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A little bit lost [Sylvan Dankworth]

Invitado el Lun Abr 04, 2016 1:44 pm


Una pequeña libreta se encontraba sobre la mesa frente a la muchacha de origen italiano quien escribía con tranquilidad en el papel. De haberse encontrado con un pergamino y una pluma, probablemente la gente a su alrededor se habría percatado de que había algo raro en ella, más allá de sus orejas, claro estaba. Se había acostumbrado a las miradas indiscretas, incluso a las burlas de algunos niños pequeños que elevaban sus dedos al grito de "Mira mami ¡Una elfa!" Cosa que para qué negarlo, más de una vez había arrancado una sonrisa a la joven docente, los padres de los niños simplemente se avergonzaban o miraban a la joven con cara de "esta es una friki rara" algo que la hacía tener ganas de decir cuatro cosas, pero nunca se había dado el caso, April tendía a volver a su mundo y pasar ampliamente de tales banalidades.

Su mano se movió rápidamente para tomar un sorbo del cappuccino que había pedido en aquella cafetería, haciendo una leve mueca cuando el sabor de este inundó su boca para dejarlo nuevamente en la mesa. Definitivamente el café fuera de Italia era excesivamente diferente ¿Tanto les costaba no chamuscar el grano de café al hacerlo? Aquella era una de las razones por las que más extrañaba su tierra natal, entre otras como el clima, el idioma, la gente...Vamos, lo que viene siendo el echar en falta la vida normal en la tierra que te vio crecer, además de que el mar mediterráneo dejaba marcas prácticamente inolvidables en todos aquellos que se habían criado en el clima del mismo nombre.

Quizás aquel día no podía precisamente quejarse del clima que gobernaba la capital de Reino Unido, pese a tener su chaqueta de cuero negro reposando sobre la silla donde estaba sentada, sus hombros estaban al descubierto, cosa que ni se habría planteado el día que pisó Londres por primera vez. Entrecerró los ojos cerrando la libreta para meterla en su bolso antes de pagar el café que había dejado a la mitad en aquella taza de cerámica caliente, acabaría por dejar reseñas en todos los lugares que sirviesen especialidades italianas el cómo hacerlas, de lo contrario, no volvería a tomar café hasta volver a Italia, algo que la perturbaba, la bebida con cafeína era como el fuel que la dejaba seguir con su día a día y de faltar, probablemente se convertiría en un pseudo zombi que vagaría por las calles de Londres y los pasillos de Hogwarts cual alma en pena.

Se enganchó la chaqueta en la cintura y casi sin mirar se dio media vuelta, decidida a ir a... - Qué lista eres, April - Comentó para sí misma cuando se percató de que no tenía ni idea de moverse por Londres. Ni se paró a pensar en las pintas del sujeto al que había localizado como objetivo para su pregunta de turista principiante - Disculpe ¿Podría decirme como llegar a Westminster Abbey? - Dijo con una ligera sonrisa dibujada en su rostro esperando que el receptor de la pregunta no huyese despavorido.

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InvitadoInvitado

Invitado el Sáb Mayo 07, 2016 10:34 am

No sé si solo me pasa a mi pero el lunes es, con diferencia, el día que más odio de toda la semana. Lo odio. Es el día en el que la resaca es fuerte en mi. Muy fuerte. Ya hacía mucho de los años en los que no había alcohol capaz de tumbarme y empezaba las semanas con lo que quedase de ron en el vaso de la noche anterior, pues todo el mundo sabe que la mejor forma de no tener resaca es seguir bebiendo. Pero el tiempo hace, inevitablemente, que la vida cambie, y por algún motivo, a los duendes de Gringotts no les iba demasiado que sus rompedores de maldiciones partiesen borrachos a sus misiones. Nunca lo había entendido muy bien pues...al fin y al cabo yo nunca me había muerto, no? Así que viajar un poco achispadillo no tenía porque ser ningún problema. Joder, yo controlaba bien esas cosas y el alcohol me ayudaba a sentirme más osado y valiente. Pero todo eso no parecían ser razones suficientes para los duendes que me querían bien despierto y si tenía que ser puesto de algo, que fuese de cafeína o azúcar, que mantenían los sentidos bien alerta. Intenté explicarles que la cocaína hacia lo mismo también, pero no querían saber nada acerca de drogas muggles y bueno...eso lo podía entender. Uno nunca sabe lo que les meten esos locos muggles a sus drogas.

Aun me quedaban un par de días para emprender mi camino a Nueva Zelanda, pero ya comenzaba mi desintoxicación para que esos pequeños repelentes no tuvieran nada que echarme en cara. Al fin y al cabo, me encantaba mi trabajo. Ya llevaba unos meses con esta rutina de pasar algunos días sin beber antes de un viaje y había encontrado una cafetería ideal para comenzar con la limpieza. El café que tenían allí no era especialmente riquísimo pero estaba lo bastante cargado como para limpiarte por dentro mejor que una labativa. Dos días tomando esa mierda y volvías a nacer. Así que nada más levantarme fui a por mi primer café del día. Al llegar allí, la camarera al verme ya se puso a preparar esa pócima muggle especial para mi. Mi saludo para ella fue un gruñido que ella ya había aprendido a interpretar como un " Buenos días, preciosa, muchas gracias por tu magnífico trabajo" aunque yo nunca se lo había explicado. Con mi café en la mano, volví a casa y me tiré el día dejándome llevar por sus efectos. Cuando la tarde cayó, llegó la hora de la segunda ronda. Me vestí más o menos presentable, botas negras de cordones, pantalones negros curiosamente sin romper todavía, una camiseta blanca sin mangas y mi eterna chupa de cuero. Las gafas de sol tampoco se me habían olvidado, pues los días ya empezaban a clarear y en conjunto parecía un motero de resaca, lo cual era un concepto bastante aproximado a lo que yo era realmente, salvo por la moto.

Entre en la cafetería nuevamente y esta vez mi gruñido fue sustituido por un gracias, bajo y grave, que apestó a una mezcla de alcohol y café fuertísimo. No esperaba interactuar con nadie más que con la camarera que siempre se encargaba de mi en estos casos cuando alguien me habló nada más salir yo de la cafetería. Giré mi cabeza lentamente hacia ella y la observé desde detrás de mis gafas oscuras. No me molesté demasiado en fingir que no la estaba analizando de arriba abajo, y reconozco que me gustaba su estilo aunque sus orejas tenían algo de desconcertante. En los tiempos que corren ya nunca sabes si estas ante un elfo o ante un cosplayer demasiado metido en lo suyo. Quizás ella creía dentro de si misma que su nombre era Arwen y tenía que salvar la Tierra Media junto con Frodo...y quién era yo para juzgarlo?

- Sí, podría- dije simplemente con la misma voz grave que me había salido antes. Mi voz de resaca me gustaba, era sexy desde mi punto de vista. Pero para que engañarnos, yo siempre me parecía sexy a mi mismo.- Pero tendrás que decir las palabras mágicas primero- dije con cierta burla, esa que oculta un humor terriblemente malo, y una sonrisa ladeada en el rostro. Al final le diría donde estaba, puede que hasta la acompañase si quería, pero...meh, quería darle algo de chicha al día para compensar que me iba a tirar 2 semanas sin probar ni gota del alcohol.
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