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Pecado capital (Ian)

Invitado el Jue Mayo 19, 2016 4:40 pm

¡Quedar! ¡Quedar! Pese a tener clarísimo que no era una cita ni nada mínimamente parecido, me preparé para la ocasión. ¿Cómo? Fácil, terriblemente fácil. Salí de casa con una camiseta negra de manca corta, de generoso escote, y con unos tejanos de color azul claro de esos que están algo rotos, ¡La última moda muggle! Rematé mi aspecto con unas bambas deportivas porque, sencillamente, me resultaban cómodas. Ni maquillaje ni porras, no podía pasar tanto tiempo delante del espejo preparándome. Terminaba aburrida y cansada.

Un par de días antes, recibí una lechuza de Ian invitándome a quedar. Acepté sin dudarlo, acompañando la respuesta con frases que podían comprender de muchas formas distintas. Sonriendo, me encaminé hacia un bar de Londres, el escogido para reunirnos, con una flamante sonrisa dibujada en los labios. Echaba de menos a Ian, mis tareas en Hogwarts o la universidad y que él cursara séptimo dificultaba mucho que pudiéramos reunirnos. Ni recordaba con precisión la última vez que pasamos tiempo juntos, pero deseaba enormemente refrescar la memoria tanto como me fuera posible.
Por otro lado, hacia buen tiempo. ¡Sorprende en Londres! Brillaba el sol en el cielo, sólo mancillado por unas endebles nubes blancas en el horizonte, que no suponían amenaza alguna. Soplaba un poco de aire fresco, agradable y suave, y no había previsión de lluvia para los próximos días. ¡Fantástico!

Llegué un poco antes que él. Durante la espera, me apoyé en la pared más cercana tarareando alegremente una cancioncilla que acudió al rescate de amenizar los minutos que él pudiera tardar en hacer acto de presencia. Tan pronto como su figura apareció en mi campo visual, sonreí. Y cuando estuvo cerca, le eché los brazos al cuello y, dicho de una vulgar pero no menos descriptiva, le di un beso de campeonato que dejaba entrever, sin dificultad alguna, que lo echaba bastante de menos.
Pensé que te habías olvidado de mí —le dije, coqueta, en un sutil ronroneo. Adoptando una expresión más jovial, me di la vuelta con brío y le indique con el dedo índice que me siguiera adentro. Tomé asiento en la primera mesa que vi, un poco más alejada que las otras. Ya sentada, apoyé los codos en la mesa y me incliné mínimamente hacia delante, con algo de sutileza, ofreciéndole una buena imagen de mis pechos. Existía una tensión sexual enorme entre él y yo, y era todo un arte la forma en la que buscábamos demostrarnos mutuamente el deseo de dejarlo bien claro. Incluso cayendo en formas poco bonitas para expresarlo, como decirnos abiertamente qué teníamos en mente para el otro.

¿Tenías esa barbita cuando nos vimos la otra vez? Me pone —susurré en voz baja, mordiéndome el labio inferior al terminar la frase. Di un par de golpecitos alegres con los nudillos sobre la mesa y me reí flojito. Su mera presencia tergiversaba por completo mis pensamientos y los tornaba en unos muy diferentes, todos ellos subidos de tono.
¿Qué tal te va séptimo? No me digas que vas a suspender los exámenes, no soportaría que te perdieras otro año ahí. ¿Y Circe? Cuida de ella, me tiene preocupada. Yo tengo tantas cosas que contarte… ¿Sabías que estoy como profesora de prácticas en Hogwarts? De herbología. Quería pasar a saludarte algún día, pero me parece que no hemos coincidido. Y yo tengo mucha faena en el despacho. Y vivo sola en un piso de alquiler cerca de la universidad, deberías pasarte algún día. ¿Qué traes de nuevo? Soy toda oídos —dije finalmente, invitándole a contar sus múltiples aventuras en el colegio. A saber con qué iba a salir. Aún con los codos apoyados en la mesita, sonreí de medio lado. Me alegraba no abandonar viejas amistades.


Última edición por Kyrie E. Hardaway el Vie Mayo 20, 2016 8:20 pm, editado 1 vez
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Ian Howells el Vie Mayo 20, 2016 7:27 pm

Ian tenía que ponerse a estudiar para los EXTASIS pero…

...pero se acababa de sacar la licencia de aparición y quería amortizar bien todo lo que le costó aprender a aparecerse, por lo que estaba como loco apareciéndose por todas partes. Así que sin dudarlo ni un momento, le mandó una lechuza (con su correspondiente carta, claro, no le va a mandar una lechuza sin nada) a Kyrie para quedar. Podría haber ido a visitar a su familia y esas cosas que hacen los buenos hijos, pero Ian no era un buen hijo, además de que entonces su madre se emocionaba y se volvía demasiado pesada por la inexistente madurez familiar de Ian. Prefería quedar con su amiga buenorra que hacía muchísimo tiempo que no veía.

Así que se vistió con unos pantalones negros, estrechos y rotos y una camiseta blanca de manga hueca que dejaba ver todos sus tatuajes. Iba con unas playeras y con una gorra negra echada hacia atrás. Una gorra que salió volando cuando Ian se apareció en un callejón cercano al bar, un callejón en donde tropezó con un contenedor y terminó golpeándose ridículamente la cabeza con la ventana abierta de aquel edificio. Menos mal que no había nadie mirando.

Con un chichón en la frente que ocultó con su gorra tras sacudirla y volver a ponérsela, recorrió la distancia que había entre el callejón y el bar, la cual era bastante poca. No tardó en vislumbrar la figura de perfectas curvas de Kyrie, la cual se acercó a él para saludarle tan pasionalmente como siempre. Ian bajo sus manos a su trasero en ese beso, lo rodeó con sus manos y lo apretó, subiendo levemente el cuerpo de la chica. Tras separarse curvó una sonrisa y bufó.-Es muy difícil olvidarse de ti y de esas dos.-Señaló con la mirada a su sugerente delantera.

Entonces Ian soltó a su amiga y ambos entraron al interior de aquel bar, posicionándose en una mesa que estaba alejada del resto por el simple hecho de que había un camino de por medio de tránsito. Ian se sentó el último, en frente de ella, y la clara visión de sus pechos era incluso más llamativa que su rostro. Menos mal que con ella no tenía que fingir que sus dos virtudes más interesantes están en los ojos. Ian se acarició la barbita cuando Kyrie se dio cuenta de ella.-Me hago todo un hombre. Ahora mismo hasta me sale pelo en los huevos.-Dijo divertido, apoyando sus antebrazos sobre la mesa para hacerse hacia adelante. Ian era de esos hombres con poquísimo vello, por lo que le ponía contento que por fin le hubiera salido algo más que pelusilla en la cara.-No la tenía no, por fin mi jodida testosterona ha decidido hacer que deje de salirme pelusa en la cara.-Añadió contento.

Cuando Kyrie comenzó a hablar hizo que Ian tuviese que dejar de prestar atención a su escote para poder prestar atención a sus palabras. Obvió lo de cómo le iban los EXTASIS, ya que le iban de puto culo, pero iba a aprobar si o sí. Ya se encargaría de estudiar el día antes.-¿Circe? ¿Qué pasa con Circe?-Preguntó Ian visiblemente sorprendido y, a su manera, preocupado. Él no había visto nada raro en Circe, aunque también es cierto que su empatía estaba un poco trastornada y no tenía ni puta idea de cuando una persona estaba rara o mal.-Y sí, lo sabía. No hemos coincidido pero me lo dijeron mis compañeros. Te parecerá bonito. Si no es conmigo, ¿con quién estás pasando el tiempo libre en Hogwarts, eh?-Preguntó con curiosidad. Celos no, aquella pregunta recaía totalmente en curiosidad. Lo del piso de alquiler se lo esperaba, aunque se sorprendió que no hubiese elegido la residencia universitaria teniendo en cuenta la cantidad de flora y fauna que habría ahí con ganas de darle a lo que ella tanto le gusta.-Pues... no sé si habrás visto a la nueva profesora de pociones. Empezó estando de prácticas, pero ahora mismo se hará fija. Se llama Astrid.-Dejó un momento para ver si la reconocía de mirada o no.-Pues me la tiré.-Dijo super sobrado, como si fuera una gran hazaña. Le había dicho a Astrid que no iba a decir nada, pero Kyrie era de las personas que más secretos le guardaba en cuanto a sus temas sexuales se refiere, así que había confianza. Era cómo escribirlo en su diario sexual.-Quería venir a Londres para hacerme un tatuaje. Esperaba que quisieras acompañarme. Hace tiempo que llevo queriéndome hacer uno nuevo. Tengo hora dentro de... dos horas. ¿Te apetece verme sufrir?-En realidad no le dolían, de hecho la aguja le proporcionaba un dolor agradable.
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Invitado el Vie Mayo 20, 2016 8:56 pm

¡Claro que no se había olvidado de mí! Antes de entrar al bar, sonreí al sentir sus manos reclamando mi trasero como suyo, alzándolo, algo que hizo morderme el labio inferior sin ocultar que el gesto me había agradado.
¡Pero eso ocurrió fuera! Y ahora ya estábamos dentro del bar. Sentadita y tamborileando en el suelo con la planta de los pies, seguí la trayectoria de sus ojos hasta que me percaté de que iban en cierta dirección que yo había buscado. Lejos de ser una chica tímida o poco propensa a la excitación ajena, no hice absolutamente nada para evitarlo. No quería que apartara los ojos de ahí, me gustaba leer en su mirada el deseo de tocarlos, estrujarlos y/o hacer otras cosas. O al menos, así lo entendía yo. Por mi parte, pasé bastante tiempo observando sus brazos y memorizando sus tatuajes. No, mentira, más bien los estaba recordando.
No me gusta tener pelos en la lengua. —Una mueca de asquito se formó en mis labios, e incluso llegué a sentir un escalofrío recorriendo toda mi espalda. Qué repelús daba encontrarte un pelito flotante en la sopa, o en un vaso de leche. ¡Repugnante! Y sí, mi mente pervertida dotó esa frase de cierto sentido sexual que esperaba que él entendiera. ¡No es tan difícil! Gracias a su nueva información, para que tuviera pelos en la lengua debía pasarla por…
Es mona, no te queda mal. Te hace un poco más adulto —añadí jugando con un mechón de mi melena, falsamente inocente. Por norma general, provocar a los hombres o a las mujeres no entraba en mi arsenal. Con Ian la cosa no iba así. Me encantaba tentarle y cumplir con lo dicho.

En un gesto despreocupado, moví la mano de un lado para otro y negué con la cabeza, enfatizando que sus temores no tenían fundamento alguno. Le sonreí para calmarle.
No sabe qué estudiar y se pasa mucho tiempo en la biblioteca. Ayúdala a divertirse un poco, ¿Quieres? —le dije, tratando de animarle a dejar de perseguir mujercitas con tal de ayudarla un poquito a ella.
Paso todo el tiempo solita, corrigiendo exámenes y ayudando a preparar las siguientes clases. Me aburro mucho. ¿Por qué no te pasas un día a visitarme y a preguntarme las dudas que tenga con la herbología? Se me ocurren muchas formas de ayudarte. —Dejé caer las palabras con malicia, terminando la frase colocando los labios en forma de O, muy marcada, y guiñándole un ojo.

Crucé los brazos sobre la mesa, cortando ya con la buena perspectiva que le llevaba dando desde que entramos. Su relato sobre la profesora de pociones me hizo sentir curiosidad, aunque abrí los labios y alcé las cejas sorprendida ante su confesión.
Sólo la conozco de vista. Así que te la has… tirado. —Poco a poco, empecé a reírme divertida. ¡Ian y una profesora de pociones! Cuánto se había desmadrado ese chico, en Hogwarts más o menos lo mantenía bien controlado, buscándole cada dos por tres y provocándole cada vez que nos cruzábamos por los pasillos—. No me extraña. Esa chica es embelesadora, yo tampoco le diría que no. ¿Tengo que felicitarte por acostarte con una profesora? ¿O formaba parte de un trabajo para subir nota? Eres el chico más necesitado que conozco. Y eso es bueno… —Sentencié. No me causó celos que mantuviera relaciones con otras, sería hipócrita, yo también me acostaba con más personas. No podía pedirle que se estuviera quieto cuando ni yo cumplía con dicho requisito. Lejos de enfadarme, la anécdota me sacó una sonrisa. Pocos estudiantes podían alardear de acostarse con maestras de buen ver.

¿Un tatuaje? —pregunté en un principio—. Qué pena. Pensé que habías venido por mí. Me había puesto un tanga finito y súper sexy para la ocasión, así que no te acompañaré. Estaré demasiado ocupada jugando con mi consolador. —Le saqué la lengua, pero estallé en carcajadas al poco tiempo. Sí, siempre hablaba así con él—. Verte sufrir es uno de mis fetiches —mentí, él lo sabía—, claro que te acompañaré. ¿Qué tienes pensado tatuarte? —Quise saber. Siempre consideré que todo tatuaje debía tener un sentido, un significado, pues eran dibujos que llevarías durante el resto de tus días. Ian, a quien le faltaban dos tornillos, sería capaz de tatuarse un corazón en la nalga con tal de tener sexo. Miedo me daba.
Dos horas dan para mucho. Venga, cuéntame, ¿Qué harás cuando termines séptimo? —inquirí, volviendo a reclinarme hacia delante. Circe tenía demasiadas dudas, ¿Pero y él? ¿Serían tal para cual en ese aspecto? Levanté la mano y chasqueé los dedos para captar la atención de un camarero, que vino a nuestra mesa—. Una Coca-Cola para mí y lo que él pida, por favor —pedí amablemente, devolviendo la mirada a mi chico sexual favorito.
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Ian Howells el Mar Mayo 24, 2016 7:30 pm

Si bien Ian había mejorado con los años, aún tenía cara de niño, motivo principal de que estuviera tan contento de esos pelitos más generosos que le estaban saliendo en la barba y que como bien decía su amiga, le hacían parecer más adulto. Ian era malísimo con las indirectas, pero aquella fue demasiado directa como para no pillarla.-Qué pena.-Curvó una sonrisa.

Ian adoraba a Circe. Era su mejor amiga con diferencia, pero lo cierto era que tenían tanta confianza que daba asco… se soltaban demasiada mierda a la cara con demasiada sinceridad y rara vez hablaban de cosas realmente importante entre ellos. Creo que jamás se han preguntado un “¿Cómo te va la vida?” o “¿Cómo estás hoy?”. ¿Era una amistad destinada a la muerte? Pues oye, muchos apostarían por un sí. Pero Kyrie tenía razón… a lo mejor Ian debería dejar de intentar meter tanto el pene en vaginas desconocidas y preocuparse más por su amiga, una amiga que sin duda parecía estar pasando una mala racha, sobre todo por su comportamiento este último año.-¿Cómo hago que se divierta? Me va a mandar a la mierda.-Posiblemente Circe era una de las chicas más increíblemente buenorras de Hogwarts y la única con la que Ian no tenía lascivos deseos. Si bien lo habían hecho una vez, esa vez se había quedado guardada en el baúl de los recuerdos y la rubia había pasado a ser solamente su amiga. Funcionaban como tal, a su manera, pero sin duda sin nada más entre ellos. Ambos lo sabían perfectamente.-Soy un pésimo amigo. No sé cómo reaccionar ante comportamiento inusuales en mis amistades. Circe es muy estudiosa y le gusta sacar buenas notas, a lo mejor es feliz así en la biblioteca.-Usó la lógica. Y bueno, Ian tampoco sabía qué estudiar, así que dudaba mucho que pudiera ayudar a Circe con ello.

Así como las mujeres se arreglaban las uñas, Ian se hacía un tatuaje. Quizás no con tanta frecuencia, pero sin duda tenía una clara adicción a la tinta. Hacía tiempo que se había empezado la segunda manga y su madre estaba que rompía cristales con los gritos que soltaba cada vez que Ian volvía a casa con un tatuaje nuevo. De hecho, en verano volvería con uno nuevo cuando técnicamente ha estado todo el tiempo en Hogwarts… eso de poder sacarse la licencia de aparición en séptimo era todo un lujo.-Qué mala.-Dijo divertido cuando le nombró lo del tanga y se imaginó con todo detalle su definido trasero.-¿¡Tienes un consolador y no me lo has enseñado!? Exijo su presencia en nuestro próximo encuentro sexual. Te daré yo juego con el consolador, tanto que me pedirás que saque al auténtico.-Sonrió de medio lado. Entonces apartó sus lascivos deseos, pues si había algo que realmente le apartase del tema sexo, era el tema tatuaje y se humedeció los labios.-Ya lo verás. Si te lo digo suena a mierda, es mejor verlo en directo.-Le advirtió.

El tatuador ya tenía la plantilla de lo que Ian quería, era llegar y comenzar con la faena. Pero lo cierto es que Kyrie tenía razón y dos hora daban para mucho.-Pues…-Iba a comenzar a hablar, pero el camarero vino a pedir nota.-Una cerveza.-Pidió, haciendo una pausa para que el hombre se fuera y los volviese a dejar solos.-Tras graduarme tenía pensado crear un negocio. Ya sabes que hay mucho loco suelto por ahí que intenta ocultarse debido a sus crímenes y lealtades. De hecho, hay más locos que gente cuerda, de eso estoy seguro. ¿Te imaginas que creo un hotel en dónde todos los asesinos, personas seguidoras de la causa Mortífaga y demás carroña viviente pueda vivir sin problemas bajo mi absoluto silencio y protección? Yo creo que me hago rico, fuera de coña. Un lugar donde ocultarse de la ley y en dónde cualquier persona, incluso la más ruín, esté a salvo.-Dijo sobre la marcha, inventándolo al momento.-Eso o un discoteca de magos. Pero no creo que esto último funcione, si ya cuando voy a una discoteca termino siempre pegándome piñas con alguien, imagínate si soy yo el dueño… quita, quita…-Añadió divertido, negándose a su propia idea.-Pero la primera idea mola, ¿no? Sería un malote pero sin ser malote. Un protector de los malotes. Y los malotes no me harían nada porque yo les ayudaría. Yo creo que sería ganarme un puesto en el palco VIP del infierno.-Sonrió divertido. De repente, le apetecieron aceitunas, así que alzó la mirada hacia el camarero que estaba sirviendo su pinta y alzó la mano para que le prestase atención.-¡Una de aceitunas también!-Exclamó para que le escuchara, ya que había bastante ruido. El camarero asintió con la cabeza en señal de que lo había pillado.
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Invitado el Miér Mayo 25, 2016 3:49 pm

La sonrisita que curvó fue lascivamente imitada por mi parte, como si le estuviera diciendo de forma no verbal que, en efecto, su crecimiento de pelos por ciertas partes de su cuerpo era “una pena”. Mi mente no divagó lo suficiente como para imaginarse esas partes de su físico con pelitos, ¡Ni de lejos! Más bien apoyé un codo en la mesa y le miré a él, fijándome en sus facciones, en la barba que hacía acto de presencia y le daba un toque, en mi opinión, más varonil. Le guiñé un ojo a modo de invitación, para más tarde. Ya os podéis imaginar a qué.

Su pregunta carecía de respuesta. Y en caso de que existiera, yo la desconocía. Me encogí de hombros y miré la mesa, pensativa.
Esperaba que tú lo supieras —le contesté. Que los dos nos preocupábamos por Circe era obvio, él a su manera y yo a la mía, y que la joven Slytherin pasaba demasiado tiempo en la biblioteca era algo de lo que estaba totalmente convencida. A menos que quisiera aprobar todos los exámenes con un sobresaliente—. Pero ayúdala a distraerse cuando no esté en la biblioteca —le pedí, si bien ambos podíamos aportar bastante en ese aspecto. Lamentablemente, dentro del castillo mis nuevas obligaciones no me daban el tiempo libre del que me gustaría disponer.
Y no eres un mal amigo, yogurín. —La última palabra era, claramente, una forma muy cariñosa de meterme con él—. ¿Quieres que te diga todas las razones por las que no lo eres? —Aunque, en efecto, consideraba a Ian como uno de mis mejores amigos, cierto rendimiento y cierta tensión sexual alimentaban en demasía que lo tuviera en muy alta estima. Que, por cierto, se ganó a pulso. Y a embestidas.

Puedo enseñártelo —contesté, pícara, olvidando por segundos que estábamos en un lugar público. Tentarle era un arma de doble filo, pues yo misma empezaba a fantasear y terminaba deseándole enterito—. Claro que no lo has visto, ¡Me lo compré hace poco! Y lo iba a usar en nuestro siguiente encuentro aunque no lo hubieras pedido, pero, Ian, antes de que te des cuenta tendrás el auténtico al aire. No, al aire no, dentro de mí —le avisé, sonriendo también de medio lado con total confianza. La que me daba una gran cantidad de encuentros previos, concretamente.
Te tomo la palabra. —Hice un puchero de desacuerdo, cual niña pequeña, porque quería conocer los intrincados motivos por los que quería un tatuaje nuevo. Aun así, soné jovial y alegre. ¡Sus ideas siempre eran divertidas!

Le observé con interés, sonriendo de medio lado. Al principio me lo tomé en serio, ya que Ian en un negocio no era una idea descabellada. Poco a poco me fui riendo, primero suavemente y entre dientes, y poco a poco más alegre hasta dar paso a una risita animada, suelta y sincera. De tomarme las cosas con más frialdad, le habría reprochado que dijera algo así en presencia de una hija de muggles, aunque la mera recreación visual de un mortífago me puso la piel de gallina. No me lo tomé en serio. Nunca nadie debería creerse al cien por cien lo que salían de sus labios, excepto si eran anécdotas sexuales o cumplidos.
¿Un hotel de gente mala? —le pregunté, entre risitas, como si lo que dijera no tuviera sentido alguno. Efectivamente, listos lectores, carecía de lógica. Negué con la cabeza, y su segunda idea me cogió con la guardia baja. El resultado fueron más risotadas, todas ellas con finura, preciosas. Nada de carcajadas que taladraban los oídos, capaces de asustar a los dragones o de parecerse al cántico de un orangután en celo.
Eres maravilloso, Ian —le dije, pasando el dorso de mi mano por mis ojos, pues alguna lagrimilla hizo acto de presencia por exceso de risa—. ¿Tú tampoco te planteas la universidad? Es una broma que al final yo sí esté ahí y vosotros no lo tengáis claro. —Me refería tanto a él como a Circe. Cualquiera pensaría que Ian y yo estábamos condenados al fracaso escolar, mientras que Circe tenía capacidad suficiente para sacarse las carreras que le dieran la gana. Al final, para sorpresa de casi todos, quien cursaba de forma eficiente una carrera era yo.
De momento te propongo esto. Vivo sola en mi piso de alquiler, así que podrías dedicarte a empotrarme contra cada mueble que veas después de que te hagas el tatuaje —propuse, sin finura, con una mirada lasciva. No íbamos a ir ahora, ¡Que tenía ganas de hablar con él de forma civilizada! Pero el día tiene muchas horas. Invertir unas pocas en sexo nunca hacía daño.
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Ian Howells el Jue Mayo 26, 2016 3:57 am

Ian se tenía en mucha estima en muchas facetas de su vida. ¿Pero como buen amigo? Por favor… si su mejor amigo técnicamente era Damon y lo más cariñoso que le decía era: “¿Te huele a rosas? Es el peo que me acabo de tirar.” Sí. Eso. Su mejor amiga era Circe… pero aún así y teniendo en cuenta todos los peos que le tiraba a la cara, no consideraba que fuese un “buen amigo” cómo todo el mundo caracteriza a dichos amigos. Es decir, Ian era de confianza con los más allegados y por ellos partía narices, pero en el tema “empático” y “cercano” ya era un poco más hosco.-Pues mira oye.-Dijo divertido cuando su amiga le ofreció enumerarle las razones de por qué era un buen amigo.-Me gustaría escucharlas, sí. A ver cuántas te inventas.-Sonrió.

Tenía un par de ideas que podían conseguir que Circe se divirtiera, además, hacía muchísimo tiempo que Circe e Ian no pasaban tiempo juntos propiamente dicho. Siempre estaban por ahí hablando de las gilipolleces de Ian y, después de lo que le pasó con el subnormal de adivinación, debe de dejar de lado tantos libros y, no sé, pasar tiempo con su super mejor amigo. Porque estaba claro que era su mejor amigo, ¿vale? Que nadie se le ocurriese arrebatarle ese puesto.

Menos mal que Ian tenía cierta autoridad sobre su pituflín, si no entre tanta indirecta, palabrerío calenturriento y lascivas imágenes que su perturbada mente le mandaba directo al córtex prefrontal, pues claro… aquello subía como la espuma de una cerveza. Pero no, Ian era fuerte, todo un machote que tenía total decisión sobre su auténtico e infalible pene.-O sea, te lo compraste porque te has quedado sin tu objeto sexual favorito, ¿no?-Se señaló a sí mismo con una altiva sonrisa.-A falta de pan buena son las migas, dicen.-Añadió divertido. Fue en ese momento en donde Kyrie insinuó que “dentro de poco” pasaría algo extraordinario cuando Ian tuvo que hacer fuerzas y concentrarse. No, no se iba a tirar un peo. No. Solo estaba evitando que se le formase un bulto en la entrepierna.

Kyrie se rió ante la idea de Ian de crearse un negocio. No era tan mala idea, ¿no? Se le había ocurrido esa idea viendo la película de Jon Wick, un peliculón, por cierto y, por alguna manera, tenía el extraño optimismo de que sería un negocio totalmente próspero. Algo peligroso, oye, pero próspero.-Iba en serio.-Dijo con toda la seriedad del mundo antes de soltar él una carcajada que se le había contagiado. Kyrie estaba muy buena, pero si tuviera que resaltar una cualidad era lo jodidamente risueña que era. Entonces le preguntó seriamente que si no iba a ir a la universidad... hablar de la universidad le daba taaanta pereza...-Mi madre quiere que estudie para sanador. Mi padre dice que me ve más como inefable porque soy un caso perdido -mi padre siempre tan simpático- y mi hermana dice que mejor aproveche mis habilidades físicas y me haga matón. Así que entre que mi madre es demasiado optimista, mi padre demasiado sincero, mi hermana una hemorroide en el culo y yo un señor sin vocación, no sé qué hacer con mi vida.-Explicó tranquilamente. El sueño de todo el mundo a su edad normalmente estaba claro, pero él no tenía ni puta idea. ¿Qué le gustaba? Los tatuajes, el quidditch, el sexo... Tatuador podía ser, el quidditch tampoco le gustaba tanto y eso de ir de puto por la vida por ahora no le motivaba demasiado, así que debía de buscar algo que no tuviera que ver con sus pasiones en la vida.-Así que no sé... tú lo tuviste fácil, te gustan las plantitas y esas cosas. ¿Lo podrías haber tenido más fácil?-Pregunta retórica. MUY retórica.

E Ian volvió a hacer fuerzas para concentrarse. No, repito, no se estaba conteniendo de tirarse un peo, sino más bien para que su pito no fuese en contra de las leyes de gravedad. Tirarse un peo delante de Kyrie podría considerarse algo totalmente natural, la verdad. Ian no tenía pudor para esas cosas.-Qué mejor manera de recuperar fuerzas...-Dijo totalmente convencido.-Pero deja de decirme estas cosas tres horas antes o voy a estar toda la puta tarde empalmado, ¿vale?-Hizo una divertida pausa.-Gracias.-Añadió y se calló, viendo como el camarero traía la cocacola de Kyrie, la cerveza de Ian en una jarra y esas aceitunas.-Que las mujeres lo tenéis fácil, pero estoy seguro de que si fueras tío estarías todo el puto día empalmado.-Dijo convencido, mirándola con cara de: "a mí no me engañas, mujer insaciable", cogiendo una aceituna y lanzándola hacia arriba para capturarla con su boca.

La masticó sin prisas y miró a Kyrie alzando las cejas.-Cuéntame. ¿Qué te ha hecho irte a un piso a vivir tú sola en vez de irte a una residencia universitaria?-Preguntó con real curiosidad.-Siempre te imaginé viviendo rodeada de hormonados de los que aprovecharte, en plan yo. ¿No estás muy sola en ese piso?
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Invitado el Miér Jun 01, 2016 3:12 pm

¡Por supuesto que le diría por qué le consideraba uno de mis mejores amigos! Se lo diría cuantas veces fuera necesaria, en cualquier situación. Sonriendo divertida, me mordí el labio inferior de forma coqueta sin molestarme en disimular lo más mínimo. Ambos sabíamos por dónde íbamos los tiros. ¡Nosotros habíamos disparado esos tiros! Así que no tendría sentido hacerse la inocente. Y aunque sí lo tuviera, no era mi estilo. No me gustaba ser teatral, principalmente porque disfrutaba mucho más siendo yo misma. Y, muy posiblemente, el resultado era mejor para ambas partes.
Por otro lado, y volviendo al fugaz tema de Circe, recé para que Ian cumpliera con su parte. El trato que tenían el uno con el otro me parecía exageradamente complicado de definir, así que ni siquiera me planteé sugerirle algo. ¿Qué le podía decir, si yo tampoco lo tenía claro? Lo único que hice fue confiar en él.

¿Cómo? ¡No! Tú no eres un objeto sexual. Sólo tienes la mala suerte de tener el que más me gusta entre las piernas. Y de ser muy guapo —contesté, directa como un tren de mercancías sin frenos y conducido por un terrorista. Aun así, hice un puchero de indignación y lo señalé con el dedo índice—. Pues el consolador hace un buen trabajo, que lo sepas —protesté, entre risas. ¿Qué hacía defendiendo un auténtico juguete sexual?
Y —añadí— tú también has perdido a tu juguete sexual favorito. —Y en esta ocasión, me señalé a mí misma emulando tanto sus actos como sus palabras, simple y llanamente porque me pareció muy divertido compararnos. ¡Y estaba claro que él había tenido sexo con otras chicas en mi ausencia! Igual que yo también había mantenido relaciones con otros chicos. No sentí celos, más bien algo parecido a la envidia. Prefería tener a Ian en mi cama a saber que se iba con otras mujeres, pero no podía competir contra la distancia. Debía ser realista. Y menos hipócrita.

De vuelta a su absurda idea de un hotel para gente mala, me volví a reír casi a lágrima viva, con alegría y de forma dicharachera. Ian estaba salido, lo cual me encantaba, pero en su lasciva mente había hueco de sobras para las bromas descabelladas. Le envidiaba, yo no tenía su mismo sentido del humor, aunque a veces me alegraba por ello. Al hablar de sus padres, volví a clavar los codos en la mesa y a ladear la cabeza, aún con una sonrisita en los labios, y le escuché con atención. Suspiré una vez terminó, colocando un mechón de mi melena en su sitio correspondiente.
Para ser sanador hay que estudiar mucho —dije en primera instancia, con la frente arrugada. Dicha frase fue, efectivamente, una forma sutil de desechar la opción. ¿Ian, estudiando? ¡En ningún universo! Es decir, no era tan tonto como la gente creía pero tampoco tenía madera de buen estudiante—. De entre todas las opciones, inefable te sienta bien. Eres demasiado dulce para ser un matón. —Aunque pudo sonar a ñoñería, más bien fue una forma tierna de definirle—. Pero… ¿No hay ninguna carrera que te llame la atención? ¿Nada? —pregunté, curiosa, aunque luego volví a reírme risueña.
Sí, lo podría haber tenido fácil —dije en un susurro, pícara.

Sonreí llena de satisfacción. Tener sexo, como bien sabía él, era una estupenda forma de celebrar encuentros después de bastante tiempo. No, mentira. Tener sexo era lo mejor, bajo cualquier concepto. Le guiñé un ojo de forma cómplice cuando me dijo que no le contara esa clase de cosas tres horas antes de que ocurrieran, y no añadí nada. El silencio, junto con ese guiño, fue la mejor respuesta posible de todo mi arsenal de picardía.
Gracias —dije también al camarero, tomando mi Coca-Cola y abriendo la lata—. ¿Fácil? Llevo mucho tiempo queriendo volver a tener sexo contigo, hasta creo que he mojado mis bragas de tanto mirarte. Y si fuera un tío, aprendería a no empalmarme. Como tú. ¿Quieres que te lleve al baño? —Volví a sonreír. No sabía si Ian ocultaba cierto bulto en su entrepierna, pero supuse que sí.

Tomé una aceituna con los dedos y me la comí, distraída, antes de beber un par de sorbitos de mi lata mientras oía su pregunta. La respondí al dejarla sobre la mesa.
No lo sé —dije sincera, en primera instancia—. Supongo que debieron ser las ganas de tener un pisito para mí sola, donde poder estudiar y vivir sin que nadie se meta conmigo por no saber ni calentar las sobras de ayer. —Sí, con total seguridad debió ser eso. Ah, y la intimidad ayudaba. En mi casa podía llevarme a quien quisiera, cuando quisiera, y hacer lo que me diera la gana sin que nadie me juzgara por ello.
No me aprovecho de ti, si lo hiciera serías mi putito. Y tú tampoco te aprovechas de mí, sino sería tu putita. Pero es verdad lo que dices, a veces me siento bastante sola. —La intimidad y todo lo que buscaba estaba ahí, íntegramente a mi disposición, aunque llegar y verlo todo siempre igual, sin nadie más en toda la casa salvo yo misma y algún compañero puntual llegaba a ser bastante triste—. ¡Ya sé! ¿Por qué no te vienes a vivir conmigo? ¡Estudies en la universidad o no! A mí no me molestaría —exclamé, con un brillo de ilusión en los ojos y olvidándome temporalmente de lo que implicaría convivir bajo el mismo techo.
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Ian Howells el Vie Jun 10, 2016 1:36 am

A Ian le encantaba Kyrie. Era de esas chicas cariñosas y fogosas que, además de darle sexo, le trataban bien y le trataba como lo que era: un follaamigos decente. Muy pocas chicas le decían esas cosas aún habiéndose acostado varias veces con ellas y teniendo una relación que podría compararse a la que tenía con Kyrie.-Pues deberías dejarte de tanto juguete sexual artificial y mandarme una lechuza cada vez que necesites desfogarte, mujer.-Contestó divertido.-Aunque ahora… ya que lo tienes, vamos a probarlo. Siempre he querido jugar con una mujer con uno de esos.-Admitió divertido, ya que Ian tenía como fantasía sexual probar cada uno de los juguetes sexuales habidos y por haber. Menos aquellos que tienen que ver con meter cosas en su culo, eso no. Eso está vetado.-Yo no he perdido a mi juguete sexual favorito. Lo tengo delante. Sólo… lo he descuidado. Pero tengo intención de volver a consentirlo en cuanto ella me deje.-Dijo, curvando la sonrisa y usando un tono seductor, bajando sugerentemente su mirada a su escote.

Ian se quedó con cara de “WTF” cuando Kyrie le dijo que era demasiado dulce para ser un matón. Se nota que va borracha hasta los huesos cuando salen de fiesta y no ha visto a Ian liarse a puñetazos con el subnormal de turno. Es decir, el otro subnormal de turno, ya que Ian era el típico subnormal de turno al que todo el mundo calificaría como subnormal de turno. ¿Me he explicado, no? Po’ea. El caso es que Ian cada vez que salía de fiesta al día siguiente tenía dos problemas: la resaca y los nudillos con heridas.-Si tú lo dices…-Dijo, no muy convencido. Quizás Ian podía tener su dulzura en la cama, después de haber follado cinco horas seguidas. Aunque más que dulzura lo llamaría cansancio.-No sé que me gusta. Supongo que me decidiré por algo fácil para callarle la boca a mi madre. ¿Quizás inefable? Es que eso parece difícil. Si tal me meto en alguna mierda fácil de administración de algo y fin.-Dijo sin muchas ganas de hablar sobre ese tema, la verdad. Le tocaba los huevines el tema.

¡Joder! La capacidad que tenía Kyrie para poner cachondo a Ian era increíble. Mira que Ian había desarrollado cierta habilidad con no empalmarse, pero Kyrie se lo ponía tremendamente difícil diciéndole esas cosas.-Tía, ¿quieres que pierda la cabeza aquí, en un lugar público? Deja de decirme esas cosas o te voy a dar tan duro que voy a perder la cita con mi tatuador.-Intentó controlar a la fiera salvaje de Kyrie, aunque estaba seguro que no había dicho precisamente las palabras perfecta para ello.-Luego te doy todo lo que tú quieras. Asegúrate de seguir mojando las bragas hasta entonces, para mí.-Sonrió, inclinándose hacia adelante para poder hablarle con más intimidad.

Ian continuó bebiéndose su fría cerveza para enfriar un poco esos lascivos deseos que habían comenzado a formarse en su mente, todos ellos relacionados con Kyrie empotrada contra algún mueble o pared. Si bien aquella fresquita cerveza lo estaba consiguiendo, cuando Kyrie insinuó que Ian se fuera a vivir con ella, por casi no le sale incluso por la nariz. ¿¡IAN Y KYRIE VIVIENDO JUNTOS!? Eso sería… eso sería… joder, se le acababan de acumular tantos pensamientos perversos que no podía pensar en lo increíblemente guay que sería vivir con ella. Una chica sexy con la que tener sexo y que no es celosa. Es decir, si encuentra un ligue puede llevarlo perfectamente a la casa y, si no encuentra nada, siempre tendrá a Kyrie. Joder, es que pintaba como el sueño de cualquier adolescente.-¿Hablas en serio?-Preguntó por si acaso, ya que se estaba haciendo ilusiones.-¿Eres consciente de que si vivo contigo vamos a estar follando todo el día? Me vas a dejar seco, tía.-Se quejó, con diversión.-Pero no seré yo quién me queje… no, no, no. Mi madre se sentirá orgulloso cuando le diga que me voy a ir a vivir contigo, porque si esa oferta es real… cuenta conmigo.-Aceptó totalmente convencido.
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Invitado el Vie Jun 17, 2016 6:56 pm

Si afirmáis que mi relación con Ian era extraña, muy posiblemente tengáis razón. Dejando de banda la clara amistad que nos unía, había una fuerte atracción física entre ambos que se notaba en todo momento, una tensión sexual que no se resolvía por mucho tiempo que pasáramos a solas. Aun sabiendo que él se acostaba con otras, no sentía celos de ningún tipo. Tan solo… ¡Éramos muy buenos amigos y follábamos como locos, punto!
Si tuviera que mandarte una lechuza, terminaría matando de agotamiento al pobre animalito. Y a ti también. Si no se te levanta, no tiene gracia. —Le guiñé un ojo de forma cómplice. Entre él y yo, la fogosidad alcanzaba niveles dignos de mención, y la inmensa mayoría de nuestros encuentros duraban una eternidad porque, al mínimo indicio de recuperación, volvíamos a cansarnos a nuestra manera.
¿Me estás diciendo que nunca has usado un consolador con una chica? —Aunque la pregunta fue formulada en voz baja por obvias razones, mi tono de voz indicaba que me había sorprendido. ¡Era Ian! Me reí entre dientes yo solita y le miré de forma pícara una vez logré digerir la noticia—. Te vas a cansar de usarlo conmigo —le advertí con dulzura. ¿Qué? Éramos jóvenes, ¡Vivan las locuras!
Ah, ¿Ahora me estás llamando juguete sexual favorito? Puedes volver a consentirme desde hoy mismo. Y hazlo más veces. Me pone que me llames así. —Lo último lo susurré de forma lasciva, juntando mis brazos para marcar más mis pechos, conocedora de que Ian los estaba mirando. Él sabía que un poco de charla sucia me excitaba, aunque llegaba a desagradarme si se llevaba a un extremo. Asimismo, a mí me apasionaba que él me nombrara de ese modo. Picardías de cada uno, y yo tenía bastantes.

Sí, Ian era un poco macarra y propenso a las peleas cuando los dos salíamos de fiesta en nuestra época de estudiantes, además de ser un hombre demasiado revolucionado en lo sexual. No obstante, yo tendía a llevarme bien con todo el mundo. Circe era un buen ejemplo. Para mí, era lo más parecido a una hermana pequeña y a una grandísima amiga, a una de las mejoras que había tenido jamás, ¡O puede que la mejor! Pero mucha gente no dudaría en definirla como a una malnacida sin escrúpulos. Con Ian pasaba algo parecido. Para mis ojos, él era uno de los chicos más dulces y encantadores que conocía. Y un amante excelente.
Yo te diré algo fácil. Romperme el tanga esta tarde, y acompañarme a comprar otro. ¿O ponérmelo en la boca, como cuando me gradué? —sugerí con la mayor maldad posible, lanzándole un besito desde la distancia. Sí, podía ser muy puta cuando me salía de dentro, ¿Pero con Ian? ¡Me encantaba serlo! Además, al percatarme de que ese tema no era de su agrado hice lo posible por desviarlo hacia terrenos que serían de su gusto.

Sonreí como la reina de las súcubos cuando Ian remarcó que perdería la cabeza como siguiera a ese ritmo. Apoyé un codo en la mesa y me llevé una mano a la barbilla, sujetándomela, y mirándole de forma lasciva. Era una respuesta en toda regla, una forma de decirle que, en efecto, deseaba que tuviera presente que no se olvidaría de esta tarde, o incluso de que me metiera mano más adelante. ¿Estábamos en un lugar público? Sí, pero Hogwarts también lo era y ahí lo hacíamos cada día. Fuimos muy malos estudiantes.
¿Todo lo que yo quiera? —pregunté, con falsa inocencia. Ambos conocíamos la respuesta—. Tú asegúrate de dar todo lo que tengas en casa, mis braguitas se mojarán hasta entonces. Para ti —contesté, también inclinándome, y en un suave susurro para no llamar la atención de nadie.

Todo rastro de lujuria se esfumó cuando Ian estuvo a nada de ahogarse con la cerveza. Estallé en carcajadas que traté de disimular, y aunque no lo logré, terminé riéndome al ver la cara de estupefacción que se había apoderado de él. Ian era demasiado expresivo, y eso me encantaba en él.
—dije con tranquilidad y una sonrisa en los labios. Aunque podría haber seguido echando leña al fuego, lo de vivir juntos era una idea sólida que, en mi mente, tenía beneficios para ambos. Muy buenos beneficios—. Sí, sí que lo soy. Igual que sé que me vas a romper la ropa interior, y que voy a perder calcetines y camisetas cuando me las tires o escondas por casa. ¿Cuál es el problema? Tengo algo de lencería en el armario que quiero usar para ti, y dicen que el esperma es bueno para la piel. No quiero que me salgan arrugas en la cara. —Nuevamente, aunque lo podría haber dicho con la mayor picardía del mundo, lo dije casi de forma neutral. Puro teatro, en el fondo quería que él mismo se hiciera a la idea de lo que acababa de decir. A veces, era incluso más divertido que decírselo abiertamente.
¿Qué opina tu madre sobre mí? —pregunté curiosa—. ¡Y la oferta es tanto real como seria! A mí… me gustaría, tú ya lo sabes. —Me reí tímidamente. ¡Sí, con timidez! Una cosa era buscarnos en Hogwarts o calentar el ambiente ahí, hablando en un bar. ¡Otra topármelo en la cocina o saber que se estaba duchando en mi casa, bajo el mismo techo! Estaba ofreciéndole compartir piso, ¡Eso no era moco de pavo!
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Ian Howells el Mar Jun 21, 2016 1:33 am

Pues no, Ian no utilizaba ningún tipo de juguete sexual con las chicas no porque no quisiera, sino más bien porque no tenía ocasión. La gran mayoría de los encuentros sexuales del Slytherin se reducían a lugares muy extraños y pocos privados en dónde tenías que salir del paso con lo que más a mano tenías. Y claro… Ian no iba por ahí con consoladores y las chicas con las que se acostaba (la mayoría de Hogwarts) tampoco.-No tía, mis encuentros sexuales son un poco caóticos. Bastante tengo con buscar un sitio decente en donde la chica se encuentre bien como para estarme preocupando por los juguetes sexuales.-Dijo con sinceridad.-Oh no, no.-Negó con la cabeza ante su idea de que Ian se iba a cansar de usar ese juguetito con ella.-Prefiero cansarme de otra manera. Los juguetes están bien para un ratito nada más.-Curvó una sonrisa, un poco lasciva ante su afirmación.-No te preocupes. Desde que salga de Hogwarts te volveré a tener tan mimada como a ti te gusta.

Habían pasado de hablar de qué hacer con la vida de hacer que Ian volviese a recordar aquella gloriosa noche de fin de curso en dónde Kyrie y él se dieron un buen polvo de despedida. Recordaba perfectamente hasta el último detalle, por lo que sonreír por su alusión fue casi instantáneo.-La verdad…-Hizo una leve pausa mientras cogía su cerveza.-Esta vez preferiría quitarte yo el tanga con la boca.

Y bebió de su cerveza. Kyrie tenía una habilidad especial para hacer que Ian se pusiera a tono y es que hasta en una conversación de lo más normal en donde el tema sexual está totalmente fuera de cualquier tema, es capaz de meterlo para dejar a Ian con esa cara de subnormal que se le queda cuando escucha una insinuación así. Ahora mismo entre todo lo que le había dicho y ese añadido de que iba a estar húmeda durante toda la tarde para él, Ian tenía ganas de cogerla de la mano, llevársela al baño de aquel bar y buscar una solución no solo a ese prieto sujetador, sino a esa continua humedad en sus braguitas.

Pero no. Joder, como se la llevara al baño y teniendo en cuenta lo jodidamente pasionales que son, aquello iba a terminar en casa de Kyrie con toda una tarde de placer por delante. E Ian tenía cita con el tatuador y no podía perderla después de haber insistido tanto. Tenía que contenerse hasta después, por lo que decidió concentrarse en el tema más aparentemente inofensivo: irse a vivir con ella. Aunque no fue fácil evitar el tema cuando le dijo tan tranquilamente que el esperma era bueno para las arrugas. Ian no era muy inteligente, pero sumas dos más dos sí que sabía. ¿Le estaba invitado a correrse en su cara? A ver, que no era la primera vez que lo hacía ni sería la última, pero sin duda en aquel momento era otro incentivo que le animaba a ponerse palote.

Ian sonrió.-La verdad es que sería un compañero de piso un poco… pésimo, pero te aseguraría estar siempre de buen humor.-Se encogió de hombros divertido.-Y vamos, yo contribuiré en todo lo que quieras en el bienestar de tu piel. Ambos sabemos que las arrugas no te quedarían nada bien.-Se metió inocentemente con ella. Kyrie estaba muy buena y era muy guapa. No era solo atractivo físico, sino que tenía una belleza que mucha gente querría tener. Y ella lo sabía, Ian era el primero que siempre se lo recalcaba una y otra vez, alimentando su mimado narcisismo.

El Slytherin sonrió ante la pregunta de Kyrie de qué pensaba la madre de Ian sobre ella, ya que Cassidy era una mujer que solía hablar y opinar de cada una de las amistades que tenía Ian.-Le caes bien. Como eres de las amistades más extrovertidas que tengo y hablas tanto o más que ella, crees que eres muy buena chica. Además, como ya estás en la universidad se cree que eres una buena influencia para mí.-Se encogió de hombros.-Así que si le digo que me has invitado a independizarme contigo, además de hacernos un potaje todas las semanas para asegurarse de que comamos bien, se va a poner bastante contenta.

La mejor amiga de Ian era Circe y a Cassidy le caía estupendamente. Siempre insistía en que debería de casarse con Circe, que además de juntar dos casas puristas bastantes prestigiosas tendrían hijos preciosos, pero era sin duda la idea más estúpida que se le había ocurrido a la madre de Ian. Entre Ian y Circe era sencillamente imposible que pasara nada de eso.-A mi padre también le caes bien. Pero le he visto mirarte tu generosa pechonalidad, por lo que creo que no es muy objetivo.-Bromeó divertido. El padre de Ian era una persona seria y bastante solemne, pero humano después de todo.-Estará orgulloso de que su hijo se independice tan pronto. Además, tengo una elfina doméstica que siempre ha sido leal a mí, seguro que se vendría si tú quieres. Nos ahorraríamos limpiar y cocinar, ¿todo un puntazo, no?-Preguntó divertido acordándose de su elfina llamada Poppy.
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Invitado el Mar Jun 21, 2016 2:13 pm

¿Que sus encuentros sexuales eran un poco caóticos? ¡Bien que lo sabía yo! Encuentra un lugar donde tener sexo seguro, rápido y sin que nadie te pueda encontrar. No hagas ruido en la biblioteca, enciérralo en el baño, ¿Cerca del lago? Vigila que nadie te vea u oiga. ¿Salas Comunes? Imposible, eran distintas. Él y yo habíamos pasado juntos mucho tiempo, sí, y en infinidad de momentos calientes nos tiramos bastante rato tratando de encontrar un lugar íntimo acorde a lo que sucedía. Muchas veces, le invitaba a que directamente le hiciera una felación y yo solita terminara la faena en mi habitación o duchándome. Prefería eso antes que nada, sinceramente.
Ya me acuerdo. Antes me ponía nerviosa porque tenía ganas de hacerlo y no había forma, ahora me río —contesté entre suaves risas, empatizando con lo que Ian debía sentir cada vez que deseaba acostarse con alguna chica—. Un ratito que durará mucho. Y yo también tendré que mimarte a ti, mi juguete sexual favorito —dije, también curvando mis labios en una sonrisa más lujuriosa que la suya. Sabía perfectamente qué le gustaba. Y él conocía mis preferencias. Nuestros próximos encuentros iban a ser muy divertidos.
Esperaré con ganas a que lo hagas —añadí, guiñándole un ojo. La mera recreación mental de ese momento logró que un escalofrío me recorriera la espalda, si bien traté de ignorarlo. Se notaba que tenía ganas de él, ¿No?

Si el infierno existía, yo debería ir derechita ahí. Y todas las súcubos temerían mi largo historial de provocaciones al sexo opuesto. ¡Pero era divertidísimo! A veces incluso me sentía mal, como ahora mismo. Los dos llevábamos bastante tiempo sin expresarnos nuestro amor de la forma más carnal posible, y teníamos ganas de hacerlo. Ian se aguantaba, porque ambos éramos conocedores de que su cita con el tatuador no se cumpliría si accedía a mis ofertas y peticiones. En pocas ocasiones me había sentido tan asquerosamente puta, en el mejor sentido de la palabra. Calentar tanto a alguien sabiendo que en un futuro cercano todo lo que se dice no puede suceder debería ser un acto inmoral. Y ahí estaba yo, jugando con un mechón de mi melena y observándole con una media sonrisa. Merecía un castigo divino. Y de momento, ese castigo era aguantar mis propias ganas de sexo. Que eran altas, muy altas.

Bebí un poco de mi vaso y ladeé el rostro, dibujando una sonrisa divertida en mis labios. Estiré los brazos sobre la mesa, antes de inclinarme hacía delante y contestar en un susurro.
Serás un compañero de piso ideal. Siempre ayudándome a estar de buen humor, dispuesto a echarme una mano. ¿A que sí? Y yo haría lo mismo contigo. Entonces… ¿Aceptas? —Aunque, al principio, hablé con un tono lascivo y provocador, al final terminé sonando ilusionada como una niña pequeña cuando le prometes comprarle un juguete si se porta bien en la boda del cuñado. ¡Que llevaba casi un añito viviendo sola! Deseaba recuperar el tiempo perdido y sentirme más querida. Como compañero de piso, Ian sería divertidísimo.
¿Todo lo que yo quería? —pregunté con falsa inocencia, acariciando distraídamente una de mis mejillas—. Puede ser que a partir de tu llegada quiera cuidarme mucho mucho más, ¿No te preocupa eso? Y entre tú y yo, también me gusta tragar. —Él ya lo sabía. Y tanto si lo sabía—. Tal vez seré muy exigente —dije, dejándolo caer como quien no quiere la cosa.

Con lo puritana que era su madre, me sorprendió que le cayera bien. Es decir… ¿Ella sabía que nos acostábamos juntos, no? Se le caería el alma al suelo si supiera qué clase de cosas había hecho su hijo conmigo. Y se le caería aún más si supiera que yo le había invitado a hacer, como mínimo, más de la mitad de ellas. Eso sí, entrecerré los ojos cuando dijo eso de que yo hablaba tanto o más que ella. ¡Su madre era una cotorra! ¿Qué insinuaba? No perdí el tiempo y contraataqué al estilo Kyrie.
Creo que no hablaré mucho cuando estés tú. —Y le guiñé un ojo. Ahora, mentes sucias, tratad de averiguar por qué en su presencia mi diálogo iba a disminuir notoriamente—. Pero mejor que siga pensando eso, ¿No? Y no sé cocinar, sus… potajes nos vendrán bien —sentencié, asumiendo que Ian ya sabía que mi presencia en la cocina era más peligroso que una amenaza nuclear.
Lo de su padre sí que no me sorprendió. Muchas veces iba a casa de Ian con un escote generoso para molestar al chico, pero el padre también era un hombre.  Un mero efecto secundario de querer alegrarle la vista a Ian, nada más.
No toco casi nunca la cocina, puede venir si quieres. ¿No se traumará si nos ve? Y entonces… ¿Eso es que vienes, no? ¿Sí? ¡Perfecto! —exclamé, alegre, como si me hubiera tocado la lotería—. Entonces antes de que vengas tengo que ir a comprar ropa. Quiero que te pongas palote sólo de verme. Y juguetes, vendrás conmigo para comprar juguetes. Más comida rápida, condones. Sobre todo condones. Qué más… ¡Ah! Mudanza. Sólo tengo una cama individual, la de mi habitación. A menos que no te importe dormir conmigo en un mar de ropa y apuntes, tendremos que prepararte una habitación. ¡Qué ilusión! —De no estar sentados, le habría abrazado y besado como si fuéramos una pareja que celebra el nacimiento de su amor. Pero no, sólo celebrábamos una unión maravillosa que no tenía nada de amor. ¡Sólo sexo y amistad! ¡Idílico para ambos!
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Ian Howells el Dom Jun 26, 2016 8:05 pm

Hablar con Kyrie era una bomba de relojería. Era simplemente cuestión de tiempo que estallaran y pusieran solución a toda esa tensión sexual que se respiraba en el ambiente y que, indudablemente, había entre ellos. Pero en aquella ocasión mejor que esa bomba de relojería fuera lo suficientemente grande como para aguantar lo suficiente sin caer en la tentación. No por nada en especial, pero Ian sabía lo mucho que adoraba el sexo y si caía, no iba a llegar ni de coña a la hora que tenía para hacerse el tatuaje. Y por mucho que le encantase el sexo y, todavía más, el sexo con Kyrie, tenía que marcar sus prioridades y llevaba deseando hacerse ese tatuaje mucho tiempo.

El tema de irse a vivir con ella le parecía increíble. Siempre había querido irse de casa, no por problemas o porque tuviera una imperiosa necesidad de independizarse, no. Simplemente porque le apetecía e irse con una amiga tan especial como Kyrie debía de ser genial. Así que sí, Ian estaba visiblemente contento con la noticia.-Hombre, para eso estamos los amigos, para echar una mano en dónde haga falta.-Alzó las cejas con picardía.-Acepto, claro que acepto. Pero para después de verano, que si no mi madre sí que me ejecuta como no pase mi año de graduación en casa con ella. Así se lo voy diciendo poco a poco.-Ian sabía que su madre le adoraba y se iba a poner muy triste cuando Ian le dijera que tenía pensado irse de casa para el próximo año, sobre todo ahora que podría tenerlo todo el año para él. Kyrie, sin embargo, le caía fenomenal. Evidentemente no sabía que se acostaban juntos y siempre había visto a la chica como una buena influencia para Ian. La madre siempre le daba condones a su hijo y le decía que tuviera cuidado, pero insistía en no saber nada al respecto sobre sus aventuras sexuales.-Hablas mucho cuando estás en presencia de mi madre, admítelo. Pero es normal, sois mujeres y tenéis una especie de vínculo invisible que os anima a cotorrear.-Se metió con ella, con diversión.

La elfina de Ian lo conocía desde que nació, por lo que conocía a Ian mejor que nadie. Sabía sus malas facetas y sus buenas facetas e Ian le tenía enseñado que, cuando esté con una mujer, ella no debe aparecer a menos que sea llamada. Está acostumbrada a estar fuera de la habitación mientras dentro solo es escucha a dos adolescentes disfrutar.-¡Claro! Hay personas que tienen un perrito, pues mi mascota se llama Poppy y es una elfina. Me encantaría llevármela, al fin y al cabo es mía y siempre ha sido muy buena conmigo. Y si podemos ahorrarnos cocinar…-Eso último, sin duda, era lo mejor de todo. Ian iba a decir que él siempre se ponía palote al verla, vistiera con lo que vistiera, pero se lo ahorró porque seguramente ya Kyrie lo supiera. Eso sí, lo de la cama no lo pasó por alto.-No me importa dormir los primeros días contigo... así me das mi fiesta de bienvenida. Aunque por el bien de ambos una habitación propia sería ideal. En verano podemos ir organizando todo, si quieres. Ir a mirar muebles para mi habitación, todo lo que te haga falta para convivir con un compañero… Así cuando empiece el próximo año está terminada para poder mudarme sin problemas.-Contestó sonriente y animado, bebiendo de su cerveza un largo trago.
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Invitado el Miér Jul 06, 2016 12:33 am

Sí, Ian y yo siempre terminábamos hablando sobre sexo con mayor o menor descaro. ¿Por qué? Porque nos encantaba, simple y llanamente. Yo disfrutaba enormemente al picarle con mis palabras y me encantaba que respondiera tan a su manera. E imaginaba que a él también le gustaba que yo le dijera ciertas cositas. Por ejemplo, cuando él dijo que los amigos estaban para echar una mano donde hiciera falta y alzó las cejas yo hice lo mismo, inclinándome hacia delante como si hubiera dicho una interesante declaración. Naturalmente, llevaba una sonrisa pícara dibujada en mis labios.
¿Aceptas? —repetí, emocionada a mi manera. La forma de expresarlo fue mirarle con los ojos y la boca abiertos, como si no me lo creyera. ¡Era maravilloso que Ian viniera a mi casa! No sólo por el motivo más obvio y claro, sino también por otros tantos muy diferentes. Y al haber buena química entre los dos, confiaba en no tener problemas de convivencia—. Después de verano, vale. Nos veremos durante estos meses, ¿no? Quiero pasar tiempo contigo. —No fue una frase netamente lasciva, aunque sí se podía entender como tal. Eché de menos su compañía a lo largo del año y, entre la universidad y las prácticas, deseaba vernos con más frecuencia mientras pudiéramos.
Eso no es verdad —protesté, cruzándome de brazos e hinchando los mofletes cual niña pequeña. Bien pensado, era cierto que su madre y yo hablábamos bastante. Tal vez por eso le caía bien—. Estaba pensando en darte la mamada de tu vida en mi casa. Te quedas sin ella —zanjé, tomando mi vaso y bebiendo. Sí, que esa fuera mi mayor “castigo” demostraba varias cosas. La primera que era incapaz de dañar a una mosca y la segunda que la excusa del sexo valía para todo.

¡Yo tengo pececitos! —contesté alegremente cuando él sacó el tema de las mascotas—. Circe bautizó a uno llamándolo Clorito. Y claro que puedes llevarte a tu elfa Poppy, no tengo ningún problema con ella —añadí, risueña y afectuosa. Ya la había visto en varias ocasiones debido a breves estancias en la casa de Ian y me caía bien. ¡Puede que, si se lo pidiera, me enseñara a cocinar!
Te daré tu bienvenida duermas conmigo o no porque soy tu juguete sexual favorito —dije luego, entre risas, recordando conversaciones anteriores para añadir más leña al fuego en la actual. Era divertidísimo. Bebí de nuevo mientras escuchaba su sugerencia de preparar la casa para su llegada durante el verano y asentí con la cabeza sin dudarlo ni un instante—. ¡Fabuloso! Iremos a por esos muebles cuando tú quieras. Mírate hoy la casa y ve pensando en cómo quieres la decoración. —Me incliné hacia delante, volviendo a darle una generosa visión de mis pechos—. Si te dejo —dije para terminar, volviendo a reírme de forma risueña antes de sentarme como es debido.

Por cierto, Ian. ¿Echarás de menos Hogwarts y las chicas de ahí? —Trataba con absoluta normalidad el hecho de que él se acostara con cualquier ser femenino del mundo, no sentía celos en absoluto. Asimismo, también quería saber cómo afrontaría su vida fuera del castillo por simple curiosidad, aunque al no tener clara su carrera, me lo imaginaba tumbado en la cama sin hacer nada de provecho. Sonreí como si me hubiera avanzado a los acontecimientos—. En verano hace mucho calor, ¿podría ir a visitarte estos meses? En mi casa me aso. —No exageré en ningún momento, ese pisito era obra del demonio. Y sí, lo dije de forma provocativa. Luego, se me iluminó la bombilla y le miré con una sonrisilla traviesa—. Tú que sabes tanto de tatuajes… ¿Si tuviera que hacerme uno, cuál crees que sería? —No estaba interesada en ellos, salvo que fuera uno pequeño y realmente con sentido. Si se lo pregunté fue por mera ilusión y curiosidad.
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Ian Howells el Miér Jul 06, 2016 2:43 pm

Claro que aceptaba, parece mentira. Ian no se negaba a irse a vivir con una buenorra con la que poder tener libremente sexo cuando le salieran del pollote.-Claro, claro.-Dijo seguro cuando le preguntó que si se verían durante el verano. Entonces Ian comparó a Kyrie con su madre, por eso de que hablaban mucho, pero al parecer su amiga no estaba de acuerdo, Ian sonrió divertido pero no pudo evitar ponerse serio cuando le dijo lo de la mamada.-¿Perdona?-Hizo una pausa y bufó.-Pues tú te quedas sin mi super corrida de la hostia. Ni para la cara, ni para nada. Tú te lo pierdes.-Dijo super digno de la muerte. ¡Amenazándole con dejarle sin mamada! ¡Eso era cruel!

No sabía si le sorprendía más que tuviera pececitos o que Circe hubiera bautizado a uno CLORITO. ¿Circe? ¿Dónde está la Circe cruel y seca que Ian conocía? No se le imaginaba señalando un pececito muy mona y diciendo: “Oh, ese se llama Clorito”. Por lo que Ian rió solo ante la imagen que le había venido a la cabeza. Circe podía llegar a ser cariñosa y quizás muy mona, pero un vez al año, en plan cuando sucede un eclipse o se alinean los planetas.-Vale, me parece bien. Siempre me ha gustado diseñar mi propia habitación, por eso mi habitación es la más fea de toda mi casa. Claro, me dejan a mí…-Admitió sin problemas.-Sé sincera si lo que elijo es una puta mierda.-Añadió divertido, bebiendo de su cerveza.

La pregunta de Hogwarts y de las chicas le resultó de lo más curiosa, por lo que se encogió de hombros.-Si hablamos de chicas sexualmente hablando, solo a algunas, pero en general no. Ya sabes lo mucho que me gusta vivir experiencias y algo me dice que en la universidad voy a tener mucho dónde elegir.-Sonrió algo altanero.-Pero sí voy a echar de menos a las amigas que dejo allí. Aunque son pocas, en realidad.-Rhea y Ashley, amigas y follamigas. Pero más lo primero que lo segundo, o por lo menos así lo consideraba Ian. Luego estaban solo las follamigas que a Ian le daban exactamente igual. Seguramente ni Rhea ni Ashley le echarían de menos a él en ese sentido sexual.-Y Hogwarts claro que lo echaré de menos. Me encanta ese maldito castillo. ¿Tú no lo echaste de menos cuando te independizaste? Supongo que a la larga ya dejaré de echarlo de menos.

El Slytherin rió ante la pregunta de Kyrie sobre visitarle a la casa. Ian vivía en un sitio bastante guay, tanto posicionado en Londres como en cuanto al clima.-Claro. Pero no me pongas esa excusa. Seguro que lo que quieres es hablar con mi madre y no parar durante horas, maruja. Que se te ve el plumero…-Dijo bromista. Kyrie sabía que la casa de Ian estaba su hermana y sus padres casi siempre, por lo que era difícil intimar como tanto les gustaba a ambos. Pero había ido varisa veces a comer o a fiestas y se había llevado genial con toda su familia. Luego cambió de tema por lo del tatuaje y cogió a Ian desprevenido, tanto que tuvo que beber de su cerveza mientras la miraba, pensando en un tatuaje que le pudiera pegar. Cuando se le ocurrió uno, dejó de beber y apoyó la jarra en la mesa, mirándola algo lascivo.-Te pega uno en la zona baja del vientre, esa zona prohibida entre tu vientre y tu intimidad que es tapada por la ropa interior. Algo lascivo, quizás. Te pega. Tienes un rostro tan dulce y aparentemente mono que ver un tatuaje ahí realzaría esa parte rebelde y salvaje que te sale cuando te desinhibes en la cama.-Curvo una sonrisa, imaginándoselo.-Pero no, tú ya eres sexys sin tatuajes y esa parte ya de por sí es sexy. Como mucho me haría algo en el muslo, por dentro.-La miró con curiosidad.-¿Tienes pensado hacerte alguno?
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Ian HowellsUniversitarios

Invitado el Jue Jul 07, 2016 12:52 pm

Aunque prácticamente estaba hecho y decidido que Ian iba a vivir conmigo a principios del curso entrante, se lo tuve que preguntar igualmente porque no me lo creía. ¡Al fin no iba a estar sola en casa! La simple idea de convivir con alguien me llenaba de ilusión, más incluso si se trataba de una persona con la que me llevaba tan bien. Cuando me confirmó de nuevo que aceptaba mi propuesta, sentí que volvía a tener ganas de dar brincos de alegría.
No, tú te lo pierdes —dije, cruzando los brazos y mirando hacia otra dirección cual niña enfadada con su hermano mayor. En el fondo me estaba aguantando la risa, pero al mismo tiempo me daba por satisfecha. Creía que, en caso de tener problemas de convivencia, todo se arreglaría de una forma muy sencilla, tal y como empezaba a sospechar. ¡Y no había nada de malo en eso! Lentamente, volví a mirarle y le saqué la lengua, divertida—. Sabes que te haré una súper mamada diga lo que diga, así que espero una súper corrida de las tuyas —le dije, si bien sonó como una amenaza. ¡Que se atreviera a no cumplir mis expectativas!

Que Ian se riera cuando le dije que Circe bautizó a un pececito provocó en mí la misma reacción. Él no sabía que, en realidad, fui yo quien le insistió un par de veces para que le pusiera nombre a uno, y que prácticamente lo hizo a desgana. Aun así, no se lo conté. Era más divertido que se imaginara a la Slytherin motivadísima y alegre delante de una pecera común.
Vale, lo intentaré —contesté antes de beber un poquito más de Coca-Cola. Mi criterio sobre lo bonito también era cuestionable, y creía que a la hora de la verdad no le diría nada. Su habitación era su habitación e Ian era libre de decorarla como quisiera, ¿no? Traté de imaginármelo haciendo una horterada, y ahí sí me juré a mí misma que le contaría mi opinión.

La universidad es muy divertida —le dije cuando dejó caer que tendría mucho que escoger ahí—, yo me lo paso genial con la gente. Yo creo que te sentirás como pez en el agua tan pronto como te aclimates al ritmo de las clases, los trabajos y los exámenes. Y si no, siempre te quedará tu juguete sexual favorito en casa. Que sepas que estaré encantada de cumplir con tus deseos —añadí, juguetona, pícara y sincera a partes iguales. Que sí, que no era su sumisa ni su prostituta personal ni ninguna de esas cosas raras, pero me gustaba el sexo. Si el chico volvía deprimido de su clase porque le había ido mal un examen, yo solita le propondría ir a la cama para olvidar ese problemilla. Y si él se me avanzaba, le cogería de las manos y me lo llevaría ahí. ¡Así de simple!
Lo eché mucho de menos. Son siete años, ¿sabes? Muchísimos, y también dejé ahí muy buenas amistades, como la tuya o la de Circe. Tengo suerte de que me cogieran como profesora en prácticas, estar algunos días en el castillo es maravilloso aunque ya no sea como estudiante y, si por mí fuera, me encantaría trabajar ahí cuando acabe la carrera. Ya sabes cuál es mi única experiencia laboral en el mundo muggle y no me siento especialmente orgullosa de ello. —Efectivamente, trabajé como stripper el verano pasado para ganar dinero y usarlo en el transcurso del año. Fue útil, sí, pero no fue lo mejor del mundo. Es decir, no me importaría sentar a Ian en el sofá y deleitarle con un baile erótico porque era mi amigo, pero hacer lo mismo con completos desconocidos era absolutamente distinto. ¡Que me gustara el sexo y todo lo relacionado con ese tema no implicaba que disfrutara trabajando de esto!

Volví a hinchar los mofletes cuando me picó. Lejos de estar molesta, volví a cruzarme de brazos tal y como hice en la anterior ocasión sin decirle nada. ¿Por qué? Porque no aguantaría la risa. Al momento en el que empezó a responder a mi súbita pregunta, le miré con los ojos entrecerrados y terminé por sonreír ampliamente. ¡Qué atento era cuando quería!
Creo que es lo más bonito que me has dicho nunca. ¿Cómo quieres que no moje mis braguitas? Ahora sí que te has ganado una súper mamada, y puede que un súper baile también. Y… no, no tengo pensado hacerme ninguno. ¿Tú me lo recomiendas? —pregunté, realmente curiosa. Él tenía muchísimo tatuajes, era como una especie de lienzo humano—. Así que tengo una carita dulce y mona. Ay, me has terminado de alegrar el día. Pues que sepas que tus tatuajes te hacen parecer más bruto en la cama, y eso me encanta —confesé. No me consideraba como una chica a la que le encanta que la elogien, ¡pero eh! ¡Encantada de recibir halagos tan cuquis como ese! Y aunque lo que le dije podía no tener mucho sentido, para mí sí. Ante mis ojos, Ian perdería bastante si no tuviera ni un mísero tatuaje, aunque tal vez era porque ya estaba acostumbrada a verle así.
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