Situación Actual
21º-14º // 5 octubre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Apolo MasbecthMejor PJ ♂
Circe MasbecthMejor PJ ♀
Alexandra B.Mejor User
Denzel S.Mejor roler
Ashanti ButtonMejor nuevo
Joshua EckhartMejor jugador
Sam & HenryMejor dúo
Eva WaldorfPremio Admin
Afiliaciones
Hermanas [2/4]
Expectro PatronumExpectro Patronum
Directorios [8/8]
Élite [36/40]
1zp6r0z.jpgSaint Michel UniversitéMagic WordsBelovedHogwartsExpectro PatronumExpectro PatronumExpectro Patronum
Redes Sociales
2añosonline

When It's All Over. {Z.D, N.C, C.D, A.M, S.D}

Zachary S. Dankworth el Vie Jun 17, 2016 10:44 pm


Cementerio del Valle de Godric. Martes 21 de junio. 5:30 P.M.

Había deseado con todas mis fuerzas no tener que volver a este cementerio para visitar una tumba nueva. Había rezado todas las oraciones que me sabía para que las tumbas que iba a visitar fuesen siempre las mismas y que el apellido Dankworth no apareciese en una lápida más, pero mis plegarias habían caído en oídos sordos. Durante años había visitado periódicamente este mismo cementerio. Al principio era para visitar a mi madre, vine casi todos los días desde los siete años hasta los once para contarle cosas y para poder verla, aunque lo único que viese fuese una lápida con su nombre. Después vine menos porque fui a Hogwarts, pero años después mis visitas no fueron solo para mi madre, sino también para mi tío Jonathan. Le siguieron mi abuelo asesinado, mi abuela que sucumbió al dolor de la pérdida de ambos, mi tía…

Y ahora mi prima. Clarissa. Clary… A pesar de que no la había visto tanto como me hubiese gustado porque se mudó a Francia con su madre cuando a mi tío le encerraron la había querido muchísimo. Joder, era mi prima, mi familia… Y de la noche a la mañana había aparecido muerta, asesinada de la manera más cruel posible, mutilada de una manera inhumana… Y el dolor había vuelto de repente, el inmenso dolor que supone perder a alguien a quien quieres, como si una mano invisible se clavase en tus entrañas y te arrancase salvajemente una parte de ti. ¿Es que acaso esto no iba a acabar nunca? ¿Es que acaso estaba condenado a enterrar a mis seres queridos uno a uno?

Sabía que no era mi prima de sangre. Me lo había confesado mi padre días después del funeral. Él estaba destrozado por la muerte de Clary, a pesar de todo para él había sido su sobrina, la hija de su querido hermano, a pesar de que no llevaba su sangre en sus venas. Me había sorprendido la verdad, pero me había dado igual. ¿Qué más daba que Clary no hubiese sido una Dankworth por nacimiento? Era mi prima, y sería parte de esta familia para siempre. Por lo visto su “madre” no opinaba lo mismo. Mi tía Chloe ni siquiera vino al funeral; Clary no era su hija biológica, al fin y al cabo, y solo había sido un cheque para ella. Clary muerta ya no le servía de nada a mi tía, no podría intentar usarla para quedarse con la herencia, ya no valía nada para ella. Así que no había aparecido, y estoy seguro de que si lo hubiese hecho mi padre la hubiese matado. Así que en e funeral solo habíamos estado los que queríamos a Clary, los que la queríamos de verdad y la echaríamos siempre de menos.

Habían sido esos malnacidos. Los sangre sucia que apoyaban a sus queridos aliados, los muggles… Hacía tiempo que pensaba que los muggles no eran como nosotros, que eran inferiores, y aquellos que les apoyaban fieramente me producían desagrado. Ahora estaba confirmado: eran todos escoria. Un muggle (o al menos quien yo creía que era un muggle) me había arrebatado a mi madre para siempre cuando era un niño y ahora, años después, los defensores de esos animales me habían arrebatado a mi prima…

Estaba en el cementerio, sentado en el suelo frente a la tumba de mi prima. Había sido enterrada justo al lado de Jonathan, no muy lejos de donde la tumba de mi madre estaba. Quería hablar con ella, decirle cualquier cosa… Estaba acostumbrado a hablar con lápidas con los nombres de mis seres queridos, a estas alturas debería ser fácil ya. Pero no lo era. Nunca lo sería.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Torrance Coombs.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitario (Criaturas
Pureza de sangre : Limpia.
Galeones : 17.000
Lealtad : Familia Dankworth
Patronus : -
Mensajes : 456
Puntos : 278
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t989-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1010-relaciones-de-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t2231-if-the-end-of-your-story-is-a-happy-one-what-does-it-matter-how-it-began-cronologia-de-zack http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Zachary S. DankworthUniversitarios

Natalie Corvin el Sáb Jun 18, 2016 1:40 pm

El sábado me había enterado de la mala noticia, tanto por Zack como por el hecho de que estaba por todos lados en el Profeta. Un asesinato no, una mutilación como esa no pasa desapercibida y mucho menos cuando es firmada por una comunidad que siempre ha defendido la igualdad y… la paz. No me podía creer lo que decía en el Profeta, pero tampoco había nada que pudiera hacernos pensar cualquier otra cosa que fuera en contra de esa noticia. ¿Pero Pro-muggles matando después de un periodo de paz? ¿Quién se cree eso?

Fui al funeral y entierro, tanto por respeto a la prima de Zack como por respeto a los Dankworth, aunque a decir verdad la mayor parte de mi decisión fue solo para acompañar a mi amigo y su pérdida, ya que sabía que lo estaría pasando realmente mal. Apenas estuve mucho tiempo con él. Entre los familiares, el grandísimo funeral y todos los pésames que recibió de gente conocida y desconocida, yo solo estaba allí como punto de apoyo para cuando me necesitase. Pero rara vez pude tener mucho contacto directo con él.

El martes me había dejado caer por su casa para ver cómo estaba, pero su mayordomo me informó de que había salido hace tiempo sin decir a dónde iba. Aunque a decir verdad a mí no me hacía falta saber en dónde estaba, pues la intuición me lo revelaba. Me dirigí al cementerio del Valle de Godric y tras dar un lento paseo entre tumbas de desconocidos, vi a Zack delante de la tumba de su prima alrededor de sus otros familiares. Poseía un rostro sombrío, paciente y extremadamente serio. Daba miedo.

Me acerqué a él con paso tranquilo por un lateral, por lo que me pudo ver perfectamente. Antes de acercarme a él me acerqué a las tumbas de su familiares, primero a la de su madre en dónde conjuré un ramo de flores y se lo coloqué justo delante. Luego di un paso hacia la de su tío e hice lo mismo. Me acerqué entonces a él y me puse de cuclillas a su lado, abrazándole y acercando mi rostro a su mejilla para darle un beso junto a mi abrazo. Él había estado siempre conmigo cuando lo pasé fatal por la desaparición de Luke y William y él me animaba con la vaga esperanza de su vuelta. ¿Pero qué podía decir yo ante lo que tenía en frente? La muerte era lo único que no se podía burlar y… no tenía nada con lo que hacerle sentir mejor, porque estaba claro que lo que había pasado era sencillamente irremediable. Y no quería ni imaginarme por lo que estaría pasando, otra vez.

No quería preguntarle si estaba bien porque no lo iba a estar, no tenía más que ver su rostro. En realidad no quería decirle nada porque sabía que cualquier tipo de comentario le iba a molestar. Por un momento sentí que él era yo hace unos meses y recordé lo mal que me sentaban las preguntas y los comentarios que intentaban animarme... y las broncas que le eché por ello. Yo no quería que me dijera nada, solo que estuviera a mi lado, me abrazara y no dejase que volviera a caer en la desesperación.

Así que hice lo mismo…

Me senté junto a él, me puse de cuatro patas para poder llegar a la tumba de Clarissa y con la varita creé un ramo de flores que dejé justo delante de ella perfectamente colocado. Luego volví hacia atrás y guardé mi varita, mirando a Zack con una sonrisa triste que esperaba sacarle una a él. Le sujeté la mano y la acaricié, perdiendo la mirada en ella a la espera que si el quería, que dijese cualquier cosa. Él ya sabía que yo iba a estar allí hasta que él decidiera qué hacer.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Bárbara Palvin
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitaria (Desmemoriz
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : -
Lealtad : Error 404
Mensajes : 389
Puntos : 268
Ver perfil de usuario

Zachary S. Dankworth el Sáb Jun 18, 2016 11:10 pm

No me había movido ni un milímetro en todo el tiempo que había estado allí desde que me senté sobre la tierra del cementerio en frente de la tumba de mi prima, con la mirada clavada en su nombre. Casi se me podría confundir por una estatua más, una de las decenas de ellas que había en el cementerio y que decoraban las tumbas que había a mi alrededor, estatuas que habían sido colocadas allí por la gente para marcar de una manera simbólica el dolor que sentían por la pérdida de sus seres queridos. Lo único que me distrajo de mi sombría inmovilidad por primera vez desde que había llegado allí fue una persona que vi caminando entre las tumbas y acercándose a mí. Alcé la mirada un poco, lo suficiente para poder ver quién venía a interrumpir mi soledad, y sentí un gran alivio al ver que era Natalie.

Natalie había estado conmigo durante todo el doloroso proceso del funeral, y había estado conmigo para apoyarme desde el momento en el que ambos nos enteramos de la tragedia. Ella, junto con mi familia, había sido uno de mis mayores apoyos. Después del funeral ya no la había visto, y pensaba pasar unos cuantos días en soledad. No quería ver a nadie, pero jamás echaría a Natalie de mi lado. No a ella. Me daba rabia admitirlo porque me hacía sentir débil y dependiente e impotente, pero la necesitaba. Odiaba necesitar a alguien, pero no podía negarlo, y no podía tragarme el orgullo y hacer como que estaba bien y que no necesitaba a nadie. Podría intentarlo con cualquier otra persona, pero no con ella.

En silencio ella se acercó, poniendo flores a su paso sobre las tumbas de mis familiares fallecidos. ¿Cuántas tumbas más se añadirían a este lugar? Era insoportable. No dije nada cuando Natalie llegó a mi lado, pero me sentí agradecido por su detalle, y también por su compañía. Al igual que yo había sido (o al menos eso me gustaría pensar) una gran ayuda para ella en sus momentos de dolor y tristeza, ella era un bálsamo para mis invisibles heridas en este momento. Sentía como si mi interior estuviese de hielo, y cuando Natalie llegó, me abrazó y me dio un beso en la mejilla ese hielo se resquebrajó un poco. Aun así seguía ahí, tan frío que me quemaba por dentro.

Observé cómo Natalie ponía también flores en la tumba de Clary. Había varios ramos allí, todos puestos el día del funeral, pero las de Natalie eran en ese momento las más hermosas.

-Gracias- susurré con un hilo de voz tan débil que apenas se me oyó al hablar. Llevaba horas, tal vez días, sin decir casi ni una sola palabra, y sentí la garganta irritada al hablar. Carraspeé un poco, y volví a mirar el nombre de mi prima en la tumba. Ese nombre no debería estar allí.- Ella no se merecía esto…- mascullé, y una pequeña parte de la rabia que sentía se notó en mi voz en ese momento, tiñendo mi tono de una tonalidad oscura y fría.- Son todos unos hipócritas… Ojalá les encuentren para que pueda…

Me corté antes de terminar la frase diciendo lo que deseaba hacerle a esos malnacidos. Iba a hacerles lo mismo que ellos le habían hecho a mi prima, pero tres veces más doloroso. A ellos nadie les reconocería cuando les encontrasen en el mismo lugar en el que habían dejado los restos mutilados de Clary, pues sería completamente imposible. Pero no dije eso en alto, no quería que Natalie escuchase los horrores que se cruzaban por mi mente y que pretendía hacer realidad.

No era consciente de que en ese momento habíamos dejado de estar solos en el cementerio.

_____________________________________________________________________________________________




Hacía años que Serguéi no iba al cementerio. Lo había visitado muchas veces a lo largo de los años, muchas veces desde que Rose había sido enterrada bajo la siniestra y fría tierra de aquel lugar. Nunca había sido visto por nadie, siempre se había deslizado entre las tumbas como una sombra, como un fantasma. En realidad era un fantasma anclado a aquel lugar, por mucho que quisiese alejarse no podía hacerlo, pues al morir Rose había muerto su negro corazón, o lo que fuese que él había tenido si es que se le podía llamar corazón a aquella cosa negra, tenebrosa, retorcida y malforme que él tenía, y le había condenado a vagar por allí como alma en pena frente a su tumba. Había estado lejos de Londres en varias ocasiones, nunca se mantenía en el mismo sitio mucho tiempo para evitar llamar la atención a sí mismo. A su paso siempre dejaba extrañas muertes, extrañas desapariciones y ataques que nunca habían sido vinculadas con él, y prefería que siguiese así. Había estado por todo el mundo trabajando de mercenario en el mundo muggle, haciendo lo que mejor se le daba, pero siempre volvía. Siempre volvía por ella. Su Rose.

Ellos la habían obligado a matarla. Ellos la habían envenenado la mente, la habían alejado de él. Los demonios de sangre limpia le habían metido extrañas ideas en la cabeza, y por culpa de ellos Rose no se había ido con él. Él lo sabía, lo sabía todo. Sabía que ella en verdad le quería, sí, sí, le quería, quería irse con él, pero ellos no la habían dejado irse con él, no la habían permitido amarlo. La sangre había que mantenerla pura, y él no era nada. Era un sangre sucia, una sucia cucaracha que vivía entre muggles, un ser no digno. Mentían, él era digno. Ellos eran los que no eran dignos, y habían envenenado a Rose. Por eso se había casado con su sucio marido, ese cualquiera que no la merecía a ella, y había tenido a ese hijo, ese monstruo…

Ellos le habían obligado a apretar el gatillo. Habían envenenado a Rose, la habían hecho creer que no le quería. La habían obligado a rechazarle cuando fue a buscarla. Ella había gritado y le había llamado loco, pero él sabía que ella mentía. Le mentía a él, se mentía a sí misma, mentía al mundo. Mentía para los demonios que la habían envenenado no se enfadasen. Serguéi había intentando convencerla de que abandonase la mentira. Pero Rose había seguido mintiendo. Le había llamado loco, le había mentido y le había dicho que no sentía nada por él, le había mentido y le había pedido que se marchase.

Si no podía sacarla de la mentira que estaba viviendo, tendría que salvarla de otra manera. No se podía vivir mintiendo, no se podía vivir atrapado en uno mismo, no se podía vivir siendo prisionero. Rose era prisionera de los demonios que la habían envenenado, y tuvo que salvarla. Así que la había matado, para liberarla.

Si no era de él no sería de nadie.

Llegó frente a la tumba de Rose. Llevaba puesta la capa con capucha negra que le ocultaba el rostro, exactamente igual que el día que la liberó. Leyó el epitafio. Amada esposa y madre. Mentira. Ella tenía que haber sido de él, no de esos demonios. Él les conocía, sabía lo que eran. Creían que él era su amigo, pero no, él solo quería conocer a sus enemigos para planear bien su venganza. Sabía lo que eran, sabían que ellos decían que él era impuro. Pero los impuros eran ellos, y habían mancillado a su querida Rose. Por eso la liberó, la rescató de sí misma y de ellos. Esos sucios demonios…

Depositó una sola rosa negra sobre la tumba de Rose. Se imaginó sus huesos bajo aquella fría piedra. Ese no era el lugar donde deberían estar. Muchas veces había pensado en ir por la noche, cuando nadie le viese, y cavar y liberar a Rose por segunda ver, rescatar sus huesos de aquel frío e indigno lugar y llevárselos con él. Ella tenía que estar con él, no allí, entre la familia de los demonios que la habían envenenado, que la habían robado. Estaba seguro de que el calor de sus huesos sería mejor que el frío del vacío que había en su cama todas las noches. Muchas veces lo había pensado, había querido llevársela con él para siempre. Nadie podría separarles. Pero no lo había hecho.

Ahora tenía que vengarse. Sabía que no estaba solo allí. Se dio la vuelta lentamente, y miró a los dos jóvenes que había no muy lejos de allí y que no se habían percatado de su presencia hasta entonces. Allí estaba él, uno de los demonios que habían envenenado a Rose. Exactamente igual que la otra impura cucaracha que la había robado y la había hecho prisionera…

“Te vengaré, mi bella Rose. Los demonios pagarán.”


______________________________________________________________________________

Desde que Natalie había llegado a mi lado no había apartado la mirada de la tumba de Clary. Pero entonces sentí algo. Un escalofrío. Una presencia oscura. El vello de mi nuca y de mis brazos se erizó, y sentí, sin saber ór qué, una terrible opresión en mi pecho.

Alcé la mirada, y entonces le vi. Delante de la tumba de mi madre, allí había un hombre. Estaba de espaldas a nosotros, y solo vi que llevaba una túnica negra. No debería haberme parecido muy extraño, mi madre tenía muchísimos amigos cuando estaba viva. Tal vez uno de ellos se había pasado por ahí para poder ver su tumba y saludarla. Pero mi instinto me gritaba que algo estaba mal, muy mal…

Y entonces el hombre se dio la vuelta. Sentí que el mundo entero se congelaba, y el terror en el más puro estado de su existencia se apoderó completamente de mí. No sabía quién era, no podría ver su rostro. Pero a la vez sí que sabía quién era, pues le había visto un millón de veces cada vez que cerraba los ojos por las noches e intentaba dormir pero fallaba en el intento. Era el protagonista de mis peores pesadillas, la forma que adoptaba mi boggart para mostrarme cuál era mi mayor miedo. Era el asesino de mi madre. Después de tantos años había vuelto, y estaba aquí, delante de mí… y de Natalie. Mi terror incrementó.

Logré recuperarme de mi profundo estado de pánico lo suficiente como para intentar agarrar a Natalie y desaparecerme de allí con ella, pero el encapuchado fue muchísimo más rápido que yo. Me lanzó un hechizo y unas cuerdas me rodearon, haciéndome caer al suelo inmovilizado e incapaz de desaparecerme de allí para escapar y llevarme a Natalie.

-¡Natalie, CORRE!- grité antes de que el encapuchado se acercase a nosotros.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Torrance Coombs.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitario (Criaturas
Pureza de sangre : Limpia.
Galeones : 17.000
Lealtad : Familia Dankworth
Patronus : -
Mensajes : 456
Puntos : 278
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t989-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1010-relaciones-de-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t2231-if-the-end-of-your-story-is-a-happy-one-what-does-it-matter-how-it-began-cronologia-de-zack http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Zachary S. DankworthUniversitarios

Natalie Corvin el Lun Jun 20, 2016 4:04 am

No contesté a su agradecimiento, ya que de verdad que no creía que hiciera falta agradecerme nada. Zack no solo era mi mejor amigo, sino que era ahora mismo la persona más importante de mi vida y con tal de no verlo mal haría todo lo que estuviera en mi mano por conseguirlo. Y verlo tan triste, decaído, serio y consumido por la necesidad de venganza era terrible. Entendía el odio y rencor que sientes hacia esas personas que te arrebatan lo que más quieres, pero no podías cegarte por algo que en realidad no conoces. El tono de voz que utilizó y la frase que dejó a medias me hizo mirarlo con preocupación.

-No…-Dije casi repentinamente ante su sombrío tono de voz que parecía poder calcinar a sus enemigos con la mirada.-Zack, bastante tienes con superar una pérdida como para estar preocupándote por hacérselo pagar a alguien que no sabes siquiera si existe.-Le aconsejé con voz suave y dulce, sin soltarle la mano y apretándosela suavemente.-No dejes que además de la pena te consuma el odio.-Le intenté buscar la mirada.

Yo lo pasé muy mal cuando me enteré de la noticia de Luke y William, ambas desapariciones relacionadas con actos relacionados con la causa Mortífaga y sí, los primeros días no solo lo pasé fatal por la pérdida, sino por esa enferma necesidad de venganza, de odio irracional hacia una persona o causa. ¿Pero acaso podía hacer algo para vengar a mi pareja y amigo? No. Absolutamente nada. Apoyar a la causa enfrentada con el único propósito y con la esperanza de encontrar justicia. ¿Porque acaso voy a encontrar satisfacción a una muerte vacía como venganza? No... Ya no era cuestión de enfrentarte a una persona, sino a una idea. O acababas con la idea general o siempre se iba a volver a propagar.

Le solté entonces la mano y me acerqué más a él, pasando mi brazo alrededor de sus hombros para abrazarlo y acercarlo a mí. Le acaricié la espalda y estuvimos un rato en esa posición, quietos, observando la tumba de su prima pequeña.

Me di cuenta perfectamente cuando Zack elevó la mirada y pareció estar viendo un fantasma. Seguí su mirada y vi a un hombre encapuchado, aparentemente normal. Sin embargo, en la mirada de Zack no solo podías ver angustia y miedo, sino incluso pánico. Fruncí el ceño y lo miré preocupada.

-¿Qué pasa…

No me dio tiempo de terminar la frase, ya que Zack se intentó levantar rápidamente conmigo, con una desesperación que despertó las inusitadas palpitaciones de mi corazón. El encapuchado sacó la varita y hechizó a Zack con rapidez, evitando que pudiera hacer cualquier cosa y tirándolo al suelo. El grito de Zack solo me preocupó más, pero evidentemente no iba a irme a ningún lado sin él. No pensaba permitirme perder a otra persona más, mucho menos si podía evitarlo.

Saqué mi varita rápidamente y apunté hacia el encapuchado, el cual acababa de lanzarme un hechizo que venía directamente hacia mí no sabía exactamente con qué intención. Me protegí mágicamente mientras retrocedía tirada en el suelo y el encapuchado se acercaba a nosotros. Defendí varios hechizo seguidos y, cuando tuve oportunidad, conjuré rápidamente un Circumvensus Ventus que levantó una grandísima ráfaga de aire que elevó piedras, hojas, tierra y viento desde donde nos encontrábamos nosotros hacia el encapuchado, creando una barrera natural que no era más que para ganar tiempo y sacar a mi amigo de allí.

-¿Zack?-Pregunté desesperada a la vez que apuntaba a las piernas de mi amigo y deshacía con un hechizo las cuerdas que le impedían moverse, sujetándole entonces las manos para intentar que se levantase, a la vez que yo, lo más rápido posible para salir de allí.

No obstante, en mi atención a Zack ya no tenía ni idea de dónde estaba el encapuchado. Miré a todos lados con impaciencia.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Bárbara Palvin
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitaria (Desmemoriz
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : -
Lealtad : Error 404
Mensajes : 389
Puntos : 268
Ver perfil de usuario

Zachary S. Dankworth el Lun Jun 20, 2016 11:27 pm

-¿Alguien que ni siquiera existe?- repetí las palabras de Natalie, tal vez con más brusquedad de la que había tenido intención que hubiese en mi voz. Nada de esto era culpa de Natalie, ella no se merecía que la pagase con ella, pero en ese momento no pude contener mi rabia. Me temblaban las manos, así que apreté los puños con tanta fuerza que me clavé las uñas en las palmas de las manos.- ¿Acaso el aire desmembró y mutiló a mi prima y dejó sus pedazos colgados en la calle para que todo el mundo los viese? No, alguien muy real lo hizo, alguien de carne y hueso. No descansaré hasta que como mínimo se pudra en Azkaban toda su vida, igual que los mortífagos se pudren allí.

Respiré profundamente entonces y traté de calmarme, pues la ira había resurgido en mí de repente y en serio que no quería hablarle mal a Natalie, ella no tenía por qué pagar los platos rotos de otros, ella solo estaba aquí para acompañarme y para ayudarme. Ella, al igual que yo en su momento cuando fue ella la que estaba sufriendo el dolor de una pérdida, no estaba muy segura de cómo consolarme de manera efectiva. Cuando llega la hora de consolar a otras personas nadie tiene idea de cómo hacerlo, en verdad, a pesar de la experiencia que se tenga habiendo pasado por lo mismo. Pero Natalie solo había sufrido la desaparición de sus seres queridos, ella jamás había visto el cadáver de alguien de su familia con sus propios ojos. No sabía con cuánta intensidad el odio surgía en el interior de una persona tras presenciar eso, por mucho que se intente mantener el odio bajo control. Era imposible.

No volví a replicar a sus palabras, pero sí que me reí por lo bajo cuando me dijo que no dejase que me consumiese el odio. No era una risa bonita, como esas que te salen cuando te lo estás pasando bien. Esta era una risa baja, fría, ahogada y desquiciada. Reía porque eso me parecía un chiste. Si ella supiese… El odio ya me había consumido hace mucho tiempo, y me había manchado las manos de sangre por eso. Ya era tarde para hacerla caso.

Esa risa floja y triste desapareció tan rápido como había aparecido, dejándome en silencio de nuevo y con el gesto tan serio como antes. Suspiré. Sabía que, después de todo, las intenciones de Natalie para conmigo eran las mejores. Me acurruqué un poco a su lado para buscar consuelo en su compañía, y a partir de entonces me mantuve en silencio…

…Hasta que apareció él. Le reconocí inmediatamente a pesar de no ver su rostro, pues era imposible no hacerlo. De todas maneras no sabía cómo era su rostro, así que hubiese dado igual, pero su sola presencia disparó todas mis alarmas. Me hubiese quedado congelado en un estado de absoluto pánico sin ser capaz de hacer nada al ver enfrente de mí al asesino de mi madre de no ser porque Natalie estaba allí. No podía dejar que nada le pasase a ella, y solo por eso fui capaz de reaccionar, para intentar protegerla. Fallé en el intento y fue apresado por un hechizo del hombre encapuchado, pero grité para que ella se fuese.

“¿Es un mago…?” pensé completamente atónito al sentir las cuerdas apretando mi cuerpo. Estaba en shock. Toda mi vida había pensado que se trataba de un muggle. Estaba seguro de que no me había equivocado de persona; le reconocería en cualquier parte, y el hecho de que hubiese atacado lo confirmaba. Había pasado toda mi vida pensando que era un muggle, pues había utilizado una pistola para matar a mi madre…

Natalie no se marchó, sino que intercambió unos cuantos hechizos con el encapuchado y consiguió distraerle el tiempo suficiente para liberarme a mí de mis ataduras. Me puse de pie tan rápido como pude, casi tropezándome con mis propios pies al hacerlo, y agarré el brazo de Natalie y tiré de ella para salir corriendo de allí. Miré rápidamente a nuestro alrededor para intentar encontrar al encapuchado, pero había desaparecido de repente y no sabía donde estaba. Natalie y yo nos escondimos detrás de la estatua de un ángel. Había un largo camino desde donde estábamos hacia la entrada. No podía desaparecerme, era completamente incapaz de concentrarme en ese momento y sabía que si lo intentaba Natalie o yo o tal vez los dos acabaríamos sufriendo una grave despartición. Estaba aterrorizado, no me había sentido tan indefenso en toda mi vida. Me temblaba todo el cuerpo, y sentí que en cualquier momento se abriría un agujero en mi pecho y mi corazón saldría desbocado por ahí.

-Es él… Es él…- murmuraba histéricamente una y otra vez.

Jamás pensé que me le volvería a encontrar en toda mi vida. Había tenido miedo de él y de su posible aparición durante once años, pero jamás pensé que mis miedos se harían realidad.

Saqué mi varita para poder defenderme en caso de que el hombre volviese a atacar. No le veía, pero sabía que no se había ido. Podía sentirle, me lo gritaba cada célula de mi cuerpo. Era una sensación espantosa.

-Corre… Corre, ¡corre!- exclamé para que Natalie se diese prisa cuando salimos de nuestro escondite para huir hacia la salida del cementerio. Estábamos a punto de conseguirlo cuando, de repente, el encapuchado volvió a aparecer. Le vi alzar algo en su mano: una pistola. Disparó, pero no eran balas de verdad, sino una especie de dardos. Nos dio de lleno a ambos y caímos al suelo, y en apenas unos segundos quedamos inconscientes… y a su merced.

______________________________________________________




Serguei había estado espiando a la familia Dankworth durante mucho tiempo. Había estado planeando, maquinando, trazando sus planes cuidadosamente y esperando con infinita paciencia el momento adecuado para atacar. Sus planes habían cambiado varias veces a lo largo de los meses. Cuando se enteró de que había otra Rose, una falsa Rose, más joven y de cabello platino, consideró llevársela a ella durante un tiempo. Pero no lo había hecho, porque ella no era Rose, su Rose. Una Rose falsa no reemplazaría a la que perdió, a la que mató para salvarla. Había pensado en salvarla a ella también, pero no lo había hecho, pues el demonio que había robado a la verdadera Rose no consiguió robar también a la falsa. La envenenó también y engendró otra sabandija con ella, pero no había conseguido atraparla para siempre, así que la falsa Rose no tenía que ser salvada. Había considerado llevarse a esa pequeña abominación que Caleb y la falsa Rose habían tenido, pero estaba demasiado bien vigilada. Podría habérsela llevado, pero llegar hasta ella le habría supuesto complicaciones que no merecían la pena.

Pero ahí tenía a la sabandija, al tumor producto del envenenamiento de la verdadera Rose, justo al alcance de su mano. Y tenía a la chica, la amiga de la sabandija. Les había investigado a ambos, les había espiado, y sabía que para su pequeño plan les necesitaría a ambos.

Así que se los llevó. No fue difícil, ninguno de los dos pudo defenderse con propiedad. No les dejó fuera de juego con magia, a Serguei no le gustaba mucho la magia a pesar de ser mago. La utilizaba para algunas cosas, pero no disfrutaba de la misma manera que cuando empleaba inventos muggles. El suero que les había disparado e inyectado les mantendría inconscientes el tiempo suficiente.

Les llevó a la guarida que tenía preparada, una especie de búnker preparado para lo que había estado planeando hacer durante ya algún tiempo. Había una sala en el búnker; la pared frontal era de cristal antibalas, irrompible por mucho que lo intentasen. La sala estaba dividida en dos por la mitad por una pared también de cristal antibalas. Serguei había hecho una de sus excepciones del uso de la magia para encantar el cristal que dividía la sala y volverlo opaco por un lado, mientras que en el otro lado sí que se podía ver a través del cristal. La mitad de la sala en el lado del cristal transparente estaba insonorizada mágicamente, de manera que ningún ruido de allí llegaría por el momento a la otra sala.

Puso a la sabandija en el lado del cristal transparente, y a la chica en el lado del cristal opaco, separándolos. A ambos les encadenó las muñecas y los tobillos con gruesas cadenas a las paredes. Dejó a la sabandija todavía inconsciente y se fue con la chica, que comenzaba a despertar. Serguei era un hombre paciente, pero a largo plazo. Podía esperar días, semanas, meses, años para algo… pero era incapaz de esperar horas, minutos o simples segundos. Cuando notó que la chica estaba a punto de despertar pero aún no lo hacía le dio una fuerte bofetada con el dorso de la mano. Eso la despertó del todo por fin, pero él se maldijo a sí mismo.

“Idiota, no debo tocar su cara. No aún.”

Su  pequeño error le hizo enfurecerse consigo mismo. Las cosas nunca acababan bien cuando se enfadaba consigo mismo.

-Imagino que estarás… desconcertada- murmuró el hombre con un fuerte acento ruso cuando la chica le miró a los ojos. Seguía llevando la capucha puesta, y desde cierta distancia seguía siendo muy difícil distinguir las facciones de su rostro, pero la chica ya podía verle aunque no le reconocería. Sí que sería capaz de vez, sin embargo, la maldad en sus ojos.- Solo tienes una persona a la que culpar por estar aquí ahora- añadió. La mueca en su rostro no dejó lugar a dudas: se refería a la sabandija… y a su padre el demonio, por haberlo empezado todo años atrás. Por robar y envenenar a Rose. Si no lo hubiese hecho, Serguéi no necesitaría vengarse. No hubiese cogido a la chica para hacerle daño a la sabandija, para que sufriese. Para llevar a cabo el resto de su plan.- Necesito que me hagas un favor…

Sin previo aviso le pegó a la chica un brutal puñetazo en el estómago. Llevaba anillos gruesos, lo que hacía sus golpes más dolorosos.

-Necesito que grites- le pidió casi con educación, pero era una orden. Una orden sádica y cruel.- No te preocupes, no tocaré tu cara… Necesito tu cara, para que él te vea. Y para que puedas gritar.

Apenas acababa de decir las últimas palabras cuando la pegó otra vez. Quería que la sabandija la escuchase.

avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Torrance Coombs.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitario (Criaturas
Pureza de sangre : Limpia.
Galeones : 17.000
Lealtad : Familia Dankworth
Patronus : -
Mensajes : 456
Puntos : 278
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t989-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1010-relaciones-de-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t2231-if-the-end-of-your-story-is-a-happy-one-what-does-it-matter-how-it-began-cronologia-de-zack http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Zachary S. DankworthUniversitarios

Natalie Corvin el Dom Jun 26, 2016 11:46 pm

Zack se había ofendido con mis palabras que solo intentaban aliviarle, pero no iba a reprocharle nada. Estar tan débil y vulnerable te hacía ver las cosas de una manera totalmente diferente a cómo las verías con tu usual y férrea coraza de estabilidad. Era normal que quisiera venganza, o justicia, como dirían algunos, pero dejarse llevar por esos impulsos no le hacía bien a nadie y mucho menos iba a hacerle sentir mejor.

-No fue una persona, Zack. Fue una idea. Y a una idea no la puedes matar.-Le susurré y le acaricié el brazo. No quería que se enfadara conmigo y, de hecho, no iba a añadir nada más. Prefería mil veces quedarme callada el resto del día y que él se viese acompañado a desquiciar su mente todavía más con tonterías que, a la larga, se daría cuenta él mismo.  

Pero de nada sirvió lo que le dije. Su mirada seguía fija en aquella tumba, tan fría y seria que parecía que estaba imaginándose la manera perfecta de cumplir esa venganza. Yo simplemente me quedé a su lado y esperé, con la mirada perdida en algún punto inconcluso del pedregoso suelo.

Lo único que me hizo levantar de mi ensimismamiento fue el hecho de que Zack tensara cada uno de los músculos que estaba tocando. Su mirada dejó de ser fría y se inundó de pavor al ver a una figura encapuchada que no tardó en atacarnos. Me quedé totalmente confundida y lo primero que hice fue sacar la varita para defenderme de los hechizos que aquel hombre nos lanzaba. Me defendí, liberé a Zack y salimos corriendo de allí en dirección contraria a dónde estaba aquel atacante. Nos escondimos sin mucho éxito y Zack no paraba de decir que era él, que era él. ¿¡Él quién!? Pero sólo había habido un momento en mi vida en dónde había visto a Zack tan mal como ahora y era aquella noche en la que se presentó en mi habitación desesperado por sus pesadillas. ¿Era aquel hombre el asesino de su madre? Se me tensaron todos los músculos  y sentía como se me erizaba el vello por el miedo que me inundó toda la espina dorsal, levantándome de golpe por la insistencia de Zack, corriendo lo más rápido que mis pies me permitían. Sin embargo, lo último que sentí antes de caer al suelo fue cómo un dardo me daba de lleno en el hombro y me dejaba inconsciente.

...

Necesitaba despertar... había tenido una horrible pesadilla en dónde nos perseguía un encapuchado a Zack y a mí. Una terrible pesadilla en dónde nos habían dejado inconsciente... una pesadilla que parecía tan real como peligrosa... Rememorando aquella última escena que mi mente recordaba, mis ojos comenzaron a abrirse con lentitud lo suficiente para ver cómo una mano venía directa a mi rostro, dándome un fuerte golpe. Apenas pude reaccionar más que sentir el escozor en mi mejilla. Mis ojos se abrieron repentinamente y pude darme cuenta de que no había sido una pesadilla. Mi corazón se puso a cien y mi mirada examinó todo aquel lugar con la única intención de buscar a Zack, pero no lo encontré, solo vi a aquel hombre de mirada oscura que nos había atacado en el cementerio. Estaba encadenada y no podía mover ni un ápice de mí, por lo que una miedo tremendo me inundó.

-¿Dónde está Zack?-Pregunté temerosa. ¿Un favor? ¿Qué favor quería que le hiciera? Lo miré con ojos confusos, deseando que fuera una nimiedad.

¿Quería que gritase?

Y su puñetazo me libró de cualquier duda que podría haber asolado a mi mente. Jamás me habían pegado. Jamás había recibido un golpe así en el estómago, un golpe que además de dolerme muchísimo había conseguido cortar mi respiración. Grité, claro que grité. ¿Acaso había otra manera de enfrentar ese dolor?

-No, por favor, no me...-Intenté evitar que volviera a darme con desesperación, pero fue imposible.

El siguiente golpe fue incluso peor. Los anillos que llevaba se habían clavado en mi vientre y, además de dolor físico, estaba sintiendo una terrible angustia psicológica. Volví a gritar con lágrimas en sus ojos. ¿Dónde estaba Zack? ¿Por qué me estaba pegando ese hombre? ¿Por qué nosotros? ¿Zack ya habría pasado por eso? ¿Estaría bien? ¿Iba a morir ahí? ¿Iba a morir sufriendo?

Pero continuó golpeándome y sentía estar rompiéndome por dentro. Tenía muchísimo miedo, muchísimas ganas de cerrar los ojos y desaparecer de allí. No entendía nada ni sabía por qué me merecía lo que me estaba pasando. Pero lo peor de todo es que aquel hombre estaba consiguiendo lo que quería de mí.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Bárbara Palvin
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitaria (Desmemoriz
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : -
Lealtad : Error 404
Mensajes : 389
Puntos : 268
Ver perfil de usuario

Zachary S. Dankworth el Mar Jun 28, 2016 10:40 pm


Serguei se sentía asqueado. Había pensado que si el diablo de Caleb se había enamorado en el pasado de una mujer tan única y especial como lo era Rose la sabandija que tanto se le parecía se fijaría en una mujer similar. Serguei había sentido interés por la chica cuando les había estado espiando de lejos, preparándose para atacar. Había sentido curiosidad por saber qué tenía ella que había hecho que fuese tan especial para la sabandija. Estaba decepcionado. La chica no era más que otra cualquiera vulgar, una más del montón, como todos los borregos que poblaban el mundo y que apestaban a simplicidad, a vacío. Pero claro, debería haber esperado eso. Nadie podría ser nunca como Rose. Ni siquiera la falsa Rose. Rose había sido única, una verdadera rosa en un mundo de decadencia… El mundo había comenzado a corromperla a ella también, pero Serguei la salvó antes de que fuese demasiado tarde.

La chica estaba asustada. Era débil, poca cosa. Lo primero que hizo fue preguntar por la sabandija. Serguei hizo una mueca.

-No está aquí- mintió. La sabandija sí que estaba allí, al otro lado del cristal negro. Seguía inconsciente. Serguei no le veía, y en esa sala no se podía escuchar ningún sonido procedente de la otra, pero tenía un pinganillo en el oído que le permitiría escuchar a la sabandija cuando despertase. Amaba la tecnología muggle, y lo indefensos que los vulgares magos estaban ante ella. No sabían hacer nada sin sus varitas y sus hechizos, se encontraban perdidos. Él no.

Pegó a la chica para que gritase. Quería que gritase muy fuerte, quería que sufriese. Si ella sufría, la sabandija sufriría. Lo sabía muy bien, les había estado observando. Sabía cosas que ni ellos mismos sabían. Serguei sabía siempre cosas que nadie más sabía, porque todos ellos eran vulgares borregos en un mundo de inmundicia, y él era un dios.

No encontró placer en los gritos y en las súplicas de la chica, sino que le enfurecieron. Era tan poca cosa, tan débil, tan… nada. Serguei hubiese preferido que tuviese un poco de espíritu, así al menos le hubiese proporcionado a él algo de deporte. Pero él no estaba allí por deporte. Estaba allí por venganza, y la chica, vulgar o no, era una herramienta para conseguirla. Serguei sabía muy bien cómo utilizar sus herramientas para conseguir lo que se proponía.

La pegó más, teniendo cuidado de no tocar su cara para no deformársela. Podría hacer eso después. Escuchó por el pinganillo de su oído, y oyó gruñidos. La sabandija estaba despertando por fin gracias a los patéticos gritos de su amiga. Serguei continuó pegando a la joven. Los anillos habían dejado algunas heridas y habían hecho desgarrones en la ropa. Finalmente decidió romper la regla que se había autoimpuesto sobre la cara de la muchacha y le dio un puñetazo en ella. El golpe la tiró al suelo y le hizo una herida en el rostro. Serguei tenía sangre en los dedos, y sus anillos también estaban manchados. Miró la sangre como un niño curioso que contempla un insecto moribundo, y luego miró a la chica.

-Está enamorado de ti- murmuró él entonces antes de mirar a la chica. Se refería a la sabandija, obviamente, aunque no estaba seguro de si ella comprendería lo que él estaba diciendo. Les había estado observando, después de todo, y había aprendido muchas cosas de ellos haciendo eso. Los absurdos sentimientos del venenoso le habían sido tan obvios a Serguei como la absoluta ignorancia de la chica al respecto. Pero él no era ignorante, él se había dado cuenta. Por eso la había escogido a ella como herramienta.- Es patético. Os he estado observando. Parece un perrito faldero, desesperado porque su amo le haga un poco de caso. Y tú no le haces caso, y aun así él sigue ahí… Pero haces bien. Su amor es veneno, igual que el de su asqueroso padre lo fue para Rose. Ese veneno te ha traído aquí.

Serguei posó una mano sobre la pierna de la muchacha. Llevaba unos pantalones muy apretados, tanto que casi podía sentir su cálida y tersa piel. Deslizó lentamente la mano por el interior del muslo de la muchacha, sin apartar la mirada de sus ojos. El calor de una mujer jamás le había interesado. En sí el acto le parecía repugnante, algo propio de borregos pero no de alguien superior como él. No, él siempre había preferido poseerlas para demostrar su superioridad, su dominancia, y después liberarlas de su penosa existencia. Tal vez debería hacer eso ahí, delante del cristal, para que la sabandija pudiese verlo todo. Apartó su mano de la pierna de la joven y sacó un cuchillo del interior de su túnica. Lo deslizó por el mismo camino que había recorrido su mano antes, pero sin llegar a cortarla. Deslizó el afilado cuchillo también por encima de la camiseta de la joven, luego por su cuello, y por su cara, jugando con ella como quien juega con la comida antes de comérsela. Podía escuchar los gritos de la sabandija por el pinganillo entonces.

Serguei sonrió y se levantó, dejando allí a la chica por el momento. Sacó su varita y con un toque de esta hizo que el lado opaco del cristal se volviese transparente, de modo que la sabandija ya era visible para la chica, y todo el sonido de allí, podía escucharse. Serguei salió de la mitad de la sala en la que estaba encerrada la chica a un pasillo exterior por una puerta. Tras cerrar esa puerta entró por otra a donde estaba la sabandija. Le miró con odio. Era la viva imagen de su padre, nunca había visto nada de Rose en él. Y le daba tanto asco…


______________________________

“Ha sido una pesadilla… Una pesadilla…”

Eso fue lo primero que pensé cuando me desperté. No abrí los ojos, en parte porque los ojos me pesaban y en parte porque no quería abrirlos. No quería enfrentarme a la realidad. Quería seguir creyendo que todo era una pesadilla, una de las miles de pesadillas que había sufrido todas las noches a lo largo de los años. Porque no podía ser verdad que él hubiese vuelto. Él no podía estar aquí, no podía… No podía habernos capturado a mí y a Natalie.

Natalie. El recuerdo de su nombre en mi mente fue como un impulso, y abrí los ojos en cuanto escuché un grito. Su grito. El pánico me invadió mientras intentaba levantarme y me daba cuenta de que estaba encadenado. Tiré de las cadenas, pero fue en vano porque no conseguí liberarme sino que magullé mis extremidades. Oí más gritos, y golpes,  alcé la mirada y vi al encapuchado golpeando salvajemente a Natalie al otro lado de una pared de cristal que me separaba de ellos.

-¡NATALIE!- grité horrorizado.- ¡NATALIE! ¡DEJALA, HIJO DE PUTA! ¡DEJALA!

Mis súplicas fueron completamente ignoradas. Tiré de nuevo de las cadenas sin importarme el daño que me hiciese hacer eso, y me retorcí como un animal salvaje de manera desesperada intentando liberarme. Sentía cada golpe como si yo mismo los estuviese sufriendo en carne propia. A Natalie no… A Natalie no. Ya me quitó a mi madre, por favor que no toque a Natalie…

A causa de mi desesperación no escuché lo que decían. Sentí un horrible pavor cuando vi el cuchillo en la mano del hombre, pero alivio cuando se levantó y la dejó sola. Joder, sentí hasta alivio cuando el hombre entró en la sala en la que yo estaba. Si me torturaba a mí al menos no estaría torturando a Natalie.

Y allí estaba, enfrente de mí. Mi peor pesadilla. El hombre que había plagado mis sueños desde que era un niño, que me había quitado la capacidad de dormir en paz y que se había convertido en mi boggart durante años. Estaba aterrorizado. No podía pensar, casi no podía respirar. Sentía como si mi interior hubiese sido cubierto por hielo.

-Deja que Natalie se vaya…- fui capaz de murmurar. Apenas había hablado con un hilo de voz, estaba casi mudo del miedo. El pánico que sentía me daba rabia. De nuevo era un niño pequeño de siete años, completamente indefenso ante un enemigo al que no conocía. No podía verle la cara bajo la capucha. Mi cuerpo temblaba, y hacía tintinear a las pesadas cadenas.- Por favor, ella no te ha hecho nada… Déjala ir, me quieres a mí…

Me hizo callar un puñetazo en la cara. Fue seguido de otro, y de otro. Escupí sangre, y entonces el hombre se puso de cuclillas frente a mí y me agarró el rostro con una mano. Sacó el cuchillo de antes y lo apretó junto a mi mejilla, justo sobre la cicatriz que él mismo me había dejado como recuerdo once años atrás.

-Hola Zachary- dijo el hombre sorprendiéndome. No me esperaba reconocer su voz. No… No podía ser él. Él era nuestro amigo, de mi padre y mío. Me contaba cosas de sus viajes, nos visitaba en casa. Había ido al funeral de mamá. Nos había consolado.

-Serguéi…

El hombre rio por lo bajo y se quitó la capucha, revelando la terrible verdad. Ahí estaba Serguei Diatlov, el hombre que durante años había fingido ser nuestro amigo. El hombre que había matado a mi madre, y que ahora nos quería matar a Natalie y a mí.

-Davnyen'ko nye vidyelis.

-Pozhaluysta- supliqué desesperadamente, hablando ahora yo también en ruso igual que él.- Otpusti yeye…

Serguei no me escuchó. Clavó el filo del cuchillo en mi mejilla y lo deslizó por mi piel, reabriendo la misma herida de hace años y haciéndome gritar mientras la sangre caía al suelo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Torrance Coombs.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitario (Criaturas
Pureza de sangre : Limpia.
Galeones : 17.000
Lealtad : Familia Dankworth
Patronus : -
Mensajes : 456
Puntos : 278
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t989-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1010-relaciones-de-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t2231-if-the-end-of-your-story-is-a-happy-one-what-does-it-matter-how-it-began-cronologia-de-zack http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Zachary S. DankworthUniversitarios

Natalie Corvin el Miér Jun 29, 2016 1:24 am

Cada golpe que me daba liberaba en mí una terrible sensación de inferioridad. No podía sentirme peor en aquel momento. Una auténtica mierda miserable. Totalmente incapacitada, sin tener la posibilidad de defenderme, siendo golpeada brutalmente por un hombre que no conocía de nada, sintiendo un dolor terrible y un terror inolvidable… ¿En qué momento de mi vida había hecho tanto mal como para merecer esto?

Sin esperar que cambiase su estrategia y cogiéndome con la guardia totalmente baja, me dio un puñetazo en el rostro tan fuerte que no lo sentí hasta verme caer. Las cadenas dejaron de soportarme y choqué contra el suelo, produciendo un quejido dolorido en mi intento de ponerme en pie a la primera. Mi mirada se quedó fija en el suelo, pero todo se movía a mi alrededor como si aquel puñetazo me hubiera desorientado hasta límites desconocidos por mi umbral de dolor. La cabeza me dolía y mi pómulo ardía casi tanto como mi vientre ensangrentado. Podría darme por vencida en aquel momento en vista de mi clara desventaja, de mis pocas ganas de luchar y de mi pesimismo ante tanto mal, pero no podía hasta saber dónde estaba Zack. Estaba vivo. Tenía que estar en algún lugar y yo tenía que verlo. Mientras me giraba me llevé la mano a la barriga, sintiendo como mi mano se manchaba de mi propia sangre.

Ahí estaba él, observando su puño como si fuera una obra de arte. Yo retrocedí en el suelo hacia atrás por pura inercia para alejarme del peligro, hasta que habló, que me paré de golpe en mi intento. Sus palabras me helaron y mi cuerpo simplemente dejó de sentir nada. ¿Zack enamorado de mí? Eso era imposible… Si Zack sintiera algo por mí me lo hubiera dicho. Me hubiera contado sus sentimientos. Teníamos confianza, no teníamos secretos, ¿verdad? ¿Por qué iba a ser mi solo mi amigo si siente algo más por mí? Quizás posiblemente por el mismo motivo por el cual ninguno de los dos dio un paso más allá en la relación después de aquella noche en el lago de Hogwarts. Fuimos sinceros, fuimos totalmente sinceros con nuestras palabras y nuestras acciones pero… nada pasó después de allí. Yo empecé una relación creyendo que Zack no quería nada y él habrá supuesto que yo no quería nada por mi decisión. ¿Acaso se puede ser más estúpida? ¿Tan ciega?

Jamás me había sentido tan perdida y tan asustada en mi vida, más todavía cuando aquel hombre comenzó a tocar mi cuerpo con lo que parecía una intención oculta que se reflejaba en el brillo más oscuro de sus ojos. Podría estar tocándome con sosiego, pero sus ojos de demente solo me inspiraban perversidad y dolor. Cada roce que me dio con el cuchillo fue un segundo de angustia por mi parte. ¿Qué le impedía clavarme aquella arma punzante en cada milímetro de mi piel hasta desollarme viva? Desgraciadamente no se lo impedía absolutamente nada. Pero entonces paró repentinamente y apuntó a la pared opaca para volverla un cristal transparente.

No supe identificar si me alegraba de ver a Zack o, por el contrario, me dio todavía más miedo. Aunque estaba por apostar por lo segundo debido al nudo que se me formó en mi garganta. El hombre que acababa de pegarme sonrió al verlo, por lo que una terrible sensación me recorrió al ver que se iba por una puerta. Llamadme adivina, pero mi intuición femenina supo que era para ir con Zack y evidentemente no quería que fuera con él. Si a mí me había hecho esto, él lo pasaría mil veces peor. O eso es lo que yo quería pensar ante mi arrebato de coraje.

-¡No!-Grité intentando sujetarlo tras ponerme en pie, intentando evitar que saliera por la puerta. Desgraciadamente sólo recibí un bofetón del revés que consiguió tirarme al suelo, ya que la fuerza del hombre era incomparable con la mía. Pude escuchar como se cerraba la puerta detrás de mí y se alejaba de allí, junto con todas las esperanzas que podía llegar a tener. Me puse de pie lentamente y me dirigí al cristal, poniendo una de mis manos sobre él, manchando el vidrio de sangre, y sujetando mi vientre con la otra. Mi mirada estaba fija en Zack, una mirada cargada de incertidumbre, dolor y miedo.

Entonces vi entrar al hombre al interior, Serguéi, según lo había nombrado Zack. No paré de escrutar cada movimiento de Serguéi como si pudiera acaso hacer algo por evitarlos. El cuchillo se posó sobre el rostro de Zack, yo me tensé por dentro, y no tardó en hacer presión para cortar su piel.

-¡No! ¡Déjalo en paz!-Golpeé con las manos abiertas el cristal varias veces con desesperación.-¡¡No, no, no!! ¡Déjalo! ¡Maldito seas! ¡Hijo de puta, estás loco! ¡Deja que nos vayamos!-Entre gritos y gritos continué golpeando aquel cristal. Le insulté de mil maneras posibles, le insté de otras mil maneras que nos dejase ir. ¿Con qué finalidad?

¿Llamar su atención? ¿Sacarlo de quicio? ¿Que volviera a mi habitación a hacerme más daño? No sabía cual era exactamente mi plan, pero lo único que sabía es que no quería ver cómo le hacían daño a Zack. No quería perderle. No podía perderle. Le necesitaba en mi vida y prefería mil veces volver a pasar por lo mismo a tener que ver a través de un cristal que le hacen daño.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Bárbara Palvin
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitaria (Desmemoriz
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : -
Lealtad : Error 404
Mensajes : 389
Puntos : 268
Ver perfil de usuario

Zachary S. Dankworth el Miér Jun 29, 2016 8:07 pm

Mis gritos de dolor y los de desesperación de Natalie se mezclaban en el aire, creando una terrible sinfonía. Sentí la sangre caliente surgiendo de la larga herida y cayendo por mi rostro y por mi cuello, empapando mi camiseta y tiñéndola de rojo. Mi corazón latía con fuerza y escuchaba el fuerte bombeo de la sangre en mi oídos, como un tambor que marcaba un ritmo siniestro y ahogaba sonido de los gritos de Natalie y sus aporreos contra el cristal.

Serguéi dejó de cortar mi piel y retiró el cuchillo. No fue durante mucho tiempo, pues los gritos de Natalie parecieron haberle molestado. Me dio un nuevo puñetazo en la cara, justo donde el corte que me había hecho, y el dolor fue más intenso que el de los golpes anteriores. Me dejó aturdido, y antes de darme cuenta Serguei había metido los dedos en mi boca, había agarrado mi lengua, y tenía el cuchillo apretado contra ella.

-¡Cállate, o le callaré a él por ti!- masculló Serguei.

Ante aquella amenaza Natalie se cayó y dejó de aporrear el cristal como había estado haciendo desde que Serguéi entró en mi lado de la sala, y todo volvió a estar en silencio, siendo este únicamente interrumpido por mi respiración agitada y unos débiles gimoteos de dolor que se me escaparon a causa del dolor del corte en la cara. Serguéi esperó unos segundos antes de retirar el cuchillo de mi lengua y soltarme. Tosí y escupí sangre.

-¿Por qué…?- logré murmurar. Me dolía mucho al hablar, tanto a causa de la herida de la cara como porque el cuchillo había llegado a hacerme un ligero corte en la lengua, pero me daba igual. Necesitaba saber. Necesitaba saber por qué estábamos aquí, por qué el hombre que durante años había pretendido ser nuestro amigo era el que hace más de una década había arruinado la vida de mi padre y la mía.- ¿Por qué haces esto…?

-Por venganza.

Abrí los ojos de par en par y le miré atónito. ¿Venganza? ¿Venganza por qué? Nosotros no le habíamos hecho nunca nada en años. Nadie de mi familia le había hecho nunca nada, a pesar de que todos sabíamos que era hijo de muggles. Él y mis padres se habían conocido en Hogwarts. Ellos, siendo Slytherin y sangre limpia y puristas, tenían todas las excusas para hacerle la vida imposible a un Gryffindor sangre sucia como él, pero nunca lo hicieron, sino que se hicieron amigos… Y les había traicionado.

-Mataste a mi madre…- mascullé lleno de confusión y de odio mientras volvía a escupir sangre.- ¡Mataste a mi madre! ¡¿De qué quieres vengarte?!

-De ti. De tu padre- dijo Serguéi, dejándome helado.- Vosotros me la arrebatasteis. Si no podía ser mía tampoco podía ser de nadie.

Celos. Había matado a mi madre por celos. Porque estaba enamorado (no, enamorado no. Obsesionado. Si la hubiese querido jamás le hubiese hecho lo que hizo, la habría dejado marchar y se hubiese resignado a estar sin ella, para que ella pudiese ser feliz) de ella y ella quería a mi padre, ya jamás hubiese ido con él. Ahora lo recordaba todo perfectamente… Ese día, en el parque, cuando yo estaba con mi madre y de repente el hombre encapuchado, Serguéi, había aparecido y le había dicho a mi madre que fuese con él. Ella se había negado una y otra vez hasta que él la mató.

El asco y el horror debían de estar presentes en mi rostro, pues Serguéi rio. Su risa me dio náuseas. Guardó el cuchillo, pero de dentro de su arma sacó otra arma, una aún peor y que yo odiaba con todas mis fuerzas.

-¿Recuerdas esto?- preguntó él, mofándose de mí, mientras me mostraba la pistola con la que había disparado a mi madre. Al verla mis náuseas aumentaron, y sentí que me mareaba y la sala daba vueltas a mi alrededor.

Escuché un click. Había quitado el seguro. Alcé la vista justo a tiempo de ver cómo Serguei apuntaba con la pistola al cristal que nos separaba de Natalie y disparaba justo donde estaba ella. No me dio tiempo ni a gritar, pero sentí que el corazón se detenía en mi pecho y dejaba de latir. Mi cerebro tardó en reaccionar y procesar la información que llegaba a él. El cristal era antibalas, no se había roto con el impacto y Natalie estaba intacta. Pero Serguéi había querido hacerme creer durante un instante que la iba a matar a ella igual que mató a mi madre, y aquello mezclado con los recuerdos hicieron que girase la cabeza hacia un lado y vomitase.


______________________________________


Serguéi dejó a la sabandija vomitando todos los contenidos de su estómago mientras continuaba encadenado a la pared, y se puso de nuevo de pie. Observó la pistola que acababa de disparar para asustar a la sabandija, y la acarició igual que quien acaricia la piel de una bella mujer. Había guardado aquella pistola durante años como un recuerdo de lo que hizo, y como un símbolo de la promesa de su venganza. Dentro de poco utilizaría esa pistola para meter una bala en el cerebro de aquellos que le robaron a Rose. En el pasado tuvo la obligación de apretar ese gatillo, pero en el presente lo haría por placer.

Miró a la chica al otro lado del cristal, que les observaba con miedo y en silencio desde que había amenazado con cortarle la lengua a su amigo. Eran tan débiles, tan difíciles de domar que le daban asco. La sabandija en sí le provocaba repulsión a causa de ser quien era, pero lo que sentía Serguéi en ese momento era mucho más. Sentía haciendo sufrir a los borregos, pero cuando les veía sufrir le parecían tan patéticos que le repugnaban y le provocaban rechazo. ¿Por qué tenían que ser así? Y aún así la sabandija y su padre se creían superiores a él, aunque nunca se lo habían dicho en su cara, a causa de su linaje. Eso era algo de azar, en verdad no valía nada. Él lo estaba demostrando al hacerles ver que no podían con él. Jamás podrían con él. Quería que no tuviesen ninguna duda al respecto antes de completar su venganza, por eso todavía no había matado a la sabandija ni a su amiguita. Hubiese sido demasiado fácil, no habría demostrado nada.

Utilizó la varita una vez más, cuando estaba justo delante del cristal. Conjuró un hechizo para hacer desaparecer el cristal, que en ese momento era completamente inútil para su propósito, y se acercó a la chica. Ella retrocedió, pero no podía huir pues detrás de ella estaba la pared que le cortaba el paso y la obligaba a mantenerse quiera mientras Serguéi acortaba la distancia entre ambos. Aunque era vulgar, una simple borrega más, Serguei tenía que admitir que era hermosa. Aunque jamás se hubiese interesado de verdad por cualquier mujer que no fuese Rose, no era ciego a la belleza, y esa chica la desbordaba. En su opinión estaba más hermosa ahora, ensangrentada y temerosa ante él, que durante todo el tiempo en el que había estado observándola antes de traerles a ella y a la sabandija a aquel lugar. Serguéi amaba las bellezas destrozadas.

Antes apenas había rozado la pierna de la chica con su mano, pero ahora puso su mano sobre su cintura y la deslizó sobre su costado. En cierta manera tocar a aquella chica le repugnaba por ser ella poquita cosa para él, pero eso nunca le había importado a la hora de hacer daño a miles de mujeres. En cierta manera también le excitaba, porque sabía que estaba causando daño. No un dolor físico, a Serguéi siempre le había dado igual eso. El cuerpo era tan fácil de destrozar que le resultaba aburrido y vulgar, pero la mente… la mente era otra cosa. Disfrutaba mucho más rompiendo la mente de una persona, el último refugio que les quedaba siempre a sus víctimas, y la cual él les arrebataba sin piedad.

-Sshh…- susurró mientras deslizaba su mano por el cuerpo de la chica. ¿Cuántos hombres habrían tocado su cuerpo como él estaba haciendo ahora, o incluso de maneras más íntimas? Era muy hermosa, así que imaginó que muchos, como ocurría siempre con las mujeres hermosas. Eran basura, estaban todas contaminadas. Por eso Serguéi siempre las mataba, para salvarlas. Enterró el rostro en el cuello de la chica y aspiró. Sí, olía a contaminación.

La sabandija le ordenó que soltase a la chica. Serguéi la agarró del pelo y tiró de ella, haciéndola cruzar por el lugar donde antes había estado el cristal, y la empujó para que cayese justo delante de donde la sabandija estaba de rodillas y encadenado. Pero no cayó lo suficientemente cerca de él como para que pudiese alcanzar a tocarla con las manos si estiraba los brazos y tiraba de las cadenas. Serguéi se arrodilló detrás de la chica y la agarró para acercarla a él y pegarla a su cuerpo. A pesar del asco que le daba la vulgaridad de ella, igual que la de todo el resto de la asquerosa humanidad, no podía ocultar que estaba excitado. Soltó la pistola y con sus propias manos desgarró la camiseta de la chica, dejando su piel ensangrentada y amoratada por los golpes al descubierto. Le dio la vuelta para que quedase tumbada de espaldas al suelo, y entonces él se quitó el cinturón. Los gritos desesperados y furiosos de la sabandija se habían vuelto ensordecedores, y se retorcía como una bestia salvaje para liberarse de sus cadenas. Se rompería algún hueso si continuaba tirando así de ellas, pero por más que luchase no alcanzaría a su amiga. Serguéi les miró a ambos con gesto burlón.

-¿Prefieres que lo haga él?- preguntó entonces a la chica, mientras deslizaba sus dedos sobre la piel de ella.- Seguro que no le importará convertirte en una más de sus putas. Apuesto a que lo disfrutará más que yo- dijo con una sonrisa que parecía pertenecerle al mismísimo diablo. Miró a la sabandija con la intención de leer su expresión. Parecía asqueado, atormentado, enfermo. Quería apartar la mirada para no tener que presenciar aquello, pero a la vez luchaba por no hacer eso, pues si apartaba la mirada era como abandonar a su amiga. Abandonarla, o ser cómplice del horror; no sabía decidir. La sabandija se debatía entre ambos infiernos mientras continuaba intentando liberarse de sus cadenas en vano. Serguéi separó las piernas de la chica, que todavía tenían puestos los pantalones, y se colocó entre ambas mientras la miraba a ella a los ojos.- Grita para mí.

Se tumbó sobre ella apoyándose en el suelo con los brazos, y lamió el lateral del rostro de la joven con su lengua, como un animal salvaje hambriento que había encontrado un manjar. Se apretó contra ella, dejando que le sintiese.

-¿Quieres que pare?- susurró contra el oído de la chica.- Lo haré… si él toma mi lugar.

Rio. Les estaba presentando con una opción horrible. Hacer que ella sufriese a manos de él un asesino que les asqueaba y que se regodearía en el profundo dolor de ella, o que sufriese a manos de la sabandija, su amigo, su confidente, el hombre que la adoraba y que odiaba verla sufrir. Podría salvarla de n sufrimiento, pero lo cambiaría por otro. ¿Cuál sería peor?

Miró a la sabandija. Seguía mirando, y estaba llorando.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Torrance Coombs.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitario (Criaturas
Pureza de sangre : Limpia.
Galeones : 17.000
Lealtad : Familia Dankworth
Patronus : -
Mensajes : 456
Puntos : 278
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t989-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1010-relaciones-de-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t2231-if-the-end-of-your-story-is-a-happy-one-what-does-it-matter-how-it-began-cronologia-de-zack http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Zachary S. DankworthUniversitarios

Natalie Corvin el Jue Jun 30, 2016 9:43 pm

Callé de golpe cuando me di cuenta de que mi impulsividad podía hacerle daño a mi amigo. La amenaza de Serguéi había conseguido que mi cuerpo simplemente dejara de moverse y mi boca dejase de proferir ningún sonido por miedo a ser la culpable de que le pasara algo a Zack. No pude hacer más que observar y autoconvencerme de que saldríamos de allí. ¿Acaso tenía otra cosa que hacer más que tranquilizarme y pensar como una persona racional? No podía actuar como una persona impulsiva contra alguien que juega en su propio campo y que ha ideado esta locura de plan para hacer sufrir a Zack. No. Seguéi parecía tener hasta el más mínimo detalle bajo control y yo simplemente estaba cayendo en su juego... Me apoyé nuevamente en el cristal sin apartar la mirada de ellos, con suavidad, como si estuviera tocando a mi amigo a través de él, pero no podía ni mantenerme erguida. El dolor que sentía en el vientre y en el costado me hacía tener que buscar un punto de apoyo. ¿Qué narices tenía que hacer? ¿Estar quieta y esperar mi destino? ¿Hacer algo? ¡¿Pero el qué?! ¡Jamás me había sentido tan inútil! ¡Tan estúpida y tan estorbo! Y así me sentía viendo cómo aquel desgraciado jugaba con Zack, con sus miedos y con su dolor y yo no podía hacer nada por evitar el sufrimiento de mi amigo.

Retrocedí súbitamente hacia detrás cuando Serguéi disparó al cristal, sintiendo el corazón en la sien por el susto que me había llevado y los pocos reflejos que yo había tenido. ¡Maldita sea, Natalie, espabila! ¡Si no llega a haber cristal ya estarías muerta! Asustada y temerosa vi como el hombre hacía desaparecer el cristal y se acercaba a mí. Retrocedí nuevamente como si se me estuviese acercando la mismísima muerte disfrazada del hombre más ruin sobre la faz de la tierra, con lentitud y desesperación, pero no podía ir a ningún lado. Retuvo mi cuerpo contra el suyo y la pared y lo tocó como si le perteneciera, con una obscenidad que a mí me parecía repugnante.

-Por fav...-Pero no pude acabar de decir nada, ya que me mandó a callar con un susurro repulsivo con el que solo fui capaz de girar el rostro en busca de una vía de escape.

Pero no había vía de escape. Me cogió por el pelo y tiró de él hacia dónde estaba Zack sin una pizca de cuidado. Yo no hice fuerza por evitarlo, básicamente porque no las tenía. Me tiró como si de un despojo se tratara delante de Zack y quise acercarme a él para, no sé... ¡tocarlo más que sea! ¡Necesitaba tocarlo y abrazarlo! Pero al mínimo movimiento que hice, Serguéi me sujetó por detrás y me retuvo entre sus brazos. Yo al principio intenté zafarme de sus manos, pero fue imposible. Miré a Zack cuando me quedé quieta. Sólo lo miré. No dije nada, pero sabía que Zack sabría sólo con mi mirada todo el miedo que ahora mismo tenía, ya que él mejor que nadie sabía lo que reflejaban mis ojos. Él me conocía más y mejor que nadie.

Pero fue solo cuando sentí sus manos desgarrando mi camisa y le vi quitarse el cinturón cuando sentí que la verdadera angustia se apoderaba de mí. Ya no era solo miedo, era puro terror. ¿Qué iba a hacerme? ¿Iba a violarme? ¿Iba a violarme delante de Zack? ¿Iba a azotarme con su cinturón? ¿Las dos cosas?

-No, no, no...-Empecé imponiendo la negativa, pero a medida que seguía intentando evitarlo solo podía escucharse a través de mis labios como casi le imploraba que no lo hiciera. Pero si tenía alguna oportunidad de librarme de él, cuando se tumbó entre mis piernas las perdí por completo. Fue en ese momento cuando sentí contra mí lo más desagradable que nunca he sentido. ¿Y lo peor? Y yo no podía hacer nada. ¡Nada! ¡Cada vez que intentaba moverme sentía como cada una de las heridas de mi vientre hacían la fuerza inversa para evitar cualquier movimiento! No podía. Simplemente no podía más que apoyar sin fuerzas mis manos sobre su pecho para mantenerlo lo más alejado posible. Y eso era muy frustrante. Entonces me preguntó que si quería que parase y lo miré con un rostro confundido; sin pensarme la respuesta.-Él. Que sea él.-Dije con lágrimas en mis ojos.

¿Que si prefería que me torturara él o Zack? A decir verdad no lo pensé demasiado. O más bien nada, solo respondí lo que pensé que era correcto. Pensé que, quizás, si elegía a Zack, éste tendría que ser liberado y el hecho de tener una mínima oportunidad, aunque fuera la más insulsa, la más improbable e, incluso, la más estúpida, merecía la pena intentarlo. Y jamás de los jamases podría compararse el odio con el que Serguéi me golpea a cómo me golpearía Zack. Ahora mismo lo único que quería era que él dejase de estar sobre mí, amenazándome y tocándome como si no fuera uno de sus juguetes a los que poder eliminar cuando se aburre de él.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Bárbara Palvin
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitaria (Desmemoriz
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : -
Lealtad : Error 404
Mensajes : 389
Puntos : 268
Ver perfil de usuario

Zachary S. Dankworth el Lun Jul 04, 2016 12:02 am

Estaba tirando tanto de las cadenas que apresaban mis muñecas que las tenía en carne viva, y la sangre me caía a chorros por los brazos y gotas rojas caían al suelo y lo ensuciaban, igual que la sangre que caía de mi cara. Luché y luché hasta que ye no pude más. Me rompería las manos para poder colarlas por los grilletes de las cadenas, pero estaban tan prietos que ni aun así conseguiría liberarme. Con gusto me cortaría la mano o me la arrancaría para poder librarme de esas cadenas y abalanzarme encima de Serguéi antes de que le hiciese daño a Natalie, pero no podía. Hiciese lo que hiciese no conseguiría ayudarla antes de que ese desgraciado la hiciese daño, y nunca me había sentido peor en toda mi vida. Comencé a llorar. Me sentía como un niño pequeño, totalmente indefenso y asustado y jodidamente inútil. Me importaba una mierda lo que Serguéi me hiciese a mí, pero no podía permitir que dejase que le hiciese daño a Natalie. Pero daba igual lo que yo quisiese, porque no podía evitarlo.

Me sentía un cobarde traidor al apartar la mirada, pero no podía evitarlo. No podía mirar. No podía mirar mientras ese cerdo asesino le ponía las manos encima. Que el Cielo me perdone, no puedo mirar… Aparté la mirada y cerré los ojos con fuerza mientras lloraba, y me odié. Me odié a mí mismo como jamás había odiado a nadie, ni siquiera a Serguéi.

Y entonces escuché las palabras de Natalie. Me había escogido a mí para que le hiciese eso, para que… Oh Dios. No… ¡No!

-¡No!- grité cuando Serguéi se apartó de ella y me apuntó a mí con la varita para hacer desaparecer las cadenas que me ataban a la pared y sustituirlas por unos grilletes unidos entre ellos con una cadena corta. Serguéi me indicó que me acercase a Natalie, pero yo me negué rotundamente. No iba a hacer lo que él me pedía. No, jamás.

-Vamos, Zachary. Ambos sabemos que lo estás deseando- dijo Serguéi con tono perverso. Me miró a mí, y luego miró a Natalie con una sonrisa perversa. Acarició con su mano la el vientre de Natalie.- La estás deseando.

Mi rostro se puso verde, y creí que iba a vomitar otra vez. Me sentía enfermo.

-Vamos, hazlo.

-No.

-¡Hazlo!- y sin previo aviso azotó vilmente y con fuerza a Natalie con el cinturón que le había quitado.- ¡Hazlo!

Lo hizo otra vez, y esta vez sí que no pude aguantarme y me giré para apartarme de ellos justo antes de vomitar otra vez. El vómito se mezcló con la grande que había caído antes al suelo y se tiñó de rojo, dándole un aspecto macabro.

-¡Hazlo! O te juro que te arrepentirás. No le estás haciendo ningún favor a tu amiguita…

Alzó de nuevo el cinturón, pero le detuve con un grito.- ¡Para! Para…

Estaba tan histérico que mi cuerpo temblaba y sentía que no respondía a las órdenes de mi cerebro. Estaba de rodillas en el suelo, y tuve que gatear hasta donde ellos estaban delante de mí, muy lentamente. Mis extremidades eran como de gelatina, y sentía que me iba a desplomar sobre mí mismo. Lloraba más ahora que antes. Mis lágrimas se mezclaron con la sangre que cubría mi mejilla, y al caer sobre la herida abierta me escocían. Intenté centrarme en ese escozor para no pensar en lo que estaba haciendo, en lo que me iban a obligar a hacer. Pero ese escozor no sirvió para distraerme cuando vi a Natalie justo al lado de mí. Estaba en una pesadilla… no, en el infierno. En el peor de los infiernos.

-Lo siento…- sollocé.- Lo siento… Lo siento…

-¿A qué esperas?- me espetó Serguéi, y volvió a golpear a Natalie. Me tenía a mí justo al lado, pero la golpeó a ella de todos monos, porque sabía que eso era lo que realmente me dolía.

“Tienes que hacerlo,” decía una voz en mi cabeza. “Tienes que hacerlo. Si no lo haces lo hará él, y será peor. Mucho peor.”

Nada puede ser peor que esto.

Mis manos temblaban tanto que la cadena tintineaba. Puse mi mano sobre la cintura de Natalie, y volví a sentirme enfermo. Respiré profundamente, aunque me costó muchísimo a causa de cómo estaba llorando por culpa de todo esto. Serguéi nos miraba, vigilando y disfrutando, amenazándonos de manera silenciosa solo con tener la mirada clavada en nosotros, advirtiéndonos de que podía ser peor, mucho peor.

-¿Tengo que decírtelo otra vez?

Intenté desabrocharme los pantalones, y necesité varios intentos porque mis dedos simplemente se negaban a obedecer. Cuando por fin lo conseguí mis lágrimas empañaron completamente mi mirada, y me acerqué un poco más a Natalie. Mis manos estaban en sus pantalones, pero se congelaron y no se movieron, a pesar de que sabían que tenían que hacerlo. Pensé que podía hacerlo, que podía ser fuerte. Pero no fue así. En cuanto estuve a punto de comenzar a intentar cumplir las horribles órdenes de Serguéi fracasé, pues miré a Natalie a los ojos… y no pude.

Miré la cadena de mis grilletes. Miré entonces a Serguéi. Las lágrimas de mis ojos se secaron y estos se llenaron de una oscura determinación. Antes de que él pudiese hacer o decir nada, antes incluso de que le diese tiempo a reaccionar, me abalancé sobre él. Un acto reflejo de él le hizo levantar la mano en la que tenía el cuchillo, y me hizo un largo vertical corte en el lado sano de la cara, muy cerca del ojo, en el cual se me metió la sangre pero me dio igual. Conseguí darle un puñetazo y tirarle de espaldas al suelo, y aproveché ese momento de confusión para ponerme detrás de él y pasar las manos por encima de su cabeza y ponerle la cadena contra el cuello. Tiré con todas mis fuerzas para asfixiarle. Él luchó y se retorció para poder liberarse, y a punto estuvo de conseguirlo, pero me mantuve firme mientras le escuchaba ahogándose.

-¡Mátale!- le grité a Natalie. Estrangularle tomaría más tiempo del deseable, por rápido que pudiese parecer el proceso.- ¡Mátale! ¡Natalie, mátale!

Por desgracia, antes de que aquello pudiese suceder, Serguéi tanteó el suelo a nuestro alrededor y encontró la pistola que había tirado antes. Apuntó a mi pierna y disparó. El dolor fue insoportable. Jamás había sido víctima de un Crucio, así que no podía compararlo, pero supuse que algo se parecía. Chillé de dolor, y sin poder evitarlo solté a Serguéi, que inmediatamente se levantó y se apartó de nosotros mientras reía a carcajadas. A pesar de que todo su plan había estado a punto de irse a la mierda rió como la escoria demente y psicópata que era.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Torrance Coombs.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitario (Criaturas
Pureza de sangre : Limpia.
Galeones : 17.000
Lealtad : Familia Dankworth
Patronus : -
Mensajes : 456
Puntos : 278
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t989-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1010-relaciones-de-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t2231-if-the-end-of-your-story-is-a-happy-one-what-does-it-matter-how-it-began-cronologia-de-zack http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Zachary S. DankworthUniversitarios

Natalie Corvin el Lun Jul 04, 2016 1:35 am

No podía soportar más tener a ese hombre cerca de mí como si fuera un juguete para él. Ya no un juguete para su propia diversión personal, sino un juguete que solo servía para hacer daño a Zack. Y odiaba que Zack estuviese sufriendo por mi culpa. Sentía una terrible aversión por aquel asesino y me sentía presa en una cárcel de puro dolor, repugnancia e inutilidad. Me sentía incapacitada para hacer nada, con una terrible angustia que no paraba de consumir mis esperanzas. Solo pude llorar cuando Serguéi se colocó entre mis piernas y sólo pude elegir la opción más fácil cuando me dio a elegir entre él y Zack. No podía elegir que Serguéi continuara con aquello. Y sabía perfectamente que Zack no podría hacerlo y eso solo nos acarrearía problemas a ambos, pero sencillamente... no pude.

Zack se negó rotundamente tras ser liberado y fue cuando recibí el primer azote de aquel cinturón de cuero como castigo a su rotunda negación. Me dio en el brazo y sentí como el cuero golpeaba brutalmente mi piel hasta el punto de dejarla roja, casi en carne viva. Fue en ese momento cuando solté el grito más fuerte que jamás he soltado y automáticamente mis ojos se llenaron de lágrimas de dolor. Volvió a darme con el cinturón, esta vez en la zona del omóplato porque me había intentando separar de él tras el primer golpe; volví a gritar, llorando. Vi como elevaba otra vez el brazo y sentí que mi alma se encogía, pero Zack evitó que aquel horrible golpe llegase a mí.

Vi como se acercaba a mí gateando, con los ojos empapados en lágrimas y lleno de sangre. En su rostro, en sus extremidades por intentar librarse de las cadenas... Me sentía miserable, tanto por mí, como por él. Me sentía denigrada, dolorida y con ganas de cerrar los ojos y desaparecer. No quería que por nada del mundo llegase el momento en el que Zack se acercara a mí y Serguéi le obligara a hacer nada. ¿Lo peor de todo? Que no necesitaba un Imperio para conseguir lo que quería. Era perfectamente consciente de que haríamos lo que estuviera en nuestra mano para evitar que el otro sufriera y se aprovechaba de ello, de cada pequeño detalle de nuestra amistad y sentimientos. La distancia que había entre Zack y yo se me hizo eterna, pero Serguéi se encargó de despertarme con un nuevo azote directo a la espina dorsal que me hizo arquearme y chillar, nuevamente con lágrimas en mis ojos. Ya no solo lágrimas de dolor, sino de impotencia.

No tenía fuerzas para moverme. Las heridas no me dolían, sino que me escocían y cada uno de los golpes había mermado mis fuerzas para hacer nada. Sentí las manos de Zack en mi cintura e intenté buscar su mirada a través de sus lágrimas y las mías.

Quería decirle algo... pero no tenía palabras que decirle.

Vi como se desabrochaba los pantalones con lentitud y cómo ponía las manos en mis pantalones y un terrible terror me invadió por completo. ¿De verdad iba a pasar? ¿Después de todo, es esto lo que va a pasar? Le sujeté una de sus manos con fuerza para que me mirase a los ojos, viendo como las heridas de los azotes tenía un aspecto horrible... Y no. Aquello no podía pasar. Si aquello pasaba jamás podría volver a mirarle a los ojos de la misma manera, jamás podría verlo igual. Prefería mil veces enfrentarme a aquel hombre junto a mi amigo y morir en el intento, que vivir una experiencia que nos robe todo aquello que somos el uno para el otro.

La mirada de Zack cambió por completo y en medio de tanto dolor y lágrimas, consiguió mirarme con seriedad antes de levantarse y atacar a Serguéi. Todo pasó rapidísimo y, para cuando quise darme cuenta, Zack me estaba gritando que lo matase. Miré para todos lados con confusión. ¿¡Con qué lo iba a matar!? No pensé en ningún momento en lo que conllevaría el hecho de matar a una persona, sino que ciegamente iba a hacerlo, pues era sin duda la única solución. Busqué en una milésima de segundo lo necesario para acabar con él, hasta dar con una piedra de considerable tamaño que se había roto de la pared en dónde estaban las cadenas. Corrí a gatas, la cogí y mi intención era clavársela con todas mis fuerzas en la cabeza, pero antes de darme la vuelta, escuché el disparo.

Se me paró el corazón ante la terrible idea que me cruzó la mente. Me giré rápidamente y vi como Zack caía al suelo con una herida en la pierna, liberando a Serguéi. Solté la piedra al ver que tenía la pistola en la mano y me dirigí a Zack, tirándome a su lado casi con desesperación. Puse mis manos en su herida de la pierna para evitar la hemorragia, pero por desgracia, la bala se había quedado dentro. No sangraba tanto, pero Zack debía de estar sintiendo un dolor inhumano. Al ver su sangre en mis manos comencé a temblar y a darme cuenta de que aquello era real. Que aquello podía ser nuestro fin. Que en cualquier momento Serguéi podía apretar el gatillo y acabar con uno de los dos y todo simplemente acabaría. Y el hecho de perder a Zack posiblemente ahora mismo era incluso más doloroso que pensar en mi propia muerte. Yo perdía más con su muerte que con la mía y no tenía ninguna duda de eso.

Miré a los ojos a Zack, con ganas de decirle algo. De hecho pronuncié la primera palabra en un susurro que era solo para él. Algo que simplemente necesitaba decir en ese momento por si no podía decir en ningún otro momento.

-Te...

-¡Vamos, levántate! Aléjate de la sabandija.-Dijo Serguéi, apuntándome con la pistola directamente al pecho.-Rápido. Retrocede.  

Alcé ambas manos ensangrentadas por la sangre de Zack, me levanté como si miles de grúas tirasen de mí en sentido contrario y retrocedí lentamente, con el corazón a punto de salirme por el pecho. Serguéi se acercó a Zack y se agachó a su lado, apretando su pierna mientras no dejaba de apuntarme.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Bárbara Palvin
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitaria (Desmemoriz
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : -
Lealtad : Error 404
Mensajes : 389
Puntos : 268
Ver perfil de usuario

Zachary S. Dankworth el Lun Jul 04, 2016 12:18 pm

Me llevé el puño a la boca y me lo mordí para así intentar evitar gritar del dolor que me estaba provocando el disparo en la pierna. Natalie se acercó a mí, y quise decirle algo, pero no pude porque si abría la boca iba a gritar de dolor, y no quería hacer eso. Ya suficiente había disfrutado Serguéi con el dolor de ambos, no teníamos por qué proporcionarle más diversión. Nos estaba manteniendo vivos y nos torturaba a ambos por placer, pero al final nos iba a matar de todas maneras, así que mejor sería ahorrarnos todo esto y dejar que acabase con nosotros de una vez por todas.

Miré a Natalie a los ojos. Seguía sin hablar y mordiéndome el puño para que no se me escapase un grito de dolor, pero intenté transmitirle un mensaje con la mirada. Que lo sentía muchísimo. Que me odiaba a mí mismo, que todo era mi culpa. Que la…

Natalie fue a decirme algo en ese momento, pero no llegó a completar la frase. Espera, ¿qué iba a decirme? Quería saberlo, pero Serguéi la amenazó con la pistola y la hizo apartarse de mí.

-No… la toques…- conseguí mascullar entre dientes a duras penas. Justo entonces Serguéi se agachó a mi lado y me apretó la pierna herida, poniendo la mano justo encima del disparo. No puse aguantar más y solté un alarido de dolor.

-Si vuelves a hacer eso, el próximo disparo no será a la pierna- me advirtió él. Apretó de nuevo, esta vez más fuerte, y me hizo gritar otra vez antes de soltarme y levantarse para caminar hacia donde estaba Natalie. Sentí pánico. ¿Qué iba a hacer ahora?

-No… no la toques…- repetí débilmente pero sintiendo que ardía por dentro de la ira. Serguéi agarró por detrás a Natalie y la apuntó en la cabeza con la pistola, y eso hizo que me callase.


______________________________________


A Serguéi le hubiese gustado que la sabandija y la puta pasasen más tiempo allí y sufriesen más, mucho más. No había contado con que la sabandija actuaría como un estúpido e intentase derrotarle para que ambos pudiesen escapar. ¡Derrotarle, a él! La sabandija había sido un estúpido, y ahora estaba sufriendo de manera muy dolorosa. Pero Serguéi no había querido dispararle, había tenido que hacerlo, y eso le enfadaba. Ahora tendría que continuar con la siguiente fase de su plan, porque había mucha sangre, y la sangre podía estropear sus planes. Serguéi no quería que la sabandija muriese, no todavía, y si él y su amiga la putita seguían haciendo estupideces era probable que uno de los dos, o tal vez ambos, acabasen muertos antes de tiempo. Serguéi no quería eso.

Amenazó a la chica con la pistola, apretando esta contra su cabeza. No se molestó en silenciar mágicamente a ninguno de ellos, sabía que no le hacía falta. Al amenazar a la chica el mocoso no se atrevería a cometer ninguna estupidez por miedo a verla morir delante de sus ojos de la misma manera que vio morir a su madre de pequeño, y ella tampoco hablaría, tal vez por miedo a morir, y tal vez por miedo a que su amiguito la siguiese a ella en el camino a la muerte. Imbéciles.

Serguéi sacó su teléfono móvil de su bolsillo y comenzó a marcar un número mientras seguía apuntando a la chica con su pistola. La sabandija asquerosa y repugnante rompió el silencio entonces, preguntando qué estaba haciendo. Estaban confundidos y extrañados, sin comprender muy bien qué hacía él llamando a alguien en ese momento.

Serguéi no contestó inmediatamente sino que sonrió. Por fin había llegado la primera fase de la parte de su plan que más había deseado llevar a cabo. Llevaba años soñando con ese momento, aunque hasta hace poco no decidió cómo hacerlo. Llevaba años con una persona en particular encabezando la lista de las personas a las que más deseaba asesinar de una manera terrible. Había pensando en mil, o tal vez un millón de maneras, de hacerlo.

Pulsó la tecla verde para llamar. Comenzaron a sonar los primeros tonos de llamada.

-Voy a llamar a tu padre.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Torrance Coombs.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitario (Criaturas
Pureza de sangre : Limpia.
Galeones : 17.000
Lealtad : Familia Dankworth
Patronus : -
Mensajes : 456
Puntos : 278
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t989-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1010-relaciones-de-zack-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t2231-if-the-end-of-your-story-is-a-happy-one-what-does-it-matter-how-it-began-cronologia-de-zack http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb
Zachary S. DankworthUniversitarios

Caleb Dankworth el Lun Jul 04, 2016 12:32 pm

Mansión Dankworth, 7:46 P.M.

Desde el funeral de Clary no había querido hablar con casi nadie. Puede que Clarissa no hubiese llevado mi sangre en sus venas, pero era mi sobrina, y le había fallado. Había permitido que unos hijos de puta la secuestran y le hiciesen eso… la mataron por ser algo que ni siquiera era. Recordaba el día que la encontré, hace dieciséis años. Yo tenía veinte, ya era un mortífago, y había ido a una misión con unos compañeros. Habíamos matado a un mortífago traidor, y a su mujer muggle, y a todos los que nos encontramos en esa casa… hasta que vi a la bebé. Mi hijo en aquella época tenía ya casi tres años, y la paternidad me había ablandado en cuanto a matar bebés y niños se refería. Pensé que esa bebé no tenía que pagar por el crimen de su padre. Así que la cogí en brazos y me la llevé de allí. Jonathan estaba vivo y libre en aquella época, y le di a la bebé. No porque yo no la quisiera, sino porque yo ya tenía un hijo propio a quien adoraba, y mi hermano deseaba tener hijos con todas sus fuerzas, pero él y Chloe no habían tenido suerte. Así que la pequeña bebé mestiza, Leonore, pasó a ser Clarissa Dankworth, una orgullosa hija de un linaje puro. Mi padre jamás la aceptó como a su nieta, la rechazó, y en cuanto le fue brindada la posibilidad de hacerlo la repudió, desheredándola. Él solo había visto a una sucia mestiza que no era nada de él, biológicamente hablando. Pero a mí me daba igual, era mi sobrina, incluso cuando mi hermano ya no estaba y se la llevó la puta de Chloe.

Y ahora ya no estaba. Le había fallado. ¿A cuántas personas más les voy a fallar? Había permitido que a mi hermano le llevasen a Azkaban. Tardé muchos años en decidirme a trazar un plan para poder ayudarle a escapar, pero antes de que pudiese salvarle él se suicidó y le perdí para siempre. No había podido evitar que a mi padre le asesinase un Auror en medio de la calle. No había podido hacer nada por predecir ni evitar el infarto que se llevó a mi madre. No había podido proteger a mi mujer del loco que la mató. Y ahora no había podido proteger a mi sobrina de aquellos que nos odian. Cielos, ¿a quién más voy a fallar a la hora de proteger? Sentía un profundo pánico de que algo le pasase a aquellos a quienes quedo y que aún permanecen a mi lado, vivos y a salvo. ¿Y si también fallo a la hora de protegerles a ellos? Parece que eso es lo único que hago.

Abi había intentado venir y hablar conmigo. Estaba en la mansión, y también mi hermano Sylvan. Zack no, había salido, supongo que a visitar la tumba de su prima. Pero no quería ver a Abi, a pesar de que sabía que sus intenciones eran las mejores y que se preocupaba por mí, pero yo no quería ver a nadie. Quería estar solo.

Estuve a punto de no coger el teléfono cuando sonó. Estúpido cacharro muggle. Siempre había sido purista, siempre había pensando que los muggles eran infinitamente inferiores a nosotros, y a causa de eso me había vuelto mortífago como mi hermano y mi padre, para poder servir a la causa que buscaba deshacerse de ellos porque no es justo que ellos dominen el planeta y nosotros tengamos que vivir escondidos. ¿Desde cuándo la raza superior es la raza sometida? Había encontrado todos sus inventos muy útiles siempre, sí, pero ahora me daban asco después de que los pro-muggles le hiciesen eso a Clary. Pero no solo odiaba que ese aparato fuese muggle, sino que no quería hablar con nadie. Iba a dejar que sonase y sonase hasta que por fin quienquiera que fuese el que estaba llamando se hartase y me dejase tranquilo, pero una corazonada me hizo atender la llamada justo en el último momento.

-¿Diga?- dije con tono de voz ronco y áspero. Además de que no había hablado mucho en los últimos días, había bebido más de lo normal. Muchísimo más.

-Privet, moy drug- me habló Serguéi en ruso. No me sorprendió que me llamase utilizando este método; después de todo él había estado mucho tiempo en el mundo muggle debido a ser sangre sucia. Era un buen amigo, y probablemente el único sangre sucia a quien no odiaba en estos momentos.

-Serguéi, privet- le saludé yo también en ruso.

-¿Kak dela?- me preguntó cómo estaba. Suspiré, no sabía cómo contestar a esa pregunta. Él debió de saber interpretar mi pesado suspiro, pues siguió hablando, cambiando de idioma esta vez.- Me he enterado por el periódico. Mi más sentido pésame, moy drug.

-Gracias- dije, sintiendo un nudo en la garganta.

-Imagino que está siendo muy duro para ti. Nunca es fácil, ¿verdad?

-No, nunca es fácil.

-Net… Caleb, me siento muy mal por tener que pedirte esto, pero… estoy en un lío. En uno gordo. Necesito ayuda. Pozhaluysta.

De haber sido cualquier otra persona probablemente le hubiese mandado a la mierda, pero se trataba de Serguéi. Después de Matt, quien era mi mejor amigo de toda la vida, casi como un hermano, Serguéi era uno de mis mejores amigos, uno de los que había estado a mi lado y me había apoyado en momentos duros y difíciles y jamás había pedido nada a cambio. Si me llamaba ahora pidiendo ayuda debía de ser porque realmente necesitaba ayuda, y yo le debía unas cuantas. Simplemente necesitaba esa ayuda en un mal momento, pero eso no era culpa suya.

-Khorosho, dime.

-Necesito que vengas a…- me dio una dirección a la que podía ir apareciéndome, y le dije que estaría allí en unos instantes.- Spasibo. Do svidaniya.

No me despedí de nadie al marcharme, ni siquiera de Abi que llevaba bastante tiempo al otro lado de la puerta intentando que la dejase entrar para no quedarme yo solo en mi miseria.

Aparecí en el lugar que me había indicado Serguéi. Fruncí el ceño al verlo. Parecía el túnel de un… ¿búnker? Me pareció un lugar extraño, pero si Serguéi decía que estaba metido en un lío era normal que estuviese en un lugar extraño, o al menos eso quise creer. Caminé por varios metros por el pasillo, hasta que llegué a una sala. Que parecía la sala central del búnker. Había delante de mí una gran mampara de grueso cristal que me separaba de la otra mitad de la sala. Pero no estaba solo allí. Lo primero que vi fue el suelo lleno de sangre. Luego las cadenas. Luego vi a mi hijo.

Me quedé sin respiración al ver a Zack allí. Al principio no comprendía nada, pero me invadió el horror al verle cubierto de sangre y gimiendo de dolor mientras se agarraba una pierna.

-¡Zack!- grité abalanzándome sobre la mampara de cristal que me separaba de él. Intenté desaparecerme para poder aparecer al otro lado y acudir a socorrerle y a sacarle de allí, pero había un hechizo antiaparición en esa sala que me lo impidió. Intenté romper el cristal, también sin éxito.- ¡ZACK!

Mi hijo no estaba solo. Estaba allí dentro también Natalie, su mejor amiga, y la vi herida a ella también, con la camiseta desgarrada, llena de horribles golpes y heridas y sangre. ¿Qué era esto? ¿Qué hacían aquí?

-Bienvenido, amigo mío- oí entonces que decía Serguéi. Estaba también al otro lado de la mampara, apoyado de espaldas contra la pared más lejana. Él estaba intacto, salvo por las manos machadas de sangre. Sabía que esa sangre no era suya, sino que era de mi hijo y de su amiga. Al principio le miré sin comprender, hasta que vi la pistola en su mano, y la sonrisa en su rostro.

-Tú…

Serguéi me miró a los ojos, y asintió, deshaciéndose por fin de la máscara que había mantenido puesta durante años para engañarme.

-Yo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 36
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 20.900
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 366
Puntos : 241
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Natalie Corvin el Miér Jul 06, 2016 12:50 am

Estaba quieta. No se me movía ni un ápice del cuerpo a excepción del pecho, que debido a la respiración agitada no paraba de hincharse y de comprimirse. Estaba exhausta de cansancio físico y psicológico. No podía con mi cuerpo, ni con mi mente, no podía ni mantenerme en pie y no podía aguantar más este dolor. Tenía ganas de gritar, de tirarme al suelo y retorcerme de dolor. Tenía ganas de echarme un cubo frío de agua por encima para aliviar el escozor que sentía en cada una de mis heridas y tenía la sensación de que me estaba volviendo loca allí dentro. No podía poner fin a mi dolor, ni al de Zack, ni mucho menos salvarnos. Aquello me parecía la cárcel más cruel y horrible de todas las posibles prisiones en las que podrían meterme.  

Cuando sentí el cañón de la pistola en mi sien se me cortó la respiración y miré a Zack antes de cerrar los ojos. De verdad que pensé que aquel momento era mi último hálito. Pensé que iba a apretar el gatillo y que mi cuerpo caería inerte al suelo. ¿Sentiría el golpe contra el suelo? ¿O para cuando llegase ya estaría en el otro mundo? Pero nada de eso pasó y mi incertidumbre ante de la muerte quedó sin satisfacer. Pude ver como a mi lado Serguéi sacaba un móvil y hacía una llamada. Una llamada dirigida al padre de Zack.

No me faltaron las ganas de gritarle al padre de Zack que era una trampa, pero si hacía eso, posiblemente Serguéi no dudaría ni un momento en apretar ese gatillo contra mí y volarme la cabeza. Me mantuve callada, obediente y sin hacer ningún movimiento amenazante porque, sin finuras, estaba cagada de miedo. Si no estuviera temblando del dolor que sentía en cada ápice de mi piel, estaría temblando de miedo.

Cuando colgó se alejó de mí hasta apoyarse en la pared del fondo, justo al otro lado de donde estaban las puertas. Noté que mi brazo estaba temblando y al mirarlo me di cuenta de cómo estaba, con una herida que de milagro no estaba abierta rodeada de un horrible cardenal que continuaba hasta el hombro, fruto del primer azote. Me agaché lentamente mirando a Serguéi hasta arrodillarme en el suelo, prácticamente abatida y sin fuerzas para mantenerme en pie.

Fue con los gritos de Zack cuando me di cuenta de que el padre también había caído en la trampa de aquel hombre. ¿Todo esto era para llegar a él? ¿Al padre de Zack? No fui capaz de decir nada entre los gritos de Caleb al ver a su hijo torturado y con una horrible herida de bala y los gritos de Zack insistiendo en que se fuera de allí.  

-¡Yo! ¿No te lo esperabas?-Repitió Serguéi al ver la cara de estupefacción y horror que tenía Caleb. Hizo una pausa en la que no ocultó su sádica sonrisa.-Te he llamado para que presencies una bonita velada de mano de tu hijo y su amiguita. ¿Te gusta lo que ves? Lo he hecho yo, en tu honor. Por ti. Disfrútalo.

Caminó entre Zack y yo, como si estuviera eligiendo a su presa con lentitud. Por desgracia, me eligió a mí. Volvió a sujetarme del pelo y tiró de mí para acercarme a Zack. Tuve que hacer una fuerza inhumana por ceder, además de quejarme del dolor que me suponía ese tirón brutal que, por él, podría arrancarme toda la cabellera. Me puso al lado de él, de cara hacia dónde estaba Caleb.

Entonces Serguéi volvió a sacar la daga que había escondido y se la puso a Zack en el cuello, regodeándose en el miedo del hijo y en el horror del padre. ¿Podía ser tan cruel de matarlo delante de mí y de su propio padre? Automáticamente solté un pequeño chillido histérico ante la idea y miré a Serguéi mientras negaba con la cabeza y se me empañaba nuevamente la mirada. Tenía claro que yo no podría soportar ver eso.

-¿No quieres que lo mate?-Y pude ver como el cuchillo se hundía lentamente en la piel de Zack, provocando un corte que no le mataría. Yo negué con la cabeza como contestación, llorando.-¿Prefieres morir tú por él?-Yo asentí, con lágrimas cayendo por mis mejillas. Colocó entonces la daga en mi cuello y se acercó a mí para hablarme al oído sin susurrar.-Qué tierno.-Ironizó antes de apartar la daga de mi cuello.

Lo único que pude hacer, aprovechando que estaba al lado de Zack, fue arrastrar mi mano hasta sujetar la suya que estaba sobre el suelo. Ambas manos sucias, ensangrentadas y débiles, temblando por miedo o dolor. Si tenía que morir, por lo menos que fuera sujetándole a él.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Bárbara Palvin
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitaria (Desmemoriz
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : -
Lealtad : Error 404
Mensajes : 389
Puntos : 268
Ver perfil de usuario

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 3. 1, 2, 3  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.