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De compras antes de volver a la rutina [Axel S. Crowley]

O. Winslow el Sáb Ene 04, 2014 11:59 pm

Recuerdo del primer mensaje :

No me podía creer que ya hubieran pasado dos semanas desde el baile de navidad. Sin duda el tiempo pasaba muy rápido cuando estaba en casa. Mi adorada casa. Sin tener cerca a ningún sangre sucia ni a personas non gratas. Sin duda habían sido unos días relajantes, disfrutando de lo que más me gustaba, pintar un poco y aumentar mis conocimientos sobre las artes oscuras. Debía comenzar a tener cuidado cuando estaba en el colegio, había perdido el trato con los profesores, eso no era bueno, tenía que seguir manteniendo mi fachada de niña buena con todos ellos, que me tuvieran en estima como buena alumna por si alguno de los mequetrefes a los que minitorturaba se iba de la lengua no les creyeran. Ese era mi mayor logro, y este año por mis despistes estaba perdiendo esa estima.

Hacía dos días había recibido una carta de Sylver pidiéndome disculpas por su plantón, qué encantador, pero sus palabras desde luego no eran sinceras, apostaría mi varita a que la escribió simplemente por evitar que volviera a hacerle algo. Si en el fondo los rumores sobre que los Slytherin que iban en grupo eran unos gallinas en solitario eran completamente ciertos, desde que los pillabas a solas y mostrabas tus cartas se hacían pipí encima. Fuera como fuere, esperaba no volverme a cruzar con él en lo que quedaba de curso.

Como quedaba poco para la vuelta a Hogwarts decidí ir al callejón Diagon a comprar algunas cosillas, sobre todo materiales básicos como pergaminos y tinta. Además de darme algún caprichito. Así caminaba tranquilamente por el callejón, alzando la vista de vez en cuando al cielo, sabía que Aelo andaba cerca, pero debía admitir que a la gente no le gustaba mucho ver a mi pequeña águila muy cerca de ellos. Imbéciles que no respetaban la majestuosidad de mi pequeña.
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Axel S. Crowley el Lun Feb 03, 2014 6:51 pm

A Axel le hacía gracia que O. le dijese tan tranquilamente que su familia era conocida en Londres por casi todos. Cierto era que ahora le había refrescado la memoria, los Winslow. Posiblemente tuviesen más trato con los padres de Axel del que la chica podría imaginarse, al fin y al cabo, los Crowley tampoco pasaban precisamente desapercibidos. No obstante, no quería empezar la batalla de qué familia era mejor que la otra, ya que sabía que el hecho de decirlo podría desatarla. Y él admitía que seguramente, ninguna de las dos familias fuesen dignas de ser motivo principal de una discusión como esa.  

Axel tampoco sabía por qué se sorprendía  del comportamiento de la chica cuando a él se le aparecieron un ropero y tres matones más. Él alzó una ceja cuando la muchacha dijo que él era su seguro. “¿Perdona? ¿Su seguro?” pensó, mirando como hablaba con uno de los que había aparecido mientras él se encontraba entre la pared y el armario. No sabía de qué se sorprendía, su actitud tampoco había sido muy recíproca en cuanto a simpatía, aunque no esperaba que una chica de dieciséis años fuese tan perra. Suponía que esas características eran genéticas o se aprendían desde pequeñas. O quizás viniese de familia... ahora mismo Axel no era objetivo, pero no recordaba a los Winslow con muy buena reputación... Aunque seguramente estuviese influenciado por el cabreo que tenía y el hecho de dejarla allí sola con esos tres matones lo veía como una buena idea, aun sabiendo en su interior de que no era lo correcto.

Recibió una mirada de la chica, de aviso y alerta. Él tenía su varita en su bolsillo trasero, bastante a mano para sacarla con rapidez en caso de necesitarla. Sin embargo, para cuando quiso reaccionar al escuchar la queja del hombre que estaba frente a la chica, vio como el que tenía delante quería pegarle un fuerte puñetazo en lo que sería en mitad de su nariz. Evidentemente, Axel al escuchar el pequeño grito del hombre, miró directamente hacia allá y se quedó confuso al ver sangre salir de su mano, por lo que fue incapaz de evitar que ese puñetazo impactase directamente contra su nariz.

Como el hombre que tenía delante el muchacho era algo así como el triple de su masa corporal, también hizo que cayese al suelo y se llevase ambas manos a la nariz, la cual sangraba profusamente y le escardaba de una manera brutal. Jamás le habían pegado un puñetazo, era un chico bastante tranquilo, menos cuando le tocaban lo que no le tenían que tocar.

Desde el suelo, se sacó la varita del bolsillo a la vez que el ropero se acercaba a él con la intención de levantarle. Sin embargo, a Axel podrían ganarle físicamente hablando, pero lo que se refería a destreza mágica, él tenía las de ganar. Cuando el hombre se agachó para cogerle por el cuello de su camisa, Axel alzó la varita y conjuró un "Levicorpus" no verbal, lo cual hizo que el hombre fuese levantado por su pierna y quedase levitando en el aire mientras se movía con la intención de pegar al chico. Axel aun con una mano en la nariz, se levantó y le hizo un "Langlock" a su oponente para que dejase de maldecirle y fuese incapaz de alertar a más enemigos por la zona, así no podría hablar. Después de eso, necesitaba dejarle transpuesto para que no fuese un problema, ni para la chica ni para él.  No obstante, antes de hacer eso, quería cobrarse la que le había roto la nariz. Sujetó la varita con la otra mano y con toda sus fuerzas le pego un puñetazo en la nariz, de tal manera que probablemente Axel se hubiese hecho más daño que el propio matón. Así que lo liberó del Levicorpues y, a medida que caía, le lanzó un Expulso ofensivamente, lo cual hizo que saliese volando hacia atrás con mucha potencia, llevándose al otro compañero (que no era que el que estaba en frente a la chica, sino el tercero que se había mantenido al margen), con él. Ambos chocaron con la pared del fondo y Axel miró rápidamente a la chica.

No era una mirada muy impositiva, debía de tener toda la mano llena de sangre, incluso un poco había llegado a su suéter, ya que no paraba de sangrarle la nariz y el dolor que sentía era atroz. ¿Desde cuándo un puñetazo duele tanto? No obstante, fue una mirada suficiente para decirle mediante un movimiento de cabeza que nos fuésemos de ahí cuánto antes. De hecho, Axel estaba dándole la opción de irse con él por ese camino en ese preciso momento, si ella por alguna razón dudaba o decidía quedarse, Axel no iba a tomar participe de eso. Había recibido un doloroso golpe por una chica que acababa de conocer y que realmente le estaba empezando a caer especialmente mal por cómo le trataba. Que él recordase, él no le había tratado en ningún momento ni como una inferior, ni tampoco como un seguro. Aun así, esperaba que fuese lo suficientemente sensata como para coger la mierda que debía de tener en ese saco y salir corriendo de allí junto al chico.

Esperó su reacción, apuntando con su varita a los que estaban recomponiéndose del golpe por si tenía que defenderse de algo.
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O. Winslow el Lun Feb 03, 2014 11:18 pm

Nada estaba saliendo como tenía planeado, nada en absoluto. Todo debía haber sido rápido, entrar y salir. Pero no, todo se tenía que ir a garete. No debería confiar en la palabra de gente como ésta. Nunca aprendía. Hasta la fecha mi apellido había servido de algo, pero la avaricia era muy palpable en esto sujetos. Despreciables. Sólo quería dinero y su estúpida avaricia podría romper todos mis planes. No esperaba encontrármelos de ese modo, y menos que mi acompañante pudiera salir mal herido. Mentiras, esto último lo tenía previsto.

La calma con la que habíamos paseado con anterioridad había llegado a su fin, como un presagio de tormenta. Un simple choque de borrascas y comienza el huracán. Todo fue rápido. En apenas unos segundos había arrebatado el saco a Stuart tras hacerle un corte en la mano. Atisbé a ver como el armario le daba un puñetazo a Axel, sonó con fuerza. Me estremecí un poco al oír el golpe, pobrecito, con lo guapito que es. Aparecieron dos hombres más, me sentía acorralada. Todos sacaron sus varitas, incluido Stuart, cuyo rostro reflejaba la ira e impotencia porque una niña le hubiera herido. Con la daga en mano, fui retrocediendo lentamente, sin dejar de mirarlos con superioridad y sin temor. No tenía miedo. Puede que sí sintiera un poco de temor, pero no lo reflejaba, había aprendido a lo largo de mi corta vida que mostrar temor solo hacía más fuerte a tu enemigo. Y yo era más fuerte que ellos. No físicamente, eso era obvio, pero sí espiritualmente. Tenía mucha fuerza interior y mi determinación no tenía límites. Tenía claro que iba a salir del callejón con lo que había venido a buscar y nadie me lo iba a impedir. Metí la mano izquierda bajo la capa, buscando la poción de mi madre, era mi salida y esperaba que funcionara. Uno de los hombres estaba cada vez más cerca de mí, parecía dispuesto a lanzarme un hechizo cuando algo extraño sucedió. El armario que había golpeado a Axel llegó volando y se lo llevó con él. Chocando ambos contra la pared. Estaba sorprendida, y ello se reflejaba en mi rostro. Miré hacia Axel, perpleja me hallaba, no alcanzaba a creerme lo que acababa de ocurrir. Lo había subestimado, quizás, pero lo que había hecho me sorprendió. Comprendí lo que su mirada quería transmitirme. Probablemente no lo comprendiera como esperaba. Pero mi instinto me decía que tenía que salir corriendo con él.

Asentí levemente con la cabeza en su dirección y volví a mirar a los dos que quedaban en pie, incluido Stuart. Lo miré con desprecio y saqué mi mano de debajo de la capa. – Esto no era lo acordado – le grité con rabia. Sonrió de manera perversa y agitó sutilmente su varita, me lanzó un hechizo, pero logré esquivarlo, ya que había comenzado a desplazarme hacia mi compañero. Me giré de nuevo hacia ellos, los dos que se habían golpeado contra la pared comenzaban a recomponerse, poco tiempo teníamos. Apreté mi mano izquierda – espero que funciones – susurré antes de lanzar la poción contra ellos. Comencé a correr nada más lanzarla, agarrando a Axel de la mano para que también corriera. No quería que se perdiera, o que me dejara atrás. No habíamos avanzado más de dos metros, pero sí lo justo para doblar una esquina, cuando se oyó una fuerte explosión. Una gran masa de humo negro nos alcanzó al instante. Estornude un par de veces. – Al menos humo ha soltado – dije un poco esperanzada. No tenía muy claro qué efectos había provocado la poción, ni tan siquiera si había causado daños a alguno, pero tenía el presentimiento de que si corríamos un poco más los perderíamos de vista. – Lo siento – le pedí disculpas a mi acompañante mientras corríamos. Me sentía culpable por lo que le había ocurrido. Se había arriesgado por mí, y eso pocos lo hacían, todos salían corriendo.  

Corrimos y corrimos hasta llegar a un lugar más seguro. A nuestro punto de partida, podríamos decir. Un recodo cerca de la salida del Callejón Knockturn, donde unas cajas podrían ocultarnos de las miradas de los viandantes. Realmente estábamos ya en el Callejón Diagon, era una zona que nadia sabía exactamente a qué callejón pertenecía, pero todos los que visitaban el callejón Knockturn con frecuencia lo consideraban parte del Diagon. Me paré frente a él, observando su rostro, no paraba de sangrar. Me quité el pañuelo que llevaba al cuello y con él hice un ademán de limpiarle la sangre, sin llegar a hacerlo, tenía miedo de hacerle daño. Retiré la mano de su cara y se lo tendí, para que él pudiera usarlo. Estaba asustada y nerviosa, me sentía culpable, algo inusual para mí. – Lo lamento, no pensé en que pudieran hacerte daño – mi voz reflejaba mi estado anímico. Nunca antes me había sentido así, o al menos no lo recordaba.

Lo miraba con tristeza, esperando que dijera algo. No sabía que hacer, ni que decir. Quería ayudarlo, quería agradecerle lo que había hecho, pero no sabía cómo diantres hacerlo. Nunca lo había hecho antes. Mi ego no me lo permitía. Verle sangrar me apenaba, pero ver la sangre con la adrenalina que todavía recorría mi cuerpo me excitaba. Todo era muy confuso. *Cálmate, respira hondo y se cordial* Me decía a mí misma, tenía el impulso de besarle, ¿porqué? Simplemente me ha salvado la vida. Bueno, ha sido a medias, y cierto es que fui yo quien lo puso en peligro. – Gracias por lo que has hecho – logré articular después de un momento de dialogo interno y dudas y más dudas. No concreté, tampoco era frecuente que agradeciera nada. Me hacía parecer débil, o eso creía yo. – Te puedo acompañar a San Mungo, si deseas, o…haré lo que me pidas, te lo debo – mi tono de voz sonó ansioso y nervioso. Estaba preocupada. YO estaba preocupada por otra persona. El mundo se estaba volviendo loco.

Me quedé parada unos segundos mirándolo, esperando que dijera algo, deseando saber que haría. No paraba de morderme el labio, nunca antes había estado así de nerviosa. ¿Y si llegaba y se presentaba ante un auror para acusarme? ¿Y si decidía ahora lanzarme una maldición y dejarme ahí? No, no lo haría, o sí….no lo sabía, me desquiciaba no poder controlarlo todo.  
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Axel S. Crowley el Jue Feb 06, 2014 10:24 pm

Axel estaba enfadado, dolido físicamente e indignado. “Maldición, ¿tan difícil era dar con una persona que te tratara bien?” pensó, mientras aun visualizaba la escena. Él podía soportar todo tipo de situaciones, podía discutir, podía aceptar cualquier creencia u oposición, simplemente pedía una persona inteligente y tranquila, alguien que, por mucho que le llevase la contraria, le tratara con respeto, que no le menospreciase y que mucho menos se creyese superior. Axel era uno de los pocos de su familia que habían salido respetuoso y le gustaba que le tratasen igual de bien a él. Odiaba dar y no recibir. Pero lo que odiaba de verdad era que le usaran por puro interés, algo que acababa de vivir en primera persona.

La chica le sujetó la mano y Axel se dejó guiar por ella, con la otra mano fija en la zona de la nariz ya que el chico temía que del dolor que sentía se le fuese a caer. Jamás le habían pegado, así que el dolor atroz que sentía en la cara era totalmente nuevo para él. Escuchó como la chica se disculpaba mientras corríamos, después de que una explosión sonase detrás de ello… “Por lo menos era inteligente y ya que no usa hechizos, se defiende con magia… ahora sólo falta que utilice esa inteligencia para el trato social y civilizado…” pensó con enfado, aun rencoroso por la parte que le tocó pasar a él. No obstante, a pesar del ego que parecía mostrar la chica y la seguridad con la que en un principio se había dirigido a él, el hecho de que le pidiese perdón le pareció algo bastante sorprendente. Es raro ver a un Slytherin pedir perdón. ¿Desde cuándo aceptan sus errores? Axel se ahorró el comentar nada, ya que la sangre también había invadido su boca.

Sin saber muy bien por dónde fueron, pues Axel estaba ocupado mirando al suelo para ver si su nariz se caía de improvisto, la chica se paró detrás de unas cajas mientras se quitaba un pañuelo y hacía ademán de quitarle la sangre, por suerte, se lo tendió para que pudiese hacerlo él, algo que le pareció mejor idea. Intentó retirarse lo máximo posible la cantidad de sangre de la cara, sobretodo de los labios y del inferior de la nariz. Le daba pena manchar un pañuelo cómo ese, ya que a pesar de tener la nariz echa polvo, podía notar su dulce olor. Miró a la chica enarcando una ceja, con cara de pocos amigos, era inevitable que estuviese enfadado, tanto por su comportamiento como por haber recibido, esperaba que la chica lo entendiese y no esperase un Axel sonriente, feliz y lleno de adrenalina. Un golpe y una huida no era lo que más adrenalina le producía al chico.

- ¿Acaso has pensado, por lo menos, a lo que te arriesgas metiéndote ahí? Tendrás el incentivo de ser una Winslow y saber desenvolverte y librarte de posibles amenazas, pero ten en cuenta que si eres tan conocida, puedes ser el punto de mira para cualquiera… -dijo  molesto, pero se dio cuenta de que era la segunda vez que se disculpaba, así que pensó que lo mejor era dar aquello por zanjado, al fin y al cabo, él fue el que decidió acompañarla-. Perdona, olvídalo, es que me duele, joder… -se quejó, echando la cabeza hacia atrás y apoyándose de espaldas a la pared.

La chica le agradeció lo que había hecho y Axel aun en aquella posición le miró de reojo, con una cierta sonrisa en los labios. Lo hizo un poco para salvarse a él de una paliza monumental, pero cabe añadir que si ella hubiera estado en peligro, hubiera hecho un poco lo mismo. A continuación, la chica le nombró San Mungo, algo que a él le hizo abrir los ojos y bajar la cabeza mientras negaba, asombrado por la proposición que, de no estar en esa situación, hubiera sido mucho más interesante de pensar como recompensa.

- San Mungo no, llamarían a mis padres y prefiero ahorrarme explicaciones con seres unicelulares… -comentó-. Ya haré que mi mayordomo me lo mire y me lo arregle, algo de magia curativa debe de saber, sino, menudo mayordomo… O quizás el Elfo Doméstico, esos seres nunca dejarán de sorprenderme, con un chasquido de dedos lo hacen todo… -decía, arrugando el ceño mientras se tocaba el tabique nasal y ponía mala cara.

Observó a la chica, la cual se había auto-ofrecido a hacer lo que fuera, ahora mismo lo que necesitaba era intentar pasar desapercibido para que al entrar a la casa pudiese ir directamente a arreglarse eso sin que sus padres lo vieran.  

- Me reservaré el pedirte algo para un momento en donde mi mente se luzca —bromeó con cierta malicia—. ¿Podrías decirme cómo lo tengo? -No paraba de salir sangre, a pesar de que ahora salía en menor cantidad. Pero él no se veía la nariz y quería saber si estaba tan mal como él lo sentía o si era todo un dolor interno. Sin embargo, él se la imaginaba de la peor manera posible- Acércate -le pidió, acercándose él también a ella para que pudiese verla- Pero no toques -advirtió con cierta perspicacia divertida.

Una vez en frente ella la miró a los ojos mientras ella miraba a la nariz, para intentar averiguar cómo de mal estaría dependiendo de la cara y la mueca que pusiese. Sin embargo, tenía una buena cara de póquer o Axel era malísimo descubriendo caras, ya que en vez de escrutarla y averiguar algo, se quedó fijándose en sus ojos color miel que tanto resaltaban. Cuando te pide perdón y parece preocupada, gana mucho en belleza. Esperó su veredicto, notando su pañuelo en la mano.

- Te compraré otro pañuelo -dijo al final aun en aquella posición de observación médica.
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O. Winslow el Vie Feb 07, 2014 12:17 am

Todo ocurrió con rapidez, demasiada rapidez. La confusión fue grande para mí, pero reaccione dentro de lo posible. Agarré a Axel y comenzamos a correr cuando lancé la poción de mi madre. Qué, bendito sea Merlín, había funcionado. No conocería jamás cuales fueron los efectos que produjo, pero sí que mucho humo soltaba. Y dado que ya no nos seguían, tuvo que ser efectiva y retenerlos. Llegamos a una zona imparcial, ocultos por unas cajas, donde nadie que nos buscara nos encontraría y nadie huronearía lo que hacíamos. Lugar perfecto para reiterar mis disculpas. Seguía sin creerme que me estuviera disculpando. Debía estar enferma o hechizada, quizás fueran esos días en que todo se altera en mi interior, pero fuera como fuere lo había hecho y ya no había vuelta atrás. Me sentía culpable, para que negarlo, y responsable de que le hubieran golpeado. Pero a la vez agradecida por lo que había hecho. Tenía sentimientos encontrados, nadie solía ser amable conmigo, yo tampoco lo era con nadie, y con él no lo había sido, sin embargo me había acompañado, me había ayudado con esos tipejos. Agh, maldito Stuart, esta me las pagaría. Haría que lo metieran en Azkaban, buscaría el modo de lograrlo. Espero que lo que le había pedido esté en el saquito, espero que sí, sino no podré elaborar mi plan. No sabía si era el plan a, el b o el z, pero era mi plan.

Le tendí mi pañuelo, mejor que él se limpiara la sangre a que lo hiciera yo, no quería causarle más daño. Era la primera vez que ver a alguien sufrir no me causaba diversión. Maldito cuervo, porqué tuvo que ser amable, ¿porqué?

- Claro que lo he pensado, pero me da igual, me da igual lo que me pase, haría cualquier cosa por recuperar a mi hermano. Iría al mismo infierno por recuperarlo. -  Repliqué con cierta rabia contenida, encima que le pido disculpas me suelta el sermón. Lo que me faltaba. Agaché la cabeza al oír lo que añadió. Era totalmente plausible que estuviera enojado y hablara más el dolor que él. No esperaba que fuera amable y que sonriera con lo que acababa de pasar, pero odiaba que la gente me sermoneara. ¿De verdad creen que no pienso antes de hacer las cosas? Me subestiman demasiado.

Me sentía impotente, no lo comprendía, nunca me preocupaba por los demás, sin embargo ahora…. Me estaba ablandando, o puede que fuera el simple hecho de que él se había preocupado por mí. Puede que me preocupara por eso. Si lo pensaba muy poca gente se había preocupado por mí antes, los podía contar con los dedos de una mano y me sobraban dedos. Todo esto era nuevo para mí. Me calmó un poco ver la pequeña sonrisa que esbozó al oír mi agradecimiento. No era una sonrisa normal, debía dolerle mucho la nariz.

Era irónico que ahora le ofreciera acompañarlo a San Mungo, cuando al conocerlo habíamos bromeado con ello. Aunque ahora sí que lo necesitaba. Se me escapó una pequeña risita con su comentario. Seres unicelulares, buena forma de llamar a sus padres. A saber quiénes eran, aunque para tener mayordomo y elfo domestico debían ser de alta cuna, incluso puede que los conociera, pero ahora poco importaba. Sólo importaba él. Me llevé la mano al pelo, echándomelo hacia atrás y manteniendo mi mano uno segundos a la altura de la nuca. Pensando en que hacer, pero a la vez bloqueada por completo. ¿Si no iba a San Mungo que hacer?  

Sonreí con más tranquilidad, un poco más relajada. Creo que me he metido en un lio ofreciéndome de este modo. – No seas muy malo – respondí con tono burlón, mezclado con el nerviosismo que seguía teniendo. Asentí con la cabeza. Claro que podría mirar como lo tenía. ¿Pero qué decir? No es que haya visto muchas narices rotas o cosas así. Siempre usaba magia, nunca las manos como para ver a alguien en un estado similar. Aunque podría asemejarse a los jugadores de Quidditch cuando reciben una bludger en la cara. Me acerqué a él cuando me lo pidió. Su advertencia sobraba, no pensaba tocarlo, no fuera a hacerle más daño. Qué decir, no veía nada extraño, quizás la nariz un poco fuera de su lugar, pero qué se yo, no soy médico. Ni siquiera tenía aspiraciones a serlo.

Mi rostro no reflejaba nada, llevaba muchos años perfeccionando mi poker face. Me costaba expresar con mi rostro lo que se pasaba por mi mente. O no de forma muy común. Pero sí lo miraba con preocupación y cierto temor. No tenía buena pinta, no paraba de sangrar pero seguía estando guapo. Y la sangre le daba un toque más atrayente. Inconscientemente seguía mordiéndome el labio inferior, ¿qué hago? ¿Qué digo? Por algún extraño motivo me volví a quedar paralizada mirando su rostro, más bien su nariz, mientras me debatía interiormente sobre cómo actuar. Recordé lo que él había nombrado antes, los elfos domésticos eran buenos en muchas cosas y lo hacían todo con un chasquear de dedos. ¿Me pregunto si Lrog estará ocupado? Negué un par de veces con la cabeza al oír sus palabras. Me había ensimismado. Lo miré a los ojos directamente. – No te preocupes por el pañuelo. No es necesario que me compres ninguno. - Respondí con soltura, aunque sin apartar la mirada de sus ojos. Estaba semi-hipnotizada. *Hazlo* me dijo una voz interior. Desplace unos segundos la vista de sus ojos a sus labios, parcialmente cubiertos por la sangre que brotaba de su nariz, y volví a mirar sus ojos. *No* me dije mientras negaba sutilmente con la cabeza. Agaché la cabeza, suspirando suavemente.

- No tiene muy mala pinta. La nariz algo más desviada que antes de entrar al callejón, pero no está morado – comenté, no tenía muy claro si eso ayudaría o no. Pero se me iluminó la bombilla. – ¿De verdad crees que un elfo te podrá curar? Porqué si es así… – dije con vitalidad, emocionada por mi ocurrencia, aunque él lo había sugerido. Saqué un pequeño espejo de mano de mi bolso, ¿Qué mujer no llevaba uno? Lo miré unos segundos. – Ven – ordené con firmeza. Unos segundos después Lorg apareció a nuestro lado. – Así tus padres jamás se enterarán, si es que puede curarte – le expliqué a Axel lo que se pasaba por mi cabeza – ¿Podrás hacerlo, Lrog? - le dije a mi elfo domestico con un tono suplicante. A diferencia de lo que opinaba mi familia sobre ellos, yo apreciaba a Lrog casi tanto como a Aelo, era el único que siempre estaba a mi lado, mucho más pendiente de mí que mis padres.

Me quedé observando, no sabía que iba a ocurrír, si Lrog podría curarlo o que diantres pasaría. Sólo ansiaba que se recuperara, que dejara de sufrir. Le agarré la mano que tenía libre, en un impulso. Me temblaba un poco la mano, pero fue mi modo de decirle que se tranquilizara y que no quería que sufriera. Aunque realmente la que necesitaba notar su mano para tranquilizarse era yo. ¿Qué me pasaba? ¿Porqué actuaba así?
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Axel S. Crowley el Dom Feb 09, 2014 11:55 pm

Axel se sorprendió cuando, tras su pequeño sermón, la chica saltó con rabia hablando que haría cualquier cosa por recuperar a su hermano.  Para ser sinceros, Axel no tenía ni idea de cómo reaccionar a eso, ya que no solo se le veía con rabia, sino también dolida. Evidentemente, el Ravenclaw no intentaba hacerle sentir mal (a pesar de que en el fondo lo desease un poco por el lío en el que le había metido), pero no le parecía ético el hecho de sacar a la luz los peores recuerdo de la gente, aun hubiese sido sin querer. No sabía si debía preguntar o simplemente dejar el tema en el aire, por una parte sabía que si preguntaba, lo más normal y evidente era que la chica le dijese un simple y cortante “no es asunto tuyo” y siguiese igual que siempre y, por otra parte, Axel era la típica persona que, si podía preguntar lo hacía para saciar su curiosidad. Así que como no tenía nada que perder y quizás la chica querría hablar…

- ¿Qué le pasó? -preguntó simple y llanamente. Si lo tenía que “recuperar” es que algo debió de haberle pasado para haberle perdido. Pero el chico no insistió más.

A Axel no se le había ocurrido absolutamente nada para vengarse, lo dijo por el mero hecho de apaciguar aquella situación, aunque estaba claro que cuando su nariz dejase de atraer toda la atención de su cerebro, iba a ponerse a pensar en cómo cobrarse ese interesante ofrecimiento de la chica. El Ravenclaw le pidió, por favor, que si podía mirarle la nariz para ver el grado de importancia de la herida, quizás si se limpiaba la sangre podía caminar tranquilamente, o quizás por mucha sangre que se limpiase, sería imposible hacer pasar desapercibido una nariz de payaso como la que se le podría quedar.  

La chica rehusó a que Axel le comprase otro pañuelo y al chico le pareció bien. No iba a devolvérselo tal y como estaba, ya buscaría la manera de devolvérselo en otro momento. La chica se pegó unos largos segundos en observarle la nariz. El chico había terminado con la mirada perdida en su rostro y para cuando quiso reaccionar, la chica ya había hablado diciéndole que no tenía muy mala pinta. Axel suspiró un poco más aliviado y se hizo hacia atrás con cierta incomodidad por haber estado tan cerca de la chica. Aunque para hablar más claros, fue nerviosismo más que incomodidad. La verdad es que el día de hoy estaba siendo de lo más emocionante, ya que emociones no le faltaban por ninguna parte. A la chica pareció avisparle el comentario anterior de Axel, a lo que Axel arrugó el ceño.

- Supongo que sí, mi Elfo es capaz de hacer todo con un chasquido de dedos, asumo que pequeñas cosas como estas, sean pan comido para ellos… -comentó, observando como la chica sacaba un espejo de su bolso, con el cual se comunicó con alguien al que ordenó venir. Por un momento Axel se pensó que volverían a meterse en un lío, pero unos segundos después apareció un Elfo Doméstico encima de las cajas que rodeaban a los jóvenes magos.
Axel se fijó en él mientras O. hablaba tanto con él como con su servo. Era un Elfo con las orejas largas y caídas, tenía una nariz alargada y unos grandes ojos que marcaban casi toda su cara, además de tener ese trapo mugriento como única ropa, lo cual simbolizaba su esclavitud. Se llamaba Lrog y O. le había preguntado si podía curar al chico.

- Lrog puede hacerlo. ¿Debe de ser un secreto, señorita Winslow? -preguntó el pequeño Elfo para saber qué poder decir y que no a sus demás amos.

Axel sintió como la mano de la chica sujetaba la de él, la tenía fría y suave, lo cual fue un agradable contraste en contacto con la cálida del chico. No se esperaba ese contacto por parte de la chica, pero entendía que el hecho de haberse metido allí y que las cosas no saliesen como ella tenía pensada, la había asustado. Al fin y al cabo, ella podría haber sido la que terminase así o peor, o podría pensar que Axel por haber terminado así podía chivarse o cualquier otra cosa peor. Algo que no iba a pasar. Ya estaban en un lugar seguro, pensar en aquellos para Axel ya carecía de importancia. Axel mantuvo la mano sujeta a la de la chica y la otra la volvió a subir a su nariz al notar como un hilo de sangre resbalaba hacia abajo.

- Pues si me arreglas esto, Lrog, te debo un favor… -murmuró Axel.

El Elfo se subió a una caja más alta para ver mejor al nariz del chico y chasqueó los dedos mientras sacaba la lengua por fuera, en un gesto que parecía ser de concentración. Tras unos segundos, de la nariz del chico sonó un doloroso “crack”, fruto de que acababan de colocarle la nariz en donde iba.

- Me cago en la… -se quejó dolorido soltándole la mano a O. para llevarse ambas a la nariz en un gesto protector.
- Lrog nunca dijo que no fuese doloroso… -Y puso una divertida mueca. Luego se giró a su dueña con una leve reverencia-. ¿He complacido a mi ama? -agregó al final para dar su trabajo por terminado.
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O. Winslow el Lun Feb 10, 2014 11:34 pm

Había sido idiota, ¿por qué me había exaltado tanto? Con lo curioso que es este cuervo no tardaría en preguntar, y mucho no tardó. Suspiré profundamente, soltando el aire lentamente. Agaché la cabeza y me llevé las manos a la cabeza. No tenía que haberlo nombrado.  ¿Debía contárselo? ¿O no? Realmente no debería, pero lo cierto es que me apetecía. Pero no, mejor no. Luego me tomaría por loca o rara, ¿quién se cree que mi hermano nos abandono por una sangre sucia a causa de que esta lo tenga hechizado? Nadie me cree, ni mis padres, mas yo sé que es así, me lo dice mi instinto, y hasta la fecha poco me ha fallado. – ¿Para qué contarlo? Todo el mundo cree que estoy equivocada, que estoy loca en resumidas cuentas. - respondí sin responder, con un suspiro y desconcertación. Había dicho más de lo que debería. No se puede decir que hablara mucho, pero tampoco me gustaba explicarme. Estaba en mi naturaleza no confiar en nadie y mucho menos explicar nada.

Quizás me arrepintiera de haberle ofrecido la posibilidad de vengarse, sin embargo no me importaba en estos momentos. Estaba preocupada, nerviosa por lo que había ocurrido, por lo que le había ocurrido. Sentía algo de culpa. Culpa, sentimiento extraño, nunca lo había experimentado, no antes al menos, que yo recuerde. Me acerqué a él para observar su nariz. Fue un momento incómodo, bueno, más que incómodo fue…. No, desde luego había sido incómodo. No había otra forma de describir la situación. Ver la sangre en su rostro tenía una reacción química en mi interior que me incitaba a…¿besarle? No, no podía ser. Pero sí que la sangre le hacía más atractivo. Aghh! Me serparé de él comentándole que no tenía tan mala pinta. Sintiendo un pequeño alivio al dejar de tenerlo tan cerca.

Pero seguía preocupada. Le hice una pregunta a la que conocía la respuesta, o al menos segundos antes lo había insinuado. Al oír que reiteraba sus palabras saqué mi espejo de mano. Ordené a Lrog que viniera y apenas tardó un pestañeo en aparecer. Era muy eficaz cuando quería. Para mi sorpresa afirmó que podría curarlo. Una leve sonrisa se dibujó en mi cara, satisfecha por que pudiera hacerlo. Asentí con la cabeza a la pregunta del elfo. – Por supuesto, nunca podrás contarle esto a nadie – respondí con seriedad. Si mis padres se enteraran de que he llamado a Lrog para curar a un extraño, para curar a alguien, me castigarían. Ayudar a otros no era una de sus enseñanzas, más bien al contrario.

Observaba con detenimiento, rezando por que todo saliera bien. Había agarrado su mano cálida. Sentirlo me tranquilizaba, era extraño. Recuerdo sujetar la mano de mi hermano cuando algo malo ocurría, pero él más que sujetarme la mano me abrazaba. Puede que el hecho de agarrar a otra persona hiciera que uno se tranquilizara, puede que fuera un impulso humano el sentirse seguro aferrándose a otro ser. Quizás el que me hubiera salvado la vida, por así decirlo, hubiera provocado toda esta revolución en mi interior, que sentir su piel cálida, su tacto, tuviera un efecto calmante en mí. NOOO!!! Definitivamente no, no podía ser nada de eso.

Reí levemente.  – No deberías haber dicho eso. Lrog no es un elfo común. – le dije a Axel mientras Lrog se subía a una caja para observar mejor.  Lrog a pesar de ser fiel, como todos los elfos, tenía una mentalidad muy parecida a la de mi familia, tenía muy arraigados los pensamientos familiares, pero a pesar de ello siempre había sido especialmente bueno conmigo, me había enseñado mucho, no, no me había enseñado, pero si me había protegido en muchas ocasiones, incluso llego a vengarse de mi primo por mí. Aún lo recuerdo. A pesar de lo que yo le había hecho al mequetrefe de mi primo, Lrog decidió una noche colarse en su habitación y llenar su cama de hormigas rojas. Al día siguiente mi primo parecía una columna de lava semifria, todo su cuerpo estaba cubierto de bultos rojos a causa de las picaduras. Eso pasa por tener el sueño profundo.

Al oír el chasquito de su nariz colocándose apreté levemente su mano, durante un instante. Parecía doloroso, y su expresión posterior lo había confirmado. Espero no romperme jamás la nariz, ni ningún hueso. No parece nada apetecible. Se llevó ambas manos a la nariz y Lrog hizo uno de sus comentarios habituales, reí por lo bajo. Siempre tenía que decir algo, debía tener la última palabra. – Así ha sido, Lrog. Gracias por curarle. – le respondí con calma y cierta dulzura, lo cual sonaba extraño al salir de mis labios – Aelo está en alguna azotea, recoge las compras y llévalas a mi cuarto. Pero no te lleves al águila que está con ella. – le ordené. Esperaba que cumpliera, si no llega a ser por esto lo hubiera llamado de todas formas. Era mucho más cómodo que él se llevara las cosas a que yo tuviera que cargarlas. – Sí señorita, así lo haré – y tras terminar la última palabra desapareció. Era rápido cuando quería, y muy silencioso. Muy loable su actitud para mí.

- ¿Te encuentras mejor? – pregunté sin esperar respuesta. No tenía mucha lógica la pregunta. Debía sentir mucho dolor, pero supongo que sería momentáneo, estaba curado. Si Lrog decía que podía hacerlo, era así, nunca mentía, no a mí. Me quedé unos instantes mirándolo fijamente de nuevo. Observando su rostro, ya no sangraba como antes, sólo tenía restos de sangre. Pero seguía teniendo ese no sé qué.  Hice un pequeño ademán de inclinarme hacia él, pero me detuve. Agaché una vez más la cabeza, para levantarla lentamente, fijando mi mirada en sus ojos. – ¿Puedo? – le pregunté estirando mi brazo, llevando mi mano hacia su rostro. Tenía restos de sangre, sólo quería limpiarle un poco, era consciente de que tenía las manos frías, quizá le hiciera bien. – Prometo no hacerte daño. – Dije levantando la mano izquierda en señal de juramento – si lo hago puedes entregarme a los aurores, seguro me llevaran a Azkaban si descubren lo que compre, o peor, me expulsarían de Hogwarts. Así que… - añadí, en voz baja, no fuera a aparecer un tercero que decidiera hacerse el héroe. Tampoco era para tanto lo que llevaba encima.  Mientras esperaba su respuesta me acerqué levemente. Al tener la mano en alto se podía notar un pequeño temblor. ¿Qué diantres me pasaba? Con lo que disfrutaba viendo a la gente cubierta de sangre, sobre todo si lo había provocado yo, y aquí estaba, nerviosa como nunca porque a alguien que acababa de conocer le habían dado un puñetazo por mi culpa. Aunque se lo había buscado… ¿A quién se le ocurre insultar de ese modo a un tipo que le dobla en cuerpo?
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Axel S. Crowley el Mar Feb 11, 2014 8:16 pm

Axel abrió los ojos intentando pasar desapercibido debido a la respuesta de su acompañante. ¿Acaso no había mostrado antes una actitud de aceptación aunque no estuviese a favor de su opinión? El hecho de que hubiese obtenido esa respuesta le había hecho querer saberla todavía más, ¿qué podría ser eso por lo que todo el mundo cree que está loca? Quizás realmente fuese una locura, o quizás simplemente un sueño o una meta que nadie comparte. Sin embargo, por eso no debe ser un obstáculo. Aunque teniendo en cuenta cómo se había comportado hoy, temeraria y ambiciosa en conseguir su objetivo, Axel estaba seguro que ninguna objeción por parte de nadie sería un obstáculo para ella, algo que le sorprendió. Quizás lo que realmente quería era no contar nada de lo que pasaba por su mente, pero el chico no iba a juzgarla. Por lo menos no más de todo lo que ya lo había hecho por todo este día cargado de discusiones, miradas de odio y un encontronazo peligroso en el Callejón Knockturn. Axel observó su reacción y arrugó la nariz, pensativo. En un principio, la vio como alguien bastante independiente y por lo que había visto, no se había equivocado, no del todo.

- Hm… y yo que pensaba que eras una chica a la que no le importaba lo que pensasen de ella… -comentó con cierto doble sentido.- Supongo que me equivoqué, al fin y al cabo, sólo te conozco de hoy… -añadió, para ver si la animaba.- Si te sirve de algo, yo no voy a pensar que estés loca o equivocada cuentes lo que me cuentes. Personalmente creo que no hay equivocaciones o locuras, simplemente impulsos que pueden desembocar en un error o no… -explicó con su pesadez de Ravenclaw, pero se dio cuenta y sonrió, volviendo al tema-. El caso es que ahora tengo curiosidad por saberlo.

Calló dejando que fuese lo que ella quisiera. Ahora si pegaba, por su parte, un “pero a ti que te importa, Ravenclaw enterado”, lo cual Axel respetaría fielmente con una metafórica patada en el trasero, algo de lo que estaba ya bastante acostumbrado. Pero era algo de lo que no aprendía, era alguien metomentodo y siempre quería saciar su curiosidad. Desgraciadamente, ese era uno de sus encantadores defectos.

Gracias a Dios, entre la mente de ambos magos dieron con la perfecta solución: contactar con el amigable Elfo Doméstico de O. para curar la nariz del chico. Era perfecto, ella se sentiría menos culpable y él podía evitar ir a cualquier sitio de curación y evitar también hacer de Tom Cruise en Misión Imposible para entrar a su casa sangrando por la ventana para que nadie le viese. Algo bastante difícil, ya que su habitación era el ático de la casa. Suspiró con tremenda satisfacción cuando se tocó la nariz con ambas manos y no le dolía tanto como antes. Aunque aún notaba un algo… asumía que el golpe le había roto la nariz, pero que el dolor interno lo iba a seguir teniendo ahí durante par de días al fin y al cabo, Lrog lo único que habrá hecho es colocar la nariz para que Axel no tuviese complejo de Quasimodo de por vida. Mientras tanto, O. y Lrog tuvieron una conversación, hasta que el Elfo se fue.

Perfectamente. Aún me duele, pero ya no siento como si se me fuese a despegar la nariz -se permitió bromear, aliviado. A continuación, la mirada de la chica recorrió un indeciso camino hasta terminar por mirar a Axel a los ojos, el chico le había visto las intenciones de llevar su mano a su rostro, a lo que asintió a su petición, puesto que lo más probable era o que quisiese tocarle la nariz (algo que no tendría mucha lógica…) o bien querría quitarle una porquería o algo por el estilo. Axel arrugó el ceño tras lo que ofrecía si le hacía daño-. Asumo pues que sigue sin poder decirse sin tan peligroso es. Si te pillan, yo no he sido cómplice, ¿eh? -alzó una ceja, hablando también en un tono bajo, ya que por el callejón Diagón las paredes hablaban.

La mano de la chica, fría como hacía unos segundos, rozó contra su rostro, quitándole suavemente algunos restos de sangre seca de la parte baja de la mejilla, por la barbilla. Axel desvió levemente la mirada a su mano, notando como tenía un ligero temblor y cómo se acercaba a él. O. tenía una de esas miradas en las que no sabes qué pasa por dentro de esa pequeña mente, lo cual desconcertaba al chico pero a la vez le atraía, le gustaba que la gente fuese un misterio, ya que le encantaba descubrirlas. Axel se acercó lentamente a la chica, acortando la distancia entre ambos, sin embargo, lejos de acercarse en línea recta para unir sus labios con los de ella, posó los suyos sobre la cálida mejilla de la chica. “Vaya, parece que no toda la chica es fría…” pensó, esbozando una pequeña sonrisa en lo que retrocedía.

Axel era un chico sencillo y… no era de la antigua usanza, pero veía correcto agradecer a la chica por la ayuda que le había prestado con un elegante y bonito gesto. Cabía la posibilidad de que le tachase de calzonazos, algo que no le importaba ya que sus hermanos siempre se lo habían llamado de aquí a diez años atrás. Así que estaba acostumbrado. Se había nublado el día y el sol había desaparecido y Axel estaba seguro de que no tardaría mucho en empezar a llover. Gajes de estar en invierno en Londres…

-  ¿Me devuelves a mi pequeña águila? -preguntó, observando el rostro al cual acababa de regalarle un beso-. Te acompaño hasta dónde quieras, no vaya a ser que te encuentres con tres matones, hoy estás en racha… -se ofreció, abrochándose la cazadora debido al frío que empezaba a azotar por aquellos callejones.
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O. Winslow el Mar Feb 11, 2014 11:57 pm

Escuché su discurso con atención. Me importaba poco lo que la gente pensara de mí, pero tampoco quería acabar en San Mungo por loca. Eso pensaban todos los que conocían mi teoría, y cuando me desanimaba creía que tenían razón. Pero eso era pasajero. Estaba completamente segura de ello, esa asquerosa sangresucia tenía a mi hermano en contra de su voluntad e iba a probarlo aunque me costara la vida intentarlo. Su reflexión me hizo pensar unos segundos. Típico de un Ravenclaw tanta palabrería, pero no esperaba que fuera tan reflexiva.  – ¡Qué raro que tengas curiosidad!   – bromeé quitando asunto a lo anterior. Pero en mi mente seguía dándole vueltas a todo. Si decía la verdad y no iba a juzgarme podría contarle, pero eso sería confiar en alguien que acabo de conocer, aunque puede que lo que hemos pasado en apenas unas horas tenga tal peso como para explicarle el motivo por el que había recibido un puñetazo. No tenía muy claro que hacer.

- Mi hermano está secuestrado por una asquerosa sangresucia. – Dije sin darme cuenta de que las palabras brotaban de mis labios. Suspiré lentamente  – Dicen que estoy loca porque mi hermano actúa con normalidad, es decir, yo creo que esa bruja tiene a mi hermano hechizado, con amortentia o algún filtro similar. Porque no es posible que mi hermano nos abandonara así sin más. – aclaré con cierta rabia – No a mí, me niego a creer que se fuera sin siquiera verme, sin siquiera explicarme nada aunque fuera en una simple carta. Y menos creíble es que esté enamorado, cuando a pesar de los años que han pasado no se ha puesto en contacto conmigo. Si realmente fuera él me habría escrito, soy su hermana pequeña. Yo… - mi voz sonó algo quebrada y un par de lágrimas luchaban por salir. Cerré los ojos un segundo – Yo voy a demostrar que tengo razón, voy a demostrarle al mundo que esa zorra lo retiene contra su voluntad – sentencié con rencor. Ese era mi objetivo en esta vida, recuperarlo, y lo iba a lograr.

Al terminar de decirlo me sentí aliviada y a la vez vulnerable, mi teoría solo se la había contado a mis padres, y ellos no querían saber nada de Tom, lo consideraban un traidor. Lo miré fijamente, en esta ocasión con cierto temor, si llegaba a contarle esto a alguien, si en el colegio conocieran mi punto débil se acabaría mi reputación de víbora, como decían algunas. Aunque como se fuera de la lengua se la cortaría, sí, así estaría más guapo, sin poder preguntar tanto, seguro que el mundo me lo agradecería.

Lrog hizo un trabajo estupendo. Al llegar a casa le regalaría algo, bueno no, que si le regalo algo pensará que es libre y yo no quiero que se vaya, no podría vivir sin él. Aunque puede que aunque sea libre siga siendo fiel a mí, pero no puedo arriesgarme. Al menos no lo trato mal, pero mis padres no es que lo traten con benevolencia. Me da pena cuando llora, es tan pequeño y a la vez tan poderoso. Molaría tener un ejército de elfos domésticos, sería invencible, el mundo se postraría ante mí. Jojojo. Solo pensarlo me pone los pelos de punta. Nadie podría hacerme nada, ellos pueden entrar y salir de cualquier sitio, desde luego tienen muchísimo poder. Ya tengo un nuevo objetivo en mi vida, reunir un ejército de elfos para apoderarme del mundo. Para mi diario que iba.

Sonreí con más tranquilidad al escuchar que estaba mejor. Mi suposición no fue desencaminada, seguía el dolor, pero al menos no sangraba. Hice ademán de tocarle, pero antes le pedí permiso, no fuera a lanzarme un hechizo o vete tú a saber qué. Estaba siendo anómalamente simpática, pero no me fiaba del todo. Una pequeña sonrisa dibujó mi rostro – Por eso no sabes que es, así no te pueden acusar de nada – expliqué como si hubiera sido parte del plan desde un principio, lo cierto es que fuera como fuere jamás le diría que había en el saquito. Si el sino quería que lo supiera, ya se daría el caso, pero desde luego no sería hoy ni en un futuro cercano.

El primer contacto con su mejilla hizo que un pequeño hormigueo recorriera mi mano, el contraste de temperatura podría ser el causante. Acaricie suavemente su rostro mientras le retiraba los pequeños restos de sangre que le quedaban. Todavía estaba algo fresca, aunque no toda, y fue fácil eliminar las pruebas del delito. Así sus padres no tendrían por qué preguntarse nada. Me quedé paralizada unos segundos al ver como se acercaba a mi rostro. Cerré los ojos al notar sus labios en mi mejilla, no me esperaba algo así. Me sonrojé un poco, a la vez que sonreía tímidamente. *¿En serio Ophelia? ¿Te ruborizas por un beso en la mejilla?* me replicó mi consciencia. Me coloqué el pelo tras la oreja con mi mano derecha, agachando levemente la cabeza para evitar su mirada unos segundos.  Durante unos segundos todo me pareció que iba más lento. Pero me repuse con rapidez, colocándome bien la capa alrededor del cuello.

Asentí a su pregunta y sin previo aviso, colocando el pulgar y el dedo índice entre mis labios silbé con fuerza. – Viene de camino – respondí sonriéndole. Las vueltas de la vida, quería darle yo misma un puñetazo hacía un par de horas y al final me preocupaba porque se lo diera otro. Enarqué las cejas ante su ofrecimiento. ¿En serio?? – Dudo que mi racha continúe, pero acepto tu compañía, no vaya a ser que te rompan otro hueso o te ataque otro águila – comenté con tono burlón. Ahora que lo pienso, la situación había sido cómica. Flacucho estudiante de hogwarts decide plantar cara a un armatoste de dudosa reputación y pretende salir airoso…pero no, el armatoste que solo posee una neurona es más rápido que él y le propina un buen golpe en la nariz [punto para el unicelular por su diestra puntería].

Un graznido se oyó a lo lejos, alcé la vista y ahí estaba Aelo, descendiendo hacia nosotros con la jaula en sus zarpas. – Cógela – Advertí a Axel, pues Aelo soltó la jaula a apenas un metro sobre él. Como su fuera el correo diario. Se posó en mi hombro poco después, cualquier día me dislocaba el hombro, pegando su pico a mi mejilla. Le acaricié la cabeza con dulzura – Buena chica, te has portado muy bien – la felicité al ver que la jaula y el otro águila estaban en perfectas condiciones. – Ahora vuela a casa, no tardaré en llegar – dijo esto Aelo emprendió el vuelo. La vería allí, yo usaría un medio que no le permitía ir a ella.

- Ya ves que mi pequeña no es tan mala con los de su especie – le comenté a Axel recordando nuestro encuentro. Y por romper un poco el silencio. – Te advierto que si cuentas lo aquí ocurrido le ordenaré sacarte los ojos, o lo haré yo misma – Comenté con sutileza, cambiando mi tono de voz, aunque sin dejar de sonreír, no lo decía totalmente en serio, pero tenía que cubrir mi reputación, no podía tolerar que alguien pensara que podía ser “buena”.  

- Por acompañarme, te diría que fueras conmigo hasta volver a Hogwarts, no vaya a encontrarme con matones en lo que queda de vacaciones. Pero con volver al Caldero Chorreante para usar la chimenea me conformo – comenté bromeando, para quitarle hierro a mi anterior comentario. Quizás había sido brusca…meh…no importaba, que pensara lo que quisiera. Tan mala opinión no tendría si ha aguantado lo que ha aguantado. Quién sabe, quizás podría volver a charlar con él sin tener que sentirme culpable.
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Axel S. Crowley el Miér Feb 12, 2014 3:58 pm

Sonrió con cierta timidez cuando la chica le dijo en la cara que qué raro que él tuviese curiosidad. No era un chico tímido, pero era consciente de que algunos defectos eran bastantes notorio y, a pesar de no ser malos, podían llegar a ser molesto. Se encogió de hombros levemente y sonrió a la espera de ver si la chica se animaba. Unos segundos después, O. empezó a hablar directamente sin que el muchacho tuviese que insistir más. Lo que le contó no era algo especialmente de locos, era poco probable, ¿cuántos casos de locura femenina como ese se habrían registrado en la historia? Muy pocos, pero oye... no dejaba de ser probable. Axel curvó las comisuras de sus labios pensativo, viendo como la chica se afectaba realmente por lo sucedido con su hermano, debía de quererlo mucho.

- Me lo has contado y no pienso que estés loca. Es un paso -sonrió para intentar animarla-. ¿Has pensado que quizás no es amortencia o un filtro? Es decir, hay una maldición imperdonable que doblega la voluntad, también puede ser una opción si de verdad piensas que la actitud de tu hermano está tan lejana a la realidad que tú reconoces -carraspeó, pensativo, dándole una opción que, probablemente, ella también hubiese barajado. Pero por si acaso, nunca estaba de más-. ¿Has intentado ir a hablar con él en persona? -preguntó. Por norma general los filtros y la amortencia tenían fecha de caducidad, ¿no? No conocía los efectos a la larga del Imperio, pero como es costumbre, un hechizo no se acaba hasta que el efecto se acabe, o el conjurador lo quiera.

Tras eso el elfo doméstico de la joven le curó la nariz a Axel, algo que para todas las bandas había sido la mejor opción de todas. El chico adoraba a los elfos, creía que eran los seres más útiles del mundo. Además cocinaban de vicio. Por lo demás, desistió de saber lo que habría en esa pequeña bolsa, sobretodo después de que la chica dijese tan deliberadamente que si la pillaban, iría directa a Azkaban. Aunque para su suerte, aun es menor y simplemente la meterían en un reformatorio. Aunque para alguien de sus edades, venía siendo más o menos lo mismo.

La chica aprovechó para limpiar a Axel de los restos de sangre, algo que le agradeció, ya que él tenía todo su pañuelo manchado y no tenía ni idea de hasta donde le había llegado la sangre. Por la ropa no se preocupaba, ya que antes de entrar a la casa se quitaría la cazadora y el suéter y los pondría a lavar directamente. La chica le había incentivado a meterse en un lío, no obstante, luego le ayudó en lo que fue la desgracia de su impertinencia, así que lejos de tenerle cierto rencor, le estaba agradecido, así que se lo demostró dándole un beso en la mejilla, ya que tuvo la ocasión perfecta segundos después de que le limpiase los restos de su rostro. Sonrió ante lo que dijo la chica, ya que le devolvió la indirecta.

- Qué graciosa... -dejó caer mirándola de reojo-. Las águilas me atacan porque soy un cuervo. Mi apellido es Crowley. Era el destino estar en Ravenclaw y que las águilas atenten contra mí -aunque Axel no entendía como toda su familia había pertenecido a Slytherin. Bueno, si lo entendía, por su retraso mental debido a la genética que ha hecho que todos sus hermanos sean sádicos unicelulares, el gen dominante lo tenía el retrasado de su padre.  

No tardó en llegar Aelo con la jaula del pequeño águila que Axel pretendía regalar a su hermana. Lo cogió tras la advertencia de la chica y metió el dedo en la jaula para acariciar a la pequeña, mientras O. hablaba con su mascota, ordenándole que se fuese. Tras eso, una amenaza cortó el aire entre los dos, azotándole con una bofetón a Axel. Abrió los ojos de golpe y la miró. Estaba claro que no iba a contarle a nadie lo ocurrido. Primero, ¿a quién iba a interesarle lo que aparentemente pasó? Y segundo, ¿por qué iba a meterse gratuitamente en un lío? No, claro que no. Ella no le había hecho el mal y había aprendido a no meterse en asuntos ajenos. Lo que pasó hoy, ahí se quedaría.

- No tienes de qué preocuparte.

Dijo simplemente, pues tampoco se le veía con la intención de alargar eso mucho más. Añadió que por ella la acompañaba hasta Hogwarts, pero que se conformaría con el Caldero Chorreante. Cargó la jaula y empezaron a caminar hasta allí.

- ¿Te sobran polvos flú? No se me apetece nada tener que llamar a nadie ni ir en transporte muggle... -preguntó tranquilamente. Básicamente no podía llamar a nadie, ya que le verían la ropa manchada y no era plan. Y su hermana, la única a la que podría llamar porque no haría preguntas, es a la que le iba a regalar el regalo animal que llevaba en la mano.

Tras unos minutos, llegaron al Caldero. No había mucha gente ya por la zona, eran las primeras horas del frío del día, en donde el sol se había  escondido y el viento ya corría por la zona, perfecto para irse a casa y dormir. Axel empujó la puerta y dejó pasar a O. al interior, pasando él después.

- No te metas en muchos líos antes de llegar a Hogwarts, que no estaré para sacarte las castañas del fuego... -carraspeó bromista.- Qué tengas un buen resto de navidades, O. -le deseó, dándose cuenta de que no sabía su nombre completo. Aunque tampoco le importaba en aquellos momentos, le gustaba llamarla O., aunque como ambos sabían, la curiosidad de Axel debía de ser saciada o se volvería el ser más pesado de la historia.
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O. Winslow el Sáb Feb 15, 2014 11:08 pm

Debía estar enferma, sí, debía tener fiebre y estaba delirando, sino es incomprensible que le haya contado mi teoría sobre el rapto de mi hermano a un extraño. ¡Maldito cuervo! Porqué me encontraría con él, porqué lo habría conocido. Pero que alguien piense que no estoy loca es un alivio. No mucho, pero es algo. Aunque no estaba de acuerdo en que fuera una maldición. No iba a discutir. La maldición imperio no era suficiente para doblegar a mi hermano. Con lo que le gustaban a él las artes oscuras, con lo que dominaba esa maldición, no se dejaría dominar por ella con tanta facilidad. Estaba segura de que era un filtro lo que le estaba haciendo eso, las pociones tenían un límite, pero creo que si las das con frecuencia tienen una duración más larga. Quién sabe. Snape seguro lo sabe, quizás deba preguntarle en alguna ocasión, como curiosidad, pero podría suspenderme por ello, no quiero que piense que soy una inepta. Debo investigarlo, pero creo, estoy casi segura de que si a una persona le das una poción, dejas pasar los efectos y antes de que terminen se la vuelves a dar podría seguir funcionando.

No creo que sea esa maldición. No se dejaría doblegar, me enseño a romperla – Le dije como si fuera la mayor obviedad del mundo.  Miré al suelo una vez más, esa pregunta sería tan fácil de responder pero es tan duro hacerlo. – No he hablado con él, no tengo ni la más mínima idea de donde está. – respondí con desdén. No sabía nada de él desde que se marchó, Lrog no podía ir a verlo, dado que mis padres se lo prohibieron. Así que no tenía forma de saber donde estaba, ni con quien podía estar. En ello estaba trabajando, estaba buscando la forma de dar con él y lo haría. Lo iba a encontrar, pero mientras siguiera en Hogwarts y fuera menor tenía que conformarme con acatar las órdenes de mis padres, aunque eso no suponía que no hiciera nada, pues tenía cientos de planes ideados, muchos bocetos de lo que haría para recuperarlo, algunos los estaba ensayando, otros los comenzaba a preparar. No había sido en vano mi excursión al callejón.

Lrog le sano la nariz, al menos el hueso roto. Era una gran ayuda ese pequeñajo. Se ofreció a acompañarme, una vez más. Era un tipo raro, me acompaña y recibe un puñetazo, y todavía quiere acompañarme, es muy rarito. Me sorprendió oír su apellido. Axel Crowley. Me resultaba familiar. Pero no caía en la cuenta del porqué. *Venga O. piensa un poquito mujer, no se te vas a morir por poner en orden tu cabecita.* Había dicho que tenía mayordomo y elfo doméstico, así que eran magos y de alta cuna, no debían haber muchos Crowley, quizás había alguien de su familia que trabajara con mis padres, o puede que fuera otro tipo de asuntos. Espera, sí, me parece que era más de ese otro tipo de asuntos que del trabajo. Ahora entiendo que no se escandalizara por mi reacción en el Caldero Chorreante, o más bien que no me juzgara como otros. Aunque no estaba del todo segura. Él parecía ser tolerante con esos asquerosos muggles, algo no me cuadra, pero mientras no me perjudique que le den.

Aelo no tardó en traer a su águila. Con una orden emprendió el vuelo de vuelta a casa. La red flú no era lo apropiado para ella. Sus palabras me reconfortaron, ese “no tienes de que  preocuparte” sonaba sincero, pero mantendría mi palabra de sacarle los ojos si salía a la luz mi actitud amable. Mi reputación ante todo. Caminamos hacia el Caldero Chorreante, una vez más, y la última. Asentí con la cabeza en respuesta a su pregunta. Tampoco quería añadir nada más, que nombrara a los muggles me hizo desistir de añadir nada. No me apetecía volver a lo de antes. Estaba cansada, muchas cosas en poco tiempo. Aunque agradecía su compañía, nombrar a los muggles me irritaba demasiado. Así que en silencio, por mi parte, llegamos al Caldero Chorreante, y él, como todo caballero, me dejó pasar. – Gracias - dije al pasar, una vez dentro me quité la capa y desabroché mi abrigo. Dejé visible un bolso pequeño que llevaba atado a la cintura, lo abrí un poco y le ofrecí – Toma el que necesites. -  

Enarqué las cejas ante sus palabras, mirándolo con perplejidad para luego reír sin más. Este se cree que voy por ahí buscando jaleo, no iba desencaminado, pero no buscaba salir herida yo. Sonreí ante su despedida. – Igualmente, Axel. Nos vemos por Hogwarts – Respondí adentrándome en la chimenea. Me giré hacia él y dedicándole una sonrisa dejé caer los polvos flú. El torbellino de humo rodeo mi cuerpo, desapareciendo todo lo que tenía ante mí. Todo había salido bien, al menos para mí, había sido un día redondo. Ahora solo tenía que comprobar que tenía todo lo que había ido a buscar. El regreso a Hogwarts iba a ser más divertido.
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