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Chapter One [Natalie Corvin]

Invitado el Mar Mayo 03, 2016 10:25 pm

Llevaba un año en londres, y estaba a punto de cumplirse el segundo por lo que ya era hora de buscarme un nuevo piso donde vivir por el simple hecho de el contrato que tenía era solo de un año y ya estaba a punto de llevar el doble de lo acordado y aunque el casero me había dejado estar allí en parte por pena y en parte coaccionado por mi apellido y por alguna charla que había tenido con mi tía, ya estaba cansado de mí, “Te doy una semana para largarte de aquí” me había dicho, a lo que yo había hecho caso omiso por que llevaba dos años diciéndome eso y ahí seguía yo, en aquel cuartucho cochambroso pero cerca de todo, pero sabía que esa vez era diferente, el casero lo decía enserio, pero yo no me di cuenta hasta que llegué a casa esa mañana. Había estado en la biblioteca de la universidad estudiando para los exámenes finales que se me avecinaban y “Sistemas y recursos de la medimagia II” me tiene hablando solo, aunque me encanta lo que estaba estudiando se me hacía algo pesado a veces, pero bueno a lo que iba, cuando llegué a casa, me di cuenta de que la puerta estaba abierta, porque no cerraba, y que dentro no había ningún mueble, fui al que era mi cuarto y me encontré con una maleta hecha,

-¿Qué coño pasa aquí?- pregunté en voz baja caminando por la habitación hasta la maleta.

-Te lo advertí chico- oí a mis espaldas, por lo que me giré encontrándome al casero medio calvo y con la misma camisa manchada de grasa de siempre, -Te di una semana y el plazo se ha cumplido, en esa maleta están todas tus pertenencias puedes quedarte las llaves, voy a cambiar la cerradura-.

-No puede echarme así como así, es ilegal- le dije algo cabreado.

-Sí que puedo, no tienes contrato, se te venció hace ya casi un año, te lo dije, una semana y te largas, te pensaste que era una broma pero no, y ni tu tía ni nadie podrá ayudarte ahora- le dijo con un gesto cínico, -Ahora lárgate antes de que se me acabe la paciencia y te eche, y creeme que no seré cortés-.

-Pero…-intenté replicar

-¡¡Nada de “peros”, lárgate ya!!- me espetó el hombre imponiéndose en la habitación vacía dejando que su palabras y tono rebotasen por toda la instancia haciendo eco aumentando así esa pose de machito que acababa de adoptar.

Cogí mi maleta y me apreté el asa de la mochila al hombro para coger impulso y salir de allí sin mirar atrás, cabreado, pero con dignidad, aunque también asustado, ¿qué se suponía que iba a hacer ahora?, encontrar casa en Londres no era fácil, y no tenía donde pasar la noche, aunque aún me quedaban al menos once horas hasta tener que preocuparme por eso. Aún era temprano y gracias a los dioses tenía suficiente dinero como para permitirme una habitación en alguna pensión, El Caldero Chorreante, pensé de inmediato así que aún en el rellano del piso miré hacia atrás viendo por la rendija de la puerta al imbécil aquel y me desaparecí con mi cosas.

Ya estaba en el callejón Diagon en una callejuela secante a la principal justo en frente del Caldero Chorreante, así que sin más decidí entrar. El ambiente estaba algo viciado a un olor que se mezclaba entre humo de puro tabaco negro de pipa, whisky de fuego y sinceramente, sudor, el sudor de varios hombres que llevaban algún que otro día sin darse una ducha a fondo. Me acerqué a la barra y pregunté por una habitación.

-Buenas días, ¿siguen teniendo habitaciones libres?- le pregunté sin sentarme en ninguno de aquello taburetes porque de tener quería echarme a descansar un rato y de no tener no pensaba quedarme allí mucho tiempo.
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Natalie Corvin el Mar Mayo 03, 2016 11:06 pm

Hacía casi mes y medio desde que Luke y William habían desaparecido. ¿Y que había pasado? Nada. ¿Algo se había arreglado? No. ¿Habían habido noticias de alguno? Por favor… Lo había pasado fatal, sobre todo la primera semana. Era fácil derrumbarse a la mínima cuando tus pilares de apoyo desaparecen repentinamente; cuando se esfuman sin dejar rastro, ni siquiera una mísera despedida. Había sido muy duro y, a pesar de que ya estaba mejor, aún esperaba ver a Luke haciéndose un ColaCao felizmente por la mañana o ver a William apareciéndose repentinamente en mi habitación.

Por suerte Zack me había estado haciendo compañía en casa y, a pesar de que cada mes me costaba pagar el alquiler de la casa por mí misma con la mierda de sueldo que tengo, no quería irme a ninguna parte. Irme de esa casa era cómo hacer borrón y cuenta nueva y, de alguna manera, autoconvencerme de que ni Luke ni William van a volver… y la verdad es que ni quería ni estaba preparada para darme por vencida. Eso sí, necesitaba buscar una solución a mi pobreza cuanto antes, porque ni de coña iba a durar mucho en esa casa como siguiera así y no quería que Zack me ayudase más de la cuenta, al fin y al cabo él tiene una casa en dónde quedarse por la que no tiene que pagar nada.

Como de costumbre estaba en el trabajo, con el libro de “Alteraciones de la mente humana. Vol 1.” debajo de la barra, el cual ojeaba de vez en cuando en pos de estudiar un poco. Estábamos de exámenes finales y no tenía tiempo para nada. O estaba en clase, o estaba estudiando o estaba trabajando. ¿Pero vivir? A veces me preguntaba dónde estaba mi maldito tiempo para vivir.

Mientras memorizaba un párrafo a la vez que limpiaba la barra con un paño húmedo, un chico se acercó a mí preguntándome por las habitaciones.

-¡Hola!-Saludé con una sonrisilla al pillarme totalmente en el mundo mental de ese pelmazo de libro. Me costó procesar lo que me había dicho unos segundos en dónde le miré con la mirada perdida.-Sí, claro, creo que sí. Espera un momento.-Hice una pausa y me di la vuelta, sintiéndome un poco retrasada. Volví a darme la vuelta para explicar mi comportamiento.-Es que yo no llevo el asunto de las habitaciones, así que ando un poco perdida. Siéntate. Tardo nada.-Le prometí.

Me sonaba su cara, pero también me sonaba no conocerlo. Decidí no hacer ningún comentario al respecto y meterme en la cocina para hablar con mi jefe. Posiblemente tres minutos después, ya que mi jefe era todavía más retrasado y al parecer su memoria, sus ideas y su capacidad de dialogar no se ponían nunca de acuerdo para decir algo en claro, salí de la cocina para buscar al muchacho con la mirada. Esbocé una sonrisa que buscaba ser disculpada

-Lo siento.-Dije tras acercarme a él.-No tenemos habitaciones libres, la última la reservaron esta mañana. Pero te invito a algo por haberte encontrado con la camarera más despistada.-Le ofrecí con sinceridad, para que eligiese algo que le apeteciera.-¿Una cerveza de mantequilla?-Intenté adivinar.

Entonces fui hacia el libro y lo cerré, ya que era la tercera vez que algún cliente me hablaba y yo no le prestaba atención. Sin duda compaginar ambas cosas no me estaba saliendo rentable. Finalmente, cómo aquel chico me sonaba (posiblemente de la universidad, pero quería sacar ese tema porque iba a parecer una acosadora y no, simplemente soy muy observadora) y parecía un poco perdido y cargado con una maleta, decidí acompañar su mala cara con una sonrisa. No era yo últimamente la chica más feliz sobre la faz de la tierra, pero como no me obligase a sonreír me iba deprimiendo por cada esquina.

-¿Estás bien?-Pregunté dulcemente, ya que eso de verse sin casa era lo puto más desagradable que había. Yo había estado así varios días cuando me gradué y me fui de casa de mis padres. Y él tenía toda la pinta: esa cara, esa mirada perdida, esa maleta y esa mochila... parecía que le habían echado de algún lugar; o quizás simplemente era un mochilero que va de loco por la vida.
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Invitado el Mar Mayo 03, 2016 11:36 pm

La chica a la que le había preguntado parecía algo despistada, estaba leyendo un libro el cual no pude no mirar y para mi sorpresa descubrir que estaba estudiando, seguramente aquella chica también estaba en la universidad, y no debía de tener mucho dinero si tenía que estar trabajando allí para poder pagársela, porque si no era para eso no entendía como una chica tan guapa como aquella tenía la necesidad de estar rodeada de, bueno, de este olor. No tuve que repetir la pregunta por suerte, ya que aunque le costó al fin reaccionó a lo que le preguntaba y después de darse la vuelta un momento fui a dentro para preguntar.

Me sonaba bastante su cara pero ahora mismo no caía si de verdad me sonaba de la universidad o si simplemente lo creía por haber visto aquel libro, ¿Qué estaría estudiando?, definitivamente no era mi carrera porque ahí somos cuatro y nos conocemos todos, y aunque lo más probable era que no me sonase de nada, seguía teniendo esa sensación.

Di unos cuantos golpecitos con las yemas de los dedos en la madera desgastada y húmeda de la barra esperando que la castaña volviese y me diese una buena noticia, pero al aparecer, vi su expresión era una sonrisa agradable pero de con sentimiento, sintiendo lo que me iba a decir, una ceja me tembló, “Por favor, ten habitaciones” pensaba, “Me conformo con el cuarto de la limpieza, con una esquina”, pero al parecer que suplicase con todas mis fuerzas en mi mente no servía de mucho, cuando empezó don un “Lo siento” sentí como mi cuerpo se empezaba a preparar para pasar la noche en un banco de la fría Londres, la ciudad en la que ver el sol es la mayor leyenda urbana, aunque viniendo de Noruega eso tampoco era un problema.

Dejé caer la cabeza y cerré los ojos resoplando un poco, estaba algo amedrentado por como se habían desarrollado las  cosas, y el hecho de volver a casa aunque me pueda aparecer allí en un pestañeo, no era lo mejor porque entonces mi tía se pondría paranoica y me intentaría convencer de que me quedase allí con ella, “Tienes un trabajo en la empresa que te espera” me diría “Aunque la verdad es que no te hace maldita falta tener que trabajar y lo sabes” y así con sus constantes argumentos para que su niñito no se vaya de casa, a veces podría ser muy protectora.
Volvía  suspirar.

-Acepto esa cerveza de mantequilla- le dije a la chica cuando me preguntó si estaba bien, pero no pensaba dejar que me invitase. Apoyé la mano en la barra con unas monedas para poder pagarla.

Levanté la cabeza.

-La verdad es que no muy bien, pero bueno cosas peores habrán vivido otras personas ¿no?- pregunté de forma retorica pero en parte buscando una sonrisa cómplice, y un “Pues claro”.

El sitio empezaba a revolucionarse cada vez más, y es que en lo que llevaba allí sentado, no más de cinco minutos, habían entrado al menos diez u once personas, algunos en grupos y otros solos pero rápidamente se habían ubicado en el lugar encontrando caras amigas con las que poder reír, hablar y beber hasta perder el conocimiento, todos unos habituales del lugar.

Volví a suspirar

-Oye, ¿Nos conocemos de algo?, me suena pero no sé si es solo una corazonada o de verdad nos conocemos- le preguntó con el tono desinteresado intentando sacar alguna buena conversación de aquella situación por corta y simple que pudiera ser.
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Natalie Corvin el Miér Mayo 04, 2016 1:49 am

Fue todo un detalle que quisiera pagar la cerveza que, aún así, iba a darle gratis. Era cosa mía eso de ignorar a mis clientes por estar con la cabeza en otro lugar y es que me costaba horrores buscar un momento en dónde poder concentrarme. Eso sí, como siguiera invitando a todos los clientes a los que “les hago el vacío” iba a terminar cobrando una nómina en negativo. Así que no me quejé y mucho menos vacilé, cuando el muy amable chico dejó el dinero sobre la barra.

-Gracias.-Le agradecí el hecho de que me la pagara, ya que le había hecho un ofrecimiento totalmente desinteresado.

Empecé a prepararle la cerveza mientras que con un movimiento de cabeza me comunicaba “mentalmente” con mi compañero para que fuera a atender a las mesas mientras yo me encargaba de la barra.

Le pregunté al chico que si estaba bien, puesto que no parecía tener un rostro demasiado receptivo y su contestación me dejó un poco patidifusa. “Cosas peores habrán vivido otras personas”. Sonreí débilmente ante esa idea, ya que probablemente yo sea uno de esos ejemplos. No sabía qué le habría pasado, pero posiblemente si lo comparamos al hecho de que he perdido a dos de las tres personas más importantes de mi vida… Pues oye, sí, posiblemente peores cosas habrán vivido otras personas.

-Males de otros, consuelo de tontos.-Dijo tras alzar débilmente una ceja.-Siempre lo decía un amigo y es verdad.-Añadí, ya que no lo había dicho a mal, sino como mero comentario filosófico que, quizás, el chico tomara en cuenta.-Aquí tienes.-Le dejé la cerveza de mantequilla justo delante.

Mi compañero y yo teníamos una especie de unión mental que se ha desarrollado con el tiempo, por lo que cada vez que me hacía una señal yo reconocía las bebidas que me iba diciendo, por lo que las iba preparando y/o cogiendo para ponerlas en una bandeja. Así cuando él hubiera terminado de tomar nota, la bandeja estaría lista para ser llevada a los clientes.

Mientras lo hacía, ya que no era una tarea muy difícil servir copas, el muchacho me preguntó que si nos conocíamos. Bueno, el hecho de que me reconozca no me hace sentirme una acosadora.

-No, no nos conocemos.-Le dije con seguridad, ya que no tenía ni idea de cuál era su nombre pero, en cambio, podría asegurar que va a la universidad casi en el mismo horario que yo. O por lo menos muchas veces coincidimos. Es curioso darse cuenta de todo lo que puedes saber de una persona a la que ni siquiera conoces.-Me habrás visto por la universidad; yo también te he visto a ti pululando por allí.-Dijo con un divertido guiño.-Pero siempre es un buen momento para conocernos, ¿no? Me llamo Natalie. Te tendería la mano, pero la tengo sucia.

Aparté entonces una bandeja ya terminada hacia un lado y mi compañero se la llevó. Sujeté otra para ponerla sobre la barra, alejada para no molestar al chico ni su espacio vital.

-No es normal ver universitarios por aquí, aparte de mí, claro. Y mucho menos ahora que estamos de finales. ¿Eres un rebelde y te han echado de la residencia de estudiantes?-Pregunté con cierta diversión, ya que a Matt le habían echado ya varias veces por armarla una y otra vez. No me extrañaría que no fuera el único loco.
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Invitado el Miér Mayo 04, 2016 3:52 am

“Males de otros, consuelo de tontos” aquella frase era muy cierta y me hizo reflexionar, en realidad no sabía muy bien a que se refería, pero tenía una idea, y era que no servía de nada buscar consuelo mirando lo ajeno, para conseguir lo que se quería había que lucharlo, y eso era lo que llevaba haciendo desde que tenía uso de razón, si bien me podía haber quedado esperando que me lloviese todo lo bueno del cielo, cosas que hubiese pasado, prefería buscarme la vida y salir a la aventura enfrentándome a lo desconocido sin ningún colchón ni ningún salvavidas al que agarrarme así que era normal que tuviese que vivir aquel tipo de situaciones y para llevar casi dos años en la ciudad se podría decir que soy todo un afortunado de no haber pasado más calamidades.

Cogí la cerveza que la chica me había puesto en frente dedicándole una sonrisa sincera y le di un  sorbo después de preguntarle si nos conocíamos de algo, porque su cara me estaba empezando a resultar molestamente familiar, y digo molestamente porque si de verdad la conocía era toda una descortesía por mi parte no acordarme de ella, pero a  pesar de quedar como un alguien con poca menoría decidí preguntarle, viéndola trabajar, llevándome una decepción extraña al escucharla decir que no nos conocíamos, ¿entonces de que me suena?¿ conozco a alguien que se le parece?, empecé a preguntarme, cuando mencionó el único dato del que yo disponía a medias ya que era una suposición, y es que estudiaba en la universidad, así que seguro que la había visto por algún lado.

Le di otro sorbo a la cerveza, saboreando aquel dulce liquido algo denso que corría por mi garganta, a pesar de haber probado bebidas más deliciosas y fuertes aquella seguía siendo una de mis favoritas y es que deleitarse con aquel ambarino mejunje era maravilloso. La chica se presentó, yo terminé de tragar aquel sorbo y con un poco de espuma en el labio superior hice lo mismo.

-Yo me llamo Timothy- le respondí con una sonrisa en la cara, era simpática, y graciosa, tenía un nariz divertida y con mucha personalidad.

Vi como apartaba la bandeja que acababa de preparar para que el otro camarero se la llevase cuando me hizo la pregunta más obvia.

Me encogí de hombros y le di otro trago enorme a la cerveza dejándola por menos de la mitad en la jarra, la dejé reposar sobre la mesa y solté un sonido de placer al terminar de saborearla.

-La verdad es que algo parecido, me han echado del piso en el que estaba…- me incliné hacía la barra para acercarme a ella -…no soy mucho de residencias, me gusta mi intimidad- le dije con una media sonrisa, -Pero bueno como he dicho antes no se acaba el mundo, aunque no tengas habitaciones hay más sitios donde hospedarse y…- hice una pausa para beber de nuevo -…a último remedio siempre puedo volver a casa, aunque creo que prefiero dormir en un banco de Oxford Street que esa idea- concluí.

La idea de tener que volver a casa y verle la cara a mi tía no me gustaba nada, no es que no la quisiera, la adoraba, pero sabía perfectamente como era, y bueno, a veces la relación podía ser algo difícil de llevar.

Suspiré de nuevo y me terminé la cerveza, para luego levantar la mirada y cruzarla con la de Natalie.

-¿No podéis echar a alguien de su habitación?, a alguno que se pase de listo y haga ruido, al menos una noche- dije con el tono algo desesperante, no se me daba bien buscar casa, a los hechos me remito para afirmar esto, de todos los pisos que habían en Londres me fui al peor, más caro y con el casero más desagradable y chanchullero que podría existir.

Me llevé las manos a la cara y me las restregué un poco para despejarme, para luego mirar el reloj de pulsera que llevaba.

-Supongo que tendré que ponerme en marcha si quiero encontrar un techo donde dormir antes de que oscurezca- me levanté -¿Tenéis algún cartel de anuncios o algo así?- le pregunté a Natalie.
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Natalie Corvin el Miér Mayo 04, 2016 4:39 am

Se llamaba Timothy. Tim. ¡Se llamaba Tim! Por favor, qué nombre más jodidamente adorable. Jamás había tenido a ningún amigo que se llamase Tim. Se presentó con una sonrisa y lo cierto es que le favorecía mucho eso de sonreír. No sabía por qué momento estaría pasando, pero sin duda parecía bastante perdido por no saber qué camino tomar y eso se reflejaba en su cara de preocupación. No era muy dada a reconocer rostros y emociones, pero el gesto del chico hablaba por sí solo.

Le pregunté entonces directamente por lo que estaba pasando. Le habían echado de la casa y ahora mismo no tenía ningún lugar en dónde quedarse... yo tampoco era de residencias universitarias, pero la verdad es que en muchas ocasiones nos salvaban de dormir en la calle. Hubo una época en dónde estuve a punto de darme por vencida e irme a una de ellas, hasta que apareció Luke con una solución perfecta y ancestral a mis problemas. Pero al igual que Tim, ni de coña tenía intención de volver a casa, prefería mil veces quedarme en un banco. O mejor en el metro, que Londres es lo puto colmo del frío.

-No digas eso.-Dije cuando nombró al banco de Oxford Street.-Aunque no voy a ser hipócrita, yo también preferiría dormir en un banco a volver a casa de mis padres. ¿Problemas en casa u orgullo? Lo mío es una mezcla de ambas, acompañada de un "mis padres son insoportables".-Y solté una leve carcajada mientras negaba con la cabeza y abría una botella de Whisky de Fuego para rellenar unos chupitos y ponerlos en una bandeja.

Timothy no paraba de suspirar, parecía un maldito globo desinflándose y me estaba poniendo nerviosa. Además, si añadíamos a eso su lenguaje corporal de clara indecisión y estrés, tenía en frente a una persona que no sabía qué hacer con su vida. Parecía desesperado con sus palabras, como si en realidad no tuviera en mente ninguna otra solución después de la negativa en el Caldero Chorreante. Su petición de echar a alguien fue extremadamente afectuosa, pero por mucho que me estuviese entristeciendo verlo sin ningún sitio a dónde ir, yo no tenía nada que hacer con las habitaciones ocupadas. Era realmente desagradable verte en esa situación de no tener un hogar a dónde volver.

El universitario parecía querer volver a la búsqueda de una casa y teniendo en cuenta cómo estaba el panorama en Londres, lo iba a tener realmente complicado. Iba a terminar durmiendo en ese banco o tragándose el orgullo para volver a casa con sus padres.

Me preguntó que si tenía algún cartel de anuncios y negué con la cabeza.

-No tengo ningún cartel de anuncios.-Contesté.-Pero...-Añadí, manteniendo entonces la atención del chico. No había pensado en la idea de volver a buscar un compañero de piso, más que nada por respeto a Luke y con la esperanza de que en algún momento volviera. Pero teniendo en cuenta que había pasado mes y medio, algo me decía que tenía que empezar a mover ficha.-Tengo una habitación libre. Compartía piso con un compañero, pero éste se fue.-Me ahorré el contarle que había desaparecido porque no quería que me entrase la llorera innecesaria.-Ahora mismo vive conmigo un amigo mío que me hace compañía, pero la habitación sigue estando totalmente libre. Es un piso de estudiantes, dos habitaciones, una cocina, un baño y medio y un gran salón.-Sonreí.-Supuse que te interesaría saberlo. Y me das pena porque pasé por lo mismo que tú, así que puedes quedarte hasta que encuentres un sitio mejor, si quieres.-Le estaba invitando a pasar la noche, no a alquilar el piso. Pero si por alguna razón cuadraba, que fuera él quién lo volviese a comentar si por alguna razón quería quedarse un tiempo.

Parecía un chico de fiar, pero la vida me ha enseñado a no fiarme de todo lo que parece oro. Por lo demás y a pesar de que realmente me parecía un buen tío, Zack iba a estar en casa para protegerme por si en verdad era un malhechor satánico.
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Invitado el Miér Mayo 04, 2016 12:55 pm

La chica me estaba animando la mañana, y es que aunque en un principio parecía algo agobiada estudiando tenía buen ánimo, y eso es lo que me hace falta en estos momentos. Me confesó que ella también hubiese escogido el banco antes que volver a casa de sus padres aunque propuso una idea mejor, el metro, y tenía toda la razón, Londres era horrible de noche por muy cerca que estuviese el verano, aquella ciudad no respetaba las estaciones, y aunque yo sea de Noruega no es lo mismo pasar un noche al lado de una chimenea con la cama calentita a hacerlo en la calle con ropa gruesa pero al fin y al cabo ropa. Podría encantar la ropa, tal vez hacerle una barrera o una impregnación de ceniza, algo que me mantenga el calor, o incluso preparar alguna poción para mantenerme vivo al menos esta noche. Seguí cavilando en mis pensamientos fugaces cuando la chica me preguntó la razón. No pensaba contarle toda mi vida sentado en aquel mugriento taburete, bueno ni tampoco en el Rich, pero ya que ella se había sincerado no estaba de más que yo lo hiciera, de forma escueta al menos.

-Yo por orgullo, no tengo problemas con mi tía, aunque a veces puede ser muy protectora- confesé empujándole la jarra para que pudiera limpiarla si quería, no pensaba tomar nada más.

Me volví a agobiar por un momento y empecé a soltar una cosas sin sentidos, más bien lo que había pensado, echar a alguien, dormir en el cuarto de las escobas, solo me faltó decir que me conformaba con hacerlo en el desván y que me podían encerrar si no se fiasen de que fuese a robar, pero eso último preferí guardarlo para no parecer un desequilibrado desesperado que bailaría a ritmo de cánticos renacentistas con mallas y un sombrero de tricornio con cascabeles en sus puntas mientras hacía malabares en una bola gigante, aunque visto así si eso me daba una cama no estaría mal intentarlo, ¿Cómo voy de equilibrio últimamente?.

Dejé de desvariar y le pregunté por un cartel o algún tablón de anuncios, o si sabía de algún sitio donde poder pasar la noche. Me levanté de la mesa dispuesto a irme cuando me respondió que no, pero justo cuando me daba la vuelta siguió hablando. ¿Me estaba ofreciendo quedarme en su casa?, sí eso era exactamente, la muchacha de la nariz divertida no solo era agradable sino que además era una persona generosa y desinteresada, intenté no alegrarme demasiado me contuve para no darle un abrazo, ya que aunque no soy mucho del contacto físico con desconocidos por aquello le esculpiría un monumento a la castaña.

Me llevé una mano a la nuca para rascarla y regañar un poco el gesto.

-No quiero que te sientas obligada la verdad, y no sabes nada de mí, ¿y sí soy un psicópata?, o peor, ¿y si tu eres una psicópata y quieres abrirme en canal para satisfacer un perturbador sentimiento en tu interior?- dije sin preocuparme de lo que podría llegar a pensar, -Son bromas- me reí, -Muchísimas gracias Natalie, la verdad es que no sé como agradecértelo pero si te parece, hoy te preparo yo la cena, soy un magnifico chef, ¿Alguna alergia?- le dije con interés y el tono algo gracioso.

El problema de la habitación ya se había solucionado al menos un día, ya tenía cubierto lo primordial que era no morir de frío en la calle y tampoco recurrir a volver a casa con el rabo entre las piernas, pero aún me quedaba solucionar el resto de lo que quedaba de año, o al menos lo que quedaba de clases porque en el verano podría volver a casa. Le volví a sonreír a Natalie,-Me supongo que tu turno no acaba hasta dentro de un rato ¿no?- le pregunté algo dubitativo, aunque esa suposición estaba justificada y es que apenas eran las doce del día así que a no ser que llevase trabajando toda la noche aún le quedaba un rato antes de poder salir de trabajar.

-Puedo esperar aquí sentado, no tengo prisa-saqué otra moneda del bolsillo para que me pusiera una nueva jarra, dejando la maleta que llevaba colgada en la espalda en el suelo después de sacar un libro de la universidad  abrirlo para seguir repasando.
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Natalie Corvin el Miér Mayo 04, 2016 4:46 pm

Zack me iba a echar una bronca por meter en casa a un tipo desconocido. ¿Y si era un maloso que iba por ahí embaucando a las personas con su cara de monoso inocente? ¿Y si en realidad era un asesino? ¿Y si quería raptarme? ¿Y si en verdad FUMABA? Esperaba que no, eso sería sin duda la peor opción: un compañero fumador. Ugh.

Solté una divertidísimas carcajada cuando dijo lo de ser un psicópata o, peor, que  yo fuera una psicópata, cogiendo la jarra que me había empujado ya vacía para limpiarla.

-No me siento obligada, más bien me siento reflejada. Cuando estaba como tú un amigo hizo lo mismo por mí y la verdad es que hasta la fecha le estoy agradecida.-Le conté, para que viera que además de una persona normal también tengo amigos, lo cual probablemente me quitase el posible título de psicópata.-¿Y te crees que no lo he pensado? ¡Llevo un rato pensando todas las cosas malas que puedes ser y que voy a meter en mi casa! Que si un asesino, un psicópata, un ladrón… No me hagas arrepentirme. Y si eres un asesino, por favor, que sea rápido.-Bromeé divertida.

La verdad es que agradecer algo así era difícil, pero la idea de que me hiciera la cena me parecía perfecta. Quid pro quo. Yo le doy lugar donde dormir y él me da comida con la que vivir. ¿Parece un buen plan, no?

-Me parece un plan excelente.-Afirmé con seguridad.-No tengo alergias a ningún alimento, creo.-Me ahorré decir el chiste de: “mientras no le eches pelo animal va todo bien”, porque cada vez que lo decía un gatito moría en alguna parte del mundo. Además de que no era un chiste, no tenía puta gracia.

Asentí con la cabeza ante su suposición. Eran las doce y yo había abierto por la mañana, por lo que hasta las dos no me iba a casa. Y ya estaba notando como me estaba rugiendo el estómago de hambre… Cogí su moneda para otra jarra y se la fui preparando antes de salir de la barra a tomar nota de toda la gente que había entrado, ya que mi compañero no daba a basto.

-Sí, me quedan dos horas.-Dije poniendo los ojos en blanco.-Por suerte son las horas más fuertes porque todo el mundo viene a almorzar y se pasan rápido. Si quieres aprovecha para comer, aunque lo que yo suelo hacer es comprarme una pizza aquí cerca mientras voy para casa caminando. Que si no tienes hambre ya, también puedes acompañarme a eso.-Lo miré con ojitos simpáticos.-Y así no como sola y desamparada.-Añadí justo antes de ponerle la cerveza delante y salir de la barra para empezar con la faena.

------------salto temporal
2 horas después

Me iba a desfallecer de hambre, necesitaba esa pizza carbonara YA. Recogí mis cosas y, sin fuerzas para cambiarme de ropa, simplemente me quité el delantal y lo guardé en la mochila junto a mi libro de la universidad. Mi jefe se encargó de recordarme que no volviera a llevar el libro al trabajo. Yo me acerqué a Tim, el cual parecía bastante concentrado (envidia cochina esa concentración prodigiosa que yo parecía no tener) y llamé su atención con mi voz.

-¿Vamos?-Pregunté una vez salí por la barra con intención de seguir hacia la puerta. Como él iba mucho más cargado que yo, abrí la puerta del Caldero y le dejé pasar a él primero.

Evidentemente, el sol brillaba por su ausencia y el frío, para variar, era el ambiente principal de nuestra querida ciudad. No me había puesto el abrigo porque en el Caldero hacía un calor descomunal, pero no tardé en ponérmelo para no pillar un resfriado. Mi casa estaba en el centro de Londres, bueno, en el centro tirando para el Norte, pero estaba relativamente cerca del Caldero Chorreante, por lo que a falta de una licencia de aparición, buenas son las piernas. Además, en la misma calle del Caldero había una pizzería riquísima y eso hacía que mi viaje a casa fuera mucho más agradable. La pizza siempre hace de todo algo más agradable.

-¿Te hace la pizza entonces?-Le pregunté, aunque yo me la iba a comer si o sí. Si no lo hacía probablemente Tim tuviera que cargar con una Natalie desnutrida hacia San Mungo.

Llegamos a la esquina de la calle y me metí en la pizzería, teniendo otra vez calor. Menudo sufrimiento es vivir en Londres. Frío, calor, frío, calor, resfriado, fiebre y MUERTE. A esa hora ya casi no había nadie, por lo que me adelanté hacia el mostrador y pedí sin pensar demasiado.

-Una carbonara mediana para llevar, por favor.-Le pedí a la chica, mirando entonces a Tim. No solían tardar demasiado en hacerla.
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Invitado el Miér Mayo 04, 2016 9:32 pm

La conversación se tornó bastante agradable, ambos estábamos intercambiando ideas descabelladas porque estaba claro que ella no era nada de lo que estaba pensando y yo no me acercaba ni de lejos a lo que ella dijo, pero era gracioso ver que alguien me seguía el juego cuando soltaba aquellas tonterías que todo el mundo se debería tomar a broma, pero que muy pocos lo hacían, yo soy un tío serio pero sabía cuando estar más relajado y tener una conversación más desenfadada, mucha gente debería aprender de mi y de Natalie.

Me reí cuando dijo que en el caso de ser un asesino lo hiciese rápido, -Bueno incumpliré mi primera norma del asesino, hacer sufrir un poco, pero por ti haré un excepción y ni te darás cuenta- dije acabando con una sonrisa que intenté forzar lo suficiente como para que parecía de auténtico psicópata, pero no duró mucho porque me reí con la misma, y al columpiarme por la inercia del movimiento casi me caigo del taburete. Hice un gesto para equilibrarme, -Todo controlado- me quedé en una pose bastante ridícula pero me había salvado de caerme de culo, al final me iba a ir bien como bufón de la corte haciendo malabares sobre una bola enorme.

Como era obvio tendría que agradecerle de alguna manera su generosidad y que mejor manera que no solo invitarla a cenar si no que además le prepararía la cena. Se me daba bastante bien la cocina, era un sitio en el que me sentía cómodo, y para que mentir, en el que pasaba bastante tiempo de mi vida, porque siempre tengo hambre aunque no lo parezca. Le pregunté sobre alergias y para mi suerte no tenía ninguna, -Genial, pues… ¿qué te parece si hago pasta al pesto?, es una salsa a base de queso, albahaca y frutos secos, sé que puede ser algo pesado pero a juzgar por tu libro, y por el mío, vamos a pasar la noche estudiando bastante así que una cena consistente es fundamental- le argumenté con el tono firme y convencido porque además es mi comida favorita y me apetecía mucho desde hacía varios días.


Le lancé mi suposición sobre el tiempo que le quedaba para terminar a la cual recibí la respuesta que lo confirmaba, su cara sus ojos y su tono dejaban claro que estaba en lo cierto, y que además le fastidiaba muchísimo que hubiese acertado, no en mal plan, le fastidiaba tener que fuese la realidad, pero bueno de algo hay que vivir supongo. –Entonces será mejor que me ponga cómodo- le sonreí, mientras escuchaba su plan sobre ir a por una pizza para almorzar. El estomago me rugió cuando la nombro, una pizza carbonara con extra de queso de masa gruesa en su punto. La boca se me hacía agua, las tripas se me encogían y mi lengua no paraba de dar saltos por estar imaginándose aquello, [color#85c6cc]-Suena bien-[/color] le dije para ver como luego de dejarme la jarra delante llena se iba a tender las mesas de los clientes que acababan de llegar, todos de golpe compartiendo mesa con desconocidos ya que el lugar estaba a rebosar.

2 HORAS DESPUÉS

“El desarrollo de las heridas de un jugador profesional de Quidditch se deben tratar según la clasificación de gravedades, teniendo en cuenta de que estos sujetos están ligados a leyes y contratos deportivos en los que se estipulan factores, como jugadas, partidos, y porcentajes que deben cumplir como profesionales”. Era la cuarta vez que leía aquel párrafo porque las tres veces anteriores lo había hecho en automático y es que aquel apartado sobre La Medimagia en campos deportivos era un autentico tostón, definitivamente aquella asignatura tenía demasiado temario de relleno, ¿por qué nos enseñaban los cuidados para heridas en deportistas profesionales si todos tenían un medimago particular estipulado en su contrato?, es más ¿Por qué mandan medimagos a los partidos si cada equipo tiene los suyos que deben estar en todo momento. Claramente eran cosas del Ministerio quien tenía que hacer acto de presencia en todos los eventos que se organizasen pero aún así era una cosa bastante innecesario por no decir inútil, porque luego te puedes pegar una semana con suerte si el partido va con fluidez, sin hacer nada, esperando que alguien se caía para limitarte a mirar desde la lejanía porque como es obvio los medimagos federados no te iban a pedir ayuda. Como me toque hacer prácticas en un partido de Quidditch creo que seré yo quien se lesione.

Escuché a Natalie acercarse y decirme de irnos ya, a lo que no tardé en responder cerrando el libro con rapidez metiendo en la maleta casi sin tener que abrirla entera y dirigiéndome hacía la puerta que ella se había adelantado a abrirme, me coloqué el abrigo hundiendo mu cuello en él pareciendo así un sin cuello.

-Por supuesto que me hace la pizza- le dije respondiendo a su pregunta, -No lo has notado por todo el ruido, pero lo que oías no eran rugidos de ningún animal de la taberna eran mis tripas que llevan sonando desde que lo propusiste- me reí y antes de darme cuenta ya estábamos entrando a la pizzería la cual desprendía un calorcito agradable pero a pesar de eso me negué a quitarme el abrigo porque sabía que cuando saliese me pondría malo con ese jodido frío invernal que hacía en la calle.

Nos acercamos al mostrador y mi boca empezaba de nuevo a hacer aguas y el estomago a rugir. La castaña no esperó y pidió de inmediato y para mi sorpresa era lo mismo que quería yo. Le gusta la comida, es simpática, tiene la nariz divertida y buen humor ¿Dónde había estado todo este tiempo?. Sonreí y me acerqué cuando me miró.

-Yo quiero otra Carbonara mediana pero con extra de queso y de masa gruesa por favor- pedí detallando las especificaciones que para mi gusto hacían que aquella pizza subiese de categoría de deliciosa a sublime. La miré  con un gesto divertido,-Tenemos algo más en común aunque debo admitir que es de principiantes no pedirla con extra de queso, pero ya irás aprendiendo joven padawan- me reí esperando que no se tomase a mal lo que le acababa de decir, pero algo me decía que se reiría y de defendería diciéndome que era yo el que no sabía, saliendo con algún argumento con el que dejar claro que su pedido era el idóneo.

No tardaron casi nada en darnos al comida casi como si estuvieran esperándola. Salimos de allí y con el cartón de la pizza calentándome la palma de la mano desprendiendo aquel sabroso olor que solo hacía que mis tripas rugiesen más esperé a que la chica tomase una dirección para seguirla, -Bueno Natalie, ¿Qué estás estudiando?- le pregunté para amenizar el camino a a su casa.
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Natalie Corvin el Miér Mayo 04, 2016 10:19 pm

Hablar sobre las posibilidades de que alguno de los dos fuera asesino la verdad es que relajaba aunque no lo pareciese. Normalmente un asesino no bromea así, ¿no? O por lo menos es lo que mi imprudente mente pensaba y lo que utilizaría de excusa cuando Zack me echara la bronca por meter a un desconocido en casa: “Zack, es que ha bromeado con ser un asesino, tío, está claro que un asesino no bromearía con ser un asesino, ¡no son tan inteligentes!”. Y Zack me contestaría y me refutaría con su inteligencia lógica y al final llegaríamos a la única razón de todo esto: “Zack, SOY DÉBIL.”

¿Pasta el pesto? ¿Pesto? ¿Qué era eso? Mi rostro reflejó claramente su confusión ante ese nuevo método de hacer pasta y, al contrario de lo que pudiera suponerse, el rostro de confusión era de curiosidad, ya que yo rara vez le hacía ascos a la comida (a excepción del brócoli y los guisantes, eso son alimentos satánicos cuyo color verde está solo para confundirnos).

-No lo he probado, pero a mí me gusta todo. Además, tiene buena pinta. Pero no tengo ni albahaca ni frutos secos.-Le informé.-Lo compramos de camino.-Di como solución más fácil, ya que en realidad tampoco es que hubiese otra. Volví a poner los ojos en blanco y saqué la lengua asqueada.-No me lo recuerdes.-Añadí cuando me recordó que iba a pasar una noche bastante productiva estudiando. Lo que más me apetece al salir de trabajar… ponerme a estudiar… ugh.

----

Después de las dos horas más intensas del mediodía, salimos los dos de allí hacia la pizzería. Aparentemente parecía un chico tranquilo y bastante amable. Las pocas veces que lo había visto en la universidad me había dado la misma impresión y lo cierto es que, lo siento, Salazar Slytherin, pero por muy Slytherin que haya sido, no he salido una mala víbora sin compasión como el 90% de tus estudiantes. Yo salí normal; y me alegra poder darle una oportunidad a lo que parece un buen tío.

Reí divertida ante su chiste del estómago, ya que a mí me quedaba poco para empezar a entender al mío.

-Con razón mi barriga no paraba de rugir cuando me metía en la barra. ¡Se estaba comunicando con la tuya!-Añadí a su broma.

Una vez dentro de la pizzería, Tim se pidió lo mismo que yo pero con ciertas modificaciones. La verdad es que sus modificaciones tenían buena pinta, pero tenía tanta hambre que me daba pereza interrumpir a los cocineros para cambiar mi pedido. Eso sí, no pude decir mucho al respecto, ya que el apelativo de “Joven Padawan” me hizo mirarle con cierto cariño inmediato, ya que me había recordado a Luke de sobremanera. Siempre me decía eso, sobre todo cuando me intentaba enseñar a utilizar el portátil o el móvil o cualquier cosa relacionada con la tecnología muggle (con la cual, por cierto, soy la decadencia).

-Joven Padawan…-Sonreí al repetirlo.-¿Te gusta esa saga? ¿Star… Wars, no?-Luke siempre me hablaba de ello, pero no voy a engañar a nadie: a mi no me gustaba, tío, tenía memoria a corto plazo sobre las cosas que no me interesan, por cruel que pueda sonar.-Yo vi una peli. Bueno, media peli. Me quedé dormida.

Con las pizzas ya en nuestro poder, salimos al exterior. Me colgué la mochila bien en ambos hombros para que no me molestase y abrí mi cartón de pizza para coger el primer trozo. No iba a esperar a llegar a casa para comérmelo, además de que se me iba a enfriar, eran como quince o veinte minutos a pie. Con la boca llena y mientras soplaba al aire porque el queso me acababa de ABRASAR la lengua, escuché como me preguntaba por mis estudios.

-Oh…-Seguí soplando con la boca llena, mirando al lado contrario a donde estaba Tim.-Quema. Uf, uf.-Le hice saber, notando como aquello comenzaba a menguar en dolor tras mi ridícula escena. Conseguí masticar sin morirme y tragarme ese trozo.-Pues…-Retomé su pregunta y entonces le miré, algo sonriente para que olvidase la escena de hace unos segundos.-Estudio para ser desmemorizadora. Estoy en mi primer año, así que estoy con las asignaturas más técnicas y, por tanto, las más aburridas y tediosas. Estoy deseando poder hacer prácticas.-Aunque sabía perfectamente que iba a tener que ser en los últimos cursos y no por placer, ya que mis horarios laborales no me permitían tener un horario muy asequible.-Yo vi tu libro… Vi que era de medimagia. ¿También estás en primero?-¿Parecía de mi edad, no? No sé, soy malísima para las edades, la verdad. Podría tener treinta tacos que yo veía a todo el mundo de mi edad.-¿No te da asquito ver todas esas cositas? Sangre, huesos rotos, piernas al revés, heridas, ugh...-Me dio un escalofrío de grima.-Yo no serviría para eso.
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Invitado el Jue Mayo 05, 2016 3:20 am

Aquella broma sobre llamarla Padawan no le molestó de hecho algo en su rostro me dijo que le había gustado, preguntándome sobre la saga y si la había visto confesando que ella solo había logrado ver media película. No pude contener la risa, -La verdad es que no las he visto y solo sé algunas referencias por …- paré un momento -…bueno por alguien que conocía- concluí. Llevaba mucho tiempo intentando guardar las apariencias y decir que mi abuelo había sido muggle era lo primordial que esconder a pesar de que yo me sentía bastante orgullos de él y de lo quera, y sobre todo de todo lo que me enseñó y lo que intentó enseñarme, a veces me pregunto cómo hubiese sido mi vida sin él y solo llego a la conclusión de que no hubiese sido tan divertida –Pero siempre he tenido curiosidad por verlas, aunque nunca encuentro tiempo, o tal vez no sea tanta la curiosidad, no lo sé la verdad- sonreí.

No estaba tan ligado al mundo muggle como muchos otros magos en parte porque lo tenía que llevar oculto y en parte porque tampoco me causaba tanta curiosidad, es decir, hay cosas que sí son necesarias o más bien imposibles de no hacer igual que los muggles, al fin y al cabo ambos sentimos dolor cuando una aguja nos pincha, y sentimos la adrenalina en situaciones peligrosas o emocionantes, pero el hecho de hacer cosas cotidianas de los muggles no era algo que me llamase tanto la atención.

Salimos de la pizzería con nuestras cajas de pizzas en las manos y comenzamos a andar, fue el momento en el que decidí preguntarle a Natalie por sus estudios, quería saber algo más de ella y me pareció lo mejor preguntarle por su vida universitaria. Hizo un gesto gracioso al quemarse con la pizza, -Eso se llama herida consecuente- dije riéndome al ver que se quemaba. Yo también tenía bastante hambre pero como no quería correr la misma suerte que la chica preferí esperar un poco, a pesar de llevar la mano bajo el cartón está no me ardía solo estaba más caliente de lo habitual como que dada la situación meteorológica se agradecía. Escuché decirme sobre lo que estudiaba, era una carrera interesante aquella aunque para mí todas tenían su encanto, incluso para ser inefable a pesar de no saber a qué diablo se dedicaba esa gente, -¿Sabías que tu profesión es la causante de más del 60% de las enfermedades mentales del mundo mágico?- dije como dato, -Aunque si te sirve de consuelo mi profesión es la causante de más del 78% de tetraplejia- dije algo confuso de si aquello era bueno o malo que lo supiera alguien que no era del gremio, -No somos unos matasanos pero es difícil reconstruir huesos de zonas tan sensibles cuando el paciente no se está quieto y te intenta conjurar alguna maldición para soportar mejor su tortura- me defendí un poco, mientras seguíamos caminando.


Llegó el turno de preguntas de la castaña.


-En primero, ¿te parezco tan joven?- pregunté dándomelas de maduro, -En realidad estoy en segundo, con dos asignaturas de primero aunque debería estar en tercero, empecé un año tarde- . La caja ya estaba más fresca y es que solo era cuestión de tiempo que esto pasase porque el tiempo era propicio para ello, así que imité a mi acompañante, o al menos lo iba a hacer. Me paré un momento mirando a ambos lados de la calle, estaba completamente vacía, -No sé por qué no pensé en esto antes- dije mientras me quitaba la maleta de la espalda y la abría, miré de nuevo a ambos lados y cuando me aseguré de que no había nadie por los alrededores cogí la gran maleta donde llevaba todas mis pertenencias y la metí dentro de la pequeña mochila.


Resoplé porque aunque parecía fácil no lo era tanto y mucho menos si estabas casi desnutrido como lo estaba yo, además ahora pesaría más de la cuenta pero lo justo para poder llevarla sin problemas. Ya podía ir comiendo por el camino. Saqué un gran trozo de pizza dejando que Natalie viese el doble de queso actuar, un enorme largo y grueso hilo del amarillo se formó y no dude en romperlo dándole un buen bocado, -No sabes lo que te pierdes- le dije con la boca un poco llena.


-Volviendo al tema…- hice una pausa, -…la verdad es que no me da tanto asco, aunque si te soy sincero aún no he visto a nadie abierto en canal o he tenido que asistir a una reconstrucción de la memoria, mis clases prácticas son pocas y la mayoría son para tratar hongos o fiebre de troll- le confesé riéndome de lo patético que sonaba aquello.


Ya iba por el segundo cacho de pizza cuando pasamos por delante de un supermercado 24 horas,-Espera voy a comprar- le dejé mi caja de pizza, -Te permito coger un trozo, pero solo uno- le dije con un dedo sentenciándola de forma amigable pero a la vez dejando claro que dejaría caer toda mi ira sobre ella si se comía toda mi pizza, porque estaba seguro que después de probar ese doble de queso no querría volver a la simple nunca más. No tardé en salir de la tienda, con una bolsa llena de pasta, albahaca fresca, frutos secos, aceite, huevos, gelatina y chocolate, mantequilla  y azúcar, -Espero que te guste pero he decidido sobre la marcha hacer también un mouse de chocolate, no sabía si tenías lo básico así que lo he comprado de todos modos- guardó al bolsa de los alimentos dentro de su mochila y cogió la caja de pizza sacando otro trozo de dentro sin prestarle atención a si la chica había cogido o no.

-Bueno dime por curiosidad ¿qué te llevó a escoger esa carrera?, no me malinterpretes a mi me parece interesante pero no sé, nunca he conocido a nadie que la estudie así que tengo curiosidad- le dije prestando suma atención a lo que me diría, porque era cierto que tenía curiosidad, cuando se hablaba de los desmemorizadores se hacía con sumo respeto, y a pesar de encontrarlo interesante no lo veía una profesión tan apasionante como para que alguien la escogiese por voluntad propia, aunque no todos seamos iguales.
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Natalie Corvin el Jue Mayo 05, 2016 4:35 am

Bueno, hasta yo que no había visto Star Wars tenía ya en mente esa referencia de “Joven Padawan”, por lo que no era de extrañar que cualquier persona lo utilizase, fuese fan o no de la saga. Sonreí ante su explicación al no haberlas visto, ya que yo era prácticamente igual. No le habría prometido veces a Luke verlas algún día. Algún día…

-Son muy leeeentas…-Alargué la “e” para darle a entender que eran MUY lentas.-Y largas, no me extraña que no encuentres tiempo para verlas.-Parecía una hater de Star Wars. Pero no. Era como El Señor de los Anillos. Demasiada poca información en demasiado tiempo.

Tras mi gran actuación comiéndome la pizza caliente quedó claro que soy retrasada, por lo que preferí no añadir nada a lo de herida consecuente y esperar a que mi pizza se enfriase un poco si no quería quedarme sin papilas gustativas. Mientras tanto, él me dio ciertos datos sobre mi carrera y la suya de los que no tenía ni idea, aunque para ser sinceros, me podía hacer una idea del por qué de esas desgracias en mi carrera. Y bueno, en la de él. Eran carreras muy complicadas a la hora de tratar con el personal; había que ser cuidadoso y atento, lo mismo era intentar arreglar un hueso que intentar arreglar una mente al fin y al cabo.

-Seguro que esos datos están inflados para hacernos quedar mal…-Lo miré con los ojos entrecerrados con cierta diversión.-Pero la verdad es que no me sorprende. A la hora de desmemorizar se han de tener muchísimas cosas en cuentas y ser sumamente cuidadoso, al fin y al cabo estás tratando con las mentes de las personas. No me extrañaría nada que mi profesión fuera la causante del 60% de las enfermedades mentales del mundo mágico y del muggle.-Confesé sin ningún tipo de pudor. Yo iba a ser una desmemorizadora de la hostia, por lo que no pensaba dejar que nadie que estuviera a mi cargo terminase mal. Una profesional no lo haría y tenía en muy alta estima mi profesión como para ello.

Pues la verdad es que sí que me parecía tan joven. ¿Ves cómo soy malísima para las edades? Mientras él metía una de sus mochilas en la otra maleta, yo me puse a sumar dos mas dos. Si es dos años más grande que yo y no me suena nada haberlo visto por Hogwarts, seguramente sea de otra institución mágica. O quizás fue a Hogwarts y mi sentido de la observación es una puta mierda.

-No fuiste a Hogwarts.-Prácticamente lo afirmé porque no quería duda de mi capacidad de observación.-No me suena haberte visto nunca allí. ¿De dónde vienes?-Pregunté con curiosidad.

Tim con las manos ya libres cogió un trozo de pizza y no voy a negarlo pero tanto queso parecía sencillamente exquisito. Además, el queso, después del chocolate y la leche condensada, era de lo más rico que había en este mundo. Eso sí, se me quitó de repente esa mirada enamorada por la comida cuando me empezó a hablar de un canal abierto, fiebre de troll u hongos. Es como hablar de caca mientras comes, ugh.

-Parece entretenido.-Ironicé divertida mientras le miraba con el ceño fruncido.

Justo se paró dentro de un supermercado y me pasó su pizza, permitiéndome coger una mientras él entraba a comprar lo necesario. Sonreí ante su amenaza y me senté en un banco a esperar, sintiéndome vagabunda y gorda durante esos minutos de soledad. Aproveché para volver a pensar en si era buena idea llevarlo a casa… No sé si me preocupaba más que pudiera matarme por la noche o que Zack fuera a mi entierro diciéndome: TE LO DIJE. En fin, nadie podía culparme por buscar las cosas buenas de la gente. Mientras le esperaba le cambié uno de mis trozos por uno de los de él, ya que me había entrado curiosidad por probar ese extra de queso. Y sí, tenía razón: era sin duda mucho mejor.

Tim salió tras un rato y me pilló en pesca, ya que no tenía nada mejor que hacer que comer mientras miraba a una baldosa sucia. Pero la palabra chocolate me hizo mirarle con cierta admiración.

-¿A quién no le gusta el mousse de chocolate? Esa persona debería replantearse su vida.-Bromeé divertida, pasándole su caja de pizza cuando ya se hubo colocado la mochila y no tenía nada que le estorbase en las manos.

La idea de ser desmemorizadora me había venido hacía mucho tiempo, pero la verdad es que la pasión por esa profesión se fue formando sola con el tiempo de mi decisión, así que simplemente me encogí de hombros mientras masticaba y tragaba un trozo de pizza.

-Pues si te digo la verdad, desde pequeña me fascinó. Es una profesión que mucha gente respeta, pero que en realidad no tienen ni idea de lo difícil que es y la responsabilidad que conlleva.-Fruncí el ceño.-Tienes en tu mano el poder de hacer que una persona deje de ser quién es, ¿sabes? Puedes borrar o modificar los recuerdos de alguien y desde que lo mínimo salga mal…-Chasqueé los dedos.-¡Pum! Un 61% de trastornos mentales por culpa de los desmemorizadores.-Reí divertida con una risueña sonrisa.-Supongo que todo esos rollos mentales siempre me han gustado y considero que una profesión así se estudia más por vocación y pasión que por ganarte la vida. Al fin y al cabo, son las bases de que el mundo mágico sea todo un secreto para los muggles.-Le contesté, improvisando, ya que a decir verdad ni yo misma sabía que estaba haciendo con mi vida.-Pero aquí me ves, trabajando en el Caldero Chorreante… la pasión de mi vida.-Ironicé divertida mientras negaba con la cabeza.-Pero en fin. ¿Y tú por qué no estudiaste para sanador? ¿Qué diferencia hay? No quiero ofenderte y si lo hago que conste que lo hago desde la ignorancia, pero siempre pensé que para medimago iba el que no llegaba a sanador.-Puse un gesto que mostraba claramente que mi idea era preconcebida y no de sentimiento real.
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Invitado el Mar Mayo 17, 2016 4:24 pm

Lo más probable era que sí, que aquellos datos estuviesen inflados por alguien o que simplemente faltasen un dato a saber cómo que eran los causantes del 60% de enfermedades mentales en pacientes que eran propensos a tenerlas, siempre faltaba algún dato en la oración que hacía que pudieras conciliar el sueño, pero acortarla y dar lo justo te dejaba con un sabor de boca amargo haciendo que el tema fuese más serio aún, vamos yo creo que será por eso porque si no, no llego a entender la utilidad de ocultar datos.

Me coloqué la mochila después de haber guardado la gran maleta dentro y al levantarme y coger mi caja de pizza para sacar un trozo de la misma Natalie me preguntó que de donde venía, se había dado cuenta, aunque aún no sabía si era por mi acento aunque a penas se notaba o por mi físico, o simplemente porque había sumado dos más dos y le había cinco. Me reí.

-Estudié en Dumstrang, no soy de Reino Unido- le confesé sacando un pedazo de la caja para darle un buen mordisco no sin antes enrollar el queso en la punta del pedazo, -Soy Noruego, y me vine porque la mejor universidad mágica está aquí en Londres, aunque también porque la ciudad me gusta, es… distinta- concluí


-¿Y tú?, ¿eres de aquí no?- le pregunté mientras seguíamos caminando aunque de vez en cuando yo tenía que recular o hacer un cambio drástico de sentido ya que iba a ciegas caminando y a veces ponía el automático y daba por hecho las indicaciones.

Seguimos caminando y hablando sobre las universidad y las carreras, y yo le expliqué por encima lo mío, a lo que ella pareció no hacerle mucha gracia y era lógico, le estaba hablando de cosas tan desagradables como aquellas pues era lógico que la cara de la chica no fuese de agrado.

Me terminé el segundo trozo de pizza cuando vi un supermercado donde poder comprar lo que me hacía falta para preparar la cena para la noche. No tardé en salir con al bolsa llena de cosas para la pasta y para un postre que decidí preparar sobre la marcha a ciegas der que no le gustase pero cuando le pregunté su respuesta fue la idónea, -Te doy toda la razón Natalie, la persona que rechace esa delicia debería replantearse su vida, y si encima rechaza la que yo he hecho debería replantearse su existencia- me reí siguiéndole la broma y guardé la bolsa en la mochila, esperando que al llegar a casa todo estuviese intacto, pero seguro que si porque o había metido en un compartimento dentro de la misma.

Cogí la caja de pizza y metí la mano a por el tercer trozo, cuando le hice la pregunta definitiva a la chica. Era muy típico en mi hacer preguntas de esa índole, las de ¿y por qué haces esto y no otra cosa?, ¿qué te ha hecho decidir hacerlo?, puede que sea de profesión ya que antes de tratar a un paciente le tenemos que hacer un cuestionario inmenso, o tal vez por mi abuelo quien era psicólogo muggle, ese tipo de cosas las había heredado de él, la curiosidad pero sobretodo la necesidad de saciarla.

La castaña me contestó de buen grado dándome sus razones, con las cuales estaba bastante de acuerdo, su carrera daba a una profesión respetada, y no apta para todos los públicos. Ella me devolvió la pregunta, pero elevándola un poco de categoría.

La verdad es que no era una pregunta tan descabellada y es que mucha gente incluso algunos que lo estudiaban no sabían cuál era la gran diferencia entre la medimagia y la sanación, y es que a decir verdad era bastante simple y no era una diferencia propiamente dicha, simplemente era algo que ambas compartían pero en diferentes grados. Me aclaré la garganta

-Pues para ser sinceros, no hay mucha diferencia, es decir, los sanadores están más ligados  a la magia blanca y pura, a los hechizos, mientras que los medimagos ampliamos el campo, a hechizos, pociones, mejunjes, todo tipo de utensilios con los que poder ayudar al paciente- concluí de forma muy seria dándole otro bocado a la porción que tenía en la mano terminándomela.

-Además…- terminé de masticar y tragué, -…a los medimagos nos gusta más el trabajo de campo- dijo de forma irónica, ya que no es que le gustasen si no que eran necesarios en diversos sitios, -Un sanador puede elegir salir del hospital un medimago está, por decirlo de alguna manera, siempre en urgencias, va a donde se le necesite- bufó un poco pensando en todos los partidos que se iba a tener tragar cuando comenzase la temporada. -Pero a parte de eso, ambas profesiones son muy parecidas y las carreras son iguales- Cogí el cuarto trozo de pizza y le di un gran mordisco.

Seguimos caminando unos cinco minutos más, hasta llegar al edificio donde vivía Natalie, la verdad es que a simple vista era bastante normal. Entramos por el portal y subimos a la primera planta por las escaleras, habían nada más y nada menos que 34 escalones de una planta a la otra, nada del otro mundo pero no puedo evitar contarlos, era como un extraño pasatiempo sin importancia. Llegamos a la entrada y la chica sacó la llave, ¿estará ordenada?, ¿tendrá un buen sofá?, ¿y si va a ser verdad que es una psicópata de cara angelical?, no paré de hacerme preguntas.
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Natalie Corvin el Miér Mayo 18, 2016 2:02 am

Teniendo en cuenta que me sacaba un año solamente y no lo había visto jamás por Hogwarts, estaba claro que de por aquí no era. Eso sí, no me esperé que fuera Noruego y mucho menos que hubiese ido a Durmstrang. Lo miré sorprendida por la noticia, ya que solo conocía a mis padres y a mi hermano como personas que han ido a Durmstrang y lo cierto es que solo por ellos me parecían todos unos mierdas. Tim parecía tan simpático que, comparándolo con mis referencias, daba gusto conocerlo y, sobre todo, muy buena imagen a Durmstrang.

-Yo debería haber ido a Durmstrang, toda mi familia fue ahí. Pero me creí rebelde con once años y preferí ir a Hogwarts.-Le expliqué divertida.-¿Te imaginas que llego ir a Durmstrang? A lo mejor nos hubiésemos conocido desde primero y ahora seríamos inseparables o algo así.-Me inventé sobre la marcha, pensando en las mil y unas posibilidades que nos ofrecían nuestras decisiones.-Sí, yo soy de aquí. Bueno, nací en Edimburgo pero mis padres se mudaron a Londres cuando yo tenía siete años o por ahí. No lo recuerdo.-Me encogí de hombros ante la información irrelevante.

Para alguien tan ignorante en el tema como lo era yo, las diferencias entre sanador y medimago eran inapreciables o sencillamente irrelevantes. No obstante, cuando alguien metido en el tema te lo explicaba te dabas cuenta de que los sanadores cobran más, pero en realidad son los que menos hacen. Los medimagos parecían mucho más preparados para enfrentarse a todo tipo de situaciones mientras que los sanadores son los que chupan del tarro en San Mungo. Vamos, para hacernos una idea, sería comparar a los sanadores con los médicos y a los medimagos con los enfermeros.

-Vaya, jamás lo hubiera dicho.-Confesé sorprendida ante su explicación.-Sabes venderte, muy bien. Eso es importante.-Añadí divertida, ya que por su explicación, cualquier persona que esté indecisa entre una carrera u otra, yo creo que iría de cabeza a la de medimago.

Con las pizzas por la mitad y tras caminar un buen rato en su compañía, llegamos al edificio. Más concretamente al Rainbow Building, el edificio más aparentemente gay del universo. Subimos las escaleras, yo la primera y él detrás hasta el primer piso, girándome entonces a la puerta de la derecha. Saqué las llaves del bolsillo y abrí la puerta, pasando yo primera para dejar mi bolso en la mesita que había junto a la puerta y caminar hasta la cocina.

-¿Zack?-Lo llamé para ver en dónde estaba metido. Estaba la televisión puesta, pero no estaba Zack. Quizás estaba en el baño o en mi habitación haciendo algo. Dejé mi pizza en la mesa de la cocina y me dirigí a Tim.-No es gran cosa, pero cumple con su función.-Sonreí afablemente, para luego señalar a la puerta cerrada que en su momento había sido la habitación de Luke.-Esa es la habitación libre, ahora te la enseño. Mi amigo tiene que estar por aquí…-Me asomé al otro lado de la cocina para mirar a mi puerta.-¿Zack?-Volví a llamarlo.

Le vi salir de mi habitación y sonreí ampliamente al verlo. Le animé con la mano a que se acercara rápidamente y, cuando hubo llegado a la cocina, miré a Tim.

-Tim, este es mi amigo Zack. Zack, este es Tim. Le han echado de su casa y no tiene dónde quedarse, le he ofrecido el cuarto de Luke hasta que encuentre un lugar.-Informé a mi amigo.-Tranquilo, ya me he asegurado de que no sea un asesino en serie y esas cosas que se hacen antes de invitar a un desconocido a dormir a tu casa.-Le guiñé un ojo a Zack, para luego señalarle la pizza.-Termínate mi pizza si quieres y enséñale el cuarto porfi, que me hago pipí.-Susurré eso último, apresurándome en ir al baño y dejándoles a solas por necesidades menores. Zack y Tim eran agradables los dos, seguro que se llevaban bien.
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Zachary S. Dankworth el Miér Mayo 18, 2016 4:54 am

Había tenido, en general, un día muy bueno… salvo por un pequeño detalle. El día había sido bueno porque nuestro profesor en la universidad nos había traído a los alumnos de magizoología cinco crías casi recién nacidas de diferentes especies de dragones para que trabajásemos con ellos durante el día y nos había dividido en grupos para que cada grupo se encargase de un dragón. Eso había sido la ostia, sobre todo para mí que estaba completamente obsesionado con los dragones. El pequeño detalle que había hecho que mi día fuese solo 95% estupendo en vez de 100% estupendo fue que, a pesar de que eran bebés, los dragones eran tan cabrones como los adultos y su fuego quemaba igual. Yo ya sabía eso, era lógico y no era la primera vez que los de mi clase estudiábamos o trabajábamos con dragones, pero aparentemente un compañero de curso que estaba en mi grupo no lo sabía. Mi compañero, Bob, exHufflepuff (con ese nombre claro que es exHufflepuff, no hay otra opción) le había hecho cosquillas a nuestra cría de dragón, que era nada más ni nada menos que un puto Colacuerno Húngaro. El resultado de esas estúpidas cosquillas fue que el dragón vomitó una llamarada de fuego sobre mi brazo. ¡Muy bien, Bob! ¡Que te follen con un cactus, Bob!

Lo bueno era que Bob también se había llevado lo suyo, el Colacuerno Húngaro le había dado con toda la cola en la cara y le había agujereado la mejilla. Te jodes, Bob, ahora eres más feo de lo que ya eras, te lo mereces.

No había habido más incidentes durante la clase, y por fortuna aquello ocurrió justo cuando la práctica con los bebés dragones ya iba a terminar. Todo lo demás salió bien, y me fui a casa (bueno, a casa no, sino al piso de Natalie que era donde llevaba ya un mes viviendo con ella desde que se había quedado sola) con el brazo convertido en una puta barbacoa, pero contento de que había estado todo el día cuidando de un bebé dragón y me lo había pasado como un crío en Disneyworld. Cuando llegué al apartamento estaba vacío y supuse que Natalie todavía estaría en el trabajo. Creo que debería haber salido ya, pero con el gilipollas de jefe que tiene a saber, seguro que la está obligando a hacer horas extras. Tenía intención de pasarme a buscarla al Caldero Chorreante, pero tenía que ocuparme primero del brazo. Escocía como una puta, pero era aguantable. Al haber sido un dragón bebé no había sido una llamarada muy grande, era una quemadura igual que como las que te hacías cuando hacías alguna gilipollez en Pociones y te explotaba el caldero encima, pero sí que tenía que curarme el antebrazo para que no se infectase.

Me quité la camiseta y la tiré en el suelo del baño, puesto que la manga se había quemado entera y no era plan de guardar la prenda en el armario de recuerdo. Limpié las quemaduras (putaaaaaa como escuece), y luego utilicé algunas cosas que había en el kit de primeros auxilios que era del desaparecido Luke. ¡Bien Luke, eras un Hufflepuff útil! Hufflepuffs, seguid el ejemplo de Luke, no el de Bob. Aunque Bob seguía vivo y sin desaparecer, que es más de lo que se puede decir de Luke, así que ahora comienzo a cuestionarme quién es más útil y quién no en realidad.

Después de haberme desinfectado, echado un poco de pomada (seguro que debería echarme más, pero paso porque es asquerosa), y vendarlo malamente (¿o debería dejarlo al aire?) fui al cuarto de Natalie para buscar una nueva camiseta que ponerme. Aunque dormía en el sofá (salvo en los días en los que Natalie quería que durmiese con ella) porque pasaba de ocupar el cuarto de Luke ya que sería moralmente incorrecto y en cuanto a lo moralmente incorrecto se refiere tengo mis límites, mi maleta con mis cosas estaba en el cuarto de Natalie para que no estuviese todo tirado por el salón. Me puse una camiseta negra de manga corta y entonces oí la puerta del apartamento abrirse y a Natalie llamándome.

-¡Hola!- la saludé alegremente cuando salí de la habitación, pero me detuve al ver que no estaba sola sino que había traído a un chico al que yo no conocía, aunque sí que me sonaba de haberle visto en alguna ocasión por la universidad. Natalie me animó a que me acercase a ellos y así lo hice. Fue entonces que Natalie dijo que al chico, Tim, le habían echado de su casa y ahora iba a ocupar el cuarto de Luke.

Supuse entonces que había llegado la hora de irme de ese piso. Después de todo yo estaba allí porque Natalie no quería estar sola desde que se quedó sin compañero de piso… Sí que es verdad que echo de menos mi mansión y todos sus lujos, pero aunque el sofá tenía mi espalda hecha mierda estaba muy contento viviendo con Natalie y, la verdad, la idea de irme me hacía sentir un poco triste. Al principio pensé que Tim era algún amigo de Natalie al que ella ya conocía mucho y por eso le iba a dejar vivir con ella, pero no, lo que ella dijo entonces me hizo saber que Tim era un perfecto desconocido. Miré a Natalie con cara de “Estás bromeando, ¿no? Dime que estás de coña, por favor” pero no dije nada, simplemente miré a Tim. No tenía pinta de loco, pero nadie debe fiarse de las pintas de nadie. ¡Natalie se fiaba de mí, eso ya es prueba suficiente de que no está capacitada para saber quién es un loco psicópata y quién no! Ahora ni de coña vuelvo a la mansión, a saber a qué loco está metiendo esta a vivir con ella. Yo me quedo a vigilar por el momento.

Natalie se fue entonces al baño y me dejó solo con el tal Tim. Decidí mostrarme amable y conocer al chico.

-Zack Dankworth, encantado- me presenté mientras me acercaba y extendía el brazo para darle la mano.- Ven, te enseño el cuarto…

¿No le daría yuyu quedarse en el cuarto de un chico desaparecido y posiblemente muerto? Si no le daba yuyu no era de fiar. Abrí la puerta del cuarto y entramos en él y lo encontramos exactamente igual que como lo había déjalo Luke la última vez que estuvo allí.

-No sé qué querrá ella que se haga con todas estas cosas, eso tendrás que hablarlo con Natalie- dije mientras miraba todas las cosas de Luke. No había entrado a este cuarto desde que vine a vivir aquí, se me hacía raro ver las cosas del muchacho y pensar que él ya no estaba allí. La vida era muy incierta.- ¿Así que os habéis conocido hoy?- pregunté entonces, con curiosidad por saber cómo era que de repente Natalie había traído a un desconocido a ser su nuevo compañero de piso.- Vas a la universidad con nosotros, ¿no? Creo haberte visto por el campus alguna vez.
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