder compartir las vacaciones con él, aunque fuese de aquel modo. Ella estaba dispuesta a volver a su trabajo como sanadora en Italia, pero antes de eso quería ocuparse de Leo y dejarlo todo listo antes de que este empezase la universidad. Leo pasaba mucho tiempo en la pensión, junto con su madre, leyendo, hablando... Pero cada tarde su madre le insistía para que saliese a dar un paseo por la ciudad y, de ese modo, hacerse a sus calles y sus costumbres. Leo obedecía con la cabeza gacha. Esa tarde salió animado porque había recibido una lechuza de un compañero de Hogwarts en la que lo citaba para devolverle un libro de Encantamientos de sexto que Leo iba a necesitar para la universidad, o eso le decía su amigo. Se hizo falsas ilusiones pensado que podía tomar algo con su amigo, ponerse al día y quizás dar un paseo por la ciudad que tan bien conocía su amigo. Pero este tenía prisa, llegó al lugar acordado, le entregó el libro, y se despidió argumentando que tenía cosas que hacer.

Leo vagaba por la ciudad con el libro debajo del brazo y buscando algo con que distraerse. Le hubiese gustado poder ver a Yvette pero estaba ocupada también. Todo el mundo parecía estar ocupado menos él. En realidad si que lo estaba, tenía papeleo que arreglar en la universidad y por la mañana fue a ver un par de pisos que no le terminaron de convencer a su madre. Pero la tarde era lenta, aburrida y asquerosa. Se puso a observar el escaparate de una tienda de deportes. Había una bicicleta de montaña muy llamativa, ideal para moverse por una ciudad caótica. La vendían para ir en plan deportistas del Giro. Casi se le cae el libro de las manos al escuchar que alguien lo llamaba. Se giró y aguantó la mirada a la chica que lo llamaba sin reconocerla. Cualquier otra persona hubiese salido corriendo.

En un momento la chica le hizo preguntas, y contestó a otras que nadie había formulado hasta que a Leo le quedó claro que era alguien de Hogwarts. Una Gryffindor de quinto curso llamada Nina. Al verla más de cerca la reconoció aunque nunca había mantenido conversaciones con ella. - Lo siento, no te había reconocido. - Leo era hombre de pocas palabras. Las medía para no malgastarlas, pero sobre todo para no meter la pata. Sonrió intentando ser amable pues la chica lo estaba siendo. Ella se las arregló para colocarse delante de la vitrina de las bicicletas, de modo que Leo las podía ver mirando más allá de la chica. - ¿Vives por aquí o estás de vacaciones? - Interesante pregunta acertó a hacer el chico que no conocía de ella mucho más que el nombre y su curso de Hogwarts.  
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Invitado el Miér Feb 03, 2016 5:04 pm

El chico se sobreasaltó cuando escuchó que alguien lo llamaba por su nombre, bueno, no era para menos; con una calle llena de muggles cualquiera lo haría. Ella comenzó a presentarse amistosamente y recordarle de donde le conocía. Por supuesto que esperaba que él no le conociese en lo absoluto por más allá de su rostro ¿qué alumno de cursos superiores se ha interesado alguna vez por los de cursos menores? Bueno, los chicos a veces que miraban a las chicas de uno o dos años más abajo a lo más, pero ya tres era muy extraño.

—No te preocupes.

Le sonrió Nina cuando el joven se disculpó de no haberla reconocido. Como ella misma lo había pensado, lo espera, pero aún así se sorprendió de que al menos se recordara de su cara. No era que la chica se considerase especial, ni mucho menos, de hecho ella misma sabía que físicamente hablando parecía bastante poca cosa, menuda, bajita y sin colores en sus facciones que fuesen llamativos. Sin embargo siempre se había sentido cómoda con su propio aspecto, sólo la altura le frustraba un poco a veces.

—No realmente, mi familia vive hacia afueras de la ciudad, cerca pero lejos —le sonrió —. Andaba buscando la casa de una antigua amiga, pero creo que me perdí.

Alzó los hombros. La última vez que había andado por esos lugares era de noche, bastante tarde, cuando las calles estaban absolutamente desiertas y el paisaje se veía muy diferente, lo cual en ese momento le resultaba bastante frustrante y ya comenzaba a preguntarse en que demonios estaba pensando cuando se le ocurrió salir de casa a esas horas.

—No me gustan mucho los muggles ¿sabes? —le explicó al chico mientras miraba a la gente alrededor con cierto recelo —No es nada de eso de las costumbres puristas, ni discriminaciones —aclaró de inmediato —, pero me ponen nerviosa… ¿me dejas caminar contigo? o mejor aún ¿me llevas a un lugar con menos gente?

Le sonrió con expresión de circunstancias, sabía lo extraño que sonaba su petición, sobre todo cuando se la hacía a alguien que apenas conocía, pero de verdad quería salir de ese lugar y poder sentirse ya un poco más tranquila. No es que confiase su vida a Leonardo, aunque sí lo parecía, pero confiaba más en él que cualquier persona que se encontrase alrededor.

—¿A dónde ibas tú?

Preguntó de pronto, al darse cuenta que tal vez el muchacho también tenía sus planes. Algo que no le gustaría interrumpir, claro, pero aún así tal vez pudiese caminar con él si acaso pasaban de camino por un lugar más despejado o más amplio.
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Leonardo Lezzo el Mar Feb 23, 2016 12:03 am

A pesar de sus traumas infantiles Leo siempre pensaba lo mejor de las personas, creía en la bondad. Por eso al escuchar una voz se giró y miró a la chica en lugar de salir corriendo por si pensaban atracarlo. El chico sacó su poco utilizada faceta de actor y pidió perdón a la chica por no haberla reconocido. Esta le habló muchísimo, respondiendo preguntas que Leo tenía en la cabeza pero que no había hecho en voz alta, diciendo su nombre, casa, curso... Lo único que no dijo fue si estaba buscando algo en concreto o vivía en la ciudad, de modo que el chico se lo preguntó. Nina dijo que vivía en las afueras y se había perdido buscando la casa de su amiga. - Siento no poder ayudarte, no vivo aquí. - De pronto su mente le hizo recordar que dentro de nada sería un londinense más debido a los estudios mágicos universitarios. - Bueno, voy a vivir aquí ahora pero a penas conozco la ciudad. - Se explicó lo mejor que pudo, gritando un poco incluso para hacerse oír en aquella ciudad tan ruidosa que próximamente iba a ser su hogar.

Notaba a la chica un tanto nerviosa, como si le pasase algo, pero no tardó en hablar de ello. Se sentía incómoda rodeada de tanto muggle. Leo se decepcionó un poco al escuchar aquello. Nadie tenía más razones para odiar a los muggles que él, por culpa de su padre tardó once años en saber que era mago y lo que el futuro le deparaba. Y aún así no se sentía superior o inferior a los demás. Simplemente almacenaba una especie de lástima por la ignorancia en la que les ha tocado vivir. Pero Nina más que una clasista purista se sentía nerviosa con su presencia. Tanto que pidió caminar con el chico. Leo miró a ambos lados de la calle y se encogió de hombros. No tenía pensado a donde ir, simplemente se dejaba llevar por la ciudad hasta que la hora le indicaba que tenía que volver con su madre. Nina quería ir a un lugar con menos gente y el chico le indicó la derecha, donde sabía que no muy lejos había una bibliocafetería no muy concurrida. Era un sitio agradable donde tomar café y tranquilo para poder leer o hablar. - Conozco un sitio. - El instinto de Leo de ayudar a las personas afloró, y la quiso ayudar. - Yo no iba a ningún lado en concreto, solamente paseaba. - A menos de trescientos metros estaba aquella cafetería conocida por Leo, donde pasaba las tardes refugiándose leyendo para no aburrirse. Jamás leía los libros de allí, prefería camuflar libros de Quidditch con las tapas de libros de historia muggle. Entraron los dos y visualizaron una mesa libre en el fondo, contando a la camarera había seis personas en el local. Desde el fondo no podía verse la calle, de modo que era un sitio cerrado y seguro. - ¿Qué te pone nerviosa de los muggles exactamente? - Leo tenía derecho a preguntar, ya que la actitud de la chica era bastante extraña.
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Invitado el Mar Mar 08, 2016 4:50 pm

La verdad, es que no esperaba a que el chico precisamente conociese el camino a la casa de su amiga, ya hasta se había olvidado de la idea de ir a verla y con tanto muggle alrededor, lo único que quería era un poco de espacio libre en donde poder relajarse para recuperar fuerzas y marchar nuevamente a casa. Aún así, se sorprendió de que el muchacho le confesara de que pronto se mudaría a la ciudad, ya que de cierto modo sintió que aquello era algo muy valiente de su parte. Nina no sabía si acaso ella sería capaz de irse a vivir sola a una ciudad tan repleta de gente.

—Oh, vaya. Felicitaciones, eso es muy valiente de tu parte.

Sonrió para acompañar sus palabras, aunque su sonrisa seguía siendo algo nerviosa, por lo que no dudó ni un sólo segundo en seguir al chico, cuando éste le dijo que conocía un lugar más tranquilo. Sin embargo, por poco y casi camina detrás de él, a su sombra, como en otras civilizaciones en donde la mujer no está autorizada para caminar a la misma altura que un hombre. La verdad, es que se estaba protegiendo de chocar con muggles, por eso, en cuanto la calle estuvo un poco más despejada, que se adelantó nuevamente para caminar a la par con Leonardo.

Ambos llegaron a una edificación de considerable tamaño y Nina entró detrás del chico, sintiendo inmediatamente el aroma a café salido de las maquinas y sus baristas que preparaban café a pedido para todo aquel que se acercase a la barra.

—Huele bien.

Reconoció mirando todo con ojos sumamente curiosos. Era sumamente evidente que Nina no estaba acostumbrada a salir al mundo muggle y que disfrutaba aprendiendo cosas y observan, siempre y cuando tuviese al resto de los humanos a una distancia prudente. Ambos se sentaron en una de las mesitas del fondo, mientras Nina seguía mirando alrededor, sorprendiéndose de ver tanto libro y café en un mismo sitio.

Volvió a mirar a Leonardo con una sonrisa agradecida cuando éste le dirigió una vez más la palabra, esta vez para averiguar acerca de su nerviosismo ante los muggles, cosa que Nina no dudó en contestar. Sentía que prácticamente le debía esas explicaciones como pago por su amabilidad.

—Bueno… De pequeña me inculcaron que son mucho menos civilizados que los magos; que son las únicas criaturas en el planeta que se asientan en un lugar y lo consumen hasta matar todos los recursos para luego mudarse a otro sitio y hacer lo mismo. Son los responsables de la extinción de muchas especies, animales y vegetales; del calentamiento global sobre uso de sustancias tóxicas, derrames, bombas nucleares, etcétera. Poseen tanta inteligencia como nosotros, pero realmente pareciera que a veces la usan de la forma equivocada. Llevan armas escondidas y son capaces de matar a alguien sólo porque vieron que tenía una cosa brillante que ellos querían y son capaces hasta de ponerse bombas encima y matar montones de gente para simplemente llamar la atención —suspiró y desvió la mirada —. Mataron a mis abuelos, y yo había sido criada por ellos. He sido testigo en carne propia del caos que son capaces de causar sólo porque querían salir en el noticiero —volvió a mirar a los ojos al muchacho y alzó los hombros —. No puedo caminar tranquila estando rodeada de ellos, siento que de pronto saldrá uno de aquellos, de esos que esconden armas bajo la ropa y comenzara a sembrar el caos de nuevo… y lo peor de todo, es que el muggle que asesinó a mis abuelos había sido vecino de ellos, le conocían y no era alguien de quien se pudiese esperar un salvajismo de esa manera.
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Leonardo Lezzo el Sáb Mar 12, 2016 5:33 pm

Al chico le hubiera encantado contestarle que no era valiente mudarse a Londres, no tenía nada que ver con su cualidad de ex-Gryffindor, simplemente tenía que vivir allí porque la universidad estaba allí. Leo intentó convencer a su madre para vivir en Italia y aparecerse todos los días en la universidad pero Brianna, con su gran sentido práctico, le convenció de que le iría bien despegarse de la comodidad y compartir piso para hacer amigos. La chica le pareció un tanto extraña,. Aún así la invitó a ir a un sitio más tranquilo. Leo no quería admitirlo pero estaba un tanto aburrido de la gran ciudad y buscaba desesperadamente algo con qué pasar el día que no fuesen libros o videojuegos. Cualquier cosa que le permitiese no estar encerrado le valía. No le gustó saber que los muggles la incomodaban. No quería empezar una guerra discutiendo con alguien sobre ese tema.

Ambos caminaron por la calle muy silenciosos hasta llegar a la cafetería que Leo había visto al caminar por Londres los primeros días. Desde entonces se había hecho tan asiduo del local que las camareras ya le conocían. Nada más sentarse el chico no pudo reprimirse más y quiso saber qué era lo que Nina tenía en contra de los muggles. Era prácticamente imposible para Leo ponerse furioso y mucho menos con aquel agradable aroma a café inundando el local, de modo que intentó mostrarse comprensivo y escuchar a la chica. Cualquier persona razonable se hubiese enfadado al escuchar el emotivo discurso de Nina, Leo en cambio decidió esperar y fue sonriendo cada vez más por lo inverosímil de la situación. Cuando la chica terminó fue su turno de réplica. - Has hablado de extinción, de acabar con los recursos naturales, calentamiento global, inteligencia, armas y capacidad para matar. Hay magos así, ¿lo sabes? - Leo sabía leer entre líneas, y el caso de Nina le llamó la atención. Un muggle asesino había acabado con sus abuelos y eso la había condicionado. - ¿Sabes lo que es un Snidget? Es un pájaro que estuvo a punto de extinguirse por culpa de los magos cuando se inventó un juego parecido al Quidditch de hoy en día. ¿Y qué me dices de los mortífagos? Ellos también llevan armas y matan a la gente sin vacilar. Yo soy mago y ahora mismo llevo un arma escondida, supongo que tu también la tienes aunque no puedes usarla por ser menor. - En un momento Loe había desmontado algunas de las razones que Nina tenía para odiar a los muggles.

La camarera de siempre se acercó amablemente para tomar nota. - Un cappuccino per favore. - Leo usaba su italiano para caer mejor a las chicas, y le funcionaba. Lo había descubierto recientemente y lo usaba apara hacerse el interesante. Esperó a que Nina pidiese y nada más desaparecer la camarera sonrió y dijo algo más para romper el silencio tras si réplica. - Supongo que los muggles son los principales culpables del calentamiento global. - Bromeó. No quería discutir con nadie, pero no le gustaba que se atacase de ese modo a los muggles. Él había conocido al peor muggle del mundo, su padre, y aún así defendía al resto. No hay magos buenos y muggles detestables, hay personas buenas y personas detestables.
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Invitado el Dom Mayo 01, 2016 12:55 am

Off: Primero que todo, lo siento mil por tardar tanto, pero estuve más de un de ausencia.


Nina frunció ligeramente el ceño ante las primeras palabras del muchacho ¿Habían magos así? Realmente no lo sabía, y no quería quedar como ignorante, pero en el fondo sabía que lo era. Sus padres la habían criado de pequeña en una especie de bola de cristal y para ese momento ya incluso le parecía a veces que nadie tenía problemas más grandes que los que ella, y eso que era una adolescente mimada cuyos únicos problemas eran tener que lidiar con las voluntades de su padre.

—Leí lo de los Snidgets, pero… leí también que no se extinguió del todo y es el único del que tengo conocimiento que ha pasado eso. Quiero decir… los magos supieron decir cuando detenerse —defendió no muy segura de sus palabras —. En cuanto a los mortífagos… —se mordió los labios un tanto dudosa —mis padres dicen que lo que dice El Profeta acerca de ellos son meras invenciones del Ministerio para hacer que la comunidad mágica entre en temor y así cambiar al Ministro, lo cual… es lo que acaba de pasar ¿no es así?

La verdad no se sentía muy segura ya de que sus padres no le estuviesen diciendo aquellas cosas para mantenerla partidaria de los magos en su temor por los muggles. No era lo mismo, y jamás lo sería, porque Nina no era purista, pero vivían engañándola para mantenerla cerca de ellos.

La mesera vino entonces a ofrecerles algo de beber y escuchó a Leonardo pedir una cosa extraña que no supo que era, pero al no saber que más podía pedir, eligió imitar al muchacho.

—Lo mismo, por favor.

Luego de ello, volvió a recargarse levemente sobre la mesa, como si de pronto quisiese hacerse bolita. No le gustaba hablar mucho respecto a sus miedos, recordar la muerte de sus abuelos y más aún tener aquella molesta sensación que le provocaba el muchacho de estar analizando y cuestionando todo lo que ella decía. De cierto modo, le recodaba a como se sentía conversar con su propio padre.

—Si los muggles son tan buenos ¿Por qué entonces nos escondemos? —preguntó mirando al chico, antes de volver a morderse los labios y desviar la mirada —¿Qué hechizo o poción hay que sea tan destructivo como la Bomba Atómica?

Suspiró y bajó la mirada, bajando también sus manos, para comenzar a juguetear con sus dedos como si estos fuesen el objeto más interesante del Mundo.
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Leonardo Lezzo el Mar Mayo 03, 2016 12:07 am

Como persona casi adulta y sensata Leo tenía sus propias opiniones. Resultaba imposible hacerle cambiar de parecer en algo que él consideraba que era de un modo. Es más, el propio Leo intentaba hacer cambiar de parecer a otras personas cuando sus ideas estaban en contra de las suyas. En este caso era Nina, la chica a la que acababa de encontrarse por Londres de forma casual, la que pensaba lo peor de los muggles y el chico no tuvo más que defenderles. Pero Leo usaba los recursos que estaban a su mano, como por ejemplo en este caso el explicar a la chica que los magos también eran capaces de matar, extinguir una especie o el llevar armas. Por supuesto Nina usó su tiempo de réplica. El chico la escuchó con total dedicación, sonriendo en ciertos momentos. - También los muggles han empezado a proteger a sus especies en extinción ahora que se han dado cuenta de lo importantes que son. Sobre los mortifagos solo diré que existen de verdad y quieren acabar con el orden establecido porque estuve en Hogsmeade y luché contra ellos. - Leo sabía que declararse abiertamente en contra de los motifagos y del señor oscuro podía causarle los mismos problemas que a un seguidor del señor oscuro ir pregonando que es un mortifago. La diferencia es que Leo quiere luchar contra ellos de cara, sin ocultarse. De lo que nunca habla con extraños es de la Orden del Fénix.  

Fue como un tiempo muerto cuando los dos entraron en la cafetería y pidieron algo para beber. Después de que la camarera se hubiese marchado a preparar los cappuccinos que habían pedido Leo intentó poner paz haciendo un comentario neutral. No se le ocurría ninguna manera de culpar a los magos por el calentamiento global. La siguiente cuestión dejó descolocado al universitario. - No digo que todos los muggles sean buenos. Tuve un buen ejemplo en casa. Y si nos tenemos que esconder de ellos es porque no se puede coexistir de otro modo. Si todos supiesen de nuestra magia podrían pasar dos cosas. Una, los muggles se verían menospreciados y quizás nos atacasen. O dos, los muggles serían nuestros esclavos. Ninguna de las dos opciones parece muy buena. - A su siguiente pregunta si supo responder. - Con verter Filtro de Muertos en Vida en toda la red de agua para consumo humano terminaríamos con todos. Espero que esta idea tan macabra no se lleve nunca a cabo. Era un simple ejemplo. ¡Dios! Ahora me siento mal por haber pensado en algo tan despiadado. - En ocasiones Leo tenía ese tipo de ideas que le asustaban incluso a él. Agradeció que llegasen los cappuccinos para tener algo que hacer mientras pensaba en que más añadir o como cambiar de tema.



Off: Encantado de que hayas vuelto.
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Invitado el Mar Mayo 10, 2016 4:19 am

Nina permaneció jugueteando con sus dedos, como muestra de su nerviosismo. No supo si fue la imagen que dio al chico, o que el mismo se dio cuenta que en realidad hablaba con una persona totalmente inofensiva, que él pareció bajar su porte molesto y altanero a uno más comprensivo e incluso amistoso.

Leonardo le explicó de que los muggles también estaban trayendo de regreso especies en extinción, cosa de la cual Nina no tenía la más absoluta idea ¿de verdad los muggles eran así de buenos o ese chico intentaba verle la cara de idiota?

La chica le miró con curiosidad, como si esperase que de pronto esperase que él se empezara a reír y le dijera que es una broma, pero aquello nunca ocurrió y Nina no supo que decir hasta que el muchacho le soltó de pronto que los mortífagos sí existían y que él mismo había peleado contra ellos.

—O quizás nosotros nos convertiríamos en sus esclavos —agregó la Gryffindor —. Mis padres dicen que querrían apoderarse de nuestra magia y nos amenazarían para que hiciésemos lo que ellos pidiesen —alzó los hombros —. No lo sé, el Filtro de los muertos en vida no te mata realmente, es una poción terrible, sí, pero que tiene cura y sólo afecta a quien la bebe. La bomba nuclear provoca muerte en grandes masas y eso es incurable. Además de miles de kilómetros de daños colaterales por radiación que perduran en la raza humana varias generaciones después —miró al chico a los ojos, aún con un poco de miedo y timidez en los suyos —Lamento que te contradiga, pero no creo que haya nada peor.

Suspiró y bajó la mirada. Tampoco quería que Leonardo le mal entendiera, que pensaba que ella era partidaria de los puristas y que sólo buscaba aniquilar a los muggles. No, Nina no quería ningún exterminio, ni ninguna guerra, si fuera por ella que reinaran los unicornios y las hadas en un mundo de paz y fantasía, pero lamentablemente, Nina no era ninguna niña, y sabía que la realidad era otra.

—No soy purista, ya te lo dije… Simplemente le tengo miedo a los muggles… Creo que hay cosas que pueden hacer que me hacen sentir demasiado pequeña, indefensa… Tal y como los mortífagos, si así como dices, en verdad existen.

Volvió a respirar profundamente y se mordió los labios. Sentía curiosidad, no podía negarlo, pero al mismo tiempo sentía miedo. Si hubiese sido más racional, probablemente hubiese cambiado de tema y es que juntarse con alguien como Leonardo también podría traerle problemas.

—Tú… ¿de verdad te has peleado con ellos? —preguntó sin poderlo evitar —¿Cómo lograste salir con vida y… por qué los enfrentaste? Si se puede saber, claro… Nunca había conocido nadie que de verdad les hubiera visto.

Giró la mirada hacia el resto del local, fijándose de que nadie les estuviese poniendo atención o escuchando lo que ellos estaban hablando. Nina podía ser una ignorante en el tema, pero aún así sabía que no era algo de lo que se hablase en una taberna.
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Leonardo Lezzo el Lun Mayo 16, 2016 6:47 pm

Leo agradeció la llegada de los cappuccinos. Tanto por el olor como para aplacar un poco la conevrsación que estaban teniendo. No es la conversación ideal para tener con alguien a quien acabas de conocer. El tema de magos y muggles siempre siembra la discordia. Es imposible ponerse de acuerdo y menos si una de las partes desprecia a los muggles como parece que lo haga Nina. Ella estaba convencida de que los muggles buscaban dominar a los magos, someterlos i esclavizarlos. Leo no podía darle la razón en aquello. Pero si con lo de la bomba atómica. Algo que los magos olvidan es que la física y la química son ciencias casi mágicas. - Digamos que no todos los magos son buenos ni todos los muggles son santos. Hay de todo. Respecto a la bomba nuclear te doy toda la razón. No se me ocurre nada que sea tan nocivo como eso. - Algo que el chico había heredado de su madre era la capacidad de razonamiento y de dar la razón a quien la tiene. No como Mael, que hubiese insistido en que su punto de vista sería el correcto hasta más allá la muerte.

El chico saboreó su cappuccino aún sabiendo que no tenía nada que ver con los que tomaba en Florencia con su madre. Sabía a café y a chocolate, en su justa medida. El mejor que había probado en Inglaterra hasta el momento. Nina continuaba dando vueltas a lo de los motifagos. No creía en su existencia al igual que la gete sin magia no creía en los unicornios. En ese momento fue cuando Leo se dio cuenta de que tenía que ser más cauteloso con los desconocidos. La familia de la chica podía estar formada integramente por mortifagos, y hablar de aquello con ella le pondría en peligro inmediato. - ¿No escuchaste hablar de los ataques en Hogsmeade? Te puedo asegurar que son reales. Por poco me dejo la vida en el lugar donde solamente iba a pasar el rato con unos amigos. Por eso mismo fue que los enfrenté. Atacaron sin más, a todo el mundo. No podía dejar que matasen a mis amigos, ni a mi mismo. De modo que peleamos contra ellos para sobrevivir. Tuviste suerte de no andar por allí en esos momentos. Y espero que nunca te veas envuelta en una pelea de ese tipo. Era como estar en Jungla de Cristal pero sin Bruce Willis. - Para Leo fue emocionante pero a la vez tuvo miendo de perder la vida o de perder a sus amigos. Aún ahora recordaba aquellos ataques y temía por si le pasaba algo a sus amigos que seguían en Hogwarts, o a Yvette. Si le pasaba algo a ella era capaz de perseguir a los mortifagos hasta acabar con ellos uno a uno. Prefería no pensarlo porque se ponía triste a la vez que muy violento.
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Invitado el Sáb Jun 11, 2016 12:29 am

Nina recibió su… ¿se llamaba capumino?… la verdad es que ya ni se acordaba, pero al menos olía bien y estaba caliente, por ello rodeó inmediatamente la taza con sus manos y aspiró de su olor, para luego mirar al muchacho.

—Esto huele bien.

Reconoció con una sonrisa, pues para ella era sorprendente que los muggles pudiesen hacer algo tan aromático. Entonces el muchacho volvió a recalcar que no todos los muggles eran malos y no todos los magos eran buenos. Eso lo sabía, la madre de su hermanastro era muggle, y para Nina era una de las pocas personas que valía tanto la pena, aunque en verdad, para ella siempre había sido una excepción entre los muggles.

Luego, el chico le preguntó directamente sí acaso había escuchado hablar de los ataques en Hogsmeade, por lo que la chica abrió mucho los ojos. Estaba sorprendida.

—¡¿Hogsmeade?! Pero eso es muy cerca de Hogwarts…

No, definitivamente no había escuchado hablar de ello, ni recordaba que se lo hubiesen comentado ¿De verdad que vivía en la luna? Joder, tan sólo por un momento deseaba poder dejar de lucir como una ignorante y es que así se sentía. Tal parecía que había vivido demasiado tiempo encerrada en una bola de cristal.

—Eres muy valiente —comentó en cuanto el joven hubo acabado con su relato, pero hubo algo de ello que le quedó dando vueltas —¿Quién es Bruce Willis?

De verdad Nina nunca había visto una película muggle, mucho menos había ido al cine, aunque alguna vez había visto una de esas cajas con personitas dentro que se movían de un lado a otro en la vitrina de una tienda. Por supuesto que aquella vez se había quedado pegada mirándola, pero su madre la jaló de uno de sus brazos para que no se “contagiara” de esas cosas muggles.

Así bebió un poco más de su café, disfrutando de su cremosidad, mientras se pensaba en otra pregunta para Leonardo, pero entonces fue que alguien más abrió la puerta para entrar al café y Nina dio un salto de sorpresa.

—¡Katie! —gritó estirando s brazo para hacerle señas y que la viera —Es mi amiga —le explicó a Leonardo.

Nina se puso de pie y fue a saludar a la chica, para luego regresar donde el muchacho y despedirse de él, y por supuesto pagar por su propia bebida.

—Oh, muchísimas gracias, Leonardo. Ha sido un placer, pero por fin he encontrado a mi amiga, así que me iré a su casa ahora.

Se metió las manos a los bolsillos y de ellos sacó un par de galeones para dejarlos sobre la mesa. Definitivamente Nina no tenía idea de dinero muggle y por ello pensó que con dos monedas de oro sería más que suficiente.

—Muchas gracias por todo. Adiós.

Se despidió con una sonrisa y aquella palabra que poco usaba, pero en verdad que no creía que volviese a encontrase con ese chico de nuevo. Por eso volteó y salió con su amiga del café lo más rápido que pudo, sin voltear hacia atrás.

Off: Sorry por cerrar así, pero inesperadamente, por cosas de trama, esta pj debe morir >.o
Ha sido un susto!
Muchas gracias.
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