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Té para tres | Sam

Invitado el Dom Feb 28, 2016 11:48 pm

Febrero 2016.

Se ajustó la bufanda mientras caminaba a paso lento, sosteniendo la manito de Dora. La pequeña vestía una chaqueta invernal y un bonito gorro azul que ocultaba su cabello. Había aprendido luego de un par de intentos, que el hecho que Dora cambiase el color de su cabello de un momento a otro resultaba un gran problema en frente de los muggles. Las opciones eran el gorro o lanzar al menos unos 5 confundus a muggles sorprendidos. La habilidad de metamorfomaga de Nymphadora era algo que la pequeña no controlaba, simplemente pasaba. Ted le había dicho que había comenzado a dominarlo a los 5, 6 años... esperaba que con su hija sucediera igual. La tomó en brazos antes de cruzar la calle y sonrió al ver lo entusiasmada que parecía la chica por salir. Había quedado de juntarse con Sam en un café en Camden y no quería llegar tarde, parecía que hacía siglos que no veía a la chica y necesitaba una dosis de Sam.

No veía a Sam desde navidad, cuando habían intercambiado regalos y Dromeda le había dado su porción especial de galletas navideñas. Luego ambas se habían visto enfrascadas en sus propios trabajos y deberes, por lo demás, parecía que incluso el hecho de juntarse a tomar café, podría considerarse "peligroso", así como andaban las cosas. Entró al pequeño café y distinguió la cabellera rubia a lo lejos. Dejó a Dora en el piso y comenzaron a caminar juntas hacia ella. Por supuesto Dora la reconoció de inmediato y se lanzó a los brazos de la chica.- Oh vaya, bien, Dora también te echaba de menos, extraña- bromeó torciendo la sonrisa.- Es una chica de abrazos, lo sacó de Ted- añadió a broma, ya que Sam siempre se había burlado de la torpeza al contacto físico que tenía la menor de las hermanas Black. "Una cosa de familia", solía decir la chica, y no bromeaba.

Se habían conocido a los pocos meses de haberse casado con Ted. En realidad se conocían de antes, pero la amistad se había cultivado luego de Hogwarts y para Andromeda era una de esas personas ya habituales en su vida. Habían pasado mucho juntas, quizás las etapas más complicadas en la vida de ella, como su embarazo inesperado y tener que lidiar con la maternidad cuando poco y nada sabía de ello.
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Sam J. Lehmann el Lun Feb 29, 2016 11:12 pm

¡Un soplo de aire fresco! Eso era lo que ahora mismo estaba esperando Sam en aquel sencillo café de Candem, una reunión con la increíble Andromeda y la adorable Dora. Lo necesitaba, sin duda. Finales de navidad y enero habían sido probablemente los peores meses desde hacía años y por los propios hechos que se remontaban al principio de año, Sam sabía que iban a ser males que le perseguirían a largo plazo; males que no debía de arreglar porque no tenían arreglo, sino más bien con los que debía convivir.

Las mentiras en los juicios con la legeremancia, la incomodidad de estar bajo un juramento inquebrantable… el yugo de sentirse controlada... Eran todos factores que habían hecho que Sam dejase de ser de manera desinteresada esa joven con una imborrable sonrisa y un dulce gesto para todos. Ahora lo era, pero tenía que esforzarse para ello.

Por eso mismo, volver a quedar con su amiga le hacía sentir que nada había cambiado y que todo volvía a  la normalidad. Sam se encontraba leyendo un libro para cuando vio a Dromeda y Dora entrar por la puerta. Cerró el libro —no sin antes poner su marcapáginas— y vio como Dora corría a abalanzarse sobre ella. Sam se bajó de la silla y se agachó para recibir el abrazo de la pequeña, el cual le devolvió con todo el cariño que tenía y probablemente la sonrisa más amplia de toda la semana. Rio ante el comentario de Dromeda—Sin duda. Entre los dos te terminarán convirtiendo en una osita amorosa a ti también, ya verás —dijo Sam mientras se levantaba y le daba un beso amistoso en la mejilla como saludo a su amiga.

Luego volvió a agacharse para coger a Dora en brazos y alzarla juguetonamente—¿Y tú qué, pequeña bolita? ¿Cómo estás? —le dijo de manera dulce a la par que la acercaba a ella para darle un beso en su mejilla, sentándose entonces en la silla con Dora sobre su regazo—¿Qué quieres pedir para ti? —Sam cogió la carta pero la pequeña del trío se la arrebató para intentar buscar su próximo pedido. La rubia rio y miró a su amiga, soltando un pequeño suspiro a la par que una sonrisa—Me alegro de verte. ¿Cómo estás? Parece que hace una eternidad que no nos vemos —Y por lo menos para ella, así lo había sentido después de los dos meses que llevaba.

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Invitado el Mar Mar 08, 2016 8:38 pm

Lanzó una risa discreta mientras negaba con la cabeza- Es posible, Dora se parece tanto a Ted, ¿hay algo que le veas de mi? No es justo, ¿sabes? Nueve meses de embarazo en mi vientre para que saliera igual a su padre- bromeó divertida mientras se sentaba. Dora inmediatamente alzó las manitos en dirección a su madre, quién la tomó, dejándola en su falda.- Le he traído un gorro esta vez- comentó apuntando la cabecita de la chica- ¿Recuerdas el incidente del cabello de la última vez? ¡Merlín! Los ojos de esos muggles se desorbitaron al ver el cambio de color en su cabello- miró a su hija y sonrió- Ted dice que con el correr del tiempo comenzará a dominarlo mejor, espero que así sea, pero por ahora tengo que tomar precauciones...- miró a su amiga unos segundos- Te he extrañado, Sam... estoy bien, he tenido mucho trabajo estos meses, pero las cosas han andado bien. Estoy haciendo algunas pociones complicadas, por lo que trabajo de noche, mientras Dora duerme y Ted puede cuidar de ella. ¿Tú qué tal? ¿Cómo van las cosas en el Ministerio?

Se calló al momento en que apareció la camarera a tomarles el pedido.- Un té de menta y un kuchen de manzana para mi- comentó mientras le tendía la carta. Dora pedía un helado pero por ningún motivo Andromeda le daría en el gusto con ese frío, por lo que pidió galletas y un jugo para ella. Esperó que Sam pidiera antes de poder continuar la conversación- Tengo que ir al Ministerio esta semana... - comentó con cierto disgusto- Sabes que siempre evito ir, toda mi familia pareciera trabajar ahí y... después de todo este tiempo, sigue siendo un disgusto cruzarme con ellos- hizo una mueca mientras apoyaba su cabeza en el dorso de su mano. Sam sabía mejor que nadie cómo había sido para Andromeda el haber sido desterrada de su familia por casarse con Ted, si bien la libertad de quitarse de encima una familia cuyos ideales no compartía se sentía como algo grande y bueno, de todas formas era duro. Se miraron un instante en silencio, eso es lo que le gustaba de Sam, parecía comprenderla sin muchas palabras de por medio.

FdR: perdón por la tardanza u.u tuve unos días de locos.
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Sam J. Lehmann el Miér Mar 09, 2016 3:44 pm

La legeremaga sonrió cuando su amiga se quejó de que su hija fuera calcada a Ted. Y es que tenía razón. Nymphadora parecía una pequeña miniatura pero femenina de Ted. ¿Pero qué tenía de malo? Ted era un encanto, de esas personas que realmente merecen la pena conservar—Deja que siga creciendo, a lo mejor termina por parecerse más a ti que a él —intentó darle una pequeña pizca de esperanza, ya que lo que era la manera de ser podía cambiar—Pero si… ves a Dora y no cabe ninguna duda de quién es el padre. Pero mejor, ¿no? Ted es genial. Si Dora sale la igual que él te habrá tocado el gordo —le animó. Ella no tenía hijos ni esperaba tenerlos a corto plazo, pero podía hacerse una idea de lo que era llevar a un bebé en tu vientre durante tanto tiempo para que luego no se parezca en nada a ti.

Sam sonrió—¡Cómo para olvidarme de ese momento! —exclamó divertida ante lo del accidente del pelo—Normal, todavía es demasiado pequeña como para saber qué es lo que le está pasando o por qué pasa. ¿Le ocurre de manera aleatoria o cuando cambia de estado de ánimo? —preguntó curiosa, ya que cuando pasó ese incidente la legeremaga se informó un poco más de los metamorfomagos por pura curiosidad personal.

Escuchó cómo le iba la vida y adoptó un gesto fruncido a sus palabras, sacando ese gesto protector ante sus palabras—¿Y tú cuando duermes? —preguntó algo divertida, enarcando una ceja. Si por el día estaba con Dora y trabajaba por la noche pues Ted podía cuidar de ella… ¿cuándo era cuando dormía ella? La miró con algo de diversión, pero no añadió mucho más al tema pues ella mejor que nadie sabía cuándo tenía que dormir.

No le dio tiempo a contestar a nada y miró a la camarera mientras Dromeda y Dora pedían. Cuando la chica miró a Sam, pidió:—Té de vainilla y una porción de tarta de queso con arándanos —dijo amablemente. Escuchó entonces a su amiga, algo apenada por tener que ir al Ministerio y tener que encontrarse con su familia. Sam soltó aire lentamente y la miró sin decir nada. Comprendía perfectamente ese sentimiento de destierro, pues no era la primera vez que lo vivía en uno de sus amigos. Henry, ese amigo suyo, ese casi hermano que había desaparecido hace tres años, había pasado por lo mismo y Sam había estado en la primera línea de batalla—Bueno… supongo que no se te perderá nada en el departamento de misterios, ¿no? —preguntó jovialmente—Avísame cuando vayas a ir y me encargaré de que tu hermana no salga de allí debajo para que tengas una visita en paz —Que, por lo menos a juicio de Sam, Bellatrix era la peor de todas. No le importaría encararse con ella (¡para variar!) con tal de evitar que se cruzase con ella.

Entonces, cuando tuvo que pensar detenidamente qué decir cuando le preguntó por su estado de ánimo, lo primero que le vino a la cabeza fue exactamente eso que no podía decir. Era aquello que más le afectaba de manera negativa y, curiosamente, lo único que no podía decir en voz alta. Sonrió para quitar ese rostro preocupado-pensativo que se le había quedado—Yo he empezado a tomar clases de defensa personal, creo que no te lo había dicho. Hace poco me di cuenta de que sin varita era una inútil, así que hablando con la gente del ministerio me encontré con una chica que se ofreció a ayudarme. Hemos quedado ya bastantes veces en el gimnasio que está cerca de mi casa y la verdad es que se nota la diferencia. Además, arrear sacos de boxeo ayuda mucho al estrés —comentó divertida, ya que Emily y esas clases eran una de las cosas que más deseaba de cada día, ya que era algo tan tranquilo y divertido que la evadían de toda la realidad —Y en el ministerio… bueno, en el trabajo siempre podría ir todo mejor, pero no voy a quejarme —Ella sabía que en el departamento de misterios había gente muy rara, cosas muy raras y su hermana, por lo que podía hacerse una idea de lo agobiante que era trabajar ahí. Lo único bueno que tenía su trabajo era su jefe.


OFF: Ni te preocupes  <:
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Invitado el Lun Mar 14, 2016 2:26 am

"¿Y tú cuando duermes?". Esa era una buena pregunta, los días los tenía bastante pesados, la elaboración de pociones, de la manera en que lo trabajaba Andromeda requería de mucha dedicación, visitaba continuamente invernaderos de magos y brujas que cultivaban hierbas que ella utilizaba para sus pociones, además de las visitas a las otras tiendas para abastecerse de los mejores ingredientes para sus brebajes. Más de alguna vez se había visto visitando lo más insospechados lugares para obtener elementos extrañísimos. El contrabando por otra parte estaba a la orden del día, sobre todo en esos tiempos, que parecía que cerraban más locales de los que habrían. Andromeda se andaba con cuidado, no quería meterse en líos por obtener cosas con gente no autorizada.

- Te avisaré cuando vaya al Ministerio- replicó con cierto alivio. Sam conocía a Bellatrix y sabía lo terrible que era su hermana mayor. Andromeda siempre había "tolerado" el carácter de ella, no compartía para nada sus pensamientos ni mucho menos la forma cruel y hasta sádica de ser de la chica con muchos compañeros durante sus años en Hogwarts, sin embargo el punto de quiebre total de la relación había sido luego que ella se hubiese casado con Ted y Bellatrix se había mostrado sin tapujos con amenazas y desprecios en contra de ella y su nueva familia.

Escuchó con atención lo que Sam contaba sobre sus clases de defensa personal y lanzó un "whoa" asombrado- Vaya... te admiro mucho ¿sabes? Me encanta que estés haciendo esto por ti, creo que podrías enseñarme algunas cosas, no me vendría mal ser capaz de defenderme sin varita, los muggles lo hacen, por qué nosotras no, ¿verdad? ¿Con quién vas, la conozco? - preguntó interesada. Justo en ese momento trajeron los pedidos para las tres y por segundos ninguna dijo nada, mientras Eda probaba su té de menta. Partió con la mano una de las galletas y se la dio a Dora, que se la comió con gusto- Es posible que tenga que arrendar un lugar para trabajar en mis pociones, el Ministerio me ha enviado una carta poniendo la objeción que estoy trabajando en un edificio muggle. No habían dicho nada hasta ahora, al parecer están tomando medidas más estrictas respecto a eso, respecto a varias cosas, la verdad... - comentó dejando la frase en el aire. Las cosas estaban cambiando y eso lo sabían todos.- Tendré que ver cómo me las arreglaré con Dora. Aún no le comento a Ted, no quiero preocuparlo hasta que sea estrictamente necesario. Si sabes de algún lugar, ¿me avisarías? Necesito resolver esto pronto, de hecho tengo que ir al Ministerio para ver esa situación.
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Sam J. Lehmann el Miér Mar 16, 2016 1:15 am

Desde aquel desagradable suceso, Sam había buscado desesperadamente una manera de defenderse lo mejor posible sin una varita en la mano. En aquel momento frente a aquel hombre pensó que ahí se quedaba, era tan fuerte, tan rápido y tan calculador que por un momento sintió que no tenía oportunidad contra él. Pero bueno, era agua pasada y ahora sabía muchas más cosas con las que poder sentirse segura en una ocasión así—Ya, es que si te pones a pensarlo, no sabemos hacer nada sin ella —dijo refiriéndose a la varita, ahorrándose la palabra porque estaban en un lugar muggle y la gente podría mirarlas con un poco de confusión—Cuando quieras te enseño unos truquillos básicos, será divertido —dijo animada, negando luego con la cabeza cuando le preguntó por la chica—No creo. Se llama Emily, es morena, pelo largo, alta… es dragonolista.

Intentó dar unas pistas para ver si por alguna casualidad Dromeda y ella se conocían, pero si no lo sabía por esa descripción, sabiendo los pocos dragonolistas que hay, es que no la conocía casi de seguro.

Justo en ese momento vino la camarera con el pedido y ambas se callaron hasta tener su comida y sus tés delante de ellas. Sam se agachó para oler el suyo y un agradable olor a vainilla le entró por la nariz, haciéndola sonreír. La siguiente noticia de Dromeda no le gustó nada a Sam, tanto fue que la miró casi con incredulidad—¿En serio? —preguntó sorprendida, consciente de que hablaba en serio, pero la indignación del momento le hizo hacer esa retórica—El ministerio cada vez está peor. Toman medidas tan estrictas y realmente innecesarias con situaciones como la tuya y luego parecen no moverse con las noticias de real importancia. ¿Has leído últimamente el Profeta? Ataques a muggles, desapariciones… Y sin embargo se ponen a controlar que tú cumplas con las normas cuando llevas años sin ningún tipo de problemas en ese edificio —negó con la cabeza, algo molesta por la aparente pasividad del ministerio ante temas muchos más importantes. Sam asintió ante su petición—Claro. Preguntaré en el trabajo a ver si alguien sabe de un lugar libre y lejos de muggles en donde puedas trabajar. Aunque deberías decirle a Ted, teniendo en cuenta en donde trabaja puede poner un anuncio o preguntar a sus clientes —le ofreció la idea, ya que el Callejón Diagón era transitado por todos los magos de manera casi rutinaria—Que teniendo en cuenta cómo son la gente de ministerio, te apuesto a que los clientes de tu marido tendrán mucho más interés en ayudarte.  

Sam intentó probar el té pero, como de costumbre, estaba demasiado caliente. Esperó y no tocó la tarta, pues si no se la comería tan rápido que no le daría tiempo ni de probar el té antes.
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Invitado el Jue Mar 17, 2016 1:58 am

Siempre había sido difícil para Andromeda expresar lo que sentía por otras personas. Pasaron meses hasta que fue capaz de decirle a Ted que lo quería, nunca se le hizo fácil decir en voz alta lo mucho que estimaba o admiraba a alguien, eso le hizo ganar entre sus pares en Hogwarts la fachada de chica fría y hasta pedante; lo cierto es que las palabras se le trababan y el nerviosismo de sus años de juventud no le permitían ser del tipo extrovertido, al contrario. Quizás por lo mismo, personas como Sam en su círculo de gente le hacían querer esmerarse en dejar a esa atolondrada adolescente atrás y expresar cuanto admiraba a la chica y cuando la quería también. Sam era fuerte, valiente y sin temor a cosas nuevas y eso era increíblemente refrescante en esos tiempos. Sonrió con gusto ante el ofrecimiento de la chica para enseñarle.- Te advierto que soy torpe con cualquier cosa que incluya deporte, pero lo quiero intentar.

La conversación había derivado al Ministerio y su absurdo comportamiento y no hizo más que rodar los ojos- Todas estas leyes, todas estas noticias sin sentido me huelen a cortinas de humo, ¿sabes? Quiero decir... Te aseguro que El Profeta no está publicando ni el cincuenta por ciento de lo que está sucediendo allá afuera, Sam.-añadió bajando un poco la voz mientras miraba a su alrededor- ¿Recuerdas que te hablaba de Robert Rogers? El dueño de los invernaderos al que solía comprarle el mejor asfodelo... desapareció hace un mes.- explicó alejándose un poco y tomando de su taza de té.- Nadie sabe donde está, nadie lo ha visto, nadie ha hecho una denuncia por él... Ted me aconsejó no seguir preguntando por él- miró a Sam y la comprensión muda entre la conversación era el mensaje más potente de todos: la situación se estaba volviendo cada vez más crítica.- Le diré a Ted si es que yo no encuentro algo primero, no quiero preocuparlo demasiado, lo he notado algo inquieto- se encogió de hombros mientras acariciaba tiernamente la cabeza de su hija- Tengo una familia que proteger y comienzo a sentir que eso será una tarea cada vez más difícil... - miró a su amiga con cierta detención- Supongo que lo que tenga que pasar, pasará... y más nos valdrá estar preparados, ¿no? - sonaba pesimista el discurso, pero más que resignado era certero. No había que negar lo que ya a todas luces se demostraba.
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Sam J. Lehmann el Vie Mar 18, 2016 1:42 am

Andrómeda no había visto lo inútil que era Sam intentando aprender defensa personal… si la hubiera visto, sin duda no hubiera dicho que ella era torpe, no teniendo a Sam como referencia. Aún no entendía la increíble paciencia que tenía Emily con ella, pero agradecía que fuera así, ya que por lo menos Sam no era de las que se daban por vencida si algo no le salía. Era Ravenclaw, al fin y al cabo—No te preocupes por eso, yo era lo peor cuando empecé pero milagrosamente mi profesora tiene una paciencia extraordinaria —contestó con algo de complicidad, ya que lo máximo que hacía Sam antes de eso era correr y correr. ¿Pero saber pegar, hacer llaves y defenderse? Nada de nada.

Sam escuchó con sumo interés lo que decía su amiga y, por desgracia, tenía razón. El Profeta parecía algo lento, pasivo y no parecía publicar ni de lejos todas las cosas que estaban pasando ahí fuera. Dromeda le contó lo de su vendedor de asfodelo y Sam no pudo más que sentirse identificada, sintiendo una punzada pequeña dolor y nostalgia que intentó disimular tomando un poco de su té de vainilla. Henry… Henry había sido como un hermano para ella desde los once años, había desaparecido hace tres y jamás lo publicaron en el Profeta; jamás hicieron absolutamente nada por él las autoridades, ni una partida de reconocimiento, ni un intento de rescate, nada. Por eso Sam era incapaz de posicionarse en ningún bando, ya que ambos límites le parecían de lo más ruines y aprovechados. Sam se había intentado tomar la justicia por su propia mano, pero por desgracia a día de hoy sigue sin saber nada de él. Sam la miró algo preocupada cuando dijo que había dejado de preguntar por él y, actualmente, era lo mejor que podía hacer. La legeremaga había dejado de preguntar por Henry hacía mucho tiempo, ahora lo que hacía era simplemente buscar a aquellas personas que pudieran tener información y usar la legeremancia para encontrar respuestas—No sé qué pensar… —soltó aire mientras acariciaba distraída el mango de la tacita de té—Desde que está Winslow como Ministro el Profeta se ahorra demasiada información importante —opinó.

Sus palabras hicieron que Sam se sintiera fatal. No porque tuviera culpa o algo así —que no era el caso—, sino porque lo que había dicho era sencillamente la realidad. Las cosas iban cada vez a peor, más gente inocente desaparecida, menos mortifagos en Azkaban por gente como ella que está obligada por un maldito juramento inquebrantable a mentir para proteger la inocencia de los más ruines… Hasta ella, una persona que quiere tranquilidad y busca una vida normal, está corrompida en el sistema. Si ella lo está, piensa que cualquiera puede estarlo. Se sentía falta por eso mismo, porque no podía hacer nada por intentar arreglarlo cuando ella estaba fomentando que los malos estuvieran por delante—Ya… —dijo, dándose cuenta que en realidad no sabía qué decir, sintiéndose repentinamente perdida en sus propios pensamientos y esbozando una sonrisa tranquilizadora casi por necesidad—Está claro que algo se acerca y no parece traer nada bueno, pero vosotros manteneos siempre unidos. Sois una de las familias más fuertes que conozco, no os va a pasar nada. Y ya sabes que puedes contar conmigo para lo que haga falta —esta vez sí sonrió con sinceridad—Tu intenta alejarte de todo lo que parezca acarrear problemas —Se refería a movidas con el ministerio y con su familia. Ya conocía a su hermana, la mujer del cabrón que le había hecho jurar su mayor arrepentimiento. Solo con esas dos personas tan cercas de Dromeda y su adorable familia se le helaba la piel. Y eso que era su propia hermana.
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Invitado el Dom Abr 17, 2016 6:33 am

Andromeda sonrió. Imaginó a su amiga en posición de ataque, lista para defenderse y repeler a cualquiera que osara atreverse a hacerle daño. Era cierto que nadie nace sabiendo nada, pero por alguna razón sentía que iba a costarle bastante trabajo aprender defensa personal. -Es lo mejor. La paciencia es un atributo que no todos saben utilizar bien, sobretodo al tratar con otras personas-opinó. Andromeda tuvo bastantes lecciones de paciencia en su vida. La primera había sido soportar las ideas de su familia, e ir sacándolas de sí misma. La segunda fue perfeccionarse en pociones, y es que, ¿existe un buen pocionista que no sea paciente? La tercera lección la aprendió con Ted. En un inicio eran tan distintos que era difícil siquiera imaginarlos juntos. Él era todo un desastre, y cuando Dromeda intentaba enseñarle pociones, él hacía exactamente lo contrario a la receta. Pero así, de a poco, fue entendiéndolo. La cuarta lección se la había dado la caótica crianza de Nymphadora. ¿Hace falta explicarlo...?

Andromeda removió su té con la cucharilla mientras escuchaba a Sam, observando el pequeño remolino que se hacía en el líquido verde claro. Luego bebió un sorbo y comió un trozo de kuchen, como si intentara endulzar la amarga situación del mundo mágico. -Demasiada información-concedió a su amiga. Mientras hablaba, tomó una servilleta y limpió las mejillas de Dora, que estaban repletas de migajas y gotitas de jugo. La pequeña protestó por unos segundos, pero al terminar volvió a atacar su dulce merienda. -El hecho de que oculte todas estas desapariciones y ataques indica que, o bien lo amenazan para que lo haga, o lo hace él mismo. Si fuera lo segundo... estamos en manos de un ser terrible-todos los gobiernos ocultan información. Sin embargo, a Dromeda no le sorprendería si ocultaran casos de corrupción o de impuestos... pero esconder y trivializar desapariciones de personas era imperdonable.

Bebió nuevamente de su té, y al levantar la vista notó el rostro de Sam algo ensombrecido. Era más que la preocupación natural por el momento político del mundo mágico, Andromeda notó algo más profundo y pensó que quizá había dicho algo malo.-Sam, ¿está todo bien?-preguntó, luego de dudar unos momentos. Andromeda no era una persona directa ni frontal, pero con Sam tenía confianza como para serlo. Además, juraba que esa mirada preocupada no había sido idea suya.-Lo sé... ten por seguro que nos mantendremos unidos aunque suceda lo peor. Gracias por tu ayuda, sabes bien que no sería la misma actualmente sin haberte conocido-dijo, sonriéndole con dulzura. -No soportaría que algo te sucediera, o a Ted. Debo recordarle siempre que no se meta en ningún rollo, aunque con el tiempo se ha vuelto más cuidadoso-más le valía.
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Sam J. Lehmann el Lun Abr 18, 2016 9:15 pm

La paciencia era una virtud que no mucha gente tenía, pero agradecía rodearse de personas que la poseían. Emily una de ellas y, sin duda, Andromeda otra persona que si no fuera paciente ya estaría tirándose de los pelos. Pero si había algo que sacaba de quicio a cualquier persona, fuese paciente o no, era la injusticia que parecía estar removiendo la mierda del mundo mágico. El Profeta, por mucho que quisiera aparentar ser la institución publicitaria más fiable, parecía más corrupta que muchos políticos. Ocultación de información, manipulación de contenido, clara referencia e ignorancia a los problemas que hay… Sam retiró la bolsita de té y tras revolver un poco se llevó la tacita a los labios para probar su té de vainilla, volviéndolo a dejar sobre la mesa para coger la cucharilla de la tarta—Sea lo que sea, las dos opciones son horribles. ¿Qué es peor? Por lo menos si es lo segundo, puede relevarse del puesto si se encuentra alguna relevancia. ¿Pero si en verdad lo que está siendo controlado es El Profeta? —Sam soltó un bufido, mezcla entre ignorancia y indignación. Con la cucharilla que había estado zarandeando mientras movía la mano con sus leves gestos, cortó un poco de tarta y, tras admirarla, se la llevó a los labios.

Dromeda le preguntó que si estaba todo bien y Sam se percató de que probablemente no hubiera puesto su mejor cara de poker. Le entraron unas inmensas ganas de decirle que no, que no iba nada bien y que su cuñado era un psicópata de mierda que le había arruinado la vida. Pero no podía. Podía decirle que no pero decirle que no preguntara sobre el tema, pero eso sería meterle la semilla de la curiosidad y no quería que se preocupara por otro tema más. Por lo que, con todo su pesar, no solo por mentir, sino por ir en contra de lo que realmente quería, sonrió dulcemente—Sí, todo bien —dijo—, es que me afecta todo esto, ya sabes. Me pongo a pensar en la gente desaparecida, en sus familiares y me toca la fibra sensible que nadie haga nada —admitió. Eso era verdad, totalmente cierto.

Advirtió a Andromeda porque no le inspiraba nada de confianza que su familia tan cercana fuera precisamente una de las más peligrosas. Si pudiera elegir, prefería mil veces que ellos tres estuvieran bien, por lo que Sam no dudaría en advertirles de cualquier cosa que supiera por Rodolphus aunque con ello tuviera que quebrantar el juramento. Total, por alguna extraña razón ya se había hecho a la idea de que una muerte justificada posiblemente sea la mejor manera de terminar con eso—No nos va a pasar nada —dijo con tranquilidad, esperando que sus palabras fueran certeras para siempre—Siempre que nos mantengamos fuera de los problemas, estaremos bien. Pero se nota que las cosas cada vez se vuelven más turbias por lo que lo mejor es mantener los ojos abiertos —recomendó sabiamente. Ella mejor que nadie sabía que los ojos podían engañarte, pero en base a lo desconocido, era lo que mejor podían advertirte.

Partió otro trocito de tarta de queso y miró a Nora para ver si quería un poco, aunque antes de eso miró a Dromeda como pidiéndole permiso. ¡Quién sabe! A lo mejor era alérgica a algo o prefería alejarla del dulce manjar que era aquella tarta—¿Tú quieres un poco? —le preguntó a su amiga, ofreciéndole no por cortesía, sino porque estaba tan rica que debía de ser compartida con el mundo. Además, se le había quitado un poco el apetito hablando de temas tan lúgubres, por lo que intentó cambiar un poco de tema—. ¡Por cierto! No te conté. Tengo pensado hacer un viaje al Cairo. Aún no tengo fecha porque necesito hablar con mi jefe —con el cual no tendría problema porque era básicamente su mejor amigo— para conseguir los días libres y organizarlo todo. Pero allí hay uno de los mejores magos en Legeremancia y siempre se ha creído que se es capaz de aprender a encontrar los recuerdos de las personas a las que se le han borrado, algo que comúnmente se cree imposible —comentó, jugando con su tacita de té. Cualquier mago o bruja pensaría que es una idea estúpida y una pérdida de tiempo, pero tenía que hacerlo por obligación, además de que ya que no le quedaba otra, ella iba a ir con todo lo que tenía. Eso, a pesar de que haya sido idea de Rodolphus, podía convertirla en una de las legeremagas más prestigiosas de Londres. Andromeda sabía que la pasión de Sam siempre había sido su vocación, por lo que no era tan descabellado pensar que realmente creía que la legeremancia podía ser capaz de eso y de más—Serán dos semanas probablemente, o quizás más.
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Invitado el Miér Jun 01, 2016 12:34 am

Bebió otro poco de su té, escuchando atentamente a Sam. La reflexión era lógica: el Ministro podía salir de su puesto, pero El Profeta no terminaría con la magnitud de su tiraje diario, ni con la información manipulada que entregaba a brujas y magos. Eso le hizo recordar inevitablemente el favor que le había hecho Ted a Fiona hacía poco, un favor secreto, importante, y que mantenía a Dromeda bastante inquieta desde que lo supo. Ted encontró, en periódicos anteriores, antecedentes del ministro Winslow que lo involucraban en crímenes puristas y defensa de mortífagos. Eran hechos contundentes y relatados por el mismo periódico, que tomaban sentido cuando se los unía. Un solo hecho no llama la atención. Pero varios, y de la misma índole, llevan a pensar que, sin lugar a dudas, el Ministro apoya descaradamente a los mortífagos y nadie se manifiesta para destituirlo. -Tienes razón. Ese es uno de los problemas grandes... quien sea que esté en el poder, utilizará El Profeta a su favor. Es imposible detener eso. La prensa construye realidades y con eso se maneja a las masas fácilmente-todo tirano requiere ser visto como alguien amigable. ¿Qué mejor que un periódico oficial para construir esa imagen falsa? Sin embargo, el plan de Fiona era terminar con eso y derribar la careta de Winslow. ¿Cómo? Llevandole a Dumbledore los antecedentes de Winslow como mortífago, que Ted encontró, y entonces divulgarlos. Era algo que debía hacerse con precaución y sigilo para que funcionara. Por lo mismo, no quiso contárselo a Sam. Era un plan de la Orden, y por ello debía ser secreto. No le gustaba la idea de tener que ocultarle algo a su amiga, pero esta ocasión lo requería. Además, ya tenía suficientes inquietudes al temer que los mortífagos se enterasen de todo y apuntaran a ella y a Ted.

Extrañamente, luego de la pregunta Sam pareció volver de algún rincón de su mente y su rostro volvió a ser cálido. La respuesta era muy esperable de Sam, y comprensible además. La rubia siempre fue sensible al sufrimiento ajeno y le era imposible pasarlo por alto. A Dromeda no le parecía raro que un tema así la pusiera mal, pues a ella misma le producía un miedo y una rabia tremendos. Sin embargo, su intuición percibía algo más. Miró a Sam a los ojos por unos momentos, pensando en si seguir insistiendo o simplemente dejarlo ahí. Y optó por lo segundo. No quería forzar estos temas. Y confiaba en que Sam le contaría, tarde o temprano, si algo malo le estaba pasando.-Es cierto. Es desagradable hablar de estas cosas, pero si no lo hacemos nos costaría más caro-era esencial informarse y organizarse en las conversaciones, ahora que podía. Dromeda pensaba que, así como iba todo, no pasaría mucho tiempo para que tuvieran que dejar de hablar en lugares públicos de estos temas.

-Eso espero. -dijo, sonriendo luego de una pausa. Estar con los ojos abiertos era definitivamente lo que debían hacer, sobretodo teniendo una hermana como Bellatrix. No tenía cómo asegurar que ella y Rodolphus fuesen mortífagos, pero francamente no hacían falta muchas pruebas.-Pero llegará un momento en el que los problemas nos seguirán aunque nosotros no queramos, y será difícil huir de ellos-había estado pensando en ese momento, cuando los mortífagos se hicieran más fuertes y ganaran espacios. Entonces irían a por ella y su familia, y no bastaría con huir. Sí, debía proteger a Nymphadora, pero tampoco soportaba la idea de irse mientras todos sus amigos luchaban.-Planeamos dejar a Dora con los padres de Ted, que viven en Manchester, e incluso pueden viajar más lejos para mantenerla a salvo-dijo, intentando mantener un tono frío. Pero era difícil. Ya se ponía nerviosa si no estaba con su pequeña por un rato, y podía imaginar cómo sería tenerla lejos por más tiempo. Pero era necesario.

Asintió con la cabeza cuando Sam le pidió permiso para darle un poco de tarta a Dora. La pequeña devoró el trozo con entusiasmo, y emitió una risita contagiosa mientras miraba a Sam, a modo de agradecimiento.-Hoy no hablas mucho, ¿verdad?-le dijo a su hija, que no había dicho nada en toda la tarde a excepción de ruidos. Dora sabía varias palabras y las usaba con frecuencia, pero cada vez que había alguien ajeno a sus padres se cohibía y no hablaba ni un poco.-Oh, muchas gracias. Se ve deliciosa. Prueba esta también, antes de que Dora se la coma por mí-dijo a su amiga, ofreciéndole su kuchen. Con la cucharilla tomó un pedazo de tarta que Sam le ofrecía.-¿Hablas en serio? ¡Increíble! Cualquier cosa que sirva para perfeccionarte y potenciar su capacidad es bienvenida, y mejor aún si tienes la oportunidad de conocer otro lugar-dijo, alegre por la noticia. Definitivamente Sam siempre cumplía sus propósitos. Andromeda también planeaba viajar, pero tal vez cuando Dora creciera un poco más y lograra ahorrar suficientes galeones. -¿Cuándo viajarías? Toma todo el tiempo que necesites. Con ese mago vas a aprender muchísimo. No tenía idea que ese tipo de recuerdos podían recuperarse... suena difícil. Qué bueno que un conocimiento así no ha caído en manos equivocadas-es decir, en los mortífagos.

Off: perdona la demora Sad he tenido un par de problemas personales
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Jue Jun 09, 2016 11:35 pm

La idea de que Ted y Andrómeda tuvieran que dejar a Nymphadora en manos de otras personas por la inseguridad, era realmente triste. No triste por ellos, sino triste por el mundo en el que vivían. Sam se sentía fatal, sobre todo porque era consciente de que ella misma trabajaba en ese tipo de sensación de inestabilidad en el orden—Lo mejor que hacéis. Lo primordial es que a la pequeña no le pase nada. —Sam sonrió, mirando a Nymphadora. Era adorable. Sam adoraba a los niños, pero por alguna extraña sensación ella tenía la impresión de que nunca tendría un hijo. Quizás por eso era tan cercana a los hijos de sus amigos.

Aprovechó justo ese momento para darle un trozo de su tarta a la pequeña, la cual se lo comió con ansia, con una sonrisa que era sencillamente adorable. Sam adoptó un gesto risueño ante la pregunta que Dromeda le hizo a Dora y no pudo evitar imaginarse a la pequeña Dora mucho más activa que en ese momento. Sam aprovechó para tomar un poco del kuchen de su amiga después de contarle lo de su viaje al Cairo. Estaba delicioso y eso que ella no era mucho de ese tipo de tarta—. Sí, a ver cómo sale todo. Por ahora estoy realmente emocionada con la idea de ir. —Bueno, “emocionada”. Teniendo en cuenta que era una obligación era una emoción un poco predefinida, pero dentro de lo triste que era todo, tenía cierta ventaja.

La mirada de Sam bajó ligeramente cuando su amiga dijo que menos mal que ese tipo de magia no había caído en las manos equivocadas. No hacía falta ser Ravenclaw para saber a qué se refería y claro, Sam era sin duda un peón de un Rey en cuyas manos un poder así sería tremendamente peligroso. Aún así sonrió—. Menos mal, sí... —fingió una sonrisa. ¡Joder! ¿Por qué estaba disimulando tan jodidamente mal? A ver, seriedad. Tenía que ponerse seria y dejarse de tonterías. Lo que menos quería ahora es que Dromeda tuviera que preocuparse por otra cosa más y, mucho menos, tener que mentirle a la cara. Así que rápidamente Sam continuó hablando, intentando escurrir el bulto de esa cagada momentánea—. Lo cierto es que muchos magos son totalmente escépticos a creer que sea posible recuperar la memoria de una persona que la ha perdido por algún hechizo. Normalmente los hechizos de borrado de memoria son de los más complicados y a la vez de los más poderosos. No guardan los recuerdos en un baúl del olvido, sino que los eliminan por completo. Y claro… recuperar la memoria de alguien sin recuerdos es cómo una reconstrucción desde cero. Por suerte, para este tipo de medios tenemos que aprovecharnos de los flancos que no han sido borrados, relacionando recuerdos hasta que su propia mente recuerde lo que una vez recordó —explicó de carrerilla, mostrándose animada—. Es terriblemente difícil y eso es solo la teoría. No quiero ni imaginarme cómo será la práctica…

Entonces retomó la pregunta del momento de su viaje y Sam se encogió ligeramente de hombros—Todavía no he contactado con dicho mago. Le he mandado una lechuza, pero a veces me cuestiono la eficacia de las mismas. Nunca entenderé como una lechuza puede ir al Cairo tan tranquilamente de un viaje sin morirse deshidratada por el camino, de verdad —bromeó divertida, intentando dejar aquella cagada mal fingida de lado—. Pero cuando reciba contestación empezaré a preparar el viaje. Podría decirse que solo espero confirmación. —Hizo una pausa para beber un poco de su té y hacer que una pequeña molestia en su garganta desapareciese—. Pero posiblemente sea para verano. Ahora mismo tengo mucha demanda en el trabajo.
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