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Una velada en buena compañía [Katerina Howland]

Christopher Höhner el Miér Ene 22, 2014 11:35 pm

A Christopher le parecía perfecta la idea de Kate de prepararse antes de ir a cenar. Con tal de pasar una grata velada con ella le parecía bien cualquier requisito que pusiera. Tenía ganas de tener una agradable conversación con su amiga, además de que tenía una personalidad que mantenía a Christopher contento. Era una chica desenvuelta y divertida y hacía tiempo que el profesor no trataba con gente así, sin contar su hermana, que la veía todos los días. Sin embargo a Kate hacía más de catorce años que no la veía. Aceptó todo lo que la profesora le había dicho y se despidió de ella en la puerta de su despacho, contestando al bombardeo divertido de preguntas que le hacía respecto a la ubicación de su casa. Christopher contestó de la misma manera, con una sonrisa en el rostro.

Lo recuerdo. Me parece. Nos vemos en una hora, Katerina y lávate, por Merlín, hueles fatal...

Puso un mohín falsamente desdeñoso y sonrió encantador cuando Katerina se giró para quejarse. No hablaba en serio y ella lo sabía. Una vez se había ido, Chris recogió sus cosas de su despacho y salió de Hogwarts hacia la zona que limitaba el poder desaparecerse. Una vez salió de la barrera mágica se desapareció a su piso de Londres. Se duchó y por un momento pensó que sería una buena idea cenar antes de salir… aunque cuando abrió la nevera se percató de lo estúpido que hubiera parecido que alguien le hubiese leído el pensamiento durante esos minutos. Se dirigió a su armario y cogió unos vaqueros, una camisa negra y unos zapatos negros. Pretendía ir sencillo y cómodo, puesto que tenía suficiente con tener que ir bien vestido en Hogwarts y en ocasiones, le gustaba sentirse una persona normal. Una vez vestido fue hacia el baño, se peinó lo mejor posible, dándose cuenta de que se le había olvidado afeitarse y se echó colonia, quedándose con un aspecto tal que así.

Había quedado con Kate hace cinco minutos y agradecía al don de la magia que pudiese aparecerse justo al lado de su puerta, ya que de lo contrario llegaría todavía más tarde. Con suerte, al ser mujer aún se estaría preparando y no notaría la tardanza. Se apareció delante de su puerta y tocó al timbre, esperando pacientemente. La chica le abrió la puerta y Christopher sonrió al verla tan guapa.

Muy guapa, señorita Howland. ¿Vamos? Siempre estoy preparado para divertirme, esta cara de profesor serio es sólo para aparentar.

Ambos comenzaron a caminar hacia el restaurante que había elegido Kate, hablando sobre cosas totalmente banales pero que a la vez, si las hablas con alguien de confianza, pueden ser de lo más entretenidas. Hablaron sobre todo, de la obsesión de los muggles por ir siempre rápido a todos lados, ya que nada más salir de su casa uno de ellos chocó contra ambos.  Tardaron bastante poco en llegar y tras entrar y que Kate consiguiera mesa, le preguntó que qué le parecía. Era un lugar bastante alternativo, la música alternaba en gustos y en la decoración predominaba un color vino bastante atractivo y acogedor. Chris se quitó la chaqueta para ponerla en la silla contigua y sonrió a lo que decía su amiga.

Eso espero, si no pagas tú.

Bromeó y el camarero, con presteza, trajo una carta para cada uno. Christopher asintió agradecido y el hombre preguntó que si tenían claro lo que querían beber. Chris quiso tomar la iniciativa, ya que se le apetecía cierta bebida. Miró a su acompañante.

¿Qué te parece si pedimos vino? Hace tiempo que no bebo de un buen vino. Tráiganos un Reserva Chardonnay 2005. Y si la señorita prefiere otra cosa…

Y miró a Kate por si tenía alguna otra preferencia. Después de eso el camarero se fue y les dejó tiempo para mirar la carta, sin embargo, Christopher no era mucho de leer los tropecientos platos que pudiesen haber en la carta y solía elegir bastante al azar por lo que le recomendaban o por lo que le sonaba.

¿Cómo conociste este sitio? —preguntó—. ¿Qué me recomiendas para que me chupe los dedos?

OFF: Continuación de esto. Por cierto, Kate, en la foto que puse no te imagines a Christopher con esa pose tan poco masculina... Razz
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Katerina S. Howland el Lun Ene 27, 2014 11:32 pm

- ¿Vino? Sí, ¿por qué no? - Acepté con gusto su propuesta, aunque yo no es que estuviera demasiado acostumbrada a tomarlo. Sinceramente había probado pocos vinos en mi vida, y únicamente en situaciones especiales, pero si había algo que me caracterizaba es que me encanta probar todo tipo de cosas y tenía una mente completamente abierta para ello, así que no vi ningún inconveniente en pedir vino aquella noche. No me esforcé en ocultar mi sorpresa cuando, seguro de sí mismo, ya sabía exactamente qué vino quería tomar, como si lo bebiera casi a diario o fuera prácticamente un experto, o al menos, desde mi punto de vista inculto en el asunto eso me había parecido. - Vaya, no tenía ni idea de tu afición por los vinos. - Le dije una vez el camarero se había retirado y mientras abría la carta.
- Pues verás... Este restaurante ya tienes sus años. Solía venir con mis padres en momentos especiales como cumpleaños o cosas así, solo que ha ido cambiando en cuanto a apariencia, pero lo importante es que el Chef sigue siendo el mismo, es un buen amigo de mi padre, y el artista del restaurante. - Le guiñé un ojo y le acerqué mi carta, señalándole uno de los platos. - Brochetas de solomillo al Calvados. ¿Orgamos? Sobrevalorados. - Sentencié, asintiendo fervientemente.

El camarero trajo enseguida el vino y así nosotros pedimos la comida. - ¡Guau! - Exclamé tras darle un sorbo al vino. - ¡Está riquísimo, en serio!

No tardaron demasiado en traernos lo que habíamos pedido. - Menos mal, estaba hambrienta. - Sonreí al camarero y no dudé en hincarle el diente a la exquisita carne. - Cuénteme, señor Höhner, ¿a qué se dedica cuando no está corrigiendo tareas en su despacho? - Pregunté con un tono falsamente serio. - Vamos, ¿cuáles son tus hobbies? - Seguía masticando mientras hablaba. Vale, sé que es de mala educación, pero es que el hambre que tenía mezclado con lo bueno que estaba el plato hacía que parar de comer resultara casi imposible. Además, había confianza...

Tras una media hora charlando animadamente y saboreando la cena, se me ocurrió una idea espectacular. Bueno, para qué mentir, todas mis ideas eran espectaculares. - Bueno... - Me limpié la comisura de los labios y me levanté dejando la servilleta sobre la mesa. -  ¿Me concede este baile? - Me doblé levemente para hacer el gesto de sacarle a bailar, y al ver su cara de desaprobación volví a mi tono de siempre. - Venga, no seas aburrido. - Le empujé hacia arriba para que se levantara y le guié hasta la zona de baile. Tenían puesta una canción algo lenta, por lo que adopté la típica posición, poniendo una de mis manos sobre su hombro y dándole la otra y comencé a mover los pies al ritmo de la música. Yo tampoco es que fuera una profesional bailando, pero aún así me encantaba y me divertía muchísimo, y rara vez tenía la oportunidad de llevar a bailar a alguien, por lo menos a alguien que no estuviera cada minuto pensando en llevarme a la cama, así que pensé que podría aprovechar aquella ocasión.

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Christopher Höhner el Miér Ene 29, 2014 3:26 pm

Katerina se vio sorprendida por el hecho de que Christopher pidiese vino, de hecho, no era para nada un aficionado a los vinos. Su bebida favorita era el zumo de pera y si tenía que hablar de bebidas alcohólicas para una velada, prefería un vino suave y delicado a cualquier otra cosa más fuerte, como el whisky. No entendía como la gente se bebía esa quema células tan fácil y gratuitamente.

No es exactamente una afición, pero para acompañar una cena como esta es lo mejor, además, ya que no voy a conducir, hay que aprovechar. Y un zumo de maracuyá no pega aquí.

Bromeó por partida doble ya que él ni tenía carnet de conducir. ¿Para qué? Ha tenido el mejor método de transporte desde que aprendió a desaparecerse y era suficiente para un mago como él. Chris le preguntó a Kate que qué le recomendaba para cenar y siguió sus indicaciones al pie de la letra, ya que esa última confesión sobre los orgasmo le había parecido una buena comparación como para dejar en muy buen lugar al plato. Así mismo, fue incapaz de contener una sonora y divertida carcajada a su ocurrencia.  El camarero vino con el vino y mientras él lo servía Chris le pidió lo que querían como plato.

Dos brochetas de solomillo al org…calvados.

Pidió, conteniéndose levemente la sonrisa por el pequeño desliz que le había hecho pasar su mente. El camarero no se enteró de nada y se dio la vuelta tras dejar el vino en el hielo.

Me alegro de que te guste, es uno de mis favoritos. Lo probé en el último baile de máscaras que organizó el Ministerio. ¿Estuviste por allí?

Preguntó, ya que mucha gente había asistido a esa velada tan esperada. La chica le preguntó que cuales eran sus hobbies y Christopher mantuvo su cuchillo y su tenedor encima del plato, con un trozo cortado, pero sin tomar bocado.

En Hogwarts no suelo hacer nada del otro mundo. Cuando me quedo en Londres los fines de semana asisto a clases de música y hago deporte. Dos hobbies que me entretienen bastante. ¿Y tú? Supongo que eso de viajar tanto habrá hecho que tu estilo de vida de ahora te resulte aburrido… ¿Me equivoco?

Intentó adivinar, llevando el trozo a la boca y poniendo una cara de grata sorpresa, debido a que aquello estaba muy rico. La conversación con Kate fue afable y tranquila, llena de anécdotas y gustos. Sin embargo, a Kate se le había antojado sacar a Chris a bailar. Él no era muy dado a bailar, ya que siempre tendría esa espina clavada de no haber podido ir nunca a clases de salsa con su mujer, ya que cuando se habían animado, justo Rose se enteró de que estaba embarazada y tuvieron que posponerlo eternamente. No obstante, a él le encantaba bailar y sabía muy bien llevar a la chica en un formal baile de pareja. Christopher sonrió tras la insistencia y se levantó, siguiéndola hasta la pista de baile, Katerina fue la primera en posar sus manos y Chris colocó la de él en la parte trasera de su cintura para atraerla hacia él y cogerle la mano libre en alto, llevándole en aquel lento baile.

Se mantuvieron sin ningún percance el primer minuto, pero el pie de Katerina pisó sin piedad el pequeño dedo de Christopher. Chris puso una mueca entre divertida, dolorosa y de reproche.

Auch —enarcó una ceja— No la veo concentrada, señorita Howland. ¿Suele venir muy a menudo a bailar? No se le da nada mal…

Y aprovechó ese momento para soltarla y darle una suave y elegante vuelta, antes de volver a cogerla por la cintura.
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Katerina S. Howland el Miér Feb 05, 2014 8:55 am

No pude evitar soltar una sonora carcajada cuando Christopher pidió lo que le había aconsejado, provocando que el camarero me mirase con ojos inquisitivos. - Nada, nada... - Le dije entre algunas lagrimillas que se me habían escapado. - A mi me pone lo mismo si no le importa. Y si le importa también... - Bromeé para que no tuviera en cuenta mi ataque de risa.

Mientras comíamos parecía que Chris se había sentido alagado por mi piropo hacia el vino que había elegido y me preguntó se había estado en el baile del Ministerio. - Pues no, no fui. - Respondí mientras masticaba la comida fervientemente. - Esa noche tenía que quedarme con mis abuelas, cuidándolos y eso, ya sabes. Además entre tu y yo... - Hice un amago de acercarme a él, poniendo una mano a un lado de los labios como cuando se quiere contar un secreto. - La gente que suele ir a esas fiestas son un poco aburridos para mi gusto... Exceptuándote a tí, claro. - Le señalé levemente con una sonrisa en los labios.

En contra de mis expectativas lo estaba pasando bastante bien aquella noche. No es que pensara que fuera a ser un tostón de hombre, de hecho yo odiaba juzgar sin conocer, pero si es cierto que para nada hubiera imaginado que tendría tanto sentido del humor. Tiene tanta pinta de hombre serio y organizado... En fin, las apariencias engañaban en muchas ocasiones, estaba claro, y aquella era completamente una de esas ocasiones.

- Ciertamente sí, después de haber visitado tantos lugares y haber conocido a tanta gente ahora permanecer aquí asentada resulta no solo aburrido sino bastante estresante para mí. Una vez que le coges el gustillo a viajar es un no parar, como con las brochetas de solomillo orgásmicas. - Reí ante mi ocurrencia y seguí hablando, el poco vino que había bebido me había soltado la lengua hasta límites insospechados, ya que no estaba acostumbrada a tomar alcohol. - Pero bueno, gracias a Merlín, sí, a Merlín, a veces hallo bastante tranquilidad y sosiego en otra de mis actividades favoritas, nadar. Sí, como lo oyes, a veces voy a la costa y nado y nado hasta que sin darme cuenta llega el atardecer, y es ese preciso instante, completamente sola en medio del mar con el sol en el horizonte, cuando siento que no podría ser más feliz en ninguna otra parte del mundo. Las atardeceres aquí son preciosos. - Se formó un silencio que por primera vez me resultó incómodo, razón por la cual decidí sacar a bailar a Chris sin muchas esperanzas de que aceptara, pero como llevaba pensando toda la noche, aquel hombre estaba cargado de sorpresas, por lo que no solo aceptó mi proposición sino que una vez en la pista de baile tomó la iniciativa enseguida.

- ¡Lo siento, lo siento! - Me alejé unos pasos de él, mirándole preocupada el pie que le había pisado, intentando en vano no reírme. De hecho cualquiera diría que le había amputado el pie debido a mi reacción. Entonces volvió con él y siguieron bailando, tratando esta vez de ser más cuidadosa. - Venía bastante a menudo. - Le dije, haciendo énfasis en el "venía". - Hace bastantes años, pero tranquilo, yo le cojo el tranquillo rápido. - Sentencié, dejando que me diera una suave vuelta para volver a la posición inicial. - A ti tampoco se te da nada mal, estás lleno de sorpresas, ¿eh?
Entonces la música paró de repente y tras nuestros dos segundos de confusión, comenzó a sonar algo mucho más movido y divertido, Elvis Preslay nada más y nada menos. "Esto está mejor." Esta vez fui yo la que dio la iniciativa y le cogió de una de las manos mientras movía mis pies con destreza al ritmo del rock 'n' roll, tratando de hacer que Chris imitara mis pasos. Así fue, como sin darnos cuenta, acabamos siendo el centro de atención, rodeados por una multitud de gente que nos animaba a seguir con nuestros magistrales pasos. Aquella noche sin lugar a dudas estaba siendo una de las mejores que había tenido desde que había vuelto a Londres, y en el fondo me sentía profundamente agradecida a Chris ya que a decir verdad la necesitaba.
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Christopher Höhner el Mar Feb 11, 2014 8:17 pm

El profesor rio cuando su acompañante dijo que a esas fiestas solían ir solo gente aburrida. Christopher no estaba totalmente en desacuerdo, pero opinaba que si te aburrías, era porque justamente te encontrabas con la gente equivocada. Por norma general encuentras gente culta y profesional con la que poder mantener una conversación, aunque claro, si eso no te interesa, lo más normal es que te aburras. Por suerte, Chris en esa fiesta encontró una chica con la que pasar una buena velada e incluso disfrutar de un buen baile, así que no podía quejarse.

Gracias, no tengo que aprobarte, no hace falta que me hagas la pelota…

Bromeó con diversión, negando con la cabeza por las ocurrencias de su amiga. Escuchó con sumo interés lo que decía de nadar en las costas de Londres. Realmente le parecía un hobbie de lo más original e interesante, se le notaba entusiasmada y Chris se alegraba por ella en que a pesar de no haber continuado con sus viajes, encontrase algo que le hiciese sentir feliz y a gusto en Londres. Además de que se trataba de un hobbie saludable, el cual parecía darle tanta satisfacción como felicidad.

Debes de tener unos nervios de acero, Katerina… meterse en el mar de Londres en invierno debe de ser lo más valiente que he visto nunca…

Alzó la ceja con cierta diversión.

Me parece un hobbie fascinante. Me alegra que hayas encontrado algo en Londres que no te haga pensar en qué hubiese sido si llegas a seguir viajando.

Se sinceró afablemente y después de eso Katerina sacó a bailar a Chris a la pista de baile. Al principio se trataba de una canción lenta y tranquila, por lo que los pasos eran del mismo modo, lentos y tranquilos. No obstante, Katerina parecía inquieta, ya que uno de sus pies impactó directamente y sin piedad contra unos de sus dedos, lo cual hizo que aquello se convirtiese en miradas que desembocaron en una carcajada por parte de ambos. La muchacha dijo que Chris estaba lleno de sorpresas.

Catorce años, Kate, catorce años sin vernos. Creo que habrán muchas más sorpresas por parte de ambos que nos sorprenderán.

Aseguró antes de alzar ambas cejas con diversión al escuchar una canción de Elvis Presley. Adoraba a ese muggle con ese arte para mover el trasero a la vez que tocaba la guitarra. A Christopher ya le costaba utilizar el pie del piano a la vez que tocaba, así que tenía una gran admiración a ese icono del rock el cual podía cantar, bailar y tocar un instrumento cuyas manos llevaban distintos caminos, a la vez. Katerina se separó de él un poco y llevó las riendas del baile. Christopher sonrió contento y decidió coger la iniciativa. Soltó una de sus manos mientras elevaba la otra, haciendo que diese no una vuelta, sino unas cuentas consecutivas mientras se movían lateralmente hacia la derecha. Una vez llegaron al límite (unas cuatro o quizás fueron cinco vueltas) Christopher la sujetó por la cintura con la mano libre y la agachó hacia atrás con elegancia, observando la cara de sorpresa de su acompañante. Una vez la colocó otra vez en posición, la mano de Katerina se posicionó en su pecho y lo empujó con diversión y ritmo hacia atrás, recorriendo el camino hacia la izquierda que antes habían pasado, hasta volver al sitio inicial. Ambos se soltaron de la mano y empezaron a bailar, uno en frente del otro, con pasos parecidos y rítmicos, típicos del Rock and Roll. Y para terminar, debieron de haberse unidos los astros para tener tanta coordinación entre ambos, pero Chris puso la mano boca arriba en el aire y Katerina la cogió al ritmo, haciendo que Christopher la recogiese y él terminase abrazándola por un lateral.

Christopher estaba exhausto. Eso era demasiado para él! ¿Desde cuándo él salía a cenar con una chica y se ponía a bailar? Nunca, hacía más de catorce años que no bailaba Rock and Roll. Sonrió a su acompañante.

¿Necesitas coger aire? Yo necesito coger aire. ¿Te apetece una copa?

Pero vino no. Mejor un Martini. Soltó a Katerina y le hizo una señal para que fuese ella primero. Acababa de pasárselo realmente bien y en aquellos momentos parecía tener una sonrisa permanente. Suponía que hacía tiempo que no se divertía tanto.
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Katerina S. Howland el Lun Feb 17, 2014 6:47 pm

Sin lugar a dudas habíamos dejado perplejos a la gran mayoría de las personas que allí se encontraban con nuestro gran baile. Nadie hubiera dicho que llevábamos tanto tiempo sin vernos, ya que en la pista de baile habíamos demostrado tener una complicidad envidiable. Ni siquiera yo lo entendía, pero me encantaba. - ¡Sí! ¡Te acompaño! – Le grité en medio del tumulto de gente que se encontraba aplaudiendo a nuestro alrededor. Yo hacía reverencias divertidas mientras nos íbamos retirando de la pista de baile, sonriendo a todo el mundo y mirando a los músicos para que siguieran poniendo música.

Una vez fuera del círculo me dio un ataque de risa imprevisto que hizo que empezara a reír sin razón aparente. – En serio, qué divertido. – Le decía entre carcajadas a Christopher, mientras nos acercábamos a la barra. – Ha sido la caña. - Una vez en la barra miré al camarero y le hice una sutil seña para que se acercara. – Ponme algo rico. – Le dije aun sonriendo, alzando un poco la voz para que pudiese escucharme. Christopher se pidió un Martini y el chico no tardó apenas unos segundos en servírnoslo todo. – Invita la casa. – Me dijo guiñándome un ojo. - ¡Vaya, gracias! – Le respondí alegre, tendiéndole su copa a Chris, que andaba despistado mirando el ambiente.

Me despedí del camarero con un leve gesto y le hice una seña con la cabeza a Chris para ir a la terraza, donde suponía que podríamos hablar con más tranquilidad. Por suerte solo había dos personas en una de las esquinas, por lo que pudimos acomodarnos. – Estás hecho todo un bailarín Christopher, en serio. – Me senté en uno de los sillones de piel que había y con la mano que no tenía ocupada le invité a que se sentara a mi lado. – ¿Cómo lo estás pasando? – Me comprimí un poco poniendo un brazo encima del otro, ya que no se me había ocurrido coger mi chaqueta. El cambio de temperatura del interior al exterior había hecho que me entrara un frío atroz en cuestión de segundos, pero podría sobrevivir durante unos minutos.

Entonces miré de nuevo hacia la esquina y vi cómo se daban el lote, ajenos completamente de que había gente alrededor. - Esta juventud de hoy en día… - Le dije a Chris con un tono divertido, negando con la cabeza. De repente, al verlos, noté cómo me recorría un sentimiento extraño, quizás fuera que en el fondo me hacía ilusión querer a alguien, ya que a decir verdad se podría que nunca  había compartido mi vida con nadie. En ese momento miré casi por instinto al cielo y para mi sorpresa aquella noche se veían más las estrellas de lo que esperaba. – Mira, esas son las Nubes de Magallanes, aunque igual ya lo sabías. – Le dije, señalando al cielo para que él pudiera verlas también. Foto – Es raro que se vean en esta zona de la ciudad, ¿a que son bonitas?  - Le pregunté retóricamente mientras tomaba un sorbo de mi bebida y volvía a fijar mi vista en el cielo completamente estrellado.
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Christopher Höhner el Lun Feb 24, 2014 11:42 pm

OffTopic: Perdona la tardanza Sad

Christopher no podía parar de sonreír solo de ver a Katerina tan motivada y divertida con la situación, sobre todo al escucharla decir cosas como “Ha sido la caña”. ¿Eso aún se usaba? Definitivamente Chris se había quedado un poco anticuado. Los dos se dirigieron a la barra, el profesor optó por un sencillo Martini, refrescante y pequeño, ya que estaba realmente lleno con lo que habían cenado, sin embargo, la despreocupada mente de su acompañante volvió a sorprenderle con su sencilla petición de que le pusiese algo rico. ¿Y si le ponía chocolate? ¿Valdría? Christopher negó con la cabeza y vio como el camarero le guiñó un ojo a su acompañante, diciéndole que invita la casa. Cuando se fue, Chris miró a Katerina.

Menos mal que pediste tú, a mí no me hubiera invitado la casa.

Comentó con diversión, levantándose para seguirla a la terraza. Se trataba de una terraza en un tercer piso aproximadamente, ya que al entrar, habían tenido que subir escaleras para llegar al restaurante. Desde allí se veía Londres de una manera totalmente distinta, se veía a los lejos el Big Ben iluminado junto al famoso London Eye, los edificios se encontraban en su mayoría iluminados y los coches en por las calles le daban un aire dinámico a la atrayente imagen que veían desde allí. Se acomodaron en unos sillones de piel y Christopher se sentó a su lado tras su invitación.

Especialmente bien, me esperaba tener una agradable cena contigo y que se quedase ahí. Lo del baile me ha sorprendida gratamente y el sitio está muy bien. Enhorabuena Kate, has conseguido que tenga una de las mejores noches de este mes.

Se sinceró, cogiendo su mano y dándole un beso en el dorso de este. La soltó y la miró.

¿Y tú?

Cuando Katerina se quejó por los jóvenes, la mirada de Chris se dirigió a la esquina y sonrió cómplice de aquel comentario, dándole la razón encogiéndose de hombros. Tras unos segundos en donde Chris se fijó que Kate miraba al cielo, la chica despertó su interés en la capa oscura que los cubría. La escuchó hablar y no apartó la mirada de ella, hasta que le preguntó que si eran bonitas, para lo cual, necesitaba verlas. Le imitó y miró, viendo una mancha en el cielo. Arrugó el ceño. Nunca había sido especial amante de las estrellas. Carraspeó, ya que a lo mejor estaba mirando lo que no era.

No están mal. ¿Es esa mancha que cubre esa pequeña e imperceptible parte del cielo?

Preguntó, observando como Kate le miraba de reojo con cara de reproche. Chris sonrió entre travieso y tímido, dejando de mirar al cielo y sentándose de lado para poder hablar mejor con ella.

No soy muy bueno en Astronomía, ya te lo he dicho. Pero sí, es muy bonito si se trata de esa mancha.

Continuó con la broma, aunque paró tras beber tranquilamente de su Martini.

¿Qué son exactamente, una gran cantidad de estrellas que aparentan ese aspecto? ¿O una nebulosa?

Preguntó con curiosidad, imitándola y volviendo a mirar al cielo.
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Katerina S. Howland el Vie Feb 28, 2014 11:01 am

- ¿Sinceramente? Lo he pasado fatal, la verdad. Eres un aburrido. – Me contuve la risa todo lo que pude, poniendo una cara de tremenda seriedad que hacía que se me hincharan levemente los mofletes, aunque aquel teatro era obvio que no podía durar demasiado. – Es broma profe, me lo he pasado muy bien. – Le sonreí y volví a ponerle la mano en la rodilla, esta vez manteniéndola con algo más de tranquilidad que cuando lo hice en su despacho, ya que después de esa noche ya me sentía con más confianza para ello.

Aún así la quité pocos segundos más tarde, con el objetivo de intentar combatir un poco mejor el tremendo frío que hacía allí afuera. “¿Cuándo vinimos a Alaska que no me enteré?”
Tras un breve comentario y un par de miradas cómplices con Christopher debido a la escena que se estaba dando en la esquina de la terraza, no pude evitar echar un vistazo al cielo, percatándome de que estaba más estrellada de lo que esperaba, por lo que desgraciadamente y como era de esperar, toda mi atención fue dirigida hacia el mismo, identificando en mi cabeza todas las constelaciones y estrellas importantes que se veían más a simple vista. “Maldita obsesión. No tengo remedio.” - ¡¿MANCHA?! – Le reproché con un tono divertido, dándole un leve golpe en el hombro. – Mira que eres bruto. – Añadí negando con la cabeza.

Cuando Chris dejó de mirar hacia arriba y se giró hacia mí le imité, poniéndome de lado del mismo modo. – A ver, esa MANCHA que ves ahí… – Le dije señalándolas de nuevo y haciendo hincapié en la palabra que había usado para describir aquel arte de la naturaleza. - … Son dos galaxias unidas. No sé si podrás distinguirlas, pero hay una parte más grande que la otra, que se llama Gran Nube de Magallanes y luego hay otro cachito, la Pequeña Nube de Magallanes. Quién lo diría. Ocurrente, ¿eh? – Solté una carcajada. - Si algo tienen los astrónomos es que no se comen mucho la cabeza con los nombres, y créeme que me alegro. – Mis ojos se tornaron cómplices y éstos se dirigieron directamente a los de Christopher, y fue entonces cuando me percaté de que los tenía realmente bonitos. A pesar de que a simple vista eran bastante comunes en cuanto a color y forma, eran tremendamente expresivos y eso los hacía bastante hipnotizantes.  – En fin. – Me percaté de que había estado un rato temblando debido al frío, por lo que vi bastante inteligente y sabio proponer seguir la conversación en el interior. – ¿No te apetece algo de postre? ¿Un dulce? Ya, soy una gorda. No me lo reproches. – Dije con un tono falsamente triste, siempre con aquel rasgo en mis ojos que delataban todas y cada una de mis intenciones y el que evitaba que pudiese hacer bromas decentes y creíbles.

Me levanté y antes de volver a entrar me alongué de nuevo por la barandilla, observando de nuevo todo el paisaje de Londres. “En realidad lo echaba de menos, por qué negarlo.” – Pensé al ver todas las luces encendidas y a los ciudadanos caminando de acá para allá, como de costumbre. No tardé en darme la vuelta y allí estaba Christopher esperándome. - ¿Vamos? – Sonreí.
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Christopher Höhner el Lun Mar 03, 2014 2:47 pm

OFFTopic: Muy guapa en tu nuevo pack, Katerina.

Christopher dudó en su gesto cuando su acompañante le dijo que era muy aburrido antes de declarar que se trataba de una broma. El profesor suponía que la chica tampoco tendría muchas expectativas, hace años Chris era alguien bromista, altivo y podría decirse que incluso un rebelde que le gustaba volverse loco en las quedadas de amigos, actualmente, todo eso había desaparecido al haberse convertido en un padre de familia y profesor de una de las instituciones mágicas más importantes.

Chris soltó una carcajada cuando la chica le dijo que era un bruto. Él sabía perfectamente que no era una mancha, pero a simple vista y ella debía de aceptarlo, se veía una mancha en el cielo. Cuando volvió a señalar para explicárselo, Chris volvió a mirar al cielo.

Ilumíname.

Dijo antes de atender a su explicación, aunque fue inevitable que el profesor soltase una concurrente carcajada al escuchar sus comentarios sobre los nombres. Él justo lo había pensado, por lo que fue todavía más gracioso.

Qué interesante, dos galaxias unidas viéndose desde aquí. Llámame ignorante, pero pensaba que nuestra galaxia era suficientemente grande como para no poder verla toda desde nuestra posición, así que poder ver otras dos distintas…  era inesperado o más bien creía que era imposible. Me esperaba eso, muchas estrellas o la explosión de una estrella más grande.

Confesó sin problemas, mirándola a los ojos desde aquella posición. Tras unos segundos de silencio, Kate dio la idea de volver al interior para comer el postre, lo cual le pareció una muy buena idea  Christopher.

No te lo reprocho, podría comerme un quilo de tiramisú y jamás me parecería suficiente.

Se levantó y le tendió la mano a Katerina para ayudarla, comenzaron a caminar hacia la puerta pero cuando Christopher se dio cuenta, estaba solo. Se dio la vuelta y vio la figura de su acompañante asomándose por la barandilla, le daba la tenue luz de aquella terraza y Christopher aprovechó, inesperadamente, para mirarle de arriba abajo. A pesar de los años, Katerina seguía conservándose igual de bien que siempre. Se dio la vuelta y Chris asintió sonriente, dejándola pasar primero y aprovechando para pasar sus manos por sus hombros y sus brazos amistosamente.

Estás helada. Me lo hubieras dicho para entrar antes, mujer…

Le recriminó, llegando a la mesa en dónde estaban sentados en un principio. Volvieron a sentarse en la misma posición y el camarero no tardó en llegar con lae.

¿Aun con apetito? ¿Qué les apetece?
Déjenos la carta y le llamamos en un momento.

El camarero obedeció y Chris observó el gran abanico de posibilidades que tenía para volver a ganar en calorías lo que había perdido en aquel baile.

Pues me tienta la tarta de tiramisú, pero hace tiempo que no me como un gofre… ¿Tú qué opinas? Por cierto, recuérdame que no venga más a cenar contigo, ¿pretendes cebar a este pobre profesor?  

Le pidió opinión y, dijese lo que dijese, iba a hacerle caso, ya que él estaba entre la espada y la pared, o más bien entre el tiramisú y el gofre.

¿A ti que se te apetece?
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Katerina S. Howland el Miér Mar 05, 2014 10:12 pm

Tras una breve conversación sobre estrellas, como era de esperar si era yo la integrante de dicho diálogo, decidimos, o más bien, decidí que lo mejor sería entrar, debido en primer lugar a que me estaba helando completamente y en segundo lugar pero no por ello menos importante a que me había quedado con las ganas de comerme un postre. Era una golosa, qué le íbamos a hacer, ya no había cura para eso.
Por suerte Chris compartía gustos en ese aspecto, por lo que la idea le pareció igual de buena que a mí. - Soy una chica dura, parece mentira. - Le dije a Christopher con un tono decidido, mientras le señalaba el brazo, en el cual se podía apreciar perfectamente la piel de gallina y el bello erizado, como quitándole importancia.

- Éste cuerpo hay que mantenerlo de alguna forma. - Respondí alegre al camarero, señalándome el estómago.
Tenía la costumbre de tratar a todo el mundo con simpatía, ya que con el tiempo había aprendido que era la mejor manera no sólo de llevarse bien con todo el mundo sino de estar a gusto en cualquier situación. Exceptuando a las personas que no podía tragar ni aunque quisiera, que aunque pareciera mentira, las había, pero porque se lo habían ganado a pulso y no por simple capricho. Sí, era extrovertida y la mar de divertida, pero no estúpida, sabía marcar los límites. En definitiva, había aprendido que tratando con amabilidad a los demás era más feliz, así que no dudaba en mostrar mi parte más chachi.

Reí sin tapujos cuando me dijo que si pretendía engordarlo. - Ahora que lo dices estás más flaco de lo que te recordaba, deberías coger unos kilitos si no quieres quedarte en los huesos. - Lógicamente estaba exagerando un poco, pero si era cierto que ahora que lo pensaba había cierta diferencia de la última vez que lo ví ahora. Suponía que era el estrés por las clases o simplemente las consecuencias de un cambio de vida tan brusco tras un suceso trágico, así que en parte lo entendía. - Si quieres podemos pedir ambas cosas y las compartimos, para que pruebes de ambas. ¿Qué te parece? - Llamé al camarero levantando una mano y haciéndole una leve seña para que se acercara y éste apuntó en un papel blanco y con una letra cuadriculada y perfecta nuestro pedido.

- Oye, ¿qué opinas de la música clásica? - De repente recordé que había un concierto de Chopin al que quería ir, pero a decir verdad no sabía con quién. Si a Chris le gustaba le propondría que me acompañara, si no no pasaba nada, ya buscaría a alguien que quisiera venir, o por muy triste que sonara iría sola incluso. Llevaba bastante tiempo queriendo ir a un concierto de ese compositor de piano y ahora no pensaba perdérmelo. Por norma general prefería la música moderna, con la cual despejar la mente bailando o simplemente haciendo la payasa, pero la verdad era que sólo la música clásica era capaz de transportarla a otros estados de ánimo y de vez en cuando me gustaba dejar de lado la hiperactividad y la alegría para dar paso a una Katerina tranquila y nostálgica.
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Christopher Höhner el Vie Mar 07, 2014 3:03 pm

Katerina había optado por compartir el postre. A Christopher le pareció una buena idea, un tanto rebuscada a la hora de la indecisión, pero inteligente si a ambos se le apetecía las mismas cosas. Asintió convincente, curvando las comisuras de sus labios hacia abajo, en señal de aprobación mientras cerraba la carta y la dejaba a un lado para que el camarero se la llevase cuando volviese. Algo que ocurrió rápidamente puesto que Kate lo llamó para darle el pedido.

Y traiga de paso una botella de agua.

Añadió al pedido. Tenía sed de antes y el Martini no había terminado por quitársela del todo. Aunque era evidente, una bebida por muy refrescante que fuese, jamás quitaría la sed como el agua.

Katerina al momento le preguntó que si le gustaba la música clásica. Chris alzó las cejas sorprendido por esa pregunta tan aleatoria.  Se esperaba algo relacionado con el postre, con la comida o con la salida, no con la música muggle de orquesta. Se pasó la mano por la barbilla y apoyó los codos sobre la mesa, mirando a Kate con una sonrisa.

¿No te acuerdas que yo tocaba el piano? Creo recordar que aun cuando nos conocimos, yo ya lo tocaba.

Intentó hacer memoria.

Sí, claro que sí. ¿No te acuerdas que toqué en mi boda con Rose antes del baile?

Le ayudó a recordar a ella. Realmente tenía cierta pasión por ese instrumento y gracias a él, se volvió amante a ese tipo de música.

Contestándote… Sí me gusta, es la única música que escucho aparte del típico rock melódico tranquilo y que te deja pensar sin avasallarte la cabeza. Pero fue gracias a que toco el piano, creo que si no tocara un instrumento, no me hubiera llamado nunca la atención…  ¿Por qué lo preguntas? ¿A ti te gusta?

El camarero trajo el agua y los postres, poniéndole a Christopher el gofre y a Katerina el tiramisú. No obstante, Chris hubiera preferido que fuese al revés y a él le hubiese tocado el tiramisú. Era una de sus pocas adicciones.

Yo te veía escuchado más la música comercial que se hace famosa durante tres semanas, están en la cima otras tres y al mes se olvida…

Se metió con ella con un gesto amistoso. Para ser sinceros, la manera de vivir de Katerina y su forma de ser, le dejaban clarísimo que no escuchaba ese tipo de música tan repetitiva y sin ningún trasfondo especial.

Cogió sus cubiertos y cortó el gofre, viendo como una línea de chocolate derretido empezaba a empapar el plato.

Qué aproveche.
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Katerina S. Howland el Miér Mar 12, 2014 7:14 pm

Decidí sacarle el tema de la música clásica, aprovechando que se había formado un silencio en lo que el camarero traía lo que habíamos pedido. No era que me resultaran incómodos, ni mucho menos, simplemente me gustaba mantener entretenida a la gente que accedía a pasar tiempo conmigo. - ¡Es cierto! - Me di un pequeño golpe en la cabeza, (el típico gesto de cuando habías olvidado algo). - Y además eras bastante bueno, ¿me equivoco? Vale, tú eres un modesto, y dirás que eres normalito, pero yo me acuerdo de escucharte cosas muy bonitas. ¿Cuál era tu compositor favorito?. - Era bastante gracioso, porque me movía de un lado a otro mientras hablaba y gesticulaba con las manos bastante motivada, inundada por el recuerdo de Chris tocando el piano. No sabía exactamente por qué pero me hacía ilusión recordarlo, quizás porque sabía que probablemente aceptara mi propuesta de acompañarme al concierto. A no ser que hubiera tenido bastante Kate por un tiempo, cosa que entendería, no es fácil aguantarme.

Fue tras recordarme lo de la boda con Rose cuando no pude evitar dejar de lado mi hiperactividad y pasar a un estado más tranquilo y apaciguado. - Si, es verdad. - Le dije con mi mejor sonrisa, aunque algo forzada, mientras desviaba mi mirada a uno de los vasos que había en la mesa. Aún me resultaba incómodo recordarla y percatarme de que ya no podía llamarla a altas horas de la mañana para contarle mis líos amorosos o simplemente para preguntarle cómo estaba. Parecía que, al yo haberme trasladado de un lado a otro y al haber vivido tantas experiencias no me había afectado tanto, pero realmente había dejado un vacío horrible. "Bueno Kate, eso es pasado" Traté de animarme a mí misma, consciente de que si no era así Christopher lo notaría, y lo último que quería era acabar la noche con mala cara.

El camarero llegó enseguida con lo que le habíamos pedido, "uf, menos mal",había sido como una pausa para poder apartar aquellos pensamientos de mi mente y volver a la estupenda velada que estaba pasando. Éste colocó el tiramisú en mi parte y el gofre en la de Chris. - Es que dentro de poco habrá un concierto de Chopin, supongo que lo conoces, y como comprenderás no hay mucha gente que esté dispuesta a acompañarme... - Realmente sí los había, pero no que estuvieran interesados precisamente en los conciertos de piano. Tras coger una cucharada del tiramisú le di un pequeño empujón al pequeño plato donde se encontraba y lo llevé al centro de la mesa, para que Chris lo probara. - Esta gente se pasa con la comida, está demasiado rico. - Le aseguré, limpiando lo que quedaba en la cuchara.

Tras su cómico gesto de meterse conmigo le di un golpe con mi cuchara en la suya, en señal de indignación, evitando que cogiera más tiramisú. - Já, te has quedado sin tiramisú listillo. - Bromeé, apartándola al instante y llevando la mía al gofre, que aún no había tenido la ocasión de probar. - Pues sí, somos unos raritos. Yo, personalmente, no conozco a nadie más que escuche música clásica por placer. - Asentí contundente mientras seguía engullendo aquel espectacular gofre. - Y aunque te parezca mentira también tengo mi lado tierno y tranquilo. - Le guiñé un ojo en señal amistosa y sopesé la opción de pedir la cuenta. - ¿Vas a pedir algo más? Para pedir la cuenta digo. - Comenzó a oírse de lejos una canción que me gustaba mucho de los Beatles y no pude evitar tararearla como una niña chica, pasando luego a cantarla en voz alta, pero lo justo y necesario para que sólo me oyera Chris y no en cien metros a la redonda. Ya me había lucido bastante con el bailecito. - In the town where i was born lived a man who sailed to sea and he told us of his life in the land of submarines... - Movía la cabeza a la vez que iba pronunciando cada una de las sílabas. - ¡No me mires así! - Le dije riendo, al ver su cara al oírme cantar, mientras me ponía las manos en la cara y me reía a carcajadas. - Sí, ya se lo que estas pensando, yo también soy una caja de sorpresas... Algo desastrosa quizás.
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Christopher Höhner el Sáb Mar 15, 2014 10:43 pm

Lejos de esperarse una invitación, se esperaba que aquella pregunta sobre la música clásica fuese por mera curiosidad. Christopher abrió los ojos sorprendido y sonrió ante su oferta. Adoraba Chopin, seguro que ella no se acordaba, pero había tocado la composición de ese músico en su boda, por lo que la idea de ir a un concierto de él le parecía más que llamativa.

Si eso es una invitación, me encantaría ir. Nunca lo he visto en directo. Y nunca se dice que no a un concierto. ¿Cuándo es?

Sonrió y tomó el primer trozo del gofre que tenía delante. Bromeó hacia ella y se llevó un golpe de cuchara como reprimenda, haciendo que no pudiera coger de su tiramisú. La mirada de Christopher se volvió apenadamente infantil, a la vez que miraba a Katerina.

No se molesta al macho de la manada cuando está comiendo Kate… Te lo cambio.

Le dijo, pasándole el gofre que estaba cogiendo hacia ella y acercándose el tiramisú, para estar más cómodos y no estar con las manos estiradas. La profesora le preguntó que si iba a pedir algo más y Chris negó con la cabeza, alzando la mano en una señal de que el camarero asimilase que querían la cuenta. Continuó comiéndose su tiramisú a la vez que escuchó cantar en voz baja a Katerina una canción que ni él se había percatado que sonaba.

Tenía una voz dulce y tranquila, lo cual hizo que Christopher la mirase mientras continuaba con su postre, con una mirada curiosa y entretenida. Cuando paró, Kate lo miró y se excusó que era una caja de sorpresas.

No me cabía duda.

El camarero trajo la cuenta y Christopher la cogió de la mesa antes que Kate, echándole una mirada de “Yo dije que invitaba, por lo tanto no toques la cuenta”. Miró lo que era y sacó su cartera, dejando lo pertinente con una propina generosa. Le devolvió la cuenta al camarero que había esperado pacientemente a su lado y luego miró a Kate.

¿Has visto alguna vez el Big Ben de noche?

La respuesta era claramente evidente, por lo que se levantó y dio la vuelta hasta darle la mano a Kate para ayudarla a levantar. Una vez de pie, sonrió ante la evidente respuesta de la chica. ¿Quién no lo había visto?

Seguro que no lo has visto desde el mejor lugar de Londres.

Caminó hacia la puerta y, al salir por la principal, había un hueco insonorizado entre la puerta del interior y la del exterior, en donde no había nadie, ni tampoco cámaras muggles. Se paró y miró a su amiga.

Te voy a hacer el favor de enseñártelo antes de llevarte a tu casa.

Le sujetó la mano para que existiese contacto físico y se desapareció con ella.

Aparecieron en la cima del Big Ben, en una pequeña azotea restringida para personal desautorizado por encima del reloj de la gran torre. Nada más aparecernos allí una ráfaga de viento azotó los cuerpos de ambos, pero sus ojos estaban viendo una imagen de todo Londres iluminado a plena luz de la luna. Un manto de casas y calles, cortadas por el famoso río y el London Eye los pies de los dos. Chistopher se adelantó unos pasos y se alongó para poder mirar hacia abajo y ver desde allí todo el Big Ben iluminado.

 Bonito, ¿a que sí?

Era un lugar al que Chris, hacía mucho tiempo había podido visitar de día, por lo que un día se le ocurrió la idea de visitarlo de noche al recordarlo perfectamente y pudiendo usar su aparición mágica. No era la mejor vista del mundo, pero sin duda era impactante, bonita y, lo más importante, exclusiva.
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Katerina S. Howland el Mar Mar 18, 2014 1:03 pm

¿Por qué me sentía tan a gusto con Christopher? Vale, era un hombre divertido y culto, con el que entablar cualquier tipo de conversación, la cual resultaría interesante fuera lo que fuera, pero aun así, no era sólo que se me estuviera pasando el tiempo volando, sino que realmente me estaba afectando el hecho de pensar que pronto tendríamos que irnos. La idea de tener que irme a casa y de acostarme en la cama se me tornaba aburrida y triste comparada con el hecho de poder pasar más tiempo con Christopher, riendo por cualquier tontería y contándonos todo tipo de cosas. - ¿Te vienes? ¡Bien! Es dentro de dos semanas y yo tengo las entradas así que no te preocupes por eso. – Celebré su decisión cual adolescente de quince años, alzando uno de los brazos en alto y sonriendo de oreja a oreja. Eso significaba que él también lo pasaba bien conmigo, ya que si no podría haber dicho perfectamente que tenía cosas que hacer o que simplemente no quería. Aquel pensamiento me resultaba reconfortante, lo que hizo que me soltara aún más si era posible.

Estuvimos un rato más charlando y terminándonos el postre. Por supuesto no faltó mi mirada de inquisidora cuando dijo que él pagaría la cuenta. – Pues me parece muy mal… – Resoplé, aunque lo acepté de buena gana porque era él, y porque yo podría invitarle al concierto de Chopin como agradecimiento. – Por esta vez pase. – Sentencié con una sonrisa.  

Entonces, cuando ya me estaba entristeciendo por tener que volver a casa, Christopher me sorprendió muy gratamente cuando me preguntó si alguna vez había visto el Big Ben de noche, aunque a decir verdad no entendía muy bien la pregunta. ¿Quién no lo había visto? Cualquiera que pasara de noche por la zona podría verlo, y no es que fuera precisamente pequeño como para ignorarlo. Él, sin esperar a que contestara, se levantó y me cogió de la mano, lo que hizo que inesperadamente me sonrojara un poco. No estaba acostumbrada a aquellos gestos de su parte. “Seguro que no lo has visto desde el mejor lugar de Londres” Mi cara era claramente de sorpresa y no era para menos. ¿De qué lugar estaría hablando? La verdad era que tenía muchísima curiosidad. Yo me limité a seguir sus pasos sumisamente, dándole la mano una vez fuera para poder desaparecernos.

Segundos más tarde nos encontrábamos… No sabía muy bien dónde, lo que sí sabía es que el viento me daba directamente en la cara y seguramente parecería una loca tratando de protegerme, con los pelos yendo a su libre albedrío y mis ojos abriéndose y cerrándose por intervalos. Gracias a Merlín no tardé demasiado en acostumbrarme y poder apreciar el lugar en el que estábamos. Seguí a Chris unos pasos y lo imité cuando se alongó, quedándome completamente perpleja. – Es precioso… - Hablé en un susurro, por lo que quizás él no me escuchara, pero realmente estaba disfrutando como una niña chica de aquellas vistas. Se veía absolutamente todo: cada uno de los callejones, las casas iluminadas, unas pocas personas paseando, el río bajo el London Eye… Allí, entre aquellas calles había pasado la mayor parte de mi infancia, y aquellos edificios habían sido testigos de todos mis buenos y malos momentos. Era verdaderamente conmovedor.

Definitivamente Chris me había ganado por completo con este gesto. Le miré inocente, mientras él seguía observando el espectacular paisaje. De repente una sensación extraña me recorrió el cuerpo, haciendo que se me erizara el bello. No era el frío que podía hacer allí, ni el viento  intentando arrastrarnos hacia atrás, era algo más profundo, y producido por la persona que se encontraba allí conmigo en aquel momento.
De hecho, de haber estado en otra situación o de no haber sido él en concreto, probablemente mi primer impulso me hubiera hecho abalanzarme hacia él y besarle como si no hubiera un mañana, pero por suerte aún conservaba algo de sentido común. “¿Estás loca? Es el marido de tu difunta amiga. Eso es pasarse de la raya...” Nunca le había visto con aquellos ojos, pero en ese momento me parecía el hombre más perfecto sobre la faz de la Tierra.

Gracias a mi don del control, que en muy pocas veces ponía en práctica, conseguí quitarme aquellos pensamientos de la cabeza, volviendo a verle como el Christopher jovial y divertido a la vez que serio e inteligente de antes. - ¿Por qué conoces este lugar? ¿Te lo enseñó alguien? –Esta vez hablé un poco más alto, para que pudiese escucharme. – Es realmente espectacular. – Le aseguré con una sonrisa, mientras mi pelo volaba en todas direcciones, a su antojo.

- ¿Sabes? No te recordaba tan guay, pero sin ofender. – Bromeé con diversión, aunque realmente no era del todo mentira.
Al fin y al cabo daba igual, lo que importaba es cómo le consideraba ahora, y definitivamente era de todo menos estirado y antipático. De hecho era la persona más interesante que había conocido desde aquel indio que cada vez que se comía una cucaracha gritaba “Aleluya”. “Normal que Rose se enamorara de él…” – Pensé, volviendo mi vista al precioso paisaje.

Off: Lo siento si me salió un poco largo. Me motivé. JEJE.
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Christopher Höhner el Miér Mar 26, 2014 8:37 pm

OFFROL: No te preocupes, me ha gustado mucho. Perdóname tú a mí por tardar Smile

Christopher no sabía a cuento de qué ni por qué motivo en especial llevó a Kate a aquel lugar. No era un lugar especial, ni tampoco íntimo, era un lugar que para él era exclusivo porque la gran mayoría de Londinenses jamás podrían estar en una noche como esa a aquellas alturas y pudiendo admirar esas vistas. Por otra parte, se lo había pasado tan bien aquella noche con Katerina que simplemente fue inevitable sentir las ganas de compartir algo que a él le gustaba con ella, como ella había hecho con él.

Era una manera de agradecerle por hacerle pasar una divertidísima velada acompañada de una divertidísima acompañante. Para ser sinceros, Christopher hacía mucho tiempo que no salía de esa manera con nadie y mucho menos con una chica con la que poder recobrar la confianza que una vez tuvieron.

La mirada de perplejidad de Katerina cuando se aparecieron en aquel lugar fue suficiente para Christopher. El profesor se evadió un momento mientras sentía el viento y admiraba el río recorrer su cauce, de hecho, no se produjo ninguna palabra entre ambos durante un momento, al cual puso fin Kate, con unas curiosas preguntas.

En su momento este lugar estaba habilitado a ciertas horas para los turistas. Tuve la suerte de poder visitarlo por entonces… Y al contrario que los muggles, yo tengo la suerte de poder visitar los sitios que recuerdo sólo con un poco de concentración. Ahora también podrás venir tú cuando quieras. Pero no me lo gastes.

Bromeó con un guiño amistoso y negó con la cabeza a lo de si se lo había enseñado alguien.

Si mal no recuerdo lo vi con mi hijo, pero por aquel entonces él era muy pequeño, no lo recordará. Me alegro que te guste. Hacía tiempo que no venía… Años, incluso.

Comentó apoyándose con los antebrazos en la barandilla. La broma de Katerina sobre su manera de ser hizo que Chris mirase a su amiga con cierta reprobación en el rostro, sonriendo jovial. Le había dejado sin palabras, por lo que antes de contestarle miró hacia abajo y se encogió de hombros.

No me ofendes, admito que con los años he ido adoptando la seriedad odiada de todo profesor. Gracias por limpiarme el polvo, Kate.

Sonrió agradecido y se percató de que estaba erizado por el frío. Aquel lugar estaba mucho mejor en verano, en dónde las noches londinenses son tan cálidas como acogedoras. En aquella época podrías crionizarte allí arriba perfectamente.

Vámonos, no quiero ser el culpable de que la profesora de Astronomía falte a clase por resfriarse.

Se acercó a ella y puso el brazo inclinado hacia dentro, con la pose típica de cuándo la novia sujeta al novio por el antebrazo, esperando a que ella se encajara a él para desaparecerse de allí y dejarla justo en la puerta de su casa, en dónde la había recogido esa noche.
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