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De compras antes de volver a la rutina [Axel S. Crowley]

O. Winslow el Sáb Ene 04, 2014 11:59 pm

No me podía creer que ya hubieran pasado dos semanas desde el baile de navidad. Sin duda el tiempo pasaba muy rápido cuando estaba en casa. Mi adorada casa. Sin tener cerca a ningún sangre sucia ni a personas non gratas. Sin duda habían sido unos días relajantes, disfrutando de lo que más me gustaba, pintar un poco y aumentar mis conocimientos sobre las artes oscuras. Debía comenzar a tener cuidado cuando estaba en el colegio, había perdido el trato con los profesores, eso no era bueno, tenía que seguir manteniendo mi fachada de niña buena con todos ellos, que me tuvieran en estima como buena alumna por si alguno de los mequetrefes a los que minitorturaba se iba de la lengua no les creyeran. Ese era mi mayor logro, y este año por mis despistes estaba perdiendo esa estima.

Hacía dos días había recibido una carta de Sylver pidiéndome disculpas por su plantón, qué encantador, pero sus palabras desde luego no eran sinceras, apostaría mi varita a que la escribió simplemente por evitar que volviera a hacerle algo. Si en el fondo los rumores sobre que los Slytherin que iban en grupo eran unos gallinas en solitario eran completamente ciertos, desde que los pillabas a solas y mostrabas tus cartas se hacían pipí encima. Fuera como fuere, esperaba no volverme a cruzar con él en lo que quedaba de curso.

Como quedaba poco para la vuelta a Hogwarts decidí ir al callejón Diagon a comprar algunas cosillas, sobre todo materiales básicos como pergaminos y tinta. Además de darme algún caprichito. Así caminaba tranquilamente por el callejón, alzando la vista de vez en cuando al cielo, sabía que Aelo andaba cerca, pero debía admitir que a la gente no le gustaba mucho ver a mi pequeña águila muy cerca de ellos. Imbéciles que no respetaban la majestuosidad de mi pequeña.
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Axel S. Crowley el Dom Ene 05, 2014 12:49 am

Algo a lo que no estaba acostumbrado Axel era a hacer regalos navideños a las partes de su familia, le parecía una pérdida de tiempo acompañado de desinterés y obligación, por esa misma razón ni se molestaba en buscar ningún detalle para sus padres o sus hermanos. Fuera de ello, la única persona que realmente se merecía un regalo por su parte, aparte de sus amigos, era su hermana Julie. Con ella se carteaba y Axel siempre había pensado que Julie era la más parecida a él en cierta manera, pero se había negado a hablar de sus pensamientos con ningún miembro de la familia, puesto que podía armar un jaleo incorregible y no tenía ganas de discutir con sus familiares, tercos y de los que siempre han de llevar la razón.

Por esa misma razón había intentando dar con un regalo perfecto para su hermana y había llegado la conclusión que, ya que su lechuza había muerto (pues a la pobre le había tocado la lechuza que pasa de generación en generación y no daba más de sí), regalarle un animal mensajero que pudiese utilizar día a día. Sobretodo ya que su marido estaba de viaje en Alemania, para cartearse con él sin problema ninguno.

Y ahí estaba, en el único lugar que el conocía que vendiesen animales mensajeros. Se pegó dentro de esa tienda más tiempo del que le hubiera gustado estar, ya que el dependiente no paraba de contarle las ventajas y desventajas de todo tipo de animales. Por suerte desde un principio él venía con la idea de comprarle un águila. Su padre tenía uno y era un animal fiable, leal y bastante rápido... además, Axel no era un chico que gastase demasiado dinero, normalmente ahorraba su paga para, una vez graduado, poder viajar, así que tenía dinero de sobra y opinaba que gastárselo en su hermana era una buena inversión. Compró a una hembra de un año, bastante fiable y entrenada básicamente (según palabras del dependiente) para seguir las órdenes de quien le alimentase. A Axel no le sonó muy fiable eso, pero él tampoco sabía como iba la domesticación y entrenamiento de los aves rapaces, así que omitió cualquier comentario.

Al salir por la puerta, continuó su camino, dispuesto a ir a mirar la tienda de Quidditch, ya que él había pedido un equipamiento nuevo, ya que él de él estaba totalmente estropeado y quería intentar mantener su puesto en el equipo de Quidditch. Sin embargo, de camino por aquellas calles tan estrechas y tantos brujos de por medio, Axel tuvo tan mala suerte de que su águila no era la única del lugar. El águila de Axel se puso a moverse dentro de la jaula histérica y no tardó en llegar la causante de tal comportamiento, otra ave que se había acercado a su jaula. Axel, por precaución, intentó separarlas, con tan mala suerte de que con el movimiento que hizo, la dio a una persona que estaba detrás de ella.

- ¡Disculpe! -a pesar de mostrar más interés por la persona que por las aves, ni se giró, ya que estaba ocupado intentando echar al águila que había vuelto loca a la de él.
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O. Winslow el Dom Ene 05, 2014 1:32 am

Estaba siendo un día productivo, tenía bastantes pergaminos nuevos, tinta para todo un año y algunas plumas nuevas. Mi libro negro requería la mejor tinta de todas.  Una vez terminé con estos enceres, los cuales el dependiente me los puso todos en una bonita y práctica caja con cordel, nótese la ironía, sucios paquetes simplones que daban siempre con cada compra, me encaminé a saciar mi afán de compras. Sí, adoraba comprar, y que mis padres me consintieran facilitaba las cosas. Primero pasé por la librería, me apetecía comprar algunos libros sobre pociones, algo más avanzadas, así como libros sobre hechizos.  Nada era suficiente para saciar mi sed de conocimientos, y a la vez aumentar mis capacidades para mi peculiar diversión.  

Al salir de Flourish y Blotts, con mis nuevas adquisiciones, volví a mirar al cielo, Aelo debía estar muy cerca, pero dónde estaba. Me preocupó no verla, aunque sabía que se podía cuidar muy bien solita, era más que mi mascota. Así que andaba por el callejón sin bajar la vista, mirando al cielo constantemente en busca de mi pequeña. Pequeña, me hacía gracia llamarla pequeña cuando medía más de medio metro. Cada segundo que pasaba sin verla más me preocupaba, quizás sólo haya ido a cazar algo, debe estar hambrienta. Sólo espero que no ataque a nadie, porqué como algún mago insolente pretenda que mi Aelo muera por hacerle daño iba a sufrir pero de verdad.

No la oía graznar, no la veía. Me estaba empezando a mosquear. Sí le han hecho algo juro que acabo con la vida de todos los presentes. Continuaba mirando al cielo cuando alguien me golpeó. Paré en seco y me giré al oír su disculpa, más bien me giré para comprobar la causa por la que me había golpeado. Mis ojos se abrieron como platos. El chico que me empujó estaba intentando evitar que mi pequeña se comiera a su águila. – Aelo quieta – le ordené interponiéndome entre la jaula del chico y mi águila. Me puso ojitos de cordero degollado, mirada que no podía resistir, pero ya no me quedaba suficiente dinero como para tener que pagarle a este chico un águila nueva.  Saqué unas chucherías para águilas de mi bolso y se las di para saciar su hambre  – ahora vete – le di una nueva orden señalando el tejado de la tienda de Quidditch. Con una orden directa sabía que no se movería de ahí hasta que la llamara.

Una vez me aseguré que Aelo estaba en el tejado de la tienda de Quidditch me giré hacia el chico. – Lo lamento, es un poco  territorial y llevaba horas sin comer – me excusé por el comportamiento de mi águila. Observé la jaula que portaba, la pobre estaba tiritando de la impresión, parecía muy joven, así que saqué un par de chuches más y se las di, esperando que eso la calmara. – De verdad lo lamento mucho. No suele comportarse así – repetí con aflicción. Al alzar la vista y ver su rostro me sorprendió. Sonreí ampliamente – Me permitirías invitarte a tomar algo como compensación por lo sucedido – le propuse con la mirada fija en sus ojos.

No solía hacer estas cosas, es más, jamás intentaba compensar a alguien por la actitud de mi águila, la mayoría de las veces la premiaba por sus actos, sobre todo si eran contra determinadas personas. Estaba bien domesticada, algo de lo que estaba orgullosa, se parecía más a mí de lo que jamás habría imaginado.  En esta ocasión debía agradecerle a Aelo su actuación, de no ser así nunca habría reparado en alguien como él. Tenía un no sé qué que yo qué sé.
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Axel S. Crowley el Dom Ene 05, 2014 12:28 pm

Axel se veía capaz de combatir, de defenderse, de hacer grandes hechizos con su varita, de hecho se consideraba un buen mago en potencia a pesar de que decir esas cosas pudiera afectar a su ego, pero simplemente él se creía capaz de muchas cosas. Sin embargo este pequeño percance entre aves rapaces le dejó claro que era incapaz de buscar una solución útil al enfrentamiento de dos águilas. ¿Cómo se suponía que debía actuar? ¿Le pegaba una patada a la atacante? ¿Se iba corriendo? Ninguna de las opciones terminaba por convencerle, sobretodo porque después de alguna de esas opciones el águila enemiga podría tomarla con él y no quería volver a su casa con el jersey lleno de agujeros y más de un moratón.

Así que, mientras se le ocurría una idea factible y barajaba todas aquellas que le parecían imposible, uno de sus movimientos le dio a una persona detrás de él. Lejos de cabrearse, esa persona se percató de lo que estaba ocurriendo y resultó ser la dueña de la rebelde águila que le había tocado soportar. Axel miró sorprendido como con simples órdenes el águila obedecía sin rechistar a todo lo que su dueña decía, justo después de haberle dado lo que parecía ser comida para águilas. "Al parecer va a ser eso verdad de que hacen caso si los alimentan..." pensó con ocurrencia, soltando un leve suspiro al ver que su regalo, a pesar de estar muerto de miedo, seguía de una pieza.

La chica se giró, disculpándose por lo ocurrido. Para Axel no había tenido culpa ninguna, de hecho había hecho muy bien interponiéndose justo a tiempo, ya que si no, lo que más le había convencido a Axel para reaccionar era utilizar un Petrificus Totalus algo simple y eficiente, ya que se lo quitaba de encima y no cargaba con la opción de que le persiguiera. No obstante, estaba seguro de que ese remedio no terminaría por gustarle a su dueña... Así que estaba infinitamente agradecido con la rapidez con la que actuó.

La joven siguió pidiendo disculpas y Axel dejó de mirar a su joven águila, clavando la mirada en ella.

- No te preocupes, los animales son un misterio, nunca sabrás que pasa por sus mentes -dijo afable, para que no se sintiese culpable, puesto que no tenía la culpa- Además, por suerte mi pequeña y recién adquisición no ha muerto del susto, así que no hay nada que perdonar.-añadió.-Aunque casi me muero yo... -bromeó, jovial.

Se fijó en la chica y reconoció su cara, no sabía ni como se llamaba, ni a qué casa pertenecía ni absolutamente nada, sólo sabía que pertenecía a Hogwarts y recordaba haberla visto por allí. ¿Quizás en el Gran Comedor? ¿Quizás en la sala de duelos entrenando? La verdad, no lo sabía, pero tampoco le importaba. La chica le ofreció tomar algo para compensarle e inevitablemente una sonrisa, pequeña y graciosa, apareció en el rostro de Axel.

- Cómo no. -aceptó.

Nunca se rechazaba la oferta de nadie cuando te invita a algo, Axel solía ver todas estas cosas como oportunidades en las que abrir su círculo de conocidos y de amistades ya que lejos de tener como único objetivo aprender y conocer toda la magia existente, también tenía inmensa curiosidad por conocer todo los tipos de magos del mundo. Evidentemente, eso le llevaría años de vida después de graduarse, pero él no tenía prisa.

Observó a ambos lados, ya que por allí habían tiendas para tomar algo, pero en esa época estaba abarrotado debido a que no eran muy amplias.

- ¿Qué prefieres el clásico Caldero Chorreante o la tetería que está al final de la calle? Porque como entremos en una de estas, podemos pegarnos todo el día en la cola... -preguntó totalmente indiferente a la respuesta. No era un gran fan del té, pero podría bebérselo.- Por cierto, soy Axel y, corrígeme si me equivoco, eres de Hogwarts, ¿no? -inquirió, dejando en el suelo la jaula de su águila a la espera de que la chica marcase un rumbo.
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O. Winslow el Dom Ene 05, 2014 4:16 pm

Nada me asustaba más en este mundo que perder a mi mascota, la inseguridad de que pudieran hacerle daño… ni siquiera podía pensar en perderla, llevaba conmigo casi toda mi vida, si la perdiera me volvería loca de remate. Acabaría con todo ser viviente que se me acercara, sobre todo si alguien le hacía daño. Aún recuerdo el día en que mi primo Brad le arrancó una pluma y la encerró en un baúl viejo, Aelo sólo tenía un año, era bastante pequeña. Cuando di con ella, después de pasar tres horas buscándola por toda la casa, y comprendí quién le había hecho eso. Salí corriendo por el pasillo rumbo al salón, con lo primero que cogí, un caballo de madera tallado a mano, le golpee con todas mis fuerzas en la cabeza. Estuve dos meses castigada, pero la satisfacción de ver a mi primo llorando y con la sangre cubriendo su rostro había sido la mayor satisfacción de mi vida, una sensación tan placentera. Desde ese día no había vuelto a ver a mi primo, según mi hermano se escondía de mí.

Volví a tener esa misma sensación al salir de la librería. No verla me alteraba. Tanto que sería capaz de matar a alguien si le hacían daño. No era un animal muy apreciado en esta zona, había gente que los temía por su tamaño. Eso es lo que más me gustaba de ella, era tan majestuosa que llegaban a temer sólo verla. Por suerte no estaba lejos, un chico me golpeo a causa de ella. Mi pequeña podía llegar a ser muy agresiva cuando quería, pero creo que no le gustaba ver a las águilas enjauladas. Aunque eso supusiera asustar a cualquiera. Actué con rapidez, a saber cómo podría actuar este mago ante esa situación. Interponerme entre Aelo y él era fácil, sabía que ella cesaría el ataque sólo con verme frente a ella, mas debía calmarla. Con un par de órdenes y unas chucherías se calmó y fue a donde le ordené. Allí esperaría hasta que se lo ordenara, más le valía.

Me disculpé ante el chico en cuestión, pero sobre todo ante su águila. Estaba asustada, podría tener un ataque de ansiedad, los animales también los tienen, por ello le di un par de chucherías para que se calmara, como ofrenda de paz. Asentí a sus palabras, sí, por suerte su águila no había muerto. Porque el dinero que llevaba no creo que me permitiera pagar un águila. Ladeé la cabeza y lo miré con perplejidad ante su broma – ¿Quieres unas chuches tu también u otro tipo de atención? – bromee yo también, inconscientemente jugueteé con mi pelo durante un segundo.

Cuando me percaté de lo que estaba haciendo solté mi pelo instantáneamente, le ofrecí tomar algo para compensar el susto. Estaba sonriendo, demasiado raro en mí. Aceptó también con una sonrisa. Una parte de mi esperaba que no aceptara, O. Winslow relacionándose con otra persona, no, no era nada frecuente, quizás en un mundo paralelo, pero en la vida real… Fuera como fuere, me quedé unos segundos embobada mirándolo, esa sonrisa me había descolocado.

- Eh… – fue lo único que salió de mi boca al darme cuenta de que me había preguntado algo. Miré a los lados, como si pensara la respuesta cuando realmente estaba pensando en lo que me había preguntado. “Idiota, debes estar más atenta” me enfadé conmigo misma. Pero mi mente no tardó mucho en recomponer sus palabras. ¿Caldero Chorreante o la tetería? Lo tenía claro. – Me decanto por lo clásico - Respondí, pero algo me decía que no me había escuchado o no presto atención. Eso me descolocó ¿está haciendo lo que yo le hago a la gente? Sí, probablemente.

Se presentó, Axel, no me sonaba mucho el nombre, tampoco su cara. Pero parece que él si me había visto por Hogwarts. – – respondí a la vez que asentía con la cabeza - Soy de Hogwarts, y me llamo O. – Me presenté yo también. – Intuyo que tú también, aunque no suelo fijarme en el resto de alumnos. – añadí con mi usual tono de “me importa un carajo todo”. Sin embargo me apetecía tomar algo con él, charlar un rato, saber algo más. Me intrigaba. – ¿Vamos? – Repuse a la vez que giraba sobre mi misma y emprendía el camino hacia el Caldero Chorreante. Cada dos metros que recorría miraba al cielo observando a mi pequeña. Esperando que me esperara cerca del local.

Al entrar en el Caldero Chorreante me dirigí a una mesa, esperando que él viniera detrás – ¿Qué te apetece tomar? – pregunté con normalidad, echando un vistazo a mi alrededor. Esto estaba abarrotado.

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Axel S. Crowley el Lun Ene 06, 2014 1:12 am

Rara vez Axel se quedaba sin saber qué decir, era alguien bastante abierto a la hora de entablar una conversación y a la hora de conseguir una contestación perspicaz a las ocurrencias de la gente. Así mismo, Axel no solía tener una actitud pícara con nadie a quién acabase de conocer, ya que con las confianzas más cercanas siempre estaba de guasa y de broma. Podía llegar a ser alguien sumamente descarado y travieso, pero para estar en “su salsa” debía de conocer a la persona bastante. Por esa razón, le cogió desprevenido el comentario que hizo la chica sobre las chuches o cualquier otro tipo de atención. Eso, definitivamente, había sido un comentario muy ocurrente que le dejó sin saber qué decir. Axel la miró antes de sonreír y desviar momentáneamente la mirada.

- Me valdrá con tu compañía. Ha sido un gran susto, pero tampoco estoy tan afectado. Sobreviviré. -amplió la sonrisa, haciéndose el víctima simplemente para hacer la gracia. Realmente, todo aquello no había sido para tanto.

Después de ese momento en donde Axel descubrió que la chica a pesar de tener un águila con unos instintos un poco perturbadores, también era bastante afable, le sorprendió todavía más invitándole a algo para compensar lo sucedido. "Deben de atacarme más águilas al día si voy a tener tanta suerte como recompensa..." pensó sonriente mientras escuchaba su proposición.

Axel le dio a elegir entre Caldero Chorreante o la tetería del final de la calle, los dos lugares que parecían menos llenos de gente. Por suerte, la chica se decantó por lo clásico, algo en lo que coincidía con Axel. Él era más de café. De esos café cargados que te dejan despierto toda la noche, capaz de empaparte un libro entero y sabérselo de memoria al día siguiente.

La chica se le presentó como O. y no se le olvidó añadir que no se fijaba en el resto de alumnos. Realmente había pocas personas observadoras en Hogwarts... O será que Axel llevaba ya siete años y era alguien bastante curioso por saber qué clase de gente le rodeaba.

- ¿En nadie? ¿Y vas por los pasillos mirando a la excelente piedra con la que se construyó los sólidos muros de Hogwarts? -bromeó, aceptando con la cabeza la pregunta de que si se ponían en camino y posicionándose a su lado en dirección al Caldero Chorreante.- Me refiero... -intentó explicarse.- Yo no me presento a todo el mundo, pero me gusta saber quién vive conmigo entre las mismas paredes. Por eso me suena tu cara y la de la gran mayoría. Aunque bueno... -se rascó la nuca despreocupadamente, arrugando el ceño debido al sol que le daba de frente- Posiblemente influya el hecho de que llevo siete años en Hogwarts e inevitablemente las caras, tarde o temprano, se terminan por grabar en mi memoria.

No tardaron mucho en llegar al Caldero Chorreante, lleno como de costumbre en aquella época y a esa hora. Axel siguió a O. hacia una mesa que recién acababa de quedar vacía y se sentó en frente de ella, dejando su jaula en la silla contigua. Frunció los labios cuando le preguntó.

- Batido de plátano con canela. Creo recordar que aquí estaban bastante ricos. -Y sabía por experiencia propia que la mejor cerveza de mantequilla era la de las Tres Escobas, así que se negaba a pedirla en cualquier otra parte- ¿Y tú?

Justo llegó el camarero y a Axel le sonó ese artefacto muggle que tanto odiaba, por tanto, O. se encargó de pedir. Se sacó del bolsillo el móvil y vio como era su padre el que requería de su atención. Suspiró cansino y se obligó a cogerlo porque si no la reprimenda sería tres veces peor.

- Ajá. Lo sé. Díselo a Lucian, él sabe. Pues a Julie. Pues a Zed. Papá, pues búscate un amigo que sepa, yo no lo voy a hacer. -habló con su padre, pero más bien parecía una madre. Puso los ojos en blanco, sabiendo que decirle que no traería sus consecuencias, pero si le decía que sí iba a tratarle siempre igual y ya estaba cansándole ser el pequeño de la familia- Adiós. -y colgó.

Tuvo tan mala suerte que se le resbaló de las manos debido a que no solía usarlo nunca y se le cayó al suelo. Se agachó para cogerlo y una mujer le dio con el bolso en la cabeza. Se levantó lentamente, no fuese a ser que la mala suerte se acumulase y pasase, justamente, una guillotina por el lugar de su cuello y se apoyó en la silla resoplando, dejando ese artilugio sobre la mesa.

- Padres y artilugios muggles, la peor combinación en un lugar con tanta gente. Y lo sé porque acabo de vivirlo en primera persona. -bromeó repeinándose la nuca en donde le habían dado el golpe con el bolso, aprovechando para quitarse la chaqueta y ponerla sobre la jaula del águila-. ¿Al final por qué te has decantado?
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O. Winslow el Lun Ene 06, 2014 7:46 pm

Quería demasiado a mi águila como para permitir que alguien le hiciera daño. Pero pedir perdón por su comportamiento…no era usual en mí. Desde luego que no lo era, y mucho menos era usual querer compensar por el susto. ¿Qué diantres me había pasado? Me habría ablandado. No. Rotundamente no, debe ser el desorden hormonal. Sí, eso debe ser porqué otra explicación no tenía. Yo O. Winslow no pedía perdón, mucho menos disculpas, a nadie, ni siquiera a los profesores, nunca cometía errores, nunca metía la pata, y si lo hacía no le daba importancia, simplemente pasaba tres cuartos de lo que pensaran los demás. Los demás no tenían importancia para mí, eran en su mayoría seres inferiores, sobre todo los muggles, al final de la escala evolutiva, simples y tontos.

Aunque todo parecía estar bien después del susto que provocó mi pequeña a esta precioso bebé de águila, al menos junto a Aelo parecía una cría, el chico no dudó en bromear sobre su posible muerte. No dudé en continuar la broma. Al ver su reacción, esa forma de esquivar la mirada momentáneamente, sonreí un poco más. Mas puse cara de sorpresa a sus palabras. – Ya creía que tenía que acompañarte a San Mungo -  comenté con ironía, pero sin dejar de bromear. Si le hubiera pasado algo lo hubiera dejado tirado en el suelo. Ya se daría cuenta alguien de que estaba allí.

Aunque en un primer momento me lamenté de haberle invitado a tomar algo, al verlo bien, fijarme en su rostro, sobre todo su mirada, agradecí al sino haberlo invitado. Tenía algo que me desconcertaba. Quizás el hecho de que me hubiera ignorado momentáneamente, al igual que lo hacía yo con el resto del mundo. O quizás que me aburría y me apetecía charlar un rato con alguien que no conocía y con quien tenía algo en común, las águilas.

Nos presentamos, no me extraño que me conociera, al menos que reconociera mi rostro. Muy poca gente no se fijaba en mí, y muchos me esquivaban o se volvían invisibles cuando me tenían cerca, no literalmente, pero hacían todo lo posible para que yo no notara su presencia. Por algún motivo me había ganado cierto respeto en este colegio, no entendía el porqué, con lo que me divertía con ellos. Meditando las cosas, debía ser más sociable de vez en cuando, aunque fuera sólo por crear contactos para un futuro. Nunca se sabe lo que depara el sino, pero sí sabía que tener contactos era bueno para mis planes.

Escuche lo que dijo, negando levemente con la cabeza y mostrando cierta indiferencia. El hablaba sin más, explicándome el porqué de su sorpresa a que no me fijara en nadie. No sabía cómo explicarlo, sin embargo intenté responderle – Las paredes de Hogwarts son más interesantes que la mayoría de los alumnos. – Me encogí levemente de hombros al responder. Realmente pensaba así, para mí las piedras eran más interesantes que muchos alumnos, tenían más personalidad, pero sobre todo sabían dónde estaba su lugar, los alumnos no. Fue interesante saber que era de séptimo, si es que no había repetido, aunque lo dudaba, no tenía pinta de ser tonto. *Las apariencias pueden engañar* me dijo mi consciencia, gran verdad con la que jugaba casi siempre. Pasé un poco de su teoría sobre que al final recuerdas las caras, podía ser, pero yo simplemente recordaba lo que quería recordar.

No tardamos en llegar a nuestro destino, me dirigí a una mesa vacía y nos sentamos, uno frente al otro y el águila en medio. No tenía muy claro que pedirme, aunque en el fondo temía más qué iba a pedirse él, en cierto modo tus elecciones te definen, sin el en cierto modo. Un batido de plátano con canela, no era una mala elección. No respondí a su pregunta, pues el camarero llego en ese preciso momento – Un zumo de calabaza y un batido de plátano con canela – pedí la comanda, pues Axel parecía ocupado buscando algo, una música procedía desde su ubicación.

Era extraño ese sonido, mi cara reflejaba mi confusión. Pero cuando vi que sacaba un objeto, se lo ponía cerca de la oreja y comenzaba a hablar. ¿Con quién estaba hablando? ¿Qué era esa cosa que tenía en la mano? ¿Acaso está loco? Desde luego tenía que haberlo mandado a San Mungo, no es nada normal que alguien se pegue un objeto raro al oído y comience a hablar solo. No tenía ningún sentido. Para mí que esa cosa le había mordido la mano, si no porqué se le había caído. Una risotada se me escapo cuando la mujer de la mesa de al lado le dio con el bolso en la cabeza, fue bastante cómico, sobre todo porque el bolso parecía bastante cargado.

Colocó el objeto-bicho-cosa extraña sobre la mesa, no dejaba de mirar esa cosa. Aunque al oír las palabras de Axel su expresión cambió. Se volvió algo sombría y asqueada. – Espera… ¿has dicho artilugio muggle? – no, no, no, no podía ser. ¿Cómo alguien puede llevar algo de esos engendros consigo? Obvié por completo su pregunta. Todavía estaba perpleja. La idea de que hubiera invitado a alguien relacionado con los muggles me revolvía las tripas. Lo miraba con confusión y asco. Quería preguntarle cosas, pero a la vez quería salir corriendo. Aunque no dijo que se llamara de un modo concreto, sino que lo llamó artilugio. Eso en cierto modo me daba a entender que no sabía lo que era, pero no restaba que seguía teniendo relación con muggles. – ¿Cómo puedes tener eso? – elegí con cuidado mis palabras, bueno, no mucho. Intentaba aguantar las ganas de lanzarle un expulso, no podía tener a alguien pro-muggle cerca de mí a no ser que fuera para mofarme de él o burlarme o cualquier cosa que fuera degradante para esa persona. Sin darme cuenta me había echado hacia atrás, alejándome un poco de la mesa. Saqué un par de galeones y los dejé sobre la mesa. Acto seguido, sin darle tiempo a hablar me levanté sin decir nada. Sin dejar de mirarlo – He olvidado algo que tenía que hacer – le dije, aunque se notaba en mi voz que era mentira.
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Axel S. Crowley el Mar Ene 07, 2014 11:45 pm

Bromeó despreocupadamente sobre su estado de ánimo y físico después del susto entre las águilas, no entendía como iba la relación entre aves rapaces, pero tampoco le importaba siempre y cuando le dejasen a él fuera de ello, ya podrían pelearse cuando su dueña fuera su hermana, pero ahora mismo pretendía regalar una águila viva y sin ninguna herida de guerra, a ser posible. Negó tranquilamente, con una sonrisa, cuando dijo que ya se pensaba que tenía que acompañarle a San Mungo, por suerte nunca había ido y esperaba no ir jamás. San Mungo por regla general, tiene fama de ser la mejor institución médica mágica que solventa cualquier tipo de gripe extraña proveniente de criaturas mágicas, aparte de las típicas lesiones. Él prefería que, ni por una ni otra, tuviera que ir.

Axel se quedó sorprendida por la negativa rotunda de la chica al decir que las paredes eran incluso más interesantes que cualquiera de Hogwarts. "¿Si es tan asocial, por qué no estudia en casa? Debe de ser lo más aburrido del mundo estar en un colegio en donde vives y que repudies al ochenta por ciento del alumnado..." pensó Axel, ya que siempre se había hecho esa pregunta con respecto a la gente que trata a las demás de manera ofensiva y sin mostrar el respeto hacia un igual. No se trataba de ella, simplemente en general, simplemente que esa manera de decirlo, se le recordó a dichas personas.

- O tienes un problema con los alumnos, o deberías estar estudiando arquitectura barroca... -bromeó-. ¿Por qué dices eso? -preguntó luego sin más, notándose curiosidad en sus palabras.

Hacía un día espléndido al aire libre, pero la chica había invitado a Axel a tomar algo como recompensa del percance anterior. Axel, evidentemente, no tenía motivos para rechazar la noble invitación de una chica y ambos se dirigieron al Caldero Chorreante. El calor allí dentro era insoportable y el chico no tardó en quitarse la chaqueta que llevaba, así mismo, la cantidad de ruido, proveniente de risas, carcajadas, gritos y continuas conversaciones podía llegar a ser molesto. Por un momento incluso pensó en la gente que se hospedaba allí... Si era así siempre, ¿cómo iban a ser capaces de dormir? Para colmo, era un lugar pequeño y si alguien tenía que caminar, se chocaba como mínimo con las tres personas más cercanas a su prominente cuerpo. En fin, aquel lugar no estaba hecho como para ir en esas épocas de colapso humano, pero ya estaban allí y habían tenido la suerte de encontrar un lugar, así que, por él, era el sitio perfecto.

Axel le dio el pedido a O., esperando que ella lo pidiese mientras él atendía las caprichosas atenciones de su padre. Se negó a hacer lo que le pedía aún sabiendo que eso le saldría caro, pero no le importó. Sin embargo, la cara de su acompañante cambió drásticamente cuando, una vez finalizada la conversación, dijo que se trataba de un artilugio muggle. Su cara, de hecho, fue un poema y cuando añadió con cierto despreció y asombro que cómo podía tener eso, Axel se vio en la obligación de aclarar algunos matices.

- ¿Y por qué no? Nosotros tenemos varitas que hacen magia y ellos artilugios cuadrados, sonoros y pequeños que sirven para comunicarse fácilmente con tus familiares instantáneamente. ¿Acaso conoces algún artilugio mágico que lo haga? Evidentemente no. -explicó.- Se llama comodidad y a pesar de que lo odio, mi padre me obliga a tener uno para mantenerse siempre en contacto... -le dio un despectivo golpe al móvil sobre la mesa-. Por suerte en Hogwarts no puedo usarlo y me libro de la pesadez de la tecnología... Definitivamente dónde haya un libro, que se aparte todo esto... -dijo en referencia al teléfono móvil.

La chica se había vuelto loca, tanto que no paraba de mirar a Axel como si estuviese loco. ¿Acaso ella no utilizaba nada que no fuese creación de los muggles? Estaba seguro de que la ropa, los zapatos y más de un objeto de su casa, que utilizaría diariamente, es fruto de la invención de los muggles. No entendía como había tanta gente tan radical, los pobres desgraciados ya tienen suficiente con no poder hacer magia como para encima odiarlos por ello. Axel puso los ojos en blanco cuando se levantó, ya que su tono de voz, incluso para él, que acababa de conocerla, no era para nada el más convincente.

- Claro que no. No has olvidado nada. Siéntate, anda. Me has invitado a tomar algo contigo, ¿no? Si no me hubieras comprado una Cocacola y podría haber seguido por mi camino... -comentó, haciéndose para adelante para captar su atención.- Si quieres quito el artilugio muggle con lepra de la mesa para que no te veas cohibida por él... -bromeó con cierta sorna, que, lejos de querer parecer malicioso, quiso parecer amistoso. Cogió el móvil y se lo guardó en el bolsillo.- ¿Mejor? ¿O también tengo que quitarme la camisa por ser de una marca muggle? -añadió, dándose cuenta de que ya estaba bien.- Vale, ya paro. ¿Pero te quedas o aun has olvidado eso?

Esperaba que así fuera y se quedara, ya que no le hacía nada de gracia quedarse solo en el Caldero Chorreante bebiéndose su batido de plátano en compañía de un águila. Para intentar ser más convincente, intentó añadir algo, pero antes se echó hacia atrás en su silla y cogió su batido, deseoso de probarlo de una vez, ya que desde que el camarero lo había traído, no lo había podido probar.

- Y así de paso, me dices por qué odias tanto al pobre artilugio muggle que acabo de guardar de tu mirada asesina.

Quitó la dichosa pajilla, ya que odiaba beberse los batidos con ese utensilio y se llevó el vaso a los labios, bebiendo sin apartar la mirada de la chica.
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O. Winslow el Miér Ene 08, 2014 1:56 pm

Hoy en día nadie habla sobre trivialidades, bueno sí, pero desde que digas algo o respondas de un modo que les sorprende empiezan a preguntar. Cuándo iban a comprender que me importaba un pimiento lo que pensaran. Pero no, siempre tenían que preguntar. Y esta no iba a ser una excepción. No tardó mucho en preguntar el porqué decía eso. Era simple, no me gustaba aguantar sus idioteces. No quería tener amigos, no quería tener relación con gente que entorpecía mis metas. Sólo era obstáculos en mi camino. Las piedras marcaban mi camino. Por eso eran mejores. Iba a exponerle lo que se me pasaba por la cabeza, pero mi conciencia me frenó. Capaz que lo decía y seguía preguntándome y no me apetecía.

Negué con la cabeza antes su broma, poniendo los ojos en blanco ante su pregunta. ¿Realmente era necesario hacerla? Pensé que mi respuesta sobre las piedras le daría una idea clara de que no quería hablar del tema, pero la curiosidad era mayor al parecer, o simplemente le gustaba fastidiar. – ¿Sabes que la curiosidad mató al gato? – le respondí con una pregunta, mirándole un segundo, con cara de pocos amigos. Cierto era, pocos amigos tenía, por no decir que probablemente solo tuviera uno. – Pero si tanto te interesa saberlo – añadí sin dejar tiempo a que dijera nada al respecto – Estoy en Hogwarts para aprender, y solo me relaciono con gente que me aporte algo. Por lo que así descarto a muchos alumnos, además de que todos prejuzgan a los de mi casa. No es fácil intentar hablar con alguien y que piensen que les vas a lanzar una maldición – Aunque siempre acababa lanzándoles maldiciones a la gran mayoría, o cosas peores. Pero eso no venía al caso contarlo. Desde luego que no. Cierto que me había ganado que pensaran así. Para mi extrañeza había sido más sincera de lo que esperaba.

En poco tiempo llegamos al Caldero Chorreante. A pesar de su curiosidad, cosa que no soportaba, no me arrepentí de haberle invitado. Llevar ropa de calle y no el uniforme ayudaba a evitar los prejuicios. Cierto que yo los tenía, pero por entablar una conversación durante un rato sin importarme su ascendencia o a la casa que pertenecía era un pequeño capricho que me gustaba darme. Podía conocer cosas que en Hogwarts no lograría. Aunque al final me arrepintiera, pues resultaban ser tal cuál imaginaba si llevaran uniforme. Todos cojeaban del mismo pie. Era absurdo y me hacían perder el tiempo.

A pesar del bullicio encontramos una mesa libre. Fue sentarnos y poco después, llego el camarero. Axel me había dicho lo que iba  tomar, así que hice la comanda con lo que tomaría yo también, mientras él buscaba algo que sonaba, era una musiquita extraña. Y al ver como se lo colocaba en la oreja me alarmé. Pero sobre todo al saber que era un artilugio muggle. Mi cara reflejaba mis pensamientos, asco y asombro. Era algo muggle, algo creado por esos seres inferiores. Algo que no tenía cabida en nuestro mundo, por mucho que él repusiera que era un gran invento. Era algo muggle, sólo por ser de ellos deberían estar prohibidos en este lugar.  Pregunté y él respondió… ¿De verdad esperaba que le diera la razón? Mi rostro no varió a pesar de sus alegatos a favor de ese invento. No podía dejar de mirar su rostro y esa cosa. Cierto era que nunca había visto algo igual, pero, ¿de verdad cree que los artilugios muggles son mejores que la magia? Definitivamente está loco.

- Evidentemente no eres muy listo, ¿acaso nunca has visto o usado un espejo encantado? Hacen lo mismo que esa cosa, – dije con desprecio marcado en la palabra cosa – incluso funcionan en Hogwarts. Se llama magia es más efectiva que esos trastos muggles -  Respondí con tono despectivo y dejando clara mi posición al respecto. Un punto a su favor fue decir que lo odiaba, aunque no tenía muy claro si lo odiaba porque su padre le obligaba a tener u odiaba el artilugio en sí. Fuere como fuere, me había levantado con intención de marcharme, con una escusa de lo más tonta, cuando me llamó sutilmente mentirosa. Se hizo hacia delante mientras hablaba. ¿Me intentaba parar el paso? Suspiré profundamente y apoyé mis manos sobre la mesa, inclinándome hacia él – Nadie insinúa que soy una mentirosa y mucho menos me dice lo que tengo que hacer – me estaba comenzando a mosquear. Pero había demasiada gente tenía que controlarme. Él seguía con sus bromitas. Unas ganas tremendas de darle un puñetazo en la cara estaban surgiendo de mi interior.

Miré alrededor, los de la mesa de al lado estaban pendientes de lo que pasaba, así que debía guardar la compostura. Accedió a parar. Si las miradas matasen ya estaría muerto. Estaba controlando mi rabia interior, era demasiado susceptible a determinados comentarios. Pero tuve una idea para cobrarme su desfachatez. – Me quedaré, incluso accederé a responderte – hice un esfuerzo por ser amable, un gran esfuerzo por contenerme – si me acompañas luego a buscar lo que he olvidado. – al decir esto último una sonrisa con no muy buenas intensiones se dibujó en mi cara. Tenía que comprar cosas que no estaban en el callejón Diagon. Así que, estando de pie me acerqué a él – Espero que no tengas miedo a ir al callejón Knockturn – y le susurré al oído, con una voz que a muchos novatos de Hogwarts les daba escalofríos.

Dicho esto me volví a sentar frente a él. Agradecida de que hubiera guardado esa cosa. Una sonrisa volvía a reflejarse en mi rostro, aunque era un tanto perturbadora. Cualquiera podría pensar que estaba loca, pero para mí los locos eran ellos. Bebí un poco de mi jugo de Calabaza y mirándolo me dispuse a responderle. – Si tanto quieres saber porque odio esa cosa….bueno, no odio al artefacto en sí, odio casi todo lo preveniente de unos seres que se destruyen a sí mismos y que solo dañan la naturaleza, que destrozan grandes obras maestras, ya sean literarias o artísticas, sólo porque no les gustan o tienen un enfoque que no entienden. - sí, una vez explicado sonaba irónico, yo me comportaba así, pero era diferente, los muggles eran seres inferiores, nosotros los magos estábamos a otro nivel, uno muy superior. Pero ellos…ellos…ellos eran despreciables, llevaban siglos de retraso, y jamás podría perdonarle a los muggles sus cruzadas contra el mundo mágico, sólo tenían envidia de nosotros y como no lograron encontrar un modo de ser semejantes se dedicaron a cazarnos. Eran despreciables. Aunque no peores que los sangre sucia.
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Axel S. Crowley el Miér Ene 08, 2014 3:15 pm

Axel empezó a percatarse de que su actitud curiosa no concordaba con la actitud de la chica, saltaba a sus preguntas a la mínima y parecía reacia a contestar nada de lo que preguntaba el joven. Pero a él le parecía una pérdida de tiempo hablar de temas banales tales como los profesores de Hogwarts, el tiempo o tu tienda favorita del Callejón Diagón. ¿Para qué quería saber eso? Sobretodo teniendo en cuenta cómo se comportaba la chica ante lo que decía Axel, era normal que le preguntara. Al fin y al cabo, era un Ravenclaw con la curiosidad más grande existente por haber y si podía preguntar, jamás se lo pensaba dos veces. ¿Que a la gente le molesta? Pues que no se relacione con él. Axel bufó a su comentario para intentar desviar el tema.

- No me importa, soy un águila. Ya se encargará la curiosidad de matar a los lindos gatitos de Gryffindor... -dijo despreocupadamente, mirándola en señal de que no se le había olvidado su incial pregunta. Su respuesta no le sorprendió y asumió que se trataba de la casa Slytherin, ¿si no quién iba a tener esos pensamientos? Además de que el claro ejemplo de que prejuzgan a su casa, es bastante alentador-. Entonces... ¿tengo una Slytherin delante de mí? No es por ofender, créeme que no lo hago con esa intención, pero creo que ese prejuzgue os lo tenéis bien ganado. Sois un poco agresivos, ¿no? Quizás tu seas la excepción que confirme la regla. Pero si lo que quieres es aprender y ya está, haces bien en no relacionarte. Perdona si te molestó la pregunta. -se disculpó al final, contento por haber conseguido su propósito.

Una vez en el Caldero Chorreante, la situación se caldeó entre los dos muchachos. Axel rara vez tiene mala intención, realmente, es alguien bastante pasota y tranquilo que intenta sobretodo pasar de los malos rollos, sin embargo, la gente sale a la mínima a la defensiva o a la agresiva cuando ve algo que no le gusta. Suspiró ante la reacción de la chica, que para él, estaba fuera de lugar. Nunca entendería el odio hacia los muggles, pero mucho menos el montar una escena o el quedarse indignado al ver que un mago utiliza un artefacto muggle. ¿Qué mas dará? Realmente Axel no era un fanático de los objetos muggles, odiaba esa especie de teléfono portátil y lo usaba únicamente porque su padre le quería tener controlado en todo momentos en las navidades, evidentemente, la chica con toda su soberbia le explicó el uso de los espejos encantados y Axel se llevó la mano a la frente con cierta desesperación. Algunos parecían ser de mentes cerradas hasta el infinito y el chico odiaba a los mentes cerradas porque era imposible tener una conversación con ellos.

- Claro, ¿y voy por en medio de Londres hablándole a un espejo? Muy inteligente, lo patentaré en verano, cómo no se me habrá ocurrido. -comentó irónico, a la defensiva, al ver que ella le había atacado.- Evidentemente, desde Hogwarts me comunico así, pero supongo que eres capaz de entender que si alguien vive en una comunidad muggle, ha de pasar como un muggle. ¿O tu vas por ahí haciendo Lumos para iluminarte el paso en vez de con un linterna? -preguntó sin poder evitar soltar una pequeña sonrisa, como si no se creyera estar teniendo esa conversación.

Aquella conversación no llegaría a ningún lado, así que terminó por darse cuenta antes, aunque demasiado tarde, pues la chica reaccionó cuando Axel dijo que claramente no se le olvidaba nada. El chico alzó las cejas al escucharla. ¿Nadie la llamaba mentirosa y le decía lo que tenía que hacer? Pues vaya, tenía carácter, pero ¿qué iba a hacerle? Axel asumía que no estaba en séptimo porque no estaba en su clase, por lo tanto no podría usar la magia fuera de Hogwarts y dudaba que fuera por el ámbito físico, puesto que, en su opinión, no tenía mucho que hacer. Si le había molestado era porque realmente había sido una mentirosa, si no le daría igual la opinión de Axel, al fin y al cabo lo acaba de conocer. Pero no le iba a decir nada de eso, Axel sólo tenía como referencia a su hermana, pero sabía que las mujeres cuando se cabrean, podían llegar a mucho.

Axel prefirió no comentar nada viendo que estaba en caliente la chica, omitiría decir nada que pudiese molestarla que, en esos casos, podría ser cualquier cosa. Por suerte, la chica dijo que se quedaría y le respondería, eso sí, Axel debía acompañarle luego al Callejón Knockturn. El susurro le hizo sonreír, ya que le hizo cosquillas en la oreja. No era un sitio muy transitado, tampoco bien visto. Que él recordara, no había ido nunca, pero tampoco le importaba pisarlo. Se consideraba diestro con la varita y capaz de defenderse en los peores casos. ¿Pero ella? Si no estaba en su curso, no podría usar magia... Suponía que tenía más confianzas en sus puños y patadas que en su varita. O quizás hubiera repetido dos veces, pero lo dudaba mucho. ¿Quién es el cafre que repite dos veces algún curso de Hogwarts?

- ¿Se te ha olvidado algo en el Callejón Knockturn? -preguntó sorprendido.- Nunca pensé que allí hubiera nada útil. Pero te acompañaré, nunca he estado en ese lugar de tan mala fama. Será mi primera vez. -Y le guiñó un ojo por lo de la doble intención, bebiendo de su batido divertido.

Después de "arreglar" un poco la metedura de pata de meterse con la chica, ésta se dignó a contarle el por qué de odiar el teléfono móvil. No obstante, como era de esperar, no utilizaba ese pequeño artefacto impune de culpa alguna, sino que lo que odiaban eran a los muggles. Axel no se sorpendió, pero asintió tranquilamente a todo lo que decía. Él respetaba todas las opiniones de todas las personas, no le gustaba, de hecho, juzgar a nadie por ellas, simplemente los clasificaba. Pero lejos de compartir la opinión que tenía la chica, le parecía que, como había pensado en un principio, era alguien con ideas claras y mente cerrada. Como para intentar refutar algo...

- Vamos, que odias a los muggles... -resumió despreocupadamente bebiendo de su batido. Puesto que la chica no le había pedido su opinión iba a ahorrársela, así mismo como la posibilidad de defender su punto de vista. No le serviría de nada y prefería dejar de lado las opiniones que pudieran hacer que ambos se enfrentasen en una discusión verbal. Axel sólo discutía cuando tenía razón y en cuestión de puntos de vistas, era imposible. Dejó el vaso en la mesa, por menos de la mitad.- Pues no está mal, puedo llegar a entenderte si piensas así. -dijo sin más, evidentemente él no pensaba que fuese la única "especie" que se destruye a sí misma y lo que acababa de decir le parecía una tontería. ¿Acaso no se ha dado cuenta de que Lord Voldemort y la magia oscura es el cáncer de los magos? Ninguna raza es perfecta. Pero a la hora de comparar, evidentemente la de uno mismo siempre es mejor.- Perdona si te molestó mi comportamiento, lo menos que quiero es ofender a la que me va a pagar el batido. -Y sonrió, intentando mostrarse encantador y afable. Él había aprendido a lidiar con todo tipo de gente y su propia familia pensaba como esta chica, así que estaba acostumbrado y le encantaba buscar las distintas razones de la gente para odiar lo mismo.

Le quedaba, como mucho, dos sorbos más a su batido y tenía tremenda curiosidad por saber qué se le había olvidado o qué se le había ocurrido hacer a la chica en el callejón más peligroso del Londres mágico.

- Si tienes prisa, podemos ir tirando ya si quieres, a mi por lo menos me molesta que haya tanta gente. Y si no es indiscreción... ¿Es de conocimiento general lo que se te ha olvidado o es secreto de sumario?
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O. Winslow el Mar Ene 14, 2014 11:50 pm

Yo que esperaba disfrutar de una tarde agradable comprando en el Callejón Diagon, disfrutando de mis últimos días de vacaciones, estaba hablando con un chico después de invitarlo a tomar algo. Sin duda el mundo estaba a punto de llegar a su fin. Estaba siendo amable. Corred, corred todos los que queráis sobrevivir, el día del juicio final se acerca. Pero la amabilidad no había durado mucho, o al menos la no fingida. La curiosidad de la gente no la apreciaba, es más, jamás entendía ese imperativo de la gente por saber de ti, por saber y conocer cosas que no les iba ni venía. Pero claro, era imperativo categórico para los listillos de ravenclaw querer conocer todo, no dejar escapar ni un detalle. Si no fuera porque me parece admirable su capacidad intelectual, al menos la de algunos, jamás, los podría llegar a odiar tanto como a los chulitos de Gryffindor. Tenían su ego demasiado crecido, *oh! El niño que sobrevivió está en nuestra casa* era lo único que sabían decir. Sólo era un engreído. No tenía nada de especial, pero ahí estaban, venerándolo como si fuera el mismísimo Voldemort.

Reí a su respuesta. Ojalá que se cumplieran sus palabras. Hogwarts sería un lugar mejor sin los egos de los Gryffindor. Pero solo es una utopía. No dije nada más, simplemente me encogí levemente a sus palabras, dando a entender que quizás tenía razón y era una excepción. Aunque no se puede mentir, ellos nos prejuzgan y con motivo, pero ¿qué esperan, que nos quedemos callados cuando hacen el ridículo de ese modo tan extravagante? Por Merlín, no puedo reprimir las ganas, es algo que brota sin poder detenerlo. Ellos mismos se lo buscan. Qué no vayan provocando, si algunos llevan un cártel colgado en el que pone lo tontos que son.

Una vez llegamos al Caldero Chorreante la cosa no mejoró, diría que fue a peor. Tenía un artefacto muggle, usaba cosas muggles. Era algo que podía conmigo. El simple hecho de tener un objeto de esos seres cerca de mí, o más bien la idea de que este chico, Axel, pudiera ser un defensor de muggles hacía que se me revolviera el estomago. No podía reprimirlo. Su escusa para usarlo me pareció pobre, para eso estaban los espejos encantados. Aunque oír su réplica me hizo gracia, realmente la situación sería cómica. Pero en parte llevaba razón, si andas por el mundo muggle es mejor aparentar ser como ellos. Sólo pensar en ello hacía que mi cuerpo se estremeciera. Les tenía demasiado asco.  Alcé las cejas al oír su pregunta con incredulidad. Estaba empeñado. Negué con la cabeza, dando por terminada esta discusión que podría durar toda la vida. Nunca usaría un artilugio muggle como ese, y menos una linterna pudiendo usar un candil, eran más prácticos, proporcionaban calor y sobre todo era muy útil en mis entretenimientos.

Mi reacción fue un poco irracional y desproporcionada, cualquiera podría oírme, y de buena tinta sabía, que en los tiempos que corrían la gente era muy irascible con estos temas. Pocos entendían mi punto de vista, y visto lo visto, no estaba segura ni de que la persona que tenía al otro lado de la mesa lo pudiera siquiera llegar a comprender. Decidí quedarme a terminar el jugo con la condición de que me acompañara luego al Callejón Knockturn. Debía comprar algunas cosas, pequeños artículos que no se vendían en el Callejón Diagon, además de un par de recados. Que accediera a acompañarme me desconcertó un poco, muchos alumnos temían ese lugar, tenía muy mala fama, cómo él mismo acababa de mencionar, pero si sabías orientarte e ibas preparada no debía ocurrirte nada.  – El mercado del Callejón Diagon no es tan completo como nos hacen creer – le respondí con calma. Me llevé la mano a la frente, negando de nuevo con la cabeza y sonriendo levemente a su comentario. No sabía si reír o llorar por lo patético que me resultó su guiño para resaltar la doble intención que podrían tener sus palabras. Pero opté por contenerme y ser respetuosa. No era frecuente en mí.

Expliqué el por qué de mi reacción. Al decirlo en alto me resultó irónico. Me comportaba de igual modo, pero no me veía reflejada en ellos, no los veía como iguales. Era algo de antaño. Cuando tu familia está tan ligada a las artes oscuras y siempre han reflejado su odio por esos seres acabas odiándolos. Además, mi historia familiar me daba más razones para odiarlos. Al igual que a los sangre sucias, esa maldita bruja que me había robado a mi hermano. Algún día lo recuperaré, algún día haré sufrir a esa zorra, algún día…

¿Había oído bien? ¿Podría llegar realmente a entenderme? Lo dudaba, pero iba a darle el beneficio de la duda. Las portadas pueden engañar, salvo que seas el libro de cuidado de criaturas mágicas que nos mandaron en tercero, ese no engañaba directamente te mordía sin piedad. Extrañamente saber que podía llegar a entenderme me relajó, no todo el mundo era capaz de entender otro punto de vista, yo era el claro ejemplo de ello, pero cuando alguien intentaba comprenderte hacía que te sintieras bien, reconfortado. Aunque a veces me preguntaba si realmente odiaba a los muggles o sólo los veía como una plaga. Directamente no me habían hecho nada, era un miedo irracional, aunque había ganado peso con la desafortunada historia de mi hermano, así como saber que los muggles asesinaron impunemente a tantas brujas por el simple hecho de ser mágicas.

- Disculpame tú por mi desmesurada reacción de antes – reconocía que me había excedido, pero a la vez quería cubrir mis espaldas, quién sabe qué tipo de pensamientos tiene este tío, o los que están en la mesa de al lado. Sabía que debía controlarme, ser capaz de ocultar lo que pensaba, sólo mostrarlo cuando fuera necesario. Debía lograr mis metas, pero no quería que una metedura de pata, como una mala reacción en público, terminara en Azkaban.

Terminé de beber mi jugo de calabaza, levantando la vista y mirándolo fijamente.  – Digamos que es mejor no hablar de ello – respondí con una extraña sonrisa, una mezcla de misterio y un “como digas a alguien lo que voy a comprar puede que te encuentras la cabeza de un caballo en tu cama una mañana cualquiera”.

Saqué un par de galeones de mi bolso y los dejé sobre la mesa. – Salgamos de la muchedumbre – Dije mientras me levantaba, a mí tampoco me gustaba estar tan rodeada, me agobiaban los sitios con tanta aglomeración.  Esperé a que cogiera la jaula y salimos hacia el callejón de nuevo.

El camino hacia el Callejón Knockturn no era difícil de reconocer, nunca había nadie cerca. – Espera un segundo – le dije a Axel, sacando de mi bolso una capa negra que tenía bien doblada, me la puse por encima y silbé. Hice una seña con la mano a mi compañero para que se tranquilizara. Aelo no tardó ni dos segundos en llegar a donde estaba, se posó sobre mi hombro. Cada día notaba más su peso. – Será mejor que dejes a tu pequeña a su cuidado, a donde vamos no les gustan mucho las mascotas y cuanto más pasemos desapercibidos mejor. -  Le dije con sinceridad, sin dejar de mirarlo a los ojos, me preocupaba su águila, jamás permitiría que le hicieran daño a un animal tan bello como ese. Si se lo pedía Aelo no le haría nada, vale, no soportaba ver animales enjaulados, pero debía comprender que a veces es necesario.
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Axel S. Crowley el Sáb Ene 18, 2014 2:55 am

La chica, muy inteligentemente, quiso dejar de lados dos temas con bastantes argumentos como para discutir por ellos. El primero, la fama de los Slytherin por ser tan plastas, soberbios y clasistas, aunque realmente Axel simplemente fue por el camino de la agresividad contra los otros alumnos. El segundo tema fue todavía peor, que se trataba de la utilización de los objetos muggles en magos. ¿Ella es consciente de que, probablemente, esa ropa la haya creado un muggle? Axel no se lo iba a recordar, no fuese a ser que se desnudara aquí mismo, pero por cosas como esas, le parecía una estupidez esa manera de pensar. Evidentemente, tal cual no había dicho nada a sus padres sobre su retrógrada forma de pensar, tampoco se lo iba a decir a esta chica. Su familia le infundía temor y la chica, simplemente, siga un larga descendencia de mentes frías y cerradas para pensar así, ya que, con esa edad ¿qué le habrán hecho los muggles como para odiarlos así? Esa era una de las muchas razones de Axel como para tratar a los muggles como gente normal.

Ante la loca reacción de la chica, Axel intentó parecer un chico normal y evitar decir cosas que pudieran incrementar esa rabia momentánea, así mismo, se ahorró el decir las controversias a su opinión y el explayar su propia opinión por motivos evidentes. Además, para ser sinceros, prefería tener una velada tranquila con una chica a tener que discutir con ella, ya que a él no le importaba, para nada, que tuviese esas creencias, ya que, al contrario de muchas personas, eso supondría una molestia para tenerla de compañía. O viceversa, por suerte O. no sabe realmente lo que piensa Axel. Y era raro que lo supiera, ya que Axel tenía la manía de ser condenadamente curioso y por mucho que él defendiera una teoría o una ideología, podría estar preguntándole como si estuviese en contra a alguien que opina lo mismo, sólo por saber cómo sale del paso y cómo se defiende.

A continuación, la chica le pidió a Axel que le acompañara al Callejón Knockturn. Axel creía que la gente sobrestimaba ese lugar. Cosas horribles pudieron haber pasado, ¿pero quién es el cuerdo que sigue atacando a plena luz del día con posibles Aurores vigilando una de las zonas con tan mala fama? Por una parte, le parecía inadmisible de que, si tan peligroso era, ¿por qué no retiraban las tiendas y cerraban las calles? Por otra parte, ¿quién es el inútil que se pierde por sus calles "sin querer"? Claramente en cada esquina hay carteles que te indican hacia donde estás yendo, ¿hace falta ponerlo con neón y en fluorescente? Quizás estuviese exagerando, pero es que le repateaba la gente torpe que se pone en peligro por su gran discapacidad de detección del peligro. También contaba que la familia de Axel había ido continuamente a esos lugares para saber qué y habían salido muy bien parado siempre. Si Axel entraba es porque confiaba en sí mismo y pensaba que no era para tanto, aunque quién sabe, quizás se comiera sus propias palabras.

Axel alzó las cejas cuando dijo que el Callejón Diagón no era tan completo. Eso era verdad, los famosos móviles muggles no los puedes encontrar ahí... Pero mágicamente podías encontrar de casi todo lo importante. A no ser que estés buscando un elfo doméstico de contrabando o un hipogrifo asesino...

Después del pequeño roce, Axel aceptó que podía aceptar su opinión y pidió perdón por las formas, las cuales pudieron haber molestado a la señorita. Ella también se disculpó y Axel sonrió ladeadamente, conforme por el trato de paz que acababan de firmar. Axel intentó investigar el qué iba a buscar O. a un sitio tan poco transitado, pero no consiguió averiguar nada.

- Una buena idea. -dijo simplemente, cogiendo su batido y terminándoselo a la vez que se levantaba.

Se colocó la chaqueta y cogió su jaula, caminando detrás de O. para salir de aquel horrible lugar lleno de gente. Siguió a O. tranquilamente hasta llegar a una pequeña esquina, en donde ya se notaba que había bastante escasez de gente en comparación como estaba el camino principal del Callejón Diagón. La chica le dijo que esperase y él esperó. La joven no tardó en llamar a su águila e irremediablemente la pequeña que estaba en la jaula, se asustó. Lo que decía la chica tenía todo el sentido del mundo y lo mejor era aparentar como que no teníamos nada por si algún desgraciado te veía un buen botín.

- Bien pensado. ¿Tu águila no volverá a atacar a la mía despiadadamente? -preguntó, en lo que ponía la jaula sobre una caja de madera abandonada.- Es broma, no concibo la idea de que un ave tan bonita haga daño a una de su misma especie. -comentó y se limitó a esperar.

O. parecía tener muy bien domado a su águila y no tardó en acatar sus órdenes. Después de eso, Axel tomó la iniciativa y se giró para seguir caminando por aquellos callejones que cada vez se hacían mas estrechos. Así mismo, al ser más estrechos y seguir conservando aquellas casas altas, el sol pocas veces residía directamente en el suelo del Callejón Knockturn, si no más bien aquello se iluminaba por el reflejo de los rayos del sol que chocaban contra la pared. Para su gusto, no era para nada atractivo ese lugar. Era lúgubre y muy poco transitado, tal como en las películas muggles de terror. Sólo falta que se escuche una motosierra.

- ¿Y a tus padres no les preocupa que vengas aquí sola? -preguntó por curiosidad, a su padre no le haría gracia a pesar de que él fomentara las visitas aquí.- Bueno, como te he dicho nunca he estado por aquí... Sólo sé que existe la famosa Borgin and Burkes y si no vas ahí vas a tener que dirigirme tú por este recóndito lugar. ¿Tienes que ir a muchos lugares o solamente a uno? Para hacerme a la idea de cuánto tiempo debo de vivir sin sol en este lugar...

Dijo, con cierta incomodidad. Realmente aún no se habían metido en lo más profundo del Callejón, en la "zona mala" por llamarla de alguna manera. Pero algo le decía a Axel que no tardarían en llegar. La siguió tranquilamente, en realidad, no parecía tan malo, aunque para ser sinceros, aún no habían visto a nadie con pintas demasiado llamativas o que pudiera ser una amenaza.
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O. Winslow el Mar Ene 21, 2014 10:19 pm

Llevaba días pensando en venir al callejón, llevaba horas ya recorriendo las tiendas en busca de cosas útiles. El encuentro con Axel había sido algo peculiar. No me agradaban ciertos temas de conversación, prefería las trivialidades pero él prefería preguntar y preguntar. Malditos cuervos curiosos, sí cuervos, así llamo yo a los Ravenclaw, a fin de cuentas raven significa cuervo. Aunque quizás a ellos no les agradara, bah, qué más dará si les agrada o no.

Deje de lado el tema de las casas, así como la posible discusión sobre el uso o no de aparatos muggles, más el tema de los muggles en sí. Muy poca gente podía comprender lo que suponían para mí esa gente, por no decir que solo unos cuantos de mi casa eran capaces de comprenderlo, pero que le iba a hacer, la gente es así de especial, buscan la igualdad entre todos cuando nunca será posible. No es el orden natural del mundo. Pero a la mayoría de los magos les molestaba este parecer, por no hablar de los sangre sucia, ellos es que no soportaban ni una mera crítica constructiva sobre el lugar que les correspondía a sus familiares. Lástima que fueran tan tontos, quizás su futuro sería más prometedor si no fueran unos traidores a la sangre.

Lo cierto es que a pesar de las incomodidades surgidas, me resultaba cómodo estar ahí, o más bien, me atraía estar tomando un batido con alguien de séptimo, no solía relacionarme con gente de cursos mayores, salvo los de mi casa y ya sabemos cómo terminó mi último encuentro con uno de ellos.  

Al salir del Caldero Chorreante tenía bastante claro que hacer. Llamé a Aelo, después de decirle a Axel que esperase un momento. Aceptó que su águila se quedara con la mia, pero no pudo resistir hacer una bromita, no me hizo mucha gracia, pero debía respetar esa parte. Aunque consiguió arreglarlo no pude evitar añadir algo al respecto. – Te atacaría a ti antes que a esa pequeña, simplemente intenta rescatar a todas las de su raza, no le gustan las jaulas – Dije con una media sonrisa, tenía muy claro que Aelo arrancaría antes un ojo a un humano que hacerle daño a un águila, a no ser claro que intente arrebatarle lo suyo, era muy posesiva. Pero él accedió, y Aelo no tardó en coger la jaula con sus garras y llevarla consigo a lo alto de un edificio. Al mismo lugar donde guardaba mis compras, si era una mascota de lo más eficaz.

Él dirigió el paso, se internó en el callejón Knockturn delante de mí, lo cual era divertido, nunca había entrado y no sabía a dónde íbamos, ¿qué pretendía demostrar? Íbamos caminando, me gustaba observarlo desde detrás, ver en qué puntos giraba, y además podría comprobar si se asustaba cuando se encontrara con alguien de improvisto. Pocos aguantaban internarse aquí a solas. Yo estaba demasiado acostumbrada, hacer recados o buscar cosas en esta zona era mi hobby favorito.

Reí al oír su pregunta, no creo que les importara en absoluto que paseara por el callejón knockturn, y mucho menos cuando estaba aquí en parte por ellos. – Estás de suerte, nuestra primera parada será ahí, tengo que recoger unas cosas para mis padres, así que dudo que estén preocupados por que venga – dije guiñándole un ojo – se cómo manejarme en este lugar – terminé de decirle, llevaba las manos ocultas bajo la capa, sosteniendo una potente poción explosiva en la mano, gentileza de mi buena madre como precaución. A ver quien se atrevía a acercarse, podrían volar en mil pedacitos si la poción le había salido bien. Aunque miedo me daba usarlas, esa mujer no era muy buena con las pociones, pero no podía decirle que no, prefería venir sola, tenía asuntos personales que atender.

Pasé a su lado, tomando yo la delantera y guiándole hasta nuestro primer destino. No tardamos mucho en llegar a Borgin and Burkes y para su suerte no nos encontramos con nadie indeseable o poco amigable. Cierto es que a estas horas casi todos están metidos en los bares. Era la mejor hora para ir, entre comillas, pues siempre habían excepciones. Entramos en la tienda, no presté mucha atención a su reacción, ni siquiera me detuve a preguntar si quería entrar o no, simplemente abrí la puerta y me encamine al mostrador. – Buenas tardes – dijo el dependiente, así que me retiré la capucha, dejando ver con claridad mi rostro. – Buenas tardes señor – respondí con una leve inclinación de cabeza – vengo a recoger el pedido de los Winslow – aclaré mis intenciones, y dicho esto el dependiente asintió con la cabeza y fue a buscar las cosas. Me giré hacia Axel – Al final no es para tanto, ¿no? – le pregunté con cierta burla, si era la primera vez que se adentraba en el callejón imaginaba que sería por la mala fama que tiene, realmente no es para tanto, es un simple callejón, donde puedes encontrar cosas poco ortodoxas, pero un callejón al fin y al cabo.

No tardó mucho el dependiente en volver, dándome el paquete, a saber que había dentro, ya me enteraría. Le entregué un sobre con el dinero y le di las gracias, él hizo lo mismo, es decir, me dio las gracias y se quedó mirándonos con cara de pocos amigos. Todos en este callejón tenían cara de pocos amigos, no iba a ser este la excepción, tampoco pensaba sonreír yo. Con el paquete en la mano me acerqué a Axel, poniéndome de puntillas levemente para llegar a su oído, no quería que el dependiente me oyera – A donde vamos ahora será mejor que lleves la varita preparada – le advertí en un susurro, y salí de la tienda, pasar mucho tiempo ahí dentro podría no ser bueno para mis planes. Desde luego que no, este tipo podría irse de la lengua...o intentar detenerme, aunque lo dudaba, se dedicaba a lo mismo, solo que era más “cortés”.

Le hice un gesto casi imperceptible a Axel para que salieramos, esperaba que me hiciera caso, una vez fuera de la tienda podría hacer lo que quisiera, irse o seguir adelante. Veremos cuantas agallas tiene este cuervo. Yo me dirigí a la parte más oscura del callejón, con la capucha puesta de nuevo.
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Axel S. Crowley el Lun Ene 27, 2014 7:10 pm

Axel confió su águila al águila de la chica y siguió sus pasos por los callejones. Al parecer el chico había acertado y Borgin and Burkes sería el primer lugar a donde la muchacha tenía que ir. Por todo el camino, Axel se preguntaba cada momento que qué se le podía haber perdido a una chica allí dentro. Quizás fuese algún recado familiar, quizás estuviese haciendo alguna gamberrada o simplemente conocía a gente allí dentro, algo que no diría mucho a su favor. Personalmente, Axel pensaba que aquel sitio era un vertedero. Sus familiares compraban en aquellos lugares, pero eso no quitaba el hecho de lo que pensaba. Allí todo parecía sucio y sin prestigio, todo parecía ilegal. A él no le llamaba nada ese tipo de cosas. La chica dijo que tenía que recoger algunas cosas para su padre y Axel ya dedujo que su psicología anti—muggles no la había adoptado por sí sola, sino que probablemente viniese implantado desde pequeña. Suspiró y se encogió de hombros cuando le dijo que sabía cómo manejarse. ¿A patadas, quizás? Axel también sabía cómo manejarse y no sólo con la varita, tenía a tres hermanos y un padre muy poderosos conocidos con el apellido Crowley, con decir quién era, seguro que cualquier amenaza, mermaría. Y de no ser así, tenía un precioso palo mágico con quién dejar inmóvil a cualquiera. Por eso, en cierta manera, le daba un poco “igual” entrar a ese sitio, ya que seguía pensando que era lo más ruin que había, ya que nada de lo que se vendía allí estaba bien visto y no se utilizaba precisamente para usos convencionales. En su opinión, quién entraba allí a comprar algo, no planeaba nada bueno. Y tenía a su familia como referencia.

Entraron a Borgin and Burkes y el hombre saludó a la chica, la cual pidió lo que venía a buscar. El hombre se fue a buscarlo y O se giró hacía Axel, hablándole con un atisbo de burla en sus palabras. ¿Acaso pensaba que el chico tenía miedo o algo por el estilo? Se sentía inseguro, no iba a mentir, pero ni de lejos sentía miedo.

- Para nada. Aunque creo que no vendría mal una escoba en este lugar... -dijo asqueado con el lugar, sin apoyarse en ningún sitio y quedándose con los brazos cruzados detrás de ella-. O. Winslow te llamas, ¿no? Me suena tu apellido, aunque no sé exactamente de qué... -comentó para hacer tiempo, ya que había dicho el apellido en voz alta para recoger el pedido.

Una vez pasaron los formalismos, el pago y demás entre el dependiente y la muchacha, O. se acercó a Axel y le susurró en el oído que a dónde iban, sería importante tener la varita en la mano. Alcé la miró con una ceja alzada. ¿Acaso había algún lugar en este callejón en dónde no hiciese falta llevarla a mano? A Axel le daba la impresión de que O. le estaba menospreciando, intentando meterle miedo para verle achantarse o irse. La verdad es que no entendía con qué motivo, pero tampoco le importaba. No le apetecía absolutamente nada ir a un lugar en donde había que llevar la varita preparada, no obstante, recaería en su consciencia si al día siguiente apareciese en el profeta una mala noticia sobre una chica que se internó en el callejón sola y no salió nunca.

Sonrió forzadamente.

- Yo siempre la llevo preparada. -Y le guiñó el ojo, como anteriormente le había guiñado ella en sus frases burlescas.

La chica le hizo una señal y Axel salió detrás de ella. Por si hubiera poca iluminación en aquel callejón, el hecho de que estuviese anocheciendo hacía que fuese todavía más lúgubre aquel lugar. El Ravenclaw miró a la Slytherin con un alzamiento de cejas, en señal de que le dijese por dónde ir. La muchacha se colocó la capucha de su capa y Axel la siguió sin más. No tenía capucha y aunque la tuviese dudaba que eso fuese la taparle demasiado. Asumía que el mero hecho de ser un desconocido en esas calles ya era suficiente como para ser un blanco y por mucho que te tapases, no serviría de nada.

Se internaron en un callejón estrecho, de manera que Axel se colocó detrás de ella para poder caminar decentemente. De vez en cuando, el joven se percataba de que eran los protagonistas de muchas miradas, miradas que no estaba dispuesto a cruzar ya que sabía que cualquier tipo de gesto podría "ofender" a cualquiera y utilizar eso cómo mera excusa para un roce desagradable. Axel se molestó en hacerse hacia adelante para saber a dónde narices estaban yendo, ya que caminar deliberadamente por ahí no le hacía especial ilusión.

- ¿Y bien? ¿Ahora qué necesitas? Estaría bien... -Pero no le dio tiempo de acabar.

Al salir del pequeño callejón, entre él y la chica apareció un ropero (no literalmente hablando). Un hombre corpulento se le metió en medio, alto y envuelto por una gruesa capa, que empujó levemente a Axel hacia atrás. "Demasiado tiempo llevábamos allí sin problemas..." pensó.  Axel se relajó pues atendió a las sabias palabras de su profesor de Defensas... "Nunca seas el que empieza, porque probablemente seas el que pierda, además, dos no pelean si uno no quiere." "Creo que el profesor Höhner tiene demasiada expectativas en la fe humana..." añadió a sus pensamientos.

- ¿Te has perdido, pequeño? Si quieres puedo ayudarte -le dijo con voz grave.

Axel señaló a su compañera.

- No, gracias. Pero probablemente ella lo haga si no la acompaño, así que si me disculpas...

Intentó pasar por un lado, pero metió el hombro por en medio el hombre para no dejarle pasar. Axel retrocedió, con una sarcástica sonrisa a la vez que se humedecía los labios.

- Asumo que no me dejarás pasar. ¿Qué quieres? ¿Jabón? ¿O quizás un perfume? -dijo, mirándole con cierto retintín.

Sin embargo, esa nos fueron las palabras adecuadas, ya que no tardó en aparecer otra persona por detrás de él.
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O. Winslow el Lun Feb 03, 2014 1:14 am

Haberme encontrado con este chico y que encima accediera a acompañarme a el callejón Knockturn había sido una pequeña bendición. Si bien era sabido que nunca acudía a este lugar acompañada, ni tampoco iba con mucha frecuencia, hoy si necesitaba un acompañante, y si no era conocido mejor que mejor. Caminamos sin tener mucha conversación, aunque él no paraba de curiosear sobre mis propósitos al entrar a este lugar. Pero sus predicciones no fueron desencaminadas, y nuestra primera parada fue en  Borgin and Burkes. Fue una visita de médico, no tardamos mucho tiempo. No contuve mi impulso de preguntarle con burla, su respuesta me resulto graciosa, no pude evitar soltar una pequeña risotada. Tenía razón, un poco de limpieza a la tienda no le vendría nada mal, para mí que el dueño pensaba que la mugre le daba más encanto a su pequeña y popular tienda.

- Es normal que te suene, quiero decir, mi familia es muy conocida en Londres. – y tanto que sería normal que lo conociera, mi familia era muy conocida, una familia de larga tradición de slytherin, una familia que remonta sus inicios a siglos y siglos atrás, generaciones de magos poderosos, aunque no tan destacables como podría ser Grindelwall, pero se había ganado el respeto de muchos otros magos, era un nombre con peso, un apellido que algunos temían, pero sobre todo lo relacionaban con las malas artes, o, desde mi punto de vista, con el mejor uso de la magia.

Después de los formalismos con el dependiente, le susurré que preparara la varita, su expresión me dio a entender que se había ofendido por mis palabras. Bah. Pobrecito si herí su orgullo por advertirle, no lo conocía, quizás fuera como Longbotton y en lugar de una varita llevaba un simple palo. Todo era posible. Aunque si he de admitir que es más guapo que Longbotton. Salí del local, él me siguió, no le dije nada, si quería seguirme podía hacerlo, si quería irse estaba en su derecho, poca gente transita este lugar cuando está oscureciendo. A mí tampoco me gustaba, pero tenía que recoger una cosa más, y era indispensable para mí, indispensable para mis planes futuros, para recuperar a mi hermano.

Caminaba yo delante, conocía bien el camino, pero la oscuridad cada vez se cernía más en el lugar, las callejuelas eran a cada segundo más oscuras, pero estaba calmada, sabía que nada malo podía pasarme, bueno, más bien sabía que podía defenderme sin problemas. Por dios, espero que la poción funcione si tengo que usarla. No me preocupaba mucho por mirar al frente, ni siquiera miraba hacia atrás para comprobar si Axel iba cerca o estaba bien, me importaba un comino. Una sonrisa torcida se dibujó en mi cara al escuchar su pregunta. Iluso era si creía que iba a responder, bien le había respondido antes, lo que iba a hacer ahora no iba a contárselo, ni de coña.

Oí un golpe, un choque entre personas, pero no le di importancia, seguí mi camino con calma, hasta que escuché esa voz. Me resultó conocida, así que me detuve sin mirarme o girarme, de espaldas a la escena, escuchando con atención a lo que ocurría. Un suspiro de resignación solté al oír la insinuación de Axel. Se perdería él mucho antes que yo, de eso estaba muy segura. Se me escapó una risotada al escuchar la réplica de mi acompañante, había que ser tonto para haber dicho eso en un lugar como éste, y a personas como esas. Sin embargo, al ver aparecer a un segundo hombre, el cual reconocí, mi expresión cambio. Me interpuse en su camino, con la cabeza agachada, colocando una mano en su pecho. – Quiero lo mío – le ordené con frialdad. Poco había tratado con este susodicho, pero si algo había aprendido de mis padres es que cuanta mayor seguridad tengas en ti misma más te temerán los demás. Deslicé un poco la capucha hacia atrás con la mano que tenía libre, pudiendo ahora mirarle fijamente a los ojos. Mi mirada reflejaba mis ansias por tener lo que venía a buscar, un sutil brillo de malicia al saber que mis planes estaban cumpliéndose, que cada vez estaba más cerca de lograr mi objetivo. – Se suponía que estarías sólo – sentencié al ver que no articulaba palabra, tampoco le había dado tiempo. Pero no tardó en reaccionar, se puso a la defensiva en un abrir y cerrar de ojos, su cuerpo se tensó – Tú eras la que tenía que venir sóla, y sin embargo… – comentó con rintintín, señalando con un sutil gesto de cabeza a Axel. – Es mi seguro – respondí con la misma frialdad que antes. Esa palabra era la mejor que podría definirlo, mi seguro, si alguien me pillaba podría acusarlo a él, si mi vida corría peligro podía dejarlo a él ahí y yo salir corriendo, pero lo cierto es que me daba algo de pena, sería derramar sangre mágica por gusto. – No te lo voy a repetir, dame lo mío – insistí, esta vez con más frialdad y con un deje de enfado, la emoción del momento. Si las miradas matasen, en ese preciso momento Stuart podía caer al suelo. Estaba tardando demasiado en realizar una transacción que solo debía durar unos segundos. Algo no iba bien. Lo presentía. Pero no iba a irme de ahí sin lo que venía buscando. Stuart sacó un pequeño saco de tela – Aquí está, pero el precio ha subido. Comprende que la tarifa cambia según el número de personas presentes en la transacción. – añadió con sorna. Maldito hijo de perra. En mi interior la rabia comenzaba a acumularse con rapidez, suspiré hondo y me giré hacia Axel. Lo miré unos segundos, advirtiéndole, más bien pidiéndole que sacara su varita. Volví a girarme hacia Stuart, - está bien - le dije con calma, al oírlo él sonrió satisfecho. Metí las manos bajo la capa, como si buscara el dinero. Encontré mi daga, una pequeña reliquia familiar que siempre llevaba conmigo, y en un momento de despiste por parte del mago que tenía frente a mí le hice un corte en la mano con la que sostenía el saco. De la impresión lo dejó caer. Con rapidez logré coger el saco en pleno vuelo. El otro mago, el cual había cortado el paso a Axel, se alertó al oír el quejido de Stuart. Se giró unos segundos, para ver lo ocurrido, y lanzó un puñetazo a Axel. Fue lo único que logré ver por el rabillo del ojo, cómo el “armario” se disponía a golpearle.
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