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Zachary S. Dankworth el Vie Jun 17, 2016 10:44 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Cementerio del Valle de Godric. Martes 21 de junio. 5:30 P.M.

Había deseado con todas mis fuerzas no tener que volver a este cementerio para visitar una tumba nueva. Había rezado todas las oraciones que me sabía para que las tumbas que iba a visitar fuesen siempre las mismas y que el apellido Dankworth no apareciese en una lápida más, pero mis plegarias habían caído en oídos sordos. Durante años había visitado periódicamente este mismo cementerio. Al principio era para visitar a mi madre, vine casi todos los días desde los siete años hasta los once para contarle cosas y para poder verla, aunque lo único que viese fuese una lápida con su nombre. Después vine menos porque fui a Hogwarts, pero años después mis visitas no fueron solo para mi madre, sino también para mi tío Jonathan. Le siguieron mi abuelo asesinado, mi abuela que sucumbió al dolor de la pérdida de ambos, mi tía…

Y ahora mi prima. Clarissa. Clary… A pesar de que no la había visto tanto como me hubiese gustado porque se mudó a Francia con su madre cuando a mi tío le encerraron la había querido muchísimo. Joder, era mi prima, mi familia… Y de la noche a la mañana había aparecido muerta, asesinada de la manera más cruel posible, mutilada de una manera inhumana… Y el dolor había vuelto de repente, el inmenso dolor que supone perder a alguien a quien quieres, como si una mano invisible se clavase en tus entrañas y te arrancase salvajemente una parte de ti. ¿Es que acaso esto no iba a acabar nunca? ¿Es que acaso estaba condenado a enterrar a mis seres queridos uno a uno?

Sabía que no era mi prima de sangre. Me lo había confesado mi padre días después del funeral. Él estaba destrozado por la muerte de Clary, a pesar de todo para él había sido su sobrina, la hija de su querido hermano, a pesar de que no llevaba su sangre en sus venas. Me había sorprendido la verdad, pero me había dado igual. ¿Qué más daba que Clary no hubiese sido una Dankworth por nacimiento? Era mi prima, y sería parte de esta familia para siempre. Por lo visto su “madre” no opinaba lo mismo. Mi tía Chloe ni siquiera vino al funeral; Clary no era su hija biológica, al fin y al cabo, y solo había sido un cheque para ella. Clary muerta ya no le servía de nada a mi tía, no podría intentar usarla para quedarse con la herencia, ya no valía nada para ella. Así que no había aparecido, y estoy seguro de que si lo hubiese hecho mi padre la hubiese matado. Así que en e funeral solo habíamos estado los que queríamos a Clary, los que la queríamos de verdad y la echaríamos siempre de menos.

Habían sido esos malnacidos. Los sangre sucia que apoyaban a sus queridos aliados, los muggles… Hacía tiempo que pensaba que los muggles no eran como nosotros, que eran inferiores, y aquellos que les apoyaban fieramente me producían desagrado. Ahora estaba confirmado: eran todos escoria. Un muggle (o al menos quien yo creía que era un muggle) me había arrebatado a mi madre para siempre cuando era un niño y ahora, años después, los defensores de esos animales me habían arrebatado a mi prima…

Estaba en el cementerio, sentado en el suelo frente a la tumba de mi prima. Había sido enterrada justo al lado de Jonathan, no muy lejos de donde la tumba de mi madre estaba. Quería hablar con ella, decirle cualquier cosa… Estaba acostumbrado a hablar con lápidas con los nombres de mis seres queridos, a estas alturas debería ser fácil ya. Pero no lo era. Nunca lo sería.
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Caleb Dankworth el Jue Sep 22, 2016 8:08 pm

-¡NO!- grité justo cuando Serguéi presionó el botón rojo, y por las cámaras del monitor pude ver como el pasillo en el que estaban mi hermano y Abi volaba por los aires. Contemplé la pantalla horrorizado, sin ser capaz de distinguir nada entre la nube polvo y el humo que se había levantado tras la potente explosión. El miedo que me invadió cuando pensé que algo malo podía haberles ocurrido consiguió que me olvidase del terrible dolor que estaba sintiendo en aquellos momentos al estar colgando del techo por cadenas sujetas a mis brazos rotos.

Casi grité del alivio que sentí cuando vi que estaban vivos. Mi cuerpo entero tembló violentamente, jamás había estado en una situación parecida. Había estado en situaciones de extremo peligro antes, sí, pero nunca de esta manera. Me había enfrentado a enemigos que eran mis iguales y había ganado porque la suerte siempre estaba de mi lado y porque solía utilizar métodos más despiadados y sucios que los de ellos para ganar, también me había enfrentado a enemigos más poderosos pero yo había podido defenderme con todas mis fuerzas y había sobrevivido… pero ahora no tenía nada. Nada. Y lo peor es que tenía que ver cómo mi enemigo, al que yo había creído mi amigo durante tantos años, estaba jugando con dos de las personas a las que más quería en el mundo entero como si ellos fuesen ratones y él un gato que les esperaba relamiéndose.

Mi alivio llegó a su fin. Sonreí levemente cuando Abi y Sylvan destruyeron las cámara y no se dejaron vencer. Serguéi pareció molesto durante unos instantes, pero pronto sonrió como si se le hubiese ocurrido algo siniestro, cosa que no me gustó.

-Déjales... en paz…- mascullé dificultosamente a causa del dolor. Era tan intenso que me estaba asfixiando, me costaba respirar y sentía que mis pulmones ardían a causa de la manera en la que las cadenas me tenían colgando del techo. El dolor en los brazos era tan terrible que sentía que la piel se iba a desgarrar.

Serguéi me ignoró y se puso a hablar con Abi y Sylvan por un micrófono. Conociéndoles, tenían que estar furiosos, y eso no me tranquilizaba. No quería que viniesen a por mí, podían morir, y no querían que se sacrificasen por mí. Esta ha sido mi decisión, por estúpida que fuese, y ellos no tenían que pagar el precio de mis errores. Quería gritar, ordenarles que se marchasen y me dejasen morir, que se salvasen y protegiesen a mis hijos y matasen a Serguéi en cuanto el hijo de puta fuese a intentar hacerles daño como había prometido. Pero el dolor era demasiado fuerte, y antes de que consiguiese decir ni una sola palabra Serguéi se había apartado del micrófono y venía hacia mí con dos cuchillos en las manos.

-No te preocupes, moi drug, esto solo te va a dolor un poco…

Para mí esta situación era surreal. Yo no debería estar aquí. Yo debería estar en el lugar de Serguéi, y en mi lugar debería estar una de mis víctimas, una de las miles de personas a las que había torturado despiadadamente para satisfacer mis más oscuros deseos… Intenté moverme y apartarme de él, pero mis pies apenas rozaban el suelo y el dolor me tenía casi totalmente paralizado. No quería admitirlo pero… tenía miedo. Mucho miedo.

Me llegó la hora de sentir en carne propia lo mismo que yo mismo le hacía a mis víctimas. Estaba probando una cucharada de mi propia medicina, como si tras todos estos años el karma por fin hubiese dado conmigo y me estuviese propinando una bofetada en toda la cara. Serguéi clavó el cuchillo en mi pecho, lo suficiente para que el dolor fuese terrible pero no para que la herida fuese letal. Apreté los dientes y aguanté el dolor, tratando de pensar en otra cosa, de escapar de allí mentalmente para no sentir el frío metal hundido en mi carne y la sangre caliente corriendo por mi piel. Pero Serguéi no se detuvo ahí, sino que comenzó a mover el cuchillo, cortando mi piel lenta y profundamente y arrancándome un alarido desgarrador. Era consciente de que Abi y mi hermano podían escucharme a través del micrófono, sabía que esto les afectaría, y no quería que eso pasase, pero no pude contenerme. Era demasiado.

Serguéi continuó moviendo el cuchillo por mi pecho, trazando líneas profundas que chorreaban sangre y le empaparon a él y formaron un charco en el suelo a mis pies. Curvó el cuchillo, lo sacó y volvió a clavármelo en otras zonas de mi torso y siguió moviéndolo y cortándome, escribiendo letras sangrientas en mi piel.

Estuve a punto de desmayarme. Tal vez lo hice, pero el horrible dolor volvía a despertarme para que sintiese toda la agonía de lo que me estaba ocurriendo. Serguéi no rio ni dijo ni una sola palabra durante todo el proceso, queriendo que por los altavoces del búnker solo se escuchasen mis gritos. En un intento desesperado por salvarme de aquella tortura alcé las piernas en el aire, quedando así colgando completamente por las cadenas de mis brazos rotos, y le di una fuerte patada para alejarle de mí y dejase de cortarme. El bruco movimiento hizo que los músculos de mis brazos se desgarrasen a causa del peso muerto sobre los huesos rotos, y la piel de mis bíceps se tornó de un feo y oscuro color morado casi negro. Grité de nuevo, sintiendo dolor por todas partes. Serguéi se levantó del suelo, donde había caído a causa de mi patada, y volvió a acercarse a mí con mirada asesina para proseguir con su tortura. Cuando terminó había gritado tanto que la garganta me ardía, estaba cubierto de sudor y sangre, mi mirada estaba borrosa, y sentía que iba a perder el conocimiento en cualquier momento.

En mi torso, escrito en enormes letras retorcidas en mi piel por el cuchillo, estaba la palabra ASESINO.
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Invitado el Vie Sep 30, 2016 11:24 pm

Tener que entrar en un sitio tirando abajo las paredes no era un buen presagio ni una buena manera de empezar. Hasta el más tonto podría darse cuenta de eso. Sin embargo, era la única manera que teníamos Abi y yo de abrirnos paso y, tras una explosión y una pared rellena de líquido corrosivo, lo de ocultarse como plan B no sonaba tan mal. La manera de jugar de Serguéi era algo con lo que yo estaba familiarizado. Siempre con sus técnicas muggles, se dedicaba a saquear templos tal y como hacía yo. Salvo que yo entraba como una serpiente y salía con lo que buscaba. Él solo dejaba muerte. Mientras yo intentaba que nadie me viera, él llamaba la atención para tener una excusa para no dejar a nadie vivo y con el paso de los años había empezado a admirar su imaginación para la tortura. En gringotts se pasaba por alto esas cosas pues los duendes, en algunos casos, no tenían demasiada consideración con los lugareños. Parecía que, en lo que quiera que fuese aquello que tenía contra Caleb o contra todos nosotros, había hecho acopio de toda su macabra imaginación. Ahora habría que comprobar que podía más, ser inteligente o ser destructivo.

Mi hechizo nos mantuvo ocultos con mucha facilidad y eficiencia, pero desde el punto de vista de alguien que quiere controlar la situación, el no ver a sus enemigos solo era una desventaja. Serguéi no era demasiado dado a perder el control y por eso, cuando nos perdió de vista, sus palabras no tardaron en sonar en las instalaciones y tampoco los gritos de mi hermano. Apreté los puños en silencio mientras la desesperación en las palabras de Abi se me hacía patente y aumentaba así la mía propia.

-Cual es tu manera de desaparecer? Porque si es correr lo más rápido posible no va a funcionar- dije con cierta exasperación. Suponía que no era eso pero en tal situación creí que no estaría de más asegurarse.- Separarse podría funcionar si uno de nosotros muere- dije mirándola a los ojos.- Si eres tú la que va a escabullirse tendremos que hacer el paripé. No se va a fijar en mí de repente, el orgullo no ciega tanto.- dije pensativo.- Si avanzamos un poco más y tiramos otro muro, podemos fingir que sale mal y que tú te quedas atrapada y mueres. Yo en un ataque de ira lo destruiría todo y tú tendrías vía libre para llegar hasta Caleb mientras yo lo distraigo. Podría funcionar. - Dije en el momento en el que los gritos de mi hermano cesaron por completo. Eso me gustaba todavía menos que oírlo gritar pues mientras gritase vivía.- Tenemos que hacerlo rápido- y sin demorarme ni un segundo, cogí a Abi del brazo una vez más y eché a correr hasta un muro que tirar abajo.

-Preparada para morir?- pregunté casi sin esperar respuesta. Deshaciendo la esfera de protección en el último segundo, tiré la pared que teníamos enfrente abajo. Antes de hacer todo lo que tenía que hacer necesitaba hacer acopio de toda mi concentración, pues era una operación muy complicada. Hechizo de explosión realizado, encanté unos cuantos escombros para que cayesen sobre Abi con lo que parecía ser fuerza aunque teniendo cuidado de no matarla de verdad. Yo caí al suelo con más piedras sobre mi, con las que tengo que reconocer que no contaba y, al cabo de unos segundos, me desenterré, gritando en busca de mi compañera.

-Abi! Abi! Estás bien?- pregunté aun sabiendo que no tendría respuesta, más que tal vez un pequeño movimiento de confirmación.

Conseguí liberarme de todo lo que me había caído encima sin querer (aunque en parte era mejor porque así era todo más creíble) y me acerqué al cuerpo “inerte” de la pelirroja. Hice el paripé, totalmente creíble de que intentaba reanimarla con todas mis fuerzas y esfuerzos pero ya todo estaba perdido. La desembaracé de todas las piedras que yo mismo le había puesto encima y con cara de odio me dirigí a la primera cámara que vi y que sabía que nos estaba grabando. Por lo tanto Serguéi estaría mirando por ahi.

Al son de un grito de guerra, una maldición explosiva acabó con aquella cámara y con parte de la pared que la sostenía. Todo el odio que sentía por Serguéi en ese momento estaba concentrado en aquella explosión y en aquella expresión de dolor que me había estado conteniendo desde que me había enterado que mi hermano estaba cautivo. Me aseguré de que no quedasen más cámaras que nos viesen y le hice una señal a Abi para que supiese que todo estaba despejado. Eché a andar en una dirección totalmente distinta a ella y cuando iba a seguir con mi jornada de destrucción, la voz asquerosa de aquel malnacido volvió a sonar por los altavoces.

-Vaya, vaya, vaya...parece que la pelirroja ha terminado la partida.- dijo mientras se podía apreciar el regocijo en su voz.- El juego es entre tu y yo Sylvan, después de tantos años juntos, creo que es demasiado evidente quién va a ganar. Espero que nos encuentres a tiempo para ver como exanguino a tu hermano como el cerdo que es- dijo con alegría mientras se echaba a reír.

Para mí, aquellas palabras significaban dos cosas. La primera que el plan había surtido efecto. Y la segunda, que cuando lo encontrase le iba a arrancar todas y cada una de las partes del cuerpo mientras aún estuviera vivo. Y lo iba a hacer muy despacio, para que sintiese todos los detalles del proceso. Y después lo enterraría, solo para poder mear y sobre su tumba.
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Caleb Dankworth el Sáb Oct 08, 2016 9:16 pm

El dolor de los cortes en el pecho me había hecho perder la conciencia y, durante apenas unos segundos, fui capaz de olvidarme de todo. Del dolor, del sufrimiento, de la tortura… No había nada, solo un terrible vacío y oscuridad, y no estaba tan mal. Pude descansar, hasta que un montón de agua fría me golpeó de repente y me devolvió de nuevo al mundo de la conciencia. Todo el dolor volvió de repente. Habría gritado de no haber sido porque no tenía fuerzas ya ni para eso. Mi vista estaba borrosa, pero pude ver enfrente de mí a Serguéi apuntándome con su varita, con la que me había rociado con agua para despertarme y así poder seguir disfrutando él de mi tormento.

-No te duermas, amigo mío, el show no ha terminado…- rió antes de volver al monitor donde estaban las cámaras de vigilancia. Le seguí con la mirada, apenas siendo capaz de mantener esta enfocada en él. Veía manchas, y a veces todo se oscurecía y tenía que concentrarme muchísimo para poder ver, pero al concentrarme sentía el dolor en el cuerpo con más intensidad. Estaba empapado completamente, no solo por el agua sino por mi sangre, la cual caía por mis heridas hasta cubrirme entero. Me sentía mareado por la pérdida de sangre.

Algunas de las cámaras ya no funcionaban, pero otras sí. Por ellas se podía ver a Abi y a Sylvan recorriendo los pasillos del búnker, buscando la manera de encontrarme… y de repente sucedió algo terrible. Me costó varios segundos procesar lo que ocurría. Vi la explosión en la cámara, la escuché. Hasta se sintió en la sala, cuando temblaron las paredes un poco. Al principio no me asusté, pues antes había habido otra explosión y tanto mi hermano como Abi habían estado bien… Fue entonces cuando escuché el terrible grito de Sylvan, y las crueles palabras de Serguéi.

-No… No…- murmuré casi inaudiblemente mientras me daba cuenta de lo que aquello significaba. Abi había muerto.- No, no… ¡NO!

Ahí estaba otra vez, aquella horrible sensación que había deseado con todas mis fuerzas no volver a sentir nunca jamás. La sensación de que una mano de hielo, cubierta de largas espinas afiladas y retorcidas que desgarraban todo lo que tocaban, se clavaba en mi interior y me arrancaba el corazón del pecho de cuajo, y a la vez me extirpaba el alma también y me dejaba vacío, completamente vacío, sin nada más en mi interior que la más horrible agonía.

-¡ABI! ¡ABI!- grité de una manera tan horrible que pensé que se me desgarraría la garganta. No me importaba, ya qué más da. Abi se había ido. Me la habían arrebatado.

Miré a Serguéi con el más puro e intenso odio. Él me estaba mirando a mí, sonriendo perversamente, lleno de placer por lo que su trampa había provocado. Se puso una mano en el corazón en un gesto de burla y su expresión se transformó en una de falsa pena.

-Mi más sentido pésame…- murmuró, repitiendo las palabras que me había dicho once años atrás durante el funeral de Rose, después de que él mismo la matase a sangre fría.

Serguéi me había quitado a Rose en el pasado. Ahora me había quitado a Abi… El dolor era el mismo, pero había una diferencia. Había conseguido superar la pérdida de Rose, aunque me había costado años. Jamás iba a conseguir superar la pérdida de Abi, ni siquiera si por un milagro yo conseguía salir de este infierno.

Serguéi volvió al micrófono para amenazar a mi hermano, quien seguía vivo y sin abandonar mi búsqueda.

-¡Sylvan! ¡Vete de aquí! ¡VETE! ¡SAL DE AQUÍ!- grité desesperado. Ya había perdido a Abi, no iba a permitir que Serguéi me quitase también a mi hermano y cumpliese después su amenaza de matar a todos mis seres queridos. Necesitaba que mi hermano se salvase, y me dejase morir. Necesitaba que quedase alguien vivo para proteger a mis hijos, y que vengase a Abi, y a Rose, y lo que le había pasado a mi hijo.

-Caleb, es de mala educación echar a la gente de los sitios así- dijo Serguéi burlonamente mientras se acercaba a mí. Había cogido un pequeño aparato de la mesa junto a la que había estado de pie segundos antes. No conseguí ver qué era, pero en cuanto Serguéi llegó a mi lado pegó ese aparato a mi piel y consiguió arrancarme otro grito, pues sentí una horrible descarga eléctrica recorriéndome el cuerpo entero. Estar completamente empapado de agua no ayudaba nada. Serguéi siguió electrocutándome en distintas partes del cuerpo, incluso sobre los cortes que me había hecho antes en el pecho. El dolor amenazó con hacerme perder la conciencia otra vez, pero eso al final no pasó. Serguéi apretó entonces el aparato contra mi espalda durante mucho tiempo, hasta que empezó a oler ligeramente a quemado.- ¡Vamos, Sylvan! ¿Dónde estás? ¡Te estás perdiendo todo el espectáculo!

Igual que hice antes, intenté darle una patada para alejarle de mí. Tuve que soportar el peso muerto de todo mi cuerpo sobre mis brazos destrozados, pero esta vez el dolor al hacer eso fue mil veces peor a causa de las heridas del pecho, las cuales sentía que se desgarraban con cada movimiento mío. Pero estaba débil, muy débil, apenas consciente, y no había nada que pudiese hacer. Serguéi, habiendo perdido ya la paciencia, apuntó los grilletes que estaban unidos a las cadenas que colgaban del techo y que apresaban mis muñecas, y con un hechizo convirtió los grilletes en cepos. Otra vez grité, esta vez al sentir los dientes de hierro clavándose en mis muñecas y haciendo que la sangre cayese por mis brazos y resbalase después por el resto de mi cuerpo. Tuve que dejar de moverme, pues si me movía demasiado corría el riesgo de arrancarme las manos. ¿Pero ya qué más daba? No iba a salir de aquí, lo sabía. Y aunque lo hiciese, Abi estaba muerta…

Estaba a punto de perder la consciencia otra vez, pero una nueva descarga eléctrica me espabiló.

-Moy drug, aún queda mucho juego por delante… Todavía tengo que arrancarte los ojos y la lengua y la piel a tiras- rió Serguéi mientras volvía a levantar el cuchillo con el que me había torturado antes y que ahora estaba acercando de nuevo a mí.
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Abigail T. McDowell el Miér Oct 12, 2016 3:00 am

Soy animaga —contesté sin titubeos. Andarse con rodeos a estas altura era una soberana estupidez y teníamos que actuar rápido si no queríamos arrepentirnos de nuestras indecisiones.

A pesar de que yo confiaba totalmente en mis capacidades como animaga para llegar a cualquier lugar sin ser vista, tenía que admitir que implementar una muerte en el plan iba a ser que sin duda fuese mucho más efectivo a la hora de alimentar el orgullo de nuestro enemigo. Su idea de engañar a Serguéi me pareció estupenda, por lo que no puse ninguna pega a ello. Quizás en otro momento le hubiera encontrado fallas o mejoras, pero en este momento no era capaz de eso.

Nos adelantamos entonces unos pasos, los suficientes como para estar en frente de una cámara y de un nuevo muro al que destruir. Sylvan me miró esperando mi aprobación y yo asentí.

Siempre —¿Miedo a la muerte? Claro. ¿Quién cojones en su sano juicio no tendría miedo a la muerte? Sólo un necio no lo tendría. Pero teniendo en cuenta lo que hago y la magnitud con la que lo hago, desde hace mucho tiempo que estaba preparada para morir.

Entonces, aparecimos en el radio de visión de las cámaras y Sylvan hizo explotar la pared. Si bien en una primera ocasión tenía en mente que aquello no doliese demasiado, dolió más de lo que esperaba ante los golpes que no esperaba, por lo que hacerme la muerta fue hasta un placer de descanso para mi cuerpo. Sylvan vino hacia mí para quitarme los escombros que habían caído encima de mí y me mantuve con el cuerpo muerto, la mente vacía y rostro impasible. Después de inútiles intentos —aparentemente— de Sylvan por salvarme, sufrió ese meditado ataque de ira en dónde rompió la cámara. Yo aproveché para levantarme, convertirme y salir corriendo.

Por un momento me pregunté si habría funcionado, pero las palabras de Serguéi no tardaron en resonar por los altavoces del búnker dándome la respuesta. No solo las palabras de Serguéi, sino incluso los gritos de Caleb que corroboraban que me había visto morir a través de la cámara.

Gracias a lo rápido que corría, el olfato y la vista agudizada que poseía en la oscuridad me fue fácil ubicarme, sobre todo después de haber visto el camino anteriormente con aquel hechizo. Corrí pegada a la pared de todas las cámaras, evitando así que pudiera verme a simple vista nadie, además de que casi me camuflaba en la oscuridad de los pasillos en dónde no había apenas una luz.

Llegué a un lugar en dónde la luz volvía a estar presente en forma de luces de emergencia iluminadas con muchísima suavidad. Dejé de correr al ver que los caminos ya no estaban tan claros y me paré en frente de unas escaleras que bajaban y daban lugar a una puerta de metal que, aparentemente, parecía infranqueable. Estaba segurísima de que estaban al otro lado de esa puerta, ya que entre otras cosas muchos cables iban directos al interior de ese habitáculo por lo que debía de ser una habitación activa con aparatos electrónicos. Bajé los primeros escalones hasta llegar a la puerta y volví a adoptar mi figura humana para poder examinarla; estaba cerrada herméticamente, además de que seguro que tenía algún encantamiento mágico para reforzarla. Sin embargo, nada más tocarla, cualquier atisbo de luz que hubiera por la zona, desapareció tras un ruido de bajada de corriente. Pude escuchar como en la otra parte de la puerta se escuchaba a Serguéi cagándose en todos los muertos de la familia Dankworth —no sabía si por culpa de Caleb o de Sylvan, aunque para el caso era lo mismo— y cómo, por su voz, se acercaba a la puerta.

Rápidamente volví a convertirme y a subir las escaleras, escondiéndome en la oscuridad del pasillo justo a tiempo de que Serguéi abriese la puerta. Salió murmurando mil maldiciones en relación con los Dankworth y la maldita electricidad y yo no perdí el tiempo, ya que desde que pasó a mi lado, sin verme, yo corrí escaleras abajo para poder entrar por la puerta que ahora carecía de ninguna protección. Podría haber atacado a Serguéi, pero había ordenado mis prioridades: primero salvar a Caleb, luego hacer que Serguéi implore por su propia muerte. Sí.

Traspasé la puerta y estaba todo oscuro, pero el olor a sangre no pasó en absoluto desapercibido. Caleb estaba allí dentro. Volví a adoptar mi forma humana con sigilo y saqué mi varita, conjurando un Lumos. Lo que vi delante de mí me destrozó completamente por dentro. ¿Esa parte humana que creí desaparecida hace mucho tiempo? Pues acababa de derrumbarse en mi interior lenta y dolorosamente. Tragué saliva y me acerqué a Caleb, empapado en agua y sangre, y lo primero que hice fue apuntar a las cadenas que le estaban desangrando las muñecas para hacerlas desaparecer. Su cuerpo cayó débil hacia abajo y le sujeté lo mejor que pude, agachándome con él para intentar hacer que reaccionase mientras mi mirada se dirigía a todas las heridas que podía ver en la oscuridad gracias a mi hechizo, aunque lo que más llamó mi atención fueron las letras grabadas en su pecho. Lo miré a los ojos y le aparté el pelo del rostro sin saber cómo narices ayudarle.

¿C-Caleb? —pregunté, moviéndolo con cuidado pero con cierta desesperación—. ¿Me escuchas? Vas a tener que reaccionar si quieres que salgamos de aquí... —añadí, ya que había intentando desaparecerme en el interior de esa habitación y no podía.

De repente, la luz volvió y pude ver con claridad toda la habitación en donde me encontraba y también el estado de increíble gravedad en el que estaba Caleb. Mis manos se habían llenado de su sangre, al igual que parte de mi ropa al haberle sujetado. Él parecía no tener nada en su sitio y estar terriblemente débil. Acerqué mi oído a sus labios y pude sentir cómo aún respiraba, pero con una debilidad que me heló la piel. Apunté con mi varita a sus heridas más graves (muñecas y profundas cuchilladas en el costado y pecho) y con un sencillo hechizo hice que dejasen de sangrar, por lo menos por el momento. Eran heridas mucho más graves de lo que yo estaba acostumbrada a curar con un simple hechizo, por lo que dudaba mucho que fuera demasiado efectivo.

Te voy a sacar de aquí. Concéntrate en no quedarte inconsciente. —Le pedí en voz baja, casi susurrándolo.

Me puse en pie y no le hice ponerse en pie porque si no iba a salir peor parado. Con ayuda de la varita lo moví hasta las escaleras de la puerta con rapidez y pude escuchar como Serguéi volvía nada más pisar el primer escalón, ya que venía canturreando una siniestra canción. Fue justo en el momento en el que apareció por las escaleras, el mismo momento en el que yo abracé a Caleb y pude desaparecerme con él hacia su mansión, escuchado un grito de pura frustración y odio por parte de Serguéi que recorrió todo el búnker.
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