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Things Happen, Nazi Things... | Sam

Invitado el Jue Feb 11, 2016 12:39 pm

Quien conociera a Katherina sabría que ese no era su ambiente ni salsa. Ir a un salón del te para unas citas aleatorias no eran de los pasatiempos que soliera realizar. Ella era más de gustos sencillos. Fumar, beber y disparar a seres del averno. Nada muy difícil de realizar en el mundo mágico y que encima estaba bien pagado y visto ¡Todo perfecto!

Por eso que verla en el salón del te con ropas que no eran su habitual gabardina roja, traje de salón o gafas de cristal anaranjado era una sorpresa para los propietarios. Ella solía hacer el turno de noche y como vivía cerca del local siempre se encontraba a la dueña abriendo jornada cuando volvía a casa, por eso la había visto ahora al entrar.


¡Estas diferente Kath! - Exclamó la señora en la tarima de la entrada mientras el servicio preparaba el evento.

Ya... - Contestó - No se ni como me he dejado arrastrar a esto

Bah, no digas tonterías ¿A ti que te va? Ya sabes para asignarte gente y eso

Pues...

Siempre me has parecido un poco macha... ¿Te van las mozahs?

Esto... - Se la quedó mirando unos segundos un tanto descolocada, no sabía si decirle algo sobre lo de macha o directamente pasar al segmento de las mozahs - Entiendo... - Fue lo que finalmente añadió completamente confusa, no sabía que decir a eso ¿Que le iban las mozahs? Quizás, aunque la preciosa biblia que siempre llevaba en su bolso no veía con muy buenos ojos esa tendencia.

¿Se habría ofendido?


Oh ¡He acertado! Ahora lo preparo todo

Hmmmmmm... - Su cara era como la Obra de Picaso y apenas alcanzaba a mostrar lo que sentía en aquel momento. Ya se vengaría de su compañero de trabajo por haberla apuntado ahí y haberla convencido para que fuera. Ese lugar no le pegaba.

Antes de que se pudiera percatar de lo que sucedía ya estaba en una lista de vete tu a saber que por lo que rápidamente la llevaron a una fila donde había solo mujeres. No mujeres como Kath, que dependiendo de la ropa y el maquillaje las podrían confundir con un hombre, no señor, mujeres la mar de femeninas, con cabelleras que bajaban por la espalda y ajustados vestidos negros (Cosa que Hellsing, con su modelito, pues mira, cuadraba)

A diferencia de las otras su melena era corta y desviada hacia un lado, morena y sin adornos extras, simplemente con el cabello planchado y bien peinado. A expensas de su colgante y algún que otro tatuaje la Inglesa no era muy dada a los adornos que convertían a alguien en un puto árbol de navidad.

Pasaron unos minutos hasta que el resto de "pretendientes" llegaron al local, y entonces aquella mujer de rasgos asiáticos que llevaba toda la fiesta hizo sonar una campana para ponerlos al día.


A ver mis tortolitos - Comenzó - Ya os tenemos a todos asignados, no hay cambios y... ¡Disfrutad de vuestra cita!

No había sido la mejor de las introducciones, desde luego, pero una risa se escapó por la boca de la morena ante aquellas ultimas palabras ¿Disfrutar? Cuando alguien que bebiera sangre gobernara el país.

Suspiró y se encogió de hombros. Ya que tenia la tarde libre por aquella estúpida apuesta con el clásico "No hay huevos a..." pues iba a aprovecharla. Dirigió su vista al ticket que le habían dado y vio que le tocaba la mesa 7B, cercana a la ventana noroeste del local.

Perfecto... Pensó en un instante al dirigirse y sentarse en la silla.

Repasó la ventana. Eran las once recién entradas de la noche y apenas había gente, los faroles alumbraban el paso y las ventanas de los hogares empezaban a apagarse. Por un momento Victoria se vio obligada a encender un pitillo, su pareja, quien dios quiera que fuera, parecía no querer llegar.
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Sam J. Lehmann el Vie Feb 12, 2016 7:32 pm

¿Sabéis esos momentos de pésima situación emocional en dónde necesitas cualquier distracción para sentirte viva? Bueno, Sam estaba pasando por uno de esos momentos. Llevaba todo enero sintiéndose fatal por todo lo que le había ocurrido y ya habían habido demasiadas ocasiones en las que había tenido que medir su lengua para seguir con las indicaciones de Rodolphus y no caer muerta en ningún sitio por culpa de quebrantar el juramento. Mentir a sus superiores, mentirse a sí misma… no estaba segura de ser algo a lo que acostumbrarse.  

Así que necesitaba ser una persona normal. Cambiar de aires. Distraerse. Necesitaba ante todo olvidarse de sus preocupaciones, obviar el hecho de medir sus palabras y, sobre todo, olvidarse de Rodolphus, ese hombre que salía en sus pesadillas y se empeñaban en seguir presente cuando estaba despierta.

Así que ni corta ni perezosa se había apuntado en una de esas chorradas que hacen en San Valentín para conocer gente. Sonaba un poco triste, la verdad. Pero en aquellos momentos ni hasta ella juzgaba ese tipo de cosas e intentaba ver —contra todo pronóstico— las cosas positivas que eso iba a darle. Así que se vistió de manera sencilla y totalmente de negro. Se apareció en Hogsmeade y caminó hacia la tetería de Madame Tudipié, lugar en donde ya se había apuntado el día anterior a eso de las citas. Pasó por delante de la ventana y vio  montón de parejas en el interior, pues ya había empezado y ella, misteriosamente, llegaba tarde. Nada más llegar y cerrar su paraguas, la simpática señora de la puerta, al reconocerla, le dio un papelito con el número de la mesa que le tocaba—Gracias —dijo con su usual dulce y risueña sonrisa.

Observó el papelito y vio que era la mesa 7B. Soltó un bufido sin tener ni pajolera idea de cuál era la mesa 7B… Así que tras dejar el paraguas en la puerta, caminó por todas las mesas buscando la señalización. Llegó a una que estaba cerca de la ventana y vio que se trataba de su mesa, por lo que se paró de golpe casi pasándola de largo—¡Hola! —saludó de repente a la chica, sorprendiéndose más la propia Sam al haber dado tan pronto con la mesa en cuestión y al darse cuenta de que le habían puesto con una chica. Ella había puesto sus preferencias, pero Sam era tan tosca para ese tipo de cosas que por alguna razón se esperaba que la pusieran con un hombre—Siento haber llegado un poco tarde —se disculpó, sentándose en la silla de en frente mientras se quitaba la bufanda y la chaqueta, pues allí dentro hacía muchísimo calor. Se quedó con una sencilla camisa negra y translúcida acompañando a su falda. Entonces miró a la chica—Me llamo Sam y aquí dónde me ves, entre mis amigos soy la que reparte ejemplo por mi increíble puntualidad… aunque ahora mismo suene irónico... —dijo divertida.

Entonces la observó de manera disimulada, por curiosidad. Poseía unos rasgos delicados, un rostro fino y alargado —al contrario que la cara redonda que tenía Sam— y unos ojos bastantes grandes y aparentemente inexpresivos —todo lo contrario a Sam, que parecía en ocasiones asiática de lo que pequeño que tenía los ojos—. Entonces, en ese momento en dónde observaba el rostro de su acompañante, se dio cuenta de que le era conocido, aunque no sabía relacionarla con nada. ¿Del trabajo? ¿De sus clases de yoga? ¿Del Ministerio?
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Invitado el Vie Feb 12, 2016 9:07 pm

Katherina aguardó unos instantes a que su cita apareciera, mirando por la ventana la soledad de la calle donde la gente llegaba poco a poco al local. No era muy dada a asistir a este tipo de actos, de hecho lo detestaba, a fin de cuentas que alguien no se supiera buscar el amor (O lo que coño buscaran para pasar el rato) por si mismo, y tuvieran que pasar, a expensas de su dignidad por la ayuda de una fiesta orquestada para ese fin era algo que se le antojaba... Incomodo.

Sin embargo una apuesta es una apuesta, aquí y en la china popular, por lo que aunque nadie diera señales de presentarse no se movió.

Ni un centímetro.

Poco a poco se fue relajando, olvidándose de que estaba ahí y perdiendo su consciencia en la música de la fiesta. El Bajista lo estaba haciendo de fabula y el de la batería marcaba el ritmo como nadie, aquel Jazz New Age que tenia ya unos años pero como con todo llegaba con retardo al mundo mágico era un soplo de aire fresco a aquella vida donde todo terminaba por apestar a sangre de cadáver.

Fue por ese motivo que la aguda voz de Sam la pilló desprevenida, se habia olvidado de que estaba ahí y había pegado un bote que no pasó desapercibido para nadie -
Oh - Exclamó - No te había visto llegar - Su tono era sincero y su perspectiva pausada mientras examinaba a la chica, por que, como no, la habían metido con una chica.

Katherina... Aunque puedes llamarme Kath... Supongo - Dijo presentándose tratando de sonreír, más como un acto para ocultar el que no quería estar ahí que como una genuina mueca de felicidad - No te preocupes... Me lo estaba pasando bien

Realmente era verdad aquella sentencia, ver la calle vacía, nevada por el suelo con los últimos retazos de invierno mientras las farolas de vela iluminaban pobremente la escena era una estampa bella y romántica, de esas que Hellsing desearía tener cuando se enfrascaba en la lectura.

Había algo en aquella Rubia que le sonaba ¿La había visto antes quizás? ¿Curraba en el ministerio? No le costó mucho percatarse en que la chica de ojos claros y aparente misma edad hacia lo mismo que ella, de hecho era una situación bastante incomoda que la hizo sonrojarse un poco a la par que bajar la miada tan solo para inspirar y volver a alzarla -
¿De que me suenas? - Preguntó más directa que una pistola.

¿Para que andarse con rodeos?
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Sam J. Lehmann el Sáb Feb 13, 2016 2:23 am

Al parecer le había sorprendido tanto a ella como a Sam ese encontronazo inesperado en medio del pasillo. La rubia se sentó en frente de la morena y no tardó en presentarse, además de disculparse. La chica se llamaba Katherina, un nombre precioso —o por lo menos era del agrado de Sam—, pero por comodidad y parecer mucho más jovial prefería llamarla por su diminutivo—Perfecto —dijo Sam con una sonrisa.

En ese momento en donde Sam se pegó unos segundos para observarla, ella pareció hacer lo mismo, momento incómodo que se creó entre ambas pero que la chica de pelo corto cortó rápidamente con una pregunta; la pregunta del millón, claro, esa que también rondaba por la mente de Sam desde que se había fijado en sus facciones. Ya sabía que no estaba loca y que de verdad se habían visto en algún lugar anteriormente, lo que al parecer ambas tenían el mismo vacío de información en su mente—Pues… —Sam apoyó su codo en la mesa y apoyó su cabeza en su mano, moviendo los labios en un gesto pensativo—Tú también me suenas, justo lo estaba pensando, pero no recuerdo de qué —le hizo saber—¿Trabajas en el Ministerio? Trabajo allí desde hace tres años, en el departamento de misterios.

Justo en ese momento la encargada de la tetería se acercó a la mesa para tomarles nota por si querían algo. Sam llevaba sin comer desde a saber cuándo, pues no tenía mucho apetito, así que aprovechó ese momento.-A mí póngame un té de vainilla.-A mucha gente no le gustaba porque decían que era soso, pero a Sam le encantaba.-Y unas cuantas galletas de mantequillas con azúcar tan deliciosas que llevan sirviendo desde que tengo uso de razón.-Dijo, con un gesto risueño y un poco nostálgico.

Mientras Kath pedía, o decía que no, o lo que fuera, Sam desvió levemente la vista hacia la ventana, observando el exterior. Recordaba como si fuera ayer estar paseando por esos mismos camino junto a Henry vestidos con las túnicas de sus casas después de que él le arrastrara y le sacara de la Sala de Común. Porque en realidad, Sam era de esas típicas Ravenclaw que se quedaban en la biblioteca, iban a clase y… ¡Espera! De repente un flash inesperado le inundó su mente.

Alzó la mirada y observó a Kath.-¡Katherina!-Chasqueó los dedos varias veces y se mordió el labio inferior intentando recordar su apellido.-¡Arg, no me acuerdo de tu apellido!-Exclamó con diversión, sintiendo que lo tenía en la punta de la lengua.-Pero me acuerdo que era muy chulo. ¿Eras Gryffindor, no? Coincidimos en Hogwarts.-Afirmó con seguridad. Apenas habían intercambiado palabras en Hogwarts, pero al ir al mismo curso, Sam sabía quién era sobre todo por la lista. Katherina Uve Hellsing era por cómo la conocía, lo único que ahora no recordaba su apellido. Pero es difícil olvidar a una persona con la que has pasado siete años de tu vida viéndole el careto.

¡Retos, adivinanzas y misterios a ella, una Ravenclaw! Su mente estaba por encima de todo eso y era la encargada de ayudarla a resolverlo todo.
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Invitado el Sáb Feb 13, 2016 3:40 am

¿Perfecto? Se preguntó Katherina.

¿Que era perfecto?

¿Que se lo hubiera pasado bien? ¿Su nombre?

Ninguna de las dos respuestas tenia mucho sentido a sus ojos, una no tenia gancho y la otra era estúpida. Casi como jugar a los dardos con los ojos vendados o bajar la colina haciendo la croqueta. Sintió una pequeña necesidad de preguntar el motivo pero le dio vergüenza hacerlo, a fin de cuentas era un motivo banal e innecesario que le haría perder saliva en una actividad en la que no deseaba estar.

Dentro de su cabeza tenía muy claro que debía divertirse, o al menos tratar de hacerlo, a fin de cuentas quedaba de media hora a hora y media en compañía de aquella chica y algo tendría que ahcer ¿No?

Bufó en su interior mientras su exterior se mantenía fijo en la extraña forma del rostro de la Legeremante ¿Por que me ha caído una chica? Se preguntó un tanto desesperada ¿Que decía la biblia de eso? Continuó pese a saber la respuesta. Los pasajes del Levitico así como Corintios y Timoteo eran muy explícitos con como debía juzgar esos actos, que, aunque solo referidos a la homosexualdiad masculina, fijo que tenían los mismos ojos de cara a la femenina.


Ah - Exclamó ante la pregunta que la sacó de su pensamiento - Si, en el Departamento de Aurores

Ministerios y Aurores eran departamentos relativamente relacionados, Hellsing no tenia maldita idea de lo que se realizaba ahí pero más de una vez sus compañeros habían tenido que ir por algún desastre, según tenia entendido eran como los estudiosos de la magia, los que investigaban y trataban de mejorar lo arcano ¿Se dedicaría Sam a eso? Por que desde luego la pinta no la tenía.

Cuando la señora del te llegó interrumpió su conversación para pedir un poleo menta con algo de azúcar, ni más ni menos, algo para que se relajara y pudiera respirar con calma unos instantes o a saber ¿Explotar? No estaba en la vergüenza, pero si un poco fuera de lugar.

Justo cuando iba a continuar con las cosas del Ministerio (Ya se sabe, por conversar del algo durante la cita) en el momento en que la aguda voz pronunciando su nombre resonó en su cabeza.

Al comienzo no sabia que decir, le estaba sonando todo a chino central neutro pero poco a poco empezó a recordar.

Con un par de años menos si... Sam le era alguien familiar, o al menos alguien con quien se había cruzado en alguna que otra clase, no una amiga de toda la vida porque bueno... No tenía de eso. Pero si alguien con quien había hablado alguna que otra vez ¡Leñe! Si eran del mismo curso -
Hellsing - Le contestó emulando la misma alegría por el simple hecho de encajar - Y  si te recuerdo ¡Cuanto tiempo! Si era Gryffindor, aunque algo diferente, ya sabes... - Se acercó unos centímetros y bajo la voz para decir algo que hasta ella misma a veces se avergonzaba en admitir - Parecía un tío - No era que no se alegrara, al contrario, era de agradecer que alguien, para variar, se acordara de ella, simplemente Viktoria no sentía nada en especial por la chica - ¿Que ha sido de ti? - Pregunto cordialmente dejando atrás lo que ella misma iba a decir de su departamento.
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Sam J. Lehmann el Lun Feb 15, 2016 1:03 pm

Sam se relacionaba bastante con el departamento de Aurores, sobre todo debido a su potencial en el campo de la legeremencia, capaz de ser muy útil en juicios para saber la verdad sobre los detenidos. No obstante, no había tenido la oportunidad de coincidir con Kath, ya que a Sam por lo menos siempre le había gustado encontrarse con los alumnos de su quinta, para ver dónde había acabado cada uno.

Una vez la mujer tomó nota y se retiró, a Sam le vino una revelación divina digna sobre su pasado, el cual compartió con Katherina. Era difícil, sobre todo para alguien para Sam que es de esas personas que se quedan con los rostros, olvidarse de una persona a la que le ves el rostro todos los días. Lo único es que claro, no te acuerdas hasta que lo ves delante de tus ojos. Kath pareció recordarla también a ella, lo que la hizo sonreír antes de escuchar su premisa—Tonterías —le quitó importancia a lo que decía—Tenías cierto aire, pero no lo parecías —le dijo con sinceridad—O por lo menos a mí no me lo parecías.

Dijo eso último para dar su propia opinión. Desde pequeña Sam —aunque no lo hubiera reconocido— veía muy diferente a los chicos que a las chicas, por lo que sabía reconocer esas feromonas que no le atraían lo más mínimo. Kath tenía cierto aire masculino, el pelo, la ropa cuando iba de calle… pero a Sam nunca le pareció un tío. Le parecía una chica peculiar, simplemente.

Katherina hizo la típica pregunta de un reencuentro: “¿Qué ha sido de ti?”. Podría ser curiosidad real o mera formalidad, pero fuera como fuere, a Sam también le interesaba saber cómo le había ido la vida —independientemente de que fuera auror—, por lo que contestó tras esbozar una sonrisa—Estupendamente —mintió descaradamente, por suerte no la conocía—Me gradué con las notas que necesitaba para ir a la universidad y estudiar Legeremancia y ahora mismo estoy trabajando como instructora de legeremancia en el Ministerio —Se ahorró decir el hecho de que su mejor amigo desapareció, que un asqueroso purista de mierda le había amargado la vida y que posiblemente en aquel momento fuera la experta legeremática más corrupta de todo el Ministerio—Viajaré al Cairo dentro de poco para especializarme en la rama de la legeremancia más compleja de todas: buscar las memorias de un humano al que se le han borrado. Aparentemente imposible —se apresuró a decir antes de que lo dijera ella, pues cualquier mago sabía que era prácticamente imposible y que solo ha habido un caso lejanamente cercano que pudiera parecerse—, pero si nadie lo intenta, nadie avanza.

Entonces miró a la chica y se encogió de hombros—Que no se note que desde cuarto me gusta esa rama mágica… —sonrió dulcemente—¿Y tú? No te voy a mentir, jamás pensé que terminarías siendo Auror. Eso sí, no me preguntes qué en dónde te veía, porque tampoco sabría decir. Lo que sé es que “auror” no sería la profesión que hubiera dicho si me hubieras dado a adivinar. ¿Qué te motivó a meterte en algo tan peligroso? Además de tu espíritu de Gryffindor, claro… —amplió la sonrisa, ya que Sam sentía una admiración inexplicable por los aurores, ya que ella ni de coña sería capaz de hacer lo que ellos hacen. Ella estaba mejor leyendo mentes en un lugar tranquilo, lejos de maldiciones mortales, dolor, daño y muerte.
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Invitado el Lun Feb 15, 2016 5:04 pm

Era raro ver a la Inglesa sonreír, y aún más echar una inofensiva carcajada de vez en cuando pero aquella chica, aquella Sam, que había sido compañera de clase (Que no de casa) En el pasado, se las había arreglado para hacerlo tirando de la añoranza.

Era extraño, pero la andrógina echaba de menos aquellos tiempos donde todo era más sencillo.

Donde todas sus preocupaciones se resumían al examen de pociones de turno o a la practica despreocupada para Estudios Muggles.

Donde no tenía que darle mucha importancia a la opinión de la gente y vivía su vida libre de cadenas.

Una vida tranquila y libre de problemas que poco a poco se fue oscureciendo con los años, perdiendo su plateada luz inicial y sumiéndose en las oscuras tinieblas de la realidad.


Bueno, supongo que cada cual tiene sus opiniones - Contestó - Recibí muchos comentarios respecto a eso - En ese momento llegó la camarera con los pedidos y, tras tomarse un tiempo en echar el azúcar y remover el te, contestó - Algunos no muy agradables

Suspiró, y tomó un sorbo. Estaba caliente y delicioso, un tanto agridulce por el azúcar pero le gustaba ese sabor, más aún acompañado de aquella interesante historia sobre Egipto.

Recuperar memorias perdidas sonaba a faena complicada, encantamientos desmemorizantes lo suficientemente bien ejecutados podían ser un verdadero quebradero de cabeza para alguien que deseara recuperarlos, de hecho Hellsing había oídos historias de gente que tras una mala ejecución de la operación de rescate habían quedado más dañada de lo que ya estaba -
Desde luego no es una tarea fácil, Sam - Dijo Katherina - Procura que en el proceso no pierdas tu propia memoria - La historia de las pifias, de los fails al realizar un encantamiento eran el pan de cada día del departamento de reversores mágicos donde había trabajado el antiguo compañero de patrulla de Katherina, le había contado historias como la de un mago que tras tratar de conjurar un expulso se vio autoimpulsado hacia atrás con la mala suerte de caerse de la cornisa y terminar hospitalizado en San Mungo. Algo que, contra todo pronostico, le resultaba gracioso.

Pues yo... En la universidad cursé lo necesario para ser Auror, después realicé las practicas y me aceptaron en el cuerpo - Tomó un nuevo sorbo y alzó la vista para mirarla - Donde llevo ya un tiempo trabajando - Dió otro sorbo y trató de pensar en el pasado, en aquel hombre tan majo que le había tocado para las practicas que a veces podía parecer un poco paranoico pero que era todo un entendido en el tema de cazar magos oscuros - Y poco más... Pienso seguir así hasta jubilarme y tengo las esperanzas de llegar a jefa de Aurores en cuanto esté cualificada - Sonrió - Aunque seguramente falten años para eso, el viejo Olinthus aún tiene unos cuantos años de trote creo yo - Ella entendía por que alguien podría considerar peligroso su empleo, a fin de cuentas las leyendas contaban que día si día también atrapaban magos oscuros y los mandaban derechitos a Azkaban, nada más lejos de la realidad en unos tiempos tan tenebrosos - Nah, la mayoría de veces es papeleo y poco peligro... Estúpida burocracia - Era una triste verdad que pasara más tiempo redactando informes que de redada, algo raro ocurría en el ministerio para que pese a estar en Alerta Ámbar no atraparan ni un solo mago oscuro en meses - De hecho lo más emocionante que tuve recientemente es el asesinato a manos de un Vampiro... Que es mi campo por el mero tecnicismo de que se les clasifica como seres, no criaturas mágicas

Su pasado familiar, así como su apellido, denotaba una fuerte relación de su familia con lo vampírico, y era verdad, tenia una fuerte relación con ese mundo. Sin embargo los tiempos del Conde y sus hijos de la noche habían quedado olvidados en el pasado, donde tan solo las historias de un viejo loco narran un atisbo de crónica de lo que fue en realidad, en verdad el ministerio de aquel tiempo tuvo un extenso problema desmemorizando gente que había visto lo ocurrido.

Quizás por eso la familia Hellsing tiene tanto prestigio en el departamento.
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Sam J. Lehmann el Miér Feb 17, 2016 2:29 am

Sam podía entender a la perfección ese sentimiento al recibir comentarios no agradables en bocas que deberían ser un apoyo y no una ofensa. Ella, aparte de ser en Hogwarts —sobre todo en su primer año— una auténtica sangre sucia, de esas que no se enteran de nada hasta que alguien se lo explica con palabrería para tontos, también tenía ciertas tendencias que no iban acorde con lo correctamente establecido. En base a comentarios horribles que le hicieron ver lo mal que era recogido tanto su pureza como sus gustos, decidió mantener ambas cosas para ella misma. Por esa razón poca gente sabía que era homosexual y poca gente sabía su auténtica pureza de la sangre—Yo recibí comentarios sobre mi inteligencia por ser rubia, aún estando en Ravenclaw —sonrió de manera risueña—Por lo que por norma general, aquellos que actúan de esa manera tan molesta, suelen tener una opinión de lo más burda.

Katherina le preguntó a la instructora que qué había sido de su vida y ella fue bastante superficial con sus más grandes logros, además de los que estaban por llegar. Lo del Cairo fue probablemente lo que más le sorprendió, ya que fue lo que comentó. Sam esbozó una débil sonrisa. No le importaría lo más mínimo perder su memoria, así no tendría que rendirle cuentas a nadie y se libraría de tener que recordar a Rodolphus Lestrange. Aunque evidentemente y a pesar de su débil gesto, no lo comentó—Tranquila. Si voy a eso es porque sé lo que hago.

No quiso sonar prepotente ni soberbia —de hecho Sam de eso es de lo que menos tenía—, quiso sonar tranquila, aunque también sonó poco convencida. En fin, era algo a lo que debía de mentalizarse para ir con ganas y aprovechar su oportunidad y, con suerte, dejar sus obligaciones y ataduras a un lado. Entonces le preguntó por su vida y se quedó sorprendida por el hecho de que le dijera que era auror. En Hogwarts le resultaba tan misteriosa que, de hecho, en dónde más le pegaba que trabajara sería en el departamento de misterios.

Sonrió de manera divertida cuando habló de Olinthus. ¿Quién no conocía al viejo Olinthus en el Ministerio? Era como una eminencia. Sam tenía ya dos cromos suyos en su colección—Eso parece. Siempre puedes hacer que él mismo te declare su sucesora como jefa de aurores —le dijo Sam, con el claro objetivo de destacar frente a su jefe. Luego, además de decirle que la mayoría del trabajo era papeleo, le dijo su mayor y última emoción: un asesinato a manos de un vampiro.

Sam temía a los vampiros y a los hombres lobos de una manera increíble. Había sido la típica niña muggle que crecía a base de historias de miedo en dónde los villanos principales eran vampiros y hombres lobos. Luego creció, entró en Hogwarts y, cuando ya había interiorizado y guardado en el baúl de los recuerdos el hecho de que los vampiros y los hombres lobos no existían, va el mundo mágico y le dice que si. Que son peligrosos, terriblemente sangrientos y que van a matar. Joder, es que no dan cabida a tener un poco de amor por ellos.

No sabía ni qué decir al respecto, aunque su curiosidad fue la encargada de abrirle las puertas ante su indecisión—¿Y han encontrado o retenido al vampiro? —preguntó con sumo interés, ya que si la respuesta era sí, podría andar por las noches más segura por las calles. Si la respuesta era no… mejor no arriesgarse—¿Por qué son considerado seres y no criaturas mágicas? —añadió a su consulta, ya que quién mejor que ella para saberlo. Suponía que de considerarse criaturas mágicas, tratarían con ellas el departamento de control de criaturas mágicas, pero no era el caso. Sam quería saber qué las diferenciaba—Son salvajes y peligrosos, deberían ser considerado lo peor y más peligroso que hay ahí fuera por las noches. Los mortifagos están sobrevalorados... —dijo con una cara de pocos amigos, volviéndose a acordar del único mortifago que había conocido y que le había ganado la partida.
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Invitado el Miér Feb 17, 2016 3:53 am

Katherina parpadeó un par de veces completamente atónita a ante aquella revelación. ¿Sam era rubia? ¿Como era que hasta aquel preciso no se había fijado? A ver... Que en Hogwarts no habían coincidido mucho pero ahora llevaba 15 minutos de reloj charlando con ella y hasta ese preciso instante no había caído en la cosa, extraño el síndrome del cocodrilo bailarín cuando te centrabas tan solo en los ojos de una interlocutora. Francamente bellos y azules.

Su rostro no vario ante la sorpresa pues permaneció con la misma semimueca en todo instante mientras escuchaba -
En efecto, lo mejor es siempre ignorar - Añadió a la declaración de la legeremaga sin ajuiciar lo más mínimo, desde que llevaba dos pistolas y gabardina escarlata había por seguro que nadie, a plena noche, se acercaba a ella.

Que la confianza no falté - Contestó Hellsing entre sutiles risas - Te deseo suerte con tu cometido... o Mucho Ron para saldar las penas de no lograrlo... Si bebes... Claro

Teniendo en cuenta el nada sutil detalle de que ambas estaban tomando te no tenia absoluta idea de si Lehmann le daba al alcohol. Katherina si lo hacía. Todos los días y a las once de la mañana, cuando acababa su turno y estaba hasta los mismos ovarios de la aburrida patrulla sin emociones - Se podría decir que está retenido para siempre en un lugar muy oscuro... Pero no puedo compartir muchos detalles, los siento - Contestó rápidamente a la primera pregunta antes de saltar rápidamente a al siguiente - Por que son seres pensantes... Nadie los quiere pero firmaron el tratado para serlo - Mientras las palabras salían de su boca Katherina removía lenta y pausadamente el contenido de su taza - De hecho los Centauros y las Sirenas rechazaron el pertenecer a la categoría por la mera presencia de estos, aunque a fin de cuentas están muy idealizados - Continuó avergonzada de como se había deformado el concepto del vampiro en los últimos años desde que el loco de Stroker narró los hechos que el antepasado de Viktoria, Abraham, había realizado para derrotar al príncipe de las tinieblas.

Mariconas que brillaban, eso eran los vampiros de hoy en día. Una especie de ser parcialmente asexual que se tiraba todo el día follando pese a su esterilidad (¡Porque oye! Ya que no necesitas condones ¡Aprovechalo!) Una vergüenza... Una puta vergüenza.

Sin embargo lo que decía la ExRavenclaw también era errado. Eran seres inteligentes, con raciocinio y necesidades como cualquier otro ser funcionalmente vivo. No eran bestias como los hombres lobo ni más peligrosos que un mago con su varita -
Realmente son bastante normales, como el resto de los brujos - Contó en un tono que claramente indicaba que respetaba a esos seres. A fin de cuenta un enemigo derrotado se merece tanto respeto como uno que ha salido victorioso - Además... Dudo que busquen el exterminio sistemático de una determinada población - Finalizó entre risas. Desde luego que ella agradecería que un Mortífago se mostrara alguna noche. Eso haría todo más excitante.

Volvió a pegar un sorbo tras remover y justo al acabar lanzó una nueva pregunta a la chica -
¿Y cuales son tus gustos? - Preguntó libremente pues a fin de cuentas eso era una cita y fijo que esa frase estaba en el manual de lo que preguntar en una.

De existir tal manual... Claro.
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Sam J. Lehmann el Jue Feb 18, 2016 12:57 am

Sam iría al Cairo con todas sus esperanzas en ese trabajo. Era una de sus mayores ambiciones desde que tenía uso de razón y gusto por la legeremancia, por lo que se había obligado a dejar de verlo como una obligación para empezar a verlo como una oportunidad— Bebo, a veces —Le contestó Sam ante la premisa dudosa que Kath había dejado en el aire. Ella bebía en abundancia solo en una ocasión: en fiestas nocturnas en dónde salía a bailar, algo que le encantaba, con lo que disfrutaba, pero que no se le daba nada bien. Pero por norma general no bebía más. Para saciar sus penas estaba el chocolate y para celebrar sus hazañas, también. El chocolate es el bien—Recordaré tu remedio en caso de errar —Sonrió.

Cuando Sam preguntó el estado del vampiro, no pensaba para nada “conseguir información de más”, simplemente saber si había un bicho sanguinario por ahí suelto y asesinando personas o si por el contrario lo habían atrapado. Las palabras de Kath fueron más que suficiente—Ni te preocupes, solo quería saber si estaba entre rejas —Dijo con un rostro visiblemente aliviado— No tenía ni idea —Añadió con sinceridad, ya que el tema “vampiros” y “hombres lobos” y “criaturas peligrosas de las que sabe poco” eran cosas que entre menos supiera, se sentía más segura—¿Y hay vampiros registrados a los que se les permite vivir en sociedad? ¿O todos son una amenaza? —Preguntó, consciente de que ella podría responderle sus preguntas—Porque en el caso de haber… supongo que es bajo la promesa de no crear caos o crear más vampiros. ¿Pero se les ofrecen bolsitas de sangre para que no hagan daño o maten o qué narices pasa ahí? —Añadió, con un rostro que denotaba su confusión pero a la vez su interés en el tema. Entonces Kath comparó a los mortifagos con los vampiros y ahí Sam se dio cuenta de su error—Touché —Dijo a la vez que asentía. Los mortifagos buscaban la absoluta pureza en el mundo mágico mientras que los vampiros alimentarse matando humanos. En fin, llamadla loca, pero las dos cosas le parecían igual de horribles a pesar de las claras diferencias.

Mientras Sam sujetaba la tacita de su té de vainilla, la cual estaba a la temperatura ambiente del sol, cogió una galleta y se la comió a la par que escuchaba la pregunta de Kath. ¿Sus gustos? Madre mía, nadie le había preguntado eso antes. Sam se sorprendió ante la pregunta tan sencilla pero a la vez tan complicada y tras humedecerse los labios tras tragarse la galletita, miró a su acompañante—Soy bastante convencional, creo —Admitió antes de decir nada—Me gusta mucho leer y hacer deporte, son dos cosas que tienen que estar en mi día a día o si no me estreso. Adoro las películas de amor y podría pasarme todo un día en el sofá viéndolas. Y hay tres cosas que adoro ahora mismo más que nada… —Elevó un dedo y sonrió ante una pausa—El chocolate, mi gato y mi cerdito vietnamita. Quizás solo por esto último no soy tan convencional —Se encogió de hombros con clara diversión en su rostro—¿Coincidimos en algo o los emparejadores de este evento no han dado en el clavo ni con una sola cosa?—preguntó con una ladeada sonrisa, probando por primera vez su té de vainilla—Dime, ¿y qué hay de ti y tus gustos? Además de dar cazas a vampiros.
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Invitado el Jue Feb 18, 2016 2:12 am

Ciertamente hay un registro de estos - Contestó Katherina con total naturalidad - Pero se les permite vivir en sociedad sin ningún inconveniente, no tienen zonas restringidas como los Centauros y desde luego pueden pasar por un humano si están plenamente alimentados - Fue explicándole la Auror tratando de recordar todo lo que ponía en el manual sobre el tema, a fin de cuentas se lo había tenido que estudiar de pe a pa para los exámenes finales de la carrera - Sin embargo la mayoría prefieren vivir aislados, como los ya mencionados Centauros, a fin de cuentas prefieren no sufrir la tentativa de hacer daño a la sociedad

Una carcajada le salió por su boca con lo de las bolsitas de sangre. Si eso si que sería una opción a tener en cuenta, desde luego, pero sonaba demasiado utópico para lo que era el mundo real - Algunas ONG han propuesto legalizarlo, pero si, en cierto modo se hace, aunque no del modo que crees - Dijo rememorando aquella leyenda humana que parecía triunfar entre el subconsciente colectivo de que los Vampiros manejaban los bancos de sangre Muggles, la cual no podía ser más cierta, curiosa, pero cierta.

Aix lo vampiros... Su edad dorada había pasado, cuando estuvieron a las puertas de gobernar el mundo y moldearlo a su imagen. Ahora no eran más que la sombra del ultimo amanecer, cercanos a la extinción dada que su población, aunque longeva, estaba en sus últimos resquicios.

Quedaban pocos en en Inglaterra, y seguramente en el mundo...

Bah, no seas modesta - Le contestó medio en broma removiendo lentamente lo poco que quedaba en su taza con la cuchara - Lo común es el nuevo atractivo, ya sabes como está la moda actualmente - Dijo sonriendo para seguidamente pegar un sorbo y escuchar con atención lo que tenia que decir, sorprendiéndose con aquellos datos como el del cerdo vietnamita.

¿Quien coño tenía un cerdo vietnamita? Eso si que era raro, al menos para Hellsing. No solo por que Inglaterra era un lugar frio nada bueno para animales habituados a climas más sofocantes si no también por la propia fama inherida que tenia la palabra "Cerdo" Sería arriesgado, desde luego, preguntar sobre las costumbres higiénicas de aquel animal en el salón del te.

Examinó las cosas que había dicho para contestar la pregunta. Si, tenían algo en común y la cita quizás no había sido tan fortuita. Seguía estando no muy convencida de que le hubiera tocado con un mujer pero se conformaba. A fin de cuentas estaba pasando un buen rato -
En efecto... Hay cosas - Contestó con un deje juguetón mientras un extraño brillo se reflejaba en sus ojos, un tanto desmelenada - Pero bueno... Me gusta leer, como a ti. Las armas de fuego me pierden... De hecho tengo una larga colección en la mansión de mi Familia - Tomó un sorbo a modo de pausa y continuó relatando mientras movía las manos en un sutil movimiento - También me encanta mi trabajo... Cosa en la que coincidimos... Y mascotas no tengo... Quizás un par de pistolas pero me temo que no cuentan - Rió de nuevo y examinó con detenimiento el resto de la sala.

La gente seguía con su cita, tirando de lado a lado intercambios de palabra similares a los que Kath y Sam estaban teniendo a aquellas horas avanzadas de la noche. Quizás incluso lo estaba haciendo bien y todo ¡En suprimiera cita! ¡Y con una mozah!
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Sam J. Lehmann el Vie Feb 19, 2016 2:21 am

A medida que Katherina le explicaba cómo funcionaba la vida de un vampiro en la sociedad mágica, Sam se comía una galleta de mantequilla con toda su parsimonia. No le inspiraba nada de confianza eso de que un vampiro pudiera pasar como un humano; Sólo con esa premisa ya le daban ganas de desconfiar de todo el mundo. No obstante, la otra premisa de que la gran mayoría no quiere tener la tentación de herir a ningún humano, le tranquilizó bastante. Los vampiros eran un mundo demasiado amplio, definitivamente—¿Y qué hacen si encuentran a un vampiro no registrado? ¿Le obligan a registrarse? —preguntó con curiosidad.

La carcajada que soltó Kath le hizo plantearse su pregunta. ¿Había sido una pregunta estúpida o algo? Era totalmente plausible el hecho de que un vampiro fuese a algún banco de sangre y pidiese una bolsita para no matar a nadie. Vamos, Sam le daría veinte—Sí, me supongo que el vampiro no va allí a pedir bolsitas al mostrador aludiendo al hecho de que si no se la dan, le hinca el diente a cualquier ser presente —sonrió dulcemente, alzando una ceja—Aunque sería una escena muy graciosa de ver.

Sam entonces, ante la pregunta visiblemente sencilla, le contó sus gustos más típicos. Aquello que antes se le venían a la cabeza simplemente por el hecho de hacerlos más a menudo, porque si se pusiera a pensar, no terminaría nunca de enumerar gustos uno detrás de otros. Bebió de su té —No, me temo que no —dijo divertida—A no ser que les pongas nombres, lo cual sería de igual manera perturbador y adorable —arrugó divertida la nariz con respecto a lo de las armas—Jamás he usado una. ¿Las usas siempre, incluso contra magos? —Podía entender la eficacia de una pistola, tan fuerte y mortal. Pero jamás había visto aurores portando una. Quizás solo la utilizaba contra los vampiros, pero la verdad es que no tenía ni idea.

Sin embargo, el hecho de que a ambas le gustase leer —algo común en el mundo—, hizo que Sam tuviera curiosidad por saber qué tipo de novelas leía. A pesar de que la rubia era muy dada a las películas de amor, en su lectura variaba muchísimo—¿Y qué lees ahora mismo? —preguntó interesada, asumiendo el hecho de que si “leer” estaba entre sus gustos como para nombrar, es que algo leía siempre.

Ahora mismo ella se estaba leyendo un libro de ciencia ficción. La verdad es que era su género más "repudiado" pues prefería las novelas realistas, pero lo cierto es que le estaba encantando a pesar de lo infantil que podría considerarse. Pero a quién va a engañar... de todos los libros que se ha leído, probablemente el 95% le gustasen. Siendo ese 5% restante la saga de Crepúsculo, Tolkien y 50 Sombras de Grey. No podía con Bella y su cara de patata retrasada, ni con las películas ni los libros de Tolkien y, mucho menos, con la lectura erótica de una niña estúpida y un hombre con serios problemas mentales. Por lo demás, Sam solía ser bastante abierta.
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Invitado el Vie Feb 19, 2016 5:07 pm

Katherina conformó una mueca con sus labios similar a una cínica sonrisa cuando escuchó aquella pregunta por parte de la extraña rubia - Muy simple - Afirmó con un cierto deje de superioridad que si lo viera de fuera recordaría al del típico Slytherin - Se les invita educadamente a registrarse, y si se niegan son encarcelados en la institución correspondiente - Más de un caso en los pocos años que llevaba de carrera había ocurrido. Siempre había un chupasangre que se creía lo suficientemente inteligente para tomar a los augures del ministerio por tontos ocultando su existencia.

Sin dudas sería gracioso de ver - Dijo antes de pegar un sorbo al poleo, dando una extensa inspiración a aquel delicioso olor a menta, quizás se pedía otro - Con pajita y todo ¿Te lo imaginas? - Ni ella misma se creía aquel desmelenamiento, no era alguien muy dada a las bromas y quizás la bebida se le estaba subiendo a la cabeza pero ¿Por que no? Quizás es que tenía una idea muy equivocada de las citas pero se lo estaba pasando bien y nadie le había tirado la caña... Todavía.

Aix... hablar de vampiros le gustaba. Sentía una clara admiración por esos seres, quizás por el pasado de su familia o por los encuentros que había tenido con estos desde que había nacido.

Los Hellsing tenían una larga tradición como guardianes de la decencia en el Mundo desde hará ya cerca de 300 años. Eran una de las familias que según los estándares actuales que podían gozar del extraño calificativo de Sangre Limpia. Como si fuera algo bueno que un grupo de familias procreara entre si para mantener la pureza... Eso no podía dar nada bueno se mirara como se mirara.

La necesidad de no decir una respuesta como “Pues si que tienen nombres” vio la luz en cuanto la connotación de perturbador entró en escena. Para Hellsing las armas eran como personas, con su personalidad y gustos. No se podía, por ejemplo, unas munición explosiva en un cañón de poco calibre si deseabas conservarlo, o dardos anestésicos en un ballesta de alta potencia si no querías que el proyectil fuera inútil en su propósito cuando atravesara de lado a lado el cuello de alguien.

Cada arma era un mundo y su modo de uso, aunque a primera vista pareciera genérico, también lo era. Quizás Katherina pudiera parecer una entusiasta de estas, y desde luego que lo era, pero sabía que eso asustaba con facilidad a la gente -
Casi Siempre - Admitió - Osea, hay cosas que no puedo solucionar a tiros, vaya tontería ¿No? Pero en lo que se refiere a la caza de lo que sea si, no hay nada más efectivo que una - Casi le da por abrir aquel pequeño bolso y sacar a sus niñitas, a fin de cuentas Sam había hablado de cerdos vietnamitas ¡Unas pistolas no iban a suponer mucho problema! ¿Verdad?

En privado seguro, pero en un lugar como un salón del te a esas horas como que no...


Ahora mismo la semiautobiografía de Hitler, Mein Kampf - Afirmó aún a sabiendas de que estadísticamente podían tacharla de Nazi - Y siempre llevo la biblia familiar para cuando se la necesita ¡Que es casi siempre! - Ya casi se había olvidado del problema que se le había presentado cuando se percató de que le había tocado con una mujer. Pffffffff... Vaya problema. Mejor no darle muchas vueltas de momento, parecía una cita agradable - ¿Y tu? - Preguntó no exempta de curiosidad dando el ultimo trago a la taza.
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Sam J. Lehmann el Lun Feb 22, 2016 1:58 am

A Sam le gustaba ese método rutinario del trato contra los vampiros. Si no estás registrado o te registras o para la cárcel. Parecía un buen método para tenerlos vigilados y bajo el orden establecido. Que por mucho que le dijeran que habían vampiros buenos o lo que sea… a la rubia nunca le darían buena espina. ¿Seres que beben sangre humana para sobrevivir? ¿Pero eso en qué mundo está bien visto? Aún así, a pesar de que ese tema era uno de los temas que Sam más respeto tenía, consiguió incluso bromear ante sus imaginaciones más ridículas. Rio divertida ante la imagen de ver a un vampiro sorbiendo con pajita una bolsita de sangre, para luego asentir—Parecerían mucho más inofensivos que hincándole el diente a la gente en callejones oscuros, sin duda. Eso sí, perderían todo el respeto que se les tiene, creo yo —añadió con ese tono jovial y divertido. Era curioso que en una cita de San Valentín estuviesen hablando de vampiros, sus rutinas y cómo controlarlos.

Sam eran de esas personas que, a pesar de venir de una familia más muggle que la de nadie y haber vivido casi toda su vida de igual manera, se creía suficientemente dotada de seguridad con su varita. Fue hasta hace poco, cuando le atacó una persona sin varita en el callejón knockturn cuando se dio cuenta de que sin varita no era nadie. Así que en cierta manera, veía lógico el uso de armas. No lo veía del todo bien, pues un arma puede matar sin querer y una varita no, pero la seguridad era lo más importante, sobre todo ahora que parece necesitarse más que nunca.

Así mismo, consideraba que la defensa personal era increíblemente necesaria para alguien que trabaja persiguiendo a los malos. Sam no perseguía a los malos, pero estaba metida en asuntos que, en cierta manera, le habían llevado a buscar un entrenador personal que le hiciera valerse por sí misma. Por lo que después de tantos años, había cambiado totalmente su mentalidad con respecto al uso de la varita, las armas muggles e incluso un entrenamiento para saber defenderte—Entonces solo utilizas las armas cuando vas de caza, ¿no? —Sería un poco injusto —aunque efectivo— que te aparezca delante de un mortifago que hace tres mil florituras de varita, tres giros mortales convertido en humo negro y el paripé del mal personificado con esa máscara de metal para que Kath saque la pistola, pegue un tiro y se vaya por dónde ha venido. Más o menos como Indiana Jones.

Sam le preguntó con curiosidad qué qué se estaba leyendo ahora mismo y no supo diferenciar en su mente que le sorprendió más: si el hecho que se estuviera leyendo la autobiografía de Hitler o el hecho de que llevara una biblia en su bolso. Se quedó sorprendida por ambas bandas—Yo estudié su historia en el colegio al que fui antes de entrar en Hogwarts —informó, dando por hecho así que fue a un colegio muggle, no como la mayoría de hijos de gente purista que estudiaban en casa. Sam se enteró de que era bruja con once años, por lo que antes tenía que ser como una muggle más—Pero nunca he tenido curiosidad por profundizar más de lo que ya sé. ¿Está bien su autobiografía? —preguntó con curiosidad, pues la verdad es que lo que ella sabía era lo básico, eso que sabe todo el mundo y que, por ende, se le conoce como un tipo muy malo—Yo me estoy leyendo un libro de ciencia ficción, llamado la Emperatriz de los Etéreos. Lo empecé ayer y ya voy más de la mitad, no creo que me dure demasiado —Era corto, de esos libros pequeños y de letra más grande de la usual... la típica novela adolescente que tiene más haters que admiradores. Pero oye, Sam leía de todo para poder criticarlo con fundamento. Un entretenimiento vario entre todas sus novelas negras y realistas.

Entonces Sam bebió de su té y quiso preguntarle por lo que le había dado más curiosidad de todo—No te ofendas con la pregunta que voy a hacerte... ¿pero de verdad consultas la biblia tanto? —preguntó sorprendida. Sam había sido criada por sus padres siguiendo la religión, incluso fue bautizada y comulgada con nueve años. ¿Pero ahora? Hasta ella misma sabía que si entraba en una iglesia y los pecados fueran castigados, ella sería la primera en quemarse tras pasar las puertas—Es curioso y extraño ver a alguien tan afín a ella como para encima llevarla en el bolso. ¿La predicas con el ejemplo? —preguntó con una afable sonrisa, pensando entonces en lo evidente. Tiene una biblia familiar en el bolso… y la usa con regularidad. ¿Sería hetero y habían cometido una increíble cagada al unirlas en una cita? A Sam no le importaba, a fin de cuentas Sam rara vez va a esas cosas a ligar, pero a lo mejor Kath esperaba encontrarse con un chico y se había llevado una decepción al ser emparejada con una chica.
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Invitado el Lun Feb 22, 2016 4:56 pm

Si, desde luego, de no ser por sus garras, su fuerza y velocidad serían inofensivos sin los dientes - Quizás te sorprenda, però algunos en el ministerio teorizan de que la desaparición de los incisivos retractiles está a la vuelta de la esquina con esas nuevas practicas - Explicó en un tono fluido - En otras aplabras... Se están quedando obsoletos y la evolución prima

Aquellas teorias de aquel muggle... Darwin se llamaba, eran la mar de interesantes. Su Santa Biblia Anglicana no estaba muy de acuerdo con las mismas però las evidencias eran irrefutables. Hellsing no era tonta, y aquello no se podía negar. Ojalá la Santa Reina entrara en razón pronto y las aceptara por que casi que con esas creencias la androgina vivia en el pecado.

Repasó de nuevo el rostro de aquella chica lentamente percatandose en la extraña barbilla que daba la forma final a su cara. Resultaba redonda ya la vez alargada... Era extraño e inquietante. Katherina tan solo esperaba que su ““““Cita”””” No hubiera pensado mal de aquel acto... Ya sería suficientemente embarazoso que la imaginación se volviera en indirecta.


Bueno... - Contestó la Androgina apoyando ambos codos sobre la mesa y cerrando sus manos una alrededor de la otra para finalizar con su barbilla apoyada sobre aquella forma - Tampoco es que me pueda poner a apagar luces a balazos... Eso sería de retrasada - Contestó entre claras risas dirigiendo su mirada a la Legeremaga. La sola idea de imaginarse tomando no su Jackal si no la pequeña Glock llamada Jimmy y apuntando a una vela para finalizarla de un balazo le hacía gracia. Tonterías como esa hacían que la gente no pudiera tener arma con tranquilidad.

Ella no había estudiado en un colegio Muggle, como muchos de los mismos que compartían su calificativo. No había tneido el placer de assistir a algo Muggle y casi desconocia de su existencia hasta la llegada a Hogwarts. Le fascinaban, de arriba a abajo y del centro para adentro. Usaba sus armas y trataba de conocerlos mejor más allá del aspecto teológico. Eran una pieza fundamental del mundo mágico pues eran por el motivo en el que se guardaba el secreto de la magia. No entendía por que tantos preferían ignorarlos ¡Ojalá ella los hubiera conocido antes!


Básicamente explica palabra por palabra lo que haría de llegar al poder - Sonrió con cierto sadismo - y que por supuesto cumplió - Se echó atrás ahora abandonando aquella posición y apoyó su espalda en el respaldar para tomar la taza de te y pegar un calmado sorbo a aquella ultima porción ya fría - No te haces idea de lo que el mundo se habría ahorrado de haber prestado atención a los delirios de aquel loco - Posó la taza sobre el plato y la miró desafiantemente a los ojos, no para amenazarla, si no por no poder contar aquellas esquirlas del pasado - No te haces idea...

Su voz sonaba desgastada, y con razón. Por aquella época, su Abuelo, Matthew Hellsing, asaltó un campo de concentración donde los nazis, como no, trataban de replicar la inmortalidad Vampirica.

Segun sus experimentos estuvieron cerca, muy cerca. Ya casi lamiendo son su serpentina lengua aquella manzana prohibida, però aún así, se quedaron a las puertas. Les salieron seres inmortales de aquellos pobres judios, cierto, pero no lo que esperaban.

Salieron Ghouls, Strigoi o Zombies Nazis, daba igual como llamarlos, abominaciones de la creación que debían ser purgadas.

No cazaron el culpable, un tal James de esquivo nombre. Quizás algún día Katherina lo encontraría o quizás no. El tiempo lo diría, però hasta entonces la corona de Inglaterra les había prohibido hablar del tema.

Mientras ella yacía perdida en sus temas Sam aprovechó para hablar de aquel libro, el titulo intrigó a Katherina, por lo que no tardó en alzar la voz par apreguntar sobre el -
¿Va de una reina fantasma o algo? - Preguntó a sabiendas de parecer imbecil - ¡Cuanta imaginación tienen estos Muggles!

Cuando le preguntó lo de la biblia la Katherna se quedó callad aunos instantes... Por supuesto que la consultaba. Era una creyente y trataba lo mejor que podía de predicar con el ejemplo, por eso una pequeña aprte de ella estaba disconforme con esa reunión, y otra aprte deseaba permanecer en la misma.

Si, es mi libro favorito... Sirve como tanto guía que como lectura trivial ¡Hay tantas historias! - Exclamó - Y si... Trato de predicar con el ejemplo... Aunque parece que a veces dios me tiene un sendero muy extraño preparado - Añadió mirandola a los ojos - ¿Tu eres creyente?
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