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Nazi Zombies & Cyborg Hitler | Sam | Priv

Invitado el Dom Mar 06, 2016 11:58 am

Katherina estaba vestida con sus ropas de trabajo aquella noche.

Llevaba gabardina escarlata, gafas de John Lenon de vidriera amarilla y bajo aquella ropa un traje de una tonalidad similar, aunque un poco más oscura, que su gabardina.

El turno había sido poco movido, no había gastado una sola bala y ahora eran las escasas seis de la mañana... Decepcionante, desde su punto de vista, por supuesto.

Para bien o para mal todo había acabado ya así que le restaba irse a descansar, no obstante tenía una parada que hacer antes de tomar una chimenea para esfumarse.

Terminó de introducir el texto en su Bennet (La maquina de escribir) cuando esta hizo sonar la campanilla. Había terminado de redactar el primer informe de la patrulla en el que evidentemente, entre toda la verborrea de quinientas palabras tan solo ponía la sencilla oración "No ha pasado nada"

Tomó el cigarro de su boca y exhaló el humo al techo. Oh Marlboro, rico y deseoso Marlboro, ¿Por que los magos no hacían cigarrillos? Por que si los Muggles hacían aquella maravilla sin magia, con esta ultima sería una jodida maravilla.

Filosofar sobre el tabaco mientras veía el humo disiparse en el aire no era su siguiente cometido. Parpadeó muy seguidamente y acercó el pitillo al cenicero, dio un par de toques con el indice para finiquitar la colilla y dejarla ahí para, acto seguido, retirar el documento del rodillo de la maquina.

Se detuvo unos segundos para examinarlo y certificó que estaba todo correctamente, suspiró y lo dejó de lado para dar otra calada, ver el humo desvanecerse y finiquitar colilla.

Apagó el cigarro y lo abandonó a su suerte en la cerámica, acto seguido se puso de pie, se acercó al perchero, tomó su sombrero de copa y se lo puso en la cabeza.

Se dirigió al escritorio y tomó el papel para acercarse al buzón que aguardaba tras su despacho, aquel lugar donde su jefe, ya cuando tocara, le echaría un ojo.

Dijo adiós a sus compañeros que aun trabajaban con fría serenidad y chequeó el bolsillo interior de su chaqueta, estaba más hinchado de lo habitual, pero había una razón.

Su biblia estaba ahí pero también la versión de bolsillo de un libro muy muy especial.

Ando hacia el ascensor cruzando los pasillos sin saludar a nadie, había algunas caras conocidas pero más ancha que larga pasó de ellas -
Al Departamento de Misterios - Ordenó a la maquina estando sola sin agarrarse a las barandillas.

El traqueteo no se hizo demorar así que a los pocos minutos de circular entre la más oscura negrura terminó en la planta deseada.

La verja se abrió y ella avanzó unos pasos hasta dejar de estar colgando. Tras de si el ascensor se cerró y se enmarcó en otro viaje para llevar a alguien. Hellsing por supuesto que no se giró, siguió andando hacia adelante contemplando la extraña arquitectura del lugar.

Era curioso, ladrillos negros, bóvedas negras y una humedad palpable.

Le gustaba.

No se conocía la zona así que se guió por las señales hasta buscar los despachos y tras otros tantos minutos andando vio el lugar donde trabajaba la chica.


Hola - Dijo sonriendo al plantarse frente a su escritorio, mientras esta seguía trabajando lo que fuera que estuviera haciendo.

Spoiler:
Look aproximado de Kath, solo que en rojo, con gafas, sombrero y gabardina

Ropa:


Última edición por Katherina V. Hellsing el Mar Mar 22, 2016 1:03 pm, editado 1 vez (Razón : ¬¬)
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Sam J. Lehmann el Lun Mar 07, 2016 2:05 pm

Para variar, Sam se había levantado antes de que su despertador sonara y estaba prácticamente vestida para la hora a la que debía de despertarse. ¿Irónico, verdad? Gente por ahí durmiendo hasta el mediodía, rogando al señor todo poderoso por cinco minutos más de sueño y ella desperdiciando su sueño de la manera más trágica posible.

Ella intentaba ver el lado positivo de las cosas y es que, entre más tiempo pasara en el ministerio, ocupada y pensando en otras cosas, antes volvería a su rutina normal y se volvería a acostumbrar a la normalidad, que era lo que realmente le hacía falta. Volver a ver normalidad en su vida. Así que se vistió —con un suéter sencillo y unos vaqueros ajustados—, desayunó leche con galletas mientras perdía la mirada en las noticias muggles que hablaban de política y, tras escuchar en su habitación sonar su despertador, salió por la puerta de su casa.

Llegó al ministerio a las seis de la mañana, sintiéndose más friki que nunca. Apenas había nadie y estaba todo tremendamente silencioso y tranquilo. Solo una hora y media más tarde, aquello se volvería el lugar más caótico de todo Londres pero ahora parecía un maldito cementerio.

Caminó hacia el ascensor y bajó a su departamento, yendo directamente a su puesto de trabajo. Se sentó con desgana y vio todos los informes encima de su mesas ordenados perfectamente —pues ella los había organizado el día anterior— en tres montones. Documentos de Fiscal Brooks, fichas de seguimiento de sus alumnos y, el montón más pequeño, los informes sobre los juicios en los que participaba Sam y en dónde debía reportar lo visto en las mentes de los acusados. Dejaría eso para el final…

Cogió el montón del Fiscal Brooks y lo puso delante de sus narices, abriendo la primera carpeta. No le dio tiempo a leer nada, ya que alguien le saludó. ¿A esa hora? ¿Quién narices venía a esa hora a trabajar? No reconoció la voz, por lo que al azar la mirada podría decir que se le aclaró la duda, pero la Katherina que estaba delante de ella era muy diferente a la que había conocido en la cita a ciegas. Sam se quedó confundida y se levantó lentamente—Hola… —Pero entonces, aprovechando lo buena que era Sam con las caras y tras ver a través de aquellas gafas los ojos de aquella chica con la que había pasado una grata velada, le vino a la mente rápidamente el rostro de la joven—¡Kath! —dijo divertida, sonriendo de manera automática—Vaya cambio, casi no te reconozco. ¿Qué haces en el lugar más deprimente de todo el ministerio? ¿Necesitas algo?—preguntó, saliendo de detrás de su mesa para ponerse delante de Kath y apoyarse en su propio escritorio. Cuando hablaba sin formalidades del trabajo, prefería no tener la mesa de por medio. Y para ser sinceros, se le había olvidado por completo el hecho de que le iba a prestar el libro.

Spoiler:
Super foto grande y de calidad de cómo va vestida...
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Invitado el Lun Mar 07, 2016 7:13 pm

Katherina aguardó aquellos segundos que Sam tardó en responder examinando el escritorio. Estaba lleno de papales, informes y cosas personales, quizás alguna foto o libro escondidos tras aquellas montañas de burocracia que parecían circular como pedro por su casa en la recientemente bautizada "Sección más aburrida del ministerio"

Examinó con detenimiento algunos documentos, por mera curiosidad, nada más, y lo que vio, por supuesto, la dejó con un mal sabor de boca.

Demasiado papel. Demasiado para su gusto. Hellsing ya se quejaba de redactar el informe diario sobre la patrulla y ver lo que hacía la rubia la dejaba atónita. Había aguantado muchos golpes y sorprendentemente algunos disparos sin terminar con miedo al conflicto, pero eso... Seguramente la obligaría usar la aparición para escabullirse. Acción que por cierto no le gustaba nada, pues ella se mareaba.

Algo de un Fiscal Brooks ponía en la primera hoja que Sam examinaba. Brooks... Brooks... Seguramente se debía referir a Magnus, el miembro del consejo, un tipo eficiente sin dudas... De los que la Androgina admiraba.

Su interlocutora se puso de pie y se sentó sobre el escritorio bajo la mirada de la auror. En pos de no crear nada incomodo esta extendió un pie hacia atrás y se alejó un poco... Mejor no tenerla lo suficiente cerca por... Por... Cosas.

Asintió -
Ya te dije que suelo llevar unas pintas muy distintas normalmente - Se le escapó una risa, ni muy sonora ni muy tímida, tan solo escueta y breve mientras se retiraba aquel sombrero de alar - Y... Si, creo que si, a no ser que soñara el final de nuestra... - No se sentía cómoda usando el termino cita bajo aquel contexto... Simplemente no le convencía - Nuestra... Reunión

Esa, desde luego, le parecía mejor palabra para expresar. Cita tenia muchas connotaciones y de pensarlas se ponía colorada, mejor dejarla pasar.

¿Recuerdas que te iba a traer un libro? - Preguntó con retorica desabrochando un par de botones de su gabardina y hundiendo la mando en el bolsillo hasta sacar el Ejemplar de "Mein Kampf" en su edición de bolsillo donde una foto de Adolf posando con una esvàstica detrás coronaban la portada.

La planta estaba silenciosa y el despacho de la legeremaga era de los pocos con la luz encendida en aquella intempestiva hora. En todo el lugar tan solo se escuchaba los escasos aviones de papel planear, gente levantándose de un descanso y pasos que llevaban al ascensor.

La paz era lo que gobernaba en el departamento.

¿O no?

Unos gruñidos se escuchaban tras una puerta, lentos y desgarradores aunque no muy sonoros (Pues la pistolera parecía ser la única en repararse en su presencia) Ella estaba hablando con Sam, escuchándola y respondiendo cuando tocara con una melosa calma hasta que apartó la vista y observó aquella puerta -
¿Lo has oído? - Preguntó extrañada con cierta mirada asesina en sus ojos, no hacía la rubia, ella era sorprendentemente un encanto, si no para aquella entrada.

Algo había ahí, ella lo percibía. Ya fuera su sexto sentido de alerta por el trabajo o por que una cosa entre aquella calma no estaba bien... Aquellos rugidos le resultaban extrañamente familiares.
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Sam J. Lehmann el Miér Mar 09, 2016 3:43 pm

Agradeció profundamente que alguien hubiera ido a hablar con ella, ya que no tenía absolutamente nada de ganas de ponerse a trabajar. Que le gustaba lo que hacía y para ella no era un aburrido peso quedarse detrás del escritorio mientras revisaba, aceptaba y controlaba todo mediante informes, pero la verdad es que en aquel mismo momento hubiera preferido mil veces hacer cualquier cosa que no fuera empezar. Todo sabemos que lo más duro de trabajar es empezar.

Cierto era que le había dicho que solía vestir bastante diferente a cómo la había visto en su cita, pero no hubiera pensado nunca que tan diferente. Ahora, sin duda alguna, sí que parecía llevar dos pistolas encima y patear muchos traseros vampíricos—Cierto —admitió cuando se lo recordó.

Al parecer Kath tenía más memoria que Sam, ya que había  tenido el detalle de acordarse de lo que habían hablado y llevárselo al Ministerio. Había tenido suerte en coincidir con Sam ese día a las seis de la mañana, aunque hablando claro… Sam llevaba ya varios días viniendo a esa hora por falta de sueño, por lo que cualquier día la hubiera encontrado allí, sola, desamparada, con cara de muerta y sin ganas de trabajar. Más o menos como hoy—Eso también es cierto —añadió algo risueña mientras se llevaba la mano al rostro—No sé dónde narices tengo la cabeza últimamente —se quejó mientras veía a Kath sacar el libro con una portada que hablaba por sí sola—Muchas gracias. Tendré con lo que entretenerme una temporada, que justo acabo de terminarme el que estaba leyéndome —comentó de pasada como información que, si te pones a pensarlo, es totalmente irrelevante.  

Mientras la rubia ojeaba la parte trasera del libro —la cual no le revelaba nada nuevo—, vio como Kath adoptaba un gesto mucho más ¿preocupante? ¿Oír el qué? Sam alzó una ceja intentando afinar su oído—¿El qué tengo que escuchar? —preguntó algo perdida. Quizás era ella que estaba acostumbrada a los sonidos extraños de su departamento, o quizás es que estaba sorda y no tenía remedio.

Dejó suavemente el libro sobre su mesa, guardando silencio en pos de escuchar algo fuera de lugar. Pero no. Debía de estar muy acostumbrada a las mierdas surrealistas del departamento de misterios como para darse cuenta de algo que, a lo mejor, lleva ahí toda su maldita vida—No sé… —Pero de repente escuchó algo. ¿Era un gremling? ¡No! Parecía más bien el sonido de un borracho apunto de vomitar. Sam elevó el dedo índice—¡Espera! ¡Lo he escuchado! —dijo de repente, sintiéndose bien consigo misma. Entonces frunció el ceño y salió de su despacho mirando hacia todos lados, ya que si bien lo había escuchado de pura chorra, no había conseguido identificar de dónde venía—¿Qué… cojones…? —murmuró mientras caminaba lentamente en pos de buscar de dónde venía.
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Invitado el Miér Mar 09, 2016 4:40 pm

Katherina rió ante aquella escasa memoria. Ella, que solía gozar de una memoria eidética no podía comprender como a la gente le fueran tan esquivos datos tan simples, mejor no darle vueltas por que de calentarse la cabeza no terminaba ni mañana.

¿El de la Emperatriz Eterea? - Preguntó extrañada con los ojos entrecerrados al dejar en su mano la lectura. Aquel libro se le antojaba extraño, no por que la visión de los Muggles sobre la fantasía o lo mágico solía estar más distorsionada que usar una lente de telescopio como lupa habitual.

Ella leía bastante, ya fueran novelas Mágicas o Muggles, no había tocado mucho los últimos lanzamientos pero por que con el trabajo que tenia, aun acelerando a toda velocidad cada capitulo, apenas tenia tiempo libre para devorar toda la literatura que le gustaría.

A lo mejor en vacaciones se pondría al día... Si es que algún día las pedía.

Sin embargo parecía que, aun habiendo terminado el día de trabajo su descanso antes de dormir no era algo real para ella, no de momento.

Sam tardó unos segundos en percatarse de aquel sonido que parecía sacado de las mismas puertas del infierno (Lo cual, según las leyendas que corrían sobre el lugar podía ser perfectamente cierto) ¿Que había ahí? Por que la rubia parecía igual, si no más sorprendida que la auror, y eso era preocupante.

La siguió de cerca deslizando sus manso hasta las pistoleras que había bajo su gabardina, sacando la Jakal y la Harkonen, sus armas favoritas, para lo que pudiera pasar.

Eran armas Muggles, si, pero pesadas como ninguna más, tan pesadas que su munición era explosiva y el retroceso, de no llevar varios hechizos asistentes en los guantes, harían que las manos de quien lo disparara terminaran estampadas contra el hombro desprendidas de la muñeca.

Sus pasos resonaban de un modo tenebroso en aquel pasillo. El eco en el departamento de Misterios, con sus muros y suelo negro eran algo que helaba la sangre de Katherina, no por miedo pues realmente no la aterraba, si no por que simplemente le causaba la sensación, todo muy extraño.

Se las arregló para dirigir a la Legeremante a la puerta de la que sospechaba y, con un poco de habilidad dejó de sujetar la pistola sin comprometer el equilibrio para agarrar el pomo y abrir esta de un sopetón.

En aquellos escasos segundos que el pomo giró se podía mascar la tensión en el ambiente ¿Que encontrarían al otro lado? Lo que el tiempo reveló fue "Nada Interesante" tan solo unos aparatos de limpieza, decepcionante.

Era un armariete de limpieza, un escobero donde el de la limpieza dejaba las cosas, aquel gruñido se había acallado en cuanto abrieron la puerta -
Hmmmmmmmm - Murmuró extrañada antes de echar una ultima mirada, dejar que Sam hiciera sus cosas y cerrar la puerta - ¿Que habrá sido? - Preguntó para si misma en voz alta harto extrañada.

¡PLAF!

Resonó a su espalda instantes después de que se apoyara en la puerta cerrada, había sonado como si un par de ladrillos (Realmente veinte) golpearan, en cascada, contra el suelo, justamente en la puerta que acababan de cerrar.

Se giró al instante y no se tomó un segundo en abrir la puerta con la mano, le pegó un disparo al pomo con la pistola de su diestra y acto seguido un patada.

Que bruta.

Seguramente si no hubiera nada otra vez al otro lado simplemente le hubiera caído una bronca y le habrían descontado algo del sueldo (Quizás, incluso dadas las circunstancias, con los putos recortes, hicieran eso mismo) pero bueno, en ese momento no pensó en eso. Seres podridos tratando de salir de un pequeño hoyo en la pared. Tenían los dientes afilados, en especial los colmillos, y su mirada brillaba en un amarillo reluciente, olían fatal y sus ropas eran oscuras khaki o directamente amarillas anaranjadas, gruñían como lo que habían escuchado.

Putos Zombis…


Spoiler:
Pistoleras:

Pistolas:
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Sam J. Lehmann el Sáb Mar 12, 2016 2:34 am

La legeremaga negó con la cabeza—Ese me lo leí al día siguiente de nuestro encuentro, estaba ya prácticamente terminándolo —le hizo saber, ya que era un libro pequeño y bastante ameno para aquellos a los que estaba acostumbrada Sam, además de que leía todas las noches sin excepción—Me terminé el primero de una saga que ya me iré leyendo sin prisas, se llamaba en El Nombre del Viento —añadió. Sam no leía; ella devoraba libros.

Sin poder extender su conversación más allá de la charla sobre los libros, algo las interrumpió. O interrumpió a Kath, ya que fue por ella por la que Sam se dio cuenta de que había un ruido extraño cerca de donde ellas estaban. ¿Qué ruido? Le costó que su oído lo encontrara, pero finalmente dio con él, sintiéndose terriblemente confundida. Era normal en aquel departamento tan lúgubre y misterioso que hubieran todo tipo sucesos de lo más inverosímiles, de esos que ves un día y piensas que no puedes encontrarte con nada más raro. Pero sin duda alguna, aquel lugar se superaba cada día. ¡Y eso que Sam era instructora de legeremancia y no inefable! Todo lo que se encontraba o veía era de pura casualidad, algo que sale mal y se entera todo el mundo, algo tan raro que deben de enseñárselo a todo el mundo o algo que simplemente no debería estar en su lugar.

Y en aquel momento parecía la última opción. ¿Por qué estaban escuchando unos gemidos extraños que parecía que alguien estaba a punto de vomitar detrás de la puerta de un escobero? Sam había llegado de manera lenta y precavida a la puerta, cual mujer de una película de miedo que va a abrir la puerta en la que el espectador sabe que hay algo malo detrás. Sin embargo, no la tocó. Fue Kath la que abrió la misma y la primera en poner una mueca de decepción mientras Sam había adoptado una mueca de alivio—No tengo ni idea —Y en verdad tampoco quería averiguarlo. Su curiosidad como Ravenclaw en aquel departamento había sido muy mala los años anteriores y, desde que terminó con un brazo del tamaño del bracito de un T-Rex, no quiere saber nada de los asuntos misteriosos de los inefables. Ella tenía suficiente con su legeremancia, leyendo cabezas ajenas en busca de secretos oscuros—Seguro que no es nada.

Kath cerró la puerta y detrás de ella se escuchó cómo se caían los ladrillos del interior de la puerta. “Es que no podía simplemente no pasar nada…” Pensó Sam, sabiendo que era raro que algo en el departamento de misterios fuera simplemente eso, un misterio. Sam retrocedió cuando Kath adoptó esa iniciativa de S.W.A.T para abrir la puerta. ¿Pero qué necesidad había de destrozar la pobre puerta? Sam la miró con sorpresa, pero más sorpresa todavía cuando se asomó al interior del escobero y vio aquello.

El departamento de misterios no dejaba de superarse…

La legeremaga se quedó estupefacta—¿Pero qué son esos? ¿Son en plan zombies? —de repente uno consiguió pasar del hoyo de la pared pero, torpemente —ya que iban lentos— se cayó al suelo. Sam pegó un brinco para atrás más por asquito que otra cosa. En realidad no sabía si eran zombies, pero teniendo en cuenta los ruiditos raros que hacían, el aspecto y el olor, era con lo que más podía relacionarlo y sacar un término conocido por el cual definirlo. El zombie del suelo se empezó a arrastrar y a Sam le dio grimita—Mierda, mierda… —miró para todos lados en busca de  algún inefable, o basurero, o lo que fuera que solventara ese amasijo de zombiesoloquefueran que estaban entrando por una pared que… ¿a dónde narices da esa pared?—Un inefable, necesitamos un inefable —dijo Sam, por si acaso Kath no hubiera llegado también a esa conclusión—O tus armas. Matalos a todos. ¿O ya están muertos y no se pueden matar? —Por favor, toda la información sobre zombies adquiridas a través de libros, películas y series, ahora mismo le estaban viniendo a la cabeza como si fuera un remolino de información. ¿Pero criaturas podridas y malolientes mágicas que profieren gemidos extraños? No, todos sus conocimientos se basaban a los muggles en este preciso momento—Voy a buscar a un inefable —dijo finalmente.

Se dio la vuelta y caminó algunos pasos pero… eran las jodidas seis de la mañana. Los del turno de noche se habrán ido ya y los del turno de mañana aún no habrán llegado. Se volvió a dar la vuelta para mirar a Katherina—No hay inefables en la planta ahora mismo —le comunicó. ¿¡Pero cuantas veces había repetido la palabra "inefable" en tan poco tiempo?—Tú eres la experta —Y la miró con ojos de: “¿qué hago?”.
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Invitado el Sáb Mar 12, 2016 6:18 pm

Suena... Abstracto - Dijo Katherina en respuesta, no conocía aquella obra pero sin dudas olía a Muggle, tan solo ellos ponían títulos tan extraños a sus historias. Los Magos, por otra parte, eran mucho más especifico, si la historia trataba sobre un gato que explotaba esta se llamaba "El gato explosivo" o algo así, no tenia nada que fuera dando vueltas a un tema metafórico sobre la percepción de la historia para contar su premisa.

Directo y sin rodeos, como le gustaban las cosas a Hellsing hasta que se veía implicada en un sendero especifico. Sin dar muchas vueltas a la Andrógina le produjo interés el nombre del libro, pero tristemente aquellos sonidos que en un futuro descubriría su origen llegaron a los oídos para llamar su atención antes de preguntar.

Ya se había hecho la idea de que podía ser antes de abrir la puerta por primera vez, pero como todo humano con dos ojos necesitaba de confirmación visual, de ver algo con estos, para saber que era verdad.

Sin embargo los bichejos fueron esquivos y requirieron más de un vistazo para hacerse ver, y cuando lo hicieron... Se desató el caos.

Una aguda voz que pertenecía a la chica que había ido a visitar resonaba por sus oídos repitiendo una y otra vez la palabra "Inefable" en distintas oraciones que por sinergia giraban en torno a este tipo de empleados.

Sin embargo la Auror no estaba para responder esa salva de preguntas, estaba demasiado ocupada vaciando el cargador entre las cejas de no muertos que iban cayendo uno tras otro sin apenas avanzar.

En Tácticas 1:1 se decía que para una batalla hay que contar con el mayor espacio posible y los Zombis salían por una pequeña entrada en un armariete, así que cuando los primeros que salían cayeron a base de la Plata Bendecida de Hellsing esta pasó a los que aun no salían, creando una montaña de cadáveres que finalmente taponó la entrada.

Una gota se escurría por su frente y el corazón se le había acelerado hasta el punto que sentia un inmenso dolor en el pecho. Estaba nerviosa, tanto como Sam, pero ella sabía que en el trabajo que había decidido realizar la calma, al menos exterior, era una excelente compañera.

Todo olía a pólvora, al menos en las cercanías, pero el mal había quedado parado... Por unos minutos.

La rubia había salido unos instantes a buscar algún encargado, pero era demasiado pronto para que alguien, a parte de ellas dos, estuvieran en el ministerio.

Suspiró -
¿Que cojones tenéis encerrado aquí? - Preguntó sorprendida aprovechando el momento en que la miró a los ojos. Su vista ardía en furia - ¿Como es que tenéis putos Ghouls en el Ministerio? - Añadió agarrándola de los hombros y empezando un zarandeo a la Legeremaga que no tenia nada de culpa, sacándola de aquel lugar mientras un No-Muerto del suelo seguía moviendo la mano, no por que las fuera a atacar, si no por un acto reflejo de su cuerpo.

Cerró la puerta tras de si y tomó aire muy profundamente. Cogió un par de cargadores de sus bolsillos y recargó las armas.

Estaba cabreada, no por que ahora tendría que hacer horas extras que seguramente no le pagarían.

No por que se moría de sueño y debía de seguir trabajando.

No por que el ministerio ocultara esos secretos.

Si no por que odiaba ese tipo de vampiros.

Los detestaba.


Primero - Dijo señalando con el indice bien delante de los ojos de Sam - Voy a fumarme un cigarro - Una de sus manos dejó la pistola en la contraria y sus dedos se deslizaron hasta el bolsillo interior donde estaba el paquete de Marlboro.

Lo acercó a su boca y tras de un golpe con el pulgar hizo que este se elevara entre la negrura y alcanzara sus labios. No le ofreció otro a Sam, como ya esta se habría dado cuenta no estaba de humor, tan solo guardó el paquete y lo encendió con un chasquido de sus dedos.

Una extensa calada fue lo que tomó, una que aguantó unos segundos antes de echar la cabeza atrás y exhalarla lentamente.

Bajó la cabeza y la miró a los ojos.

Tosió -
Segundo - Dijo haciendo el mismo gesto que antes pero esta vez con dos dedos - Voy a aparecerme ahí dentro y disparar a todo lo que se mueva para limpiar el mierdal que tenéis montado - Casi añade un insulto en esa frase pero se había dado cuenta de que culpaba a Sam por algo que... En cierto modo, no había hecho nada...

Tan solo era instructora de Legeremancia.

¿Verdad?
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Sam J. Lehmann el Miér Mar 16, 2016 1:15 am

La legeremaga tuvo la buena intención de ir a buscar un inefable para intentar arreglar todo aquello, pero no tuvo suerte. Es más, cuando llegó, dio gracias a Merlín, al Dios supremo en el que cree Katherina o a lo que fuera, de que la auror estuviera con ella en ese preciso momento en el que empezó a sonar esos ruidos tan perturbadores. Sam pudo ver cómo empezaban a salir por la puerta e inmediatamente se llevó las manos a los oídos debido al estridente ruido de los disparos de Kath. Entre tanto cadáver taponó la salida, pero como buena cinéfila sabía que eso no iba a durar mucho así.

Miró a Kath sin saber qué hacer con su vida y recibió una zarandeo claramente molesto y enfadado de la chica—¡¿Un ghoul?! —Preguntó desesperada. ¿Qué narices era un ghoul?—¡Yo no sé que es un ghoul! ¡Y no lo sé! No sé qué cosas se traen entre manos los inefables.

Kath empujó levemente a Sam hacia fuera de allí, saliendo por una puerta hacia un lugar “seguro”; lugar en dónde Kath se mostró todavía más molesta por todo lo que estaba pasando mientras recargaba sus armas. Sam se cruzó de brazos y se movió para todos lados, sintiéndose perdida en un mar sin solución. La auror le informó de que iba a fumarse un cigarrillo y Sam se encogió de hombros, ella no fumaba y allí no estaba permitido fumar. ¿Pero acaso importaba? Una horda de zombies estaba apareciendo por una brecha al lado del despacho de Sam, sin duda alguna no le importaba tres mierdas que fumara allí dentro, además de que no era el momento para decirle que fumar mata.  

Elevó nuevamente la mirada para agarrar la de Sam, afirmando que iba a entrar ahí dentro a limpiar todo lo que “tenían” montado, metiendo a Sam en el saco de los inútiles. Sam trabajaba en ese departamento porque la Legeremancia y la Oclumancia son tan extensas y se sabe tan poco de ellos, que las consideran un misterio aún sin resolver, pero no tiene nada que ver con las dementes acciones que realizan los inefables, jugando con la muerte, la vida y con a saber qué mierdas con tal de buscar un por qué o un propósito. Sam frunció el ceño con molestia, pues ella estaba igual o más cabreada que la auror. ¿O no se ha dado cuenta que de haber estado sola se hubiera enfrentado a eso ella sola por culpa de la estupidez de los inefables?—Yo no he montado nada de esto —contestó molesta—Me ha cogido tan de sorpresa como a ti, así que deja de echarme la culpa —hizo una pausa y relajó el gesto—Entraré contigo.

Su varita estaba en su bolso, que a su vez estaba sobre su escritorio, por lo que tendría que aparecerse cerca para cogerla rápidamente—Tú te encargas de matarlos a todos y yo te cubro. Podemos sellar la pared nuevamente para que no salgan más, porque teniendo en cuenta los perturbados que son los inefables no me extrañaría que hubiera una gran cantidad detrás de esos ladrillos —comentó con iniciativa, mirándola con ojos algo confusos—¿Te parece bien? —Al fin y al cabo, era ella la que estaba acostumbrada a enfrentarse a cosas; Sam se limitaba a leerle la mente a las personas. Pero así por lo menos tendrían tiempo hasta que vinieran los inefables y se encargasen de toda esa cagada.
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Invitado el Miér Mar 16, 2016 1:49 pm

Katherina no estaba para bromas, no en ese momento al menos pues mientras se tomaba su tiempo para disfrutar de la poca nicotina que metían en el tonel de mierda que ahora se fumaba más y más ghouls se iban congregando al otro lado de la puerta seguramente despedazando los cadáveres, ya fríos mucho tiempo atrás, de los compañeros que habían taponado la salida.

A diferencia de los Zombies o Infieri (Que muchas veces son casi lo mismo) los Ghouls no son esclavos de un Master que dirige sus acciones (Generalmente un Nigromante) No, estos son algo muy distinto que se comporta de una forma extrañamente similar.

Mientras que si un infieri te muerde te quedas con un mordisco muy feo un Ghoul te transforma con sus gusanos. Te cambia y edita hasta que finalmente no queda nada de ti y te conviertes en un ser sediento de sangre y carne humana.

Quizás es por que provienen de los vampiros que se han quedado así, o quizás por que en el subconsciente humano siempre ha estado el impulso y hasta que la persona no se va este no despierta.

Sea como fuere verlo hacía hervir la sangre a Katherina, y por ello necesitaba cigarro, para calmarse y pensar.

Sin embargo había un problema y es que Sam no callaba. Abría la boca una y otra vez para preguntar, para ofrecerse y para excusarse.

La andrógina suspiró –
Esto… - Dijo en un ton oque extendía en sobremanera la “o” - No sabes lo que es un Ghoul y te ofreces a entrar ¿En serio? - Estaba perpleja, o aquella rubia se había tomado demasiadas copas antes de la charla, o estaba muy loca o quería suicidarse; Por supuesto Hellsing negó con la cabeza.

No, no me parece bien – Dijo mirandola fijamente a los ojos tras exhalar la calada, por mera cortesía, no directamente en su cara – No estás cualificada para ello, si fueras encargada de criaturas mágicas u otra auror tendría un pase, pero no lo eres, eres legeremaga, y bueno… Salvo que planees meterte en sus cabezas, cosa que no recomiendo, no estás preparada

No quería sonar borde, perol o hizo, a fin de cuentas Kath no solía tratar con las personas y realizaba todo con una franqueza que rozaba el insulto. Quizás Sam se hubiera ofendido aquel comentario o quizás no, pero a Hellsing le dio igual, se limitó a mirarla mientras se acababa el cigarro desde su más que notable superior altura.

El segundero pasó tan solo un poco antes de que aquellos gruñidos se volvieran a escuchar tras la puerta. Eso no era señal de que hubieran pasado al otro lado, ni mucho menos, tan solo que se abrían paso, y eso no era bueno.


Fermaportus – Dijo para asegurarse tras recorrer con una floritura el aire que rodeaba el canalizador.

La puerta se selló, y si bien eso no los detendría dado que se cargaron UN PUTO MURO, al menos los ralentizaría unos minutos, con suerte hasta que la caballería llegara.

Volvió a mirar a aquella puerta una vez más cuando dejó caer la ultima colilla en el suelo.

Su momento había llegado.
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Sam J. Lehmann el Jue Mar 17, 2016 12:26 am

Lo que le faltaba… la prepotencia de los aurores subestimando las habilidades de aquellos que no lo son. La legeremaga la miró con un claro gesto de molestia en el rostro que denotaba su inconformidad con su decisión. ¿Qué más da que supiera o no supiera que es un ghoul? Es más, si ni reconocía su nombre era porque no debía de ser excesivamente peligroso—En serio.

¿De verdad pretendía que Sam se quedase al margen? Es decir, en un momento como ese en donde ambas se estaban enfrentando a algo desconocido, ¿pretendía entrar sola en vez de recibir ayuda? Si Sam hubiera dicho que iba a entrar para encararse con esos bichos endemoniados de cabeza y ella sola, quizás hubiera entendido la negativa de la auror. Pero al contrario que eso, Sam era consciente de su ignorancia y había ofrecido su apoyo para cubrirla. La auror utilizaría las pistolas y la legeremaga se encargaría de utilizar la varita en caso de necesitarla para apoyarle. Era curiosa la diferencia de opiniones y trato cuando se trata de una reunión tranquila y convencional y cuando hay obligaciones y responsabilidades de por medio.

Pero vamos, ya le valía encadenar a Sam bien lejos de allí, porque hasta donde ella sabía, el departamento de misterios era tan confidencial con sus cosas que hasta Sam, una trabajadora del mismo aunque no fuera inefable, tenía más potestad que una auror allí dentro. ¿Se notaba que no había tenido muy buenas migas con aurores anteriormente que a la mínima saltaba? Por suerte la legeremaga sabía cuándo hablar y qué decir—Pero si no me conoces, ¿qué vas a saber si estoy cualificada o no? —preguntó, sonando claramente borde como respuesta automática a que ella hubiera sonado borde. Odiaba con toda su alma que por ser una legeremaga buena en su campo ya le trataran como si fuera una inútil en todo lo demás. Sam era un buena duelista y sabía perfectamente sus capacidades, por lo que le reventaba la paciencia que la subestimasen. Ella también estudió Cuidado de Criaturas Mágicas y Defensa contra las Artes Oscuras, que no recordase que era un ghoul no le eximía de saber cómo reaccionar ante amenazas desconocidas. Bufó—Me da igual lo que digas, voy a hacerlo igual.

De orgullosa Sam tenía mucho, de eso no había duda alguna. Así que antes de acercarse a la puerta en cuestión, fue a coger su varita que estaba en el bolso encima de su mesa. Retrocedió varios pasos hasta colocarse prácticamente al lado de Katherina y le dio un margen con el único motivo de no escuchar el cañón de la pistola explotar al lado de su oreja. No quiso intercambiar ningún otro comentario con la chica, ya que hablar bajo estrés solía dar lugar a decir mierdas de la peor manera; además de que Sam ya le había dejado claro un plan y ella se había limitado a dejarla fuera de todo el asunto. Así que simplemente improvisaría. Esperó impacientemente allí sin apartar la mirada de la puerta, la cual estaba recibiendo golpes desde el otro lado. De repente, ésta cedió y se abrió delante de ambas.
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Invitado el Jue Mar 17, 2016 1:32 am

Katherina alzó una ceja mirándola con duda. No le costaría mucho atarla con algún hechizo o desactivar su magia con una pequeña barrera alrededor suyo.

¿Que problema tenia la rubia con ello? Era una civil a todos los efectos, no es que Hellsing creyera que no estaba cualificada, era la ley del hombre y la de dios la que lo firmaba así ¿Tanto costaba entender? tenia tan solo veinticinco años y las palabras que salieron por su boca para escenificar el conflicto eran las de una abuela.


Soy demasiado vieja para esta mierda - Pronunció antes de llevar el pitillo de nuevo a su boca y fumar otra calada ¿Por que? A la mierda sus pulmones, esa no la iba a pasar por encima con su tontería - Ahí el Quid de la cuestión, no te conozco y no hay nada que me acredite que lo estas, así que a ojos de todo el mundo, incluida yo, no lo estás - Sacó el humo lentamente de su boca, esta vez no le importó nada que el rostro de la rubia estuviera en medio - ¿Entendido?

Pues al parecer no por que ni corta ni perezosa, en un claro acto de desacato a la autoridad. El ministro Winslow se enteraría, sin dudas.

Tiró el pitillo al suelo y lo pisó con furia con el tacón de su zapato claqué, avanzó unos pasos para detener a Sam de que se fuera a hacer una locura y, para su desgracia, la locura llegó sola.

Un dicho Musulmán, aquella joven religión que tachaba al verdadero hijo de dios como un profeta decía "Si la Montaña no va a Mahoma, Mahoma va  ala Montaña" Un caso muy aplicable a la situación, si cambiásemos Montaña por Katherina y Mahoma por PUTOS GHOULS.

Sus pistolas se desenfundaron contra los bichos bien al lado del oído de Sam y, a modo de venganza Karmica los cañones sacaron sus mejores disparos dirigidos a las cabezas de los Zombis, que, con más luz, parecían revelar la naturaleza de su uniforme Khaki o Amarillo.

¿Por que llevaban Ezvasticas en Brazaletes?

Solo faltaba que se pusieran a gritar en Alemán…

Ella no tuvo problemas en descargar sus armas una y otra vez mientras la Legeremaga hiciera algo como ¿No se? ¿Evacuar a quien hubiera y cerrar las salidas? Si alguien ahí dentro iba a morir lo mejor sería que fuera la menor cantidad de gente humana posible.
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Sam J. Lehmann el Vie Mar 18, 2016 1:40 am

Por un momento sintió el deseo de utilizar las enseñanzas de Emily y pegarle un golpe a Katherina por actuar de esa manera tan borde, estúpida y abusando de su poder como autoridad mágica. O por lo menos, claro, así lo veía la legeremaga. Pero se relajó, bastante tenía ya con estar quebrantando la orden directa de la autoridad como para encima añadirle el golpe. Que Sam no era una chica violenta, pero cuando la subestimaban se le hinchaba la vena de la mala hostia, vulgarmente hablando, sobre todo cuando llevaba toda su vida siendo subestimada por prácticamente todo el mundo. ¿Acaso nadie se da cuenta que es de las mejores legeremagas del maldito ministerio? ¡Ya estaba bien!—Si quieres te traigo mi curriculum para que determines si soy apta o no —ironizó alzando una ceja, mirando de reojo a un reloj que había en la pared en señal de que no tenían tiempo—Me parece increíble que seas de mente tan sesgada como para pensar que todos son inútiles hasta que te demuestren que no lo son, en vez de lo contrario.

Pero si te ponías a pensarlo… no era momento para discutir. Sam se dirigió a su mesa y Kath parecía ir directa a alejarla lo máximo posible de esa puerta, no obstante, lo que fuera que hubiera dentro —ghouls, zombis, inferi, etc— salió por la puerta para fuera en busca de comer cráneos, matar personas o a saber qué cosas. La auror disparó justo al lado de Sam y ésta empezó a escuchar un pitido molesto en sus oídos

Retrocedió unos pasos y vio como una mujer de sesenta y cinco años entraba por la puerta, era la otra instructora de legeremancia de la planta, la cual parecía estar viendo la peor escena de su vida. Sam se acercó a ella rápidamente y le dijo que saliera y que fuera a buscar a algún inefable capaz de solucionar esta situación. Luego volvió a acercarse cautelosamente hacia dónde estaba Kath por si necesitaba ayuda —aunque seguramente no fuera el caso—. Se dio cuenta entonces de que esas criaturas tenían trajes muy característicos con esvásticas en el hombro. ¿De verdad? ¿Aquello estaba pasando de verdad?

Estaba a punto de apuntar a la brecha en la pared para cerrar el agujero ahora que no salían más criaturas extrañas, pero entonces apareció una persona por la puerta acompañada de la mujer de setenta y cinco años.

¡Espera! —dijo el hombre con una mirada demasiado ilusionada como para pensar que estaba mirando a un montón de cuerpo putrefactos en montaña con el uniforme nazi por excelencia—¡Paren! —añadió.

¿Perdona? —preguntó la legeremaga claramente incrédula mientras se giraba hacia el hombre en cuestión, el cual era inefable. Le iba a dar tres segundos, tres segundos en dónde debía de explicarle rápidamente por qué debían de "parar", antes de cantarle las cuarenta. Definitivamente, Sam no tragaba a los inefables.
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Invitado el Vie Mar 18, 2016 2:26 am

Negó con la cabeza y bufó - Como lo traigas te-lo-que-mo - Esa fue su única sentencia con lo del conflicto antes de desistir en el acto de perder más energías para convencerla de que ese no era lugar, como insistiera un poco más con la tontería tardaba cero coma en engancharle un posit y mandarla a uno de los calabozos a golpe de Portus.

Por listilla.

De hecho casi lo hace, ya estaba dirigiendo su mirada a uno de los escritorios en busca de papel enganchable cuando la locura volvió a escena y se tuvo que liar a tiros con lo primero que pilló.

No se podía negar que el ver como Sam ensordecía y se molestaba con cada disparo le causaba cierta gratificación. No es que tuviera nada en contra de la rubia, por supuesto, le parecía maja desde la cita, pero ahora se había venido arriba como un adicto al crack y parecía creerse más de lo que era.

Podía ser todo lo Legeremaga que quisiera, ahí Katherina no se metía un pelo por que no era su mierda (ella se limitaba a que no le follaran la mente y ya, pasaba de violar cabezas ajenas) pero salvo que planteara meterse en las cabezas de unos Ghouls que iban de jodidos Nazis.

Una mujer y un tipo aparecieron por la puerta y Hellsing ni corta ni perezosa, cuando acabó con aquel montón de Cadáveres se giró a ellos Recargando su Arma.

"¿Esperen?" Pensó indignada mirando aquellas puertas ¿Por que no las cerraban? ¿Que coño tenían ahí? Malditos Inefables y sus mierdas varias.

Antes de que aquel hombre y la mujer regordeta que lo acompañaban pudiera decir otra cosa el muro cercano a ellos explotó liberando una nueva ronda de Ghouls.

¿Adivináis quienes fueron los primeros en caer por quedarse embobados mirando aquel desfile de Carne deforme y podrida?

En efecto, los tontos que querían esperar.

La andrógina no perdió el tiempo se desapareció en un fuerte “Crack” para acabar al lado de la puerta, cerrarla todo lo rápido que pudo y seguidamente conjurar varios arcanos sin romper el silencio de sus labios para así sellar aquella puertas hasta que la amenaza pasara.

No sabía si más muros del Ministerio caían bajo aquel ejercito de las tinieblas, pero con todo lo que tenía ese era el único foco de infección, y por ende el único paso para acabar con el origen de esa mierda.

Volvió a aparecerse y desaparecerse antes de que la horda, lenta como ella sola, alcanzara ala Instructora, plantándose justo tras de esta y agarrándola del pescuezo ahora con solo una pipa armada.

¡Directa al primer agujero!

¿Por que?

Por que no salía mierda (osea, Ghouls) de el, así de fácil.


Demuestra que eres útil y cierra tras nosotras - Gritó bien alto para que entre el sonido de sus disparos se captara el mensaje - ¡Que no nos sigan!
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