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Fangs | Emily | Priv

Invitado el Mar Feb 02, 2016 2:26 am

Un nuevo día, o mejor noche, se presentaba ante los ojos de Katherina en el preciso momento en que abría los ojos. Estaba en el ministerio, o al menos en aquel ascensor de este que descendía desde la superficie Londinense hasta el Hall principal.

Eran las once de la noche y hasta casi bien entradas las ocho había estado durmiendo. Llevaba turno Vampirico o al menos ese jocoso nombre era el que recibía el turno nocturno dentro del departamento de aurores.

Asió la manivela de la verja y la retiro hacia la derecha antes de poner el pie sobre el pétreo suelo para andar hacia el siguiente ascensor que tomar.

Por el camino alguien le ofreció panfletos, una mujer vestida de rosa con un bombín esmeralda de apariencia madura. Le daba grima y no le dedicó buena mirada tras los anaranjados cristales de sus gafas, pero por mera educación lo tomó y examinó antes de lanzarlo en la papelera más cercana.

Había unas elecciones a la vuelta de la esquina, o eso decían las amplias letras negras del papel que decían “Vota a Ryan” ¿Quien coño era ese Ryan? ¿Que defendía? A Hellsing le daba absolutamente igual, quien mandara y donde mandara era algo indiferente para la Rubia mientras su trabajo y pasión no se viera afectado.

Con su gabardina escarlata llegó a paso elegante a al oficina y, tras cruzar la puerta de su despacho con las iniciales “K” y “H” grabadas a tinta negra en la cristalera dejó su sombrero en el perchero y se sentó en la silla con la maquina de escribir delante.

Pasó las horas haciendo informes, aburrida en la soledad con la sola compañía de la oscuridad a su lado hasta que llegó el relevo.

Siempre tenia que haber alguien para atender las emergencias mientras otro hacia patrulla, quizás aquella noche no había sido para mucho, o al menos eso le dijo su compañero al llegar, pero para la Andrógina todo acababa de empezar.

Una lechuza llegó mientras tomaba sus prendas. Una que decía que se había producido un asesinato aquella noche y que debía acudir de inmediato.


Genial – Espetó desganada mientras se encendía un cigarrillo con la incandescente punta de su varita cruzando el umbral de la puerta de la sección rumbo a las chimeneas flu lejanas.

La gente la miraba con desaprobación mientras se paseaba por el corazón del Gobierno Mágico con un Marlboro entre los dedos, quizás los secretos puristas ocultos entre esas paredes desearían matarla por su osadía, sin embargo ella siguió, haciendo caso omiso.

De nuevo se le entregó un papel promocional para una campaña, pero esta vez ni dirigió la mirada, lo lanzó a la basura en cuanto su puntería se lo permitió y prosiguió su camino hasta la chimenea.

Apagó el cigarro con el suelo de su talón, estaba a la mitad y era un desperdicio, pero mejor eso que molestarse en guardarlo en alguno de los bolsillos.

Las palabras fueron dichas en un tono alto y claro antes de lanzar el polvo al suelo y desaparecerse en el fuego esmeralda. Si algo intrigaba a Viktoria tras tantos años era como era aquel viaje ¿Se teletransportaba o algo?

Daba igual, ya había llegado a su destino, un chimenea de un Bar Irlandés enteramente mágico situado en las afueras de la Capitán Británica. No había un solo Muggle en las instancias y el pueblo tenia bajos tirando a nulos individuos No-Magicos. Un buen lugar donde vivir a fin de cuentas.

Saludó al dueño aún no conociéndolo de nada y salió por la puerta para examinar la roja luna de febrero con el cristal de sus gafas.

Era bella, preciosa y fantastica.

Pero significaba una cosa: Era la Luna de Sangre.

La calle iluminada por farolas de corte Victoriana tenia una espesa niebla que impedía ver a unos metros más allá de su nariz. Tenia una vista realmente buena pero nada le permitía ver a través de aquella capa blanca de aire.

Como si de la película de la Hammer de hará veinte años se tratara lobos aullar y criaturas de la noche, o al menos sus sombras, hicieron acto de aparición en la pequeña villa mientras Kath, tranquilamente, se encendía un nuevo pitillo.


Última edición por Katherina V. Hellsing el Mar Mar 22, 2016 2:03 pm, editado 1 vez
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Invitado el Jue Feb 11, 2016 9:46 pm

La luna roja se erguía en el cielo imponente e imperturbable. Viejas leyendas contaban que la luna se ponía de ese color cuando sangre era vertida pero solo eran habladurías entre la gente que creía en esa supersticiones. Curioso que yo, como vampiro, no lo hiciera en absoluto. Sabía como funcionaba la luz y lo fenómenos lunares y la cantidad de tiempo libre que me había proporcionado mi no-vida solo ayudaba en muchas ocasiones a que mi insaciable curiosidad hacia todo fuese saciada más a menudo. Ya era casi una maestra en más de un tema, aunque los temas elegidos fuesen totalmente aleatorios para cualquier otro ser racional. El invierno había caido sobre Londres hacia ya un tiempo y los pueblos que circundaban la ciudad no se salvan de sufrir su mismo destino. En aquella noche, en la que la gigantesca luna parecía ser el punto de mayor iluminación, las calles estaban cubiertas de una espesa y blanquecina niebla que calaba los huesos de los humanos y los hacia tiritar aunque la temperatura no fuese tan baja como debería. Me encantaban las noches así, eran misteriosas y a la vez dulces, y cuando acababan el mundo quedaba bañado por el rocio de los secretos que la noches, en vano, había querido ocultar. Esas eran las noches en las que por fin podía escribir de nuevo, pero no esa noche.

Llegué a aquel infame callejón justo cuando alguien daba la alarma de que allí había un cadáver. Me llevé la mano a la cara con cierto cansancio y frustración por lo que me tocaba hacer. La alarma la había dado una anciana que no tardó en alejarse de allí por miedo a que el autor de aquel crimen volviese a por ella. Pero eso no iba a pasar. Aquel baño de sangre había sido un regalo para llamar la atención de alguien... Y había funcionado. Pero ahora el pobre que lo había hecho estaba muerto por no seguir las normas de su dueña y señora. Alexandra estaba un poco susceptible últimamente y cuando antes solo se habría divertido a su costa, aquella noche había liquidado al que era mi joven hermano de un plumazo. Sin pestañear siquiera. Yo tenía la teoría de que estaba aburrida... Me había tocado a mi ir a arreglar y limpiar el desaste. A pesar de mis quejas al respecto no me había quedado otra opción y así por lo menos podía disfrutar de aquel maravilloso frio húmedo y la niebla que lo acompañaba.

La luz rojiza de la luna no hacía más que darle dramatismo a aquel lúgubre escenario y, de algún modo, resaltar el contraste entre lo pálido de mi piel, lo oscuro del largo cabello y los ojos rojizos por ver tanta sangre derramada. Cruzó por mi mente en aquel momento el extraño pensamiento de que tal vez alguien debería sacar una foto de aquel momento en el que se veía una vampiresa contemplando un cuerpo descuartizado y bañado en sangre junto a un lobo negro apaciblemente sentado, bajo la luna de sangre y bañados por la niebla. Sin duda tenía que verse bonito...Una pena que fuese el resultado de una estupidez.

Me agaché a mirar el rostro de la persona que había sido la víctima de mi "hermano". Aquel escenario era violento incluso para ser obra de un vampiro, pero por algún motivo Alexandra siempre nos guiaba a actuar así. Yo no era una persona violenta cuando estaba viva, y ahora que no lo estaba era más tranquila que la media de los vampiros, y aun así, cuando ella me azuzaba o me pinchaba o me dejaba sin mi legal alimento, me convertía en una asesina a sangre fría con ganas de caña y violencia gratuita. Algo había en ella que nos volvía a todos locos. No descartaba que fuera el control mental.

Mientras observaba la cabeza separada del resto de partes de aquel cadáver un olor a tabaco atravesó la niebla hasta llegar a mi nariz. Las orejas de Helheim se pusieron tiesas y aulló como toda indicación de que ya no estábamos solos allí. En mi momento de deleite y reflexión había olvidado por completo que aun hay gente eficiente trabajando en el Ministerio...O con un poco de suerte solo sería un transeúnte más. Silenciosamente, mi lobo y yo nos perdimos en la niebla hasta alcanzar una posición estratégica y elevada en una esquina. Yo podía ver todo bastante bien, pero los ojos de un humano no nos captarían a nosotros a no ser que estuviesen extremadamente bien entrenados para buscar cosas inusuales.

Helheim y yo esperamos pacientemente hasta que una silueta más o menos menuda apareció en nuestro campo de visión. Entorné la capeza ligeramente con paciencia, buscando tener todos los detalles posibles...y entonces mi lobo me traicionó saliendo de nuestro escondrijo y acercándose a la figura como un perro curioso. Lo miré fijamente sin atreverme a salir aun.

"La paciencia es una virtud..." Me recordé a mi misma.
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Invitado el Vie Feb 12, 2016 10:50 pm

Katherina seguía caminando por aquella calle decidida. Ni las sombras que se movían por la oscuridad ni la sensación de inseguridad que alarmaba a su conciencia hicieron lo más mínimo por detenerla. Tenia turno nocturno desde ya hacia un tiempo y sabia que estas cosas pasaban en el mundo mágico.

A fin de cuentas los espíritus, demonios y criaturas mágicas eran el pan de cada día en el departamento de aurores. Que si un nigromante se había venido demasiado arriba. Que si un poltergueist la estaba liando en un piso de Lexington o que si una secta planeaba desatar un intento de apocalipsis sobre la población del planeta.

Todas esas cosas... Esos horrores, no eran nada nuevo para la Británica. El único libro que llevaba siempre encima, la biblia Anglicana, decía precisamente que hacer para tratar cualquier conflicto con su cordura mental dado el caso. En otras palabras.

No tenia miedo.

Los hijos de la noche podían hacer lo que quisieran que si a ella no la molestaban haría lo propio, por fortuna para toda la creación, ese fue el caso.

Llegó al lugar donde se había realizado el ataque, o al menos lo empezó a divisar, tan solo para percatarse del primer hecho que vio que no cuadraba: Nadie lo vigilaba, ni un solo cuerpo de seguridad se había molestado en resguardar personalmente el callejón, tan solo dejando la conjuración de una barrera como impedimento, una que cualquiera podría saltarse.

Incompetentes... Pensó decepcionada exhalando la calada a pocos metros de divisar el cuerpo así como la segunda señal de que algo no casaba.

Una figura femenina se distinguía a lo lejos, pálida como la leche y frágil como de porcelana. Era una sombra o un susurro entre la niebla y aguardaba examinando el cuerpo. ¿Que hará? Se preguntó Katherina examinándola con la cristalera anaranjada de sus gafas ala par que un inesperado invitado, un lobo, se la acercaba.

Le faltó tiempo para ver que ante la actitud a la defensiva del animal tratar de disuadirlo por el habla no era un método factible. Ella no era animaga, no podía comunicarse con los animales y apenas había tenido uno a su cargo desde la juventud así que encañonarlo con la Pistola Pesada era la mejor decisión -
¿Es tuyo? - Se limitó a preguntar a la figura que aguardaba en las sombras sin despegar sus ojos del animal.

Como la atacara le volaría la cabeza ahí mismo.

Sin pestañear.

Su mano libre, también con el guante blanco enfundado se dirigió a su boca para sacar el pitillo. Se tomó su tiempo, deseaba una ultima calada, pero antes del quinto segundo tras el inicio de la acción aquel ultimo Marlboro ya estaba en el suelo y pisado con el tacón de su calzado.

Victoria fruncía el ceño, no le gustaba que la amenazaran (Aunque el animal simplemente curioseaba) y bueno, si alguien miraba la cosa de lejos vería que la primera en realizar algo ofensivo había sido ella encañonando a la criatura ¡Pero Oye! Una no llega a Auror sin estar en Alerta Permanente ¿Verdad?


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Invitado el Lun Feb 22, 2016 7:28 pm

Me resulta curioso como a veces una noche hermosa no deja de serlo porque alguien cometa una estupidez. De hecho, pueden alinearse los astros y hacerla mejor aun. Este había sido el caso si lo mirabas desde el punto de vista pictórico. Desde el punto de vista logístico, la situación en la que yo me encontraba era un absoluto dolor de cabeza. El equivalente a una migraña de estas que convierten a los humanos en vampiros metafóricos por la fotofobia.

Contemplaba el escenario sangriento que mi difunto hermano vampiro había creado cuando alguien nos interrumpió a Helheim y a mi. Esconderse o convertirse en una sombra no era algo especialmente complicado con aquella niebla, pero mi lobo siempre había pecado de curioso. Al igual que yo cuando aun era humana. Por eso, aunque yo me mantuve al margen, Helheim salió al encuentro de aquella persona que se acercaba a nosotros. A aquella figura le faltó tiempo para apuntar al joven lobo con el cañon de una pistola mientras apagaba el pitillo que estaba apestando toda aquella escena que ya no tenía demasiado buen olor persé. A los vampiros la sangre nos gusta, pero la sangre oxidada es como la fruta oxidada, o las patatas oxidadas, algo que nadie debería probar salvo en casos muy desesperados.

- - contesté a la figura mientras me acercaba lentamente a ella, aunque no tenía demasiado claro si estaba ante un hombre o una mujer. La calma en mi contestación era solo fachada, pues para mi el cañon de su pistola estaba apuntando a la cabeza del único hijo que alcanzaría a tener jamás. La ira crecía en mi, pero Helheim me templaba siempre, y él, al contrario, no parecía demasiado asustado. Sin embargo, nada impidió que llevase mi mano a mi varita por debajo de la capa que llevaba puesta. Yo no solía vestir como un vampiro de historia de terror, o como una bruja corriente. Yo me vestía como una muggle como norma general. Pero aquella noche de niebla, el antojo de ponerme la capa negra de capucha por encima de mis vaqueros y mi camisa color vino, le había dado al cuadro montado por el azar el toque final.

Helheim se sentó meneando contento el rabo ante el cañón de aquella arma mientras yo intentaba controlar mis nervios. El animal no había hecho más que mirar a aquella persona con curiosidad y se había encontrado con una amenaza abierta hacia él. Algo debía ver u oler para no desconfiar...aun.

-Te agradecería que bajases el arma- dije con voz tranquila. Mi actuación había mejorado mucho desde que era vampiro.- O al menos apuntases a alguien que lo merezca más. Ya se ha derramado demasiada sangre inocente aquí.- dije con simpleza buscando entre la bruma los ojos de aquella persona. No tardé en encontrarlos tras unas gafas naranjas que se me antojaban totalmente innecesarias si no una carga en medio de la noche.

Me situé a la par que el lobo negro y miré a aquella mujer. Si disparaba y mataba al lobo...acabaría suplicando muerte. Porque no, no era yo quien se encargaría de ella si lo hacía. Sería toda mi condenada familia, porque a ellos les encanta divertirse. Teníamos la prueba allí mismo. Seguro que el pobre capullo no había muerto hasta que le arrancaron la cabeza.
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Invitado el Lun Feb 22, 2016 11:56 pm

Aquella voz en la niebla asintió a la pregunta de Hellsing con un rotundo "Si". La andrógina no apartó el cañón aun de la bestia, a fin de cuentas sus ojos, pese a aquellas gafas e iluminación se empezaban a adaptar a la situación. Era un lobo, no un apacible can como una notable mascota. Era un animal salvaje vagamente domesticado, uno que rara vez seguía las ordenes de un humano y que por supuesto, en contra de cualquier afirmación, no pertenecía a nadie.

Escuchó acercarse aquella sombra encapuchada. Sus pasos se sucedían hacia la auror y esta estuvo preparada. Como quien sacaba una navaja bajo la manga ella sacó la gemela de su pistola, idéntica en todos los aspectos y especificaciones salvo en la chapa del acabado, que era enteramente negra.

No la alzó, por el momento, contra la desconocida, a fin de cuentas con la poca visibilidad no distinguía nada más que una voz femenina bajo aquella capucha. Su olfato no detectaba nada inusual salvo una fuerte olor a hierro.

La sangre manchaba las calles de la ciudad.

La criatura movía el rabo de felicidad. Katherina enarcó la ceja ante aquel hecho. No lo comprendía, de hecho no tenía lógica alguna que lo hiciera. Estaba siendo apuntado por algo que pintaría las cercanías del color rosado de su cerebro ¿Por que tan alegre?


Identifícate y bajaré el arma - Replicó inmediatamente la andrógina dirigiendo su segundo cañón a la encapuchada. Ahora mucho más cerca. Olía raro aquella mujer, su tez era pálida y sus facciones estaban sutilmente desdibujadas de un modo similar al de un cadáver reciente.

Ella empezaba a sospechar de su naturaleza pero se mantuvo impasible. Teorizar era su fuerte, sin dudas y cuando llegó a la conclusión de que se hallaba frente a un vampiro no le costó mucho atar cabos. Tan solo le restaba comprender por que permanecía frente a la escena de un crimen -
¿Lo has matado tu? - Preguntó sin más aún no desvelando sus conocimientos.

Tardó bien en poco en dirigir una mirada a aquel espectáculo. Era grotesco. Las paredes estaban pintadas de un granate visceral, había pedazos por todas partes y piel tendida sobre intestinos. Si no fuera por que la joven no tenía ya estómago.

Había sido una carnicería en toda regla, seguramente el pobre diablo aún estaba vivo cuando lo desmembraron, con razón los informes decían que se habían oído gritos... Eso no era obra de solo uno de esos seres... Y eso la inquietaba.

Quizás había más en las sombras, observando.

Quizás pro eso no había policías escortando la zona, pues estaban muertos.

Quizás ahora mismo la iban a atacar por al espalda sin enterarse.

Repasó por seguridad lo que había en su campo de visión, nada extraño a fin de cuentas salvo aquellas dos entidades que tenia a punta de cañón. Seguramente una mucho más peligrosa que la otra.

Desde luego que había luna de sangre esa noche...


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Invitado el Miér Mar 09, 2016 9:12 pm

Cuando aquella figura de gafas horteras me ordenó, porque ni siquiera podía considerarse eso una petición, que me identificara, fruncí los labios y levanté una ceja. Mi mirada era fria, calculada y calmada. Contemplaba en mi cerebro todos los posibles escenarios nacientes de aquella situación y los gatillos de aquellas pistolas que al final nos apuntaron a ambos se accionaban. Dios. Aquella persona acabaría suspirando por su vida y rogando por su muerte.

A pesar de las amenazas que emanaban del lenguaje corporal de aquella figura, que desde más cerca dejaba claro ser una mujer, yo no contesté absolutamente nada hasta que me preguntó abiertamente si yo lo había matado. Bufé divertida, de una manera oscura, y me bajé la capucha mostrando mi rostro. Mis ojos lucían rojos como la sangre entre aquella penumbra y niebla y supongo que el contraste, como había pasado con la sangre, formaba algo interesante. Le mostré una expresión neutra a través de la cual mis ojos se clavaban en los suyos sin ningún tipo de miedo o pudor.

- Joan- contesté a modo presentación. Nunca le daba a nadie mi segundo nombre. No desde el colegio. Pero, al contrario que Hellheim, yo no aun no sabía si podía fiarme de aquella mujer andrógina tan dispuesta a encañonarme. Imagino que dada la situación en la que me encontraba era una medida de prevención necesaria, pero nadie apunta a mi cachorro sin que mis defensas salten- Y no. Yo no he hecho eso. Pero sé quien ha sido.- concluí inclinando la cabeza hacia un lado y mirándola con curiosidad.

La observé con calma mientras ella parecía querer mirar a su alrededor sin que se notase demasiado. Irradiaba cierta seguridad, cierta calma dentro de todas las sospechas que podía llegar a tener y que yo desconocía.- Eres auror ¿verdad? Has venido a encargarte de esto.-dije suponiendo mis palabras y abarcando con un gesto de la mano toda la carnicería que ya había dejado atrás. Mientras, mi otra mano sugetaba todavía fuertemente mi varita.- Creo que te ahorraré trabajo diciéndote que no pillarás al que lo hizo. Otros lo han hecho por ti.- dije con tranquilidad mientras elevaba una ceja.- Y te agradecería que dejases de apuntar al animal con el cañón de tu arma. Él no va a hacerte nada. Es un cachorro. Y no tengo ganas de un duelo a ver quien es más rápida- dije con simplicidad como si eso cerrase el tema.

Si mi hermano no estuviese ya muerto, lo mataría yo por meterme en estos embrollos.

Me agaché con total y fingida tranquilidad y me arrodillé al lado del lobo, quedando la chica a una altura bastante más elevada que nosotros. Pase la mano libre y helada por la cabeza del lobo, quien se inclinó hacia mi para que lo rascase como a él le gustaba. Mientras tanto mi mirada seguía clavada en la de la mujer, con aquellas gafas naranjas tan prescindibles.
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Invitado el Miér Mar 09, 2016 10:20 pm

Katherina sonrió.

¿Joan que más? - Replicó inmediatamente tras conocer el nombre, sabiendo con aquel sexto sentido que había desarrollado con los años de servicio la veracidad de sus palabras.

El nombre era verídico y el que no lo había matado también, tampoco había mentido en que sabía quien había sido (O al menos eso creía) y estaba segura de que no se le iba a encontrar ahí.

Guardó las pistolas en cuanto la amenaza pasó, llevando de nuevo ambas a las pistoleras bajo su gabardina para atender a aquella descendiente del primero -
En efecto - Contestó en un tono seco conforme se agachaba, extendiendo la diestra a la cocorota del animal - Katherina, Auror del Ministerio

Por ley ella tenia la obligación de identificarse ante cualquier ciudadano del mundo mágico, al menos de Inglaterra, era una autoridad y no era plan de que alguien enloqueciera al verla pasear con su extraño porte y empuñando dos pistolas de alargado cañón, más vaia prevenir que curar.

Aunque bueno... Como segundos antes había estado encañonando al animal ahora lo estaba acariciando con una de sus manos y sin dejar de sonrerir -
Buen can - Repetía varias veces al bichejo que ignoraba por completo que segundos atrás bien podría haberlo matado.

A ella le gustaban los perros ¡Que coño! Su patronus era uno de los callejeros, una representación astral de un animal que había tenido en el pasado y que tristemente había muerto... Como le gustaba ese animal.

Aquella vampira había hecho lo mismo segundos atrás así que bueno... Ahora estaban las dos acariciando un lobo bajo la luz de la luna roja y con un cadáver a pocos metros... Si el primer Hellsing la viera.

Se había percatado de como la miraba así que se puso de pie y, tras mirarla seria, ando hasta el muerto.

Vaya escena, había mucha sangre en aquel lugar, el cuerpo estaba desmembrado y con suerte podían identificarse algunas facciones.

Sus objetos personales seguían en la cartera, colocada en el bolsillo del pantalón ¡Que suerte que lo hubieran dejado! Pues ahí estaba el documento de identificación -
Burton James - Murmuró repasándolo bajo la cristalera - Soltero, sin familiares cercanos, Sangre Limpia 0+ - Apartó una de las manos del papel con los datos y la entendió a uno de los manchurrones del suelo, se retiró el guante y hundió el indice en el mejunje. Acto seguido se lo llevó a al boca, dio un pruebo y apartó la cabeza para esculpirlo - Correcto... Trabajador de San Mungo hasta hace un par de meses donde le despidieron por recortes en el departamento de Legeremancia... Y poco más

Se puso de pie y examinó los restos desde arriba. Era muy sospechoso que los policias no estuvieran en el lugar resguardando la escena, ni rastro de ellos y como substituto una Nosferatu y su perro. Todo muy extraño... Era obvio que los vampiros habían sido traviesos esa noche.

¿Que hacías aquí? - Se apresuró a preguntar aprovechando que aquella chica seguía en el lugar - ¿Le conoces?

No le había matado pero eso no le libraba de culpa. Hellsing iba a resolver el caso esa noche.
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Invitado el Lun Mar 21, 2016 8:50 am

- Matthews- contesté con simplicidad. Si no era alguien del Ministerio, no tenía por qué preocuparme de que me conociera jamás. Si lo era, lo más seguro es que yo pasase a formar parte de la investigación de aquel baño de sangre. Y con razón. No sabía desde que momento, pero parecía haberme transformado yo en la cara visible de los vampiros que formaban mi clan. La única a la que nunca se la podía incriminar y la única capaz de dar la cara.

Le expuse la situación a la que se enfrentaba a aquella figura pintoresca que se había presentado allí en mitad de la noche. Yo no había tenido mucho que ver con que no hubiese más gente allí, pero lo agradecía. Suponía que alguno de mis hermanos más mayores habrían hecho de eso su parte en todo este embrollo.

La chica se presentó como parte del cuerpo de Aurores del Ministerio de Magia. Katherina. Un bonito nombre, para ser sinceros. La miré desde mi posición agachada mientras ella guardaba sus armas y se agachaba conmigo acariciando también al cachorro que parecía estar en la gloria con tantas atenciones a la vez. Seguro que luego quería jugar, el muy mimoso. Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios por unos segundos mientras ella acariciaba al animal y el lo disfrutaba. Siempre hay algo maravilloso en la inocencia y neutralidad de la naturaleza que amaina hasta las actitudes más hostiles. Ese era uno de los motivos por los cuales me gustaba ir siempre acompañada de Helheim.

Guarde la varita y la miré mientras mi mano acariciaba de manera casi automática al animal. La miré hasta que finalmente ella se levantó y se dirigió al cadaver. O, bueno, lo que quedaba de él. Yo me levanté silenciosa después de ella y la seguí en la oscuridad con calma y sin hacer ruido hasta ponerme detrás. Por simple curiosidad de saber que hacía. Helheim, con un mayor entendimiento del que se suele esperar de un lobo, se quedó sentado donde estaba, esperando a que volviesemos con él.

Escuché los datos de aquel hombre que yo desconocía por completo pero del que me tenía que deshacer de un modo u otro. Incliné la cabeza hacia un lado, de nuevo con curiosidad, por encima de su hombro mientras ella miraba los datos. Pero lo que hizo a continuación, me hizo darme prisa en agacharme de nuevo a su lado mientras se llevaba el dedo ensangrentado a la boca, lo saboreaba y lo escupía llegando a la conclusión de que los datos eran ciertos y aportando nuevos.- ¿Cómo lo has hecho?- pregunté con los ojos clavados en los suyos con intensidad y una curiosidad asesina. Yo podía identificar a alguien por su sangre si la había probado u olido antes. Incluso de no haberlo hecho podía decirte algunas cosas de esa persona solo por el sabor de su sangre. Podía decirle cosas del reciente finado que estaba ante nosotras solo con aspirar los olores que emanaban de lo que quedaba de él. Pero yo soy un vampiro, ¿cúal era su excusa?

- Conozco al que le mató -dije con simplicidad poniendome de pie una vez más yo también.- Vine a observar su obra y a explicarla en caso de que alguien como tú apareciese- dije con tranquilidad y sosteniendo la mirada de mi interlocutora como tenía por costumbre. Lo que le decía era una verdad a medias. Yo limpiaba el desastre administrativo en caso de no poder limpiar el literal, como había sido el caso. - Este hombre, desconozco si inocente o no, ha sido víctima de un crimen pasional en el que alguien intentaba impresionar a otro con una ofrenda. Sin embargo, su plan no ha resultado bien y la "deidad" a la que se ofrecía lo ha castigado con la muerte por su descuido, mal gusto y por ponernos en riesgo a todos. Entiendo que el Ministerio tenga que investigar esto, pero, en nombre de mi clan, agradeceríamos que nos dejaran el castigo del asesino a nosotros puesto que ya se ha puesto fin al problema.- dije casi en un lenguaje burocrático aburrido que siempre me tocaba usar en estos casos.- Puedo limpiar esto, o dejarlo así si su familia desea...identificarlo o enterrarlo -dije sin ningún deje de asco ante lo macabro que sonaba todo eso en mi cabeza. No sería yo la que quisiese identificar a nadie en ese estado y menos siendo humana.

-¿Hay algo más que debas o quieras saber al respecto?- pregunté con calma. Helheim se puso a mi lado y se sentó de nuevo- Estoy dispuesta a someterme de voluntad propia a todas las pruebas pertinentes, de ser necesario- dije entrelazando los dedos de las manos ante el vientre y esperando una respuesta por su parte.

No me apetecía que me hicieran pruebas. Era la tortura del vampiro. Pero supongo que era parte de mi trabajo. Eso, o intentar borrarle la memoria allí mismo y eso no era algo que me apeteciese hacer por si luego lo recordaba y venía a por mi. Esas pistolas igual no me mataban a mi, pero si lo harían con mi lobo y su vida era para mi más importante que la mia propia.
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Invitado el Lun Mar 21, 2016 4:02 pm

Práctica - Se limitó a responder sin realmente revelar nada.

No era el Ministerio el que la había enseñado eso, tampoco los libros que tanto tiempo dedicaba a leer, ni siquiera las cosas que más o menos había aprendido con nueve años patrullando las calles, no señor. Había sido la tradición familiar y todas esas mierdas a las que la habían acostumbrado desde chica, un tema que no le gustaba en especial hablar.

Siguió repasando aquella cartera para averiguar más. Nada destacable, quizás en otro mundo un Carnet de la Biblioteca o una tarjeta de Sanidad Muggle dijeran algo más pero en el mundo Mágico el domicilio y la causa de la muerte eran lo único que importaba.

La devolvió a su sitio y dejó todo como lo había hallado sin dejar de escuchar, acto seguido extendió su mano al fiambre y por si las moscas conjuró un "Praesentia perpetuum" sin romper el sello de sus labios. Putos Cadetes, tendrían una queja en Recursos Humanos.

Se cruzó de brazos y con un retumbe de su talón que golpeó como un eco las paredes del callejón se volvió a la Hija de la Noche -
¿A si? - Preguntó con autosuficiencia observándola a través del cristal - Explicate - Le inquirió en un tono ciertamente amenazador.

A estas alturas de su corta vida Katherina ya estaba hasta los mismísimos Ovarios de los Vampiros, sus Clanes y Camarillas. En el pasado, junto a su alocado mentor, habían estado en gran cooperación con el departamento de regulación de Seres para mantenerlo a raya, y siempre, siempre, siempre aparecía uno otra vez, como en ese juego Muggle de golpear a los topos.


Lamento decirte que tu... "Clan" no tiene la potestad para decidir el castigo - Contestó la agente con ¿Para que negarlo? Cierta repugnancia, no por que le repugnara que la gente se tomar ala justicia por su mano (que también) si no por la mera mención de ese grupo de chupasangre venidos arriba - Y el cuerpo no se toca, o no se podrá tocar, hasta que vengan los refuerzos

Negó con la cabeza - Tan solo será necesaria la identidad del asesino, si quieres alegrarme la noche donde encontrarlo también, así me ahorro el ir al registro. Si de verdad tienes tantas ganas de someterte a pruebas no tengo problema en llevarte al ministerio - Suspiró y echó una ultima mirada al cuerpo tras si, reptó su mano hasta el bolsillo de su chaqueta y sacó el cajetín de cigarrillos.

Llevó uno a su boca y se lo encendió.


¿Que vas a hacer? - Preguntó instantes antes de exhalar la calada.

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