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Crazy youngsters {Circe A. Masbecth}

Invitado el Dom Feb 28, 2016 6:17 am

Recuerdo del primer mensaje :

Luego de haber enviado una lechuza la tarde anterior…

Había asistido a clases durante la mañana con total normalidad y había dejado una nota para que sus amigos no le buscaran por perderse aquella tarde y que se habría llevado el Mapa del Merodeador con él. Cosa que habría hecho aunque no lo necesitara, aún cuando no tuviese intenciones de burlar a ningún profesor, ni de encontrar a ninguna, simplemente por el hecho de que no quería dejar evidencia alguna de que se encontraría con Circe Masbecth, ya que —muy curiosamente— mantenía su “amistad” en total secreto, incluso para sus amigos, lo cual era bastante curioso, pues si acaso alguien llegara a explicarle un motivo, realmente no lo tenía, era algo que simplemente disfrutaba hacerlo de ese modo.

Ya el día anterior se había escapado a la Casa de los Gritos para tomar lo que necesitaba y dejarlo a mano para el siguiente día, por lo que para el receso del almuerzo salió corriendo de la clase y se dirigió inmediatamente a la Sala Común de Gryffindor en donde se echó una ducha rápida y se cambió de ropa para calzarse encima unos vaqueros grises, una camiseta negra de AC/DC, la chaqueta de cuero también negra y unos guantes sin dedos.

Inmediatamente buscó en el Mapa del Merodeador por la etiqueta con el nombre de Circe Masbecth, a quien le pareció ver acercándose al lugar de encuentro, por lo que salió inmediatamente de la Sala Común y bajó corriendo las escaleras, saltándose aquel estúpido peldaño falso del quinto piso, hasta llegar al tercero, en donde miró hacia ambos lados para asegurarse de evitar ojos curiosos antes de leer el Mapa una vez más, asegurándose de que no hubiese profesores cerca para ir a buscar a Circe a su lugar de escondite, teniendo absolutamente ningún problema para encontrarla.

—Hey, rubia —le saludó con una sonrisa torcida —. Te ves… lista para irnos.

Sí, había tenido la intención de decirle un cumplido, pero aquel simplemente no salió de su boca. ¿Cuándo en su vida había hecho un cumplido a una chica que no hubiese sido de una manera indirecta? Hasta ese momento no lo había hecho y dudaba que comenzara a hacerlo ese día. Era la primera vez que veía a Circe con ropa de calle desde había comenzado a fijarse más en ella, y debía reconocer de que se veía bastante bien.

—Tenemos que apurarnos, Filch viene de camino.

Advirtió antes de invitarle a seguirle con un movimiento de cabeza y meterse por uno de los pasillos, en donde volvió a sacar el Mapa para chequearlo muy rápidamente antes de doblar la esquina, más no avanzó más que un par de pasos más allá y se detuvo para mirar a la muchacha.

—Necesito que confíes en mi, sólo por esta vez… Obscuro —conjuró con la varita y una venda negra para ojos apareció en sus manos —. Te enseñaré todo el camino cuando regresemos, si acaso te portas bien conmigo —le sonrió —. Palabra de merodeador.

Si ella accedía, entonces le vendaría los ojos con cuidado y le guiaría de la mano hasta la estatua de la bruja jorobada. Si no… le recordaría que Filch venía en camino y que no tenían mucho tiempo para perder, que de verdad prometía enseñarle el camino después.
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InvitadoInvitado

Invitado el Lun Mar 21, 2016 6:04 pm

—¿De verdad te sentaría que tuviera sueños contigo? ¿ESOS sueños? —preguntó sin poderlo evitar —Pensaba que a las chicas no les gustaba ser las protagonistas de esas cosas en los hombres.

La verdad era que ya no sabía que esperarse de Circe. La rubia se le antojaba a veces demasiado diferente a cualquier otra chica, a veces incluso la encontraba tan tosca y descarada que le hacía sentir que hablaba con uno de sus colegas y no con una chica de verdad, pero por el otro lado, era sólo cosa de mirarla y sentir lo directamente opuesto, ya que dejando de lado lo que salía de su boca, Circe era demasiado femenina.

—Conozco los computadores, algunos de ellos, y también internet, pero no sabía de esta página… ¿Página no es así?

No estaba seguro de haber usado la palabra correcta, la verdad es que no estaba seguro de muchas de ellas, ya que tampoco es que hubiese tenido toda su vida para acceder tan fácilmente  alas cosas muggles. Él siempre las buscaba, sí, pero para llevarlas a casa, por tanto eran cosas que podía comprar y que necesitaba leerse el manual. Por supuesto una vez había llegado también con un computador, ya que veía que los muggles los usaban mucho, pero en su casa no había internet y pronto le pareció hasta aburrido. Claro, hasta que alguien más le explicó, pero aún así, sólo lo había usado un par de veces. Los objetos tecnológicos no funcionaban en Hogwarts y tampoco era fácil conseguir internet por esos lados y las últimas vacaciones se las había pasado peleando brutalmente con su familia y marchándose a casa de James, quien había intentado subirle el ánimo con alguna que otra chiquillada, pero no internet.

Curvó una sonrisa en sus labios cuando le escuchó decir que la mitad de Hogwarts la identificaba con la palabra “Zorra”, y eso era algo en lo que tenía razón. Sirius, por otro lado, prefería buscar por un detalle mas agradable, aunque si ella se sentía orgullosa de la palabra “Zorra” el no pondría ningún pero en tatuársela por algún lado. Pero por fortuna la chica comenzó a pensarse en alguna otra imagen, por lo que él le escuchó analizando sus posibilidades con atención.

—Lo pensé —reconoció cuando la chica mencionó a la diosa Circe —, pero tatuarse una mujer es… no sé, raro —rió divertido —. Además, debe ser un trabajo terrible, estaríamos aquí encerrados todo lo que queda de la tarde y aún quiero que vayamos a ese cine.

La verdad es que sólo se había tatuado una vez en su vida, pero había sido algo simple y rápido y aún así el tatuador se había tomado su tiempo. Torció la boca cuando la chica dijo que le gustaban los reptiles ya que no le convencía mucho su respuesta. Vamos, a él le gustaban los cup cakes, pero no se sentía identificado con uno de ellos.

—¿Una serpiente? —preguntó no muy seguro —No me molestaría hacerme una, pero creo que es demasiado común, sobre todo teniendo en cuenta que un cuarto de la población de Hogwarts se identifica con una serpiente.

Mencionó, sin poder evitar lanzar una mirada suspicaz a la locataria, aunque rápidamente se dio cuenta de que en verdad aquella mujer no tenía ni una forma de relacionar aquel nombre con algo de su Mundo. Es más, ni siquiera sabía ella nada de su Mundo.

Sirius no pudo evitar alzar una ceja ante la elección del tatuaje de Circe, pero aún así buscó enseguida en esa bendita web site llamada “Google imágenes” con las palabras claves de “White bat tattoo”.

—¿Estás segura que te identificas con ello? —le preguntó girándose para mirarla —Digo… a mi me encanta el chocolate, pero si veo una barra de chocolate no siento que me identifique —rió brevemente —. Mira estos…

—En realidad, podría ser incluso cualquier murciélago con tinta blanca en lugar de negra —dijo la encargada y les enseñó un pa de fotografías de tatuajes en tinta blanca.

Sirius miraba lo que ella proponía al mismo tiempo que seguía buscando, hasta que dio incluso con una caricatura que se veía demasiado adorable.

—Aaaaaaawwww… Mira esto —dijo señalando una imagen de Bartok de Disney.

Dejó así apartadas las que más le gustaban y dentro de ellas, pidió a Circe que ligera la imagen definitiva, antes de sacarse la chaqueta y dudar un momento, para luego hacer lo mismo con la camiseta. Había pensado ponérselo en el brazo, pero le pareció un lugar demasiado común para alguien como Circe, así que finalmente decidió hacérselo en la espalda.

Ya preparado, se tendió sobre la camilla y estiró a la rubia na de sus manos, para que ella la tomara, mientras él la miraba con cara de perrito degollado.

—¿Me cantarías una canción para que no duela tanto? —le preguntó divertido.
Opciones de tattoo:
Uno
Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis
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Circe A. Masbecth el Dom Abr 03, 2016 2:56 pm

Enarcó una ceja automáticamente ante las palabras de Sirius y una mueca de asco inconsciente ocupó su rostro. - ¿Por qué tienes que ser tan mal pensado siempre? – Preguntó golpeándole en la parte superior del brazo con la mano abierta.  – He dicho en tus mejores sueños, no en tus fantasías más oscuras, Black. Yo no tengo la culpa que tu idea de “mejor sueño” sea esa. – Se ruborizó ligeramente mientras decía aquellas cosas. No era dada a ruborizarse por un tema como aquel, pero con Sirius sí. Sí, con Sirius podía hablar de cualquier tema con total tranquilidad y confianza, pero al parecer los aspectos íntimos eran algo que se escapaban a su control con el mayor de los Black. – Y como tengas una mierda de sueños de esos conmigo doy por finalizada nuestra amistad. – Hizo una leve pausa y miró al chico elevando nuevamente las cejas. – Sí, lo volví a decir.

En el interior de la tienda las cosas se tornaron un tanto diferentes a lo que Circe estaba acostumbrada. Por alguna razón, Circe esperaba que el conocimiento del mundo muggle por parte de Black fuese mucho mayor del que mostraba en aquellos momentos. Durante sus conversaciones este había hecho referencia en más de una ocasión a su relación con el mundo muggle y, dadas sus amistades y su incapacidad por agradar a su familia, había dado por hecho desde un inicio que tendría una familiaridad mucho mayor con aquellos aparatos  ante los que ahora se encontraban.

No pudo evitar reír. La situación ante la que se encontraba era sumamente absurda y no se creía todavía que estuviese en una tienda de tatuajes, con la idea en mente de ser ella quien dejase a la tinta plasmarse en su piel, junto con Sirius. Apenas hacía unas semanas que se conocían y parecía que las cosas no eran así. Parecía que en lugar de semanas hubiesen sido años de relación cercana, confidencialidad y consejos. Pero no era así. Apenas habían sido unas semanas, unos días y aquello resultaba ser desconcertante para alguien a quien no sólo le cuesta confiar en los demás, sino que tiende a no hacerlo a no ser que sea evidente la confianza.

- Sí, tatuarse eso es raro. Mejor tatúate mi cara, es mucho más bonita que la de cualquier otra mujer y así alimentas un poco más mi ego. – Dijo la rubia con tono angelical mirando a Sirius. – Y el helado. – Añadió ante las palabras del chico. Sí, era cierto que tenían que pasar por el cine a ver la película elegida por Sirius, pero también era cierto que habían hablado de tomar un helado y, una vez hablado, no había vuelta atrás. El helado estaba en sus planes para aquel día y, dado que era su cumpleaños, era un deseo que tenía que cumplirse sí o sí, incluso más que cualquier otro día.

- Todos los Slytherin tienen la costumbre de sentirse identificados con serpientes porque es el símbolo de su casa. Vale que puedas usarlo como un juego de palabras, pero ya cansa. – Estaba cansada de las referencias a aquellos reptiles por parte de todos los Slytherin. Estaba de acuerdo con que los miembros de aquellas casas presentaban una serie de características comúnmente asociadas a aquellos animales, pero también podían ser un poco más originales y ver que había más animales en el mundo además del que lucían con orgullo en el emblema de su casa. – Además, ¿Qué pensaría de ti tu familia si llegasen a enterarse que la decepción de su hijo tiene un tatuaje con el símbolo de Slytherin? Seguro que volverían a adoptarte en casa, a darte parte de su herencia y a sentirse orgullosos de ti… - Dijo con tono divertido. – Y dejarías de ser interesante. – Añadió ladeando la cabeza cambiando rápidamente la dirección de su vista hacia la zona de los tatuajes.

No pudo evitar dibujar una sonrisa entre sus labios ante el comentario elocuente de Black y volvió a negar con la cabeza, aún con la sonrisa impregnando sus labios. - ¿Confías en mí? – Preguntó retóricamente sin esperar ningún tipo de respuesta por parte de su acompañante. – Entonces háztelo o no preguntes con qué me siento identificada.

Miró los diseños que señalaba el chico y no tardó en identificar el que, bajo su punto de vista, era el más adecuado en aquella ocasión. – Me gusta este. – Dijo señalando al que se encontraba en la segunda página. Un pequeño murciélago con sendas alas rodeando su propio cuerpo y dejando ver su cabeza y grandes orejas por encima de cualquier otro de sus rasgos.

Una vez se eligió el diseño, Sirius se tumbó sobre la camilla indicada por la tatuadora y Circe se acercó hacia el chico, mirando su mano cuando este la tendió como si tuviese intención de que volviese a cogerle de la mano. – Suficiente contacto físico por hoy, Black. – Dijo con tono divertido mientras se sentaba en una de las banquetas cercanas a la camilla, pero no demasiado para no entorpecer el trabajo de la mujer. – Será mejor que pienses en cosas bonitas o te recordaré durante toda tu vida lo nenaza que eres. – Añadió sin pensarlo dos veces una vez escuchó el ruido del motor de la aguja a sus espaldas, indicando que el proceso iba a empezar.
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Invitado el Mar Mayo 03, 2016 8:31 pm

Definitivamente se le escapó una gran carcajada en cuanto la chica le golpeó el brazo y lo acusó de mal pensado mientras ella se ruborizaba ¿de verdad Circe se ruborizaba? Vaya, la chica definitivamente era una caja de sorpresas para Sirius, cualquier cosa que no se esperaba de ella, ella siempre la traía consigo, incluso sorprendiéndole al ya no saber que esperarse.

—Lo siento, pero no sé que quieres que piense si a un adolescente como yo le hablar de “sus mejores sueños” —mencionó marcando las comillas —, y ya decía yo que sería extraño que te gustara, a las chicas en general no les gusta. Lo que es yo, si me entero que alguien ha tenido un sueño de esos conmigo, me moriría de la risa.

Alzó los hombros con simpleza, de verdad que a él no le importaba que se lo imaginasen desnudo o en esas actitudes, era un sueño y los sueños no se controlan, según él. Por lo que para Sirius, tener sueños con alguien no significaba nada a menso que uno quisiera que significase algo.

Rió cuando ella le dijo que se tatuase su rostro y mejor prefirió ahorrarse los comentarios, debido a que si tuviese que tatuarse su rostro, se lo haría en el trasero y no quería decirle aquello. Y no, no se lo tatuaría ahí a modo de ofensa, sino que porque sería algo tan notorio, que le gustaría mantenerlo íntimo y lugares íntimos y tatuables tenía pocos, porque ni de joda se tatuaba en la delantera.

—Así que te resulto interesante por haberme rebelado ante mis padres y ahora ser un pobre muerto de hambre —rió entre dientes —. No tiene ningún sentido… Bueno, lo de rebelde tal vez, pero creo que todos lo somos un poco a nuestra edad.

Para Sirius ser un rebelde era una parte fundamental de ser adolescente, aunque claro, él se había dado cuenta que a él se le había pasado un poco la mano en comparación con el resto de sus compañeros, pero vamos, nadie hasta ese momento había salido herido ¿qué tan grabe podía ser?

—En teoría —respondió riendo entre dientes cuando Circe le preguntó si acaso confiaba en ella.

Dejó que ella escogiera el tatuaje que más le gustaba para luego sentarse sobre en la camilla y tender su camiseta sobre sus propias piernas y así entregar su espalda al descubierto a la señora de los tatuajes. Circe pudo ver que en uno de los brazos Sirius ya llevaba un tatuaje de un pentagrama con notas musicales, por tanto aquel no sería el primero. Aún así, el chico le tendió la mano y puso la mejor de sus caritas lastimeras para que la rubia lo consolara cantándole una nana o al menos tomándole de la mano, pero ella no accedió a hacer ninguna de ellas.

—Nenaza o no, seguiré siendo sexy.

Bromeó guiñándole un ojo, intentando después dejar en sus labios una sonrisa que no llegó a dibujarse pues la aguja se le clavó en ese momento y no pudo evitar el gesto de dolor.

—Aaaauuu… ¿Ni siquiera una palmadita suave en la cabecita?

Volvió a pedir a Circe, con su carita de niño bueno y respiró profundo, intentando contener el aire y pensando en cualquier cosa para distraerse.

—¿Y qué hay de alguna historia? Cuéntame algo, algo de ti que yo aún no sepa. Algo que me haga pensar en otra cosa.

Rió brevemente. Sí, sabía que podía perfectamente sobrevivir sin consuelo alguno, pero siempre era bueno recibir un poco de ello si se podía, aunque sea un poquito.

Una vez terminado el tatuaje y puesta alguna venda, Sirius se puso de pie de un salto y respiró con alivio.

—Te andaré buscando en la escuela para que me eches crema, lo sabes ¿no?

Le dijo a modo de advertencia, aunque más bien era una broma. Curiosamente tenía la suficiente flexibilidad en los brazos como para alcanzarse cada rincón de su espalda, y aún en caso de no ser así, sus propios mejores amigos eran sus compañeros de cuarto. Pero dejar caer una advertencia a Circe, para que sintiese un poco de culpa a ver si caía no tenía nada de malo.

—Tu turno —le cedió su puesto en la camilla —¿Ya pensaste lo que te vas a hacer y en donde? Recuerda que tiene que pasar por mi aprobación.

Y, una vez aprobado y comenzado el trabajo, Sirius sí se quedó más cerca de ella y le regaló alguna caricia por el hombro o en algún lugar mientras la miraba con expresión de “Aaaaawwww… que buena niña”.

—Yo también puedo contarte algo si quieres —sonrió divertido —. Para san Valentín recibí una caja de bombones con... sorpresa —mencionó antes de mirar a la tatuadora, por no poder decir Amortentia —, me los dio Rita Skeeter, y el idiota aquí presente se los comió —meneó la cabeza —. Caí sin esperanza y me acuerdo de todo —asintió esta vez, aunque con algo de pesar —. Ahora no quiero comer chocolate otra vez… bueno, sí, pero sólo si yo lo compro.
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Circe A. Masbecth el Vie Mayo 06, 2016 5:23 pm

Rodó sendos ojos ante el alarde de hormonas propia de un chico de su edad. Era cierto que, cualquiera que hubiese oído aquello, pudiese haber tornado la conversación de la misma forma que Sirius lo había hecho. Pero Circe no. Circe había dejado salir las palabras de su boca tal cual iban apareciendo en su cabeza, sin pararse a pensar de con quién estaba y la edad que este tenía como para considerar cualquier oportunidad válida como para pensar de la peor de las maneras posibles. – Di por hecho que eras algo más maduro. – Elevó el labio superior hasta formar una sonrisa irónica que finalizó al dejar escapar la continuación de la frase que tenía en mente con la única finalidad de molestar, una vez más, al chico. – Pero ya veo que estaba equivocada. – Para nada creía estarlo. Pues, para nada había considerado que Sirius era más maduro como para no entender aquella frase del modo que lo había hecho. Ella simplemente había hablado, sin pensar qué consecuencias tendrían sus palabras en la mente hormonada de un adolescente como resultaba ser Black.

Considerar que la parte interesante de Sirius recaía sobre la ruptura con sus padres no era para nada cierta. Pero sí que era un aliciente para llamar la atención de Circe, la cual más bien le admiraba por no dar su brazo a torcer en cuanto a sus convicciones y lanzar por tierra su futuro fácil y guiado por la herencia de sus padres, teniendo ahora la necesidad de partir solo y de cero por haber rechazado el camino sencillo. – Te equivocas en eso. – Hizo una leve pausa y se explicó.

No me resultas interesante por ello, aunque es cierto que me parece algo admirable, para qué mentirnos. Eres un saco de orgullo y amor propio, pero aún así prefieres renunciar a eso para seguir tus propios principios. Has dejado de lado el camino sencillo donde tendrías todo el trabajo duro hecho. Ahora tienes que partir de cero y depender de ti mismo, ya no tienes la influencia que tus padres pudiese tener a la hora de conseguir un empleo o moverte en un buen círculo social. – Ladeó la cabeza y miró directamente a los ojos del castaño. – Aunque ya sabes, depende del punto de vista. Para algunos el mejor círculo social puede ser el peor para otros. Imagina a un sangre sucia en el círculo social de tus padres, tiene que ser todo un tormento. – Pues, aunque sabía que Sirius sentía respeto y aprecio hacia algunos de esos “sangre sucia”, Circe no iba a dejar de usar el término. No lo consideraba despectivo, sino una simple realidad y una manera de hablar sin ninguna importancia.

En cuanto a lo de rebelde… Ahora todo el mundo va por la vida de rebelde sin causa, que si mis padres no me entienden, que si mis amigas no me hacen suficiente caso, que si falto a clase, que si destrozo el aula de Herbología… ¿A quién demonios le importa? No es ser rebelde, es ser gilipollas. Es tener la mente vacía y querer destacar cuando todos son la misma mierda.  – Soltó una carcajada ante toda aquella palabrería. ¿Se notaba demasiado el odio que sentía hacia la humanidad? Era evidente que sí, pues hasta ella misma se había escuchado y no podía haber evitado reírse. – No soy muy agradable, ya lo sabes. – Añadió a modo de algo similar a lo que comúnmente se consideraría una disculpa.

No pudo fruncir el ceño, en parte molesta, por las palabras de Sirius. Colocó sendos brazos en jarras y sin pensar en que parecía una niña pequeña, se atrevió a preguntar. - ¿Cómo qué en teoría? – Bajó los brazos rápidamente y negó con la cabeza, aún con el gesto serio. – Entonces supongo que vas por ahí contándole tu vida privada a cualquiera. Y secuestrando personas el día de su cumpleaños para llevarlas a hacer un tatuaje conjunto, ¿No? – Dijo algo molesta con aquello, aún sin darse cuenta que, lo más posible, es que no fuese más que otra forma de Sirius de sacarla de sus casillas. Y, como era evidente, había logrado una vez más.

Se acercaron a la zona trasera de la tienda donde se encontraba el material necesario para comenzar  con el tatuaje y la rubia se negó en rotundo a darle la mano o cantarle una estúpida canción para que no sintiese tanto dolor. Aunque aquello sirviese de algo, no le importaba lo más mínimo. No pensaba ni darle la mano, ni cantarle. – Lo que tú digas, Black. – Negó con la cabeza mordiéndose el interior del labio para no sonreír ante aquel comentario que hacía alarde del amor propio que sentía Sirius hacia si mismo.

No pudo evitar dejar escapar la sonrisa al escuchar la queja del chico ante el contacto de la aguja contra su piel. – Al final la palmadita te la voy a dar con uno de estos taburetes- - Señaló la rubia mientras se colocaba en uno de ellos y giraba cual niña pequeña, haciendo que este se bajase unos centímetros con cada vuelta. Frenó en seco y clavó sus piernas en el suelo, apoyando sendas manos sobre sus muslos y mirando en dirección a Sirius, cuya cara mostraba que tener una aguja perforándote la piel no era precisamente un placer.

Se paró a pensar en lo que Sirius pedía. ¿Algo que no supiese? Tenía mil y una historias que podía contarle y que él no sabía pues, aun cuando parecían saber tanto el uno del otro en cuanto a forma de ser e ideas, poco se conocían en hechos. - ¿Algo sobre mí? – Echó la cabeza hacia atrás, mirando hacia el techo mientras escuchaba el sonido de la maquinaria de la aguja que seguía expulsando tinta. – Jamás he probado el alcohol. Soy una adolescente horrible. – Cambió la postura para volverse a mirar a Sirius. – Vale, algo más largo y que te distraiga. – Añadió, pues estaba claro que ese dato no era suficiente como para cumplir con el propósito que Sirius pedía.

Aunque soy una persona adorable, amable y con un carácter angelical, hay personas con las que no me llevo bien, también en el colegio. – Dijo con total ironía. – Una de ellas no me tenía ningún aprecio en absoluto. Creo que me odia por no hacerle el suficiente caso, ya sabes, los hombres os ponéis más estúpidos de lo normal cuando se pasa de vosotros. – Sabía de sobra que no era la razón en aquel caso, pero quedaba más bonito aquello que decir que sólo se dedicaba a meterse con esa persona desde que tenía uso de memoria. – Pues bueno, encontró la manera de joderme. De hacerlo bien. Y aprovechó un momento en el que yo no podía hacer nada para llevarme el baño y echarme un maravilloso tinte negro permanente en el pelo. No un baño de color, no. Un tinte negro y asqueroso que, además, no sabía echar. Por lo que, cuando pude hacer algo, me tuve que limitar a arreglar ese estropicio extendiendo bien el tinte para no tener medio pelo rubio otro medio moreno. – No iba a entrar en detalles, pues con la tatuadora allí no podía hablar sobre las diferentes pociones que tenía que aplicar sobre su cabello para que luciese rubio cada día.

Y eso es lo que demuestra que… - Hizo una pausa para pensar cómo decir aquello. – Que no importa que dos personas tengan mucho en común y que, supuestamente, deberían llevarse bien por ello. Hay serpientes insoportables y leones soportables. – Mientras hablaba se había ido levantando hasta acercarse a Sirius para mirar cómo iba avanzando el tatuaje y aprovechó dicho momento para pasar la mano por el pelo del chico de manera amistosa.

Una vez el tatuaje finalizó, Sirius volvió a hacer alarde de su peculiar humor. – Lo estaré esperando ansiosamente. – Dijo con ilusión fingida, pues sabía de sobra que aquello no iba a suceder. Y de suceder, se llevaría un buen golpe en el tatuaje antes de perderla de vista.

- Tienes un nombre muy obvio para un tatuaje. Y me gustan las constelaciones, así que la tuya estará bien. – Dijo con una media sonrisa mientras se sentaba en la camilla, esperando a que la tatuadora volviese de limpiar el material y cambiar la aguja para realizar el siguiente tatuaje. Una vez esta llegó e hizo las indicaciones pertinentes, Circe se quitó la camiseta y quedó tumbada de lado sobre la camilla. Desabrochó levemente la parte trasera del sujetador para dar espacio a la chica para realizar el tatuaje en la zona de las costillas del costado izquierdo y, sin poder evitarlo, apretó la mano de Sirius que quedó a su alcance cuando escuchó el sonido de la aguja. – Perdón. – Dijo al ver que no había comenzado el dolor, pero rápidamente sus ojos se cerraron y volvió a apretar la mano del chico, esta vez sin pedir perdón.

Escuchó el relato del chico sin dejar de apretar su mano, como si haciendo daño a otra persona el dolor menguase. Aguantó la risa para no acabar con la aguja clavada en el cráneo y le miró mientras acababa de hablar, pues dada la postura y lugar del tatuaje, sería mejor guardar silencio para no dar lugar a imprevistos.

Esperó un par de minutos, pues dado que el tatuaje lo formaban pequeños puntos y otros más grandes hasta dibujar la constelación no llevó demasiado tiempo. La chica limpió el tatuaje y lo cubrió con papel transparente antes de irse, una vez más. Con cuidado de no rozar el tatuaje, se levantó para acercarse al espejo y ver cómo había quedado el tatuaje. Sujetó su ropa interior con ambas manos para que esta no acabase en el suelo y buscó los ojos de Sirius en el reflejo del espejo. - ¿Te gusta? – Preguntó con la sonrisa dibujada en los labios.

Una vez se dio cuenta que le resultaba imposible moverse sin dejar caer su ropa se vio obligada a pedir ayuda a Sirius. - ¿Podrías…? – Se giró dándole la espalda totalmente para que abrochase el sujetador y pudiese vestirse, pues de continuar así no sólo iba a hacerse daño en la postura, sino que iba a pasar a congelarse.
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Invitado el Vie Mayo 06, 2016 7:18 pm

Simplemente rió mordiéndose los labios cuando Circe le dijo que pensaba que él era más maduro y no quiso responderle porque lo creyó peligroso, puesto a que las palabras de la chica no habían logrado tocar su ego, pero sabía que lo que él pudiese responder sí que lo haría. Era sabido que los hombres maduraban después de las mujeres, y tampoco era secreto que él era menor en edad que Circe, aunque a esas alturas no se notaba ya la diferencia, salvo porque ella se graduaría de Hogwarts dentro de un par de meses y a él aún le quedaba un año más por cumplir.

Escuchó su explicación en cuando al porque le parecía admirable, cosa que sorprendió a Sirius ya que jamás se imaginó que una chica como Circe podría admirarlo. Por otro lado, jamás se había puesto a pensar en lo que había hecho de ese modo, aunque si bien es cierto, más de una vez se había cuestionado si acaso había hecho lo correcto en los momentos en que precisamente se había visto en falta del apoyo económico de la familia o en esos estúpidos días de lluvia en donde llegaba todo mojado y ya no había un elfo doméstico que le esperase con la ropa seca y la cama caliente, no había llegado jamás a arrepentirse. Tampoco pensó en aquello de los contactos para un buen trabajo a futuro, pero la verdad es que Sirius era tan orgulloso, que tampoco sería capaz de tomar un trabajo a causa de su apellido, ni aún cuando hubiese tenido excelentes relaciones con su familia. No quería que nadie le dijera jamás “Estás aquí gracias a tu padre”, probablemente esa fuese la mejor forma de incitarle a iniciar una pelea.

La verdad es que sonaba maravilloso y admirable el modo en el que Circe lo decía, por lo que fue en ese momento en particular que sintió que realmente había hecho lo correcto y se alegraba de que no hubiese hecho el estúpido ante ante alguien como la rubia.

—Eres agradable para mi —le contradijo cuando ella mencionó que no lo era —. Me gusta tu sinceridad, también tu falta de delicadeza —sonrió —. Me gusta que seas una cabrona, pero que no por ello dejes de ser femenina. Siento que contigo puedo hablar de lo que sea sin temor a hacerte daño y no precisamente porque seas una mujer de hierro, sino porque simplemente restas importancia a la mitad de las estupideces que hablo y porque sé que si algo te molesta de verdad, me lo dirás y aclararemos… como en el pasadizo.

Curiosamente, en el poco tiempo que se conocían, ya habían tenido un par de fuertes choques entre ellos. Sin embargo, habían sabido superarlos como si ambos estuviesen de acuerdo y, de cierto modo, esos mismos desacuerdos ya superados le hacían sentir a Sirius bastante seguro en su compañía. Ejemplo precisamente de lo que acaban de hablar era Circe mostrándose molesta porque Sirius dijera que confiaba en ella “En teoría’.

—Oh, vamos, Circe… Es un decir, lo sabes. Justamente por lo que dices, no ando por ahí contando mi vida privada, ni raptando personas para su cumpleaños —le sonrió —. No me tatuaría en conjunto con nadie más…

Bueno, tal vez con sus amigos, pero sabía que Peter una nenaza que no permitiría que le tocase una aguja ni aunque de ello dependiera Hogwarts, y que Remus por su lado era también demasiado tradicionalista y tímido como para descubrir parte de su piel y marcarse de esa manera. Así que no, los merodeadores estaban descartados.

El tatuaje fue un poco doloroso, siempre lo era, a pesar de no ser su primero, pero ayudaba el hecho de que Circe quisiese burlarse de él, puesto a que eso siempre le haría reír, no importa con cuantos taburetes le diese por la cabeza.

Se sorprendió de que Circe jamás hubiese probado el alcohol, porque como bien ella había dicho, ser rebelde era la moda y no conocía adolescente al que no le diese por probar; no emborracharse, sólo probar, saber lo que se sentía y creerse más grande por haber saboreado alcohol. Le hubiese gustado preguntar algo más al respecto, pero Circe se dio cuanta a tiempo de que eso no sería lo suficientemente distractor, e inmediatamente comenzó con su relato respecto a lo que había pasado con su cabello.

—Esa fue una mala broma… Ya me imagino como debe de haber sido para ti si por la tinta de calamar, que es lavable, casi me asesinaste.

Frunció ligeramente el ceño, en parte por el desagrado sentido al escuchar aquella historia, ya que perfectamente era capaz de sentir cuando malo había sido ello para Circe, como porque también estaba siéndole algo difícil ignorar el dolor provocado por la aguja. Y entonces, cuando ya había perdido toda esperanza de ello, la chica le acarició el cabello haciéndole sonreír.

Cuando por fin el tatuaje estuvo terminado y vendado, Sirius se puso de pie y dio su lugar a la rubia. El tatuaje escogido le pareció lógico y original, además le gustaba la idea de que fuese algo así como escribir su nombre en clave, una clave que sólo él y Circe podrían entender. Así que lo aprobó sin ninguna queja.

Decir que no había mirado cuando la chica se sacó la camiseta sería una mentira. No es que se haya imaginado con ella o le haya continuado sacando la ropa en su imaginación, sino que la chica tenía una muy bonita figura y le era imposible no mirar. Sin embargo, cuando la aguja comenzó a ser su trabajo, la silueta de Circe pasó a segundo plano y su atención se centró más bien en los movimiento de la aguja y en que la chica sintiese el menor dolor posible, por lo que no dudó en contarle su percance con la Amortentia, y aunque no mencionó en ningún instante a la poción, dio por hecho de que Circe comprendió a lo que se refería.

—Descuida, puedes apretar todo lo que quieras, mientras no sea algo que duela mucho —rió entre dientes, alejando su cuerpo un poco de su alcance, aunque sin quitarle la mano.

Luego de un momento, volvió a acercarse y acarició su espalda como si intentase darle algún consuelo, hasta que finalmente el trabajo terminó.

—Me gusta —corroboró Sirius con una sonrisa.

Y ya se estaba dando la vuelta para irse a otro lugar y darle a ella la privacidad necesaria para volver a ponerse la ropa, cuando ella le detuvo con una pregunta inconclusa. Sirius se giró a mirarla otra vez y de sólo verla entendió de inmediato.

—¿En serio? —preguntó divertido antes de acercarse y tomar ambos broches entre sus dedos —¿Y así luego no quieres que sueñe contigo? —volvió a reír —No me mates, Circe, sólo estoy siendo sincero. Tienes una figura muy bonita y esta ha sido una jugada demasiado sensual. Si no fuese porque no es la primera espalda desnuda que veo, en estos momentos me estaría mordiendo una mano.

Volvió a reír y la beso por detrás en la nuca, luego de haber acabado, y antes de alejarse de ella y dedicarle una sonrisa para entonces desaparecer detrás de los paneles y dejar que se vistiese tranquila. Para cuando la chica salió, él estaba pagando en la caja.

—¿Todo bien? —preguntó antes de acercarse a abrir la puerta y darle la salida —Eso ha sido loco… y me gusta… Ahora tenemos tatuajes juntos ¡Yeeeeeeey! Eso te convierte en mi amiga por siempre —le miró de soslayo y le abrazó con uno de sus brazos —. Gracias por hacer esto conmigo… y feliz cumpleaños —rió entre dientes  —. Mira, ahí está la heladería.

Precisamente, a sólo un par de metros por delante de ellos se encontraba la gran vaca que promocionaba la heladería que alardeaba tener más sabores que ninguna otra y además tener helados de calidad.

—Oh, por cierto y antes que lo olvide... ¿No has probado el alcohol por alguna razón en particular o jamás has tenido la oportunidad?
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Circe A. Masbecth el Vie Mayo 06, 2016 8:15 pm

Negó con la cabeza aún con la sonrisa en el rostro. De maneras que no lograba entender, Sirius conseguía poner su mundo patas arriba aún cuando ella intentaba alejarse lo más posible de las personas, pero Sirius le daba aquella confianza que se sentía incapaz de rechazar aunque le hubiese dado tantas vueltas al tema. Le agradaba su compañía, se sentía cómoda a su lado y sentía que podía confiar en él, por lo que disfrutaría de aquello el tiempo que durase, sin importar que en un futuro esa debilidad resultase ser un problema en lugar de algo bueno como parecía serlo en aquellos momentos. – A veces me pregunto cómo te soporto con lo insufrible que eres. Luego me dices estas cosas y se me pasa. – Circe adoraba ser cruel, ser poco delicada y pasar por alto los sentimientos de la gente, por eso con Sirius se sentía diferente. Porque adoraba ser cruel, pero nunca quería hacerle ningún daño. Porque adoraba ser poco delicada, pero nunca quería que sintiese que no era importante para ella. Porque adoraba pasar por alto los sentimientos de la gente, pero en ocasiones los del chico llegaban a importarle más que los suyos propios.

- Más te vale, el concepto de ser “una más” no va conmigo, creo que lo sabes de sobra. – Respiró hondo dejando de lado su enfado repentino e infantil para dar paso al resto de la conversación. En cualquier otra situación hubiese entrado en cólera e incluso hubiese torcido tanto la conversación que hubiese acabado insultando al chico de todas las maneras posibles. Pero no. Con Sirius no era así. - ¿Seguro? Deberías tatuarte con Peter “siempre solteros”. Él porque… Bueno, no le veo con novia. – Lo cierto era que Circe no conocía a Peter, pero siempre le había visto como el más apartado del grupo, como un mero espectador de lo que los otros hacían. – Y tú no puedes echarte novia. - ¿Por qué? Porque ella no quería que la tuviese. Pues por mucho que ambos dijesen que las cosas seguirían como hasta ahora, Circe sabía de sobra que eso no sería cierto.

Mientras la tinta pasaba a la piel de Sirius, Circe hizo lo que el chico había pedido y comenzó a relatar una historia. No era nada del otro mundo, pero era algo que jamás le había pasado a contar a nadie y que, como tantas cosas, no tenía problema en contarle a Sirius. – Pues imagina lo que pude hacerle a ese subnormal. – Hizo una pausa y negó con la cabeza. – Lo cierto es que no estaba en condiciones de hacer nada después de eso, pero te aseguro que aún siendo como soy, no odio a nadie salvo a ese estúpido. La gente o me cae bien o me da igual, salvo él. – Era una persona muy indiferente a los demás y aunque se dedicase a burlarse de los unos y los otros no lo hacía por odio ni nada similar, sino porque le resultaba divertido ver las reacciones de los demás. Por lo que  la mejor manera para librarse de los insultos o burlas de Circe era ignorarla, pues ella lo único que buscaba era respuestas que le causasen entretenimiento con el que pasar el rato. – Por si algún día no te importa ir a la cárcel por asesinato y quieres vengar a mi pelo, Zack Dankwort. No podía ser normal como su prima, no, tenía que ser estúpido. – No sabía si Zack y Sirius se conocían, pero dado el apellido de ambos era posible que al menos se hubiesen cruzado en alguna ocasión.

El tatuaje de Sirius no tardó mucho más en llegar a su fin y Circe miró el resultado contenta con cómo había quedado. Elevó ambos pulgares en señal de aprobación y esperó a que el chico acabase de vendarse y verse el tatuaje antes de explicarle cuál había sido su idea.

Apretó la mano del chico y no pudo evitar morderse sendos labios para no dejar escapar la risa tanto ante su relato como por sus comentarios sobre el dolor y sus respectivos movimientos para alejarse de ella. – Gilipollas. – Dijo en apenas un susurro y con la sonrisa en los labios, aunque la sonrisa mostraba más el dolor que sentía ahora mismo en el costado que cualquier otra cosa.

Por suerte, el dolor no duró demasiado. Al menos no de manera tan intensa. Pasó a notar como su costado ardía e incluso cómo las ganas de tocar aquella zona crecían a cada segundo que pasaba. Como si rascando la zona afectada el quemazón pudiese llegar a desaparecer, algo que sabía de sobra que no sucedería, sino que empeoraría al ser una herida recién abierta.

Se levantó con cuidado y no lo pensó dos veces a la hora de pedir ayuda al chico para abrocharse el sujetador, algo que este hizo sin ningún tipo de problema. – Seguro que no es la primera, pero sí la que no vas a poder tener nunca. Puedes tener a medio Hogwarts detrás de tu rebeldía, pero a mí sólo me caes bien. – Añadió con tono bromista pasando todo su cabello hacia el lado derecho de su cuello para ver mejor el tatuaje del costado opuesto. – Queda bien. – Añadió la rubia cambiando bruscamente de tema sin darle ni la más mínima importancia a lo anterior.

Sin darse cuenta de las intenciones de Sirius, reaccionó quedándose totalmente quieta ante el beso inesperado. Negó con la cabeza cuando este se alejó y sonrió tímidamente antes de ir con cuidado hacia su ropa por miedo a acabar rozándose el tatuaje consigo misma, algo que no tardaría en hacer por el propio contacto de sus brazos con su costado.

Se colocó la camiseta y el jersey para salir a la entrada donde Sirius acababa de pagar. Cogió su abrigo y se lo tendió al chico para que este le ayudase a ponérselo por el brazo izquierdo, ya que tenía miedo de acabar rozándose. – Duele. – Dijo aún algo pálida por la reciente aventura que acababan de tener, pero con la sonrisa clavada en los labios. – Y si dejamos de ser amigos sólo tendremos que arrancarnos el trozo de piel, no está mal. – Contestó con tono bromista dejándose abrazar sin hacer el más mínimo movimiento. En condiciones normales le hubiese apartado, pero tenía tanto miedo de rozarse que prefirió no hacerlo. – Te diría que ha sido un placer, pero hasta que cicatrice no puedo decir eso. El dolor de mi costado no me lo permite. – Añadió riendo antes de separarse del chico para ir rumbo a la heladería.

Avanzaron hasta situarse al lado de la vaca de la heladería y Circe se quedó mirando los precios, comprobando así que tenía el dinero suficiente como para más de dos helados. – Simplemente no me llama la atención probarlo. – Abrió la puerta de la heladería y pasó a su interior. – Lo tomamos dentro, me duela hasta caminar. – Dijo al rubia yendo hacia el mostrador. – Tarrina mediana de… Chocolate blanco y Kinder Bueno. Y si puedes échale nueces. – Miró a Sirius esperando a que este pidiese y una vez lo hizo, depositó las monedas correspondientes sobre el mostrador. – No sé, creo que es algo que te impide ser tu mismo y eso no me agrada. Poder hacer cosas de las que luego te arrepientas por no ser suficientemente consciente de tus actos. Puede parecer estúpido, pero no me agrada. – Muchos podían verlo de tal modo, pero era su opinión, simplemente.

El heladero depositó sendos pedidos para que quedasen al alcance de ambos chicos. Circe cogió el suyo y esperó a que Sirius hiciese lo mismo para tomar asiento junto a la ventana, dónde podía verse cómo la poca gente que vivía en aquel lugar paseaba tranquilamente por las calles. - ¿Y tú qué? ¿Confías que ese helado no lleve un filtro de amor?
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Invitado el Dom Mayo 08, 2016 4:55 pm

Lo sabía, claro que sabía que a ella no le gustaba ser una más ¿a quién le gustaba, en realidad? Él tampoco soportaría ser uno más para alguien que le importase. Sin embargo, cuando la chica mencionó que debería tatuarse un “Por siempre solteros” con Peter y además le dijo que no podía echarse novia, Sirius la miró con extrañeza y se quedó pensativo por un momento ¿estaba hablando en serio?

—Zack —repitió el nombre del susodicho.

No dijo nada más, a causa de la presencia de la tatuadora a quien dedicó una mirada sólo para cerciorarse de que efectivamente parecía estar poniendo atención a la conversación de ambos, como si esperase unirse para parecer más simpática y ganarse una mejor propina.

Tan pronto como terminaron los tatuajes y Sirius ayudó a Circe a abrochar su sujetador y ella, una vez más le dejó en claro que jamás le tendría, por lo que el Gryffindor simplemente sonrió. Ya había sacado ante sus conclusiones al respecto y, además ¿qué hace unos días atrás no decía lo mismo de ser su amiga? No quiso decirle nada, sabía que aquello le heriría el orgullo y hasta podría ser capaz de quitarle el habla. Además, Sirius tampoco tenía segundas intenciones con ella en aquel momento, por lo que si metía la pata, lo haría por nada.

Por cierto… ¿Desde cuándo que se pensaba las cosas antes de decirlas por no querer herir a alguien? Eso era extraño, al menos para él.

Finalmente salieron de la tienda de tatuajes y caminaron juntos hasta la heladería en donde Circe no dudó en entrar, diciéndole que tomasen el helado en el local porque le dolía todo.

—Aaaaawwww… Pobrecila.

Le sonrió como si ella le provocase ternura y le acarició el hombro, aprovechando de que la había abrazado. Entraron a la heladería y se separaran para mirar los sabores antes de ordenar lo que tomarían.

—Piña y frambuesa, por favor.

Estuvo a punto de pagar por la orden, pero luego recordó que la rubia quería hacerlo, así que le dejo adelantarse y esperó por las ordenes para llevarlas a la mesa. A él, por fortuna, no le dolía tanto el tatuaje, no sabía porque había escogido una buena zona para hacérselo o porque su resistencia al dolor podría ser un poco más elevada. Mas que todo, lo sentía una especie de quemazón causada por el sol.

Se sentó frente a Circe y comenzó a servirse de su helado, mientras le escuchaba decir porque no le había llamado la atención el probar el alcohol, por lo que el pelinegro se echó a reír.

—Pero para que eso suceda tienes que beber a lo bestia. Si sólo pruebas o te tomas un sólo vaso, nada pasa. No sé, es diferente para cada persona, pero jamás he escuchado de alguien que se ha emborrachado con un solo vaso —alzó los hombros —. Yo lo he probado porque… bueno, ya sabes… son cosas de grande que si empiezas a hacer de joven, te sientes mayor —rió entre dientes —. Lo sé, es una estupidez.

El ya había aprendido a conocerse a sí mismo, sabía que luego de dos vasos comenzaba a sentirse un poco mareado, como si el piso de volviese demasiado blando, aunque jamás se había ido hacia los costados, por lo que parecía no perder el balance, pero él lo sentía. Más allá de eso, no había pasado, y eso que había bebido cantidades en un par de ocasiones. Jamás había perdido la conciencia o había hecho cosas que sin alcohol no hubiese hecho. Pero eso sólo James y Remus lo sabían, y él prefería mantenerlo como secreto pues no sabía si alguna vez necesitara echarle la culpa de algo al alcohol.

—Porque he visto todo el tiempo de donde ha salido —respondió a la pregunta del helado con Amortentia —. Además, tampoco me quiero pasar la vida de desconfiado, me sucede más con el chocolate porque me lo recuerda y me da rabia. Pero sí, aunque no quiera ser paranoico, igual me he empezado a fijar mucho más de donde salen las cosas que como —le sonrió —. Y, por otro lado, tú vives diciéndome que jamás pasará nada entre tú y yo, como si yo en realidad te estuviese estado acosando todo el tiempo, cosa que no ha pasado, ni pasará, pero insistes e insistes, como si quisieras que de pronto te saltara encima —rió —¿No has escuchado eso de la teoría de la atracción? Que la mente humana es tan poderosa que es capaz de atraer las cosas que más pides que sucedan, pero… que el destino es incapaz de reconocer la palabra “No”. Es como las madres que dicen al niño “Te vas a caer, te vas a caer, bájate que te vas a caer” Y ¡Paft! Se cae… Bueno, quien dice “No quiero que llueva, no quiero que llueva”, si el destino no capta la palabra No, escucha un “Quiero que llueva, quiero que llueva” y ¡Paft! Llueve. Así mismo como me dijiste tantas veces “No serás mi amigo, no soy tu amiga” —alzó los hombros —, ya verás como sigues así y dentro de nada acabaremos siendo pareja.

Intentó decir aquello con toda la seriedad del Mundo, pero no se aguantó mucho más, para luego comenzar a reír a carcajadas. Eso había sido precisamente lo que antes no había querido decirle, pero ahora que la conversación se había vuelto más relajada, y ya estaban a solas, quizás no se lo tomase de tan mala manera.

—Oh, por cierto. Sí conozco a Zack Dankworth. No lo mencioné porque no estábamos solos, pero solíamos ser buenos amigos antes de que yo entrase a Hogwarts —torció el gesto —. Ya sabes… purista… no te vas a querer seguir juntando con un Gryffindor traidor a la sangre.

Rodó los ojos. La verdad es que desde su entrada a Hogwarts que Zack y él se habían llevado como el perro y el gato. No había ninguna vez en la que no se encontrasen y no se dijesen estupideces o intentasen hacerse alguna tratada. Como para la Navidad recién pasada.

—Para Navidad le envié un paquete sorpresa con Polvos Verrugosos, así que tal parece, tenemos un enemigo en común —le sonrió.
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Circe A. Masbecth el Dom Mayo 08, 2016 5:32 pm

No tardaron en tomar asiento en una de las zonas situadas junto al ventanal de la heladería, donde podía verse como el buen clima propiciaba a que la gente saliese de sus casas pero que, debido a la poca población de la zona, era casi inexistente. Por lo que la opción de mirar por la ventana con el fin de seguir los caminos dibujados por las personas con sus pasos quedaba descartada.

- Y si no quieres que tenga ningún efecto, ¿Para qué lo bebes? No tiene buen sabor, prefiero tomar un zumo o un refresco. – Contestó dando por hecho que todas las bebidas alcohólicas tenían mal sabor, pues siempre que veía a alguien dar un trago a una, este ponía cara de estar chupando un limón o de notar como si una llamarada de fuego bajase por su garganta con el fin de carbonizar el interior de su estómago. – Una total estupidez, sí. – Afirmó las palabras del chico, pues sin duda alguna, estaba de acuerdo con considerar aquello como un ejemplo claro de la estupidez humana.

Yo no quiero sentirme mayor por beber alcohol. Es más, si bebiese alcohol ahora mismo me sentiría más estúpida que mayor, sinceramente. – Nunca se había parado a dar aquella explicación de porqué no hacía buenas migas con el alcohol. Quizá porque nunca nadie se había parado a preguntarle cuando en una fiesta rechazaba las grandes cantidades de alcohol que los demás le ofrecían con el fin de pasar un mejor rato. – Prefiero sentirme mayor porque utilizo la cabeza de manera coherente, o porque acabo mis estudios como haré en junio. Entonces sí me sentiré mayor, pero no por eso. Además, ¿Para qué quieres sentirte mayor?  Ya tendrás tiempo cuando vayas cumpliendo años. Ya tengo suficiente con sentirme mayor porque el curso que viene no estaré en Hogwarts y no sé qué haré con mi vida. – Lo había pensado durante el curso previo y volvía a pensarlo en aquella ocasión. Y es que cuando acabase en Hogwarts, ¿Qué sería de su vida?

No pudo evitar bromear acerca de la posible procedencia dudosa del helado cuando Sirius hizo alarde , una vez más, de su capacidad innata para sacar la conversación fuera de lugar. Circe se limitó a rodar los ojos mientras las palabras del castaño salían de su boca y no pudo evitar reírse mientras este parecía tomarse en serio la conversación. Algo que para nade era cierto, pues este no tardó en volver a reír. – Antes salgo con Zack. – Dijo con tono serio, como si aquello realmente fuese en serio. – No es creíble, ¿Verdad? – Preguntó retóricamente con una leve sonrisa en los labios antes de romper a reír, pues mil veces preferiría salir con Sirius antes que hacerlo con Zack.

- Hablando en serio, si decirte que sólo seremos amigos te hace verme como algo más, cambiaré mis palabras y me dedicaré a decirte el amor incondicional que siento hacia ti. – En cierto modo, sentía ese amor incondicional, pero no amor de pareja, sino de amistad. Apreciaba a Sirius. Quizá demasiado para lo poco que se conocían, y es que se sentía cómoda en su presencia y su compañía hacia que pudiese olvidar cualquier problema que rondase la cabeza. – El único problema sería que nunca he tenido novio y no tengo planes de cambiarlo. Es más, ¿Crees que habrá una congregación de monjas mágicas? – Preguntó con tono bromista. Pues en parte aquello era broma, ya que ni loca entraría en un convento. Pero en parte hablaba en serio, ya que sus intenciones de volver a relacionarse de tal manera con los hombres se alejaba mucho de sus planes. Había comenzado a sentir cierta aberración hacia la figura del hombre como pareja o algo similar y ni Sirius derribaría esa idea.

- Tonterías. – No entendía las diferencias que surgían en las personas por tales ideales y, siendo sincera, tampoco comprendía el comportamiento de Zack, quien presumía de ser tan buena persona. – Soy una decepción de Slytherin sangre limpia. Aquí relacionándome con un Gryffindor traidor de sangre… - Comentó con tono dramático como si le importase lo más mínimo algo de lo que estaba diciendo. – En verdad me alegro que te lleves mal con Zack. – Rió antes de dar una cucharada al helado, el cual tragó lo más rápido posible para no acabar escupiéndolo de la risa.

- Me gustaría haber visto su cara después de abrir ese paquete. – Dijo la rubia con una sonrisa de oreja a oreja. – Espero no tener que cruzarme con él en la Universidad, este año Hogwarts era un lugar más tranquilo sin su cara. – Afirmó con total tranquilidad, pues no sentía ni un ápice de aprecio hacia aquel chico.

- ¿A qué hora piensas volver al castillo? – Preguntó la rubia, pues no sabía siquiera que hora era en aquel momento, pero sabía que había pasado ya un largo rato desde que habían dejado Hogwarts. – Aunque primero tenías que llevarme al cine, ¿No? – Alzó ambas cejas, como si Sirius fuese su sirviente, el cual le estaba dando en aquel momento todo tipo de lujos que ella pedía.
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Invitado el Mar Mayo 10, 2016 12:53 am

—Pues… en parte también es por el sabor. En realidad depende del licor que sea, todos saben diferente, incluso un mismo licor, sabe diferente siendo de una marca que de otra. No sé, no soy un experto aún, ya que tampoco he bebido tanto, pero sí me gusta probar.

Alzó los hombros. Sirius era de la filosofía de que había probar de todo en la vida, y si no probabas, difícilmente podías saber si algo te gustaba o no. Y sí, en un par ocaciones aquello había incluido también un par de sustancias ilícitas, como el porro que se habían fumado sólo una calada antes de partir en aquella aventura desde Hogsmeade.

Circe entonces cambió un poco el rumbo del alcohol en lo que la hacía en verdad sentirse mayor. El ojigris tuvo la impresión de que a la chica no le gustaba mucho la idea de hacerse mayor y además egresar de Hogwarts ese año. Como ella había dicho, parecía no saber qué hacer con su vida.

—Vaya… y yo que pensaba que todos los chicos de séptimo sabían perfectamente que hacer con su vida. No sé, desde mi punto de vista los veo tan guay y espectaculares ¡casi invencibles! Yo muero por estar en séptimo ya, con mi licencia de aparición en mano, a un paso de obtener también la libertad escolar. Joder, incluso ahora que no vivo con mis padres, cualquier estupidez que hago, le siguen escribiendo a mi madre.

Arrugó la nariz como si aquello le molestara, en parte no lo hacía porque le encantaba fastidiarla, pero por otro lado, le quitaba esa sensación de libertad que deseaba tener. Además, aún a pesar de no vivir con sus padres, le jodía que ellos siguiesen enterándose de su vida sólo porque los estatutos del Colegio así lo decían.

—Así que no sabes lo que vas a ser el próximo año —se llevó una cucharada de helado a la boca y de paso le miró de arriba a abajo —… Mmmnnn… Yo te veo cara de… Jefa de algo, pero nada que se relacione mucho con la gente, quizás Inefable, Departamento de Misterios podría ser. Si acaso no te casas con un viejo rico y te dedicas a tener sus hijos —rió brevemente —. Y no, no saldrías con Zack antes de salir conmigo. Lo sé, precisamente porque ya estás aquí, saliendo conmigo.

Le dedicó una de sus sonrisa más amplias, aquella que eran algo infantiles y también orgullosas. Era su modo de creerse el más listo, aunque claro, dejó de sonreír de ese modo para ponerla más atención cuando empezó a explicarle respecto a lo de su amistad y confesarle que jamás había tenido pareja, una confesión que hizo que Sirius abriese mucho los ojos.

—¡Nunca has tenido pareja! ¿En verdad? Vaya… —se sorprendió —Y yo pensaba que yo era retardado porque había tenido pareja varias veces, pero siempre era la misma persona —rió —: Lisbeth Ravensdale, buscadora de Gryffindor, séptimo curso —torció el gesto levemente —. Sí, se me va de Hogwarts este año y sí, sé que ya en la Universidad conocerá otra gente y que OBVIAMENTE ya ni se acordará del niñato de colegio que dejó que dejó en Hogwarts. Probablemente tú hagas lo mismo, aunque como amiga, claro… ¡Ah! Por cierto, me acordé… A la entrada de la tienda de tatuajes yo te hice una promesa. Te prometí que aún a pesar de que yo tuviese pareja, mis amigos, y ahí te incluía, siempre iban a ser más importantes para mi. Jamás me comprometí a no tener novia, así que no me vengas a decir que no puedo tener pareja, porque ese no fue el acuerdo —le aclaró alzando uno de sus dedos —. Es más, ese es el motivo principal por el que Lisbeth y yo rompiésemos tantas veces, porque yo siempre doy prioridad a mis amigos, así que tenlo en cuenta. Ya sé que tuviste una mala experiencia, pero no todos somos iguales.

Le aclaró antes de que ella diese por hecho que él no podía tener pareja. No es que tuviese precisamente a alguien en la mira en ese momento, de hecho, a pesar de tener la oportunidad no había querido comprometerse ni con Alice, ni con Lisbeth, precisamente porque no se sentía listo para ello, pero si algún día llegaba a sentir que sí, que quería y que estaba listo, no quería que nadie le obligara ni a un sí ni a un no. Después de todo, había sido la misma sed de libertad la que le había llevado a escaparse de casa y no se iba a cortar esa libertad por nadie.

—No sé —respondió a lo de la hora y echó una mirada a su propio reloj —. Deberíamos irnos yendo al cine, la película está por empezar ¿Puedes terminarte el helado mientras caminas?

Le preguntó, aunque sin mucha prisa. Si caminaban rápido, podrían terminar el helado ahí, así que esperó a que ella decidiera, para finalmente, cuando hubieron decidido salir, caminar de regreso a la calle y avanzar un poco antes de girar la esquina, caminar un par de calles más y llegar al cine en donde Sirius compró los tiquetes con el mayor de los secretismos. Sólo entonces le cogió a mano y la llevó a la sala en donde les correspondía. No había mucha gente, precisamente porque no era ningún estreno, sino una película de esas antiguas (como él ya había dicho) que repetían de cuando en vez: The Breakfast Club.

Off: Si no las visto... veela! XD
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Circe A. Masbecth el Vie Mayo 13, 2016 6:47 pm

Se limitó a encogerse de hombros, pues consideraba que sobre gustos no había nada escrito y si ella opinaba una cosa y Sirius opinaba la opuesta, ninguna de las dos opiniones era mejor que la otra. Tan solo diferente. Y dándole vueltas a aquel asunto no iban a llegar en nada, salvo a gastar más saliva y, quizá y sólo quizá, entender el punto de vista del otro. Pero dada la cabezonería tanto de Sirius como de Circe, era algo tan improbable como que Ian fuese por los pasillos de Hogwarts sin ir mirando el trasero de toda mujer físicamente decente que se cruzase en su camino.

- Aún. – Repitió aquel matiz en la frase pronunciada por el chico. - ¿Tienes intención de acabar en Alcohólicos Anónimos? – Preguntó la rubia elevando sendas cejas de manera divertida. No consideraba que Sirius hubiese pronunciado aquellas palabras con la intención de demostrar que en un futuro quería seguir bebiendo como si no hubiese un mañana, pero era mucho más divertido darle aquel peculiar toque a la conversación, donde ambos se encargaban de intentar picar al otro por cualquier medio posible.

No pudo evitar reír ante los comentarios de Sirius sobre los alumnos de séptimo curso, como si estos fuesen una especie de super héroes con todo el conocimiento del mundo a pesar de apenas ser unos meses mayores que él. - ¿Tú sabes qué hacer el año que viene con tu vida? – Preguntó antes de pararse a responder a los comentarios que había realizado Sirius, los cuales obviamente no podía pasar por alto siendo como era.Séptimo es igual que sexto, pero con más tiempo libre para estudiar para los exámenes. Supongo . – Aquel año había sido raro para ella, muy raro, por lo que no sabía si ella lo consideraba con uno más y encima, eterno, o es que realmente todos lo veían de tal modo.– Claro que te quedan unos meses para salir de aquí y hacer lo que quieras con tu vida, en eso algo de razón tienes… El problema está si no sabes qué hacer. Supongo que en el último momento me vendrá la idea la cabeza. – Siempre le había pasado aquello. Era el tipo de persona que bajo tensión pensaba mejor, aunque fuese capaz de planificar casi cualquier cosa con un largo plazo de tiempo por delante, en asuntos referentes a ella misma, tenía más problemas.

- Yo aún no tengo la licencia de aparición, he sido demasiado vaga para sacarla. Me presento en unas semanas al examen. – Dijo con una media sonrisa mezcla entre inocencia por no haberlo hecho y vergüenza por la misma razón, pues usar a su padre como taxi personal era algo que no había querido desaprovechar. – Y también al examen de vuelo profesional. – Era algo que no le había dicho a nadie, ni a Ian, a quien supuestamente le contaba todo. Y no es que no confiara en el chico que, a pesar de ser un tanto bocazas, sabía guardar perfectamente todos los secretos que Circe le contaba, sino porque no le había salido contárselo. Algo que con Sirius jamás pasaba.

- Claro, seguro que nada más acabar mis estudios me ponen de Jefa de Departamento porque en mi Currículum puse que Sirius Black me veía cara de Jefa, y eso es un gran referente a tener en cuenta. – Rió ante las palabras del chico, aunque este solo se había limitado a darle su opinión.

La opción de mujer florero estaba totalmente descartada. En primer lugar, no veía el matrimonio como una opción factible en su vida. En segundo lugar, la idea de tener hijos estaba lejos de sus planes tanto a corto como a largo plazo, pues no soportaba a la raza humana como para producir un ser más que poblara la tierra. Y, en tercer lugar, no quería ser la mantenida de nadie.

Frunció el ceño al ver la reacción de Sirius, no porque estuviese molesta porque este no se esperase semejante confesión, sino porque cualquier reacción del chico le afectaba más que la de cualquier otra persona. – No. – Se limitó a contestar encogiéndose de hombros. ¿Era tan raro no haber tenido pareja nunca? – Lisbeth. – Repitió hasta que logró ponerle cara a la pelirroja. – Creo que sé quién es. Ian tiene algo raro con ella. No sé si porque no le hace caso o porque sí se lo hace, me habla de tantas chicas que acabo olvidando qué lío tiene con cada una. – Escuchó el resto de lo que Sirius tenía que decir al respecto de tener o no tener pareja y rodó los ojos una vez más. – Me da igual a lo que te comprometieses. No te vas a echar novia. – Dijo encogiéndose de hombros antes de coger una cucharada del helado. – No quieres tener una, así que deja de lanzar hipótesis futuras que no van a cumplirse nunca. – Añadió elevándose ligeramente sobre su asiento, acercando el rostro hacia Sirius. Parpadeó mirando al chico apenas a unos centímetros de este y ladeó la cabeza. - ¿Puedo? – Miró hacia abajo en dirección a su helado y sin esperar respuesta tomó una cucharada antes de volver a sentarse bien sobre su propio asiento.

Se levantó en cuanto la pregunta de Sirius terminó y se volteó en dirección a la salida. Se giró levemente mirando en dirección al castaño y sonrió. - ¿Ves? Rubia y puedo hacer dos cosas a la vez. – Contestó yendo en dirección a la puerta, la cual no tardaron en cruzar para ir rumbo al cine.

Para su sorpresa, la película resultó ser bastante antigua pero no por ello perdió el entusiasmo. Escuchó cada palabra y no se perdió ninguna de las escenas, no por agradar a Sirius cuando este había elegido la película, sino porque Circe consideraba que los muggles habían hecho una gran aportación al mundo con el cine. Cuando salieron de la película, la luz del sol había desaparecido por completo, por lo que ambos fueron en dirección a la motocicleta de Sirius para volver  al castillo tras haber pasado toda la tarde fuera.

Una vez llegaron hasta el pasadizo por el cual habían entrado, cada uno debía separarse para tomar rumbo a su correspondiente Sala Común. Circe tomó la mano de Sirius entre la suya propia y depositó un corto beso en la mejilla de este a modo de agradecimiento, dejando a su paso un pendiente en la mano del chico. Sin mediar palabra alguna, se volteó y no tardó en perderse en la oscuridad para ir rumbo a su propia Sala Común con una sonrisa divertida en el rostro. Sin duda, había sido el mejor regalo de cumpleaños que le habían hecho nunca.
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