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Pecado capital (Ian)

Invitado el Jue Mayo 19, 2016 5:40 pm

Recuerdo del primer mensaje :

¡Quedar! ¡Quedar! Pese a tener clarísimo que no era una cita ni nada mínimamente parecido, me preparé para la ocasión. ¿Cómo? Fácil, terriblemente fácil. Salí de casa con una camiseta negra de manca corta, de generoso escote, y con unos tejanos de color azul claro de esos que están algo rotos, ¡La última moda muggle! Rematé mi aspecto con unas bambas deportivas porque, sencillamente, me resultaban cómodas. Ni maquillaje ni porras, no podía pasar tanto tiempo delante del espejo preparándome. Terminaba aburrida y cansada.

Un par de días antes, recibí una lechuza de Ian invitándome a quedar. Acepté sin dudarlo, acompañando la respuesta con frases que podían comprender de muchas formas distintas. Sonriendo, me encaminé hacia un bar de Londres, el escogido para reunirnos, con una flamante sonrisa dibujada en los labios. Echaba de menos a Ian, mis tareas en Hogwarts o la universidad y que él cursara séptimo dificultaba mucho que pudiéramos reunirnos. Ni recordaba con precisión la última vez que pasamos tiempo juntos, pero deseaba enormemente refrescar la memoria tanto como me fuera posible.
Por otro lado, hacia buen tiempo. ¡Sorprende en Londres! Brillaba el sol en el cielo, sólo mancillado por unas endebles nubes blancas en el horizonte, que no suponían amenaza alguna. Soplaba un poco de aire fresco, agradable y suave, y no había previsión de lluvia para los próximos días. ¡Fantástico!

Llegué un poco antes que él. Durante la espera, me apoyé en la pared más cercana tarareando alegremente una cancioncilla que acudió al rescate de amenizar los minutos que él pudiera tardar en hacer acto de presencia. Tan pronto como su figura apareció en mi campo visual, sonreí. Y cuando estuvo cerca, le eché los brazos al cuello y, dicho de una vulgar pero no menos descriptiva, le di un beso de campeonato que dejaba entrever, sin dificultad alguna, que lo echaba bastante de menos.
Pensé que te habías olvidado de mí —le dije, coqueta, en un sutil ronroneo. Adoptando una expresión más jovial, me di la vuelta con brío y le indique con el dedo índice que me siguiera adentro. Tomé asiento en la primera mesa que vi, un poco más alejada que las otras. Ya sentada, apoyé los codos en la mesa y me incliné mínimamente hacia delante, con algo de sutileza, ofreciéndole una buena imagen de mis pechos. Existía una tensión sexual enorme entre él y yo, y era todo un arte la forma en la que buscábamos demostrarnos mutuamente el deseo de dejarlo bien claro. Incluso cayendo en formas poco bonitas para expresarlo, como decirnos abiertamente qué teníamos en mente para el otro.

¿Tenías esa barbita cuando nos vimos la otra vez? Me pone —susurré en voz baja, mordiéndome el labio inferior al terminar la frase. Di un par de golpecitos alegres con los nudillos sobre la mesa y me reí flojito. Su mera presencia tergiversaba por completo mis pensamientos y los tornaba en unos muy diferentes, todos ellos subidos de tono.
¿Qué tal te va séptimo? No me digas que vas a suspender los exámenes, no soportaría que te perdieras otro año ahí. ¿Y Circe? Cuida de ella, me tiene preocupada. Yo tengo tantas cosas que contarte… ¿Sabías que estoy como profesora de prácticas en Hogwarts? De herbología. Quería pasar a saludarte algún día, pero me parece que no hemos coincidido. Y yo tengo mucha faena en el despacho. Y vivo sola en un piso de alquiler cerca de la universidad, deberías pasarte algún día. ¿Qué traes de nuevo? Soy toda oídos —dije finalmente, invitándole a contar sus múltiples aventuras en el colegio. A saber con qué iba a salir. Aún con los codos apoyados en la mesita, sonreí de medio lado. Me alegraba no abandonar viejas amistades.


Última edición por Kyrie E. Hardaway el Vie Mayo 20, 2016 9:20 pm, editado 1 vez
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Ian Howells el Dom Jul 10, 2016 9:39 pm

Jejeje… Ian no había perdido las posibilidades de esa super mamada y él lo sabía, pero oírselo decir a Kyrie con tanta seguridad y seriedad fue todavía más gratificante. Se encargaría de aguantar lo suficiente para darle a su amiga lo que quería, de eso no cabía duda. Pero por el momento necesitaba serenarse y tener una conversación normal con ella, que si no luego le liaba y perdía la hora para ir a tatuarse y no era plan. Debía de apartar de su mente esos sucios pensamientos que si bien podían parecer fantasías, en unas horas serían realidad.

A Ian no le daba miedo ir a la universidad, sino que más bien estaba deseoso. Sabía que encajaría porque él era el puto amo y encajaría en cualquier lugar. Además, si había medio triunfado con las chicas de Hogwarts, no le quedaba ninguna duda de que en la universidad también lo haría. Y si por algún casual no lo hacía, siempre estaría Kyrie. Esa diosa sexual que tiene como amiga. No es que sea un segundo plato, que puede parecerlo dicho así, pero los dos eran conscientes de que lo que había entre ambos era por pura diversión y que a ambos les encantaba experimentar cosas nuevas con gente nueva. Lo mejor de todo es que lo tenían claro.-Si al final lo mejor de ir a la universidad va a ser volver a casa.-Dijo sonriente mientras bebía de su cerveza. Kyrie entonces le dijo que le gustaría trabajar en Hogwarts, relacionándolo con la única experiencia que había tenido y que Ian sabía.-Pues deberías estarlo.-Dijo más serio que de costumbre.-Bailas de una manera que a más de uno le daría un infarto al verte. Y se te da bien. Quizás no es la mejor profesión del mundo, pero es una y no todo el mundo puede ejercerla. He visto a chicas que tienen menos feminidad y se mueven más cutre que yo. Y eso que yo sólo sé mover el culito un poco.-Afirmó con seguridad.-Pero trabajar en Hogwarts sin duda te vendrá mucho mejor, además de que será más divertido. Eso sí, déjame aconsejarte una cosa.-Sonrió de medio lado.-No le digas que sí nunca a ningún Slytherin chulo que quiera acostarse contigo, aunque él te prometa que va a estar calladito. ¡Es mentira!-Lo sabía por experiencia propia. Soltó una divertida carcajada.

¿Eso era lo más bonito que le había dicho nunca? Joder, Ian, háztelo mirar. A saber qué jodidas burradas le había soltado, porque si ESO era lo más bonito que le había dicho… Ian alzó las cejas sorprendido y orgulloso de sus propias palabras que, para ser sinceros, ya ni se acordaba de lo que había dicho.-Pues depende…-Se apoyó atrás de la silla.-Si te gustan sí, si no te gustan no. Si tienes algo que te gustaría plasmar en tu cuerpo para toda tu vida sí, si no no.-Sonrió ampliamente ante sus comentarios que no ayudaban a nada.-Hay que pensárselo bien, sobre todo para el primero. Porque una vez te hagas uno, vas a querer hacerte más, te advierto de antemano.-Le aseguró totalmente convencido.-La tinta es adictiva.-Alzó ambas cejas, sintiéndose entonces un poco ofendido.-¿Me hacen PARECER un bruto en la cama? ¿Acaso no soy lo suficientemente bruto para ti? Si quieres luego saco toda mi parte salvaje para demostrarte cuál bruto puedo llegar a ser.-Sonrió de medio lado.-Pero sí, los tatuajes me hacen parecer más malote y más machote. Ya que me he terminado esta manga de la mano derecha pretendo ahora continuar con la izquierda. Pero no quiero tatuarme en el pecho. Mi torso es lo suficientemente sexy sin tatuajes, ¿verdad? Sería romper mi sensualidad, como tú si te lo haces…-Miró perspicazmente hacia abajo.-Ahí abajo.
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Invitado el Vie Jul 15, 2016 3:47 am

Que Ian llegara a considerar siquiera por unos segundos que lo mejor de la universidad iba a ser volver a casa me llenó de orgullo y satisfacción, e incluso me hizo un pequeño nudo en el estómago. No, no fue por amor ni nada por el estilo, sino por el mero hecho de lo que terminaba de decir. Lo entendí como un gran cumplido, si bien sabía perfectamente a qué se refería, pero a mí me encantó. Bebí de mi Coca-Cola buscando así evitar contestarle directamente, pues me había dejado descolocada. ¡Me encantaban los piropos, ya fueran camuflados o no! Sin embargó, alcé la vista y parpadeé curiosa cuando dijo que debería estar orgullosa de mi corta experiencia laboral.
Vaya… ¿En… en serio? —pregunté sorprendida. Nunca sentí especial interés por el baile erótico, mucho menos por practicarlo ante desconocidos. Las palabras de Ian no hicieron que de repente sí sintiera ganas de hacer eso, sino que me hicieron sentir un poquito mejor—. ¿De verdad crees que se me da bien? —Ian podía decirlo. A él le había hecho bastantes, porque deleitarle me encantaba—. ¡Ay, qué bonito! Podría plantearme volver este verano y ganar algo de dinero. Nunca viene mal… —me dije, pensándolo detenidamente por unos momentos. La idea no me gustaba, por supuesto, pero así ayudaría a mis padres a no tener que pagármelo casi todo—. ¿Quieres que te haga el mejor baile que has visto en tu vida antes de mi súper mamada? O después… —Dejé caer, llena de ilusión y mirándole con carita de pena, sólo por las risas.

Asentí con la cabeza cuando dijo que Hogwarts era una opción bastante mejor, pero arrugué la frente ante su sugerencia. Abrí los labios como si quisiera preguntarle qué había hecho, ya que lo conocía demasiado bien como para saber que en sus palabras había una verdad oculta.
¿Qué has hecho? —pregunté entre risas, divertida. No me enfadé en absoluto, sino que empecé a reírme bajito y entre dientes, procurando no molestar ni llamar la atención de nadie. Práctica hablábamos en susurros, porque decirle en voz alta en mitad de un bar si quería un baile erótico al volver a casa era algo que, por obvias razones, podría definirse como poco discreto.

Volviendo al tema de los tatuajes, apoyé los brazos en la mesa y le escuché con interés. ¿Tenía algo que quisiera plasmar en mi cuerpo y que durara toda mi vida? No, realmente no. Podría tatuarme algo erótico y sensual, que quedaría muy bien durante toda mi juventud, pero realmente no deseaba hacerlo. Es decir, jamás me lo había planteado y no sonaba tan descabellado, que sólo se vive una vez, pero no tenía ni una mísera idea.
No me disgustan, pero no he pensado en nada. Se me acaba de ocurrir ahora preguntártelo —dije sinceramente, aguantándome la risa ante sus siguientes palabras—. Saca toda su actitud de bruto. Sigo mojando mi tanga esperando ese momento. —Me relamí los labios, juguetona, recordándole qué ocurriría más adelante.
¿Por la izquierda? Te quedarán bien, y tu torso es muy muy sexy. Se te marcan los músculos y eso me encanta, un tatuaje sería como… —Abrí la boca varias veces, buscando la palabra correcta. No lo logré—. No sé, pero rompería tu sensualidad. Ya me entiendes —zanjé, riéndome entre dientes—. Por suerte para ti, no me tatuaré nada. Seguiré siendo tan sensual como ahora. ¿Cuándo tienes que ir a tatuarte? —Le sonreí en la primera parte de la frase de forma sincera, demostrándole que nunca habría tinta en mi piel. En la segunda le miré con curiosidad, porque llevábamos bastante tiempo hablando de sexo y cosas eróticas y no quería retrasarle por mi culpa.
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Ian Howells el Vie Jul 22, 2016 1:10 pm

Es que estaba claro que a Kyrie se le daba bien bailar, no hacía falta más que verla bailar para darse cuenta de que bailaba de infarto. E Ian, precisamente Ian, era un hombre que había recibido varios bailes por parte de la chica, así que lo sabía de buena mano. ¿Sabéis esa sensualidad que poseen las mujeres que con cualquier movimiento parece tremendamente sexy? Bueno, pues Kyrie tenía exceso de esa sensualidad sin duda alguna.-Claro tía.-Dijo totalmente convencido.-Si te gusta bailar y no tienes nada mejor que hacer, es un trabajo como otro cualquiera. No te trabes por el “qué dirán”, es una tontería.-Dijo antes de beber un poco más de su cerveza, sonriendo entonces por el ofrecimiento de su amiga.-¿Y por qué no uno antes y otro después? Ya sabes que con un baile ya yo me pongo contento.-Él y su pequeño se ponían contento siempre que Kyrie le hacía algo antes del encuentro sexual, estaba claro.

“Qué no había hecho” era la pregunta adecuada para hacérsela a Ian. Entre que se había motivado con irse de Hogwarts habiéndose tirado a alguna profesora, la pobre Astrid y la pobre Elia deben de sentirse más acosadas que nunca.-Pues eso. Lo de Astrid. Tía, te lo conté antes. Deja de pensar en sexo y céntrate en nuestra conversación. Ya sé que quieres romperme la camiseta y que te empotre con la pared, pero ahora estamos manteniendo una conversación, ¿eh? Parece mentira que sea yo el que diga esto.-Soltó una divertida carcajada.

Ian le había prometido a la profesora que no diría nada que pudiera poner en peligro su trabajo y lo cierto es que sólo se lo había contado a Circe y Kyrie y confiaba plenamente en ambas, así que Astrid, no te preocupes, estás a salvo.

Ian era guapo y él lo sabía (ego baja, que Ian sube) y sabía perfectamente qué le quedaba bien y qué le quedaba mal, por esa misma razón tenía claro que no quería tatuarse nada en el torso, sólo en las mangas. Estaba sopesando la idea de tatuarse las piernas pero tampoco le terminaba de convencer, así que por ahora sólo se terminaría sus brazos. Miró su reloj cuando Kyrie le preguntó que a qué hora se tenía que ir a tatuar y, madre mía, el tiempo se había pasado volando. Se dio cuenta que ya no tenía bebida en la jarra y se encogió de hombros.-Te invito a eso, voy a pagar.-Dijo tranquilamente mientras se levantaba y se sacaba la cartera de su bolsillo trasero.

Se dirigió a la barra y le pagó a la señorita camarera, añadiendo un guiño y una mirada suspicaz al pago pertinente. La camarera no se lo devolvió, pero sí que sonrió algo tímida. Luego volvió a donde estaba su amiga, pasó su brazo alrededor de sus hombros y salió con ella a la calle.-Aún queda media hora para mi hora, pero entre lo que llegamos y eso… Quizás incluso me atienda antes. ¿Alguna vez has visto cómo se hace un tatuaje? Verás mi cara de sufrimiento cuando aquella diminuta aguja se me esté clavando miles de veces en mi piel para impregnarme la tinta.-Sonrió.

[Diez minutos después]

Ian empujó la puerta de la tienda y…-Joder tío, siempre me confundo. ¡Tres mil millones de años de evolución humana y yo no soy capaz de aprender que esta jodida puerta se tira para abrirse y no se empuja!-Dijo cabreado pero divertido. Tiró de la puerta y le hizo un movimiento a Kyrie para que pasara al interior primero. Una vez dentro, el tatuador saludó.

-¡Ian! Justo a tiempo.-Miró a Kyrie de arriba abajo con una mirada terriblemente interesada.-Vaya, ¿es tu novia?-Lo preguntó para saber si se la podía ligar, simplemente. Como si no se conocieran lo suficiente…

-No, es mi amiga. ¿Recógete la baba, no, tío?-Contestó.

-Genial.-Dijo sonriente, dándole un codazo a Ian como reprimenda.-Hola, yo me llamo Harry.-Se presentó a Kyrie. Era un hombre moreno, musculoso y tremendamente jovial, además de un mujeriego. Iba totalmente tatuado a excepción de la cara, pero incluso por el cuello tenía montón de tatuajes que podían verse pues su camiseta no los tapaba.  Ian se encogió de hombros y se metió con toda la confianza detrás del mostrador mientras ellos hablaban, para buscar la plantilla del tatuaje que iba a hacerse y ver si estaba todo perfecto.
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Invitado el Miér Jul 27, 2016 6:41 pm

Fuera sobre el aspecto que fuera, recibir elogios me gustaba. ¿A quién no? Los ánimos de Ian no serían el factor clave que me ayudaría a decidir si trabajar de nuevo o no en el mismo lugar que el año pasado, pero sí me ayudarían a no sentirme como una simple atracción visual para los clientes, ni tampoco a creer que estaba haciendo lo incorrecto. Mi modo de revelarle que me había ayudado ni animado fue sonreír de medio lado de forma comprensiva, entendiendo su punto de vista y opinión. Su propuesta me cogió con la guardia baja, pero me reí entre dientes y aparté unos mechones de mi pelo para verle mejor.
Vale, uno antes y otro después —le dije, animada. A él le encantaban mis bailes y yo disfrutaba mucho dándoselos, por lo que no me sentó mal en absoluto. Al contrario, tuve más ganas de que llegara la tarde.

Parpadeé levemente incrédula y ladeé la cabeza. ¿Astrid? ¿Qué pasaba con ella? ¡Ah, es verdad! ¡Se la tiró! Hinché los mofletes y le apunté con mi dedo índice en señal de protesta.
¡Eres tú quien me hace pensar en sexo! —dije quejándome entre dientes, ya que no buscaba llamar la atención de todos los que se encontraban en el bar. Seguramente ya lo habíamos hecho—. Te tengo ganas, estoy cachonda, quiero comértela y estoy pensando en qué bailes haré. ¡No puedo evitarlo! —Aunque fue una forma extraña y peculiar de argumentar mi despista, en realidad le dije lo que me ocurrió. ¿Qué? ¡No era mi culpa que hubiera tanta tensión sexual entre él y yo! ¿O sí?

No quería que Ian, en un alarde de caballerosidad que no le sentaba nada bien, pagara mi consumición junto con la suya. Metí la mano en el bolsillo buscando mi cartera, pero él ya se avanzó a mis intenciones y fue a pagar. Abrí la boca con la clara intención de decirle que no era necesario, pero terminé suspirando y negando con la cabeza. A la próxima le invitaría yo, a no ser que en casa le diera un regalito extra por ser tan galante. Sí, haría eso último.

Le sonreí de forma adorable, como siempre, cuando pasó un brazo alrededor de mis hombros y salimos del bar. Mi respuesta fue casi inmediata.
No, nunca. —Le miré con una ceja alzada, aún con esa sonrisita centelleante en mis labios—. ¿Tanto duele? —Era una completa ingenua e ignorante sobre el tema de los tatuajes. No tenía ni la más remota idea de cómo se hacían con exactitud, ni de si dolía o si se podían infectar o qué consecuencias tenía la tinta. Lo desconocía por completo, y no me importaba lo más mínimo. Ni tenía en mente hacerme uno ni trabajar como tatuadora, pero no creí que fueran tan dolorosos. ¿O acaso Ian era masoquista? Me encogí de hombros ante mi razonamiento y le acompañé hasta la tienda.

Me llevé una mano a la cabeza y rodé los ojos cuando Ian demostró que siempre sería uno de los hombres más despistados del planeta.
Payasito adorable —dije divertida al pasar por delante de él. Ya dentro, mis ojos se clavaron con curiosidad sobre el tatuador. Primero porque di por hecho que sería una chica, pues hablábamos de Ian. Segundo porque estaba bueno. Morenito, fuerte y tatuado. Si a eso le sumábamos la mirada tan expresiva que me echó y que yo pedía a gritos un buen revolcón por culpa de Ian, la que le ofrecí yo de vuelta fue muy similar a la suya. No obstante, una risita jovial volvió a salir de mis labios cuando preguntó si éramos novios. El propio Ian lo negó antes de que pudiera aclararlo.

Harry, bonito nombre. Yo me llamo Kyrie —respondí al chico, mordiéndome el labio inferior de forma sugerente. Mi tono de voz también lo dejó todo muy clarito. No pude evitarlo, y me dio igual que Ian se diera cuenta. No éramos pareja y los dos sabíamos que nuestra vida sexual no se limitaba a una persona. Seguí con la mirada a Ian, que se perdió detrás del mostrador. Se la devolví a Harry. Su nombre le iría bien al personaje de algún libro. ¿Qué se va a tatuar? No ha querido decírmelo —pregunté luego para crear un poco de conversación. No me molestaba que me mirara descaradamente los pechos, si bien me dio la vaga impresión de que lo pillé con las manos en la masa, pero tampoco quería comportarme como una zorra de tres al cuarto. Me daba corte, por extraño que pudiera sonar.
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Ian Howells el Miér Ago 03, 2016 12:38 am

Los tatuajes dolían, sí, pero todo dependía del umbral de dolor de las personas. A Ian, por ejemplo, no le dolían demasiado, solo cuando el tatuaje daba directamente a algún hueso, que eso sí dolía bastante más. Ian se encogió de hombros.-No realmente, todo depende de tu umbral de dolor. ¿Cómo te consideras? ¿Resistente al dolor, o una debilucha?-Preguntó, sin ánimo de considerarla débil ni nada por el estilo.-De todas maneras si no quieres tatuarte, no deberías ni preocuparte. Aunque más o menos para que te hagas una idea, mi hermana, que tiene uno pequeñito en la muñeca, siempre dice que a ella sufre más quitándose las cejas que con el tatuaje.-Dijo divertido, recordando a su hermana, con las cejas rojísimas, quejándose por el dolor que sentía al quitárselas.

Después de unos diez minutos entraron a la tienda de tatuajes. El gran amigo de Ian, ese tal Harry que siempre le había tatuado, pasó de él para centrarse en el bellezón que había llevado a su estudio y es que Kyrie no era precisamente una mujer que pudiera pasar fácilmente desapercibida. Que a Ian le daba igual que follasen, pero se sentía apartado si ambos se ponían a coquetear con él de por medio cuando él había ido a hacerse el tatuaje, ¿sabes? Mientras Ian buscaba detrás del mostrador su plantilla, ellos hablaron.

-Kyrie. ¿De dónde viene ese nombre?-Preguntó curioso, ya que era la primera vez que lo escuchaba.-Se va a tatuar en el antebrazo un tatuaje un poco old school, que es mi especialidad. Bueno, mi especialidad y lo que a él le gusta, todos los que tiene son de ese estilo.-Sonrió, haciéndose el entendido en el tema pero no queriendo hablar mucho de Ian.-¿Y tú? ¿Tienes algún tatuaje? Son todo un vicio, desde que te hagas el primero no vas a querer parar. Es como una droga que todo el mundo te anima a empezar a tomar. Menos los padres, claro.-Dijo afablemente el chico.

-¡Eh!-Dijo Ian.-¿Qué pasa aquí? ¡Aquí el que se va a tatuar soy yo! Harry, vamos, para adentro. Corre, corre. Kyrie, tápate el escote que me desconcentras a mi tatuador y me hace una puta bazofia. Aquí seriedad, ¿eh?-Ian se puso serio, aunque se le notaba en el rostro que estaba a punto de soltar una risa. ¿Ian tomándose las cosas en serio? Por favor… Pero no quería que le saliera mal el tatuaje porque su tatuador estuviera mirándole el sugerente escote a su amiga, además de que como un tatuaje le saliera mal y se arrepintiera, su madre se lo iba a echar en cara toda su vida.

Entonces Harry le hizo caso y entró al interior del estudio para empezar a prepararlo todo, por lo que Ian se quedó a solas con Kyrie.-Controla tu sensualidad, mujer, que me despistas al profesional.-Sonrió de medio lado.-Y ya sabes que me pongo celoso si te pones a coquetear con otro cuando me has prometido un baile y una buena mamada.-Esta vez rió, ya que Kyrie sabría perfectamente que eso era una mentirijilla, ya que Ian no se iba a poner celoso ni aunque Kyrie le comiera la boca al tatuador, aunque fuera un poco de mal gusto por dejar a Ian de aguantavelas.-¿Vamos? Entra con nosotros para que veas el proceso.-Le animó Ian, dejando que pasara primero. Aprovechó entonces para darle una nalgada en el trasero cuando pasó de largo, siguiendo detrás de ella hacia dentro.

Una vez entro, Ian le señaló a Kyrie donde sentarse, justo al lado de la camilla y en frente de Harry y le enseñó a su amiga lo que se iba a tatuar en una plantilla.-Me voy a tatuar esto. ¿Te mola?-Le preguntó contento, sentándose en la cama para darle el brazo a Harry. Harry comenzó a limpiar la zona.
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Invitado el Vie Ago 19, 2016 3:46 pm

Ladeé la cabeza, curiosa y sorprendida, ¿Ian hablando de forma técnica sobre los tatuajes? ¡Se notaba que le encantaban! No obstante, no supe qué responderle. Es decir, no me consideraba una chica floja que rompe a llorar de dolor cuando se da un golpe en el dedo pequeño del pie contra un mueble cualquiera, más bien pensé que mi resistencia al dolor podría considerarse la normal. Por ello, simplemente me encogí de hombros mostrándole que no le sabía contestar.
¿En serio? —Eso lo dije luego, entre afables risitas, en referencia al ejemplo que Ian empleó con su hermana de protagonista. No supe si alegrarme de no tener en mente tatuarme, o si sentirme mal por eso mismo.

Ya en la tienda, charlando alegremente con ese chico tan simpático cuyo nombre me recordaba vagamente a cierta persona, sonreí de medio lado. No oculté que su pregunta me pilló con la guardia baja, ya que no esperé que preguntara por el origen de mi nombre.
—No lo sé —contesté entre risas suaves. ¿Qué? ¿Acaso todo el mundo sabe de dónde viene su nombre? Tal vez de pequeña sí pregunté a mis padres por qué me pusieron este nombre, pero ya no me acordaba—. Ah, ¿sí? —Mi tono de voz dejó claro que sí sentía curiosidad por el tatuaje. No, no pude imaginarme un tatuaje old school porque no tenía ni la más remota idea de cómo eran. Cuando aclaró que el resto de los tatuajes de Ian eran de ese estilo todo fue significativamente más fácil. Luego, sonreí pícara e hice la pregunta más obvia dada la situación.
Estaba pensando en hacerme uno en el bajo vientre, pero aún no lo tengo claro. ¿Tú qué opinas, experto? —No, no se lo dije de forma lasciva. Se lo dije al estilo Kyrie, lo que quería decir que definir mi voz como “provocativa” era quedarse muy corto. Si a eso le sumamos el efecto Harry, cualquier sinónimo de la palabra anterior sería un insulto para semejante declaración de intenciones y puterío. Por otro lado, volví a sentir curiosidad. ¿Tendría una opinión diferente a la de Ian o no?

Ante la llegada y la bronca de Ian, me reí y levanté las manos fingiendo absoluta inocencia. Y sí, sí me tapé el escote. Un poquito. Casi nada. Cuando nos quedamos a solas y él bromeó sonriéndome de medio lado y diciéndome que me controlara, hinché los mofletes a modo de protesta y apunté en la dirección donde el tatuador se había ido.
¿¡Pero tú has visto lo bueno que está?! —Se lo dije en un susurro, y dando por sentado que su gusto para con los hombres era calcado al mío—. Y llevo cachonda toda la tarde por tu culpa. —Yo también le sonreí de medio lado, bromeando como él a pesar de decir una verdad como un templo. Lo que sí hice fue chistar y poner mi dedo índice sobre sus labios.
Te he prometido dos bailes y una súper mamada —especifiqué, concretando al máximo. La diferencia puede parecer mínima, incluso inexistente, pero en un futuro muy cercano Ian tendría muy claro la diferencia entre una mamada buena y una hecha con las ganas acumuladas a lo largo de todo medio día.

Asentí grácilmente con la cabeza antes de ponerme delante de él para entrar primera en la sala de operaciones. Huelga decir que di un pequeño respingón ante su nalgada, a la cual contesté agarrándole el paquete sin cortarme ni un pelo. Un agarrón en toda regla. Por supuesto, procuré que el señor tatuador no se diera cuenta para no dejar al pobre Ian en una situación incómoda. ¿A mí? A mí me daba totalmente igual.
Sentada al lado de la mesa donde Ian perdería como mínimo un brazo y como máximo la vida entera, ojeé el dibujo que me entregó en una plantilla. Leí en voz alta las palabras que contenía el tatuaje y luego le miré a él, imaginándomelo ya con la tinta. Me gustaban más los tatuajes negros de toda la vida, pero le sonreí. No le quedaría mal.
Me gusta, a ver cómo te sienta. —No mentí. Me gustaba ese, sí. ¿Prefería otros? Sí. En silencio, miré atentamente cómo Harry limpiaba la zona donde haría el tatuaje—. ¿Os conocéis desde hace mucho? —pregunté, intrigada y jovial a partes iguales. Lo más lógico sería pensar que Ian le conoció cuando se hizo el primer tatuaje. Pero yo sabía cómo era Ian, y no me sorprendería en absoluto que esos dos hubieran congeniado durante un festival o una noche en la discoteca. O que Harry hubiera sido su camello en el pasado. Todo era posible viniendo de Ian, incluso que durmiera abrazado a un peluche de Pikachu. No descartéis nada.

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Ian Howells el Jue Ago 25, 2016 2:12 am

Evidentemente, como Harry no se había tirado a Kyrie, iba a tener una opinión muy diferente de lo del tatuaje en el bajo vientre. Ian había besado esa parte de Kyrie muchas veces atrás y se había dado cuenta de lo jodidamente sensual y atractiva que era, tanto que un tatuaje hasta lo empeoraría. Harry, tan metido en su oficio, diría que le quedaría estupendamente.

-Creo que es el lugar idóneo para que una belleza como tú se tatue.-Dijo Harry, convencidísimo. Ian puso los ojos en blanco.-Ahí no duele para un primer tatuaje, además de que te quedaría muy sexy. Aunque eso ya lo digo como gusto personal.-Entonces Harry miró a Ian y señaló el interior.-Bueno voy a ir preparando las cosas.

Ian y Kyrie entonces se volvieron a quedar solos, por lo que Ian se acercó a ella para decirle lo que pensaba al respecto de que ligase con otros hombres cuando le había prometido dos bailes y una buena mamada.-Oh sí, buenísimo.-Abrió los ojos en señal de: “¿Por qué me haces esa pregunta a mí?”-Yo estoy más bueno que él, admítelo. Tengo más… sex appeal, ¿sabes? Soy más guapo.-Dijo, intentanto autoconvencerse a sí mismo. Entonces dejó pasar a Kyrie la primera para darle una nalgada y luego sentir como su mano se aferraba a su paquete. Que mala… Ian pensó en viejas verdes y en brocoli para que su pene no se pusiera feliz pensando que iba a tener sexo ahora mismo. No. Primero venía el tatuaje y luego el sexo, pene relájate.

Una vez Ian estuvo sentado con el brazo en la camilla y Harry se acercó con todo lo necesario, Kyrie, sentada a un lado, preguntó qué hacía cuánto que se conocían. Fue Ian el primero en hablar.-Desde mi primer tatuaje y eso más o menos fue… cuando cumplí los dieciséis. Así que hace casi tres años, más o menos. Siempre he venido aquí a tatuarme, Harry a veces es un poco capullo, pero dibuja que te cagas.-Se metió un poco con su amigo.

-Ian a veces es un poco gilipollas, pero paga que da gusto.-Bromeó entonces Harry. Ian se encogió de hombros.

Luego, durante todo el proceso, todos guardaron silencio la gran parte del tiempo. Ian miraba constantemente como la aguja entraba y salía constantemente de su piel, dejando la marca de color sobre ella para el resto de su vida. Tardó alrededor de una hora el tatuaje completo, ya que era con color y había que cambiar de aguja y de tinta, por eso tanto tiempo. Una vez terminó, el estruendoso sonido de la aguja paró y Harry sonrió, orgulloso por tu trabajo. Pasó un pañuelo por encima del tatuaje para quitar la tinta sobrante y se vio el tatuaje perfectamente en el brazo de Ian, rodeado de una pequeña marca roja por el constante trabajo en esa zona de piel.

-¿Te mola?-Preguntó Harry.

-No, bórramelo.-Bromeó Ian, dándole un golpe en el hombro.

Entonces Harry limpió el tatuaje y lo rodeó de papel transparente para que así sudara y los restos de tinta salieran hacia fuera para limpiarlo cuando Ian llegase a casa.

-Esperad fuera mientras recojo y te cobro.-Dijo Harry a Ian.

Ian y Kyrie obedecieron y salieron al exterior, justo en donde estaba el mostrador en donde antes Ian había estado ojeando las cosas. Sin embargo, esta vez se pusieron por la zona de los clientes. Ian entonces se acercó a Kyrie y acarició su brazo, desde su hombro hasta su mano.-¿A tu casa ahora entonces? Mientras me tatuaba se me han ocurrido mil cosas que hacerte.-Le susurró en el oído antes de separarse al escuchar como Harry se acercaba.

Sacó de su bolsillo su cartera y de su cartera las ciento veinte libras que le había costado el tatuaje. Se lo dio a su tatuador y amigo y, tras unos varoniles golpecitos en la espalda, se despidieron. Eso sí, mientras Ian se iba caminando, Harry miró a Kyrie.

-¿Me das tu número?-Preguntó, con una carita de lo más inocente.
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