Situación Actual
19º-25º // 27 de julio -> luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
Denzel S.Mejor PJ ♂
Caroline S.Mejor PJ ♀
Gwendoline E.Mejor User
Ryan G.Mejor roler
Andreas & NailahMejor dúo
Gwendoline E.Trama Ministerio
Aaron O.Trama Área-M
Freya H.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

Only Black [Andromeda, Narcissa]

Invitado el Mar Mar 01, 2016 8:42 pm


La mañana tenía una extraña ligereza en el ambiente, aun hacía frio característico del invierno sin embargo la nieve ya brillaba por su ausencia la mayor parte del tiempo y como cada día se había llegado la hora de trabajar, aquello no molestaba a Bellatrix pues sus métodos poco ortodoxos de enseñanza de la Oclumancia le hacían llevaderos los días y colocaban su clase como efectiva aunque usualmente sus grupos eran muy pequeños comparados con los del otro instructor; tampoco era que importara demasiado. Salir de casa bien vestida, oliendo bien y portando con orgullo el apellido otorgado por su marido era menester así que tras su ritual de belleza matutino viajó por Red-Flu hasta su centro de trabajo.

Bellatrix debía mantener en secreto más por obligación que por convicción propia su condición mortífaga, así mismo su adoración por Lord Voldemort a sabiendas de que hablar con la persona equivocada podía tener un costo muy alto y perder la simpatía de su señor era algo inimaginable e insoportable para ella.
Junto a todo esto también se encontraba el detalle de las apariencias que su marido Rodolphus se esforzaba por imponer y que a ella tanto le costaba seguir especialmente cuando su razón se veía desmejorada por algún desafortunado iniciador, ultimamente había logrado guardarse muy bien y había saboreado la victoria al poco tiempo aunque a escondidas, con vocados demasiado frios para su gusto.

El Ministerio de Magia era un lugar sumamente concurrido, sus altos pisos casi siempre estaban llenos de personas que iban y venían y fue justamente al salir de las chimeneas que Bellatrix alcanzó a distinguir a su hermana Narcissa, su cabello rubio se alzó por encima de los demás y siendo ahora la única hermana que tenía -a gusto propio y no tanto del pasado- fue hacia ella.
No quedaba en duda de que el problema entre los Black no era su correcta educación sino la dudosa calidad moral de algunos de sus integrantes pues al igual que ella, Narcissa se había comprometido antes de salir del colegio y se había deposado con Lucius Malfoy apenas terminó sus estudios.

-Narcissa -dijo, intentando llamar su atención -Interesante sorpresa para la hora de la mañana.

Bellatrix sabía, o más bien sentía que "Cissy" mantenía una relación con ella de profundo respeto aunque dudaba de su cariño y creía que en una mayor parte lo que la rubia sentía era miedo, el sentimiento le causaba una extraña sensación de poder, consideraba a su hermana una persona de caracter debil y aun así sabía que los Malfoy estaban de su lado y del de su señor; a donde Lucius iba Narcissa era llevada aun en contra de su voluntad.

Off: Dejo camino abierto para Cissy pero también para que Andromeda llegue después o en el mismo momento.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Vie Mar 04, 2016 8:02 pm

A dos manzanas del hospital se encontraba una lujosa cafetería mágica que solían frecuentar los altos cargos del hospital para evitar el modesto local que poseía el centro médico. Oculta para los muggles, a plena vista para los magos. Ella solía frecuentarla siempre que se le presentaba la oportunidad y aquel era un buen día para hacerlo. Al entrar pudo ver que rebosaba de vida y eso le llenó de vida. Necesitaba ajetreo, ruido, pasar desapercibida para distraerse. Se sentó en una de las mesas más escondidas y no tardó en pedirse un contundente desayuno. Apenas había cenado la noche anterior, por culpa de Lucius, y caminar hasta allí le había hecho entrar hambre. Le sirvieron rápidamente, Narcissa pagó para poder marcharse sin esperar y empezó a comer con tranquilidad. Apenas había tocado el desayuno cuando sintió una mirada que se posaba en ella: la gélida mirada de un Malfoy. “Narcissa, querida” la saludó cuando ella lo miró. Ella se puso en pie automáticamente y sonrió con dulzura. – Buenos días Abraxas, ¿cómo tú por aquí tan temprano? – preguntó ella mientras él le besaba la mano con una cortesía que ella repugnaba. Y su suegro no dudó en sentarse a acompañarla durante todo el desayuno. Un par de horas más tarde, horas que a Cissy se le hicieron eternas, se separaron con una invitación por parte de Abraxas.

Sabía que a esas horas Lucius debía encontrarse en el Ministerio de Magia y, tras cancelar sus planes de estudiar en la biblioteca de la universidad, se encaminó hacia la Red Flu más cercana. El ajetreo del Ministerio le resultaba inquietante. Estaba acostumbrada a estar a la sombra de aquellos que la acompañaban, atenta a lo que la rodeaba, observando; pero en un lugar como aquel sólo podía sentirse observada. Caminaba con paso ligero, decidido, haciendo sonar los tacones. Buscó con la mirada los ascensores porque debía subir unas cuantas plantas para poder encontrarse con su esposo. En su lugar, se encontró con la oscura mirada de Bellatrix. Dibujó una amable sonrisa cuando vio cómo la morena se aproximaba a su encuentro. Ya había llenado el cupo de encuentros incómodos del día.

La verdad era que Narcissa nunca se había sentido cómoda en compañía de Bellatrix, siendo Andrómeda la que ocupó siempre el puesto de hermana mayor. Si bien no era temor lo que sentía hacia su hermana, sí debía admitir que la inundada un fuerte sentimiento de inseguridad y desconfianza cuando se encontraba con ella. Sabía que su hermana la consideraba un ser débil, incapaz de hacer nada más que maquillarse o estudiar, lejos del tipo de mujer que era ella; pese a todo, no era eso lo que incomodaba a Narcissa. La incomodaba la pasión que sentía por el Señor Oscuro, una pasión sin límites que significaría su muerte si así se lo pedían.- Espero que interesante sea sinónimo de algo positivo, Bellatrix – contestó a modo de saludo.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Lun Mar 14, 2016 2:06 am

Andromeda caminaba a paso rápido, las frías calles de Londres eran una mancha borrosa a su alrededor mientras sostenía su bolso en el hombro izquierdo y un par de pergaminos en su mano derecha, más de algún muggle se quedó mirándola por los curiosos rollos que sostenía, pero no podía importarle menos, no tenía tiempo para detenerse a observar, debía ir al Ministerio a primera hora para tratar asuntos de permisos respecto al trabajo que hacía. La elaboración de pociones se trataba de un trabajo con ciertos niveles de peligrosidad y desde hacía un tiempo el Ministerio le había hecho llegar una carta sobre su práctica en un recinto eminentemente muggle. La posibilidad de arrendar un estudio o algo escapaba de su posibilidad económica, pero si los magos del Ministerio la presionaban demasiado no le quedaría otra que considerar la posibilidad de trasladar su trabajo hacia otro lugar.

Dora se encontraba a cuidado de sus padrinos, por lo que al menos no tenía que preocuparse porque la chica estuviese en malas manos, al contrario, sus padrinos la adoraban. Sin embargo tendría que pensar lo que pasaría con su hija en caso de tener que mudar su trabajo a otra locación. Dora ya tenía tres años y lo más probable y seguro sería una guardería, pero Andromeda no se sentía a gusto teniendo a Dora lejos de ella. El mundo mágico estaba en crisis, lo sentía y se sabía, ella más que nunca se sentía en el ojo del huracán, era una reconocida "traidora a la sangre", el hecho que la hija de los Black se había rebelado a sus padres casándose con Ted Tonks era algo que había dado que hablar por muchas semanas. Los rumores a sus espaldas de una u otra forma habían llegado a sus oídos.

Pasó por los pasillos de la red flu y se cruzó con un par de magos y brujas conocidos, una leve sonrisa, un escueto "buen día" mientras continuaba su camino, sin embargo su sonrisa se congeló al ver a sus dos hermanas frente a ella. La mirada de Bellatrix se clavó en ella y supo que era un encuentro que no podría evitar. Desde hacía más de un año que no veía a sus hermanas juntas en el mismo lugar y una extraña sensación de deja vu la invadió. Su mente viajó rápida a sus años de adolescencia, cuando era común ver a las hermanas Black en diversos eventos sociales, cuando Andromeda asistía por obligación a fiestas y cenas de gente con la que tenía tanto en común como una roca con un tenedor. Su mano sujetó con firmeza la correa de su bolso y sus pasos casi por inercia se dirigieron hacia las dos mujeres que habían advertido su presencia- Cissy, Bella... - las llamó por los nombres de pila que solían usar en sus años de adolescencia.

Era un panorama surrealista verlas ahí a las tres paradas en medio de un concurrido pasillo del Ministerio. ¿Qué decir? ¿Cómo sostener una conversación casual con personas con las que suponía había cortado todo lazo? Con Bellatrix estaba claro que la relación se había cortado rotundamente, no así con Narcissa, pero de todas formas tenerlas frente a ella, hacían que el abismo hiciera imposible que articulase palabras. Por segundos las miradas de las tres se cruzaron, un silencio ensordecedor se posó en el ambiente.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Dom Mar 27, 2016 7:20 am

Bellatrix rió aunque con disimulo manteniendo en la mente lo que su marido tanto le repetía y pedía siempre; Narcissa respondió de una manera que le causaba gracia por la forma en que ella le veía y le confirmaba que sus ideas no estaban tan lejos de la realidad.

-Interesante para mi normalmente es sinónimo de algo positivo, querida.

La idea de encontrarse con su hermana no le parecía tan poco interesante, hacía bastante tiempo que no se veía y podría decir que su contacto era más frecuente con Lucius que con ella.
La conversación quizás se convertiría en algo superfluo y en realidad lo que deseaba lograr era seguir dándose cuenta de que tenía el control sobre la situación como antaño lo hacía, estaba apunto de decirle algo más cuando a lo lejos pudo distinguir un rostro conocido tan familiar como era el de Narcissa para ella en ese instante, su hermana menor estaba de espaldas por lo que no le fue posible encontrarse cara cara con Andromeda como le fue posible a ella, encontró en el rostro de su hermana recién llegada una mezcla de sentimientos que no pudo descifrar fácilmente, tampoco logró distinguir lo que a ella misma le causaba el encuentro.

En algún momento la menor de las tres también advirtió la presencia de su otra hermana pero Bella no se molestó en mirar su expresión, sus ojos se clavaron en los de Andromeda y notó nerviosismo en la manera en que tomaba la correa de su bolso, tal vez sería mejor ignorarlo pero eventos como ese no sucedían a menudo.

-Reunión familiar y sin esperarla -exclamó -Vaya manera de comenzar el día, supuse que tanto frío cuando la primavera está por llegar tendría que significar algo.

Ironizó y sonrío como sólo ella sabía hacerlo, intento reprimir otra vez una carcajada que amenazaba con escaparse, el tipo de risa que solamente ella podía regalarle a un par de personas que habían compartido con ella gran parte de la vida, una vida que no podía llamarse algo trascendental pues lo único que realmente compartieron entre sí había sido el apellido y este había sido reemplazado apenas se graduaron.

Por un lado estaba Narcissa quien se había casado con Lucius justo al terminar el colegio, a pesar de que la rubia aún estaba estudiando compartía ya una vida matrimonial con un mago de sangre pura como se le había enseñado, de alguna manera seguía los ideales familiares al pie de la letra.
Por el otro lado estaba Andromeda a quien ahora consideraba una traidora de sangre por haber contraído nupcias con Ted Tonks sin importarle para nada la enseñanza que año tras año sus padres habían intentado construir.
Finalmente se encontraba ella misma quien no solo había encontrado en Rodolphus un compañero de vida, además había encontrado a alguien que compartia sus ideales y que deseaba seguir al señor oscuro tanto como ella.

-No sé si debería incluirte en mi definición de reunión familiar, ¿o me equivoco? -carraspeó como quien intenta llamar la atención de otro -¿Qué opinas tú Cissy? habemos algunas personas aquí que logramos entender al pie de la letra los ideales de los Black y la importancia de mantener la pureza de sangre sobre cualquier cosa, pero también hay algunos otros que no valoraron demasiado el esfuerzo que se puso en nuestra pulcra educación.

Había roto el silencio por las simples ganas de molestar, quería hacer saber a Dromeda cuanto le aborrecía y cuanto le molestaba su presencia; más allá de todo eso, inconscientemente, deseaba vengar lentamente el hecho de que no siguiera a su lado como -aparentemente- Narcissa lo hacia.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Lun Mar 28, 2016 12:15 pm

Ya desde pequeña, Narcissa consideró que su hermana no estaba demasiado cuerda. Su forma de mirar, de hablar y sonreír le obligaban a desconfiar de la que compartía sangre con ella de forma instintiva. Esa desconfianza forzaba a la rubia a dudar sobre la veracidad de las palabras de la morena y aunque siempre trataba de luchar contra ese instinto, le resultaba sumamente difícil conseguirlo. Por ello, Narcissa se sorprendió con ganas de enarcar una ceja cuando Bellatrix contestó a su comentario. No dudaba el hecho de que se alegrara de verla, sino que dudaba si lo que Bella pudiera considerar “algo positivo” era positivo para ella también. La mente de una perturbada era algo complejo en sí mismo, mucho más cuando esa perturbada era uno de los magos más poderosos con el que te podías cruzar, que además te conocía y manipulaba como la mayor de las Black hacía con la menor de estas. La rubia se forzó una sonrisa que trataba de parecer sincera y dulce, cosa que Narcissa consiguió sin duda. Si bien no era una mujer del carácter de Bellatrix, Narcissa era la mejor mentirosa del mundo mágico. Su supervivencia se basaba en ello. – Ya lo imaginaba – contestó llevándose un mechón de pelo detrás de la oreja.

A partir de ahí se sumieron en una superflua conversación demasiado formal si se tiene en cuenta que las interlocutoras eran dos hermanas. No se les podía pedir mucho más. La rubia se encontraba explicando los motivos por los que se encontraba en el ministerio a una hora tan temprana cuando a Bellatrix le cambió el rostro. Por un momento Narcissa creyó haber dicho algo que no le había gustado a su hermana y la miró desconcertada. - ¿Qué sucede? – preguntó al tiempo que analizaba sus palabras cuidadosamente sin encontrar nada fuera de lugar. Después de eso miró el rostro de su hermana, a la que se le había perdido la mirada tras de ella. Se dio la vuelta para ver qué sucedía y, entre el gran número de magos y brujas que deambulaban por el hall del ministerio, encontró aquello que observaba su hermana. Paso ligero, aparentemente firme, rostro sereno y cabello castaña: Andromeda se encontraba a unos metros de ellas. En su lugar, Narcissa se hubiese limitado a observarlas desde la lejanía más nunca se hubiese acercado a Bellatrix, pero Andromeda no era ella. Las saludó, Bellatrix contestó y Narcissa no mencionó palabra alguna. Ni siquiera hizo un gesto que hiciera la función de un saludo, simplemente se la quedó observando en silencio.

Un cúmulo de sensaciones, a cada cual más diferente que la anterior la invadieron cuando Bellatrix comentó la escena. Podría decirse que Narcissa vio venir lo que su hermana quería hacer; Bella no desaprovecharía la oportunidad de herir a Andromeda. ¿Qué debía hacer ella? Si bien era la más sujeta a las leyes mágicas de las tres, también era la que menos quería un enfrentamiento entre ellas. La situación era muy difícil para Cissy desde que se vio obligada a repudiar a una de sus hermanas, la que más le gustaba. ¿Debían incluirla en la definición de reunión familiar? No. – Para nada Bella – contestó con frialdad. – Ni siquiera debería haberse atrevido a dirigirnos la palabra – concluyó, aunque no miraba fijamente a Andromeda cuando decía esto. Se respaldó, esta vez, con las uñas para evitar hacerlo.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Miér Mayo 18, 2016 6:50 am

Ese día estaba totalmente concentrada en lograr que su artesanal fábrica de pociones funcionara de manera legal. Ni siquiera al llegar al Ministerio había pensado en la posibilidad de encontrarse con sus hermanas. O quizá ese riesgo le incomodaba tanto que lo relegó inconscientemente a algún rincón oscuro de su cabeza. Por eso, al ver a Bella y Cissy ahí frente a ella, no supo qué hacer y reaccionó casi por puro instinto: yendo a saludar. ¿Qué más podía hacer? ¿Acaso había algún manual de cómo comportarse en un encuentro casual con familiares que la odiaran?

Cissy la miraba con su frialdad natural, y Bella con su desdén implacable. Escuchó las primeras palabras de la morena, las primeras que escuchaba en años de distancia e incomunicación, y su piel se erizó. La nota oscura, cortante y mandataria de la voz de Bellatrix seguía intacto, incluso parecía haberse acentuado. En ese momento, se arrepintió de haberse acercado a saludarlas. Dromeda sintió que volvía a sexto año en Hogwarts, que este era uno de los encuentros que tenían las Black en los pasillos, cuando Bellatrix le ordenaba dejar de hablarle a los impuros de su clase. La amenazaba constantemente, porque sospechaba que ella y Ted hablaban. Bella tenía aliados de Slytherin encargados de vigilarla, aún sin que Dromeda supiera. No podía siquiera mirar a Ted durante las comidas en el Gran Salón, o en los pasillos, o incluso cuando les tocaba una clase juntos, por temor a que los vigilantes de Bella los vieran. Tuvo que convencer a Ted de que no le hablara en público jamás, para evitar que le hicieran algo. Cissy en esos años estaba de acuerdo con que ese era el comportamiento adecuado de una Black, aunque era ligeramente más comprensiva que Bella, y trataba de hacerle entender a Andromeda que era por su bien.

Pero le hacían daño. Y ahora, años después, seguían haciéndolo. Las palabras de su hermana mayor cayeron sobre ella como metal frío y cortante. Nuevamente la arrastraban, la obligaban a retroceder años y sentir que estaba en una reunión familiar en la mansión Black. Volvió a sujetar con fuerza la correa de su bolso, incómoda, dolida. Seguían con el mismo discurso que pronunciaron al desheredarla para siempre. Y le era imposible no recordar con dolor ese momento. A sus 23 años seguía preguntándose por qué sus hermanas no fueron distintas, como ella. -Perdón, pero no quiero volver escuchar lo que ya sé. No va a cambiar nada- contestó en su tono habitual, tensa pero firme. Sabía que Bellatrix quería incomodarla en lo más profundo, jamás desaprovecharía una oportunidad así. -La cortesía va más allá de otras enseñanzas, y por eso vine a saludar. Tampoco quisiera interrumpir sus tareas- agregó, esta vez más cortante y mirando a Cissy. Tenía que entrar en su juego, en su lenguaje de falsa tranquilidad.

Por un segundo deseó que Ted estuviera a su lado, sosteniendo su mano con la fuerza de siempre. Pero esto iba a suceder tarde o temprano, y debía enfrentarlo sola.

FDR: Disculpen la demora!! Sad
avatar
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.