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Are you ok, "honey"? [Apolo Masbecth]

Abigail T. McDowell el Vie Mayo 27, 2016 3:18 pm


Teniendo en cuenta la necesidad que tenía ahora mismo de cubrirme las espaldas ante el departamento de seguridad mágica, había decido quedar con Apolo no solo en un sitio público, sino incluso muggle. Mejor evitar ante toda costa cualquier tipo de relación insulsa que puedan sacarse de la manga, sobre todo mi madre. Esa era capaz de sacarme hasta el más mínimo trapo sucio de una acción totalmente inocente y desinteresada.

El Wetherspoon era una franquicia que se extendía por todo Londres, unos restaurantes de precio aceptable en donde te servían cualquier cosa. Bocadillos, perritos, hamburguesas, ensalada, picoteo, bebidas, postres… Eran como los McDonalds en Nueva York. En Londres te podías encontrar perfectamente un Wetherspoon en cada esquina.

¿Por qué destacaban? Pues por el precio, principalmente y por el olor a humanidad que había en su interior. En el exterior podía hacer el frío más invernal del universo —ese que existe más allá del muro— que el Wetherspoon estaría tremendamente caldeado. Y no precisamente por la calefacción. Así que… ¿qué mejor sitio para quedar con Apolo y no levantar sospechas? Y tampoco quería meterle en ningún lío por ser mi amigo y marido. Menos mal que no todo el mundo sabe que somos marido y mujer…

Llegué al local que se encontraba en la calle de Oxford Street, entré al interior y me dirigí a una de las mesas vacías. No fue fácil elegir una mesa, sobre todo porque a esta hora todos los londinenses ya habían ido a cenar y a tomarse una copa con los amigos. Vi que una pareja se estaba levantando al fondo, por lo que rápidamente me acerqué allí y cogí la mesa, sentándome en una de las sillas. Me quité el abrigo y lo colgué en la silla, quedándome con un bonito conjunto negro y elegante que combinaba pantalones ajustados y camisa holgada. Cogí la carta que estaba sobre la mesa para ir mirando qué tenían que ofrecerme.

Hola —dijo una voz a mi lado que, al no reconocer, ni me preocupé en desviar la mirada con presteza—. ¿Puedo invitarte a un café? —Era un hombre con una valía asombrosa por tener los cojones de acercarse a mí con esa proposición.

El café me gusta solo —contesté sin mirarle.

¿Sin leche? —dijo con bastante inocencia.

No —desvié mi mirada hacia la de él—, sin nadie.

El hombre se ruborizó ante su estrepitoso fracaso y mi rostro que rebosaba molestia y severidad. Murmuró un “lo siento” cabizbajo y se dio la vuelta para volver a la barra y sentarse junto a lo que parecía su amigo. Alcé una ceja y negué con la cabeza, volviendo a fijar mi atención en la carta en lo que esperaba que Apolo llegase. Había llegado pronto y Apolo no tenía fama de llegar tarde, así que estaría al llegar. O eso esperaba.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Apolo Masbecth el Lun Mayo 30, 2016 12:17 pm

La noche en Londres era fría, se supone que es primavera pero seguía estando tan helada como un mantecado. O tal vez es que el rubio por fin se ha acostumbrado a las temperaturas más altas al trabajar con dragones y en tierras calientes. Caminaba por las calles de la ciudad enfundado en un abrigo color azul eléctrico, llevaba debajo unos pantalones negros vaqueros, una camiseta blanca de manga larga y unas botas de piel. Al cruzar la avenida se encontró con una mujer y sus dos hijos, el bebé de algunos seis meses le sonrió y Apolo le miró con cara de pocos amigos, estaba un poco molesto o decir poco es ser benevolos. Irritado siguió su camino, esquivando la muchedumbre que muy seguramente regresaban de casa.


Por la mente le surgió el pensamiento de que quizá no fue buena idea haber decidido caminar por las calles esa noche, pero quiso despejarse un poco y por eso lo hizo, sin trucos de aparición ni nada por el estilo. Llevaba un reloj en la muñeca izquierda, tenía la figura retro d eMickey Mouse con las manos como las manecillas, no pegaba con su atuendo pero había sido regalo de su hijo y le gustaba mucho. El viento pegó de lleno en su rostro, sintió que se le congelaba así que apresuró el paso, se lamentó no haber llevado gorro. Llevaba el pelo más largo de lo acostumbrado y la melena se le movía de un lado a otro con el viento y cada que se lo acicalaba hacia atrás volvía a suceder.

Al llegar al lugar citado se metió a toda prisa cerrando la puerta tras de sí. Se acomodó el cabello y una mujer bajita de cabellos castaños se le acercó muy sonriente  -   Bienvenido a Wetherspoon, enseguida lo atendemos - la mujer dijo con una voz chillona y hasta graciosa pero el mal humor que llevaba esa noche Apolo sería dificil de quitarsele. Aunque al ver a la única pelirroja de bote en ese sitio le hizo sentir un poco mejor, por fin un rostro familiar. Se acercó sigilosamente hasta llegar detrás  -   Buenas noches, señora Masbecth - dijo con un tono de voz grave y seco.


Se acercó para quedar frente a ella y le dio un abrazo grande y largo, no quiso soltarse de su amiga hasta que pasó demasiado tiempo lo hizo y le dedicó una media sonrisa para después sentarse frente a ella.  - Tú siempre te ves radiante, pero presiento que algo te pasa, lo sé por la mirada, ¿que es? Me has dejado intrigado   - dijo acomodandose en el respaldo del asiento.  - Desde luego espero no sea algo tan banal como lo mio, chicos, así que empieza a escupir   - le ordenó mientras veía de reojo a un chico que estaba en la mesa junto a la puerta. Este al mantener el contacto visual desvió la mirada casi enseguida, no estaba interesado. Todo lo que hacía por no querer hablar del tema.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Mar Mayo 31, 2016 1:55 am

Ojeaba la lista con una concentración que no era ni normal, más que una lista parecía un informe de algún preso de Azkaban que ha sido amigo mío. Por eso mismo me asusté cuando por mi espalda se acercó alguien con una voz grave llamándome “señora Masbecth”. Nunca me acostumbraría a que me llamasen señora. Me giré y vi a Apolo —ya que ninguna otra persona en este mundo me llama Señora Masbecth— y me levanté para darle un abrazo. ¿Hacía cuánto tiempo que no lo veía? La última vez que lo recuerdo fue en Halloween, yo negándome a que me salvase de aquella discusión con Caleb. Sí que hacía mucho tiempo…

Me separé del abrazo y volví a sentarme, recibiendo su interés por el tema del que le había hablado en la carta. No quería decir nada en la carta porque sabiendo lo obsesionados que están en el departamento no me extrañaría lo más mínimo que me vigilaran el correo. Puse de manera divertida los ojos en blanco, dando a entender que era un tema que me tenía ya harta.

Es un tema de mierda, la verdad, prefiero hablar de los chicos —dije entonces con un tono de voz divertido. Pero aproveché para contarle mi problema y quitármelo ya de encima—. Como sabrás Benjamin ha sido relevado del puesto de Ministro y ahora está Lena Milkovich como Ministra. Si Winslow renunció fue porque estaba siendo vigilado por su supuesto apoyo a la causa Mortífaga y claro, al ser su asistente durante tanto tiempo… casi caigo con él. El departamento de seguridad mágica no ha parado de vigilarme, de hacerme preguntas, de interrogarme… Y claro, he estado un tanto apartada de temas verdaderamente importantes —añadí eso último en relación con la causa Mortífaga.

>>Hasta el momento no han encontrado nada relevante como para culparme pero mi madre está moviendo cielo y tierra en hacer que el departamento de seguridad mágica no quite sus ojos sobre mí —añadí finalmente. Apolo debía de saber que mi relación con mi madre era lo peor que había en este mundo. ¿Su relación con Odiseo? Pues multiplícala por mil y tendrías la relación entre Ariadne McDowell y yo.

En el Wetherspoon no venía nadie a tomarte nota, si no que tú decidías, ibas a la barra, lo pedías, lo pagabas y decías el número de tu mesa. Cuando estuviera listo te lo llevaban y luego eras libre de irte cuando te diera la gana. Era, sin duda, el lugar más muggle al que jamás he ido y lo cierto es que era perfecto para evitar miradas de magos y cualquier tipo de espía curioso que quisiera enterarse de nuestra conversación.

Pero en general estoy bien, sobre todo porque sigo aquí y no en Azkaban —admití divertida. Había cometido los suficientes crímenes e ilegalidades como para ir a Azkaban por el resto de mi vida e incluso condenar a mis herederos para poder completar la pena completamente—. Por eso apenas he tenido tiempo libre. Demasiado alboroto en el Ministerio y demasiados cambios a los que adaptarme.

Yo ya sabía lo que pedir así que le tendí la carta a Apolo para que él fuese mirando lo que quisiese para ir a pedirlo cuando lo tuviéramos claro. Mientras tanto, quería saber sobre él.

¿Tú cómo estás? Independientemente de tus problemas sentimentales. —O dependientes de ellos. Quería saber si estaba pasando por una buena racha o por una mala o todo seguía igual que siempre. Por lo menos yo, sin duda, estaba pasando por una mala con todo lo que me venía encima.
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Apolo Masbecth el Mar Mayo 31, 2016 4:19 pm

La idea de irse a reunir con su mejor amiga tras los últimos días que han sido muy tensos para el hombre fue como una bocanada de aire fresco. En el momento en que puso un pie en aquel sitio se sintió más relajado, no tendría que esconder más quién era, con ella podía ser auténtico sin miedo a ser juzgado aunque no compartieran ideales idénticos, como por ejemplo el sentimental, tema que decidieron dejar por el momento y enfocarse en cosas verdaderamente importantes y hasta peligrosas. Sí, estuvo enterado sobre el caso del ministro de magia y su relación directa con él ponía en peligro a Abi,razón por la cual quiso mantenerse alejado para no levantar sospechas. - Precisamente por eso no te escribí antes, lo supuse y mejor no ponerte en riesgo, aunque seguramente a estas alturas deben saber que estamos casados… ¿Que si me han espiado también? ¿Si se les hace raro que no estemos juntos y nos interrogan? comentó algo preocupado por el tema, la verdad es que no lo pensó demasiado en su momento hasta que ella sacó el tema a la mesa.



La idea de que su madre se llevase mal con Abi le parecía como algo fuera de ese mundo. Él no podría imaginarse no hablar con sus padres e inclusive buscar hacerse daño, la familia siempre ha sido importante para los Masbecth, a excepción si se trata del primogénito, sobre ese no le importaba nada. - Si será una arpía, mira que querer verte refundida en Azkaban dijo con un tono parecido a un gruñido, no cabía en su cabeza que eso sucediera en la familia de la pelirroja. -  En verdad que has tenido suerte, y lamento no haberte visto antes ni ayudado, pero que sepas que cuentas con mi apoyo por si necesitas que parezca un matrimonio real y te puedes ir a vivir conmigo por mientras dijo sonriendo recordando otra cosa que quiso contarle pero no había podido.


-  Sobre eso ¿recuerdas que te pedí opinión sobre lugares que rentar? le dijo pues tuvieron una charla así en casa de ella hace unos meses atrás. - Pues finalmente he ahorrado lo suficiente como para compra una. Y no hablo de un apartamento de soltero, con una habitación y la sala, cocina y comedor en una sola, no. Hablo de una casa grande, con cuatro recámaras. Ya he puesto una oferta y todo pinta a que la obtendré, es preciosa  soy toda una señora hogareña, ya me vi con siete gatos dijo intentando ser gracioso porque al paso que iba esa sería su triste realidad. - Está en las afueras de la ciudad, y detrás hay un bosque para que Icaro pueda salir a jugar todo lo que quiera, le encanta la naturaleza comentó cual padre orgulloso de su hijo con una sonrisa de oreja a oreja. Pero luego recordó que ella no es buena con los infantes así como él tampoco lo era antes del niño y se rió. -  Perdón, no hablaremos de niños por ahora, se cuanto te gustan sonrió para darle un beso en la mejilla. -  Me encanta poder verte de nuevo, ya me urgía dijo de forma sincera.


La verdad es que se alegraba un montón de que no estuviera en Azkaban por que eso sería terrible. Pero antes de poder decir más dio una hojeada al menú que tenía frente  a él, todo lo que veía en el no le llamaba la atención salvo por una cosa, lo típico, pescado y patatas fritas, así que una vez se decidió entonces se levantó junto con ella para ir a la barra y ordenar. Era la primera vez que iba a ese sitio y le pareció muy limpio y sobretodo ideal para conversar de forma tranquila. Pidió además de la comida una cerveza fría, estuvo tentado a ordenar whisky pero con el pescado iba mejor la cerveza. Pagó por ambos - Déjame a mi, ya tu invitarás la próxima dijo mientras se tendía el dinero a la cajera y esta veía el número de mesa en que estaban porque él desde luego que no supo.
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Abigail T. McDowell el Miér Jun 08, 2016 3:07 pm

Personalmente no me preocupaba que se dieran cuenta que estaba casada con Apolo. Era un poco vergonzoso admitir el hecho de que nos habíamos casado por estar drogados en Las Vegas sin estar en pleno uso de nuestras facultades… pero sin duda eso daría credibilidad a nuestra inocencia en cuanto a temas más ilícitos.

No te preocupes —le alivié cualquier tipo de preocupación—. No te pasará nada. Si bien averiguan que somos marido y mujer lo único que harán serán hacernos algunas preguntas y sean cuales sean creo que sabemos lo suficiente el uno del otro como para contestarlas bien. —Hice una pausa, confiando plenamente en lo que ambos sabíamos del otro. Ya llevábamos varios años siendo buenos amigos—. Además… no hará falta más que decir la verdad. Será un poco denigrante para nuestra reputación, pero sin duda nos libraremos de sospechas indeseadas —aseguré sin ningún tipo de duda.

Además, no me preocupaba lo más mínimo por Apolo. Cierto que la familia Masbecth era famosa por ser purista, pero Apolo era todo un ejemplo a seguir. Un increíble dragonolista, responsable de un hijo, próximo cabeza de la familia Masbecth… Dudaba mucho que alguna vez hubiera estado bajo la sospecha de alguien.

Mi relación con mi madre era posiblemente lo peor que había en este mundo, se remontaba ya a hace mucho tiempo y creo poder asegurar con total seguridad que mi madre jamás ha mostrado algún signo de amor o cariño hacia mí. Lo cual, evidentemente, me hace verla como una enemiga desde que está en el bando contrario desde que tengo uso de razón.

Qué mono. ¿Nos imaginas viviendo juntos fingiendo ser una perfecta pareja de casados? —Sonreí algo divertida por la imagen que venía a mi mente—. Gracias por la oferta, pero estoy bien. Creo que me los estoy quitando ya de encima cooperando con ellos en la medida de lo posible. Además… mi actual pareja se pondría celosa si me voy con mi marido a vivir. Qué cosas, ¿no?… —ironicé divertida, fijándome en sus ojos con una mirada traviesa ante mis palabras.

Aún recordaba ese brote de celos —aunque él decía que no eran celos— que le había dado a Caleb mientras cenábamos sobre el por qué de no haberme separado ya de Apolo. Cómo si ser mujer de Apolo acarrease demasiado problemas…

Miré con atención e interés a Apolo mientras me contaba lo de su casa, asintiendo sorprendida y feliz por su decisión de buscarse ya una buena casa en dónde irse a vivir con su hijo. ¡Ya era hora! ¿Hacía cuánto tiempo que me había preguntado lo de los lugares para ir a vivir? Apostaba que hace más de un año.

Espero una fiesta de inauguración, ¿eh? —dije divertida, negando entonces con la cabeza ante su innecesaria disculpa—. No te preocupes, tu pequeñajo me cae bien. Uno de los pocos a los que soporto. —Bueno y a Grace, pero porque no me quedaba otra. Al final a los mocosos se les terminaba cogiendo cariño… No me importaba hablar de Ícaro, de hecho, hacía tiempo que no sabía cómo le iba al pequeño de Apolo—. Y sabes que no vas a terminar con siete gatos. Si eres y siempre has sido una rompecorazones. La última vez que te vi estabas rodeado de dos personas que parecían estar muy interesados en ti. ¿En Halloween, no fue? —Recordaba haberlo visto en compañía de Matt Forman y otro hombre del cual no recuerdo el nombre.

Fruncí ligeramente la nariz cuando Apolo me dio ese beso en la mejilla y le sonreí. Yo no era muy dada a los cariñitos, ni amistosos ni amorosos, pero lo cierto es que viniendo de personas como él me agradaban bastante, sobre todo ahora que ya no soy tan piedra y parece que me he abierto un poco sentimentalmente a la vida. Me levanté entonces junto a Apolo y ambos nos dirigimos a la barra a pedir. Yo pedí una ensalada de pollo y una cerveza cómo él. No tenía un hambre excesivo y tampoco quería tomarme nada fuerte.

Nos dieron las bebidas y volvimos a la mesa después de que pagase él, ya que no me opuse lo más mínimo. Era mi amigo y ambos teníamos dinero, no era la primera vez que alguno de los dos se ofrecía a pagar de manera desinteresada, consciente de que el próximo pagaría lo que fuese. Volví a sentarme y bebí un buche de mi jarra de cerveza.

Cuéntame porqué vas a terminar con siete gatos —le pedí, en referencia a sus desdichas amorosas.
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Apolo Masbecth el Vie Jun 10, 2016 3:21 am


La comida que pidió decidió pagarla, también la de ella. Y mientras esperaban a que les cobrasen se pusieron a dialogar sobre algunas cosas que le parecían relevantes, como la familia, un tema especial para Apolo así como el del matrimonio entre ambos, tema delicado. - A mi no me parece denigrante, o realmente no me importa lo que piensen los demás, lamento si a ti te ha afectado podemos divorciarnos si eso, seguro que a tu madre tampoco le ha hecho gracia, con lo que le caigo mal - sonrió, de forma socarrona para después pagar la cuenta y volver a sus asientos, les iban a llevar la comida en un momento.


La cerveza fue la primera en llegar, la cual recibió con gusto y le dio un gran sorbo para entrar en calor, lo necesitaba si iban a hablar de cosas íntimas. Además hubo algo que le pareció muy importante y no quiso decirlo frente a toda esa gente. - Así que… nueva pareja. ¿Cuándo demonios pensabas decírmelo? ¿Que carajos? - hizo un ademán de que le explotaría la cabeza, aquello sí que eran noticias gordas. - No me lo puedo creer, tu con pareja, yo soltero. ¿Acaso este mundo se ha puesto de cabeza? Está claro que el final se acerca - comentó bastante en serio - Cuéntame todo, que me has dejado bastante intrigado y en shock - aquello era verdad, en serio que no lo veía venir, pero ahora pudo entender las palabras en su carta. La noticia era buena, le agradaba saber que ella tenía alguien que la quisiera. Aunque esperaba que no fuese el tal Caleb, que no terminaba de convencerlo como prospecto para ella. Pero… ¿y si lo era? No se atrevió a hacer comentario al respecto sin saber antes de quien se trataba pues no iba a juzgar sin saber.


La idea de tener que contarle sus problemas amorosos o sentimentales a su mejor amiga no era nada descabellada, de hechos se desahoga haciéndolo por lo cual no le fue difícil comenzar a hablar sobre el tema. - Pues si, esa vez de Halloween estaba con Forman, su amiga la que juega al qidditch y con Leandro, el italiano buenorro que trabajaba en el ministerio, debiste conocerlo - y habló en pasado por una simple razón, ya no estaba en la ciudad. - Pues lo conocí, lo traté, me dijo que le gustaba y él a mi - aquello resultaba un poco triste de hablar pero no difícil, no con ella - Y salimos en algunas citas, siempre fue romántico conmigo, yo estaba sintiendo cosas por él y de repente se fue, se desvaneció del país al parecer. No quise buscarle más así que tampoco voy a rogarle, se que está en Italia o fue lo último que supe y pues básicamente es eso, me ilusione como un crío, me visualize con él en una vida plena, ya sabes como soy de ridículo y romántico, no puedo evitarlo, creí que seríamos felices juntos - soltó esa última bomba y se sintió bien el decirlo en voz alta.


Una mujer muy guapa se acercó a la mesa para entregar la comida ordenada. De inmediato el mago remojó un pedazo de pescado en el aderezo y lo llevó a la boca saboreando, incluso le ofreció a su amiga - las penas con pan son menos ¿no? Espero no engordar - comentó riendo bajito - Y pues creo lo he resumido bastante bien, ahora lo que quiero saber es sobre ti, que aún no me has contado quien es ese susodicho y desde cuando tienes pareja. A ver si así te demandó por adulterio y consigo buen dinero, o tu ratonera que tienes por casa - comentó intentando sonar indignado por la noticia. Pero en serio se alegraba por ella.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Lun Jun 13, 2016 1:07 am

Apolo entendió mal lo que quería decirle. Negué con la cabeza y con la mano, con bastante sosiego, cuando dijo que para él no era denigrante estar casado conmigo. ¿Cómo podría acaso yo estar insinuando eso?

No me refiero a estar casado contigo, me refiero a cómo nos casamos. Bajo los efectos de las drogas, con un Batman como cura, en Las Vegas, más borrachos que nunca… Eso es lo que puede afectar a nuestra reputación, no otra cosa —maticé con tranquilidad—. Eres de los mejores partidos que hay en el mundo mágico, Apolo. Estar casada contigo es todo un privilegio. ¿Cuándo vas a cobrar toda la herencia de tus padres? —soné aprovechada a propósito, esbozando una ladina sonrisa. Estaba claro que en algún momento de nuestras vidas tendríamos que divorcianos, pero si no fuera por Caleb, lo cierto es que yo no me tomaría muchas molestias en hacerlo.

Solté una divertida sonrisa ante la reacción de Apolo cuando le dije que tenía pareja. Es que a ver… pensémoslo… yo jamás había tenido pareja y siempre estaba subestimando la necesidad de tener una relación. Era normal que se pusiese así cuando, repentinamente y sin darle ninguna otra información, le digo que tengo una. Hasta a mí todavía se me hace raro.

Pensaba decírtelo hoy. Apenas he tenido tiempo para vivir estos últimos meses, lo siento. —Lo decía con sinceridad, porque la verdad es que teniendo en cuenta que la relación que mantengo con Caleb es bastante parecida a la que tenía antes con él, ni me doy cuenta de que ser formalmente una pareja es algo que hay que comunicar a tus seres queridos—. Además, si tú estás solo es porque quieres.

Apolo era muy guapo, además de ser increíblemente atractivo. Poseía unos rasgos y un sex appeal que, incluso yo sabiendo que es gay, me ponen. Así que sí, si estaba soltero es porque era tan indeciso como yo y siempre le daba largas a todo el mundo.

Su explicación sobre Halloween me refrescó la memoria. Sobre todo por ese tal Leandro y la chica de quidditch que, sinceramente, ni me acuerdo de su jeta. Pero a pesar de que yo pensaba que entre Apolo y Forman había algo, no era así y todo este tema era sobre el italiano. Lo atendí con bastante interés, dándome cuenta que, al igual que yo, había sido él quién se había ilusionado y quién al final recibe la peor patada de la historia.

¿Desapareció sin dejar rastro? —pregunté sorprendida. Si mal no recuerdo trabajaba en el Ministerio… yo podría saber perfectamente a dónde se ha ido, pero la verdad es que no creo que eso le haga ningún bien a Apolo. Sería un poco hipócrita por mi parte decirle que se olvide de él cuando yo no fui capaz de hacerlo, pero por otra parte, hubiera preferido mil veces olvidarme y así pasar página sin estar sufriendo tantos meses—. Eso es que no era para ti. Los dos sabemos que aquí el rompecorazones eres tú, Apolo. ¿Qué te ha pasado? —Lo miré con algo de diversión y broma—. No pensé que hubiérais intimado tanto, siempre tuve la idea de que entre Forman y tú sí que había algo. Pero supongo que ese ya es historia, ¿no? —pregunté con curiosidad, intentando que no pensase en ese italiano. Al fin y al cabo… es lo que debía hacer después de tremendo palo.

Ambos nos callamos cuando la comida llegó a nuestra mesa y yo cogí mis cubiertos para comenzar a comerme mi ensalada en aquel gran bol. Tenía una pinta buenísima, aunque tomé primero el trozo de pescado que mi marido me ofreció para probarlo.

Eh, que yo no fui la que tuvo cuernos desde la noche de bodas, ¿vale? ¿Qué fue lo que hiciste, un trio o un cuarteto? —pregunté divertida—. Y yo mientras tanto sufriendo por el maldito tatuaje que, por cierto, aún sigue ahí… —Señalé a mi labio inferior, negando con la cabeza por lo increíblemente épica que había sido esa noche. Entonces me llevé el tenedor a los labios y tras masticar miré a Apolo con una sonrisa—. Supongo que recordarás a Caleb Dankworth, mi relación con él y cómo se torció todo cuando apareció aquella mujer embarazada —resumí, consciente de que Apolo era mucho mejor que yo recordando cosas así—. Pues en navidad su novia estaba de viaje por trabajo y la hija de Caleb se puso enferma, tanto que su vida estaba en peligro por un virus mágico y tuvo que quedarse ingresada en San Mungo. Y claro… sé perfectamente cómo es Caleb y cuando me enteré supe que él solo lo iba a pasar muy mal. Así que después de no hablar con él durante dos meses, me tragué el orgullo… —Le señalé con el tenedor—. ¡Sí, yo tragándome el orgullo! El mundo definitivamente se va a la mierda… —Hice un pequeño inciso divertido—. Y nada, me tragué el orgullo y fui a hacerle compañía. Y ahora mismo no recuerdo cómo empezó todo pero algo le dije que él me dijo que ya no estaba con Alyss porque sentía cosas por otra persona y…

Dios, qué incómodo es relatar este tipo de historias.

Y bueno eso —Carraspeé incómoda. No me gustaba hablar de este tipo de cosas, me sentía tremendamente retrasada—. Esa persona era yo y, evidentemente, yo no lo había olvidado... porque sí, corté toda nuestra relación porque me sentía fatal al verle con otra mujer. Pero bueno... desde entonces estamos juntos. Así que ahora tengo un marido con un hijo y un novio con dos hijos. El sueño de toda mi vida —dije irónicamente, picando nuevamente lechuga y pollo—. Siento no habértelo contado antes. He tenido la cabeza en las nubes.
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Apolo Masbecth el Lun Jun 13, 2016 3:33 am

La conoce de muchos años atrás, siempre han estado juntos, así que debería saber mejor que por ahí no iba la cosa, no estaba insinuando que le avergonzara estar casados sino las circunstancias, entonces se sintió un idiota. - Claro, tienes toda la razón, no es bueno para la asistente del ministro, mujer ministro en este caso que se sepa lo colocada que estabas esa noche, estabamos. Si Odiseo se enterase... - comentó negando, por supuesto que nunca se lo diría. Aquella por cierto no era la primera vez que el rubio se drogaba y algo le decía que tampoco sería la última, sin embargo todas esas ocasiones coincidían en una cosa, no fueron intencionales, no de su parte al menos.


Por supuesto que saber sobre un posible novio o pareja de su esposa es un evento que él debía de saber y al no ser así pues exigía una explicación - Excusas, eso es la clase de cosas que se le cuentan a tu mejor amigo y a tu esposo no, eso se llama adulterio, eso lo comprendo, que vivieras esa parte escondida para no enterarme - comentó sonriendo intentando hacer un chiste, la verdad es que si le calaba un poco que no se lo dijese antes pero la conversación volvió nuevamente a ser sobre el italiano guapo que desapareció. - Decir que desapareció sin dejar rastro quizá haya sido extremista, digamos que me evadió por un tiempo, no se que clase de cosas tuviera en la cabeza pero si, se fue, tengo una idea de a donde, pero lo mejor es dejar eso y a ese atrás, aunque sigue siendo doloroso - aseguró dando un mordisco a su comida para llenarse la boca y no hablar durante un rato.


Casi se ahoga con aquel bocado cuando escuchó lo de ser un rompecorazones pues hizo una retrospección mental de sus antiguos ligues, solamente ha tenido un par de parejas estables y con estables se habla de unos cuantos meses, nunca ha sido mayor el tiempo. - Pues si, pero esta vez me lo han roto, aunque ya está en proceso de sanar - le guiñó un ojo a su esposa y entonces sonrió al escuchar el nombre Forman. - Matt es como un águila, no se le puede domesticar, debe volar libre y si le llegar a enjaular perderá su brillo y no será feliz -  dijo de forma seria mientras metía el dedo en su cerveza - Tenemos puntos de vista claves y distintos respecto a las relaciones. Yo creo en el amor, la fidelidad, el pasar el resto de tus días con una sola persona y eso lo resume todo. Aun estamos en contacto, no creo que eso cambie, me agrada - le dijo para después dar un sorbo a su cerveza.


La historia de su boda sin duda era divertida, le hizo reír cuando dijo aquello sobre el tatuaje y demás - ¿te imaginas? Sería un gran relato para contar un día a nuestros nietos - ahí estaba él, pensando ya en nietos, era un romántico irremediable, al menos el hijo ya lo tiene. - La verdad no recuerdo, puede que haya o no estado con la mujer también, yo espero que no, ¿te imaginas? - hizo una mueca de asco - ese tatuaje, deberías quitartelo, fue divertido los primeros cinco minutos nada más - comentó volviendo a ser serio, sobretodo porque empezó a hablar del susodicho novio.


Sus sospechas resultaron ser ciertas, luego de escuchar el nombre del hombre golpeó nada disimulado la mesa - si claro, el mejor amigo de Forman - habló rechinando los dientes. El tipo podría ser un buen sujeto, lo ha tratado varias veces pero eso no quita que le hiciese daño a su mejor amiga, por eso mismo se puso de su lado sin que siquiera se lo pidiera. Pero luego que le escuchó contar el resto de la historia mostró un rostro de incertidumbre, ¿en serio? ¿eso había sucedido? Por su mente pasaron todo tipo de pensamientos, tan mezclados que se quedó sin habla. Literalmente no dijo nada durante los siguientes cinco minutos en los que se dedicó a mirar el tarro con la cerveza por la mitad. Incluso una de las empleadas se acercó preguntando si todo iba bien o si podía retirar el tarro, fue entonces que salió de su ensimismamiento y levantó el rostro para decir un no a secas. La mujer bajita y de cabellos negros le dedicó una sonrisa falsa y se retiró.


- ¿Honestamente? Me has dejado sin habla, eso es difícil. Mi juicio sobre Caleb cambió la noche de la fiesta de Halloween, lo sabes, no podía creer que te humillase de esa forma. ¡El muy cabrón! - dijo alzando la voz por unos segundos pero luego volvió a la normalidad. - No obstante, por lo que veo pareció entrar en sus cabales, ¿mira que estar ciego y no ver a lo que tenía delante de él todo el tiempo? Y tú, estás madurando, tragarte el orgullo y seguir lo que te dicta el corazón. Oh esposa mía, estoy orgulloso de ti y creo que me harás llorar - dijo eso último exagerando un poco. - Si te hace feliz entonces te doy mi bendición. Serás abuela dentro de poco a este paso. Solo espero que no de Ícaro - sonrió un poco, sintiéndose mejor. Ella merecía ser feliz tanto como cualquiera y parecía estarlo. - -
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Lun Jun 20, 2016 3:25 am

Había tenido contacto con su hermano mayor, pero poco gracias a Dios. Cuando trabajaba en el Ministerio tenía que tratar un poco con él y era demasiado exasperante para mi paciencia. Diez minutos a su lado fueron suficientes para darme cuenta de que era el miembro retrasado de la familia Masbecth.

Tu hermano hubiera estado orgulloso de nosotros. Se hubiera unido a la fiesta de haber podido. —Lo miré de reojo con una sonrisa traviesa—. Seguro que bajo los efectos del éxtasis, tú y tu hermano os llevaríais bien.

Lo dije con un tono tremendamente burlesco, aludiendo al hecho de que el pobre Odiseo parecía estar el noventa por ciento de su tiempo colocado y que no habría ninguna otra manera de que Apolo le pudiera dirigir la palabra amigablemente que estando tremendamente drogado.

No había tenido muchas noticias de Apolo y el italiano, pero al parecer habían tenido más relación de lo que yo me hubiera imaginado. Me daba un poco de empatía ver cómo Apolo había sido el que había salido perdiendo, sobre todo porque desde siempre el Masbecth me había parecido una persona tremendamente entregada a aquello que quiere o desea conservar, por lo que sentía que no se lo merecía.

Ya, olvidarlo es lo mejor que puedes hacer —le aconsejé, apoyando su decisión—. Aunque me parece un poco cobarde que simplemente haya decidido distanciarse sin dar un motivo o hablar contigo antes. —¿Aunque qué cojones digo? Yo hice exactamente lo mismo con Caleb. A veces hasta que no ves las gilipolleces en personas ajenas no te das cuenta de lo gilipollas que puedes llegar a ser tú mismo. Su relación con Matt al parecer seguía como siempre debido a que el propio Forman era el que tenía una visión diferente en cuanto a las relaciones sentimentales, algo que era totalmente comprensible y que entendía perfectamente—. ¿Seguís en contacto como amigos o como algo más? Y eso de que no se le puede enjaular… —Curvé una sonrisa de lo más altiva, negando con la cabeza—. Uno pierde su brillo cuando se junta a alguien que no le hace brillar más, simplemente. No sé qué clase de motivo tiene Matt para ser reacio a las relaciones, pero alguno debe de tener, todo el mundo tiene un motivo para decir ese tipo de cosas y comportarse de manera extremista. —Mi motivo, por ejemplo, era el miedo al compromiso. Aunque no sé por qué, dudaba mucho que ese fuera el de Matt Forman—. Algo debe de haber que le inhiba. Pero cualquiera, al lado de la persona correcta, siempre brillará más. Eso es indiscutible y hasta yo lo sabía antes de tener pareja y ser reacia a ello —dije poniendo ligeramente los ojos en blanco.

Apolo y yo siempre nos habíamos llevado muy bien, pero los dos éramos bastantes diferentes en cuanto a cómo llevar las relaciones. Yo era mucho de acostarme con una persona y no saber más de ella mientras que él era de esos que creían en el amor y demás… Pero ahora, por primera vez en mucho tiempo, le había dado la razón.

Ojalá pudiera quitarme tan fácilmente el tatuaje. Por suerte no se ve si yo no quiero que se vea —dije encogiéndome de hombros. Era una absoluta retrasadez tatuarse estando drogada, pero por suerte para mí fui lo suficientemente inteligente para tatuarme en dónde no se ve.

No había que tener un máster en psicología para darse cuenta de que a Apolo no le gustaba Caleb y no era de extrañar. Mi relación con Caleb en su momento se reducía a ser amantes y, por desgracia para mí, fue la que se llevó el mal trago por todo lo que le pasó. Y claro, mi estado y mis comentarios tanto hacia Caleb como hacia Alyss no ayudaban a que Apolo se hiciera una buena imagen del Dankworth. Pero independientemente de eso, Caleb no tenía culpa de que yo me hubieran encaprichado de él.

Tras unos largos minutos de silencio en dónde le miré intentando exhortar su rostro, comenzó a hablar sobre lo que opinaba.

¿En Halloween? Ese día solo quería verlo lejos de mí. El hecho de que quisiera pedirme explicaciones me sacó de mis casillas. —Entonces entrecerré los confundidas. ¿Humillarme? Me da que se refería a la fiesta de su cumpleaños—. Él no me humilló, simplemente siguió con su vida. Por desgracia, Apolo, nuestra relación era meramente pasional y yo no me di cuenta de que eso simplemente podía acabar. —Pero no dije nada más, ya que Apolo parecía haber visto que, en realidad, todo se trataba de una mala gestión no solo de los sentimientos, sino de un problema de no saber valorar lo que se tiene delante—. No, por favor, que Dios me libre... —Suspiré divertida—. Lo bueno de tener un marido con hijo y un novio con hijos es que yo no tendré que tenerlos. ¿Te crees que no había pensado en las ventajas? —pregunté retóricamente con diversión. Él sabía lo reacia que era yo a quedarme embarazada y tener que tratar con bebés—. Deberíais conoceros formalmente, sin malentendidos de por medio. Yo creo que os llevaríais muy bien, no sois tan diferentes como pensáis. Y ambos tenéis algo en común… —Me señalé divertida—. No, en serio… No quiero que pienses que estoy con un capullo integral, que seguro que lo sigues pensando a pesar de tu cambio de opinión —dije divertida.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Apolo Masbecth el Vie Jun 24, 2016 1:50 pm

De nuevo la conversación retornaba a ser sobre su hermano, ¿por qué siempre tenía que ser así? Le resultaba exasperante el tener que estar sacando ese asunto una y otra vez así que prefirió enterrar el hacha y pasar a otro tema. Aunque lo otro tampoco le emocionaba tanto. - Eso hago, trato de pasar página, ahora mismo estoy divirtiéndome y buscando estar ocupado con mis cosas de trabajo y demás, he salido un poco más por las noches, solo, pero no esta tan mal, conozco gente - le comentó con una media sonrisa, no la invitaba a esas salidas prácticamente porque sabía que quería estar solo en esos momentos.


La conversación cambiaba de forma constante que era un poco complicado seguir el ritmo pero no imposible - A ver vamos a ver, para mi está claro, les da miedo el compromiso, bueno tú parece que has superado tu fobia, mírate ahora, con esposo, con un novio, y madrastra de quien sabe cuantas criaturas - repitió soltando una pequeña risa que se vio opacada por la cerveza entrando a su garganta. No es un hombre que disfrute demasiado la cerveza pero con lo que ordenó y para no dejar atrás a su esposa pidió lo mismo. - Seguimos en contacto si, como amigos de momento, fui a comer con él hace unas semanas aunque muy rápido todo porque me tuve que ir, pero le invitare a la inauguración de mi nueva casa - dijo seguro de hacerlo, lo haría al día siguiente por medio de una lechuza.


Por supuesto que Apolo seguía creyendo que el novio de Abi era eso y más pero se lo guardaría y hasta que no le demostrase lo contrario lo seguiría creyendo. - De acuerdo por ti lo haré - convencido de que aceptaría aquel reto. Antes de saber que tenía una relación extraña con Abi él ya lo conocía y lo había tratado con anterioridad por supuesto, pues ambos son de familias conocidas, y aunque se saludaban y todo lo que dicta el protocolo tampoco eran amigos, aunque desde luego sabe que Matt y él son inseparables. - ¿y vienen juntos o que? - le hizo la pregunta y él mismo se quedó pensativo esperando la respuesta.


- ¿Acaso vas a organizar una cena como buena ama de casa, cocinando y asegurándose que todos sus invitados estén bien atendidos? Eso me gustaría verlo - comentó a modo burlón porque sabe que jamás haría algo así a menos que quisiera callarle la boca y en verdad hacerlo. - Y tengo entendido que la última vez que vi a tu novio fue en Halloween y la mujer que estaba con él tenía varios meses de embarazo, ¿ya lo tuvo? Porque te tocará cambiar pañales, deberías empezar a practicar, cuanto antes mejor - le guiño el ojo a manera cómplice porque de nuevo no se la imaginaba haciendo tal cosa.


- Y en cuanto al tatuaje… espero no te embriagues esta noche y te hagas otro que haga juego con ese que me divorcio al instante pero si, lo bueno de esto es que con un poco de magia puedes esconder otro tipo de cosas. - Por supuesto que a él no le gusta nada el tatuaje que ella se hizo pero por respeto no le dice nada pero siempre ha dicho que cada quien usa su cuerpo como mejor le plazca.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Jue Jul 07, 2016 10:18 pm

Me sentía una amiga pésima cuando después de mucho tiempo me entero de que mi amigo lo ha pasado mal y que ha estado solo todo este tiempo. Yo siempre solía adoptar la filosofía de: "si alguien necesita algo, lo pide." Pero después de éste último año me he dado cuenta de que esa filosofía de amistad es una puta mierda. Que oye, yo nunca me he considerado una buena amiga, pero debo de admitir que con Apolo me he replanteado seriamente lo que puede significar una persona para ti.

Claro, eso está bien —contesté al hecho de que salía por las noches él solo y así conocía gente. La gran mayoría de mis mejores experiencias fiesteras es saliendo sola. ¿Distraerse? Sin duda lo conseguiría si no se pone a cuestionarse nada y, sobre todo, pasa esa página que lo tiene estancado y triste. Personalmente yo no conocía a mucha gente en esas salidas, pero follaba un montón. Por desgracia para él, no le va demasiado eso de tener sexo porque sí—. Sé que en esos momentos lo mejor es estar solo... pero podrías haberme avisado. Por experiencia sabemos que juntos podemos olvidarnos de cualquier cosa. —Esbocé una sonrisa sincera.

Tuve que reír cuando dijo que yo había superado mi fobia... Ya, claro. Una cosa es "superarla" y otra cosa es "luchar contra ella". Y yo creo que yo todavía iba por ese paso. Cada vez que Caleb decía algo relacionado con hijos, matrimonio o ambas cosas juntas, yo le asaltaba con sexo. Que oye, nuestra vida sexual era increíblemente satisfactoria, pero lo que era eso de superar la fobia... no. No podía ni siquiera a hacerme a la idea de tener un anillo de compromiso en mi dedo índice. ¿Y estar embarazada? Por favor... Omití el tema porque prefería aparentar ser una adulta que ya no le teme al compromiso.

¿Como amigos "de momento"? —pregunté con curiosidad ante sus palabras—. ¿Te gustaría o esperas que haya algo más? —Me parecía raro, pero era lo que sus palabras me invitaban a pensar.

Negué con la cabeza mientras comía de mi ensalada cuando Apolo dijo que si iba a organizar una cena. Yo, organizando cenas en casa de mi pareja... ¿En qué mundo podría pasar eso? Sonreí casi con sorpresa ante mi gesto de improbabilidad.

Eso sí que no —dije desde que dejó de hablar, con diversión—. Así es, ya su hija ha nacido. Una preciosa bebé rubia de ojos azules a la que solo le va a cambiar el pañal Caleb. Él sabe lo mal que se me dan y lo poco que me gustan. Ni siquiera me lo pide. —Y menos mal, porque negarme sería un poco feo—. Tú te libraste de ello... Te vino el hijo ya grandesito para no tener que limpiar pañales y aguantar lloriqueos... —Hice una leve pausa y le miré con sinceridad—. ¿Te hubiera gustado criarlo desde bebé y pasar por todo eso?

Lo del tatuaje ya hasta me daba igual. Si fuera un tatuaje visible que pudiera atentar contra mi integridad física o mi reputación... pues sí, me lo hubiera quitado hace mucho tiempo. Pero teniendo en cuenta que está por el interior del labio, no tenía ni de qué preocuparme. Solo lo veían aquellas personas que yo quería que lo vieran, es decir, Apolo y Caleb. Nadie más sabía que me había hecho esa mierda en mi labio.

Ya, pero no es nada importante. Es una puta mierda, sin duda el peor tatuaje que me he hecho en mi vida. —Porque todos los demás que tenía en mi cuerpo y que me había hecho conscientemente, me encantaban—. Pero no se ve. Además, me he informado y los tatuajes ahí duran poco, terminará desapareciendo por sí solo. Eso sí, espero no volver a colocarme nunca como aquella vez... a saber de qué soy capaz de hacer si no soy capaz de razonar mis acciones. Miedo me doy. —Sonreí. Todos mis tatuajes eran perfectamente visibles, a excepción de la Marca Tenebrosa que ocultaba prácticamente en todo momento menos cuando estoy frente al Señor Tenebroso. Y tenía curiosidad porque no sabía si Apolo tenía algún tatuaje aparte—. ¿No te gustan los tatuajes? No tienes ninguno, ¿verdad? —A simple vista yo no se lo había visto. Pero quién sabe. Un día me encontré a un hombre con una carita feliz en la nalga izquierda… después de eso me puedo esperar cualquier cosa.
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Apolo Masbecth el Mar Jul 12, 2016 6:56 pm

Ya no había más que discutir al principio. Ambos eran terribles esposos y mejores amigos, no se habían visto en mucho tiempo y sobretodo cuando se necesitaban. - Eso es lo que diferencía un amigo común y corriente a un mejor amigo, podemos no vernos en mucho tiempo y cuando lo hacemos todo pasa como si nada, podemos seguir hablando como si no hubiera un vacío en la línea del tiempo - le dijo sonriendo pues era verdad. Lo mismo le pasaba con sus hermanos. Al menos con los que se dirigía la palabra. - Así que no te sientas mal por no haber salido conmigo un par de noches, lo importante es que ahora estamos aquí los dos platicando sobre lo que más nos gusta. Penes - dijo la última palabra en voz alta a propósito haciendo que la gente alrededor voltease por un par de segundos para después seguir en sus asuntos.


Hablar de su hijo siempre iba a ser algo muy presente, algo que le encantaba porque le salía natural. Si Abi le daba cuerda con el tema entonces no habría quien lo parase, lo cual le resultaba un tanto vergonzoso una vez se ponía a pensar en ello. - La verdad es que si. Ahora que lo conozco y he pasado tiempo con él, duele un poco saber que no estuve ahí en sus primeros años, que digo primeros, en el momento que llegó al mundo. Es algo extraño de explicar, pero en resumen, si, me hubiese encantado - admitió con una sonrisa aunque en el fondo le daba pena. - Pero es como dices, me ahorré muchas cosas - agregó dando la razón en ese aspecto, el tedioso.


Comenzó a reír un poco al escuchar aquello sobre el tatuaje para luego negar con la cabeza, no le gustaban para nada, ella ya debería saberlo - Solo tengo el que ya sabes y por la misma razón que tú, no porque me gusten, de hecho no. Admito que se ven bien en algunos y en otros simplemente dan asco - contestó sin más, que a él no le gustasen no significa que no crea que a ciertas personas le van bien. - Tu tienes todo el tipo de chica que podría trabajar tatuando y sus brazos podrían ser el lienzo - dijo tomando el brazo izquierdo de ella para examinarlo y luego sonreír. - Si alguna vez te ves sin trabajo, deberías considerarlo - dijo bromeando, en realidad no creía que eso fuera a suceder.


En poco tiempo su comida había desaparecido del plato, no estaba muy hambriento pero de una u otra forma se la había terminado y lo mismo con su bebida. - ¿Te traigo lo mismo? - le comentó a Abi mientras se levantaba de la mesa y fue hasta la barra para pedir exactamente lo mismo. Pagó y se regresó con las dos bebidas. - ¿Alguna otra cosa que deba saber, esposa mía? Habla ahora o calla para siempre - comentó con un tono telenovelesco.
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Abigail T. McDowell el Sáb Jul 30, 2016 4:35 am

Yo no solía ser de esas personas que ríen demasiado, sino más bien de las que sonríen por alguna gracia y mira seriamente ante bromas que no tienen ni una pizca de sagacidad. No obstante, cuando Apolo comenzó a hablar seriamente sobre lo bonita que era nuestra amistad por el hecho de su naturalidad y de repente suelta en voz alta esa palabra haciendo que todo el mundo mirase “disimuladamente” hacia nuestra mesa, me activó esa faceta que creía oculta y olvidada hace mucho tiempo. Sonreí hasta el punto incluso de reírme, negando con la cabeza ante aquello.

Sabes cómo convertirte en el centro de atención, sin duda —comenté ante su obra de arte que escandalizó a la anciana de la mesa de al lado—. Y no me preocupo por no salir contigo un par de noches, me preocupo porque eres un ser independiente y cabezota, como yo, y cuando estamos pasando por una mala racha no somos capaces de ir al otro para informarle. ¿Somos tontos o qué? —pregunté irónicamente, sin buscar una respuesta por su parte.

La relación entre Apolo e Ícaro era de las relaciones más surrealistas que había visto jamás. Un padre gay recibiendo un hijo de diez años porque la única mujer con la que se había acostado se había quedado embarazada. Es que es la cúspide de la mala suerte. Había vivido primero la reacción de Apolo cuando recibió a Ícaro y ver su opinión de él de entonces con la de ahora, no tenía ni punto de comparación.

Todavía tienes tiempo para disfrutar de él, aunque te hayas perdido sus primeros años. ¿Qué hubieras hecho si su madre hubiera aparecido de repente con el bebé cuando apenas te habías graduado en Hogwarts? —pregunté, simplemente por curiosidad. Apolo era un hombre responsable, por lo menos desde que yo lo conocía, por lo que me imaginaba una respuesta responsable por su parte, la típica de tener una custodia compartida y darle a la madre dinero suficiente para cuidar del pequeño. Pero quién sabe, a lo mejor me sorprendía.

La idea de ser tatuadora me parecía cutre y, sinceramente, una mierda. Me gustaban los tatuajes, pero no hacer tatuajes. Y bastantes tenía ya por todo mi cuerpo como para plantearme hacerme otro, algo que, por el momento, ni había pensado.

¿En serio, tatuadora? —Hice un ligero chasquido con la lengua—. Me ofendes. Siempre he visto esa profesión como la profesión de los que no saben hacer nada mejor. Mis aspiraciones van mucho más allá que marcar con tinta a personas de por vida… —Me acerqué a él en la mesa, inclinándome hacia adelante, para susurrar:—Me gusta marcar a las personas de por vida, pero de otra manera en donde incluya dolor y gritos.

Hacía tiempo que no hacía nada para el Señor Tenebroso por culpa de la investigación a la que estoy sometida y, para ser sinceros, lo echaba de menos. ¿Era enfermizo echar de menos algo que conlleva al dolor ajeno por puro placer personal? Porque si es así, estoy enferma y me encanta.

Asentí cuando Apolo me ofreció traerme lo mismo y mientras se iba me percaté de que no me había contestado a la pregunta que le hice sobre Matt Forman. Ese hombre siempre me había parecido un hombre bastante apuesto, pero desde que había empezado su rollo con Apolo había perdido todo el sex appeal para mí. A los pocos minutos Apolo volvió a la mesa con las bebidas y al preguntarme que si había algo nuevo, decidí volví a sacar el tema.

Me ignoraste la pregunta que te hice sobre Matt. ¿Estás intentando evadir el tema por algún motivo en particular? Porque si me ignoraste para que pillase la indirecta y no preguntase al respecto, no ha funcionado. —Curvé una ladeada sonrisa mientras bebía de mi nueva bebida—. Dijiste que érais amigos por el momento. ¿A qué te refieres? Preguntándote por tu vida, entre el hijo y tu vida amorosa, me siento la presentadora de un programa cutre del corazón. —Puse ligeramente los ojos en blanco, ya que posiblemente Apolo era la única persona por la que me preocupaba en esos temas y me sentía un poco retrasada preguntando por ello.
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Apolo Masbecth el Lun Ago 01, 2016 7:41 am

Lo que no se esperaba es la pregunta que le hizo sobre una versión diferente de los hechos, ¿que habría sido de él si la mujer se presentaba con Ícaro durante el embarazo o peor aún con el bebé en brazos? Tragó saliva mirando a su vaso por unos segundos para luego levantar la vista hacia la pelirroja - Honestamente no lo sé, a esa edad no me importaba mucho nadie, así que no creo que te pueda dar una respuesta satisfactoria, probablemente solo les daría dinero, soporte económico para el niño o mis padres pagarían por ello. Cuando salí de Hogwarts era bastante inmaduro, tú sabes eso, solo tenía una cosa en mente, chicos y ser un chico malo - le dijo sonriendo aunque en el fondo si se entristecía un poco pensar en cómo habría actuado de suceder tal cual su amiga le estaba planteando.


Tuvo que reír porque no le pareció la idea de ser una tatuadora, pero a él le divertía el tan solo pensar en ella de esa forma - piensalo, tú, con un mandil negro, sentada por horas en un taburete descolorido, pinchando el culo y los genitales de la gente con pedidos extravagantes y en más de una sesión - susurró divertido, pero al escuchar lo que realmente le gustaba su rostro mostró una sonrisa sombría asintiendo pues él también compartía esos mismos gustos por la tortura. - Torturar gente en la cama también puede ser satisfactorio - terminó cambiando la conversación al sexo, siempre le sucedía eso.


Al regresar con las bebidas y preguntar qué más podía contarle le volteó las cosas, su labio mostró una sonrisa de lado. - Para nada, no lo evitó, de hecho creí que fui claro pero tal vez no. Matt es un hombre de ensueño, muy guapo, bien educado, buena familia, ideales más o menos similares, pero no me veo en una relación con él, tenemos puntos de vistas diferentes en cuanto a eso y yo merezco alguien quien esté de acuerdo conmigo en ellos. Soy de la vieja escuela, quiero un esposo, una casa con rejas blancas, que ya la tengo y muchos hijos, bueno, solo uno - dijo divertido, pues es algo que se había planteado varias veces y que ahora lo decía en voz alta le hacía sentir mejor. Su comentario sonaba medio en broma pero iba muy en serio.


- Y pues así las cosas, por ahora debo disfrutar mi soltería, ¿que no? Y hablando de eso - se acercó al rostro ajeno como aquel que lo hace para contar un secreto y que nadie más pueda escuchar pues lo que le iba a decir le provocaba sentimientos encontrados y hasta se sentía raro diciéndoselo. - ¿Por que ultimamente me enrollo con hombres del ministerio? ¿Que no hay más? Sin duda me gusta el peligro - le suelta como preámbulo a lo que le dirá a continuación, porque si, su historial reciente de conquistas apunta a un solo punto geográfico, el ministerio de magia.


- Bueno, el otro día me mandaron llamar a la oficina de cooperación mágica internacional para ayudar a resolver un caso y bueno, el hombre que ya debes conocerlo es todo un bombón dorado - dijo haciendo énfasis en el color de su cabello - flirteamos y… dígamos que tendrán que desinfectar su escritorio, entre otras cosas - si, contar a Abi de sus ligues es algo habitual, de hecho ambos lo hacen pero ahora que ambos son esposos puede sonar un tanto inusual. - Nos enrollamos, pero esa no es toda la cuestión, sino quien es - dijo acercándose más hasta el punto de tomar la silla y sentarse a su lado en lugar de frente a su mujer. - Es el mejor amigo de Odiseo, lo peor de todo es que me lo dijo sutilmente pero no me importó, creo que más lo disfruté sabiéndolo   - aquello podría sonar mal pero cualquier oportunidad para hacer quedar mal a su hermano le gustaba tomarla y que mejor si tiene que ver con un chico guapo.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Mar Ago 02, 2016 11:25 pm

No podía juzgar a Apolo por lo que hubiese hecho con 17 años, de hecho, yo si fuera él, hubiera hecho exactamente lo mismo. Cargar con un bebé, sea la edad que sea, tenía que ser lo peor en esta vida, más todavía si es empezando la mejor etapa, por lo menos bajo mi punto de vista.

Hubiera estado bien. —No me arrepentía de mis palabras—. Un bebé es mucho para esa edad y mucho más si no es deseado. El dinero y el soporte hubiera sido más que suficiente. Para ser sinceros, si yo llego a ser la madre de tu hijo, hubiera preferido mil veces esa solución a que te hicieras cargo de algo que no quieres o peor, estar con alguien a quién no quiero —dije claramente, dándole un apretón en la mano que tenía sobre la mesa—. Y ya fuimos dos. Yo me descarrilé totalmente en la universidad, no sé cómo cojones he llegado a donde estoy… —Bueno, sí lo sabía: trabajo duro y responsabilidades. Y Apolo sabía que sí lo sabía, pero era una manera de hablar…

Puse una mueca asqueada cuando me intentó hacerme ver como tatuadora. En serio, ¿yo tatuadora? Sería degradar a mi persona a un nivel inferior al de los Hufflepuff, cómo mínimo. Pero dejé ese tema de lado cuando ví esa sonrisa perversa en su rostro. Adoraba a ese Apolo, a ese chico que se dejaba de chicos, de hijos no deseados y que se volvía por y enteramente para La Causa. Habíamos pasado mucho tiempo juntos haciendo misiones. Curvé una sonrisa, enteramente dedicada a su comentario.

¿Me lo tomo literal? No sería la primera vez que me acuesto con una persona y luego lo asesino. Las viudas negras se quedan cortas a mi lado —aseguré con una traviesa sonrisa, susurrando para que solo me escuchara él. No debería estar hablando de ésto cuando aún estoy siendo investigada, pero me encantaba—. Me gusta jugar con la presa cuando lo tengo todo controlado. Sobre todo cuando hay sexo de por medio. —Me encogí de hombros. Él sabía cuánto adoraba yo el sexo y lo mucho que me gustaba sentirme por encima de todos; tenerlo todo perfectamente calculado.

El tema de Matt había quedado totalmente zanjado. Era un tío perfecto, pero como bien dice Apolo, hay que estar con una persona que tenga los mismos intereses a largo plazo. Yo en mi vida no había elegido precisamente al hombre con mis mismos intereses; un hombre muy paternal con ganas de contraer matrimonio… Y yo, que odio a los niños y no pienso casarme en mi vida. No, sin duda no sería mi hombre ideal. Pero ahí está y no me arrepiento. Iba a decirle eso a Apolo, que el hecho de juzgar por intereses y no por interés a la hora de abordar una relación, quizás no era lo mejor, pero no lo hice. Apolo es mucho mejor que yo en estos temas y la verdad es que no quería darle más la tabarra con Matt Forman.

En el Ministerio hay muy buena fauna. Lo que me sorprende es que tú te lies con tantos. ¿Cuántos gays hay en el Ministerio que no soy capaz de verlos? —Me pregunté a mí misma con sorpresa. No era la primera vez que Apolo venía con una noticia sobre su nuevo ligue, una persona que yo había visto en el Ministerio, que había flirteado conmigo y que luego, de buenas a primeras, es gay. Es jodidamente raro.

Me quedé en mi sitio mientras Apolo se acercaba a mí y me contaba cómo se lo había montado sobre el escritorio de de la oficina de cooperación mágica. Al principio no caí en quién podía ser, pero lo ubiqué rápidamente en mi cabeza cuando aludió a su pelo rubio. ¿Ves? Ese tampoco me parecía gay. Estoy perdiendo facultades con esto de acostarme siempre con el mismo tío.

¿Ese tío es el mejor amigo de tu hermano Odiseo? —pregunté sorprendida—. No sé que me sorprende más, no haberme dado cuenta de que es gay o no haberme dado cuenta de que es tan retrasado como tu hermano. —Apolo sabía que yo tampoco tragaba a Odiseo. Una vez tuve que hablar con él y fue terriblemente exasperante. Me parecía infantil y totalmente fuera de lugar en el mundo mágico. ¿Por qué gente como él no sale squib?—. Normal que lo disfrutaras, ese hombre está buenísimo. Déjaselo caer un día a tu hermano, a lo mejor se va a llorar con la vaca. —Curvé una sonrisa, poniendo ligeramente los ojos en blanco al no creerme todavía la actitud de Odiseo—. Dime la verdad. Ese hombre se cayó de la cama cuando era pequeño y se quedó así de tonto, ¿verdad? Dime que fue Hufflepuff.
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