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Hopes and fears | Fiona [Priv]

Invitado el Sáb Mar 05, 2016 7:03 am

Librería Flourish & Blotts.
Viernes, 18:45 pm.

Ted cerró los ojos, se echó hacia atrás en su silla y suspiró. Para ser una inofensiva librería, habían tenido un día bastante pesado. Llegaron tres cajas de libros que habían encargado, pero eran títulos equivocados. Tuvo que devolverlos y pedir los correctos otra vez. Entre ese y otros problemas administrativos, Ted había pasado toda la tarde atareado. Además habían contratado a un nuevo empleado para vender, un chico que supuestamente sabía lo que tenía que hacer... cuando en realidad no tenía idea de libros. Ted tampoco quería ser duro con él -con ninguno de los que trabajaban en Flourish-, por lo que le asignó la caja, en lugar de asesoramiento a los clientes.

Al irse todos, Ted procuró ordenar un poco su pequeña oficina y también sus ideas. Había quedado con Fly, más bien ella iría a la tienda de forma discreta a conversar sobre asuntos confidenciales. El muchacho fue a una estantería y sacó, de uno de los cajones, una serie de periódicos doblados. Eran ediciones de El Profeta. ¿Qué tenían en común? Todas documentaban ataques a muggles o desapariciones de éstos a manos de magos. Siempre que se topaba con una noticia así, Ted temía leer el nombre de sus padres entre las víctimas. Ambos eran un apacible matrimonio muggle que no mataría una mosca, pero a los mortífagos poco les importaba eso. Atacarían igual.

La concentración del muchacho fue interrumpida por un ruido breve y fuerte. Dio un salto en la silla, pues había sido totalmente inesperado. Era el sonido de una aparición, y no cualquiera: en su oficina se encontraba nada menos que Fiona.—¡Dios! ¿No podías tocar la puerta? Deberías saber que el corazón de un Hufflepuff es sensible a cualquier sobresalto—le dijo, riéndose por la ridiculez que había dicho en medio de su impacto al verla aparecer de pronto en la habitación. Se paró de su escritorio y saludó a la chica con un abrazo breve.—¿Cómo estás? No te veía hace tiempo, pensé que habías crecido un poquito—le bromeó, siempre le bromeaba con su estatura, y tenía certeza de que ella no se ofendería ni de lejos. Ambos se bromeaban constantemente.—¿Qué tal tu día? Oh, toma asiento. Tengo un par de cervezas de mantequilla embotelladas, por si quieres después. Acabo de ordenar—mencionó con rapidez, mientras amontonaba los periódicos que había desplegado sobre su escritorio.
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Fiona T. Shadows el Sáb Mar 05, 2016 12:52 pm

Por fin viernes. O al menos, eso pensarían muchos. Pero cuanto formas parte del cuerpo de Aurores no puedes ver el viernes como un día de felicidad y alegría tal y como los demás lo hacen. Eso era lo que le pasaba a Fly en aquel momento que, tras una dura jornada de trabajo, se encontraba con el fin de semana ante sus ojos. Un fin de semana donde trabajaba tanto sábado como domingo, aunque le quedaba el consuelo de no tener que trabajar ni lunes y martes.

Bostezó cubriéndose la boca con sendas manos y se acercó con paso ligero hasta la salida del Ministerio de Magia. Se hubiese ido a dormir sin pensarlo dos veces. Pero sí, lo había pensado dos veces y la conclusión había sido clara. En primer lugar, había quedado con Ted. Y en segundo lugar, no podía aplazar la cita con Ted, pues no era una simple cita entre dos amigos, sino que iba allí por motivos de trabajo. O más bien, por motivos de su otro trabajo por el cual no obtenía ningún tipo de beneficio monetario.

En cuanto hubo salido del Ministerio de Magia, se desapareció en el interior del despacho de Ted, olvidando que lo más lógico a la hora de hacer una entrada es llamar primeramente a la puerta y esperar a que te den el visto bueno para entrar. Pero es que Fly no era el tipo de personas que pensaban qué era lo que debían hacer. Sino que pensaba para darse cuenta que tenía el fango cubriendo sus piernas hasta la altura de las rodillas. Por suerte, en aquella ocasión no era algo literal.

- Un Hufflepuff es sensible hasta para mirarse en el espejo y creer que tiene compañía. – Dijo la castaña ladeando la cabeza y acompañando la risa de su acompañante con la suya propia. Ted era una persona diferente a las que acostumbraba a tratar. Tenía un humor peculiar, una forma de ver el mundo que, de alguna forma, le agradaba. Era una buena compañía a pesar de haber llevado los colores amarillos en la escuela y ese factor le daba a Fly una oportunidad más para meterse con el castaño como hacía con todos. – Además, sabías que habíamos quedado. Deberías estar preparado para mis entradas triunfales. – Hizo una leve reverencia y pasó al lado del hico antes de fundirse en un corto abrazo.

Dibujó una mueca de decepción seguida de una de tristeza. – Yo también pensaba que iba a haber crecido. Pero parece ser que a los veintisiete ya uno deja de crecer. Todavía tengo esperanzas, no creas que no. – No, no las tenía. Sus esperanzas llegar al metro sesenta eran tan inexistentes como la coherencia en sus propias palabras. Además, se había acostumbrado a su estatura tras tantos años y no lo veía como algo malo, sino como algo útil en su trabajo. – Pero si ahora pego el estirón tendría que renovar todo mi armario y… Sinceramente, el sueldo de Auror no da para ese tipo de gastos. – No mentía. El sueldo de Auror no era lo que cualquiera podría pensar que era, pero era más que suficiente para vivir cuando no tienes que pagar hipoteca.

- Mejor dejar las cervezas para luego que, aunque no lleven alcohol, como nos pongamos con ellas no hacemos lo que hemos venido a hacer. – Dijo la castaña mirando por el despacho de Ted con curiosidad. No recordaba la última vez que había estado allí, pero recordaba el despacho con bastante exactitud. - ¿Eso es nuevo? – Señaló a una pila de libros apartados en un lateral de la mesa. – Y mi día mejor de lo que pensaba. Aunque sería mejor si mañana no tuviese que ir a trabajar, claro. Pero ya sabes, los malos no se toman ni un día de descanso. – Dijo con tono de superhéroe y sin borrar la sonrisa del rostro. – Hoy al menos no estuve todo el día sellando informes de hace diez años, ¿Puedes creer el retraso que tiene el Ministerio en esas cosas? – Ella no lo podía creer. Y lo que tampoco podía creer era tener que ser ella quien se encargase de semejantes idioteces.

- ¿Y tú qué tal? ¿Todo bien con la señora de Tonks e hija? – Preguntó con tono bromista haciendo referencia a Andromeda y la pequeña hija de ambos. – Seguro que ya ha crecido tanto que me llega a la altura de la nariz. – Añadió señalando su propia nariz la cual tampoco se encontraba a tanta distancia del suelo.
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Invitado el Mar Mar 15, 2016 4:45 am

El joven se echó a reír con el comentario de su amiga sobre su antigua casa en Hogwarts. Le gustaba sorprenderse siempre con esa soltura de Fiona, esa fluidez que tenía para bromear. Jamás dejaba de tener una frase ingeniosa en la punta de la lengua. Era una de las personas más ocurrentes que Ted conocía.—Sabía que vendrías, pero nadie está preparado para una entrada triunfal tuya. Ya deberías saberlo—le apuntó acusatoriamente con un dedo, sonriendo, luego del abrazo de saludo. Mientras le hablaba, terminó de amontonar un par de libros y pergaminos de su escritorio. Menos mal no usaba pluma y tintero, pues debido a su torpeza habría derramado tinta innumerables veces. En Hogwarts le pasaba mucho. Por eso usaba bolígrafos, por muy muggles que fueran.—Recuerda que lo bueno viene en paquetes pequeños. Además, la gente alta tiene problemas de coordinación con manos y pies. Lo digo por experiencia—no sabía si su poca motricidad fina se debía a su altura, a algún problema hereditario o, simplemente, mala suerte.—¿Hablas en serio? Pensé que un auror tenía sueldo decente... lo merecen. La lucha contra el mal no sale barata ¿eh?—alzó una ceja, medio en broma, medio en serio. Entendía que muchos aurores fueran austeros y discretos con su profesión... pero arriesgaban mucho día a día como para no ser recompensados debidamente.

Ted tomó una silla que estaba en un rincón y la acercó hasta su escritorio.—Ten, ponte cómoda. Con cerveza o no, haremos lo que nos ha convocado. Ah ¿esos libros? Los tengo reservados para un instructor de Quidditch privado. Pretende crear una academia pequeña para enseñarle a niños antes de que vayan a la Hogwarts—respondió Ted, sentándose después de Fly, y quedando frente a ella en el escritorio. Puso los ojos en blanco al oír sobre la lentitud del Ministerio.—Los malos no se toman ni un día de descanso, pero el Ministerio sigue con la milenaria burocracia que impide perseguirlos con rapidez. ¿Lógica? ¿Dónde?—bromeó, pero sus palabras iban en serio. No podía entender cómo los magos, con sus habilidades y ventajas, eran igual de lentos que los muggles en temas gubernamentales y judiciales.—Y los aurores no deberían encargarse de eso. Tú deberías estar al pie del cañón. No saben el talento que se pierden al no ascender a Fiona Shadows—concedió. Si había algo evidente, era el corazón que Fly ponía en la búsqueda de la justicia. Y lo bien que lo hacía, claro.

Sonrió automáticamente al oír sobre su hija y esposa. Se rascó la barba antes de responder.—No tardará en alcanzarte, pero todavía tiene una estatura inferior a su cadera—le dijo, entre risas—Andrómeda está bien, ocupada con sus pociones. Me gustaría que tuviera un lugar mejor para prepararlas, el apartamento se hace pequeño... me traería a Dora aquí, para que pudiera trabajar—aún no le había dicho esa opción a su esposa, pero lo haría pronto. Tener él a la pequeña en la librería no sería problemas, podía ser un par de días a la semana.—¿Y bien? ¿Qué novedades tienes sobre ellos?—con "ellos" se refería claramente a los mortífagos.—¿En qué puedo ayudar esta vez?—y con eso se refería a la Orden. Con Fly no eran necesarias demasiadas especificaciones. Se entendían con ese lenguaje.

OFF: ¡Perdona por la tremenda tardanza! Estuve muy ocupada con las clases :c Crying or Very sad
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Fiona T. Shadows el Jue Mar 17, 2016 10:17 pm

Miró de arriba a Ted ante su comentario sobre la altura y afirmó con la cabeza. Estaba claro, la gente alta tenía más problemas que los bajitos. Si eres bajito, te pones zapatos con plataforma. Si eres alto, te cortas las piernas a la altura de las rodillas. Con los años se había acostumbrado a su altura y ya no le molestaba en absoluto incluso bromear ella misma y con Ted ese problema no había existido nunca, pues ambos tenían ese vínculo amistoso en el que el tira y afloja de manera amable estaba siempre presente.

- Y eso que no nos cobran los desperfectos, eso ya sería el colmo. – Teniendo en cuenta la facilidad que Fly tenía para volar cosas y destrozar edificios, esperaba que no llegase el día que el Ministerio se tomase en serio aquel comentario que acababa de hacer con Ted. – En verdad no está mal pagado, lo que pasa es que yo me quejo mucho. Tengo que hacer una media de treinta quejas al día y mira que horas son y tan sólo llevo siete, así que tendrás que soportar las quejas que me quedan durante lo que resta de día. – Añadió como si aquello fuese algo malo y, lo peor de todo, algo cierto. Sí, era cierto que era una persona que se quejaba de sueño, hambre o aburrimiento a todas horas. Pero también era cierto que no iba contando el número de quejas diarias que debía completar.

- ¿Por qué esas academias no existían en nuestra época? – Preguntó casi enfadad con aquello. ¡Y lo divertido que habría sido ir ahí cuando era niña! Pero por como lo había dicho, parecía que tenían cincuenta años y, por suerte, aún les quedaban bastantes para ello. – A lo mejor hubiese llegado a jugadora de Quidditch profesional y ahora tendría mi propia mansión y un mejor sueldo. ¿Sabes lo que cobra esa gente por subirse a una escoba a darse golpes? – Preguntó casi de manera atropellada mirando a Ted con los ojos abiertos de par en par. - ¡Cobran más que yo que tengo que soportar que me intenten matar señores enmascarados que parecen tener la regla las veinticuatro horas del día durante los trescientos sesenta y cuatro días y seis horas del año! – Añadió a la misma velocidad, casi equivocándose al hablar por hacerlo tan rápido.

Negó con la cabeza tomando asiento tal y cómo Ted le había indicado y se acomodó, cogiendo un bolígrafo del escritorio del hombre y moviéndolo de un lado a otro como la niña pequeña inquieta que era por dentro y no sólo en altura. – Les importa más que tengamos informes al día. Todo es más bonito sobre el papel, que es lo que queda cara al público. – No le agradaba aquello pero era cierto. El Ministerio tenía una imagen que mantener y aquello se lo proporcionaba de manera rápida, efectiva y sencilla para los altos cargos que no tenían que mover ni un dedo. – Quita, quita, ¿Te imaginas que me ascienden? ¿Tú te crees que con metro y medio me va a tomar alguien en serio como Jefa de Departamento de Seguridad? Es que ni yo me tomaría en serio. Además, soy demasiado vaga como para tener que mandonear a los demás, en el Ministerio prefiero que me digan qué hacer y quitarme de problemas. –Gracias  a las últimas muertes perpetuadas en el departamento siempre había puestos superiores libres pero los más listos, como ella, no aceptaban, pues sabían que era poner la cabeza en una diana con luces de neón.

- Como traigas aquí a “mini Ted mujer” te acabará desordenando hasta lo que no sabías que tenías. – Dijo con tono bromista hablando de la pequeña, la cual era idéntica a su padre a ojos de la castaña.

Apoyó la espalda contra el respaldo de la silla y estiró las piernas para volver a sentarse como una persona civilizada para entrar directamente al tema de la cuestión. – Ah, sí. – Afirmó la castaña. – Más de lo de siempre, pero esta vez necesito un nombre más conocido. – Ladeó la cabeza y sonrió. – Benjamin Winslow, Ministro de Magia y esperemos que poco, ex Ministro. Necesito todo lo que haya en números antiguos de El Profeta, casos que haya podido encubrir, desaparecidos durante su mandato, implicaciones familiares… Lo que sea. – Habían estado investigándolo durante meses y estaban a un paso de echarle del Ministerio si se confirmaba su lealtad a la causa Mortífaga o, lo más posible, se demostraba que estaba encubriendo a los Mortífagos. – El Jefe dice que tiene que haber algo. – Y por Jefe, no se refería al de departamento, sino al de la misma Orden.
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Invitado el Lun Abr 04, 2016 7:06 am

No te veía hace tanto tiempo que había olvidado tus quejas constantes—dijo el muchacho, poniendo los ojos en blanco en un falso gesto de exasperación. No le molestaban esas quejas porque sabía que eran superficiales. Fly podía protestar porque tenía sueño, frío, cansancio, pero jamás nada le había impedido conseguir sus logros.—Pero no te quejes e la librería ¿eh? Es mi orgullo y lo sabes—en realidad no lo era.Estaba feliz de estar a cargo de Flourish & Blotts, sí, pero no en un modo trabajólico o exitista. Amaba los libros, y si podía venderlos y pasar el día entero rodeado de ellos, mucho mejor. Y si ese era su mismísimo trabajo ¿qué más podía pedir?

Ted soltó una carcajada fuerte. ¿Cómo hacía Fly para tomar una situación y describirla siempre de forma cómica y realista?—Ya sabes, tienen complejo de institutrices.Y los padres de esos niños están dispuestos a pagar lo que sea por ver a sus retoños volar antes que cualquier otro. Como si eso les garantizara un cupo de buscadores en Puddlemore United—resopló, divertido y a la vez cabreado por la idea de presionar a los pequeños a volar tan pronto. Miró a su amiga sentarse, jugar con el bolígrafo y quejarse -nuevamente, pero con justa razón- del Ministerio.—A veces temo que tendrá que ocurrir algo realmente malo para que cambien el funcionamiento. Cualquier día me ataca un mortífago, voy a dar aviso al Ministerio y me harán escribir un comentario en un libro de reclamos—bromeó con cierta amargura. Por eso su fe estaba totalmente depositada en la Orden.—Pues, bajita y todo, deberían tomarte en serio. Aunque tampoco sería cosa fácil lidiar con un puesto más alto. Te vigilan y piden más los peces gordos, y serías un blanco fácil. ¿No se te ha ocurrido vender libros para pasar desapercibida?—bromeó, aunque tener ese trabajo tenía muchas ventajas, como el fácil acceso a la información.

Es muy probable. Pero es mucho mejor que desordene papeles o libros, a que rompa una poción peligrosa que haya preparado Andromeda—replicó Ted. Su hija era caótica al igual que él, pero prefería que estuviese en la librería. Podía tenerla siempre a la vista, y entretenerla con dibujos o libros ilustrativos. Así Dromeda podría seguir con su negocio con más calma y, quién sabe, quizá expandirlo.

El muchacho escuchó con mucha atención la información de Fly. Sus ojos se entrecerraron cuando terminó de hablar, y respiró hondo. Vaya, ese sí que era un asunto grave. Ted silbó, demostrando su impresión.—Con que Winslow... sabía que muchos altos mandos del Ministerio estaban podridos, pero no pensé que a un nivel tan alto—comentó y, enseguida, se puso de pie. Fue hasta una estantería alta y llena de compartimentos y cajones. Abrió uno largo que se encontraba en la parte de abajo: estaba repleto de periódicos. Ted estaba constantemente revisando la prensa antigua, tanto por interés como para comprobar información de los libros. Sacó por lo menos diez ediciones de El Profeta que, por la fecha y los hechos, creía que podían servir. Los desparramó sobre el escritorio (porque claramente no era un muchacho ordenado)—Estos podrían servir—dijo, y con rapidez comenzó a revisarlos.

Halló la noticia que buscaba, un hecho que había llamado su atención hacía un tiempo al leerlo. Se trataba del "Caso Husserl", ocurrido hace seis años. Theodor y Molly eran dos mellizos de once años, con habilidades mágicas pero hijos de muggles. Habían recibido su carta de Hogwarts durante el verano, como correspondía. Pocos días antes del ingreso a clases, los mellizos desaparecieron. Jamás fueron encontrados. Los únicos rastros suyos fueron sus varitas, que aparecieron en las afueras de Londres partidas por la mitad, junto a un pergamino que tenía sólo dos palabras: "Sangres sucias". El caso, que obviamente se trataba de purismo extremo, puso de cabeza al Ministerio. Encontrar al asesino de ambos niños era de suma urgencia.

Meses más tarde, un testigo anónimo declaró haber visto a los mellizos Husserl junto a sus padres en Diagon, una semana antes de su desaparición. El testimonio fue crucial: la familia Husserl fue a Diagon a comprar los materiales que los mellizos necesitaban para Hogwarts. Al ser de origen muggle, los padres estaban desorientados con las compras. Cuando estaban en Ollivanders, pidieron ayuda a un matrimonio de magos: eran Benjamin Winslow y su esposa. Ellos, al ver a la familia de origen muggle, reaccionaron despreciándolos y tratándoles de ignorantes. El padre de los mellizos, exaltado, comenzó a discutir con Winslow acaloradamente. Winslow, furioso al parecer de que ese hombre se atreviera a faltarle el respeto, le dijo antes de irse: "No tiene idea de con quién se ha metido". A la semana siguiente, los mellizos desaparecieron y se encontraron sólo sus varitas y el mensaje purista. La prensa comenzó a vincular a Winslow con la desaparición.—¿Recuerdas el Caso Husserl? El Ministro negó mil veces que tuviera algo que ver con la muerte de esos chicos. Supuestamente encontraron al asesino, un contrabandista del mercado negro, y lo encerraron en Azkaban. Se dio por terminada la historia. Pero en realidad no fue así. ¿Ves este periódico de de aquí?—le mostró un pergamino que parecía una hoja de prensa—Esto lo escribió un periodista de El Profeta que siguió investigando el caso y descubrió pruebas en contra de Winslow, pero fue despedido del periódico. Encontré este pergamino entre la basura cuando empecé a trabajar acá. Es de un diario independiente que se atrevió a publicar las pruebas que ponen a Winslow como sospechoso, pero el Ministerio se encargó de que no fueran vistas por nadie—le pasó el pergamino a Fly.

¿Recuerdas el mensaje en papel que fue encontrado junto a las varitas rotas de los niños Husserl? Ese papel tenía una diminuta insignia en un borde: era una W. ¿Recuerdas que el hermano menor de Winslow era dueño de una fábrica de pergaminos de alta calidad? Analizaron el pedazo de papel, y provenía de esa fábrica. Por su material y por la pequeña W grabada en un borde—explicó Ted a toda velocidad, exaltado—Investigaron e interrogaron al hermano de Winslow, y aunque no pudieron comprobar que él fuera el asesino, encontraron rasgos violentos y puristas en su personalidad. Además, al momento de leerle la mente, hallaron espacios en blanco en sus recuerdos. Era como si no se hubiese enterado jamás de la desaparición de los Husserl. Probablemente le borraron la memoria... Benjamin se la borró. Y lo utilizó para no mancharse las manos—Ted estaba tenso, como si el tiempo apremiara. Jamás le había tomado el peso a esta información. Miró a Fly, inquieto, impaciente.—¿Sigues la idea?—le preguntó con rapidez.—O bien... ambos pertenecen a los Mortífagos y Winslow quería "darles su merecido" a los Husserl por muggles, pero no podía hacerlo él mismo, porque arriesgaba demasiado. Su hermano pudo haberse ofrecido a hacerlo, a ser utilizado—dijo, sintiéndose un poco paranoico al pensar todo aquello, pero también convencido.
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Fiona T. Shadows el Dom Abr 10, 2016 10:49 am

Entreabrió los labios cuando Ted le dio la oportunidad de mencionar su librería y lanzar al aire una nueva queja, esta vez referente al lugar en el que ambos se encontraban. Los entreabrió, pero rápidamente volvió a cerrarlos, como si hubiese estado a punto de decir algo pero en el último momento se hubiese arrepentido para no mediar palabra alguna. Ella no era de ese tipo de persona, sino que si abría la boca con algo que decir, lo decía sin importar que las razones en su contra fuesen superiores a las razones a su favor. Pero simplemente quería dar presionar a Ted de alguna forma. Darle a entender que sí tenía algo que decir sobre su librería, aunque no fuese cierto.

- Es como esos shows de los muggles donde los padres llevan sus hijos a que canten o bailen, o hagan algo delante del público para que ellos se sientan orgullosos y sus hijos acaben sin infancia. Sí, algo así. – Frunció el ceño, pues no estaba segura de haber descrito correctamente aquellos programas. Su manejo del televisor había mejorado con los años, pero su conocimiento respecto a la programación era prácticamente inexistente. – Si alguna vez tengo hijos, jamás los llevaré a programas de esos. Y lo del Quidditch… Ya tendrán tiempo en Hogwarts para abrirse el cráneo con un bate o con una bludger. – Añadió con tono divertido, ya que no estaba en sus planes ni a largo ni a corto plazo tener un ser en miniatura que come, mea, llora y caga.

El Ministerio de Magia, a juicio de Fly, era una institución bastante inútil. Si el Ministerio fuese una casa de Hogwarts, sería Hufflepuff. Parecía que vivían al margen de lo que pasaba a su alrededor, e incluso el departamento de seguridad mágica parecía tener mejores cosas que hacer que velar por la seguridad, algo que por su nombre sería lo principal que deberían hacer. – Te tendrán en lista de espera mientras intentas que el Mortífago no te mate. Ya sabes, les encantan los hijos de muggles, seguro que en su sede tienen tu cara puesta en una diana. Junto a la de los traidores de sangre, así que a lo mejor compartimos diana y todo. – Añadió con tono divertido, pues con los años había aprendido a tomarse las cosas con más alegría de la que el resto acostumbraba a tener. Si no se usaba el humor, ¿Qué quedaba en la vida?

- Puedo vender libros en mi puesto de trabajo. Imagínate, tráfico de capítulos en el Ministerio de Magia. Encontrada una red de venta ambulante de libros en el Departamento de Seguridad Mágica. – Dijo con tono de interlocutor de noticias, como si aquellos fuesen a ser los próximos titulares que apareciesen en El Profeta. – Me gusta mi trabajo, aunque me queje a todas horas. -  Era cierto, siempre tenía una y mil quejas para el Ministerio de Magia y su propio departamento, pero a fin de cuentas, si eliminabas el papeleo, era un trabajo de ensueño que podía compaginar a la perfección con sus tareas dentro de la Orden.

Hizo una breve pausa y frunció el ceño. Sí, Ted tenía razón. No tenía un gran instinto maternal ni comprendía muy bien cuánta seguridad necesitaban los niños, pero sin duda un lugar lleno de pociones no era lugar para un niño. – No voy a discutirte eso. – Afirmó con una media sonrisa mientras cambiaba su posición de piernas una vez más, demostrando su incapacidad para pasar mucho tiempo quieta.

Decir que el Ministerio estaba de mierda hasta las orejas era quedarse corto. Fly sabía de sobra de altos cargos que estaban metidos en asuntos relacionados con los Mortífagos, y cuando Dumbledore comentó sus sospechas hacia el Ministro, no tardó en atar cabos. La comunidad mágica estaba en peligro constante y nadie hacia nada por evitarlo dentro del gobierno que debía preocuparse por la seguridad ciudadana, ¿Aquello no era suficientemente sospechoso? Pero a la gente parecía no importarle lo más mínimo, por eso desde la Orden se encargarían de ir filtrando diferentes informaciones referentes al tema si llegaban a concluir que Benjamin Winslow estaba metido en el asunto.

Tomó el pergamino tendido por Ted rápidamente y leyó el titular para no tardar en recordar qué caso era. No había pasado demasiado tiempo desde aquel altercado y mucho menos desde que se había comenzado a vincular a Winslow con las tendencias puristas. – Recuerdo que acababa de entrar al Ministerio cuando pasó esto. Nos apartaron a todos del caso y nombraron a un par de magos cercanos a los altos cargos del Ministerio para encargarse de esto. – No le había dado apenas importancia en su momento, pues ella apenas llevaba dos semanas trabajando en el Ministerio y había comprendido perfectamente que un caso tan peliagudo como resultaba ser aquel fuese para alguien con mayor conocimiento sobre el país y sus antecedentes, no para alguien recién trasladado y que acababa de poner un pie en el Ministerio.

Aún con el periódico entre sus manos, escuchó la historia que Ted comenzó a contar acerca de la posible vinculación de los Winslow a los Mortífagos así como la existencia de otro periódico apartado por publicar lo que el Ministerio no quería que el mundo mágico conociese. Fly afirmó a las palabras del chico, dejándole acabar. – Podía haber utilizado la maldición imperio con su hermano. O cualquier otro mortífago podría haberlo hecho. – Dijo intentando darle a entender a Ted que, aunque para ellos la situación y pruebas fuesen claras y evidentes, podían no serlo para el resto de la Comunidad Mágica. – Me vale para empezar, pero necesitamos más. Dudo que haya algo que lo incrimine directamente con los Mortífagos, pero si seguimos demostrando sus tendencias puristas o que haya encubierto algún ataque, podemos quitárnoslo de encima. Ningún político quiere estar siendo investigado y mucho menos cuando tiene algo que esconder. Con que consigamos información que sirva para poner su nombre en tela de juicio, podremos echarle de su puesto. – Añadió la castaña dejando el periódico que le había tendido Ted para tomar otro entre sus manos, leyendo la información que iba poniendo en este. – Mira, aquí menciona que tras el interrogatorio a Elias y Phoebe Parker estos fueron liberados de Azkaban a pesar de haber sido descubiertos en la escena del crimen y ser reconocidos por varios testigos como Mortífagos. Fueron capturados por el cuerpo de Aurores pero en el juicio Benjamin alegó falta de pruebas para poder mandarles derechos a Azkaban. – Miró la fecha del titular. – Esto fue hace dos meses. Este hombre no ha perdido el tiempo. – Dijo con media sonrisa ocupando su rostro. – Dame todo lo que tengas y lo llevaré a Dumbledore, quería verlo antes de que se filtrase a la prensa todo junto. Los datos aislados no parecen importarle a nadie, pero ver todo esto de Ben… Acabará con su credibilidad.
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Invitado el Lun Abr 25, 2016 6:13 am

Escuchar a Fly hablar sobre esos programas muggles tan nefastos le hizo poner los ojos en blanco. Sí, estaba siendo dramático, pero tenía razones para serlo. Ted odiaba la televisión y sus ficciones ridículas. Ya hacía daño estereotipando y distorsionando la imagen de muchos adultos, y era mucho peor con los niños. Intentando mostrar la inocencia inherente a ellos, hacía todo lo contrario.—A veces me alegra que no haya televisión en el mundo mágico. Ya me imagino a Dora pidiendo ir a un concurso de metamorfomagia para niños... no sé si la dejaría ir, supongo que no—se rió un poco, pensando en la situación hipotética. Andromeda tampoco estaría de acuerdo. Sería negativo que la pequeña Dora se hiciera famosa, de cualquier forma, en la comunidad mágica. Ted y Dromeda tenían la idea de que, mientras menos supieran de ellos como familia, mejor. Darle información extra a Bellatrix sobre su vida cotidiana podría resultar muy, muy mal.

Ted se echó a reír, aunque el chiste era bastante negro. —Me sentiría halagado de que alguien tuviera una foto mía en su pared, aunque fuese para lanzarle crucios. Es como tener un admirador. Con cada paso que damos contra los mortífagos, ganamos más admiradores secretos ¿no crees? Tú ya debes tener un montón—le siguió la broma, acariciandose la barba. Por supuesto que Andromeda ya tenía su diana asegurada desde el mismo día en que se casaron, mismo día en que su familia procedió a desheredarla con mil amenazas e insultos de por medio.—Podrías traficar novelas rosas. Acá se las llevan muchísimo, y brujas de buena estirpe... Te apuesto a que la esposa de Winslow las lee—le guiñó un ojo, dando a entender que la susodicha dama leía novelas rosas de grueso calibre. No pretendía ser chismoso, pero aquellas situaciones le daban mucha risa.

El muchacho miró a Fly incrédulo ante sus palabras. ¿Así que habían nombrado a magos cercanos a los peces gordos?—Oh, y vaya que necesitaban gente de confianza—resopló, poniendo énfasis en la última palabra. Tratándose de un caso así, hubiera sido ingenuo pensar que dejarían meter las narices a cualquier auror. Y no porque carecieran de pericia y talento... sino porque carecían de afinidad ideológica al Ministro.

Esperó a que Fly leyera la página del periódico. Mientras, su mirada voló instintivamente a unas fotografías mágicas que tenía en su escritorio. En una aparecían él y Andromeda, abrazados. Unos momentos después, Ted se inclinaba y la besaba en la mejilla. De fondo había un bello parque londinense. La habían tomado con la cámara de Ted, y posteriormente hechizado para que la foto se moviera. El muchacho sonrió un poco, echando a volar rápidamente su imaginación y pensando en un mundo utópico, en el que aquella fotografía se repitiera todos los días sin el miedo a ser perseguidos o rechazados. Un mundo donde pudieran amarse con total libertad.—Es muy probable. Como te dije, Winslow evitaría a toda costa manchar sus propias manos—dijo con seriedad. Escuchó las palabras de su amiga, y asintió enérgicamente. Esto era el comienzo del derrumbe de Winslow, pero debían contar con información contundente.—Cierto, había olvidado lo de Phoebe y Elias. ¿No fue uno de ellos el que, hace unas semanas, hostigó a una hija de muggles que trabaja en el Ministerio? Debes conocerla, es secretaria del Departamento de Misterios. La chica denunció que Elias estuvo molestándola y amenazándola por su origen durante varios días. Winslow se refirió al tema, y dijo que la chica estaba exagerando la situación—dijo Ted, recordando haber leído esa noticia en El Profeta una semana atrás.—Sé que es aparentemente irrelevante, pero sirve de alerta a la comunidad. Elias, un tipo peligroso que anda suelto y encima Winslow le baja el perfil a su comportamiento—podría servir esa situación, y varias más, para preocupar a la comunidad mágica.

Ted rebuscó entre más periódicos.—Y, si mal no recuerdo...—dijo, volteando hojas y leyendo titulares a toda velocidad. Halló la página que buscaba, y se la mostró a Fly—Esto ocurrió hace un mes, pero se encargaron de que pasara desapercibido. Winslow aprobó una ley que modifica los requisitos para encarcelar a quienes sean acusados o sospechosos de cometer crímenes de índole purista—explicó. La noticia había tenido lugar en la prensa, sí, pero le dieron más cobertura al último partido del torneo de Quidditch. Bien por los Chudley Cannons, pero...—Eliminó el decreto que ordenaba mantener a los sospechosos encerrados mientras se les investigara por un crimen, por ejemplo. Andan libres mientras les investigan, y pueden volver a atacar o bien influir en su propia investigación para salvarse. Además, prohibió que a esos mismos acusados se les pueda aplicar legeremancia para comprobar sus recuerdos, porque "invade su privacidad"—de esa forma, les sería mucho más difícil a los jueces comprobar la culpabilidad de los acusados por crímenes puristas.—Es cosa de ir conectando todas estas decisiones tomadas por Winslow, y sus antecedentes y casos en los que esté involucrado. Refrescarle la memoria a la gente siempre funciona... aunque no sé si Dumbledore haya olvidado algo de esto—dijo sonriendo. Aquel anciano sabio y tranquilo siempre le había parecido misterioso, pero en un buen sentido. Ted sentía que Dumbledore se enteraba de todo, incluso de sus pensamientos.
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Fiona T. Shadows el Vie Mayo 06, 2016 9:37 pm

El Mundo Mágico tenía suficiente con tener periódicos que publicasen noticias y otros que se dedicasen en publicar cotilleos sacados de la mente enfermiza de algún desequilibrado mental con demasiado tiempo libre. Imaginar cómo sería la televisión ya rozaba la ironía. - ¿Te imaginas? – No pudo evitar reírse de aquello. Si los programas de talento muggle ya eran insultantes para la inteligencia humana, los de los magos serían incluso peor. – No sé cómo a nadie se le ha ocurrido hacerlo todavía. Se sacaría un buen dinero con eso, ¿Eh? – En verdad lo decía en broma, pues por muy inconsciente que pudiese parecer en ocasiones, no hablaba para nada en serio.

- Deberíamos fundar nuestro propio club de fans. Organizar festivales, regalar calendarios, camisetas con nuestras caras… Lo típico. Incluso podríamos publicar libros y organizar firmas de libros para que nos conozcan nuestros desesperados fans. – Dijo continuando con la broma. Ni de lejos hablaba en serio, y más cuando sabía que la vida de todos ellos peligraba de tal modo como actualmente lo hacía a causa de la actual situación. Tenía la esperanza de que con el tiempo las cosas mejorasen y que ese tiempo no fuese demasiado largo.  Las investigaciones que estaban llevando a cabo podrían servir para cambiar el rumbo del Ministerio de Magia y si lograban colocar a alguien en el Ministerio que realmente velase por la seguridad del mundo tanto mágico como muggle, sería una gran mejora.  – Normal, su marido está tan entretenido encubriendo a los Mortífagos que no se ha parado a prestar atención a su mujer. – Eso creía que era cierto. De verdad que lo creía.

Una vez terminó de leer la página de El Profeta la colocó sobre el escritorio mientras Ted hacía mención a una secretaria de origen muggle cuya historia rápidamente Fly identifico. – Algo había escuchado, y para que me entere yo… Tiene que haber sido importante. – Era del tipo de persona que estaba en el mundo por estar, porque no se enteraba de la mitad de las cosas que pasaban a su alrededor si estas no tenían que ver directamente con ella. Por suerte, dado que Dumbledore les había pedido atención constante, eso había hecho. Se había dedicado a abrir los ojos y mirar de un lado a otro en el camino hacia su despacho, en lugar de andar sin mirar nada. Había logrado dejar de lado su incapacidad para prestar atención por una vez en su vida. – Winslow siempre desacredita cualquier palabra de un nacido de muggles aunque haya pruebas evidentes.

Había cientos de pruebas que podían servir para acabar con la credibilidad del Ministro, tan sólo tenían que dar con ellas y extenderlas. Necesitaban encender la mecha, pues la pólvora ya estaba cubriendo todo el terreno y no tardaría en arder cuando ellos encontrasen el cómo. -  ¿Lo ves? Todo este tipo de cosas valen. Hay que hacerlas públicas, que no sean simples casos aislados que la gente no relaciona.

Tomó ola siguiente hoja que Ted le entregó y escuchó sus palabras mientras leía por encima la información plasmada en esta. – Pasa tan desapercibido que ni lo había escuchado, y eso que trabajo en el Ministerio de Magia. – Afirmó la chica acabando de leer las palabras plasmadas en el papel. – Seguro que ya lo sabe todo pero de esta manera se lo damos en mano y él se encargará de hacer correr la voz. No sé cómo lo hace con todos los años que debe de tener, pero parece tener la mente más lúcida que todos nosotros. – Rió a modo de broma, pues consideraba a Dumbledore un gran mago aunque en ocasiones fuese un poco raro. - ¿Tienes una carpeta o algo dónde guardar todo esto? Te prometo que cuando se lo entregue te lo devolveré, no te quedarás sin tus periódicos antiguos como buen enfermo de Diógenes que eres. – Añadió enarcando sendas cejas como si realmente se estuviese metiendo con él por tener tantos periódicos, cuando precisamente era eso lo que necesitaba de él y lo que resultaría de vital importancia para acabar con Winslow.

- Hay material más que de sobra como para que abran una investigación contra él. Quizá no obtengamos un juicio en su contra, pero lo que es seguro es que su nombre perderá toda la credibilidad que tiene. Y, con un poco de suerte, se verá obligado a dimitir del cargo para intentar alejarse de las investigaciones. Al menos eso sería lo que debería hacer, es lo más inteligente. – La familia de Winslow seguramente estaría tan llena de mugre como él mismo lo estaba, y alejar las investigaciones sería bueno tanto para él como para el resto de su familia. – Y ahora, ¿Tomamos esa cerveza? Tengo novedades que contarte.
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Invitado el Vie Jun 10, 2016 1:04 am

Espero que no se les ocurra jamás—dijo entre risas—Ya tenemos suficiente con Corazón de Bruja en papel. Si lo hicieran televisión, veríamos a un par de brujas muy bien vestidas en algún salón de Madame Tudipié, chismoseando de lo lindo—oh, era demasiado fácil imaginarlo. Curiosamente los magos y brujas tenían más afición por los chismes que los muggles, y un programa de televisión dedicado a ello sería un éxito enorme... y una buena manera de centrar la atención de la audiencia en cuaquier cosa menos en la crisis política.

Apoyo esa moción. Jamás pensé que nos sería tan fácil volvernos famosos. Pensándolo bien, podríamos hacerlo mucho más divertido y crear un concurso para que nuestros fans puedan conocernos. Nosotros nos escondemos en algún lugar de Inglaterra, muy difícil de hallar, y ellos tendrán que buscarnos—dijo, fingiendo entusiasmo e inocencia. Ser amigo de Fly y no usar humor negro, era como estar en Rusia y no beber vodka. Además, era un rasgo que compartía con ella. Ted no era tan ocurrente, esa era la diferencia, pero jamás tenía problemas en aceptar las consecuencias que se les vendrían encima. Ironizando sobre ello era una buena forma de hacerlo.—Eso sí que sonaría bien en una portada de Corazón de Bruja. La terrible desilusión que ha tenido que pasar la Primera Dama—alzó las cejas en señal de falsa impresión.

Suspiró y rió brevemente por la autoburla de Fiona. Cuando la conoció, realmente parecía que su mente andaba en cualquier lugar menos en el que estaba pisando. Por supuesto que eso cambió con el tiempo, cuando las aguas se fueron poniendo turbias y era demasiado necesario estar alerta. Sin embargo, no estaba demás recordarle de algún detalle o hecho importantes para la causa.—Con esto, haremos que sea al revés. Winslow se desacreditará a sí mismo con estas pruebas evidentes—dulce, dulce justicia. O al menos un poco de ella. Hacían lo que podían desde sus rubros para conseguir, paso a paso, que se acabara con las desapariciones, torturas, asesinatos e injusticias diarias. Tendrían que pasar años para ello, lo sabía, no era ingenuo, pero no por eso dejaría de moverse—Perfecto. La gente conectará todo enseguida. Y Dumbledore... con toda esa lucidez que dices y sus capacidades, no entiendo por qué no fue uno de los fundadores de Hogwarts—dijo, divertido, acariciándose la barba. Decir que lo admiraba era poco. Además, siempre que se lo topaba en los pasillos lo miraba a través de sus anteojos de medialuna con amabilidad, y destacaba el buen corazón que tenía él y todos los hufflepuff.—Si tuvieran que quemarlos de ser necesario, no me molestaría en absoluto... pero ya que me das la posibilidad de devolvérmelos...—dijo, mientras se ponía de pie para rebuscar en uno de los estantes y extraer una carpeta grande y gruesa, con tapa firme y broche para cerrar—...prefiero que me los devuelvas. Acepto mi condición de enfermo de Diógenes—se echó a reír, y le entregó la carpeta a su amiga.

Ted asintió luego de las observaciones de Fly.—Generará, a lo menos, un escándalo grande. Probablemente varias víctimas se envalentonen y apoyen con sus testimonios. Un clavo saca otro clavo. De verdad espero que se vaya... aunque los Mortífagos no van a descansar, aunque pusieran al mismísimo Ghandi de Ministro—dijo, con un nuevo dejo de tristeza en la broma. No podían verse resultados positivos tan pronto, eso sería iluso.—Claro que sí, señora. Ya me estaba extrañando que no las pidieras—sonrió nuevamente, y fue hacia una puerta en un costado. Tras ella, había una habitación diminuta, pero que contenía todo lo necesario para funcionar como una cocina. Ted era delgado, pero hambriento, y pasar todo el día en la oficina le habría sido difícil de llevar de no tener esa cocina cerca. De allí sacó dos botellas de cerveza de mantequilla, guardadas en una alacena, volvió a la oficina principal y le entregó una a Fly.—Es un escondrijo útil cuando te dan antojos—dijo, antes de que ella le dijese cualquier cosa por la pequeña cocina funcional. Se sentó, destapó ambas botellas con un abrecartas y alzó la suya en señal de brindis.—Salud por, esperemos, la pronta caída de Winslow—dijo, en un tono solemne y gracioso, y chocó su botella con la de Fly. Bebió un sorbo largo.—Ahora, cuéntame de esas novedades—.
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Fiona T. Shadows el Sáb Jun 11, 2016 10:52 pm

Los Mortífagos eran personas raras, cuanto menos, de eso no cabía duda. Pues, ¿Quién en su sano juicio se dedica a matar y torturar personas por pura diversión? O peor aún, por la mera creencia de ser seres superiores al resto por tener una sangre más o menos limpia que el resto. Sin duda, a ojos de Fly eran totalmente una panda de gilipollas peores que la Inquisición pero con más medios. – Más o menos lo que hacemos ahora, ¿No? Aunque por suerte no nos tenemos que esconder tanto. Agradecería no ir a trabajar y poderme pasar el día vagueando en casa en pijama, pero creo que a largo plazo me plantearía el suicidio como alternativa para no estar encerrada en mi casa escondida de una panda de retrasados mentales que piensan que son mejores que el resto porque sus familiares se acostaban entre ellos hace varias generaciones. – Hizo una breve pausa y colocó una de sus manos sobre su barbilla, dándole un aspecto de persona que verdaderamente piensa lo que dice antes de dejarlo escapar entre sus labios en forma de sonido. – Creo que ya he descubierto de donde procede su estupidez. – Añadió como si hubiese hecho el descubrimiento de su vida. Sonrió de medio lado y no pudo evitar dejar escapar una corta risa sobre aquello. - ¿Alguien se habrá suicidado alguna vez con un Avada en el espejo? ¿Tú crees que funcionaría? ¿O tienes que apuntarte a ti mismo dislocándote un brazo? – Preguntó cambiando drásticamente de tema señalándose a sí misma con una varita imaginaria en dirección a su pecho. – Que muerte más patética.

Echar a Winslow del poder iba a resultar más fácil de lo que todos habían pensado que sería en un primer momento. Gracias a las alianzas con las que contaba la Orden del Fénix dentro del Ministerio de Magia había sido fácil encontrar a más de un trabajador resentido con el Ministro que no había dudado ni un momento en despotricar contra aquel hombre. Todo había sido apuntado, sin duda. Y ahora con lo que Ted había sacado a la luz la información crecía y crecía, un punto a favor de la Comunidad Mágica. No sabían a ciencia cierta si Winslow era un Mortífago o tan sólo un idiota que no había sabido actuar como Ministro. Pero lo que era seguro es que él mismo se había cavado su propia tumba hacia la cola del paro con sus actuaciones a lo largo de los pocos años que llevaba en el poder.

- Dumbledore no fundó Hogwarts porque ya era viejo para esos trotes cuando Helga, Rowena, Godric y Salazar estaban pensando en hacer un colegio para magos. – Dijo la chica de manera animada. A Dumbledore le debían de pitar los oídos cada vez que Fly hablaba de él, pues por muy buen hombre que fuese y buena relación que tuviesen, la chica no lo pensaba a la hora de hacer bromas sobre la edad y el estado mental del hombre. Incluso cuando este se encontraba a su lado y se lo decía abiertamente, claro. Él mismo contestaba animadamente de la misma manera y por eso Fly no había dejado de lado aquel tipo de comentarios.

Le tendió los documentos que no tenían utilidad para el caso y dejó apartados los que pensaba llevarse y devolverle una vez utilizados para conseguir sacar del poder el actual Ministro de Magia. - ¿No has pensado en ir al médico para que te traten tu problema de acumulación de deshechos, comúnmente conocidos como mierda inútil? – Preguntó Fly con una sonrisa inocente en el rostro. – Es broma, tu enfermedad nos ha salvado una vez más, Tonks. Eres un soldado eficiente, te mandaremos un diplomita y una medalla en agradecimiento a tus servicios. – Se colocó la mano en la frente de canto y la elevó a modo de saludo militar antes de romper a reír por su propia tontería. – En serio, no sé qué haríamos sin ti a veces. A pesar de tener tanto papel, lo tienes todo ordenado y preparado por si lo necesitamos. Si tuviese yo que encargarme de papeles estarían todos volando por la ventana. Bien porque me la dejé abierta o porque estaba tan desesperada que consideraría lanzarlos como la mejor solución a mis problemas. – Y eso era cierto. Si no fuese por la varita no sabría lo que hacer en más de una ocasión. Era una persona desordenada y perdía todo. La varita había salvado su vida en más de una situación y también su vida en un sentido menos literal, como podía ser a la hora de encontrar algo cuando tenía prisa. O cuando no la tenía y ya estaba a punto de perder los papeles y matar a cualquiera que se cruzase en su camino si no daba con el objeto en cuestión. En lo referente a paciencia… Era más que evidente que tenía poca.

En lo referente a la cultura muggle podía decirse que Fly era una verdadera inútil. Sabía quién era Hitler porque había tenido relación con la Guerra Mágica librada contra aquel mago del que nunca quería hablar Dumbledore porque se habían conocido cuando eran jóvenes. Sí, ese cuyo nombre era tan raro que nunca recordaba. Ese mismo. - ¿Ghandi? – Preguntó elevando ambas cejas. – Tiene nombre de bebida energética, ¿Quién es ese? – Lo bueno de tener uno o ambos padres muggles era la posibilidad de tener ese tipo de cultura de manera directa y no recurriendo a libros o a la socialización. Y como Fly se había criado siempre en un ambiente mágico, su cultura muggle se reducía a objetos cotidianos con los que había tenido que lidiar con el paso de los años. Como el microondas, un gran invento muggle para hacer palomitas. Porque sólo lo usaba para eso.

No tardó en dar por terminado el trabajo duro y necesitar un descanso y su consiguiente cerveza. No iba a olvidar que Ted había ofrecido una nada más llegar, así que a la más mínima oportunidad le recordó que le debía una de estas. – Gracias. – Sonrió ampliamente tomando la suya entre sus manos y elevándola para brindar por… Por cualquier cosa. Cualquier razón era válida para hacer un brindis. – Y tu ascenso como Ministro de Papeles. – Añadió de manera divertida haciendo que el cristal sonase al chocar.

Dio un corto trago a la cerveza, notando como el líquido pasaba a través de su garganta. – Me encanta cuando está fría. – La gente la tomaba caliente en muchas ocasiones. Pero Fly no, ella la prefería mil veces fría, caliente era como pis de gato. Todo lo que se bebía y era caliente era como pis de gato. Menos el caldo cuando estás malo. Eso era un placer divino, siempre y cuando estuviese malo. Sino también era pis de gato. – Ah sí, las novedades. – Apoyó la cerveza sobre la mesa y miró a Ted sin moverse ni un centímetro. – Estoy embarazada. – Dio un trago a la cerveza y cuando tragó, rompió a reír. - ¿Te imaginas? Si fuese esa la noticia ya me estaba tirando por unas escaleras para ver si abortaba.- Dijo totalmente en serio. ¿Qué? Hay personas en el mundo que no quieren hijos propios. Ni ajenos. Hay gente a quien no le gustan esos aliens que beben, duermen, lloran y cagan. – Pero vamos, que por ahí van las cosas. Porque podría haberme tirado tranquilamente por las escaleras para librarme del marrón. Pero ya sabes que yo a veces soy buena gente y uso la cabeza para algo más que peinarme. – Dio otro trago a la cerveza para dar más rodeo a la situación aún. – Pues resulta que el otro Hufflepuff de mi vida, ese con el que salía en Hogwarts, que lo dejamos, que me prometí por ahí en Noruega, que volví y me desprometí, que luego empezamos a volver a salir, que ahora vive en mi casa y esas cosas de la vida tan maravillosas que pasan a veces, ha decidido que sería un buen momento para casarse. Y yo que pensaba que los de Hufflepuff ibais con pañales por la vida y no teníais las pelotas para pedir matrimonio a la gente y menos a las Slytherin y mira… Cosas que pasan. – Dijo con una media sonrisa en el rostro. – Así que algún día de estos te llegará una bonita invitación de matrimonio para que Andromeda, mini Ted en niña y tú vengáis de boda. – Quizá había más noticias en su vida, pero realmente esa era la más llamativa. Y la que más quería contarle a Ted, pues verdaderamente le consideraba un buen amigo y una persona que mantener en su vida.

- Sorprendente, yo también lo pienso. – Ted conocía a Fly como para saber que no quería casarse, tener hijos ni esas cosas convencionales que hace la gente. Pero cuando quieres a una persona, pues haces ese tipo de tonterías por hacerle feliz e incluso te llegan a ilusionar a ti. Y ese era exactamente el caso. – Si mi padre se niega a ser padrino de la boda de un Hufflepuff, te dejo llevarme al altar. – Eso no iba a pasar, pero era gracioso de decir como si los de Gryffindor fuesen unos prepotentes que desprecian al mundo. Porque en parte era así, claro. Y el padre de Fly había sido un Gryffindor prepotente un tiempo, luego fue persona.
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