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You don't know my mind [Natalie Corvin]

Invitado el Sáb Mar 12, 2016 10:51 pm

La noche se cernía sobre Charing Cross y aunque el Caldero Chorreante nunca cerraba de forma propiamente dicha, el turno de Eric llegaba a su fin, de forma que podría retirarse a su humilde morada a descansar después de aquel pesado y tedioso día. A aquellas horas eran pocas las personas que paraban allí a tomar o a comer algo y los trabajadores sólo eran necesarios para vigilar el lugar (ya que el Caldero Chorreante constituía la entrada hacia el Callejón Diagon e indirectamente hacia el Callejón Knockturn), además de que también era una especie de hostal.

El hombre se encontraba distraído en sus propios pensamientos, fumándose su décimo quinto cigarro del día. Inhalaba una gran cantidad de humo y soltaba parte del mismo, llenando sus pulmones con la fracción que quedaba dentro de su cuerpo.

Echó una mirada al local una vez apagó el mismo y se quedó observando a una de sus compañeras de trabajo por unos segundos. Nunca se había parado a examinarla en condiciones, lo que era extraño en una persona como Hume, al que le gustaba guardar todos y cada uno de los detalles de las personas en aquella enfermiza mente. A simple vista le daba la sensación de que no encajaba en aquel lugar. Era como si la hubieran pegado con cola de la barata. En comparación aquel parecía un lugar demasiado hostil para una chica tan… elegante. Además le daba la sensación de que pretendía ser quien no era, o estaba destinada a ser. Eric y su raciocinio a veces no tenían límites cuando se trataba de analizar a alguien, y más si se trataba de un mago.

Estaba rodeado diariamente por aquellas personas, se había conseguido integrar de tal forma en la sociedad mágica que ya no sentía aquella repugnancia constante que le sobrevenía al principio. Se había acostumbrado a convivir entre la mugre, básicamente.

Notó en sus ojos cierta preocupación, aunque aquello quizás sólo fueran imaginaciones suyas. Sin embargo si estaba en lo cierto… quizás resultaba una buena oportunidad para un acercamiento que podría resultarle útil o satisfactorio en un tiempo a corto-medio plazo. Llevaba varios días sin matar o torturar a nadie y la verdad es que la necesidad ya comenzaba a aflorar en sus maquiavélicos pensamientos.

- ¿Haces algo ahora? - Era probable que su voz sobresaltara a la muchacha, puesto que el local estaba prácticamente en completo silencio y Hume había formulado aquella pregunta sin previo aviso. Éste sabía perfectamente que su turno acababa a la misma hora que el suyo.

- Me refiero a si has quedado con alguien. - Añadió, mirándola con aquellos ojillos de cordero degollado que tan bien se le daban en ciertas circunstancias.

- Podemos ir a tomarnos algo, si te apetece. - Al fin y al cabo, ¿qué había de malo? No eran completos desconocidos. Ambos trabajaban en el mismo lugar y aquello podía ser una perfecta excusa para estrechar lazos con compañeros de curro. Era todo una muestra inocente de compañerismo, al menos aparentemente, puesto que aquella palabra no tenía lugar en la mente del hombre, por lo menos desde hacía bastante tiempo… Y menos si se trataba de un mago, claro estaba.
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Natalie Corvin el Mar Mar 15, 2016 10:11 pm

Hacía tiempo que no sabía nada de William y eso me preocupaba muchísimo. Era verdad que habíamos discutido y las cosas se habían puesto un poco feas… ¿pero tanto como para hacerme el vacío y no contestar mis cartas? Era muy fea esa actitud y de verdad que no sabía de dónde había salido. ¿Salgo con un hombre de 33 años para que se comporte como uno de 17? Tenía que hablar en persona con él ya para intentar arreglar las cosas antes de que empeorasen.

Ahora mismo terminaba mi turno en el Caldero Chorreante y podría ir a mi casa a relajarme y descansar para mañana madrugar y ponerme a estudiar. El local estaba en un absoluto silencio y lo único que escuchaba mi mente ajetreada era a mí misma limpiando la barra con un paño. Cuando terminé, me quité el delantal con intención de colgarlo y dar por finalizado mi turno, aunque en medio de mi movimiento me vi interrumpida por mi compañero John, un hombre del que apenas sabía más que su nombre.

-Emm… no.-Contesté algo dudosa. Me estaba invitando a ir a tomar algo…

Su rostro, a pesar de parecer rudo y serio con esa barba y esa mirada, denotaba algo de aburrimiento y una inocente propuesta amistosa con la que poder pasar un buen rato aquel jueves por la noche. Mi plan era ir a mi casa, escribirle una carta de odio a William por su comportamiento y ver alguna película hasta quedarme dormida, por lo que me parecía mil veces más interesante salir a tomarme algo para evadirme de mis preocupaciones. Además, ya me hacía falta. Mis amigos fiesteros me han abandonado o aún no han salido de Hogwarts, así que no me venía nada mal un compañero con ganas de socializar conmigo.

-Claro, ¿por qué no?-Dije afablemente mientras me quitaba el delantal y lo colgaba en su sitio, agachándome para coger una maleta-bolso de tela vaquera con la que iba a trabajar.-Si me dejas unos minutos, me cambio de ropa, que odio salir a la calle con el uniforme.-Le pedí sin intención de que me diera permiso, ya que era lo que iba a hacer sí o sí.

Fui al baño de las chicas y comencé a cambiarme de ropa mientras pensaba en lo ético y moralmente correcto que era salir con un chico teniendo novio. Era raro. Pero por norma general siempre he sido una chica bastante social y amable a la que le gusta la fiesta, no quiere decir nada que salga con un compañero a tomarnos algo, aunque perfectamente William podría molestarse por ello. Aunque bueno, ya que yo le doy un voto de confianza por este repentino momento de orgullo y silencio, él va a tener que dármelo a mí en estas circunstancias en dónde no quiero más que tomarme una copa en compañía.

Con una camiseta holgada y suave de color blanco acompañada de una chaqueta de cuero, unos vaqueros y unas botas, salí del baño para dirigirme a John.

-¿Tienes algún lugar en mente?-Pregunté.-Me da igual a dónde ir.
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Invitado el Dom Mar 27, 2016 3:37 am

Eric ya pensaba que la chica aceptaría la propuesta, pero lo cierto es que esperaba que dudase un poco más. ¿Por qué? Bueno, quizás por el dicho de… "piensa el ladrón que todos son de su misma condición".
Es probable que en su situación él no hubiese aceptado una propuesta de ese tipo tan rápidamente por el simple hecho de que sentimientos como la desconfianza o la extrema precaución eran constantes en su maquiavélico cerebro, de forma que siempre se esperaba algo malo viniendo de cualquiera. Pero al parecer su compañera de trabajo aún no tenía aquel sentimiento activado, al parecer no había pasado ningún momento traumante en su vida según el cuál debía plantearse seriamente cada decisión que tomaba. Eso era bueno, lo hacía una presa fácil y manipulable.

- Claro, sin problema. - Repuso, cuando ésta le comentó que primero se cambiaría.

- Haré lo mismo.

Éste se dirigió al lavabo masculino después de coger su mochila. Se cambió la camiseta por otra prácticamente igual de sencilla y se dejó los vaqueros, puesto que no les veía ningún problema. Se lavó un poco la cara, se repeinó con el agua ligeramente y tras darse el visto bueno en aquel pequeño espejo salió de allí. Obviamente había tardado menos que su compañera, cuando se trataba de mujeres no era muy difícil ser el primero en prácticamente todo lo que conllevara tiempo.

"¿Cuál es tu objetivo para esta noche?"

Le hizo gracia la pregunta de su voz interior, puesto que realmente no tenía ni idea. ¿Pensaba pasar una amena velada con una chica guapa? ¿o quizás sería divertido acabar aquel día realizando algo… ilegal? Natalie era hermosa, sin duda, pero ciertamente le resultaba más excitante imaginarsela gritando de dolor que de placer. ¿Una pequeña tortura, quizás?

"Eso sería divertido"

Sonrió ante sus propios pensamientos, mientras dejaba la mochila donde estaba. Ya la recogería al día siguiente, no era plan de cargarla en la romántica noche que se avecinaba.

- Conozco un lugar bastante apacible aquí cerca. - Se podía llegar caminando y no era un lugar exclusivamente para magos como aquel. Necesitaba urgentemente librarse de aquel ambiente cargado de magia asquerosa. - Es un lugar de muggles, supongo que no te importará relacionarte con ellos… - Parecía una pregunta sin intención alguna, pero en realidad pretendía conocer cuál era su opinión al respecto. ¿Sería la típica maga que odiaba a los inferiores o a los que no eran de su propia condición? ¿O iría de progresista por la vida? Dijeran lo que dijeran todos tenían un resquicio de supremacía sobre las personas que no habían nacido con aquel excepcional don, y eso era justamente lo que había hecho que creciera con aquel asco hacia ellos. Todos eran iguales, por mucho que se esforzaran en ocultarlo. Y para eso estaba allí Eric, para poner un punto final a aquellos comportamientos egoístas, y si el camino para ello era derramar sangre mejor que mejor.
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Natalie Corvin el Lun Mar 28, 2016 3:00 am

Por norma general solía tener una lista bastante larga de lugares a dónde salir, pero en aquel momento todo me daba tan igual y tenía tan pocas ganas de tomar decisiones que simplemente le di a elegir a él. Si había tenido la iniciativa de ir a tomar algo conmigo, suponía que tendría algún lugar en mente.

Así que tras vestirme y volver hacia dónde estaba él ya cambiado, le afirmé que me daba absolutamente igual a dónde ir mientras no fuera excesivamente lejos para poder volver caminando a casa y no perderme (ya que aún no me había sacado la licencia de aparición) y no quería tentar a la suerte teniendo en cuenta mi poca orientación. Al parecer el que tenía en mente era aquí “cerca” por lo que asentí. Me pareció verdaderamente curioso que dejase caer de esa manera el hecho de preguntarme si era de esas mentes retrógradas o liberales; si iba de hater por la vida siendo purista o si por el contrario no me importaba relacionarme.

-¿Pegan la peste o algo así?-Pregunté en broma mientras alzaba una ceja y abría la puerta para mantenerla y dejarlo pasar a él.-Evidentemente no me importa relacionarme con ellos. Si vivo en medio de su ciudad y casi todos mis vecinos son muggles, tendría un gran problema si me importara relacionarme con gente no mágica.-Le hice saber algo divertida, mayormente para que no tuviera una idea equivocada de mí. Podría haber caído en slytherin y haber pecado de ser una subnormal retrasada que le da importancia a la pureza de sangre o a la gente no mágica, pero por suerte ya no lo era y me alegraba de ello.

Desde pequeña había crecido con las ideas puristas inculcadas por mis padres y era cierto que en su momento incluso pude encontrarle cierta lógica, pero me parecía hipócrita por mi parte creer algo que realmente no siento, sea por obligación familiar, presión social o cualquier otra cosa. Agradecía haberme juntado con personas como William, Luke, Jason o Leo, eran sin duda ese “soplo” de aire fresco que no había tenido en mis siete años de ceguera en Hogwarts.

Después de que Eric saliera del Caldero Chorreante yo salí detrás de él y dejé que la puerta se cerrase por sí sola. Me puse a su lado y cargué mi mochila vaquera a un hombro, casi más como un bolso por lo alargada que tenía una de las asas.

-¿Sueles salir mucho?-Pregunté de repente por sacar información.-Es curioso, ¿pero te has dado cuenta de que llevamos desde verano del año pasado trabajando juntos en el Caldero y no sé nada de ti, solo que te llamas John?-Qué puto patético era que hasta eso fuera mentira. ¿Pero yo qué iba a saber?-Que no se tú, pero teniendo en cuenta mi situación económica y mis necesidades, creo que voy a trabajar mucho tiempo ahí dentro…-Dejé caer divertida con un leve encogimiento de hombros.-Así que ya es hora de saber un poco más, ¿no?-Agregué de manera amistosa.

Un nuevo amigo me vendría bien, sin duda. Todavía no lo sabía, pero iba a tener un gran vacío dentro de poco que suplir con algo o alguien. Mejor un nuevo amigo que todo el almacén de chocolate de los supermercados más cercanos a mi casa.
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Invitado el Mar Mar 29, 2016 9:41 pm

Aquella no era una pregunta que normalmente se hiciera a diestro y siniestro a la primera de cambio, el hecho de soportar o no a los muggles o a los que simplemente no tenían la capacidad de hacer magia era algo que por regla general se solía tratar de ocultar, puesto que ninguna de los dos extremos era bien visto. Si te caían extremadamente bien tendían a juzgarte, cuestionando ciertas cosas, en cambio si sentías repulsión hacia ellos ciertas personas te relacionaban con movimientos anti-muggles que no tenían una moral dudosa.

En definitiva, aquello no era algo que se preguntara como preguntabas la edad de alguien, o sus aficiones, pero eso a Eric le daba igual. No solía regirse por costumbres ni por el qué dirán, y lo cierto es que le interesaba su opinión. ¿Qué más daba preguntárselo así que en cualquier otra circunstancia?

La respuesta de Natalie le hizo gracia, puesto que no la creía del todo. Puede que no fuera tan radical como otros magos que había conocido, pero algo le decía que una pequeña parte de ella sentía rechazo hacia aquella "raza inferior" No hubiera sabido decir por qué exactamente, si eran sus apariencias, su forma de hablar, de relacionarse con los clientes o el simple hecho de que Eric nunca aceptaría el hecho de que un mago no se sintiera superior a los muggles o a las personas como él. Era una idea que se había grabado en su mente a fuego lento y dudaba que algo o alguien fuera capaz de hacerle cambiar de parecer.

- Está bien saberlo. - Se limitó a decir, con una leve sonrisa en los labios. Era una sonrisa agradable, que inspiraba confianza a cualquiera. - En ese caso, en marcha.

Ambos salieron del Caldero Chorreante cuando comenzaba a anochecer, aunque aún podían verse retazos de los últimos rayos de sol, que luchaba por permanecer en el horizonte del oeste de Londres.

El hombre caminaba con las manos en ambos bolsillos del pantalón, con un aire desenfadado. Por extraño que pareciera su mente le había dado un respiro y las voces que escuchaba constantemente parecía que habían decidido desaparecer por un rato. El aire de la calle le estaba sentando bien.

Entonces las palabras de su acompañante le despertaron de aquel ensimismamiento, haciendo que tuviera que hacer el esfuerzo de hablar y relacionarse como personas normales. Al fin y al cabo aquel era un daño colateral cuando se le planteaba a alguien la posibilidad de ir a tomar algo. Por una noche tendría que ser como los demás, y tendría que soportar la compañía de una persona que usaba la magia. A no ser que en mitad de la misma le diera por acabar con aquella farsa de alguna forma original, quién sabía.

- La verdad es que no. - Se encogió de hombros, aquello era cierto. - Mis amigos han ido yéndose a vivir fuera uno a uno y soy el único que se ha quedado en Londres, así que tampoco gozo de demasiada compañía. - Aquello por el contrario no lo era.

- De todas formas los he reemplazado por buenos libros y hobbies entretenidos. - Comentó con un deje divertido, parándose en un semáforo.

Se preguntó si aquel tipo de costumbres le resultaban extrañas a una persona como ella. Los pasos de peatones, los buzones… Él no había conocido otra cosa a lo largo de su vida hasta que comenzó a tener aquel tipo de inquietud enfermiza por los magos.

Sonrió ampliamente con lo siguiente que le dijo, sobretodo al escuchar lo de su nombre. - Tienes razón, es curioso, aunque entre tanto lío es normal que no tengamos mucho tiempo libre para preguntar el uno del otro. - Añadió. Su voz era pausada y tranquila. - Así es. - Le dio la razón, mirándola con ojos afables. - Tendremos que aprovechar la noche. - Entonces se paró en mitad de la acera. - Ya estamos aquí. - Anunció, señalándole el lugar estirando el brazo.

- Espero que no te desagrade el country, es mi bar favorito. - ¿Lo era realmente? Eric no tenía cosas favoritas.

Éste empujó la puerta de cristal, dejando entrar primero a Natalie y luego entró tras ella, observando el ambiente. Había gente pero no estaba demasiado lleno, por suerte no se sentiría demasiado sofocado como en otras ocasiones. De hecho pudieron elegir una de las mejores mesas, en una de las esquinas. Era pequeña pero bastante acogedora.

El camarero no tardó en prestarles atención, abriendo una pequeña libreta. - Esta noche tenemos karaoke, por si les interesa. - Les informó con diversión, señalando a la grande pantalla que había en el centro de la sala y al pequeño escenario bajo la misma.

Eric sonrió, pero en ningún momento mostró interés alguno por aquello. Muy borracho o muy drogado tenía que estar para acabar cantando en medio de tanta gente desconocida. - A mi tráigame una cerveza cuando pueda.

Natalie también pidió lo suyo, así que no tardaron en quedarse a solas de nuevo. Eric la miró con interés pero en silencio durante unos segundos antes de sacar una cajetilla de tabaco de uno de los bolsillos traseros de su pantalón. Se lo tendió a modo de invitación y encendió el suyo sin esperar ningún tipo de contestación.

Tomó una amplia bocanada de humo y se recreó en él durante unos instantes antes de hablar por fin. - Bueno, cuéntame algo. ¿Qué caracteriza a Natalie... Torvin? ¿Ese es tu apellido? - No estaba muy seguro, pero le sonaba que era algo parecido.

Música de fondo en el bar:
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Natalie Corvin el Sáb Abr 02, 2016 2:41 am

Tenía que ser toda una pena que todos sus amigos se fueran de Londres y se quedase solo. Lo pensaba yo y… la verdad es que actualmente sin mis amigos no soy nada. ¿Te imaginas que pierdo a William, Luke o Zack? ¿Qué haría con mi vida sin mi pareja, mi compañero de piso y mi mejor amigo si ni siquiera me llevo con mi familia? Para mí ahora ellos eran como la familia que he elegido… no quería ni pensar qué sería de mí sin ellos.

-¿No has pensado en irte a vivir fuera tú también?-Pregunté por curiosidad.-Supongo que un trabajo mejor que el del Caldero lo puedes conseguir en cualquier otro país… no creo que estés anclado a Londres por esa mierda de trabajo…-Intenté adivinar.-¿O quizás un ser querido es lo que te ata al húmedo y frío Londres?-Medio-guiñé un ojo con la intención de parecer afable y jovial y saber un poco más de él.

Llegamos entonces al lugar del que había hablado John, al parecer un lugar enfocado al country. La verdad es que era un estilo de música que ni me va ni me viene… de hecho yo escucho de todo, por lo que rara vez algo me parece una música inadecuada. Él se encargó de buscar un sitio y ambos nos dirigimos a una mesa en una esquina, bastante tranquila y alejada del foco principal de gente y música, aunque debía de decir que no era un local que estuviera muy lleno, algo que agradecía, no me apetecía nada meterme en un lugar lleno de bullicio.

El camarero se acercó a nosotros y John pidió una cerveza. Yo alcé el dedo índice, con la intención de que apuntase otra para mí. No se me ocurría nada mejor que tomar unas birras mientras nos conocemos un poco mejor, además, ¿hace cuánto que no me tomo una?

Tras tomar nota el camarero se fue y John se interesó por lo que me caracterizaba. Yo sonreí y me crucé de brazos sobre la mesa, dejando a un lado la mochila tirada en el suelo.

-Es Corvin.-Le corregí antes de nada en su intento de acordarse de mi nombre. Posiblemente lo supiera por nuestro jefe, ya que hasta donde yo sé no me sonaba habérselo dicho en ningún momento.-Y… no sé qué decirte, es una pregunta difícil, ¿sabes?-Dije para hacer un poco de tiempo e ir pensando en mi contestación.-Pero no sé… soy universitaria, me he independizado y por eso mismo trabajo en el Caldero, para poder pagarme mis estudios. Vivo con un compañero de piso que conocí en Hogwarts y mi vocación es ser desmemorizadora. Desde pequeña me ha gustado mucho. Era eso o cantante, pero mi voz es pésima, por lo que preferiría no ir al karaoke luego.-Dije divertida.-Es mi sueño frustrado, lo reconozco.-Añadí de igual manera.

Me ponía a pensar en la vida de John y no me venía nada a la mente, era como pensar en la nada. Tenía un gesto tan reservado y un aura tan misteriosa que podía ser político, asesino o criador de cabras, que para mí todas serían igual de válidas. Evidentemente, suponía que ninguna de esas tres opciones serían compatibles con trabajar en el Caldero Chorreante.

-¿Y tú qué? ¿Tu sueño o aspiración? Porque evidentemente no me creo que sea trabajar en el Caldero…-Comenté, consciente de que no tenía en muy alta estima mi propio trabajo.-Tiene que haber algo detrás.
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Invitado el Jue Abr 21, 2016 2:32 am

Lo habitual era que la mente de Eric divagara constantemente, debatiéndose entre el bien y el mal, aunque de forma que lo maquiavélico prevaleciera. Por muy concentrado y atento que pareciera, en el fondo un sinfín de voces contradictorias recorrían su mente prácticamente a todas horas, haciendo de su vida un infierno. Sin embargo éste se había acostumbrado, al principio aquellas voces controlaban sus acciones, su forma de ver las cosas e incluso sus gestos, pero en la actualidad había aprendido a convivir con ellas, como si fueran una parte de más de su ser y algo completamente normal.

Sin embargo en aquel momento estaban extrañamente calladas, dóciles, era como si estuviera siendo él mismo, como si volviera a los tiempos en que sus pensamientos eran únicos y originales. Se sentía tranquilo, a pesar de estar acompañado de una bruja, aunque lo que no podía cambiar era el hecho de que probablemente si encontrara el momento adecuado no dudaría en acabar con la vida de aquella chica, que por muy simpática y humilde que pareciera, era muy probable que fuera exactamente como el resto. Igual de altiva, igual de pedante, igual de repugnante…

No obstante por el momento y a la vista de la ausencia de aquellos continuos instintos asesinos había decidido enterrar el hacha de guerra durante unos momentos y centrarse en conocer más detalles sobre aquella chica. Detalles que posteriormente usaría en su contra, sin duda.

Sus ojos se fijaban en cada uno de los rasgos de la chica, en cada parte de su aspecto. Analizaba cada uno de sus movimientos como si se tratara de un escáner, aunque a simple vista se limitaba a prestarle atención como cualquier persona educada haría en una situación parecida. De vez en cuando tatareaba en su mente la letra de la música que sonaba en el local. De hecho se atrevería a decir que estaba de buen humor.

- Eso, Corvin. - Comentó con una sonrisa. Escuchó lo que dijo con interés, como si de verdad fuera de su incumbencia la vida de aquella chica, como si de verdad le importara. Inconscientemente iba guardando cada uno de los datos en su archivo mental, sin dejar de sonreírle en señal amistosa.

Asentía a casi cada una de las palabras que decía, como invitándola a seguir, mientras inhalaba el humo del cigarrillo y de vez en cuando soltaba las cenizas del mismo en un cenicero que había en el centro de la mesa.

El dato de que quería estudiar para desmemorizadora le pareció sumamente interesante y pensó que decía mucho de su carácter. Sabía que eran los magos que se ocupaban de borrar la memoria de aquellos muggles que habían visto cosas que no deberían relacionado con el mundo mágico. Eran algo así como los que velaban porque todo aquello fuera siendo completamente secreto. Para Eric aquello era una señal clara de su sentido de la superioridad. Con tal de preservar su estúpido secretismo se creían con el derecho suficiente de hurgar en la mente de las personas y hacer con ellas lo que les parecía conveniente, sin siquiera tener que dar explicaciones sobre ello. ¿Acaso eso no era un ejemplo claro del despotismo y la tiranía que gobernaba a la sociedad mágica?

"Lo que pensábamos."

Las voces habían vuelto, y al parecer con la intención de quedarse.

"¿En qué momento se nos ocurrió que pudiera ser diferente?"
"En ningún momento lo pensamos. Los magos nunca son diferentes."
"Es cierto"
"Hora de planear nuestro siguiente asesinato, compañero"


En aquella ocasión se sumió tanto en su debate interno que no se dio cuenta ni de la pregunta de Natalie, ni de que el camarero había llegado con las bebidas, ni que sus labios habían dejado de mantener presión, dando como resultado que el cigarro que había estado fumando cayera sobre la mesa. Fue únicamente aquello último lo que hizo que despertara de su ensimismamiento, elevando la vista hacia su acompañante como si acabara de ver un fantasma.

- Lo siento. - Repuso, como si hubiera vuelto a la vida, a la vez que cogía de nuevo el cigarro y lo depositaba en el cenicero. - Estaba en mi mundo. - Soltó una pequeña carcajada, con el objetivo de quitarle hierro al asunto, consciente de que aquel comportamiento podría no parecer muy normal a ojos de otros. - ¿Qué me decías? - Cogió su jarra de cerveza y le dio un sorbo, tras lo cual se le quedaron pequeños restos de espuma en la zona del labio superior, que no tardó en eliminarlos pasando la lengua por la misma.  

- Ah, si, desmemorizadora... ¿A qué se debe que quieras dedicarte a eso? - Se interesó, aunque muy en el fondo ya conocía la respuesta.

- Pues te equivocas, siempre he querido trabajar en el Caldero, desde que era un renacuajo. - Dijo aquello con un tono más serio y firme de lo esperado, para luego soltar una risilla. - Es broma. Mi sueño siempre fue ser cuidador de dragones. De hecho estuve una temporada ejerciendo de ello, pero un pequeño accidente lo echó todo a perder. - Una vez más se sorprendió a sí mismo de su capacidad instantánea de invención, ¿cuántas veces había cambiado de sueño en su vida? Con aquella le habrían preguntado ya unas seis o siete veces, así que esas eran las veces que había cambiado de versión por completo.

Lo dejó en el aire, usando aquel tono misterioso pero desenfadado que usaba cuando quería que las personas se sintieran interesadas en él, pero no lo suficiente como para pensar demasiado sobre sus respuestas.

- ¿Te gusta el lugar? - Añadió, de forma amena. Al fin y al cabo ese eran el tipo de conversaciones que las personas normales solían mantener. - Yo suelo venir mucho por aquí, aunque es la primera vez que traigo a una chica. - Bromeó, hacerles pequeños halagos también solía funcionar cuando se trataba de ganarse la confianza de las mujeres, y él se consideraba un experto en la materia.
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Natalie Corvin el Mar Mayo 03, 2016 1:01 am

Aparentemente aquel día era un día normal. Estaba teniendo un encuentro normal con un compañero del trabajo y una parte de mi mente se estaba preocupando cómo se tomaría William que saliera con un compañero a tomarme algo… ¿Lo peor? Que no iba a poder discutir nada con William. Ni sobre este tema, ni sobre ninguno.

Sin darle muchas vueltas al asunto le conté que cursaba mi primer año en la universidad mágica como estudiante para convertirme en desmemorizadora. Era una carrera muy completa y divertida, ya que la gran mayoría de las asignaturas técnicas iban relacionadas con la mente, la memoria y la capacidad de alterar los recuerdos. Era entretenido y a mí me encantaba todo ese rollo. En parte agradecía haber dado con algo que me motivase. ¿Os imagináis mi motivación trabajando a tiempo parcial mientras que el resto de mi tiempo lo invierto en una carrera que no me llena? Menuda tristeza.

-No lo sé.-Me encogí de hombros.-Desde pequeña me gustó eso de estudiar la mente y tener el poder de decidir si debes o no debes recordar algo. E incluso alterar los recuerdos y hacer que pienses algo que en realidad nunca pasó. ¿No te parece fascinante?-Le dije con bastante emoción, ya que en el fondo hablar de estas cosas e imaginarme en el final de mi carrera me emocionaba hasta puntos insospechados.

Me quedé fascinada cuando dijo que quería ser cuidador de dragones. ¿A eso no se le llama Dragonolista? “Cuidador de dragones”, cual Daenerys Targaryen. Esbocé una sonrisa por su manera de llamar al empleo y asentí.

-¿Dragonolista, no?-Pregunté divertida, ya que a lo mejor no era lo mismo y los dragonolista se enfrentaban a más riesgos y un cuidador solo les lavaba las escamas y le daba de comer.-¿Qué pasó para que todo se echara a perder?-Pregunté curiosa.-Si se puede saber, claro. Uno no abandona una pasión con tanta facilidad, debió de ser algo realmente fuerte.-Supuse, manteniéndome entonces callada para que él me contara.

La verdad es que el lugar estaba bien, pero para ser sincera… me daba un poco igual. Era agradable, sencillo y acogedor y con eso yo estaba bien, pero no había salido con John por el lugar, sino por él y porque sabía que me haría desconectar un poco de todo el estrés diario.

-Sí, está muy bien.-Le contesté sin complicarme en dar explicaciones, alzando una ceja cuando dijo que era la primera vez que traía a una chica.-¿Sueles venir con amigos? En realidad tienes pinta de hombre con cierto éxito entre la flora femenina.-Guiñé un ojo y me llevé la jarra a los labios para dar un largo sorbo de cerveza. John era muy atractivo y no lo decía yo, lo decía la objetividad humana y el canon de belleza masculino establecido por la sociedad. William, lo decía eso, no yo.-Pero si no es así… ¿me supongo que estarás soltero?-Pregunté por curiosidad, esperándome claramente que la respuesta fuera que sí. Debía de decirle que yo tenía pareja ya, no quería que se hiciera una idea equivocada de chico-chica-bar-cerveza-ligar. No.
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