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Crazy youngsters {Circe A. Masbecth}

Invitado el Dom Feb 28, 2016 6:17 am

Recuerdo del primer mensaje :

Luego de haber enviado una lechuza la tarde anterior…

Había asistido a clases durante la mañana con total normalidad y había dejado una nota para que sus amigos no le buscaran por perderse aquella tarde y que se habría llevado el Mapa del Merodeador con él. Cosa que habría hecho aunque no lo necesitara, aún cuando no tuviese intenciones de burlar a ningún profesor, ni de encontrar a ninguna, simplemente por el hecho de que no quería dejar evidencia alguna de que se encontraría con Circe Masbecth, ya que —muy curiosamente— mantenía su “amistad” en total secreto, incluso para sus amigos, lo cual era bastante curioso, pues si acaso alguien llegara a explicarle un motivo, realmente no lo tenía, era algo que simplemente disfrutaba hacerlo de ese modo.

Ya el día anterior se había escapado a la Casa de los Gritos para tomar lo que necesitaba y dejarlo a mano para el siguiente día, por lo que para el receso del almuerzo salió corriendo de la clase y se dirigió inmediatamente a la Sala Común de Gryffindor en donde se echó una ducha rápida y se cambió de ropa para calzarse encima unos vaqueros grises, una camiseta negra de AC/DC, la chaqueta de cuero también negra y unos guantes sin dedos.

Inmediatamente buscó en el Mapa del Merodeador por la etiqueta con el nombre de Circe Masbecth, a quien le pareció ver acercándose al lugar de encuentro, por lo que salió inmediatamente de la Sala Común y bajó corriendo las escaleras, saltándose aquel estúpido peldaño falso del quinto piso, hasta llegar al tercero, en donde miró hacia ambos lados para asegurarse de evitar ojos curiosos antes de leer el Mapa una vez más, asegurándose de que no hubiese profesores cerca para ir a buscar a Circe a su lugar de escondite, teniendo absolutamente ningún problema para encontrarla.

—Hey, rubia —le saludó con una sonrisa torcida —. Te ves… lista para irnos.

Sí, había tenido la intención de decirle un cumplido, pero aquel simplemente no salió de su boca. ¿Cuándo en su vida había hecho un cumplido a una chica que no hubiese sido de una manera indirecta? Hasta ese momento no lo había hecho y dudaba que comenzara a hacerlo ese día. Era la primera vez que veía a Circe con ropa de calle desde había comenzado a fijarse más en ella, y debía reconocer de que se veía bastante bien.

—Tenemos que apurarnos, Filch viene de camino.

Advirtió antes de invitarle a seguirle con un movimiento de cabeza y meterse por uno de los pasillos, en donde volvió a sacar el Mapa para chequearlo muy rápidamente antes de doblar la esquina, más no avanzó más que un par de pasos más allá y se detuvo para mirar a la muchacha.

—Necesito que confíes en mi, sólo por esta vez… Obscuro —conjuró con la varita y una venda negra para ojos apareció en sus manos —. Te enseñaré todo el camino cuando regresemos, si acaso te portas bien conmigo —le sonrió —. Palabra de merodeador.

Si ella accedía, entonces le vendaría los ojos con cuidado y le guiaría de la mano hasta la estatua de la bruja jorobada. Si no… le recordaría que Filch venía en camino y que no tenían mucho tiempo para perder, que de verdad prometía enseñarle el camino después.
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Circe A. Masbecth el Miér Mar 02, 2016 4:46 pm

No tenía intención de darse la vuelta y seguirle el juego a Black. Ni siquiera quería dedicarle la más mínima contestación. No se lo merecía. No después de aquello. Podía parecer una reacción exagerada y, para cualquiera, lo sería con razón justificada. Pero no para Circe. Para Circe era una reacción en su justa medida por el comentario que el chico le había hecho. A pesar de ser una simple broma, para ella había sido un insulto en toda regla. Y aunque en cualquier otro momento le hubiese insultado mucho más para, seguramente, propinarle una certera patada en la entrepierna, no lo había hecho. No era el momento para ella. Por alguna razón se había sentido insultada, como si para Sirius ella fuese un mero objeto con el que buscaba tener tan sólo una aventura. Algo que, como era obvio, no era para el chico. Por alguna razón, ella lo había considerado incluso, ¿Su amigo? Y había sentido que con eso había insultado a todo pensamiento que ella había tenido de esa supuesta amistad.

Avanzó en silencio y, cuando el chico fingió cierto entusiasmo porque ella hubiese llegado en primer lugar, no dijo nada. Se limitó a mirarlo sin cambiar ni un ápice la expresión en su rostro y apartó su cabello depositándolo tras la oreja. Clavó sus ojos en los del chico, pero no dijo nada. Ni una sola palabra.

No hizo mención alguna a la trampilla a pesar de encontrarse sorprendida en aquel momento. Simplemente observó todo lo que sucedía en aquella situación y escuchó las nuevas palabras que surgían esta vez de la boca del chico. Escuchó todo y le dejó terminar. Pero no dijo nada. Tuvo ganas de recriminarle aquel estúpido comportamiento y sus consiguientes estúpidas palabras. Pero no lo hizo. Guardó silencio.

Sin decir nada, tal y como llevaba haciendo los últimos minutos, siguió los pasos de Sirius tal y cómo este le guiaba, incluso tomó su mano para salir por la trampilla sin pedir nada a cambio y sin poner ningún tipo de oposición. Pero seguía sin mediar palabra alguna desde el incidente.

Miró a su alrededor cerciorándose que, tal como había dicho Sirius, se encontraban en Hogsmeade y avanzó siguiendo los pasos del castaño por las escalinatas de madera sin mediar palabra alguna hasta que salieron al exterior. Se encontraron con una tienda más que conocida para ambos y, siguiendo lo que hacía Sirius, fingió que acababa de entrar. – No. – Se limitó a contestar mientras avanzaba por la tienda pasando la mano por los estantes y, parando frente a uno de ellos para juguetear con una caja de grageas entre sus dedos. - ¿Por qué narices piensas que lo mío con Ian tiene algo que ver con lo de tus amigos? – Preguntó bruscamente girando la cabeza para mirar a Sirius.

No entendía por qué alguien podía pensar que entre ellos podía existir algo más que mera amistad y, aunque en el pasado sí que había sucedido algo entre ellos, ambos habían dado aquel tema más que por finalizado. Tanto, que ninguno había hablado de él con nadie durante años, ni siquiera entre ellos. Es más, ni Damon, quien formaba parte antes del trío de amigos, se había enterado de aquel suceso que JAMÁS volvería a repetirse. – Te dije que sabía cómo sentaba que tus amitos te dejasen de lado por sus novias, ¿Por qué iba a hacer yo lo mismo? Lo que me molesta es que Ian acabe con novia como tus amigos y yo no tenga a nadie, ¿O acaso crees que entre ese cabeza hueca y yo puede pasar algo? Tengo un listón bastante más alto y no me fijaría precisamente en el tío más promiscuo que he conocido en mi vida, me ofende que pienses eso de mí. – Dejó la caja de grageas en su lugar y siguió avanzando por los pasillos, pero esta vez en dirección a donde se encontraba Sirius. – Y no me compares con ninguno de tus amigos. Yo ni soy tu amiga ni tengo la cabeza tan hueca como ellos por muy rubia que sea. – Afirmó echándose todas las flores del mundo que la situación le permitía.

- Y, por favor, si me gustase Ian, Rhea no es competencia alguna. – Ladeó la cabeza mirando en dirección a Sirius. – Yo estoy mucho más buena. – Afirmó con su característico tono de superioridad. Volvió a voltearse rumbo a los estantes y sonrió mirando a Sirius de reojo.

No pensaba volver al tema de su reacción desmesurada. Sabía de sobra que había exagerado las cosas pero se había sentido insultada en cuanto había sucedido, por lo que guardaría silencio respecto a aquel tema, como si nada hubiese sucedido y no se hubiese molestado tanto por una tontería infantil.
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Invitado el Miér Mar 02, 2016 5:46 pm

Sacó un par de ranas de chocolate de los estantes, mientras Circe se paseaba cerca suyo con una caja de grageas en las manos. Recordó entonces la noche en que se habían conocido de verdad, cuando se habían quedado a oscuras, encerrados en el armario escobero, comiendo precisamente grageas y un pequeño sabor agrio se le vino a la boca. No quería pensar precisamente en ello en ese momento, ni en ese día ni en los otros que había pasado con la rubia. Es más, le hubiese gustado estar de regreso en el Castillo aunque sea para molestar Peter con un pedazo de queso.

Entrecerró los ojos al tiempo que escuchaba su explicación y se detenía frente a Circe, en su camino para pagar en la caja registradora, por aquellas dos ranas de chocolate que tenía en la mano. Sostuvo la mirada de la rubia con firmeza, mas sus ojos grises parecían más bien expresar cansancio y aburrimiento. Como si ya hubiese escuchado esa historia otras veces y de verdad estuviese pensándose en cambiar de estación.

Sólo se limitó a alzar los hombros cuando ella le preguntó si creía que pasaba algo entre Ian y ella, y rodó los ojos cuando la rubia volvió a recordarle que ella tampoco era su amiga.

—Bien.

Fue lo único que dijo en ese momento y se dio la media vuelta para finalmente pagar por esas ranas de chocolate —y otra caja pequeña que cogió de una orilla— y echar todo dentro de una bolsa de papel antes de salir por puerta y nuevamente hacer sonar la campanilla. La calle no estaba atiborrada de estudiantes, como solía estar cada vez que había alguna salida oficial del Castillo, pero aún así andaba gente, después de todo varios magos vivían en el lugar y muchas de las tiendas estaban abiertas todos los días del año.

—Me habías hablado antes de tus amigos y al único que mencionaste con nombre fue a Damon —habló por fin, mientras ya comenzaban a caminar por la calle principal —. La única vez que habías hablado antes de Ian fue para decirme que te molestaba que pudiese estar con Rhea y hoy vuelves a repetirme lo mismo y además que te gustaría que yo te sacara a Rhea del camino. Así como lo explicas suena como que quieres algo con Ian, pero tienes razón, tanto que insistes con que no eres mi amiga, no tendría porque preocuparme ¿no es así?

Apenas alcanzó a hacer su pregunta y se metió al primer callejón que encontraron en donde se acercó a un gran bulto cubierto por una especie de capucha de plástico de color verde oscuro el cual sacó de un tirón para arrojar al suelo. Bajo éste se encontraba una motocicleta de color negro con asientos de cueros y muy relucientes cilindros, con un par de alforjas a sus costados, de las cuales sacó una pequeña bolsa de plástico con un par de porros en su interior.

El día estaba bastante agradable, había sol y la nieve prácticamente había desaparecido del paisaje, por lo que Sirius pareció querer disfrutarlo de la mejor manera, así que sacó de uno de sus bolsillos un encendedor de plata y prendió fuego a uno de los porros antes de darle un calada. Abrió también la bolsa de papel que traía de Honeydukes, mientras tenía el porro afirmado en la boca y abría la misteriosa cajita que había metido en su interior, para sacar de ella un cup cake con los colores de Slytherin, al que llegó y le enterró el porro encendido en medio de toda la crema, antes de echarse a reír y exhibirlo ante la chica.

—Feliz cumpleaños, rubia.

Y aquella era precisamente una de las cosas que menos entendía. Si no le quería de amigo, ni de nada ¿para qué mierda se había fugado a pasar su cumpleaños con él? No, definitivamente no entendía a las mujeres.
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Circe A. Masbecth el Miér Mar 02, 2016 6:30 pm

La tensión podía palparse en el ambiente y es que aquellos dos tenían la capacidad innata de hacer que las cosas cambiaran dando un giro de ciento ochenta grados sin siquiera proponérselo. Por esa misma razón habían pasado a tener una conversación de lo más amistosa a apenas dirigirse la palabra, ni aun cuando estaban el uno casi pegado al otro.

A su vez, eran dos personas con mucho carácter que habían ido a parar a encontrarse. Y no sólo encontrarse, sino que sin pretenderlo habían formado un particular vínculo que, por su parte, Circe no lograba entender y tampoco quería hacerlo. Ya se había rendido en aquello. Por más vueltas que le daba a qué hacía allí con Sirius Black, no lograba encontrar explicación alguna, por lo que había optado por dejar de darle tantas vueltas al tema para dejar de marearse y, finalmente, disfrutar de la compañía.

El problema era que la compañía lograba sacarle de quicio. Que la compañía hacía que tuviese ganas de golpearle en numerosas ocasiones mientras que, extrañamente, en otras pensaba en hacer todo lo contrario. Le daba una mezcla entre odio y ternura, pues en ocasiones le encantaba su presencia y en otras prefería no haberse cruzado en el camino de Sirius jamás.

Su estancia en la tienda fue más bien corta. Circe dejó caer un par de palabras y Sirius hizo una simple compra. Ni se preguntó qué era lo que compraba ni miró cómo este pagaba, sino que se dirigió hacia la puerta dando por hecho que saldrían de allí y no se quedarían dando vueltas por la tienda hasta agotar los minutos para volver al castillo por donde habían venido.

- Eso es, no tendrías por qué preocuparte. No sé qué empeño tienes en preocuparte por lo que me pase o lo que me deje de pasar. – Y es que esa era la razón principal por la que Sirius lograba poner nerviosa a Circe incluso sin pretenderlo. Pues la rubia no estaba acostumbrada a recibir el trato amable de los demás, quizá porque era demasiado hija de puta como para pretender que alguien fuese amble con ella gratuitamente. Pero realmente sentía que le importaba a Sirius incluso cuando no sabía quién era en la oscuridad del armario y, con el paso de las semanas, aquello había ido a más.

Siguieron en silencio apenas un par de pasos cuando Sirius torció en un callejón. Circe se cruzó de brazos mirando lo que el chico hacía y, para su sorpresa, descubrió que el chico estaba lleno de facetas que aún no conocía. Se limitó a mirarlo como hasta ahora, sin ninguna expresión en la cara que denotase lo que estaba pensando. Y es que estaba pensando en cómo salir de allí, algo que sabía de sobra que era imposible sin contar con la compañía de Sirius. Ambos estaban juntos en eso, hasta que volviesen al castillo.

Circe avanzó hasta situarse al lado de la motocicleta para quitarse de la calle principal y se quedó al margen de lo que estuviese haciendo Sirius. Apoyó la espalda en la pared de piedra situada al lado del vehículo y elevó la cabeza mirando al cielo mientras su mente volaba lejos de allí. ¿En qué momento había aceptado ir con Black?

No pudo evitar aspirar el olor al, irónicamente, canuto, que llegó hasta sus fosas nasales y dibujó una media sonrisa sin volver a abrir la boca para opinar nada al respecto. Se estaba mordiendo la lengua por no seguir hablando con Sirius, pero su cabezonería era más fuerte que sus ganas de hablar.

Cuando escuchó la voz de Sirius nuevamente, giró la cabeza para encontrarse con un pequeño pastel decorado con los colores verde y plata de Slytherin con un porro en mitad de este. Circe elevó una ceja y miró cup cake y luego le devolvió la vista a Sirius. - ¿Y así malgastas un porro y destrozas mi intento de tarta de cumpleaños? – Dijo la rubia cogiendo el cup cake entre sus manos y mirando el resultado aguantando la risa. – Eres un estúpido, Black. – Sopló a lo que parecía su intento de tarta de cumpleaños y rompió a reír. – Que conste que he pedido un deseo, pero esas cosas no se dicen, que luego no se cumplen. – Añadió con tono más serio, como si creyese firmemente en aquella palabrería popular.

- ¿Quieres medio? – Sacó el porro con cuidado del interior del cup cake intentando no destrozarlo más y lo colocó entre sus labios para aguantarlo mientras dividía el cup cake en un intento de dos mitades iguales. Tenía la boca ocupada con el canuto como para dejarlo caer, por lo que se limitó a ofrecerle las dos mitades a Sirius, para que fuese este quien eligiese cuál prefería.
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Invitado el Miér Mar 02, 2016 7:18 pm

Siguió rezongando por lo bajo, resoplando como un toro y rodando los ojos con cada una de las palabras de Circe hasta que fue a dar vuelta la esquina para meterse en ese callejón y sacar la moto y lo que necesitaba para encender el porro y ponerlo de vela sobre el cup cake de cumpleaños para Circe.

—Sí —respondió a pregunta, asintiendo con la cabeza.

Era lo que se le había ocurrido en el momento y siempre se había considerado una persona bastante buena para improvisar, por lo que y poco hasta se felicita a sí mismo por habérsele ocurrido lo de usar el porro en lugar de vela de cumpleaños.

Aún seguía algo serio, pero no pudo evitar reírse cuando ella le dijo que era un estúpido y es que eso ya casi se lo consideraba como un cumplido. Le habían llamado tantas veces de ese modo, que llegaba incluso a sentirlo como parte de su nombre. Además, le gustaba incluso el tono medio risueño con el que ella lo había dicho.

—Creo en ello —le apoyó respecto a lo de mantener el deseo en secreto —. Pero eres tan odiosa y mala gente, que estoy seguro que lo que pediste fue apartar a Rhea del camino de Ian o a mi del tuyo.

Alzó los hombros como si aquello en verdad careciera de importancia y se acercó para recibir una de las mitades del cup cake, tomando la que estaba más cerca de él. No dudó en comérselo inmediatamente, puesto a que él sí tenía hambre, pero aún podía aguantarse un resto, y es que ambos habían acabado saltándose el almuerzo, y Sirius, como todo adolescente, podía comer toneladas de comida en un par de segundos.

—Ahora me siento mejor.

Mencionó con una sonrisa satisfecha por haber ingerido un poco de azúcar, además de una calada del porro, y se pasó los dedos por la boca, asegurándose de que no se le quedara crema pegada alrededor. Esperó a que ella también acabase su parte del cup cake, y entonces volvió a acercarse a las alforjas de la moto, de donde sacó un par de audífonos inalámbricos y le entregó uno a la chica.

—A la mierda los cascos, yo uso audífonos. A no ser que ande con una menor de edad.

Le sonrió y se subió a la motocicleta, antes de hacerle un gesto a ella para que subiera también, mientras él se preocupaba de mantener el vehículo en equilibrio para evitar que se fuera hacia uno de los costados cuando la chica se subiera.

—Te recomiendo abrazarte de mi cintura. Sí, aun cuando creas que tengo lepra —rodó los ojos —. Y no te resistas al movimiento de la motocicleta, si sientes que se te va el cuerpo hacia un costado, simplemente déjalo ir, si te tuerces, romperás el eje de nuestro cuerpo con las ruedas y nos iremos a la mierda ¿Está claro?

Esperó a que la chica hubiese entendido todas las indicaciones y que subiera a la moto sujetándose de él con firmeza antes de hacer partir el motor de la moto y hacerla rugir un par de veces, mientras él simulaba sacar el rugido de su propia boca como un verdadero león. Sólo entonces aceleró un poco, echándola a andar con cuidado para corroborar que la chica estuviese bien sujeta, antes de acelerar un poco más y volver a cruzar la calle principal de Hogsmeade, esta vez subidos sobre la motocicleta.

—¡El siguiente pueblo está a poco más de media hora! —exclamó cuando acabaron de salir de los límites de Hogsmeade —¡Volando!

Agregó e inmediatamente la motocicleta se despegó del suelo para echarse a volar mientras Sirius sonreía ampliamente, como si disfrutara aquello desde lo más profundo de su ser. Las casas del pueblo no tardaron en achicarse hasta el punto de parecer los juguetes de una maqueta, y sólo cuando hubiesen tomado cierta distancia del pueblo y podían también ver Hogwarts desde el aire, que la interferencia de la magia dejó de hacer efecto en los audífonos y la música comenzó a sonar, mientras Sirius comenzaba a corear también la canción.

No mucho más lejos, vieron un lago de aguas cristalinas en donde la motocicleta comenzó a perder altitud, descendiendo con suavidad hasta una altura prudente, desde la cual literalmente se lanzó en picada al lago, por lo que no le sorprendería si la chica comenzara nuevamente a gritar y a maldecir en ese momento. Sólo se detuvo casi a punto de estrellarse con el agua, para volver a estabilizar la motocicleta y que sus ruedas rozaran apenas el espejo de agua, dejando ondas a su paso en la superficie.
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Circe A. Masbecth el Miér Mar 02, 2016 7:46 pm

Sabía perfectamente que su enfado no estaba del todo justificado y que, por supuesto, Sirius no había actuado con malas intenciones. Pero era una persona cabezota. Una persona que es imposible que pida perdón a no ser que de verdad lo sienta y, por supuesto, una persona incapaz de dejar atrás sus ideas por mucho que le mostrasen que no llevaba razón. Y, en caso de darse cuenta de su error como era el caso, no lo admitiría.

Por esa misma razón bajó un poco su nivel de enfado, por saber que no tenía ninguna razón y que si seguía con esa actitud acabaría pasando un mal rato cuando podía ser una buena tarde y porque ya conocía lo suficientemente a Sirius como para saber que este volvería a insistir en su enfado si no lo dejaba apartado.

- Tengo mejores cosas que pedir como para preocuparme de esos dos. – Admitió con total sinceridad. – Y en cuanto a ti… Por hoy no pediré que desaparezcas. – Enarco una ceja y clavó la vista en el chico. – Pero que no se te suba a la cabeza, sólo es porque es mi cumpleaños y tengo que ser buena hoy.. – Ladeó la cabeza y dibujó una media sonrisa. – Y porque es mejor que el regalo que me ha hecho Ian esta mañana. Aunque el listón estaba demasiado bajo, te lo ha puesto fácil para superarle. – No es que Ian se caracterizase por ser detallista, pero todos los años coaccionaba a su hermana para que le ayudase con el regalo de Circe pero, sin duda, ese año lo había comprado él solito.

Con el canuto entre los labios, tendió la mitad del cup cake al chico y, cuando este la hubo cogido, cambió el canuto a sus dedos y el cup cake a su boca, dándole varios mordiscos de pequeño tamaño hasta acabar con este. – Ahora es cuando debería pensar que podrías haberme envenenado. – Hizo una pausa y acabó de tomar el cup cake. – Aunque no serías tan estúpido de envenenarte a ti mismo, ¿No? – Enarcó una ceja aún con la sonrisa dibujada en sus labios.

Se aseguró que no quedaba rastro alguno del cup cake en sus labios y cara y miró a Sirius frunciendo el ceño. – Dime que no. – No es que no le gustasen las motos. Es que el concepto de ir en una moto que manejase él no le inspiraba ni la más mínima confianza. Rodó los ojos, y sin esperar respuesta por su parte, se subió en la parte trasera de la moto tal y como el chico le había indicado.

- Todo claro. – Afirmó de manera breve pero concisa. No tenía mucho más que decir. Y, para ella, sí que era la primera vez que se subía en una de aquellas. Sabía que Ian tenia o quería una moto, pero le importaba tan poco que ni se había preocupado por saber si la seguía queriendo o ya tenía una, por lo que esa situación era la más cercana a una moto que había tenido y, ahora, iba a montar en ella. – Más te vale no chocarte, quiero llegar de una pieza al castillo. – Afirmó la rubia buscando picar al chico. No sabía que trato tenía con las motos y si las consideraba algo digno de orgullo, pero sí lo era, sería divertido ver su reacción al poner en duda su destreza con aquel vehículo.

Tal y cómo había indicado Sirius, Circe se agarró a la espalda de este, con cuidado de no ejercer demasiada presión a pesar de los nervios que sentía en aquel momento por una situación tan desconocida. El primer giro hizo que el estómago le diese un vuelco, y agradeció haber guardado el resto del canuto y no llevarlo encima, pues este habría salido volando al más mínimo movimiento. Cuando la carretera se volvió constante y dejaron atrás los giros, lo agradeció en silencio. Pensó que sería capaz de llevar aquello bien, hasta que las palabras de Sirius hicieron que abriese los ojos de par en par ante la sorpresa.

Sin darse cuenta y de manera inconsciente, apretó su cuerpo contra el de Sirius y cerró los ojos por puro miedo a acabar matándose. No pensaba demostrarle que había pasado un mal rato en un principio, pero yendo en la parte trasera podía permitirse cerrar los ojos sin que este viese el mal rato que estaba pasando.

Según pasaron los minutos, fue dejando atrás la presión sobre el cuerpo del chico. Pero no hizo lo mismo con sus ojos, los cuales permanecieron cerrados durante todo el recorrido. No se percató de cómo estuvieron a punto de rozar el agua, aunque  notó cómo su estómago se contraía al cambiar la posición bruscamente. No notó que el pueblo llegaba a verse a lo lejos y, por supuesto, se perdió las magníficas vistas que podían verse desde la motocicleta. Ya habría tiempo para lamentarse, pero ahora sólo pensaba en apoyarse en tierra firme.

Cuando notó cómo el suelo volvía a situarse bajo las ruedas de la moto entreabrió los ojos para comprobar que, efectivamente, estaban sobre la tierra nuevamente. En ese momento sí que abrió los ojos y siguió prácticamente tumbada sobre la espalda de Sirius, evitando así hacer ningún tipo de movimiento que hiciese que la moto acabase por vencerse por el propio peso de ambos.
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Invitado el Jue Mar 03, 2016 5:18 pm

Por un minuto la entendía, y al siguiente ya no…

Si tanto quería sacarse a Rhea del camino, que estaría con él agradecido de por vida si acaso le hiciera el favor ¿por qué mierda decía luego decía que no se preocupaba de lo que hicieran esos dos? Quizás se había dado cuenta que tal vez no deseaba sonar como una mujer despechada.

—¿Regalo, cuál regalo? —preguntó cuando ella le había dicho que el suyo era mejor que el de Ian —Yo aún no te he hecho ningún regalo, aún —señaló con un dedo alzado, aunque luego en su rostro se dibujó una sonrisa —. Así que si estás maravillada de lo que has visto hasta ahora, lamento comunicarte que este no es más que mi encanto habitual.

Rió divertido y le guiñó un ojo en plan broma, aunque en el mismo acto ya se arrepintió de ello. Circe parecía andar demasiado susceptible a cualquiera de esas cosas que de la nada, se le ocurría poder sacar una bomba nuclear, y ¡madre mía! ¡Acababa de guiñarle un ojo!

Mejor era irse ya para cambiar de tema.

Ambos se subieron a la moto y emprendieron la marcha, alzando el vuelo a la salida de Hogsmeade para comenzar a maravillarse con las vistas aéreas mientras en los audífonos se escuchaba a AC/DC. Se sorprendió de que la chica fuese tan tranquila y que ni siquiera le bañara a insultos cuando descendió tan abruptamente para ir a rozar las aguas del lago, por lo que fue inevitable el sentir curiosidad y no intentar mirarla por uno de los espejos retrovisores. Gracias a que ambos iban sin casco, pudo ver como casi enterraba la cabeza en su espalda y se aferraba a él sin ver nada del paisaje, ni disfrutar nada del camino. Sirius curvó una sonrisa en sus labios y continuó canturreando las melodías de las canciones muggles que pasaban por los audífonos inalámbricos mientras volaban.

No tardó demasiado en el ver el siguiente poblado, que en realidad no era tan pequeño, por lo que descendió procurando hacerlo con suavidad hasta que la moto volvió a tocar tierra firme. Condujo la motocicleta hasta que llegaron a los límites del poblado, en donde tuvo que reducir la velocidad para adentrarse por la avenida principal. Se detuvo en el primer semáforo en rojo y continuó su camino por lo que parecía un pintoresco poblado sacado de revistas de turismo europeo. Las casitas eran pequeñas y antiguas, de cierto modo recordaban all mismo Hogsmeade, aunque claro, también tenía sus zonas modernas y varios negocios con brillantes anuncios. Finalmente, se estacionó a las afueras de un local de comida rápida llamado Taco Bell, probablemente un lugar desconocido del todo para Circe.

—Comeremos primero, muero de hambre.

Se excusó mientras esperaba a la que la chica se bajara de la motocicleta para hacerlo él y volver a meter los audífonos a las alforjas antes de volver a acomodarse el cabello.

—No choqué ¿ves? Aunque aún no llegamos de una pieza al Castillo —sonrió y le miró directamente, con ese tipo de mirada de quien algo sabe que el otro no —. Lo viste ¿verdad? Hogwarts desde las alturas, se ve hermoso, aunque se ve aún más bello de noche. El paisaje estuvo increíble.

Comentó intentando aguantarse la risa mientras caminaban hacia el local y buscaba en los bolsillos de su chaqueta por dinero muggle.

—¿Qué quieres comer?

Le preguntó señalando las opciones, intentando mostrarse como el gran sabedor de aquellas cosas muggles, pero la verdad es que estaba teniendo grandes problemas para contabilizar el dinero muggle, por lo que la misma cajera tuvo que ayudarle mientras él alegaba ser extranjero.

Ambos se sentaron después en una mesa junto a la ventana, desde donde se veía la motocicleta. Sirius puso la comida frente a ambos y luego se dedicó a mirar su vaso de refresco, sin entender porque estaba vacío, hasta que vio como otra de las personas se acercaba a una máquina a llenar su vaso con la bebida a elección.

—Aaaaaah…

Exclamó en un gesto de comprensión y preguntó a Circe que le traía de beber, antes de ir a llenar ambos vasos. Cuando regresó, se acomodó nuevamente frente a la rubia, pero tenía tanta hambre, que no dijo ni una sola palabra hasta que se hubo comido al menos las papas con su respectiva carne y otros acompañamientos.

—Hey… ya sé que es tu cumpleaños, pero… ¿podría yo pedirte algo? —le miró a los ojos —Siento que hay muchas cosas que no me dices u otras que no terminas de explicarme, y sí, sé que a veces yo también hago lo mismo, por eso te quería proponer un trato. Por un día, sólo por hoy; acuerdo de sinceridad mutua y… por supuesto, que todo lo que digamos hoy quede sólo para hablarlo entre nosotros.

Esperó a su respuesta, aún a sabiendas que él también arriesgaba varias cosas, comenzando con su animagia.
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Circe A. Masbecth el Jue Mar 03, 2016 5:55 pm

Para Circe aquel cup cake si era un regalo y, sumado al viaje a las afueras de Hogwarts, ya resultaba más que un simple regalo que pudiese hacerse con facilidad. No conocía a nadie que fuese capaz de hacer aquello con la facilidad con la que Sirius lo había logrado. Y es que, sin saber cómo, habían acabado en un pasadizo que les había guiado hasta el mismo Hogsmeade.

Clavó la vista en el chico y elevó una ceja ante su elocuente comentario, el cual no mostraba otra cosa que su gran ego, al cual ya había pasado a acostumbrarse. - Y con lo encantador qué eres, ¿Cómo es que tus amigos prefieren a sus novias? – Dijo con voz angelical cargada de falsa inocencia intentando volver a meter el dedo en la herida. Pero, curiosamente, no lo decía con intención de causarle ningún dolor, más bien con tal de picarle como hacían ambos siempre que tenían oportunidad.

Tras dejar atrás el pueblo de Hogsmeade, Circe no lo pensó ni dos veces a la hora de aferrarse a la espalda de Sirius y cerrar los ojos con la máxima presión que sus párpados le permitieron. No le gustaba aquello, para nada. Quizá de haber abierto los ojos las cosas hubiesen cambiado, pero se sentía tan incómoda en aquel momento que no lo vio como una opción posible. Prefería seguir sin ver lo que pasaba y esperar que no se diesen de bruces contra ningún árbol.

No sabía cómo conducía Sirius, pero aquello le parecía el mejor de sus problemas. Ella prefería no pensar en nada e intentar hacer que el tiempo pasase lo más rápido posible sobre aquella moto voladora. Algo que, obviamente, no logró. Apretó con fuerza sus propios párpados y esperó a que la tierra volviese a situarse bajo sus pies. No es que le diese miedo volar, ni mucho menos, lo que le daba miedo era no ser ella quien controlaba en este caso la motocicleta. Circe tenía la imperiosa necesidad de controlar todo lo que pasaba a su alrededor y, en caso contrario, se ponía nerviosa. En parte, eso era algo de lo que conseguía sacarla de quicio respecto a Sirius. Y es que con él no podía tener todo bajo control. Con él no podía predecir lo que sucedería ni cómo actuaría según su comportamiento. Aquel descontrol de la situación y de los resultados hacía que llegase la incertidumbre y, con esa incertidumbre a la que no estaba acostumbrada no se sentía para nada cómoda.

Una vez el suelo volvió a situarse bajo sus pies, comenzó a abrir los ojos y a fingir que nada sucedía. No se dio cuenta que Sirius había mirado de reojo para comprobar por qué no reaccionaba ante los movimientos de la moto y, sinceramente, no pensó en la existencia de los espejos retrovisores. Sentía que ahí atrás, estaba protegida de las miradas del chico.

Se bajó de la moto en cuanto esta frenó en seco y se colocó con cuidado tanto los pantalones como el abrigo, pues para Circe, su apariencia era un punto muy importante. No por el resto, sin por el nivel de amor propio que tenía. – Lo que tú digas, Black. – No hizo mención alguna sobre el paisaje pues, evidentemente, no lo había visto y, por el tono del chico, sabía que se hacía una idea de ello. No sabía mentir, por lo que no iba a engañarle diciendo lo preciosas que habían sido las vistas o lo decepcionantes, sino que se limitó a pasar del tema como solía hacer cuando algo no le interesaba.

Llegaron hasta un restaurante de comida rápida muggle y Circe tomó la carta entre sus manos mientras esperaban a ser atendidos frente al mostrador, donde un par de personas aún esperaban a sus correspondientes pedidos. - ¿Hay algo en la carta que no pique? – Preguntó echándole un vistazo por encima y dándose cuenta que era todo comida con picante. – Esto parece que no tiene nada raro. – Era muy especial en cuanto a lo que comía, por lo que no elegiría cualquier cosa. – Quesadilla de pollo. Y sin picante. Y una de nachos con queso. – Le dijo a Sirius depositando el panfleto sobre el mostrador cuando justo era su turno.

Se dejó caer sobre su asiento y miró con curiosidad lo que había pedido, sin comprender qué diablos tenía aquello. – Fanta de naranja. – Se limitó a contestar sin si quiera mirarle a la cara, pues estaba demasiado pendiente por mirar la comida que habían pedido. – Al postre invito yo, ¿Hay alguna heladería o algo así cerca? – Preguntó mientras cogía su vaso cuando Sirius pasó a volver a sentarse tras rellenar las bebidas. – Porque no me fío de un helado de este sitio. – Estaba convencida que si pedían un helado allí tendría picante en lugar de azúcar, y no le apetecía lo más mínimo.

- Sorpréndeme. – Cogió una de las patatas del plato del chico y le miró mientras este pasaba ahora a pedirle algo a pesar de ser ella la cumpleañera. - ¿Prometido que nada de esto saldrá de aquí? – Elevó sendas cejas y clavó sus ojos en el chico. - ¿Y que no dirás a nadie que he pasado mi cumpleaños contigo? – Añadió rápidamente a sus preguntas.

Una vez todo hubo quedado claro, le tendió la mano al chico en forma de aceptación de sus palabras. - Hay trato. – Esperó a que este aceptase del mismo modo y pasó a probar lo que había pedido sorprendiéndose porque resultó saber bien. – Y la primera sinceridad de este pacto será admitir que esto está bueno. – Partió un pedazo con sus manos y lo metió en el interior de su boca. Por suerte, aquello no picaba.

- ¿Y por qué te interesa que te cuente las cosas? – Preguntó mientras comía con toda la tranquilidad del mundo. – Recuerda que ahora tienes que ser totalmente sincero.
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Invitado el Jue Mar 03, 2016 7:13 pm

Ok, aquel comentario de sus amigos había sido un golpe bajo y, sólo por decirlo, Circe se había ganado una de sus miradas asesinas calibre veintidós, mas no había respondido al respecto, más que con un gesto de barbilla alzada, en plan “Igual me queda orgullo” y se había subido a la moto, para dejar Hogsmeade y el tema de sus amigos ahí atrás.

Ya en el otro pueblo, que si mal no recordaba Sirius, se llamaba “Grantown on Spey”, ambos se habían acomodado para comer en uno de los primero locales de comida rápida que habían visto a la entrada.

Rió cuando la chica pareció regodearse tanto en la carta, buscando por algo que no picara. Algo había leído él en el algún sito que ese local tenía fama de ser picante en Mexico y los Estados Unidos, pero en el resto de los países hacían las cosas sin picante y el picante lo agregaban en una salsa a un costado si es que el cliente la pedía, pero no lo dijo a nada a Circe, era divertido verla así de complicada y prefería guardárselo para fastidiarla después.

—Creo que sí —respondió a su pregunta de la heladería —. Si no me equivoco se llama "The Cow", y adivina… tiene una vaca afuera —rió divertido —¿Andas con dinero muggle?

Eso sí le sorprendía, primero porque no sabía que a Circe le gustase salir a aventurarse al mundo muggle, sino porque además ella no había tenido idea de que iba a ir a parar a un lugar más alejado del mismo Hogwarts. Sin embargo, como a Sirius le gustaba tanto fastidiar a sus padres con las cosas muggles, siempre andaba cargando un poco de su dinero para comprar alguna chuchería que poner en habitación, pero de que se había mudado con James que había dejado de hacerlo; aún así, sabía lo que debía hacer para cambiar de ese dinero en Gringotts, ya que lamentablemente Hogsmeade no contaba con una Casa de Cambios.

—Prometido que nada saldrá de aquí y que nadie sabrá que has pasado tu cumpleaños conmigo —le sonrió —. De hecho, ni siquiera James y Remus saben que tú y yo hablamos. Me encargué de hacer callar a Peter la noche del armario y… no se porqué… —alzó los hombros —pero tampoco hoy quise que supieran.

Ladeó la cabeza, con una semi sonrisa mientras le miraba sacar de sus papas y admitir que estaban buenas.

—Nada de esto pica, Circe, a lo más tiene pimienta. Te preguntan cuando te lo entregan si acaso quieres la salsa picante a un costado, pero yo siempre digo que no. Bueno, esta es la segunda vez que como aquí, la primera fue cuando me escapé de Hogwarts para estreno de Star Wars luego del baile de Navidad. Fue la misma noche.

Rió divertido, aún recordaba esa noche y lo difícil que le había sido dejar a la fanática de Rose fuera de la escapada, pero es que en la moto sólo podía meter a uno más y tampoco había llegado a confiar tanto en Rose como para compartirle sus secretos de escapada.

—Bueno… quiero conocerte, rubia. Me interesas —sonrió y desvió su mirada hacia su propia comida —. Y sí, ya me estoy cansando de buscarte e intentar ser tu amigo, porque por lo visto tú no piensas lo mismo de mi, pero… estamos aquí ahora y sólo me gustaría intentar comprender el porqué por una última vez antes de dejarte ir.

Bebió un poco de su refresco y se limpió la boca con una servilleta antes de volver a mirarle a los ojos. Hablar con ella de ese modo no era fácil, puesto a que ni siquiera él se sentía seguro de muchas cosas que la chica le provocaba y quería ser claro, sobre todo cuando ya había decidido que sería aquella la última vez. Y no lo había decidido por orgullo, simplemente lo había hecho porque no quería obligarla.

—Desde la noche en el escobero que te sentí especial. Algo en ti me provoca confianza y créeme que no confío en cualquier persona. Nadie más que tú, James y Remus saben las cosas que me suceden con Regulus y, aún entre ellos, creo que eres quien que lo sabe con más detalle. Ya sabes, ellos siempre bromean, sobre todo James, hablar con ellos en serio no es tan fácil —rió brevemente —. Por otro lado, me confundes… me provocas demasiadas cosas, tanto buenas como malas, pero todas ellas intensas y… —suspiró —Hay algo de ti que me gusta, y me gusta mucho, y eso es lo que hace que te busque y quiera saber. Y sé que puede sonar egocéntrico, pero no lo es, pero siento que eres incapaz de tratarme igual que al resto… y eso me gusta… y sí, ha sido jodidamente difícil decirlo, pero que sepas que es recíproco, sólo que no sabría explicar porque yo te trato distinto o porque no quiero que nadie sepa, así que tampoco te lo voy a preguntar a ti. Sin embargo, quiero saber por qué te molestaste tanto cuando te pedí un beso en la herida allá en el pasadizo y por qué te empeñas tanto en decirme que no soy tu amigo, ni quieres que lo sea.

Sabía que aquellas serían palabras difíciles para la Slytherin, también lo habían sido para él, pero ella solía ser incluso más sensible y exagerada con sus reacciones, por lo que Sirius no bebió, ni comió nada más, hasta obtener alguna reacción que le permitiera sentirse tranquilo una vez más.
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Circe A. Masbecth el Jue Mar 03, 2016 8:14 pm

A pesar de haber visitado Londres en numerosas ocasiones, jamás había ido a un local como aquel y mucho menos había pisado ese pueblo tan cercano a Hogsmeade. Ella nunca había ido hasta Escocia si no era para ir a Hogwarts, por lo que no conocía absolutamente nada de la zona.

- Que original. – Dijo con marcada ironía respecto a la heladería, su nombre y su correspondiente decoración a juego. – Quizá sí, no sé. Luego lo miro. – Normalmente llevaba un poco de todo en la cartera. El tipo de personas que llevaba cualquier cosa en la cartera y que podía encontrar cosas que daba por perdidas en el interior de esta. – Aunque no lo creas sé que los muggles usan monedas diferentes, ¿Vale? – Negó con la cabeza pues, con la fama purista que podía tener por su familia y su sangre limpia, no descartaba que Sirius aún pudiese verla como alguien ajeno a los muggles y todo lo referente a ellos.

Una vez tomaron asiento en el local, las cosas dieron un giro completo que la rubia no esperaba. No sólo porque Sirius aún tuviese ganas de conversar con ella después del trato que había recibido por su parte, sino porque pretendía conocer partes de ella que se había negado a mostrarle incluso cuando, de manera inconsciente,  ya confiaba en él mucho  más de lo que lo hacía en otras personas a las que conocía de toda la vida. - ¿Tanto te avergüenzas de pasar tiempo con una Slytherin sangre limpia? – Dijo con una leve sonrisa en los labios. – Sí, si fuese una sangre sucia seguro que irías por ahí aireando nuestra amistad para horrorizar a tu familia. – Añadió negando con la cabeza. O al menos, eso era lo que ella haría.

No decía aquello en serio, ni mucho menos. Sólo buscaba obtener una respuesta de por qué él tampoco quería que nadie supiese de su amistad. Por su parte, no lo tenía del todo claro. No le importaba lo que otros pudieran pensar porque se juntase con alguien como él, la causa más posible debía ser su propia cabezonería. Ella se había argumentado a sí misma que Sirius no le caía bien y no era merecedor de su atención durante los años previos y, cuando se había parado a conocerle, se había llevado la sorpresa de su vida. Y, como buena persona cabezota, no daría su brazo a torcer por nada ni por nadie.

- Eso lo dices porque tienes el paladar insensibilizado. – Dijo antes de dar un trago a su bebida. Para ella, ya simplemente aquello, tenía cierto toque picante, por lo que no quería imaginar cómo sería con la salsa de la que Sirius hablaba. - ¿Este pueblo tiene cine? – De todo lo que había dicho el chico, aquello fue lo que más llamó la atención a la chica. Ladeó la cabeza antes de coger uno nacho y darle un corto mordisco, partiéndolo por la mitad y quedándose con el resto en la mano. – Además del famoso incidente, ¿Pasó algo entretenido en el baile? – Terminó lo que quedaba del nacho y esperó a escuchar la respuesta de Sirius pues, ella apenas había escuchado nada referente al baile y tampoco había acudido a este.

Tragó saliva al escuchar las palabras de Sirius referentes a esa necesidad de sinceridad por ambas partes. Estaba de acuerdo en cada una de las palabras que salían de la boca del chico. Ella también quería conocerle aunque lo negara y en cierto modo también le interesaba por cómo se sentía cuándo estaba con él, además, que era una persona diferente a todas las que había conocido previamente. – Por una última vez antes de dejarte ir. – Repitió mirando por la ventana del local. – Que dramático, Black, no va contigo. – Dijo en tono bromista intentando quitarle seriedad al asunto.


Escuchó todo lo que Sirius tenía que decir sin interrumpirle. Llevaba razón en cada una de sus palabras e incluso ella lo sabía. Sabía cómo se sentía al haber de temas tan personales como podía ser su relación con su hermano menor en aquellos momentos y cómo debía haberse sentido al contarle algo tan privado a una completa desconocida que, por razones incomprensibles, le inspiraba confianza. También sabía cómo se sentía respecto a ella, pues le pasaba lo mismo. Para Circe, Sirius no se quedaba nunca indiferente. O era algo bueno o era algo malo, pero jamás neutral. Razón por la cual sabía de sobra que para ella, él era alguien que se había convertido en importante sin siquiera pretenderlo.

Lo que no le agradó fue escuchar algo que ella misma ya sabía pero que se había negado a decir en voz alta. Y es que ella no podía tratarle como al resto y él ya se había percatado de esa diferencia respecto al resto del mundo. Pues Sirius no era un mero conocido para ella sí que era un amigo, por mucho que se negase a admitirlo y mucho menos a admitirlo frente a él.

Resopló ante aquellas últimas palabras. Le había prometido ser sincera, pero lo que quería hacer era verter el resto del contenido de su vaso sobre la cabeza de Sirius e irse tranquilamente a su dormitorio. Era imposible, así que volvió a resoplar una vez más antes de abrir la boca. - ¿Eso es todo? – Elevó sendas cejas, como si aquello hubiese sido poco y no todo lo contrario. – No soy de ir contando por ahí mi vida, así que no lo voy a repetir y de verdad que espero que no salga de aquí. – Confiaba en él, y aunque le costaba hablarlo, quería hacerlo. – No confío en la gente y al igual que tú, confío en ti. Pero no quiero hacerlo pero aquí estoy contigo, sin hacer ningún esfuerzo por alejarte. Me transmites confianza, siento que puedo hablar de cualquier tema contigo y que el resto del mundo no existe. Es extraño. – Se encogió de hombros. No sabía muy bien cómo explicar aquello, y es que jamás había hecho algo parecido. – Eso es lo que me da miedo precisamente de ti, que me hagas sentir diferente respecto al resto. Que me sienta cómoda e incómoda por sentirme cómoda. Es como un mal trabalenguas. – Admitió con una leve sonrisa iluminando su rostro.

- Antes no era así, lo admito. Pero ya te dije que las experiencias nos cambian y a mí lo han hecho de golpe en los últimos meses. Te dije que tenías que recordar lo bueno de Regulus como el recuerdo que es y pasar página porque intentaba autoconvencerme a mí de lo mismo. Confíe en alguien y creí que ese alguien confiaba en mí del mismo todo, por una vez dejé de pensar en mí misma para pensar en alguien más, me preocupé verdaderamente e incluso pensé que las personas merecían la pena. Pero todo era mentira. Y luego Damon, después de tantos años, me cambia por una tía que sí que quiere acostarse con él. – Notaba que sus mejillas se estaban poniendo coloradas por hablar de aquel tema, pero no por vergüenza, sino por rabia. – Sinceramente, duele. Duele confiar en alguien y darte cuenta que te estaba utilizando y que no eras más que un juego.

Dio un trago a su bebida y siguió hablando. – En cuanto al beso… Sé que ha sido una reacción exagerada para la tontería que era. Pero me ha recordado a todo de golpe. Sé que no me ves como algo más que la petarda de Slytherin que te cae bien aunque ella no quiera ser tu amiga, pero para mí el contacto físico se ha vuelto un tema complicado. Y que me lo pidieses me ha hecho sentir como un objeto, por así decirlo. Supongo que es algo estúpido, pero últimamente no quiero acercarme a nadie ni con un palo, y llegas tú y… Eres insoportable, Black. – Cogió uno de los nachos y lo lanzó contra la frente del chico, golpeándole y haciendo que cayese sobre su plato en un gesto infantil por dar por zanjado un tema que se estaba volviendo demasiado serio para ella.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Miér Mar 09, 2016 7:49 am

—¡Oh, wow! ¡Sí que lo sabes todo!

Rió divertido antes de beber otro trago de su refresco. Algo le decía que Circe no era del tipo de chicas que se pasaba metida en el mundo muggle, por lo que debía de conocer lo justo o quizás poco más de ello. Aunque tampoco le sorprendería que fuese una prócer en materias del mundo no mágico, ya que bastante le había sorprendido ya hasta ese momento.

Negó con la cabeza ante su pregunta de si acaso se avergonzaba de juntarse con una Slytherin Sangre Limpia y se echó a reír ya para cuando dijo que si ella fuese una hija de muggles, él lo andaría gritando a los cuatro vientos.

—La verdad es que no, ya tengo amigos hijos de muggles y los muggles de los cuales alardear con mi familia, por lo que si fueras una de ellos en verdad intentaría seducirte para demostrarles que me puedo echar una novia impura tan o más inteligente y atractiva que ellos.

Le sonrió y asintió a su pregunta de si acaso ese pueblo tenía cine. Él ya lo había conocido y, precisamente, había dado con aquel pueblo gracias a ello y por culpa de Star Wars, ya que escaparse para el estreno era una necesidad. Sirius había conocido esa saga por ser un clásico y como clásico le respetaba. Además, había que reconocer que los estrenos de ese tipo eran demasiado interesantes; gente con disfraces, miles de productos de merchandasing y sobre todo las teorías y los bandos sobre que personaje es mejor, peor y cual debe morir.

—Dos cines, en realidad. Uno contemporáneo y otro en donde pasan películas antiguas y cine arte. Iremos a ese luego de acabar aquí.

Sonrió divertido, ya que él mismo se había encargado de enviar varias cartas durante los días anteriores para pedir que una película en específico se estuviese pasando durante ese día. Mas no quiso dar más detalles del tema porque sería una sorpresa, así que pasó a responder lo que la chica preguntaba respecto del Baile de Navidad.

—No, la verdad… Bueno… depende de lo que llames tú interesante. Si crees que es interesante enterarte de que un alumno se atrevió a besar a la Profesora McGonagall debajo del muérdago, pues… —alzó la mano con fingido rostro de inocencia —Yo lo dice.

Rió entre dientes y entonces decidió entrar en un tema más serio, pidiéndole sinceridad, la cual la chica aceptó antes de que él comenzara a hablar, confesándole de que lo hacía sólo porque quería jugarse un último intento de conocerla, antes de dejarla marchar, cosa que ella calificó como un gesto dramático, por lo que él sólo se limitó a sonreír. Sirius lo decía en serio.

—No puedo obligarte a ser mi amiga, Circe. Ya lo entendí, así que simplemente estoy haciendo mi parte.

Alzó los hombros y continuó explicándole el como se sentía, el porqué quería saber de ella y haciéndole además un par de preguntas, cuya respuesta a él le interesaba mucho saber.

La rubia partió confesando que la confianza que él sentía por ella era un sentimiento recíproco, pero tanto ello como el resto de las cosas, en verdad no se las esperaba y más le confundían. Si ella de verdad sentía esas cosas ¿por qué demonios se empeñaba tanto en alejarle? Sí, había entendido que estaba herida, pero él la veía como una mujer demasiado inteligente como para no entender que todas las personas eran diferentes.

Quiso atajar la patata que ella le arrojó con su boca, pero aún así falló y ésta le pegó en otro lugar del rostro, antes de caer sobre el plato y hacerle reír. No dijo nada por un momento, simplemente sonrió, comió un poco más y luego se paró de su asiento para sentarse en el lugar inmediatamente a un costado de la chica.

—Sí, ya escuché que te molesta la cercanía, pero también escuché lo insoportable que soy y quiero que paso a pasito te acostumbres a soportarme —le sonrió —. Por otro lado, no lo sé Circe, no estoy tan seguro de que no te veo más que como la petarda Slytherin que me cae bien, ya te dije que me haces sentir muchas cosas, buenas y malas, extrañas e inexplicables. Admito que hubo un momento en el armario escobero en donde me dieron ganas de besarte. Sí, antes de saber que eras tú, tal vez por lo misteriosa de la situación, el morbo de estar ahí dentro encerrado contigo y tu tan jodida y carismática personalidad. Pero claro, luego la puerta de abrió, vino la luz, vi que eres tú y… sí, ya sé que no se debe guiar por las reputaciones, pero… —apretó los labios, como si en realidad se contuviera de decir una burrada, por lo que acabó bajando incluso la mirada, mientras comenzaba a jugar con su comida —no me gusta ser simplemente uno más. Imagino que ya lo habrás notado porque precisa, y muy curiosamente, te he dicho que eso es lo que más me gusta de ti, que me haces sentir especial y me confundía hasta ahora que confirme que realmente habías cambiado y habías dejado de ser la misma… mmmnn… de antes. Y me gusta, me gusta que realmente hayas cambiado eso, aunque lamento terriblemente que sea por una tan mala experiencia, sobre todo ahora que te siento herida y que quiero que sanes, pero a la vez me da miedo de que vuelvas a hacer la misma de antes.

Suspiró profundo. De pronto ya no sabía si estaba explicando bien o realmente estaba empeorando las cosas, pero era ese su momento de sinceridad y si no hablaban entonces no hablarían nunca. Sobre todo cuando ya había aceptado que lo mejor sería dejarla tranquila.

—Quisiera que fueses agria en la medida justa, que supieses hacerte respetar y te valorases a ti misma, que te dieses cuenta que para meterse contigo hay que estar a tu altura, que no eres un juguete, ni una sesión de liberación de estrés. Pero también quisiera que me dejases entrar más adentro, que me dejases demostrarte yo soy diferente, que todos lo somos, que por una o dos personas no puedes cerrar tus puertas al Mundo, aunque sí aprender a ser más selectiva. Lamento mucho que hayan jugado contigo, que te hayan dejado de lado porque no querías dar sexo y aparece otra que sí, pero que sepas que a la vez esas cosas nos sirven de lección, y deberían ayudarte a ser mas precavida, pero no a convertirte en una piedra. Veneno que no mata fortalece, no te olvides de ello.

Le miró directamente a los ojos, para luego sonreír traviesamente y tocarle una de sus manos con un sólo dedo, como si esperase que ella rehuyera inmediatamente de cualquier contacto, y es que simplemente estaba probando.


Última edición por Sirius O. Black el Miér Mar 09, 2016 10:36 pm, editado 1 vez
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Circe A. Masbecth el Miér Mar 09, 2016 9:31 pm

Ciertamente era capaz de imaginar a Sirius alardeando ante todo su árbol genealógico sobre sus amigos muggles, especialmente si alguno era más que un amigo y podía dar lugar a una descendencia por parte del moreno. Imaginaba la cara de sus padres a los que había visto en alguna fiesta ante aquella imagen y cómo su madre sollozaría ante tal situación, tal y cómo lo había hecho la suya propia cuando Odiseo se fue de casa.

- Suerte no ser sangre sucia entonces. – Añadió la rubia totalmente segura de sus palabras. – Pero lo de ser inteligente y atractiva no tiene arreglo. Sería divertido fingir ante tu familia que soy sangre sucia y presentarme como tu novia un día pero creo que mi cara les sería bastante familiar. – Desde niña había acudido a las celebraciones dadas por los Black y, aunque no había mantenido jamás una relación cercana con ninguno de ellos, se conocían lo suficiente de vista cómo para reconocerse.

Por nada del mundo fingiría ser la novia de Sirius. Por nada del mundo que no fuese sacar de quicio a alguien pues ahí estaba la mayor afición de la rubia, afición que no dejaría de lado en ningún momento por la diversión que le causaban ese tipo de oportunidades.

No imaginaba que en un pueblo tan apartado de la civilización y con aspecto obsoleto pudiese haber un cine y, cuando Sirius afirmó que había incluso dos, elevó sendas cejas en señal de sorpresa. ¿Verdaderamente había gente suficiente en aquel pueblo para poder mantener, no uno, sino dos cines? – Nunca he estado en uno de esos. – Se sinceró la chica. Adoraba el cine, pero sólo uno de sus hermanos lo sabía y había sido tan amable de llevarla en más de una ocasión a algún pase. Por su parte, había tenido que buscarse la vida para ir al cine por su cuenta y nunca había escuchado de ese tipo de cines, algo que no admitiría ante Sirius por orgullos. – No, primero iremos a por un helado. Dije que yo pagaría luego y pienso pagar mi deuda. – Ladeó la cabeza mirando al moreno con una media sonrisa entre sus labios. No había comprobado todavía si tenía dinero muggle, pero estaba casi segura que tenía un par de libras en la cartera y esperaba que con eso fuese más que suficiente.

Su interés por el baile de Navidad había sido tan inexistente que, en cuanto tuvo la oportunidad de marcharse de Hogwarts, lo hizo. Podía haber aprovechado sus últimas Navidades allí, pero lo único que quería era largarse lo más rápido posible sin dar explicaciones a nadie. – Gryffindor. Valiente e inconsciente. – Rodó los ojos  y devolvió la mirada al moreno. – Un día te saldrá caro y acabarás muerto. – Lo decía segura de sus palabras. No sabía si moriría por ser atropellado por una moto o por tener un accidente por ella. Pero, puestos a apostar, apostaba a que se metería en un problema por su lengua y su comportamiento inapropiado en ocasiones. – Parece que te has tomado muy en serio lo morir joven y de dejar un bonito cadáver. Aunque espero que tengas poción multijugos a mano  para arreglar eso de bonito. – Elevó una ceja divertida antes de dar un trago a su bebida. – Al menos McGonagall salió contenta del baile, ¿No te regaló 50 puntos?

Las bromas quedaron en un segundo plano cuando la conversación se tornó más seria. No había hueco para las bromas y dejaron aquellas palabras carentes de importancia para centrarse en un tema mucho más delicado donde la sinceridad cobraba el papel principal.

- ¿Entonces por qué todavía sigues aquí y no me has llevado de vuelta a Hogwarts? – Preguntó con notable curiosidad en sus palabras. – Además, eres demasiado cabezota como para rendirte tan fácilmente. – Colocó unas comillas con los dedos en aquella última palabra pues ya hacía tiempo que Circe había dejado claro que no le quería cerca y el chico se había empeñado en pasar por alto lo que quería o dejaba de querer la chica.

Dejó escapar la verdad entre sus labios como si en lugar de refresco hubiese estado tomando un filtro de la verdad. Pero no había sido ello. Sino que era una persona que se tomaba muy en serio las promesas y, hasta aquel día, no había roto ninguna ni tenía intención de hacerlo. El chico había perdido sinceridad y ella contestó cada una de sus preguntas con toda ella.

Escuchó todas las palabras que salieron de la boca de Sirius y no fue capaz de mantener el pulso de miradas entre ambos. No aquella vez. Bajó la vista y se centró en uno de los platos sin prestar atención verdaderamente a lo que estaba mirando, pues únicamente escuchaba lo que el chico tenía que decir al respecto.

No sabía ni por dónde empezar a responder. Tenía ganas de coger el refresco y lanzárselo a la cara. Tenía ganas de levantarse y, aún sin saber cómo, volver al castillo. Tenía ganas de… Pero había prometido ser sincera y era algo que ella misma se tomaba muy en serio aunque el resto lo tomase a la ligera. - ¿Te gustaría que te juzgase en base a cómo eras antes? ¿O en base a lo que los demás van diciendo de ti? No, ¿Verdad? Pues entonces no hagas lo mismo conmigo cuando precisamente tú afirmas no creer en lo que dicen los demás. - Le tembló la voz. - ¿Te he demostrado en algún momento que eres uno más para mí, Black? ¿Lo he hecho? Porque que yo sepa no puedes ser más diferente para mí respecto al resto de personas. Para mí no eres un tío con el que enrollarme una noche y, aunque te lo lleve negando durante días, te considero mi amigo. Y odio considerarte eso, porque no quiero que me hagas lo mismo que el resto.- Hizo una leve pausa y dio un trago a la bebida, pues aquello estaba haciendo que no sólo se le secasen las palabras, sino que también lo hiciese su propia boca literalmente. – Yo también quiero ponerme bien. Quiero olvidar lo que me han hecho y todo lo que he hecho yo por ser una inmadura. Pero no voy a ser la misma de antes. Tarde o temprano todos aprendemos la lección y, aunque podía haberla aprendido de cualquier otra manera, lo he acabado haciendo así y no pienso retroceder y volverme a meter en lo mismo. – Clavó sus ojos, esta vez sí, en los del castaño. – Puedo parecer estúpida, pero te aseguro que no lo soy. Al menos no en ese tipo de cosas.

- ¿No te he demostrado ya suficiente? – Mordió la parte inferior de sus labios aguantando las ganas de gritarle y largarse de allí. Era una persona que no se caracterizaba por su paciencia y estaba haciendo un esfuerzo enorme por mantenerse en la misma posición. Respiró hondo y dio un nuevo trago a la bebida que estaba a punto de llegar a su fin. – Pero tienes que comprender que no resulta fácil hacerlo. La teoría es sencilla pero llevarlo a la práctica no lo es cuando no tienes la cabeza fría. Y contigo soy incapaz de tener la mente fría. Me sacas de quicio de tal forma que nadie lo había hecho, me siento bien a tu lado pero al mismo tiempo quiero alejarte. Es estúpido, pero es lo que siento. Y se me hace raro ser capaz de ponerme en tu lugar e intentar ser más amable contigo cuando siempre me ha dado igual cómo puedan sentirse los demás. – Notó la mano del chico sobre la suya propia y la miró. Elevó sus ojos de nuevo a los del chico y mostró una leve sonrisa mientras negaba con la cabeza.  – Te aprecio, aunque  no lo creas. – Y apartó la mano para tomar la bebida, siendo esta la excusa para alejarse una vez más del contacto.

- Y te recomiendo que si tienes ganas de hacer algo, lo hagas. No vayas de valiente Gryffindor y en el último momento metas el rabo entre las patas por no atreverse. ¿No decías que más valía vivir una vida plena que ir pensando demasiado lo que hacías? Pues aplícate tu propio consejo y si te apetece gritar, grita; si te apetece golpear algo, golpéalo; si te apetece besar a alguien, bésala. – Ladeó la cabeza y posó la mano propia sobre la ajena. – Pero como lo hagas conmigo, ni tus padres reconocerán tu bonito cadáver.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Miér Mar 09, 2016 11:24 pm

Rió divertido ante su idea de fingir ser su novia delante su familia y aunque le parecía sumamente tentador, no estaba muy seguro de ello, principalmente porque de un modo u otro, le interesaba proteger a Circe. De seguro Walburga le insultaría tanto, que en lugar de ser una visita agradable para reírse de sus padres, la chica podría acabarlo pasando muy mal. Sirius negó con la cabeza.

—No conoces a mi madre, dudo que sería una buena idea.

Suspiró resignado y desvió la mirada hasta sus patatas y que ya se habían acabado, por lo que continuó comiendo lo que le faltaba de la fajita, mientras hablaban del cine y ella le paraba la caña diciéndole que primero tendrían que ir a por el helado. El animago rodó los ojos y sonrió.

—Como usted diga, Señora Cabezota.

Rió divertido y continuó comiendo y respondiendo a sus preguntas respecto al baile de Navidad, aceptando a haber besado a McGoganall, dando a Circe una oportunidad más para burlarse y recordarle su teoría de que él moriría joven, aunque parecía dudar de que dejaría un cuerpo bonito.

—Jajaja… que maldita eres. No necesito ninguna poción para dejar un cuerpo bonito, o al menos eso es lo que se dice.

Le sonrió con una mirada complice por detrás de su vaso de refresco y es que Sirius era bastante consciente de que a él le calificaban como el chico guapo de su grupo de amigos, aunque ello —por supuesto— le importaba tan poco, que jamás alardeaba de ello. Para él era más importante lucirse a causa de sus habilidades con la magia y para poder meterse en líos. Esas cosas sí eran divertidas.

Contuvo el reírse cuando ella preguntó que era lo que seguía haciendo ahí si él ya había entendido que no podía obligarle a ser su amiga ¿qué acaso no lo había dejado claro? Él mismo había dicho ya un par de veces que primero acabaría de hacer aquel día, precisamente porque habían salido de Hogwarts y estaban en Hogsmeade cuando ella le restregó en la cara por última vez que no era su amigo. No iba a discutirle, Circe acababa de decirle que era cabezotas y eso era algo cierto, por tanto no cedería de la decisión tomada y no tenía ya porque seguirla explicando; acabaría ese día y el itinerario que se había armado para el cumpleaños de la chica y eso sería todo.

Entonces Sirius se cambió de asiento y dijo todo lo que tenía que decir para luego guardar silencio y escuchar su propia versión, notando como esta vez parecía serle incluso más difícil que la vez anterior. Noto el temblor en su voz, la debilidad de su mirada y lo dificultosas que le resultaban esas palabras. Comprendió también que ella tenía razón, que en realidad nunca le había tratado como uno más desde aquella noche en la que se habían dado por primera vez el tiempo de hablar entre ellos. Pero fue en ese momento en el que en verdad le soltó que ya le consideraba como un amigo, lo que hizo que una sonrisa inmediata le apareciera en el rostro y se olvidara de toda esa parafernalia de hacer de ese el último día porque en verdad ya no era necesario.

—Espera ¿Acabas de decir que me consideras ya tu amigo? ¿Lo dijiste?

Preguntó sin poder ocultar su felicidad, por lo que aprovechando la pausa que hizo Circe para beber de su bebida, él se puso de pie e hizo una especie de baile ridículo de la victoria a su lado, antes de volver a sentarse con cara de niño travieso que finge no haber roto ni un sólo plato.

—Y sí, entiendo que todos los cambios son difíciles y me alegra mucho que no tengas pensado volver a hacer la que eras antes, porque a pesar de todo lo doloroso que esto ha sido, te ha servido. Eres espectacular, Circe, recuerda eso para cuando alguien más quiera meterse contigo, porque en este Mundo, eliges tú.

Le regaló una sonrisa y bajó su mirada hasta su mano, sobre la cual —en ese momento— se posaba la de la chica. Aceptó aquel gesto como un regalo, sabía lo que difícil que podía ser para ella llegar a tomarle la mano, aún cuando no era la primera vez que ella lo hacía.

—Para mi tampoco eres alguien con quien enrollarme por una noche.

Admitió como si sintiera la real necesidad de hacerlo y levantó su mano de la mesa, aunque no sin antes asegurar los dedos de la chica para que no le quitase la mano de encima.

—Entonces tendrás que comenzar a apalearme ahora, porque pienso besarte la mano.

Le sonrió una vez más y tal como le había dicho, besó el dorso de la mano de la chica, para luego acariciarla entre sus dos manos y mirarle con una nueva sonrisa.

—¿Ves? No es tan difícil —dejó si mano en libertar —. Buena chica.

Rió entre dientes y se apuró el último sorbo de bebida, para luego ponerse de pie e ir a dejar la bandeja con los desechos a la parte de los contenedores, para luego regresar a donde estaba Circe e invitarla a salir del local con un movimiento de su cabeza.

Abrió la puerta para ella y salieron al exterior en donde el Sol estaba aún más agradable. No volvieron a subir a la motocicleta, sino que caminaron por la calle principal en busca de la heladería. Sin embargo, en el camino, se toparon con una tienda de tatuajes en donde Sirius se detuvo a mirar.

—¿Sabes qué? —preguntó girándose hacia la rubia —Te hago un trato —comenzó alzando su dedo índice —Tú dejas de intentar alejarme y yo te prometo que, aún si acaso llego a echarme novia, tú y mis amigos, aunque tú ya eres mi amiga y tú misma lo has dicho —sonrió orgulloso y casi bailando una vez más—, serán mi prioridad. Es una promesa, y como existen las promesas de sangre, planeo hacerla con una aguja —rió brevemente, señalando hacia la tienda—. Pero tú también te haces uno, uno pequeño que te recuerde a mi y entonces yo también me haré uno que me recuerde de ti.

Sí, estaba consciente de que aquello era una locura, pero es que ¿no era precisamente la juventud la época para hacer ese tipo de impulsivas y alocadas acciones?
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Circe A. Masbecth el Jue Mar 10, 2016 7:39 pm

Enarcó una ceja ante la muestra de ego de Sirius. No porque no creyese en sus palabras, sino por mero desprecio a su alto nivel de amor propio. – No te has mirado últimamente al espejo, ¿No? – Dijo con cierto desprecio en la voz. – A lo mejor en las últimas semanas te has vuelto un poco menos… Agradable a la vista. O simplemente siempre has sido así y tu ego no te ha dejado verlo. – Añadió mostrando el mismo desprecio justo antes de dibujar una sonrisa y acompañar la risa del chico con la suya propia.

Tal como había prometido, soltó todo aquello con total sinceridad. No era dada a aceptar ese tipo de tratos, pero lo había hecho como todo con Sirius. Pues si no estaba acostumbrada a confiar en los demás, con él lo hacía. Si no estaba acostumbrada a sentir que podía ser ella misma, con él lo hacía. Y por esa misma razón le dio una oportunidad para aceptar su trato de sinceridad y dejar salir las palabras de su boca con esa marcada sinceridad incómoda.

- ¿Tú quieres salir de aquí vivo hoy, Black? – El chico había comenzado a hacer algo similar a una danza de la lluvia con el fin de mostrar su alto grado de felicidad por haber escuchado aquellas palabras salir de la boca de la rubia, quien no pudo  más que poner una mueca de desagrado y rodar los ojos mientras veía cómo bailaba como si tuviese un petardo colocado estratégicamente en el trasero. – Deja de hacer el ridículo. – Añadió tajantemente cogiendo un nacho de su bandeja y dándole un mordisco para terminar de comérselo en varios de estos.

Notó como sus mejillas se estaban poniendo coloradas por el cambio de temperatura de su propio cuerpo, el cual venía directamente acarreado por la dirección que había tomado la conversación. Para intentar disimular aquello dio un último trago a su bebida, pero sabía de sobra que, teniendo en cuenta el color claro de su piel, el tono rojizo que esta había tomado saltaría más que a la vista. Pero no por ello haría mención alguna. Aunque cuando Sirius lanzó un halago al aire sobre cómo era la rubia, no pudo más que renegarse a ser consciente que Sirius estaba viendo que estaba colorada. Ella. Circe Masbecth, colorada. ¿Dónde se podía haber visto eso antes? En ningún momento de su vida, pues no sentía vergüenza ante nada, no le importaban las miradas ajenas. Pero como todo, con Sirius no podía ser más diferente a la normalidad. No podía ser más diferente al resto a lo que estaba acostumbrada. – Siempre lo recuerdo, ¿Dónde te crees que estaría mi ego si no lo supiese? – Preguntó retóricamente intentando pasar por alto el hecho de que su rostro había cambiado considerablemente su tono habitual. – Además, nadie se mete conmigo. Puedo parecer frágil pero sabes de sobra que no lo soy y no volveré a dejar que ningún capullo me haga nada parecido, te lo aseguro. Aprendo rápido. – Añadió con una leve sonrisa hacia el chico, intentando demostrar de alguna forma que estaba agradecida por sus palabras aunque no pensaba decirlo en voz alta.

Soltó un resoplido al notar la mano del chico alrededor de la suya, enlazando sus dedos y afianzando que el control de la mano ajena era total como para poder ejercer todo tipo de control sin obtener resistencia. – Ni en tus mejores sueños pasaría eso, Black. – Dijo con una sonrisa irónica de oreja a oreja sin mirarle a los ojos, pues estaba demasiado pendiente viendo qué hacía con su mano e intentando descifrar cuáles eran las intenciones del moreno pues, conociéndole como lo hacía, sabía que no sería nada bueno. Nada bueno para la parte que a ella le tocaba.

Los labios del chico se posaron rápidamente sobre el dorso de su mano y Circe se limitó a rodar los ojos, mordiéndose la parte inferior de los labios con el fin de apaciguarse y no golpearle por ser tan sumamente pesado con aquel tema. – No me trates como si fuese un perro cuando aquí el único con pulgas eres tú. – Dijo con seriedad soltando rápidamente su mano de la de Sirius. No le había incomodado, al menos no demasiado. Pero no le agradaba aquella situación y haría todo lo que fuese preciso para llegar a su fin lo antes posible. – Y aún me debes una explicación de eso. – Añadió haciendo mención al tema de convertirse en un perro así como si nada en mitad del pasadizo.

Terminó con su comida y le tendió la bandeja a Sirius cuando este se levantó para que aprovechase el viaje y tirase el contenido de ambas en la papelera mientras ella se levantaba, se colocaba nuevamente el abrigo y seguía al chico hasta la salida del local cuando este volvió. Aprovechó aquel corto lapso de tiempo para comprobar que llevaba algo de dinero muggle encima, apenas un par de libras, pero suficiente para comprar un helado para cada uno si el precio no resultaba ser desorbitado.

No habían pasado ni dos minutos desde su salida del local cuando Sirius volvió a mostrar su capacidad para tener las ideas más disparatadas del mundo en cuestión de pocos segundos. – Dudo que consigas una novia sin un filtro de amor. Eres demasiado insoportable, pero lo veo un buen trato. – Dijo la rubia con una sonrisa ladeada antes de que llegase el resto de la información. – No hablas en serio. – Se limitó a decir mirando los ojos del moreno y, viendo su mirada, le quedó claro que hablaba muy en serio. – No, no lo dices en serio. – Repitió una vez más elevando ambas cejas. – Estás loco, ¿Lo sabías? – Soltó una carcajada sin poder evitarlo y sin hacer un intento de ello.

Lo pensó por apenas un segundo y miró directamente a Sirius. – Cuando mueras me quedará un trozo de tinta en la piel para acordarme de lo insoportable que eras y de lo merecida que tenías la muerte. – Contestó la rubia ladeando la cabeza. No pensó. Se dejó llevar como intentaba hacer estando con Sirius, dejando al lado su miedo a acabar sufriendo por confiar en los demás. Bajó la mano y tomó la de Sirius entre la suya propia. – Aprendo rápido, te lo dije. – Dibujó una leve sonrisa en sus labios y abrió la puerta del local haciendo que Sirius pasase tras ella y ambos se encontraran con una tienda prácticamente vacía, salvo por una mujer con el cuerpo tatuado y perforado que esperaba sentada en el mostrador leyendo una revista.

- Buenas, mi amigo quería hacerse un tatuaje. ¿Podrías darle presupuesto? – Se apoyó en el mostrador mirando a la chica de los tatuajes y se giró señalando a Sirius, a quien aún no había soltado la mano. – Venga, dile lo que quieres. – Miró a Sirius con una sonrisa angelical, como si no hubiese roto un plato en su vida, esperando a que este se arrepintiese de la terrible idea. Pero una parte de ella sabía que no iba a arrepentirse. Era demasiado impulsivo, cabezota e inmaduro. Y ella le estaba siguiendo el juego.
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Invitado el Jue Mar 17, 2016 10:38 pm

Y Circe se había sonrojado…

Lamentablemente, Sirius no había pasado tanto tiempo con ella en su vida, como para percatarse de que aquello era increíblemente extraño. Para él era normal ver a chicas sonrojarse, tenía compañeras y también compañeros que se sonrojaban incluso si un profesor les hacía una pregunta en clases y, muchas de las chicas se sonrojaban también con halagos ¿Cómo podía saber hasta entonces que Circe era diferente? Lamentablemente esa era una de las cosas que aún le faltaban por conocerle.

—No me refiero a ESE meterse contigo, Circe. Me refiero a que no cualquiera debería merecerte, que… literalmente eres mucho filete para cualquier perro —estalló de pronto en risas —. Disculpa el ejemplo, pero es lo más didáctico que se me ocurre, eres… como limpiarse el culo con seda, no sé si me hago entender. No cualquiera podría tener ese privilegio… ¡ESO! Estar contigo debería ser un privilegio ¡eso es lo que quería decir!

Rió brevemente, y es que cualquiera que conociera a Sirius Black debiera también saber no era un erudito de la palabra y que el chico se sabía expresar mucho mejor con hechos que con el uso de éstas.

—¿Y quién dice que en mis mejores sueños tendrías que estas tú presente?

Le respondió con una sonrisa competitiva, antes de besarle la mano y soltarle, felicitándole por ser una buena chica, a lo que Circe le respondió exigiéndole que no le tratara como un perro, asunto que por supuesto le causó gracia. Por otro lado, la rubia no era tonta, ni lejos olvidaba fácilmente lo que fuera que ocurriera y por ello no dudó en recordarle que le debía una explicación al respecto. Sin embargo, ya estaban saliendo a al calle, por lo que Sirius simplemente respondió:

—En otro lugar. Luego.

Sonrió a la chica, y se detuvo entonces a las afueras de ese pintoresco local en donde hacían tatuajes y otros tipos extraños de perforaciones. Fue ahí en donde tuvo su extraña y alocada idea de que ambos se tatuasen mutuamente para sellar aquella promesa en donde ella y sus amigos siempre serían su prioridad aún y cuando se echase una novia.

Sirius rió brevemente entre dientes cuando escuchó a la rubia decir que él sólo podría echarse una novia con la ayuda de algún filtro amoroso, pero no hubo mucho tiempo para que él le contase nada, ya que la chica inmediatamente se sorprendió también con su idea y le tachó de loco.

—Me han llamado de peores formas —sonrió.

Y apenas pudo abrir la boca, ya que ninguna palabra salió de ella, ni antes ni después de que la chica le tomase de la mano. Ciertamente aprendía rápido y eso a él le sorprendía mucho y de muy buena manera. Así que volvió a cerrar la boca, para regresarle la sonrisa y entrar junto a ella al local, ambos tomados de la mano.

Si Circe pensaba que él se iba a retractar y salir huyendo de aquella peligrosa señora con aguja, estaba muy equivocada.

—Hola —saludó a la locataria con una amplia sonrisa —. En verdad, mi amiga —miró a Circe de forma fugaz, antes de regresar su mirada a la mujer —y yo, queremos hacernos tatuajes ¿Tiene algún libro con diseños, puedo yo dibujar algo o buscar ideas en algún sitio?

—Claro —respondió enseguida la mujer y les indicó la computadora y el fantástico y espectacularmente mágico internet con Google Imágenes.

—¡WOW! —exclamó Sirius —¿Y aquí puedo encontrar fotografías de lo que sea? ¿LO QUE SEA?

Preguntó recalcando aquella última frase, a la que la mujer asintió y el pelinegro no dudó en Googlear inmediatamente “Las bolas de Dumbledore”, pero nada de lo que esperaba ver (en realidad no) salió en los resultados y la locataria se descojonó por su ocurrencia.

—¿Quién es Dumbledore? —preguntó ella.

—Su novio —respondió Sirius, inmediatamente señalando a Circe.

—Oh… No, sólo muestra cosas que otra gente publica, por lo tanto debe ser algo popular ¿Nunca habías usando Google Imágenes?

Sirius negó con la cabeza y volvió a acercarse al teclado para buscar por Sirius, saltándole enseguida una gran cantidad de imágenes con la estrella que llevaba su nombre, lo cual le hizo sonreír. Entonces miró a Circe.

—Quiero algo especial, algo que no sólo me recuerde de ti, sino que tú también lo veas y sientas que eres tú. Algo que te identifique personalmente, así que necesito tu ayuda.
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Circe A. Masbecth el Jue Mar 17, 2016 11:12 pm

No pudo evitar acompañar la carcajada del chico. No era una chica dada a la risa fácil y mucho menos influenciada por otras personas pero, tal y cómo había demostrado en el tiempo que hacía desde que se conocían, Circe era diferente cuando estaba con Sirius. Cualquier otra persona diría que no era ella misma pero, irónicamente, era con él cuando realmente era ella misma con total libertad. – Podrías haber empezado con eso último. Acabas de demostrar que no destacas precisamente por tu elocuencia. – Añadió la rubia aún con la sonrisa en el rostro por el intento de Sirius de despejar su mente mediante el uso acertado de palabras que le había costado más de lo normal encontrar.

Eran dos personas con suficiente ego como para mantener una conversación tan sólo intentando quedar por encima del otro. Pero no les bastaba demostrar su superioridad, sin que ambos precisaban al mismo tiempo demostrar que el otro era inferior. – Obviamente lo decimos mi amor propio y yo. – Enarcó una ceja mirando al chico antes de negar con la cabeza. – Por favor, Black, si estabas deseando  pasar tiempo conmigo, ¿Cómo no iba estar yo en tus mejores sueños? – Dijo haciendo alarde, una vez más, de aquel amor propio del que tanto presumía.

La respuesta no fue la esperada, pero sí clara y concisa. Circe no era el tipo de persona que olvidaba una conversación y mucho  menos olvidaría aquella. No dejaría que Sirius dejase de lado el tema de la animagia y volvería a él tan rápido como tuvieran oportunidad. Pues era una persona cabezota, de esas que precisan soluciones rápidamente a sus problemas. De las que quieren las cosas en el momento y son tremendamente impacientes. Por lo que le daría más de una vuelta al tema haciendo que volviesen a él en un momento o en otro.

Una vez en el exterior no logaron llegar a la tienda de helados de la que Sirius había hablado, pues ante sus ojos surgió una nueva oportunidad de demostrar la inmadurez e impulsividad de Sirius y, como cabía esperar, el chico no rechazó la oportunidad de demostrar cómo era una vez más.

Circe guardó silencio ante la conversación entre la chica del local y Sirius, rodando los ojos ante su mención de Google y el gran descubrimiento que fue para Sirius. - ¿En serio? – Miró a Sirius de manera acusadora, aunque entendía totalmente que viniendo de una familia mágica como era la suya propia, no conociese aquello. - ¿Y tú pretendes ser así una decepción para tu familia? – Preguntó retóricamente. Pues Circe había descubierto internet precisamente gracias a su hermano el desheredado, por lo que había dado por hecho que Sirius conocería todo tipo de cultura muggle con tal de sacar de quicio a sus padres tal y cómo hacía su propio hermano desde que tenía uso de memoria.

Un golpe al hombro de Sirius llegó en el momento que mencionó a Dumbledore como el novio de Circe. No por el hecho de ser Dumbledore, ni por el hecho de hablar de parejas cuando ambos habían dejado claro que sus ideales de tener una estaban bien lejos de su realidad diaria. Sino porque le resultó incómodo que hablase con tanta soltura de un tema que, en caso de ser cierto, sería tan personal. Frunció el ceño mirando a Sirius y pasó de largo, situándose en el otro ordenador que había en el local.

La idea de Circe era clara y sencilla desde el primer momento. Conocía la tradición de los Black para poner a sus hijos nombres relacionados con las constelaciones gracias a que se había topado con más de un Black a lo largo de su vida. Y, por suerte, gracias a Astronomía conocía algo más del tema.

Elevó la vista por encima de su ahora ordenado para mirar a Sirius, quien ya parecía haber dejado de lado la búsqueda del miembro de Dumbledore en la red para centrarse en lo que realmente habían ido a buscar. – Si te tatúas la palabra “zorra” todo Hogwarts me identificaría rápidamente. ¿No tengo esa fama? – Dijo con burla al tema del que habían hablado mientras comían. Pues Circe conocía perfectamente su propia fama y, para ser sinceros, no le importaba en absoluto bromar sobre ello. – Déjame que piense. – Ahora fue más seria y pensó justamente en lo que había pensado cuándo él habló de los tatuajes. Algo que le recordase a él. A Circe no tardó en venirle a la mente la figura del perro negro que había visto en el pasadizo y aquello terminó por unirlo con el nombre del chico y su consiguiente formación de estrellas. Pero por su parte… Ella no tenía nombre de estrella.

- Circe es una diosa y hechicera de la mitología griega. Convertía a las personas en animales cuando no le agradaban… Así que te diría que un animal. – Hizo una breve pausa y ladeó la cabeza, como si realmente estuviese pensando por momentos lo que estaba diciendo y no lo hubiese decidido ya desde el momento en el que abrió la boca. – Me gustan los reptiles. Pero no te veo por ahí con una serpiente tatuada en el brazo. Aunque siempre he preferido las iguanas o los camaleones. – Añadió dándole un par de vueltas al tema. – Así que mejor descartar un reptil. – Volvió a pararse, mordiendo su labio inferior como si pensase verdaderamente en aquello. – Me agradan los murciélagos. Pero siempre los he preferido blancos, son menos comunes. – Añadió finalmente la rubia con tono incluso divertido. – Hazte uno. Es mi elección de tatuaje con el que me identifico. – Dijo de manera tajante, más como una orden que como otra cosa. – Yo creo que me quedo con la constelación en la que está tu nombre. Que además tiene forma de chucho. – Miró a la chica de los tatuajes y luego a Sirius. – Las damas primero, así que Sirius, ¿Haces los honores de tatuarte antes?
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