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Forever Young [Astrid E. Sweets]

Invitado el Mar Mayo 17, 2016 9:04 pm


Madurito. Me habían llamado madurito. Vale que había sido madurito sexy...PERO QUE ES ESO DE MADURITO?!? Me sentí como una manzana en la tienda mientras la compradora, en este caso, la toca para ver si está en su punto. Madurito yo....Las veinteañeras de hoy en día ya no eran lo que habían sido en otros años y ahora si pasabas de los 25 ya eras un "madurito". Esa cría había herido mi orgullo de tal manera ni me esforcé con los preliminares cuando al fin me la llevé a la cama. Maldita sea. La mañana siguiente a ese desafortunado comentario ya no me sentía bien conmigo mismo. Cuando el día anterior me había visto tan guapo como siempre, ahora me veía fondón y mayor, como cansado...Casi me parecía un poco a mi padre y por mis muertos que eso no iba a pasar!

Después de tomarme un desayuno nutritivo que sabía a rayos, como todas las cosas sanas, desempolvé mis mancuernas y me puse hacer ejercicios de biceps. Mientras los hacía, decidí que haría aquellas cosas todas las mañanas que pudiera mientras no estuviera viajando...aunque quizás viajando tambien. Me las podía llevar en la maleta. Después de trabajar los bíceps, hice un par de series de 30 flexiones y otro tanto de lo mismo de abdominales. Al acabar me quería morir, pero no me rendí porque a mi NADIE ME LLAMA MADURITO. Enfundando en los únicos pantalones de deporte que tengo y unos playeros que le robé a mi sobrino, junto con una camiseta negra sin mangas, salí de la mansión corriendo a buen ritmo con una botella de agua llena hasta arriba. Me habría gustado que en vez de agua llevase ron blanco o algo así, pero eso no era bueno para beber mientras corrías y mucho menos para mantenerse joven, así que habría que rebajar la injesta de alcochol para mi. REDUCIRLA! Esa mamarracha me había arruinado la vida.

Corrí en silencio cargando con la botella mientras unos goterones de sudor empezaron a surcar mi frente y luego todo mi cuerpo. Pero aun así no paré, ni siquiera cuando me notaba casi completamente en llamas. Seguí corriendo durante unos 20 minutos más a lo que a mi me pareció buen ritmo cuando me entraron ganas de vomitar. Quizás había hecho demasiado para ser el primer día de retomar el ejercicio que no había hecho desde nunca. Bajé el ritmo de mi paso hasta que me moví directamente caminando mientras las piernas me hormigueaban como si tuviese un par de hormigueros corriendo por las venas. Hasta parecía que se movían solas. Cuando encontré un banco libre en un parque de Godric, directamente me derrumbé sobre él. Literalmente. Me dejé caer sobre la madera cual vagabundo que acaba de encontrar su casa. Estaba profundamente agotado y el corazón parecía querer salírseme del pecho todavía después de la carrera. Con los ojos abiertos, me quedé tumbado allí un rato, mirando al cielo mientras mi respiración se normalizaba. Ni siquiera me atrevía a beber.

Aquel cielo despejado de la mañana me daba calma y me relajaba después de todo el esfuerzo, pero después de unos minutos allí en paz, noté algo en un pie que tenía apoyado en el suelo. Era como un peso extraño. Me erguí ligeramente y me encontré con que tenía un pequeño polizonte sobre mi zapatilla y no tenía ni idea de como había podido llegar hasta allí. Un erizo chiquitín había hecho de mi pie su nuevo puesto de vigia o algo así, y por lo que parecía, tenía intención se subir más arriba por los pelos de mis piernas. Lo observé mientras lo intentaba pero no parecía conseguirlo y al final me apiadé de él y lo cogí con mucho cuidado con mi mano para que no me pinchara y lo posé sobre mi rodilla, donde aun me cubría el pantalón. Para hacerlo tuve que incorporarme y fue cuando vi una bolsa de patatas fritas a los pies del banco. Seguramente aquella cosa era lo que había atraído al erizo hasta mi, pero yo ni siquiera había reparado en ella hasta ese momento. Me agaché para cogerla intentando no molestar demasiado a mi nuevo amigo y la puse sobre el banco. Cogí de nuevo al erizo y lo puse en el banco, quedando yo sentado a su lado, de manera que el animalito tuviese acceso a las patatas por si le apetecía alguna.

Como había salido a correr y había acabado intentando que un erizo cogiese una patata era algo que no entendía, pero mientras observaba al animal meter la cabeza en la bolsa como comprobando que había allí dentro, me di cuenta de que no solo estábamos nosotros dos en aquel banco. Un tercer amigo estaba con nosotros pues un caracol empezaba a asomar por el culo de la bolsa de patatas lentamente. Escalándola como habia intentado hacer el erizo conmigo- Parece que he pasado de manzana a Blancanieves...Uno más y ya podré montar un zoo- dije hablando solo mientras veía a los animales en la bolsa. Di un trago de agua de mi botella por primera vez desde que había salido a correr y me supo fatal, pero aun así me la tragué. El siguiente fue mejor, pero en lo que yo bebía el erizo había recorrido el interior de la bolsa y ahora su cabecita se encontraba con las antenas del caracol que ya había llegado en su recorrido a la abertura.

Que momento más tierno! Que cojones hacía yo allí!?!
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Invitado el Miér Mayo 25, 2016 12:58 am

El Valle de Godric uno de los lugares mas iconicos del mundo mágico, el lugar donde vivió uno de los fundadores de Hogwarts, el fundador de la casa de Gryffindor, además de múltiples magos prestigiosos que en su tiempo vivieron y viven en ese lugar, claramente habían mas lugares mágicos relevantes, pero esta pequeña comunidad parecía ser algo acogedora, ciertamente no le servia si los vecinos eran muy entrometidos, ella ocupaba privacidad para hacer sus cosas, pero le parecía un lugar interesante para vivir.

Ese día decidió que iría a ver el pueblo, vería como era el ambiente y si había alguna casa que estuviera en venta, no es que necesitara una casa en ese momento, tenía donde quedarse en el castillo, pero tenía algunas cosas era mejor mantener apartadas del colegio y del director, en especial si quería mantener su fachada y estando en el castillo lo veía algo complicado, no es que estuvieran revisando sus cosas personales pero sabía que Dumbledore era un mago muy habilidoso y jugar con él en su terreno no era muy bueno, prefería hacerlo con sus propias condiciones.

Sabía que era muy temprano y tal vez no podría apreciar lo que quería en si, pero tenía varias cosas que hacer y varios lugares que visitar, tenía que conocer a profundidad algunos lugares de Inglaterra para próximas misiones donde se tenía que aparecer, así que prefería conocer el lugar temprano.

Odiaba los polvos flu, pero tuvo que recurrir a estos al desconocer el lugar, ya en el pueblo se limpio cualquier rastro de haber estado en una chimenea y caminó con tranquilidad, parecía un lugar pacifico, habían algunas casas en venta y se sentía sumamente interesada en el lugar, camino por un rato memorizando lo que veía los callejones, las callezuelas, el cementerio, el parque, que fue el último lugar al que llegó y donde encontró a un caballero bastante atractivo, si así eran sus vecinos no le molestaría vivir en ese lugar, la verdad no.

- Blancanieves tiene mucha relación con las manzanas así es que le dan el filtro de muertos después de todo - dijo inevitablemente cuando escuchó que decía ambos elementos - ¿Pasaste de envenenar a ser envenenado? - preguntó sin mas con una pequeña sonrisa antes de añadir - ¿Me puedo sentar? - preguntaría antes de notar la bolsa de papas con el erizo y el caracol, el segundo le daba algo de asco pero podía servir para pociones y el primero era tierno.
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Invitado el Miér Jun 29, 2016 10:16 pm

Jamás habría imaginado encontrarme en una situación que implicase una bolsa de patatas, un caracol, un erizo y a mi en pantalones cortos, pero allí estaba yo, en medio de un parque, rodeado de todos esos elementos y sintiéndome como si de repente mi mente estuviera dentro del cuerpo de otra persona, viviendo su vida en vez de la mia. Y por desgracia para mi, la vida del tipo era sana, aburrida y dejaba un sabor de boca horrible. Me plateaba dejar todo allí tal cual estaba y volver a mi mansión olvidando por el camino el hecho de sentirme insultado, pues no merecía la pena para mi darle muchas vueltas si iba a suponer dejar de beber y empezar a hacer ejercicio, cuando una increíblemente hermosa rubia se sentó a mi lado. La chica dijo algo que no entendí y que me sonó raro sobre mi anterior comentario acerca de Blancanieves pero mi cerebro no lo interpretó demasiado bien pues estaba ocupado mirándola y análizandola de arriba abajo. Menuda hembra, jesus.

- Creo que solo dejaré de envenenar cuando me muera- contesté con una sonrisa que pretendía ser traviesa pero que debía dejar ver bastante bien mi cansancio. Sin contestarle a si se podía sentar, simplemente me hice a un lado, apartando con cuidado a mis extraños amigos para hacerle un sitio a nuestra nueva acompañante. Puede que yo tuviese aspecto de macarra en mis días normales pero eso no hacia que fuese cruel con los animales. Pobrecillos, que culpa tendrían ellos de nada.

Me quedé observándola embelesado durante unos segundos pues había algo en su belleza que me dejaba totalmente descolocado. Mirarla era como una droga de estas que te dejan bobo y como yo tenía cierta experiencia en ese campo, pues me daba cuenta de como me sentía, aunque no pudiese hacer nada por evitarlo.- Creo que nunca te había visto por Godric's- acerté a decir intentando no parecer un completo idiota hipnotizado por su belleza.- Tengo la sensación de que de haberte visto por la calle te recordaría. Eres una mujer demasiado hermosa como para olvidarla. Tanto, que tu hermosura tiene algo de perturbador incluso- dije totalmente sincero pero buscando ser alagador. Lo cierto es que la parte perturbadora de su belleza me la traia muy floja, era la parte que me tenía atrapado la que me importaba.

- Te ofrecería una patata, para que pensases que soy un auténtico caballero de brillante armadura, pero temo que no soy lo bastante valiente para enfrentarme a esas dos criaturas- dije en plan broma señalando a la bolsa de la cual el erizo estaba sacando su cabeza vete tú a saber por qué.
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Invitado el Jue Jul 14, 2016 3:59 am

Esperaba no ensuciar la falda de su vestuario al sentarse en dicho lugar pero si lo hacía la verdad no le molestaba mucho considerando el hombre que la acompañaba. Era un hombre que le parecía un par de años mayor que ella, tal vez hasta estuvieron uno o dos años en el mismo colegio pero en ese momento no lo recordaba, en fin eso no era importante en ese momento. Era un hombre atractivo, fin del asunto y parecía vivir en ese lugar donde luego de dos años, la rubia había decidido que quería vivir.

No pudo evitar reír con su respuesta, si bien se veía algo cansado y parecía que había estado ejercitándose eso no lo haría perder su atractivo, mas bien todo lo contrario - En ese caso no me molestaría ser envenenada - diría con una sonrisa coqueta y en juego, fuera de Hogwarts le gustaba ligar con los chicos y/o chicas, bueno dependiendo de la persona, lugar y su humor, por el momento la idea de hacerlo le gustaba y mucho.

No pasó desapercibido para la rubia el hecho de que el joven se le había quedado viendo algo hipnotizado por ella y era algo que le encantaba, era una de las cosas que mas amaba de ser semiveela - Es mi primera vez por este lugar, estaba viendo el lugar, me llama la atención vivir aquí, estar encerrada en un colegio casi todos los días, llega a aburrir - respondería explicando sus razones o al menos las razones que podría llegar a explicar a cualquier persona.

Una vez mas rió con sus palabras, claramente había algo extraño en su belleza o perturbador y esto era su ascendencia de veela, pero si él no sabía lo que era ella tampoco tenía por que decirlo, no es que le molestara decir lo que era, simple y sencillamente no tenía la necesidad de hacerlo, no había nada mejor que dejar un aire de "misterio" en el ambiente - Gracias - sonreiría con coquetería.

- Y aunque lo fueras tendría que declinar, las babosas no son mis amigas, aunque sirven para pociones, aunque el erizo, sin lugar a dudas luce encantador - reconoció viendo a ambas criaturitas, una que le causaba repulsión y la otra que sin duda alguna era adorable, casi como para adoptarla y ablandar su frío corazón, bueno no, lo último era una exageración.
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Invitado el Miér Jul 20, 2016 10:19 pm

Su respuesta a mi eterno poder de envenenamiento me puso los pelos de la nuca de punta y arrancó de mi una sonrisa de chico malo que ya llevaba conmigo desde mi adolescencia. No puedo negar que soy un hombre presumido y que los halagos me sientan bien, mejor si tenemos en cuenta que me habían llamado madurito el día anterior.

Escuché su explicación sobre por qué no la había visto yo antes por el pueblo prestando atención y asintiendo en los momentos clave. Era curioso eso de que estuviese tanto tiempo en un colegio. Esperaba que no se tratase de una alumna pues que esa chica fuese menor sería una auténtica puñalada para mi. Semejante pibón pero menor de edad? Estamos de coña? Me parece que acabaría yo en la cárcel si la rubia se me pone a tiro.- Es un lugar con mucho encanto. Yo me he críado aquí así que si necesitas un guía...-dejé caer con muy poca sutileza ofreciendo mis servicios con la esperanza de que los aceptase y así poder pasar más tiempo con ella y desplegar mis encantos de macho conquistador.- Pero como es eso de que estás encerrada en un colegio casi todos los días? No me digas que eres menor de edad que me matas y voy a tener que salir corriendo- dije con cierto melodrama en la expresión y sin cortarme un pelo a la hora de serle sincero acerca de las reacciones que causaba en mi.

La chica recibió con un gracias y una sonrisa mis piropos, pero no parecía tener las mismas ganas de conseguir una de las patatas custodiadas por el caracol y el erizo. No podía culparla por ello. Yo tampoco querría una patata de aquella bolsa, claro que yo también sabía que la bolsa aquella estaba abandonada cuando yo llegué.- Hay que reconocer que no todo lo que sirve para hacer pociones es bonito o agradable. A veces las pociones son un poco como la comida, no te parece? En algunos casos es mejor no saber lo que llevan- dije con una pequeña mueca del asco al pensar en algunos ejemplos que podrían ejemplificar mi argumento. Como las salchichas o un bezoar.

- Por cierto, soy Sylvan- me presenté tendiéndole la mano como todo un caballero.- Y generalmente no tengo este aspecto. En realidad estás ante el motorista rebelde del Valle- dije con mueca chulesca.

No podía dejar de mirarla pero algo me decía que eso a ella no le molestaba, si no que más bien le gustaba. Parecía de esas chicas a las que les gusta ser adoradas y no podía culparla por ello, tenía todas las cualidades para que todo el mundo que la conociese la adorase. Al menos físicamente.
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Invitado el Vie Jul 22, 2016 3:24 am

Le encantó la reacción del masculino y aún mas esa sonrisa, tenía que reconocer que de todas las cosas que le podía gustar de un hombre estaban ese tipo de sonrisas, aunque no por eso se comportaba como una adolescente con hormonas, sabía como comportarse ante las distintas situaciones y claramente no haría una tontería, además que intentaba recordar de donde lo podría llegar a conocer de ser el caso, pero la verdad no le sonaba, seguro no se toparon en Hogwarts lo que quería decir que tenía que ser como unos 4 o 5 años mayor que ella, por que menor ni de broma lo era, aunque su atractivo estaba en eso, en no ser un niño, que con niños ella no se metía, solo lo había hecho con dos, uno por ser su marionetita que terminó presa en EEUU y el otro por tener un momento de amabilidad, debilidad y jugar con fuego, siendo este uno de sus alumnos, aunque después de esto había decidido dejar de hacerlo, de cometer esos errores, ya estaba muy vieja para hacer de niñera.

- Con gusto te tomo la palabra no dudo que me muestres los lugares interesantes de aquí - diría con una sonrisa descarada al tiempo que su mirada lo recorría de forma insinuante, si dependiendo del chico la joven no era nada cohibida y a decir verdad era bastante desvergonzada a la hora de ligar o coquetear, era algo inevitable en ella y le encantaba, amaba su forma de ser, aunque todo a su debido tiempo y en el momento correspondiente.

- Créeme que aún si lo fuera no habría problema, pero no, no lo soy, soy profesora en Hogwarts. Y claramente vivo ahí, pero llega un momento en el que uno debe comprar casa fuera de tal lugar y para mi ya llegó ese momento - Cierto que cuando no vivía en Hogwarts iba a EEUU o alquilaba en algún lugar para sus vacaciones pero ocupaba casa propia, un lugar donde mantener ocultos todos sus artículos de artes oscuras, donde no corriera el peligro de delatarse y un lugar para que un preadolescente viviera, aunque esto último lo vería mas adelante cuando llegara a ver como resultaba su plan.

- O de donde salieron - diría sin poder evitar reír, era cierto, habían muchas cosas que era mejor no saber de donde provenían como se hacían, pues de saberlo posiblemente no las comeríamos aunque bueno, hay veces en las que sabes que lo que tomas es desagradable y viene de un lugar desagradable y aún así sigues comiéndolo porque es rico, es algo inevitable de hacer, pero era mejor no meterse mucho en eso o terminarías enferma o evitando ciertas cosas.

Con esa presentación tuvo una especia de "emociones encontradas" no sabía como describirlo o mas bien llamarlo, en fin, por un lado le quitó un poco el encanto saber que le gustaban las cosas muggles, ella también tenía cosas muggles pero no le gustaban los muggles en si y muchas cosas sobre ellos, por otro lado tenía que reconocer que los motociclistas con chaquetas de cuero y eso podían ser realmente atractivos y proporcionaban sensaciones "calientes" en ella, era algo contradictorio, era como me desagradas pero me gustas, te detesto pero te quiero en mi cama, algo así eran.

- Mucho gusto Sylvan, yo soy Astrid - respondió, dándole la mano con una sonrisa que demostraba cierto interés por el mismo en especial por ser motociclista - Así que eres motorista... debes ser bastante bueno en esas cosas, si algún día quieres una compañera no dudes en contactarme, aunque nunca me he montado en una si es contigo no me molesta que sea mi primera vez - diría mordiéndose el labio inferior sutilmente.
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Invitado el Mar Ago 16, 2016 11:10 pm

- Los interesantes, los aburridos, los oscuros...todos los que tu quieras- dije con tranquilidad y mi sonrisa más traviesa. Estaba claro que las sutilezas cada día se me daban peor y más cuando me ponían a una rubia despampanante enfrente, pero si con ello conseguía pasar el rato con una belleza como aquella, a quién cojones le importaba eso de ser sutil?

Cuando me dijo que pasaba la mayor parte del tiempo en un colegio una alarma interna empezó a sonar en mi. Nunca había tenido rollos con menores de edad...que el resto del mundo supiera, pero tampoco era algo que estuviese dispuesto a hacer. Estaba demostrado (en más de una ocasión de la que no vamos a hablar) que esas cosas nunca llevan a buen puerto. Sin embargo, su explicación calló mi alarma y también la taquicardia que me estaba dando con todo aquel tema porque como tuviera que ponerme a correr otra vez iba a llegar a la mansión sin piernas.- Así que profesora...parece un trabajo interesante- dije sin tener ni idea de lo que hablaba pero ya formando en mi cabeza la típica fantasía con la profesora que todo adolescente con una profesora buenorra ha tenido al una vez. Sin duda, yo me dejaría castigar por ella. Ya me estaba emocionando solo de pensarlo.- De qué das clases?- pregunté con interés y para desviar mi mente que había pasado de ella siendo la profesora y yo el alumno a una inversión de roles en la que yo la castigaba a ella y era todo todavía más excitante. Esperaba que mi cara no reflejase demasiado claramente lo que estaba pensando...todavía.- Seguro que tienes loco a más de un alumno...-deje caer mientras le clavaba la mirada por un segundo y luego la desviaba de nuevo para hacerme el interesante.

El tema de la comida asquerosa que en realidad esta buenísima no era un tema que me pareciese apropiado para hablar con ella en ese momento. Cuando tienes las ganas que tenía yo de llevármela a la cama no quieres empezar hablándole de la tripa de cerdo que es el envoltorio de las salchichas porque corres el riesgo de que esa imagen acuda a su cabeza cuando le enseñes tu salchicha y ningún hombre quiere esa imagen mental en la cabeza de la mujer que tiene en la cama. Ninguno. Y si alguno lo quiere probablemente haya que sacrificarlo por el bien común. Así que para evitar todo eso, me presenté, porque mi nombre es algo muchísimo más bonito que ese tema.

Le estreché la mano y puse atención cuando dijo su nombre. Se me antojaba un nombre vikingo o al menos de mucho más al norte de lo que estábamos lo cual le daba otro toque más a la chica. Un toque exótico que acompañaba a su belleza y lo que parecía ser un encanto sensual natural. Sin embargo, su belleza me había cegado lo suficiente para decirle que era motorista cuando yo en realidad no tenía moto. No es que no me gustaran, no me pegasen o no me la pudiese permitir, es simplemente que pudiendo volar o aparecerse, quién necesita una moto? No obstante, ya estaba dicho y cuando me dijo que no le importaba que yo fuera el primero mi imaginación se puso en marcha de nuevo tan rápido que no me atreví a corregirla. Y, ay! quién fuese ese labio que se estaba mordiendo!- Si voy a ser el primero te llevaré con dulzura- dije mirando como se mordía el labio para luego subir mi mirada a sus ojos. Lo había dicho todo negando con la cabeza. No era precisamente dulzura lo que quería tener con ella, no le pegaba que le fuese eso.

Sin duda tenía que conseguir una moto cuanto antes. Era una prioridad.

- Te dirigías a algún sitio en concreto? Podría acompañarte, si quieres, hay lugares muy bonitos en este pueblo. Como mi mansión- dije aumentando mi sonrisa. Había dicho mansión y no casa apropósito. Sabía con qué cartas jugaba.- No tienes aspecto de ser una mujer que solo beba té, así que quizás podría invitarte a algo más fuerte.- dejé caer aun mirándola aunque esta vez la recorrí entera una vez más.
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Invitado el Vie Ago 19, 2016 3:43 am

- La idea de los lugares oscuros no suena nada mal - respondió la rubia con una sonrisa traviesa y sumo interés, claramente los lugares oscuros eran buenos lugares para "jugar" aunque tampoco le molestaban los lugares iluminados o concurridos, pero ese ya era otro tema.

Había algo en él que le causó mucha gracia por lo que no pudo evitar soltar una pequeña carcajada mientras con la mano derecha cubría su boca por un instante y como no tener risa cuando tu acompañante parecía a punto de salir huyendo del lugar - ¿Tanto te asustan las menores? - no pudo evitar preguntar aún entre risas, aunque entendía lo malo de meterse con menores, ella misma se había llegado a meter con menores de edad y en algunos casos había sido algo muy problemático.

Una sonrisa maliciosa se asomó cuando mencionó lo interesante de que ella fuera profesora, claramente no le pasó por alto al típica fantasía con un profesor, ella misma la tuvo en su momento y sabía que por mas años que pasara y aún cuando los años pasaran era una fantasía que nunca se olvidaba - O si, es muy interesante en especial la relación alumno-profesor - diría seductoramente, había algo en este hombre que le encantaba tal vez ese coqueteo descarado que tenían desde que empezaron esa conversación, tal vez fuera otra cosa, pero le fascinaba.

- Doy clase de encantamientos - respondió, era una de las clases que mas le gustaba junto con pociones, además una en la que tenía que conocer a todo el alumnado por ser una clase obligatoria hasta sexto año, donde solo aceptaba a los mejores promedios, ni siquiera a los chicos con los que se llevara bien aceptaba si no habían tenido una buena nota en su TIMO de encantamientos, tal vez si había hecho un par de excepciones pero eran casos particulares y claramente no iba al caso.

- Diría que no, pero sería mentir, así que lo admito, tienes razón - diría con una sonrisa divertida, era cierto, el ser semiveela hacía que los chicos no faltaran mucho a su clase además que algunos quisiera pasar tiempo extra con ella, mientra que algunas de las chicas no la toleraban, pero no era algo que afectara a la rubia.

- Preferiría algo mas apasionado e intenso, hasta salvaje sería mejor - claramente no estaba hablando del viaje en moto y posiblemente desde un principio buscó cambiar el sentido de la conversación, pero este era el momento en que se hacía mas evidente el sentido que ambos le daban a las cosas y es que claramente se percibía una especie de tensión sexual entre los dos.

- No, no me dirigía a ningún lugar en concreto, pero no suena mal conocer tu mansión y tomar algo, tal vez tengas lo que se me antoja en este momento - diría con una sonrisa traviesa, claramente que tenía que ir a un lugar, pero ya luego iría en otro momento, en este, tenía cosas mas importantes que hacer como seguir esa conversación con ese hombre y tal vez llegar a algo mas.
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Invitado el Jue Sep 29, 2016 10:06 pm

Ese tira y afloja entre Astrid y yo se volvía más efervescente por momentos. Entre lo lugares oscuros que yo podía enseñarle y las indirectas cada vez más directas, la cosa estaba que ardía.

Ante su risueña pregunta sobre si tanto me asustaban las menores, me hice el interesante y pensativo durante unos minutos y luego la miré intensamente a los ojos- - dije con convicción y con algo parecido a una cara de pánico de broma.- No me apetece demasiado acabar en la cárcel por una menor cuando puedo acabar en la gloria por una mujer adulta- concluí mirándola como mujer adulta que era y como protagonista de todas las fantasías que estaba teniendo desde que la había conocido. Me tenía estúpidamente hipnotizado pero no era un sentimiento que en ningún modo quisiera pelear.

Sonreí y me pasé la lengua por el labio inferior cuando dijo lo especial que era la relación profesor- alumno. Mi imaginación volaba por derroteros lejanos llenos de salvajismo, sexo húmedo y por algún motivo, reglas muggles de medir. Uf! Debía empezar a preocuparme por que mi imaginación no se hiciese demasiado patente entre mis piernas pues aquellos pantalones de deporte no dejaban demasiado a la imaginación.

Asentí con la cabeza cuando dijo que daba encantamientos pero mi sonrisa se incrementó cuando admitió tener loco a más de un alumno- A mi me tendrías a tus pies -”o de rodillas entre tus piernas” omití.

La tensión había ido creciendo pero al presentarnos la cosa no fue a menos. El tema de que yo le diese su primer viaje en moto se resumió a un viaje que nada tenía que ver con las motos, al menos en mi imaginación. Puede que después de todo no tuviera que hacerme con una. Sin embargo, cuando me ofrecí a “hacérselo con dulzura” por ser su primera vez, ella me replicó que prefería algo más salvaje. En ese momento, definitivamente, la integridad de mis pantalones estaba en peligro, pero eso no era algo que quisiera que ella viese. No era un adolescente y sabía a lo que me enfrentaba. Conmigo el tema jamás acababa a los 30 segundos, pero soy un hombre y cuando la naturaleza sale a decir “Hola” pues sale, y no puedes hacer nada al respecto.

Ante el pánico de ser descubierto tan rápido, mi imaginación cambió antes de que la cosa se hiciese evidente. Pensé en mi hermano. Y en mi sobrino. Todos sabemos que no hay nada menos sexual que Caleb Dankworth.Y mi sobrino, con todo el amor del mundo, se parece a él, así que también. Y en las cacas de la pequeña Grace….Poco a poco volví a la normalidad pero sin perder la chispa que se había encendido cuando conocí a Astrid.- Menos mal, porque la dulzura llega a aburrirme- dejé caer como toda una declaración de intenciones.

Mi nada sutil invitación a la mansión Dankworth fue recibida con una respuesta afirmativa que me llenó de alegría. Sin embargo, lo único que se vio de mi euforia fue una ceja levantada y una sonrisa ladeada y traviesa que dejaban ver claramente que no era algo de beber lo que le iba a ofrecer al llegar. Me puse de pie y la miré, incitándola a seguirme- No eres de aquí, verdad?- pregunté con curiosidad por saber algo más de la persona que pensaba empotrar contra las paredes de mi casa en breve- No creo que Gran Bretaña haya dado jamás nada tan bonito como tú, así que claramente debes ser de otro lugar- dije con desparpajo mientras caminábamos.

Mi batalla interna continuaba para poder mantener el tono desenfadado y sexy y que, al mismo tiempo, el pequeño Sylvan no me delatase. Tras un pequeño paseo en el que para nada hice caso a la bonita arquitectura del pueblo, llegamos a mi hogar.

-Aquí es- dije con una sonrisa y mirando a Astrid de reojo para ver su reacción. La mansión de mi familia no tenía nada que envidiarle a ninguna de las colindantes y la verdad es que tampoco a otras de las mansiones del mundo. Mi familia no era de esas a las que no les gusta alardear así que quisieron demostrar todo su poder en forma de edificio. Varita en mano, deshice momentáneamente los hechizos protectores que protegían la casa y entramos.

Agudicé el oído para haber si había alguien en casa y parecía que no era así. Al servicio jamás se les escuchaba así que con ellos ya contaba por defecto. Cerré la puerta detrás de nosotros y sutilmente me coloqué detrás de Astrid, colocando mis manos a ambos lados de su cintura- Te apetece un tour?- dije en un susurro en su oído dejando intencionadamente que mis labios rozasen el lóbulo de su oreja.
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Invitado el Lun Oct 10, 2016 4:12 am

Mordió su labio inferior y es que ese juego que tenían ambos estaba siendo muy "interesante" y realmente fue una buena idea y le había convenido demasiado ir precisamente ese día a ver las casas que habían en ese lugar, ese hombre realmente la estaba poniendo y algo le decía que ella a él igual, sin duda alguna fue una buena decisión, solo faltaba saber quien era el primero en ceder, pero ya se vería un poco mas delante, de momento intentaría dejar de lado sus instintos y seguir la conversación.

- Entiendo, opino lo mismo, además los niños no logran causar tal satisfacción como la que logra un adulto, en especial uno que sabe lo que hace - diría con una sonrisa traviesa mientras lo miraba a los ojos y es que ese hombro tenía un encanto que la hacía querer ver que tan bueno era en la cama, aunque no necesariamente en una.

- Mmm - se mordió el labio inferior - Preferiría tenerte de otra forma - diría con un tono sensual antes de relamerse los labios y es que esta conversación estaba yendo a un punto que no sabía si habría retorno pero en todo caso le gustaba a donde estaban yendo las cosas con ellos en ese momento.

Tenía unas ganas inmensas de reír, pero claramente no lo haría, estaba segura que él estaba luchando contra sus impulsos y no era el único, ella estaba en las mismas, solo que ella siendo mujer no lo demostraba físicamente tanto como lo haría un hombre y esa era una gran ventaja para ella pero no quitaba las ganas que sentía en algunos momentos de sentarse a horcajadas sobre él y a Dios, lo que haría con ese hombre, pero intentaba no pensar tanto en eso, aunque si hubiera un legeremante cerca y leyera la mente de ambos, que cosas encontraría, seguro que hasta podría hacer una buena película para adultos o libro de ese genero por las cosas que pasaban por sus mentes, aunque claramente en ese momento las de caballero no fueran las mejores de ver.

- La dulzura dejemosela a las niñitas - diría como respuesta, aunque sin añadir nada mas al tema que siguió cambiando hasta la invitación a su mansión la cual claramente aceptó.

Se puso de pie con él, solo que antes de irse volvió a ver la bolsa con el caracol y el erizo - Antes de irnos, ¿Sacas al Erizo de la bolsa por mi? - pediría, por que realmente no pensaba dejar al pobre animal ahí, si su acompañante le hacía el favor de sacarlo ella lo tomaría entre sus manos y lo pondría con cuidado en una de las bolsas de su bolso que no tuviera nada dentro para llevárselo a casa y convertirlo en su mascota.

- Que dulce - diría con una media sonrisa - No, no nací aquí, nací en Estados Unidos, aunque mis padres si eran ingleses - diría son entrar mucho en detalle, no le interesaba que nadie supiera quien era su padre y dentro de poco este dejaría de existir así que menos quería que supieran de él.

Al poco rato llegaron a la casa de Sylvan, era grande impresionante pero ella ya había vivido en una mansión así que era solo una gran casa mas - Bonita mansión - fue lo único que dijo, no estaba sorprendida pero tampoco la miraba en menos era una mansión, una gran mansión, era mejor que la de su ex-marido era algo que tenía que reconocer pero no pasaría por una mujer impresionable.

Entró junto a él a la casa y la verdad no observó mucho de la misma, el anfitrión no se lo permitió al colocarse detrás de ella y rozar sus labios con su lóbulo, claramente esa fue la gota que derramó el vaso, una vez mas se relamió los labios - Y ¿por que menor no vamos al grano? - diría antes de darse media vuelta para intentar capturar sus labios entre los de ella en lo que sería un beso para nada tímido ni cohibido y mucho menos dulce o casto y es que las ganas montarlo no eran fáciles de controlar.
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