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Walking Disaster [Odiseo Masbecth / Flashback]

Fiona T. Shadows el Mar Jun 07, 2016 5:56 pm

Recuerdo del primer mensaje :

 
Antiguo piso de Fly, Oslo, Noruega · 6.30 h · Nublado · Junio de 2013 · Odiseo Masbecth

Apenas hacia dos segundos que el Patronus de Albus Dumbledore había desaparecido del comedor de su casa. El Fénix hizo una breve aparición para desvanecerse en la nada con un importante mensaje que hizo que Fly se viese obligada a salir del sofá a regañadientes. Aquel día libraba. Su prometido no estaba en casa y tenía toda la tranquilidad del mundo para pasarse el día tirada en el sofá sin hacer nada. Pero no. Tenía responsabilidades. Tenía eso que algunos llaman deberes morales y ya estaba quitándose el pijama para ponerse una ropa más adecuada para salir a la calle.

No tuvo tiempo para ello. Mientras estaba en ropa interior en su dormitorio escuchó un sonido sordo que anunciaba que los polvos flu estaban siendo usados. Su chimenea estaba bloqueada para desconocidos, por lo que esperaba encontrarse con una cara conocida en el salón cuando escuchó algo parecido a un bostezo y un par de palabras sueltas sin sentido. Pues la persona que las estaba pronunciando tenía tal nivel de drogas en sangre que no era conscientes ni de lo que pasaba a su alrededor.

Fly miró a través de la puerta para comprobar que había un cuerpo tendido en la chimenea. Rodó los ojos y maldijo al dinosaurio que trajo a Dumbledore al mundo por no saber expresarse. Ella había entendido que tenía que ir a algún lugar a por su responsabilidad, no que su responsabilidad vendría a su casa como si fuese un zombie tirado en la moqueta. Porque así era Dumbledore, un hombre que parecía que sabía lo que hacía pero no tenía ni la más remota idea. O quizá era al contrario, nunca se sabe lo que pasa por la mente de ese hombre.

En lugar de terminar de vestirse, dio un golpe de varita a su atuendo para hacer que unos pantalones vaqueros y un jersey ancho gris apareciesen sobre ella. Cogió unas zapatillas del armario y se las fue poniendo según se acercaba al cuerpo del hombre que yacía entre ronquidos en el suelo. – Eh, tú. – Pero el hombre no hizo amago de moverse ni de haberse enterado de nada de lo que había sucedido a su alrededor. Pues posiblemente ni se había dado cuenta que lo habían empaquetado dirección a otro país cuando él estaba tranquilamente en Londres. – Tú, despierta. – Le dio un golpe con el pie en una pierna, pero sólo se movió en el suelo sin decir nada.

Rodó los ojos y se percató de un pequeño detalle. Sobre el hombre dormido, había un pergamino doblado que cogió entre sus dedos para empezar a leer:

Su nombre es Odiseo Masbecth, anoche mismo pasó a ser
miembro de la Orden del Fénix y, aunque no lo parezca,
nos será útil para la causa. Tiene información que podría
sernos de interés y contactos útiles que nos servirán en un futuro.
Enséñale cómo funciona la Orden y ten paciencia.

PD: Si pregunta algo sobre una vaca dile que está bien.

El colmo. Ahora tenía que ser la niñera de aquel hombre y hacer de guía turística versión Orden del Fénix. Y para más colmo, no sabía qué tenía que ver una vaca en todo aquello. ¿Acaso una vaca lo había golpeado y por eso se encontraba en tan malas condiciones en aquel momento? ¿Quizá era un animago vaca y había tenido un problema durante su transformación y estos eran los efectos secundarios? No, no podía ser nada de eso. Pero menos sentido tenía el resto de información que había recibido.

- Mira tú, levanta, no me sobra el tiempo como para tener que soportarte. – Pero nada, que el hombre quizá era sordo y Dumbledore se pensaba que Fly sabía lenguaje de signos. - ¡Odiseo! – Gritó. Pero nada. Que el hombre, vivía en su burbuja de sueño donde no había nada más que él mismo. Y esa vaca, que para algo la nombraba Dumbledore en su carta.
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Odiseo Masbecth el Mar Nov 22, 2016 4:47 am

¿Llegaría al país de las patatas fritas? ¡SIIII! A Odiseo le perdían las patatas fritas. Eran sus cosas favoritas en todo el mundo mundial mundialoso mundialisimo. Las patatas fritas, con su toda patata fritez y su forma única de ser calientitas y perfectas ¡Ah! ¡Que maravilla! Esos eran los pensamientos que Odi entretenía en aquel momento, rodeados de una lluvia de patatas fritas. Estaba tan feliz imaginando como las patatas fritas volaban una tras otra en dirección a su boca y su hermoso estómago quedaba tan feliz que podía empezar a cantar, que su persona en tres dimensiones empezó a silbar felizmente alguna cancioncilla que había sacado de Merlín sabía donde. 149, 150 patatas en la pancita, 151, 152.

Distraido como estaba contando las maravillosas patatas fritas no se dio cuenta cuando Fifi se le había adelantado, ni que se había detenido, ni que había una enorme pared metálica delante de ellos. Ah, la belleza de un mundo en el que el único alimento eran las patatas fritas era demasiado embelesante para notar cualquier otra cosa. Bueno, casi cualquier otra cosa. El vacío en el estómago sí que lo notó. Sintiéndose inmensamente confuso, y aún demasiado enterrado en sus pensamientos para darse cuenta del mundo exterior, Odi descartó varias teorías al respecto de porqué sentía un vacío en el estómago. Podía ser el hecho de haber comido tantas patatas fritas imaginarias o que sentia hambre. Pero no, era un vacío diferente. Uno… Uno como de…

-¡Oh!-soltó de pronto, cuando su cerebro por fin volvió a la realidad y tuvo la brillante idea de darse cuenta que estaban cayendo- estamos cayendo…- se lo pensó un segundo mientras movía sus brazos y piernas como si fuese un pájaro inmensamente grande y torpe, inmensamente divertido también, luego miró a Fifi- ¿Hacia donde estamos cayendo?

Pero la chica, seguramente exasperada por la enorme cantidad de tiempo que había pasado entre que habían empezado la caída y Odi había vuelto a ser dueño de su conciencia, produjo la única respuesta de una enorme bola de luz que salía de la punta de su varita. Pero parecía que no estaban cayendo. Más que caer, estaban flotando. Flotando muy quietecitos en un sitio cerca del suelo, sin llegar a tocarlo. Y sí, Odi lo intentó, estiró sus brazos cuanto pudo, haciendo ruidos cartoonescos al hacerlo para luego decidir que no lo lograba. Sacó la lengua y todo, así de enorme fue su esfuerzo. Así que simplemente se dejó flotar otro poco mientras intentaba decidir cuál sería el siguiente paso ya que ni con su maravilloso tamaño lograba hacer esta inconveniente elevación desaparecer.  Así que simplemente respiró muy profundo y dijo:

- ¿Es este el planeta de las patatas fritas? Porque en serio que tengo mucha hambre.

Esta vez sus absurdas palabras no causaron ninguna reacción, ninguna lluvia mágica de patatas fritas, ninguna puerta misteriosa que se abriese ante sus ojos. Las cosas siguieron exactamente iguales a como habían estado hacía unos instantes. Odi dejó que pasaran dos minutos antes de decidir que estaba aburrido de aquella quietud y girar sobre si mismo para intentar encontrar una posición más cómoda. Al girar en todo el poco control que tenía en aquella suspensión, su rostro quedó cerca a una de las metálicas paredes de aquel lugar que, definitivamente, no era el planeta de las patatas fritas. Aquella privilegiada posición fue lo que lo llevó a ver algo que, si no fuese por estar panza arriba, con las piernas en una extraña posición y los brazos moviéndose como las aletas de un pez, probablemente no hubiese visto.

“Apunta aqui” Y un dibujo de una varita apuntando al punto rojo que estaba en la pared. Era una letra pequeña y molestamente elegante. Era ese tipo de cosas que solo podías encontrar si estabas buscandola… O sí tenias la suerte de idiota que Odi poseia. Sin pararse a pensar siquiera, Odi apuntó allí con su varita. Lo que se ganó fue ser recibido por el metalico suelo con el gesto de amor de un golpe en la espalda que le sacó el aire de los pulmones de forma bastante efectiva. Boqueando como pez fuera del agua y sin poder pensar en nada mas, a Odi se le pasó por alto que el cese de su estado de suspensión no era el único cambió en la habitación. Ahora, y como por arte de magia, había aparecido un pequeño cofre, elevado como antes habían estado ellos pero un par de metros mas allá ¿Pero quien tenia tiempo para ello? ¡Aire! ¡Aire era lo que necesitaba en aquel momento!
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Fiona T. Shadows el Vie Nov 25, 2016 12:32 pm

Siguieron cayendo. Y cayendo. Y más aún. O eso era lo que parecía. Incluso aquel pez azul de Buscando a Nemo habría comenzado a cantar su ya tan conocida canción de “Sigue nadando” haciendo una leve modificación en sus palabra para cambiar el verbo nadar por el caer. Que era lo que Odiseo y Fiona llevaban haciendo durante un buen rato que parecía no llegar a su fin. Aunque por su parte, la castaña lo comprendió cuando  la luz de su varita logró iluminar el resto de la habitación en la que se encontraban demostrando así que no caían, tan sólo flotaban.

Intentó llegar al suelo en vano. También intentó salir de aquella extraña superficie que se encontraba bajo ambos pero resultó ser imposible. Intentó alejarse lo máximo posible e incluso intentó usar a Odiseo como punto de apoyo para tomar impulso para salir de allí. Pero sólo logró darle una patada en el muslo y no moverse ni lo más mínimo, a diferencia de él, que había conseguido voltearse sobre sí mismo.

No supo ni cómo ni por qué pero dejaron de caer. O más bien, de flotar. Su cuerpo cayó como un peso muerto contra el suelo. Por suerte apenas distaban del suelo en algo más de diez centímetros y el golpe no fue muy fuerte, pero sí lo suficiente como para quitarle la respiración por un segundo. Consiguió sentarse durante apenas un segundo y luego se levantó sacudiéndose la ropa. Miró a Odise, quien parecía una tortuga dada la vuelta y cuyo caparazón le impedía levantarse o volver a su posición habitual. - ¿Vas a quedarte ahí por mucho tiempo más? – Preguntó antes de girarse en busca de alguna salida. Y es que el techo sobre sus cabezas se había cerrado y ahora estaban solos en aquella habitación. Solos con aquel estúpido cofre. ¡Cofre! ¿Qué demonios hacía aquel cofre ahí? ¿Había estado allí todo el rato y no se había percatado de su presencia o por el contrario acababa de surgir de la nada? - ¿Eso ha estado siempre ahí? – Se giró hacia Odiseo mientras señalaba con el dedo índice en dirección a aquel extraño cofre.

No lo pensó demasiado. No podía esperar una respuesta coherente por parte de Odiseo, así que se acercó en dirección al cofre e intentó abrirlo con la varita. Pero no surgió efecto alguno. No se abrió. Y tampoco emitió algún tipo de magia por intentar violar la intimidad de lo que quisiera que se escondiese en su interior. ¡Nada! ¡Nada en absoluto! A veces odiaba a Albus Dumbledore y sus estúpidas misiones sin sentido donde encima le ponían un compañero que no sabía ni dónde se había metido ni hacía nada por ser un miembro útil dentro de la Orden.

Con toda esperanza perdida, lanzó un nuevo hechizo con el fin de volar la cerradura. ¿Y adivináis qué pasó? ¡Nada! ¡Nada en absoluto! La castaña rodó los ojos y lo siguiente que hizo fue propiciarle una patata al cofre que flotaba. Este perdió la habilidad de flotar como escasos minutos antes la habían perdido Odiseo y Fiona y también cayó contra el suelo abriéndose de par en par al contacto con el suelo. – Anda. – Dijo de manera breve al ver cómo a veces los muggles tenían soluciones mucho más sencillas y acertadas que los propios magos.

Se arrodilló para ver lo que había en el interior del cofre. Se trataba de un pergamino arrugado y una pequeña caja de madera. Fiona sacó el pergamino y comenzó a leer en voz alta para que Odiseo pudiese escuchar también lo que este decía. – Querido Odiseo, si estás leyendo esto, es que, sorprendentemente, sobreviviste a nuestra juerga de anoche. Me aseguré de que tu tesoro más valioso, Mildred, quedase a buen recaudo en casa antes de venir aquí. Junto con ese tipo del bigote que te pagó varias cervezas y te compró un par de gramos, escondimos en esta nave algo de gran valor. O eso dicen, porque para mí esta caja de madera tiene de valiosa lo que yo de cuerdo. Tienes que entregarle la caja, sin abrir, a un tal Albus. Y no, no es ningún álbum de fotos. – La castaña rodó los ojos y le lanzó el pergamino a Odiseo para golpearle en la frente. – Atentamente, Odiseo del pasado. – Se agachó a coger la caja y, tal como decían las indicaciones, la guardó sin abrir. – Lo peor de todo es que sin darte cuenta eres útil. – Dijo antes de comenzar a buscar una salida, pues ya se había percatado que no podían aparecerse en aquel lugar.
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Odiseo Masbecth el Vie Dic 02, 2016 2:43 am

Una vez hubo recuperado el aire, Odi prestó atención a otras cosas. Como al dolor que tenía en su nalga, que acarició para hacerle saber que no estaba sola, que él estaba allí para sentir su dolor en sus terminaciones nerviosas. Luego en que seguían sin llegar al jodido país de las patatas fritas. Aquella secta le gustaba cada vez menos. No había demasiada comida y Fi-Fi cuestionaba todas sus quietudes, como aquella. Odi se puso en pie con un ligero esfuerzo. Para Fi-Fi era más fácil, ella tenía casi 40 centímetros menos que levantar. La gente no entendía lo difícil que era ser alto.

El cofre, entonces, le llamó la atención y se paró junto a Fiona. No planeaba hacer nada excesivamente activo, pero siempre era bueno fingir que estabas a punto de hacer algo tremendamente útil. Fue ella, cómo no, con su inmensa recursividad la que acabó por hacer que se abriese aquel misterioso cofre pirata. Cuando empezó a leer el pergamino que parecia estar abandonado dentro del cofre como de cualquier forma. Nada le llamó la atención hasta que escuchó que él se había dejado aquella nota. Era increíble la cantidad de cosas que podía olvidar en una sola noche tras la cantidad suficiente de neuroestimulantes… o depresores o lo que fuese. Tomó el pergamino y al instante reconoció su letra medio temblorosa y dudosa.

Ni siquiera protestó por el comentario de la humana de reducido tamaño. Él también estaba sorprendido de que había sido útil para alguien que no buscase droga. Todos los días eran un buen día para sorprenderse. Así que cuando vio que Fi-Fi estaba buscando una forma de salir no solo pensó ¡Oh! Eso es una buena idea y observó atentamente como lo hacía, porque todos sabemos que toda acción necesita un observador atento y dispuesto a estorbar para hacerla real. No, no solo observó, esta vez tomó parte activa de la búsqueda. Tal vez fuese parte de aquella nueva y recién descubierta utilidad o a que tenía bastante hambre. Así que empezó a dar grandes zancadas, aullar y cualquier cosa que se le ocurriera. También presionó varios puntos al azar del lugar. En uno, sin esperarlo, sonó una campanita parecida a cuando algo está listo en un punto de comida y un plato de patatas fritas apareció frente a él.

-¡El mundo es maravilloso!-soltó mientras tomaba el plato y se sentaba el suelo. Hasta allí había llegado su utilidad y su estómago reclamaba ser alimentado, cosa que Odi se apuró en hacer. Se tomó su tiempo, disfrutando de la perfección de cada patata frita, cocinada hasta el punto ideal, tiernas por dentro pero perfectamente tostadas por fuera. Eran maravillosas, magníficas ¡esplendorosas!



Y ya se habían acabado. Odi hizo un puchero al darse cuenta que ya no había más patatas fritas en su plato y este no se había llenado automáticamente. Sí, había tenido la esperanza de aquello pasará porque ¿por qué no? Pero no, no lo había hecho. Así que, mal humoradamente (con el mal humor de un niño de tres años) lanzó el plato por encima de su brazo, cosa que causó un estruendo y se dirigió hacia donde había conseguido las patatas fritas en primer lugar y presionó el mismo lugar. Una vez. Luego otra. Luego otra más impaciente vez. Luego muchas, muy velozmente, hasta que el punto aquel se cansó de ser presionado y soltó un estruendoso y molesto sonido que obligó a Odi a dar un salto atrás y taparse los oídos.

Nada pasó durante un segundo mas.

Y nada continuó pasando durante varios segundos más hasta que, sin muchos miramientos y sin aspavientos, la pared de lo que fuese que estuviesen tomó un tono castaño como de madera y de pronto escupió un picaporte hasta que adoptó, indudablemente la forma de una puerta como cualquier otra, que en cualquier otro sitio se vería increiblemente normal… Menos en este.

- Creo que encontré la salida- le informó de lo obvio a Fi-Fi. Aquello de ser útil se le daba inmensamente bien. Nadie podía negarlo. Se acercó al picaporte, lo tomó entre su mano y lo giró. La puerta se abrió silenciosamente y Odi asomó su cabeza por ella, siendo recibido al otro lado por el sol que le daba ligeramente en la cara. Atravesó con el resto de su cuerpo, para darse cuenta que estaba en medio de una calle tremendamente transitada, no donde había entrado en un puerto lleno de bunkers. No le sorprendió demasiado y simplemente miró para un lado y otro- ¿conoces algún buen sitio para patatas fritas? Vamos, no me vas a decir que no tienes hambre.
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