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Paint me red (Joahnne)

Invitado el Mar Abr 12, 2016 2:10 pm

El cómo se ha llegado a un sitio carece de importancia, ¿No es así? En efecto, así es porque lo dicta este humilde narrador.

Me encontraba en Hogsmeade con la inestimable compañía de Joahnne, la prefecta de séptimo curso de Gryffindor, otra alumna pelirroja del castillo con quien tenía una relación envidiable. Nuestra amistad se remontaba hasta cinco años atrás, aproximadamente, por lo que si no éramos inseparables era principalmente por permanecer a casas distintas. Caminábamos por entre las calles, hablando sobre temas de nula importancia pero que nos sacaban alguna que otra risa. En algunos momentos, le ofrecía una rana de chocolate, una golosina con sabor a fresa o un caramelito de limón, pues habíamos parado hacía cosa de unos minutos en Honeydukes, lugar donde gasté un buen puñado de galeones por pura glotonería.

Siempre he querido preguntarte algo. ¿En qué estabas pensando cuando te metiste en el torneo? Pensé que se te había ido completamente la cabeza. Luego luchaste contra una maldita quimera… ¡Y lo lograste! Hubo momentos en los que creí que íbamos a tener que sacarte de ahí recogiendo tus cenizas o juntando piezas como si fueras un puzle muggle. Me dejaste impresionada, ¿Quieres un caramelito? —Le tendí uno, con una sonrisita dibujada en mis labios. Ahí Joahnne demostró qué tan buena podía ser, y a mí me llenaba de orgullo poder pasear por ahí en su compañía, más incluso teniendo en cuenta que la conocía desde mucho antes del evento—. ¿Qué se siente al estar ahí abajo, siendo el centro de atención de centenares de miradas y sabiendo que el mínimo error te costará la peor de las muertes? —pregunté, llevándome una rana de chocolate a la boca para devorarla de un bocado. No fue una pregunta con malicia, cabe destacar, sino una muy curiosa. No comprendía cómo ella podía jugarse la vida ante lo que consideraba un simple espectáculo más bien grotesco.

El viento, suave, ululaba por las calles y levantaba pequeñas motas de polvo de los grises adoquines. La gente escaseaba, si bien el pueblo rebosaba su ya clásica y típica actividad. Otros alumnos aprovechaban el día para realizar sus compras pertinentes o para tomarse una bebida presuntamente sin alcohol con sus coleguitas, todos ataviados con sus uniformes. Yo, con ropa de calle, parecía haber salido del mundo muggle por error. No me importó.
Y dime, ¿No te preocupa estar en coma como el campeón de Slytherin y perder todo el año? —Podía parecer que estaba siendo ceniza, pero no. Es decir, cualquiera lo afirmaría, pero yo sólo estaba formulándome una serie de dudas que esperaba que ella pudiera resolver, pues yo no me veía capacitada para ello—. No respondas, ya sé qué dirás. Que efectivamente, te preocupa, pero no cometerás sus errores. Es lo que se dice siempre, pero sé que tú cumplirás con tu palabra. —Amistosamente, la rodeé con un brazo y señalé un local cercano—. Mira, es Las Tres Escobas. O se le parece mucho. ¿Entramos a tomar algo? Luego pienso llevarte de compras, quiero hacerme con algo que sorprenda a Ian en nuestro próximo encuentro. —Despacio, pasé de mirar al frente a mirarla a ella. Estallé en carcajadas.
¡Mentira! Venga, entremos. ¿Qué te vas a pedir? —pregunté, prácticamente llevándola al interior del lugar cogiéndola de la mano.
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Invitado el Mar Mayo 17, 2016 2:45 am

Quería despegarse de todo lo que le ocurría, volar unos meses atrás antes de que su nombre resonara por su mente con la voz tan familiar de Dumbledore. Anunciando que participaría en el Torneo de los Cuatro Magos. La pelirroja habia sido consciente de la decisión tomada al escribir con letra cursiva prolijamente aquel pedazo de pergamino. Sin embargo, habían muchos que en la casa de los leones querían presenciar en primera persona aquellas pruebas.  A pesar de ello, le tocaba a ella tomar la responsabilidad de representar a la casa de Gryffindor.

Su mirada, en ciertos momentos del día, se transformaba en una actitud tosca y fría. Simplemente se sentía sola, Rubén no estaba para ella como años anteriores. No quería ser más la niña buena que acataba todo, que no maldecía. Es una putada. Ese pensamiento se hacía presente cuando sus ojos observaban con detenimiento las acciones ajenas,  que ocurrían en el paisaje por detrás de la ventana de su habitación.

Había acordado juntarse con Ashley y pasar tiempo con la pelirroja en Hogsmeade. Sin rumbo definido por el momento. Era una amistad que se había creado desde el comienzo, cuando la más pequeña pisó Hogwarts. Ambas eran lo suficientemente unidas como para confesarse cosillas sumamente interesantes y escandalosas.

La conversación fluía, como siempre que se encontraban. No tenía problemas para dejarse flotar junto a su amiga y no tener los pies sobre la Tierra. O al menos, si no se los necesitaba en tal posición. El chocolate ante su paladar era exquisito, su rostro se lo delataba a cualquiera que le viera a los ojos por unos segundos. Y Ashley no era muy buena amiga para mantenerla en la "dieta". Agradecía tener un buen metabolismo.  O sería un pez globo rodando por las calles en busca de un asiento lo adecuadamente grande para que ambos traseros entrasen, y así continuar la plática. Honeydukes, era una de las tantas tiendas favoritas  del dúo pelirrojo.  Sinceramente, serían ballenas de no ser por las actividades extras que realizaban y su metabolismo. ¡Bendito sea Dios por darle ese cuerpo!

El hilo de pensamientos ( si quedarse atontada por la rana de chocolate se le podía llamar así) se detuvo. - Ni siquiera yo lo sé...- aceptó el caramelo y lo desenvolvió sin cuidado, nerviosa. Sus labios se entreabrieron para recibir el dulce degustándolo por segundos antes de continuar.- Sinceramente no esperaba que el bendito cáliz me eligiera. Creo que en verdad me volví loca , quería representar a los leones, hacer algo para marcar mi despedida de Hogwarts. Pero si, se me fue la pinza totalmente. - mordió desde el lado derecho la pelotita dulce pero no pudo reventarla. Ashley era así, curiosa sin más. Muchos años a su par le habían permitido crear una ficha en su mente y saber con lo que podría encontrarse en algún momento de despiste. - Nervios. Siempre siento nervios cuando soy el centro de atención, no me molesta pero tampoco me apasiona. Me acostumbré con los partidos de Quidditch y más cuando me convertí en capitana del equipo. Sin embargo, es una buena pregunta...- comprendió que nunca se lo había planteado, nunca se había visto desde otro punto de vista. Lo vivía y esperaba olvidar ciertas sensaciones para el día siguiente. - Solo pasó una prueba pero es aterrador. Cuando me enteré que Damon, el chico que representaba a Slytherin, quedó internado mi piel se erizo y un malestar se hizo presente como para no irse. No podía entender como había ocurrido, creía que Dumbledore estaba presente en cada detalle y posibilidad. Pero no, esto no es un juego de niños y en verdad lo había juzgado mal. Sientes de todo Ash, es algo que está por encima de ti. Como dijiste, al mínimo error puede que tú seas una de las personas en recorrer San Mungo para visitarme o, peor, recoger lo que resta de mi cuerpo. -  Tomó una bocanada de aire y apretó el puente de su nariz con los dedos de la mano derecha. ¿ Desde cuándo se había convertido en esto? Este pequeño retroceso de coraje. El temer por lo que podría ocurrir en el próximo desafío, el querer sobrevivir. Joahnne quería sobrevivir, no ganar. Eso ya daba igual en el punto que se enteró de Damon Harrelson.

Sus pasos continuaban,  seguía a su amiga pelirroja y cada tanto se rascaba la nariz para calmar los nervios incoherentes que le asaltaban. Se conocía, sabía a ciencia exacta que su cambio de humor era como una hoja y que podía darse vuelta con un simple viento. En esta temporada, su entusiasmo era débil y solo se limitaba a sonreír en momentos necesarios. Un aura de depresión se podía sentir emanar de su cuerpo, de su habla. No quería preocupar a nadie, y lamentaba mentir. Le dedicó una sonrisa naturalizada y continuó mientras frotaba sus manos ante el viento que las azotaba flacamente.

Las dudas por parte de la águila era bien recibidas, no tenía ninguna pizca de malicia. - Creo que lo que me preocupa es morir, no perderme un año de curso o quedarme en coma. Bueno, si el coma me induce a la muerte, equivale a lo mismo del principio que te decía. No quiero cometer errores, pero todo puede pasar y espero que esa palabra se cumpliese.- mordió su labio y acepto que el brazo ajeno pasase por encima de sus hombros.  Las Tres Escobas estaba delante de ellas, su espíritu comenzaba a elevarse. Se sentía peor que en pleno periodo con aquellas hormonas y cambios de ánimo. Hasta que dijo esa frase. ¿En serio tenía que decir algo como eso? Esa pregunta resonó en su mente y solo atinó a mirarle con cara de mala leche. Me está jodiendo.

Suspiró de alivio. Entraron sin problema alguno, a parte de esa oración que fue borrada instantemente de la cabeza de Joahnne antes de que se detuvieran a aclarar sus posturas sobre tener relaciones sexuales deliberadamente.

-Cerveza de mantequilla, caliente. - contestó la pelirroja siendo empujada por la otra fémina. Joahnne buscó un lugar libre y condujo a su amiga hasta la mesa de madera que las esperaba. - A veces me alteras, especialmente con el tema de Ian. - se resignó y resopló. - te seré sincera, muy pocas veces les he tenido envidia. Pueden hacer lo que se les da la gana y son felices con ello sin importar lo que otros digan. En cambio yo cuando intento hacer lo que me apetece todo me sale al revés. Sabes... ni siquiera recuerdo mi primera vez con Rubén y este desapareció. Ni siquiera estoy embarazada como para que se alarme, además era mi mejor amigo...- le dolía la cabeza. ¿Es normal que una chica de 17 años tenga esos problemas? ¿Que su mejor amigo le haya ignorado? ¿No recordar ni siquiera su primera relación sexual? .- Que no se te vaya a escapar con Ian que se va a descojonar de mí y necesito que siga  siendo mi profesor. - jugó con sus dedos mientras esperaba que alguien se acercase a tomar su pedido o una de ellas se levantase para comprar.
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Invitado el Mar Mayo 17, 2016 4:45 pm

No todos los días se tiene la ocasión de dialogar con una participante al torneo. Por ello, y porque Joahnne era una de mis mejores amigas,  la escuché con toda la atención del mundo, ¡Incluso más de la que ponía en clase!
Ladeé la cabeza, pues no esperaba que ni ella tuviera claro por qué metió un papelito con su nombre en el cáliz. Aun así, si ella había sido la elegida era porque tenía más talento que cualquier otro miembro de la casa de los leones, ¿No? Me relajé al saber que la presión y los nervios no la estaban matando, si bien ya daba por hecho que ella sería capaz de sobrellevarlo sin problema alguno. Todos los jugadores de Quidditch deben tener esa capacidad, y más los capitanes, que son quienes deben dirigir su equipo en las buenas y en las malas y demostrar una seguridad acorde a sus ambiciones. Viendo que sus palabras se estaban volviendo cada vez más negativas, me encogí de hombros y me incliné un poquito hacia delante para ver mejor su rostro. Ni corta ni perezosa, hundí un dedo en su mejilla para captar su atención. ¿Qué? ¿Iba a ser más eficaz que llamarla por su nombre o no? De todas formas, le sonreí llena de confianza.
Aunque Dumbledore te esté mirando, no esperes que alce la varita por ti. —Una frase dura, pero dicha de forma suave—. Contra esos bichos, cualquier persona se iría a tomar viento al mínimo error. ¿Pero sabes qué es lo mejor? Que tus rivales también van a cometer errores. No, mejor aún. Tú puedes hacer que cometan errores y aprovecharte de ello. ¿No es lo que hiciste con el Fiendfyre? Tú sabías que sólo se puede parar con otro hechizo y que la quimera no lo iba a formular. Si hay ganadores en los torneos, es porque se puede lograr. Tú sigue haciéndolo bien. —Esa fue mi forma de darle ánimos. Casi despreocupada, como si darse de palos con una quimera fuera tan fácil como mojar una galletita en un vaso de leche. Pero así era yo, lo veía todo de forma simple.

Comprendí que lo que más la preocupara fuera morir. ¿A quién no? Volví a ladear la cabeza, igual que antes. Con el brazo sobre ella, alcé un puño como si estuviera celebrando una victoria ignorando su forma tan negativa de ver las cosas.
Dentro de unos meses, cuando se acaben las pruebas, tú y yo volveremos a Hogsmeade y brindaremos —vaticiné, completamente segura de ello. No veía a Dumbledore capaz de poner pruebas exageradamente difíciles, aunque ya había superado mis expectativas en la primera. Sólo Merlín sabe qué clase de ocurrencia tendría para las dos restantes. No obstante, yo no me preocupaba. Ni me preocuparía en caso de ser una participante. ¿Ganaría algo taladrándome la cabeza? No, al contrario. Al cerciorarme de su mirada asesina, me encogí de hombros fingiendo ser completamente inocente.

Ya dentro de Las Tres Escobas, me senté con ella en la mesa que escogió y asentí con su cabeza. Cerveza de mantequilla caliente, yo la pediría fría. Apoyé los codos en la mesa, junté los dedos y apoyé mi barbilla en ellos al oírla hablar sobre mis cuestionables actividades con cierto alumno del castillo.
Lo sé. Soy endiabladamente buena alterándote. —Nuevamente, no lo dije con malicia o malas intenciones. Sí, prefería que Joahnne se molestara conmigo a que vagara en su pozo de negatividad. ¿Qué haría Sybill si la viera así, tan hundida en la miseria? ¿Le lanzaría papelitos mágicos capaces de absorber la maldad? Por otro lado, sabía lo mala que fue su primera experiencia. Qué fiasco, ¿No?
A mí me apetece saber qué hago las noches de luna llena y no tengo ni puta idea de qué pasa —dije en un principio, carente de preocupación alguna—. El tema es… ¿Qué te apetece? De momento te has propuesto sobrevivir, y aquí estás, hablando conmigo. Señal de que no todo te sale del revés —sentencié confiada, en un intento de animar a la pobre chica. Sí, podía ser una influencia mala, una despreocupada de la vida y una persona de ideales curiosos, pero tenía empatía de sobras. O al menos, procuraba ayudar a mis amigos. Qué menos.
¡Pst! —Levanté la mano para captar la atención de un trabajador—. Dos cervezas de mantequilla. Una caliente y la otra fría —pedí, antes de que se me olvidara.
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InvitadoInvitado

Invitado el Jue Jun 23, 2016 4:39 am

Corrección, no todos los días se podía hablar con una participante del torneo viva y que podía contestarte. Ashley se habia convertido en una gran amiga con el paso del tiempo, no tanto como Rubén. O tal vez si, simplemente la pelirroja se sentía contrariada con respecto a los sentimientos certeros que consideraba.

La seguridad que tanto hablaba tambaleaba cuando se encontraba sola enfrentándose a lo desconocido. La primer prueba había sido superada pero había estado reñido con respecto a la quimera que solamente quería carbonizarla. Joahnne estaba preocupada con lo que ocurriría pero no podía hacer demasiado, más que entrenar física como intelectualmente. No podía descartar los acertijos aunque ya habían sido utilizados para este primer encuentro. Últimamente se mordía el labio inferior sin cuidado alguno, enrojeciéndolo. La mirada cabizbaja fue tomada por sorpresa ante el hecho a continuación. El dedo ajeno, de su amiga, se hundía con delicadeza en la mejilla y una sonrisa confianzuda se mantenía en su rostro. Joahnne no podía quedarse atrás, y tampoco quería darse por vencida. Le respondió con una mueca que intentaba ser una sonrisa. Sí, tenía que practicar en el fingir emociones.

-Lo sé, no soy tonta. Soy consciente de que Dumbledore no alzará nada por mi, ni por ninguno del resto. Es una prueba que nos hacen y que a la par, nosotros mismos, nos ponemos en el lugar de superarnos. - entendía perfectamente lo que Ashley le decía, y no malentendía su intención.- Te tengo que confesar algo, al principio me sentía perdida. De no ser que una luz en mi mente se prendió estaría acabada o con quemaduras sobre el segundo grado.  Y es que ninguno se pone a practicar contra esas cosas. Sigo sorprendida de haberlo derribado sin perder una extremidad.- la pelirroja comentó con mayor entusiasmo, contarle tal logro le hacía estar estable emocionalmente.- Y sí, creo que cuando dicen tu nombre pareciera que tu vida cambia y temes por varias cosas. No era consecuente de muchas otras, me hizo bien "madurar" con esto.- mencionó con las comillas en el aire.

La Ravenclaw en verdad quería levantarle el animo a Joahnne, y esta no pudo hacer nada más que intentar cambiar de tema. Tanto con lo que le decía como en su propio subconsciente. No debía preocuparla.  -Vamos Ash, ya se me va a pasar. Es como si estuviera en mi periodo constantemente, no puedo controlar muy bien mis sentimientos, ni mi temperamento. - recalcó antes de continuar.- Y sí, vamos a celebrar a lo grande. Espero que no sea con otra intención, el año que se aproxima no lo pasaré en Hogwarts, dejaré de ser una alumna de aquí. Me es raro pensar eso, después de siete años es algo lógico.- posicionó su mano debajo de su barbilla y posó como si fuera la escultura de "El pensador" aunque con ropa, sin pene, sin tanto pelo. O bueno, con pelo pero solo en su cabeza.

En las Tres Escobas, el ambiente era ameno. Cálido ante el fresco del afuera. Su boca ya estaba saboreando la cerveza de mantequilla que aún no habían pedido.

-Gracias a que me alteras me olvido de otras cosas, sé cuál es tu intención. Aunque no voy a negar que eso es lo que me encanta de ti. - su mano instintivamente se acercó a sus dientes, y estos mordieron la uña sin piedad alguna. La ansiedad la estaba superando. Sus amigos... estaban ahí para ella pero no viceversa. Demasiado embrollo para una niña, así se sentía.

Hablar sobre su vida sexual la hastiaba, aunque ella fuese la que abría el tema. Pero necesitaba descargarse, nuevamente. Y la otra pelirroja estaba animándola, como muchas otras veces. -Podrías poner una cámara muggle para que capte lo que ocurre mientras pasa todo aquello. Y no Ash, me refiero a cuando te conviertes no otras cosas.- desprendió una pequeña risa. La falta de preocupación se estaba contagiando. ¿Desde cuándo se había vuelto una amargada? ¿Una frígida? - No me sale todo al revés pero en cuanto al amor terminaré como Dumbledore. Sin nadie. Aunque puede que sea una mirada ingenua de mi parte, ese señor sale cuando se le apetece y si mete a cada loco como profesor, hasta puede que tenga algún amorío con algún dementor o preso de Azkaban.- imaginó escenas morbosas de las cuales se arrepentía de pensar.

Las cervezas de mantequilla fueron pedidas y un suspiro salió de entre los labios de Joahnne. Anhelaba ingerir algo caliente en estos momentos. - ¿Y tú? Yo el próximo año no podré verte seguido y estarás un poquito más sola. ¿Me cambiarás? - mordió su labio inferior y le dedicó una mirada de perro mojado que necesitaba de un techo y comida.- Tenemos que ponernos al día porque no te he prestado atención... corrección, no he estado con nadie desde que el bendito papel salió del cáliz y los EXTASIS quieren asesinarme.  Y más con el hecho de que Rubén me ha estado ignorando, ya no sé en qué pensar y en qué dedicar mi concentración entera.- la amargura se crispó en su rostro, pero no era en una buena ocasión. Simples segundos. Intentó desviar el tema, nuevamente.- ¡Sabes! Me sorprende haberlo hecho antes de ser mayor de edad.- exclamó divertida como si fuese un logro, y esto era un punto delirante para ella.- Tú me molestas con el tema del sexo, pero sabes que no esperaría hasta el matrimonio aunque tampoco fue una primera vez digna de recordar. Vamos, ni la recuerdo.- rodeó los ojos con sarcasmo.- ¿Has hecho nuevas travesuras? Dime si tengo que cubrirte nuevamente en algo.- exageró dedicándole una sonrisa. - Mientras que no hayas sido vista por un profesor, es campo asegurado. Ojo, no me digas que hiciste cosas ilícitas en el baño de prefectos... Está bien, dilo así sé a cuál no tengo que ir y apoyar mi trasero.- era broma, o no tanto. Pero no la estaba tratando de cualquiera, conocía a su amiga y era consciente de que en cuanto al sexo ella era libre,  sin compromisos y, ante todo, se cuidaba.  Y Ash la conocía a Joahnne como para saber eso.  Se respetaban las opiniones pero no las compartían.
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