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Are you lost, little girl? {Neferet}

Arabella K. Morgenstern el Dom Mayo 01, 2016 7:14 pm

Pocas veces me acercaba mucho a Hogwarts o al pueblo que había al lado suyo, Hogsmeade. Nunca había estado en Hogwarts, el castillo ni siquiera existía cuando yo había nacido, pero aunque lo hubiese hecho yo no habría podido estudiar en él porque no había heredado la magia de mi padre mago. La naturaleza arpía de mi madre era dominante y había hecho que ni mis hermanas ni yo fuésemos brujas, la magia no era compatible con nuestra eternidad. Pero sí que conocía a gente en Hogwarts, por lo que a veces sí que me acercaba.

En esta ocasión no me estaba acercando para una simple visita social, sino porque quería averiguar cosas sobre un posible puesto de trabajo, y quería ver el ambiente del lugar. Llevaba varios años siendo jugadora de Quidditch profesional (el tiempo había sido apenas un suspiro para mí, pero para cualquier persona normal mi carrera ya había sido larga) y, aunque me encantaba mi trabajo, estaba considerando la opción de explorar nuevas cosas. Parte de mi proceso de decisión era ir a Hogsmeade y estar ahí un tiempo y observar. Observar era algo muy importante siempre.

Como al no ser bruja no podía aparecerme tuve que utilizar otros métodos, como siempre, para ir de Londres hacia allí. Aquello me dio la excusa perfecta para sacar mis alas y alzar el vuelo. Estuve volando durante horas, pero mi vuelo era muy veloz y mis alas muy fuertes, y volar era lo que más amaba del mundo entero. No volar en escoba, aquello era algo que hacía solamente porque debía hacerlo debido a mi profesión, pero el verdadero placer lo hallaba al batir mis alas de membranas y plumas negras y sentir el viento golpeándolas y los músculos de mi espalda moverse y mi cabello agitándose y sentir que podía hacer cualquier cosa que desease sin depender de una escoba. Mis alas me llevarían a donde yo quisiese, eran el símbolo de la libertad.

Era tarde cuando llegué a Hogsmeade, el vuelo no había sido corto, pero todavía no era de noche. Vi a lo lejos el castillo y tengo que admitir que sentí una pequeña punzada de envidia por no haber podido ir allí como hacían los niños magos y brujas. Todos decían que era un lugar maravilloso. Pero no importa, yo había disfrutado de otras maravillas en la vida, y podría disfrutar de muchas más. Decidí no aterrizar en medio del pueblo en una calle llena de gente, sino que me retiré a las afueras del pueblo y aterricé en un bosque. Bajé con cuidado para no chocarme contra las ramas de los árboles y aterricé de pie en medio de un claro despejado. Agité mis alas un par de veces para relajarlas después del largo viaje que había hecho, y estaba a punto de hacerlas desaparecer para volver a tener un aspecto humano y “normal” cuando de repente oí un ruido a mis espaldas que me hizo girarme y mirar a la oscuridad entre los árboles que había allí.

-¿Quién anda ahí?- pregunté a la oscuridad entre aquellos árboles. Sabía que no estaba sola.

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Invitado el Mar Mayo 03, 2016 11:29 pm

Ese día fue la salida a Hogsmeade y la rubia no estaba muy segura si ir o no, ya conocía el pueblo y no tenía con quien pasar el rato, aún así al final decidió que tal vez podría conocer los bosques que estaban cerca, dudaba perderse y aún así seguiría los pasos de Teseo.

No era muy temprano cuando caminó hasta el borde de un bosque donde amarró un hilo a una de las ramas y empezó a caminar, prefería parecer algo ridícula dejando un hilo en su camino a perderse realmente por ir a un lugar desconocido.

El bosque era hermoso, era un lugar casi mágico que le gustó a la rubia quien pensó que se vería encantador en invierno, pero también en esa estación del año lucía increíble, la primavera era preciosa, aunque en parte la espesura del bosque la intimidaba un poco, sabía que mas temprano que tarde oscurecería en ese bosque y no necesariamente por falta de luz solar si no por el follaje de los arboles.

No sabía que encontrar en ese lugar, dudaba que hubiera cosas intimidantes o malignas como en el bosque prohibido, pero no sabía que se encontraba en ese lugar en particular, aunque no tardó en averiguarlo, después de todo era algo tarde, mientras caminaba llegó a un claro donde encontró a una mujer con grandes alas negras a la cual reconoció de clase de DCAO como una arpía, algo que la asustó un poco, después de todo las historias decían que se comían a los niños y aún cuando ella estaba en la pubertad no sabía si seguiría en la lista de vocadillos para ella, así que decidió regresar por donde vino, alejarse sin hacer el menor ruido.

Su plan de marcharse sigilosamente se vio interrumpido por el hecho de que pisó una ramita la cual crujió bajo su peso y delató su ubicación, sintió un escalofrío al escuchar como la arpía le hablaba, no es que tuviera un tono amenazador pero era una arpía, por un momento pensó en salir corriendo y huir como diera lugar, pero por otro estaba tan asustada que creyó que no le quedaba de otra mas que salir de su lugar.

Claramente no salió de su escondite, siguió escondida entre los árboles pero le habló con un tono claramente receloso - Saldré solo si jura que no me comerá - dijo sin pensarlo si quiera al menos no hasta después de que habló y se dio cuenta que podría haberla ofendido y eso significaría que ahora si sería comida de Arpía.
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Arabella K. Morgenstern el Vie Mayo 13, 2016 7:17 am

En cuanto escuché el chasquido de la rama alrededor del claro en el que yo había aterrizado me giré inmediatamente para buscar el origen de aquel sonido. Podría haberlo hecho un animal, pero también podría haber sido una persona, y quería saber si alguien me había visto. Supe que sí en cuanto vi una sombra deslizándose entre los árboles tratando de huir, pero yo ya la había visto y mis palabras la detuvieron.  

Comprobé que quien me había visto no era más que una joven niña, ni siquiera una adolescente a juzgar por el timbre de voz. Podría haberse callado y haber hecho como que no me había oído, o como que no estaba allí, pero la dulce ingenuidad de aquellos que son tan pequeños aunque están cerca de comenzar a madurar la hizo hablar para decir aquellas palabras que me hicieron arquear una ceja a la vez que sonreía un poco. Encontraba graciosas aquellas palabras.

-Nunca le encontré el gusto a la carne humana, aunque la última vez que la probé para ver si eso había cambiado fue porque alguien se negaba a salir de su escondite y eso no me gustó- dije con tono serio, aunque estaba bromeando.

Algunas de mi especie eran menos amables y sí que eran violentas. Puede que la niña hubiese estado en peligro con ellas, pero no conmigo. Mis hermanas tampoco eran violentas, aunque habían vivido en tiempos en los que las arpías habían sido más brutales, y además habían crecido educadas por nuestra madre y bajo su influencia. Sabía que mi madre había sido una gran mujer, digna de admiración y espléndida e increíblemente poderosa, pero también había sido brutal. ¿Cuántos humanos, sobre todo hombres, habían perecido a manos de ella? Cientos, tal vez miles. Aquello fue lo que acabó llevándola a su perdición al final de sus milenios de vida. Mis hermana tenían algo de mi madre en ellas. Yo también, era parte de mi naturaleza después de todo, pero reservaba aquella brutalidad para aquellos que realmente la merecían en el momento en el que la merecían, no le daba rienda suelta como muchos pensaban que todas hacemos.

-No tengas miedo.
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Invitado el Mar Mayo 17, 2016 1:06 am

Se encontraba asustada, muy asustada no sabía que hacer pero ya se había descubierto y tras de eso preguntó algo que no tenía que preguntar y ahora estaba cerca de que una arpía se la comiera, no sabía que hacer o decir pero esta ya le estaba pidiendo que saliera y que la dejara verla así que lo primero que dijo la pequeña - No tengo buen sabor - mientras salía de su escondite, esperaba verse lo suficiente poco apetitosa para no ser su bocadillo, no quería que la mataran esa tarde después de saber que no tenía forma de defenderse de una arpía, estando aún desanimada por la clase de DCAO, no, definitivamente no quería morir, al menos no tan pronto.

La arpía tenía un aire de alguien eterno, alguien por quien no pasaba el tiempo, parecía algo no tan malvada pero eso no quitaba su miedo era algo bonita y le parecía que la había visto en algún lugar pero no sabía donde dado que no era fanática del Quidditch pero era alguien que en cierta forma la intimidaba, no era tan fea como las arpías de los libros pero eso no quitaba que tuviera un aire salvaje y que la asustara mucho.

- No puedo confiar en un ser que me diga que no tenga miedo - diría aun asustada mientras miraba sus hermosas alas, a ella misma le gustaría volar como las arpías o las mismas veelas pero no era su caso, aun así intentó no desviar mucho la mirada de su rostro por algún indicio de que quisiera hacerle daño por lo que la pequeña tendría que usar su varita para intentar despistarla antes de salir corriendo y tal vez usar chispas rojas para que alguien la salvara de una muerte segura.
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Arabella K. Morgenstern el Mar Jun 14, 2016 8:44 pm

La niña que se ocultaba obviamente me tenía miedo. ¿Cómo no iba a sentirse así después de ver mis alas y saber lo que era yo? Habría sido una niña estúpida si no me hubiese tenido miedo, pues muchas de mi especie son extremadamente violentas y sucumben con facilidad a la sed de sangre y al primitivo deseo de carne humana que tanto mancha nuestra reputación. Incluso yo puedo llegar a ser violenta a veces, pero no hoy, no ahora.

Finalmente la niña, tras escuchar mi falsa amenaza, salió de su escondite entre las sombras tras los árboles y avanzó lentamente hacia donde yo estaba. Mis alas seguían extendidas detrás de mí, ocupando el espacio de casi el claro entero, y no las oculté por el momento. Miré a la niña con curiosidad, y reí cuando la escuché murmurar aquellas palabras.

-¿En serio? ¿Y estás segura de que no es nada que un poco de sal y pimienta no pueda arreglar?- bromeé, encantada con su dulce inocencia. Aquella niña parecía poca, algo que pocas personas son hoy en día.

-Haces bien en desconfiar- le dije cuando la escuché decirme aquello.- Hay muchas personas y criaturas peligrosas en este mundo que buscan aprovecharse de la inocencia de otros… Has de estar preparada.

La niña parecía un ángel, con esos delicados rasgos, piel perfecta, grandes y luminosos ojos azules y brillante cabello dorado. No tuve que pensar mucho para deducir su propia naturaleza.

-Eres una semi-veela, ¿verdad?- le pregunté con una sonrisa amable.- Las veelas y las arpías siempre se han llevado muy bien, ¿sabes? Casi podría decirse que somos especies primas, aunque por supuesto hay bastantes diferencias.- Las veelas no tienen nuestra inmortalidad, pero su descendencia femenina heredaba tanto sus poderes (o al menos los importantes para ellas) como magia también. Las arpías no podemos ser también brujas.- ¿Cuál es tu nombre?
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Invitado el Mar Jun 21, 2016 10:21 pm

- Si, lo estoy no tengo buen sabor - repitió asustada, no quería ser alimento de arpía, aún tenía mucho que vivir, pero por otra parte estaba convencida de no tener buen sabor, ella era una semiveela, no era del todo humana por ende no tendría el buen sabor que tendría una persona humana de verdad o eso quería creer aún así le daba miedo que fuera su naturaleza la que hiciera que al final la arpía si se la comiera, solo por ser lo que era.

No sabía que pensar de esa mujer, no sabía si lo que decía era para intentar despistarla y luego matarla o que, solo sabía que lo que decía era verdad y que le estaba dando un valioso consejo, fuera de eso tenía miedo de que pensar con respecto a ella y en de ella.

Reconocía que no parecía como las arpías de los libros, no se veía tan malvada pero no estaba segura de si creerle o no, aunque de momento no podía dejar de mirar sus alas, eran grandes, muy grandes y hermosas, no pudo evitar pensar que a ella le gustaría tener unas alas como ella y poder volar con total libertad, pero no era el caso, no podía hacerlo, las alas se las quedaban las veelas puras aunque bueno ellas las usaban en un estado de perdida de consciencia, cuando eran mas salvajes, ella no tenía esa parte, pero realmente le gustaban las alas negras de esa mujer.

- Si soy una semiveela - respondió algo temerosa, aunque su temor se perdió casi por completo al escuchar lo de las veelas y las arpías, su abuela ciertamente no le había comentado eso, claramente porque hace mucho no hablaban, pero era bueno saberlo, le quitaba un peso de encima - No, no lo sabía, mi abuela nunca me lo comentó - respondió con una sonrisa antes de contestar lo del nombre - Me llamo Neferet Le Blanc y ¿tu? - preguntó con curiosidad.
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Arabella K. Morgenstern el Miér Ago 03, 2016 6:44 pm

Cuando la pequeña dijo que estaba segura de que tenía muy mal sabor, así que no era algo que un poco de sal y pimienta podrían arreglar, no pude evitarlo y me reí. La chica, a pesar de estar tan asustada al creer que una criatura como yo se la iba a comer estaba siendo adorable. Pero por supuesto que yo no tenía ningún interés en hacerle ningún daño a esa niña. Yo no le hacía daño a la gente, o al menos no a los niños. A algunos adultos sí, por situaciones puntuales, o porque se lo merecían.

La niña pareció calmarse después de que yo me diese cuenta de que era una semiveela. No era difícil de adivinar debido a su aspecto físico, tan característico de las de su especie. La sonreí amablemente de manera amigable, invitándola a que se acercase a mí sin ningún temor.

-Pues así es- confirmé cuando dijo que no sabía que las de su raza y la mía podíamos considerarnos primas debido a nuestra naturaleza.- Únicamente que vosotras tenéis una reputación mucho mejor que las arpías, y nosotras somos muy pocas en el mundo.

Me dijo que su nombre era Neferet Le Blanc, y sonreí de nuevo amablemente, buscando continuar ganándome su confianza.- Qué bonito nombre… Yo he tenido muchos nombres a lo largo de los años, pero ahora me llamo Arabella Morgenstern- si sabía de Quidditch entonces posiblemente lo reconocería, y sino tampoco importaba.- ¿En qué Casa estás?

Vi como su mirada se distraía bastantes veces y se dirigía a mis alas negras de plumas y membranas, y sonreí suavemente. No las miraba con miedo, sino como con admiración y algo de anhelo. Mientras yo la observaba a ella mirando mis alas las batí suavemente, haciendo que corriese una ligerísima brisa durante unos segundos, y entonces las doblé un poco para que estuviesen más cerca de ella.

-¿Te gustan? Puedes tocarlas si quieres- dije.
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Invitado el Mar Ago 09, 2016 3:56 am

Realmente desconfiaba de esa mujer, era una arpía, claramente le daba miedo, luego se la comía y ella no quería ser comida de arpía, pero esta poco a poco se fue ganando su confianza en especial cuando la descubrió como una semiveela, aunque no era algo difícil de hacer pero era algo que llamó la atención de la pequeña en especial al enterarse que ambas especies eran como familia y por ende no le haría daño, la familia no se lastimaba entre si, o eso creía, aunque habían algunas diferencias, una veela tendrá semiveelas al tener algo con un humano, mientras que una arpía al tener algo con un humano tendría una arpía, en ambos casos solo nacerían mujeres pero las semiveelas podían ser brujas, en cambio las arpías no, aunque las semiveelas no heredaban todos los poderes de su madre solo el de poder encantar a los hombres, en cambio las arpías si heredaban todo de sus madres, en si todo tenía sus pro y sus contras.

- Las veelas tampoco tienen tan buena reputación, son consideradas temperamentales y que usan sus encantos para manipular a los hombres, las semiveelas igual, algunos nos detestan - diría frunciendo el ceño, era su caso actual - pero si son mas conocidas, las usan de mascota en los partidos de Quidditch y no salimos en los libros de DCAO - expresó, era la verdad, esa era una de las principales diferencias de ambas especies y por lo que ella nunca los relacionó como si fueran familia o no, por mas que una de las descripciones que usaban de las veelas enojadas era que se parecían a las arpías, aunque en realidad eran mujeres que les surgían alas, su boca y nariz se transformaban en un pico, su rostro era como el de una horrible ave, eran mas salvajes y lanzaban fuego, además no tenían consciencia podían herir hasta a su propia familia en ese estado.

Nunca había sido tan seguidora del Quidditch aunque en el ultimo tiempo le gustaba tanto que quería unirse a un equipo y por ende leyó libros de Quidditch y entre su lectura se topó con el nombre de ella por lo que no pudo evitar abrir la boca mientras sus ojos mostraban asombro - Wow, eres una buscadora profesional - dijo asombrada cuando recuperó el habla aunque luego su expresión cambió a una de curiosidad - ¿Una arpía puede ser jugadora de Quidditch? ¿Las arpías pueden volar en escoba? - diría una vez mas con suma curiosidad, nunca hubiera creído que ella pudieran jugar dicho deporte o que cualquier "Criatura Mágica" pudiera hacerlo.

- En Ravenclaw - respondió con una sonrisa, claramente se notaba que era de esa casa por su curiosidad, aunque como ella nunca había recibido una educación en ese lugar seguramente no lo hubiera sabido.

Había sido muy poco disimulada, claramente se había delatado en la curiosidad que sentía por las alas de la mayor quien le dijo que si quería podría tocarlas, claro que quería pero le daba mucha pena por lo que inevitablemente se sonrojó y no supo que responder, pero no creía conveniente acercarse por que no lo sentía respetuoso con ella - Están muy bonitas -
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Arabella K. Morgenstern el Miér Sep 28, 2016 7:59 am

Me abstuve de hacer cualquier un comentario como respuesta ante las palabras de la chica de que las veelas y semiveelas tenían mala reputación porque usaban sus encantos para engatusar a los hombres. Lo que ella llamaba “mala reputación” era en verdad la más pura realidad, pues la belleza era la mejor arma de las veelas y sus descendientes y estas sabían utilizarlas perfectamente para sacar provecho en cualquier situación. Eran como las sirenas de las antiguas leyendas de marineros y piratas, en las que las bellas mujeres que no eran del todo humanas utilizaban los encantos que les proporcionaba su naturaleza para atraer a los hombres a una muerte segura. Pero las que hacían eso en la vida real no eran las sirenas, sino las veelas aunque los muggles no tuviesen leyendas conocidas sobre ellas. Di por sentado al ver el ceño fruncido de la chica al decir aquello que todavía no había alcanzado una edad en la que se aprovechase de los encantos que su genética le había proporcionado para encantar a muchachos y tenerlos a sus pies, cosa muy normal debido a lo joven que debía ser… pero pronto aprendería, aunque puede que no los utilizase para mal sino que simplemente los utilizase y ya, casi sin darse cuenta. Durante mucho tiempo yo había envidiado ese don de las veelas, pues no tenían que hacer nada para atraer a los hombres más que existir… pero ese fue un encanto que acabé aprendiendo yo sola con mis propios méritos. Tengo otras habilidades con las que estoy más que feliz, como son mis alas.

Fue mi propio ceño el que se frunció cuando la joven chica mencionó que las veelas eran utilizadas como mascotas en los partidos de Quidditch. Eran la mascota nacional de Bulgaria, si mal no recordaba. Aquello me desagradaba, pues una veela, por muy criatura que fuese, era en parte humana y no tendría por qué ser percibida por el resto del mundo como si fuese una especie de animal durante esos eventos.

-¿No? Pues hacen mal los magos en no aprender cosas sobre vosotras… Aunque peor para ellos- dije entonces con una ligerísima sonrisa cómplice mientras miraba a la chica cuando dijo que las de su especie no salían en los libros de DCAO, al contrario que las de la mía.- Así si meten la pata frente a alguna de vosotras no saben a lo que se enfrentan.

En cuanto dije mi nombre la chica me reconoció. Sonreí, sobre todo al verla tan sorprendida de que alguien como yo pudiese ser jugadora profesional de Quidditch. Asentí y respondí a sus preguntas para saciar su seguridad.

-Claro que podemos. Somos mágicas, y la escoba responde a la magia que detecta en nosotras, aunque seamos diferentes a los magos y brujas- las que teníamos sangre mágica corriendo por nuestras venas teníamos una mayor afinidad con la magia que aquellas que eran hijas de un padre muggle. Mi propio padre había sido un mago al igual que todos o casi todos los miembros de su familia, por lo que aunque mi naturaleza arpía bloquease y enmascarase mis genes mágicos, éstos seguían presentes en mi interior.- Pero puede que pronto deje de ser jugadora profesional. Por eso estoy aquí, ¿sabes? Tengo una entrevista con el director del colegio. Puede que acabe siendo vuestra nueva profesora de Historia de la Magia.

Debí haber supuesto que la chica estaría en Ravenclaw, pues su curiosidad la delataba.- Ravenclaw, me gusta esa Casa. He conocido a muchas personas interesantes que pertenecieron a ella. Sois los más inteligentes de todo el colegio, por lo que he oído- de nuevo le dediqué una sonrisa.- Siempre he tenido mucha curiosidad por saber a qué Casa hubiese ido yo, pero como no soy maga… ¡Bueno, en realidad Hogwarts ni siquiera existía cuando yo nací!- Aunque estaba muy segura de que hubiese acabado en Gryffindor.

-Muchas gracias.- Podía leer claramente la expresión de la joven. Era tímida y respetuosa, y adorable. Agité un poco más mis alas, levantando al igual que antes una ligera brisa, antes de volver a bajarlas para que estuviese más cerca del suelo.- No tienes que tenerme miedo.
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Invitado el Dom Oct 09, 2016 1:37 am

- Las veelas enojadas no son muy bonitas, dan algo de miedo - diría con una mueca de susto pero luego sonrió, ciertamente daba algo de miedo ver a una veela enojada, eran mas salvajes con alas y lanzaban fuego y no recordaban ni a sus seres queridos en ese estado, las semiveelas eran temperamentales pero no podían hacer las cosas de las veelas, aún así le gustaba ser lo que era.

Lo siguiente que pasó fue que la arpía se presentó con lo que la pequeña la reconoció como una jugadora de Quidditch profesional y claramente esto la sorprendió mucho, estaba al frente de una de las mejores jugadoras y era una arpía, era increíble, en especial por todo lo que estaba aprendiendo de ella en ese momento, fue simple y sencillamente asombroso.

- Wow, eso no lo sabía pero es muy interesante, así que pueden volar con sus alas y también con escobas y jugar Quidditch, wow, realmente no me lo imaginaba - estaba muy sorprendida pero feliz de saber esas cosas, de saber mucho mas de esa especie y no solo por los libros, si no que saberlo por una arpía, una que no la quería de almuerzo, era... no habían palabras para describirlo.

- Profe de Historia de la Magia, que asombroso, enseñaras las historia que ya has vivido - diría sin ocultar su asombro ellas eran atemporales, vivían mucho, mucho tiempo y ella debía saber muchas cosas de la historia y era asombroso, aunque a su vez se preguntó si esto no sería un problema, no habrían quejas de que hubiera una profesora arpía aunque no quiso pensar mucho en eso, solo se concentró en lo increíble que sonaba eso, tal vez con ella de profesora Historia de la magia dejaría de ser una de las materias mas aburridas para ella.

- No creo que hayan personas menos inteligentes que otras, nosotros tal vez es que nos esforzamos mas, estamos mas interesados en el conocimiento y tenemos inteligencias diferentes a los demás - diría con algo de timidez, realmente no creía que fueran los mejores, solo los que mas se esforzaban en serlo y demostrarlo.

Al escuchar que ni siquiera Hogwarts existía cuando ella nació la hizo pensar que si, sería una buena clase la que tendría con ella si le daban el trabajo - La casa la decide el sombrero seleccionador, tal vez el director deje que este responda su duda de que casa hubiera quedado - sonrió afablemente, el director parecía estar algo loco pero a su vez se veía muy buena gente, seguro la ayudaría a satisfacer su curiosidad.

No respondió nada, solo se acercó con timidez hasta poder tocarlas, sentir sus alas entre sus dedos fue asombroso, no habían palabras para describir lo que sentía.
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Arabella K. Morgenstern el Dom Oct 30, 2016 7:59 am

Había una cosa que siempre había envidiado de las veelas, y era que fuesen capaces de lanzar bolas de fuego. ¿Por qué las arpías no podíamos? ¡Ellas ya tenían el don de la seducción! Cierto es que a las arpías se nos da muy bien seducir a cualquiera sin la ayuda de poderes especiales, y cuando nos enfadábamos no se nos ponía la cabeza de un pajarraco feo, pero aún así, ¡que injusticia! ¡Tenían el poder de lanzar fuego! Lo que yo hubiese hecho si hubiese tenido ese poder... 

Sí, enseñaría la historia que había vivido, o al menos conocería a gente que hubiese vivido las partes que yo no había vivido, por eso me habían ofrecido precisamente ese puesto, aunque el de Vuelo también se me habría dado bien, aunque había más gente capacitada para ese puesto. A Neferet le pareció bien la idea de que yo pudiese llegar a ser su futura asignatura, y sonreí ante su reacción.- Sí, precisamente. Podría enseñaros cosas que no están en los libros de historia... Aunque tengo limitaciones, por supuesto. No he vivido durante toda la historia de la humanidad, apenas una pequeña porción, y solamente puedo estar en un lugar a la vez... Pero mis hermana podrían ayudarme con algunos datos- sonreí.- Una de ellas tiene más de cuatro mil años, ¿sabes?- comparada con ella, yo era un bebé. Y mis sobrinas aún más, aunque tenía algunas sobrinas más mayores que yo.- Si me dan el puesto y lo acepto, ¿crees que los demás alumnos me querrán?- pregunté la opinión de la joven chica.

Sonreí divertida antes su comentario de que no creía que hubiese gente más inteligente que otra. Era un comentario que sin duda demostraba su juventud e inexperiencia en la vida y falta de encuentros con ciertos tipos de personas.- Ya veremos si sigues diciendo eso de mayor- murmuré con una leve sonrisa.- Hay gente muy tonta en el mundo, créeme. Por desgracia son muy comunes y todos los días te encuentras al menos con uno.

Me gustó el comentario que hizo de que a lo mejor el Sombrero podría saciar mi curiosidad sobre a qué Casa habría pertenecido yo de haber sido bruja y haber sido alumna de Hogwarts. me gustaría mucho que eso fuese posible.- Tal vez intente satisfacer mi curiosidad cuando me pase por el castillo, pues.

Dejé que la niña tocase mis alas, y mientras lo hacía miré a mi alrededor. Estábamos en un bosque y cada vez se hacía más tarde. Aunque para mí aquello no supusiese para nada un peligro, no me sentía cómoda con que la niña estuviese allí, no era prudente. Puede que en el fondo, muy en el fondo, sí que tuviese un instinto maternal que latía suavemente.

-Deberias volver a Hogwarts, o al menos ir a Hogsmeade- le dije entonces a Neferet.-  ¿A cual de los dos lugares quieres que te acompañe?
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Invitado el Lun Nov 07, 2016 11:56 pm

- Woooow - era evidente el asombro de la niña al escuchar todo eso, tenía una hermana que era realmente vieja, nació antes de cristo, así que cuantas cosas podría saber, podría desmentir cosas de los humanos, hablar de diferentes épocas, o por Merlín, estaba realmente asombrada y no podía dejar de pensar en todas las posibilidades y todas las cosas que habían llegado a aprender, eran tantas realmente tantas que, no sabía como expresarlo, no sabía tampoco que podría llegar ella misma a hacer con tantos conocimientos pero era increíble.

- ¿Cuantas hermanas son? y ¿cual es la menor? ¿cuantos años tiene? - era una pequeña muy curiosa y como no tener curiosidad con todo esto, eran varias arpías y una de ellas tenía mas de cuatro mil años era algo asombroso, no encontraba mas palabras para describirlo que eso, por mas que lo intentaba, en ese momento no lo lograba de ninguna forma.

- Yo creo que si, será muy asombroso que seas la profesora, a algunos no les gustará pero creo que a la mayoría si, no creo que tus clases sea aburridas - estaba segura de que a la mayoría le gustarían las clases de la mayor en especial por que dudaba que fueran aburridas, ella sabía mucho y lo había vivido así que sus clases tenían que ser muy interesante.

- Mmmm, siento que es mas ignorancia, pero todos si quieren pueden aprender mucho - realmente no sabía que en un futuro estaría segura de las palabras de la profesora y verían que eran mas que correctas y sería así en el momento en que tuviera una discusión con cierta niña, pero sería algo que se veía mas adelante y no ahora.

Le sonrió, realmente esperaba que pudiera hacerlo y que de esta forma supiera que casa hubiera sido la suya, si alumnos mayores cuando se transferían a Hogwarts podían verlo, por que ella no podría, sería muy injusto si fuera así, pero ella pensaba que tenía que haber una forma.

- Hogwarts - respondió, la verdad tenía razón ya se estaba haciendo de noche y tenía que volver al castillo y eso sería lo que haría en ese momento y si ella la acompañaba no se iba a quedar o negar.
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Arabella K. Morgenstern el Lun Nov 28, 2016 6:07 pm

El asombro de la niña me hizo sonreír de manera más genuina que como había sonreído en mucho tiempo. Los niños eran tan inocentes, tan impresionables… Daba igual cuántos años pasasen en la Tierra, o cuantas maldades y atrocidades viese cometer a la humanidad, la pureza de los niños siempre eran una fuente de esperanza y te lo hacían ver con el más simple de los gestos. Su curiosidad, ahora que parecía haberse despojado un poco más de su timidez inicial, era enternecedora.

-Somos siete hermanas- le dije cuando me preguntó.- Nin-Akha-Gudu, Ankhesenamon, Andromache, Atara, Pandora, Kassandra, y yo. Yo soy la menor de todas, tengo 1715 años. Me llevo exactamente trescientos años con Kassandra, que es la siguiente más pequeña. Nació en el año 1- ella sí que lo tenía fácil para no olvidar su edad. Las demás admitían que a veces se les hacían difícil no equivocarse de año, y tenían que hacer cuentas para recordar cuántos siglos tenían. Aun así todas se sentían jóvenes, y a Kassandra y a mí nos trataban como si fuésemos bebés solo por haber nacido después de Cristo. Bueno, Kassandra nació a la vez.

Me animó en mi idea de hacerme profesora de Historia de la Magia la reacción de Neferet cuando lo dije. Al menos ahora sé que aunque está la posibilidad de que haya algunas quejas debido a mi naturaleza, no será el caso con absolutamente todos los alumnos. Algo es algo.

-Estoy segura de que muchos puristas con ideas retrógadas no estarán muy contentos, pero si el Director me da el puesto no hay nada que puedan hacer contra su decisión- dije. Aunque tenía muchos amigos entre los puristas, a veces había servido como buena aliada de ellos según me convenía.

Se estaba haciendo muy tarde muy rápido, y no eran horas de que una chica tan joven como ella estuviese fuera de las murallas seguras de Hogwarts y anduviese por aquí. Aunque hubiese tenido suerte de que yo sea una arpía pacífica que no la había hecho daño, no debería jugar con la suerte. Puede que la siguiente criatura o persona que se encuentre no sea tan tranquila como yo. Le ofrecí mi mano con una sonrisa agradable.

-Ven, te acompañaré de vuelta al colegio. Me sentiría intranquila si fueses sola, hay mucho peligros sueltos por ahí- podría llevarla volando, y lo haría si me lo pidiese, pero no era una experiencia que le gustase a todo el mundo, así que comencé a caminar guiándola y acompañándola para salir de ese bosque y volver al colegio antes de que la oscuridad de la noche se apoderase de todo.
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Invitado el Mar Dic 27, 2016 1:05 am

La arpía empezó a responder sus dudas, la verdad era una persona que le parecía bastante agradable, no esperaba conocer a alguien así, bueno a una arpía así, pero realmente le agradaba, además de que era una persona buena, al parecer tenía 7 hermanas y las mayores tenían nombres muy raros, solo ella y dos de sus hermanas tenían nombres mas normales, seguro por la edad que tenían, además ella era la menor, lo que la hizo ver que había hecho la pregunta incorrecta, ella lo que quería saber era quien era la mayor, pero no importaba, luego preguntaría por que en este momento no quería molestarla mas con esas cosas, de momento sabía que ella tenía mas de mil años y que su hermana la que era la siguiente mayor que ella era 300 años mayor y que había nacido en el mismo año de Cristo y fue algo realmente interesante de saber en especial por la historia que había de ese acontecimiento, en especial con lo referente a los niños y sus asesinatos al menos en una parte del oriente, no recordaba cual pero si que lo había leído por encima alguna vez, producto de su misma curiosidad.

La verdad las cosas estaban siendo muy interesantes, ella además sería la profesora de Historia y dada su edad y la de sus hermanas que nacieron antes de Cristo, la verdad serían muy interesante todo lo que podía llegar a enseñarles y es que ella había vivido la historia y si no la vivió ella misma si llegaron a hacerlo sus hermanas y las personas que llegó a conocer, ella vio los mejores y los peores momentos de la humanidad y eso sin duda alguna era algo increíble.

- Si, en eso tienes razón, pero espero que nadie haga problema, realmente quiero recibir clase contigo - admitió con un nuevo sonrojo, había sido muy confianzuda en su forma de hablar en ese momento pero la verdad no había podido evitarlo, la mayor le había llegado a caer muy bien.

- Gracias - dijo con una sonrisa dándole la mano y caminando con ella hasta el castillo cuando ofreció llevarla con ella hasta el mismo, la verdad no quería tener problemas por no llegar bien o que algo pudiera llegar a pasar aunque dudaba que algo malo pudiera pasarle a ella, bueno algo muy malo.
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