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Becoming insane {Circe}

Ian Howells el Mar Mayo 24, 2016 10:11 pm


Biblioteca - 12:32 horas - Ian Howells & Circe Masbecth

-Tío, de verdad, me siento mal por los fotones que tienen que viajar ciento cuarenta y nueve millones kilómetros desde el sol para luego rebotar en tu cara de mongolo.-Le contestó a Damon en una discusión propia de ser enmarcada en la oficina central de récord guinness a la pelea más estúpida de la historia.-¡La jodida reina no se puede mover como el jodido caballo! ¡Es una regla básica del ajedrez, retrasado! ¡ARGGG!-Dijo, tirando el ajedrez para un lado, ya que habían empezado a discutir por eso y al final se habían lanzado a la cara toda la mierda que tenían ahí retenida. Lo típico, vamos. Ian cogió la reina antes de que cayese al suelo y se la tiró a Damon en la cabeza.-Qué te den, colega.-Y se fue, indignado.

Salió de la sala común y se sintió perdido en el mundo. ¿A dónde cojones iba? Era sábado por la mañana… ¿dónde estaría Circe? Necesitaba a Circe, así podría decir mierdas de Damon si le apetecía y sentirse totalmente apoyada por su amiga. En realidad no era muy difícil saber en dónde estaría Circe. Teniendo en cuenta lo que le dijo Kyrie de que estaba todo el día en la biblioteca y que cada vez que le preguntaba a su amiga que qué había hecho le decía lo mismo, algo le decía que aquella mañana estaba empollando como buena empollona que era.

Fue hacia la biblioteca a paso acelerado, entrando en ella rápidamente y caminando como si estuviera pisando huevos. Mil “shhhh” y “gilipollas” llegaron a su oído en forma de murmullos. Ay, con lo que le gustaba a Ian llamar la atención, la gente se lo ponía tremendamente fácil… Encontró la cabellera rubia de su amiga en una de las mesas y fue directamente hacia ella, sentándose justo a su lado.-¿Qué pasa, rubia, malgastando un precioso sábado de primavera en estudiar…-Observó el libro que tenía delante durante unos segundos.-...Runas Antiguas? No me jodas, anda.-Sonrió de medio lado.

No tenía ganas de quedarse en Hogwarts un sábado, la verdad. De hecho desde que tenía la licencia de aparición tenía ganas de quemarla hasta que tuviera alguna despartición o algo.-Vamos a hacer algo.-Le animó.-Aprovechemos nuestra juventud y nuestra recién sacada licencia de aparición para hacer algo guay.-Añadió. Había estado hablando de manera susurrante, ya que tampoco quería decir a los cuatro vientos sus planes para esa tarde.-¿Qué dices? No es bueno que te vuelvas loca estudiando todo el día...-Ian sonrió. No de manera altiva, ni altanera, ni de chulillo, simplemente sonrió para intentar convencer a su amiga, hacer que dejase de estudiar tanto y, sobre todo, divertirse un rato.
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Circe A. Masbecth el Miér Mayo 25, 2016 7:36 pm

De un manotazo suave  y pulcro tiró el libro al suelo ante la mirada atónita tanto del chico que acababa de colocar sus cosas en la misma mesa que ella como las de aquellos que se encontraban en ese preciso instante en la biblioteca. - ¿Acaso no ves que la mesa está ocupada? – Preguntó inquisitivamente la rubia sin apartar sus ojos del libro que se encontraba sobre su pesa. – Pero… - Intentó argumentar el chico, pero no tuvo tiempo suficiente. - ¿Eres estúpido o no entiendes que no vas a sentarte aquí? – Pasó a la siguiente página, más pendiente de su lectura que de aquel chico que, rápidamente, cogió el libro que Circe había tirado al suelo y salió de la biblioteca a todo correr. - ¿Qué? – Preguntó en tono seco y tajante Circe a un grupo de chicas de quinto que se encontraba en una de las mesas cercanas y que ahora no dejaban de cuchichear mientras miraban en su dirección. Las chicas, asustadas, se voltearon rápidamente y siguieron a sus cosas.

Circe resopló y pasó su mano tras su oreja para apartar un corto mechón que caía sobre su rostro tapando levemente uno de sus ojos. Llevaba ya casi tres horas en la biblioteca estudiando Runas Antiguas. No porque le interesasen lo más mínimo, sino porque en un par de semanas tendría su examen final de aquella estúpida asignatura cuya utilidad era nula. Y dada que su utilidad era nula, no estaba ni matriculada en ella, pero había conseguido poder presentarse a exámenes de asignaturas que no cursaba con el fin de tener más oportunidades una vez terminase sus estudios, pues aún no sabía ni qué quería hacer con su vida tras ellos. – Buenos días a ti también Ian. Yo estoy bien, ¿Tú qué tal todo? – Preguntó irónicamente a modo de saludo cerrando el libro. Ian tenía esa especial costumbre de no preguntar nunca a los demás cómo estaban, ni de saludar siquiera. Por lo que Circe no dudó en saludarle de tal manera.

- No tienes a quién follarte un sábado por la mañana y has decidido venir a buscar a tu única amiga que no te deja tirada, ¿No? – Preguntó con aquella marcada indirecta hacia Damon. Porque Circe era una resentida de la vida y no le iba a perdonar a Damon en la vida que pasase tanto tiempo con Lluna y les dejase de lado. Era obvio. – Anda, vamos, estoy cansada de esa panda de idiotas que no deja de mirar. – Cogió los libros y los colocó en los estantes correspondientes, algo que apenas le llevó un par de minutos.

No tardaron demasiado en salir de la biblioteca, un lugar que posiblemente Ian había visitado entre dos y tres veces a lo largo de su vida y ninguna para hacer algo productivo. Bajaron hasta el hall de entrada y Circe obligó a Ian a ir hasta la Sala Común de Slytherin para dejar el resto de sus cosas y coger una chaqueta para salir hasta Hogsmeade. Una vez acabado esto, se reencontraron en el Salón de la Sala Común. - ¿Y dónde piensas llevarme? Tú me sacas de la biblioteca, tú propones un plan mejor. – Aquel año había pasado a convertir la biblioteca en su segunda casa, pues pasaba más horas allí que en la Sala Común. Pasaba de ver a Damon y pasaba de tener que hablar con la gente cuando lo único que quería hacer era tirarse en la cama y no salir de allí. Digamos que la palabra exacta era deprimida, pero había conseguido sobrellevarlo lo mejor posible. En parte gracias a la biblioteca, en parte gracias a que no quería demostrar rastro alguno de debilidad y en parte porque las pocas personas que sabían lo que más o menos le sucedía habían estado a su lado en lo máximo de lo posible. Incluido Ian, que aunque era un tanto estúpido y no había mostrado mucho interés ni apoyo hacia el tema, había estado a su lado.

Subieron por las escaleras hasta llegar nuevamente al hall y tomar, esta vez, rumbo a Hogsmeade como el resto de alumnos que optaban por pasar el fin de semana fuera. - ¿No pasas el fin de semana románticamente con la Hufflepuff ardilla? – Preguntó refiriéndose a Rhea. Sabía que no tenían ningún tipo de relación romántica, pero era divertido fingir lo contrario.

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Ian Howells el Sáb Mayo 28, 2016 4:25 am

Ian le imitó con rentintín pero de manera muda cuando su amiga le preguntó con esa voz tan irónica que cómo estaba y esas mierdas. No, Ian no solía preguntar nunca a sus amigos cómo estaba y mucho menos saludaba. ¡Pero si vivían juntos! Se le hacía tremendamente raro decirle "Hola, ¿qué tal?" a una persona con la que has desayunado por la mañana. Además, tenía un concepto diferente de amistad. Ian consideraba que si una persona está mal y quiere apoyo, debería decirlo, porque luego están las personas como Ian que bien se entregan a sus amigos pero nunca se entera de cuando están mal y claro... así no hay quién se preocupe. Menos mal que cuando Circe se deprimió era visiblemente fácil de darse cuenta.

El Slytherin sonrió ante su pulla hacia Damon.-Pues sí, me has pillado.-Sonrió. Circe le había cogido un rencor a Damon que no era ni normal, pero Ian no, sobre todo por el factor de que dormían juntos y entonces había más feeling y además más contacto. Pero vamos, entendía perfectamente a su amiga y ni de lejos iba a defender a su amigo. Él sabía que había sido un poco capullo desatendiendo a sus amistades por sacarse novia. Ian había tenido novia y jamás desatendió a sus colegas.-Estaba con él, de hecho, pero se puso de subnormal y me dio pereza seguir compartiendo el aire que respiro con su mongolismo. Ya sé que siempre has considerado que soy el tonto de los dos, pero a veces me supera.-Dijo con toda la seriedad del universo, consciente de que tenía razón por mucho que Circe le dijese que no. Damon era más listo, ok, pero a veces tenía cosas de gilipollas, tanto que superaba a Ian. La rubia habló de una "panda" que no la dejaba de mirar e Ian miró hacia allí con el ceño fruncido. Los alumnos que estaban en esa mesa bajaron rápidamente la mirada para disimular y no encontrarse con la de Howells. La serpiente sonrió.-Es que eres muy fea Circe, te miran por pena. Y claro, tu les espantas con tu carácter, es que así no vas a conseguir amigos nunca.-Se inventó sobre la marcha. Circe sabía perfectamente que Ian la consideraba de las chicas más guapas de Hogwarts, sino la que más, pero le gustaba meterse con ella.-¿Quieres que les pegue? A mi chica solo le digo fea yo, ¿eh? Venga va, les voy a pegar.-E Ian dejó a Circe recogiendo sus libros mientras se dirigía a la mesa y les pegaba una colleja a cada uno de los que estaban por su lado antes de seguir de camino a la puerta. La Señora Pince miró de manera extraña porque no se percató de lo que pasó pero Ian alzó las manos inocentemente y salió pitando.

Circe e Ian fueron juntos a la sala común para vestirse, ya que incluso él iba todavía con el uniforme. Tenía ya automatizado el hecho de despertarse y ponerse el uniforme y, total, a veces ni salía los fines de semana por lo que lo mismo era. Cuando se vistió guapete -como siempre, porque Ian es un guapete con estilazo- volvió a la sala común para reencontrarse con Circe.-No tenía nada pensado, solo quería salir del castillo un rato en buena compañía. Que hoy madrugué para estudiar. Me pegué una hora estudiando. ¡Una hora! Me va a estallar la cabeza.-Exageró divertido.-Podemos hacer lo que tú quieras. ¿Plan de tranquis en Londres? ¿Plan de tranquis en casa? ¡Oh, ya sé!-Dijo dando un pequeño salto mientras caminaban saliendo por el castillo.-¿Un billar?-Alzó ambas cejas divertido. Estaba noventa por ciento seguro de que su casa estaba libre... su madre se había ido a grabar a Sudamérica y su padre había aprovechado para ir a visitar a los abuelos.

Le molestaba -un poquito- que Circe fuera tan pesada con el tema de Rhea. Todavía no entendía por qué narices se tenían tanta tirria y por qué se obsesionaba con molestarle con el hecho de que tenían algo romántico. ¡Si hacía cosas más románticas con otras chicas que con Rhea! Ian la miró de reojo y soltó un bufido.-Pues no, lista, que eres una lista.-Dijo algo infantil, sonriendo entonces.-Ya sabes que entre Rhea y yo no hay nada romántico. Bueno, ni con Rhea ni con nadie, joder. ¿De verdad me ves con esa mujer?-Añadió algo desesperado por tener que dar detalles que él consideraba implícitos. Rhea era una buena amiga y una espléndida aprendiz sexual, pero fin.-El día que tenga en mente preparar un fin de semana romántico, créeme que serás la primera en saberlo. Espero que cuando eso pase me des tremendo golpe en la cabeza que me hagas desechar rápidamente la idea.-Agregó de manera divertida.

El camino de Hogwarts a Hogsmeade era ameno, o lo era antes cuando tenían que recorrérselo entero. Ahora, sin embargo, con traspasar la barrera mágica tenían total libertad para irse a dónde les saliese de las narices.-¿Tu veredicto? Tú ya sabes que soy más simple que un palo, me divierto en cualquier sitio y haciendo cualquier cosa. Elige lo que más te apetezca a ti. Mientras no sea ir a la biblioteca a estudiar...-Y es que Ian quería que Circe se divirtiera. Vale que quería sacar notazas para poder optar a cualquier carrera debido a su indecisión, pero después de lo que le pasó con el subnormal de adivinación y con su mejor amigo... no sé, Ian se sentía en la obligación moral de hacerla pasar un buen rato. Y si era en un bonito sábado de primavera mejor.
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Circe A. Masbecth el Sáb Mayo 28, 2016 7:09 pm

Se limitó a rodar los ojos ante la mera mención de la existencia de Damon pues, a pesar de haber mencionado indirectamente a Damon, ella no quería tener que hablar de él ni un solo segundo. Él había decidido dejarles de lado y a ella no le importaba nada en absoluto las tonterías que se trajese aquel idiota. Ya podía morirse que a ella no le importaría lo más mínimo. Ya había quedado claro tras quedar en coma y que Circe no hubiese ido ni a visitarle a San Mungo ni había siquiera preguntado por cómo estaba. ¿Por qué? Porque verdaderamente le importaba una mierda.

- Sí, será eso. – Contestó ignorando las palabras de Ian acerca de su físico y su carácter. Si era su mejor amigo, era porque a pesar de su mal carácter la soportaba. En cuanto a su físico… Tenía el suficiente ego y amor propio como para saber que aquello que acababa de decir estaba lejos de ser remotamente cierto. – Haz lo que te salga de las pelotas. – Pero aquello último ya lo había dicho en la distancia, pues Ian apenas había terminado de hablar ya se estaba encaminando rumbo a la mesa de al lado para propinar una colleja a cada uno de los allí presentes.

Circe aprovechó ese lapso de tiempo para acabar de recoger sus cosas, colocar los libros en sus correspondientes estantes y guardar sus pocas pertenencias en su mochila para ir rumbo a la Sala Común a cambiarse de ropa antes de salir. Apenas tardaron en cambiarse y encontrarse nuevamente en el salón principal para decidir qué hacer antes de salir de allí. – Una hora, madre mía. – Dijo totalmente seca, sin rasgo alguno de efusividad, pues realmente no le importaba en absoluto lo que Ian había estado haciendo a lo largo de la mañana. - ¿Y qué estudiaste? ¿Diez métodos infalibles para demostrar que eres subnormal?Parece que funcionan. – Preguntó con ironía y una sonrisa de oreja a oreja en el rostro. Dudaba que Ian hubiese estudiado realmente. De verdad que aún se seguía preguntando cómo había sido capaz de llegar a séptimo y, lo peor de todo, cómo sería capaz de graduarse en apenas unos meses.

- No me gusta el billar. – Dijo de manera seca y cortante. Porque ella era seca y cortante, por mucho que Ian fuese su amigo. – Pero un plan tranquilo en casa me parece bien, echo de menos estar en un edificio que tenga menos de doscientos años. – Añadió limitándose e encoger los hombros. No le importaba a dónde ir, pero ya que había sido él quien había decidido obligarla a salir del castillo, estaba en su mano ir a un lugar o a otro.

No podía evitar soltar comentarios fuera de lugar y hacer mención a Rhea resultaba divertido, pues era evidente que aunque entre ellos dos no había nada, ella sí que sentía cierto interés romántico hacia Ian. O al menos, eso era lo que pensaba Circe tras el Baile de Navidad. – No, creo que tienes más nivel como para salir con una ardilla. – Ian tampoco tenía un historial amoroso largo y tendido, más bien tenía una lista de encuentros sexuales dignos de estudio, pero en lo referente a sentimientos… No había nada de por medio. Y cuando había tenido parejas estas apenas le habían durado. – No te veo preparando un plan romántico con nadie, si te soy sincera. Te veo cara de eterno soltero que ira de flor en flor hasta que no se le levante. Entonces irás de flor en flor con otros métodos para que se te levante. – Añadió con una sonrisa de oreja a oreja.

Caminaron durante un rato hasta llegar a la entrada de Hogsmeade, donde el número de alumnos de Hogwarts se acrecentaba según avanzaban. Había pocos alumnos que optaran por quedarse en Hogwarts aún cuando los exámenes finales se encontraban a la vuelta de la esquina, por lo que no era raro encontrarse con la mayor parte de os alumnos del castillo en aquel pequeño pueblo. – Podemos ir a tu casa a estudiar. – Dijo por el mero hecho de molestar a Ian. – O simplemente a tirarnos en el sofá y estar lejos de este castillo. – Añadió, pues sin lugar a dudas, aquel castillo le había comenzado a resultar un lugar desagradable desde que Derek se fue de él sin dejar rastro alguno. – Te dije que tú decidías, y si no lo haces rápido, me vuelvo a la biblioteca, te lo aseguro.
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Ian Howells el Mar Mayo 31, 2016 4:09 am

Ian estaba contento por haber estudiado esa hora por la mañana. Era todo un logro que Ian se hubiese puesto a estudiar seriamente, aunque sólo hubiera conseguido estar concentrado sesenta minutos antes de fijar su interés y atención en el sugerente culo de Clarissa, cuando ésta se despertó y bajó a la sala común. Y claro… uno pierde la concentración y así no se puede.-Casi, casi.-Estaba acostumbrado a que Circe se metiera con todo lo posible de él. Que si su físico, que si su inteligencia… Y lo cierto es que le gustaba. El día que no lo hiciera, sin duda algo pasaba con Circe.-Estaba estudiando Runas Antiguas, que quiero sorprender a Elia con mis notas para que me de sexo por mi inteligencia y mi entrega en su asignatura.-Confesó con toda su sinceridad.-Pero luego apareció Clarissa y me desconcentré.-Chasqueó la lengua, echándole la culpa a la belleza morena de ojos azules de sexto.-Tengo un problema con las mujeres, tía.-Admitió finalmente con diversión.

Un plan en casa parecía una buena idea. Hacía tiempo que Ian no iba por casa, por lo que aprovecharía AHORA QUE NO ESTÁN SUS PADRES para ir. ¿Hijo modelo, dónde? Ian era todo lo contrario a eso. Además, estaría su elfa doméstica. A esa sí que tenía ganas de verla. ¿Sabéis ese vínculo abstracto y estúpido que un niño pequeño mantiene con su peluche favorito? Pues Ian tenía ese mismo vínculo desde pequeño pero con su elfa doméstica, Poppy. Y la jodida hacía una lasagna que era para flipar.

Aún no entendía porqué Circe llamaba a Rhea ardilla, de verdad. Pero bueno, era divertido ponerle motes a las personas, hacía que las conversaciones entre Ian y Circe, además de estar cifradas, fueran más divertidas.-¿De verdad, de flor en flor toda mi vida? ¡No, por favor!-Exclamó divertido. Él no tenía esa ambición rara de estar toda su vida tirándose a personas con tal de disfrutar. No, coño no. Él quería ser un cabrón hijo de puta mientras fuera joven y pudiese vivir experiencias… pero luego quería a alguna tía buena con la que poder tener churumbeles que malcriar.-Algún día quiero sentar cabeza. ¿Con treinta? ¿Con cuarenta? Eso ya es otro tema.-Rió mientras caminaban.-Pero quiero pensar que en algún momento de mi vida desaparecerá esta extraña obsesión que tengo ahora mismo de meter el pene en cualquier sitio caliente. Es tremendamente molesto sentir la terrible atracción de las mujeres sobre mí. Mi pene no lo aguanta, Circe. Es demasiado.-Se hizo el víctima, como si las mujeres tuvieran la culpa de que él fuera un capullo al que le gusta más mojar el churro que otra cosa.-Es vuestra culpa.-Dijo a punto de partirse.-Bueno tuya ya no. Ni de las feas. Ni de las gordas. Ni de esas que no se hacen el bigote y tienen más pelo que yo. Pero de las demás mujeres del universo que están buenas sí.

Pero Circe tenía razón en una cosa: Ian no iba a ser romántico nunca en su vida. Lo más romántico que había tenido era regalarle a una chica un condón por su cumpleaños y ofrecerse a sí mismo como método de uso.

Cuando estuvieron más allá de la protección mágica de Hogwarts, Ian volvió a preguntar por si Circe había cambiado de opinión, pero no fue sí. El Slytherin puso ligeramente los ojos en blanco por la impaciencia de la chica y le sujetó entonces de la mano, desapareciéndose con ella para aparecer en la gran casa de la familia Howells. Era enorme, espaciosa y poseía un estilo bastante extravagante, por una parte por el amor del padre de Ian hacia el arte abstracto y por otra parte porque su madre era una hortera de mucho cuidado. Pero aún así la casa tenía su encanto. Aunque la parte más impresionante, sin duda alguna, era la biblioteca y despacho de su padre, aunque no se solía ir mucho por ahí pues era en dónde su padre escribía (por eso de ser escritor, claro).

-¡Amo Howells!-Gritó un voz chillona y aguda.

-Soy su amo.-Dijo Ian divertido mirando a Circe mientras se daba dos golpecitos en el pecho, viendo como una elfa venía corriendo hacia ellos.

-¡No os esperaba, amo Howells! ¡Me alegro de veros!-Y le abrazó una pierna a Ian.

-Hola Poppy. ¿Recuerdas a Circe? Te he hablado de ella.-Le señaló con el pulgar y la elfa asintió, saludándola con una leve reverencia de cabeza.-Pues ha venido a probar tu exquisita lasagna de la que alardea mi madre como propia, así que ya sabes.-Dijo divertido.

-¡Me pongo manos a la obra! ¡Un placer tenerla en casa, señorita Circe! ¡No dude en llamarme si necesita algo, amo Howells!-Repitió contenta, chasqueando los dedos para desaparecerse de allí hacia la cocina.

-No sé si te lo he dicho, pero lleva a mi cargo desde que tenía dos años y me comía los mocos. Gracias a ella dejé de comérmelos.-Dijo en broma.-Y me apetecía lasagna. Te va a encantar, ya verás.-Ian se dirigió entonces al salón, tirándose en uno de los sofás a la vez que cogía a Circe por la mano y la tiraba encima de él a traición.-Abrázame con amol.-Dijo teatralmente amoroso, aunque luego se dio cuenta de un dato importante.-¿Hace cuanto que no me abrazas, amiga de mierda?-Añadió divertido, consciente de que en un momento a otro podría llevarse queriendo o sin querer un rodillazo en los huevos y una reprimenda de su amiga. Pero worth.
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Circe A. Masbecth el Mar Mayo 31, 2016 4:28 pm

Que Ian quería acostarse con todas las mujeres posibles era algo que tenía claro casi desde el día que empezaron a ser amigos. Especialmente porque ese día empezó después de haberse acostado, haciendo que, finalmente y después de años en Hogwarts, consiguiesen soportarse el uno al otro. Al fin y al cabo, había sido una cura para la enfermedad.

- Tirarte a Elia. – Repitió de forma seca. – No tienes tú el listón alto ni nada. Esa mujer es tu profesora, ¿Sabes lo que pasaría si se acuesta contigo y alguien se entera? Perdería su puesto de trabajo. – Hizo una breve pausa dibujando una leve sonrisa entre sus labios. – No te ofendas, pero un polvo contigo no es suficiente razón para perder tu empleo. Y creo que Elia sabe eso. – Añadió antes de reír.

Imaginar a Ian con cincuenta años acosando a todas las jovencitas era una opción totalmente válida. ¿Alguien sería capaz de soportarle durante el resto de su vida? Definitivamente para ello debería recurrir a un filtro de amor o algo similar, pues por muy agradable que pudiese ser como amigo, era cierto que era alguien que había que tratar en su justa medida. Mucho cansaba. - ¿Tú te escuchas cuando hablas o sólo escuchas un pitido en lugar de tus palabras? En serio, deberías pararte un día a escuchar lo que dices. O a pensar antes de decirlo. – Dijo negando con la cabeza. Ian tenía el don de expresarse claramente. Claramente y de manera muy desagradable a veces. Y aquella era una de esas veces. – En tiempo de guerra cualquier agujero es trinchera. Tú eres el claro ejemplo de ello. – Rodó los ojos. Por mucho que dijese, Ian no tenía ningún listón.

- ¿Acaso me estás metiendo en el mismo saco que a esa gente? – Enarcó una ceja de manera molesta. – Agradezco que me hayas dejado de ver como un objeto y para ti ahora también sea una persona, pero eso… Eso es pasarse. Yo al menos digo que eres mono, aunque me atraigas tanto sexualmente hablando como un ladrillo. – Sinceridad ante todo. Era lo bueno de la relación entre Circe e Ian, que podían hablar de cualquier cosa de manera totalmente sincera y sin ningún tipo de filtro, ya que no se molestarían el uno con el otro.

Finalmente optaron por el mejor de los planes, el cual consistía en no tener ningún plan. Dicen que los mejores planes tienden a ser los improvisados, y ese fue el planteamiento que siguieron, desapareciéndose en dirección a la casa de Ian.

Lo primero que Circe vio de la casa de Ian fue un horrible cuadro de algo que parecía un elefante fusionado con una tetera en color rojo, amarillo, verde y negro. Era horrible. Pero no desentonaba en una casa con cuadros abstractos por todas partes. De ahí debería haber sacado Ian su particular forma de vestir. O más bien, por su particular forma de usar gorras en todo momento aún cuando no pegaban con el uniforme. ¿Por qué? Porque podía. Así era Ian. – Eso no estás acostumbrado a que te lo digan. – Elevó sendas cejas por el comentario con segundas que, siendo tan lerdo como era, era posible que incluso no entendiese. – No sabía que tuvieses… - Miró a la elfina aferrada al a pierna de Ian y dejó la frase a medias.

A Circe no le agradaban los Elfos Domésticos. No porque algunos llegasen a ser huraños o desarrollar un carácter apático. No, era por su aspecto físico. Era una persona bastante superficial, y tener que ver seres arrugados vestidos con harapos no le agradaba lo más mínimo. Lo primero, porque parecían abuelitas inmortales que, con los años, habían desarrollado narices picudas, orejas en punta y habían encogido más de lo normal. Y lo segundo, por su ropa. Circe tenía en alta estima la ropa de la gente. Y los elfos no vestían precisamente bien.

Una vez la elfina desapareció, Circe miró a Ian con una mueca de asco aún en sus labios. – Que… simpática. Los elfos de mis padres se dedican a farfullar a todas horas. – Lo más posible era que eso tuviese que ver con cómo les trataban en casa. O en su miedo a ser liberados por Odiseo si este volvía a visitar la casa. Aunque por suerte para ellos, gracias a estar desheredado ya no tenía ese control.

- Te cambió los mocos por lasagna. – Dijo uniendo las dos frases de Ian. – Espero que al menos el ingrediente sorpresa no sean tus mocos. – Añadió en tono seco. Pues Circe era de esas personas que hablaban siempre con un tono serio o neutral, como si por hablar contigo te estuviesen perdonando la vida.

Una vez llegaron al salón apenas tuvo tiempo para decir nada. Ni para decidir dónde se sentaría. Pues esa decisión ya la había tomado Ian por ella. El chico se tiró al sofá y, del mismo modo, agarró la mano de Circe y ambos acabaron en el sofá. – Con amol. – Repitió consiguiendo zafarse de él para sentarse como una persona civilizada en el sofá, dándole un codazo en el pecho sin darse cuenta. – Desde… - Colocó el pulgar y el índice en su mentón, como si estuviese pensando seriamente en aquella pregunta. – Hace tanto tiempo que no lo recuerdo. Desde la última vez que me contaste algo de tu vida que no fuese las ganas que tienes de tirarte a una tía. – O de preguntar cómo llegar a tirársela. O cómo se la había tirado ya recientemente. Era variable.

- Son bromas, sabes que los abrazos y yo no somos grandes amigos. – Y es que Circe no era dada al contacto físico, e incluso más últimamente, donde no quería ni acercarse a las personas aunque estas no la tocasen. – Suficiente que te soporto, no me pidas encima que sea cariñosa contigo. – Añadió algo más seria, pero realmente no estaba ni molesta ni nada similar. Apoyó la cabeza sobre las piernas de Ian y elevó sendas piernas sobre el sofá sin importarle lo más mínimo ir con zapatos en aquel momento. Miró hacia arriba buscando los ojos de Ian y habló. – ¿Qué piensas hacer el año que viene?
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Ian Howells el Miér Jun 01, 2016 2:40 pm

Las chicas con las que Ian había hablado sobre su idea de tirarse a Elia habían sido bastante optimistas y le habían apoyado a que se arriesgara. Circe, sin embargo, había sido realista y totalmente sincera. Era de esperar, ¿no? Hasta Ian sabía que a Elia no le convendría lo más mínimo arriesgar su ansiado puesto por acostarse con él que tampoco es nada de otro mundo.-Pues suerte, si pasa, nadie se enterará. Así que ella podrá conservar su puesto sin riesgo alguno.-Confesó seguro de sí mismo y de su capacidad de mantener el secreto.-Hagamos una cosa. Si pasa en algún momento de mi vida eso de que los astros se alineen y Elia diga que sí, pondremos una palabra mágica para no faltar a mi promesa con ella de contárselo a nadie. Si yo te digo en algún momento de nuestra vida: “morcadillo de bocadela”, es que he tenido sexo con Elia, ¿vale?-Ideó divertido.-Ya sabes que contigo no puedo tener secretos.-Añadió ante la cruda realidad. Ya Ian había intentado algo con Elia... pero no pensaba mostrar su derrota. Ya si algún día lo conseguía, cantaría victoria.

Ian no quería tener secretos con Circe porque le gustaba contarle todo, por lo que aparte de no querer, no podía. Y si por alguna razón Ian no quería decirle algo, ella terminaba sonsacándoselo sin mucho esfuerzo.

Y no… lo cierto es que Ian no pensaba lo que decía, por eso decía tantas gilipolleces y claro, luego ya dichas, las asumía como pensadas y meditadas. Pero si Ian tuviera filtro… probablemente diría las mismas subnormalidades.-En verdad no.-Dijo con toda su simpleza cuando Circe le preguntó eso.-¿Tú sí?-Añadió sorprendido.-Pensar antes de hablar tiene que ser muy tedioso. Y todos sabemos que quién piensa lo que dice, realmente no dice lo que piensa.-Sonrió. La gente era mucho de pensar lo que la otra persona quería oír y olvidarse de realmente lo que quería decir.

Ian pudo darse cuenta de que había ofendido (un poco) a Circe por haberla metido en el saco de las personas que ya no tenían efecto en él. Que a ver, en realidad era mentira. Circe se desnudaba y se le insinuaba y él no iba a ser el gilipollas que dijese: “tía no, respétame como amigo”. Ni de coña, vamos. Pero como sabía que eso no iba a pasar y la veía como lo que era: su mejor amiga, había dejado de verla de ese modo tan interesado.-No, mujer.-Dijo entonces ante su queja.-No te estoy metiendo en el saco de la gente fea, te estoy metiendo en le saco de la gente a la que no me quiero tirar, son cosas diferentes.-Matizó antes de continuar, haciendo una leve pausa.-Sabes que eres guapísima y que yo lo pienso. Soy el primero en decirlo, antes que incluso tú.

A Ian le sorprendió que a Circe le sorprendiera que su elfina fuera tan simpática y agradable. Sí, había ido a casa de Damon y había visto a su elfos domésticos en la decadencia de la vida, pero Poppy siempre había sido bastante guay, al igual que cada uno de los elfos que están a las órdenes de cada uno de los componentes de la familia Howells.-Siempre ha sido así. Tenemos cuatro y los cuatro son iguales. Quizás el más viejo es el más falto de energía, pero por el estilo.-Le explicó a su amiga.

Cuando llegaron al salón, el Slytherin se dejó caer en un sofá mientras sujetaba a Circe a traición para que se tirase junto a él. No le retuvo lo más mínimo cuando se zafó de él y de hecho le gustó que se quedase allí con él y apoyase su cabeza sobre su regazo. Tenía razón. Pedirle a Circe que fuera cariñosa con él era como pedirle al olmo que de peras. O pedirle a Elia que le de sexo a Ian. IMPOSIBLE. Ian pasó una de sus manos por encima del respaldo y bajó la mirada para observar a su amiga haciéndole ESA pregunta. La pregunta que más le habían hecho ese año.-Si me dieran un galeón por cada vez que me han dicho esa pregunta…-Dejó caer divertido, elevando una pierna para ponerla encima de la rodilla de la otra sin molestar en exceso a su amiga.-No lo sé, tía.-Dijo con sinceridad.-No sé qué estudiar porque no sé qué me gusta o qué se me da bien y si no estudio mi madre me deshereda.-Le explicó su frustración.-Sabe que soy un jodido desastre y que si no me meto en una universidad para mantener los estudios en mi vida me voy a descarrilar.-Sonrió cabizbajo.-Así que estoy pensando cual de todas las carreras me da menos asco o en cuál hay más mujeres.-Bromeó eso último y, aunque muchas personas pudieran pensar que lo dijo en serio, no, de verdad que estaba preocupado por su futuro. Aunque sobre todo por sus padres.-Y, quién sabe, quizás empiece mientras estoy con la carrera a hacer tatuajes, lo he estado pensando. Creo que se me daría muy bien y así gano dinero por mi cuenta mientras me saco una carrera que no me gusta. Yupi.-Celebró irónicamente.-Tú lo tienes fácil. Se te da bien todo. Puedes ser lo que quieras que te proponga.-Dijo convencidísimo, como si fuera una verdad universal.

Circe aparte de ser una estudiante diez, tenía una predisposición a conseguir lo que quisiera que era admirable. Quizás le costase, pero Ian todavía no la había visto fracasar en nada que verdaderamente le gustase. Eran exactamente lo contrario. Ella la chica responsable, capaz de llegar muy lejos y él el subnormal de turno, ese por el que nadie apostaría.-¿Ya tienes claro lo que quieres hacer o todavía no?-Hasta dónde él sabía, ella estaba casi o más perdida que él sobre su futuro.
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Circe A. Masbecth el Sáb Jun 04, 2016 11:43 am

¿Qué necesidad había de inventar una clave para contarle que se había tirado a Elia? ¿Acaso Ian pensaba que las paredes de Hogwarts tenían oídos? Evidentemente los cuadros sí los tenían, pero había zonas donde no llegaban a escuchar las conversaciones de los alumnos, sólo había quedar con los lugares indicados. – O quizá puedes dejarte de tonterías, esperar unos meses a terminar de estudiar en Hogwarts y tirártela legalmente sin tener que decir “morcadillo de bocadela” como si fuese algún tipo de clave con sentido. – Dijo Circe con toda la tranquilidad del mundo. – Y si te la tiras en lo que queda de curso, dudo que te acuerdes de esa clave tan maravillosa. – Marcó la ironía en sus últimas palabras, pues estaba claro que aquella clave se alejaba de ser maravillosa. – Vendrás corriendo, con una sonrisa que no te cabe en los labios, alardeando del último polvo que has echado. Y aunque alardeas mucho, se notará que no es un polvo cualquiera. – Añadió enarcando una ceja. Pues tirarse a un profesor no era lo mismo que tirarse a un alumno cualquiera del castillo. Era algo con más nivel. Y además, para alguien como Ian, suponía todo un reto. – Y no te metas en un lío por acoso. – Conociendo a Ian, se imaginaba que Elia lo rechazaría una y otra vez, pero él seguiría insistiendo día sí y día también hasta que consiguiese lo que quería. ¿Y qué podía querer Ian? Esa pregunta siempre se contestaba de la misma manera: sexo.

Si algo caracterizaba a Ian, esto no era la inteligencia. Circe no soportaba a las personas como Ian, pero él era una excepción. O al menos, en eso se había convertido los últimos años que habían compartido en Hogwarts porque en lo referente a los primeros… No se soportaban. No podían ni mirarse sin acabar molestos el uno con el otro. Pero las cosas habían ido cambiando con los años una vez habían hecho un alto al fuego para parar a conocerse. – No, se llama medir las palabras. Pero ninguno de los dos sabemos hacer eso, es obvio. – La gente tenía una extraña capacidad de pensar cómo decir las cosas a cada persona, pues dependiendo de cómo fuese la persona, podía tomarse las palabras de una forma o de otra. Circe e Ian carecían de esa extraña capacidad. Ellos hablaban y hablaban. Hablaban a todo el mismo igual, con la misma crudeza en sus palabras, sin andarse con tapujos.

¿Creía que Ian consideraba que era fea o poco atractiva y por eso le había hecho aquella pregunta de tal manera? No, en absoluto. Circe era una persona con un ego de un tamaño imposible de medir. Y era una persona que necesitaba que ese ego se alimentase día a día. Por lo que hacía todo lo que estaba en su mano para ser alabada por unos y por otros. Algo a lo que con el paso de los años se había ido acostumbrando. – Ya lo sé, sólo quería oírtelo decir. – Dijo con un notable tono de superioridad. – Alimenta mi ego, mortal. – Añadió con una sonrisa cargada de ego en su rostro. Vamos, su sonrisa habitual.

Una vez en la casa de Ian ambos acabaron tendidos en el sofá. O más bien, Ian quedó tendido y se llevó a Circe consigo hasta que esta también estuvo en el sofá. Circe se acomodó sobre Ian con toda la confianza del mundo y lanzó una pregunta al aire que daba para mucha conversación. Porque ninguno tenía ni la más remota idea de lo que iba a hacer. Pero teniendo en cuenta que Ian tampoco lo sabía, era un respiro para Circe. – Se te da bien acosar mujeres, ¿No te pagan por ello? – Preguntó de manera divertida antes de guardar silencio para escuchar qué era lo que tenía que decir al respecto del tema. – No creo que tu  madre te desherede por no estudiar. Ni que ir a la Universidad fuese lo único que puedes hacer con tu vida… - Dijo la rubia mirando hacia el techo por la postura en la que se encontraba. – Si te gusta alguna salida profesional, estudia algo que te lleve a ello. Pero sino… Es perder el tiempo. – Porque el dinero no era un problema para ninguno de ellos, claro. – No sé cómo va lo de los tatuajes, pero seguro que los muggles tienen cursos de formación sobre ese tema. Por muy puristas que sean tus padres… Al final te sacarías un dinero con ello. – Si lo que le gustaba a Ian era hacer tatuajes, ¿Por qué complicarse la vida? Al menos sabía lo que quería hacer, era un paso.

Colocó sendas manos sobre su regazo y, tras la pregunta de Ian, pensó. ¿Qué iba a hacer el próximo año? Tenía un par de cosas claras, pero tampoco nada del otro mundo. – Bueno, más que antes sí, pero… Tampoco del todo. – Se encogió de hombros, o al menos lo intentó, que dada su postura tampoco era misión sencilla. – Sabes que a los partidos de Quidditch vienen ojeadores de vez en cuando, ¿No? – Preguntó dando por sentado que la respuesta de Ian sería afirmativa. – Pues durante el último partido de la temporada había una ojeadora de las Arpías de Holyhead y después del partido me dijo que si el año que viene me gustaría formar parte del primer equipo. – Miró a Ian de reojo. No había pensado demasiado en el tema desde que había tenido lugar pocas semanas atrás, por lo que ni le había dado respuesta a aquella mujer. – Me dijo que me lo pensara y que este verano le diese una respuesta. – Era la primera vez que decía aquello en voz alta y que realmente lo pensaba. – Creo que le diré que sí.

Se separó de Ian para quedar sentada y se quitó las zapatillas, dejándolas en el suelo para subir sus pies al sofá y abrazarse a sus rodillas. – Pero tampoco quiero hacer solo eso con mi vida. ¿Y si me caigo de la escoba o me dan un golpe con la bludger y no puedo jugar más? No tendría nada. Así que… Iré a la Universidad aunque sea a tiempo parcial. El problema es que no sé qué hacer en la Universidad. Me gustan muchas cosas pero al mismo tiempo no me acaba de convencer ninguna. – Era totalmente cierto. Era una persona con una curiosidad insaciable por lo que siempre quería saber de infinidad de temas, pero no había ninguno que le llamase más que el resto como para especializarse en él. – Pero aún hay tiempo, ¿No? – Preguntó antes de reír. Ambos llevaban ya siete años con el “aún hay tiempo” para elegir qué estudiar.

Se quitó la chaqueta y la dejó sobre uno de los reposabrazos del sofá. – Hablando de tatuajes, no me odies por no dejarte hacerme el primero. – Se elevó ligeramente la camiseta por el costado izquierdo hasta mostrar la tira del sujetador, bajo la que podía verse una pequeña constelación a base de pequeños puntos de tinta. - ¿Te gusta?
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Ian Howells el Jue Jun 09, 2016 2:49 pm

Definitivamente era eso lo que haría Ian. Esperaría a graduarse para poder tirarse a Elia, sin duda era una mujer por la que merecía la pena esperar todo lo que hiciera falta. Es más, mejor así. Si Ian se la tirase ahora mismo, siendo su profesora, no tendría la suficiente fuerza de voluntad para prestar atención en clase o concentrarse con los exámenes. Y tenía que ponerse en serio pronto si quería sacarse los EXTASIS.-Haré eso. No tengo oportunidad mientras Elia sea mi profesora.-Y lo sabía muy bien. Ella misma se lo había dicho.-¿Acosar, yo? Por favor.-Dijo falsamente ofendido. Ian no era un acosador. Él se lanzaba y si le decían que no, paraba de insistir totalmente. Cierto que de vez en cuando soltaba algún comentario jocoso en relación con su predisposición a ofrecerle sexo pero lo que es un acosador no era.-Yo no acoso. De todas maneras no te preocupes, sé que con Elia por el momento no tengo oportunidad. Pero no es lo mismo con todas las profesoras…-Esbozó una sonrisa algo traviesa.-¿Sabes la profesora en prácticas, Astrid Sweets?-Preguntó retóricamente.-Supongo que te acuerdas también de la primera vez que apareció en clase y yo me ofrecí voluntario a tener un castigo con ella… pues bien, después de ese castigo volvió a citarme y… bueno, no todas pueden resistirse a mis encantos.-Dijo algo sobrado, totalmente convencido en que si habían tenido sexo había sido por su sex appeal de niño malo tatuado y no porque la profesora estuviera utilizándolo como entretenimiento.-Pero fue raro, ¿sabes? Luego me pasé toda la noche vomitando.-Se llevó una mano al pecho, confundido.-Más raro todo, tía.-Añadió, dándole más importancia a ese hecho tan extraño que al hecho de que se había acostado con al buenorra de Astrid.

Probablemente por eso mismo Circe e Ian se llevaban tan bien. Ninguno de los dos tenía filtro, Ian para decir gilipolleces y Circe para soltar las más dolorosas verdades directas a la cara. Podría decirse que entre ambos tenían asegurado una buena cantidad de sinceridad entre amigos. ¿Pero medir las palabras? Nadie les enseñó a ninguno de los dos a hacer eso. Probablemente por eso mismo tenían más enemigos en Hogwarts que amigos. Ian esbozó una sonrisa ante el momento egocéntrico de Circe, negando con la cabeza.

Lo que decía Circe tenía todo el sentido del mundo, pero por desgracia la madre de Ian no pensaba igual que ella. Ojalá fuese así.-Mi madre no piensa igual. Cree que para tener un provechoso futuro debo de ir a la universidad, tener una carrera y ofrecer mis conocimientos a la sociedad mágica.-Puso los ojos en blanco.-Encima mi hermana es una jodida lameculos de Ravenclaw que le da la razón y claro. ¿En dónde quedo yo, el cafre de la familia, cuando digo que no quiero estudiar?-Preguntó retóricamente, encogiéndose de hombros.-Supongo que me decantaré por los tatuajes, pero intentaré buscar una carrera que me llame aunque sea un poco, solo por mantener contenta a mi madre.-Para que luego digan que no quiere a su madre.

Ian se quedó estupefacto con lo de los ojeadores. ¡Coño! ¡Y él haciendo el gilipollas en el partido tirándole las putas bludger a Alice! ¡A LA INÚTIL DE ALICE! Pero aún así, se quedó realmente sorprendido cuando Circe le dijo que le habían ofrecido entrar a un equipo profesional cuando saliera de Hogwarts. Maldita, pero qué suerte había tenido, ¿no?-Tía, eso está que te cagas. ¡Claro, dí que sí!-Le animó sin ningún tipo de duda.-Jugar al quidditch es divertido y te gusta, ¿acaso podrían haberte dado una noticia mejor antes de acabar séptimo? Ni te lo pienses, vamos.-Añadió, visiblemente más contento él que ella.-¿Jugarás como suplente o como titular? La verdad es que de ese equipo apenas sé. No sé si han cambiado de guardián o qué ha pasado con ellas…-Ian era un fanático del quidditch, pero en realidad no para jugarlo ya que era un poco bruto y solo le gustaba dar pelotazos a la gente, pero sí que le gustaba mucho verlo y seguir a los equipos. Como los muggles con el fútbol, pues él con el quidditch. El Slytherin se apoyó en la otra parte del sofá mientras Circe le explicaba lo de la universidad, riendo divertido al final junto a ella cuando dijo que aún quedaba tiempo.-Siento ser yo quién te de la mala noticia, rubia, pero no queda tiempo ya.-Y aunque fuera una mierda, era la cruda realidad. En breve tenían que decir qué hacer con su vida y entre antes lo decidieran, mejor.-¿Qué tienes en mente?-Preguntó curioso.-Teniendo en cuenta lo zorrilla que eres y lo buena que estás, siempre te imaginé embutida en un traje super sexy en medio de algún alto cargo. Te pegaría.-Dijo convensidísimo.-Pero no sé por qué, me da la impresión de que eso es lo que menos te apetece…-Y espero su respuesta, porque de verdad que nunca la había visto con la aspiración de meterse en el ministerio, ya que eso debía de ser lo jodidamente más aburrido del universo.

Ian frunció el ceño cuando vio como Circe se quitaba la chaqueta y le subía la camiseta, para nada más y nada menos que enseñarle un tatuaje. Ian abrió la boca sorprendido y alzó ambas cejas, acercándose a ella para verlo de cerca y tocarlo. Estaba muy bien hecho y sin duda le quedaba qué te cagas.-Me parece muy fuerte, que lo sepas.-Dijo como primera premisa.-Te dejaría de hablar si no fuera porque eres la única amiga decente que me queda.-Bromeó eso último, sentándose en mitad del sillón sin dejar de observar el tatuaje.-¿Cuándo te lo hiciste ¡Ya podrías haberme avisado! ¿Y por qué una constelación?-Preguntó curioso, consciente de que todo tatuaje tenía un motivo. Algunos más profundos que otros, pero al fin y al cabo, un motivo. Como el pene que Ian tenía escondido en el brazo interior de la mano izquierda. Ese pene cuya existencia sabía muy poca gente y cuyo motivo era lo puto más triste de la historia, pero oye, era un motivo.
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Circe A. Masbecth el Sáb Jun 11, 2016 9:56 pm

Ian no era ningún tipo de acosador, tan sólo era un pesado redomado a quien no le importaba una mierda que le mandases a la mierda una y dos veces. O tres y cuatro. Incluso cinco. Entonces ahí, ya dejaría de insistir para basarse a soltar comentarios totalmente fuera de lugar para hacer referencia al sexo. Como con Clarissa, quien resultaba ser el claro ejemplo de cómo se ponía Ian cuando le daban largas para tener sexo pero no perdía la esperanza. – No, no, tú nunca acosas. Tú pasas de todas las mujeres del mundo, no las ves como seres a las que metérsela y luego ignorarlas. O volver a acostarte con ellas, según se de la cosa. – Enarcó una ceja en señal de reprimenda. Si ambos fueran capaces de hacer referencia a la primera y única vez que se acostaron, ya estaría haciendo mención a ello diciendo que con ella no había repetido porque, claramente, él no estaba a la altura. Posiblemente ambos habrían mejorado con los años pero ninguno tenía la labor de pararse a comprobarlo. - ¿Qué? – Preguntó antes de escuchar el relato de la última hazaña sexual de Ian, pues no imaginaba a ninguna profesora capaz de abrirse de piernas frente a un alumno. Y menos frente a Ian, que era más simple que el mecanismo de un chupete. - ¿La rubia teñida con tetas de silicona? – Era una semi-veela, toda mujer del mundo sentiría repulsión hacia alguien así. Y Circe no era menos.

- Estás de coña. – Dijo totalmente convencida. - ¿Pero cómo se puede ser tan puta? – No estaba molesta porque se hubiese acostado con Ian, sino porque se había acostado con un alumno. - ¿Sabes que puedes chantajearla por eso? O lo hago yo. – No iba a hacerlo, no lo necesitaba. Pero sí que podría usarlo a su favor para tenerla controlada. No le caía bien y ahora muchísimo menos. – Normal, te debió de dar alergia la cantidad de maquillaje por centímetro cuadrado que lleva. – Y eso no era porque fuese una semi-veela, sino porque verdaderamente lo pensaba. Aquella mujer tenía más maquillaje que cara.

- ¿Qué conocimientos vas a ofrecer tú a la sociedad mágica? – Rió. – Tu madre no te conoce, tú no tienes conocimientos que ofrecer a la sociedad. Como mucho clases de cómo ligar con mujeres o degradarlas hasta nivel objeto. – Dijo haciendo referencia a la peculiar manera que tenía Ian de pasar su tiempo libre junto a las mujeres. – Bueno, lo sigue pasando ella así que ya se dará cuenta algún día de la cantidad de dinero que ha malgastado en tus estudios. O quizá no y de ahí has heredado tu inteligencia. – Parpadeó de manera exagerada cual niña pequeña que afirma no haber roto un plato en su vida cuando los ha roto todos y más. – Haz algo fácil y entretenido, que no te aburra mucho y mientras haces lo de los tatuajes, para algo que sabes hacer deberías explotarlo. – Afirmo convencida de aquello. Ian era su mejor amigo, sí. Pero no por eso iba a ser menos sincera con él que con el resto. – Tipo… Algo con Criaturas Mágicas, ¿No? Eso siempre es entretenido. Mi hermano se especializó en dragones y tampoco es que tuviese que estudiar mucho. – No sabía si Apolo había tenido que esforzarse mucho con sus estudios, pero tampoco le había visto nunca como alguien a quien le apasionase pasar horas y horas entre pilas de libros.

Circe le comentó a Ian lo sucedido tras el último partido de Quidditch. Por suerte, había hecho un buen partido y a pesar de haber sido la Guardiana a la que más tantos le habían lanzado a lo largo del partido, había sido capaz de mantener los aros de Slytherin a salvo. – Sí, diré que sí. Supongo. – Se encogió de hombros. No se había parado a pensar seriamente en ello hasta que había hablado del tema. Como solía pasarle con todo en su vida. – Pagan bien y siempre me ha entretenido el Quidditch pero también quiero ir a la Universidad aunque aún no sepa que estudiar… Si puedo compaginar ambas cosas lo haré. Aunque me quede sin vida social. – A fin de cuentas era posible que eso le viniese hasta bien. O al menos en un pasado habría pensado eso, pues apenas en unos meses había empezado a encontrarse mejor con el tema de Derek. Se encontraba bien. Estaba feliz y aunque pasase bastante tiempo en la Biblioteca, no era por aislarse e intentar no pensar en él. Realmente consideraba haberlo superado. – Si te soy sincera yo tampoco sé nada. Sé que están de los primeros en la liga de Quidditch profesional pero tampoco es algo que siga mucho… Me da pereza ver los partidos de los demás. Me gusta jugar, pero no voy ni a los de Hogwarts porque me aburren, aunque habría sido útil ir a verlos para ver cómo juegan los demás… Pero bueno, ya no importa, por fin hemos ganado a Hufflepuff. – Porque perder otro año contra ellos habría sido penoso, aunque este año perder hubiese sido más vergonzoso por tratarse de una final y no de un partido más sin importancia alguna.

- Todos con lo mismo. El Ministerio de Magia. ¿En serio? ¿Me ves trabajando ahí? No te niego que un puesto de autoridad me quedaría de puta madre, pero yo en cualquier puesto tengo autoridad. Por favor, humillaría hasta a la Ministra de Magia y lo sabes. – Eso era cierto. Circe era capaz de dejar a cualquiera a la altura del betún, pues no le importaba nada ni nadie que no fuese ella misma y con los años había aprendido a utilizarlo. – Cuanto haga los exámenes y tenga mis notas, veré qué hago. Porque te juro que me va a acabar por dar un derrame cerebral de tanto pensar en qué hacer el año que viene. Ya tengo el Quidditch, más vale eso que nada. – En caso de no decidirse por una carrera, siempre podía tomarse un año de descanso y más cuando además contaba con la oportunidad de jugar mientras al Quidditch.

Cuando hablaron del tema de los tatuajes Circe recordó el que se había hecho apenas unos meses atrás y que, por unas cosas y por otras, no se lo había enseñado a Ian. Mal por su parte, sí, pero tampoco era alguien que fuese contando su vida a todo el mundo. Ni a sus mejores amigos. O en este caso, a su mejor amigo. – Damon nunca fue un amigo decente. – Inquirió con cierta molesta la rubia. – Sí, sí, ya sé que te lo podría haber dicho e ir juntos… - Rodó los ojos. Sabía que la represalia sería eso. Conocía a Ian lo suficiente como para saber aquello, además, lo había estado pensando mientras se tatuaba incluso. – Me lo hice por mi cumpleaños, regalo de los dieciocho. Y yo no te voy preguntando por el significado de tus tatuajes, eso es algo muy personal, ¿Sabes? – No, no es que fuese muy personal, es que no quería decirle:”Mira Ian, es que tengo un amigo por ahí con el que me he tatuado conjuntamente y encima no eres tú. Y para más risas, es un traidor de sangre con el que no te llevas ni para atrás”. No, no era algo muy bonito de decir.

En ese momento la puerta del salón se abrió y la pequeña elfina pasó a la máxima velocidad que sus cortas piernas le permitían cargada con un mantel que colocó sobre la mesa baja que se encontraba frente al sillón. Del armario más cercano sacó un par de platos, vasos y cubiertos que colocó frente al sillón donde Ian y Circe se encontraban aún sentados. – La comida ya está lista, amo Howells. – Dijo la elfina haciendo una reverencia y yendo a la cocina a por la comida, la cual no tardó en traer y dejar sobre la mesa. – Espero que les guste. – Y volvió a hacer una corta reverencia antes de irse de allí para dejarles con la comida.

Ambos comenzaron a comer y la cara de los dos chicos fue la misma al probar aquel plato. - ¿Pero qué puta mierda es esta? ¿Y tú llamas a esto comida, Howells? - Gritó la rubia asqueada apartando su plato del camino. Por suerte para ella y para la seguridad de la elfina, Ian no tardó en llamar para que les trajeran una pizza. Algo muggle, sí. Pero ante un problema así y con el estómago vacío, debían encontrar una solución rápida.

Circe estaba molesta. Notablemente molesta. La comida estaba mala y ahora tenía que esperar por una pizza que se estaba demorando más de la cuenta. Movió los pies de manera nerviosa, como si así el tiempo fuese a pasar más deprisa. Miró a Ian en señal de reprimenda pero estaba claro que la culpa no era del chico.

La pizza tardó algo más de media hora en llegar y mientras Ian pagaba al pizzero, Circe pasó a coger un trozo de pizza. Pero tenía aceitunas. PUTAS ACEITUNAS. ¿Quién pone esa mierda en una pizza? Y más cuando la has pedido expresamente SIN PUTAS ACEITUNAS. - Ian, dile que pase. - Dijo la rubia con voz angelical como si nada hubiese pasado.

El pizzero no sabia muy bien lo que pasaba, pero entró a la casa con total tranquilidad, como si le fuesen a invitar a comer. Iluso de él. Un expulso no verbal impactó de golpe contra la cara del hombre, que salió despedido a varios metros de distancia estrellándose con la pared. - Tenía aceitunas. - Agregó encogiéndose de hombros y mirando a Ian como si fuese una justificación válida.
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Ian Howells el Lun Jun 13, 2016 6:58 pm

¿Rubia teñida con tetas de silicona? Oye, pues sí, podría definirse así también. Aunque Ian, por experiencia real, sabía que aquellas tetas no eran de siliconas. Eran naturales, muy naturales. Y blanditas, uy si eran blanditas… Ian sonrió orgulloso cuando Circe le preguntó que si estaba de coña. ¡Y no, no estaba de coña! ¡Era muy real eso de que se había tirado a una profesora de prácticas!-No, no estoy de coña. Es muy real. Me he tirado a esa mujer.-Asintió con la cabeza contento, sonriendo divertidísimo por la reacción de Circe.-Sí, podría. Pero no me hace falta. ¿Qué más me da? La profesora de pociones no es ella y si algún día llega a serlo, no estaré en Hogwarts. Además, lo pasé bien y, como siempre alardeo, soy todo un gentleman. Yo no chantajeo.-Ni falta que le hacía y menuda pereza le daba solo pensarlo. Él era feliz solo con sexo.-Tú sí quieres sí puedes. Te doy permiso.-No necesitaba darle permiso, pero le parecía más divertido decírselo, como si tuviera voz o voto en las decisiones de su amiga.

Circe tenía toda la razón del mundo e Ian lo sabía. El Slytherin no tenía nada que ofrecer al mundo. Bueno, diversión, mucha diversión… pero nadie sobrevive a base de repartir diversión y placer al mundo.-Coño. ¿Algo con animales mágicos?-Preguntó convencido.-¿Pero esa mierda no es lo que hace Zack? Tiene pinta de ser una bazofia y romperte el cerebro. Si tiene un hipogrifo y todo. ¿Quién cojones tiene un hipogrifo como mascota?-Añadió divertido.-Pero no, eso no me llama. Y los dragones me la sudan. Bueno, todos los bichos me la sudan, la verdad. Creo que aunque no tenga la talla actualmente para optar a nada importante, optaré por meterme en algún departamento del ministerio. Y no me vengas con la jodida broma del Departamento de Limpieza. Si me vieras sujetar un cepillo te darías cuenta de que ni para eso sirvo.-Dijo divertido.-Ya veré… lo meditaré profundamente con mis padres a ver qué hago con mi vida. Lo de los tatuajes creo que irá a misa, porque para algo que me gusta…

Ahora que sabía que Circe había sido elegida para formar parte en uno de los equipos de profesionales de quidditch, Ian no podía verla de otra manera. Se la imaginaba ahí, con un uniforme chulo, rodeado de chicas sexys... y sí, sin duda era la vocación perfecta para su amiga. Así él podía conocer a todas esas chicas guapas.-Yo saco tiempo para ti, sea cuando sea.-Contestó sonriente cuando afirmó que se iba a quedar sin vida social.-Te veía antes, ahora que me has dicho lo del equipo de quidditch debo de admitir que te va ni que pintado. Eres de las mejores guardianas que tenía Hogwarts, el ojeador se pilló sin duda a la mejor.-Le guiñó un ojo.

A Ian le había dolido en su pequeño y pedregoso corazón que su mejor amiga no le hubiese dicho nada sobre su PRIMER TATUAJE cuando está claro que él es el chico de los tatuajes. Ian la miró con rintintin cuando le echó en cara lo del significado.-Pff, pero porque no quieres saberlo o porque te la suda. Dudo mucho que realmente lo haya hecho para respetar mi privacidad.-Dijo fingiendo molestia.-Pero vale, no me lo digas.-Y le puso la mano de por medio en señal de: “háblale a la mano.”

Justo en ese momento la elfina de Ian, Poppy, apareció para colocar las cosas en la mesa, diciendo que la comida estaba lista. ¿La ventaja de tener a elfos domésticos? Que lo que un humano tarda en hacer una hora, ellos lo consiguen en la mitad de tiempo. Bendita magia y arte élfico en la cocina. Ian se hizo hacia adelante, mirando con algo de desconfianza a esa lasagna, ya que tenía un color extraño. O por lo menos mucho más verde de lo que solía ser. O por lo menos como él la recordaba. La probó y… bueno, sin duda ese color verde no parecía ser muy natural. La queja de Circe fue la primera en resonar, justo antes de que Ian dejase caer el bolo de comida de su boca sobre el plato. Todo muy agradable a la vista.-Joder, mi elfina se ha vuelto una inútil. ¿Qué cojones es esto?-Dijo divertido mirando a la lasagna.-En mi defensa diré que esta lasagna NO es la lasagna que me hacía a mí. Algo le ha pasado. Quizás de la euforia se ha equivocado de ingredientes o algo… La pobre tiene alma de Hufflepuff, no podemos pedir donde no hay, ¿vale?

Bueno, el caso es que Ian era demasiado mono con su elfina como para echarle la bronca. ¿¡Era su elfina, vale?! ¡Y su elfina era muy mona con él y él era muy mono con su elfina, fin! Así que pidieron una pizza. Una pizza que tardó la eternidad en venir… Para colmo, cuando vino e Ian se ofreció a pagar por la inutilidad de su elfina, Circe parecía descontenta por algo, ya que cuando le dijo que invitara a pasar al repartidor tenía una cara un tanto… perversa.

¡Y tanto! El repartidor entró y en menos de unos segundos (los justos y necesarios para que Ian cerrase la puerta) Circe conjuró un Expulso contra él. Voló por los aires hasta chocar contra una pared. Una pared en donde había un cuadro muy horripilante de lo que parecía una papaya y un melón con rostros humanoides intentando hacerse amigos, un arte que solo el padre de Ian comprendía. Dicho cuadro cayó al suelo junto al cuerpo del repartidor.-¡Wow!-Gritó Ian divertido.-¡Tenía aceitunas! ¡Craso error, repartidor, craso error!-Añadió tras una carcajada, mirando entonces al repartidor y acercándose a él. El pobre tenía una mirada de no saber qué narices había pasado. Un muggle que va a conocer la magia el mismo día de su final. Qué desafortunado.

Ay... Circe era la única mujer que parecía disfrutar de dar palizas y de ver a Ian dando palizas. Por eso eran tan buenos amigos, sin duda. E Ian era feliz solo con tener un motivo por el que pegar… no cabía duda de que tenía un serio problema con la violencia.-Vamos a ver…-Cogió al repartidor por el cuello de la camisa y lo alzó para apoyarlo contra la pared.-A mi amiga no le gustan las aceitunas. A mi sí. Pero es mucho más divertido seguirle la corriente y pegarte una paliza para saciar su rabia y mis ganas.-Sonrió altivo, justo antes de arrearle un fuerte puñetazo en la boca del estómago y un rodillazo en el rostro cuando flexionó su cuerpo.

El cuerpo del hombre cayó al suelo desplomado, con la respiración entrecortada por el puñetazo que Ian le había dado perfectamente en el estómago. Un golpe que le habían enseñado para dejar K.O. de un puñetazo al enemigo en kickboxing, pero de haberlo hecho se hubiera perdido toda la diversión. El Slytherin miró a Circe y sonrió.-Eres una mala persona, tía.-Y acto seguido le pegó una patada al cuerpo del hombre, a la altura del pecho, sonriendo como un niño pequeño que juega con su juguete favorito.-Te parecerá bonito...-Le echó la culpa a su amiga y estuvo a punto de volver a pegar al hombre, pero no lo hizo.

-Por favor...-Consiguió decir, alejándose de Ian y alzando una mano en dirección a Circe, como pidiendo unos segundos para hablar y evitar que ese palito de madera volviera a hacerle nada. Estaba tan confundido que no sabía en dónde posar su mirada o qué decir para salir de allí.-Os devolveré el dinero, os traeré todas las pizzas que queráis, os quitaré las aceitunas...-Buscó la manera de librarse de aquello.

Entonces apareció la elfina de Ian, un tanto preocupada por los ruidos que habían. Observó desde detrás de una puerta todo lo que ocurría, con la mirada expectante. La elfina conocía a Ian desde que era un bebé, por lo que sabía de su temperamento y necesidad de pegar golpes, así que vio aquella ocasión como un pasatiempo de su amo más que otra cosa. Evidentemente no se preocupó por aquel muggle.-Amo Howells.-Le llamó y el repartidor fijó su mirada en la elfina, quedándose estupefacto.-¿Quiere que le traiga un palo? ¿O algo?-Preguntó animada, ya que creía estar haciendo el bien a su amo.

Ian sonrió y miró a Circe porque aquella situación sí que no se la esperaba.-Claro, un palo estará bien.-Contestó divertido. Iba a hacer de aquel muggle una piñata.
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Circe A. Masbecth el Lun Jun 13, 2016 8:31 pm

¿Por qué demonios la gente tenía tan poca dignidad y amor propio? Aquella mujer parecía no tener en alta estima una posición que le había costado cuatro años de carrera universitaria y siete años de estudios en Hogwarts y por eso no le costaba lo más mínimo acostarse con un alumno y acabar con todo su futuro por un mero polvo. Un polvo con Ian, además. Que había chicos más guapos en Hogwarts y mil veces más interesantes, porque por muy amigos que fuesen, Ian era más simple que el mecanismo de un chupete y hasta el mismo lo sabía. – Quizá lo haga. Pero yo tampoco estaré en Hogwarts el curso que viene como para poder sacar algo de eso. – Se encogió de hombros. – Aunque nunca se sabe. – Viendo las vueltas que daba la vida, no descartaba poder encontrarse en un futuro y utilizar aquella posición de ventaja. Circe era de las personas que valoraban tener un amplio conocimiento de los demás y, por supuesto, de esas que utilizaban el más mínimo detalle en su propio beneficio. ¿Quién sabía si podía volver a cruzarse con Astrid en un futuro y usar aquella aventura aunque fuese para reírse de ella?

No imaginaba a Ian haciendo algo que requiriese tener estudios previos. No era precisamente inteligente y si algo se le daba bien, debía aprovecharlo. Cuando algo no se le daba bien, lo que hacía era perder el tiempo y el dinero. Pero era joven y tenía todo el tiempo del mundo. Y sus padres le costeaban todo tipo de gastos como los de Circe hacían con ella. Así habían salido ambos. Unos niños orgullosos y malcriados que consideraban estar un escalón por encima de los demás. Aunque realmente lo estaban, no era por creencias estúpidas sin argumento alguno. – Pues si Zack puede estudiar eso, tú también. No es que ese tenga precisamente muchas más luces que tú… - Dijo dejando caer las palabras, pues era más que sabido que entre Zack y Circe lo máximo que podía haber era una viga de cemento para no tener que verse la cara el uno al otro y no acabar tirándose de los pelos. – Yo creo que el hipogrifo tiene a Zack de mascota. Sólo hay que verle la cara. – No quería ver a Zack ni en pintura y aunque antaño le hubiese encantado meterse con el chico, ahora no quería ni mencionarle. Era hablar de él y se le retorcía el estómago. Definitivamente le odiaba más que a cualquier otra persona que conociese.

- No, no iba a hacer ninguna broma sobre ese departamento. – Elevó sendas cejas, pues sí que había pensado en mencionarlo pero el mismo Ian se adelantó a sus palabras. – Aunque supieses sujetar un palo que no fuese el que tienes entre las piernas no podrías trabajar ahí. Demasiados productos de limpieza que podrían dañarte aún más el cerebro si los hueles. Y no creo que el traje de porno chacha te siente bien con el poco culo que tienes. – Añadió ladeando la cabeza con tono divertido. Teniendo la oportunidad de meterse con cualquier persona del mundo, no iba a rechazarla. De eso no cabía la menor duda. – Siempre puedes crear tu propio Ministerio. Tus padres estarían contentos por verte de traje y creyendo que eres un hombre de provecho y tú… Tú podrías tatuar a los trabajadores. Ministerio de tinta y aguja. – No sonaba mal, aunque parecía más una tienda de papelería y  textil que otra cosa.

Si Ian tenía algo en mente, eso eran mujeres. Especialmente desnudas y compartiendo tiempo juntas en ropa interior. Eso debía ser lo que Ian imaginaba cuando Circe le habló del Quidditch profesional, y más cuando se trataba de un equipo únicamente de mujeres. – Tú sigue alimentando mi amor propio, así me gusta. ¿Cuándo piensas construirme un monumento a la mejor amiga que nunca has tenido y tendrás? – Preguntó con voz inocente.

Aquella elfina doméstica se había tomado verdaderamente en serio lo de usar queso en la lasagna. Pero queso podrido, para darle más olor y más sabor. Sin pensar que los humanos pueden intoxicarse y que, además de todo eso, tienen algo llamado papilas gustativas. Y las de Ian y Circe estaban a punto de intentar suicidarse ante aquel repugnante sabor que ahora era el protagonista de la situación. – Cuando dije que hacía la lasagna con tus mocos era una broma, no algo para que se tomase de manera literal. – Arqueó una ceja antes de dar un largo trago al agua que, por suerte, no estaba podrida como la comida. - ¿Tienes un botecito donde guardas los mocos y tu elfina lo usa para el ingrediente especial cuando hay invitados? – Preguntó retóricamente antes de dar otro trago de agua. – No sé cómo tienes elfos domésticos. Además de feos son una panda de inútiles. – A Circe jamás le habían agradado los elfos domésticos y aquello sin duda reafirmaba su posición.

Por suerte para la elfina, había otros modos de conseguir comida. Algunos hablarían de salir a cazar a un perro a la calle, otros de ir al supermercado a comprar algo que calentar y otros de mirar la despensa haber qué podían cocinar. Pero para la gente de dieciocho años que tiene algún tipo de relación con el mundo muggle, eso era llamar por teléfono a la comida rápida. Pero de rápida no tuvo nada, porque tardaron más de media hora en traer una pizza que Circe especificó que podía llevar lo que Ian quisiese, menos aceitunas. Putas aceitunas. Esas se ponen en un plato aparte y ya está. No con el resto de comida.

Circe no lo pensó dos veces y es que la rubia no era dada a pensar las cosas demasiado. Elevó la varita en cuanto la puerta se cerró tras el repartido y el cuerpo de este salió varios metros disparado contra la pared. Ian, que tampoco era de andarse pensando lo que iba a hacer en cada momento, no tardó en golpear al hombre varias veces, haciendo que un pequeño hilo de sangre colgase entre sus labios y el rostro.

- No soy mala persona, no me gustan las aceitunas y tengo hambre. – Se limito a encogerse de hombros mientras volvía a por el vaso de agua y bebía tranquilamente mientras miraba como el hombre volvía a retorcerse de dolor en el suelo. – Si tú pides una pizza que específicamente no tenga aceitunas, una puta elfa doméstica inútil te hace una lasagna que sabe a cadáver en descomposición y tienes hambre, te enfadas. Imagina que tengo la regla y así justificas mi mal humor, aunque sabes que lo tengo siempre. – Eso era cierto. Era imposible saber cuando Circe tenía aquella patada hormonal porque era insufrible todos los días del año.

La rubia elevó sendas cejas mirando en dirección al pizzero cuando este habló. Sin duda, era retrasado. La gente se volvía especialmente retrasada cuando estaba a punto de morir o de recibir una paliza. O cuando la estaba recibiendo. O después de recibirla. Bueno, verdaderamente la gente era retrasada siempre, no necesitaban justificante alguno. - ¿Nos ves con cara de necesitar más dinero? ¿Has visto esta casa? Con tu sueldo de pizzero sólo puedes rezar por tener un accidente mientras repartes y que te paguen una indemnización. Pero creo que en tu contrato no encontrar los accidentes laborales por ataque de palo mágico. – Ladeó la cabeza, moviendo la varita en la mano izquierda antes de apoyar el vaso vacío sobre la mesa. – Locomotor Mortis. – Las piernas del hombre se quedaron pegadas impidiendo que intentase seguir reptando por el suelo, pues comenzó a temer verdaderamente por su vida.

Antes de poder hacer nada más, la elfina de Ian se abrió paso una vez más al comedor, preguntándole a Ian si quería un palo. Un palo. Así, porque sí. – Un palo. – Repitió la rubia antes de volver a mirar al muggle. – O por ataque de palo muggle. – Continuó su frase previa referente a los palos y elevó su varita, haciendo que el muggle quedase colgado de sendas piernas ahora unidas como si una cuerda imaginaria lo sujetase. – Mira a ver si puedes sacar caramelos. – Dijo la rubia dejándose caer en el sofá y quitando las aceitunas de uno de los trozos de pizza para llevárselo a la boca mientras la elfina le entregaba un palo a Ian.

Circe comenzó a comer el trozo de pizza mientras escuchaba los gritos de dolor de aquel hombre y miraba como Ian lo golpeaba como si de un objeto inanimado se tratase. La sangre comenzó a brotar de las múltiples heridas del hombre y, mientras la sangre manchaba el suelo, la elfina se encargaba de limpiarlo para que todo estuviese en perfectas condiciones cuando terminasen con el trabajo. – Mira, tu elfina si podría trabajar el Ministerio limpiando, podrías aprender de ella. – Dijo la rubia levantándose y tendiéndole un trozo de pizza a Ian.

El hombre ya estaba casi inconsciente. Había perdido mucha sangre y había recibido tales golpes que era difícil concebir que pudiese salir vivo de aquella situación. Y es que, evidentemente, no saldría con vida de allí. – Vamos a acabar de comer, hay que volver al castillo. – Dijo la rubia tirando del brazo de Ian para que se sentase a su lado.

Mientras el hombre se desangraba y gemía, ambos chicos terminaron de comer. La elfina entraba de cuanto en cuanto para limpiar la sangre que aún caía del cuerpo del hombre que había dejado de moverse pero aún seguía con vida, gimiendo cuando sus fuerzas se lo permitían.

A ninguno de los dos le importó lo más mínimo que el hombre estuviese allí, sino que siguieron con su conversación como si nada hubiese sucedido. Ninguno tenía demasiados escrúpulos como para preocuparse por la vida de un desconocido y muchísimo menos cuando tenían la más mínima razón para acabar con su vida, por pequeña que esta fuese. – No sabe preparar lasagna, pero hay que admitir que tiene sentido del humor. – Dijo al ver nuevamente cómo la elfina entraba a limpiar con una sonrisa radiante de oreja a oreja. Incluso creyó ver cómo se sonrojaba al escuchar aquellas palabras en forma de cumplido. – Gracias, Circe, amiga del amo Howells. – Dijo la elfina antes de marcharse a toda velocidad para esperar unos minutos antes de volver a entrar a limpiar.

En ese momento Ian mencionó que debían volver al castillo y era cierto. Habían pasado bastante tiempo fuera y se estaba haciendo tarde, pues entre unas cosas y otras, habían acabado comiendo casi a las cinco de la tarde. Aún tenían tiempo de sobra para volver a Hogwarts a tiempo, pero nunca estaba de mal aprovechar bien el fin de semana y echar un último vistazo en Hogsmeade. – Claro, vamos. – Dijo la rubia levantándose del sofá con total tranquilidad.

Ambos iban a desaparecerse cuando cayeron en la cuenta de que aún quedaba algo por hacer. Circe elevó la varita y de un corte rápido mediante la magia de su varita, provocó un corte no demasiado profundo en la garganta del hombre, pero lo suficientemente profundo para permitir que la sangre comenzase a brotar de manera exagerada de su cuello hasta matarlo. Algo que ninguno vio, pues se desaparecieron de allí tras decirle a la elfina que limpiase todo aquello.
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