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Don't Cry Werewolf. {Edward S. Westenberg} [Flashforward]

Stella Moon el Jue Jun 16, 2016 3:39 pm

Anoche se me había ido todo de las manos. Había sido luna llena, y por primera vez en mucho tiempo me había pillado desprevenida. Hubo una misión de los mortífagos que me obligó a estar mucho tiempo fuera. Pensé que iba a poder irme antes de que cayese la noche y los primeros rayos de la luna me hiciesen transformarme, pero la misión se alargó más de lo previsto. Para cuando por fin pude irme no llegué muy lejos, pues me transformé en las afueras de Londres. Eso en sí no era ninguna tragedia, pero a mí me gustaba poder elegir dónde estar cuando me transformaba y así, en caso de atacar a alguien, poder elegir a quienes eran a los que atacaba. Pero ese no fue el caso esta vez, y había perdido completamente el control por primera vez en años. Mi perfecto historial de morder solamente a quien yo quería cuando yo quería había sido roto esta noche.

Un desafortunado chiquillo se me había cruzado en medio de la noche. No había tenido ninguna oportunidad de defenderse, y yo le había atacado sin piedad y le había mordido. Tuvo suerte de que eso fue todo lo que hice, pues podría haber sido mucho peor. Podría haberle atacado salvajemente hasta matarlo y dejar su cadáver mutilado, destrozado e irreconocible. No habría sido la primera vez que algo así sucedía, pero no fue el caso esta vez. Tras morderle me alejé y continué mi camino por aquella zona de las afueras de Londres, sin ninguna otra víctima que se cruzase en mi camino.

Cuando salieron los primeros rayos del sol y me transformé en humana no volví a mi casa (bueno, la casa de Iorwerth donde yo vivía ahora). Podría haberlo hecho perfectamente; recordaba haber mordido a ese chiquillo al que me encontré en medio de la noche, y no me arrepentía. Jamás me arrepentía de morder a nadie, ni de matarles o desfigurarles o de destrozarles la vida si es que para ellos la licantropía resultaba ser una maldición insoportable. No me sentía mal por haber mordido al chico, pero no quise simplemente marcharme y dejarle tirado allí a su suerte. Le había mordido, y ahora él fuera quien fuese era un licántropo. Era uno de los míos, y en cierta medida me sentía responsable.

Así que volví al lugar donde le había dejado tirado horas atrás, herido e inconsciente. Seguía estando allí, nadie le había encontrado, y si lo habían hecho no se habían acercado a ayudar. Estaba sangrando mucho, y necesitaba cuidados. Podría haberle llevado a San Mungo y haberle dejado allí y desentenderme del problema, pero no quise hacer eso. Agarré al chico y me alejé de allí con él todavía inconsciente.

Le llevé a un motel de carretera que había en una zona discreta. Era un lugar inusual, pero no podía llevármelo a la casa de Iorwerth, el encantamiento Fidelio lo protegía y además no quería que por algún casual él llegase allí y viese lo que había pasado. No pagué al motelero, sino que le eché un Imperio para que nos dejase entrar y para que no dijese ni una sola palabra. Ya le borraría la memoria después, aunque el encantamiento desmemorizador me provocaba escalofríos después de lo que me había pasado a mí, pero era necesario.

Dejé al chico en la cama de una de las habitaciones y me ausenté unos instantes para aparecerme en la casa y recoger algunos materiales necesarios. Volví a aparecerme en el motel y procedí a limpiarle la herida al chico con un paño y agua caliente. Le había dado un buen bocado en el hombro, se le iba a quedar una cicatriz nada bonita para el resto de su vida. Después de lavarle la herida le apliqué un emplasto de polvo de plata y de díctamo en ella, para sellarla y que sanase más rápido. Después de eso ya no quedaba nada que hacer.

Salí de la habitación unos instantes para ordenarle al dueño del motel que preparase algo de comida de buena calidad (o todo lo buena que pudiese ser en ese sitio). El chico iba a necesitar comer cuando despertase, y si no quería pues ya comería yo. Volví a la habitación y me senté en una silla junto a la cama en la que el chico seguía inconsciente. Le miré. Debía de tener unos diecisiete años más o menos, dieciocho como mucho.

-Vamos, despierta- dije, aunque no podía escucharme. No tenía todo el día.
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Edward Westenberg el Vie Jun 17, 2016 5:28 am

Caminaba por las calles de un nocturno Londres, sentía esa niebla que sólo baja cuando el sol se marcha y la oscuridad sumerge todo y que ahora golpeaba todo rastro de piel que se me escapaba de mi vestir aquel día. Mire el cielo, la luna se veía hermosa, resplandecía de aquella forma que sólo surge en noches como estas, de luna llena. ¿Qué hacía a esa hora en aquel lugar? fácil, quería pensar, reflexionar...ya era definitivo, era una graduado de Hogwarts, escuela que pertenecí por siete años y de cierta forma había cambiado mi vida por completo. Llegué a Londres a temprana hora, y sólo recorrí calles, me senté en parques, hable con gente desconocida y ahora me dirigía a tomar un bus de regreso a mi hogar.
Estaba confundido, aún no sabía que hacer y a mi favor en los EXTASIS había obtenido beneficiosos resultados, y eso era lo peor, porque tenía todo para ser lo que yo quisiera ¡pero no tenía ni puta idea que hacer! , llegué a la esquina y giré a mi derecha, la calle estaba desierta unas cuadras más y llegaba al paradero.
Luego todo paso muy rápido sentí como algo venía velozmente hacía mi, me giré rápidamente no alcance a tomar mi varita cuando vi una criatura de gran tamaño abalanzarse sobre mi y acto seguido un fuerte dolor, dientes clavándose en mi hombro izquierdo, pegué un grito muy fuerte, nunca había sentido ese dolor, era un dolor que te paralizaba por completo, y múltiples imágenes pasaban por mi cabeza mientras sentía como el cuerpo dejaba de responderme y se caía  la acera , lo último que escuché fue a la criatura alejarse, y como el foco de luz iba desapareciendo...
"Vamos, despierta"


Abrí mis ojos, pero era una lucha enorme, me pesaban los parpados como si de ladrillos se tratase ¿que maldita pesadilla había tenido? aún veía borroso, intente incorporarme, pero simplemente no había podido, y ahí nuevamente el dolor.- mierda...- dije a lo bajo, mientras llevaba con mucho esfuerzo mi mano derecha hacía mi hombro izquierdo, y sentí una extraña textura y dolor mucho dolor, fruncí el ceño ¿qué mierda estaba pasando? ¿por qué siento como si me ladrillaran la cabeza? ¿por qué mi cuerpo no me responde?.

Haciendo un esfuerzo abrí levemente mis ojos vi las mantas, fruncí más el ceño, las paredes, los cuadros, los muebles, esta no era mi habitación, en eso me giré hacia mi lado derecho y vi a una chica, en otra ocasión hubiera pensando ¿en qué jodida fiesta estuve metido anoche que tengo esta maldita resaca? y ¿vamos quién es esta chica tan guapa? pero ahora lo único que sentía era el PUM PUM PUM en mi cabeza, como si un ser invisible estuviera con una gran martillo sobre mi cabeza, y sólo atinaba a pensar en ¿¡QUE CARAJOS ESTA PASANDO!? por un momento pensé que estaba bajo un petrificus totalus, pero luego comprendí que realmente podía moverme pero era una tarea muy díficil, y sentía aún en mi cabeza el PUM PUM PUM que no me dejaba pensar con total claridad.- ¿dónde estoy?.- dije dificultosamente, sentía la boca seca, el cuerpo pesado, ese martilleo, y ese puto dolor que sentía que mientras más recobraba el dominio de mi cuerpo iba en aumento, direccione mi mirada a mi hombro izquierdo y vi una gran herida no del todo cicatrizada, pero se lograba entrever que había tenido más suerte de lo que podría haber tenido, se lograba ver como no había sido una herida cualquiera, era profunda, acerque mi mano allí y saque el resto de cierto ungüento que estaba sobre ella, esto no es ungüento es... y allí imágenes de algún libro se me vino a mi cabeza, esto es..polvo de plata más díctamo, mierda.

Volví a mirar a la chica.- ¿no fue una pesadilla, verdad?.- le pregunte con una mirada que suplicaba una respuesta inmediata. No sé cuanto tiempo más aguantaría así, pero tampoco sabía si era posible aunque pusiese todas mis fuerzas para lograr moverme de allí, o seguir articulando palabras ya que las pocas que había logrado sacar de mi boca y no ser parte sólo de mis pensamientos se lograba después  de un gran esfuerzo de mi parte.

Había leído de esto, desde que era pequeño, y nunca les había temido, de hecho eran sus historias favoritas, pero en todas aquellas ocasiones siempre lo vio tan lejano, bueno el mundo mágico se ha encargado de hacerte saber de estas criaturas, pero no darte la oportunidad de poder conocerlas de cerca, y a pesar de que los años han cambiado y la mentalidad se encuentra un poco más abierta que antes, siempre he creído que sólo es una maldita máscara, superficial, porque por dentro aún existe ese querer de que toda criatura,  sin importar su indefenso o gran ser fuera exiliado del día a día... ¿podría ser verdad? ¿podría ser que haya sido mordido por un hombre lobo? o debería decir quizás ¿mujer lobo?. Necesitaba respuestas ahora ya.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Sáb Jun 18, 2016 1:21 pm

No tuve que esperar mucho más tiempo a que el chico despertase, pues poco después le noté moverse un poco y su respiración cambió de ritmo, así que me puse pendiente de él y en efecto, unos instantes después por fin abrió los ojos.

Se le veía cansado, desconcertado y dolorido. No era para menos, después de lo que le había pasado. Había tenido mucha suerte, pues solamente había sido mordido pero podría haber sido mucho peor, podría haber muerto. Cuando yo me transformaba y andaba por ahí descontrolada mi sed de sangre era casi insaciable. Bajo forma de lobo me encantaba matar y destrozar cruelmente sin importarme nada, a pesar de que detestaba no escoger a mis víctimas. Este chico había sido muy afortunado de que no me llamó lo suficiente la atención cuando estaba transformada por la noche, pues poca gente se salvaba de mis ataques cuando decidía ir a por ellos.

Lógicamente lo primero que hizo (aparte de poner cara de estreñido, pero eso era entendible dado el dolor que tenía que tener tanto en el hombro como en la cabeza) fue preguntar dónde estaba. Ni yo misma sabía muy bien dónde estábamos exactamente, pero este había sido el mejor lugar al que había podido traerle para tratarle antes de que se desangrase en medio de la calle completamente solo.

-En un lugar seguro- fue mi respuesta.- Si estás quieto evitarás casi morir por segunda vez en menos de veinticuatro horas.

El chico se vio la herida por fin, y trató de tocársela. Todavía tenía el ungüento que le había preparado puesto, y le estaba haciendo muy buen efecto.- No toques eso, podrías infectar la herida. Se te está curando muy bien, en un par de días estará completamente cerrada. Ya no sangra.

Le miré y estudié las expresiones de su rostro. ¿Recordaba lo que había pasado? Se le seguía viendo un poco desconcertado, y no sería el primer caso en el que un atacado olvidaba completamente el ataque que había sufrido. Y aunque no lo haya olvidado, ¿será un mago o un muggle? Los muggles solían morir al ser atacados más que los magos, son más débiles. Fuese lo que fuese el chico le explicaría todo, pero antes de ver la necesidad de hacerlo creí notar que su expresión cambiaba y se hacía un poco más seria, como si la realización de la realidad le hubiese golpeado de repente. Entonces el chico me miró, y me hizo una pregunta. Negué levemente con la cabeza, respondiendo a su pregunta.

-No, no ha sido una pesadilla- le respondí, dejándole saber así que sí, que un licántropo le había atacado en plena noche de luna llena, que le había mordido, y en su defecto él era ahora un licántropo también. ¿Cómo se tomaría eso? Algunas personas se volvían locas del horror de su nueva condición porque para ellos era una maldición. Nunca entenderé por qué sufren por el hecho de que una vez al mes se conviertan en lobo si el resto de sus vidas puede ser completamente normal. A lo mejor este chico tenía suerte y era uno de los fuertes, uno de los que aceptaba su nueva naturaleza y la controlaba él en vez de dejar que ella le controlase a él. En otras circunstancias lo que hiciese el chico o dejase de hacer me traería al fresco, pero ahora era un licántropo, uno de los míos y, como ya he dicho antes, me sentía responsable.- ¿No te dijeron nunca tus padres que es peligroso andar solo por ahí en medio de la noche?

No hablaba con él con pena ni con tono de disculpa, pues ni sentía pena por él ni iba a disculparme por lo que había hecho. Le había mordido y le había salvado la vida, y ahora él era un licántropo y eso era algo por lo que no había que sentirse mal. Lo he repetido muchas veces en mi vida: los licántropos que actúan como si esta condición es una maldición y una vergüenza se merecen que la sociedad humana les trate como bestias, porque es lo que están buscando. Por eso yo jamás pienso actuar de esa manera. Estoy orgullosa de lo que soy, y si alguien más se convierte en licántropo le enseñaré a sentirse igual que yo.

Había dejado la bandeja con las cosas que había preparado el dueño del motel sobre una mesa. Me levanté de la silla y cogí una taza de chocolate caliente y arrastré la silla más cerca de la cama antes de volver a sentarme.

-Ten, esto te sentará muy bien- dije mientras le tendía la taza. Esperé a ver si él se podía incorporar y moverse por sí mismo, pero si no le ayudaría. Hoy estoy caritativa.- ¿Cómo te llamas?
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Edward Westenberg el Dom Jun 19, 2016 8:15 pm

"En un lugar seguro" esas palabras resonaron en mi cabeza ¿seguro? ¿acaso había una posibilidad de que no lo fuera? no entendía nada, y a medida que pasaba el tiempo mi cuerpo se negaba más y más a facilitarme la tarea de descubrir que es lo que realmente sucedía. Miré "rápidamente" a la chica cuando pronuncio las siguientes palabras, pero solté una maldición mentalmente como acto seguido por hacer ese movimiento tan brusco, y dándole razón a sus palabras anteriores sintiéndome como un perfecto idiota ¿había estado apunto de morir?.
Fue allí cuando me concentre más en la chica, se notaba a simple vista que era mayor que yo y no porque su cuerpo denotará el pasar de los años, todo lo contrarío se veía un cuerpo muy bien cuidado, y si no sintiera este tremendo dolor y este taladreo en mi cabeza de seguro me habría quedado más del tiempo normal detenido en la belleza innata que soltaba, pero ahora sólo me podía fijar en la intensidad de su mirada y en la frialdad de su expresión, o quizás más que frialdad era un estado de alerta constante, quizás después de todo si me encontrará en condiciones normales yo también adoptaría esa postura.
Y por segunda vez me sentí como un idiota al hacer justo lo que ella me decía que no debía hacer, ya tenía el ungüento en mis manos y con aquel simple gesto se había desatado un sin fin de imágenes de modo fotográfico en mi cabeza, pasaban rápidamente hasta encontrar la que me haría comprender lo que estaba sucediendo en esos momentos, nombres como " Marlowe Forfang" imágenes de luna llena, las "x" que el ministerio había decidido clasificar, hasta que llego a su mente la imagen de "polvo de plata y de díctamo" descubriendo que  era aquello lo que tenía ahora en sus manos y que hizo que en mi cabeza se formará una especie de "eureka" mucho menos emocionante de lo que siempre se acostumbra ver con esta expresión.
Había sido mordido por un hombre, o mujer lobo.
Le hice una pregunta que necesitaba respuestas inmediatas, aunque de cierta forma ya sabía de antemano su respuesta, mi memoria fotográfica como suelen llamarle los muggles nunca fallaba, y sería muy extraño que confundiera ese ungüento por otro que fuera simplemente para una herida cualquiera. Pero ahora las dudas eran otras más bien un y ¿qué diablos pasa ahora? salí de mis pensamientos al escuchar la afirmación por parte de la chica, sin sorprenderme más de la cuenta, sólo sintiendo un peso nuevo sobre mis espaldas, más del que ya tenía, este más que dolor era una especie de una nueva forma de ver las cosas, o algo así, la verdad me estaba costando mucho hilar los pensamientos claramente.
¡Mis padres! al pensar aquello en mi cabeza, mi cuerpo se movió como acto reflejo generandome un fuerte dolor entendiendo porque me costaba tanto de pequeño recuperarme de grandes lesiones, no podía estar quieto nunca.- Sí, me lo dijeron, pero como podrás ver nunca les he hecho mucho caso.- dije sin más, sin intentar pensar mucho si esto realmente sucedía realmente, me encontraba en medio de la nada -al menos para mi- con una completa desconocida, a portas de ser mordido por un hombre/mujer lobo, algo de todos los días, algo normal...era mejor pensarlo así, o todo se volvería más pesado de lo que ya estaba haciendo.
La veo pararse y traer un taza entre sus manos, el olor a chocolate llego a mis fosas nasales más fuerte que nunca ¡tenía mucha hambre! y no había podido darme cuenta de aquello, porque en estos momentos otras cosas dominaban mi mente, pero creo que mi habilidad por la comida no se había extinguido por todas estas cosas, creo que nada era capaz de hacerlo.- gracias.- dije a lo bajo mientras le recibida la taza sintiendo el calor apoderarse de mis manos al tener contacto con ella. Intente re acomodarme en la cama, para quedar un poco más levantado y poder mirar mejor, esta vez con mucho más cuidado lograndolo de cierta forma, pero lo justo para poder estar un poco más a gusto, en la medida de los posible claro.
Mi mirada volvió a depositarse en ella al escuchar su pregunta ¿tendría que confiar en ella? no lo sabía pero ¿tengo alguna otra opción? .- Edward Westenberg.- le dije a secas, sabía que mi curiosidad no daría para mucho más, de hecho me sorprendía que aún estuviera tan calmada, pero como había pensando ahí venía la bomba.- ¿qué diantres paso? ¿quién eres tú? ¿qué se hace ahora? .- bombardee de preguntas, no en todo angustiado, más bien curioso, me gustaba saber cosas, y tenía un extraño don para memorizarlas, sabía perfectamente que años más adelante podría recordar perfectamente la cantidad de muebles de esta habitación, de que color estaba pintada, los rasguños en sus paredes, la textura de las sábanas, y de su colcha, el olor y sabor del chocolate caliente que tenía en mis manos, y cada fracción del rostro de la chica que tenía frente a mí, pero ahora lo que más me urgía era recordar las respuestas a mis preguntas anteriores, después de todo esa sería mi vida desde ahora ¿no?, y más que lamentar, alegrarse, o cualquier emoción, quería saber cosas, saberlas y comprenderlas, procesarlas, entender.
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Stella Moon el Jue Jun 23, 2016 11:25 pm

A pesar de la seriedad de la situación del chico que podría haber muerto a causa de ser un idiota que había decidido que lo mejor que podía hacer en una noche de luna llena era pasearse solo por ahí sin tener ningún cuidado, sonreí ligeramente cuando me dijo que nunca le había hecho mucho caso a sus padres aun cuando le dijeron que hacer lo que él mismo había hecho era peligroso.

-Bueno, yo tampoco se lo hice a los míos, y aquí me tienes- suspiré mientras me encogía ligeramente de hombros. Yo nunca me había arrepentido de haberme escapado al bosque cuando tenía seis años y mi madre no me estaba vigilando, a pesar de que ella me había dicho que nunca me alejase de ella o de papá. ¿Se arrepentiría este chico durante toda su vida de lo que había hecho y de la transformación que había sufrido? Espero que no, pues necesitamos más licántropos en el mundo que estén orgullosos de lo que son y que no se escondan de los ojos de la sociedad como si lo nuestro fuese una enfermedad espantosa. No lo era.

Le di la taza de chocolate caliente, pues era lo que en este momento le sentaría mejor y reamente lo necesitaba para recuperar un poco de color en la cara. Hoy estaba extrañamente muy generosa, cosa que no solía pasar nunca, y habría estado dispuesta a ayudarle a beberse el chocolate si el chico hubiese estado todavía muy débil como para incorporarse y coger la taza él mismo, pero el muchacho hizo el esfuerzo y consiguió hacerlo él solo. Los efectos del chocolate caliente comenzaron a notarse casi inmediatamente, y sus mejillas recuperaron algo de color y un aspecto un poco más saludable que antes. Cuanto antes cogiese fuerzas antes volvería a estar como nuevo, además el mordisco no era muy grave aunque podría haberlo recibido en una zona un poco menos sensible.

Me dijo su nombre. Se le notaba un poco confundido y perdido todavía. Era normal que no supiese si debía confiar en mí o no, después de todo.- Yo soy Stella Moon, la licántropa con la que te topaste anoche. Eres afortunado, suelo estar de peor humor en las noches de luna llena- esperaba que no se enfadase conmigo al confirmar que yo era quien le había dicho eso. Y si sí que se enfada a pesar de que le he ayudado entonces que le den, acabaría con lo que había empezado anoche, a mí no me importaba en absoluto. No me hubiese importado haberle matado, pero ya que había convertido a alguien en licántropo había decidido quitarle la gruesa capa de polvo a mi alma caritativa.- Ahora lo primero que tienes que hacer es recuperarte. En cuanto hayas hecho eso tendrás que pasarte por el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas para registrarte como licántropo- puse los ojos en blanco, dejando bastante claro que a mí me tocaba bastante la moral tener que haberme ido a registrar a ese sitio. Podías intentar saltarte la ley y no registrarte, pero si no lo hacías entonces el Ministerio daba la lata, y en mi caso prefería que pensasen que yo era una buena ciudadana que obedecía y respetaba la ley para que nunca estuviesen vigilándome.- Puedo acompañarte, si quieres. Trabajo en el Ministerio, no me costará nada, y a veces puede ser un poco incómodo para algunas personas ir a presentarse a ese registro.

¿Yo qué me había tomado para estar así de generosa? Debían de ser mis hormonas, que estaban revolucionadas por alguna razón y me hacían no ser una grandísima perra con este desconocido.

-Y el mes que viene tendrás que arreglártelas con la transformación. Algunos prefieren encerrarse, otros prefieren irse muy lejos donde nadie les encuentre, y a otros les da igual. A otros simplemente la transformación les pilla en momentos inoportunos- dije mientras me encogía levemente de hombros. Observé entonces al chico, quien me había dicho que se llamaba Edward. Parecía muy joven, y algunas cosas de su comportamiento, como por ejemplo la reacción que había tenido al ver la mordedura y el ungüento, me hacían pensar que era un mago y no un muggle. Ya le había mencionado el Ministerio antes, pero aun en el caso de que sí que fuese un muggle al convertirse en licántropo acababa de entrar a formar parte de la comunidad mágica.- ¿Eres de Hogwarts?- pregunté para satisfacer mi propia curiosidad.
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Edward Westenberg el Mar Jun 28, 2016 4:14 am

Logré esbozar una pequeña sonrisa de lado al ver como ella también se consideraba entre aquellos que no le hacemos mucho caso a nuestros padres y bueno...nos encontramos después en medio de la nada, en un hotel...miré por la ventana...en medio de la nada, con un perfecto desconocido a nuestro lado. Simplemente no podía evitar reírme del lugar a donde terminan los chicos como nosotros. Tarde o temprano algo tenía que pasar, y bueno veo que fue más temprano que tarde.
Me acercó el chocolate caliente lo tome entre mis manos y me lo lleve a la boca,  el cambio fue de inmediato, sorprendiéndome en cierta medida lo "mágico" que podría llegar a resultar el tomar un poco de azúcar, mi cuerpo volvía a tomar color, y me sentía un poco más fuerte que antes, cómo si me hubieran inyectado energía a las venas o algo así. Las cosas avanzaban más rápido de la cuenta, por que ¿cuánto tiempo había pasado desde que abrió los ojos? ¿cinco minutos? y ya estábamos en una especie de "desayuno" miré nuevamente por la ventana, reflejos del sol se asomaban por la ventana, debe ser medio día o algo así, pero no estaba del todo seguro, y la verdad no es lo que más le importaba en estos momentos.
PUM PUM PUM, mierda, el taladro sigue allí. Suspiré por un momento pensé que se había detenido, me lleve la mano derecha a mis sienes y cerré los ojos por unos momentos, masajeandome esa zona, para ver si el sonido/dolor cesaba un poco hasta que la escuché nuevamente hablar, y abrí mis ojos para concentrarme en sus palabras.
Mi nombre. Se lo dije sin más, de todas formas, ya estábamos aquí...y ahí estaba, ya no había aguantado más y la había bombardeado de preguntas. La miré expectante, dejando de lado lo máximo que podía el sonido y el dolor que volvía a invadir mi cabeza, para estar lo más atento a las respuestas de ahora, debía prestar toda la atención, ya que las respuestas que recibiría ahora serían cruciales.
Así que ella había sido, abrí los ojos con sorpresa al cerrar definitivamente la encrucijada, había sido mordida por una mujer lobo que ahora se encontraba frente a mí, sonreí débilmente al escuchar que había tenido suerte, y vaya que sí la había tenido. Sabía muy bien que los licántropos perdían todo raciocinio en su transformación, y el hecho de haber quedado vivo, ya era un GRAN algo. Desde que era pequeño siempre le dijeron a mis padres que tenía una especie de capa de seguridad, porque siempre en todas las cosas que me metía, SIEMPRE podría haber terminando peor de lo que terminaba, siempre terminaba con mínimas lesiones, o algunas veces más grandes pero siempre recuperables...bueno esta había sido la excepción ya que ahora era una cosa eterna que me acompañaría cada vez de luna llena, pero tuve suerte, podría haber sido peor, miré a la chica.- Y Moon...¿es sólo una bonita casualidad?.- le pregunté refiriéndome a su apellido y el hecho de ser mujer lobo, soltando una leve, casi inaudible carcajada. Sí, de toda esta bomba de información, esa era mi pregunta más coherente.
La seguí escuchando,  fruncí levemente el ceño. Nunca me ha gustado ir al Ministerio, lo encuentro el lugar más frío y a la misma vez falso del planeta, pero bueno...no deje pasar por alto el hecho de que a ella tampoco le hacía mucha gracia. ¿Es que a quién le gusta tanta diplomacia y tramites?.
La miré sorprendido al escuchar que trabaja allí, y una desconfianza atravesó de manera flash por mi cabeza, en el Ministerio todo es política, y al ser público los integrantes mutan dependiendo del Ministro de turno, en este caso hay una MInistra, no tenía una opinión muy clara con respecto a su mandato, pero de algo estaba seguro...en el tiempo en que nos encontramos, de desapariciones, matanzas (no a tan grande escala -aún-), y esos rumores de defensores "puristas" contra defensores "muggles", una batalla que a mi parecer no tiene sentido, pero cada día cobra más vida es algo que el Ministro a lo personal creo que ha escondido por mucho tiempo, y un Ministerio que le esconde cosas a su ciudadanía no es para nada un lugar o personas muy dignas de confianza.
Pero a pesar de aquello, estaba allí con él, no lo dejo tirado y más aún no lo mordió hasta dejarlo hecho pedazos, en cierta forma le salvo la vida. Nunca ha sido de los que creen que los licantropos son una especie inferior a lo magos, o personas que causen un gran daño a posta. Cada luna llena se transforman, se vuelven lobos, viven por instinto. Y en esa noche me tope con uno, y ya esta, las cosas son así desde ahora. Y a pesar de todo, ella esta aquí conmigo, explicándome los pasos a seguir, así que siendo o no empleada del Ministerio debía confiar en ella, al menos por ahora.
- Sería muy bueno que me acompañaras...el Ministerio no es una de mis lugares favoritos, gracias.- termine por agregar, sí...lo mejor hubiera sido simplemente decirle "sería bueno que me acompañaras, gracias" pero no, soy impulsivo, y me gusta decir las cosas que siento. Me ha traído problemas antes, pero no puedo evitarlo, por más que en estos momentos las tenía todas de perder.
- ¿tú que prefieres hacer bajo la luna? .- le pregunte con una sonrisa leve mirándola fijamente. Hasta el momento ella era la única mujer lobo que conocía, era mi principal referencia. Sabía muy bien que tendría toda una vida por delante así, y allí podría descubrir e ir manejando este nuevo estado que se apoderaría de mí cada mes, pero ahora ella era mi pie de partida, además no la conocía mucho, no sabía cuanto le duraría este trato conmigo, mientras más información le sacase mejor.
Hogwarts... es como si hubiera sido ayer su graduación...y de cierta forma así lo había sido, ¿cuanto había pasado desde aquello? ¿un semana? más de eso no. Suspiro y asintió.- sí, Gryffindor, recién graduado, este fue la bienvenida del mundo adulto hacia mi persona.- termine por decir en tono de broma, y con una leve sonrisa mientras me encogía de hombros.
Miré a la chica, y... ¡YA NO SENTÍA EL TALADRO EN MI CABEZA! ¡ENHORABUENA!
Me re-acomodé en la cama, sintiendo como mi cuerpo volvía a ser cada vez más liviano, más ligero de mover y llevar. Volvía  mi piel a tener color y temperatura, y quizás era sólo idea mía y una mala jugada de mi cabeza, pero sentía que mi cuerpo a la medida que se recuperaba gana más ¿fuerza? mucha más que antes. Miré mi brazo y fruncí el ceño ¿será verdad? ¿será verdad que mejoran en fuerza las personas mordidas? Enigmas que de a poco iré respondiendo. Ahora en lo que estaba, miré a la chica, aclaré mi garganta, me erguí lo más que pude y le dije.- No sé si esto te ha pasado antes, pero quiero aclarar que no soy el tipo de personas que crea que después de esto toda mi vida se ha arruinado. Es distinto sí, pero "ok, paso y ya" quizas arruine todo en un principio porque no sé nada al respecto... por ello quizás necesitaré ayuda. Desde ahora soy una hombre lobo, y quiero llevarlo de la mejor manera. Nunca he ocultado nada de mi, y esta vez no será al excepción...¿tú...podrías ayudarme en todo esto?.- le pregunte mirándola, sin saber su respuesta seguí diciéndole.- sé que soy un completo desconocido, y un niño idiota que salió en luna llena, pero de verdad quiero aprender y encausar esto de la mejor manera posible. Sé que ahora me estas ayudando, pero digo a futuro...prometo no ser una pulga en el trasero..quizás seré más una pulga en el cuello, o en el brazo.- le dije encogiéndome de hombros y soltando una risa al final. Siempre he sido alguien sincero, directo y bueno como ya se habrán dado cuenta muy, muy impulsivo. Y sí, siempre hasta en los peores casos, me rió de las cosas, a veces como defensa, y otras...porque simplemente era así.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Vie Jul 01, 2016 12:51 pm

El chico pareció tomarse bastante bien la revelación de que yo era la que le había mordido. Muchas otras personas se hubiesen horrorizado y me hubiesen insultado, llamándome monstruo o animal. No me hubiese importado, y hubiese acabado con él, simple y sencillamente. Pero al menos que no hubiese reaccionado así significaba que no tenía que matarle, así que no tendría que molestarme en deshacerme del cadáver. En cuanto el chico, Edward, escuchó mi apellido inmediatamente hizo un comentario al respecto que me hizo sonreír un poco sin poder evitarlo.

-Es una bonita casualidad, sí- asentí. Yo no había cambiado mi nombre para representar lo que yo era, sino que simplemente había resultado que mi apellido, el apellido de una importante familia de sangre limpia norteamericana, era aquello que más representaba mi naturaleza. El destino juega con nosotros de maneras muy entretenidas a veces.

Le dije lo que tendría que hacer en el Ministerio, y no pareció muy contento. Normal, pero era lo que había que hacer. Era genial saltarse las normas, pero había leyes que había que obedecer para mantenerse fuera del radar de sospechosos de cualquier actividad ilícita así que había que aguantarse. Le ofrecí acompañarle y aceptó.

-Hay muchos gilipollas en el Ministerio, no me sorprende que no te guste- dije con una leve sonrisa amable, una sonrisa que se me daba a la perfección dibujar en mi rostro pues llevaba años practicándola enfrente de todo el mundo para salvar mi propio pellejo.- Mándame una lechuza cuando estés listo y me reuniré contigo en el Atrio.

Su siguiente pregunta casi me hizo poner los ojos en blanco, pero me autocontrolé. ¿Por qué tanta gente hace preguntas como esa? ¿Qué tipo de respuesta buscan? Todo el mundo sabía que los licántropos perdíamos el control cuando nos transformábamos, y lo único que queríamos hacer era morder, matar y mutilar. Hasta la más bondadosa de las personas quería hacer eso si era uno de los nuestros y había luna llena. Mucha gente odiaba lo que su naturaleza les obligaba a hacer, así que se encerraban para evitarlo. Eso no parecía nada divertido. Pero a otros nos apasionaba, así que le dábamos rienda suelta a todo lo que teníamos. A mí me gustaba escoger a mis victimas, por eso las rondaba antes de la transformación, para asegurar el ataque. Pero obviamente eso no era algo que pudiese decir en voz alta.

-Me gusta morder a jovenzuelos que andan por ahí sin cuidado- bromeé mientras me encogía de hombros y una ligerísima sonrisa divertida aparecía en mis labios. Entonces el chico confirmó que era de Hogwarts, que estaba recién graduado, y que era Gryffindor. Reí al escuchar eso.- ¿Gryffindor? Vale, no digas más, eso explica todo- me burlé, refiriéndome al hecho de que los Gryffindor iban buscando el peligro por todas partes. No me sorprendía que justo hubiese mordido a uno de ellos en una noche de luna llena.- Bueno, has tenido una bienvenida al mundo adulto mucho más interesante que la de la mayoría, si eso te consuela.

Edward ya había recuperado completamente el color de su rostro, y con cada segundo que pasaba se le veía más fuerte. Observé su herida y vi que, aunque todavía tenía un aspecto bastante feo, estaba mucho mejor que antes. Los mordiscos solían matar a los muggles, no son suficientemente fuertes normalmente como para aguantar algo como esto, pero la mayoría de magos se recuperada, sobre todo cuando son fuertes de espíritu. El chico no se había hundido por lo que le había sucedido, solo había estado algo confundido al principio cuando despertó, cosa que era completamente normal. Se notaba perfectamente que se recuperaría completamente dentro de nada. Yo estaba a punto de hablar de nuevo, pero antes de que lo hiciese él habló, y le escuché. Me gustó escuchar que esto que le había pasado no le iba a arruinar la vida, en su opinión. Sonreí, y esta vez sí que lo hice genuinamente, como cada vez que encontraba un licántropo que no tenía problemas con su destino.

-Me alegra que digas eso. Estoy harta de conocer gente que piensa que la licantropía es una maldición. Lo único que consiguen los humanos normales que opinan de esa manera es que los licántropos les odien, y los licántropos que opinan de la misma manera me repugnan. Se están condenando a sí mismos a la vergüenza y a convertirse en parias de la sociedad. No se puede vivir así. Yo he sido licántropa desde que tenía seis años, y soy feliz. No ser feliz te consume, así que ya sabes qué hacer.- Siempre había considerado a los Gryffindor unos completos idiotas, más incuso que a los Hufflepuff. Los Hufflepuff tienen el problema de que suelen ser tan buenos que eso les hace tontos, pero a los Gryffindor no había por donde sacarles provecho normalmente. Sin embargo este chico parecía tener un par de neuronas en la cabeza, pues en vez de estar solo durante esta nueva etapa de mi vida me pidió ayuda. Los Gryffindor solían estar cegados por el orgullo, pero parece que este no. No solía gustarme lidiar con críos, pero él ahora era un licántropo, y había dejado claro que él quería ser un licántropo que no sería una grandísima vergüenza para nuestra comunidad. En el caso contrario yo le hubiese mandado a la mierda, pero como la situación parecía más favorable acepté.- Está bien, te ayudaré. Pero si me das la lata te morderé otra vez.

No iba a tener muchos problemas hasta dentro de un mes; serpia entonces cuando la verdadera naturaleza de la licantropía se haría con él completamente. Pero tenía que ir preparándose. Ya habíamos quedado en que le ayudaría con sus papeles en el Ministerio, pero tendría que volver a casa. Eso para muchos licántropos era difícil.- ¿Tus padres son magos o muggles? ¿Sabes cómo reaccionarán?
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Edward Westenberg el Lun Jul 11, 2016 7:44 pm

Le sonreí de vuelta cuando me re-afirmo que había sido una bonita casualidad su apellido. Por que vamos es como si ella ya hubiera nacido con la mordedura, como si desde un comienzo ya estaba escrito en su vida que tarde o temprano un día al mes la atractiva chica que tenía frente suyo se volvería una mujer lobo. No sabía su historia y tampoco tenía la certeza de saberla en algún momento, ya que sabía que todo lo que estaba pasando ahora quizás podía esfumarse en un cerrar y abrir de ojos.
En eso comenzamos a hablar del MInisterio, y no pude evitar demostrar mi disgusto por ese edificio y todo lo que conllevaba en él, al igual que los muggles luchan con políticos corruptos el mundo mágico no se libera de aquello, después de todo la política siempre traerá con ella a gilipollas que no valen la pena, más de alguno se salva, y bueno las cosas se logran mantener en pie, pero sabía muy bien que ese edificio escondía muchas cosas que no habían sido publicadas libremente para el mundo mágico y podría atreverse a ir más allá y unir la relación con el mundo muggle. Que si mal no había leído una vez, los políticos muggles y mágicos (dependiendo de su categoría) tenían una estrecha relación y más aún ahora que sin entender cómo había sucedido había aparecido magos muertes a manos de "defensores muggles" ¿podía existir un movimiento más ilógico que ese?. Nunca había creído mucho en el refrán de "ojo, por ojo y diente por diente" Encontraba estúpido tanto matanzas de una lado como hacia el otro.
Mierda, ¿este dolor de cabeza no se iba a ir nunca?
- Gracias, y bueno sí, como en todas partes hay gilipollas, pero en el Ministerio es como si se pusiera de acuerdo y juntaran a muchos, sin ánimos de ofender claro...- le dije sabiendo que hace poco me había dicho que trabaja allí. Sabía muy bien que mis comentarios a veces podían generar mucho disgusto en las personas, pero desde pequeño me dijeron que debía decir las cosas que sentía, ojala de buena manera y es allí donde fallaba algunas veces, porque mi impulsos le ganaban a mi razón y dañaba más de una vez las emociones de los demás por ser muy brusco, pero no creo que esta sea una de esas ocasiones.
Noté como rodeo los ojos ante mi pregunta de ¿qué hacía ella en luna llena?, pero no me arrepentía de haberla hecho, después de todo es una pregunta lógica ¿no? ok, todos saben que al estar la luna llena los licántropos perdían toda razón y accionaban sólo de pulsaciones e instinto, pero de seguro algunos habían encontrado alguna forma de llevarla de la mejor forma, y no dañar a personas inocentes ¿no? porque ya su experiencia debía tener la chica para no haberlo destrozado y dejarlo morir en la calle, que era lo más obvio al encontrarse con un animal así, tres veces más grande que cualquier humano, y que la luna lo soltaba a rienda suelta, pero a pesar de aquello el seguía vivo, y con ella enfrente tendiéndole chocolate caliente, algo debía saber, o lograr controlar para no haberlo matado y dejado en pedazos ¿no?.
No pude evitar soltar una leve carcajada al escuchar su respuesta.- creo que de eso me pude dar cuenta.- le dije con una sonrisa mientras con mi dedo señalaba el lugar de su mordedura, pero luego pensé un poco y me reí un poco más.- sabes que si me hubieras dado esa respuesta y yo no sabría que eres mujer lobo, sería una respuesta muy provocadora, y ya estaría rendido a tus pies.- agregué sin más en modo de broma, vamos era una adolescente, y ella una chica muy atractiva a la vista de cualquiera, nadie podía negar su belleza, la menos no en mi presencia que se lo rebatiría enseguida. Y bueno si se molestaba por esas palabras, ya se las arreglaría, tenía un don de echar a perder las cosas tanto como arreglas después, su madre siempre decía que "su sonrisa encantadora" no le duraría siempre y que tenía que empezar a cuidar más sus acciones, pero como se pudieron dar cuenta, nunca le he hecho mucho caso a las palabras de la bella mujer que tengo de madre, quizás era hora de comenzar a tomar en cuenta sus palabras o...quizás no.
- ¿tú también estudiaste en Hogwarts?.- le pregunte curioso, al escuchar su respuesta y ver que al parecer conocía la personalidad de los leones. Entrecerré levemente los ojos para ver si podía descubrir a que casa había pertenecido, Hufflepuff ni por asomo, ya que por más que lo había tratado amablemente en todo este tiempo, siempre le rondaba un aire de frialdad y de desconfianza, que entendía perfectamente, pero que un tejón no podría hacerlo por más que quisiera, de hecho si tuviera que escoger alguna casa diría que la chica había pertenecido a Slytherin por su manera de moverse, hablar...quizás me equivocaba, pero estaba casi seguro.
- La verdad no busco consuelo, pero la verdad ha sido una bienvenida interesante, inesperada sí, pero interesante. Además siempre he amado la luna llena, quizás al igual que tu el destino ya lo tenía escrito Stella Mooooon.- dije alargando su apellido divertido a posta para recalcar que al igual que ella quizás desde que nací estaba escrito que me convertiría en un hombre lobo. La verdad no creía mucho en el destino y esas cosas, pero bueno en estos momentos no me cerraba a todas las posibilidades.
En eso el dolor de cabeza cesó, y mi cuerpo comenzaba a tomar fuerza nuevamente, aún sentía un leve dolor en el hombro donde había recibido la mordedura, pero era algo totalmente soportable, por lo que al recobrar un poco de fuerzas pude hilar mejor mis pensamientos y decirle mi postura con respecto a lo que había pasado y poder pedirle ayuda a la chica que tenía enfrente mio para poder llevar de la mejor manera lo que se vendría desde ahora.
- ¿ de los seis años? wow deberías haber sido una loba muy tierna de pequeña, no puedo decir ahora lo mismo que mira donde nos ha llevado todos esto...- le dije divertido mostrando-le nuevamente la herida, estaba volviendo a ser mas yo, y la verdad casi siempre nunca hablaba en serio, siempre andaba de broma en broma, ya la gente cuando me llegaba a conocer recién allí podía saber cuando hablaba en serio y cuando sólo era bromas para molestar y divertirme un poco.- pero sé que también a sido muy culpa ¿eh? no me lavo las manos, bueno metafóricamente y literalmente, ya que ahora están asquerosas.- agregué rápidamente para que no pensará que la culpaba a ella de esto, mientras que me miraba como estaban mis manos, con un poco de sangre y algo de tierra que de seguro agarre al caer al suelo.- Creo que ese pensamiento lo causa la sociedad, no es culpa de los que son mordidos, si no más bien de su entorno, como te puedes dar cuenta, y bueno sí no ahora te lo diré yo crecí con mucha libertad, y desde pequeño jamás me hablaron mal de los hombres lobos y entendía muy bien su condición, pero lamentablemente no todos tienen acceso a esa información o sus padres, amigos o lo que sea no los dejan saber, y bueno ocurre aquello...un repudio o rechazo ante esto, o bueno al menos eso creo yo .- dije encogiéndome de hombros mientras me tomaba el último sorbo de chocolate caliente, y al sentir el modo en que gruñía mi estomago eso quería decir que me había entrado el hambre.
Me reí cuando escuché su respuesta de que me ayudaría pero si la molestaba mucho me mordería nuevamente.- gracias...- le dije sincero mirándola fijamente, sabía muy bien que no era su deber hacerlo, pero aún así y sin conocerme nada o casi-nada había aceptado.- sabes que yo ahora también te puedo morder de vuelta...- le dije de forma picarona, y divertido como respuesta a la chica.
¡mierda mis padres! su imagen se me vino a la cabeza cuando la chica los nombró, de seguro estaría preocupados, y al regresar a casa se sentirán aliviados, pero no creo que les haga mucha gracia cuando les diga "Si padres estoy bien, pero bueno ahora soy un licántropo" y no porque fueran de aquello que rechazaran a esas criaturas porque no era ese el caso, sino más bien por que siempre me decían que un día si me iba a pasar algo grande por siempre ir tentando al destino, y bueno ahora sus palabras se habían echo concretas.- Soy 50 y 50, mi madre es muggle mi padre es mago.- le dije sin más, jamás renegaba de mi sangre mestiza, sea quien fuera quien me preguntará, tanto si sabía que el que tenía era un "purista" me importaba menos que un bledo.- pero la verdad lo mejor será no decirles nada, después de todo no quiero que se preocupen más de la cuenta, ya tenía pensando irme de la casa, y ya no querían mucho ahora si les digo esto, de seguro me tendrán con ellos hasta que cumpla 50 años.- agregué divertido, a veces mi madre podía ser muy sobre-protectora, muy, de verdad muy.
En eso sentía unas ganas de levantarme, y con cuidado deje la taza vacía en un mueble de al lado y salí de la cama de a poco, sentí como pies descalzos tocaban el frío suelo, para luego levantarme por completo, espere un poco para ver si sentía algún dolor aparte del hombro, pero no sentía nada más, sonreí amplia-mente.- estoy como nuevo.- agregue divertida mientras movía mis extremidades para ver si había algo más que fallaba.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Vie Jul 22, 2016 11:35 pm

Puse los ojos en blanco cuando el chiquillo dijo lo de que “estaría rendido a mis pies” si le hubiese dado esa respuesta en un momento en el que él no hubiese sabido que yo era una licántropa. Jovenzuelos, tienen las hormonas fatal… Pero claro, no era sorprendente que hiciese comentarios de ese estilo. Habiéndose graduado de Gryffindor, me espero que diga cualquier cosa. Todos lo hacen.
 
-Sí. Fui Slytherin- dije cuando él me preguntó que si yo también había estudiado en Hogwarts. Podría decir que recordaba perfectamente mis días en el castillo… pero sería mentira, ya que no sé cuáles de mis recuerdos eran reales y cuáles eran falsos, puestos ahí mágicamente por alguien para obligarme a olvidar la mitad de mi verdadera vida. Aun así, con recuerdos falsos y verdaderos, echaba de menos ese lugar, me lo había pasado muy bien. Aunque si me preguntasen si volvería en caso de tener la oportunidad diría que no, estoy genial como estoy, pero no podía negar que Hogwarts había sido una muy buena época.- Somos de Casas algo incompatibles- dije con una media sonrisa. Solía matar a los Gryffindor, pues todos solían ser buenos. No había sido el caso esta noche.
 
Por la manera en la que el chico, Edward, hablaba, yo pensaba que se adaptaría fácilmente a la vida de un licántropo. Se lo estaba tomando bien, con mucha filosofía, y la idea no parecía horrorizarle ni disgustarle. Por eso me sentí más dispuesta a ayudarle, porque pensé que no sería una mala adición a nuestra comunidad. No sería, tal vez, el tipo de licántropo que era yo, un licántropo que ama la parte más salvaje y bestial de nuestra naturaleza, la parte que protagoniza historias de terror y plaga las pesadillas de magos y muggles por igual. Pero quién sabe; Edward parecía un chico influenciable. Tal vez, si fuese dirigido de la manera correcta, lograría convertirle en un licántropo del que me sentiría orgullosa de haber mordido…
 
-Vuelve a llamarme tierna otra vez y te arrepentirás- le advertí. Cuando más tarde dijo que lo que le había pasado también había sido culpa suya no hice ni el más mínimo esfuerzo en negarlo.- Eso no te lo voy a negar, no deberías haber estado paseándote por ahí solo bajo la luna llena. A ver si esto te enseña una buena lección- yo, desde luego, no tenía ni la más mínima intención de sentirme culpable por lo sucedido.
 
Me alegraba de que su opinión acerca de los licántropos fuese positiva, pues no tenía tiempo ni ganas de lidiar con alguien que opinase de la misma manera estúpida que la mayoría de la sociedad. A los humanos que detestaban a los licántropos les tenía rencor. A los licántropos que detestaban su propia condición les tenía asco. Por suerte no tendría que tenerle asco a este chiquillo, y por eso me ofrecí a ayudarle. No me estaba dando razones para no hacerlo, salvo que tenía pinta de ir a ser más molesto que un grano en el culo. Me caía mejor cuando estaba inconsciente. Arqueé una ceja y le miré con cara de pocos amigos cuando dijo que él ahora también podía morder de vuelta.
 
-Ni lo intentes, tengo veintidós años de experiencia más que tú en ese arte.
 
Era mestizo. Podría haber sido peor, podría haber sido hijo de muggles, y eso me habría gustado mucho menos. Me habló de sus padres y me contó lo sobreprotectores que eran. Recordaba a mis propios padres cuando a mí me mordieron de pequeña. Mi padre había tenido más miedo por mi futuro y mi seguridad que mi madre, dado lo que le había pasado a su hermano mellizo cuando él fue mordido de pequeño, pero pronto había aprendido a tratarme con total normalidad. Siempre me pedían discreción, por supuesto. Después de todo, un escándalo de licantropía podría haber arruinado las carreras de ambos, sobre todo la de mi madre.
 
-Vas a tener que tener cuidado con ellos entonces, si no quieres que te descubran. Espero que no seas vegetariano, porque si lo eres eso va a cambiar. Somos lobos, después de todo. La carne es lo más delicioso del mundo, y poco hecha, así que ten cuidado con cómo te portas en la mesa a la hora de comer. Te sentirás hecho una mierda en los días previos a la luna llena, parecerás enfermo. Y ya puedes ir buscando buenas excusas para no estar en casa en la luna llena mientras aún vivas con ellos. Sal más noches, para que no se den cuenta de que te ausentas justo en esa.
 
Por ahora era todo lo que tenía que decirle. Parecía que ya había recuperado las fuerzas, y podía levantarse.
 
-Ve a darte una ducha, no puedes salir de aquí así- le dije, pues estaba cubierto de sangre. En la habitación había un baño al que podría entrar y asearse.
 
Cuando él ya estuvo limpio y listo para marcharse le hablé de nuevo, pues había accedido a ayudarle y acompañarle al Ministerio y teníamos que ponernos de acuerdo para ello.
 
-Ve dentro de tres días al Ministerio de Magia. Sabes llegar, ¿no? Soy la Jefa del Departamento de Transportes Mágicos, así que dirígete allí y avísale a mi secretaria cuando llegues. Te acompañaré a hacer todo lo que tienes que hacer, y después ya podremos ocuparnos de cualquier otra cosa que necesites.
 
Estoy siendo demasiado buena. Alguien debe de haberme drogado.
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Edward Westenberg el Lun Ago 01, 2016 2:03 am

No pude evitar chasquear la lengua cuando escuché de casa provenía, es que llámenme infantil, o inmaduro pero mi pensamiento era y  también por que nadie me ha demostrado lo contrario que las serpientes son unos gilipollas. Que siempre con esos aires de superioridad, que ok...lo admito también los Gryffindor tenemos un ego del porte del titanic, pero es diferente. Sí...suena muy inmaduro, pero algo me pasa, los astros, la luna... me detuve allí y me volví a enfocar, escuchando sólo "incompatible" lo que logró que hiciera el link con lo anterior, donde atine sólo a sonreír de lado y encogerme de hombros mientras la miraba fijamente a los ojos.

La mordedura de una serpiente-lobo.
Doble picadura mortal.

La miré fijamente al escucharla decir esas palabras, creyendo que si la miraba lo suficiente podría saber si lo que  había dicho y la frialdad al decirlo era verdad, pero luego solté en un suspiro para terminar con una sonrisa, y levantando ambos brazos en plan de "inocente".- Tachada la palabra tierna en mi vocabulario.- le dije divertido con una expresión de "vamos guardando esos dientes enojones y mordedores", claro que quería decir eso realmente, pero por más que en ocasiones sea un perfecto idiota, había estado a punto de ser mordido y haber sido dejado en plena calle hasta morir, por lo que creo que la vida me quiere decir ¡no te metas en problemas innecesarios idiota! y creo que quiero hacerle un poco de caso, al menos por este momento. Aunque vuelvo a pensar que no me arrepiento de haber caminando bajo esas calles anoche, pero sí sé que provocar a la chica que tengo enfrente no es de alguien muy inteligente.

- Si sé, pero siempre me ha gustado la luna llena, caminar, y conocer lugares nuevos. Quizás, porque nunca lo sabremos, pero quizás tarde o temprano hubiera pasado igual.- terminé diciendolo con una leve risa.

Solté una carcajada un poco mayor esta vez. Sé que debería andar con cuidado, sé que ya me había dado cuenta hasta apenas unos minutos que la chica que tenía enfrente era de armas tomar, y que lo mínimo que tendría de ella era esta mordedura, ese fue su hola, y no me quería ni imaginar su "adiós".... "vaya Gryffindor" termine diciéndome a mi mismo, pero es que sí estaba claro que no me quedaría de brazos cruzados si es que realmente comenzará una "batalla" en este dormitorio ubicado en "nosequemierda" pero realmente no tenía ganas, y tampoco sentía que realmente lo decía del todo serio, quizás me equivocaba y llegábamos al mismo lugar de siempre, que a veces sí...me comporto como un gran idiota.

- y yo sólo 24 horas....- dije a lo bajo, pero sin perder la sonrisa.- ¿tengo todas de perder, no?.- le pregunté con una sonrisa de lado, y luego me desordene el cabello quitando-le la mirada para llevarla a cualquier lugar, es que realmente no miraba, yo le llamaba a eso "estado desenfoque de foco" sólo me pasaba cuando quería proponer algo y estaba creando la frase perfecta para hacerlo, pero luego alejé ese pensamiento, aún no era el momento.

En eso comenzó a decirme cosas muy precisas con respecto a las transformaciones, sentí enseguida como mi cabeza comenzaba funcionar muy rápido. A los siete años mis padres confirmaron que tenía "memoria fotográfica" al llevarme aún así a un colegio muggle mientras esperaba mi carta para ir al castillo, me iba muy bien a pesar de ser un chico que nunca lograba estar quieto, y era siempre el más desordenado de la clase. Cosa que molestaba mucho a mis profesores, porque por más que era el que siempre desordenaba en la clase siempre terminaba siendo un muy buen alumno.

- No, no soy vegetariano. Y creo que la gente no se sorprenderá mucho, siempre he sido bueno para comer, y algo fuera de o común.- le dije mientras en mi cabeza llegaban imágenes de los mejores banquetes que me he pegado en mi vida, y de inmediato sentí como se me hacía agua la boca. Y eso sólo significaba una cosa: estaba mejorando.  
- días de mierda, ok anotado..- dije mientras hacia un gesto con mi ojos como de registro en mi cabeza.- aunque nunca pensé que fueran muy buenos.- agregué después por lo bajo.-  Y no hay problema con las ausencias, a te dije no soy un chico muy de casa.- termine por decir, mientras le dedicaba una sonrisa, mientras sentí como mi cuerpo se recuperaba del todo, me levanté de la cama como si realmente lo que había ocurrido anoche había sido un extraño sueño. Aunque sólo me bastaba volver a dirigir mi mirada al hombro izquierdo para escuchar al voz de mi cabeza decir "ahora eres un hombre lobo".

Estiré todo mi cuerpo, y de paso sentía como todo volvía a estar en su lugar y sin dolor alguno, estaba como nuevo. Escuché las palabras de la chica y la miré.- ¡si jefa!.- agregué después mientras hacia un gesto con mi mano algo como una especie de "sí, mi capitán". Mientras de paso miraba mi vestimenta, estaba hecho un asco, y claramente no pasaría desapercibido entre las personas, por lo que no dude mucho ir al baño para poder volver a casa y allí arreglar un poco las cosas, replantearse todo o quizás no, ahí tendría que ver.


Salí del baño y me sorprendí al verme sonreír aliviado cuando volví a ver a la chica allí, no se había ido, sabiendo que era una perfecta ocasión para hacerlo. Me miré en el espejo de la pared, mi ropa aún no estaba del todo limpia, se veía como si me hubiera caído, o había estado en un lugar con mucho barro, pero mi aspecto había mejorado notablemente, mi herida era tapada por  el poleron negro, y mi cabello se veía limpio. Se veía a un adolescente volviendo de un magno evento, pero jamás a alguien recién mordido por una mujer lobo. Aunque ahora que lo pensaba mejor, había que estar bien loco para pensar aquello.

- ¡estoy listo!.- abrí mis brazos con una sonrisa al decirlo. Pero ella comenzó a hablar enseguida callándome ene la acto para escucharla, y en el poco tiempo que he estado con ella me había dado cuenta que a pesar de lo que me estuviera diciendo era muy gentil, y bueno de su parte, nunca dejaba ese tono de frialdad en el decir, de puedo estar sonriéndote pero luego morderte sin previo aviso, pero era extraño, pero no sentía ese temor...quizás estaba teniendo más confianza de la que se necesitaba en estos casos, pero tenía un presentimiento, claro que me podía equivocar, pero que más da, ahora confió y ya.

- Esto quiere decir un adiós ¿verdad?.- le pregunte con una expresión divertida en el rostro.- Muchas gracias...- agregué después sincero mirándola fijamente, de cierta forma siempre he pensado que cuando quieres decir algo de verdad a otra persona, no hay otra opción que no sea mirarla a los ojos, es que así uno no puede mentir...pero repito ese es sólo mi pensamiento que vaya a ser verdad es otra cosa.

Comenzamos a salir de la habitación, Stella fue a hablar con el dueño del lugar, por un momento hice un intento de poder ayudar con los gastos, pero al meterme las manos en mis bolsillo sólo encontré boletas, papeles, y una chicle que guarde hace unos días atrás, hasta que la vi volver- Entonces en tres días más nos volveremos a ver Stella Moon.- le dije mientras llego a mi lado, ella asintió, y nos despedimos.

La vi irse con paso firme hacia un lugar, pero yo decidí acercarme a un paradero, el más cercano, miré las micros que pasaban por ese lugar, mi cabeza comenzó a funcionar y el mapa de Londres me apareció nitidamente en mi cabeza, sonreí de lado, estaba muy lejos de casa, pero al menos ya sabía como volver.

[/color]
*** tres días después***

Entre en la cabina telefónica, el teléfono a simple vista se veía en desuso, pero en el fondo sabía que era sólo para distraer a los muggles, tomé el auricular, y con mi otra mano marqué los números #62442, escuché como una voz me preguntaba los motivos, le respondí lo preciso para que me dejará pasar sin problemas y así fue en menos de que dijeras "Polvos flú" ya me encontraba en la planta principal.
Lo miré y sentí un escalofrío, nunca me ha gustado ese lugar y esta vez no sería la excepción.
Ahora ¿por qué estaba acá?, es aquí donde en las películas harían una rápida regresión de las escenas para explicarte en una sola toma todo, y la mía sería : Stella Moon la jefa del Departamento de transportes mágicos en noche de luna llena mordiendo mi hombro izquierdo, luego nos saltaríamos a mi despertar y escuchar las palabras "ahora eres un hombre lobo" para luego terminar con las palabras de Stella "Ve dentro de tres días al Ministerio de Magia. Sabes llegar, ¿no? Soy la Jefa del Departamento de Transportes Mágicos, así que dirígete allí y avísale a mi secretaria cuando llegues. Te acompañaré a hacer todo lo que tienes que hacer, y después ya podremos ocuparnos de cualquier otra cosa que necesites" .
Dicho y hecho.

Miré un gran tablón donde se especificaba donde se encontraba cada departamento, yo debía ir al número seis.
Me dirigí a los ascensores, me subí al primero que bajo, no había muchas personas en él, y apreté el número del piso, y comenzó a subir. ¿Estaba nervioso? no, pero aún así sentía una leve expectación, no veía a la chica hace tres días, por lo que las cosas podrían haber cambiado, y quizás la ayuda ya no se encontraba vigente. Y no iba a mentir, estos últimos tres días me había vuelto como loco estudiando todo lo que había en distintas partes de hombres lobos, y más que aliviarme sólo ocasiono que las dudas me aumentaran por mil.

Llegue al piso, me bajé del ascensor no sin antes desearle unos "buenos días" a las personas que quedaban en él. Cuando me topé con la secretaria.- Buenos días, soy Edward Westenberg...vengo a ver a Stella Moon por favor.- le dije con una media sonrisa, la chica me miro de arriba a abajo enarcando una ceja, para luego sin emitir palabra alguna tomar un teléfono, y marcar a un número.

- Señorita Moon, acá a un chico que dice querer verla, Edward...- me miro y me hizo un gesto con la mano.- Westenberg.- le agregué a los bajo, ella rodeo los ojos y le dijo mi apellido.- Ok, le diré.- termino por decir y colgó el teléfono, y me volvió a mirar.- Dice que la esperes acá, ya viene.- me dijo sin más.- gracias...- agregué, pero ella ya no me tomaba atención, ya que volvía a escribir rápidamente en su computadora.

Me senté en el sillón que se encontraba más cerca del mesón, y comencé a ver los cuadros que estaban colgados, fruncí el ceño, alguno de ellos eran extraños, de hecho podría atreverme a decir que algo espeluznantes.

Unos cinco minutos habrán pasado o más, y ya podría decirte sin mirar todo lo que se encontraba en esa habitación, hasta cierta mancha que tenía en el traje la chica que estaba de secretaría, cuando vi aparecer a Stella, me levanté como acto seguido y me desordené el cabello, cosa que siempre hacia cuando estaba ansioso.- y bueno acá estoy, en la misión "en busca de la legalidad animal".- terminé por decir con una leve risa, ok no habían sido las mejores palabras tras no vernos por tres días, pero soy así  hacia y decía las cosas sin pensarlas mucho.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Sáb Ago 06, 2016 7:58 pm

Tres días después de los eventos de la luna llena me encontraba en el trabajo, como siempre. Algunos días eran muy ajetreados, pero otros no tantos. Este era uno de los días tranquilos, en el que mis empleados no me estaban sacando de quicio por ser unos inútiles totales, así que hasta el momento no había tenido que gritar a nadie.

Fue algo bueno que ese fuese un día tranquilo, pues aunque los días más tranquilos son los más aburridos, si este hubiese sido un día laboral ajetreado no habría podido atender al joven Edward en cuanto mi secretaria me avisó de que estaba esperándome en la oficina. Guardé en un cajón todos los informes que había estado revisando sin mucho interés y entonces me levanté, me alejé de mi escritorio y salí de mi despacho para ir a donde Edward estaría esperándome.

Me complacía que hubiese hecho caso a lo que le había dicho el otro día sin rechistar, pues yo no tenía tiempo para perderlo con un mocoso que fuese a volverme loca de una mala manera. Puse un poco los ojos en blanco cuando escuché lo que él decía; a lo mejor sí que me iba a volver loca después de todo, con esa actitud tan jovial, activa y bromista.

-Vamos. Acompáñame y no la líes mientras tanto, ¿de acuerdo?- le dije mientras le lanzaba una mirada que dejaba claro que no quería que hiciese ninguna tontería.- Ven, sígueme.

Fuimos en el ascensor al tercer piso, donde se encontraba el departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. Siempre había odiado ese departamento, odiaba haber tenido que registrarme allí para que pudiesen controlarme, y odiaba que los humanos normales nos mirasen a todos como si tuviésemos la rabia o la peste o fuésemos leprosos. Algunos incluso nos miraban como si tuviésemos todo a la vez, con una mezcla tanto de asco como de pena en sus ojos. No necesitaba su pena para nada, y sabía por qué sitio podían meterse su asco.

-Espero que no te toque tener ninguna mala experiencia- le dije a Edward antes de que saliésemos del ascensor en la tercera planta para ir al registro de licántropos.- Pero de todas formas estate preparado.

En un puñado de ocasiones nos habíamos enterado el resto de trabajadores del Ministerio que había habido alguna pelea en este departamento entre algún licántropo (o cualquier otra criatura o híbrido o lo que sea) y algún gilipollas a quien no se le ocurría otra cosa más que hacerse el gracioso e insultar la condición del otro. Edward era muy nuevo en este mundo, no sabía todavía que, a pesar de que estábamos muy integrados, todavía había muchísimos prejuicios en contra de gente como nosotros.

-Buenos días, vengo a acompañar a Edward Westenberg a obtener su carnet de criatura mágica- le dije a la señorita que estaba en el mostrador. La mujer me miró y me reconoció, y luego miró a Edward durante unos instantes antes de volver a mirarme a mí.

-¿Qué tipo de criatura?

Alcé una ceja y no dije nada. La expresión en mi rostro era bastante obvia. Una licántropa acompañando a un joven al registro de criaturas mágicas, ¿qué podría ser? Un gnomo, seguramente.

-Ya…- murmuró la señorita más para sí misma que para nosotros, como si me hubiese leído el pensamiento. Le entregó entonces un formulario a Edward.- Necesito que rellene este formulario, por favor Y firme aquí- le informó, señalando una línea al final del formulario.

Mientras Edward se dedicaba a escribir en el papel los datos que le pedían para que el registro quedase como válido apareció un tipo allí, Michael Johnson. Era Auror, y un grandísimo gilipollas con el que yo me había topado en unas cuantas ocasiones. Entró en la oficina exigiendo que le entregasen unos informes sobre unos licántropos, y mientras esperaba a que los buscasen y se los entregasen el hombre reparó en Edward en mí y sonrió de una manera nada amable.

-Vaya, hablando del rey de Roma…- murmuró Johnson mirándome a mí, refiriéndose a los licántropos, ya que yo era una, y entonces miró a Edward.- ¿Quién es este? Algún tonto al que le has hincado el diente, supongo. ¿No te parece que el mundo ya está suficientemente lleno de chuchos sarnosos como para que encima crees más?
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Edward Westenberg el Lun Ago 08, 2016 9:50 pm

Levanté mis manos de forma "soy inocente" al escucharla decir que no hiciera nada fuera de lo debido, con una sonrisa de lado lo más angelical que podría encontrar dentro de mi repertorio, sonrisa por cierto que muchas veces me ha hecho evitar castigos y más problemas de los necesarios.
Comencé a caminar detrás de Stella en silencio, pero observando todo, cada detalle del lugar, a pesar de lo poco que estimaba ese edificio era hermoso, arquitectónicamente nadie podría decir lo contrario. Tenía muchos detalles por los cuales uno se podría quedar pegado más del tiempo normal, de hecho yo lo hubiera hecho si es que Stella no caminará con paso tan decidido hacia el ascensor que luego nos llevaría al tercer piso, en donde al parecer se encontraba el piso donde debía registrar mi nuevo yo al mundo mágico.

No logro llegar a sorprenderme en su totalidad las palabras que me dijo la licántropa antes de salir del ascensor, después de todo lo que había pasado, y tras volver a investigar todo lo que podía encontrar en mis libros de mi biblioteca mágica- ya que los muggles vaya que tienen imaginación entorno a los lobos- llegue a la conclusión que sí, los días previos a la transformación serán una real mierda, que las noche de luna llena desaparece y me volveré en un licántropo más, y que hay personas como en todas partes tan gilipollas que siempre encuentran la forma de fastidiar a otra persona por mero gusto.

Nos acercamos al mesón, y Stella habló por mi, sonreí de lado. Debía confesar que había estado un poco asustado con respecto si realmente la chica me iba ayudar a realizar todas estas cosas el día de hoy, o que quizás simplemente le diría a sus secretaría que estaba lo sumamente ocupada y que mejor ella me dieran las indicaciones a seguir, pero no, acá estaba ella a pesar de su siempre actitud fría y cortante, ayudándolo, una vez más.
No logré evitar soltar una leve risa, cuando la chica del mesón le preguntó sobre que criatura era, estuve tentando a decirle "un troll ¿no lo ves?", pero sabia que no le causaría gracia a nadie, ni a Stella, el poco tiempo que había pasado con ella, se había dado cuenta que por más que aceptaba algunas de sus bromas, otras simplemente lo hacían quedar a él como un perfecto idiota, y no era una imagen que le gustaría dejar en la mente de Stella.

- Ok, gracias.- dije, cuando la chica del mesón me entregó un formulario el cual debía rellenar, tomé un lapiz y comencé a rellenar los espacios , nombre completo...ok eso es fácil, sangre...rodeo los ojos y lo rellené, ¡de nacimiento o convertido? marque una X en convertido, "Si marco una x en convertido, expliqué en breves palabras cómo sucedió" fruncí el ceño, levante mi mirada hacia Stella para decirle algo pero la voz de un hombre que se nos acercó me detuvo, acercándose al mesón pidiendo una informes sobre licántropos, para luego observarnos de no muy buena manera a Stella y a mí, una mirada que no me gustaba para nada, fruncí el ceño.

No lo pensé mucho y me sitúe enfrente del hombre dándole un pequeño golpe con mi mano derecha en su pecho, que lo hizo avanzar un pasos hacia atrás, para luego con la misma mano tomarlo del cuello, mientra que con mi otra mano detenía cualquier movimiento que quisiera hacer contra mio, o Stella.- Creo que debería ser yo quien pregunte ¿quien mierda este gilipollas que apareció de la nada para hablar idioteces?. Por que puede ser que acá sea muy famoso y reconocido, pero allá fuera te informo, que tu rostro no lo conoce nadie. Y por lo que veo...- le dije mientras miraba una insignia que llevaba en su chaqueta, si mi memoria no me fallaba era de auror.- eres un Auror...vaya decepción, pensé que tenían más de una neurona en la cabeza. Pero te informo algo, por ahí leí que su misión es velar por el bienestar mágico ¿no?, y lamento decirte que si, estos chuchos sarnosos como osaste llamarnos formamos parte de él, y si te somos una molestia en el culo, espero que sea una fuerte, porque no tenemos pensado irnos y dejar de existir por un largo tiempo.- terminé por decir, teniendo unas ganas incontrolables de hacer más que simplemente agarrarlo del cuello, pero logré entender que no era le momento, y si no quería tener mayores problemas lo mejor era dejarlo todo así, por lo que lo solté.

Luego me giré hacia Stella.- perdón, creo que no me pude estar muy quieto.- le dije a lo bajo para que sólo lo escuchará ella con una leve sonrisa de lado, ignorando los gritos de indignación, y por consiguiente la lista de todos los premios que comenzaba a decir el hombre que tenía a cuestas que lo hacía según él un mago importante, y a mí un mero error de la humanidad, a palabra necias oídos sordos como dicen por ahí.

Terminé de rellenar el formulario, para poder entregárselo a la chica del mesón, que había mirado todo aquello con ojos sorprendidos, me giré para mirar nuevamente a Stella.- y ¿ahora qué?.- le pregunte como si nada.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Sáb Sep 17, 2016 5:21 am

No era extraño que hubiese peleas en el registro de Criaturas Mágicas. Siempre pasaba por ahí algún mago que se creía superior a cualquier criatura, incluso superior a licántropos cuya sangre era más pura que la de muchos de ellos. El odio y el prejuicio que había en contra de criaturas como nosotras y la manera en la que muchos magos y brujas que no nos llegaban ni a la altura de la suela del zapato nos trataban era una de las cosas que habían hecho que cuando yo era todavía muy joven hubiese desarrollado el gusto por matarlos a todos. No era mortífaga por ser purista, a pesar de haber crecido en una sociedad que lo era por culpa del odio a los muggles generado por los ataques sufridos a manos de ellos y de haber nacido en una familia de sangre limpia que menospreciaban a los muggles y sangre sucias, sino porque adoraba matar a todos los hipócritas que tan buenos se creían y que ponían una sonrisa de cara al público, pero que luego eran escoria, igual que ellos decían que nosotros éramos escoria por algo que no era nuestra culpa. Los mortífagos, sin embargo, me habían dado la bienvenida con los brazos abiertos. Ellos habían visto un don en mi maldición, un don que yo había aprendido a utilizar a la perfección. Los mortífagos me daban la libertad de hacer lo que yo quisiese, ellos no juzgaban, ellos no impondrían leyes absurdas como la de este maldito registro. Ellos me dejaban matar y morder y destrozar a mis anchas.

No me sorprendí cuando Michael, el Auror, vino con sus comentarios estúpidos y racistas en contra de los licántropos. Estaba acostumbrada a lidiar con él, me parecía un hombre patético. Estaba a punto de decirle algo cuando Edward se me adelantó, y el joven licántropo al que yo había metido en este mundo sin querer y sin que él tuviese más remedio que aceptarlo me sorprendió cuando dejó a un lado toda su amabilidad y, de una manera bastante literal, se abalanzó sobre el Auror.

Lo observé todo con una ligerísima media sonrisa dibujada en el rostro. El rostro del Auror se estaba poniendo de un feo color oscuro mientras Edward le agarraba del cuello y le decía unas cuantas cosas para defenderse a sí mismo. Estaba defendiendo a los licántropos, a los que ahora eran miembros de su propia especie, y lo estaba haciendo con orgullo y sin titubeos. Presenciando aquello y escuchando lo que él decía me di cuenta de que tal vez… tal vez hubiese tenido suerte mordiendo a ese chico. Tal vez podría sacarle mucho provecho, y encaminarle en la dirección correcta. Él acababa de ver solamente una mínima parte de cómo va a ser la sociedad ahora con él, y yo había tenido la oportunidad de darme cuenta de que en él cabe el odio y la rabia cuando se molesta. Hay potencial, mucho. Si le daba unos cuantos empujoncitos, los necesarios… tal vez le convertiría en alguien como yo.

Sí, podía hacerse. Lo conseguiría.

Parecía que la señorita del mostrador estaba a punto de levantarse para llamar a alguien que ayudase al Auror, pero le lancé una mirada de advertencia que la dejó clavada en la silla inmóvil sin hacer ni decir nada mientras mi nuevo protegido continuaba teniendo aquel enfrentamiento. Cuando Edward soltó a Michael el Auror se llevó las manos al cuello y respiró profundamente y tosió mientras el color de su rostro volvía a la normalidad. Edward volvió tranquilamente a terminar de rellenar el formulario como si no hubiese ocurrido nada, y el Auror dio un par de pasos hacia él para atacarle por la espalda, pero entonces intervine y me coloqué entre ambos cortándole el paso. No debería hacer este tipo de cosas, pero había visto potencial en el joven y eso me impulsó a querer protegerle. La expresión de mi rostro le dejó claro a Michael Johnson que para ponerle la mano encima a Edward tendría que pasar por encima de mí, y eso le iba a ser imposible. Rabioso, el Auror se dio la vuelta y se marchó mascullando todo tipo de insultos.

Cuando Edward me habló le miré con una sonrisa llena de orgullo en mi rostro, una emoción que era casi imposible de ver en mi expresión, pues casi nunca nadie hacía nada que me hiciese sentir orgullosa de ellos. Pero hoy Edward lo había conseguido.

-Ahora vete a casa y vive tu vida tranquilamente como si no hubiese pasado nada- le dije, pues su licantropía no iba a afectarle hasta el próximo mes.- Pero mándame una lechuza para cualquier cosa que necesites, no te cortes.- Me sentía extraña siendo tan generosa con un chiquillo, pero era algo que no podía evitar con un licántropo recién transformado por mí y que me daba la impresión de que no sería una completa pérdida de mi tiempo.- Ya veo que vas a saber defenderte muy bien en tu nueva vida… Créeme, esta no será para nada la última vez que tengas un encuentro desagradable con alguien por culpa de tu naturaleza, y los habrá muchísimo peores… Pero confío en ti- dije, dejándole saber que estaba satisfecha con su actitud y carácter.- Escríbeme antes de la próxima luna llena. Estaré contigo para apoyarte- le prometí. Era una promesa que no pensaba romper.
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Edward Westenberg el Lun Oct 03, 2016 3:12 am

La impulsividad siempre ha formado parte de mi personalidad. Pero en esta oportunidad había sido más que aquello, fue algo visceral. Una especie de rabia que hasta entonces no recordaba haber sentido nunca fue lo que me impulsó a abalanzarse en contra del Auror. Y si no fuera porque aún no le costaba asimilarlo  podría decir que hasta cierto punto disfrute por unos momentos el observar el cambio de color en la piel de aquel hombre cuando sus manos le rodeaban su cuello apretándole fuertemente.

Por más que no había pasado mucho tiempo de aquella noche en que Stella lo había mordido bajo luna llena, ya sentía cambios en su cuerpo, en su humor, en su personalidad. Era como si de pronto formara parte de algo mayor. Una vez leyó que el humano siempre tendrá un porcentaje de animalidad en su cuerpo, bueno si era así él ahora tenía ese porcentaje por las nubes. Y quieran o no él ahora era una hombre lobo, y pertenecía a la manada de licántropos. Y el mero de hecho de toparse con idiotas como aquel, que no solo dirige su mirada desdeñosa hacia nosotros sino que osa insultar en mi presencia a una de las mujeres que durante el último tiempo ha comenzado ocupar un lugar muy importante en mi vida, era algo que le enervaba en los más profundo de su ser.

Masticó cada palabra,  para que le quedara muy claro al hombre que con un simple movimiento había desarmado evitando cualquier reacción que hablaba en serio. Aquello me hizo cuestionar qué clase de pruebas tiene que pasar un mago para ser Auror, ya que el hombre que tenía enfrente se podía ver a kilómetros que no era para nada inteligente.

Por más que la idea de dejar mis manos ahí para ver si existía otro color más en el rostro del hombre era muy tentadora me detuve, más que nada por el hecho de que hacer aquello en el Ministerio de Magia era como lanzarse en caída libre a la boca del león. Me detuve y miré a Stella con una media sonrisa, para luego seguir respondiendo el cuestionario, miré de reojo como la morena se interponía entre el auror y yo, y la sonrisa que tenía en mi rostro aumentó considerablemente.

Al terminar me giré para mirarla mejor y escuché sus palabras atentamente, asintiendo a cada cosa que decía, cuando terminé la mire sonriente. Tomé aire, y sabiendo que quizás corría un poco de riesgo camine unos pasos y la abrace.- Gracias por todo Stella.- le dije sincero, para alejarme con la misma velocidad a la que me había acercado.- Estamos al habla, nos vemos pronto.- terminé por decirle, para comenzar a caminar y tomar el ascensor que acaba de llegar. No pude evitar reír al ver la cara de anonada que tenía Stella aun cuando las puertas del ascensor comenzaban a cerrarse. Al parecer la licantropa no estaba muy acostumbrada a muestras de cariño como aquellas.
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