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Crunch time [Arabella Morgenstern]

Matt Forman el Vie Jun 03, 2016 10:22 pm

Tantos años pensando que conocía a Arabella y con la última carta de Lluna supe más de ella que en todo un año. Mi querida amiga había dejado el Quidditch profesional para dedicarse a otro trabajo que requería más quietud, impartir Historia en Hogwarts. No dude en pedirle un encuentro en cuanto leí la letra de Lluna que decía que su profesora era una arpía de 1.700 años. Por supuesto Lluna no sabía que su idolatrada Arabella era una vieja conocida mía. Y tan vieja. Son muchos años de “amistad”, pero más años tiene ella. Aunque se conserva muy bien. No sabía muy bien como afrontar aquel asunto. Por una parte deseaba celebrar que finalmente su secreto había sido revelado y, a su vez, quería odiarla por no haberme contado nunca sobre su naturaleza. También me daba qué pensar. Durante nuestra última gran discusión ella estaba embarazada y lo perdió por mi culpa. ¿Como puede quedarse encinta una arpía? ¿Qué hubiese salido de ahí? ¿Porqué no acabo conmigo sacando su fuerza descomunal?

Todos esos asuntos quedarían resueltos en unas horas. Ya estaba vestido para la ocasión, nada demasiado formal, y en mi mente se formaba una feliz idea sobre en extraño momento en el que volvería a verla sabiendo ya lo que en realidad es. De forma autómata había estado buscando información al respecto. La mitología las describía como seres con cuerpo de un ave rapaz y el rostro de una mujer. Nada que ver con Arabella. Yo podía dar fe de que su cuerpo no se asemejaba a la de un ave rapaz en nada. Quizás solamente en las uñas, muy afiladas, que arañaron mi espalda en muchas ocasiones. También se decía que eran mujeres muy bellas y con alas. También podía afirmar que ella no tenía alas. Sin duda tenía muchas explicaciones quedarme.

La esperé en un bar corriente a eso de las seis de la tarde. Llegué antes y escogí un buen lugar en el local donde poder hablar con cierta privacidad. No quería llevarla directamente a mi casa, prefería un sitio abierto y tranquilo. No es que no me fíe, ha tenido ocasiones de matarme y no lo ha hecho. No veo porqué ahora tendría que ser diferente. Hablamos y dejamos las cosas claras. Creo que hemos vuelto a un grado normal de relación entre dos personas que comparten un pasado escabroso. Todo lo normal que puede ser la relación entre dos personas que estuvieron una vez saliendo y todo salió mal. Ambos con mucho mal genio. Todo lo normal entre dos personas que dejaron de salir pero que sentían algo fuerte, una conexión sexual inmensa y unos celos tremendos solamente de pensar que ella pudiese estar con otro. Fue una época difícil para mí aunque no hay excusas para lo que hice.
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Arabella K. Morgenstern el Mar Jun 14, 2016 7:23 pm

Había sido divertido ver a Matt preguntándose durante años qué era yo en realidad, sin llegar nunca a una conclusión acertada. Llegué a pensar que nunca lo descubriría. Pero una vez que Lluna, al ser mi alumna en Hogwarts, había descubierto la verdad era solo cuestión de tiempo que corriese a contárselo a su tío. Y efectivamente, eso había sucedido.

Después de intercambiar correspondencia un par de veces Matt y yo nos citamos en un bar de Londres para poder hablar. Supongo que Matt tiene muchas preguntas que hacerme, y yo muchas respuestas que darle. Un bar no era el lugar más tranquilo ni el más privado, pero supongo que tras descubrir lo que soy en verdad puede que no se sienta excesivamente cómodo a solas, o al menos puede que no por el momento. Debe de pensar que todavía existe la posibilidad de que el rencor vuelva a mí. No tenía por qué preocuparse mientras que no volviese a intentar nada malo contra mi persona. Yo acudía en son de paz.

Para acudir a nuestro encuentro me puse un simple pero bonito vestido corto y negro, informal a la vez que elegante. Llevé el cabello suelto; volvía a tener mi color natural, un bonito color rubio de tonalidad parecida a la miel. Muy a menudo me teñía de color castaño oscuro pero últimamente no me apetecía. Decoré mi atuendo negro con una sola joya que resaltaba mucho, un brazalete con forma de dos serpientes de oro que se enroscaban en mi brazo. Era una joya griega muy antigua que había estado en mi posesión desde mis años adolescentes.

Llegué al bar a la hora acordada, aunque un poco más tarde que Matt, quien estaba allí sentado y esperándome. Hacía meses que no le veía, pero me pareció que estaba igual de guapo y elegante que siempre. Además, le veía con mejores ojos desde que cesaron mis ganas de arrancarle los suyos. Caminé hacia él y clavé mi mirada profunda en sus ojos mientras sonreía ligeramente, casi de manera juguetona.

-Hola Matt- le saludé mientras me sentaba enfrente de él y continuaba esbozando aquella sonrisa.- Es un placer verte de nuevo…

¿Qué cosas se le estarían pasando por la cabeza? Tenía curiosidad. Pedí que me trajesen una cerveza, y me sirvieron una botella bien fresquita. Bebí un sorbo directamente de ella, y volví a mirar a Matt a los ojos.

-¿Cómo has estado?- le pregunté. Apenas tenía noticias de él últimamente.
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Matt Forman el Vie Jun 17, 2016 11:15 pm

Mi querida vieja amiga no me hizo esperar demasiado. Cuando se acercó a la mesa me levanté y me volví a sentar cuando ella lo hubo hecho. Estaba radiante, preciosa, como siempre. ¡Joder! ¡Puta locura! Es una arpía. Ni siquiera es humana. Hace mucho tiempo que la conozco y siempre di por hecho que ella era una bruja, que conocía sobre la magia pero que era humana. Estuve tan equivocado con ella... Y a su vez, le hice tanto daño. Es imposible reparar eso en lo que me queda de vida. Cuando yo muera ella continuará viva. Dicen que las arpías son inmortales. Me parecía increíble estar viéndola enfrente de mí otra vez, como si nada hubiese pasado pero en realidad había pasado todo.

- El placer es mío, siempre. - contesté a su pregunta con otra. - ¿Y tu?

Esbocé lo que intentaba ser una sonrisa. Ella pidió una cerveza y pedí lo mismo, por costumbre nás que por ganas de beber. No quería beber. Quería hablar. Más bien lo que necesitaba es que ella hablase. Intuía desde hacía bastante tiempo que Arabella no era la inocente chica que yo pensaba, y ahora que estaba confirmado que no era una vampiresa si no una arpía no sabía muy bien como sentirme con ella. Estaba asustado, decepcionado, asombrado y otras cosas más acabadas por ado. Cuando tuvimos nuestras bebidas supe que íbamos a estar más solos, sin el camarero, y me dispuse a hablar sin saber muy bien por donde empezar. Como amigo quería saber sobre su nuevo trabajo, si estaba bien y si tenía novedades amorosas. Como persona necesitaba saber toda la verdad, de su boca. Así que fui al grano.

- ¿Por qué no me arrancaste la cabeza cuando te hice daño? Podrías haberlo hecho. Siempre pudiste hacerlo y no lo hiciste.

No era exactamente lo que tenía planeado decir pero salió así. Una pregunta directa que más bien parecía un reclamo por algo mal hecho. Aunque en realidad eso que le estaba reclamando era el no haberme matado y, sea como sea, prefiero estar vivo. Pero ella pudo hacerlo y no lo hizo. Me comporté con ella siempre como un capullo, la traté mal y ella no se defendió. Simplemente me dejó hacer. Me descubrí ante ella como el peor mago del mundo y aún así me sigue hablando, y no le importa quedar conmigo a tomar algo. Estoy tan desubicado que me siento molesto con ella y conmigo mismo. Necesito explicaciones. La estaba mirando a los ojos como siempre hago, demuestra sinceridad y respeto, pero me costaba mantener la mirada con alguien a quien creí conocer pero no conocía en absoluto.
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Arabella K. Morgenstern el Miér Jun 22, 2016 4:24 pm

En cuanto nos encontramos Matt fue tan cordial y educado como siempre, todo un galán. Solo en un par de ocasiones le había visto actuando de manera contraria a esa, y sé que no es un lado de él que nadie quiera ver si quiere acabar bien, pues es un lado bastante más oscuro de lo que la gente pensaría que él es capaz de ser a primera vista. Después de estar ambos sentados en el lugar que él había escogido al llegar le pregunté que cómo había estado, ya que hacía muchísimo tiempo que no tenía ningún tipo de noticia de él, pero él respondió a mi pregunta haciendo la misma. Esbocé una leve sonrisa divertida antes de contestar brevemente.

-Todo bien, he tenido unos meses tranquilos en Hogwarts. Es mucho más bonito de lo que imaginaba. Jamás había estado ahí- dije mientras recordaba el castillo, los demás profesores, los alumnos, las clases… Todo había estado genial, y ansiaba volver cuando empezase el curso de nuevo. Mientras tanto aprovecharía estos meses de vacaciones para hacer cosas que estando allí no podía hacer, pero tampoco me impacientaba pues el tiempo nunca era algo que me preocupase.

Noté entonces un ligero cambio en Matt. Creía notarle un poco, tal vez, incómodo, como si sus ojos me estuviesen estudiando y estuviesen formándose mil preguntas en el interior de su mente. ¿Sería ese el caso? Es lo más seguro, después de haber descubierto parte de la verdad que durante tanto tiempo había desconocido. En parte era divertido verle así, desconcertado, por primera vez sin saber bien cómo actuar en una situación. Por otra parte me extrañaba muchísimo, era raro. Esperé en silencio con paciencia a que él hablase, y mientras tanto trajeron nuestras bebidas. Tomé un sorbo de mi cerveza fresca, perfecta para esta época del año a pesar de que en Londres al verano no se le puede llamar propiamente verano, en mi opinión. Había pasado muchos veranos en lugares infinitamente más cálidos, como el Sahara.

Matt habló por fin, y me hizo la pregunta clave. Durante unos instantes sentí, en contra de mi voluntad, un nudo en el estómago al escuchar aquellas palabras saliendo de sus labios. ¿Por qué no le hice daño? Esa era la misma pregunta que yo me había hecho a mí misma mil veces en los pasados años, hasta que por fin decidí dejar el pasado atrás, como todo lo demás que había dejado atrás a lo largo de los siglos. No contesté inmediatamente, necesitaba unos pocos segundos. No le miré a los ojos al principio, sino que fijé mi mirada en mi vaso mientras ordenaba mis pensamientos.

-Cuando vives tanto tiempo como yo te das cuenta de que hay personas que, de alguna manera, te marcan más que otras. Personas a las que sabes que echarás de menos cuando ya no estén. Y créeme, sé muy bien cómo es echar de menos a personas que ya no están- le miré entonces a los ojos por fin.- Podría haberte atacado muy fácilmente, pero estaba segura de que si lo hacía, si usaba mi verdadera fuerza… te mataría. Y las arpías también somos medio humanas, ¿sabes? Así que heredamos la misma estupidez. No me defendí porque pensé que si te mataba lo iba a lamentar. Y cuando me arrepentí, cuando decidí que no, que no iba a dejar que me hicieses daño, que me iba a defender costase lo que costase… ya era tarde. Ya no podía defenderme- las arpías somos poderosas, pero no invencibles. Yo había pensado que era invencible durante siglos hasta que me topé con él. Había sido una de las mayores lecciones de humildad que había recibido en toda mi vida.- Luego quise ir a por ti y arrancarte la cabeza. Oh, claro que quise. Me habías arrebatado la única oportunidad que he tenido de ser madre en todos estos siglos- en sí para una arpía ya era bastante difícil quedarse embarazada, no tenían los hijos seguidos como hacían las mujeres humanas, pero yo por alguna razón jamás le había dado un hijo a ningún hombre jamás. Hace siglos que me hice a la idea de que nunca sería madre, hasta que conocí a Matt y ocurrió lo que yo pensé que era un milagro. Se dibujó una sonrisa algo triste en mis labios. Suspiré y me encogí levemente de hombros.- Pero luego pensé que no merecía la pena. Pensé que lo mejor era que te dejase en paz y no volviese a verte en toda mi vida. Tú morirías en unas décadas y yo seguiría viviendo a través de los siglos y lo dejaría todo atrás.

Pero no había dejado a Matt atrás, le había vuelto a encontrar. Y ahora aquí estamos, otra vez. En paz.
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Matt Forman el Mar Jun 28, 2016 10:37 am

No recordaba la última vez que había estado totalmente cómodo en la compañía de Arabella. Antes de nuestro reencuentro solamente recordaba odio, celos y muerte, y ahora incomodidad por verla de nuevo tras nuestra pelea, por volver a mezclar nuestras vidas y al enterarme de que no era la inocente muchachita humana que siempre aparentó ser. Ella se comportaba de igual manera que siempre. Tranquila y segura de sus palabras, sin cambios aparentes. No tenía porque cambiar, ella siempre había sido un arpía, el cambio era que yo ahora conocía su secreto. Le pregunté como estaba, al igual que había hecho ella, pero no le hice mucho caso. Hogwarts es bonito, tal y tal. No presté la suficiente atención. Lo que hice fue preguntarle algo que me rondaba por la cabeza y no de la mejor manera.

Cuando empezó a hablar quise arrancarme las orejas y salir corriendo. No estaba preparado para enterarme de todo aquello. Además, la respuesta estaba bastante clara. Si no me había arrancado la cabeza fue porque me tenía en alta estima a pesar de que me comporté como un capullo sin escrúpulos. En resumen, ella sabía lo que era echar de menos a alguien que no está pues habrá visto morir a sus amistades, sus padres, hermanos... O lo que sea. Y no quería tener que echarme de menos a mí aunque tarde o temprano eso pasará, porque yo soy una persona mortal y ella no. Mi cuerpo estará descomponiéndose, con suerte, en el panteón familiar y ella continuará dando vueltas por el mundo viendo pasar guerras, gente y nuevas tecnologías. Pero tenía una parte humana, y mi magia podía con ella. De hecho, estaba comprobado que si podía. Imaginé que me temía, me amaba y me detestaba a partes iguales. Lo que peor la hacía sentir era el hecho de que no pudo ser madre.

- Pero... puedes ser madre si quieres. ¿No? Cada vez es más fácil que una mujer tenga hijos sin tener nada que ver con un hombre. - intenté animarla. - En mi defensa diré que no te creí. En ningún momento me paré a pensar que de verdad ese hijo podía ser mío. Tampoco yo quería ser padre. Aunque veo, ahora que he ejercido como tal, que me gusta. - sonreí al pensar en Lluna. - Es lo que más me atormenta. No el hecho de haberte matado, o haberlo intentado, dos veces. Si no saber que ibas a ser madre y yo... Yo te quité eso.

Me estaba costando mucho hablar de aquello. No me mostraba falsamente arrepentido, lo estaba de verdad. Arabella y yo tuvimos nuestros más y nuestros menos pero jamás debí agredirla de aquel modo. En aquella época yo estaba muy perdido. Noche tras noche y borrachera tras borrachera no encontraba sentido a la vida, todo me daba igual. Estar con Arabella era una excusa para no estar solo pero llegué a amarla. Supe que la amaba al verla con otros hombres. Cosa que no me gustaba aunque yo me viese con otras mujeres. Fui tan egocéntrico como inmaduro. A mi parecer había cambiado para bien con la llegada de Lluna.

- Nuestros caminos se han cruzado y me alegro de que hayamos podido hablar. Aun así comprendería que quisieras evitarme, que hagamos como que no nos conocemos o que intentes matarme. No te lo reprocharía, lo juro.

Sujeté el vaso de cerveza sin atreverme a dar ni un solo trago. No soportaba aquel líquido amargo que lo único que me provocaba eran ganas de ir al baño continuamente. Lo pedí porque era lo mismo que ella había pedido pero ni me apetecía ni tenía sed. Continuaba teniendo un gran nudo en la garganta.
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Arabella K. Morgenstern el Miér Ago 03, 2016 7:56 pm

Había llegado a sentir verdadero odio por Matt en el pasado. Odio porque me había hecho lo que jamás le había permitido a nadie en siglos que me hiciese: hacerme sentir débil tanto física como emocionalmente. Había pagado muy caras las consecuencias de ese error, pero no tan caras como podrían haber llegado a ser si las cosas se hubiesen torcido aún más. Pero había aprendido a olvidar y a perdonar. Todos habíamos cometido errores en el pasado y todos habíamos hecho cosas malas. Yo también, y Matt no iba a ser la excepción. Si no hubiese detectado en él señales de que había cambiado puede que hubiese seguido odiándole, pero ese no era el caso, y todo lo malo había quedado en el pasado, donde debía estar. Pero cuando algunas verdades salen a la luz, como la de mi verdadera naturaleza, el pasado se remueve inevitablemente.

A pesar de su cambio a mejor Matt seguía siendo un poco ingenuo en algunos casos. Puse los ojos en blanco ante su intento de animarme, pues había malinterpretado un poco mis palabras. Aun así seguí hablándole con amabilidad y en mis labios había una media sonrisa dibujada.

-Eso no es lo que quiero, no soy una vaca- dije tras su comentario de que yo podía ser madre sin necesitar un hombre.- Los hombres no son el problema, soy yo. Las arpías tenemos dificultades a la hora de concebir. Somos inmortales, así que la naturaleza mantiene el equilibrio de la vida impidiendo que haya muchas de nosotras. Una de mis hermanas tiene más de cuatro mil años y solo tiene tres hijas, es lo normal.

Me sorprendió oírle hablar de una manera tan sincera y arrepentida por lo que me hizo. Escuchar esas palabras de sus propios labios me hizo convencerme aún más de que había hecho bien en perdonarle. No merecía la pena mantener el odio, así que lo había dejado ir.

-No te atormentes- le dije.- No te guardo rencor. Todos le hemos quitado algo muy preciado a alguien, incluso yo- murmuré, y un destello rojo cruzó mis ojos oscuros durante un instante.- Me alegra ver que encontrarse a alguien que te hiciese cambiar y te enseñase a ejercer como padre, y uno bueno por lo que he podido ver. Lluna es una niña estupenda- podía decir juzgando por lo que sabía de ella al haber sido su profesora durante una temporada.- Y no merece la pena atormentarse por los errores del pasado. No se puede cambiar, y lo único que se puede hacer es seguir adelante y disfrutar. Yo no sé si habría sido una buena madre. Puede que sí, puede que no. Puede que algún día lo descubra, o puede que no. Puede que tenga que esperar otros mil años para averiguarlo.

Aun así, aunque había dejado el pasado atrás, a veces me preguntaba cómo habría sido la niña. Una mezcla de Matt y de mí, una fuerte y poderosa mujer que habría llevado el apellido Forman toda la eternidad y hubiese hecho que esa familia jamás cayese en el olvido. Un legado eterno.

No le reprochaba nada a Matt, ni quería venganza contra él. Tampoco quería echarle de mi vida.- No quiero nada de eso- le aseguré cuando él me juró que no me reprocharía que quisiese matarle.- Pero si alguna vez vuelves a intentar hacerme daño… ese día ya no me contendré a mí misma como lo hice en el pasado- le advertí. Mis ojos se volvieron de intenso color rojo durante un par de segundos. Solo me vio Matt, no me vio ningún muggle. Y si lo hubiesen hecho creería que habían visto mal o que habían bebido demasiado.

Mis ojos volvieron a recuperar su color oscuro habitual. Sonreí, y alcé en alto mi copa para brindar con Matt.

-Por la vida, y los errores que se cometen durante ella.
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Matt Forman el Mar Ago 23, 2016 11:14 pm

Finalmente tuve que abandonar el vaso de cerveza, me daba ganas de vomitar. Lo cambié por una amable servilleta que se dejaba arrugar una y otra vez por mí mientras hablaba con Arabella con arrepentimiento y de una forma tan sincera que ni yo mismo me lo podía creer. Me dolía volver a verla, saber que yo le había causado tanto dolor, y me odiaba porque no pudo ser madre por mi culpa. Ella parecía haber reflexionado en todo este tiempo que estuvimos separados. Mientras yo la animaba a ser madre de nuevo porque existen multitud de innovadores métodos ella me explicaba que las arpías no tiene esa facilidad para concebir hijos. La naturaleza es sabia, dicen. Dejé correr el tema para no hurgar en la herida pero sentía curiosidad por su condición de arpía.

Arabella intentaba animarme. Ya nada puedo hacer ahora y como ella mismo dijo, todos hemos quitado algo importante a alguien. Dejé ir la servilleta y calmé mis nervios. Incluso sonreí cuando habló tan bien de mi Lluna. Ella ni siquiera sabe todo lo que le hice pasar a su profesora favorita de este año y deportista profesional favorita de todos los tiempos. Sabe que nos conocemos de antes y poco más. Es habitual entre magos de nuestra clase conocer a otros magos importantes como puede ser una jugadora de Quidditch. Lo que Lluna no sabe es que la relación fue muy estrecha entre nosotros dos. Dudo que pueda confesar nunca lo que pasó. Arabella se atormentaba por no saber si hubiese sido buena madre.

- Hubieses sido una madre estupenda. Has estado en Hogwarts como profesora y no has matado a ningún niño, no me has matado a mí aún... Parece que tienes paciencia infinita. Esa es una buena cualidad para una madre. Algún día podrás averiguarlo y con alguien que merezca la pena... - Dejé claro que esa persona no podía ser yo porque dentro de tantos años iba a estar muerto.

Le daba la oportunidad de zanjar el tema y no vernos más. Hacer como si nunca nos hubiésemos conocido. Desaparecer de su mapa. Pero Arabella no estaba conforme. Le daba la opción de perderme de vista pero no quería. Me advirtió, eso si, que si alguna vez volvía a atacarla acabaría conmigo. Y terminó la amenaza con la mirada más intimidante que jamás había recibido por su parte. Asentí resignado. Cuando levantó la copa para brindar asentí pero le pedí un momento. Cogí el asqueroso vaso de cerveza, me acerqué a la barra y pedí un whisky con hielo. De pasó pagué lo que se debía. Volví a la mesa alzando la copa a la vez que me sentaba.

- No puedo brindar con cerveza. Mejor esto. Por la vida y sus errores.

Brindamos como en los viejos tiempos, como si nada hubiese pasado. Pero lo cierto era que habían pasado muchas cosas. El sorbo de whisky entro mucho mejor que la cerveza, también era más fuerte pero con el sabor más agradable a mi paladar. Luego la miré sonriendo, repasando cada detalle de su rostro tan conocido por mí. No había cambiado en casi nada. Ni arrugas, ni marcas. Estaba igual que años atrás. Hermosa.

- ¿Y ahora qué? ¿Hacemos ver que no ha pasado nada? ¿Que nos conocimos de hace años en...? ¡Eh! Espera. Ni siquiera puedo decir que nos conocimos en Hogwarts porque no eres un bruja propiamente dicha, ¿verdad? No eres más que una arpía con poderes de arpía, pero al fin y al cabo muggle. ¿No es cierto? Nunca estudiaste magia en Hogwarts ni en ninguna otra escuela. Me tenías tan engañado... ¿Qué más me ocultaste?

No le estaba reprochando nada, más bien usé un tono de broma para dejar claro que a ojos de terceras personas nuestra relación de amistad no estaba justificada de ningún modo. Antes de que Lluna me dijese que esa Arabella era famosa por jugar a Quidditch yo ni siquiera me había dado cuenta y eso que su cara estaba reflejada en un gran póster en la habitación de mi sobrina.
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Arabella K. Morgenstern el Sáb Sep 24, 2016 9:03 am

No merecía amargarse la existencia por cosas que no se podían cambiar del pasado. Era una lección que casi dos mil años de vida me habían enseñado y que se había quedado grabada a fuego en mi piel. Así que hicimos un brindis por haber solucionado nuestras diferencias, porque él se hubiese mostrado arrepentido y me desease lo mejor, y yo le hubiese perdonado y deseado lo mejor.

Borrón y cuenta nueva.

Ambos bebimos de nuestras copas e inmediatamente el humor cambió y el ambiente se hizo muchísimo más ligero y agradable. Cualquier pena que había pesado sobre nosotros anteriormente se desvaneció, la angustia y el pesar desaparecieron, y los arrepentimientos y demás cosas que acarreasen con ellas emociones negativas ya no tenían razones para estar presentes en aquel lugar con nosotros. Habíamos decidido, de mutuo acuerdo, a volver a estar bien, como en el pasado, pero tal vez con mejorías, lo cual era algo que yo agradecía y a lo que le daba la bienvenida a mi vida.

-Eh, no me llames muggle, menudo insulto- protesté en plan de broma cuando le escuché decir aquello, ya que Matt se estaba haciendo un lío tremendo intentando comprender mi naturaleza ahora que sabía toda la verdad, pero no conocía todos los detalles. Demasiados detalles.- No puedo hacer magia, cierto, porque mi naturaleza es dominante sobre el gen mágico, pero mi mitad humana es mágica. Todas las arpías tenemos un padre humano, y el mío era un mago de sangre limpia de la Antigua Grecia.- Era curioso que, a pesar de haber estado relacionándome durante años con muggles igual que con magos me importase tanto que se supiese que mi padre no era un muggle. Tal vez, en el fondo, considerase que ser mago era mejor que ser muggle aunque nunca lo había dicho en voz alta ni me lo había planteado seriamente.- Así que técnicamente soy medio bruja.

Matt me preguntó que qué más cosas le había ocultado. Aquello casi hizo que me atragantase con mi cerveza de la risa.

-Muchísimas cosas- admití, pues cuando nos conocimos yo estaba fingiendo ser apenas una veinteañera, casi una adolescente ya que esa fue la edad a la que dejé de envejecer hace tanto tiempo. Y claro, tantos siglos de existencia no se pueden resumir en la vida de una chica supuestamente tan joven, ni siquiera contando mentiras.- Como por ejemplo que he estado casada cincuenta y siete veces- admití con una sonrisa extremadamente traviesa en el rostro, una sonrisa que hace años me había caracterizado pues la esbozaba casi todo el tiempo en presencia de él, cuando nos lo pasábamos tan bien juntos haciendo de todo sin importarnos nada.- Siempre por poder, nunca por amor. Si sabía que amarrando a un hombre con el matrimonio iba a conseguir cosas que simplemente seduciéndole no conseguiría, les atrapaba en mis redes. Príncipes, duques, condes, jeques, maharajás… mafiosos- admití, pues en mi lista de maridos había habido de todo. Y en la de amantes aún más.- ¿Pero qué quieres saber? Pregunta lo que quieras, ya no tengo secretos para ti.

Bebí de nuevo sin que mi sonrisa traviesa abandonase mis labios.
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Matt Forman el Jue Oct 06, 2016 11:19 pm

Todo era tan extraño con Arabella que olvidé nuestras diferencias y me comporté como hacía en el pasado, tal como soy y he sido siempre. Algunos dirán que como un capullo, yo digo que como un Forman. De modo que hice mis conjeturas y la terminé llamando muggle. Ella, falsamente indignada, me explicó que su padre era un mago de sangre limpia de la antigua Grecia. La arpía que la parió, es todo tan raro. Su madre si era una arpía, y como es un gen dominante la magia de la parte paterna no se desarrolló con normalidad. La escuché atento, aunque aquello de los genes me sonaba más a chino que a nada. La cuestión es que ella no era muggle, dijo que era medio bruja.

- Es decir, que eres medio muggle. - dije para chicharla como en los viejos tiempos.

Lo que me interesaba saber era si me había escondido algo más. Es decir, si me había mentido en algo más para salvaguardar su secreto. Contuve la risa y puse cara de asco al escuchar que se había casado más de cincuenta veces. Significa que al menos se había enamorado de cincuenta tíos, y había sido tan tonta como para llegar a casarse con ellos. Por suerte no me cazó a mí, fui más listo. Le dejé claro desde el primer día, como a todo el mundo, que yo no soy un hombre tradicional. Admitió que sus matrimonios casi siempre eran por conveniencia, por poder, no por amor. La verdad es que juntos nunca hablamos de matrimonio. Tampoco de tener hijos hasta que pasó lo que pasó. Yo no creí que fuese mío y por poco la mato. Jamás tuvimos una relación sana. Quizás ahora, con la verdad por delante, podamos al menos ser amigos.  

- Me hiciste creer que eras una adolescente mojigata que nunca había tenido una buena polla dentro. Que buena actriz. Me lo creí todo.

Ella estaba dispuesta a responder a todas mis preguntas pero lo cierto es que no se me ocurría nada relevante. Ya sabía todo lo que quería saber. Y me parecía bastante información, me costaría digerir todo aquello. Que es una arpía sobre todo. Pero también que vivió en otras épocas y en otros países, con otras costumbres. Y que tiene más años que Merlín y Dumbledore juntos. Tengo que hacerme a la idea.

- ¿Cómo te va siendo profesora? ¿Qué te parece Hogwarts? Deja el pasado, que hemos quedado en que no importa ya. Mejor hablemos del presente.

Seguramente dentro de un tiempo Arabella soltaría algo sobre su pasado que me dejaría con la boca totalmente abierta, por mera casualidad, pero por ahora había tenido bastante. No quería saber si había tenido muchos maridos, ni muchos amantes, ni recordar nuestra triste historia, ni saber si tuvo antepasados indios. Lo que quería era ponerme al día con ella. Saber como coño una arpía entró a trabajar en Hogwarts como profesora. Porqué dejó un trabajo como el de jugadora de Quidditch, que suena a fama y parece genial. O cualquier cosa que se le pasase por la mente. Me daba la sensación de estar conociendo a una persona totalmente nueva.
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Arabella K. Morgenstern el Dom Oct 23, 2016 10:11 pm

Sonreí pícaramente y me llevé una mano al pecho mientras inclinaba mi cabeza en un gesto como si estuviese agradeciendo y aceptando un gran premio cuando Matt me dijo que había sido una buena actriz y había conseguido engañarle en el pasado. Intenté acordarme de los detalles. ¿Cuántos años le había dicho que tenía en el pasado? ¿Diecisiete? Me gustaba cambiar la versión que le daba a la gente que conocía a lo largo de mi vida sobre quién era, y a veces me gustaba hacer como que era eso, una adolescente mojigata, como bien había dicho Matt. Me gustaba recuperar lo que hace tanto tiempo había perdido, esa inocencia que no tenía desde hacía siglos, aunque solo fuese fingiendo, y me gustaba volver a perderla otra vez de maneras variadas. Me había divertido muchísimo con Matt durante ese tiempo.

-Bueno, no tuve que actuar todo el tiempo… Es cierto que no había tenido una polla tan buena como la tuya dentro en décadas- murmuré juguetonamente mientras mi mente se perdía en ciertos recuerdos de noches pasadas con Matt, en las que me había hecho gemir y gritar de maneras que no se me olvidarían en la vida.- Tengo que admitir que la he echado de menos, puede que más que a ti- añadí entonces, diciendo lo todo con cara de pena, y lo segundo con un brillo descarado en mi mirada.

La conversación tomó un giro más mundano entonces, más casual. Me preguntó sobre Hogwarts, y esbocé una sonrisa que demostraba que no estaba disgustada con mi experiencia allí.

-Me va estupendamente. Aunque nunca había estado rodeada de tantos críos hormonales y malportados, a veces te juro que en clase o en los pasillos me daban ganas de agarrarles por el pescuezo y…- hice un gesto con las manos, como si le estuviese retorciendo el cuello a un pollo. O a algo que no fuese un pollo. Había retorcido pescuezos en el pasado, si se presentaba la necesidad sabía cómo hacerlo.- Pero otros eran un encanto. Tu sobrina, por ejemplo, era estupendo tenerla en clase. Tan educada, tan aplicada… Presiento que tendrá un futuro brillante. Pero eso, estoy muy contenta. Se me da bien mi trabajo, soy profesora de Historia- reí suavemente entonces, pues estaba claro entonces por qué había conseguido precisamente yo ese puesto.- Jamás había estado en Hogwarts, por eso quise trabajar allí. Tenía curiosidad por ver como era, era una de las pocas experiencias que nunca había tenido.

Estaba dispuesta a preguntarle a él por su trabajo y su vida, que me pusiese al día de sus cosas y de sus posibles nuevos ligues tal vez, quien sabe. Quería hablar con él. Pero no pude, pues ocurrió lo más inesperado que podía ocurrir en ese momento. Lo inesperado no ocurrió inmediatamente, sino que primero una imbécil del bar que pasaba caminado junto a nuestra mesa se tropezó porque ibas muy borracha mientras llevaba en la mano una copa, y el contenido de esta cayó entero sobre mí. Me levanté de golpe a causa por la sorpresa al caerme toda la bebida encima.

-¡Mira por dónde vas, idiota!- exclamé enfadada al ver que la tipa ni siquiera decía perdón. Por suerte iba vestida de negro así que no se notaba, pero aun así estaba manchada.- Discúlpame un segundo…- le dije a Matt para que me esperase mientras iba al baño.

Hasta ahí todo fue bien. Me alejé de nuestra mesa y fui al baño. Apenas acababa de entrar cuando alguien abrió la puerta bruscamente y se metió conmigo dentro del pequeño espacio.

-¡Pero qué…!- no llegué a terminar de hablar, pues de repente fui consciente de que tenía una pistola apuntándome. Me callé inmediatamente y miré a los ojos a la persona que me había acorralado y que me estaba amenazando con aquel arma. Era un hombre de unos cuarenta y algo años, de piel bronceada, cabello canoso, y aspecto peligroso. Era mucho más grande que yo, pero era humano, y no debería suponer una gran amenaza para mí si me defendía de él a pesar de que el armado era él y no yo. Pero al mirarle a los ojos le reconocí, y me quedé helada. Nunca olvidaba un nombre, ni tampoco una mirada. Los rostros de las personas cambiaban, envejecían y se marchitaban hasta convertirse solo en una sombra de lo que una vez fueron, pero los ojos nunca cambiaban. Eran el espejo del alma. Los ojos del hombre que estaba frente a mí en ese momento me llevaron de vuelta al pasado un par de décadas atrás, a Colombia, a una época turbia que había ocupado veinte años de mi vida.- Carlos…

Carlos Cardozo sonrió de manera siniestra, sin un mínimo de amabilidad, al ver que le había reconocido. Era uno de los hijos bastardos de mi último marido, Esteban Cardozo, el líder de un cartel narcotraficante de Colombia. Como jamás le di hijos a mi marido, él fue por ahí teniendo hijos con las zorras que se le metían en la cama. Nunca me importó, pues el hombre no significaba absolutamente nada para mí. Solo me casé con él por la influencia, el poder, la aventura, y porque quise tener un poco de peligro en mi vida. ¿Qué podía ser más peligroso que un cartel narcotraficante colombiano en los años ochenta y noventa? Pero tras veinte años aquella vida se había vuelto demasiado peligrosa. Acabé matando a mi esposo, y por eso huía desde entonces de su familia, quienes querían darme caza como si fuese un animal.

-Arabella- el hombre escupió mi nombre con odio.- Por fin te he encontrado. Te escondes muy bien, aunque tarde o temprano tenía que pasar. No es fácil ocultar un rostro bello que nunca envejece- añadió, mirándome como si fuese una especie de demonio a causa de que aunque yo, según sus cálculos, debería tener unos cincuenta y tantos años.

Carlos tenía razón, no es fácil. Por eso cuando veinte años atrás me di cuenta de que tendría que huir de todo un cartel de narcotraficantes asesinos que estarían buscándome sin cesar por tierra, mar y cielo volví al mundo mágico casi completamente, para refugiarme en esa sociedad a la que tan bien se le da ocultarse. Pensé que solo tendría que dejar pasar unas cuantas décadas hasta que todos mis enemigos muriesen y entonces volvería a estar completamente a salvo. Pero apenas habían pasado dos décadas, y de alguna forma me habían encontrado.

-Ni se te ocurra- me advirtió Carlos. Yo le había criado, prácticamente, así que me conocía muy bien y sabía lo que se me estaba pasando por la cabeza: defenderme con garras y dientes. No pretendía morir disparada en el baño de un bar.- No he venido solo, Bella. Haces un solo movimiento extraño, y mis hermanos le volarán la cabeza a tu amigo.

Durante una fracción de segundo estuve pensando en mandarlo a la mierda, hacer caso omiso de su amenaza, y matarle ahí mismo antes de que llegase apretase el gatillo sin importarme las consecuencias. Pero apenas había pensando en eso cuando me di cuenta de que no podía dejar que matasen a Matt. Era una sensación extraña e inexplicable, pero no podía permitirlo.

-¿Así que vas a matarme aquí? Vamos, hazlo- le dije a mi antiguo hijastro con tono cortante, retándole a llevar a cabo su misión. Él rió.

-No, Bella, las cosas no se hacen así. Mataste a mi papá, y ahora vas a pagar. Un tiro en este lugar asqueroso no cuenta.- Abrió la puerta entonces y me vi obligada a salir de allí. Miré a mi alrededor inmediatamente, buscando con la mirada a Matt. Ahí estaba, donde yo lo había dejado, pero vi que en la mesa de al lado estaban sentados los hermanos de Carlos, y en otras mesas estaban algunos de sus hombres. Habían venido a por mí de tal manera que pretendían no dejarme escapatoria.- Vamos, camina.

Carlos me obligó a salir del bar por la puerta de atrás, a una callejuela que había allí, donde nos esperaban más hombres. Yo caminaba con la cabeza muy alta, con confianza y con paso seguro. No iba a dejar que me intimidasen, aunque en el fondo estaba asustada. Me estaban llevando hacia una furgoneta blanca que había aparcada allí. Ya casi la habíamos alcanzado cuando giré la cabeza para mirar a la puerta trasera del bar. Me preocupaba que se hubiesen quedado algunos de los hombres allí con Matt. Sabía que él era un excelente mago y luchador, pero eso no contaría si le pillaban por sorpresa.

-¡Rápido!- exclamó Carlos, dándome un golpe en la espalda con su pistola, impaciente por que entrase en el coche y pudiese llevarme a algún lugar donde vengarse.
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Matt Forman el Mar Nov 01, 2016 11:20 pm

Nuestra conversación estaba cogiendo un tono más natural, como dos amigos de verdad que han estado separados algunos años por causas ajenas a ellos. Por más que nosotros no teníamos nada de amigos de verdad ni de haber estado separados por causas ajenas a nosotros. Al menos empezaba a sentirme cómodo en su presencia, y me di cuenta de que a pesar de todo podíamos charlas como dos adultos. Lo que no quería anclarme en el pasado. No era bueno hablar de lo que pasó entre nosotros, y que me contase sobre su asombrosamente larga vida tampoco. Me causaba bastante confusión. De modo que intenté desviar el tema al presente. Su sonrisa juguetona y sus palabras pícaras me dieron a entender que no había cambiado tanto desde la última vez que la vi. Aunque cuando nos conocimos me dio a entender que era una niña mojigata, y se lo reproché de forma chistosa a lo que me respondió admitiendo que no había tenido una buena polla dentro en años hasta que me conoció.  Añadió que había echado más de menos a mi pene que a mi. Le dediqué una mirada de profundo pesar y luego me reí.

Le pregunté por su presente. Quería conocer como era la tarea de profesora, y si le gustaba. Creí cada una de sus palabras. Los críos de hoy en día no son como Lluna, así que no me extraña que le den ganas de pegarles alguna colleja. De nuevo halagó a mi sobrina, cosa que me encantaba y más viniendo de una profesora de Historia como ella. Conocía de sobra lo aplicada y estudiosa que es pero no está de más que me lo diga alguien con mirada crítica e imparcial.

- ¿Y cómo es el castillo? ¿Te gusta? Piensa que la mayoría de magos hemos crecido allí y lo conocemos muy bien. Sobre todo los armarios de las escobas, que deben estar más frecuentados que la biblioteca.

De repente pasó una mujer tambaleándose, topó con la silla de Arabella y volcó su copa sobre el vestido de esta. Estuve a punto de presenciar una pelea entre señoras pero aquella borrachuela siguió su camino sin ni siquiera darse cuenta de que había perdido media copa encima de otra clienta. Me la quedé mirando de forma extraña y luego miré a Arabella, se excusó para ir a limpiarse. Le esperé allí sentado fijándome en que la mujer que antes pasó tambaleándose y mojó a Arabella y ya no parecía tan borracha. Estaba hablando con un tipo que le entregó algunos billetes de uso corriente muggle. Algo no estaba bien. Ese mismo tipo se metió en los baños, y Arabella tardaba en salir. Quizás esté en su momento All-bran del día, pero ahora mismo dudo de que las arpías tengan necesidades de ese tipo. Me levanté y quise ir hacia los baños pero dos tipos se acercaron a mí y me sacaron por la puerta de atrás.

- No me van los tríos con desconocidos, la verdad.

Me empujaron hasta la salida y vi como subían a Arabella a una furgoneta blanca, y lo mismo hicieron conmigo. Permanecí callado. Algo no estaba bien. No podía hablar con ella delante de todos esos tíos armados, de modo que simplemente puse mi mano sobre el corazón, donde guardaba la varita dentro del forro de la chaqueta. Es algo que ella sabe, si es que se acuerda. En cuanto paremos se van a enterar. No puedo provocar el pánico en medio de Londres o tendremos problemas con el Ministerio. De todos modos son al menos cuatro hombres, en esta furgoneta, y usan armas de fuego. Por suerte para mí, sigo siendo rápido con la varita.

La furgoneta agarraba las curvas con poca suavidad y varias veces tuve que sostenerme en el tipo que llevaba al lado. Pasamos unos diez minutos en el auto y finalmente pararon en las afueras de Londres. Nos hicieron salir de la furgoneta mientras no dejaban de apuntarnos con las armas. No entendía nada de lo que estaba pasando pero lo más seguro es que los cuatro tipos fuesen a dormir con los peces del río esta preciosa noche.
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Arabella K. Morgenstern el Lun Nov 28, 2016 7:14 pm

Me mantuve en calma en todo momento desde que Carlos y sus hermanos y secuaces nos sacaron a la fuerza a mí y a Matt del bar por la puerta trasera y nos metieron en la furgoneta blanca. ¿No había nada más cantoso que esto, en serio? No me intimidaron sus poses amenazante sin sus pistolas, pues había estado en situaciones de peligro mil veces en el pasado. Matt tampoco parecía asustado, sino que parecía que estaba alerta, preparándose para después cuando llegase el momento oportuno. No me sorprendía; sabía que él no era un mortífago, pero sí que era un hombre de acción que había estado muchas veces en situaciones de peligro como yo y había salido ileso. No iba a dejarse derrotar por una panda de muggles que son demasiado idiotas como para darse cuenta de que han ido a meterse con las personas equivocadas.

Vi a Matt moviendo su mano cautelosamente y posándola sobre su corazón. Mientras que para otra persona podría parecer que eso significaba que Matt estaba nervioso y le faltaba el aire o algo, yo sabía que estaba preparándose para agarrar su varita después, pues ahí era donde la tenía guardada. La comisura de mi boca se curvó en una ligerísima sonrisa que fue percibida solamente por uno de los hombres que nos vigilaban.

-Quítese esa sonrisa de la cara- me dijo el hombre con tono extremadamente agresivo mientras me daba un golpe en la cara. No consiguió hacer que me quejase, podía soportar esos golpes aunque doliesen y me hubiese cruzado la cara.

-Déjela, hermano, ¿no ve que va a morir? Que sonría si quiere- escuché que decía Carlos, y mi sonrisa se hizo más amplia. Debían de pensar que estaba loca al verme así, pero me parecía muy gracioso que fuesen así de idiotas. Le había tenido cariño en el pasado, cuando les crié porque no me quedó más remedio ya que eran los hijos de mi marido, ¿pero ahora que querían matarme? No, solo había una persona en todo el mundo a quien le había perdonado una ofensa tan grave, aunque las razones que ellos tenían estaban más justificadas, pero daba igual.

Condujeron hasta las afueras de Londres y nos llevaron a un edificio a medio construir que estaba medio abandonado. Al salir de la furgoneta nos apretaron las pistolas contra la sien y nos obligaron a caminar al interior del edificio. Estaba segura de que Matt tenía mil preguntas.

-Matt, te presento a mi hijastro Carlos. Él y sus hermanos están un poco resentidos conmigo…

-¡Calla y camina, bruja!

-¿Bruja? ¡Eso es precisamente lo que no soy!- exclamé con tono burlón mientras caminaba. Cierto es que aunque las pistolas podían matarme, estaba bastante más tranquila que en el bar cuando me habían pillado completamente por sorpresa.- Has estado muy cerca, eso sí.

Subimos las escaleras hasta uno de los pisos superiores del edificio abandonado a medio construir. No había paredes, y tropezarse en el borde significaba una caída y una muerte segura dada la altura a la que estábamos. Había una ligera brisa que provocaba un silbido fantasmal a nuestro alrededor.

-¿Es todo esto realmente necesario?- pregunté mientras nos obligaban a Matt y a mí a ponernos de rodillas en el suelo uno enfrente de otro. Ambos teníamos a dos hombres detrás nuestro, cuatro en total. A nuestro alrededor había más, pero estaban más lejos. Carlos se puso al lado de Matt con un cuchillo largo en la mano, en vez de con una pistola.- Déjame adivinar, vais a torturarle delante de mí para hacerme sufrir por lo que le hice a vuestro padre… ¿Por qué no habéis escogido entonces a una persona que, yo qué sé, me importe más?

Obviamente habían escogido muy bien a su víctima, pero no iba a admitir eso en voz alta. Carlos me miró con una sonrisa retorcida y jugó con el cuchillo un poco entre sus dedos.

-Los ojos de una mujer no mienten, querida madrastra, y los suyos yo los conozco muy bien- dijo apuntándome unos instantes con el cuchillo, antes de hacer un movimiento rápido para clavárselo a Matt en alguna zona dolorosa, pero no letal.

No lo consiguió, sin embargo. Yo fui más rápida. Mis dos enormes alas negras de membranas y plumas aparecieron en mi espalda, dejándolas a la vista por primera vez delante de esas personas. Con un fugaz golpe de ellas lancé a los dos tipos que estaban detrás de mí por los aires, y antes de que el cuchillo se clavase en la carne de Matt interpuse mi ala entre ellos. Sentí una raspadura, pero la extrema dureza de mis alas membranosas actuó como un escudo que protegió a Matt y desvió el filo del cuchillo lejos de él.
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Matt Forman el Sáb Dic 10, 2016 3:07 pm

Por el acento se podía adivinar que esa gente no es de aquí. Pero conocen a Arabella, de modo que es posible que hayan venido a por ella directamente. La han estado vigilando hasta hoy que han decidido secuestrarla. Y a mí con ella, por entrometido. Observaba la situación sin temer por nuestras vidas. Esos imbéciles buscaban aislarnos para poder matarnos sin levantar sospechas, sin ni siquiera pensar que era a ellos a los que estaban aislando y era a mi al que estaban dando una excusa perfecta para matarlos sin levantar sospechas. Intenté levantarme cuando golpearon a Arabella. No lo iba a permitir. Si hacen algo antes de que lleguemos al destino les mato aunque nos estrellemos. Uno de los chicos me sujetó riéndose de mí.

- Se las da de machito, jefe. - dijo uno de esos subnormales mirando al que parecía el que mandaba.

Apreté la mandíbula para tranquilizarme. No podía agarrarlos a golpes sin más, ellos levan pistolas. Y es peligroso matarlos ahora mismo mientras uno de ellos va conduciendo. Esperaré. Pero no mucho. No permito que nadie se burle de mi. Con la varita me costaría tres segundos matarles a todos. Tres. Mientras que ellos no tendrían tiempo ni de disparar el gatillo. En mi mente estaba ideando un plan para que todo quedase como un ajuste de cuentas en el que todos mueren, para que el asunto no pasase de la policía muggle a los agentes del Ministerio.

Una vez la furgoneta se detuvo nos hicieron bajar y pude ver que nos habían alejado bastante de la ciudad. No obligaron a entrar en un edificio abandonado y allí, con armas, nos hicieron poner de rodillas. En breve la cosa cambiaría, pero lo cierto es que quería saber a que venía todo aquello. Arabella habló. Carlos, el jefe de la banda, era hijo de uno de los maridos de Arabella. De su pasado no tan pasado. Él la llamó bruja y yo sonreí. Si ella es una bruja espera a ver que te hago, cabrón. Calculé la situación, y no era tan fácil. Había cuatro hombres armados, y el tal Carlos jugueteaba con un cuchillo en mi cuello. Según ella iban a torturarme para hacerla sufrir. Intentó hacerles creer que no le importaba que me hicieran daño pero nadie se lo creyó. Tampoco yo. De modo que Arabella desplegó sus alas de arpía, un gran espectáculo digno de ver si no fuese porque nos encontrábamos en peligro. Lanzó a dos tipos al suelo y se interpuso entre el cuchillo y yo quedando herida. Me levanté aprovechando el desconcierto y lancé maldiciones Imperius a todos los hombres que estaban más cerca.

- Se acabó. ¿Estás bien? - me acerqué a Arabella y conjuré magia de sanación con la varita. - Vulnera sanentum.

Su herida no cerraba como la de un ser humano normal pero al menos no sangraba. La cogí de la mano para quitarla de en medio y entonces aproveché para cometer el crimen perfecto. Hice que los tipos se dividieran en dos grupos, todos con sus armas en alto. Primero hice disparar a unos, que acertaron en los hombres que tenían justo enfrente. Luego esos mismos heridos dispararon certeramente sobre los primeros. De modo que todos quedaron heridos, desangrándose. Y como estaban bajo mi maldición ninguno gritaba ni buscaba pedir ayuda. Se iban a desangrar en cuestión de minutos, y nos íbamos a quedar para verlo. Para cerciorarme de que todos morían. Los que estaban más alejados escaparon al ver que todos se estaban matando entre si. La policía cerraría el caso alegando que todo había sido un ajuste de cuentas entre bandas extranjeras de narcotraficantes. Y fin de la historia. Me desaparecí con Arabella hasta un lugar seguro cerca de mi casa, y cubriéndola con mi chaqueta la llevé hasta mi mansión para que pudiese desplegar de nuevo sus alas y ver si se estaba recuperando. En realidad estaba más que curada, estaba bien, como si nada hubiese pasado. Quise invitarla a cenar, charlar, que me contase todo y se tranquilizase, pero ella prefirió irse.

- De acuerdo, pero ve con cuidado. Ese tan Carlos ya no volverá a molestarte, pero solo tu sabes si hay alguien más que busca hacerte daño. Las vidas pasadas te persiguen, ¿no es cierto?

Me dio un abrazo y una sonrisa como única respuesta y despareció por la puerta. Solté un bufido y me fui directo a la nevera a por una botella de vino y una copa para luego meterme en la bañera. Soy un hombre de acción, no es eso lo que me asusta. Pero Arabella hoy ha logrado sorprenderme mucho.
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