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TRAMA GLOBAL: Banquete de fin de curso (2015 - 2016)

Albus Dumbledore el Vie Jun 17, 2016 4:50 pm

Recuerdo del primer mensaje :

El Gran Comedor estaba decorado del mismo modo como lo había estado durante todo el año, con banderines de color esmeralda y plata que orgullosamente ondeaban luciendo el símbolo serpentario de la Casa de Salazar Slytherin. Sin embargo, algo había de diferente respecto a los otros días, y es que en pleno centro del Gran Salón, justo por encima de la mesa de los Profesores, flameaban enormes guirnaldas que habían adoptado la forma de letras diciendo: "FELICIDADES A LOS NUEVOS GRADUADOS". Un gesto bastante bonito, de no ser porque las guirnaldas estaban hechas de ropa interior tanto femenina como masculina, todas ellas pertenecientes a los alumnos de Slytherin, quienes aquella mañana habían despertado con la sorpresa de que no habían tenido ropa interior limpia para ponerse. Y, para finalizar el decorado, un consolador colgaba también de la parte baja de la guirnalda.

Los alumnos habían tenido reacciones variopintas a la hora de llegar al Gran Comedor y encontrarse con semejante decoración; algunos reían a destajo, otros se sentían avergonzados y, por supuesto, había también quienes reconocían sus pertenencias. Lamentablemente, para ellos que intentaron recuperar su ropa interior antes de la llegada de los profesores, les fue imposible.

Cuando Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, Director de Hogwarts, llegó al Gran Comedor, caminó directamente hacia su puesto en la mesa, saludando a los estudiantes con una sonrisa amable, como si jamás se hubiese dado cuenta de nada anormal en el Gran Comedor. Pero todos aquellos que conocen a Dumbledore sabían que al Director muy pocas cosas se le pasaban por alto, sobre todo con ese grado de evidencia. La mayoría de los profesores habían llegado junto con él, en la misma comitiva, luego de que hubiese hablado con ellos respecto al fin del curso. Muy probablemente, ellos no disimularían tan bien su sorpresa.

El Director, sin embargo, no se sentó, sino que tomó su lugar en el podio principal para dirigirse a sus alumnos, mientras el resto de los profesores tomaba asiento. Entonces se aclaró la garganta y esperó a que los alumnos guardasen silencio.

—Otro año ha terminado... Y lamentablemente muchas cosas han pasado. Amigos se han marchado de nuestro lado, grandes magos y brujas que han dejado su huella en lo más profundo de nuestros corazones. Por eso, quiero dejarles en claro, que aún a pesar de ser vacaciones, aún a pesar de que muchos de ustedes estén ansiosos por regresar a casa con su familia y otros por abandonar el Castillo de forma permanente... Hogwarts siempre será su hogar.

Dedicó una sincera sonrisa a sus alumnos, especialmente a aquellos de séptimo curso, a quienes difícilmente volvería a ver con la misma frecuencia. Mas no había tiempo de volverse sentimentales, él ya había vivido demasiados años viendo a alumnos crecer y hacerse adultos, magos y brujas que habían ido por el camino bueno, tanto como el malo ¿pero quién era él para juzgarles si él mismo había estado perdido por tanto tiempo durante su juventud?

—Sólo puedo decirles, queridos estudiantes, que en aquellos momentos en los que el destino parezca más oscuro, recuerden lo que han aprendido y con quienes han vivido. Ahora más que nunca, cuando las cosas parecen más inciertas, es que debemos apoyarnos mutuamente y dejarnos fortalecer por los lazos que hemos creado. Pedir ayuda no hace al débil, así como enfrentarse a todo solo tampoco hace al valiente.

Ni siquiera él sabía aún la magnitud de las cosas a las que pronto enfrentaría, rumores, extrañas desapariciones por ambos bandos, se habían encargado de nublar el horizonte. Él lo sabía, sí, pero aún le faltaba mucho por saber y en ello se basaba su sabiduría.

—Y ahora, como es la tradición; el primer premio del Torneo de los Cuatro Magos es para la alumna Rhea Jackson de la orgullosa Casa de Hufflepuff —hizo una breve pausa para permitir que los alumnos expresaran su júbilo a través de los aplausos y continuó —. Y Slytherin alza con gran dignidad, por primera vez en mucho tiempo, la Copa de Quidditch —y tal como lo hiciera anteriormente, permitió que la mesa de los Slytherin celebrara su momento —. Y ahora, lo que todos esperan, la Copa de la Casa: En cuarto lugar, la casa de Ravenclaw con 880 puntos. En tercer lugar, la casa de Hufflepuff con 1370 puntos. En segundo lugar, con 1935 puntos, la casa de Gryffindor —en ese momento, fueron los Slytherin quien nuevamente estallaron en vítores —. Por lo que la copa de la Casa de este año vuelve a recaer en la casa de Slytherin, con 2195 puntos, por lo que creo, nuestra decoración sigue siendo la misma.

Alzó las manos, señalando a las banderas y a las guirnaldas con la ropa interior de los Slytherin, que parecía hacerle mucha gracia y es que sólo lamentaba de que no estuvieran hechas de calcetines o de seguro los habría sumado a su enorme colección.

—Y para finalizar, un gran aplauso para Lluna Forman, Ophelia Winslow, Circe Masbecth, Ian Howells, Davina Abrasax, Juliette L. Howells, Rose Saunders, Joahnne Herondale, Lisbeth Ravensdale, Edward Westenberg, Tenney Enguerrand, Yvette Larson y Robert VonBranberg. Nuestros graduados a quien sin duda les deseamos mucho éxito en sus futuras profesiones —mencionó aplaudiendo junto con el resto de los alumnos y profesores —. Ahora... que comience el banquete.

Dio entonces un único fuerte golpe con sus palmas y sobre las mesas apareció el rebosante festín que los elfos domésticos habían preparado especialmente para esa noche. Sin embargo, tanto la comida como la bebida tenía algo especial, y quien bebiera o comiera de ella, alumnos y profesores incluidos, se encontrarían con una muy inesperada sorpresa. Toda su piel (no así su ropa) cambiaría de color a un fuerte y llamativo tono escarlata, mientras que su cabello (y con esto me refiero a TODO su cabello, cejas, pestañas y axilas incluidas) se tornarían de un brillante dorado, adaptando finalmente los colores de la casa de Gryffindor.


IMPORTANTE NOTA:
  • Las "guirnaldas decorativas" y la poción cambia de color vertida en la bebida y la comida, han sido proporcionadas por nuestros queridos merodeadores, en particular los señores James Potter y Sirius Black, quienes se han currado el rol para llevarlo a cabo, con el auspicio de la ingenuidad del Señor Ian Howells, quien les dio la contraseña de la Sala Común de Slytherin y la también ingenuidad de la Profesora Astrid Sweets, quien creyó estaba dando a Black la receta para sólo celebrar por su cuenta. Dicha poción tendrá efecto luego de alrededor de un minuto tras haber dado el primer bocado o trago.
  • Pueden postear a partir de ahora y la trama termina el 16 de julio, con un plazo de un mes.
  • Los puntos obtenidos en la cena no pueden registrarse, sino que la Administración sumará 10 puntos para el próximo curso a cada miembro de cada casa que participe.
  • En cuanto a la cena, pueden imaginarse lo que deseen comer, siempre y cuando no sea carne humana (?).
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Circe A. Masbecth el Sáb Jul 16, 2016 11:40 am

El curso académico llegaba a su fin y, como cada año, se celebraba un banquete de fin de curso donde alumnos y profesores cenarían igual que el resto de días en sus respectivas mesas pero, esta vez, comida de mejor calidad. O más bien, comida especial para aquel día. Platos que normalmente no se preparaban y se guardaban para una ocasión especial como podía ser el propio día de Navidad.

Como todos los años, Circe contó con la compañía de Ian para subir al Gran Comedor pero, a diferencia del resto de años, no contó con la de Damon, quien seguía pegado mediante la lengua al final de la espalda de su novia, como buen novio lame culos que era. Circe no le soportaba y no le había dirigido la palabra en todo lo que llevaban de curso. Ni había ido a visitarlo cuando este tuvo su pequeño accidente durante el desarrollo de El Torneo de los Cuatro Magos. ¿Por qué? Porque es mejor causarle indiferencia a alguien como Circe, pues de ganarte su odio, puedes irte preparando para pasarlo realmente mal.

En cuanto entraron con el resto de alumnos de Hogwarts al Gran Comedor, fue evidente que algo no andaba bien. Circe no había tenido problemas para dar con su ropa interior aquella mañana y no se había parado a mirar si le faltaba algo en su baúl como al resto de sus compañeros. Mientras sus compañeras de cuarto discutían por quién había robado la ropa a quien, Circe ya había salido de su dormitorio para encontrarse con Ian que, posiblemente, ni había notado que faltaba la suya propia por ser un cerdo que cambiaba de ropa interior cada dos días, pues no descartaba que la usase por ambos lados antes de echarla a lavar.

Enarcó una ceja al ver la ropa interior colgando del techo cual guirnalda decorativa. – Esto ha sido cosa de los de Hufflepuff. ¿No ves que tienen esa fama de pajilleros que no pueden con ella? – Preguntó retóricamente a Ian sin dar importancia a lo que colgaba del techo. Hasta que reconoció su propia ropa interior y aquello no le hizo ni puñetera gracia. Pero dado que se iban al día siguiente y que contaba con una muda limpia de ropa interior, no le dio demasiada importancia, pues no iba a hacer el ridículo intentando bajar su ropa cuando en nada iría a Londres y contaría con toda la ropa nueva que quisiese.

Algunos de sus compañeros intentaron bajar aquella ropa antes de que el discurso de final de curso comenzase, pero sus esfuerzos no sirvieron de nada, pues resultaba imposible bajar aquello de allí. Antes de que pudiesen conseguir nada, el director comenzó con su peculiar discurso donde felicitó a la casa de Slytherin por sus dos victorias durante el curso y a la ganadora del torneo. Circe no dudó en mirar a Damon descaradamente con una mueca de asco, pues por su culpa no habían ganado todo lo posible durante aquel año.

Una vez el discurso llegó a su fin, siguieron los aplausos, las risas y las palabras de despedida entre los miembros de Sltyherin que aquel año finalizaban sus estudios. Circe por su parte se quedó con Ian, impidiéndole a este que comiese por llevar varios días vomitando. – No vuelvas a acostarte con ese tipo de zorras baratas. A saber qué coño te ha pegado. – Dijo la rubia medio en broma medio en serio. Pues Ian llevaba casi dos semanas malo del estómago y  ver cómo alguien dejaba a medias la conversación para irse a vomitar no era precisamente agradable. – Y hablo en serio. Sé que tienes una gran afición por follarte a toda mujer que se cruce en tu camino, pero al menos cuenta con el sentido común para no hacerlo con alguien que puede pegarte… Esto. ¿Qué cojones te ha pasado? – Rodó los ojos quitándole las patatas de las manos, pues por muy malo que estuviese, no paraba de intentar comer en todo momento, lo que suponía un problema para Circe, quien no podía probar tampoco la comida por controlar a Ian.

En ese momento, alguien se unió a la conversación. Y este alguien fue Damon, quien dejó su nidito de amor para acercarse a sus antiguos amigos. – Te confundes de grupo. Tu novia está por ahí, ¿Cómo es que no tienes la lengua en su garganta? – Preguntó de forma arisca la rubia. Pero Damon no se marcho como de costumbre, sino que explicó a ambos chicos que el próximo año se marcharía a estudiar al extranjero y que había dejado a Lluna aquel mismo día. - ¿Y te crees que nos importa? Después de un puto año sin dirigirnos la palabra, ¿Te crees que esto nos importa lo más mínimo? Puedes irte por dónde has venido o puedes irte a meter al polla en un árbol para que este se convierta en tu nueva novia, pero no te atrevas a acercarnos a nosotros nunca más. Para nosotros estás muerto, ¿Entiendes? – Enarcó sendas cejas antes de ver como Damon se marchaba, con un color rojizo en toda su piel. – Damon. – El chico se giró con una media sonrisa al escuchar la voz de Circe, pero esta desapareció en cuanto la rubia volvió a hablar. – No hagas nuevos amigos donde vayas, que luego les dejas tirados cuando encuentras un raro sujeto que quiere acostarse contigo. – Añadió sin mencionar que estaba totalmente rojo y no era precisamente de vergüenza.

- ¡Qué te he dicho que no comas! – Dio un manotazo a la comida de Ian que acabó en el suelo antes de que este pudiese probarla. – Tú no aprendes, ¿No ves qué estás malo? – Preguntó la rubia antes de intentar coger un plato de comida para colocarlo a su lado. Pero del mismo modo que ella había hecho, Ian golpeó su comida alegando que si él no comía, ella tampoco. Rodó los ojos y aceptó el trato, pues no quedaba otra.

En aquel momento una lechuza apareció por el Gran Comedor llevando consigo un pergamino que Circe no tardó en guardar bajo su túnica sin que Ian se diese cuenta, pues como era medio lerdo, no era algo muy complicado. Hizo como si no hubiese visto nada, pero a pesar de no haber tenido tiempo para leerlo, sabía de quién era perfectamente. Pero como siempre, no podía acercarse para pedir una explicación aunque fuese a modo de broma.

Pasadas unas horas y tras el alboroto causado por la ropa interior en el techo que algunos intentaban llevarse consigo y el resto que intentaba ir a la enfermería por alegar sentirse enfermo tras haber adquirido aquel peculiar color, Circe se marchó del Gran Comedor dejando ahí a Ian por si quería comer y vomitar sin molestarla en aquella ocasión, rumbo a la Sala Común.
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Invitado el Sáb Jul 16, 2016 5:04 pm

Con Sirius

Lo había visto, claro que si, aunque tampoco se esforzó porque no lo hiciera ¿Cómo? Si había corrido furicamente hasta su lugar y lo había sacado de ahí, sintió el "golpe" del conjuro y se tambaleó hacia atrás, le tomó unos segundos reacomodar sus sentidos y el equilibrio y sin pensarlo dos veces fue tras Sirius que se escapaba hablando más sandeces.

-Uy si, te enviaré una lechuza cuando esté listo, ahora hagamos las paces por favor.

Sin intención de hacer nada ahí mismo mantuvo la compostura hasta que supo que estaba fuera del Gran Comedor y la vista general -igualmente todos estaban muy entretenidos con la nueva coloración de su piel- y apenas cruzaron el umbral, Robert se lanzó nuevamente contra Black.

Le arrebató la escoba de las manos y la dejó de lado, no por buena gente o porque no quisiera hacerle daño sino porque sabía que le podría servir de defensa.

-¿Machote? ¿Me lo juras? ¿Qué tal si dejas de usar la puta varita y vemos que trae cada quien?

Estaba tan cerca de él que no se sabía si iban a besarse o a pelear, Rob empujó al Gryffindor y acto seguido, tan rapido como para medirse, le propinó un puñetazo directo en la nariz. No era un chico de muchas peleas y tampoco le iba lo físico, pero estaba tan enojado que le importó muy poco ser el iniciador de una.
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Invitado el Dom Jul 17, 2016 6:54 am

Con Robert


Robert pareció calmarse e incluso tomarse su comentario de su periodo con un poco de humor, por lo que Sirius le miró con un poco de desconfianza y se volteó a medias, aún teniendo un ojo o sus oídos puestos en el Hufflepuff que le seguía a pocos metros de distancia, por lo que cuando salió al pasillo, inmediatamente se volteó nuevamente para encarar al chico con la varita en la mano. Vamos, ninguno de ellos eran estúpido como pelearse delante de los profesores y el Director mismo, ya que incluso los duelos con varita estaban penados si acaso eran sorprendidos por un profesor y, por supuesto, ambos sabían que eso no había acabado ahí.

No dudó en apuntarle con la varita, mas no le lanzó ningún hechizo pues el Hufflepuff se adelantó con sus palabras, dejándole en claro que no esperaba un duelo mágico ¿en serio? ¡Pero si eran magos!

Estuvo a punto de negarse y lanzarle algún hechizo a las piernas, pero luego se lo pensó mejor… ¿Cómo reaccionaría su madre si algún profesor le escribía diciéndole que había castigado a su primogénito por encontrarse envuelto en una pelea muggle?

Aquel pensamiento provocó incluso que se le dibujara una sonrisa en el rostro, por lo que enseguida se acomodó el cabello y guardó la varita, pero no le gustó para nada cuando el del cabello quemado le quitó su nueva y preciada escoba.

—¡Hey!

Le gritó enojado y quiso recuperar su escoba inmediatamente, pero su camino fue cortado por un inesperado puñetazo en la nariz que hizo que se llevara las manos a la cara para luego mirar sorprendido a Robert, pero entonces recordó a su madre y el asunto de la pelea muggle, por lo que no dudó en lanzarse sobre él para responder el golpe y darle varios más.

Ambos chicos se trenzaron en una encarnizada pelea de puñetazos y patadas lanzadas sin sentido alguno, ambos eran verdaderos novatos en el combate personal, por lo que era difícil prever en donde se golpearían o con que nivel de daño quedarían. Golpes iban y venían, hasta las orejas sufrían y pronto ambos quedaron en el suelo, pero era difícil saber si acaso había sido porque habían caído o porque uno de ellos se había lanzado al suelo porque eso les daría más estilo.

No se detuvieron hasta que algunos alumnos salieron y les vieron, y aún así siguieron, ya que los alumnos en lugar de separarles les alentaban y hasta hacían barra a su favorito, por lo que no fue sino hasta que alguno de sus compañeros vio a un profesor venir en camino, que les separaron y les empujaron para que se marcharan del lugar, antes de ser descubiertos por el docente.

Sirius miró a Robert con rabia, aunque en seguida se recordó de su escoba y tuvo que empujar a quienes le sujetaban para que le dejasen ir a recoger el regalo de Circe y marchar corriendo entre medio de un grupo de chicos para pasar más desapercibido.
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S. Lyssandra Østberg el Miér Jul 20, 2016 1:09 pm

La amiga de Stella realmente era alguien sorprendente. No le caía mal pero había algo que no cuadraba con la personalidad de Synnove que la hacía confundirse. Estaba confusa realmente. De todos modos era alguien bastante agradable porque, al igual que Stella, estaba como una cabra y no hacía falta mirar muy dentro de su personalidad.— Supongo que no me importa que seas tan directa con ella aunque por ahora no sé si con respecto a mí podría responderte a esa pregunta. No he tenido experiencias de ese grado con otra persona. Supongo que podría ser posible, o no. No estoy segura. — Y tras aquello soltó una risa un tanto nerviosa porque no estaba segura de lo que quería responder a aquella pregunta tan atrevida de Freya. ¿Sería también aquello algo bueno? Es decir: no estaba siendo recelosa con ella y encima sentía bastante comodidad para ser alguien desconocido, por suerte era alguien Ravenclaw y la cosa era también más fácil. Sin duda aquella chica entraría en su lista de amistades, aunque fuera como una conocida o amiga, incluso amiga de amiga le valía.

Luego no había que olvidar el tema que era referente a la pequeña Neferet, quien sin previo aviso se había metido en una conversación para... ¿Mostrar su inteligencia por encima de las mayores? No es que viera mal que entrara sino que las formas no fueron las correctas y no por ello iba a aplaudirle. No era de ese tipo de personas, de por sí Synno no era una persona que le gustase el trato con cualquier persona y si alguien lo hacía mal Synno era poco tolerante, en la mayoría de los casos. Claro que vio que Freya fue mucho más dura de lo que lo había sido ella mismo a la hora de corregir a la pequeña, aunque no por ello iba a sentir pena al respecto, aunque todo intento de Stella por suavizar la cosa no iba a salir bien. Y claramente no salió bien cuando la pequeña rubia se acabó marchando tras aquel comentario y teniendo lágrimas en el rostro. No le daba pena de alguien muy cercano a Synno, como podía ser su madre, no le iba a dar pena ella. — Ella misma se lo ha buscado, debe aprender a las malas o a las buenas. — Se encogió de hombros quitando importancia al asunto y como si nada.

Se trataba de fin de curso y lo menos que quería en aquel momento era enfadarse ni nada por el estilo.— Bueno, chicas. Cambiando de tema, es fin de curso... ¿Os gustaría si el año que viene nos juntásemos más? Ciertamente Freya me está cayendo como anillo al dedo. Resulta una pena no haber coincidido antes contigo..— Diría aquello último a Freya directamente. — Supongo que deberé despegarme un poco de los libros y mirar que hay más allá de la biblioteca, al menos un poco más. — Rió un poco avergonzada por aquello pero estaba tratando de ser alguien cercana a la nueva persona que estaba conociendo. Sin realmente importarle en aquel momento el color rojo de la piel o del cabello. — Díganme, ¿tiene algo planeado para este verano? ¿Alguna locura? — Arqueó la ceja ligeramente como si le estuviera leyendo la cabeza a Stella, y posiblemente a Freya, porque le inspiraba el mismo nivel de locura que Stella para que se llevaran de aquel modo.
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Albus Dumbledore el Jue Jul 21, 2016 6:42 am

La cena continuó con la alegría de algunos y el pesar de otros, incluso en la mesa de los profesores Iorwerth no se veía muy contento. Aún así, las rebosantes bandejas de comida sacaron varias de exclamaciones de sorpresa, y es que el banquete de fin de año se caracterizaba por ser aún más impresionante que cualquiera de las otras cenas.

Muchos comenzaron a comer inmediatamente, mientras que otros no parecían tener verdadero apetito. Albus fue de aquellos que comenzó a llenar su plato mientras conversaba animadamente con el resto de los profesores, procurando igualar los ánimos del resto, cuando vio como la piel de los alumnos —y también de algunos profesores— comenzaba a cambiar de color. Albus ni siquiera intentó mantenerse serio, rió divertido y sorprendido por la brillante idea de quien fuese que había hecho ello y eso le animó aún más a probar la comida que aún no había tocado.

—¡Qué maravilla!

Exclamó el director de Hogwarts mientras se miraba las manos embelesado, esperando por aquel cambio de color.

—¡Comed todos, no seáis aguafiestas!

Así, fue el mismo anciano que incitó a muchos a probar bocado y a disfrutar de esa sorpresa. Saboreó el banquete como nunca y fue uno de los últimos en marcharse del Gran Comedor, pues se mantuvo en su lugar hablando tanto con los profesores como con cualquier alumno que quisiera acercarse a él para preguntarle algo o quizás desearle unas muy buenas vacaciones.


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