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Walking Disaster [Odiseo Masbecth / Flashback]

Fiona T. Shadows el Mar Jun 07, 2016 5:56 pm

 
Antiguo piso de Fly, Oslo, Noruega · 6.30 h · Nublado · Junio de 2013 · Odiseo Masbecth

Apenas hacia dos segundos que el Patronus de Albus Dumbledore había desaparecido del comedor de su casa. El Fénix hizo una breve aparición para desvanecerse en la nada con un importante mensaje que hizo que Fly se viese obligada a salir del sofá a regañadientes. Aquel día libraba. Su prometido no estaba en casa y tenía toda la tranquilidad del mundo para pasarse el día tirada en el sofá sin hacer nada. Pero no. Tenía responsabilidades. Tenía eso que algunos llaman deberes morales y ya estaba quitándose el pijama para ponerse una ropa más adecuada para salir a la calle.

No tuvo tiempo para ello. Mientras estaba en ropa interior en su dormitorio escuchó un sonido sordo que anunciaba que los polvos flu estaban siendo usados. Su chimenea estaba bloqueada para desconocidos, por lo que esperaba encontrarse con una cara conocida en el salón cuando escuchó algo parecido a un bostezo y un par de palabras sueltas sin sentido. Pues la persona que las estaba pronunciando tenía tal nivel de drogas en sangre que no era conscientes ni de lo que pasaba a su alrededor.

Fly miró a través de la puerta para comprobar que había un cuerpo tendido en la chimenea. Rodó los ojos y maldijo al dinosaurio que trajo a Dumbledore al mundo por no saber expresarse. Ella había entendido que tenía que ir a algún lugar a por su responsabilidad, no que su responsabilidad vendría a su casa como si fuese un zombie tirado en la moqueta. Porque así era Dumbledore, un hombre que parecía que sabía lo que hacía pero no tenía ni la más remota idea. O quizá era al contrario, nunca se sabe lo que pasa por la mente de ese hombre.

En lugar de terminar de vestirse, dio un golpe de varita a su atuendo para hacer que unos pantalones vaqueros y un jersey ancho gris apareciesen sobre ella. Cogió unas zapatillas del armario y se las fue poniendo según se acercaba al cuerpo del hombre que yacía entre ronquidos en el suelo. – Eh, tú. – Pero el hombre no hizo amago de moverse ni de haberse enterado de nada de lo que había sucedido a su alrededor. Pues posiblemente ni se había dado cuenta que lo habían empaquetado dirección a otro país cuando él estaba tranquilamente en Londres. – Tú, despierta. – Le dio un golpe con el pie en una pierna, pero sólo se movió en el suelo sin decir nada.

Rodó los ojos y se percató de un pequeño detalle. Sobre el hombre dormido, había un pergamino doblado que cogió entre sus dedos para empezar a leer:

Su nombre es Odiseo Masbecth, anoche mismo pasó a ser
miembro de la Orden del Fénix y, aunque no lo parezca,
nos será útil para la causa. Tiene información que podría
sernos de interés y contactos útiles que nos servirán en un futuro.
Enséñale cómo funciona la Orden y ten paciencia.

PD: Si pregunta algo sobre una vaca dile que está bien.

El colmo. Ahora tenía que ser la niñera de aquel hombre y hacer de guía turística versión Orden del Fénix. Y para más colmo, no sabía qué tenía que ver una vaca en todo aquello. ¿Acaso una vaca lo había golpeado y por eso se encontraba en tan malas condiciones en aquel momento? ¿Quizá era un animago vaca y había tenido un problema durante su transformación y estos eran los efectos secundarios? No, no podía ser nada de eso. Pero menos sentido tenía el resto de información que había recibido.

- Mira tú, levanta, no me sobra el tiempo como para tener que soportarte. – Pero nada, que el hombre quizá era sordo y Dumbledore se pensaba que Fly sabía lenguaje de signos. - ¡Odiseo! – Gritó. Pero nada. Que el hombre, vivía en su burbuja de sueño donde no había nada más que él mismo. Y esa vaca, que para algo la nombraba Dumbledore en su carta.
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Odiseo Masbecth el Vie Jun 10, 2016 4:49 am

Todo había empezado muy casualmente. Se habían reunido después de cierto tiempo de no verse, el hombre (al que por fines de privacidad llamaremos Fulgencio) había vuelto para comprar de la mejor droga que podía ofrecer el mercado. La de Odi. Era uno de sus clientes mas antiguos y a Odi le gustaba hacer negocios con él. Era buena compañía y en realidad una persona bastante mas relajada que el promedio de los magos, que parecía que todos andaban con un palo metido en el… bueno, demasiados detalles. Que era buena compañía. Así que para celebrar su reencuentro se fueron a un bar (de nuevo, por efectos de seguridad el nombre del bar deberá permanecer desconocido) y pidieron unas inocentes cervezas. Las inocentes cervezas escalaron a seis cervezas cada uno. Para aquel momento ya habían acabado dos porros entre los dos y aún había conversación para rato. Luego, decidieron que iban a pasar a algo un poco mas fuerte. Algo como media botella de whisky de fuego y un par de hongos.

La lengua se les soltó a ambos, pero eso en el caso de Odi no era muy grave. Era un adicto vendedor de drogas y aunque jurase por Mildred que algo que decía era verdad su palabra no tenia un muy alto nivel de credibilidad. Sin embargo le contó sobre el último regalo que le había hecho a su hermano –un cuaderno encantado que se camuflaba como papeles importantes y cuando se le tocaba metía alaridos de dolor- y el hombre, bajando la voz y con tono confidencial le contó sobre la Orden del Fénix. Era un grupo de personas inherentemente buenas que luchaban contra los mortifagos de forma secreta y él era parte. A Odiseo aquello le parecio maravilloso. En su estado de intoxicación aquello sonaba como un grupo de personas que luchaban contra personas pequeñas a lomos de fénix y el sueño secreto de Odiseo siempre había sido montar a lomos de un fénix mientras lanzaba hechizos a diestro y siniestro. O al menos lo era desde hacia cinco minutos. Usando las sutiles y perfectas artimañas de droga gratis, Odi lo convenció de que lo hiciera parte de ella.

Así fue como Fulgencio y Odiseo abandonaron el bar para un recuento final de seis cervezas, nueve shots de whisky de fuego, dos de tequila, dos porros y dos hongos cada uno. No sabían que pasaría primero cuando encendieron el siguiente porro: si el coma etílico o la sobredosis. Se apoyaban el uno en el otro para andar en una línea nada recta y con ataques de risa ocasionales que los hacían detenerse para hablar con los gnomos que se encontraban por la calle y preguntarles por el mejor restaurante para comer pasta con salsa de mandrágora. Pero ninguno supo darles indicaciones, así que se tuvieron que conformar con un puesto cualquiera de la calle donde se dieron un atracón de comida monumental, patrocinado por los efectos de la marihuana. Luego siguieron su camino, creyendo ciegamente que nadie se daría cuenta del estado en el que se encontraban. El tercer hongo fue el que desencadenó la laguna mental que le duró hasta el día siguiente, cuando su hermoso sueño lleno de marihuanas que cantaban junto a Mildred fue interrumpido por un buen golpe en la cabeza.

Su despertar vino acompañado de la conocidísima resaca. Un dolor penetrante en la cabeza, la lengua seca, la pesadez del cuerpo. Todo indicaba que la noche anterior había sido especialmente maravillosa. Aunque su mente no lo recordase, su cuerpo sí que lo hacia. Se llevó lentamente una mano a la cabeza para tocar el lugar golpeado y con la velocidad de un oso perezoso soltó un “auch” y se giró para seguir durmiendo. Pero una voz que sonaba como campanadas a sus oídos resaquicos evitó que esto pasará. Se giró sobre si mismo para observar a una chica que lo miraba impacientemente, como si esperase algo de él. Eso podía ser peligroso. No llevaba mas droga y ni un peso en el bolsillo. Se cubrió el rostro con una mano, intentando cubrirse del sol.

- ¿Qué pasa?- preguntó con la misma velocidad que antes- ¿Nunca has visto a un borracho dormir? Es muy sano para el cuerpo niña, deberías intentarlo.

Pero Morfeo ya se le había escapado, así que no le quedó otra que sentarse. Le dolía el cuerpo. Se sentía como si hubiese aterrizado contra un suelo de madera luego de viajar por una chimenea. Hizo una mueca mientras movía los hombros y poco a poco estiraba sus extremidades. A cada una mas adolorida que la otra. La realidad se abría paso lentamente por su cerebro, lo que no era nada bueno. Necesitaba un porro. Mientras buscaba en sus bolsillos miró a su alrededor y se dio cuenta que no tenia la mas mínima idea de donde estaba, lo que tampoco era nada demasiado nuevo.

- ¿Dónde estoy?- le preguntó a la chica. No tenia hierba, se dio cuenta aterrado. Se la habían acabado toda ayer. Que tragedia- ¿Tienes marihuana por ahí?- y otra cosa aún mas importante logro abrirse paso por su embotado cerebro- ¿Dónde esta Mildred? ¡¿Qué le has hecho a mi vaca?! - se levantó de golpe, para luego tambalearse y tener que agarrarse de la chica para no caerse ¿Qué había pasado con su vaca?
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Fiona T. Shadows el Sáb Jun 11, 2016 10:47 pm

Aquello tenía que ser una broma de mal gusto. Nadie en su sano juicio avisaría sobre un nuevo miembro de la Orden que necesita conocer su funcionamiento más de cerca y enviaría a cientos de kilómetros de distancia a semejante ser. Fly no daba crédito a lo que tenía ante sus ojos. Se trataba de un hombre que, a pesar de estar tumbado, era evidente que no era precisamente bajito. Debía alcanzar casi dos metros dee altura y dado que Fly llegaba escasamente al metro y medio la diferencia resultaba descomunal. No se movía lo más mínimo y lo único que hacía era balbucear sin sentido cuando Fly hablaba, como si intentase pedir silencio en el dialecto de alguna tribu o africana. O bien podía estar invocando a la lluvia y al Espíritu Santo que Fly no hubiese notado ni la más mínima diferencia.

Intento despertarlo siendo amable. Tan solo hablando y esperando que el sonido de su voz motivase algún tipo de respuesta por parte de aquel individuo. Pero no obtuvo respuesta alguna salvo aquel extraño sonido que podía confundirse con el de un gato ronroneando antes de ser atropellado brutalmente por un tren de pasajeros.

Si algo caracterizaba a la paciencia de Fly es que era escasa. Era del tipo de personas que no aguantan la espera y precisan rápidamente de ver los resultados. Resultados que eran totalmente inexistentes, pues el tal Odiseo permanecía en el suelo sin articular una palabra que pudiese entender. Aún tenía una de las zapatillas en la mano, pues en el tránsito hacia el salón solo se había puesto una de ellas por lo que sus movimientos eran más que evidentes para cualquiera que estuviese viendo lo que pasaba. Que no era el caso de Odiseo. -¡Levanta!- Dijo molesta alzando la zapatilla y lanzandola contra el cuerpo inerte del borracho que no tardó en reaccionar, abriendo por fin los ojos y dejando salir de su boca un par de palabras con sentido. O más bien, entendibles.

La castaña no pudo evitar elevar sendas cejas en señal de sorpresa ante las palabras del hombre, quien parecía considerar totalmente normal aparecer dormido en una casa ajena frente a una desconocida que te grita y te golpea para que muevas ese trasero inútil situado al final de tu espalda. Pero Fly no conocía a Odiseo, o al menos no habían tenido trato alguno durante su estancia común en Hogwarts, por lo que era como un desconocido que acababa de salir de la chimenea sin ser invitado con tan solo una nota avisando de quién era.

No lo respondió, sino que se limitó a mirarlo sin entender cómo había acabado aquel hombre en la Orden del Fénix. Sin mediar palabra se acercó hacia él, solo el tiempo necesario para agacharse a coger la zapatilla que instantes antes le había lanzado y sentarse en el sillón para ponérsela.

Fue en ese momento cuando las preguntas con algo más de sentido salieron de la boca del hombre. Una tras otra. Y a cual peor. La primera era lógixa teniendo en cuenta que había surgido de la nada dormido. La segunda era pasable, pues viendo cómo se comportaba y su mención a la resaca el tema de las drogas no había por qué descartarlo. Pero la última acabó por hacer que Fiona soltase una sonora carcajada. - Lo que me faltaba ya. - Resopló apartándose el cabello de los ojos y colocando tras la oreja. - Estas en una chimenea. Concretamente mi chimenea. Así que sal de ahí. - Pues aunque la mitad de su cuerpo estaba sobre el suelo, la otra parte se encontraba en la chimenea tras haber aterrizado allí. - En Oslo. Ayer estabas en Londres pero no había nadie dispobible para... Soportar tu resaca más cerca. - Seguro que había alguien más cerca y disponible pero con los polvos flú y la aparición aquello no importaba lo más mínimo. Y menos a Dumbledore, quien vivía en su propia burbuja por muy buen mago que aparentase ser. Y que era. - No tengo marihuana, y si quieres fumarte alguna planta hay perejil en la despensa, lechuga en la nevera y creo que la vecina de al lado tiene geranios en la ventana. - Se levantó y fue rumbo a la cocina pero frenó en seco antes de llegar para dar respuesta a la última pregunta. - Y la vaca está en Londres sana y salva. Aunque viendo cómo estás tú quizá tenga resaca.

Todavía no entendía que interés podría tener la Orden en recultar a personas como Odiseo, pero esperaría a ver lo que ducedía a lo largo de la mañana antes de proponer borrarle la memoria. - El baño está al final del pasillo. Hueles a muerto y sí, es una indirecta para que te duches. - Se cruzó sendos brazos sobre el pecho sin perder vista de aquel hombre. - Te haré algo para la resaca y luego empezaremos a trabajar. - Rodó los ojos y lo miró de arriba a abajo. - Tenemos mucho que hacer. - ¿Por qué? ¿Por qué le había tocado a ella encargarse del yonki de la vaca? ¿Qué había hecho mal para merecer aquello?

Espero a que Odiseo se moviese y comprobó que no había muerto mientras hablaban. Puso los ojos en blanco justo al tiempo que entraba en la cocina para prepararle un remedio casero contra la resaca, pues en aquellas condiciones estaba claro que no sería de utilidad alguna. Aunque... Siendo sinceros, dudaba que tuviese algún tipo de utilidad para algo que no fuese liar porros.
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Odiseo Masbecth el Vie Jun 17, 2016 2:25 am

¿Una chimenea? ¿Su chimenea? ¿Y qué si la chimenea no quería ser de su propiedad? ¿Eh? ¡¿Eh?! Eso es lo que hubiese deseado decir, y hubiese dicho, si hubiese tenido algún tipo de función corporal de fácil acceso. Pero cualquier cosa que hiciera, hasta hablar, era un esfuerzo titánico. Además, la chica parecía muy interesada en continuar explicándole la situación, pero las dos cosas que se quedaron con Odiseo fue que: no tenia marihuana y Mildred estaba bien. Respiró aliviado. Su vaca siempre sabia salir bien librada de todas sus aventuras. Las que recordaba y las que no también, como aquella. Se frotó la cabeza, como si aquello fuese a reactivar sus neuronas y llenar la laguna que tenia. No recordaba absolutamente casi nada. Pero por la escasez de hierba que llevaba encima imaginaba que había sido una noche extremadamente agradable, aunque conllevase aquella dichosa resaca.

La chica seguía hablando, notó Odiseo a través de su devastador dolor de cabeza y de nuevo, solo entendió la mitad de las cosas que decía. Algo sobre una ducha ¡Uh! Sí, una ducha calientita y sacarse aquella ropa de encima. Sospechaba que había regado mas de un trago en esta. Se olió la manga del saco e hizo una mueca de asco. Olía a muerto… ¿Será que había vuelto a robar un cadáver? Esperaba que no, porque a este paso no habría cementerio que aceptará su cuerpo cuando muriese joven. Se encogió de hombros, descartando cualquier atisbo de preocupación que pudiera aparecerse y con dificultad empezó a ponerse de pie. Su espalda craqueó y nada mas estuvo sobre sus dos pies, tambaleó y tuvo que agarrarse de una pared. Por Merlin, parecía que aquellas copas aún afectaban su equilibrio. Necesitaba un porro cada vez mas urgentemente. Siguió las indicaciones de la chica pero la llegada al baño fue mas complicada de lo que esperaba. Se equivocó de puerta dos veces. Con la misma puerta.

El baño le pareció ligeramente claustrofóbico, pero a Odi muchas cosas le parecían ligeramente claustrofóbicas pues a pesar de ser delgado era inmensamente larguirucho. Sin embargo el agua salía calientita y reparadora. Como se dio cuenta una vez estuvo metido bajo el agradable chorro. El agua que resbalaba por su cuerpo y bajaba por el desagüe se demoró unos momentos en empezar a correr transparente. La teoría del robo del cuerpo sonaba cada vez mas pausible. Y tal vez una cacería de hadas por algún bosque. Era un excelente pasatiempo cuando estabas drogado hasta la última célula. Se enjabonó concienzudamente, sacando suciedad de todas las esquinas de su cuerpo. También se lavó el pelo en el que sospechaba que alguien había dejado caer dos cervezas y un montón de lodo pues se encontraba en un estado verdaderamente lamentable. Mientras se tomaba su tiempo y desterraba la suciedad de su cuerpo, se puso a cantar a gritos con la voz destemplada de alguien que no debería cantar ni en la ducha.

- LAAA TSIIIIZGUEEEÑAAA ÑAPAPIPIIII PAPAA… LA TSIIIGUEÑAAAA ÑAPAPIIIICHIPAPOOO. JROM DE DAI GUI ARRAIVE TO DE PLANET AND VLINKING STEP TO THE SOOOON TERES MOOORE TU SIII TAT KAN EVER BI SIIIN MORE TU DU TAT KAN EVER BI DONEEE.

Para cuando salió del baño no relucía porque eso solo pasaba en los dibujos animados muggles, pero estaba lo mas cerca que un ser humano puede estar de relucir.

Sin embargo, nada mas salir de la ducha, tuvo un problema: su ropa. Su ropa lo miró, él miro a su ropa, su ropa sostuvo la mirada tercamente, su ropa frunció el ceño mientras intentaba quebrar su voluntad. Odi tembló ligeramente, su ropa lo intimidaba. Así que hizo lo mas sensato que podía hacer en aquel momento que fue tomarla y lanzarla por la ventana. Por algún milagro desconocido de la naturaleza su varita se quedó en su mano. Con la varita le vino la epifanía de que él, Odiseo Masbecth Tornolopulus –o cual fuese su segundo apellido-  era un mago. Y los magos podían usar aquellos palitos extraños que lanzaban chispas para hacerse la vida mas fácil, por ejemplo. Se señaló a si mismo y conjuró ropa, pero en medio de su resaca no se había dado cuenta que la varita estaba al revés y su ropa se estampilló contra la pared. No le importó lo mas mínimo. Era ropa, y esta no tenia una mirada intimidante.  Se vistió felizmente y antes de salir del baño tuvo otra brillante idea, lo cual demostraba que era un genio. Con resaca asesina y todo podía tener magnificas ideas. Con otro movimiento de la varita, y esta vez cuidando que estuviese por el lado correcto, Odi conjuró hierba y un papel de liar, todito para él. Abandonó el baño y llegó a la cocina silbando la canción que tan melodiosamente había cantado en la ducha. Se sentó a mirar como la chica le preparaba algo mientras encendía el porro con su siempre fiel varita.

Mientras lo hacia su cerebro seguía repasando toda la información que le habían dado antes, pero la repasaba muy lentamente, a la velocidad que el martilleante dolor de cabeza se lo permitía. Era increíble que con tanta magia no hubiese una forma de curar la resaca. Los magos eran unos verdaderos inútiles se dijo mientras soltaba la primera bocanada de humo. Así estaba mejor, eso debería llevarse su dolor de cabeza en unos segundos. Como si su cerebro hubiese necesitado marihuana para trabajar apropiadamente la imagen clara de la chica diciendo “Tenemos mucho que hacer” y refiriéndose a él, llegó a su consciente. Se alarmó de repente.

¿Tenían mucho que hacer? ¿Estaba hablando de trabajar? ¿Aquel día? ¿En aquel lugar? ¿A aquella hora?

- ¿Con esta resaca?-completó su línea de pensamientos en voz alta y alarmada, negando enfáticamente con las manos y la cabeza- no estoy apto para ser un ser humano hoy o ningún día si seguimos esa línea de pensamiento… Mira… eh… ¿Ravioli?- no Odi, eso no es un nombre de una persona. Bueno, al menos que la hayan bautizado tus padres- ¿Gerarda? No, no… ¿Ramona?... ¿Cómo dijiste que te llamabas?
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Fiona T. Shadows el Dom Jun 19, 2016 11:16 am

El hombre se tambaleó a duras penas para levantarse del suelo y, por suerte divina, no acabó dándose de bruces contra la chimenea, contra una de las paredes o contra el marco de la puerta según intentaba salir del salón para encontrar el pasillo. Fiona se giró para no ver aquel espectáculo en el que Odiseo intentaba avanzar por el pasillo como si el suelo de este se hubiese tornado mágicamente en una rampa metálica que arrastraba el suelo en la dirección opuesta a la que quería tomar Odiseo y que, por esa razón, le costaba tanto avanzar.

Por su parte, se volteó en dirección a la cocina y llegó hasta ella en apenas unos segundos, pues se encontraba inmediatamente al lado del salón.

Abrió la nevera y sacó de su interior todo lo que precisaba para aquella bebida para Odiseo. Sacó un bote de mermelada de fresa y otro de mermelada de melocotón. Un tarro de margarina, otro de mayonesa, una botella de leche, un sobre de kétchup y tres huevos. Encontró también al final de la nevera medio limón seco, pues todo el mundo sabe que es recomendable tener medio limón vigilando tu nevera.  Tras rebuscar un poco más sacó un bote de pepinillos pasados de fecha, un plátano negruzco por el frío de la nevera (de esos que toda madre considera que están en perfectamente para servir como postre aunque estén negros por fuera) y un par de yogures de coco que se iban a acabar caducando porque le daba asco el sabor del yogur de coco.

Tras depositar todos los ingredientes en la encimera, se acercó a uno de los estantes de la cocina para sacar sal, azúcar, vinagre y un pequeño paquete con especias variadas. Sacó la licuadora y echó los ingredientes poco a poco. Primero una cucharada de mermelada de fresa; tres cucharadas de mermelada de melocotón; dos cucharadas de azúcar y una de sal; un poco de orégano y otro poco de canela; abrió el kétchup y vertió en su interior la totalidad de su contenido; los dos yogures de coco; la totalidad del bote de pepinillos aún con aquel olor desagradable; un chorro de vinagre para matar el olor de los pepinillos; medio plátano cortado en rodajas; zumo de limón seco; dos vasos completos de leche. Finalmente cascó los huevos, los batió y echó el resultado final con un toque de sal y otro de perejil. Añadió cinco cucharadas de mayonesa y una de margarina.

Cerró la licuadora y dio al botón de encendido haciendo que todos los ingredientes allí vertidos comenzasen a desmenuzarse y juntarse entre ellos en una masa cada vez más homogénea. El sonido de la licuadora amortiguó los cánticos de invocación satánica proferidos por Odiseo y su voz sacada del mismo averno.

Una vez terminó de licuar, preparó un vaso de tubo bastante grande con aquella peculiar mezcla y le colocó una pajita para darle mejor aspecto, ya que el color grisáceo con tonos rojizos no ayudaba precisamente a que tuviese buena pinta.

Salió de la cocina al escuchar la voz de Odiseo proveniente del salón y le tendió el vaso sin contestar a ninguna de sus preguntas. – Calla y bebe, te quitará la resaca. – Las personas tienen a desarrollar el efecto placebo y, una vez les das el remedio a todos sus males, estos se solucionan por completo aunque lo único que les has dado es un vaso de agua. – Y no te dije como me llamaba. – Añadió la chica dejándose caer sobre uno de los reposabrazos del sillón y subiendo sus piernas sobre la zona que comúnmente se usa para  apoyar el trasero.  – Bebe. – Elevó una mano para animar a que Odiseo se bebiese el contenido de aquel vaso.

- Me llamo Fiona. Pero si quieres abreviarlo, eres libre de hacerlo. – Con los años había aprendido a tener cierto aprecio a su nombre pero desde bien niña había odiado profundamente a su madre por ponerle aquel nombre. Luego se había acostumbrado y le había resultado hasta bonito.

- Al parecer ayer te uniste a la Orden del Fénix. – Comentó la chica mientras jugaba con la varita entre sus dedos y miraba a Odiseo con cierta curiosidad. Porque era un ser curioso, cuanto menos. – Es una especie de asociación secreta que prácticamente nadie en el Mundo Mágico conoce y cuya finalidad es la de acabar con los magos tenebrosos. La gente se une a ella porque algún amigo que ya forma parte de ella le recomienda entrar, habla con un superior y la persona en cuestión empieza un periodo de prueba como aspirante a miembro de la Orden del Fénix. – Rodó los ojos preguntándose quién en su sano juicio le habría contado el secreto a semejante elemento. – Tú eres uno de esos aspirantes ahora y desde hoy comienza tu periodo de prueba. Tienes que demostrar que tienes valor para la Orden y que serás de utilidad para nosotros. Sino… Puede que al final del día te borre la memoria y hagamos como si nada de esto hubiese pasado. – Dijo encogiéndose de hombros. Estaba casi convencida que eso sería lo que acabaría por suceder al final del día.

- ¿Y bien? ¿Dudas? ¿Quejas? – Preguntó esperando que Odiseo no hiciese alguna gracia o soltase una serie de preguntas sin sentido alguno que acabaría haciendo que su paciencia fuese disminuyendo por momentos.
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Odiseo Masbecth el Miér Jun 22, 2016 9:45 pm

La verdad y nada más que la verdad había visto pociones cuyo ingrediente principal era barro de aspecto más agradable que lo que había en aquel vaso que la chica le ofrecía. También había bebido algunas de aspecto seriamente más desagradable. Algunas que hasta se movían con vida propia y todo por el bien de la ciencia de la droga. Soltó otra bocanada de humo, haciendo bolitas con este mientras miraba seriamente al vaso, acercando su cara hasta casi rozar su nariz con el vidrio de este, a la altura de la mesa. Lo golpeaba con un dedo de la mano en la que no sostenía el porro. El líquido a duras penas se movía cuando lo empujaba hacia los lados, así de espeso era. Con cara de inmensa concentración se encontraba decidiendo si la resaca lo tenía tan maltratado como para beber aquello o no. Por la insistencia de la chica parecía que el aspecto de Odi debía justificar aquella bebida, así que tomó el vaso con la mano libre y dio un primer trago. No sabía taaaaan mal. Digo, no era el más fino de los vinos, pero definitivamente había tomado cosas peores. Mucho peores. Aunque sí tenía un cierto regusto a refrigerador y era aquello… Volvió a tomar otro sorbo, pero esta vez dejó que reposara más en su lengua intentando reconocer el sabor. Sí, era ketchup añejada. Su favorita. Y de sobre además.

La chica empezó a explicarle de todo. Que se había unido a una orden, cosa que él no consideraba posible considerando que nunca había sido muy ordenado, pero las cosas más imposibles siempre pasan cuando menos te dabas cuenta… O cuando no estas en todos tus sentidos, como solía estar Odi la mayoría del tiempo. Y claro que le iba a abreviar el nombre. Aún más con semejante invitación a hacerlo. Le diría Fifi decidio. Sí, Fifi le iría bien. Parecía que Odi se había logrado unir a una secta. Era extraño, siempre había pensado que detestaba las sectas, pero suponía que él también estaba lleno de sorpresas. Mientras la chica hablaba él daba pequeños sorbos a su vaso, descubriendo cada vez más bellisimos y perfectos ingredientes. Cuando acabó con su contenido lo dejó donde lo había encontrado. La verdad no se sentía especialmente revitalizado, aunque el dolor de cabeza si había remitido un poco. Pero eso también podía ser efecto del magnífico canuto que procedió a apagar contra el fondo del vaso y lo dejó allí, porque era muy educado y no iba a dejar casas ajenas con el suelo cubierto de colillas, como estaba la suya.

Odi intentó recordar como había sido que la noche anterior había terminado uniéndose a una secta. Debía haber sido un algún momento después de… eh… ufff… En realidad ¿Qué demonios había pasado la noche anterior? Ni siquiera recordaba del todo el nombre del hombre con el que había empezado todo el asunto. Aunque estaba seguro que nunca se hubiese imaginado que alguno de sus clientes perteneciera a una secta. Pero bueno, uno nunca sabe la verdad de la gente hasta que algo como aquello pasa. Sí, le gustaba la palabra secta. Le daba cierto misterio y picante al hecho de que no sabía dónde demonios se había metido y quien había pensado que él sería una buena adición para cualquier tipo de grupo organizado. Sabía que era un buen tipo, hermoso, sexy y capaz de alcanzar cosas de los estantes más altos, pero aquello no justificaba que nadie creyese que era un ser responsable. Al menos nadie en su sano juicio.

-Pues sí. Esta secta que mencionas ¿Qué hace exactamente? ¿Recoge cenizas de fenix? ¿Encuentra mascotas perdidas ¿Vende drogas a malhechores? La verdad solo tengo experiencia con la última, aunque alguna que otra cantidad de cenizas de fenix si he tenido en mis manos. Es un muy buen ingrediente para las pociones alucinógenas. Sirve como Redbull mágico - ¿Que creían? ¿Que Odi no conocía una de las bebidas muggles más útiles? Ingenuos. Odi sabe de todo que sea malo para el organismo y más aún si es beneficioso para su negocio, como solía serlo- la verdad no tengo ningún problema con que al final del día borres mi memoria. Sabe Merlin que la pobre no es muy buena a estas alturas de la vida… ¿Qué dijiste que íbamos a hacer hoy?

No es como que fuese un controlador o que tuviese un horario especialmente apretado para el día de hoy, pero la curiosidad siempre era algo bueno. Bien lo sabían los gatos. Aunque él siempre había creído que si iba a ser un animal sería algo genial. Él necesitaba un animal acorde con su magnífica personalidad, no un simple gato de callejón. Algo majestuoso… Algo increíble… Algo así como un aye aye o un kakapo. Eso sí que merecía la pena ser.
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Fiona T. Shadows el Jue Jun 23, 2016 11:12 pm

Aquella bebida no era ni mucho menos una poción mágica capaz de acabar con la peor de las resacas, el mayor de los dolores de cabeza ni el malestar general que podía recorrer el cuerpo de cualquier individuo. No, para nada en absoluto. Aquella bebida no era ni mucho menos algo que pudiese sentar bien a quien lo tomase, pues con la cantidad de ingredientes variopintos que llevaba podía causar vómitos o diarreas a quien lo tomase. Lo raro sería si al final de aquel día, Odiseo no estaba echando líquido por todas las aberturas de su cuerpo.

Y, extrañamente, no lo pensó dos veces a la hora de mirar el vaso y darle un corto trato para acabar bebiendo y bebiendo hasta terminar con el contenido. Fly no pudo disimular su sorpresa al ver cómo daba el primer trago, pero mayor fue su sorpresa al ver que no vomitaba ni se quejaba del sabor, sino que después de ese primer trago iba un segundo y un tercero.

Intentó disimular, pero era de esas personas cuyo rostro era incapaz de disimular lo que la mente pensaba. Negó con la cabeza y comenzó a hablar, haciendo un intento de explicación a lo que sucedía, pero viendo cómo Odiseo tragaba y tragaba aquel mejunje le resultaba una misión más complicada de lo que podía haberse llegado a imaginar en un primer momento.

- Que mala suerte, lo de vender drogas a malhechores ya está ocupado. Eso lo llevan otros miembros de la Orden. Necesitas otro rango y más experiencia… Ya sabes, no vamos a depositar ese tipo de tareas en personas que apenas llevan unas horas siendo miembros de… Sí, de nuestra secta. – Sí, pensaba fingir que todo lo que decía Odiseo tenía sentido. Si Albus decía que aquel hombre tenía información que les sería útil en un futuro, no podía desperdiciar la oportunidad de conseguir que fuese un miembro de provecho para la Orden. Aunque estuviese convencido que eran una secta que pasaba drogas a los Mortífagos. – Por Merlín, ¿Qué demonios le pasa a tu cerebro? – Preguntó incrédula al ver cómo había olvidado todo lo que le había dicho.

Resopló. Se armó de paciencia. Porque carecía de paciencia y precisamente era lo que necesitaba en un momento como aquel. O más bien, lo que necesitaba en una compañía como aquella. Cerró los ojos y colocó el dedo índice y el corazón en la parte superior del puente de su nariz, entre sendos ojos. Bajó la cabeza y respiró profundamente una vez. Y otra. Y otra. Así hasta contar hasta cinco.

- A ver, Odiseo. Anoche, una persona muy inteligente y con buen ojo para elegir a futuros miembros de la Orden del Fénix, decidió que eras un buen candidato para pertenecer a esta secta. – Utilizó nuevamente aquella palabra, para ver si con eso le calaba algo de lo que decía. – En esa secta, cazamos magos tenebrosos, buscamos objetos que puedan ser peligrosos para magos y muggles, protegemos a personas… Intentamos mantener el Mundo Mágico y el Mundo Muggle seguro, ¿Comprendes? – Preguntó de manera pausada antes de seguir, porque si no comprendía aquello, iba a lanzarle un jarrón a la cabeza para ver si le funcionaban las neuronas.

- Todavía no eres un miembro de la secta. Sino un… Aprendiz. Tenemos que ver si tienes lo que hay que tener para poder ser un miembro y te enseñaremos todo lo necesario para que puedas trabajar con nosotros. Así que hoy veremos si es factible. – Una palabra demasiado compleja que quizá salía del entendimiento de un yonki con resaca. – Veremos si es posible. – Añadió antes de levantarse para coger el vaso, con el canuto en su interior, y retirarlo hacia la cocina.

Dejó el vaso y volvió hacia Odiseo. Se planteó desaparecerse e ir a la calle, pero viendo el estado de aquel hombre pensó que acabarían con más problemas que beneficios. Por lo que prefirió abrir la puerta de la calle y señalar hacia el exterior. – Vamos a la calle. A comprobar qué sabes hacer. Y no me digas que sabes liar porros con los ojos cerrados, puedo imaginármelo. – Añadió antes de que este comenzase a enumerar la de cosas que era capaz de hacer y todas ellas relacionadas con las drogas.

Bajaron los escalones hasta el portal y salieron por la puerta principal. La opción de bajar en ascensor estaba descartada, no quería correr el riesgo de quedarse allí encerrada con semejante individuo, por lo que lo mejor que podía hacer era hacerle andar para ver si se le pasaba la tontería. - ¿Dónde trabajas? – Tenía la impresión que aquel hombre trabajaría vendiendo droga o cadáveres humanos al mejor postor, pero tenía curiosidad por escucharlo de su propia boca y no de las suposiciones y especulaciones que hacía su mente según pasaba el tiempo.

Pasaron por una calle bastante amplia sin apenas gente debido a la hora y que la mayoría de las personas estaban en sus respectivos puestos de trabajo. Caminaron por un par de manzanas y, finalmente, llegaron a una pequeña cafetería situada en una de las esquinas. Sin previo aviso, Fly se sentó en una de las mesas de la terraza y se cruzó de piernas esperando a que Odiseo tomase asiento a su lado.

El camarero no tardó en acercarse para apuntar sus pedidos con una alegre sonrisa de oreja a oreja. – Yo tomaré un cortado con hielo. En vaso de tubo a ser posible. – Dijo mientras ojeaba la carta por pura curiosidad más que nada.
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Odiseo Masbecth el Lun Ago 01, 2016 3:10 am

¿Qué demonios le pasa a tu cerebro? ¿Qué demonios le pasa a tu cerebro? ¿Qué cerebro le pasa a tus demonios? Bueno, él le había pasado. Su pobre cerebro había sido maltratado, pisoteado, bañado, sumergido, pinchado y hecho amigo con tantas drogas que era un milagro que aún funcionase siquiera lo suficiente como para mantener el negocio vivo. Es más, aunque nadie lo apreciara, la simple existencia semi-funcional de Odi era un verdadero milagro de la naturaleza. Si usábamos el sentido común o simplemente lo escuchábamos recitar una lista de las sustancias que había consumido o solía consumir nos debería quedar más que claro que Odi estaba vivo simplemente porque no lo querían recibir en el infierno.

De pronto volvió a la realidad pues la voz de Fifi estaba reclamando su atención de forma intensa y él no podía ignorarla porque su cerebro había perdido el hilo del pensamiento anterior y encontrado con la voz. Así que era una secta de personas que hacían cosas buenas. Hizo una mueca. Él no era muy bueno en ser bueno. Y no porque fuese malo, era simplemente que no parecía que hiciera demasiadas cosas que podían llevar ese calificativo. Empezando por vender droga, drogarse, las orgías, falsificar memos y mandar falsas cartas de odio y amor. Pero lo más malo de toda su persona es que a veces, solo a veces… Escondía cosas en estanterías muy altas para que la gente pequeña no pudiera alcanzarlas. Sí, era malvado. Hasta la médula. Pero Fifi decía que alguien con muy buen ojo lo había escogido. Ya fuese verde o azul o del color que fuese el ojo si Fifi lo decía, y si lo habían escogido y no habían maltratado a su vaca, pues por algo debía ser.

Fifi se levantó y Odi se vio invitado a salir del apartamento. Se preguntó si sería buena idea. Tenía resaca y aunque no había revisado en la ducha, probablemente estaría lleno de moretones ¿Por qué no habría revisado? Debería haber revisado. Siempre se le olvidaban las cosas importantes, como apagar la estufa y cerrar la puerta con doble llave o donde había guardado las pastillas de Mildred o donde había dejado sus zapatos o, o, o, cuál era la raíz cuadrada de 3575 o porque lado se cogia la varita. Ese tipo de cosas. Cosas como esas que el resto del univ… ¿En qué momento habían bajado las escaleras y salido a la calle? Se preguntó en el instante que el aire le golpeaba el rostro. Su cerebro empezó a echar hacia atrás como una atrofiada maquina del tiempo y en vez de detenerse en el momento en que había decidido salir por la puerta, se detuvo en el momento en el que Fifi le dijo que no le dijera que podía liar un porro con los ojos cerrados.

-Y con los ojos abiertos. Con una mano, con dos manos, con los pies, con la varita. También Mildred puedo hacerlo. Puedo hacer líneas perfectas de cocaina con forma de corazón, tengo la marca patentada de jeringas que desaparecen tras un solo uso, porque nos preocupa la salud de nuestros clientes- siempre hablaba en plural, como si eso lo hiciera sonar más profesional… O tal vez metiendo a Mildred en el asunto- Si ellos se mueren ¿Quien nos compraría? Yo quiero un café grande con tres chorritos de leche, cuatro cucharadas soperas de azúcar, cinco espirales de chocolate y una carita feliz dibujada en la espuma. ¡Ah! Y un cenicero - sí, iba a liarse otro porro ¿Nadie les explicó que las adicciones tienen un concepto errado del tiempo?- en el ministerio. Soy el jefe del departamento de avioncitos de papel… Tiene un nombre más elegante, pero a mi me gusta ese. El resto del sueldo me lo ganó vendiendo droga mágica y no mágica en ambos mundos. No te imaginarías la cantidad de gente que parece que no tiene ningún gusto por ningún tipo de droga y aaaay… Por ejemplo, a Martin, el de la recepción le encanta la cocaina colombiana. Colfer, de objetos muggles disfruta mucho con los hongos bailarines de Taiwan y Dodge, el auror ese ejemplar, se echa una que otra canita al aire con su buen porro.

Sí, tenía una seria política de secreto con sus clientes, por eso había mentido. Martin odiaba la cocaina, disfrutaba era el LSD, Colfer aborrecia los hongos bailarines puesto que lo ponían a huir música pop y prefería mil veces la heroina inyectada y Dodge… bueno, a Dodge en realidad sí le encantaban los porros. En ese momento, mientras Odi se recostaba tras haber soltado una cantidad de absurda información, llegó su extraño pedido. El rostro del respetable adulto se iluminó, dejando a un lado su porro a medio armar para tomar un sorbo de aquel café que atentaba contra su cuerpo.
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Fiona T. Shadows el Miér Ago 03, 2016 1:20 pm

Era el mayor esperpento que podía haberse topado. No entendía quién en su sano juicio había decidido que el tal Odiseo Masbecth sería un buen reclutamiento para la Orden del Fénix cuando era evidente que no era capaz ni de cuidar de sí mismo. Ni de su propia vaca que Dios sabe lo que tendría que haber sufrido al lado de aquel hombre que pocos se atreverían a llamar mago. Pues Fly tenía la impresión de que las habilidades de aquel hombre con algo que no fuesen el alcohol y las drogas eran prácticamente nulas o totalmente inexistentes. Era una corazonada, quizá por su forma de hablar y de comportares, o quizá tenía algo que ver con topárselo dormido y con resaca en mitad de su salón a primera hora de la mañana.

Por suerte para ambos, Odiseo no acabó bajando la escalera a trompicones o rodando como si de una croqueta humana se tratase. No, parecía estar tan absorto en sus pensamientos que incluso su compañía se volvió grata en aquel momento en el que su lengua se mantuvo encerrada en el interior de su boca, librando a los allí presentes de escuchar una serie de tonterías como las que llevaba contando toda la mañana.

Pero aquello no podía durar eternamente. Y es que Fly no era partidaria de los silencios, aunque aquello tuviese como consecuencia soportar a Odiseo durante un rato. A fin de cuentas, era un ser curioso, único y raro. Y a ella le gustaban esas cosas, por lo que podía buscar algo positivo dentro de aquella extraña situación en la que se encontraba en aquel momento porque algún subnormal había decidido que sería muy buena idea hablarle de la Orden del Fénix a un yonki, que seguro que pensaba que podía fumarse un Fénix o tener uno como mascota para que le hiciese las tareas domésticas cual Elfo Doméstico.

Como cabía esperar la respuesta estúpida de Odiseo no tardó en escapar entre sus labios. Ojalá Fly pudiese escapar de tal manera de aquel lugar y dejar a Odiseo tirado en mitad de la calle. Pero no caería esa breva. Tenía que aguantar por la Orden. Pues si las palabras de Albus Dumbledore eran ciertas, aquel hombre sería de utilidad para la Orden. Lo que aún no sabía era el por qué. ¿Y si Dumbledore era ya demasiado mayor y no tenía criterio a la hora de escoger miembros para la Orden?

- Sí, sin duda piensas en tus clientes. – Afirmó la chica mientras ojeaba el menú sin curiosidad alguna, pues ni estaba leyendo lo que ponía en el papel. Por suerte, Odiseo no pidió alcohol en su café, algo que Fiona había dado por hecho, pero no lo dudó a la hora de pedir un cenicero. Al menos era limpio, dentro de lo malo…

- ¿Avioncitos de papel? – Preguntó extrañada. No es que no conociese bien el Ministerio de Magia, pero no recordaba que en Noruega hubiese tal puesto. Quizá era algo nuevo que habían implantado den Gran Bretaña. No tenía ni la más remota idea pero le daba miedo hasta preguntar. – Eso… ¿Qué haces exactamente ahí? – No entendía qué era ese puesto, pero capaz era de trabajar limpiando los retretes y en su tiempo libre se dedicaba a hacer aviones de papel con el papel del baño y por eso mismo se autodenominaba jefe de aquel extraño departamento.

De haber trabajado en el Ministerio de Magia de aquel país hubiese tomado nota de los nombres de los clientes de Odiseo para no tener ningún tipo de contacto con ellos a lo largo de su vida. Pero no tenía intención de volver a Londres en lo que le restaba de vida, por lo que no le dio demasiada importancia a aquella serie interminable de nombres y sus particulares gustos por las diferentes drogas de Odiseo. – Sí, entiendo. – Afirmó con cierto miedo en darle más oportunidad de contar aquellas historias que no le interesaban en absoluto.

En cuanto el pedido llegó a su mesa y Odiseo apartó el porro, Fly colocó una servilleta disimuladamente sobre este para cogerlo y guardarlo. No pensaba acabar teniendo problemas por culpa de Odiseo y mucho menos soportar una conversación carente de sentido – incluso más si eres posible – por culpa de las drogas.

Echó el café de la taza al vaso de tubo con hielos y lo movió levemente con la cucharilla antes de echar un poco de azúcar y volver a mover el contenido. Dio un leve trago y miró a Odiseo. – Dumbledore dice que eres de utilidad para la Orden, pero no entiendo por qué. – Dijo con toda la sinceridad del mundo y es que Fly era incapaz de ir por las ramas a la hora de hablar. – Tienes problemas con las drogas, la mitad de lo que dices no tiene sentido y te importa más una vaca que tu propia salud. Así que no entiendo por qué demonios estás aquí. – Dio otro leve sorbo al café. - ¿Tienes contactos? ¿Un escondite secreto? ¿Alguna sustancia que pueda ser útil? – Quizá tenía un nuevo filtro de la verdad más indetectable, un explosivo de marca blanca, un detector de magos tenebrosos… Vete tú a saber qué demonios tenía aquel hombre de útil.
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Odiseo Masbecth el Dom Sep 04, 2016 6:51 am

Siempre se le olvidaba que aborrecía el café. Lo aborrecía visceralmente, como… como… como los alérgicos al maní aborrecen el maní, pero aún así siempre lo pedía de la misma forma, olvidando este detalle. Así que tras el sorbo hizo una espantosa mueca, sacudió la cabeza… y tomó otro sorbo. Sí, aborrecía el café pero igual se lo iba a tomar todo porque era lo único que lo mantenía vivo con resacas como aquella. La chica empezó a hablar sobre cómo Dumbledore, ese anciano de buen humor y barba larga, creía que él era una buena adición para la secta ¿Es que acaso estaba en la secta? Arqueó las cejas sorprendido. Nunca se había imaginado que Dumbledore fuera de ese tipo de personas. Pero bueno, uno nunca sabe.

Se le había acabado su porro ¿Lo habría apagado hace mucho? Cuando se trataba de marihuana nunca tenía el asunto muy claro. Frunció ligeramente el ceño jugueteando con una de las servilletas que el mesero había dejado. La doblaba y desdoblaba, intentando decidir qué tipo de animal haría, haciendo un doblez aquí para un pingüino y allá para un elefante, luego desdoblando y volviendo a doblar. Pero cuando la chica preguntó si podía hacer algo útil Odi pensó que lo más útil que podía hacer era avioncitos de papel así que, muy diestramente, hizo uno y se lo entregó.

-Toma, dejame buscar mi varita para explicarte, sostén ahí- dijo mientras rebuscaba en su bolsillo intentando encontrar su varita, sacando no solo esta sino también un montón de basura bolsillil, el más común tipo de basura. Colillas de porros viejas, un par de libras arrugadas y un par de knuts y un Sickle, todo de lo que había quedado de su fortuna de ayer. Además de un papel primorosamente doblado en forma de corazón. Odi levantó esto primero olvidando el resto, normalmente así era como se dejaba notas importantes a sí mismo para el día después de una fiesta- mira, me deje una nota- le dice a la chica, mostrándole el corazón primorosamente doblado. Lo desdobla, dejando ver una letra que no es la suya en un papel ligeramente manchado de algo que, se lo lleva a la nariz, síp, es alcohol- Odi, seguramente para este momento ya te habras despertado en algún lugar distante de Londrés y alguien de la Orden ¡Hey! Quien escribio esto sabe de tu secta- esa idea parece alegrarlo y con una enorme sonrisa continua leyendo para Fifi y él su nota en forma de corazón- Si es así, dejame asegurarle a esa persona que por dudosa que parezca tu competencia en realidad eres muy útil, especialmente para lo que viene a continuación… ¿Ah sí? En fin, blah, blah, blah ¡Ah! Aqui esta la parte importante: Mildred esta bien, sana y salva.

Como si no hubiese sido asegurado de ello antes y fuese la única información importante de toda la nota le entregó el trozo de papel a Fifi antes de concentrarse en la carta. De pronto se le había despertado el apetito.

Y he aqui lo que decia la carta.

“...Especialmente para lo que viene a continuación. Ha llegado a nuestro conocimiento que los mortifagos han conseguido poner sus manos sobre un cargamento de algo -no sabemos qué- que aparentemente cambiará todo el curso de la guerra mágica. Odi aquí presente tiene no solo una amplia red de chismes que puede encontrar cualquier cosa en poco tema sino que es amigo de una gran cantidad de personas de dudosa reputación que lo tienen en muy alta estima. Con esto… y debo admitirlo, borrachos a más no poder, logramos conseguir la locación de donde tienen guardado este cargamento. Anoche estábamos demasiado fuera de nosotros para hacer nada al respecto, pero aqui esta la dirección -inserte dirección secreta- y buena suerte ¡Ah! Y Mildred esta bien, sana y salva. Te manda saludes”
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Fiona T. Shadows el Dom Sep 18, 2016 5:20 pm

Se limitó a mirar el interior de su taza mientras que con la cucharilla movía el contenido que, de haber estado vivo, habría acabado con un mayor mareo del que Odiseo debía tener la noche previa para tener semejante resaca. Miró con curiosidad el interior del café, como si allí pudiese encontrar la respuesta a qué tipo de locura transitoria había atacado a Albus Dumbledore para considerar a ese tal Odiseo Masbecth una buena opción a candidato de la Orden del Fénix. Por favor, si apenas podía cuidar de sí mismo, ¿Qué utilidad podía tener alguien como él?

Por suerte, no tuvo que esperar demasiado para que Odiseo hiciese alarde de lo que quisiera que tenía que hacer alarde, y es que su especial don estaba escondido en una servilleta, con letra algo temblorosa y trazos irregulares, lo que demostraba que sin duda, quien lo había escrito no se encontraba en plenas facultades mentales en el momento de hacerlo. – Entiendo… - Frunció el ceño sin saber muy bien que decir a lo que ponía en la servilleta que ahora se había convertido en su principal fuente de información. Pues, sorprendentemente, resultó que aquella servilleta era lo más útil que Odiseo portaba en sus bolsillos, entre tanta basura inútil.

Cuando Odiseo dejó de leer lo que le pareció importante de la carta, depositó esta sobre la mesa y Fly no tardó en tirar de esta para leer su verdadero contenido que, como era de esperar, contenía mucha más información de la que Odiseo había considerado útil comunicar. - ¿Has leído el resto? – Preguntó al ver que Odiseo no opinaba nada en absoluto sobre el resto del contenido de la carta, y es que podía deberse a que consideraba que el resto de información no era tan importante como las alabanzas a su persona o la información referente al estado de salud de Mildred. - ¿Lo has entendido? – Cambió rápidamente el contenido de su pregunta, pues era posible que lo hubiese leído pero no que hubiese entendido ni lo más mínimo de lo que se veía plasmado en el papel.

Hizo una señal al camarero para que se acercase a su mesa cuando pudiese y le dejó la cantidad aproximada de dinero que había costado el pedido de ambos antes de marcharse de allí. – Vamos, no podemos desaparecernos en mitad de la ciudad. – Apremió la castaña asegurándose que la zona a la que se dirigían no contaba con demasiadas personas que pudiesen ver lo que iba a suceder a continuación.

Sin previo aviso sujeto el brazo de Odiseo y ambos se desaparecieron en la dirección que venía escrita en la servilleta. Fiona rezó internamente para que la dirección fuese correcta y no hubiesen bailado algunos números o letras al ser escritos por un drogadicto borracho preocupado por el estado de salud de su vaca por encima del suyo propio. - ¿Cómo sabías que teníamos que venir aquí? – Preguntó al no saber muy bien dónde estaban. Había visitado aquella zona en alguna ocasión, pero tenía un vago recuerdo que le hacía no estar demasiado segura de haberse aparecido en el lugar correcto. – No creo que te dijeran claramente dónde tenían escondido algo importante. Sea lo que sea ese algo. – Aún seguía sin comprender como las misiones de la Orden siempre acababan siendo buscar “algo” o buscar a “alguien” pero nunca sabía de qué se trataba hasta que daba con ello. O hasta que eso le golpeaba de lleno en la cara.

Se encontraban en un polígono industrial situado cerca del río. Había edificios destartalados y varias naves industriales con pinta de estar abandonadas. Había camiones de carga y descarga y algún que otro coche en malas condiciones, como si se encontraran a punto de ir al desguace. – Se supone que tenemos que buscar la nave 372. – Comentó mirando la servilleta antes de doblarla y guardarla en el bolsillo trasero del pantalón. – Deberíamos separarnos. Yo iré por la izquierda y tú por la derecha, si ves la nave lanza chispas rojas con la varita, estaré pendiente. Y si ves algo sospechoso… Sí, también lanza chispas. – No confiaba demasiado en Odiseo, pero, ¿Qué otra cosa podía hacer? Así que se separó del chico y comenzó su búsqueda por la parte izquierda del embarcadero.
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Odiseo Masbecth el Lun Oct 10, 2016 5:03 am

Detuvo la taza a medio camino de su boca, alzando las cejas y mirándola con clarisima cara de confusión. Su cerebro ni siquiera había registrado que había algo más en la carta que la seguridad de su vaca. ¿Qué le iba a importar el resto? Y sí, puede que fuese un poco paranoico al respecto… Pero… Pero… ¡Era Mildred! No había nada más importante en su vida, ni siquiera su droga y eso era mucho decir. La chica pareció ponerse en un modo mucho más activo, como si aquella improvisada carta hubiese dado una excelente información de donde su padre escondía las gominolas mágicas. Odi fue arrancado de la calma y tranquilidad del cafecito y arrastrado por la pequeña castaña por la ciudad como si se tratase de un niño pequeño… bueno, nada muy lejano a la realidad. Todo pasó demasiado rápido para su aletargada mente ¿Por qué le exigían tanto las demás personas? ¿Es que acaso no veían que tenia una monumental resaca?

La voz de Fi-Fi se escuchaba lejana y distorsionada. Era poco recomendable aparecerse con semejante resaca. Así que Odi se apoyó en lo más cercano y respiró profundamente durante un par de minutos, antes de que el dolor cesara un poco y pudiese ser una persona de nuevo. El olor a un río le cosquilleaba la nariz, el metal frío le lamía la mano y poco a poco empezó a entender dónde estaban. Estaban… Estaban en el sitio ese… En… Eh… Ayer también había venido, su amigo había insistido “Es lo correcto, Odi” había dicho antes de largarse a reír, porque con todo lo que tenían encima era casi que imposible no reírse a cada instante. Habían ido vagando por las calles, hablando con cuanto amigo, cliente, conocido de Odi se encontraron y por los sitios por donde se pusieron a hacer eses- porque eso que hacían no podía ser llamado caminar- había una gran cantidad de esta gente. Sí, sí hasta se habían encontrado con Ramiro Rodriguez de la Rosa. Ah… Ese tipo. Pero Fi-fi volvía a hablar y esta vez sí estaba en condiciones de entenderla. Nave 372. Chispitas rojas. Peligro.

Asintió y antes de que pudiese oponerse a la idea, la chica ya había desaparecido, seguramente ansiosa por separarse de él. Cerró la boca que había abierto para decir algo y se encogió de hombros. Bueno, estaba solo… Más o menos. Miró a ambos lados del asunto, se guardó las manos en los bolsillos y echó a andar con grandes zancadas hacia la izquierda. Silbaba ligeramente, como para distraerse a sí mismo de lo poco interesante que pasaba a su alrededor. Una nave. Otra nave. Otra nave… ¡oh miren! ¡otra nave! Empezó a mirar los números como porque sí. 364, 365, 366, 367, sí, las naves sabían contar con sus grandes y negros números 368, 369, 370, 371… Esperen ¿Cual era el número que buscaba? Se detuvo un instante y miró al cielo, como si de allí de pronto le fuese a caer la respuesta. Tenía algo que ver con un 3… Tras unos instantes se encogió de hombros y giró a la izquierda 323, 324, 325. Sí, estaba casi seguro que era por aquí. Claro que sí, ya lo encontraría él y así Fi-Fi vería que era increíblemente útil y lo dejaría quedarse en la secta. Porque la verdad, Fi-Fi le caía bien, y sabía que él le caía bien a Fi-Fi aunque ella intentase evitar mostrarlo rodando los ojos constantemente y gruñendo debajo del aliento.

Otra izquierda. 298, 299, 300, 301. No iba prestando demasiada atención a lo que veía en realidad. Sí, miraba los números pero su cerebro en realidad no los registraba, estaba demasiado ocupado imaginando que por fin encontraban lo que fuese que habían venido a buscar y él podía ir a dormirse en su cama. Otra izquierda. 270, 271, 272, 273. Su cómoda y adorable cama, rodeada de tan inmenso y agradable desastre que siempre estaba seguro de que algo se enojaría un día con Clem por intentar acomodar las cosas. Sí, podría meterse entre sus cobijas y dormir aquella resaca como se lo merecía. Y una izquierda más. Se preguntaba porque nunca se había molestado en ponerle nombre a su cama. Era una de sus mejores amigas, con su suavidad y su disposición a siempre recibirlo entre sus acolchonados brazos, debería ponerle un nombre, sí. Algo importante, algo que tuviese mucha personalidad… Algo como… eso esta mal. No, cerebro idiota, eso no, ni siquiera es un nombre. Su cerebro insistió con la frase y Odiseo se detuvo para prestarle atención. Después de todo estaba haciendo un esfuerzo impresionante al intentar comunicarse con él en medio de esa resaca.

-368, 369, 370, 371, 273 - contó en voz alta porque era más fácil ocupar sus cuerdas vocales que su cerebro en aquel momento. Frunció el ceño durante unos segundos. Había algo mal ahí- 368, 369, 370, 371, 273- su ceño se frunció aún más pronunciadamente. Sí, estaba mal, aunque fuese un pésimo nombre para una cama era verdad lo que su cerebro decía. Ladeó la cabeza como un perro confundido. Sabía que tenía que hacer algo que un caso como aquel, pero había olvidado que… Miró a ambos lados ¿Donde andaría Fi-Fi? Estaba seguro de que ella sabría que hacer. Sacó su varita y lanzó unas chispas rojas con una floritura, seguramente aquello le atraería la atención y le diría que tenía que hacer ahora. Sí, Fi-Fi seguramente sabría qué hacer.
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Fiona T. Shadows el Miér Oct 12, 2016 1:18 pm

Dejó a Odiseo solo vagando a sus anchas por aquella pila de contenedores de color grisáceo que únicamente se diferenciaban en el número que tenían grabado sobre la puerta. Quizá haberle dejado solo no había sido ni de lejos una de sus mejores ideas y bien dicen por ahí las mentes sabías que no es bueno separarse. Y por mentes sabias, hablamos de esas películas de terror donde todos tienen le extraña necesidad de separarse para buscar o no ser encontrados por el asesino, lo que acaba siendo una idea tan mala como echarle azúcar a las lentejas. Pero necesitaba alejarse de él un rato o acabaría por tener un enorme dolor de cabeza o, lo que tampoco era tan importante, acabaría por matarlo.

Caminó durante varios minutos mirando la pila de contenedores ante la que se encontraba de manera que no tardó en cerciorarse que el contenedor en cuestión no estaba en la dirección que había tomado. Los números no se parecían siquiera al que estaban buscando, por lo que debía ir hacia la derecha donde Odiseo había ido.

Comenzó a caminar con paso tranquilo sin importarle cuanto se demorase en llegar hasta donde estaba Odiseo. Teniendo en cuenta el estado de salud en el que este se encontraba y lo dispersas que parecían ser sus ideas, era posible que se hubiese quedado admirando una paloma que se cruzó en su camino. O quizá había iniciado la persecución de las hormigas hasta su sede de residencia en un hormiguero bajo tierra. O podía encontrarlo hablando con una araña para que le contase su secreto sobre la fabricación de su tela con la que planeaba hacerse un traje para autoregalarse en su próximo cumpleaños. Apenas le conocía y ya se esperaba casi cualquier cosa de aquel individuo.

No tardó en ver una serie de chispas de color rojizo alzándose hacia el cielo a pocos metros de donde se encontraba. No sabía si Odiseo habría dado con algo o ese algo habría dado con él, pero no tenía ninguna prisa por llegar hasta donde se encontraba. Siguió con el paso tranquilo que había caracterizado sus andares durante lo que llevaban de misión y, en apenas dos minutos, ya había llegado donde se encontraba Odiseo. - ¿Qué te pasa? – Preguntó mirando a sendos lados con la varita en alto por si se encontraban ante algún tipo de enemigo. Pero ahí no había rastro alguno de enemigo ni del contenedor que andaban buscando. – Te dije que me avisaras si lo encontrabas o si pasaba algo raro. – Añadió la castaña con cierta condescendencia al ver que Odiseo estaba allí tan tranquilo como el que se aparece en una chimenea desconocida después de quedarse inconsciente durante hora.

Pero entonces vio a qué se refería Odiseo cuando alzó la varita para lanzar chispas. Allí no había rastro alguno del contenedor que andaban buscando, pero sí podía observarse la consecución de los números que saltaban el 372, el que en cuestión andaban buscando. Fiona enarcó una ceja sin entender qué pasaba con aquello, pero no tardó en comprenderlo. El problema era… ¿Cómo accedían hasta aquel contenedor? Necesitaban activar la magia para que los contenedores contiguos se moviesen y dejasen ver el que andaban buscando. – Dime la primera palabra que se te venga a la cabeza. – Pensaba probar aquello, y es que si algo había aprendido de los drogadictos era que se enteraban de cosas de manera inconsciente y luego las recordaban de manera aleatoria. – Venga, cualquiera.
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Odiseo Masbecth el Lun Oct 17, 2016 4:30 am

Se quedó allí, mirando intensamente el pedazo de cielo que se veía entre los contenedores apilados. Había un pedazo de nube que se veía y Odi se divertía pensando en qué forma podía tener el resto de la nube, abstraído totalmente del resto del mundo. Un plátano tal vez, o un dragón persiguiéndose la cola. Su estómago sonó ligeramente, aparentemente no lo había alimentado demasiado apropiadamente y la mención del plátano había despertado al dragón que vivía en su interior. Debía pensar seriamente en ir por algo de comer… Especialmente por qué ¿Qué demonios estaba haciendo aquí? Miró al suelo, luego a un lado, luego al otro, luego de nuevo al primer lado y por último arriba, de nuevo al trozo de nube. Pero el trozo de nube ya no estaba allí, tampoco su hambre ¿Qué hacia mirado hacia el cielo vaci…?

Fi-fi le habló y su cerebro tardó unos segundos en encontrar la respuesta a todo, como un computador con un virus que se resetea de tanto en tanto. Sonrió con una de sus perfectas sonrisas como si nunca hubiese planteado la posibilidad de irse a comer y dejar a la chica a su suerte. Principalmente porque no recordaba haberlo hecho, no porque fuese ese tipo de personas. Odi no podía tener segundas intenciones porque aquello implicaría que estaba pensando en lo que estaba haciendo.

- Oh, no, no es nada malo, es solo que sentí la imperiosa necesidad de llamarte.

Era verdad hasta donde Odi sabia, pues la verdad la había llamado por lo de los números, pero también había olvidado aquella parte. Sus ojos siguieron la mirada de Fi, que de pronto se había quedado fijada en algo. 368, 369, 370, 371, 273. Eso estaba mal, ¿no? Antes de que pudiese preguntarle a Fiona esta le dio la muy imperiosa orden de que dijese la primera palabra que se le viniera a la cabeza. La chica tuvo que esperar una docena de segundos mientras la cabeza de Odi procesaba aquella orden, hasta que finalmente encontró algo que decir.

- ¡Concupiscencia! - ¿concupiscencia? ¿Qué demonios era la concupiscencia y con qué se fumaba?

No tuvo demasiado tiempo para pensar en todos los secretos de las conscupisponia porque de pronto, como si estuviesen jugando ese juego muggle llamado tetris los contenedores empezaron a moverse. Odi dio un salto atrás y se escondió detrás de Fiona… O al menos lo intentó, le llevaba casi 40 centímetros a la chica, esconderse detrás de esta era un poco imposible. Tras unos segundos de arriba, abajo, izquierda y derecha y otras tantas mezclas de movimientos los contenedores se acomodaron de tal forma que un pequeño camino se abría entre esos. Una personal normal, tras el susto que se acababa de llevar, hubiese girado en redondo y dejar el asunto en las capaces manos de la mujer que tenía delante, pero Odi parecía haber olvidado el susto que acababa de pasar y ahora solo pensaba en una cosa:

- ¿Crees que por allí tengan comida? La verdad es que tengo un hambre atroz.

En que tenía hambre. Era un hombre simple y no podía entretener dos sensaciones tan complicadas como el hambre y el susto al mismo tiempo. Sin decir más, guardándose una mano en el bolsillo y alzando la otra por encima de su cabeza para iluminar su camino con la varita, se adentró en el pequeño y tenebroso camino, girándose un poco para ver si su pequeña y nueva amiga le seguía. Le encantaba los días en que hacía nuevos amigos, eran muchos más entretenidos que los que no. Tan solo esperaba que lo alimentasen pronto porque su estómago empezaba a sonar peligrosamente a dos personas hablando y aquello nunca era una buena señal.
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Fiona T. Shadows el Vie Oct 21, 2016 7:34 pm

Como cabía esperar, la palabra que salió de la boca de Odiseo no fue precisamente una palabra normal. A cualquier persona, le pides que te diga una palabra, y te dice una palabra común. Una palabra que sea parte de su día a día. Pero no. Odiseo tenía que ser raro hasta para decir palabras aleatorias que pasaran por su  mente.

Fly no puedo más que rodar sus ojos y esperar a que a Odiseo se le ocurriese otra palabra lógica. Incluso comenzó a pensar posibles salidas para poder llegar hasta la zona que buscaban y que, si no es equivocaba, estaba oculta bajo un hechizo. ¡Por Merlín, semejante hombre siendo miembro de la Orden del Fénix! Pero, para su sorpresa, no tuvo que pensar mucho más.

Giró la cabeza al escuchar el sonido de los contenedores y se topó con que estos comenzaban a tomar vida propia, moviéndose con cuidado y sin nada de sigilo para dejar a la vista un camino oculto. Fiona miró con curiosidad el espectáculo que estaba teniendo lugar ante sus ojos y luego miró a Odiseo, realmente sorprendida porque era lo primero útil que le veía hacer en lo que llevaban de  día. Y, para ser sinceros, sería capaz de apostar todo su dinero a que posiblemente no le vería hacer nada útil hasta al menos pasados dos o tres años. Parecía que Odiseo era simplemente un tipo con suerte, no precisamente uno con muchas luces. Pero prefería no juzgarle… Lástima que había comenzado a hacerlo desde el primer momento en el que lo vio tirado sobre su chimenea roncando e inconsciente. Una buena manera de conocer a alguien, sin duda. Una magnífica primera impresión.

- Sí, sigue el camino de baldosas amarillas y llegarás al país de las patatas fritas. – Contestó Fly con total indiferencia sin siquiera prestar atención a Odiseo. Elevó su varita dejando que esta comenzase a iluminar el sendero por el que ahora caminaban y comenzó a andar seguida muy de cerca por Odiseo.

Fiona no medió palabra alguna mientras caminaban y deseo que por una vez su acompañante supiera comportarse, morderse la lengua y no decir nada hasta que hubiesen dado con el lugar que buscaban. El camino era largo, oscuro y no se veía el final. Pero no tardaron en encontrar que, efectivamente, sí tenía un final. Y este final era una pared metálica que conjuntaba con el resto de los contenedores. No había nada.

Fiona miró hacia atrás para ver a Odiseo y luego dio un paso hacia este, como si fuese a volver sobre sus pasos. Pero en ese momento, notó algo en el suelo. No tuvo tiempo de mirar hacia abajo para ver que era. Tampoco tuvo tiempo para avisar a Odiseo que se apartase. Pues, en ese preciso instante, el suelo se abrió bajo sus pies y comenzaron a caer. Y a caer. Y a caer. Cualquier persona hubiese pensado que iban a morir en la caída, pero esa caída no tenía fin alguno. Podrían haber frenado la caída usando la varita, pero ninguno lo hizo. Siguieron cayendo y cayendo. Y llevaban cayendo algo más de dos minutos cuando Fly se cansó y lanzó un hechizo hacia la nada, ya que todo estaba oscuro mientras caían.

En ese preciso instante, volvió la luz. Era una habitación totalmente blanca y de mármol y ellos… Ellos estaban sobre una superficie de color azul que les mantenía en estado de suspensión, como si llevasen cayendo todo el día, cuando realmente habían caído… ¿Dos metros? El techo ahora cerrado no estaba demasiado lejos.
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