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Momentos padre e hijo (Apolo Masbecth) [Flashback]

Invitado el Lun Jul 04, 2016 1:02 pm

Ícaro, como cualquier niño mago, había crecido esperando que llegare ese momento, solo que en sus planes ese día se suponía que debía de haber llegado hacía dos años y hubiese tenido que comprar material con sus abuelos para iniciar sus estudios en Beauxbatons. Sin embargo, la realidad que le había tocado vivir era muy diferente. Iba a ir a comprar material con su padre, aquel que nunca pensó que fuese a conocer y del que sus abuelos nunca querían hablar, para iniciar sus estudios en Hogwarts, donde nunca pensó que fuese a estudiar.

De todos modos, en su estómago podía notar una sensación leve de nerviosismo e ilusión por iniciar el día que le esperaba. Aún no conocía demasiado a su padre, porque apenas hacía un año que se conocían, pero hasta el momento había sido un buen hombre y se había comportado adecuadamente con él, así que, aunque hubiese preferido que sus abuelos y su madre le acompañasen en ese momento, no podía quejarse. Podría haber sido peor. Podría haber acabado en un orfanato muggle.

Aún no sabía a dónde se dirigirían. Ícaro había acabado de arreglarse y esperaba a que su padre apareciese bajando las escaleras para anunciarle que estaba listo para salir. No estaba seguro de si para él era igual de importante, pero el pequeño estaba muy emocionado. El inicio de las clases estaba, por fin, a la vuelta de la esquina, y en apenas unas horas tendría, por fin, un primer contacto con sus libros y con los instrumentos de trabajo que le acompañarían en su primer año de estudios mágicos.

Mientras esperaba, por su cabeza empezaron a aparecer varias preguntas sobre Hogwarts, sobre el pasado de su padre, sobre la comunidad mágica inglesa, sobre cómo serían sus próximos años... nunca nadie había podido hablarle sobre ello, ni había tenido ni si quiera la necesidad de saber sobre ello. Ahora estaba muy intrigado y sus ansias por conocer la respuesta a sus preguntas se combinaban con el resto de emociones que sentía. No podía dejar de mover los pies, siendo el ruido de sus zapatos chocando lo único que rompía el silencio en la sala, hasta que por fin los pasos de Apolo bajando las escaleras se dejaron escuchar.
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Apolo Masbecth el Mar Jul 05, 2016 4:06 am

Las vacaciones fueron algo que Apolo deseaba con muchas ganas, pero no precisamente las vacaciones laborales sino las escolares de su hijo quien ni siquiera había empezado oficialmente el ciclo escolar y ya estaba deseando que llegase, ¿la razón? Sencillo, quería pasar todo el tiempo posible con su recién descubierto hijo. Tenían poco menos del año de saber de la existencia del otro y aunque los primeros meses fueron bastante difíciles, en donde podían pasar días enteros sin dirigirse la palabra, al fin de cuentas con el pasar del tiempo se dieron cuenta que tenían algunas cosas en común y a partir de eso fueron capaces de formar una relación que se le consideraría de padre e hijo pero con sus altibajos como cualquier familia, ¿o no?.


Por esa misma razón no quería salir de su habitación, el hacerlo convertiría aquello en un hecho. Su pequeño se iría a Hogwarts durante casi todo el año y no lo vería sino hasta vacaciones. Se tardó todo el tiempo del mundo en ducharse y así mismo vestirse. Se probaba uno y otro atuendo. Era otoño así que debía ir un tanto cubierto. Cuando por fin se decidió por algo adecuado se vio al espejo una vez más haciendo una cara de resignación. Justo en ese momento uno de los tantos elfos domésticos de la mansión llamó a la puerta para luego indica que su hijo seguía esperando en el vestíbulo. - ¡Ya voy! - habló en un tono de voz alta lo que hizo que el elfo saliera corriendo al sentirse regañado.


Cinco minutos después se decidió a bajar. Al llegar al recibidor vio a su hijo y le sonrió de forma sincera. - Bueno, vayamos entonces. Considero que podríamos simplemente aparecer sin más en el callejón diagon pero aun eres muy pequeño y puede resultar… Estresante, será mejor usar los polvos flu, ¿alguna vez has viajado así? Ven, vamos a la chimenea - se apresuró a decir caminando hasta el gran salón donde esta se encontraba. Al abrir las puertas pido ver aquella pieza centrar, una gran chimenea de ladrillos rojos. Sobre esta se encontraba un recipiente con unos polvos bastante peculiares de color verde. - Solo tienes que agarrar un poco, sostenerlo en la mano, entrar a la chimenea y pronunciar el nombre del lugar al que se quiere viajar, en este caso, callejón diagon. Tienes que hablar fuerte y claro, ¿entendido? Iré primero para que veas como se hace - dijo mientras sostenía algunos polvos en su mano derecha y se metió dentro de la chimenea que al ser enorme cabía perfectamente sin agacharse.


- Callejón diagon - habló en un tono claro mientras arrojaba los polvos frente a él y estos le cubrieron por completo. De pronto se desvaneció de la mansión para aparecerse en una de las tiendas varias del callejón diagon, pero no cualquiera si no la asignada para polvos flu. Se dio cuenta que no era el único llegando pues ya varias personas se aglomeraron para esperar a sus familiares o amigos a que ellos también aparecieran y Apolo hizo lo mismo por su hijo.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Vie Jul 22, 2016 10:09 am

Ícaro observó a su padre y escuchó con atención las palabras de su padre, sin atreverse a interrumpirle a causa de los nervios. No tenía ni idea de qué era ese callejón, pero confiaba en que Apolo sabría qué sitio sería el mejor para llevar a cabo la intrincada misión que se disponían a realizar.

Acompañó a su padre hasta la enorme chimenea del gran salón de su espaciosa casa. No había usado nunca antes los polvos verdes que su padre le hacía tomar, pero sí que recordaba haber oído hablar de ellos antes. Al tener los polvos en la mano sintió una gran emoción a causa de esa ilusión infantil por probar cosas nuevas, pero en cuanto vio a su padre desaparecer y fue su turno, tuvo que respirar hondo para liberarse del miedo repentino.

Puso un pie en la chimenea y con cuidado se aseguró de que la zona era segura. Al ver que nada se derrumbaba, puso el otro pie con seguridad. Agarraba los polvos con tanta fuerza que era imposible que cayera ni una sola mota de su mano. Ícaro cerró los ojos todo lo que pudo e imitó a su padre.

Tardó un poco en volver a abrirlos. Esperaba sentir un ligero hormigueo en la tripa, o cualquier sensación extraña que le indicase se estaba desplazando, pero nada ocurrió. Lo único que sintió fue un leve cosquilleo en la plantas de los pies. Cuando volvió a abrir los ojos vio una gran aglomeración de gente que le impedía analizar e identificar el sitio en el que estaba.

Buscó a su padre entre la multitud pero a pesar de que Apolo estaba allí mismo por un momento no logró encontrarle y volvió a inundarle el miedo. Un montón de pensamientos horribles cruzaron su mente en tan pocos segundos de pérdida. Pensó que quizá su padre le habría abandonado porque no quería quedarse con él y que los servicios sociales vendrían a buscarle para llevarle a un orfanato lleno de Muggles, o que quizás su padre le había engañado para llevarle a un lugar lejos de él, o que quizás le habría pasado algo horrible y debería de llamar a la policía.

Sin embargo, todos esos pensamientos disparatados se desvanecieron en cuanto reconoció el elegante corte de su padre. Corrió hacía él abriéndose paso entre la multitud y se agarró a su brazo para asegurarse de que no le arrastraría la corriente humana que había en aquel sitio. — ¿Qué vamos a comprar primero? — Le preguntó, mientras salían de aquel lugar. Cuando por fin se encontraron en el exterior del callejón, Ícaro soltó el brazo de su padre y con los ojos como platos observó todo el lugar, sin perder detalle.

Off:
Perdon por tardar tanto, tengo problemas con mi ordenador que no me permiten postear tan pronto como me gustaría. Podré leer tu respuesta desde el móvil en cuanto la postees y empezaré a escribir mi respuesta en word para postearla tan pronto como pueda.
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Apolo Masbecth el Lun Ago 01, 2016 7:40 am

A pesar de ser muy temprano, el clima era fresco, tanto así que se tuvo que llevar una gabardina ligera, pues el otoño estaba a la vuelta de la esquina. La fila para esperar a sus seres queridos era larga y la tienda no lo suficientemente grande como para recibir a todos, pero el rubio logró colarse. Estaba un poco desesperado porque no veía a su hijo, esa palabra se le hacía un tanto extraña aún, le tomaría tiempo acostumbrarse pero la sensación en su estómago cada vez que le recordaba que era padre iba desapareciendo y acostumbrándose más con la idea, la cual ya no le resultaba algo malo.


Un par de minutos después le vio entre el mar de gente, era inconfundible, sonrió al saber que no se había perdido y una sensación de ¿orgullo? le invadió pues su hijo había podido pasar la prueba de los polvos flu al primer intento, cosa que no muchos pueden decir lo mismo. Cuando le tomó la mano este se la apretó para ir saliendo de aquella tienda de antiguedades, no era muy adepto de los lugares concurridos y estaba consciente que esa mañana sería tan ajetreada como un lunes en el ministerio de magia.


Bajó el rostro para ver a su hijo cuando le hizo aquella pregunta no estando seguro de a donde ir primero pues las personas comenzaban a llegar al callejón por distintos metodos de viaje y las tiendas estaban repletas. - Creo que lo más sensato sería ir a Ollivanders, la tienda de varitas para que tengas la tuya, es lo más importante, el instrumento que te acompañará en tu nueva vida como mago, emocionante ¿no? - preguntó al pequeño mientras lo condujo entre el mar de gente, se veían como dos peces tratando de nadar contra la corriente. Cuando logró ver la tienda se alegró que no había tanta gente como en las demás asi que apresuraron el paso hasta ahí.


Dentro sólo había cinco niños esperando en la fila con sus padres a que la varita los “elija” un proceso tardado pero gratificante o al menos es así como lo recordaba el rubio la primera vez que pisó ese lugar para adquirir su varita. - Normalmente un mago puede tener la misma varita durante muchos años, no digo que toda la vida porque es difícil, pero en cambio yo, he tenido tantas que ni siquiera recuerdo la primera que me eligió, solo recuerdo que fue una sensación muy satisfactoria. En mi trabajo se pierden muchas por eso no me apego tanto a ellas, pero presiento que contigo será diferente - le dijo con media sonrisa en el rostro viendo como salía un niño con la varita en mano y dando saltitos de felicidad, ya quedaban menos personas en la fila.


- Después de esto, tendremos que elegirte una mascota, puede ser un búho, un gato, una rana, no sé, lo que más te guste, en esta lista vienen los animales permitidos para los de nuevo ingreso, además la tienda de mascotas está enseguida - le entregó el papel con la lista de útiles escolares, libros y demás cosas necesarias para su primer año en Hogwarts. Estaba seguro que otros en sus zapatos habían sido más afectivos con su hijo pero tampoco creyó que lo estuviera haciendo mal, había comunicación pero aún no se llamaban padre o hijo en sus caras. Sería todo un proceso.
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