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When It Comes. [Damon Harrelson]

Abigail T. McDowell el Mar Ene 14, 2014 4:03 pm

No solía fomentar las visitas a Hogsmeade, me parecían aburridas... había pasado siete años viendo esas calles cada fin de semana de mi vida, pero hoy era un día distinto... Sabía a ciencia cierta, ya que puedo ver las agendas de algunos de los más poderosos del Ministerio, que hoy por allí habría un pez gordo. Corrí la voz a mis compañeros oscuros y ellos mismos dijeron que se encargarían del trabajo. No obstante, tengo la manía de querer hacer siempre el trabajo por mi propia mano ya que sé que si lo hago yo, saldrá bien. Para mi desgracia, en muchas ocasiones tenía que quedarme al margen, tenía un rostro conocido por muchos y mi identidad era conocida por ser alguien bueno, con buena posición social y sin ninguna dudosa reputación con respecto a mis ideales. Era muy peligroso para mi Señor Tenebroso ponerme en duda por una simple misión, ya que era una llave importante en el Ministerio de Magia.

Así que, lejos de volcarme en pleno plan que, de hecho, desconocía, decidí pasarme por la zona como una simple "turista" más. Me vestí con unos pantalones vaqueros, unas botas medias negras, una camisa negra de manga larga y un chaleco vaquero, medio roquero, por encima. Definitivamente no tenías ganas de vestirme como solía vestirme para ir a trabajar y había optado por reciclar algunos atuendos de mi adolescencia. Aunque a pesar de ello, era inevitable no ponerme zapatos con tacones, me encantaban, a pesar de que los que llevaba hoy no tenían demasiado.

Me aparecí por la zona más cercana a la oficina de correos y caminé tranquilamente por las calles de Hogsmeade, ya que no tenía ni idea de dónde estaría exactamente el pez gordo del ministerio ni mis compañeros. Sin embargo, a medio camino, cerca de la tienda de Zonko, me encontré con unos jóvenes de Hogwarts bastantes cabreados. Evidentemente, pasé lentamente por un lateral a ellos, observándoles con curiosidad. No me había quedado muy bien de el por qué de esas discusión de niños, pero me gustaba verlos. Se notaba que uno de ellos, el más atractivo, era de Slytherin, sobretodo por ver cómo trataba al otro, inferior y con claro desprecio. Aunque fue suficiente escuchar salir de sus labios un simple "sangre sucia" como para corroborarlo.  Sonreí ladeadamente al escucharlo, justo cuando pasó por detrás del supuesto sangre sucia y mirando al claro Slytherin, continuando hacia Las Tres Escobas.

Sin embargo, no me dio tiempo de entrar, ya que el sumiso de aquella discusión salió corriendo de allí por miedo, supongo, a lo que le podría estar diciendo el otro. Por desgracia, mi pelirroja melena tiene una especie de imanes de imbéciles y al darse la vuelta aquel alumno sin pizca de labia defensiva, venía directamente hacia mí sin mirar por donde iba. Me aparté antes de que tropezara conmigo y me tomé la libertad de hacerle un divertido traspié, haciendo que cayese de bruces al suelo.

¿Quieres mirar por dónde vas? —dije molesta, sacudiéndome y  dándome la vuelta.
P-p-perdón. —balbuceó el del suelo.

Antes de entrar en las tres escobas miré al chico moreno y le sonreí traviesa.

Me metí en las tres escobas y fui directa a una mesa pegada a la pared, ya que por la misma razón de mi pelo, aquí también pasaba que siempre había un gilipollas que derramaba algo y siempre me tocaba estar de por medio. Pedí un Whisky de Fuego porque le había perdido el gusto a la cerveza de mantequilla después de llegar a mi número mil y cogí El Profeta de unas de las mesas contiguas, leyéndolo tranquilamente. Con suerte, podré encontrarme a alguno de mis compañeros o al mismísimo pez gordo por aquí.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Mar Ene 14, 2014 6:59 pm

Ciertamente desde el percance en el Bosque Prohibido hacía tiempo que no salía del castillo. Casi siempre me encontraba estudiando, sociabilizándome con los conocidos que tenía en Slytherin o practicando Quiditch. Incluso Joseph me había preguntado en varias ocasiones si me pasaba algo, a lo que yo siempre respondía de la misma forma: “Mira que eres pesado Joseph, ¿qué me va a pasar? Métete en lo tuyo” Tampoco se podría decir que me sintiera mal o asustado, simplemente me encontraba mejor dentro de las paredes de Hogwarts.
Aquel día  tuve que hacer una excepción y salir a Hogsmeade a comprar ciertas cosas que me hacían falta, aunque la verdad era que mis ganas disminuían de manera exponencial a medida que me preparaba para salir. Me puse unos vaqueros algo estropeados y una camiseta negra bastante sencilla, peinándome lo justo y necesario para que mi reputación no cayera demasiado y saliendo sin decirle a nadie a dónde me dirigía.

Por los pasillos iba ensimismado, pensando en mis cosas. Me percaté de que hacía ya varios días que no veía a Danny. Si normalmente solía huir de nosotros me supuse que después de aquella noche lo haría más a conciencia aún, y lo veía lógico. Tampoco me preocupaba demasiado, tarde o temprano la vería de nuevo y podría meterme con ella como de costumbre. Saludaba lo justo y necesario, solo en caso de que no me quedara más remedio y sin más dilación salí del castillo camino a Hogsmeade. Cuanto antes hiciera lo que tenía que hacer antes volvería y podría seguir a lo mío.

Una vez allí el día pasó sin demasiados percances, encontré todo lo que necesitaba y no tardé demasiado en coger el camino de vuelta, aunque en aquellas fechas anochecía bastante deprisa y ya empezaba a oscurecerse el cielo.                                                                                            Me encontraba ya en las afueras del pueblo cuando me encontré con un conocido de Hufflepuff por la zona. Mi primera idea había sido pasar de él y seguir mi rumbo, pero el tocapelotas que había en mi interior hizo  acto presencia y me instó a pararme a curiosear qué estaba haciendo. - ¡No me lo puedo creer! – Grité con un tono claramente burlón. - ¿Timmy? ¿¡TIMMY ERES TU?! ¿Pero tú no tienes novia jodío? – Aquel chico friki y estúpido estaba enrollándose con una tía que no conocía de nada como si no hubiera un mañana, y yo sabía perfectamente que tenía pareja, puesto que los había visto días atrás acarameladitos por los pasillos de Hogwarts.  – Joder, cómo triunfas. – Dije entre risas, sin poder evitar burlarme de la cara que se le había quedado al verme. – Tenías que ser tú… Nos vemos mañana. – Despidió a su amiguita, la cual no dudó en hacerle caso y marcharse. - ¿Quién iba a ser si no? – Me señalé con aires de superioridad. – A tu novia le va a encantar esta noticia. – Le dije con una sonrisa maligna en los labios. – Tío, no seas cabrón, ¿no puedes meterte en tus propios asuntos por una vez en tu vida? – El chico trataba de defenderse, pero era obvio que no le valdría de nada. – Que aburrido sería el mundo si me limitara a meterme en mis asuntos, ¿no crees? Venga compi, nos vemos. – Me di media vuelta con la intención de marcharme, cuando una mano me tocó el hombro e hizo que parara en seco. –¿En serio me estás tocando? – Le dije aún de espaldas. El chico aflojó un poco la mano, pero no dudó en insultarme: - Eres un imbécil, un día te van a dar tu merecido. – Me soltó, propinándome una patada en la pierna derecha que apenas hizo que me inmutara.  Entonces me di la vuelta y le cogí del cuello de la blusa, empujándolo contra un árbol y estampándolo contra el mismo. – Escucha, maldito sangre sucia, como vuelvas a atreverte a amenazarme será lo último que hagas, ¿te enteras? – Le solté bruscamente, y éste como había previsto salió corriendo en dirección opuesta al castillo.
Me di la vuelta para recoger mis cosas del suelo y fue entonces cuando al darme la vuelta vi como una desconocida le hacía un traspié al friki de Hufflepuff, cayendo éste al suelo como un saco de papas y pidiéndole perdón a la chica de la forma más patética que había visto en mucho tiempo. Antes de irse la chica me miró y me dedicó lo que parecía una sonrisa, a la que yo respondí con ojos divertidos, lo que hizo que sin darme cuenta me quedara boquiabierto. Apenas se le veía, pero por lo que podía distinguir aquella chica estaba más buena que la gran mayoría de las niñatas de Hogwarts. “Oh Dios, me he enamorado” – Pensé divertido. Iba a irme, pero algo me lo impedía, y ese algo era la curiosidad que sentía por aquella figura desconocida que había aparecido y desaparecido de repente, por lo que decidí seguirla cautelosamente hasta Las Tres Escobas.

Esperé unos segundos y entré después de ella. Observé un rato a mi alrededor y la vi sentarse en una mesa en una esquina, por lo que decidí sentarme en una mesa donde poder verla de cerca pero sin ser demasiado cantoso, a la espera de mi oportunidad para acercarme a ella y poner en marcha mis dotes de seducción. No creo que fuera mucho mayor que yo, pero fuera como fuese no iba a desaprovechar aquella oportunidad, eso estaba claro, no se veían mujeres así todos los días.  
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Abigail T. McDowell el Mar Ene 14, 2014 11:11 pm

Bebía tranquilamente de mi ancho vaso de whisky mientras leía El Profeta. Antes era una gran fan de este periódico, me parecía de lo más útil lo que ponían en él y me fascinaban los apartados de criaturas mágicas, pero ahora mismo, con veintiséis años y las ideas claras, estos dragones en peligros de extinción y la problemática del fuego de dragón sobre los huevos, me la traen sin cuidado. ¿A quién coño le importa esto y por qué razón lo ponen en El Profeta como conocimiento general? ¿Acaso creen que si vemos un dragón vamos a capturarlo? Oh, vamos, arrasaría en Londres con un Dragón como puta mascota. Si, estaba cabreada. Si me había "alistado" las líneas oscuras era para hacer mi trabajo, joder, no para ser de portavoz infiltrado y quedarme al margen. ¿Para qué cojones están las jodidas máscaras? ¿Acaso para salvaguardar la identidad? Oh, pues vaya, parece ser que a nadie se le ocurrió esa idea tan útil... Cerré el periódico de mala gana y lo puse sobre la mesa, suspirando y mirando a mi alrededor.

Vi al entrar por la puerta al segundo al mando del departamento de deportes mágicos, acompañado de lo que parecía ser un contacto. Ambos llevaban los típicos maletines de trabajo e iban emperchados con ropa mágica, túnicas con una equivalencia mágica a toda mi cámara de Gringotts. Conocía a ambos y podía llegar a ser sospechoso que me vieran espiándoles justo el mismo día y horas antes de que mis compañeros fuesen a por ellos. Carraspeé, intentando apartar la vista de ellos y buscar una distracción.

Ojeando por la zona, vi que en una mesa cercana a la mía, estaba el joven chico de la entrada, el cual había achantado a aquel otro chico. Y lo más gracioso, es que intentaba disimular que no tenía la vista sobre mí. Lo miré descaradamente y sonreí, esperando a que sus curiosos ojos se volviesen a posar en los míos para hacerle una seña de que viniera. Era la manera perfecta se hacerme la ocupada en aquel lugar, usando a este joven como distracción. El chico no tardó en acercarse y sentarse en frente mío, me crucé de piernas y me hice hacia adelante. Ignoraba su edad, pero debía admitir que si en esta época estuviera en Hogwarts, no sería un mal fichaje. Físicamente hablando.

Hola... —saludé, con un tono seductor— El término "sangre sucia" no es muy bien visto por la sociedad, ¿eres consciente que los profesores de Hogwarts podrían castigarte sólo con oírlo? —asumí, dando por hecho de que pertenecía a Hogwarts ya que... ¿Cuántos años podría tener? ¿Diecisiete a lo sumo?—. Yo tampoco lo entiendo, es el mejor insulto. Nunca sabrán como insultar en el mismo grado a los que somos puros de sangre —sonreí, con una ladeada y altanera sonrisa—. ¿Puedo saber el nombre del chico que intenta gastarme con la mirada? —pregunté, llevándome el vaso a los labios, bebiendo un sorbo y arrastrando los dientes por mi labio inferior para atrapar las gotas rezagadas.

De vez en cuando, mi mirada se dirigía de los ojos del chico al fondo, en donde se encontraban ambos señores hablando y riendo. Ambos eran grandes peces y ninguno debería de conocerse entre sí más que para tratar planes ajenos al ministerio, además, sabía que uno de ellos era Auror, así que cualquier información de esos maletines, vendría muy bien. Si pudiera avisar de eso a mis compañeros... estaría mucho mejor para que no se centrasen solamente en el equivocado. Sin embargo, intenté parecer disimulada a la hora de mirar, tampoco quería que el chico que estaba haciéndome de distracción, se enterase.

Tráigame otro —le dije al camarero, que justo acababa de llegar y había osado poner sus manos en mi vaso para llevárselo, ya que estaba vacío—. Bueno, mejor... tráigame dos. —miré con diversión al chico.
Los menores no pueden beber Whisky de Fuego... —se quejó. Puse los ojos en blanco.
¿Quién ha dicho que es para él? —le corté y alcé  una ceja mirando al metomentodo del camarero.

Como no tenía nada que añadir, se fue por donde había venido. Evidentemente, era para él. A ver si era tan hombre para beber como para hablar... El Whisky de Fuego era una de las bebidas más fuertes del mundo mágico que se sirvieran en estos sitios, a mi me encantaba y la probé por primear vez en mi quinto año en Hogwarts.  
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Lun Ene 20, 2014 11:17 pm

Permanecía allí casi inmóvil, con ambas manos sobre la mesa, usando una de ellas para apoyar la barbilla y así estar en una posición más casual y no tan estresante,  ya que tampoco quería que la chica se percatara al instante de mi presencia y pensara que la estaba espiando o que estaba babeando por ella (aunque  paradójicamente, en cierto modo era justo lo que estaba haciendo).
Pensaba en alguna excusa o alguna manera para acercarme a ella tratando de que a simple vista pareciera una casualidad, temiendo que en poco se acercaría el camarero y tendría que pedirle algo por compromiso, ya que al parecer aquello iba para largo.
Me encontraba ensimismado mirando al vacío, cuando de repente escuché cómo dos hombres ya de avanzada edad comenzaba a discutir a gritos sobre algún tema que yo no llegaba a comprender, y observaba en completo silencio cómo la situación se iba caldeando. Lo mejor en aquellos casos era pasar completamente desapercibido, ya que sabía perfectamente que cualquier movimiento en falso que hiciera podría enredarme a mí también en la escena y tenía ganas de todo menos de eso. De lo que tenía ganas era de pasar a la acción con la chica misteriosa, de eso sí que tenía ganas. Fue entonces cuando volví a mirar a la susodicha y me la encontré con los ojos clavados en mí, haciéndome una señal para que me acercara. "Ostias, esto va a ser más fácil de lo que pensaba" - Pensé satisfecho. "La tengo en el bote" Estaba claro que mi capacidad para ligar traspasaba límites inimaginables, ya que cada vez me hacía menos falta si quiera hablar o piropearlas con las típicas palabras que a la mayoría les gustaba escuchar, eran tan típicas la mayoría de las veces...

Sin pensármelo demasiado cogí mis cosas y me dirigí decidido hacia su mesa, sentándome justo en frente de ella y respondiendo a su saludo con una de mis sonrisas que tan bien funcionaban siempre. - Sinceramente me trae sin cuidado lo que pueda pasarme por llamarles lo que son a esos imbéciles. - Me burlé, encogiéndome de hombros y clavando mis ojos en ella. Tras dos o tres segundos me sucedió algo que nunca me había pasado anteriormente. Aparté los ojos rápidamente y miré a su vaso medio vacío. No sabía cómo ni por qué, pero aquella chica no era igual que las que había conocido anteriormente. Su mirada me había intimidado de forma exagerada, y a juzgar por sus facciones y su forma de hablar y de actuar era bastante mayor que yo. No era una vieja, pero sí lo suficientemente adulta para haberla considerado inalcanzable en un principio, por lo que me planteé seriamente por unos instantes el abandonar la misión e irme felizmente de vuelta al castillo. Pero entonces añadió algo que me hizo afirmarme en mi decisión y tomarlo como un reto. - No podría estar más de acuerdo contigo. - Admití, siendo totalmente sincero. Volví mis ojos a los suyos y me volvió a recorrer el mismo sentimiento de inseguridad que antes, solo que esta vez supe afrontarlo y no separé mi mirada de la suya. - ¿Desgastarte con la mirada? Así que hace ya un rato que te has percatado de mi presencia... Me llamo Damon. - Dije esbozando una sonrisa y dejando entrever mis perfectos dientes. - ¿Y tú? ¿Cómo te llamas? ¿Y por qué has tardado tanto en decidirte a que me acercara? - Inquirí con un tono pícaro y desenvuelto.

Justo en ese momento el camarero hizo acto de presencia, y la ella se dirigió al mismo, pidiéndole dos vasos de lo mismo que llevaba bebiendo el rato que había estado allí. "Wow wow wow" No pude evitar sonreír por la forma de tratar al osado camarero que había intentado llevarle la contrario. Definitivamente aquella mujer no era una cualquiera, era diferente, y de armas tomar desde luego. Cada vez me gustaba más y de la misma manera, de manera directamente proporcional, cada vez me iba imponiendo más, pero eso me atraía más aún. - Me sorprendió la manera en que te burlaste antes del chico con el que estuve discutiendo. Y me atrae bastante tu forma de tratar a la gente. Creo que nos parecemos bastante. - Le dije una vez el camarero había ido a por las copas. - ¿Se puede saber a qué te dedicas? ¿O también es un misterio, como tú? - El camarero no tardó en llegar, dejando ambos vasos en la mesa y yéndose sin decir una palabra más. "Normal... Después del corte que le pegó antes..." Ella empujó levemente uno de los vasos hacia mí, invitándome a probarlo con una sonrisa en sus labios, por lo que cogí el mismo y le di un sorbo con seguridad y determinación. - ¡Joder! ¡¿Qué mierda es esta?! - Grité mientras tosía y daba pequeños golpes en la mesa, arrugando la cara por la sensación de aquella bebida bajando por mi garganta y quemando cada trozo de piel que iba encontrando por su camino. - Vale, lo pillo. No soy tan machote como pensabas, ¿no? Al menos podrías haberme avisado de que estaba tan cargado, joder. - Me había quedado rojo como un tomate, pero aquello no iba a hacer que me rindiera, ni que me avergonzara ni mucho menos. No estaba acostumbrado a que las chicas jugaran conmigo, pero eso no significaba que no supiera lidiar con la situación.  - Te puedo asegurar que soy bastante más de lo que aparento. - Le solté en un ataque de egocentrismo, tratando de borrar la situación que había acabado de suceder. - A simple vista puedo parecer solo un niño, pero a la hora de la verdad... - No pude terminar mi argumentación, ya que de repente apareció de la nada un hombre alto, con una barba un tanto descuidada y ojos de psicópata, cogiéndome fuertemente del hombro y haciendo que me levantara por dicha fuerza. - Oye niñato, ¿tu no eres un poco joven para andar con mujeres como estas? - Dijo el hombre, refiriéndose obviamente a la chica pelirroja con la que estaba hablando tan tranquilamente. "Lo que faltaba, otro borracho estúpido." - ¿Tú eres gilipollas o qué? - Me atreví a insultarle, quitándome la mano que había puesto en mi hombro y mirándolo desafiante. Me sacaba dos cabezas de altura, pero me daba igual, aquellos gestos hacían que me sacaran de mis casillas y además estaba bastante ocupado tratando de ganarme a aquella chica para que un borracho como aquel lo arruinara todo. - ¿Quieres pelea? - Me amenazó y sin previo aviso me soltó un golpe en el estómago, que hizo que soltara un pequeño quejido y que la gran mayoría del bar fijara su atención en nosotros. Iba a devolvérsela, pero algo hizo que decidiera mirar a la chica antes y sin saber por qué decidí que lo mejor era evitar que aquello siguiera adelante, así que sin más remedio me tragué el orgullo. - Oye, déjanos en paz, ¿vale? - Le dije, dándome la vuelta y tratando de ignorar su asquerosa presencia. - ¿Y si nos vamos de aquí? - Me dirigí a ella esta vez, esperando que la respuesta fuera un sí y poder alejarnos de aquel lugar atestado de borrachos y gilipollas.
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Abigail T. McDowell el Mar Ene 21, 2014 1:15 am

Nunca habría ni siquiera meditado la opción de invitar a un adolescente como éste a tomar una copa conmigo. Suficiente había tenido con soportar aquellos siete años de Hogwarts a algunos pedantes, otros más de mi estilo, alumnos de ese castillo. Evidentemente, no sabía absolutamente nada del chico que tenía delante de mí, más que el indudable físico que tenía que debía de tener loca a la mitad de su sala común, por lo cual me imaginaba que su ego no estaría precisamente en una zona neutral. Ya nos parecíamos en algo. Sin embargo, sin contar el punto clave de distracción y usarlo como un simple escudo a la hora de que se fijen en mí, algo que me había llamado la atención de él es que no era el típico que planta cara a uno, rodeado de veinte amigos que escoltan su trasero. En mis tiempos yo tampoco era de esas... la verdad es que era una insensata inmadura que iba la mayor parte del tiempo sola y que si se metía en líos, muchas veces no salía de ellos si no era cogida de la oreja por culpa de algún profesor. Pero como bien dicen, cada error es una lección... y en mis últimos cursos no necesitaba a nadie para hacerme respetar por mí misma y sin ayuda de nadie. En cierta manera, que estuviese solo y no se hubiese achantado, me recordaba un poco a mí.

Inevitablemente, una sonrisa ladeada y altanera se dibujó en mi rostro cuando contestó a mi clara directa sobre no parar de mirarme. No era extraño que los hombres se fijasen en mí… soy joven, tengo un cuerpo cercano al canon de belleza que todo hombre anhela y a la gran mayoría le ponen las pelirrojas… No es por presumir, pero en realidad soy un capricho de la perfección y tampoco iba a quejarme, adoraba ser un objeto de deseo para los hombres.

Puedes llamarme Abi —hice una pausa al escuchar su pícaro tono—. Creo que el que tardabas en venir eras tú… al fin y al cabo, eras tú el que no apartabas la mirada de mí… Estaba esperando a ver si te envalentonabas y venías por ti mismo. En vista de que no, quise hacer un acto de caridad —sonreí alzando con diversión una ceja momentáneamente—. ¿Te intimido o es que nunca te habías lanzado a nadie cómo yo?

El camarero se fue con el rabo entre las patas y al final accedió a traerme los dos vasos de Whisky de fuego que había pedido. Damon dijo que le había sorprendido como me había burlado y que le atraía mi forma de tratar a la gente… seguro que si nos hubiésemos encontrado en Hogwarts nos hubiésemos llevado muy bien.

Solo quería dejarlo físicamente en donde tú lo dejaste con tu labia. Por el suelo —esbocé una traviesa sonrisa y me preguntó que a qué me dedicaba. Mostrando interés en mí… ¿Tópico de ligue?—. Por desgracia es lo único en mi vida que es de conocimiento general, ya que lo sabe medio mundo mágico. Soy la Asistente de Edmond Labèque, encargada de despedir, solventar todos los problemas, conocedora de todos los movimientos del mismísimo Ministro y, evidentemente, estoy por encima de todos los pedantes jefes de departamentos. Así que no puedo quejarme —alcé ambas cejas en un movimiento rápido—. Supongo que tú serás de Hogwarts. Déjame adivinar… ¿Slytherin? ¿Cuántos años tienes? —Tenía curiosidad por saber cuántos años le quedaban para llegar a la madurez y que le empezase a salir barba. Con barba iba a estar mucho más atractivo.

El camarero volvió con ambos vasos y, tras una fría mirada que recibió de mí, se fue nuevamente con el rabo rozándole la barbilla. Empujé uno de los vasos hacia Damon y sonreí al ver como se lo llevaba directamente a la boca. Sin embargo, debido a su iniciativa, pensé que ya lo habría probado, por eso el verlo toser como una nena no pude evitar soltar un bufido divertido antes de llevarme mi vaso a la boca y bebérmelo de un trago.

¿Tan cargado? Se sirve sin nada, es así te eches una gota o un litro. Aunque si quieres pido agua para que puedas rebajarlo y tu garganta sea capaz de procesarlo… —me burlé con malicia. Aseguró que era más de lo que aparentaba—. No me cabe duda, pero eso se demuestra con hechos, no con palabras.

Antes de que el muchacho pudiese, muy entretenidamente, contarme su argumentación sobre cuál valiente era, un hombre alto y muy horrendo lo cogió por el hombro y lo levantó a lo alto. Yo me quedé sentada y observé la situación, era perfecta para corroborar eso que había dicho segundos antes… Sin embargo, a pesar de su labia, el hombre alto y estúpido le propinó un puñetazo en el vientre. Y eso, señores, se llama cobardía. Evidentemente, por parte del desconocido imbécil de procedencia Uruk Hai. ¿Qué clase de mago que se respete a sí mismo ofrece una pelea a otro mago de la manera más muggle posible? Además en un sitio público y de buena categoría como tenía Las Tres Escobas. Negué con la cabeza y me levanté, quedándome detrás del alto hombre para que los dos a los que casi ni había tiempo a espiar, me viesen. Con mucha sensatez, Damon me dijo que si nos íbamos de allí y teniendo en cuenta de que en otro momento (quizás seis años atrás), no me hubiera importado que me quitasen la varita por hacer magia fuera de Hogwarts y machacar a este imbécil, ahora tenía una reputación que mantener… al menos cuando no llevase puesta la máscara.

Vámonos —acepté y me acerqué al hombre antes de irme—. Pensar no duele, ¿por qué no lo intentas? —dije con sarcasmo, antes de comenzar a caminar en dirección a la puerta. Por el camino, en la barra, vi al camarero—. Póngale mi cuenta al agradable hombre que se ha quedado cabreado y con las ganas enfrente de mi mesa. O si no, la próxima vez asegúrese de qué tipo de gente se hace cargo al dejarlos entrar a su bar… —di dos golpes en la barra y seguí con mi camino hacia la puerta.

Una vez fuera una oleada de frío invernal me azotó cruelmente el rostro, tanto que incluso la nariz de me empezaría a poner roja. Por suerte, no nevaba y eso hacía que el frío fuese mucho más llevadero. Me giré para observar a mi joven compañero.

Hiciste bien en controlar el deseo irrefrenable de humillarlo. Podrías haberlo conseguido, pero no es muy sensato hacerlo rodeado de veinte personas  —me apoyé en la pared de Las Tres Escobas y miré al chico entre el fleco que el viento me permitía tener decentemente colocado. Podría irme ya y dejar a este chico aquí mismo, pero tenía un no sé qué, que se yo que me recordaba muchísimo a mí—. Me estabas contando por qué no eres el niño que aparentas ser, pero si nos quedamos aquí  probablemente salga ese tío en no mucho tiempo y quiera cobrarse el haberlo dejado como un imbécil ahí dentro. Pero, es viernes… —me acerqué a él—. No estoy por la labor de pasar frío, soy más una chica que necesita calor… Elige sitio. Dudo que en Hogwarts encuentres algo que hacer de provecho y nadie se dará cuenta si no duermes una noche allí…  

Sonreí y al haberme acercado a él me di cuenta de que casi éramos del mismo tamaño, ya que no destacaba precisamente por mi estatura y eso que llevaba tacones. Esperé su contestación, evidentemente no tenía pensado ningún plan lujurioso ni sexual, pero me resultaba de lo más divertido tentarle. Además de que dormir estaba sobrevalorado y sabía sin que me lo dijese, de que evidentemente podría dar mucho más de sí.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Vie Ene 24, 2014 9:58 am

Sabía que su cara me sonaba. Desde que me había sentado en su mesa me había percatado de que me resultaba familiar, pero no había conseguido encuadrarla en ningún lugar concreto, por lo que supuse que simplemente tendría unas facciones típicas, aunque a decir verdad, aquella mujer era de todo menos típica. Nunca había conocido a nadie como ella ni creía que la fuera a conocer y a parte de su espectacular físico que resaltaba allá donde iba, tenía algo único, un aura especial... Como si no fuera simplemente una trabajadora del ministerio, sino algo mucho más importante. "Seguramente sean cosas mías. Qué fácil es sorprenderte." - Me repliqué a mí mismo, frustrado por la gran atención que llamaba en mí aquella figura femenina. Realmente odiaba aquella sensación, hacía que me rebajara demasiado y que actuara con miedo a cagarla.

Le respondía con sinceridad a todas sus preguntas, asintiendo orgulloso cuando dedujo que pertenecía a Slytherin. - ¿A dónde iba a pertenecer si no? - Inquirí con aires de superioridad. - Las demás casas no sirven para nada, y la mayoría de los que están en ellas son palurdos que no tienen sentido de la vergüenza ni de la dignidad. - Yo mismo noté el tono con el que había soltado aquella afirmación. Realmente le tenía un profundo asco a los justicieros de Gryffindor, y a los sabelotodo de Ravenclaw, y a los de Huffelpuff... mejor ni nombrarlos, eran tan patéticos... El mundo estaría mucho mejor si todos fueran como los Slytherin, fuertes y decididos, no cabía duda alguna.
Sólo hubo una pregunta en la que no fui del todo sincero, y con del todo, me refiero a que mentí como un bellaco, pero es que en aquellas circunstancias no me quedaba otra. ¿Cómo iba a decirle que tenía catorce años? Lo más probable es que al saberlo decidiera mandarme a tomar viento instantáneamente. - Tengo dieciséis. - Respondí lo más natural que pude, dando otro forzado y pequeño sorbo a aquella bebida infernal. Vale. Ya se que por dos años de diferencia no se muere nadie, pero ciertamente tener dieciséis marcaba una diferencia clara, la diferencia que haría que al menos no decidiera zanjar aquella conversación en aquel preciso instante.

Más tarde, tras el percance con el imbécil con varios grados encima, Abi aceptó mi invitación a salir de allí, lo que en gran parte me sorprendió. No es que no tuviera autoestima, pero no era imbécil. Sabía perfectamente cuándo algo estaba fuera de mi alcance y aquella mujer era una de ellas, por lo que pensé que quizás simplemente se limitaría a despedirme y a quedarse donde estaba, lo que hubiera traído consigo un ridículo público ante las personas que estaban atentos mirando la escena que había montado el metepleitos.
Antes de salir me percaté de que Abi se paró a decirle algo al hombre, pero no llegué a entender qué era, aunque por la cara del mismo parecía que algo amenazador, ya que tras aquella expresión solo le había faltado mearse encima.

Al salir del bar, sus palabras me hicieron venirme arriba y volver a mi comportamiento engreído y egocéntrico de costumbre, poniendo mi sonrisa ladeada de siempre. - Ya, aunque ganas no me faltaron... - La escuché atentamente, y en un acto reflejo mis ojos agrandaron su tamaño debido a la indudable sorpresa que me había causado que me propusiera ir a otro lugar y además de aquella forma tan provocativa.]i]"Uf, Damon, contrólate..."[/i] - Desgraciadamente tienes razón, en Hogwarts no hay absolutamente nada interesante, o al menos tanto como tú. - Me atreví a soltarle un piropo como quien no quería la cosa, más que nada para valorar su reacción. - ¿Es muy atrevido por mi parte proponerte ir a tu casa? Podríamos seguir la noche allí... Así no pasas frío, y me sigues hablando de tí. Sinceramente, me provocas una curiosidad que rara vez he experimentado. - "¿Experimentado? Qué bien hablo cuando estoy ligando, oye" - Se que probablemente yo no te parezca más que un niño, pero como te dije antes, puedo sorprenderte, y estoy dispuesto a demostrártelo con algo que no sean solo palabras. "Oh Dios Damon, ¡estás hecho todo un galán!" Mi fuero interno aplaudía mi atrevimiento escandalosamente, animandome a seguir adelante, ya total, ¿qué más podía decirle? Era obvio que me atraía, ahora sólo faltaba saber si era mutuo, y si era así, poner todos mis conocimientos en práctica para no decepcionarla.
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Abigail T. McDowell el Lun Ene 27, 2014 11:07 pm

Opinaba igual que él al respecto de los pertenecientes a las casas ajenas a Slytherin. No era por alardear, pero era lo que había. ¿A dónde llega la gente sin ambición? A nada, a tener una vida común, monótona y aburrida. ¿A dónde llega la gente valerosa? Cómo mucho a amagos de Aurores. ¿Los inteligentes? Podrían tener una vida un poco más distraída, ya que sus trabajos serían los más difíciles y simplemente tendrían que trabajar más. ¿Y los leales? Por favor, esos seguro que son tan tristes que trabajarán en trabajos muggles… Pero sin ambición… sin ambición nadie es nada. Por eso los Slytherin somos tan decididos, fuertes, dignos y con grandes metas. Tampoco era decir que los demás no servían para nada… servían para dejarnos a nosotros tan arriba. Jugueteé con mi vaso vacío distraídamente y le pregunté qué cuántos años tenía. La verdad es que hubiera estado muy bien que estuviese en séptimo, pero por ahora sólo había llegado a sexto. Fruncí los labios.

No está mal. Estás en sexto, ¿no? Entonces ya debes de haber aprendido uno de mis encantamientos favoritos… Fyendfire. ¿Lo conoces? Adoro ver cómo son devorados y erradicados por mi propio animal envuelto en llamas… —susurré, con malicia y perversión, mirándole con un brillo en los ojos. En ningún momento dije la palabra “persona” en mi frase, ya que si era inteligente y decía ser quién era, iba a sobreentenderlo.

No tardó en destrozarme la tapadera y la “velada” un estúpido borracho con ganas de “quitarme de encima al plasta y hacerse pasar por el héroe”, sinceramente, este jovenzuelo de dieciséis años se me antojaba como lo más divertido que podría pasarme un día tan aburrido como ese. Era un alma rebelde, con evidentes ganas de pasar a la acción… y a mí me gustaba la acción, además de que la mentalidad de un muchacho adolescente siempre es de lo más perversa y tentadora y me había llamado la atención saber hasta dónde podía llegar… sobre todo después de insistir con que podría sorprenderme y que no era el niño que aparentaba.

Acepté el salir de allí y le propuse hacer algo, invitándole a fugarse una noche de Hogwarts. Por regla general, si te pillan te arriesgas a una semana de castigo intensivo, ya que si no te ven en Hogwarts incluso pueden dar un aviso o alerta por desaparecer sin dejar rastro. No obstante, yo muchas veces me quedé fuera por culpa de llegar tarde y jamás me pillaron.

Para mí sorpresa, el pequeño Damon sacó todo el coraje existente en su interior para decir las próximas frases que marcarían un antes  y un después. Si no había tenido iniciativa antes para acercarse a mí, la había cogido de golpe con lo que acababa de decir. ¿Ir a mi casa? ¿Demostrármelo con algo que no sea sólo palabras? Alcé una ceja con picardía, mirándole. Si tuviese par de años más, no le diría que no… pero por ahora no me ha dado por acostarme con jóvenes menos de edad. Quizás algún día me dé por hacerlo, cuando esté borracha hasta la médula y me dé por experimentar cosas nuevas… o mejor dicho, enseñarle al chico cómo es tener sexo con una Diosa del sexo. Además, sería injusto para las chicas de su edad que lo hiciese con él, ya que después de mí, no querría probar a nadie más. Al ver el atrevimiento que le supondría a él decirme eso, quise aprovecharme y tornar un poco el juego.

Suelo provocar esa curiosidad en todos, aunque muy pocos consiguen saciarla… —le dije, entre sensual y traviesa, para que no se hiciese demasiadas ilusiones, pero sin quitárselas del todo ya que me encantaba que me deseasen.

La verdad es que para su edad prefería que me demostrase lo hombre que era apalisando a alguien que en la cama. Me gustan más maduritos que yo, no más maduritos que el Pato Donald. Aun así admitía que de no haberme llamado la atención, hubiera ignorando sus miradas y le hubiera mandado a la mierda, cosa que no hice. Sin embargo, no me dio tiempo de decir nada, ya que el hombre al que Damon había dejado muy mal dentro salió, señalándonos y diciéndole a dos amigos suyos que éramos nosotros. Muy hombre todo. No puede con una chica y un niño y llama a sus amigos matones. ¿Qué pretende? ¿Hacernos bullying? Maldito cobarde… Cogí del brazo sugerentemente a Damon y le eché hacia atrás para caminar y alejarnos de ellos, pues a esos imbéciles no le importaría para nada hacer un espectáculo en medio de las calles. Me conocía Hogsmeade muy bien y muy pocas personas habitaban aquellas casas de forma regular, por lo que no sería difícil buscar un lugar sin nadie.

Primer callejón a la derecha. Haz como que huyes —le dije, dándome la vuelta. Esperaba que no se hiciese el gallito allí, porque en plena calle de Hogsmeade teníamos las de perder, sin embargo… en un callejón no.

Nos metimos en el callejón que le había dicho y, como era evidente, aquellos zarrapastrosos nos persiguieron. Era de noche y, por suerte, no había mucha gente por la zona ya que estábamos en unos de esos fines de semana en donde se celebran importantes partidos de Quidditch y todo el mundo está ahí. Intenté hacer como que abría algunas puertas en plan desesperado para aparentar estar asustada y una de ellas se abrió, dejando una habitación oscura y polvorienta a nuestro paso. Cómo esos imbéciles se les ocurra entrar aquí… Le hice una seña a Damon para que entrase detrás de mí y le acerqué a la esquina más oscura tras cerrar la puerta. Me tomé la libertad de pegar mis labios a su oreja y con sensualidad y suavidad, le susurré unas palabras:

Si entran… tendrás tu oportunidad de demostrarme lo hombre que eres… —dejé caer las palabras con seducción, justo antes de mirarle y ver cómo entraba la poca luz que podía por la puerta al abrirse con brusquedad, lo cual hizo que nuestros rostros se iluminasen levemente.
¡Nenaza, ven aquí para que pueda patearte el culo como es debido! Y pelirroja, podemos pasárnoslo muy bien los cuatro… —dijo, con soberano tono de violador empedernido. Por favor. Encima tres contra una, definitivamente me asombra la hombría de estos cerdos. Magos como estos desprestigian el honor del don de la magia y odiaba muchísimo a todo aquel que encima lo hacía con orgullo.

Si Damon tenía dieciséis años no podía hacer magia fuera de Hogwarts a no ser que fuese en defensa propia, así que esperaba que fuese lo suficientemente inteligente como para no cagarla. Yo saqué mi varita y apunté a la puerta, cerrándola mágicamente de un portazo y haciendo un muffliato a la habitación. Ahora nadie podría salir y nadie podría escuchar lo que pasa aquí dentro… Lo que pase aquí, aquí se quedará. ¿Quién dará el segundo paso?
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Mar Feb 04, 2014 2:25 pm

Una vez fuera y tras haberle soltado todo lo que llevaba pensando durante la noche no pude evitar sonreír al ver su reacción. Se notaba que le gustaba hacerse la dura, y para qué mentir, en el fondo me encantaba. Era obvio que probablemente le parecería muy joven para ella o inexperto, pero quién sabía, hasta el momento no parecía haberle desagradado mi atrevimiento y eso ya era un paso, así que por intentarlo no perdía nada.
Me había soltado aquella frase insinuante y cargada de esperanzas, aunque en parte empezaba a perderlas, ya que tampoco era estúpido y no iba a permitir que nadie jugara con mis ilusiones, por muy buena que estuviera o muy interesante y especial que me pareciera. Al fin y al cabo no dejaba de ser sólo una mujer. De hecho notaba cómo mis intereses sexuales hacia ella iban disminuyendo, a la vez que aumentaba mi interés psicológico, es decir, aquella chica era buena en algo, era una figura importante, pero me daba la sensación de que no sólo en el Ministerio, sino que había algo más detrás. Quizás se dedicara a algo ilegal...

Antes de que Abi pudiese contestarme a mi proposición a pasar la noche en su casa (ya que era el único lugar que se me había ocurrido donde poder tener algo más de intimidad con ella, a la vez que podríamos estar más cómodos), vimos cómo el tipo de antes salía decidido del bar, señalándonos sin ningún tipo de tapujo, como dándole a entender a sus acompañantes que eramos nosotros. - ¿En serio sigue con ganas de jaleo? - Le dije a Abi en un tono de voz prudente. - Hay que ver la clase de pretendientes que te buscas... - Bromeé, observándolos detenidamente mientras hablaban entre ellos.

Unos segundos más tarde se dieron la vuelta y emprendieron camino hacia nosotros, estaba claro, quería cobrarse el haber sido ridiculizado ante todos los clientres de Las Tres Escobas. Pensaba en qué hacer, podía enfrentarme a ellos (aunque era obvio que estaba en ventaja numérica y física) o podía simplemente realizar una retirada estratégica sin que Abi pensara que era un cobarde. De todas formas, no me dio tiempo a reaccionar, ya que Abi se adelantó y cogiéndome del brazo sutilmente me indicó que fuera hacia el primer callejón a la derecha. Yo me lo pensé un segundo, pero al final llegué a la conclusión de que era mejor bajar mi orgullo esta vez y hacerle caso, seguramente ella sabía lo que hacía, además de que probablemente conocería el lugar mejor que yo, así que mirándolo desde un punto de vista objetivo era lo más sabio por mi parte.

Ibamos a un paso ligero pero sin correr para evitar llamar la atención de los lugareños o de personas interesadas en ese tipo de conflictos, ya teníamos bastante con tres cavernícolas borrachos. Abi abrió una de las puertas, suponía que probando suerte y esta se abrió, por lo que nos adentramos en la misma, quedándonos casi completamente a oscuras. Entonces la chica se acercó a mí y me susurró al oído unas palabras que hicieron que se me bajaran las defensas al completo. "¿Cómo leches quiere que me encargue de ellos con esta "inflamación" entre las piernas?" - Me pregunté, notando cómo me subía la bilirrubina. Aquel acercamiento de Abi sumado con el momento de tensión en el que nos encontrábamos había hecho que me subiera por las paredes.

Los tres personajes no tardaron demasiado en traspasar la puerta que nosotros acabábamos de abrir, y sin pensármelo demasiado, y motivado por la rabia y el calentón que tenía guardados aproveché la ventaja de que mis ojos ya se habían acostumbrado un poco la oscuridad para abalanzarme hacia uno de ellos, dándole un placaje que hizo que cayera al suelo ipso facto. "Al fin los entrenamientos de Rugby dan sus frutos" Traté de levantarme y recuperar el equilibrio, pero uno de los otros dos me dio un fuerte golpe en la espalda que hizo que cayera junto al otro. El tipo no dudó en lanzarme un hechizo para acabar pronto con aquello, y yo sabía perfectamente que aquella era mi oportunidad para devolvérsela, ya que se consideraría que usaba magia en defensa propia. - Desmai... - No obstante, antes de que pudiera terminar de conjurarlo (ya que estaba un poco lento debido al alcohol), saqué mi varita rápidamente y le desarmé con un "expelliarmus" e intenté dejarlo fuera de juego. - ¡Confundus! - El hombre cayó inmediatamente, aturdido por el hechizo y fue justo entonces cuando el que faltaba me dio un fuerte puñetazo en el estómago, haciendo que soltara un quejido. Sin perder tiempo el primero que había caído se levantó un poco desequilibrado y me cogió del cuello de la camiseta, empujándome con bastante fuerza hacia atrás, haciendo que me diera un fuerte golpe en la cabeza con una columna. - Hijo de p... - Sin darme casi cuenta recibí otro fuerte golpe, esta vez en la cara, haciendo que comenzara a sangrar un poco por la nariz. - Muy bien valiente, ¿dónde está la guapita? - Me amenazó uno de ellos con la varita en mano. - ¿Crees que te lo diré por el mero hecho de sangrar un poco por la nariz? Tendrás que currártelo más. - Le reté, llevándome la mano a la misma, aunque sabía perfectamente que me arrepentiría de aquellas palabras en pocos segundos, como solía pasarme cuando me hacía el valiente estando en clara desventaja.
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Abigail T. McDowell el Miér Feb 05, 2014 3:12 pm

Me crucé de brazos y me apoyé con un hombro sobre la pared de aquel lugar, aprovechando que mis ojos se habían acostumbrado a ver en la oscuridad para seguir los movimientos del pequeño Slytherin. Damon hizo uso de la fuerza bruta para tirar uno al suelo, aprovechando después el momento de que uno de ellos iba a hechizarle para utilizar un contrahechizo con más rapidez, dejando a uno de ellos aturdido en el suelo. Sonreí con aprobación a pesar de que después de eso, dos golpes fueron suficientes como para quedarse bajo merced de esos dos hombres restantes. No lo había hecho mal, ¿acaso esperaba poder  él sólo contra los tres? Son unas sucias ratas, están adiestradas para ganar peleas cuando superan en número y también está el factor de que cada una de ellas es casi el doble del chico.

Le sujetaron por el cuello y lo apoyaron contra la pared, pegándole un puñetazo en la nariz que debió haberle dolido por partida doble, ya que tenía la pared detrás. Decidí que dejarle a su merced y que recibiese más daño no era para nada honorífico, lo había hecho bien, a pesar de que pudiera haberlo hecho mejor. Cuando preguntaron por mí, carraspeé y saqué mi varita, acercándome a ellos. Tenía ganas de hablar, ya que quería llegar a entender el por qué de las acciones de estas zarrapastrosas ratas, no era filosofar, simplemente buscaba una respuesta ya que por ejemplo, yo no iba por ahí con la intención de violar jóvenes pelirrojos ni tampoco de matar a jóvenes promesas de Hogwarts. Por favor, esas cosas se dejan para cuando sean adultos y hayan decidido el mal camino, mientras tanto, dejan que se forjen tranquilamente, parece mentira el cerebro reducido de algunos...  

Damon dijo que deberían currárselo más para cantar, a lo que aparecí.

O quizás prefiráis meteros con alguien de vuestro nivel. Señores, quedáis muy poco varoniles yendo tres gorilas como ustedes a por una dama como yo en compañía de su pequeño hermano menor... —comenté para aparentar más credibilidad—. Aunque mi pregunta es si realmente tendréis lo necesario y con ello me refiero a cerebro, ya que me ha quedado claro que cojones no tenéis, para acabar conmigo y con él —concluí, con suma tranquilidad y persuasión, ya que sabía que mi comentario iba a molestarle lo que no estaba escribo.

El que sujetaba a Damon le dio un golpe contra la pared, con la intención de darle un codazo en el rostro, sin embargo, no iba a dejar que sufriera más daño o mañana cuando llegase a Hogwarts harían demasiadas preguntas con la nariz rota y el labio partido. Alcé mi varita y apunté al que estaba apunto de pegarle, conjurando un Depulso no verbal. El hombre salió volando, chocando fuertemente con la pared de detrás. Mientras tanto, Damon quedó libre y el otro me apuntó con su varita, lanzándome algo que no me importaba mientras no fuese verde, por lo que me defendí con un simple movimiento de muñeca, un  Protego despectivo que hizo que su hechizo quedase por el camino. Y así con tres hechizos más, por los cuales ni me inmuté.

Y he aquí la diferencia de poder —y le desarmé.

Le puse la varita en el cuello y conjuré un Crucio no verbal, lo cual hizo que el hombre empezase a gritar y a convulsionar mientras caía al suelo. Miré al otro que estaba recomponiéndose del golpe mientras mi varita seguía profiriéndole un agonizante dolor al que ahora estaba a mis pies. Una vez quedó fuera de combate, me acerqué a Damon y desarmé al que nos apuntaba desde el fondo de la habitación, el mismo que había empezado todo en Las Tres Escobas. Me puse por un lado de Damon, pasando mi mano por detrás de él a la vez que le acariciaba los mechones que caían por su nuca. Acerqué tranquilamente mi boca hacia él y lo miré de cerca, desde un lateral.

¿Y bien? ¿Qué quieres hacer con ese? —pregunté esperando a oír sus deseos. Podría deleitarse él o bien decir cómo quería que acabase, no me importaba dejar un cuerpo, sabría como encubrirlo. No obstante, sería imposible encubrir tres, por lo tenía claro lo que hacer con los demás.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Lun Feb 17, 2014 1:39 pm

Cerré los ojos a la espera de recibir una buena tunda, pero por suerte esa paliza nunca llegó. Justo cuando pensaba que ya no saldría de allí con el rostro intacto apareció Abi desde las sombras, hablando a los matones con la voz más sensual que mis inexpertos oídos habían escuchado nunca. "Aunque mi pregunta es si realmente tendréis lo necesario y con ello me refiero a cerebro, ya que me ha quedado claro que cojones no tenéis, para acabar conmigo y con él" Joder, no sabía si Abi era consciente de que estaba retando a nada más y nada menos que a tres tíos, que por muy descerebrados que fueran seguían siendo más corpulentos y fuertes que ella. A pesar de ello parecía muy segura de sí misma. Tan segura que daba miedo. Definitivamente no me hubiera gustado estar en la piel de aquellos en ese instante.

Sin previo aviso el matón que me estaba sujetando me estampó con fuerza contra la pared. Apreté los dientes, evitando soltar cualquier quejido o muestra de dolor. Después de eso no fui capaz de fijarme en qué había pasado, lo único que vi fue al hombre en el suelo, al otro lado de la habitación. Parecía inconsciente. "¿Lo ha matado?" Miré sorprendido a Abi, pero ella estaba ocupada aún con los otros dos. Ridiculizó al siguiente en cuestión de segundos, no sin antes hacerlo también de forma verbal. "Y he aquí la diferencia de poder" "¿Quién demonios es esta mujer?" Había visto a personas fuertes, sí, pero nunca de ese modo. Más que su poder lo que me sorprendía era algo diferente, habría jurado que desprendía un aura diferente a los profesores de Hogwarts, por ejemplo, no hubiera sabido explicarlo, pero era raro.

Yo me limité a observar la situación, ya que sabía que cualquier acción por mi parte sólo la estorbaría y ya a aquellas alturas había quedado claro que no necesitaba mi ayuda ni por asomo.
Abi se acercó a mí y me acarició el cuello dulcemente, mientras me preguntaba qué quería hacer con el único que quedaba consciente, que era justamente el que había empezado todo aquello en Las Tres Escobas. Por un momento pensé en decirle que sería mejor irnos de allí cuanto antes. Nunca había matado a nadie y desde luego no pensaba hacerlo en aquel momento por el mero hecho de que me hubieran roto la nariz. Además si venían las autoridades probablemente me metería en un buen lío. Pero la voz estruendosa y grotesca del tipo hizo que cambiara de opinión radicalmente. "Vamos chico, deja que la guapita termine el trabajo por tí. Está claro que no puedes defenderte tu mismo..." El tipo seguía claramente ebrio, pero eso no iba a hacer que justificara sus palabras bajo aquella circunstancia. Me levanté decidido y cogí mi varita, que tras el golpe había caído al suelo.

El hombre estaba tan debilitado que ni siquiera se movió cuando me acerqué a él y le miré directamente a los ojos. — ¿Te arrepientes de tus palabras? — Le apunté con la varita, dándole una oportunidad para retractarse de sus acusaciones y de su estúpida decisión de atacarnos. El escupitajo y el fallido intento de coger su varita fue una respuesta más que suficiente a mi pregunta. — Alarte ascendere. — Ya a aquellas alturas me encontraba cegado por el odio hacia aquel estúpido que había osado enfrentarse a nosotros. Sin demasiado esfuerzo el tipo quedó suspendido en el aire, y cuando hube localizado uno de los muchos trozos de madera que había en el suelo que tenía forma de estaca, dejé de apuntarle y rápidamente, antes de que éste cayera al suelo, atraí ésta con la varita, clavándosela justo en el centro del pecho, lo que hizo que soltara un grito de dolor terrible.

Lo había matado. Lo miré unos instantes, incapaz de creerme lo que había hecho. Nunca había experimentado aquella sensación, y no estaba seguro del todo de cómo me sentía. Me recorría una sensación de adrenalina mezclado con rabia y miedo que nunca había sentido antes. No era como cuando casi morimos Danny y yo en el Bosque Prohibido, era totalmente diferente. Era el sabor del poder, el sabor de la victoria.
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Abigail T. McDowell el Lun Feb 17, 2014 7:03 pm

No era difícil superar en poder a estos tres imbéciles de aquí. No sabía si eran seguidores de Voldermort, no sabía si eran simples estúpidos que se dedicaban a robar, matar y violar a gente sin más. Sólo sabía que eran un cáncer para la magia y, como tal, se merecían lo que le  tocaba. ¿Acaso pretendían salir airosos tras dejar a un chico como Damon de dieciséis años hecho polvo y a una chica como yo con un trauma de por vida? Bueno, una chica parecida a mí. Evidentemente, yo corto penes antes de que alguno de esos me toque. No obstante, no me parecía justo y lejos de utilizar los métodos convencionales de defensa, denuncia y presos en Azkaban, yo prefería darles una lección que les marcase de por vida. Mi poder superaba mucho al de estos tíos, al fin y al cabo, tengo a un buen maestro que me precia de su más oscura y poderosa magia. Ellos tendrán los hechizos elementales de cuando sales de Hogwarts y mucho es, les faltaba precisión, decisión y crueldad. Eran simples aficionados que no tienen nada que hacer cuándo se enfrenta a la gente equivocada, por mucho que superen en número.  Un Cruciatus fue suficiente como para dejar a uno de las ratas en el suelo compadeciéndose por sí mismo. Estaba vivo, incluso consciente, pero el dolor mental y físico que te produce un Crucio puede dejarte vegetal durante bastante tiempo si nunca lo has sufrido. El otro se había quedado tumbado en el suelo con lo que había hecho Damon y lo único que yo hice, fue desarmar al imbécil de Las Tres Escobas y tirarlo contra la pared del fondo.

Mi proposición fue clara para Damon. Yo tenía claro lo que hacer si él no reaccionaba, pero quería ver si era tan hombre como decía todo el rato… Un niño por lo general, se hubiera acobardado y hubiera intentando salir por la puerta alarmado, él había mirado y ahora estaba expectante en su decisión. Por un momento pensé que se echaría atrás, que diría que ya estaba bien y que nos fuésemos de ahí. Esa reacción hubiera sido la que sentenciaría un antes y un después, ya que después de eso aparecería en las Tres Escobas, con la memoria borrada y con un bello recuerdo de una pelirroja con la que nunca tuvo la oportunidad de hablar. Sin embargo, no fue así. El hombre se había encargado de despertar al chico con su frase apabullantemente humillante. Lo dicho: gilipollas. Si llega a suplicar por su vida, incluso a lo mejor hubiese conseguido ablandar el corazón de Damon, pero el subnormal lo que hace es hacerle rabiar. ¿Acaso no sabe que la rabia lleva a la ira, la ira al odio y el odio a la desesperación de la venganza? Damon se acercó a él y le preguntó que si se retractaba de sus palabras, yo mientras tanto, me mantuve detrás, sonriendo y de brazos cruzados.

El hombre tuvo la insensatez de ir a buscar su varita pero no le dio tiempo, ya que Damon levantó por los aires al hombre y cuando menos me lo esperé, movió uno de los trozos de madera abandonadas de una esquina hacia donde se encontraba el hombre, haciendo que cuando cayese, lo hiciera justo en dónde se encontraba eso. El trozo afilado de madera le atravesó el pecho, de donde empezó a emanar sangre formando un charco debajo de él. ¿Era lógico que me pusiera cachonda los actos sádicos y crueles de un chico de dieciséis años? Lo que sí sabía era que no debía de mirar más toda esa sangre o terminaría por echar todo lo que había bebido y más. Me dirigí hacia los dos inconscientes del suelo y me agaché al lado de cada uno de ellos, llevando mi varita a su frente y borrándoles a ambos los recuerdos vividos aquella noche. Para ellos, los dos que jamás nos vieron dentro de Las Tres Escobas, seguirían sin vernos. Sabiendo lo que harán mis compañeros con aquellos dos, este homicidio pasará totalmente desapercibido, al fin y al cabo, aquellos atentarán contra grandes peces importantes y este tío sólo es un borracho que me sorprendería si tuviera familia, cosa que poco me importa.

Cuando terminé, me dirigí al chico que aún estaba mirando el cadáver, estaba segura de que había sido su primera vez. Qué mono… Sobre todo por ver su cara de pánico controlado después de hacerlo, ni él mismo se lo creía. Me puse delante de él y me pasé la lengua por los dientes, sonriendo con cierta travesura.

Felicidades. Ahora sí que puedes alardear de ser un hombre —observé como le sangraba la nariz y a su vez, tenía el labio partido, nada que no se pudiese arreglar—. No te preocupes por lo que está delante de tus ojos, jamás asociarían algo así con alguien como tú. Además de que no mostrarán interés en un homicidio que incluso pudo haber sido un accidente… Bien pensado —comenté, aunque estaba segura que su intención no era precisamente hacer que eso pareciese un accidente. Al fin y al cabo, un hombre borracho pudo haber entrado aquí y con la oscuridad, la inestabilidad y todos los factores que van en contra de un borracho, acabar así—. Este será nuestro pequeño secreto, ¿verdad? —pregunté, notándoseme que tampoco me preocupaba demasiado el hecho de que dijese que no. De hecho, por su bien él sabría que lo más lógico sería guardar el secreto, además, por lo que me ha contado, creo que esto va a motivarle más a la larga que ha acojonarle.

De un par de movimientos de varita, la puerta dejó de estar sellada mágicamente y el campo de sonido también se eliminó. Miré a mí alrededor y no vi nada que pudiese delatar ni a un joven Slytherin ni tampoco a la Secretaria del Ministro. Miré a Damon y sonreí con cierta picardía.

Vamos a curarte eso, ahora sí que podemos ir a mi casa. Espero que no eches de menos Hogwarts por una noche… —Aunque sabiendo por lo que acababa de pasar, lo menos que querría era estar en las lúgubres mazmorras de Slytherin. Le sujeté suavemente por la nuca y nos desaparecimos de allí.

OFF: Abre en mi casa si quieres, pequeño.
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