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¡Por fin libres! {Zack Dankworth}

Natalie Corvin el Jue Jun 16, 2016 11:38 pm

16 de junio.
Londres. The Ministry of Sound.

Los exámenes finales me habían tenido totalmente aislada del mundo real. Por suerte en el Caldero Chorreante me dieron algunos días de vacaciones debido a todos los exámenes a los que me enfrentaba y menos mal. A pesar de que mi jefe pareciera un poco subnormal a veces, parecía tener corazoncito.

Mi último examen era un jueves, por lo que toda mi clase había decidido ir de fiesta ese mismo día para celebrar el final de los exámenes y el principio de verano. No tenía una relación muy íntima con los de mi clase porque mi tiempo libre lo tenía ocupado con el trabajo, pero a decir verdad había congeniado bastante bien entre todos y la gran mayoría insistían en que saliese de fiesta con ellos. ¿Hacía cuánto tiempo que no salía de fiesta? No recordaba la última vez, pero tenía que aprovechar mi libertad académica y mis cortas vacaciones laborales.

Llegué a casa después de mi último examen y Tim no estaba. Fui al baño a lavarme las manos y al mirarme al espejo me di cuenta de que hacía muchísimo tiempo que no me arreglaba bien arreglada. Recordaba cuando Luke aún vivía aquí todo el tiempo que nos pegábamos en el baño arreglándonos para salir de fiesta y… desde que él se había ido ya apenas me había molestado en arreglarme para ir a ningún sitio. Por esa misma razón, animada por la fiesta y dar un paso hacia adelante, decidí arreglarme como antes hacía, tan coqueta y elegante como siempre.

Busqué el vestido más descocado que tenía, uno que me compré en unas rebajas y que jamás me había puesto y mis tacones más alto. Según me habían dicho mis compañeros de clase íbamos a ir un lugar muy caro y en dónde había que ir bien vestida, por lo que no iba a escatimar en detalles. Me duché, me sequé el pelo y me lo dejé suelto y alocado, luego me maquillé un poco y me hice una gruesa raya en el ojo.

Cené y, antes de salir, me puse un abrigo negro no muy grueso por encima. Las noches seguían siendo frías, pero nada en comparación con el clima de invierno.

Habíamos quedado a las once en casa de un amigo para empezar con el botellón y yo llegué puntual. De hecho, fui la primera en llegar. Ayudé a mi amigo a sacar todas las bebidas y organizar un poco su salón mientras nos tomábamos la primera copa, hasta que al fin llegaron todos. En total éramos siete personas; cuatro chicas y tres chicos. Las risas que nos echamos en la casa fueron legendarias, pero nada en comparación cuando nos pusimos en marcha hacia la discoteca…

Íbamos a ir a The Ministry of Sound. Era la discoteca más cara y con mayor reputación de todo Londres. Tenía hasta su propia línea de taxis para clientes de la discoteca. En esta discoteca sólo podías entrar o bien haciendo una cola enorme o bien reservando de antemano tu entrada. Una de nosotras había reservado para los siete, por lo que no tardamos nada en entrar. Eso sí, la entrada me dolió en mi alma capitalista. ¿Veinte libras una entrada? La próxima vez me quito el riñón y se lo doy.

Era una discoteca de varias plantas y sectores. Entre planta y planta podías ir por escaleras o ascensor, mientras que de sector a sector (es decir, separaciones de salas pero en la misma planta) ibas a través de unos pasillos curvos y oscuros con luces parpadeantes, dejando atrás un estilo de música para encontrarte otro en frente.

00:53 horas.

El tiempo pasó rapidísimo y me encontraba en una de las salas de música actual con una copa en la mano de a saber qué sustancia, ya que yo no la había pedido. Me había invitado un compañero de clase porque, según él, me la debía por haberle prestado los apuntes de una asignatura. Fuera como fuese... ¿quién se niega a una copa gratis? Con decir que la entrada son veinte libras, podéis imagináos cuanto cuesta una bebida allí dentro... Me puse a hablar con él animadamente en un mesa en dónde no había taburetes, el apoyado en un lado y yo en otro lado, acercándonos lo suficiente para poder hablar en alto y escucharnos. Mientras tanto, todas las demás chicas y los chicos estaban en medio del a pista bailando una canción que decía algo así de una gozadera y arroz con habichuelas. La primera vez en mi vida que escucho algo tan raro.

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Zachary S. Dankworth el Vie Jun 17, 2016 11:59 pm

Nunca había sido de estresarme durante la época de exámenes finales. Tampoco solía pasármelo bien durante los exámenes, pero siempre hay una primera vez para todo. Los exámenes teóricos me habían estresado, porque eran muchísimo más largos y difíciles que los de Hogwarts y se necesitaba ser casi experto en el tema, no bastante con estudiar la noche anterior. Pero logre superarlos y estaba seguro de que iba a aprobar. Mi carrera nos exigía superar unos exámenes prácticos también, así que los últimos días de exámenes los habíamos pasado encargándonos de las crías de las criaturas que habíamos estado estudiando todo el año. Los exámenes prácticos habían sido… bueno, un poco más caóticos que los exámenes teóricos. Había habido más de un caso de quemaduras y un par de alumnos fueron casi castrados por los cuernos de crías de unicornio. Yo, por mi parte, conseguí salir intacto de los exámenes prácticos y estaba convencido de que los había superado igual que los teóricos. El truco era que disfrutaba enormemente lo que hacía, y cuando disfrutas algo lo haces bien. 

Todavía no sabía qué notas tenía, pero aun así iba a ir a celebrar. Habíamos acabado los exámenes de nuestro primer año en la universidad, y mis compañeros de clase (los que no habían acabado casi castrados, calcinados, o tuertos después de los exámenes prácticos) querían ir de fiesta, como es debido. Yo no había tenido planes específicos hasta que ellos comenzaron a tener ideas y a incluirme en ellas. Estábamos tomando algo en la cafetería de la universidad para descansar después de los exámenes y yo permanecí durante un rato en silencio mientras ellos hablaban entre ellos de lo que querían hacer.

-¿Y si vamos a The Ministry of Sound?- propuso uno de ellos, muy emocionado con la idea.

-No tenemos reservas y la cola va a ser un pelmazo, paso de estar horas esperando en la calle como un gilipollas- protestó otro de ellos, aunque se notaba que la idea le había gustado, pues resopló fastidiado.

-¡Zack nos puede colar! ¿A que sí, Zack?

-¿Eh?- fue todo lo que dije, apartando la mirada del espectacular culo de una de las alumnas de Alquimia para mirar a mis compañeros.

-Vamos, tío, ¡a ti te dejan colarte en todas partes siempre! Seguro que puedes conseguirnos una reserva para esta noche.

-¿Para esta noche? Te pasas- me quejé, pero todos me pusieron unas caras de súplica que me hicieron poner los ojos en blanco.-
Veré qué puedo hacer. Interesados…- aquello último lo dije de broma con una ligera sonrisa torcida, y mis compañeros celebraron que al menos “lo iba a intentar”.

Y lo conseguí. Horas después ahí estábamos todos, llegando al Ministry of Sound con unas reservas hechas apenas horas atrás y perfectamente válidas. No era la primera vez que venía aquí, pero sí que había pasado bastante tiempo desde la última vez. Llegamos todos a la hora acordada por la noche, dispuestos a pasar una noche estupenda y a divertirnos con una muy merecida fiesta después de un año duro. Entramos a la discoteca nada más llegar y fuimos envueltos inmediatamente por el sonido de la música que estaba por todas partes. El ambiente era perfecto, y la gente rebosaba ganas de pasarlo bien. Era la combinación perfecta.

Mis compañeros no tardaron en desperdigarse por ahí, persiguiendo a hermosas jovencitas que habían vislumbrado entre el mar de cuerpos que bailaban y bebían por todas partes. Yo, por mi parte, conseguí un vaso de vodka y me perdí también entre aquella manera, buscando disfrutar plenamente de esta noche…

Tiempo después volví a encontrarme con algunos de mis compañeros en la sala de música actual. Los demás estaban perdidos, seguramente pasándoselo a lo grande. Estábamos bebiendo (¿cuántas copas llevaba ya?) cuando vi de repente a alguien a quien no esperaba ver allí, e inmediatamente dejé de beber y puse el vaso sobre una mesa cercana. Natalie estaba allí, vestida de manera despampanante y espectacular… Bueno, ella siempre estaba espectacular con cualquier cosa que llevase puesta, pero hoy… Durante los meses que había estado viviendo con ella obviamente había sentido cosas. No podía negármelo por más tiempo, sentía algo muy fuerte por Natalie, y la cercanía a veces era una tortura, pero me controlaba perfectamente y mantenía cualquier tipo de pensamiento inapropiado a raya. Pero esta noche el vestido que ella llevaba solo hacía que quisiese acercarme a ella y posar mis manos sobre ella, sentir su cuerpo bajo la tela, acariciar la piel que estaba visible… Joder, hoy parecía una diosa.

-Zack, ¿estás bien?- la voz de uno de mis compañeros me devolvió a la realidad. Me fijé por primera vez que Natalie estaba hablando con un tipo. ¿Y ese quién coño era?

-Te daré trescientos galeones si vas donde ese gilipollas y le tiras la bebida encima- le dije a mi compañero.

-¿Ese que está con esa hermosura de allí? Menudo culo.

-Como la vuelvas a mirar así te saco los ojos con un tenedor oxidado. Sí, ese tipo que está con ella.

-Hecho- y acto seguido mi compañero fue y, con cuidado de no manchar a Natalie, “tropezó” y le tiró todo encima al tío sin salpicarla a ella. Después de un intercambio de insultos mi compañero huyó y el otro se marchó al baño.

Segundos después, cuando Natalie estaba sola y todavía de espaldas a mí, me acerqué a ella por detrás y sin previo aviso le puse las manos suavemente sobre los ojos, tapándoselos y manteniéndome en silencio pero con una sonrisa en los labios mientras esperaba a que me reconociese.
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Natalie Corvin el Sáb Jun 18, 2016 1:51 pm

Simon era un chico muy simpático. Estudiaba la misma carrera que yo pero era un año mayor, solo que era tan mal estudiante que muchas de las asignaturas de primero las repetía y por eso estaba en nuestra misma clase. Viendo a la gente como él, me sentía orgullosa de haber llegado a final de curso con todas aprobadas y sin arrastrar ninguna. Mi bolsillo económico no me permitiría pagar más asignaturas solo por ser una vaga y no tomarme mis estudios en serio.

No paraba de contarme anécdotas suyas divertidas estando borracho y es que cualquier anécdota bajo los efectos del alcohol, sea entretenida o no, sonaban increíblemente geniales, así que me estaba descojonando a carcajada limpia.

Aunque de repente, el subnormal de turno se chocó contra Simon y le tiró la copa encima, empapándole entero de arriba abajo. Simon fue a encararse, pero fui yo la primera que miró al chico que se había chocado para empujarle levemente hacia atrás y así evitar una confrontación entre los dos chicos.

-A ver si miramos por dónde vamos, idiota.-Le dije con mala hostia, mirando a mi amigo.

-Voy al baño a hacerme un apaño… Ahora vengo.-Dijo algo avergonzado, colocándose las gafas antes de darse la vuelta e irse en dirección al baño.

Yo fruncí el ceño y vi como se iba, cogiendo mi vaso con la bebida para sorber por la pajita los restos que había. Sabían demasiado a vodka, por lo que, como siempre, todo los restos de la bebida estaban al final y aquello sabía a rayos. Dejé la copa sobre la mesa y, cuando fui a caminar en busca de mis amigos, alguien vino por detrás con una delicadeza sorprendente y me colocó las manos en los ojos. La primera persona que me vino a la mente fue Zack, no por el tacto ni las manos, sino por el olor. El olor de Zack lo tenía ya tan metido en mi cabeza que difícilmente podía sacarlo de ella. Pero no podía ser Zack, ¿no? Zack no estaba allí.

Llevé mis manos a mis ojos para retirarme las manos confundida y, al girarme, vi a mi amigo sonriendo como un bobilín que acaba de hacer una travesura y ha salido ileso de cualquier castigo. Sonreí super feliz y llevé una de mi mano hacia su rostro para acercarme a él y darle un beso en la mejilla contraria, un beso largo e intenso de unos segundos.

-¡Qué casualidad!-Dije contenta al separarme de él.-¿Cuántas probabilidades había de poder encontrarme a mi persona favorita aquí?-Pregunté retóricamente con una divertida sonrisa. Se notaba a la vista que estaba un poco perjudicada por el alcohol, sobre todo en la mirada y en el tono de voz, tan característico de mí cuando estoy borracha y dejo las palabras un poco a medias. Además, otra de las cosas que me caracteriza estando borracha es que soy mucho más abierta y lanzada que cuando estoy sobria. En aquel mismo sitio, alguien me dio un golpecito por detrás bailando y el sonido se había vuelto ruidoso, tanto que ni me escuchaba a mí misma, así que cogí la mano de Zack y tiré de él hacia algún rinconcito en dónde no hubiera ni tanta gente ni tanto ruido. Me apoyé contra una esquina cerrada y sonreí ampliamente volviendo a mirar a Zack, sin soltarle la mano, obviamente. ¿Y si venía una hora de adolescente alcoholizados y se lo llevaban por delante? No, no. Yo le daba la mano y así me aseguraba.-¿Has venido con tus amigos de clase? Yo vine con la mía, aunque los he perdido de vista. Estaba con uno ahí en aquella mesa pero un subnormal le tiró la copa encima.-Puse ligeramente los ojos en blanco, inocente por pensar que él no tendría ni idea.
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Zachary S. Dankworth el Mar Jul 26, 2016 5:38 pm

Mi treta para que Natalie se quedase sola funcionó a la perfección, así que no tardé en acercarme a ella y sorprenderla por detrás y cubrirle los ojos con mis manos. No adivinó mi nombre, sino que retiró mis manos para poder girarse y mirarme. Le dediqué una brillante sonrisa feliz al verla allí y tenerla allí, a mi lado. Antes de que me diese tiempo a decirle cualquier cosa ella reaccionó rápidamente y me dio un beso en la mejilla. En cuanto se separó de mí se lo devolví, depositando un cariñoso beso en la mejilla de ella.

“Ya te gustaría a ti darle otro tipo de beso…” dijo una traviesa voz en mi mente.

“Tú estás tonto,” replicó otra voz. Había bebido bastante ya y eso que la noche solo acababa de empezar. Pero es que ver a Natalie así de hermosa esta noche tenía un efecto en mí similar al de diez vasos del vodka más fuerte.

-Oh, ¿soy tu persona favorita?- repetí sus palabras con un toque de picardía en la voz, y a continuación mi mirada se deslizó de manera un poco obvia y para nada intencionalmente por todo su cuerpo, cubierto por aquel corto y atrevido vestido que tenía toda mi aprobación. Aprobación que también se notaba en mi mirada, aunque con suerte la penumbra de la discoteca y las fuertes luces de colores ocultarían mi descaro.- Supongo que ya te lo habrán dicho, y si no lo han hecho entonces todos son o ciegos o imbéciles. Estás preciosa.- Natalie siempre lo estaba, pero hoy… Maldita sea, esta noche verla así era una pura tortura.

Natalie me cogió de la mano y me arrastró hacia un rincón más tranquilo. Mientras nos desplazábamos hasta allí vi a mi compañero entre a multitud, y en cuanto nuestras miradas se cruzaron él hizo un gesto con la mano para recordarme que ahora le debía trescientos galeones. Le respondí con un rápido gesto de la cabeza, indicándole que se pasase por mi mansión un días de estos a por el dinero, y él hizo una pequeña mueca.

-¡Cobraré intereses!- le escuché que exclamaba con la voz algo ahogada por culpa de toda la gente y sobre todo de la música, y entonces él se perdió entre toda la gente y Natalie y yo nos detuvimos en el lugar más tranquilo, por así decirlo, y volví a centrar toda mi atención en ella y en nadie más.

-Sí, he venido con ellos… Bueno, en realidad me han traído para que les consiga la entrada- dije con una leve sonrisa divertida mientras hablaba y la escuchaba a ella diciendo que había venido acompañada por los de su clase, pero al igual que yo les había perdido entre la multitud. Fingí sorprenderme cuando me comentó lo que había ocurrido con su amigo, el que yo había pagado para apartarle de ella.- ¿En serio? La gente aquí es muy torpe y desconsiderada- dije como si de verdad lo pensase, pero riéndome por dentro mientras la miraba a ella a los ojos. Había cierto brillo en ellos…- ¿Cuánto has bebido ya?

Recordé la última vez que nos emborrachamos ambos. Había quedado claro entonces que mi aguante era superior al suyo. Acordarme de la borrachera me hizo acordarme de ciertas cosas… y eso me hizo acordarme de la primera vez que nos emborrachamos (aunque sigo diciendo que la mierda que nos dio Ian en esa fiesta no era alcohol, no era posible que una porquería que supiese a agua nos hiciese hacer y decir cosas como las de ese día), y me di cuenta de que todas las veces en las que había habido alcohol entre nosotros habían ocurrido cosas interesantes… Mis ojos se deslizaron un instante a sus labios sonrientes, pero inmediatamente recobré el control de mí mismo y devolví mi mirada a donde tenía que estar, a sus ojos.

-Ven a por otra copa conmigo- le dije con una pícara sonrisa mientras cogía su mano para tirar yo de ella esta vez hacia la barra.
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Natalie Corvin el Sáb Jul 30, 2016 7:16 pm

¿Acaso Zack no sabía que era mi persona favorita? Lo miré con una mirada acusadora cuando me lo preguntó, dándole un golpecito con el índice en la puntita de la nariz.

-Claro que eres mi persona favorita. ¿Quién iba a ser mi persona favorita si no? Mi mejor amigo, mi compañero de clase, mi compañero de fiestas, el hombro que siempre está ahí para soportar mis lloriqueos y penas... y el pilar que siempre hace que no me caiga y, si caigo, me ayuda a levantarme.-Quise sonar seria para decir esas palabras, pero la verdad es que soné super borracha.-Creo que estoy en ese punto de borrachera en dónde desato todo mi amor por mis amistades... Y a ti te quiero mucho, ¿sabes?-Añadí con toda la seriedad del mundo, aunque, nuevamente, sonaba super borracha y feliz. Luego me callé la boca, porque la verdad es que acababa de hablar todo seguido y de sopetón para poder escuchar sus palabras, palabras que me hicieron mirarle con dulzura y sorpresa.-¡Gracias!-Dije contenta.-Sí me lo habían dicho, pero viniendo de ti lo aprecio más.-No sabía porqué, pero que me lo dijera Zack para ella era más emocionante a que me lo dijera cualquiera de mi clase, sobre todo cuando tenía la sensación de que uno de ellos estaba interesado en mí, lo cual era incómodo. Muy incómodo.

Como estábamos en medio de la pista y no escuchaba bien lo que estábamos hablando, le cogí de la mano para apartarnos hacia un lado y poder hablar con menos dificultades. Él me afirmó que había venido con los de su clase, probablemente celebrando lo mismo que nosotros: final de curso.

-Cómo se aprovechan del Dankworth...-Negué con la cabeza cuando dijo que le habían usado para conseguir entrar en esta discoteca. Luego le dije lo que le había pasado a mi amigo, inocente por mi parte y me sorprendí por lo que dijo.-¿¡A que sí!? Es que encima ni pidió perdón ni nada, es que la gente es una sucia egoísta. Indignada me hallo. Menos mal que no me lo tiró encima a mí porque saco mi mala hostia repentina. Que tú dirás que no tengo, pero porque no me has visto enfadada nunca.-Alcé el dedo índice y se lo puse delante, para no darle tiempo a decir que yo era demasiado buena como para tener mala hostia. Pero porque no ha estado delante de mis descomunales broncas con mi familia, o con alguna que otra que tuve con William.-He bebido un poco sí...-Dije, ruborizándome inexplicablemente.-Bueno he bebido bastante ya. Casi...-Me hice un poco la pensativa para calcular cuantos cubatas y cervezas me había bebido ya y comencé a elevar los dedos, como si estuviera contabilizándolos. Subí como siete dedos.-Creo que llevo cuatro cubatas y tres cervezas. ¿O cinco cubatas y dos cervezas? No sé...-Le miré con los ojos entrecerrados, divertida.-¿Y tú qué? Te veo muy sobrio.

Y su idea me pareció estupenda, le sujeté fuertemente la mano y le seguí hasta la barra. ¡Si estaba sobrio, lo mejor era emborracharlo! Una vez en la barra, fui yo la que me asomé para llamar al barman. Este vino rápidamente pues justamente acababa de terminar de servir dos copas y yo le pedí dos cubatas y dos chupitos de tequila, lo típico. No quería mezcla vodka con ron porque entonces sí que me quedaba en el baño del Ministry of Sound potando toda la noche y no quería. Yo aguantaba mucho (más que Zack...), siempre que no la armase con el consumo de alcohol.

Mientras nos servían el cubata y los chupitos, con el correspondiente limón y sal, yo me giré hacia Zack y le coloqué suavemente el cuello con mis manos, además de pasar una de mis manos por su pecho para sacudirle, ya que debió de haber pasado por alguna sala en dónde estaban tirando purpurina y confeti y se le había pegado allí.

-¿Y qué tienen pensado hacer tus amigos y tú después de aquí?-Pregunté con curiosidad. Mis amigos, por ejemplo, después de aquí se iban ya para sus casas, a excepción del que estaba interesado en mí que me había dejado claro que después de aquí podíamos hacer algo más. Qué incómodo, de verdad.-Porque si me gusta, creo que me cambiaré disimuladamente de grupo si no te importa, porque mis amigos después de aquí se cogen un taxi para casa.-Sonreí y le miré con una dulce sonrisa, para que dijese que sí.

Justo en ese momento, llegaron ambas bebidas. Los dos cubatas por una parte y los dos chupitos por otra, con un pequeño platito con los dos trozos de limón y un salero.
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Zachary S. Dankworth el Sáb Ago 06, 2016 11:01 pm

Me estaba costando todo mi esfuerzo no comenzar a carcajearme ahí mismo a causa de lo ofendida que estaba Natalie a causa del tipo que se había tropezado y le había tirado encima toda la bebida a su compañero sin inmutarse siquiera… Ay, si supiera que yo le había pagado para que hiciese eso, para que así ella estuviese sola y pudiese quedarme yo con ella toda la noche. Adoraba su compañía, y no quería compartirla con nadie. Con nadie. Quería que esta noche estuviese a mi lado, celebrando conmigo por fin los buenos tiempos. Habíamos estado juntos durante todos los malos tiempos, ya era hora de una celebración decente, ¿no? Pero además, es que me molestaba ver a otro mirándola con apenas la mitad de admiración con la que yo la miraba, por eso me le había quitado de encima de la manera más fácil posible.

-Espero no verte enfadada nunca, estoy seguro de que es una imagen terrible y será un infierno que yo no quiero sufrir- dije mientras sonreía divertido.

Decir que había pedido poco era quedarse muy corto. La miré con una ceja alzada y expresión de “estás fatal”, pero no dejé de sonreír en ningún momento mientras la escuchaba. Natalie estaba muy feliz, y muy borracha. Recordé el día que bebimos en la Sala Común, y no supe si dejarla beber más sería una buena idea. Ambos éramos como pozos sin fondo en cuanto a alcohol se refería, y a lo mejor si seguía bebiendo iba a acabar con un coma etílico.

-Yo nací con alcohol en las venas, Natalie, a mí lo que me perjudica es tener sangre en ellas- dije con tono altamente sarcástico, haciéndole entender que había bebido muchísimo ya también, pero a mí solía tardarme más que a ella en notárseme. Luego se me subía de golpe, y entonces sí que era el desfase.

Pero a pesar de eso nos fuimos a la barra a por más alcohol. ¡Eso, más alcohol! ¡Que no falte en toda la noche!

-Yo no tengo pensado nada en concreto, yo estaba dejando que la noche pasase y me sorprendiese. Ya me ha dado una muy buena sorpresa- dije mientras la sonreía a ella, dejándole saber que ella era la mejor sorpresa que me había dado la noche, pues no había nada mejor que estar con ella.- Ellos no sé qué harán mis amigos, supongo que aparecerán en alguna esquina durmiendo la mona, medio en pelotas y completamente humillados- dije con tono muy causal.- Pero si no acaban para el arrastre entonces por supuesto que puedes unirte a nosotros. De todas maneras, conmigo ya sabes que puedes unirte siempre que quieras, todo el tiempo- le devolví la sonrisa, y de manera un poco inconsciente mi mano buscó la suya. Su tacto era suave y cálido.- Te he echado de menos desde que volví a mi propia casa. Quiero pasar tiempo contigo.

Tras decir aquello me bebí uno de los chupitos de tequila tras hacer un brindis.
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Natalie Corvin el Lun Ago 08, 2016 5:48 pm

Sí, sí, sí, que Zack se riera ahora que podía aprovechándose de que yo estaba muy feliz con la vida. ¡Pero el día que me viera enfadada se acordaría de esta noche y de mi sabia advertencia! Sonreí con simpleza, ya que lo raro aquella noche era no sonreír. Había pasado por momentos este año que realmente podían haberme hecho estancarme en un estado de decadencia total, pero por primera vez sentía que podía seguir adelante. Era uno de los pocos días en donde he estado verdaderamente feliz después de mucho tiempo.

-Ya claro, eso ya lo veremos.-Le reté juguetona cuando dijo que era alcohol y no sangre lo que le corría por sus venas.

Él no tenía planeado nada para después, por lo que por una parte estuvo bien porque así mi presencia no le rompía ningún plan, además, en el caso de que se fuera con sus amigos, podía perfectamente acoplarme con él, lo cual me parecía genial. Prefería buscar desde ya un plan que me alejase lo máximo posible de los buitres de mi clase. Y con buitres me refiero a esos chicos que esperan a que alguna chica se quede sola o tenga que volver sola a casa. Y no me molaba nada. Que estoy borracha, ¡pero no tanto!

Pedimos en la barra las bebidas y mientras esperábamos por ellas, él me sujetó la mano. Yo sonreí, porque ni de lejos me incomodó o me resultó raro que Zack me tocase tan cariñosamente.

-Y yo a ti. Te prefería a ti como despertador en vez de ese horrible sonido atronador.-Le puse una mano en el pecho para dar énfasis a mi próxima frase.-Me asusto, ¿vale? Cada mañana cuando suena esa sonido de mierda me da un mini infarto y me levanto de un salto. No te exagero.-Asentí con la cabeza, sonriendo ante lo gilipollas que era yo por las mañanas al no reconocer, después de semanas, el propio sonido de mi despertador.-Pero puedes venir cuando quieras…-Aproveché para sujetarle la mano con la que me tocó, entrelazando los dedos con los de él de manera totalmente inconsciente, ya que yo solo estaba mirando a sus ojos perdidísima en mis acciones.-Ya sabes que no quería ser una carga para ti y mucho menos que te quedases en casa por compromiso. Ahora puedes venir todo lo que tú quieras.

Llegaron los chupitos y las bebidas, pero lo primero que cogimos fueron los chupitos para brindar antes de beberlos. El sabor de tequila era horrible, pero era una especie de ceremonia oficial cada vez que salía de fiesta. Después de bebérmelo, pasé del limón, sino que directamente cogí mi cubata y bebí por la pajita para quitarme le sabor a tequila. Lo peor de todo es que estaba demasiado cargada mi copa, por lo que al final fue peor el remedio que la enfermedad.

Justo en ese momento alguien se chocó contra mi espalda, no muy fuerte, pero lo suficiente como para girarme a mirar. Era la espalda de un chico, un chico que estaba comiéndose la boca con una chica como si la vida le fuera en ello. Me giré hacia Zack con una ceja alzada, soltándole la mano.

-Cuanta pasión desenfrenada.-Dije irónicamente, alejándome de esos dos sementales de la barra para que no me volviesen a chocar.-Nunca me ha gustado enrollarme con chicos en la discoteca. Es... raro. ¿Es raro, no?-Le pregunté a Zack, divertida.-No los conozco de nada, es como ir un día cualquiera a Hyde Park y enrollarme con el primer desconocido que vea, ¿sabes?-Comparé, percatándome entonces de que Zack y yo rara vez habíamos hablado de nuestra intimidad sexual. La mía podía ser bastante predecible. ¿Pero la de él? Yo no tenía ni idea.-Ahora pensando... llevamos siendo amigos casi ocho años y jamás me has hablado de tus ligues. Que yo soy predecible y por mucha fama de chica fácil que tuviera en Hogwarts, solo me he acostado con una persona en toda mi vida.-Dije con toda la tranquilidad del mundo como si yo fuera un libro abierto.-¿Y tú qué?-Pregunté alzando ambas cejas. No lo iba a negar: tenía MUCHA curiosidad y quería que me la saciara.
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Zachary S. Dankworth el Mar Ago 09, 2016 4:17 pm

Sonreí cuando Natalie dijo que me prefería a mí como despertador en vez de al despertador real. Era normal, pues los despertadores son instrumentos infernales creados por el mismísimo demonio. Yo los odiaba y evitaba ponerlos, razón por la que a veces me tiraba en la cama más tiempo del que debería. En casa de Natalie cuando me despertaba pronto era para ser de alguna utilidad, pero en la mía…

-A mí ahora me despierta Ferdinand cuando rompo el despertador por las mañanas. He amenazado con despedirle en varias ocasiones, pero no me hace ni puto caso. Solo se lo hace a mi padre y a su novia- lo que mandase Abi iba a misa para Ferdinand, porque le tenía algo de miedo, o al menos eso parece. Nadie se lo echaba en cara, era algo entendible.- Oye, ya sabes que no eres ninguna carga para mí, nunca lo has sido- le aseguré a Natalie cuando dijo aquella tontería.- Yo me hubiese quedado contigo incluso el año entero, o más, y lo habría hecho encantado, ya lo sabes- dije mientras le daba un beso en la mejilla y luego la miré y la sonreí de nuevo.- Pero tú ya tienes un nuevo compañero de piso nuevo, y yo una hermanita de la que encargarme.

No iba a negarlo, había echado de menos al pequeño monstruito… lo cual me había sorprendido muchísimo cuando me di cuenta. También me había sorprendido muchísimo cuando me di cuenta de que ya no protestaba tanto cada vez que yo estaba en casa y mi padre tenía que irse y la dejaba a mi cargo para que la cuidase. Refunfuñaba, claro, pero no ponía cara de profundo asco. Aún así, aunque disfrutaba estando de nuevo en mi casa y con mi familia, echaba de menos estar con Natalie todos los días y disfrutar de su compañía a casi todas horas. Jamás me hartaría de eso.

-Ahora que ya somos libres te aseguro que e pasaré por tu casa- asentí.- Y tú puedes venir a la mía. Tenemos piscina- añadí como dato importantísimo, ya que en verano una piscina es de lo más importante.

Tras tomarme el tequila me tomé el cubata, igual que Natalie, lo cual nos dejó a ambos con las manos vacías de alcohol otra vez. Yo pensaba pedir algo más, pero antes de que lo hiciese alguien se chocó contra Natalie y ambos miramos y nos encontramos con una parejita que debería buscarse un cuarto o algún sitio más privado con urgencia, por su propio bien. Escuché entonces lo que Natalie decía mientras daba su opinión al respecto sobre la gente que se enrollaba con desconocidos en lugares como estos. Mientras ella hablaba yo alcé una ceja y se curvó una medio sonrisa en mi rostro. Ambos ya sabíamos que nuestras opiniones sobre estos temas eran muy diferentes.

-¿Qué pasa, tú nunca has hecho eso? Es divertido- dije cuando mencionó lo de enrollarse con desconocidos (bueno, en mi caso desconocidas) en Hyde Park. Mi tono de voz era serio, pero en mis ojos había un poco de burla, lo cual no dejaba claro si estaba hablando en serio o si bromeaba. Pero Natalie no tenía que descifrar nada para saber que sí que me había liado con chicas en las discotecas.

-No suelo hablar con nadie de mis ligues- le dije mientras le hacía una señal al barman para que trajese más bebidas. Sí, más. Si de aquí no salimos a rastras entonces no estamos celebrando nuestra libertad como es debido. Lo que le había dicho a Natalie era verdad, no solía hablar de mis ligues. Ian sabía de algunos porque el tío era un cotilla que se enteraba de todo, pero no iba por ahí despilfarrando detalles a lo loco, no me parecía de buen gusto. Estando sobrio no se me ocurriría hablar de este tema con Natalie, pero no estaba sobrio. Aunque no lo pareciese porque aguantaba el alcohol muy bien, había bebido ya demasiado.- A la gente le encanta darle mala fama a gente que no se la ha ganado- dije mientras me encogía de hombros, suponiendo que algún imbécil que estaba amargado por no haber podido llevarse a Natalie a la cama había inventado algún rumor que le creó esa fama.

Miré a Natalie cuando ella, tras decirme que solo se había acostado con una persona en su vida (puto William suertudo), me preguntó acerca de mi propia vida sexual. Contestar me parecía una idea terrible, pero el alcohol hacía que casi todo me diese igual.

-Yo me he acostado con unas…- pensé un poco antes de contestar, tratando de acordarme de las chicas, aunque no e acordaba de todas. Estaba demasiado borracho como para que sus rostros y nombres se quedasen grabados en mi memoria.- …veinte.
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Natalie Corvin el Miér Ago 10, 2016 2:29 am

¡Ojalá tuviera yo a ese mayordomo tan simpático como despertador diario! Seguro que hasta te despierta con un zumito de naranja fresquito y una galletita. Y no ese apartado asqueroso diseñado por el más vil masoquista: el despertador. A pesar de que estaba comodísima con Zack en mi casa, quería que viviera en la suya. Él podría decir misa con que no soy una carga para él, pero así lo siento yo cuando se queda en mi casa para no verme sola. Y no quería ser la carga de nadie y eso me creaba un amor-odio en mi interior. No quería ser egoísta teniéndolo en mi casa, además, como bien había dicho, yo ahora tenía un nuevo compañero muy simpaticón y él tenía una hermanita a la que malcriar.

-Aunque tú no me veas como una carga, yo me siento una carga para ti y, de verdad, me sentía un poco mal apartándote de tu familia y, sobre todo, egoísta. No tienes culpa de que mi familia sea una mierda y todo me salga mal, ¿sabes?-Dije con toda la sinceridad del mundo, desde el mismo corazón. Estaba borracha, por lo que no estaba vigilando las palabras que decía; sólo las decía. Sonreí entonces cuando dijo que ahora que estábamos de vacaciones podíamos ir a la casa del otro, pero yo moví el gesto no muy convencida de lo que decía. Yo tenía vacaciones en la universidad, pero en el Caldero no me daban precisamente demasiadas vacaciones.-Uhh, piscina.-Alcé las cejas varias veces.-Me gusta esa idea. Hace montón de tiempo que no me meto en una piscina y cojo sol. ¿Has visto lo blanca que estoy? Parezco un fantasma.

Cuando aquellos dos desconocidos invadieron nuestro espacio vital con esos lascivos deseos, me alejé. Por una parte porque llevaba meses sin sexo y, una vez lo pruebas, es difícil quitarte las ganas y más si ves esos alardes de pasión y, por otra parte, porque era repulsivo ver cómo se comían la boca sin una pizca de decencia. Le comuniqué a mi amigo que no era partidaria de hacer esas cosas y pareció sorprenderse.

-¿Qué hay de divertido en que un desconocido te meta la lengua hasta el punto de querer asfixiarte y te intente meter la mano todo el rato por debajo de la falda?-Pregunté retóricamente, alzando una ceja.-Una vez fue suficiente como para percatarme de lo asqueroso que es. No sé, llámame romántica, pero me gusta que me traten bien si me acuesto con una persona y no como un premio de una noche.-Le contesté a Zack, que por su rostro no supe identificar si lo decía en broma o porque verdaderamente lo pensaba. Como mis reflejos estaban un poco lentos esa noche, decidí librarme de dudas.-¿Tú si lo haces? Que lo respeto perfectamente, solo que no va conmigo. Salgo de fiesta para bailar y divertirme con mis amigos, no para buscar un ligue de una noche.

Quizás y solo quizás, si la relación entre William y yo no llega a terminar como terminó, sino de otra manera en donde no me hubiera traumatizado por meses, mi vida en el ámbito de las relaciones hubiera sido más liberal, pero no. Sigo tan cerrada como antes de empezar con él una relación seria. Así que me entró curiosidad por saber cómo era la vida romántica de Zack, una vida de la que ignoraba prácticamente todo. Lo único que sabía es que casi nos acostamos en Hogwarts y porque yo estaba involucrada en la situación, aunque teniendo en cuenta lo pedo que estaba, era todo un milagro que lo recordase.

Cuando me dijo el número aproximado de chicas con las que se había acostado, abrí los ojos como platos. ¡Pero como platos grandes, casi eran bandejas!

-Estás de coña.-Afirmé, sin mucha seguridad en mis palabras.-¿¡Te has acostado con veinte chicas!? ¡Bueno, veinte chicas es lo que dices ahora, borracho y sin muchas ganas de pensar! ¡Seguro que han sido muchas más!-Supuse, flipando. No sabía cómo me sentía. ¿Contenta por el éxito sexual de mi amigo? ¿Rara por mi poca actividad sexual con su misma edad? ¿Celosilla de que tanta gente se hubiera acostado con mi amigo y yo no? Bueno espera, ¿y yo quiero acostarme con él? No, no, no. ¿Pero qué narices estoy diciendo? ¿Hubiera sido una más del montón a coleccionar, no?-Qué pasada. No me lo esperaba. Veinte chicas… ¿Conozco a alguna?-Pregunté por hacer alarde de mi vena maruja de turno.-¿Y cuándo empezaste? Madre mía, debiste de empezar hace tiempo, eso o has aprovechado muy bien tu vida de universitario.-Le di un golpe un tanto extraño en el hombro a Zack, amistoso y de felicidades, cogiendo la nueva bebida que nos dio el barman para hacer algo de tiempo y ordenar mis pensamientos.-Estás hecho todo un ligocente. Aunque no sé por qué me sorprende tanto, mírate... Esos ojazos, ese cuerpo, esa barba tan sexy que te has estado dejando… y tu personalidad siempre tan caballerosa. O por lo menos conmigo, si eres así con todas las chicas, no me extraña que te las lleves a todas a la cama.-Alcé la copa para proponer un pequeño brindis en su honor, sobre todo para evitar comentar más el tema y que se me notase más rara de lo normal. Tampoco es para tanto que se haya acostado con taaaantas chicas, ¿no?-Por ti y porque sean muchas más.-Le guiñé un ojo algo traviesa y bebí de mi copa, bebiendo más de un buche de seguido.
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Zachary S. Dankworth el Lun Oct 31, 2016 9:59 pm

Meneé la cabeza de un lado a otro con desaprobación ante el hecho de que Natalie dijese que se sentía una carga para mí cuando había estado viviendo con ella en su piso. ¡No lo había sido en absoluto! Al contrario, pasar ese tiempo viviendo con ella había sido un absoluto placer, aunque no le había hecho ver cuánto. Tampoco pensé que fuese muy apropiado mostrarme excesivamente contento al principio, debido a la delicadeza de la situación por la que yo estaba viviendo allí. No había querido ser insensible con ella.

-Por favor, seguro que mi familia se alegró de que saliese un poco de casa. Y me salvaste de los berrinches nocturnos de mi hermana que me mantienen despierto todo el tiempo. Mis notas y mi salud mental te lo agradecen, créeme, porque es imposible dormir y estudiar con esos lloros resonando por los pasillos.

Entendía perfectamente por qué a Natalie no le gustaba enrollarse con algún desconocido en la discoteca o en un parque. Ella siempre había sido más pudorosa con esas cosas, aunque no era una santa inocente tampoco, pero no era una opinión que yo compartiese. Reí un poco por lo bajo mientras la escuchaba quejarse.

-Bueno, si te lo hace un baboso sin clase entiendo que no le veas la gracia, las cosas hay que hacerlas con estilo…- dije, y a continuación le guiñé un ojo de manera exageradamente sugerente, y claramente en broma.- Pero si te besase un desconocido como yo en un parque entonces créeme, no querrías huir de mí. Vendrías corriendo a por más- le dije con el tono más descarado del mundo.

Asentí ante su pregunta, aunque la respuesta era bastante obvia. Natalie conocía perfectamente mi reputación, y alguien con una reputación así obviamente hay cosas que ha hecho más de una vez. Liarme con desconocidas en un parque o en una discoteca es una de ellas, y la he hecho cientos de veces. Al estar hablando tan libremente de lo que nos gustaba y de lo que no nos gustaba hacer, obviamente eso combinado culminó en una pequeña charla sobre nuestras vidas sexuales en la que cada cual confesamos con cuántas personas nos habíamos acostado. Que ella solo lo hubiese hecho con una persona no me sorprendió, pero ella sí que lo hizo cuando yo confesé mi número. Asentí levemente con la cabeza mientras sonreía al ver lo atónita que se había quedado.

-¿Dé dónde crees que salió mi terrible reputación sino?- pregunté retóricamente, entretenido con su sorpresa. Inmediatamente se pudo en modo cotilla a preguntarme si conocía a alguna, lo cual me hizo reír.- ¡Esas cosas no se cuentan, Natalie!- exclamé como excusa para evadirme de responder, pero al ver la cara que me ponía no pude más que suspirar pesadamente y asentir.- Sí, conoces a algunas. A varias. Obviamente pasé por las camas de muchas alumnas de Hogwarts- confesé. Esperé entonces a que volviese a beber para soltar entonces la cosa que sabía que más le iba a sorprender.- También puede que me acostase con alguna profesora- dije de repente, esperando poder verla atragantarse horriblemente con la noticia.

Me puse un poco colorado (puto alcohol…) ante los piropos de Natalie, y no dudé en brindar con ella.

-¡Ídem!- exclamé. Aunque en el fondo solo deseaba acostarme con una más, y que Natalie no tuviese muchos pretendientes, sino solo a mí.- ¡Eh, frena, frena!- exclamé cuando vi que le pasaba con los tragos, y reí.- Vas a acabar despatarrada en el suelo borracha- dije yo, muy hipócritamente, pues se me estaban pasando las copas también.
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Natalie Corvin el Miér Nov 09, 2016 2:07 am

Alcé una ceja divertida antes de soltar una divertida carcajada por el sobrado ego que tenía Zack. Era cierto que besaba de maravilla... pero de ahí a ir corriendo a por más había una gran distancia que al parecer llenaba su increíble autoestima de borracho.

-Eso habría que verlo.-Curvé una sonrisa descarada, medio retándole, consciente de que no conseguiría el efecto deseado en él. Pero para descarado borracho él, descarada borracha yo.-Yo creo que el desconocido se quedaría embelesado ante mi manera de besar y sería incapaz de responder. Al final me terminaría aburriendo, como siempre.

Saber que mi mejor amigo era tan tremendamente activo sexualmente me hizo plantearme muchas cosas en mi vida. ¿Debería de ser yo también más activa sexualmente? Antes de tener sexo uno no se planteaba eso, pero una vez has tenido, tener una sequía de varios meses como que duele. Zack al parecer había tenido sexo con más de veinte chicas, por lo que no pude evitar preguntar que si yo conocía a alguna por simple curiosidad. Además, había sido una noticia inesperada y era una manera de seguir recaudando información sin que yo tuviera que opinar mucho al respecto.

Me sorprendió muchísimo que me dijese que sí que conocía a algunas y por casi no se me estalla la vena de la frente ante la impotencia de que no me dijera sus nombres.

-¡Venga ya, Zack!-Dije con un rostro entristecido por su misterio. ¡Debería decírmelo! Soy su mejor amiga, no iba a decir nada de nadie, solo guardármelo para mí como una buena mujer cotilla que soy.-Dime a alguien que yo conozca con la que te hayas acostado, anda.-Intenté convencerle, acercándome a él para ponerle ojitos. Aunque antes de poder esforzarme mucho en mi teatro, me soltó la bomba.-¿¡QUÉ!? ¿¡UNA PROFESORA!?-Pregunté sorprendidísima, tanto que hasta que se me desestabilicé y casi me caigo, pero no.-Tienes que estar de broma. No me puedes dejar con esta intriga Zack, tienes que decírmelo.-Le pedí, esta vez sí con ojitos.-¡Por favor, no puedes soltarme esa bomba y luego esperar que eso haga que tenga menos curiosidad! ¡Venga! Por favor... -Insistí.

¿Quería saberlo, vale? Necesitaba saberlo. No sabía si de verdad era por curiosidad o porque tenía la necesidad de saber con qué tipo de personas se había acostado para saber "el nivel". Aunque sonase un poco raro así... pero estoy borracha y mis pensamientos ahora mismo tampoco son los más lógicos y sanos del mundo, así que sí, quería saberlo para saber con qué tipo de chicas se acostaba.

Brindé con él y si bien mi primera intención era beber solo un buche, mi subconsciente decidió beber mucho como si eso me fuera a hacer olvidar el hecho de que Zack se ha acostado con medio Hogwarts, incluida una profesora. Debo de ser horrible si lo ha intentando hasta con profesoras y no lo ha intentado conmigo. Debo de estar en lo más profundo de la Friendzone.

-No sería la primera vez que acabo despatarrada en el suelo por beber demasiado. Pero si hoy me pasa... tú me cuidas, ¿verdad?-Sonreí divertida, dejando el vaso sobre la barra prácticamente vacío. Quedaba el final, pero no me apetecía terminármelo.-¿Salimos un rato? Tengo un calor horrible aquí dentro.
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Zachary S. Dankworth el Jue Mar 09, 2017 6:32 pm

Puse una expresión algo cansina cuando Natalie dijo que “eso habría que verlo”, como si dudase de mis palabras o de mis habilidades. En cualquier caso, ¡la osadía! Estaba a punto de protestar, pero entonces escuché lo que ella dijo al adelantárseme y esta vez sí que la miré con expresión ofendida. El exceso de alcohol en mi cuerpo me hacía ser mucho más exagerado de lo que en verdad era cuando estaba sobrio, pero este es un lugar en el que estar sobrio era más o menos un pecado mortal.

-¿Como siempre? ¿También conmigo?- dije, chichándola en realidad y no hablando en serio, pues tenía bastante claro que conmigo ese no había sido el caso. Puede que ahora estuviese borracho, como lo había estado en el último encuentro en el que hubo roce entre nosotros, pero lo recordaba todo con claridad. Jamás se me olvidaría, y tenía muy claro que me la había tenido que quitar de encima yo mismo para frenarla. Eso no me suena a aburrimiento para nada.

Dos amigos no pueden estar borrachos y evitar que la conversación se desvíe hacia el sexo en algún momento. Es algo que tiene que ocurrir, es una ley del universo promovido por la energía cósmica que envolvía a todo en la existencia. No podía evitarse ni aun cuando uno de los dos integrantes de dicha amistad estaba perdidamente enamorado del otro, caso en el cual cualquier charla sobre sexo con personas ajenas debería ser evitada como la peste negra. Yo quería dejar el tema precisamente por eso, porque me incomodaba un poco hablar de ello con Natalie, la única chica del mundo a la que jamás me llevaría a la cama como hacía con todas las demás por simple placer, y porque además tenía un código moral personal (el único que tengo, en realidad) que me hace no querer desvelar muchos detalles de mi vida sexual sin consentimiento previo de las participantes. Era una falta de respeto, ¿no? Pero estaba borracho y Natalie era una pesada cuando insistía, así que algunas cositas sí que dije.

-Creo que te puedes imaginar con quiénes me he acostado, Natalie- dije. Era fácil, lo único que tenía que hacer era recordar quiénes eran las alumnas guapas y muy ligeras de cascos. Circe, por ejemplo, aunque no dije ese nombre.- Tenías razón cuando sospechabas que me había costado con todas tus compañeras de dormitorio. Menos con la fea, con esa no- aclaré rápidamente.- Esa tenía una nariz que me hubiese sacado un ojo mientras lo hacíamos, que miedo- dije, y me dio un escalofrío. No di más nombres, aunque sí que dije que me había acostado con una profesora. Solté una carcajada cuando Natalie reaccionó de manera divertida, aunque cuando me preguntó con cuál lo había hecho la dejé con la duda. Ya se me había escapado la información con Ian, no iba a dejar que volviese a pasar.- Solo te doy una pista, es rubia.- Buena suerte adivinando cuál era, Hogwarts estaba lleno de profesoras rubias.

Un rato después, tras frenar los intentos de Natalie de emborracharse todavía más, accedí a que saliésemos de allí a tomar el aire. No me preocupaba la enorme cola que habría ahora para entrar en la discoteca, nosotros podríamos pasar inmediatamente sin tener que hacerla. Acompañé a Natalie, sujetándola del brazo para que no se desplomase. A mí las cosas me daban un poco de vueltas, pero no temía que fuese a caer. Tenía experiencia, y mi hígado me odiaba.

Jamás pensé que, al salir a la calle de aquella zona de Londres a la que ambos habíamos acudido cada uno por su lado para pasárnoslo bien, fuese a encontrarme a nada más ni nada menos que Ferdinand. ¿Qué coño hacía el mayordomo squib de mi familia allí? Parecía haber estado a punto de entrar en la discoteca, y en su rostro había una expresión de horror y profunda urgencia. Al verme se le vio más aliviado, aunque no menos triste.

-¡Señorito Zack!- exclamó acercándose a mí y a Natalie rápidamente.- Me ha enviado su padre a buscarle, tiene que venir inmediatamente. Ha ocurrido… Ha ocurrido una tragedia…

Y entonces me dio la noticia: mi prima había aparecido muerta. En un segundo recibí otro de los terribles golpes de mi vida. Estaba borrachísimo, pero el horror de lo sucedido despertó todos mis sentidos de nuevo. Tenía que marcharme. Miré a Natalie, y silenciosamente ella me indicó con la mirada que me acompañaría, no me dejaría solo. Nos marchamos de allí. ¿Quién iba a decirnos que, apenas unos días después, nos enfrentaríamos a tanto dolor y nuestras vidas cambiarían para siempre cuando esta noche habíamos sido simplemente unos estudiantes felices que celebraban por todo lo alto? Los giros del destino eran impredecibles.
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