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De hombres y monstruos [Lena Milkovich]

Invitado el Miér Jun 29, 2016 6:24 pm

„Tiempos de paz en el mundo mágico” rezaba el titular de una de las ediciones de El Profeta que Jane había leído hacía menos de dos semanas. Era cierto que tras el nombramiento de la nueva Ministra de la Magia las cosas parecían haberse calmado, las desapariciones habían disminuido considerablemente y los asesinatos habían sido nulos en el último par de meses. Pero los hechos recientes demostraban una vez más que nadie podía confiarse. La matanza de las dos alumnas de Hogwarts había consternado a toda la comunidad mágica, no sólo por la brutalidad del ataque sino también porque todos se habían visto sorprendidos al enterarse de que no eran mortífagos, sino pro-muggles los responsables del homicidio.

Todo parecía estar patas arriba tanto dentro como fuera del Ministerio. La confusión y el miedo reinaban nuevamente entre los magos y brujas de Gran Bretaña, y esta vez los sangre limpia estaban incluidos. Tras darse a conocer la noticia habían surgido numerosos altercados entre los distintos bandos de la comunidad, pero afortunadamente la situación había podido controlarse a tiempo en todos los casos. Todo esto había tenido a Jane más ocupada de lo normal. La gente volvía a sentirse insegura e inconforme y los aurores tenían que hacer todo lo posible por evitar nuevos enfrentamientos agresivos y, por supuesto, nuevos asesinatos. Las investigaciones ya no estaban limitadas a magos y brujas puristas, sino a cualquier pro-muggle extremista.

Ese día la propia Ministra intentaría calmar a los medios aclarando las dudas de la comunidad en una rueda de prensa. Jane y otros tres aurores habían sido designados para la supervisión del evento, pues dada la situación había que tomar todas las medidas de seguridad que fuesen necesarias. Dos de los aurores estarían mezclados entre el público mientras que Jane y otro colega se mantendrían cerca de Lena Milkovich.
-Esperamos un evento pacífico, Jane, pero si algo llega a pasar recuerda que la seguridad de la Ministra es lo primero para nosotros. Cooper y Novikov se encargarán del resto.

No era la primera vez que trabajaba con Tobias Hardie. Se trataba de un auror experimentado, aunque algo tosco. A pesar de ser un hombre de pocas palabras, a Jane le agradaba. En ese momento se encontraban en su oficina. La joven lo observó mientras sacaba un reloj de bolsillo y miraba la hora.
-Bien, Lena ya debe estar por salir. Pongámonos en marcha.
Ambos se levantaron de sus asientos y salieron del lugar. Tomaron uno de los ascensores y se dirigieron al primer piso, donde Tobias le dio una última instrucción.
-Ve por la Ministra, yo me aseguraré de que todo esté en orden para su llegada.
-De acuerdo, nos vemos allá.

Tras separarse del auror se encaminó hacia la oficina de Lena, llegando justo cuando la puerta se abría. Había tenido algunos encuentros con ella desde su nombramiento, pero habían sido fugaces, simples saludos cuando se encontraban por los pasillos. Apenas la conocía, pero le agradaba mucho más que el antiguo ministro.
-Buenos días, señora Milkovich. Soy Jane Penderwick -se presentó por si acaso, pues no recordaba haberlo hecho formalmente en el pasado, aunque suponía que la ministra estaría informada acerca de quiénes trabajaban para la seguridad mágica-. Hoy estaré a su servicio. ¿Está lista? -preguntó sin sonar impaciente. Después de todas las tareas que le habían asignado en esos años, había aprendido a mantenerse tranquila frente a casi cualquier situación o persona.
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Lena B. Milkovich el Jue Jul 14, 2016 10:47 pm

Desde que había asumido su nuevo puesto como Ministra de Magia. Las cosas en el Mundo Mágico habían cambiado notablemente, del mismo modo que lo había hecho en el Mundo Muggle. Las desapariciones de magos en contra de la pureza de sangre habían menguado, también lo habían hecho los ataques a muggles y nacidos de estos e incluso el número de partidarios de los ideales puristas parecía haber disminuido en los últimos meses. Podía ser cierto. Podía ser un aviso, pues muchos dicen que después de un periodo de calma llega la tempestad. Podía ser cualquier cosa. Pero realmente nunca sabrían cuál era la realidad.

El Mundo Mágico se sentía más seguro que nunca. Los Mortífagos estaban siendo desenmascarados y por eso habían dejado de actuar. Los juicios se estaban llevando a cabo periódicamente para poner ante la ley a aquellos cuya moralidad fuese dudosa y sus actos lo corroboraran. Las leyes estaban siendo aprobadas unas tras otras para proteger a magos y a muggles de una amenaza que parecía inminente.

Pero no todo podía ser de color rosa eternamente. El sol no podía brillar durante tanto tiempo sin que llegase un chaparrón. Y ese chaparrón llegó en forma de un ataque. De un ataque impredecible y que nadie esperaba pues, por una vez, las tornas cambiaron drásticamente. La presa pasó a ser el cazador y el cazador a ser la presa.

Apenas habían pasado veinticuatro horas desde aquel suceso que había puesto en vilo a la comunidad mágica. Y apenas habían pasado seis horas desde que la nueva edición de El Profeta había publicado aquel desafortunado incidente en su primera página. Lena había sido una de las primeras personas en ser informadas del ataque de los nacidos de muggles a dos jóvenes estudiantes de sexto y quinto curso de Hogwarts. Ambas pertenecían a conocidas familias sangre limpia e incluso una de ellas pertenecía a los sagrados veintiocho. Aquello había resultado todo un dolor de cabeza para el Ministerio de Magia, que no tuvo tiempo antes de que la prensa hiciese público lo sucedido.

Por aquella razón, la Ministra y su asistente habían preparado una rueda de prensa ante los medios de comunicación más influyentes en la comunidad mágica. Apenas habían contado con unas horas para preparar todo aquello. Abi acababa de marcharse a casa con el día libre tras haber pasado la noche en vela trabajando y Lena cumpliría con su parte del trabajo antes de volver a su despacho para intentar descansar de todo aquello.
Abrió la puerta de su despacho tras coger un par de documentos y se encontró de lleno con el equipo de Aurores que se encargarían de si seguridad en aquella ocasión. El equipo estaba formado por una única mujer rubia con media melena y una sonrisa de lo más acogedora. Lena intentó contestar a la sonrisa del mismo modo, pues debido a la falta de sueño apenas se sentía persona. - Jane. - Repitió la mujer mirando a la chica, cuya cara le resultaba familiar. - Llámame Lena. Eso de Señora Milkovich me queda demasiado grande. - Dijo la mujer antes de acercarse a la mesa de su secretaria. - Si Abi viene a trabajar, quiero que la mandes directamente a casa. Tiene el día libre, recuérdaselo. - De volvió hacia Jane con una sonrisa y le hizo un gesto con la mano para que la siguiese.

- Vamos, no hay tiempo que perder. - Pasaron por un largo corredor hasta llegar a la zona de los ascensores que conducía a la planta principal, donde la prensa aguardaba a la llegada de la Ministra. - Dime Jane, ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en el Ministerio? - Preguntó la mujer una vez se encontraban en el ascensor avanzando hacía el vestíbulo del Ministerio.

Una vez llegaron al vestíbulo, Lena pasó en primer lugar entre un grupo de trabajadores del Ministerio recibiendo los saludos de unos y de otros hasta alejarse del ascensor lo suficiente como para llegar a la plataforma habilitada en el vestíbulo para la rueda de prensa.

La mujer carraspeó y esperó a que los allí presentes guardaran silencio. Tocó la garganta con la punta de su varita y comenzó a hablar con el tono de voz más elevado, haciendo que todos los allí presentes pudieras escuchar sus palabras. - Buenos días a todos. - Comenzó la mujer. - Como ya sabéis, la Comunidad Mágica sufrió un duro golpe la pasada madrugada cuando dos jóvenes fueron brutalmente asesinadas. Sus cuerpos fueron rápidamente retirados y sus familias avisadas para que pudiesen darles un funeral digno tal semejante acto de brutalidad. El Ministerio de Magia lleva meses trabajando y velando por nuestra seguridad y esto ha supuesto un duro golpe también en nuestra gestión. Se avecinan tiempos difíciles donde debemos ser cautos y trabajar codo con codo para que este tipo de situaciones no vuelvan a suceder. Este tipo de acciones no tienen cabida en el mundo en el que vivimos y los culpables serán juzgados acorde a sus actos. El Ministerio está trabajando en dar con los culpables e informaremos de todo lo posible según lo consideremos necesario. - Hizo una leve pausa antes de proseguir. - Por el momento no se facilitará más información y el cuerpo de seguridad del Ministerio de Magia se encargará de resolver todas las dudas que tengan siempre y cuando consideren preciso contestar.

Los flashes de las cámaras comenzaron en ese momento y varias manos se alzaron luchando las unas contra las otras por ser las primeras en ser visualizadas. El primero en hablar fue un hombre con entradas marcadas y bigote oscuro. - Según mis fuentes, el ataque fue perpetrado por un grupo pro-muggle. ¿Qué posición toma el Ministerio respecto a esto? - Lena aguardó unos segundos a que se hiciese el silencio una vez más y menguasen los comentarios que en voz baja hacían unos y otros. - No se conoce la existencia de ninguna organización pro- muggle, pero se está investigando al respecto. Queremos saber si se trata de un caso aislado o de un grupo bien organizado con ideas bien mercadas. - Dijo haciendo una comparación indirecta con los ya existentes Mortífagos. - Pero os aseguro que se llevará una investigación minuciosa de lo sucedido y que los culpables se enfrentaran a la ley. No importa que causa se intente defender, estas acciones no  pasarán sin castigo. No en nuestro país.

Las preguntas se fueron sucediendo, muchas de ellas referentes al estado de los cuerpos de sendas jóvenes, preguntas que Lena dejaba sin contestar de manera educada. - Por respeto a las familias esa información quedará bajo informe de sumario. - Contestaba una vez tras otra intentando librarse de aquel tipo de interrogantes. - Sí, ambas jóvenes pertenecían a familias de magos sangre limpia. - Otra respuesta que tuvo que dar en más de una ocasión.

Aún quedaban un par de manos levantadas cuando un rayo de luz verde impactó de golpe contra uno de los miembros del equipo de seguridad más cercanos a Lena. La mujer elevó sendas manos y se tapó la boca sin emitir sonido alguno al ver cómo el cuerpo de aquel Auror caía inerte al suelo. Aquello fue acompañado por gritos de los allí presentes, una sonora explosión sobre el atril que se encontraba frente a la Ministra, una amplia nube de humo provocada por las diversas explosiones que siguieron a la primera y diferentes  rayos de luz que cruzaban la estancia de un lado a otro.
Lena B. Milkovich
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Invitado el Jue Ago 04, 2016 10:18 pm

Estaba segura de que la situación no debía haber sido fácil de manejar para la ministra. Si las investigaciones llevadas a cabo por los aurores ya estaban resultando complicadas, ser quien debía dar la cara en un escenario tan oscuro debía ser mucho peor. No le habría gustado estar en sus zapatos, pero sabía que la mujer era querida por muchos y había sido bien recibida tras su nombramiento, así que esperaba que la comunidad demostrara su apoyo.
-Por supuesto -respondió en cuanto le pidió que la llamara por su nombre de pila, algo que internamente agradeció pues eso creaba cierta familiaridad entre ambas y hacía que todo fuese más relajado.

Caminaron por el pasillo hasta llegar a los ascensores y tras subir en uno de ellos la auror se volvió hacia Lena para responder su pregunta.
-Un poco más de medio año -le dijo tras hacer un rápido conteo mental-. Me gradué a fines del año pasado -explicó al tiempo que el ascensor empezaba a moverse. Tras decir aquello se dio cuenta de que podría resultar un poco inquietante saber que tu seguridad está en manos de una “novata”, así que se apresuró en añadir:
-No te preocupes, no es la primera vez que me asignan algo importante -y acompañó esto de una sonrisa confiada.

Cuando llegaron al vestíbulo el lugar ya estaba lleno. Algunas cámaras empezaron a disparar cuando los fotógrafos se dieron cuenta de la presencia de la ministra, y Jane se mantuvo a su lado mientras avanzaban hacia la plataforma preparada para el discurso, donde los esperaba Hardie. Mientras Lena empezaba a hablar hacia el público, Jane aprovechó para examinar la escena con la mirada, escrutando a todos los presentes con ojo hábil. Reconoció a los otros dos aurores entre la multitud, medio camuflados como si fueran un par de reporteros más; Cooper llevaba la larga cabellera oscura recogida en una cola de caballo y Novikov vestía la chaqueta de cuero que casi siempre solía llevar puesta.

Todo parecía tranquilo. Aunque los oídos de Jane estaban puestos en el discurso de la ministra, su atención estaba más centrada en los reporteros y fotógrafos. El tiempo transcurrió más rápido de lo que hubiera imaginado, y parecía que poco a poco la rueda de prensa se acercaba a su fin. Mientras pensaba en el chocolate caliente que se tomaría cuando estuviera libre, acompañado de las galletas que le había enviado su madre, sus ojos se detuvieron en un grupito de periodistas que movían sus plumas sobre sus pergaminos. Gente cumpliendo con su trabajo, lo normal, pero había uno en particular que no movía la pluma y mantenía los ojos fijos en el pergamino. Aquello le llamó la atención, y cuando giró el rostro hacia la izquierda, mirando más allá de la ministra para encontrarse con Hardie, notó que él también la miraba a ella.

Tenía una expresión algo tensa. Le vio acercar su mano hacia su muñeca y darse un toquecito con el dedo índice, y justo entonces un rayo de luz verde atravesó la estancia dando de lleno contra él. Los gritos empezaron de inmediato. Mientras Jane veía caer a su colega al suelo, sacó su varita y luego se volvió hacia Lena.
-¡Cuid…! -no alcanzó a terminar la palabra pues el atril ubicado frente a la ministra explotó haciendo que ella retrocediera intentado esquivar los pedazos de madera que volaban peligrosamente en todas direcciones. Nuevos hechizos sumados a más gritos se habían apoderado de la escena, y Jane sabía que su prioridad era proteger a la ministra. De un salto se ubicó frente a ella y conjuró un Cave Ininicum que esperaba fuese lo suficientemente fuerte para evitar los ataques, aunque era difícil predecirlo sin saber de quién se trataba.

-Lena, ¿te encuentras bien? -le preguntó examinándola rápidamente con la mirada. Quería asegurarse de que estuviese en condiciones de correr, pues tenía que sacarla de allí cuanto antes. El caos se había formado en cuestión de segundos y además del humo que rápidamente estaba cubriendo el lugar, la gente corría despavorida para intentar protegerse.
-Mantente cerca de mí en todo momento. Debemos irnos de aquí.
Apenas había terminado de decir aquello cuando otro un rayo de luz blanca cruzó el aire en su dirección, perdiéndose abruptamente al dar contra la barrera invisible que Jane había invocado.
Un mortífago acababa de materializarse frente a ellas, con una capa oscura cubriéndole por completo y su característica máscara plateada.

-¡Expulso! -gritó lanzando un nuevo hechizo al enemigo. Justo después se escuchó una segunda voz viniendo desde el otro lado.
-¡Muerte a los defensores de muggles! -otro mortífago había aparecido y apuntaba hacia Lena con su varita, pero esta salió despedida cuando Novikov lo desarmó. No pudo concentrarse en el auror pues el primer mortífago volvía a atacar y no podía saber a ciencia cierta cuánto tiempo aguantaría el hechizo protector.
-¡Iacio sagittas! -Jane disparó flechas en dirección al mortífago, quien las esquivó hábilmente, pero la auror aprovechó el momento para lanzarle un Religio tan rápido como pudo y así encadenarlo.
-¡Lena, conmigo! -al fin tenían unos segundos libres y tenían que aprovecharlos. Pegándose a la ministra hizo una señal con la cabeza hacia las chimeneas de la Red Flu. El Ministerio ya no era un lugar seguro.
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Lena B. Milkovich el Dom Ago 07, 2016 9:54 pm

Contrariamente a lo que otras muchas personas pudiesen llegar a pensar Lena confiaba plenamente en Jane aún con su poca experiencia. Había conseguido superar las pruebas para Auror con éxito y había estado en la Academia de Aurores durante años por lo que no encontraba una razón válida para no considerar a aquella mujer como alguien incapaz de cumplir con su trabajo. Nunca había cometido una imprudencia que causase problemas y, aunque esto pudiese deberse el poco tiempo que llevaba ostentando en el cargo, para Lena era más que suficiente. Ella confiaba en las personas, ¿Por qué no confiar en su ahora acompañante?

Pasó por alto las palabras de la chica, y es que no consideraba necesario afirmar que confiaba en ella y que de no hacerlo, tenía poder suficiente como para que cualquier otro Auror con mayor experiencia la sustituyese en aquel preciso instante. De igual modo, de haber querido que un Auror en concreto se encargase de aquella tarea, habría podido pedirlo.

- ¿Y qué tal el trabajo en el Ministerio de Magia? ¿Era lo que esperabas? – Preguntó la mujer con tono amable mientras ambas avanzaban por el ascensor, el cual no dejaba de moverse de un lado a otro en las marcadas curvas, subidas y bajadas que dibujaba en su recorrido.

Una vez llegaron al vestíbulo, se toparon con una gran cantidad de personas que esperaban a resolver sus dudas respecto al reciente ataque perpetrado por un grupo de pro-muggles. Se habían llevado investigaciones al respecto pero Lena, como Ministra de Magia, apenas había recibido la información pertinente para poder salir airosa de aquella rueda de prensa. Había ensayado en numerosas ocasiones en compañía de su asistente lo que tenía que decir y cómo tenía que hacerlo. Del mismo modo Abí se había empeñado en ayudar con respecto al lenguaje no verbal y es que Lane no estaba acostumbrada a hablar frente a grupos tan numerosos de personas.

Sus ojos estaban clavados en un punto infinito de la multitud mientras hablaba de manera que pudiese centrar toda su atención en el discurso. Tras varios minutos, fue capaz de visualizar de manera nítida al grupo de personas que, pergamino y pluma en mano, se arremolinaban a escasos metros de distancia. Comenzó a ser consciente de la cantidad de flashes que se cernían sobre ella y fue pasando la mirada de unos a otros, sin prestar demasiada atención a ninguno de los presentes en particular. Tan solo eran caras. Caras de desconocidos cuya única finalidad era la de estar allí para escuchar sus declaraciones y juzgar tanto la situación como la actuación en particular del Ministerio de Magia.

No fue consciente de cómo sucedió todo aquello. De pronto la multitud había desaparecido de su vista para dar paso a una gran nube de humo de la que salían hechizos. Uno de los hombres situado a su lado había caído muerto a pocos metros de donde se encontraba y, fruto de la última explosión frente al atril, Lena había salido disparada apenas tres metros de distancia, golpeándose contra la pared.

La mujer se encontraba ligeramente aturdida por el golpe y por la situación. Su varita ya se encontraba firmemente agarrada entre sus dedos, alzada con intención de protegerse a sí misma y a todo aquel que pudiese ayudar. Pero a su vez, su cerebro no acababa de procesar todo aquello que acababa de suceder ante sus ojos. ¿En qué momento los periodistas habían dado paso a aquel ataque tan bien organizado?

No podía ver a causa del humo que las explosiones había creado, tanteó a ciegas el terreno con sendas manos hasta escuchar la voz de Jane. Elevó el rostro y pudo ver la silueta de la mujer, por lo que hizo un esfuerzo por levantarse aún cuando su cabeza y oídos no se recuperaban de las explosiones tan cercanas. Notaba como escuchaba todo a más distancia de lo que debería, como si estuviese más lejos de lo que realmente estaba. Y aquel pitido que recorría su cerebro no paraba ni un segundo de hacerlo.

- Hay que sacarlos de aquí. Aquel hombre… - Quería ayudar al único que había visto caer a causa de la maldición asesina, pero bien sabía que ya no había nada que pudiesen hacer por él. Ya habría tiempo para preocuparse para sacar su cuerpo de allí, pero lo primero era salir del vestíbulo con vida.

Lena no pudo más que afirmar a las palabras de Jane, pues le quedó claro que en aquella ocasión la voz cantante le pertenecía a su acompañante. Apenas pudieron avanzar cuando un rayo de luz blanca golpeó ola barrera protectora que se encargaba de mantener seguras a ambas mujeres. Y después de aquello, lo siguió una pequeña nube de humo de color negro que dio paso a la aparición de un hombre enmascarado: un Mortífago.

Los ataques iban en todas las direcciones pero Lena no era plenamente consciente de lo que estaba sucediendo. Notaba el malestar en el ambiente y aquel pitido que seguía taladrando el interior de su cabeza. Elevó su varita por si debía usarla pero, como defensora de las personas, se sentía incapaz de usar un hechizo que pudiese causar un daño permanente. Se limitó a lanzar un hechizo de desarme a otro de los Mortífagos que intentaba acercarse a ellas, haciendo que la varita de este se perdiese en la distancia y se viese obligado a ir a buscarla. Pues Lena no iba a lanzar un segundo ataque para acabar con su vida ni para dañarlo.

Al escuchar nuevamente la voz de Jane se giró hacia el foco del sonido. Lena entendió rápidamente lo que Jane pensaba hacer pero como Ministra de Magia se sentía incapaz de dejar a aquellas personas a su suerte para ponerse en un lugar seguro.

- No podemos irnos. – Dijo agarrando el brazo de Jane. - ¡No podemos dejarles aquí! – Añadió elevando el tono de voz para que este se escuchase por encima de los gritos y las explosiones. – Jane, esta gente es mi responsabilidad. Debemos salvar a todos los que podamos. Mi deber con la Comunidad Mágica… - Pero no tuvo tiempo de continuar la frase, pues un Mortífago se materializó frente a sendas mujeres, ladeó la cabeza y soltó una risa como si ya hubiese logrado su cometido para aquel día.
Lena B. Milkovich
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Invitado el Lun Ago 15, 2016 6:38 pm

Todo era humo y caos. Jane seguía sin entender cómo habían llegado a esa situación con tanta rapidez, ¿no se suponía que el Ministerio era uno de los lugares más seguros para magos y brujas? Estaba segura de que se habían tomado todas las medidas de seguridad necesarias para un evento de esa naturaleza y no dudaba de que los periodistas y fotógrafos habían pasado por los controles pertinentes antes de que se les permitiera participar de la rueda de prensa. ¿Cómo había ocurrido la infiltración entonces? Había imaginado que podría surgir algo de violencia entre aquellos que no estuviesen conformes con la situación que se había tratado en el discurso, pero no esperaba un encuentro con mortífagos para aquel día.

Lena parecía conmocionada, como lo estaría cualquiera en una situación como esa. Cuando mencionó a Hardie Jane sintió que se le encogía el estómago. No había tenido tiempo de asimilar siquiera que su colega había muerto. Pero la auror había sido entrenada para poder actuar con la cabeza fría en momentos así y no podía permitir que las emociones le nublaran la mente, no ahora.
-Lena, entiendo que quieras ayudar, pero las órdenes que me dieron fueron claras: tu seguridad es mi prioridad número uno -entendía a la mujer mejor de lo que podría imaginar, pues también ella quería quedarse allí y asegurarse de poder salvar a cuantas personas le fuese posible. Y desde luego que también era difícil enfrentarse a dos autoridades diferentes; un auror superior por un lado y la mismísima ministra de la magia por el otro.

-Te prometo que volveremos en cuanto las cosas se hayan calmado un poco, pero si nos quedamos aquí... No habrá mucho que puedas hacer -corría grave peligro, lo sabía. Los mortífagos estaban allí por ella, para secuestrarla o directamente asesinarla. Tenían que salir de allí cuanto antes. Ese era el plan, eso era lo que Hardie le había ordenado. Había dos aurores que se encargarían del resto de la situación y seguramente otros más llegarían pronto.
No hubo tiempo para más cavilaciones pues otro mortífago había aparecido frente a ellas. ¿Cuántos más habría? Otro intercambio de hechizos se produjo entre Jane y el enmascarado, y entre explosiones y chispas logró lanzarle un Religio e inmovilizarlo por un momento.

Rápidamente tomó a la ministra del brazo como ella misma había hecho momentos atrás y empezó a avanzar hacia las chimeneas.
-Es ahora o nunca -le apremió tirando un poco de ella para que la acompañara. El humo había cubierto toda la estancia y dificultaba la visión, pero Jane sabía hacia dónde iba. Ya no faltaba mucho. Casi habían alcanzado una de las chimeneas cuando una voz familiar la llamó por su nombre.
-¡Jane, espera! -la aludida se dio vuelta sin detenerse; sólo lo hizo cuando comprobó que se trataba de su colega Novikov.

-¿Qué ha pasado con los demás? -preguntó rápidamente.
-Están todos a salvo. Los mortífagos no estaban interesados en los reporteros, sino en la ministra -el auror clavó sus ojos en Lena.
-Tengo que sacarla de aquí, este lugar no es seguro -aún tenía la varita en alto. Novikov apoyó su mano en su brazo, haciendo algo de presión para que lo bajara. Fue entonces cuando notó algo extraño, algo que faltaba. Novikov había estado de cumpleaños un par de semanas atrás y los aurores le habían regalado un reloj dorado que no se había quitado desde entonces... Hasta ahora.
-Tranquila, Jane, Cooper y yo hemos controlado la situación. El peligro ha pasado.
Jane lo miró cuidadosamente, como si fuese la primera vez que lo hacía. No, algo le decía que el peligro no había pasado.
-Yo puedo acompañar a la ministra a partir de aquí.

El segundo siguiente fue el decisivo, ese instante en el que la tensión sube hasta llegar a un límite y el instinto indica que algo va a salir mal. Jane entendió entonces la señal que Hardie le había hecho antes de recibir el impacto del hechizo que le había quitado la vida, y supo que sus sospechas sobre algún periodista no habían sido del todo correctas; el ataque había sido iniciado por uno de los suyos.
-¡Lena! -empujó a la ministra hacia un lado y preparó su varita, pero Novikov -o mejor dicho, el mortífago que se hacía pasar por él- fue más rápido; un rayo de luz impactó contra ella lanzándola contra una de las paredes. El impacto hizo que su alrededor le diera vueltas y la cabeza le retumbara mientras se ponía de pie tan rápido como podía, tratando de enfocar la mirada para poder lanzar un siguiente hechizo.
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Lena B. Milkovich el Jue Ago 18, 2016 12:00 pm

Era bien sabido que las personas tienden a perder las formas ante situaciones ante las que sienten disconformidad. Lena lo sabía de sobra, y se había puesto en lo peor al imaginar cómo reaccionarían los periodistas al no recibir la información que habían ido a buscar. Aquello era una rueda de prensa para informar de la situación actual y del suceso en concreto que había tenido lugar pocos días atrás. Pero no era ni de lejos una rueda de prensa destinada a saciar la curiosidad de la prensa rosa, ni mucho menos la de aquellos cuyos únicos intereses residen en saber los litros de sangre que llegaron a perder las víctimas o si aún seguían con vida cuando fueron colgadas cual meros trofeos en las calles de la ciudad.

Pero, sin lugar a duda, no había imaginado que la situación llegase a tal punto. A un punto que no tenía nada que ver con la rueda de prensa sino que era un alarde más de aquellos que se hacían llamar Mortífagos de su poder y supremacía, colándose una vez más en el Ministerio de Magia y arrasando con todo y con todos, sin importar quiénes fueran o qué hacían en aquel lugar. No les importaba si eran trabajadores cuya sangre pertenecía a los antiguos linajes de la sangre o si eran meros empleados de algún periódico local hijos de un matrimonio muggle. No importaba si pertenecían a un alto rango o si por el contrario limpiaban en el Ministerio y habían abandonado durante breves minutos su puesto de trabajo para escuchar la rueda de prensa. Para aquellos hombres y mujeres enmascarados nada importaba salvo ellos mismos y,  por supuesto, demostrar su superioridad arrasando todo lo que encontrasen a su paso.

Se negaba en rotundo en salir de allí. Pero su mente también parecía negarse en rotundo a comprender que debía hacerlo si quería salir con vida. Estaba en shock, sin duda alguna. Aún no había asimilado como de buenas a primeras todo el mundo se había venido abajo sin previo aviso. Aún no había asimilado que conocidos y desconocidos caían al suelo sin poder volver a levantarse. Aún no había asimilado el peligro que en aquel momento corría su vida, pues sólo pensaba en poder ayudar a los que estaban allí.

Al  mismo tiempo, su cabeza no parecía funcionar como acostumbraba a hacerlo. Se encontraba mareada, perdida en aquella situación. Sus ojos no enfocaban con claridad sino que iban saltando de un lugar a otro viendo el drama que tenía lugar en cada esquina. Su cabeza parecía haberse tomado unas merecidas vacaciones en algún lugar muy alejado de donde estaban y sus oídos haber perdido la sensibilidad hasta tal punto que escuchaba la situación como si esta tuviese lugar en una realidad alternativa.

Otro Mortífago apareció y desapareció en apenas unos segundos. Jane lanzó un hechizo certero contra el enmascarado y Lena lo volvió a perder de vista al ser obligada a avanzar entre el barullo y el humo. Avanzó tanto perdida como a regañadientes. No sabía exactamente lo que pasaba a su alrededor y su cabeza se negaba a reaccionar todavía.

Lena alzó la varita para bajarla rápidamente al darse cuenta que la siguiente figura en aparecer era otro Auror. No lo conocía ni de vista, pero si Jane había bajado la guardia sería por algo. Confío en la chica y se giró para comprobar que nadie las seguía salvo aquel hombre cuyo nombre desconocía. Escuchó a duras penas la conversación entre ambos y, por alguna razón pensaba negarse en rotundo en ir con aquel hombre. ¿Qué podía hacer Jane contra los Mortífagos que no pudiera hacer él? Además, Jane era la encargada de su seguridad no aquel hombre. No pensaba dejar que se llevase el mérito de haber sacado sana y salva a la Ministra de Magia y dejar a la encargada de su seguridad como una incompetente que necesitaba la ayuda de otros para lograr hacer bien su trabajo.

Pero no fue necesaria su negativa. Las cosas volvieron a sucederse a toda velocidad. La voz de Jane en un grito con su nombre y un golpe que obligó a que la mujer se apartase lo más rápido posible. Elevó la varita una vez más aún a sabiendas que le costaba una barbaridad usarla para lastimar a otra persona. Las situaciones desesperadas exigen de medidas desesperadas y Lena tenía que actuar como tal.

Jane había salido disparada y la había acabado por perder de vista. Ella por su parte, había caído al suelo y la nube de humo le daba una ventaja sobre el otro Auror, quien irónicamente había sido el causante del ataque de Jane.

Casi de manera inconsciente, elevó la varita hacia aquel hombre lanzando un Expulso no verbal que impactó contra uno de los hombros de la figura, la cual salió varios metros despedido hacia atrás pero volvió a recargar contra sendas mujeres. Lena intentó alejarse y buscar a Jane para ver si estaba bien.

- ¿Jane? – Preguntó en apenas un susurró mientras caminaba a tientas por el vestíbulo. - ¿Jane? – Volvió a preguntar con voz temblorosa, pues por nada del mundo quería imaginar que aquel hechizo había acabado con su acompañante.

Deseó internamente que todo finalizase. Que fuese una broma de mal gusto y todos pudiesen salir de allí. Deseó que no hubiese ningún muerto y que todos estuviesen sanos y salvos, pero aquello quedó en un mero deseo que se mantuvo oculto en su mente.

- ¿Acaso creías que saldrías de aquí con vida? – El hombre agarró su pelo impidiendo que hiciese ningún movimiento. Acercó su rostro al de la mujer y mostró una sonrisa macabra que contrastaba con el aspecto que había mostrado segundos atrás. – Ni en tus mejores sueños. – Rió el hombre, sin importar el ruido que pudiese hacer. – Jane está muerta y nadie más sabe dónde está su querida Ministra.
Lena B. Milkovich
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Invitado el Lun Oct 24, 2016 10:01 pm

Parpadeó varias veces sintiendo un insoportable dolor en la cabeza. Si le hubiesen preguntado su propio nombre en ese momento, probablemente no habría podido responder. Tenía suerte de que no se hubiese partido el cráneo con el impacto, aunque no estaba segura de no tener alguna otra herida externa ni tampoco tenía tiempo de averiguarlo; debía volver en sus cabales. Le costó una inmensidad dar los primeros pasos, sentía como si sus piernas estuviesen hechas de gelatina y todo le daba vueltas, pero debía seguir, debía encontrar a la ministra y sólo rogaba por encontrarla con vida.

El humo causado por las explosiones y los hechizos dificultaba mucho la visión, pero también le daba la ventaja de poder mantenerse fuera de vista del mortífago por un instante. Mientras recuperaba el equilibrio escuchó la voz de Novikov en un tono en el que jamás la había oído, y se le puso la piel de gallina al recordar que no era exactamente el auror que ella conocía. Rápidamente se ocultó detrás de uno de los pilares de mármol más cercanos y sólo entonces sus ojos pudieron distinguir la escena. El mortífago tiró a Lena hacia un lado, con la rabia y el desprecio marcando sus acciones, y le apuntó con la varita.

-Y así continúa la purificación del mundo mágico. ¡Muerte a los defensores de muggles!
Había habido varias ocasiones en la vida de Jane, especialmente durante el último año, en las que se había dado cuenta de que todo el entrenamiento que había recibido en la academia de aurores culminaba en momentos como ese. Momentos en los cuales actúas justo cuando tienes que hacerlo, ni un segundo antes ni un segundo después, y aún no estaba segura de si se trataba realmente de habilidad o de suerte, pero supo que lanzó su hechizo en el instante correcto.

El rostro sorprendido de Novikov se giró casi en cámara lenta mientras su varita salía despedida por los aires. Jane corrió hacia ellos tan rápido como pudo, pero no logró llegar antes de que el mortífago sacara una daga de entre su ropa y volviese a tomar a Lena sin una pizca de delicadeza. La auror se detuvo en seco, aún con la varita en alto.
-¡Baja la varita o la degüello ahora mismo! -Jane sabía que el mortífago hablaba en serio y que ahora más que nunca debía tener cuidado. La hoja afilada relucía sobre la piel de la ministra, sin hacerle daño aún, pero amenazando en silencio como las armas blancas saben hacer.

La joven observó el rostro de Novikov y luego miró a la ministra a los ojos, todo en un segundo, antes de dejar caer su varita al suelo. Pudo notar cómo la comisura del villano se alzaba en un intento de sonrisa que nunca llegó a formarse, cómo su puño apretaba la daga aún con más fuerza para deslizarla por el cuello de su víctima, todo con un ínfimo instante de retraso que fue suficiente para que la situación no acabara en tragedia, al menos no para Lena. Nuevamente la sincronización perfecta o la suerte, pueden elegir la que prefieran, hizo acto de presencia en forma de un nuevo auror. Cooper había aparecido detrás de ellos lanzando un hechizo justo a tiempo.

Novikov cayó inconsciente hacia adelante tras haber recibido el hechizo por la espalda, y con él también Lena fue a dar contra el suelo. Ambos aurores corrieron hacia ellos, rezando internamente para que aquella rápida maniobra no hubiese lastimado a la ministra de alguna forma. Había sido algo muy arriesgado, pero ese era el tipo de decisiones que debían tomar los aurores en situaciones como aquella.
-¡Lena! ¿Te encuentras bien? -Cooper apartó el cuerpo desmayado de Novikov mientras la joven se agachaba hacia la ministra, rogando por que la daga no hubiese causado un desastre.

FdR: Lamento muchísimo la demora u.u Espero que aún tengas ganas de seguir con el rol, aunque entendería si después de tanto tiempo has perdido la motivación o algo, que igual la idea era que fuese más dinámico... Cualquier cosa me avisas, pero si a ti no te molesta, yo tengo todas las ganas de seguir Smile
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Lena B. Milkovich el Vie Oct 28, 2016 12:38 pm

Las cosas estaban sucediendo a toda velocidad a su alrededor. Se sentía como si alguien hubiese olvidado dar al botón de pausa en una película y hubiese decido aumentar la velocidad de la reproducción de la cinta. Se sentía fuera de lugar. El mundo daba vueltas. Sus oídos no funcionaban correctamente y todos los sonidos parecían estar más lejos de lo que realmente estaban. Podía escuchar las explosiones y gritos, pero sentía que no formaban parte de la misma escena en la que ella se encontraba.

No tuvo tiempo para tener miedo ni para temer por su vida. No tuvo tiempo para pensar qué sería lo que sucedería una vez el Ministerio de Magia hubiese caído. No tuvo tiempo para pensar en cómo todo aquello había sucedido. Todo era demasiado rápido. Todo sucedía en un ritmo acelerado que no llegaba a comprender de la misma manera que no alcanzaba a comprender qué era exactamente lo que sucedía a su alrededor.

De pronto ya no estaba en aquel atril. De pronto ya no estaba corriendo con Jane por el Ministerio entre explosiones y nubes de humo. De pronto tenía un cuchillo rozando la piel de su cuello que amenazaba con hacer un corte rápido y limpio que no provocaría precisamente una muerte rápida y limpia. No pensó en la sensación de la sangre brotando por su cuello y manchando cada centímetro de su piel. No pensó en cómo su cuerpo caería de manera inerte hasta desplomarse en el suelo. Tampoco pensó en cómo reaccionarían sus manos, si se zafarían al cuello herido en busca de poner fin al torrente de sangre o, si por el contrario, buscaría las fuerzas donde ya no las hay para poder salir de allí en dirección a San Mungo donde quizá podrían darle el remedio para la herida.

No pensó. Tan sólo notó como la daga hacía un leve corte en su piel que apenas ni notaba por el estrés y la situación. Por aquel dolor de cabeza y ese sentimiento de estar completamente perdida tanto en el mundo como en aquel preciso instante. Y luego ya no había daga. Ni tampoco sentía el aliento de aquel hombre contra su cabellera. No escuchaba su respiración entrecortada ni sus brazos zafando su cuerpo.

Ahora sólo notaba el mármol del Ministerio de Magia y un peso muerto sobre su espalda. Un peso que no tardó en desaparecer cuando otro de los Aurores se unió a la escena, quitando el cuerpo de su atacante que había caído inerte sobre Lena. Escuchó la voz de Jane pero no dijo nada. Apartó la daga que se encontraba a escasos centímetros de ella de un manotazo y alcanzó para levantarse con ayuda de sendas manos. – Sí… - Se limitó a decir mientras tocaba su cabeza. Tenía una pequeña herida sangrante en el lateral de esta debido al golpe en la caída por lo que ahora estaba incluso más mareada que antes.

No le dio importancia. Simplemente se levantó como si nada aunque su cuerpo se tambaleó durante un instante debido a que su equilibrio no era el mejor en aquellos momentos. – Hay que ayudar a esta gente. – Repitió una vez la mujer sacando su varita. – Cooper, quiero que saques a todos los trabajadores y periodistas del Ministerio. No me importan tus quejas, así que ahórratelas. Quiero a todo el mundo sano y salvo, incluyéndote a ti. Y llévate a este hombre de aquí antes de que despierte. – Se giró para mirar a Jane. – Tú vienes conmigo, vamos a acabar con los que queden. Se irán rumbo a Azkaban a pasar lo que les quede de vida, nada de sentencia revisable. Han atacado el Ministerio de Magia, no me valen excusas. – Añadió yendo rumbo a un grupo de encapuchados que atacaban a varios trabajadores del Ministerio que, torpemente, intentaban huir del lugar.

Elevó la varita y un Desmaius salió directo hacia uno de los hombres que quedó inconsciente en el suelo. Antes de que su acompañante pudiese atacar, volvió a realizar el mismo hechizo y quedando ahora dos cuerpos en el suelo. – Tú y tú, sacad a estos dos de aquí y mandadlos al Departamento de Seguridad. En cuanto el Ministerio esté activo de nuevo les quiero camino a Azkaban. – Los dos hombres asintieron y elevaron los cuerpos de los Mortífagos para bajarlos al Departamento indicado.
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Invitado el Miér Nov 02, 2016 11:18 pm

Jane estaba pendiente de cada movimiento, reacción y palabra de la ministra. Ya había sido testigo en varias ocasiones del shock que podía causar ese tipo de experiencias, por lo que incluso si la gente lucía bien luego de un incidente como ese, nunca había que confiarse. Recayó en la pequeña herida que tenía en la cabeza y la examinó a su manera, quedándose tranquila al notar que no era nada grave, y sólo entonces recordó su propia contusión. Se llevó una mano a la nuca y notó un bulto inflamado que le dolió apenas puso sus dedos sobre la piel. Tampoco era grave, pensó; la hinchazón bajaría con algo de hielo.

Ayudó a Lena a levantarse y no pudo evitar sorprenderse un poco ante su primera reacción; acababa de salvarse por un pelo de que le rebanaran el cuello pero ya estaba de pie pidiendo que se le prestara ayuda a la gente que aún se encontraba en el ministerio. Tuvo que contener una sonrisa de orgullo sólo porque no le pareció profesional en aquella circunstancia. Cooper parecía querer decir algo pero sus palabras nunca llegaron a pronunciarse, pues optó por hacerle caso a la ministra sin rechistar. Jane observó a la auror realizar un hechizo para acarrear el cuerpo del mortífago y alejarse con él rápidamente, y supuso que para cuando regresara con los periodistas y el resto de los trabajadores, ya habría recibido apoyo de nuevos colegas.

-No podría estar más de acuerdo -dijo con convicción luego de que Lena se dirigiera a ella, y tras arremangarse abrió la marcha con la varita en alto, pendiente de cualquier conocido o desconocido con quien se topara en el camino pero sin perder de vista a la ministra en ningún momento. Al menos había podido cumplir con la orden que Hardie le había dado… pensar en él hizo que se le formara un nudo en el estómago, pues con todo el altercado había dejado su muerte en un segundo plano. Todo había ocurrido tan rápido que a ratos le costaba creerlo.

Nuevamente los hechizos brotaron de su varita cuando volvieron a la escena que habían dejado momentos atrás, dándose cuenta de que el peligro aún no había pasado. Pero sí habían recibido refuerzos y en conjunto con la ayuda de los otros aurores y la propia ministra, lograron controlar la situación, detener a los implicados y poner a salvo a los inocentes. Cuando las cosas parecieron haberse calmado, Jane se acercó a algunos de los aurores preguntando por Novikov, el verdadero Novikov. Nadie lo había visto. Empezaba a preocuparse y sólo esperaba encontrarlo encerrado en algún sitio y no muerto.

Tras intercambiar algunos comentarios con otros funcionarios del ministerio y asegurarse de que ningún agresor estuviese escondido o intentando escapar, volvió a acercarse a Lena.
-Vaya locura… -empezó a decir mientras esquivaba unos escombros producto de alguna de las explosiones-. Novikov sigue desaparecido y Hardie ha muerto -le comunicó con disgusto-. No hemos tenido más bajas entre los aurores, pero sí hay un periodista fallecido y varios heridos. De todas formas, necesitaremos una lista de todos los participantes de la rueda de prensa para estar seguros.

Jane miró a su alrededor, percatándose de la destrucción que habían ocasionado los hechizos. Sabía que los atacantes podrían haber acabado con las vidas de muchas más personas, pero aunque no lo hubiesen hecho, sí que habían logrado crear pánico.
-Podría haber sido peor -dijo tras unos momentos; una frase que se estaba volviendo un poco usual en ella y que siempre usaba para darse algo de ánimo en situaciones de esa naturaleza-. Creo que tú eras su objetivo principal. Y no todos eran mortífagos, algunos no llevaban máscara… tal vez familiares de las chicas asesinadas. Habrá que investigar.

Por supuesto, ya podía imaginar la cantidad de expedientes que debería leer y culpables a los que tendrían que interrogar para aclarar el asunto.
-Una infiltración de este calibre tiene que haber sido organizada con mucho cuidado. Estoy segura de que recibieron ayuda desde adentro -miró a Lena a los ojos, su voz sonaba firme aunque su mirada transmitía preocupación. El ministerio ya no era un lugar seguro.
-Habrá que actuar con mucho cuidado, en este momento cualquier trabajador del ministerio podría ser sospechoso. Tengo la esperanza de que cuando encontremos a Novikov -"con vida", pensó para sus adentros-, podrá darnos algo de información al respecto.
Pero todo eso podía esperar un poco. Había otras cosas que también eran importantes.
-¿Cómo te sientes? -preguntó finalmente, volviendo a volcar su mirada en la ministra.
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Lena B. Milkovich el Vie Nov 04, 2016 11:09 am

Lena no lo pensó dos veces. No podía quedarse de brazos cruzados con todo lo que estaba a su alrededor, ni siquiera cuando apenas unos segundos atrás su vida había estado a punto de terminar. No era alguien que se preocupase demasiado por ella misma, sino que daba prioridad al resto, quizá esa había sido la razón principal por la que había aceptado el rol como Ministra de Magia y es que la seguridad del Mundo Mágico primaba en su vida.

Avanzó con la varita en alto defendiéndose de todo aquel que intentaba acabar con ella, pero también era ella quien, con el fin de terminar con aquella estúpida trifulca lanzaba hechizos hacia los enmascarados y hacia otras personas que parecían atacar a los Miembros del Ministerio de Magia. Aquello era un total descontrol. Pero por suerte, las cosas no eran tan malas como parecía en un primer momento.

- Haz que lleven a todos los heridos a San Mungo ahora mismo. – Afirmó la rubia en dirección a uno de los hombres del Ministerio que se encontraba en aquel momento con ellas. El hombre afirmó con la cabeza tras escuchar tanto las palabras de Jane como las de Lena. – Anderson, quiero un listado de los periodistas autorizados para la rueda de prensa. O’Connor, una lista con todos los trabajadores del Ministerio que tenían turno a esta hora. Comprobad los muertos y avisad a las familias para que vengan lo antes posible, no quiero dar esta noticia por carta a nadie. Quiero una investigación rigurosa de todo el mundo que estaba aquí hoy, absolutamente todos. No me valen excusas. – Dijo antes de que ambos hombres tuviesen oportunidad de rebatir su orden. – Empezaremos a investigar a primera hora de mañana. Cuando tengáis las listas podéis ir a descansar a casa. Y a ducharos, tenéis escombros por todas partes. – Removió el cabello de O’Connor con el fin de dejar caer parte de polvo de los escombros que tenía sobre la cabeza. – Y saluda a tu mujer y a tus hijas. – Dijo a forma de despedida antes de girarse junto con Jane mientras ambos hombres desaparecían a cumplir con sus tareas.

- Pondré a todo el cuerpo de Aurores en la búsqueda de tu compañero, no te preocupes. – Aseguró Lena intentando se lo más amable posible pues en aquellos momentos lo que más se temía es que de aquel hombre no quedase más que su cuerpo sin vida. – Mañana a primera hora empezaremos la investigación rigurosa, si quieres, estás invitada a participar. – Añadió mientras seguían avanzando por la zona, viendo como el cuerpo de Aurores cumplía con su cometido e iba sacando de allí a los heridos.

No pudo evitar sonreír, por primera vez en mucho tiempo, ante la pregunta de Jane. Incluso soltó una leve sonrisa al sentir como aquella pregunta resultaba ser como quitar parte del peso que en aquel momento recaía sobre sus hombros. – Lo mejor que puede sentirse alguien a quien casi matan y ha visto cómo el Ministerio no es tan seguro como creíamos. – Dijo la rubia. – Pero nos encargaremos de arreglar todo eso. Te aseguro que está será la primera y la última vez que algo así tiene lugar en el Ministerio. – Añadió muy segura de sus palabras. Y es que a partir de aquel día, el Ministerio no sufriría altercado alguno y el Mundo Mágico comenzaría un largo periodo de paz donde muertes y desapariciones cesarían de una vez por todas.

- Será mejor que te vayas a casa. Dúchate, descansa y visita a tu familia. – Dijo aquello último sin saber si Jane contaba con familia, pues consideraba que era importante que en aquellos momentos estuviese con sus seres queridos. – Y mañana ven descansada. Habrá mucho que hacer. – Añadió a modo de despedida antes de dejar a Jane e ir rumbo a su despacho, debía relajarse antes de seguir trabajando o acabaría por desmayarse.

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