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Bajo la piel del cordero {Elia Deveraux}

Invitado el Dom Jul 10, 2016 6:31 am

El verano había comenzado y aún a pesar que las calles estaban mas descongestionadas, a él le parecía lo peor del año. No sólo tenía a los estudiantes de Hogwarts sueltos por todos lados, sino que también que los turistas muggles invadían Londres, por lo que ir a trabajar al Ministerio y hacer la línea para los retretes en la mañana se volvía un verdadero suplicio. Por suerte para él, ese día era su día libre, sin embargo ya lo había agendado para una vieja amiga.

Temprano en la semana había enviado una lechuza a Elia Deveraux, actual profesora de Runas Antiguas en el emblemático Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, escuela de la cual ambos habían sido alumnos, durante la misma época. Además, no sólo habían compartido una agradable amistad, si no también une pequeña relación sentimental, antes de que ambos separaran sus caminos, él comprometiéndose con Bellatrix Black y ella… la verdad es que jamás se habían sentado a hablar de lo que había sido de sus vidas.

Hoy sería ese día.

Había citado a Elia en la bahía de Dover, precisamente en el puerto de yates, en donde parecían juntarse sólo los muggles de la clase más adinerada, por lo que el lugar no era demasiado transitado y perfectamente podrían encontrar un buen lugar para aparecer y desaparecer si acaso lo necesitaban.

Echó una mirada a su reloj de bolsillo, notando que ya se acercaba la hora de su encuentro. Pero cuando bajó su reloj y alzó su mirada, notó como un par de muggles le miraban de manera curiosa y es que, por supuesto, su vestimenta no era la adecuada para entremezclarse con ellos, pero Rodolphus era demasiado purista y orgulloso como para rebajarse a vestirse como ellos, así que sólo se limitó a mirarles con desprecio y a darles la espalda.

Sólo volteó cuando escuchó un par de pasos a su espalda y se giró para mirar, encontrándose ahí con un rostro demasiado conocido, alguien a quien no veía hace mucho tiempo; la rubia y bella Elia Deveraux.

—Elia… afortunados los ojos que por fin te ven.

Reconoció ofreciéndole una sonrisa y dedicándole una reverencia.

—Lamento haberte citado en este lugar tan lleno de curiosos, pero créeme que es lo mejor y más despejado que se puede encontrar en toda el área de Londres. El verano siempre llena a Europa de turistas, todos lo sabemos.

Extendió una mano para indicarle que por favor caminase a su lado, pues él también comenzaba a retomar la marcha. El día parecía preciso y especial para una caminata, pero Rodolphus tenía otros planes, y es que mientras alejado de los muggles mejor, aún cuando eso significase usar uno de sus propios medios de transportes para tener un poco más de privacidad.

—Espero que no te mareen andar en bote —señaló deteniéndose al costado de una rampla que daba hacia uno de los yates —, por favor. Las damas primero —sonrió.
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Elia Deveraux el Mar Jul 12, 2016 10:57 pm

Me sentí sorprendida, contenta y curiosa al recibir noticias de mi querido Rodolphus. Fuimos algo más que amigos en Hogwarts y a pesar de nuestras ajetreadas vidas de adultos nos veíamos de vez en cuando para hablar y lo que fuera. El muy tonto se había casado con una mujer de sangre pura para mantener el legado y ese tipo de cosas que tanto importan a unos y tan poco me preocupan a mí. Al menos no se habían dedicado a fornicar para parir como conejos. No tenían hijos, o eso es lo que decía la última vez que lo vi. Quedamos a menudo, de tener hijos no quedaríamos tanto. Él estaría más ocupado y yo odio los críos. Odio a mis alumnos y peor son los calvos llorones.

Llegué un poco más tarde de lo previsto porque no había estado nunca en ese lugar y tardé en ubicarme. Estábamos en el puerto, un lugar de categoría sin rastro de marineros bordes ni olor a pescado. Un sitio elegante. No es que sea una chica sibarita, disfruto en todo tipo de ambientes a pesar de mi educación de lujo. En este caso me iba a comportar como una dama, que es como he sido educada. Vestía un simple atuendo veraniego con sandalias y un bolso grande donde guardaba crema solar, toalla... Ese tipo de cosas tan necesarias cuando sales de casa y no sabes muy bien que te va a deparar el día. Divise a Rod en el muelle, cerca de unos yates inmensos. - Parece que los años no pasan por ti, amigo. Te ves estupendo. - Rodolphus iba vestido de modo tradicional, nada de vestimenta muggle. Hay que admitir que tiene las ideas claras y no aparta sus valores por nada ni por nadie.

Él sonrió y hizo una pequeña reverencia que yo agradecí con una carcajada y con un corto abrazo. Se disculpó por el lugar que había elegido para vernos. Demasiados turistas muggles. - Me encanta el mar. - Le dije embelesada. Quería hacerle saber que estaba todo bien. No importaba el sitio si no la compañía. Caminé a su lado sin saber a donde me estaba dirigiendo pero con total confianza. No fuimos lejos. Su idea era subir al yate para navegar. - Gracias. - Dije al subir primero. - Por suerte no me mareo fácilmente. - El yate era muy grande, impecable y preparado para todo tipo de eventos. Estaría muy bien una fiesta a bordo. Sería una fiesta genial llena de gente en bañador y cócteles de colores. - ¿Qué tal te trata la vida? ¿Tu mujer bien? Tienes que ponerme al día de todo. - Intentaba no mencionar mucho a la señora Lestrange pues no éramos especialmente amigas. Creo que la amistad que mantenemos su marido y yo no le hace ninguna gracia. Debe ser una persona de lo más celosa. Rod y yo tuvimos nuestros líos cuando aún estábamos en Hogwarts, no hace tanto de eso pero los años han pasado para los dos y aquello terminó.
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Invitado el Lun Jul 25, 2016 3:15 am

Elia había llegado vestida para la ocasión, aún cuando no tenía idea alguna de que podía llegar a tratarse aquella velada. Rodolphus no le había dicho nada, aunque de por sí quedar en el muelle de yates anunciaba una jornada que no sería precisamente indoor.

Soltó también una breve carcajada cuando Elia pasó por alto su reverencia para darle un abrazo, y es que ambos habían sido criados con altos estándares en protocolo, pero cuando estaban juntos solían darse el placer de echarlos por la borda.

—Ya veremos después de unas copas de Whisky de fuego añejo de Ogden —respondió Rodolphus a su comentario de no marearse fácilmente.

Ambos subieron por la rampla e inmediatamente estuvieron arriba, uno de los encargados del muelle se acercó para retirarla y soltar amarras que sujetaban el bote a la orilla de la construcción y empujarlo levemente para dar espacio a las propelas para que comenzaran a moverse, mas el motor no comenzó a andar hasta que ambos estuvieron ya bien ubicados en el interior del yate.

Rodolphus le invitó a tomar asiento en la parte trasera del yate y esperó a que ella se acomodase en donde quisiera para luego sentarse junto a ella. Ni siquiera se molestó en abrir la boca para continuar con la conversación, ya que sabía que serían interrumpidos casi de inmediato por el ruido del motor al partir.

—La vida es buena —le sonrió en cuanto el yate se alejó del muelle y el ruido ambiente hubo disminuido —, no puedo quejarme. He conseguido escalar puestos en el Ministerio a una velocidad inimaginable, en gran parte gracias a mis contactos, eso todos lo saben y me importa un mierda que crean que sin contactos no soy nada, pues yo siempre he creído que los buenos contactos son una parte indispensable del poder. Es una vez que obtienes el trabajo donde debes demostrar tus capacidad y es que ¿cómo demuestras que eres capaz si primero no te has buscado la oportunidad?

Se acomodó sobre el asiento, posando ambos brazos sobre las barandas a su espalda, para luego subir uno de sus pies sobre la rodilla de la pierna contraria, adoptando una posición de poder y comodidad que parecía sentarle demasiado bien.

—En cuanto a mi mujer… —rió brevemente y meneó la cabeza —¿qué quieres que te diga? Sigue tan loca como siempre. Pero, por supuesto, esa es una de las cosas que más me agrada de ella. Ya sabes como soy, un completo estratega que no vive tranquilo si no cree tener todo bajo control, por lo tanto necesito un poco de caos y locura para darle a mi vida algo de sazón.

En ese momento, cuando ya parecían estar a a suficiente distancia del embarcadero muggle, un ejemplar masculino de elfo doméstico salió de la cabina para ir a ofrecerles una copa de champan, ya servida dentro de las respectivas copas que cargaba sobre una bandeja de plata y su blanca servilleta. Rodolphus hizo un movimiento de cabeza para indicar a Elia que ella escogiera primero su copa, para luego él coger la restante y alzarla en un brindis.

—Por Elia Deveraux, la única rubia realmente inteligente y admirable que he conocido en mi vida.

Bromeó a su manera y bebió de su vaso mientras el elfo doméstico volvía a desaparecer por cubierta.

—Espero que tengas apetito, pues he mandado a preparar una deliciosa cena que de seguro que te gustará —le sonrió —. Por cierto, jamás te he preguntado respecto a tu vida romántica, y es que imagino que la tremenda cantidad de jóvenes hormonales a los que debes soportar en Hogwarts te han dejado más que saturada como para desear querer algo más. A menos que lo que realmente busques es un poco de madurez, pero algo me dice que eso no sería suficiente diversión para ti… pero tal vez me equivoque…
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Elia Deveraux el Mar Ago 02, 2016 2:37 am

Rod podía ser el hombre más encantador del mundo si quería, y el más atractivo quisiera o no. Tenía un rostro fino, alargado, con unos ojos muy vivos. El toque perfecto eran sus labios, carnosos y apetecibles, con un toque de maldad que pasaba casi por inadvertido. Siempre fueron muy apetecibles sus labios. Muy sonriente subí al yate, y me dejé guiar por mi amigo hasta la parte de detrás del yate. Sabiendo que con el movimiento me iba a molestar el pelo lo anudé en un topo de forma rápida, al igual que hago cuando estoy corrigiendo deberes y me agobio al ver tantos errores. El ruido del motor me sorprendió, y supe que la conversación no sería tan fácil en el yate como lo había sido en el muelle. Aún así Rod me habló cuando nos fuimos alejando de la orilla. Estaba orgulloso de haber escalado puestos en el Ministerio. - Mucho me temo que siempre te pregunto lo mismo y te pido disculpas por adelantado, pero siempre olvido cual es tu trabajo en el Ministerio. - A pesar de lo que pudieran decir, imagino que Rod es bueno en lo que hace. Tiene toda la razón al decir que por más que uno escale puestos con ayuda, si no hace bien su trabajo le despedirían y punto. - Estoy segura que no solamente tienes buenos contactos, te sobran cualidades.

Hablar de trabajo podía ser sumamente aburrido, y más tratándose de alguien como yo que trabajo de profesora como él, trabajando en una oficina todo el día encerrado. Al menos así imaginaba yo el Ministerio. Tampoco quería hablar de su mujer o de porqué seguía casado con esa loca, simplemente trataba de ser cordial y amable. Sonreí sin más al saber que les iba bien a pesar de su locura. Me salvó el elfo, que llegó con copas de champan para nosotros. Cogí una y Rodolphus brindó por mí. - Por ti, Rod, el Slytherin más atractivo con el que me he topado nunca. - Bebimos ambos y sonreímos. A parte del champan íbamos a poder disfrutar de una cena maravillosa en el yate. - ¿Es buena idea comer a bordo? - Ese tipo de detalles me encantan. Una salida en yate con cena incluida, no se puede pedir más.

El tema que sacó Rod me hizo reír. No hay nada en mi vida que sea romántico. No tengo vida romántica. No es que me importase tener un novio al que poder contar mis penas y alegrías, simplemente no había surgido. Le respondí sin tapujos. - No tengo novio, ni ningún tipo de relación que se le parezca si es eso lo que quieres saber. Mis alumnos, en plena revolución sexual, no son más que un halago para mí.  Demasiado jóvenes como para interesarme por ellos. Tampoco quiero meterme en líos... - Me senté de lado para poder mirarle a los ojos, y crucé una pierna por encima de otra para estar más cómoda. - La madurez siempre me ha interesado. Ya deberías saberlo. - Solamente dos años nos separaban, esa no era suficiente madurez aunque si me gustaba Rodolphus. Desde joven mostré mis claras preferencias hacia los hombres más mayores. - Es una lástima que no haya profesores más participativos. Me aburro tanto en Hogwarts... - Aquello se me daba realmente bien. Hacerme la víctima y la inocente cuando la realidad era que no me aburría tanto. Estuve con un ex-alumno en una fiesta y besé a otro dentro de Hogwarts. No son precisamente mi ideal de chicos pero hacen que no me aburra del todo. - ¿Me imaginabas llevando a críos salidos y deseosos de liarse con una profesora a los rincones secretos donde tu y yo solíamos ir en el castillo? Pensaba que me tenías en más alta estima... - El recordar nuestros encuentros en Hogwarts era un golpe bajo pero tenía recuerdos tan perfectamente nítidos de aquello como el haberme saltado algunas clases para estar con él, y dudaba que él lo hubiese olvidado. ¿Para qué sacar ahora el tema? Bueno, es algo que nos une. Es divertido recordar los buenos tiempos juntos.
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Invitado el Mar Ago 02, 2016 5:04 pm

Se acercó un poco más a Elia para escuchar bien lo que ella decía y no entorpecer la conversación con el sonido del motor, pero cuando vio al elfo doméstico comenzar a preparar los tragos en la cabina, comprendió que ya estaban lo suficientemente alejados de las miradas de los muggles, por lo que sacó su varita para insonorizar el motor con un encantamiento silencioso.

—Actualmente soy jefe del Departamento de Entrada en Vigor de la Ley Mágica, un puesto que es tan importante como el mismo Ministro, si me permites decirlo. No sólo estoy a cargo de la oficina de Aurores, sino de cualquier de cualquier asunto que tenga que ver con las leyes ya sea Wizengamot, magia en los menores de edad, eventos internacionales, que la igualdad a licántropos no sea aprobada, etc, etc. Expresándolo brevemente; mi palabra es la ley —sonrió de medio lado —y, por supuesto, tengo mucha gente a cargo a la cual delego trabajos o decisiones menos interesantes.

Respondió como si verdaderamente saboreara las palabras y es que no había cosa que le deleitara más que saberse poderoso y a la vez invisible. El titiritero que mueve los hilos, el responsable de la mayoría de las cosas que se deciden en el Ministerio, pero no precisamente la cara visible y el blanco de los criticas. El trabajo sucio había que dejárselo precisamente a la Ministra a quien había que hundir antes de que se transformara en un verdadero dolor de cabeza, y es que cuando lo hiciera, no le cabía la menor duda de que sería eliminada y, para cuando eso ocurriera, Rodolphus estaría ahí, para cambiar muchas de las leyes.

Para Elia podría ser aburrido hablar de trabajo, pero Rodolphus lo disfrutaba, principalmente cuando había confianza, ya que con el resto de la gente intentaba pasar aún más desapercibido, como si su trabajo no fuese importante en lo absoluto, pues a su modo de ver no había que darle fama al titiritero. Pero con Elia podía hablar lo que fuera, estaba completamente seguro de que lo que hablaba con ella, quedaba con ella y no se seguiría esparciendo de oreja en oreja.

En ese momento llegó el elfo doméstico con las copas de champan y ambos hicieron un brindis diferente, cada uno a nombre del otro, por lo que Rodolphus rió brevemente en cuanto escuchó las palabras que le dedicaba Elia.

—Espero que eso no signifique que el resto de los Slytherin del pasado y el presente luzcan como un verdadero estropajo o empezaré a creer que el Sombrero nos selecciona de acuerdo a nuestras apariencias.

Rió divertido y bebió por Elia, a quien de verdad creía como una de las mujeres más inteligentes que había conocido en su vida y eso a ojos de Rodolphus era mucho decir.

—Es seguro sí, los muggles a veces viajan por días en mar abierto. Sin embargo nosotros vamos a detenernos para comer. No te preocupes, nadie moverá el yate mientras comes.

Le sonrió para transmitirle un poco de confianza y es que a él tampoco le gustaba ensuciarse la ropa sólo por la cara. A él le gustaba el orden y el control, aunque no era realmente un maniaco de ello, pero disfrutaba más de las cosas cuando éstas funcionaban a acuerdo a lo que ya tenía planeado.

Prestó atención cuando Elia comenzó a hablar de su vida romántica y entendió perfectamente que no deseara involucrarse con alumnos y es que aquello no sólo significaba arriesgar su trabajo, sino que además los niñatos para él tampoco valían la pena. Más cuando ella le recordó aquellas escapas a los rincones más secretos de Hogwarts, no pudo retener una breve carcajada cargada de buenos recuerdos y algo de nostalgia.

—Qué buenos recuerdos —le reconoció asintiendo con la cabeza —. Me atrevería a decir que varios de mis mejores momentos en Hogwarts los pasé junto contigo —dijo arriesgándose a coger una de sus manos para presionarla suavemente —. Espero también haber dejado huella en tus recuerdos, del mismo modo en que tú la has dejado en los míos.
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Elia Deveraux el Jue Ago 18, 2016 11:05 pm

El puesto que ocupaba actualmente Rod en el Ministerio sonaba realmente importante. Muy importante. Pero él aún le daba más importancia, pues valoraba su trabajo y era tan altivo como yo podía llegar a serlo. Aquella seguridad tan extrema me resultaba muy atractiva en un hombre. Puse cara de sorpresa y luego sonreí para expresar la alegría que sentía por mi amigo. Ser el Jefe en todo lo referente a la Ley Mágica sonaba mucho más importante que ser Ministro. A mi modo de ver las cosas, Rod hace el trabajo importante y el Ministro se dedica a pasear su cara bonita por los eventos y la prensa. Espera, ahora que lo recuerdo, ya no tenemos Ministro, hace tiempo dejó su cargo y ahora hay una mujer. Eso me gusta más, mujeres al poder. Y si no recuerdo mal su cara es mucho más bonita que la del anterior, aunque tenía su punto... - ¿Y como llevas el cambio del Ministro? ¿Es muy atractiva y elegante la nueva Ministra, verdad? - Hablé de su belleza menospreciando un poco el trabajo que la mujer realizaba, pues ya me había quedado claro que el cargo de Rodolphus era mucho más importante.

Brindamos el uno por el otro, y dejé escapar una sonora carcajada con su broma. No es que los Slytherin hayan dejado de ser atractivos, el caso es que es difícil superar a Rod en eso. También el exagera al decir que soy la única rubia inteligente con la que se ha topado. Solo son bromas, bromas aduladoras. Es nuestra manera de ser. Me relajé aún más al saber que el yate no se iba a mover mientras nosotros estuviésemos comiendo, me daba miedo que me sentase mal la comida. Me apetecía tomar el sol, disfrutar de la conversación y ponerme al día con Rod, no se podía pedir más estando a bordo de semejante yate. Y para nosotros solos. Admito que él si sabe como impresionar a las personas, más directamente a las mujeres. Y en esta ocasión a mi. No me puedo quejar de nada, es ideal.

Aproveché para preguntar por su mujer y él por mis amoríos. Con intenciones poco sanas le recordé que hubo muchos rincones en Hogwarts que hicimos nuestros, y que no he estado en ellos con nadie más. Ni mucho menos con alumnos. A falta de pan... Pero nunca son mi primera opción. Rod también recordaba nuestros encuentros. Posó su mano sobre la mía y le sonreí. Yo le pasé una mano por la cara, recordando más vívidamente aquellos momentos. - Puedes tener por seguro que me acuerdo de aquellos momentos muy bien, tengo buena memoria. Ha habido muchos hombres, ¿para qué negarlo?, - Solté una risita. - pero tu siempre fuiste especial para mi. - Bajé la mirada, usando el viejo truco, y de nuevo fijé mi mirada en la suya. Dudo que haya ojos más bonitos que los suyos. - Pero los tiempos cambian. Ya hace tiempo de esos encuentros. Supongo que ambos hemos madurado, y hemos crecido como personas. - Mi frase no era más que una adivinanza lanzada al viento sin querer. Mi intención era remarcar que ahora él está casado y somos amigos simplemente pero en realidad podía tener una lectura menos inocente, y es que ahora ambos teníamos más experiencia y un encuentro fortuito sería incluso más placentero.  Rod podía tomar la iniciativa en aquello. No voy a ser yo quien bese a un hombre casado esta vez.
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Invitado el Dom Ago 21, 2016 7:34 am

Rodolphus enarcó una ceja ante la pregunta de Elia. De todas las personas con quienes había hablado, había sido ella la única quien le había hecho esa pregunta y eso le pareció repentinamente curioso. Era como si todo el mundo diese siempre por hecho que había que adaptarse, que así eran las reglas de la vida y que sin adaptabilidad no había evolución, más ella parecía saber muy bien que los cambios traían consecuencias.

—¿La nueva Ministra? Debo reconocer que no la he mirado precisamente con esos ojos. Es atractiva, sí, pero jamás me había detenido a pensarlo, quizás porque no le considero demasiado competente debo de admitir. Se preocupa por demasiadas cosas sin importancia, alegando que de ese modo habrá más seguridad en el Mundo Mágico, pero a mi modo de ver, sólo está provocando la furia de su enemigo —alzó los hombros —. Honestamente, no le veo mucho tiempo en el poder.

Se sorprendió repentinamente al darse cuenta de que estaba hablando de política, pero entonces recordó que en sus años con Elia, realmente podían conversar de lo que quisiera, aún cuando ella no siempre estuviese de acuerdo con sus mismos ideales. Rodophus siempre había sido un defensor de la sangre y siempre había alardeado del linaje de su familia, por eso es que ahora debía andar con pies de plomo, y es que él mismo se había puesto en la lista de sospechosos de todos aquellos que comenzaban a sacar conclusiones respecto a los últimos crímenes mortifagos. Hasta ahora había sabido mover sus piezas del ajedrez y no había actuado de ninguna manera sospechosa mientras no estuviese seguro de que nadie le vigilaba las espaldas, teniendo que recurrir a veces a tácticas distractorias o falsas pantallas.

Aquellas mismas razones le habían tenido separado de sus viejas amistades, incluyendo aquellas que parecían no tener nada que ver con la causa, y es que Rodolphus no deseaba ofrecer información de su vida privada a quienes le espiaban. Así era como por fin, después de mucho tiempo, había logrado volver a encontrarse con Elia Deveraux y brindar con ella por los viejos tiempos, a bordo de un lujoso yate.

Sonrió al escuchar que se recordaba de aquellos momentos tan íntimos con total nitidez y meneó la cabeza al escucharle decir que habían habido muchos hombros. No lo desaprobaba, en lo absoluto iba a meterse con la vida de Elia y como había decidido vivirla, era —simplemente— que su caso había sido todo lo contrario. Para él había sido Elia y luego Bellatrix, no podía contar más en su lista de oficiales, aunque por supuesto había tenido por ahí alguna aventura la que tal vez podría sumar, pero es que él se había casado demasiado joven.

—Tú también fuiste especial para mi, vaya que sí lo fuiste —sonrió y le mantuvo la mirada, aún cuando ella a ratos desviaba la vista —. Supongo que tienes razón, aunque yo en lo personal no me considero mejor persona, al contrario. Creo que a veces me gusta jugar el papel del villano —sonrió como si estuviese hablando simplemente con palabras inocentes —¿No eras tú la que siempre decía que si obedecías todas las reglas faltaba toda al diversión? A veces las barreras que impone el tiempo están para romperse… Al menos en mi caso, reconozco que ya las he roto un par de veces.

Sonrió de medio lado, sin especificar con claridad de que barreras estaba precisamente hablando.
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Elia Deveraux el Sáb Ago 27, 2016 7:42 pm

Hablar de trabajo no era mi intención pues no quería aburrirme pero con Rod no pasaba eso. Él no profundizaba en el tema aunque explicase sobre su trabajo, de modo que me quedaba claro pero sin aburrirme. Le pregunté por el cambio del Ministro, que en esta ocasión era mujer. Sentía curiosidad por saber que opinaba Rod sobre ella. Es atractiva dicen, aunque mayor, y la gente no parece muy convencida del cambio. A mí me da lo mismo quien mande ahí mientras las cosas no cambien demasiado. Soy así de simple, solamente me importan las cosas que me puedan afectar directamente. Por supuesto que a mi familia le había afectado el cambio, conocían bien al señor Winslow y su dimisión había sido objeto de muchas conversaciones. Según Rod la nueva Ministra no iba a durar en el cargo. Dijo que estaba enfureciendo a su enemigo. ¿Quién debe ser su enemigo? ¿El señor oscuro? Es sabido que la familia Lestrange, al igual que la mía, está de ese bando. Yo en esas cosas no me meto. Lo mío es disfrutar de la vida, explimirla al máximo. Y eso pensaba hacer en aquel yate aquel precioso y soleado día. - ¿Te ves tu como futuro Ministro? - Pregunté muy consciente de lo que estaba diciendo. - Estoy segura de que es lo que necesitamos, alguien inteligente y con ideas claras. - Sonreí.

Cuando recibí noticias de Rod y un ofrecimiento de vernos no pensé en sexo, es extraño pero veraz. Pensé en los buenos momentos que pasamos pero sobre todo en lo buen conversador que es e inteligente. No es uno de esos hombres que solamente presta atención a mis dos pechos y habla de lo macho que es y de todas las mujeres con las que liga. Rod es diferente. Eso no quita que a mi me guste jugar, y por eso le recordé los viejos tiempos. Remarcando en todo momento que esos tiempos pasaron y que ahora hemos madurado. Por supuesto, todo con doble lectura. Al igual que sus palabras, tan enrevesadas que no entendí bien del todo lo que quería decirme. Lo que si entendí es que le gustaba jugar el papel de villano. Aquello sonaba muy sexy. Sonreí mostrando una mirada traviesa. Finalmente supuse que las barreras que había roto son las de la fidelidad que pide el matrimonio. Y un par de veces dijo. - Sigo diciendo que si obedeces todas las reglas falta toda la diversión. Y lo sigo cumpliendo. - Le contesté dando vueltas a eso de las barreras. - Pero no hay mucha diversión en Hogwarts por más que haya reglas para saltarse. Por eso debo aprovechar muy bien el tiempo de vacaciones. Cuando vuelva a la rutina podré acordarme de esos momentos y sonreír aunque mis chicos sean unos ineptos traduciendo runas. - Si, le estaba insinuando que crease un buen momento para mí, para poder recordarlo durante las largas tardes de invierno que pasaría encerrada en Hogwarts.

Moví ficha, despasando mi vestido y mostrando mi bikini. Quería tomar el sol al menos. Rod iba vestido muy formal, demasiado. No me importaría verlo con bastante menos ropa, quizás un simple bañador no muy grande. Su torso desnudo junto con su pelo al viento sería algo digno de recordar. - Dime que no te vas a quedar vestido todo el rato. Podríamos tomar el sol, o mojarnos. ¿Crees que podamos nadar? - Le pregunté con tono insinuante. Sería divertido poder entrar en el mar, siempre y cuando el yate se detuviese. Jamás me había dado cuenta del temor que me daba estar tan adentro en el mar.
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Invitado el Mar Ago 30, 2016 2:20 am

Por primera vez sintió que podía decir mucho sin llegar a preocuparse de las repercusiones. Con Elia había confianza y conocía muy bien los intereses de su familia, más aún así sabía que no debía pecar de ingenuo y soltar todo lo que pensara, pero ya estaba más que acostumbrado a medir todas sus palabras por lo que eso salía aún cuando no tuviese reales intenciones de hacerlo. Mas sabía que Elia era una persona inteligente, demasiado capaz de leer entre líneas, pero aún así no le temía.

—¿Yo como Ministro?

Preguntó llevándose una mano al pecho para señalarse a sí mismo y riendo al mismo tiempo que formulaba la pregunta y, hacía mucho tiempo que no llegaba a reír tan abiertamente como acababa de hacerlo en ese momento.

—Sí, yo también estoy seguro de que necesitamos de alguien inteligente y con ideas claras, pero… —suspiró —No, no me veo como Ministro. Es cierto que me gusta el poder, como a todo Slytherin, somos ambiciosos y muchas veces arribistas, pero… ser Ministro de Magia creo que es un cargo demasiado expuesto para alguien como yo. Me gusta hacer cosas sin que haya otra gente metiendo sus narices de por medio y tampoco me gusta consultar a tercero respecto a mis acciones. El Ministro trabajo mucho en grupo y a fin de cuentas es poco lo que decide por su propia cuenta, así que no —movió la cabeza —. Yo prefiero quedarme tras bambalinas, moviendo las hebras de mis títeres desde las mismas sombras mientras veo como el resto se asombra —sonrió —¿Tú te ves como Directora de Hogwarts?

Creía saber ya la respuesta, pero Elia le había sorprendido tanto con su pregunta, que mejor deseaba escucharla por su propia lengua, ya que podía acabar sorprendiéndose tanto como lo había hecho antes. Aunque, pensándolo mejor, tampoco le sorprendería que Elia tuviese sus propias y secretas ambiciones.

Luego del brindis, ambos comenzaron a recordar viejos tiempos, por lo que la conversación comenzó a desviarse lentamente hacia un rumbo inesperado, pero a la vez inevitable. La rubia siempre había sido una mujer sumamente atractiva, y aunque Rodolphus era una persona muy exigente, en muchos de los sentidos, Elia siempre había cumplido con todas sus expectativas. ¿Por qué la había dejado? Simplemente por conveniencia, por preservación de la sangre y unión de ideales.

Le vio desabotonarse el vestido mientras él dejaba la copa de vino, ya vacía, sobre la mesita que tenían por delante y sonrió ante su pregunta, para luego desviar la mirada hacia el horizonte.

—Creo que no habrá ningún problema.

Su vista estaba fija en la dirección que había tomado el yate, pues ya podía comenzar a verse un pequeño islote que se hacía más grande a media que se aproximaban. No debía tener más de setenta metros de amplitud a la redonda. Sin embargo, tenía un pequeño muelle y una especie de terraza cubierta por una lona blanca, bajo la cual se encontraba una mesa para dos, perfectamente decorada para la ocasión.

—Como ya ves, no tendrás ningún problema con el movimiento del yate para cenar —le sonrió —. Sin embargo, siempre he escuchado que no es bueno bañarse inmediatamente después de comer, por lo que si quieres podemos hacerlo antes de la cena.

Volvió a mirarle directamente, esta vez desplazando su mirada también a través de su figura descubierta, para luego soltarse los primeros botones del cuello de su atuendo.

—Sin embargo, no estoy muy convencido de si acompañarte o no —soltó mirándole a los ojos —. Tal vez tengas de convencerme.

Sonrió de medio lado, pues acababa de imponerle un nuevo desafío cuyas intenciones, una vez más, no estaban del todo claras.
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Elia Deveraux el Mar Sep 06, 2016 11:44 pm

A parte de nuestros trabajos y nuestra época no tan pasada de estudiantes no sabía que otros temas tratar con Rod, así que insistí en hablar de su trabajo. Es un tío importante en el Ministerio, seguramente puede hablar de cosas interesantes. Como por ejemplo la nueva Ministra. Pero tuvo poco que decir, de modo que le pregunté si se veía como futuro Ministro. No esperaba de Rod una falsa humildad, si él decía que no quería serlo es que no quería. Sin dobles sentidos ni vuelta de hoja. No quería ser Ministro porque prefiere trabajar solo sin tener que dar explicaciones a nadie. Es una buena conclusión. El trabajo de un Ministro debe ser bastante estresante. Con sus mil asesores. Al final debe hacer lo que le dicen, no lo que él quiere. Sonreí al escuchar que Rod prefería estar en segundo plano, moviendo hilos y haciendo bailar a sus títeres. Y como para cerrar el tema quiso saber si yo me veía como Directora de Hogwarts. - No. Ni pensarlo. Demasiado trabajo para una sola persona. Soy feliz en mi puesto de profesora de Runas. Seguramente el sueldo es mejor, pero tampoco voy a morir de hambre así que... Prefiero tener tiempo para mis cosas. Además, es un puesto para alguien viejo y feo. Y yo no soy ninguna de las dos cosas. - Nunca presumo de las riquezas de mi familia, pero no soy tonta. No quiero ganar más dinero trabajando más y teniendo más responsabilidad. Prefiero ganar menos, tener más tiempo libre y poder divertirme sin que los del Consejo escolar estén siempre mirando mis acciones con lupa.

Pensándolo bien mi ideal de vida consiste en trabajar más bien poco y divertirme mucho. Fiestas, piscina, playa, viajes, amigos, … La vida se compone de momentos felices y tristes o aburridos, si al morir los tristes o aburridos superan a los felices tu vida no ha valido para nada. Y ahora era momento de aprovechar que estaban solos en pleno mar, con un yate gigantesco, para divertirse. Quería tomar el sol, y nadar. Rod aseguró que no había ningún problema. Su mirada estaba fija en el horizonte, y quise saber que miraba. Entonces pude ver que nos acercábamos a una isla. Un lugar pequeñito, en medio de la nada y rodeado de agua. Un lugar ideal para hacer cosas que no quieres que nadie sepa que has hecho. Que mente más maravillosamente malvada posee mi querido amigo.

Todo estaba preparado para cenar, había una sola mesa en un muelle muy bien decorado. Lo mejor sería aprovechar las horas de luz para nadar en la orilla y después cenar. Aunque Rod no estaba muy seguro de querer acompañarme. - Tienes que acompañarme. ¿Qué clase de caballero eres? Podría salir un tiburón a comerme. Debes venir conmigo y protegerme. - Rod conocía muy bien mis juegos de dama en apuros, como también mis juegos de niña caprichosa que siempre obtiene lo que quiere. Mis manos se acercaron a su camisa y le fui desabrochando algunos botones sin dejar de mirar sus ojos. - Mejor dejar la ropa a salvo, para que no se moje. - El yate atracó en el muelle y ambos bajamos. Una suave brisa nos sorprendió, que hizo ondear la decoración de la terraza. Por un momento me olvidé de los botones de la ropa de Rod y miré la isla, fijándome en cada árbol y cada planta. - ¿Aquí es donde sueles venir a romper esas barreras de las que me hablaste antes? - Pregunté traviesa. Mi ambición no era follar con un amigo en una isla desierta, lo que buscaba era diversión y una excusa con la que soñar durante mis meses en Hogwarts. Aquella isla ocuparía una sala completa en el palacio de mi mente.
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Invitado el Jue Sep 08, 2016 12:40 am

Tal como había imaginado, Elia tampoco se veía a sí misma como Directora de Hogwarts, aunque por lo que ella decía, ambos tenían motivos demasiado diferentes como para no querer ascender de puesto, él porque prefería mover sus hilos desde detrás del escenario y ella porque no deseaba llevarse más trabajo del que ya tenía. Razones diferentes, pero ambas totalmente válidas.

Rió divertido cuando le escuchó decir que tampoco era alguien viejo y feo, porque verdaderamente parecía ser aquel uno de los requisitos fundamentales para ser Director del Colegio. Era cosa de dedicarse a ver los retratos de los antiguos directores de Hogwarts para darse cuenta que todos morían mayoritariamente viejos y es que el puesto de Director de Hogwarts parecía ser un puesto que te ligaba de por vida, ya que si no te morías ejerciendo, no tenías derecho a aparecer en los retratos que decoraban la oficina de Director.

Finalmente se acercaron al pequeño islote al que había decidido llevarla, pues no había nada mejor que la lejanía de todos, especialmente de los muggles, para desconectarse de la rutina y hacer de ese día algo especial, sin llegar a preocuparse de si podían o no ocupar su magia. Por eso se sintió inmensamente satisfecho al notar que a Elia parecía agradarle la idea. Sin embargo, la ex-Ravenclaw tenía pensado bañarse a como de lugar y que él le acompañara, por lo que no tardó en insistir, utilizando la excusa de que podría atacarla una tiburón.

Rodolphus rió inmediatamente por semejante idea, sabía perfectamente que Elia era capaz de enfrentarse a un tiburón por su propia cuenta, y más. Una mujer como ella no necesitaba de protección, pero la forma en que ella le insistía comenzaba a parecerle cada vez más tentadora.

Permitió que la profesora desabotonara los primeros botones de su camisa, mientras le sostenía la mirada y sonreía ante sus palabras, pero claro, todo aquello se detuvo cuando el yate finalmente atracó y ambos tuvieron ante sus ojos el pequeño muelle, la mesa y su decoración.

—Suena tentador —respondió a su pregunta —, pero la verdad es que no necesito de ninguna isla desierta cuando lo que quiero es precisamente romper las barreras.

Sonrió tendiéndole la mano para ayudarle a bajar del yate y dio un tiempo a que la rubia contemplara la isla y la decoración, mientras él se quitaba los zapatos y continuaba también liberándose del resto de su ropa, para acabar en condiciones similares a la que presentaba Elia. Aunque en lugar de dejar ver un bañador, se quedó con los pantalones de su traje, los cuales no tuvo problemas de adaptar a una a un verdadero bañador tan sólo con un movimiento de su varita.

—Vuestros deseos son ordenes.

Sonrió a la rubia, dedicándole una especie de reverencia, antes de inesperadamente tomarle a ella entre sus brazos y correr con ella hacia el mar en donde le hizo bajar hasta mojar sus pies, su trasero y su espalda, precisamente aquellos lugares en donde más se sentía el impacto térmico de la gran diferencia entre temperatura corporal y el agua del océano.
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Elia Deveraux el Jue Sep 15, 2016 1:27 am

No es que me las de de mujer fatal, pero suelo conseguir que los hombres hagan cosas que quiero que hagan de manera muy simple. Les hago saber que si no lo hacen me pondré triste, o algún tipo de chorrada como esa. Son manipulables, y dóciles. Por supuesto, hay quedar algo a cambio siempre. Quid pro quo. Al ver la pequeña isla tan apartada del mundo, alejada de civilizaciones y a su vez tan preparada para ofrecer todo lo necesario a dos náufragos como nosotros pensé que era un lugar que Rod usaba como picadero. Es bien sabido que su mujer está loca. La veo capaz de descuartizar a alguien si se entera que ha estado con su marido haciendo algo más que charlar. La isla sería un buen refugio para evitar esas muertes innecesarios. Pero Rod no contestó con claridad y me quedé con la duda.

Por lo menos me hizo caso en algo y Rod empezó a quitarse la ropa, quedando en un bañador muy apropiado para poder bañarse. Yo no necesité de magia para ello pues traía el bañador puesto de casa bajo mi atuendo. Tuve ganas de bañarme desde que quedamos de vernos en el muelle. Me quité los zapatos, y dejé toda mi ropa desperdigada por la orilla del mar. Él cogió mi mano y juntos como niños entramos en el mar corriendo y saltando, y gimiendo cada vez que el agua tocaba alguna zona sensible. Lo peor es cuando el agua llega a la zona del ombligo, por no decir un poco más abajo de eso, y la espalda. - Está un poco fría. ¡joder! - Apreté los dientes pero continué adentrándome hasta que finalmente opté por mojarme toda y nadar un poco para que la sensación de frío disminuyese. Una vez bien mojada me acerqué a Rod con una sonrisa. - Has obedecido a mis deseos y me encanta. Te sienta bien estar con poca ropa, y estar mojado... ¿Hay algún otro deseo que podamos cumplir? - Más directa no se puede ser. Directa y sutil, como una dama que es lo que soy. Me dejé caer hacia atrás sin sumergir la cabeza disfrutando del sol y del azul perfecto del cielo, luego me hundí hacia abajo y salí falsamente asustada. - ¡Oh, los tiburones! ¡Me van a comer! - Grité sin poner mucho énfasis en mi mentira, y continué entrando en el agua como si algo me estuviese atacando desde abajo.

Dudo que los tiburones actúen de ese modo pero solamente estaba buscando una manera de divertirme, y a su vez saber como reaccionaría Rod. De modo que hice aspavientos y me hundí por un buen rato, es algo que practiqué bastante en la piscina de mis padres y en la de mis amigos y que sigo practicando porque me gusta mucho el agua. Soñaba con ser sirena hasta que supe que su belleza no era real si no cosa de cuentos para niños. Cuando salí del agua lo hice riendo y buscando a Rod con la mirada aunque me escocían los ojos por culpa de la sal.
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Invitado el Jue Sep 22, 2016 2:39 am

Se le escapó la carcajada al escucharse quejarse de esa manera acerca del agua fría, aunque podía ver claramente en su piel erizada que verdaderamente no mentía, el agua estaba fría, aunque sabía perfectamente que si se quedaban lo suficiente para aclimatarse, entonces sólo le sentirían fresca.

Por un momento se quedó en su lugar, contemplándose como simple espectador y es que hacía muchos años que no tenía una visión del cuerpo de Elia tan expuesto como lo veía en ese momento. Los años habían pasado por ambos y aún cuando no dejaban aún huellas de vejez, sí dejaban la huella de la madurez. Su cuerpo ya no era el mismo, así como tampoco lo era el de ella, ni sus caderas, ni sus pechos tenían las mismas medidas que hacía algunos años. Ahora era una mujer adulta, así como él también era un hombre, ambos por completo desarrollados y con una mentalidad que les permitía también ver las cosas de otra manera, aún cuando hubiesen algunas cosas que siguiesen siendo las mismas.

No supo si la bruja se dio cuenta el con cuanto detalle le estaba mirando, cuando ésta se acercó a él para sacarle en cara de que había sucumbido a sus deseos, lo cual hizo que Rodolphus rodase los ojos y sonriera meneando la cabeza. No le convenía buscarle por ese lado a un hombre tan orgulloso como lo era el Lestrange, por lo que cuando le preguntó si había algún otro deseo que pudiese cumplir, es que el ex-Slytherin torció una sonrisa y no hizo más que dedicarle una mirada descarada, antes de lanzarse al agua para también mojarse por completo.

Nadó por un momento, intentando rodear a Elia como un verdadero tiburón de aquellos a los que ella aparentemente temía, hasta que la misma mujer se unió a su nado y Rodolphus rozó “accidentalmente” su figura, para luego observarla en silencio por debajo del agua y acariciar una de sus piernas.

Aún le quedaba un poco de aire dentro de los pulmones, cuando otra cosa peor y más urgente le hizo salir repentinamente hacia la superficie y sin dar explicación alguna echarse a nadar hasta la orilla que, para su fortuna, no estaba demasiado lejos. El brazo izquierdo le escocía, sabía perfectamente lo que sucedía y necesitaba su varita.

La marca tenebrosa había aparecido tatuada sobre su piel, en ese momento expuesta sobre su piel desnuda, delatando el llamado del Lord Tenebroso que les invocaba en ese momento. No se detuvo a esperar por Elia, no quería que le viera, no quería que ella se diese cuenta o tal vez incluso tendría que silenciarla de manera definitiva.

¿Por qué? ¿Por qué ahora? Se preguntaba mil veces mientras se acercaba a la orilla. Siempre llevaba sus brazos cubiertos por la túnica, y era en ese momento, el único momento en que la marca que reflejaba sus verdaderas lealtades amenazaba con delatarle.

Le sintió salir del agua y encaminarse al orilla tras él como si buscase alguna explicación. Era, por supuesto, la reacción normal de cualquier persona en esa situación, pero la irracionalidad de Rodolphus no lo entendía. Él sólo no quería dañarla y dudaba mucho de que ella lo entendiera.

—¡Detente ahí! —le espetó volteándose a mirarla, intentando cubrir su antebrazo izquierdo con la mano derecha —No me sigas..
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Elia Deveraux el Jue Sep 29, 2016 2:50 pm

Lo estaba pasando muy bien. Apartando un poco la seriedad que nos caracterizaba a ambos nos comportábamos como críos, y entra,ps en el mar a jugar un poco. Todo estaba siendo divertido y un tanto atrevido, pues el agua esconde nuestros cuerpos y el roce de la piel sin querer se hace necesario. No tenía un interés especifico en Rod, pero verle en bañador y de nuevo tan cerca me hizo rememorar el pasado, y supe que no me importaría que pasase algo en aquella isla desierta y apartada del mundo real. Justo cuando me admití aquello a mi misma Rod salió hacia la orilla sin dar explicaciones. Mi primer pensamiento fue en lo que suele ocurrirle a los hombres cuando llevan poca ropa y se ponen a jugar con una mujer atractiva dentro del agua. Lo normal es salir e intentar disimular la erección. Pero no era eso lo que le sucedía a mi amigo. Lo que se sujetaba era el brazo izquierdo, no sus partes. Lo hubiese entendido perfectamente, por más que mi cuerpo no fuese tan explicito yo también empezaba a excitarme. Me quedé allí dentro del mar, sola, mirando a donde estaba él para que me diese alguna explicación. Quise salir para ver que pasaba. - ¿Te ha picado una medusa? - Esos seres marinos pueden picar y duele muchísimo. Lo mejor sería aplicar un ungüento para que dejase de doler, pero Rod me habló con tono enfadado.

Me detuve al no entender que estaba pasando. Él no admitió que le hubiese picado algo y sin embargo se sujetaba una mano con la otra. Además no me dejaba acercarme, de modo que yo seguía dentro del agua. Y en ese momento lo entendí. Me vino a la mente mi padre, y mi hermano. Ambos seguidores del señor tenebroso. Cuando la marca se hacía visible daba lo mismo que fuese el día de navidad como que un padre estuviese enseñando a montar en bici a su hija o que dos hermanos estuviesen disfrutando de una partida de ajedrez mágico. Era momento de irse, porque él señor oscuro así lo quería. Sin explicaciones, sin excusas. Un malestar interno se hizo visible en mí. Odiaba al señor tenebroso por haberme arrebatado todos esos momentos con mi hermano y con mi padre. Por su culpa y por su causa todo el mundo tenía que abandonar lo que estuviese haciendo por ir a reunirse con él, y lo mismo iba a pasar con Rod. - Tienes que irte, ¿no es cierto? - Pregunté con cautela.

De ese modo él podía saber que yo estaba al tanto, y de igual modo podía saber que aunque yo no pertenecía a esa organización conocía sus métodos porque alguien cercano era mortífago. Nunca me uní porque odiaba a ese hombre que me arrebataba a mi familia de tanto en tanto. Por más que mis ideas fuesen más o menos puristas, odiaba saber que por su culpa yo me quedaba en casa sola por ser demasiado pequeña para poder ir. Tampoco me sorprendía nada. Siempre supe de que bando estaba mi amigo, dejaba bien claros sus ideales en cada ocasión. Pertenecía a Slytherin, ¡por Merlín!, casi todos terminan siendo mortífagos más o menos decentes.
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Invitado el Lun Nov 07, 2016 10:24 pm

¿Qué si lo había picado una medusa? Ja! Ojalá y fuera sólo eso, pero no lo era. Lo suyo iba mucho más allá, iba con delatarse frente a Elia, con que ella se enterase de su verdad precisamente en un momento en que no podía ocultarlo, en donde la ropa no le cubría la marca y ambos estaban a solas, sin mucho lugar a donde ir.

Estuvo a punto de desaparecer, así sin más y sin dar la más mínima explicación, pues su amistad con la profesora de pronto no significaba nada, junto al servicio que él debía de presentar a su Lord. Rodolphus jamás había interesado en tener muchos amigos, para él lo necesario eran los contactos, pero ningún contacto era realmente bueno si acaso tenía que elegir.

No quería que Elia le viera la marca, después de todo, sentía aún cierto aprecio por la chica, un aprecio difícilmente explicable, considerando su reducida gama de sentimientos. Era alguien a quien debía de reconocer, no le gustará perder, pero si acaso ella se enteraba de su secreto, él no dudaría en silenciarla, hasta que…

—Tienes que irte, ¿no es cierto? —preguntó ella.

Rodolphus se detuvo de inmediato en la arena y se quedó helado por un momento, para luego girarse lentamente hacia la mujer. No era necesario preguntar, aquella frase le sonaba demasiado evidente. Elia lo sabía, y no sólo lo sabía lo que era como, sino que además sabía como funcionaba y lo que venía después.

El mortifago sacó inmediatamente la varita y le apuntó, ya despreocupándose por completo de ocultar la marca tenebrosa que le decoraba su brazo. Le apuntó directamente, como si la varita tuviese una verdadera mira, cuyo punto rojo yacía directamente sobre la frente femenina. Sin decir una palabra, se acercó rápidamente a ella, y pobre que se atreviese a intentar huir o a moverse, atacaría sin miramientos.

Así, con una brusquedad que quizás Elia jamás había visto en él, le tomó fuertemente del brazo y le atrajo a él, en donde nuevamente sus pieles se rozaron más de la cuenta, aunque ya no con la sutileza del coqueteo, sino con la dureza de la amenaza, del temor y la ira.

—¿Cómo es que sabes? —le preguntó antes de mirar el antebrazo de la chica, para ver que no tenía ninguna señal de marca tenebrosa, por lo que la sujetó con aún más fuerzas y la sacudió sólo una vez para apresurar una respuesta —¿Qué es lo que sabes acerca de esto? —preguntó con la mandíbula apretada, tomándola ahora de la nuca para acercarla aún más a su rostro —¿Cómo es que sé eres de confianza? —preguntó arrastrando las palabras, mirándole a los ojos antes de bajar su mirada hasta sus propios labios —¿Cómo es que sé que mereces seguir viva?

Ahora… sí que estamos hablando de como es que se excita a un Lestrange.
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