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Novias de la Luna (Stella)

Invitado el Miér 20 Abr 2016 - 16:18

Recuerdo del primer mensaje :

¿Cómo? ¿Que qué hacía yo sentada sola en Las Tres Escobas mirando con mala cara un vaso de leche? Todo tiene una explicación sencilla, por absurdo, poco probable e idiota que parezca la situación. Todo empezó cuando quise ir a Hogsmeade, ya fuera sola o en compañía, con la idea de comprar un libro que me ayudara a repasar el temario de Runas Antiguas. ¿Por qué Runas en concreto? Porque me picaba el orgullo. Dije que era una asignatura fácil, y lo era si te sabías de memoria el significado y uso de cada puta runa de cada puto alfabeto. El problema, como vuestras habilidosas mentes ya habrán sospechado, es llegar a memorizar todos los signos existentes. Así pues, el deseo de demostrar que era capaz de aprobar Runas y sacar un excelente con mayor o menor esfuerzo me hizo ir al pueblo en busca de un libro.

¡Ah, avispado lector! Sí, en efecto, no había ningún maldito escrito conmigo en la taberna. ¿El motivo? Que no encontré nada. Nada que considerara que fuera a serme útil. Me pateé cada dichosa librería y repasé cada libro que contenían sin preguntar nada a nadie. Sólo cuando me percaté de que mis búsquedas eran tan útiles como hacer magia para que un ladrillo sacara piernas y se pusiera a romper nueces con las pestañas, me di por vencida y pregunté. Ninguna respuesta recibida fue de ayuda. Así vagué por el pueblo, con un enfado considerablemente mayor según pasaban los minutos. En algún momento de la tarde, vencida por la resignación, entré en el local ya mencionado. Sí, Las Tres Escobas.

¿Qué pintaba el vaso de leche? Muy simple. Demasiado simple. Molesto incluso. En su momento, pedí un vaso de ronmiel con total desprecio, fastidiada conmigo misma y con mi suerte. El posadero de turno no me miró con buenos ojos, mirada que fue debidamente correspondida con la mía. El duelo de miradas suspicaces terminó con un movimiento de cabeza suyo, indicándome que no me lo serviría. Fruncí el ceño y pedí cerveza de mantequilla. Tampoco. Me miró raro cuando pedí Coca-Cola, y me miró aún peor cuando pedí un Cola-cao. Con el mayor desprecio habido y por haber en el mundo entero, lo mandé a freír espárragos de una forma muy maleducada y pedí un miserable vaso de leche. Eso, como habréis visto, sí me lo sirvieron.
Lo tomé sin ganas y bebí un trago pequeñito, con el rostro prácticamente inexpresivo, pero molesta por dentro. Al menos no estaba agria. Me acomodé en la silla, suspiré y miré a mi alrededor sin mover la cabeza, distante. Rebosaba actividad, iban y venían los clientes, afloraban las risas y el buen ambiente. Bufé, con la vaga esperanza de que el estado de ánimo general se me pegara. De lo contrario, yo iba a pegar algo. Puñetazos, tal vez, como algún imbécil se pasara de listo.


Última edición por Ashley Rodwell el Miér 27 Abr 2016 - 16:11, editado 1 vez
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Stella Moon el Miér 27 Jul 2016 - 1:06

Podía ver que Ashley me miraba con algo de desconfianza. Incluso en eso me recordaba a mí a su edad. Siempre sospechando de todo el mundo, desconfianza de palabras que aparentemente carecían de sentido... Pero era normal en este caso. Ella jamás había oído hablar de mí salvo en los periódicos donde se habló de mi juicio y el perdón que recibí por haber sido mortífaga. No me extrañó en absoluto cuando me dijo que su padre nunca había hablado de mis padres, ni de mí. Supuse que habría sido extraño para él no ver a su hija mayor en casi veinte años después de haberla transformado en licántropa a los seis, y encontrarse con algo así. ¿Le había importado? ¿Le había molestado, o preocupado, o algo? Fuese la que fuese la respuesta, a mí me daba igual. Para mí ese hombre no era nada, simplemente un tío extraviado de la familia, nada más.

-Yo tampoco había oído hablar de él hasta hace apenas unos meses. Mi madre no sé, pero mi padre no se habla con él desde hace más de treinta años.- Mamá me había hablado de Wayne, pero no había oído ni una palabra de él por parte de Darren. Treinta años eran muchísimos años para estar peleado con un hermano, y más con un mellizo. Yo jamás hubiese podido estar sin hablar tanto tiempo con Drake. Ahora no me quedaba de otra porque él estaba muerto.

Ashley me preguntó entonces que por qué me había mordido Wayne. La respuesta era simple: para que mis padres me repudiaran como los suyos habían hecho con él, y así poder llevarse a su hija. Pero le había salido todo mal. Me encogí de hombros.

-No lo sé- mentí. 

Me enfadé con Iorwerth cuando escuché a la chica decir lo que él le había hecho. ¿Qué la había encadenado? ¡Se había vuelto loco! Hoy no tenía planes de verle, pero en cuanto le tuviese delante le iba a decir un par de cositas. A él sí que le revelaría la verdad. Iorwerth tenía un punto débil conmigo, a lo mejor trataría mejor a Ashley si supiese que era mi hermana. O mi prima, dependiendo del punto de vista. Legalmente sería mi prima, biológicamente mi medio hermana. Qué lío. Y qué zorra mi madre.

Ashley se sorprendió cuando me oyó decir que los mortífagos no me habían tratando como animales. Era verdad, jamás lo habían hecho. Siempre me había sentido bienvenida, y mi "maldición" era vista como un don por ellos, un as en la manga que podía utilizar como arma para mejores resultados en mis misiones. Y yo, a cambio, había aprovechado ese arma al máximo, forjándome una bonita reputación entre las peligrosas filas de los seguidores del Señor Tenebroso. Asentí.

-Estupendamente. Y me ofrecieron patearle el culo a aquellos que opinaban lo contrario- dije con una sonrisa torcida.- Una oferta como esa es muy tentadora cuando tienes diecisiete años y tienes toda la vida por delante y ganas de comerte el mundo. Pero luego creces, y te das cuenta de que hay caminos incorrectos- dije, para mantener mi faceta de buena arrepentida, aunque mi desagrado por los humanos que hacían el imbécil siguió presente. 

Llegó mi turno de sorprenderme cuando dijo que había caído en Ravenclaw. Vaya, parece que ha roto la tradición familiar.

-No hay nadie que soporte a los Gryffindor ni a los Hufflepuff- dije con una sonrisa burlona.- Ravenclaw es la segunda mejor Casa de todo Hogwarts- dije entonces, manteniendo mi fiel orgullo Slytherin por encima de todo. 

El tabernero vino a preguntarnos que sí queríamos más bebidas o si nos apetecía algo. Debía de estar tan harto de nosotras que venía a preguntar para así trabajar rápido y que no le mareásemos después llamándole de un lado a otro. Yo no pedí nada más, y miré a Ashley por si ella quería algo. Mientras tanto el tabernero observó horrorizado las marcas de mis uñas en la madera de la barra.
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Invitado el Sáb 30 Jul 2016 - 0:32

Por absurda que fuera la situación, las palabras de Stella tenían mucho sentido. Ignoré completamente ella no hubiera oído hablar de mi padre hasta hacía unos pocos meses, pero sí acepté que su padre no se hablara con el mío durante tantísimos años. Desde que tenía memoria, él nunca mencionó a nadie en concreto. Y cuando leyó el periódico con la información del juicio de Stella no realizó comentario alguno acerca de si la conocía o no. No dudaba sobre la veracidad de mi padre, ni tampoco sobre la de Stella. No encontrar ningún error a lo que decía empezaba a confundirme seriamente.
Se lo preguntaré —respondí pensativa, con un codo apoyado en la mesa. Iba a indagar en el tema por simple curiosidad, me tocaba bastante las narices que ella supiera cosas de mi padre que yo misma, su propia hija, desconocía. A no ser que Stella fuera una mentirosa perfecta, opción que no descarté del todo. Visto lo visto, ¿qué podría ser más inesperado a estas alturas?

En lugar de asustarme por la sonrisa que apareció en sus labios, yo también sonreí de medio lado antes de reírme.
Todo el mundo aprovecharía la oportunidad de cerrar bocas molestas —dije, incluyéndome en ese grupo de personas—. Seguro que te lo pasaste bien. —No hubo nada de reproche en mi voz, más bien soné de forma cómplice. De haber estado en su lugar, yo habría disfrutado como una enana. ¿Ser libre y poder joder la vida a los que me la han fastidiado a mí? Sólo con pensarlo se me hacía la boca agua. Había mucha gente a la que me gustaría hacer trizas por venganza o por ser unos discriminadores de mierda. ¡Muchísima! ¿Dónde debía firmar?

Sabía que no era la única que lo pensaba. A veces no soporto ni a los otros de Ravenclaw. Detesto Hogwarts, para mí es una cárcel y no un hogar —dije mordaz, muy directa y sincera. El alcohol no estaba haciendo ningún efecto digno de mención en mí, pero eso no implicaba que me callara ciertas cosas. Suspiré tanto fastidiada como asqueada y negué con la cabeza. Un año más, sólo uno más y ya nada me ataría a Hogwarts. Iba a ser libre de una puta vez. Le volví a sonreír de medio lado, irónica, cuando dijo que Ravenclaw era la segunda mejor Casa de Hogwarts. ¿El primer lugar correspondía a Slytherin? No se lo discutí, en Ravenclaw había mucho inútil suelto.

Mi mirada viajó al tabernero cuando regresó para preguntar si queríamos algo más. El muy hijo de puta buscaba cualquier excusa con la que echarnos del local. Sonreí divertida al ver la expresión de horror que se dibujó en su rostro cuando se percató del pequeño estropicio que hizo Stella con sus uñas. Carraspeé para llamar su atención.
Cerveza de mantequilla. —Fue una bebida que no me quiso servir. Pues muy bien, ahora sí lo haría. Crucé los brazos victoriosa sobre la barra y miré a Stella—. Esa me la pago yo. Y aún tengo sed —argumenté, si bien no dije ninguna mentira.
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InvitadoInvitado

Stella Moon el Sáb 30 Jul 2016 - 17:34

Sonreí de medio lado cuando Ashley dijo que sí que le preguntaría a su padre sobre el tema… Que pregunte, que pregunte… A lo mejor se lleva más de una sorpresa. Yo sé que yo me las llevé cuando pregunté y recibí respuestas que no esperaba recibir nunca.

-No puedo negarlo- dije mientras me miraba las uñas distraídamente cuando Ashley dijo que debía habérmelo pasado bien durante mis tiempos más oscuros. Era cierto, no podía ocultarlo. Seguía pasándomelo bien, puesto que mis tiempos oscuros nunca habían acabado. Allí seguían, acompañándome cada día y haciéndome disfrutar plenamente de cosas malas que no deberían hacerse. Pero lo prohibido es tentador, y caer en la tentación era placentero.

Recordé mis tiempos en Hogwarts. Habían sido buenos, y en cierta manera echaba de menos varias cosas. No soy de esas personas que darían lo que fuese por volver a estar entre sus muros y en sus aulas, pues amo mi libertad de adulta, pero tenía buenos recuerdos. Hay que disfrutar al máximo de todas las épocas de la vida, ya sea de una manera o de otra, y de las oportunidades que nos brindan. En Hogwarts había encontrado muchas oportunidades de esas, y en cierta manera me apenaba que Ashley no viese Hogwarts como un lugar al que poder llamar hogar.

-Lamento que digas eso, pues te pierdes muchas cosas. Ojalá tu opinión al respecto cambie. Aprovecha tu tiempo en Hogwarts antes de salir al mundo real. Es una jungla aquí fuera, y para saber moverte por ella tienes que aprender a moverte por el castillo. Si no disfrutas lo que hay ahí dentro y consideras que es una cárcel, no sé qué dirás de lo que te espera fuera.- Por lo que ya sabía de ella sabía que le desagradaba el control que había en el castillo. En el mundo adulto tendría al Ministerio siendo un grano en el culo. Y en cuanto a los alumnos… aprender a lidiar con quienes no te caían bien te enseñaba a lidiar con tus potenciales enemigos y gente molesta en el mundo real.

En muchos aspectos me veía a mí misma en Ashley cuando tenía su edad. En demasiados aspectos, a decir verdad. Por eso me sentía tan cómoda hablando con ella allí, tranquilamente, sin nadie que nos molestase salvo el tabernero molesto que continuó trayéndonos bebidas durante la tarde y mirándonos mal sin que nos importase. Hablamos mucho tiempo, de varias cosas, hasta que llegó la hora de que ella se marchase de nuevo a Hogwarts y de que yo me marchase de Hogsmeade. Esperaba encontrarme algún otro día con Ashley, pero el futuro era incierto, y yo no tenía prisa.
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