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Crazy youngsters {Circe A. Masbecth}

Invitado el Dom Feb 28, 2016 7:17 am

Luego de haber enviado una lechuza la tarde anterior…

Había asistido a clases durante la mañana con total normalidad y había dejado una nota para que sus amigos no le buscaran por perderse aquella tarde y que se habría llevado el Mapa del Merodeador con él. Cosa que habría hecho aunque no lo necesitara, aún cuando no tuviese intenciones de burlar a ningún profesor, ni de encontrar a ninguna, simplemente por el hecho de que no quería dejar evidencia alguna de que se encontraría con Circe Masbecth, ya que —muy curiosamente— mantenía su “amistad” en total secreto, incluso para sus amigos, lo cual era bastante curioso, pues si acaso alguien llegara a explicarle un motivo, realmente no lo tenía, era algo que simplemente disfrutaba hacerlo de ese modo.

Ya el día anterior se había escapado a la Casa de los Gritos para tomar lo que necesitaba y dejarlo a mano para el siguiente día, por lo que para el receso del almuerzo salió corriendo de la clase y se dirigió inmediatamente a la Sala Común de Gryffindor en donde se echó una ducha rápida y se cambió de ropa para calzarse encima unos vaqueros grises, una camiseta negra de AC/DC, la chaqueta de cuero también negra y unos guantes sin dedos.

Inmediatamente buscó en el Mapa del Merodeador por la etiqueta con el nombre de Circe Masbecth, a quien le pareció ver acercándose al lugar de encuentro, por lo que salió inmediatamente de la Sala Común y bajó corriendo las escaleras, saltándose aquel estúpido peldaño falso del quinto piso, hasta llegar al tercero, en donde miró hacia ambos lados para asegurarse de evitar ojos curiosos antes de leer el Mapa una vez más, asegurándose de que no hubiese profesores cerca para ir a buscar a Circe a su lugar de escondite, teniendo absolutamente ningún problema para encontrarla.

—Hey, rubia —le saludó con una sonrisa torcida —. Te ves… lista para irnos.

Sí, había tenido la intención de decirle un cumplido, pero aquel simplemente no salió de su boca. ¿Cuándo en su vida había hecho un cumplido a una chica que no hubiese sido de una manera indirecta? Hasta ese momento no lo había hecho y dudaba que comenzara a hacerlo ese día. Era la primera vez que veía a Circe con ropa de calle desde había comenzado a fijarse más en ella, y debía reconocer de que se veía bastante bien.

—Tenemos que apurarnos, Filch viene de camino.

Advirtió antes de invitarle a seguirle con un movimiento de cabeza y meterse por uno de los pasillos, en donde volvió a sacar el Mapa para chequearlo muy rápidamente antes de doblar la esquina, más no avanzó más que un par de pasos más allá y se detuvo para mirar a la muchacha.

—Necesito que confíes en mi, sólo por esta vez… Obscuro —conjuró con la varita y una venda negra para ojos apareció en sus manos —. Te enseñaré todo el camino cuando regresemos, si acaso te portas bien conmigo —le sonrió —. Palabra de merodeador.

Si ella accedía, entonces le vendaría los ojos con cuidado y le guiaría de la mano hasta la estatua de la bruja jorobada. Si no… le recordaría que Filch venía en camino y que no tenían mucho tiempo para perder, que de verdad prometía enseñarle el camino después.
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Circe A. Masbecth el Dom Feb 28, 2016 2:03 pm

La última vez que había pasado tiempo a solas con Sirius había sido durante un castigo pocas semanas antes y, desde entonces, apenas habían cruzado un par de palabras en las clases con el fin de demostrar al resto del mundo que su relación seguía siendo la misma de siempre. Por supuesto, Circe no había desaprovechado ni la más mínima oportunidad para meterse con el chico y, por su parte, este había actuado del mismo modo con ella.

Aquello en cierto modo le agradaba pero, como cabía esperar, también hacía que perdiese los nervios. ¿A qué diablos estaba jugando con Black y por qué no dejaba de hacerlo? Si su cabeza funcionase tan bien como presumía de hacerlo, no estaría acabando de arreglarse para salir de su dormitorio. Pero no, su cabeza parecía que había decidido no funcionar como debería y por esa misma razón, no lo había dudado ni un momento tras recibir la invitación de Sirius para escapar de Hogwarts como este había prometido semanas atrás.

Se sentó sobre la cama para acabar de ponerse unos botines negros y se topó con una caja con su nombre sobre esta. La miró y no tuvo duda alguna que era el paquete del que Ian le había hablado. No quería saber ni lo que era, pues viniendo de Ian se esperaba cualquier cosa y ninguna de ellas buena. Pero dado que todos los años se portaba y compraba regalos decentes, le dio una oportunidad para toparse con un conjunto de lencería negra en su interior. Rodó los ojos y soltó una carcajada al ver aquello. ¿En serio Ian le estaba regalando eso? Sí, lo estaba haciendo. Y se encargaría de reírse de él por ello.

Dejó la caja donde estaba sin preocuparse porque una de sus compañeras pudiese verla y cogió su abrigo, sujetándolo entre sus brazos pero sin ponérselo. Bajó las escaleras en dirección a su Sala Común y pocos instantes después salió en dirección a las mazmorras con tal suerte de no encontrarse con nadie.

Muchos aún se encontraban en clase y otros muchos preferían pasar ese tiempo de libertad de los horarios académicos en sus respectivas habitaciones  o en el exterior a pesar de las bajas temperaturas. Por su parte, su plan de cumpleaños era inexistente. Le había prohibido a Ian organizar otra fiesta de cumpleaños porque no tenía ganas de aguantar gilipolleces, por lo que pensaba pasar el resto del día tranquilamente leyendo en algún lugar del castillo. Pero no, aquel plan parecía mil veces mejor. Tan sólo esperaba que no le decepcionase.

Llegó hasta el punto acordado con Sirius y no tardó en verle llegar con toda la tranquilidad del mundo. – Tú también te ves bien, Black. – Ladeó la cabeza mirando al chico de arriba abajo. Ella no era como él en ese sentido. No tenía ningún tipo de problema para soltar cumplidos, aunque sin duda prefería soltárselos a ella misma y, de manera indirecta, lo había hecho con ese marcado “también” en sus palabras.

La mera idea de encontrarse con Filch estando fuera de un armario donde poder esconderse no le agradaba, por lo que no lo pensó dos veces a la hora de seguir a Sirius sin poner ningún tipo de resistencia. Siguió al chico y giró en uno de los pasillos para ver cómo Sirius miraba en un pergamino. - ¿Necesitas un mapa del castillo a estas alturas? – Preguntó la rubia sin entender quién demonios tenía un mapa de Hogwarts y qué necesidad tenía de usarlo. ¿No se conocía aquel castillo como la palma de su mano? Pues que lo demostrase.

- No puedes estar hablando en serio. – Dijo horrorizada mirando la venda que había aparecido en las manos de Sirius. Rodó los ojos, se colocó la chaqueta sobre los hombros tapando así el jersey negro de cuello vuelto que llevaba y apartó su cabello en una coleta que sujetó entre sus dedos. Cerró los ojos sin cambiar la expresión de su gesto mirando en dirección a Sirius. – Date prisa antes de que cambie de opinión.

Notó ola venda zafarse alrededor de su cabeza y hacer presión contra el tabique de su nariz. Movió los labios y estuvo a punto de quejarse pero no lo hizo al sentir la mano del chico sobre la suya. – Como esto sea una de tus bromas, te juro que te enteras. – Y dicho esto, se dejó guiar por Sirius a través de los recovecos del castillo.

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Invitado el Dom Feb 28, 2016 6:38 pm

A punto, pero A PUNTO, estuvo de sonrojarse. Si no hubiese sido porque ver un sonrojo en Sirius Black era tarea difícil, de seguro lo hubiese hecho cuando ella le regresó el cumplido que nunca llegó a salir de su boca y no precisamente porque le hubiesen dicho que se veía bien, sino porque la rubia, a pesar de rubia, no era nada de tonta y había sabido leer perfectamente entre líneas lo que él no se había atrevido a decir.

Rió brevemente cuando la chica le preguntó si a esas altura aún necesitaba un mapa del castillo y que ganas tuvo de presumir ante ella de que ese no era cualquier mapa, pero de verdad Filch venía acercándose con paso decidido y lamentablemente no tenían tiempo que perder.

—Sí, estoy hablando "en Sirius" —le respondió mordiéndose los labios, con el antifaz en sus manos —. Buena chica.

Sonrió para ella, siendo esa la última imagen que guardase la chica en su retina antes que tuviese que cerrar los ojos para que sus párpados se sellasen con aquella cinta negra que él no dudó en atar por detrás de su cabeza, aún cuando todavía le mirase de frente, por lo que sus ojos bajaron luego por lo que quedaba visible de su rostro, como si por primera vez tuviese la oportunidad de mirarle con detalle y de tan cerca. Su nariz pequeña, las casi imperceptibles pecas sobre su nariz y el llamativo labial rojo que definía aún más la forma de su boca durante ese día.

Tragó saliva y cogió la mano de la chica para darse prisa.

—No lo será.

Volvió a darle su palabra y la condujo directamente hasta al estatua de la bruja jorobada en donde se detuvo para poner la varita sobre su joroba y susurrar un muy bajito “Dissendium”. Circe sólo pudo escuchar un repentino deslizamiento de roca, como si alguien hubiese movido una de las escultura, pero lo que en verdad se había movido era la roca de su joroba que había desaparecido hasta dejar ante ellos un agujero bastante amplio, aunque estrecho para una persona de tallas mayores. Sirius trepó primero por la espalda de la bruja y coló sus piernas por dentro del agujero de la joroba, antes de girar para tomar a Circe de ambos brazos y arrastrarla hacia él.

—Confía en mi.

Volvió a repetirle mientras la hacía subir hasta el agujero y entonces recibirla entre sus propios brazos dejarla del otro lado, finalmente en tierra firme. El mismo sonido de rocas deslizantes volvió a escucharse cuando la chica ya tuvo ambos pies puestos sobre la tierra.

—Lumus.

La Slytherin apenas fue consiente del nuevo resplandor, sin embargo Sirius, no tardó en sacarle la venda que cubría sus ojos para volver a ofrecerle una sonrisa, esta vez de suficiencia, una de aquellas con la que se demostraba bastante orgulloso de lo que había hecho.

Ambos estaban metidos en una especie de pasadizo, un pasillo mucho más estrecho de lo normal y sin ventana alguna, un pasadizo que descendía gradualmente aunque de cuando en vez también tenía algunos peldaños. Estaba revestido de la misma roca que conformaba gran parte del castillo y, de no ser por la varita de Sirius, sería bastante oscuro.

El pelinegro se adelantó a la chica para antecederla al ser él quien verdaderamente sabía el camino, aunque por supuesto, parecía ser que aquel pasadizo no tenía realmente ningún otro destino.

Travesura realizada.

Volvió a murmurar, esta vez de manera no tan silenciosa, mientras se apuntaba a un costado de su pecho, en donde minutos antes había guardado el mapa por dentro de su chaqueta.

—Te dije que te sacaría —comentó orgulloso.
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Circe A. Masbecth el Dom Feb 28, 2016 7:06 pm

Su estancia en aquel corredor fue más bien breve pues, cuando ambos se encontraron, se vieron obligados a huir por la llegada de Filch, quien parecía decidido a pillarles incumpliendo la normativa del centro aún sin saber ni quiénes eran, ni dónde estaban, ni que hacían. Al parecer había despertado una fijación hacia ellos por parte del hombre y de su gata, pero él ni se había dado cuenta de aquello.

No podía haber dicho aquello en serio. Estuvo a punto de girarse y volver por donde había venido por aquel intento de juego de palabras hecho por su acompañante. Pero ya era demasiado tarde para cambiar de opinión pues, de volver sobre sus pasos, acabaría encontrándose de lleno con Filch y tendría que darle explicaciones de por qué iba con aquella ropa por Hogwarts.

Permaneció inmóvil mientras Sirius acababa de colocar la venda sobre sus ojos y, cuando este terminó, ambos salieron en dirección desconocida para la rubia. No aceleró demasiado su paso por miedo a perder el equilibrio y confió plenamente en no llevarse ninguna pared por delante o tropezar con algún escalón. Confío en que, tal como había dicho, no habría ningún imprevisto referente a que él no se preocupase de la situación en la que ella se encontraba.

De nuevo volvía a sentirse frágil. ¿Qué tipo de fijación tenía aquel chico para hacer que no viese la mitad de las veces que estaban juntos? Aquello de no ver por dónde iba no era algo que precisamente le gustase, pero no quedaba otro remedio. Había aceptado a pasar la tarde con Sirius y tenía que atenerse a las consecuencias de lo que había decidido.

Tan sólo podía escuchar la respiración de Sirius y los pasos de ambos golpeando contra la piedra del suelo, pero todo cambió cuando frenaron en seco. No tuvo oportunidad para decir nada. Apenas un susurro inaudible por parte de Sirius y un corrimiento de roca. Supuso que había movido algo a su paso para dejar a la vista un pasadizo o algo similar, pues todavía no acababa de creerse que aquel chico tuviese un método infalible para salir de Hogwarts sin ser vistos.

Notó los brazos de Sirius sobre los propios y dio un paso hacia atrás sobresaltada hacia un contacto que no se esperaba pero no dijo nada en absoluto. De perdidos al río y si ya había llegado hasta esa situación no podía echarse hacia atrás. Ya no había opción de quitarse la venda y bajar hasta la Sala Común de Slytherin. Ahora sólo le quedaba confiar en la palabra de Sirius y, por supuesto, en sus actos.

Dejó que Sirius tirase de ella y movió su cuerpo bajo las indicaciones del chico sin si quiera ser consciente de lo que estaba haciendo. Notó cómo el suelo desaparecía bajo sus pies y cómo era el cuerpo de Sirius el que hacía exceso de contacto con el suyo. No dijo nada. Se limitó a seguir en silencio como hasta ahora y no tardó en encontrar el equilibrio bajo sus pies de nuevo con el suelo.

La luz se hizo a su alrededor cuando la venda desapareció y Circe se encontró con un lugar totalmente desconocido. – Borra esa estúpida sonrisa de tu rostro. Esto aún no demuestra nada. – Dijo totalmente consciente que tendría que acabar por darle la razón. Pero lo haría lo más tarde posible y, si podía evitarlo, también lo haría. – Todavía podemos estar en la Sala Común de Gryffindor porque no tenéis presupuesto ni para muebles. – Argumentó apretando los labios sin dejar que la sonrisa se dibujase en su rostro.

La cosa tan sólo acababa de comenzar pero ya le había resultado divertida. Sí, tenía ganas de sonreír, pero no lo haría. Tenía más orgullo del que muchos podrían creer que una sola persona pudiese tener.

- ¿Qué me sacarías? – Enarcó una ceja mirando el pecho del chico donde había apuntado con su varita sin tener claro qué diablos había hecho. – Eso está por ver. Por ahora seguimos en el castillo, Black. No te las des de héroe todavía. – Afirmó dándole un golpe en el hombro para seguidamente situarse a su altura y seguir caminando por aquel pasadizo. – Supongo que no es la Sala Común de Gryffindor, no huele demasiado mal. – Miró al chico de reojo y dibujó una leve sonrisa. ¿De qué se hablaba con la gente cuando no era para insultarla? Y, como volvía a sucederle, no tenía ganas de insultarle como hacía con el resto.
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Invitado el Dom Feb 28, 2016 9:31 pm

El hecho de que ella le pidiese que borrara la sonrisa de su rostro no hizo más incrementarla, era inevitable, principalmente porque sabía que efectivamente le sacaría del Castillo y ya la tenía casi con los pies afuera y las rabietas de la chica no hacían más que tentarle a callarle la boca. Una carcajada acabó saliendo finalmente de su boca, cuando ella salió con la idea de que podían incluso estar en la Sala Común de Gryffindor.

—¡Pero que ideas tienes! Si supieras lo calentita y acogedora que es la Sala Común de Gryffindor te morirías de envidia. Porque sí, por supuesto que ya me conozco la Sala Común de Slytherin —volvió a dibujar en sus labios una sonrisita de suficiencia —. He entrado ahí más de una vez, sin que nadie se diera cuenta; sillones de cuero negro, muy espaciosa y con grandes ventanales que dan al lago negro, a las aguas del lago negro, por lo que no es nada extraño ver al Calamar Gigante nadando por ahí.

Sí, estaba muy satisfecho de demostrar a Circe sus conocimientos. Generalmente era algo que prefería callarse, que todos los morodeadores hacían. James solía pavonearse por ser muy bueno en el Quidditch o ir de buen duelista con la varita, pero jamás hacían alarde de conocerse los secretos del Castillo. Eso era algo se reservaban para ellos mismos, pues andar diciéndolo por ahí significaría expandir su secreto, por lo que no, curiosamente, no le molestaba en absoluto comenzar a compartir cosas de ese calibre con la rubia, aún cuando fuese haciéndolo de a gotas, largándolo poquito a poco.

—Créeme, la Sala Común de Gryffindor hule mejor que la de Slytherin, al menos nosotros tenemos ventanas que podemos abrir.

Le sonrió y le regresó el pequeño golpe en el hombro, simplemente porque a veces le ganas de ser un crío picoso y esa era una ocasión de aquellas. Sin embargo, había estado pensando un par de veces en Circe durante aquellas semanas, y ahora que nuevamente estaban solos y volvía a sentirse a gusto con ella y, además, había bien corroborado que por más que se hubiesen picado en clases, ella jamás había dicho nada del tema respecto a haberse mudado a vivir con James, que él sentía que podía abrir un poco más la boca al respecto.

—Me he quedado pensando respecto a nuestra conversación del otro día. Bueno, más que conversación cuando a mi se me escapó de la nada el que ahora esté viviendo con James —le miró —. Quería darte las gracias porque en verdad he comprobado que no has dicho nada por más que te he picado. También disculparme el por como me puse ese día, no es un tema fácil para mi.

Frunció ligeramente el ceño y volvió a dirigir su mirada hacia delante. Aún se veía que les quedaba bastante de pasillo y que éste no parecía presentar ninguna variante en su paisaje y seguía siendo un interminable arco de piedra que a veces descendía con mayor o menos prisa, dependiendo si tenía o no escalas.

—Todo el Mundo me conoce como el rebelde que se ha escapado de casa y renegado de su familia, me ven como el chico guay o como el traidor a la sangre, dependiendo de donde se mire, pero prácticamente nadie, excepto mis mejores amigos saben lo que siento de verdad y no es ninguna de esas dos cosas, es mucho más complicado que ello —se mordió los labios con un poco de duda —. No es fácil ver a Regulus por los pasillos y fingir como si no existiera, así como tampoco ha sido fácil pasar por ejemplo estas primera Navidades lejos de casa, viendo como todo el Mundo está con sus familias y tú no tienes más opción que quedarte solo o simplemente aceptar ser un invasor de familias ajenas. Me provoca sentimientos encontrados, demasiados. Por un lado los odiaba por ser como eran, por no ver más allá de sus narices y darse cuenta lo maravilloso de las personas que juzgaban sin conocerlas, por encerrarme tras barrotes mientras otros niños jugaban en el parque frente a mi ventana, por pelearnos a gritos desde el amanecer hasta el ocaso, por intentar forzarme a ser algo que no era y por ver que se lo están haciendo a mi hermano, pero… aún así… son mi familia, nunca me negaron nada de lo que quise tener y nunca me sacaron de Hogwarts a pesar de que podían. No todo fue maldad dentro de los Black y, gran parte de mi, una parte que en realidad siempre se calla, aún los quiere… y eso es algo que duele.. especialmente cuando te das cuenta de que no los puedes cambiar y que cambiarte a ti sería una traición a ti mismo, sería aceptar ser el títere que nunca quise ser.

Suspiró profundo. En su mente había imaginado antes hablar con ella del tema, pero nunca había imaginado que acabaría diciendo tanto y, que de cierto modo, llegaría incluso a sentir en paz por hacerlo.
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Circe A. Masbecth el Dom Feb 28, 2016 10:51 pm

Por muy cómoda que se sintiese hablando con Circe una parte de sí misma se negaba a comportarse como lo haría en compañía de las personas en las que confiaba. Por ejemplo, la Circe antipática y borde que todos estaban acostumbrados a ver tendía a desaparecer cuando estaba en compañía de Ian, Natalie o incluso Axel, y eso que con este último tampoco tenía demasiado trato. Eran personas con las que sonreía con total naturalidad y no tenía que estar comportándose como una engreída que, en parte, era.

Se mostraba distante con él, incluso un tanto arisca pero es que por más que se forzaba a ser ella misma, se sentía incapaz de hacerlo. Como si de hacerlo acabase por meterse en un problema consigo misma por comportarse así con alguien como Sirius. Por Merlín, apenas un mes atrás no sabía de él más que su nombre y la decepción que era para su familia por haber acabado en Gryffindor.

- ¿Así que has entrado y no has sido capaz de pasar a saludarme? Que desconsiderado Black, y yo pensando que eras todo un caballero. – Dijo con marcada ironía haciendo caso omiso de la descripción que Sirius daba a la Sala Común de Slytherin demostrando una vez más que su conocimiento del castillo era más amplio que el de cualquiera de los demás alumnos que vivían en él. – Y te sorprendería lo agradable que es ver al Calamar Gigante un lunes por la mañana. Vas mucho más despierto a clase. – Añadió ladeando la cabeza y aguantando aún el impulso de sonreír ante sus palabras.

Se cruzó de brazos y miró a Sirius con cara de pocos amigos sin frenar el paso por aquel sendero poco iluminado. - ¿Quién te ha dicho que nuestra Sala Común huele mal? Nosotros no necesitamos abrir ventanas porque no huele mal. Por favor, ni que eso fuese un picadero nocturno… - Nótese la ironía, porque no era raro escuchar cómo alguien lo pasaba bien en la Sala Común mientras los demás intentaban dormir.

Aquella conversación era como la de dos hombres discutiendo sobre quien la tenía más grande y, hasta que se la enseñasen, no llegarían a una conclusión clara. Y en este caso, al ser dos personas tan cabezotas, por mucho que vieran que el otro llevaba la razón, no se la darían.

Su cabeza seguía dando vueltas a la estúpida sensación de estar cómoda con alguien como Sirius cuando aquello era algo que no tenía lógica. Él no era el tipo de persona con la que ella se llevaría bien, pero eso no era lo que más le preocupaba. Era el hecho que, después de todo, hubiese sido tan estúpida como para volver a bajar las defensas. Ya no confiaba en las personas. La culpa era tanto de Damon como de Derek. Pero ahí estaba Sirius, luchando contra esas defensas para que, extrañamente, confiase en él ciegamente.

Y es que era una persona precavida. El tipo de persona que prefiere mantenerse al margen de las cosas que pueden hacerle daño. Pero esta vez no. Esta vez por mucho que pensase que hacía mal, no estaba actuando como su mente le pedía lo que hiciese. Simplemente se dejaba llevar y disfrutaba de la compañía.

Cuando la conversación se puso algo más seria no supo qué decir. – ¿Y qué gano yo contando que vives con Potter? – Enarcó una ceja sin apartar la mirada del chico. – A mí no me importa lo más mínimo con quien vivas o quien dejes de vivir. – Hizo una leve pausa y volvió a cierto tema de referencia entre ambos. – Además, por mucha mala imagen que tenga, no todo lo que dicen es siempre cierto. Creo que ya lo has comprobado. – Ninguno de los dos era partidario de ir por ahí juzgando a los demás, pues de haberlo hecho en aquel momento estaría cada uno por su lado.

No dieron ni un par de pasos cuando Sirius volvió a abrir la boca. A Circe aquello le incomodaba. No sabía qué decir en aquellos momentos. No era una persona emocional. No sabía cómo reaccionar ante ese tipo de estímulos pues si ya le costaba comprender sus propios sentimientos y emociones, comprender de los demás era una verdadera encrucijada para ella.

Pero como en todo lo demás, Sirius había demostrado ser una clara excepción. Pues con él sí sabía lo que era la empatía. Con él era capaz de sentirse mal por verle mal y eso hacía que perdiese la paciencia y tuviese ganas de volver sobre sus pasos aún sabiendo que la salida estaría cerrada.

No lo hizo. Se limitó a escuchar todo lo que el chico decía sin mediar palabra hasta que, por fin, terminó de soltar todo lo que pasaba por su mente en aquel momento. No supo que decir, por lo que se limitó a acercar su mano a la del chico y apretarla levemente para luego soltarla y mostrar una pequeña sonrisa entre sus labios en busca de despertar en él otra sonrisa. – Mira el lado bueno, eso que te ahorras en regalos de Navidad y cumpleaños. – Dijo en un intento de broma. – No soy buena para estas cosas, no te ofendas. – Se encogió de hombros mirando hacia el final del pasillo, o más bien, hacía la oscuridad en dirección a la salida.

Tragó saliva y volvió a agarrar la mano del chico, esta vez obligándole a frenar con ella. – Pero escucha una cosa. Está claro que ninguna decisión que tomes te va a parecer la correcta. Siempre estará el “y sí…”, pero has tomado esta decisión y está bien que lo hayas hecho. Te has puesto por delante de las tonterías infantiles de un grupo de adultos con menos cerebro que los de Hufflepuff. – Hizo una leve pausa y siguió con la vista clavada en los ojos del chico. – También está claro que vas a mirar hacia atrás y ver las cosas buenas y las malas. Les odiarás por todas las malas y pensarás que si tú hubieses sido diferente todo habría sido bueno. Pero no es así. No es tu culpa. Nada de esto lo es. – No sólo le estaba hablando a él, sino que en parte se estaba hablando a sí misma por sus últimas decisiones con Derek. – Recuerda lo bueno como lo que es, un recuerdo. Y lo malo como algo que te va a hacer aprender en un futuro. Nuestras experiencias son las que nos definen y tú con eso has madurado, aunque no sea de la mejor forma posible.

Soltó todo aquello casi sin respirar y luego, como si nada, miró que estaba con la mano del chico entre la suya propia. La soltó rápidamente de manera exagerada y siguió caminando. . - ¿Y aquí es dónde piensas matarme y esconder mi cadáver entre las paredes? – Preguntó cambiando de tema drásticamente.
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Invitado el Lun Feb 29, 2016 2:27 am

—No he vuelto a entrar desde que te conozco. Tal vez es que me espantas —respondió inmediatamente con una sonrisa torcida.

Lo de ver el Calamar Gigante un lunes por la mañana le pareció divertido, curiosamente porque sabía que para la chica no tendría ninguna gracia, pero sí la tendría para él. A él le gustaban los animales y las criaturas, él mismo podía transformarse en uno y a veces lo hacía nada más que para poder acercarse a otras más salvajes, las que seguramente huirían si se acercara como humano. Lo único que lamentaba es que como perro era incapaz de tomar una fotografía, pero la experiencia siempre quedaba para sus ojos.

Notó la mirada de Circe sobre la suya cuando comenzó a tocar el tema que antes habían dejado a medias. De cierto modo sentía que necesitaba retomarlo, en parte agradecido por su silencio y en otra porque inexplicablemente sentía que en ella podía confiar, pero —a diferencia de ella— Sirius simplemente fluía y no se cuestionaba el porqué, ni como aquello le hacía sentir. Seguramente, acabaría teniendo una crisis si acaso se pusiera a pensar cada cosa que hacía, era demasiado impulsivo como para detenerse a analizar sus actos.

Comenzó así a desahogarse de de la gran mayoría de las cosas que pasaban por su cabeza en cuanto a su familia, mientras comenzaba a invadirle ese extraño sentimiento de tristeza que rara vez llegaba hasta él. Caminaba casi por inercia, como si no pensara lo que hacía y simplemente se dejara llevar hasta el final de ese pasadizo y no fue sino hasta sentir el roce de la mano de la chica que repentinamente regresó a la Tierra.

—Ya lo he pensado —admitió con una sonrisa.

Era verdad. Sirius, a pesar de todas las cosas, siempre luchaba por mantenerse optimista y eso de ahorrarse regalos era una de las primeras cosas que había pensado en cuanto se había sentido nostálgico a causa de la recién pasada Navidad.

Pero ella no dejó ahí, sino que además tomó su mano con mayor firmeza para detener su caminar y obligarle a centrar toda su atención en ella y sus palabras. Palabras que en verdad le sorprendieron, ya que no se las esperaba, ni de parte de ella, ni de nadie. A punto estuvo incluso de abrazarle y agradecerle, si no fuera porque ella pareció reaccionar al darse cuenta que aún tenía la mano de él entre las suyas y la soltó tan rápidamente como si él tuviese la peste. Sirius soltó una carcajada.

—Pues… no es una mala idea ¿sabes? Ni siquiera los profesores conocen este pasadizo, nadie pasa jamás por aquí y gritase cuanto gritases, jamás te oirían —le sonrió —. Sería una buena manera de ayudarte a esconder tu vergüenza antes de que otros se enteren de que en verdad eres buenita.

Comenzó a caminar inmediatamente con ella, retomando su posición a su costado, al tiempo de que las paredes de aquel pasadizo comenzaban a cambiar de textura, volviéndose mas rocosas y oscuras, como si a partir de ese momento comenzaran a abandonar el Castillo e iniciaran a adentrarse en el manto terrestre.

—De verdad disfruto de tu compañía y agradezco mucho tus palabras. Quería que lo supieras antes de morir —le sonrió —. James, Remus y Peter eran los únicos que sabían de ello antes que tú. Y sí, estoy muy consciente de todo lo que me haz dicho, que es lo más sensato, aceptarlo como es y seguir adelante, pero… —se rascó la cabeza y resopló con frustración —Regulus, también se trata de Regulus. De cierto modo siento que aún puedo hacerlo abrir los ojos antes de que termine odiándolo por no querer escucharme. Pero, por el otro lado, evitarlo resulta más fácil que enfrentar una nueva discusión con él, a veces siento que discutiendo con él sólo lo empujo más en su obstinación de ser el perfecto hijo para los Black, ese que yo no nunca fui, pero…

Negó con la cabeza, no era fácil hablar con su hermano a solas cuando los dos parecían evitarse, precisamente para no llevar sus problemas familiares allá donde toda la escuela pudiese saberlo. Tampoco sabía si era lo correcto, si le ayudaba o realmente le empujaba más al borde del caos que podría ser su vida.

—Es complicado… Casi puedo verlo uniéndose a la gente equivocada —volvió a fruncir el ceño —. Supongo que ya has escuchado hablar de los mortífagos…
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Circe A. Masbecth el Lun Feb 29, 2016 4:15 pm

No era empática. Nunca lo había sido y se negaba a serlo por escuchar cómo se sentía Sirius. ¿Y a ella que le importaba cómo se sentía después de haber perdido todo contacto con su familia? ¿Y a ella que le importaba que se hubiese ido de casa y tuviese que convivir con James y el resto de su familia? No era su problema. Ella sólo debía preocuparse de sí misma y de nadie más, como había hecho durante toda su vida.

Pero no. Con Sirius aquella opción no estaba en la lista. Con Sirius sentía la necesidad de escuchar lo que tenía que decir, pero aquello no era lo peor de todo. Lo peor de todo es que con Sirius era capaz de imaginarse cómo era estar en su situación. Quizá no se debía a la persona en sí, sino en su propia situación actual en la que no era ni un fantasma de lo que había sido tiempo atrás.

Ya no era tan cruel e indiferente al mundo como antes. Ahora que sabía lo que era pasarlo verdaderamente mal era incapaz de ser igual que como lo había sido tiempo atrás. Seguía siendo una hija de puta, sin duda. Pero en menor medida, pues había pasado a ser algo similar a un autista con el resto de la humanidad.

En cuanto habló, volvió a cerrar la boca y a obviar el tema, avanzando pro aquel lugar con total tranquilidad, como si nada hubiese pasado. Como si no hubiese demostrado a Sirius que realmente le importaba cómo se sentía y que, de alguna forma, quería ayudarle a que se sintiera mejor con la situación que le estaba tocando vivir en ese particular momento de su vida.

- ¿Quién te dice a ti que voy a resultar fácil de matar? – Elevó una ceja ladeándose en su paso por aquel pasillo para mirar a Sirius a la cara. – A lo mejor eres tú el que acabas gritando y nadie se entera que he estado aquí contigo. – Añadió con el mismo tono de voz de superioridad que tendía a mostrar en todo momento, pero esta vez aquel tono estaba marcado por el propio humor escondido en sus palabras, por una sonrisa a punto de dibujarse en sus labios que ella misma se negaba a que surgiese.

La sonrisa surgió en sus labios cuando le dio la espalda al chico para seguir caminando un par de pasos por delante de este, pero rápidamente desapareció cuando volvió a abrir la boca. Esperó a que Sirius se situase a su lado, bajando así el ritmo de sus pasos y volvió a mostrarse indiferente a su comentario, como si ella no disfrutase también de la compañía del chico.

- En mi esquela no lo pongas, prefiero que ese secreto se vaya contigo a la tumba. – Devolvió la sonrisa al chico. ¿Qué esperaba? ¿Un abrazo? Suficiente que le había tocado cuando odiaba el contacto humano. Suficiente que le había escuchado y encima dado palabras de ánimo cuando en cualquier otro momento y a cualquier otra persona le hubiese mandado guardar silencio porque el silencio era más soportable que sus lamentos.

Si existía una palabra que pudiese definir el estado de Circe en aquel momento esa era la incomodidad. Sirius hacía que se sintiese bien, que podía confiar en él, que de algún modo viese algo de luz en el mundo. Pero aquella muestra de afecto por su propia parte y la sinceridad del chico ante una casi completa desconocida le hacía sentirse fuera de lugar.

- Tu hermano es lo suficiente mayor cómo para tomar sus propias decisiones y está claro que ha antepuesto tener una buena imagen ante tus padres que soportar tu presencia. Y es lógico, eres insoportable, Black. – Añadió aquello al final de sus palabras intentando darle un toque de realidad donde volvía a ser cruel con él. – Mi hermano mayor se fue de casa cuando yo tenía… Seis o siete años. Mis padres no soportaban la idea de que hubiese acabado en Ravenclaw y con los años demostró que no quería ser cómo ellos. No tenía intención de conseguir un buen puesto de trabajo con renombre ni de ir con la cabeza alta por un apellido que ni él había elegido. Así que él hizo lo mismo que tú y cuando pudo, se fue de casa. – No recordaba hacía cuánto había sucedido aquello, tan sólo las miradas de reproche de sus padres y la indiferencia ante la noticia por parte de todos entre las paredes de la mansión. – A veces pasa por casa para intentar liberar a algún Elfo Doméstico o sacar de quicio a mis padres, ya que mi madre todavía lo invita a las celebraciones porque sueña con tener una gran familia feliz. – Hizo una pausa y siguió avanzando, mirando esta vez a las paredes en lugar de a Sirius.

En fin, lo que quería decirte es que dos de mis hermanos dejaron de hablar con él en cuanto se fue de casa, aunque su relación ya había sido mala por no ser como se esperaba que fuese. Otro de mis hermanos parece ir por el mismo camino, así que con él sí se sigue hablando. Y yo elegí que, aunque no estuviese de acuerdo con su comportamiento, respetaba que pensase de manera diferente. – Miró esta vez a Sirius y dibujó una sonrisa ladeada en sus labios. – Sigo hablando con él y aunque a mis padres no les pareció bien al principio, se acabaron acostumbrando a ello. Cada uno decide cómo pensar y no tiene por qué seguir al resto como si no tuviera cerebro propio. – Negó con la cabeza y miró nuevamente en dirección al largo pasillo que parecía no llegar nunca a su fin. – A lo mejor un día madura y se da cuenta de lo equivocado que estaba. Y si no lo hace, tú no te estás perdiendo nada de una persona que no merece la pena.

No pensaba tocar el tema de los Mortífagos. Era un tema demasiado cercano que, si no trataba con cuidado, podría demostrar que conocía bien de cerca aquella organización. Dos de sus hermanos eran miembros de las filas de los Mortífagos y sus padres apoyaban sus ideales, por lo que prefería mantenerse al margen de aquella conversación lo máximo posible.

- Que tome la decisión que quiera. No tiene cinco años, deberías dejar de preocuparte tanto por alguien que sólo te da problemas. – Afirmó con total despreocupación por el tema. - ¿Este pasillo nunca se acaba?
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Invitado el Lun Feb 29, 2016 9:48 pm

Sonrió al escucharle decir que prefería que el secreto de su bondad se fuera a la tumba con él. Era algo que esperaba escuchar, ya que Circe parecía de verdad tener una personalidad arisca, la cual le gustaba mantener. No era una chica que anduviese haciendo de amigos en todos los rincones del Mundo, y eso era algo que él le gustaba. Era precisamente una de las razones por las que insistía en mantenerse a su lado, ya que las excepciones que la rubia parecía hacer con él, le hacían sentir especial y —al mismo tiempo— sentir que ella también era especial para él.

Alzó los hombros con aceptación cuando ella le dijo que era insoportable. No es algo que no supiera o que jamás se lo hubiesen dicho. Su extraño sentido del humor no era lo más fácil de llevar, sobre todo cuando iba aquel iba acompañado de una lengua completamente desprovista de pelos, a la cual le daba madre llegar y soltar sus opiniones al respecto de los demás.

Pero lo sí llegó a sorprenderle es que ella comenzara a abordar nuevamente el tema de su propia familia y que esta vez le explicara más de lo que habían sido sus hermanos, algo que ya habían hablando de forma fugaz durante el encierro que habían tenido en el armario escobero de las mazmorras del Castillo. Escuchó con total atención, le gustaba conocer esas cosas de la rubia, sobre todo porque sentí que en parte también le entendía y le consideraba una persona lo suficiente madura y cuerda, como para incluso atreverse a pedirle un consejo.

—Lo sé —reconoció —. Sé que las decisiones son suyas y que puede decidir lo que quiera, pero ese es el problema, que está decidiendo lo que mis padres quieren y no creo que él sepa precisamente que es lo que el quiere, y si ya lo sabe… creo que está equivocado, pero aún así no puedo sentir que no vale la pena. Es mi hermano, mi hermano menor, no puedo evitar no sentirme responsable.

Suspiró y miró alrededor, intentando reconocer —a través del tipo de material que revestía el pasadizo— el lugar por donde iban. Pues sí que era un túnel largo, aunque él ya se había acostumbrado a recorrerlo.

—Ya hemos salido del Castillo, ya no queda tanto, pero sí, es largo. Debes tener en cuenta que comienza en el tercer piso de Hogwarts y acaba en Hogsmeade, por tanto tenemos que pasar por debajo del castillo mismo, sus terrenos y el Bosque Prohibido.

Alzó los hombros. Él ya estaba tan acostumbrado a aquel túnel que para él parecía corto. Sin embargo, recordaba la primera vez en la que lo había caminado; junto a sus amigos, habían pensado más de una vez en regresar tras sus pasos, pensando que continuaba y continuaba sin llegar a ninguna parte, y es que finalmente era un gran trecho, pero era un trecho en el podían aprovechar de conversar y planear lo que iban a hacer en el pueblo, pero con Circe era diferente. Con Circe no planeaba sus siguientes travesuras, sino que descubría cosas de si mismo que jamás hubiese pensado descubrir y eso le resultaba tan grato como la compañía de sus mejores amigos.

—No me respondiste lo de los mortífagos, así que supongo que no sabes de lo que hablo —insistió de pronto —. Son un grupo magos enmascarados que últimamente se han encargado de hacer desaparecer a un par de personas con el fin de “limpiar la Comunidad Mágica de la existencia de magos impuros” —comentó dibujando las comillas con sus propios dedos —. Son asesinos… —bajó la mirada —No me gustaría que mi hermano acabase ahí, no… no son magos a los que puedes dar la espalda si luego te das cuenta de tu error. Son asesinos —volvió a repetir —, le matarán si se dan cuenta que él no es como los demás, si él abre los ojos…

No, Sirius realmente jamás se había detenido a pensar que tal vez Circe pudiese pertenecer o tener familia en él, ya que desde el día en que la había conocido, que ella se había mostrado con pensamientos claros y totalmente opuestos a la causa mortifaga. Era tanto su seguridad que incluso estaría dispuesto a poner las manos al fuego por ello, pero claro, siempre existía la posibilidad de que se pudiera quemar.
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Circe A. Masbecth el Mar Mar 01, 2016 3:51 pm

Por más que le daba vueltas al tema no lograba entender por qué razón alguien podía preocuparse tanto por una persona que no fuese él mismo. Sirius parecía realmente preocupado por las decisiones que estaba tomando su hermano y Circe no comprendía cómo no se había cansado de hacerlo ya.

Regulus no tenía precisamente cinco años y no sabía lo que hacía. Sabía que había elegido un camino y su hermano el otro y, lo más posible, es que no le estuviese dando tantas vueltas al tema como lo estaba haciendo Sirius en aquel preciso instante. Circe no tenía apenas trato con Regulus fuera de considerarlo un compañero más de casa y con quien pasaba algo más de tiempo por ser Prefecto, pero tampoco sabía mucho de cómo era o cómo se sentía respecto a la situación con su hermano.

- Supongo que es lo bueno de ser la menor entonces.  – Se limitó a encogerse de hombros. No era dada a muchas palabras y Sirius ya había escuchado suficiente por su parte. Además, ¿Qué iba a decirle? No conocía a Regulus como para juzgarle por sus acciones y es que si él consideraba que era la mejor decisión, ¿Para qué meterse en medio? - ¿Antes de todo os llevabais bien? – Preguntó intentando comprender algo más la situación pues, aun cuando lograba entender a Sirius en muchas cosas y ponerse en su lugar, no era capaz de hacerlo en esa situación.

En cualquier otro momento le habría dado igual, pero quería entender lo que no entendía. Y en este caso, era por qué Sirius sentía eso respecto a su hermano. A pesar de la empatía que había empezado a desarrollar con el chico, aquello se salía de sus propios límites y quería entenderlo. Realmente tenía curiosidad por comprenderlo.

Lo que decía Sirius respecto al camino era cierto. Habían andado bastante, pero teniendo en cuenta que iban a salir por Hogsmade, entendía que fuese tan largo. El problema era que aquella frase sólo la había utilizado para cambiar lo más rápido que pudo de tema. Fingiendo que no se estaba preocupando por lo que sentía el chico y lo que decía. Y es que, extrañamente, sí le preocupaba cómo se sentía Sirius.

- Sí sé quiénes son. – Añadió incómoda con el tema. Pero estaba tan incómoda con cualquier tema que sacase Sirius que aquella incomodidad no podía ni percibirse. Era cierto que el chico le daba la libertad de ser ella misma y relajarse, pero la empatía que sentía con él hacía que esa comodidad desapareciese para tornarse en lo opuesto. – Leo El Profeta y últimamente aparecen cada vez más. – En las últimas semanas había leído sobre varias desapariciones, nada de asesinatos por el momento. Pero no era la primera vez que aparecían en las páginas de la prensa, y eso que la prensa apenas nombraba los sucesos y se callaban la mitad de ellos para no preocupar a la Comunidad Mágica.

- Sirius, si tu hermano considera que los nacidos de muggles y los traidores de sangre deben desaparecer no tiene por qué unirse a los Mortífagos. – Argumentó la rubia. Su propia familia estaba a favor de esos ideales y ni su padre ni su madre tenían intención de alistarse en ese grupo de magos tenebrosos. – Y si decide apoyar la causa y unirse a ellos… - Ladeó la cabeza mirando al chico. – Tienes razón, de ahí no saldría con vida. Pero tú no puedes hacer nada en su decisión. – Hizo una pausa intentando pensar en una decisión respecto al tema. Pero nada. – Puedes probar con la maldición Imperius, golpearle la cabeza y encerrarle en un armario o darle un filtro de amor para que se enamore de una muggle y quizá así cambie de opinión. Aunque si recupera la cordura o se escapa del armario quizá intente vengarse y acabes muerto. – Rodó los ojos y forzó una leve sonrisa intentando dar ánimos aunque no fuese capaz de hacerlo con palabras.

- No sirvo para estas cosas. – Añadió avanzando por el corredor sin darle demasiadas vueltas al tema. Ella no era dada a dar ánimos y si Sirius hubiese compartido sala común con ella durante los años previos se daría cuenta que debía agradecer aquellas palabras más de lo que pensaba. -  No sé, cada persona tiene sus ideas y es difícil sacar a alguien de ellas. A lo mejor se da cuenta de su error antes de meterse en problemas pero, no te ofendas, pero no te merece la pena darle tantas vueltas al tema. No entiendo cómo te puede importar tanto alguien que te ha rechazado de esa manera. – Circe no tenía un concepto de familia donde todo era de color de rosa, pero tenía claro que si sentía el más mínimo rechazo por parte de cualquiera de sus hermanos, no volvería a preocuparse lo más mínimo por ellos. Aunque tampoco es que se preocupase demasiado por ellos.

- Y ahora sonríe y vuelve a ser el mismo capullo insoportable de siempre o me volveré por dónde he venido.
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Invitado el Mar Mar 01, 2016 8:06 pm

Nunca lo había pensado, quizás Circe tenía razón y todos sus quebraderos de cabeza se debían a que él era el mayor. Por un momento no le pareció demasiado justo y hasta sintió un poquito de envidia por su hermano menor, pues pensándolo mejor, las cosas habrían sido muy diferentes. Sirius no habría tenido sobre sí todo el peso de la tradición familiar y quizás con sus padres tampoco se hubieran odiado tanto, quizás ellos incluso le hubiesen dado un poco más de libertad y no habría tenido que andarse comiendo la cabeza por el bienestar de su hermano menor. Todo habría sido de verdad más fácil, aunque por supuesto eso era algo que no podía cambiar.

—Sí —respondió de inmediato, cuando ella le preguntó si antes se llevaban bien —. Como todos los hermanos, supongo. Tuvimos alguna diferencia, pero él era mi hermanito menor, ese que me seguía en todas mis locas ideas y se metía en mi cama cuando tenía miedo. Claro que cuando empecé a tener problemas con mis padres por mi comportamiento, él empezó a adoptar una actitud más neutral, ya no me seguía en todas mis ideas e intentaba convencerme de que no me metiera en problemas y, cuando ya entré a Hogwarts, deje de vivir en casa y fui seleccionado para Gryffindor, las cosas cambiaron aún más. Regulus comenzó a convertirse en lo que yo nunca fui para mis padre, e incluso comenzó a ponerse de su parte, me acusaba con ellos y peleábamos más, pero aún así nunca me quitó la palabra… hasta que me fui de casa —volvió a bajar la mirada —supongo que siente que le he dejado solo.

Continuó caminando junto a la muchacha, indicándole que en verdad no quedaba tanto, aunque faltaba más o menos la mitad del camino. Era un pasadizo largo, y por supuesto se hacía más largo al no tener otra cosa que mirar que no fuese roca, tierra y de vez en cuando la raíz de algún árbol que se asomaba por dentro.

Sólo asintió con la cabeza cuando Circe le dijo que sí sabía quienes eran los mortífagos, por lo que él no esperó más para soltar sus temores para con Regulus, pero ella tampoco tardó en dar su opinión, la cual una vez más era mantenerse al margen. Aunque esta vez, aún cuando fuesen de broma, le brindó un par de otras alternativas, dentro de las cuales hubo una que especialmente le llamó la atención y le hizo sonreír.

—Sabes que voy a considerar seriamente la del filtro amoroso con una muggle ¿no es verdad? —le preguntó con una sonrisa traviesa —No es que espere conseguir nada a través de ella pero me parece genial… ¡Y luego enviar una fotografía muggle del beso a mamá y papá! ¡SÍ! ¡Me encanta! Eres una genio, Julieta.

Si Circe había dudado de que lo haría, seguro que su entusiasmo le convencería que acabaría llevando su idea a la realidad.

—Es la sangre, supongo —respondió cuando ella admitió no entender como podía importarle tanto alguien que le daba la espalda de ese modo —. Sí, mis padres también lo son, pero Regulus es menor, aún no sabe lo que hace, es un títere y de cierto modo le siento como mi responsabilidad… aún. Tal vez cuando le vea sin vuelta atrás y que ya hace lo que hace porque él quiere y no porque mis padres le dicen, pues… puede que comience a odiarle tanto como a ellos… No lo sé.

Alzó los hombros, sintiendo sobre sus hombros una vez más el peso de ser el hermano mayor y, por supuesto, también sintiéndose un poco culpable de haberse marchado de casa y haberle dejado a solas. Pero así, aún con todo eso encima, Circe tuvo la capacidad de volver a hacerle sonreír al amenazarle que volviese a ser el mismo insoportable capullo de siempre o de lo contrario ella se regresaría por donde habían venido.

—Venga, te echo una carrera —dijo de pronto, sacando a flote uno de sus lados mas infantiles —. Si llegas primero al final del túnel, prometo hacer una cosa que tú me pidas, lo que tú quieras —sonrió —. Y, te doy diez segundos de ventaja.

Y curiosamente, muy a lo contrario de sus pronósticos… ¡La chica aceptó! y entonces apoyó uno de sus brazos en la pared, deteniendo su caminata, y comenzó a contar en voz alta.

—Diez, nueve, ocho…

Circe no perdió tiempo alguno en echarse a correr y, para sorpresa de Sirius, corría bastante rápido. El pelinegro comenzó a preocuparse y cada número que contaba, su sonrisa bracucona se borraba más y más.

¿Qué mierda? A punto estuvo de echarse a correr antes de tiempo, pero era Gryffindor y ya había dado su palabra de darle diez segundos de ventaja, por lo que si tenía que hacer alguna trampa, lo haría con los vacíos legales. Pero Circe, era Circe, y ella también jugaría sucio de ser necesario.

—¡UNO!

Exclamó a toda voz antes de echarse a correr, pero no dio dos pasos y cayó fuertemente de bruces al suelo. La maldita serpiente le había hechizado y Sirius no pudo más que maldecirla muy de adentro, mientras se ponía rápidamente de pie y… sin pensarlo si quiera… de espaldas a la chica, apagó la luz de su varita y se transformó en el gran perro negro que era, un Lobero irlandés de largas piernas que no tuvo absolutamente ningún problema en sobrepasar a la chica y llegar en dos tiempos a la final del túnel, en donde volvió a ser Sirius Orion Black y se apoyó en la muralla, de brazos cruzados a esperar a la Slytherin a quien dedicó una sonrisita de suficiencia, aún cuando cuando le sangraba un poco el labio y tenía un poco de tierra por debajo de la boca.

OFF: Ultimas acciones de Circe, consultadas a su user (:
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Circe A. Masbecth el Mar Mar 01, 2016 9:36 pm

Si Sirius era capaz de sentir preocupación por ella cuando sabía que le pasaba algo y apenas se conocía, no quería ni imaginar cuántas vueltas debía de dar su cabeza al mencionar a su hermano menor. Circe no comprendía muy bien ese sentimiento pero por las palabras de Sirius tuvo claro que era algo doloroso. Incluso había llegado a sentir perna por el chico y de haber sido una persona más cariñosa y amable, lo más posible es que incluso le hubiese abrazado. Pero no lo haría. El máximo contacto físico que pudieran tener ya había tenido lugar cuando ambos habían quedado encerrados en el armario de las escobas y, además, sus ropas se habían terminado enganchando.

- Tenía la oportunidad de ganarse el cariño de tus padres y no la desaprovechó. Es normal. – Lo que no consideraba normal era que prefiriese a sus padres por encima de su hermano, cuando ella hacía todo lo contrario. – Supongo. – Añadió encogiéndose de hombros, pues no sabía muy bien si eso era lo normal o no lo era. – No creo que sienta eso. Él eligió antes el bando y tú luego te fuiste. Si él te hubiese apoyado o al menos se hubiese mantenido al margen, es posible que aún siguieras en tu casa y no en la de James. – Y de eso sí que estaba segura. Si hubiese tenido alguna razón por la que quedarse en casa lo habría hecho. Pero sí no se llevaba bien con sus padres y la relación con su hermano era cada vez peor, ¿Qué razón tenía para seguir en casa?

Lo peor de las ideas de Circe es que la mitad no eran simplemente ideas, sino intentos para que la gente las llevase a cabo. ¿Y cuál fue su sorpresa? Que en Sirius surtió efecto y despertó esa estupidez tan propia del chico por el cual no dudó en aceptar esa premisa como válida en un futuro.

- Te propongo algo mucho mejor que una muggle. – Dijo Circe totalmente en serio. Sí, por muy irónico que sonase todo, estaba hablando en serio. – Una sangre sucia. Eso es incluso peor, ¿No? Porque esos son los que dicen que roban la magia, están incluso por debajo. – Intentó argumentar para que Sirius viese que enamorar a su hermano de una sangre sucia era lo mejor que podía hacer. – Además, en Hogwarts hay muchas y te será más fácil todo el trabajo. No tendrás que buscar a una muggle capaz de fijarse en tu hermano ni hacer que a tu hermano salir por ahí para conocer muggles. – Elevó una ceja, mirando a Sirius divertida con todo aquello. – Y de paso, matas dos pájaros de un tiro haciéndome un favor a mí. – Carraspeó y comenzó a vender el pastel lo mejor que pudo. – Rubia, con ojos claros, con buen expediente académico y… No se me ocurren más cosas buenas que pueda tener. Bueno… Es una chica fácil. – Añadió ladeando la cabeza. No sabía si Sirius sabía por dónde iban los tiros, pero rápidamente se lo diría. – Quita a Rhea del camino de Ian y estaré en deuda contigo durante el resto de tu vida. Y así tendrás a Regulus controlado. Todos salimos ganando.

No entendía la fijación que tenía todo el mundo para odiar a los demás. ¿No era más fácil ignorar su existencia y seguir tranquilamente con la vida propia? Al parecer resultaba ser una misión imposible para la mayoría de las personas. – Entonces tienes dos opciones. Pasar de él, que parece que no te convence mucho. O hacer lo que esté en tu mano para que se dé cuenta de su error. – Circe era una persona que no se rendía fácilmente y si creía que merecía la pena luchar por algo, lo haría. El problema es que para ella el concepto de merecer la pena distaba mucho al del resto de personas.

- ¿Lo que yo quiera? – Elevó sendas cejas con malicia. No tenía ni idea de qué sería lo que le pediría, pero tenía claro que la idea de tener a Black a sus pies para que cumpliese con su palabra era algo que no rechazaría por nada del mundo. – Acepto. – Dijo frenando en seco sobre sus pasos y esperando a que Black se tomara esos diez segundos de ventaja.

Como ya había quedado claro, no iba a rechazar la oportunidad de reírse de Sirius cuando este le debiese un favor, por lo que haría todo lo que estuviese en su mano por llegar en primer lugar, por lo que, en cuanto este se giró, sacó la varita y unas cuerdas aparecieron en las piernas de Sirius sin apenas hacer contacto con su piel, pero estando ahí, lo que haría que perdiese un par de segundos de su valioso tiempo deshaciéndose de ellas.

En cuanto las cuerdas surgieron de su varita, Circe echó a correr rumbo a la salida, pues parecía no tener pérdida. Pero las luces se apagaron rápidamente y se vio obligada a encender la luz de la su varita, especialmente cuando escuchó cómo Sirius se daba de bruces contra el suelo a sus espaldas. Miró hacia atrás, pero no vio nada salvo oscuridad y siguió corriendo.

Escuchó pasos acercándose a ella y giró la cabeza de manera instintiva para ver a Sirius pero no dio con él. No había nada. Pero sí que escuchó pasos a su lado y se sorprendió al ver cómo un perro de gran tamaño y color oscuro pasaba a su lado a toda velocidad hasta llegar al final del túnel.

Aminoró el paso según logró ver la figura de Sirius y aún con la respiración algo entre cordada por el esfuerzo, se dignó a hablar. – Eso ha sido rastrero incluso para mí, Black. – Dijo fingiendo no estar sorprendida con lo que había sucedido. – No compares atarte las piernas con convertirte en perro para ir más rápido. Aunque ahora está claro porque no te gustan los gatos. – Negó con la cabeza y acortó la distancia entre ambos. Pasó las manos por la parte superior de la camisa del chico, limpiando la tierra que tenía allí, y subió hasta la barbilla para hacer lo mismo. – Te has abierto el labio, por cierto. – Afirmó antes de girarse sobre sus talones y apoyar la espalda de mismo modo en la muralla.

Y entonces surgió la pregunta del millón. Y como persona curiosa que era, no pudo evitar hacerla. - ¿Desde cuándo tienes la mala costumbre de convertirte en perro para ganar carreras? – La diferencia, era que ella no hacía las preguntas del mismo modo que los demás.
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Invitado el Mar Mar 01, 2016 10:37 pm

—En eso llevas la razón.

Le concedió inmediatamente la chica le hizo notar que Regulus había elegido bando antes de que él se fuera de casa. Sin embargo, y no entendía muy bien porque, seguía conservando eso que le hacía sentir que era culpa suya, por lo que se quedó dándole vueltas al asunto hasta que la Slytherin le propuso la idea de cambiar una muggle por una sangre sucia en su tan malévolo plan. Aunque claro, la rubia parecía creer que él sería capaz de mantenerle por siempre hechizado a una chica a través de una pócima de amor y así sacar a Rhea del camino de Ian, pero Sirius sólo había pensado en una poción de amor de poca duración, sólo lo suficiente para tomar una fotografía, enviársela a sus padres y ya está. Su nivel de maldad no llegaba tan lejos como el de Circe, aunque tampoco pensó que la chica tuviese verdaderas serias intenciones, pues de tenerlas, ya lo habría hecho ella ¿o no?

Lo que sí le llamó la atención es que quisiera sacar a una chica del camino de Ian y eso le hizo fruncir ligeramente el ceño, en todas las conversaciones que habían tenido desde aquella noche en el escobero, al único que recordaba en ese momento de sus amigos era ese tal Damon que en ese momento estaba internado en San Mungo, así que como adolescente que era, sacó la más rápida y obvia de las conclusiones; Circe estaba enamorada de Ian.

Hizo una pequeña mueca de desagrado, pero no dijo nada. No entendía porque tenía que ser él el que le hiciera favores para conseguir al chico que le gustaba, y tampoco le hizo gracia la idea de que Circe se hiciera pareja del otro Slytherin. Vamos, que James andaba detrás de Lily, Remus de Danny, y ahora que estaba empezando a hacer amistad con la rubia, ésta ya quería dejarle por otro. No, no le gustó para nada y no quiso decir más, que cuando se enfadaba de ese modo o se callaba o explotaba. Y es más, si podía hacerle el favor a Rhea de unirle con Ian, lo haría.

Por suerte, el asunto de la carrera volvió a ponerle de buen humor, aunque éste casi se rompe otra vez cuando vio que la chica en verdad era rápida y además una tramposa ¡¿Cómo demonios se le ocurría amarrarle las piernas?! Bueno, en realidad la pregunta era ¿cómo a él se le ocurría pensar que sería una carrera justa? No era mucho el tiempo de que conocía a Circe, pero lo que conocía de ella ya era bastante más de lo que la conocía el resto y por supuesto que debía esperarse algo como ello, por eso es que tal vez se apresuró todo lo que pudo en ponerse de pie y en demostrarle que él también sabía jugar sucio. Porque sí, Sirius era Gryffindor, pero tenía también fuertes raíces en la casa de Salazar.

Se transformó en perro, aprovechándose de la oscuridad, para poder ganarle y así lo hizo, aunque la chica hubiese encendido su varita mientras corría, Sirius pensaba que la pasaría tan rápido que ella ni siquiera estaría segura de lo que habían visto sus ojos, pero la rubia era más observadora de lo que él pensaba y no dudó en hacérselo notar.

A pesar de todo, la sonrisita presumida no se borró de los labios del ojigris hasta que la chica acortó las distancias, tomándole de sorpresa, para sacudirle el cuello de la camiseta y parte de su rostro. Actitud que entendió cuando ella le indicó que se había abierto el labio, por lo que se tocó con uno de sus dedos para corroborar que tenía un par de gotas de sangre en éste.

—Oh —volvió a fruncir el ceño mientras se miraba el dedo, pero entonces sonrió al escuchar nuevamente la palabra perro —. No sé de qué estás hablando —le miró directamente —. Pero lo que sí sé, es que me has roto el labio, mes has hecho sangrar y es tu culpa —le mostró el dedo —. Me voy a morir desangrado —asintió con la cabeza —. No tendré fuerzas para abrir la salida del túnel y no recordaré tampoco lo que tengo que decir para poder regresar a Hogwarts, nos quedaremos atrapados aquí por siempre… a menos que… —volvió a sonreír y se apuntó la herida de la boca —me des un besito —rió entre dientes —. No uno de esos de pareja, con lengua y transfusión salival, sólo uno de esos de persona adulta a un niño de cinco años que se ha roto algo y con un besito se le pasa más rápido el dolor. Ni siquiera tienes que cerrar los ojos y prometo por mis propios amigos que jamás le diré nada a Ian.
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Circe A. Masbecth el Miér Mar 02, 2016 4:27 pm

La oportunidad de quedar por encima del otro era algo que ninguno de los dos podía desaprovechar. Tenían esa necesidad de demostrar que eran mejores a los demás pero, cuando se encontraban con alguien como ellos, la lucha de egos iba mucho más allá y la mera idea de quedar en el escalafón más bajo no podía estar dentro de las posibilidades. Los dos sabían de sobra cómo era el ego del otro como para no permitirle ganar y no lo pensaron dos veces a la hora de utilizar tretas en aquella carrera.

Por su parte, la Slytherin optó por un encantamiento bastante simple para hacer surgir de la nada una cuerda que, cual serpiente, trepó por las piernas de Sirius impidiendo de este modo su movilidad. No eran unas cuerdas muy resistentes, sino lo suficiente para hacer que este perdiese tiempo en quitarlas, lo que no pensó era en que este tropezaría y se daría de bruces contra el suelo.

Por la otra, estaba Sirius quien, al darse cuenta de su error en confiar en la chica, no lo pensó dos veces para tomar papeles en el asunto. Su opción fue la más arriesgada de todas, y es que esta consistió en demostrar que no era un mago convencional, sino que tenía una capacidad que muy pocos magos lograban adquirir incluso con años y años de entrenamiento.

Para Circe, aquello no pasó desapercibido. Gracias a la luz irradiada por su varita pudo ver la forma que había topado Sirius y atar cabos cuando volvió a toparse con el chico al final del camino. Lo único que le había adelantado en su carrera por llegar en primer lugar había sido aquel perro negro y, o Sirius había aprendido a desaparecerse hasta en lugares donde no era posible por la seguridad mágica, o aquel perro era la forma que había tomado el chico para volverse más veloz.

Las apariencias de Sirius tras llegar al final del camino no eran las mejores y, para una persona que se fija demasiado en el aspecto de los demás como resultaba ser Circe, aquello no pasó desapercibido. – Pues muere desangrado Black, dudo que alguien te eche de menos. – Argumentó la rubia antes de que este se pusiese a enumerar las razones por las cuales tenía que sobrevivir. Y es que, para Circe, sólo existía una. Y esta era que él conocía cómo salir de allí y, en caso de morir, ella lo haría a su lado un par de días después.

No pudo más que enarcar una ceja al escuchar cuál era el precio a pagar por aquello. Dio un paso hacia atrás, alejándose incluso más del chico y con cara de pocos amigos. ¿Pensaba realmente que iba a hacer aquello? No, por encima de su cadáver se rebajaría a tal nivel. La antigua Circe no lo hubiese pensado demasiado antes de hacerlo, pero no la que era en aquel momento. Había madurado en muchos aspectos y, por nada del mundo, haría aquello. No sabía por quién la tomaba y, a pesar de argumentar a favor de un beso amistoso e infantil, le seguía sin parecer una buena idea.

Definitivamente, se sentía decepcionada con Sirius. Había pensado en él como una persona de confianza, alguien que merecía la pena conocer y que le hacía sentir bien a diferencia de muchas de las personas con las que había convivido durante años. Por lo que aquel comentario llegó incluso a doler. – ¿Eres gilipollas o qué te pasa? ¿Por qué tipo de subnormal me has tomado? – Dijo totalmente molesta y sin esperar argumentación por su parte. Sí, estaba molesta. Pero no sólo molesta con aquello, sino que se sentía decepcionada. Tremendamente decepcionada. Tenía ganas de golpearle y acabarle de partir el labio por imbécil, por tratarla de aquella manera. Y es que a cualquier otra persona le habría dado igual aquel comentario y se habría reído de la gracia, pero no Circe. Ella sabía que en su pasado había cometido muchos, pero que muchos errores relacionados con el género masculino, y aquello le hizo recordar todos y cada uno de ellos. - ¿Y qué diablos me importa que se entere Ian? – Añadió molesta con todo aquello. Si ella tuviese que preocuparse por todas las chicas con las que Ian lograba darse el lote, no tendría otro pensamiento en le cabeza que la simple idea de su mejor amigo comiéndose la boca con medio Hogwarts. O con Rhea, lo cual daba ganas de vomitar hasta al estómago más fuerte.

Se volteó sin saber dónde diablos estaba yendo. Elevó la varita y siguió avanzando por lo que restaba de pasillo, lo cual serían apenas unos metros, pero suficientes para alejarse de Sirius y su propio mal carácter pues, de permanecer más tiempo a su lado sabía que iba a acabar por usar la varita como algo más que simple iluminación en el camino.
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Invitado el Miér Mar 02, 2016 5:13 pm

La sonrisa del Gryffindor se ensanchó en cuanto la vio retroceder, corroborando con ello que efectivamente le había picado el orgullo. Sin embargo, esperaba una respuesta más divertida por parte en la Slytherin, un duelo a varita, una intento de patada en las bolas, una lluvia de insultos, algo más propio de la rubia que le acompañaba que de un animalejo herido, ya que Circe había actuado precisamente de ese modo; como un animal salvaje, poco acostumbrado al contacto humano, por lo que por naturaleza es arisco, uno que no duda en atacar, pero que se retrae en su cueva para recuperar fuerzas cuando se siente herido, sin siquiera en capacidad de confiar cuando se le ofrece ayuda, por lo que la sonrisa triunfal de Sirius tampoco tardó mucho en desvanecerse.

Abrió la boca para decir algo, pero en el momento en que quiso hablar no pudo decidirse si quejarse porque ella sólo le hubiese llamado gilipollas y ningún insulto mas ó preguntarle el que pasaba en realidad con ella, por lo que cuando se hubo decidido por cal de las dos cosas decir, ella ya estaba preguntando que tenía que ver Ian en el asunto.

Sirius boqueó un par de veces, pues ahora eran TRES cosas las que quería decir. Maldita boca que sólo es una y maldito cerebro masculino que cuando le ponen una cosa encima ya se olvida de la que estaba abajo. Así que acabó por cerrar la boca, respirar profundo y fruncir el ceño antes de abandonar la muralla para seguir a la chica en silencio y no decir nada hasta que el final del túnel y una pequeña escalinata se encargó de dar corte a los pasos de Circe.

—Genial —farfulló con voz carente de entusiasmo —. Has ganado.

Sonrió y se acercó nuevamente hasta la rubia, para adelantarse a ella y chequear que la trampilla estuviese tal y como la había dejado la última vez. Cuando corroboró que todo estaba en orden y que nadie más que ellos había descubierto aún ese pasadizo, volvió a mirar a la chica, aún sin abrir la trampilla.

—Mira… No entiendo que te ha molestado tanto… es decir… esperaba que te molestara más en realidad, pero molestar de enojo, no molestar de… ¿dolor? —preguntó no muy seguro —Sí, no suena muy lógico, pero es lo que sentí. Lo siento, yo sólo quería picarte… ya sabes… James con Lily, Remus con Danny, Peter con el queso y ahora que me estoy acercando a ti, tú también vas y me dejas por Ian, bueno… no aún, pero en cuanto saques a Rhea del camino.

Rodó los ojos y se dio la media vuelta, tampoco tenía ganas de deshacerse en disculpas con alguien a quien veía que también se uniría al club de los amigos traidores, por lo que sin ánimos de seguir tampoco esa conversación corrió el seguro de la trampilla.

Sssshhhtt.

Señaló para que guardara silencio y entonces empujó la trampilla con mucho cuidado, sólo lo suficiente para poder asomar los ojos y comprobar que no había nadie en ese cuarto. Sólo entonces la abrió y salió a la superficie, antes de girar tras sus pasos y tenderle la mano a Circe, para que ésta saliese también sin problemas.

Es una de las bodegas de Honeydukessusurró sólo para ella le escuchara.

Inmediatamente volvió a cerrar la trampilla con el mismo cuidado con la que la había abierto y se volteó a mirar un par de veces hacia las escaleras, para efectivamente corroborar que nadie venía, aún cuando sí se escuchaban voces y música de fondo desde el otro lado de la puerta.

Sígueme.

Subió las escaleras aún manteniendo la cautela y asegurándose de avanzar en silencio, para luego abrir la puerta muy despacio y salir a una especie de pasillo, ya mucho mejor iluminado. Avanzó con la espalda pegada a la pared y ya al final de éste se agachó hasta quedar a gatas, girándose hacia la chica para a través de señas, indicarle que hiciera lo mismo. Entonces avanzó abandonando el pasillo, para deslizarse por detrás de los mostradores llenos de dulces y tomar el camino más cercano a las murallas, hasta finalmente volver a ponerse de pie junto a las vitrinas de las ventanas que eran más altas. Ahí fue donde abrió la puerta, aunque sin salir de ella, sólo para hacer sonar la campanilla y pretender como si hubiese acabado de entrar.

—¿Quieres llevarte algo de aquí? —preguntó a la rubia ya sin necesidad de susurrar.
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