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Bajo la piel del cordero {Elia Deveraux}

Invitado el Dom Jul 10, 2016 6:31 am

Recuerdo del primer mensaje :

El verano había comenzado y aún a pesar que las calles estaban mas descongestionadas, a él le parecía lo peor del año. No sólo tenía a los estudiantes de Hogwarts sueltos por todos lados, sino que también que los turistas muggles invadían Londres, por lo que ir a trabajar al Ministerio y hacer la línea para los retretes en la mañana se volvía un verdadero suplicio. Por suerte para él, ese día era su día libre, sin embargo ya lo había agendado para una vieja amiga.

Temprano en la semana había enviado una lechuza a Elia Deveraux, actual profesora de Runas Antiguas en el emblemático Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, escuela de la cual ambos habían sido alumnos, durante la misma época. Además, no sólo habían compartido una agradable amistad, si no también une pequeña relación sentimental, antes de que ambos separaran sus caminos, él comprometiéndose con Bellatrix Black y ella… la verdad es que jamás se habían sentado a hablar de lo que había sido de sus vidas.

Hoy sería ese día.

Había citado a Elia en la bahía de Dover, precisamente en el puerto de yates, en donde parecían juntarse sólo los muggles de la clase más adinerada, por lo que el lugar no era demasiado transitado y perfectamente podrían encontrar un buen lugar para aparecer y desaparecer si acaso lo necesitaban.

Echó una mirada a su reloj de bolsillo, notando que ya se acercaba la hora de su encuentro. Pero cuando bajó su reloj y alzó su mirada, notó como un par de muggles le miraban de manera curiosa y es que, por supuesto, su vestimenta no era la adecuada para entremezclarse con ellos, pero Rodolphus era demasiado purista y orgulloso como para rebajarse a vestirse como ellos, así que sólo se limitó a mirarles con desprecio y a darles la espalda.

Sólo volteó cuando escuchó un par de pasos a su espalda y se giró para mirar, encontrándose ahí con un rostro demasiado conocido, alguien a quien no veía hace mucho tiempo; la rubia y bella Elia Deveraux.

—Elia… afortunados los ojos que por fin te ven.

Reconoció ofreciéndole una sonrisa y dedicándole una reverencia.

—Lamento haberte citado en este lugar tan lleno de curiosos, pero créeme que es lo mejor y más despejado que se puede encontrar en toda el área de Londres. El verano siempre llena a Europa de turistas, todos lo sabemos.

Extendió una mano para indicarle que por favor caminase a su lado, pues él también comenzaba a retomar la marcha. El día parecía preciso y especial para una caminata, pero Rodolphus tenía otros planes, y es que mientras alejado de los muggles mejor, aún cuando eso significase usar uno de sus propios medios de transportes para tener un poco más de privacidad.

—Espero que no te mareen andar en bote —señaló deteniéndose al costado de una rampla que daba hacia uno de los yates —, por favor. Las damas primero —sonrió.
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Elia Deveraux el Jue Nov 10, 2016 12:48 am

De pronto la desierta isla se había quedado aún más silenciosa. Tras mi pregunta sobre todo. Rod permaneció callado y pensativo unos instantes. Supongo que él cree que es un secreto ser mortífago y nadie más debería saberlo. Pero yo lo sé. Mi intención era hacerle saber mediante mi pregunta que estaba al tanto de lo que ocurría y no me importaba. Es decir, casi todos en mi familia lo son o lo han sido y no lo voy gritando a los cuatro vientos. Además, conozco de sobra sus ideales en contra de los muggles y era fácil de deducir. Pero la expresión de Rod cambió. Ya no estaba asustado ni intentaba esconder el brazo. Sacó su varita y me apuntó directamente por lo que me asusté. No me moví ni un ápice porque hubiese sido peor. Mi varita estaba junto con el resto de mi ropa, estaba desprotegida. Jamás había visto a Rod tan alterado, me miraba de un modo que... estaba temiendo por mi vida.

Me hizo daño al cogerme fuertemente del brazo pero no dije nada. No quería empeorar la situación. Solo tenía que dejar que se calmase y explicarle que yo no iba a descubrir sus secreto ante nadie. Podía confiar en mi, como creía que ya lo hacía. Quería saber cómo lo sabía e incluso revisó mis brazos en busca de la misma señal que él tenía en el brazo. Sabía que se calmaría con mi explicación pero no me salían las palabras. Rod estaba muy enfadado y empezaba a ser violento, me dolía el brazo. Mi respiración estaba agitada, me estaba llevando un buen susto, y mi pecho se hinchaba y de deshinchaba exageradamente con cada respiración. - Yo no diré nada. - Acerté a decir.  De pronto era como estar con un desconocido, pues nunca se había puesto así conmigo. Intenté soltarme y hablar sinceramente pero no me dejó ir. - Tranquilízate, ¿quieres? Me estás asustando mucho. - Le miré a los ojos intentando hacerle entrar en razón. - Deja que te explique. - Era un momento muy tenso, quizás el más tenso en mi vida. Más incluso que cuando mi padre y Daniel discutieron por asuntos oscuros.

Visto que no se calmaba y no dejaba de agarrarme con fuerza reuní el valor suficiente para hablar y explicarme. Tenía que hacerlo con calma si quería seguir con vida. Rod no amenazaba en broma, estaba cabreado. - Sé que muchos de vosotros no conocéis la identidad de otros, por seguridad, pero mis padres son mortífagos. Theophilus  y Miranda, también mi hermano Jackson lo fue pero murió hace años. - Dudé si hablar o no de Daniel y finalmente no lo hice para no empeorar las cosas. Mi hermano no era un ejemplo de Mortífago. - A ellos también les ocurría lo del brazo, ya sabes. Se iban sin darme explicaciones, me dejaban sola para ir a reunirse con... - No me atreví a nombrarle. - Y desde pequeña me enseñaron que era un secreto. De modo que puedes confiar en mí. - Dicha mi verdad esperé. Sabía que no me quedaba mucho tiempo. Rod tenía que acudir a la llamada y antes de irse tenía que dejar esto resuelto de un modo u otro. De modo que busqué la forma de ganarme su favor. - No tienes porqué matarme. Somos amigos, soy de fiar. - Su cara estaba tan cerca de la mía que le veía borroso, también se debía a que mis ojos se habían empañado. No estaba llorando, solamente unas lágrimas sueltas se instalaron en mis ojos impidiéndome ver con claridad. No tengo varita, estoy indefensa. Lo mejor es usar armas de mujer.
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Invitado el Lun Nov 21, 2016 7:29 am

Elia intentó desprenderse de su agarre, huir de sus manos y utilizar las palabras para hacerle entrar en razón, pero Rodolphus no aceptaría nada que no fuese una respuesta a sus preguntas. Estaba decidido y por mucho que lo lamentara, si ella no le daba una muy buena explicación en los siguientes diez segundos, él tendría que matarla. Fue un forcejeo intenso, mientras ella más intentaba liberarse, con más fuerza él le tomaba y eso sin duda lastimaba a la mujer, algo que para bien o para mal, finalmente le hizo hablar.

Le escuchó sin soltarla, ni ceder ni un sólo milímetro del agarre de su brazo, el plan de borrarla el mapa no había cambiado y no lo haría hasta que le convenciera de que le estaba dando una razón válida.

Elia no lo sabía, pero él sí sabía más de lo que ella creía de los otros mortífagos. Su propio padre había sido incluso compañero de escuela de Tom Riddle, se conocían de pequeños y no sólo compartían la misma casa, sino que también un lugar privilegiado en el Club de las Inminencias y por tanto Lord Voldemort le conocía prácticamente desde su mismo nacimiento. Rodolphus había crecido bajo su sombra y desde muy joven, quizás demasiado, que se había ganado su confianza y expresado su lealtad. Había muchas cosas que sabía y que a ojos de otros, no debería saber.

Rodolphus cedió por fin de su agarre y le dejó libre, más retrocedió aún mirándole con esa expresión de desconfianza y llevando su varita también en alto. Retrocedió hasta el lugar en donde la mujer había dejado sus prendas de ropa y desde ahí invocó la varita ajena, para quedársela consigo.

—Tú te quedas aquí —le dijo de manera imperante; aquello no era una sugerencia, ni una petición —. Regresaré a por ti.

Y dicho aquello, con un movimiento rápido de su propia varita, volvió a vestirse con su anterior elegante atuendo y desapareció. Elia no podría desaparecerse sin su varita y el elfo doméstico que les había acompañado en el yate, salió a la proa de éste para vigilar a la mujer desde su mismo lugar. Aquello podía sentirse casi como una prisión sin barrotes, pues Elia —en otra palabras— era una captiva.

Los minutos pasaron, al menos unos diez o quince de ellos, cuando el fuerte CRACK de la aparición volvió a resonar en medio de la isla desierta y Rodolphus una vez más se hizo presente. Miró a la mujer e hizo un gesto al elfo doméstico para que éste pusiera la mesa y todo lo necesario para comer.

—Quiero que me cuentes más acerca de tus padres —le miró directamente a los ojos —, y quiero que me digas porque tú no les seguiste a las mismas filas.

Era difícil de saber si aquello era un interrogatorio o una nueva oportunidad.
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Elia Deveraux el Vie Nov 25, 2016 2:01 pm

La situación era muy violenta y Rod había conseguido asustarme de verdad. Su secreto estaba a salvo conmigo pero él no iba a confiar en mí tan sencillamente. Es normal, pues de que su secreto siga siéndolo depende su seguridad. Llevo toda mi vida ocultando los ideales de mis padres y no es distinto con él, yo le aprecio y nunca diría nada a nadie. Me tenía bien agarrada, incluso me estaba haciendo daño. Sus ojos eran pura rabia. Por un momento la situación me superó y creí que iba a matarme allí mismo, en aquel lugar paradisíaco. Pero no, recogió sus cosas para vestirse. La llamada de señor tenebroso se tenía que responder deprisa, ineludible. Era yo la que iba a tener que esperar. Rod se esfumó, llevándose mi varita. Toda la presión que había estado soportando salió. Me puse a llorar, en parte por miedo y en parte por rabia. Me daba igual que el estúpido elfo me estuviese vigilando. Cuando pude tranquilizarme me vestí. Ya no quería disfrutar del sol ni de la playa. Al volver Rod iba a tener que dar explicaciones y de ellas dependía el seguir viva. Mi inteligencia tenia que aflorar para convencer a mi amigo de que su secreto estaba a buen recaudo. No iba a ser fácil, eso ya lo sabía.

Me senté tranquilamente en la mesa dispuesta y tomé algo de agua. En ocasiones mis padres tardaban horas en volver, y yo solía quedarme con la elfa doméstica. Como ahora. La diferencia es que Elga no solía vigilarme de manera tan imponente. Tampoco quería irme sin más. Si de verdad Rod es un caballero no me matará sin darse la oportunidad de disfrutarlo. Es así como yo lo imagino, disfrutando de la tortura. No matando sin más. Puede que matar a sangre fría sin más sea más cruel que la tortura. O puede que no, nunca me he detenido a pensarlo. Nunca he pensado en esas cosas. Lo que mis padres hacían para mi estaba bien. Pero en mi mundo ideal no necesitaba pensar profundamente en ello, yo prefería divertirme con los chicos o leer.

Pasaron varios minutos en los que dejó de importarme el elfo y me sumergí totalmente en mis pensamientos. Debía pensar y saber que iba a decirle exactamente a mi querido amigo si quería evitar mi muerte. Volví a la realidad cuando se escuchó el sonido de la aparición de Rod. Se sentó en la mesa conmigo y el elfo dispuso la mesa para comer. Tenía de todo menos hambre. Le miré sin temor, como si nada hubiese pasado. Aunque él podía notar en mis ojos que había llorado. No quería mostrarme débil, pero tampoco iba a ser imbécil. No quiero morir todavía. Él quiso saber más acerca de mis padres, sin preámbulos. - Mis padres han sido siempre seguidores del señor Oscuro, y a pesar de su avanzada edad lo siguen siendo. Supongo que ahora les destinan a misiones más tranquilas, pero siempre estuvieron al pie de la batalla. Mi madre resultó herida en algunas ocasiones, y mi padre llegó a estar en coma en San Mungo cuando yo iba a Hogwarts. Digamos que ese secreto que tu guardas con tanto recelo es algo que yo llevo guardando toda mi vida. Aunque tampoco sé mucho sobre ello. - Lo que realmente importaba era mi versión sobre porque no estaba yo inmiscuida en esa organización. - A causa de sus continuas salidas yo me críe un tanto distante de mi familia. Siempre he ido a mi aire. Y tu sabes bien que no soy buena en duelos físicos. Lo mío es el cerebro... - Dijo tocando mi cabeza. Era mi mejor escusa, la única. Y no era del todo cierta. - De modo que ni me lo planteé. - Desde que Daniel dejó de ser un mortífago se le puso en la cabeza que tenía que enseñarme Defensa contra las artes oscuras por si alguien intentaba atacarme a mí por su culpa. Eso nunca ha ocurrido, pero yo aprendí bastante bien. Aunque nunca tuve que ponerlo realmente en práctica. La realidad es que los hechizos no son lo mío, mis mejores batallas son las intelectuales. Y es un momento perfecto para ganar una antes de que esto se convierta en un duelo de varitas.
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Invitado el Mar Dic 06, 2016 12:27 am

Elia ya estaba sentada a la mesa cuando él llegó, por lo que no hizo falta que le ordenase o hiciese alguna seña parar que la mujer obedeciera, mas bien dicho, fue él quien se sentó a la mesa, junto con ella, mientras el elfo doméstico se apresuraba en disponerla para comer.

Rodolphus miró Elia y se dio cuenta de que la mujer había llorado, pero eso no ablandó su corazón cuando le exigió saber más respecto a su familia, mas parecía no haber temor en sus ojos, lo que incrementó ligeramente la curiosidad del mortífago. Le escuchó con atención.

El elfo doméstico hizo aparecer la comida, ésta se veía demasiado apetitosa, pero Elia no mostró ningún atisbo de alegría a verla apostarse sobre la mesa, lo que supuso a Rodolphus que la mujer aun estaba algo consternada, que aunque intentase no demostrarlo, probablemente aún tuviese miedo por su vida, y eso —para sus ojos— estaba muy bien.

—Entiendo.

Fue lo único que dijo antes de comenzar a comer, poniéndose la servilleta sobre su regado y luego tomando un poco de la ensalada que tenían de entrada, con el tenedor que estaba más hacia afuera en su posición. No dijo, ni expresó nada más hasta que hubo terminado con aquel primer plato que, al ser sólo una entrada, era relativamente pequeño.

—Yo tampoco soy dado a las batallas con varita, podría decir que lo mío también es la parte intelectual —mencionó llevándose el dedo a la sien —. Soy bueno interpretando los puntos más débiles de la gente, descubriendo fortalezas y convenciendo a otros de usarlas en mi favor. Soy, en otras palabras, un estratega, y estoy bastante seguro que mis habilidades son ampliamente cotizadas para Señor Tenebroso.

Apenas hubo terminado de hablar, cuando el elfo doméstico hizo desaparecer los platos, para reemplazarlos con un jugoso filete mignon en salsa de vino tinto, acompañado con papas y vegetales.

—¿Vino? —ofreció Rodolphus.

Descorchó entonces la botella de vino y esperó a su respuesta para servirle a ella primero o servirse sólo él. Era vino añejo de Ogden, su favorito, por lo que bebería al menos una copa con la comida, antes de continuar encargándose de su invitada.

—Y… ¿qué es lo que tu piensas respecto los ideales seguidos por tus padres? ¿Estás de acuerdo con la igualdad respecto a los nacidos de muggles? ¿Crees realmente que el matrimonio de un mago con un muggle no es una aberración?

Preguntó como cualquier conversación trivial, al mismo tiempo que cortaba la carne de su plato y prestaba atención a los movimientos de Elia con su propio cuchillo.
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Elia Deveraux el Mar Dic 13, 2016 10:41 pm

Tomé aire mirando la comida y finalmente me decidí a coger el tenedor. Al fin y al cabo puede que esta sea mi última cena y no lo pienso desaprovechar. Todo tiene muy buena pinta, y huele rico, y a pesar de estar en peligro de muerte siento hambre. Pinché sutilmente en la ensalada y mastiqué despacio. Le había explicado a Rod todo lo que yo sabía sobre mortífagos, sin mentiras. Mi hermano mayor murió en una misión por la causa, seguramente Daniel esté muerto también por esa causa, y yo soy la única en la familia que no ha sentido deseos irrefrenables de unirse a una secta con ideales anticuados porque mis deseos suelen estar dirigidos a otro tipo de diversión. Yo no quiero matar personas. No podría matar a un chico muy guapo. Puede que a una chica muy guapa si... Para eliminar competencia. Pero no es mi estilo. No soy una asesina aunque mis padres lo sean, y yo no les cuestiono.

El dilema está en que Rod si lo es, y tampoco le juzgo por ello. Tiene unas ideas muy arraigadas y las defiende como un demente, pues vale. Juguemos a eso, yo también puedo. Es para salvar mi vida. A pesar de que él se considere un gran estratega yo también lo soy, y suelo salirme con la mía. Acepté tomar vino con él sabiendo que no iba a envenenarme, ese no es su estilo. Y el filete tenía que estar delicioso, ¿cómo resistirse? - Estoy segura que él te tiene en gran estima, porque a pesar de ser tan joven ya te tiene en sus filas. Debes ser de gran confianza. Mis padres también lo son. - Paso uno, alagar al enemigo para engañarlo. Un dulce nunca amarga. Además, con un poco de suerte si no dejo de nombrar a mis padres este idiota recapacite y se de cuenta de que si me hace algo y ellos llegan a enterarse lo mataran. Es cierto que nadie sabe que he venido aquí, ni que me veo con Rod a escondidas de su mujer. Pero eso él no lo sabe.

Tomé un sorbo de vino antes de contestar. Sabía de sobra la respuesta a esa pregunta. En mi casa solo se habla de ideales, y de utopías donde los muggles están todos muertos. Sonreí y bajé la mirada para darme un poco de misterio. - ¿Pretendes insultar a mi familia? - Pregunté mirando directamente sus ojos y riendo. - Que mis padres estuviesen muy ausentes en mi infancia no significa que no me diesen una buena educación. - Si eso no es un jaque mate que vengan y me lo expliquen. - Pero trabajo en Hogwarts como profesora y debo tratar a todos los alumnos por igual... Dumbledore tiene sus ideas de integración y nos exige hacer lo mismo. Pero yo veo que no es lo mismo el hijo de dos magos de sangre pura como lo somos tu y yo que un niño con sangre muggle. - La mentira siempre tenía algo de verdad, y en este caso la verdad es que mi educación había sido bastante estricta y me costaba no ser clasista en Hogwarts. - No se pueden comparar. Pero, ¿qué puedo hacer yo? Solo soy una mujer que tiene una pasión, las Runas, y me someto a reglas estúpidas dictadas por un viejo chiflado para intentar que esos zoquetes aprendan algo valioso. Eso no significa que me vaya a casar nunca con un muggle. ¿Verdad? Prefiero que me mates ahora mismo. - Es verdad, no siento especial cariño por los muggles. Y no me agrada tener en clase alumnos de sangre sucia. Pero eso no significa que los quiera aniquilar, ¡por Merlín! Son solo niños. Me quedaban muy pocas bazas, y ningún as en la manga. ¿Cómo hago para escapar de este idiota si no tengo varita?
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Invitado el Sáb Dic 17, 2016 2:17 am

Finalmente Elia comenzó a comer también. Eso era algo bueno, pues la comida cocinada por el elfo estaba demasiado buena como para desperdiciarla de esa manera. Todo parecía estar cocinado de manera perfecta, a su gusto y eso el elfo lo sabía, pues su paladar era muy exigente, al igual que su varita.

Sonrió de medio lado, desviando la mirada cuando le dijo que sus padres también debían de ser de gran confianza, pues por mucha confianza que Lord Voldemort le tuviese a sus padres, estaba seguro que no sería comparable a la confianza que le tenía a él. Claro, hablando de cierto tipo de confianza, pues no se imaginaba a Voldemort contándole sus secretos más íntimos a nadie, su confianza era diferente y él sólo la demostraba apoyándose en cierto de gente cuando necesitaba actuar a través de sus seguidores y en eso Rodolphus llevaba la delantera. No por nada era sub-líder de su Señor, pero eso Elia no lo sabía y de cierto modo le agradaba, pues significaba que sus padres no se habían ido de bocazas con su propia hija.

Le sirvió un poco de vino luego de que ella aceptara su oferta y le observó mientras bebía y se dio cuenta que poco a poco el miedo había ido desapareciendo de su rostro, lo cual le sacaba un poco de peso de encima, pues Rodolphus prefería seguir teniendo a Elia como una amiga que terminar acabando con ella. Después de todo, teniendo en cuenta que siempre había mirado primero los estatus sanguíneos para establecer cualquier tipo de relación, su círculo de amistades jamás había sido verdaderamente amplio.

Enarcó una ceja cuando la mujer le preguntó si acaso pretendía insultar a su familia y escuchó después a lo que se refería. Su respuesta le hizo sonreír, Elia le estaba diciendo exactamente lo que él esperaba escuchar y poco le importaba si sus palabras eran verdad o eran mentira. La bruja sabía de que bando debía de mostrarse si acaso quería salir con vida y aquello era un buen punto, pues le aseguraba que no sería lo suficientemente tonta para ponerse a hablar.

¿Qué importaba si los ideales de Elia eran similares a los suyos si ella jamás tomaría parte activa del problema? En la posición del tablero en la que jugaba su amiga, no importaba corroborar si sus ideales eran ciertos, pues ella no atacaría, ni defendería nada, simplemente se mantendría al margen y, por lo visto, no molestaría.

—No te preocupes —le sonrió —, las cosas pronto van a cambiar.

Alzó nuevamente su copa y brindó con ella por aquel futuro tan prometedor que él sabía ya se acercaba. Pronto, Elia no tendría que seguir trabajando para un viejo desquiciado, pues —en un futuro no muy lejano— trabajaría precisamente para él. Al menos ahora, Rodolphus ya sabía que había una profesora a la cual no necesitaba reemplazar.

—Acércate.

Dijo llamándole con dos de sus dedos, luego de que dejase la copa sobre la mesa. Por supuesto, aquello no había sido una petición, ni una sugerencia, sino más bien una orden que esperaba que ella acatara de manera correcta, antes de tomarle del rostro, esta vez para besarla.
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Elia Deveraux el Miér Dic 21, 2016 12:23 am

Cuando mis palabras empezaron a gustarle Rod sonrió. No era como para celebrar la vida, pero al menos no me estaba apuntando con su varita para matarme. De modo que yo me relajé y me dispuse a comer como si nada. Sentía hambre aunque el nudo de la garganta no se me quitaba ni bebiendo vino. No quise beber demasiado, para no perder mis facultades mentales. Rod es un tipo listo, y además está en alerta ahora. Cualquier mal movimiento mío puede darle una razón para hacerme daño. Nunca he sentido este miedo. No me había terminado el plato pero ya estaba bien. Prefería arreglar aquello, hablar con él y convencerlo de que yo no soy su enemiga. No le he mentido al hablarle de mi educación. Mis padres lo hicieron bien, me dieron todo lo que una niña necesita y al ser la pequeña y la única chica recibí toda la atención del mundo. Muy consentida. Quizás por eso me volví un tanto extraña. Me dediqué a las Runas pero estudié en universidades muggles para aprender otras cosas que los magos pasan por alto. Eso no quita que nunca hice amigos muggles. Puede que ni siquiera los considere al mismo nivel que yo. Son inferiores... Así es como me han enseñado a ser.

Rod estaba más contento, sonriente. Me decía que las cosas pronto iban a cambiar cuando yo le hablé de mi situación en Hogwarts. También mis padres decían frases así, jurando que no podían contar nada más. - Estoy deseando que cambien. - Un colegio donde solo estudiasen hijos de magos sería bonito. A mí me gustaría. Odio esos niños que se sorprenden al ver cualquier cosa mágica, y van siempre gritando por Hogwarts al ver a los fantasmas o cuando las escaleras cambian a placer. Lo único malo es que el colegio podría tomar represalias hacia los niños de sangre mestiza. Y la verdad es que yo no querría formar parte de eso. Puede que vaya siendo hora de buscar otro empleo. O es hora de ser valiente, y jugar a un juego al que nunca me ha gustado jugar. Es tiempo de elegir bando.

Alcé la copa para brindar con Rod por eso que iba a cambiar, y bebí muy levemente. Ya había tenido suficiente vino pero no buscaba enfadarle más. Después de brindar me ordenó que me acercase. Dejé de sonreír. Realmente había cambiado de parecer con él, sentía cierto miedo pues no sabía como iba a actuar. Me acerqué lentamente hasta que él cogió mi rostro con su mano y me dio un beso. No lo esperaba, era lo último que hubiese pensado en el mundo. Se fundió con él en un profundo beso, disfrutando de lo que en realidad había venido a buscar, y luego se separó. - ¿Esa es tu forma de pedirme disculpas por desconfiar de mí y quitarme la varita? No creo que sea suficiente. - Le dije con mi forma peculiar de sonreír. De momento había elegido un bando, y era en el que siempre estuve. En el bando de pasárselo bien y no dejar perder oportunidades como esta.
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Invitado el Jue Dic 29, 2016 10:37 pm

No podía negar que desde antes había deseado que llegase aquel beso. Elia había sido una persona que había dejado una huella muy macada en su vida, quizás la única mujer con quien estuvo sin importarle aún los asuntos de la sangre, la única a quien eligió por mera diversión y por tanto la única con quien se sintió realmente libre. No, no hubo amor, pues aquello era algo que parecía no tener cabida en su vida, pero sí hubo locura, diversión y toas esas cosas estúpidas que de adolescente tanto se atesora y que a veces, con el pasar de los años, se extraña sin entender el porqué.

Sonrió cuando Eli se separó y le preguntó si acaso esa era su manera de pedirle disculpas, pues en parte le parecía adorablemente inocente, como la típica pregunta de novia quinceañera que alguna vez había sido.

—Jamás me disculparía tan fácilmente.

Respondió con una sonrisa orgullosa y se sacó la servilleta de tela del regazo y la dejó sobre la mesa, antes de ponerse de pie y detenerse detrás de la silla de la profesora, poniendo sus manos a ambos lados de ella para ayudarle a deslizarla en cuanto la bruja se sintiera lista para pararse también. Sólo entonces, el elfo aparecería de nuevo para levantar la mesa y arreglar todo para marcharse de regreso a donde habían venido.

—Voy a confiar en ti del mismo modo en que siempre lo he hecho.

Señaló antes de llevarse la mano al bolsillo para regresarle la varita, que de seguro ella tanto añoraba. Entonces le ofreció su brazo, como todo un caballero, para escoltarle de regreso al yate que en ese momento les esperaba. Rodolphus se sentó en uno de los asientos del borde trasero y desde ahí observó a la bruja, hasta que ésta decidió en donde se deseaba acomodar.

—Quizás en un futuro no muy lejano nos veamos más seguido —le sonrió —. Por supuesto, no te diré que te decidas a unirte a nuestras filas, pero sería agradable tenerte de compañía.

No lo decía por echarle flores, la familia de Elia tenía ya las creencias, y Elia era una mujer inteligente, pero por ahora le valía que compartiera su opinión respecto a los sangre sucia, ya que pronto llegaría el momento en que éstos fuesen vetados de su clase y ella tuviese que mostrarse de acuerdo. Confiaba en que lo haría.

Así, navegaron de regreso a la costa, Rodolphus sabia que Elia esperaba más de él, pero no sería él quien tomase la iniciativa con una profesora cuando aún no tenía asegurada la batalla por Hogwarts, después de todo, él tampoco era un estúpido, sino un estratega.
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Elia Deveraux el Miér Ene 18, 2017 12:04 am

Aquel beso no sabía tan bien como cabía esperar porque en ese momento estaba enfadada con Rod. Había desconfiado de mí, robándome la varita y dejándome sola en una isla desierta perdida lejos de toda civilización. Y todo porque el señor Oscuro le llamó y yo lo supe. Años y años viendo un comportamiento igual en casa con mis padres, ¿cómo no iba a reconocerlo? No me caía por sorpresa tampoco. Rod fue a la casa Slytherin mientras yo estaba en Ravenclaw y no pude verlo en primera persona, pero se comentaba que todos los de la casa de las serpientes eran muy amigos de las artes oscuras. Yo eso lo sabía bien, tenía dos hermanos que fueron a esa casa y que años más tarde también llevaron la marca. Sea por machismo o por ignorancia, mis padres no me obligaron a unirme y yo nunca mostré interés aunque si tenía claras mis preferencias. No me agradan los muggles, pero saben montar buenas fiestas. Eso es lo único que me había interesado. Pero al parecer, y por las palabras de Rod, las cosas se estaban poniendo serias.

Terminamos de comer y supe que era hora de irnos. Él me esperó para levantarme y acto seguido me devolvió mi varita. La sostuve como si fuese un premio e inmediatamente la guardé para que no me la arrebatase de nuevo. - Al fin. - Me cogí de su brazo y recorrimos juntos el camino hasta el yate. Era hora de volver. Entre unas cosas y otras se había hecho tarde. Lo cierto es que nadie me espera a mí pero él tiene una mujer, que seguro se está preguntando donde anda su marido. Me senté después de él, cerca pero lo suficientemente lejos como para poder verle la cara. La situación era menos tensa que antes, o quizás más. Porque había cesado la guerra para ver quien mentía mejor, pero había empezado una peor. Rod sabe perfectamente el efecto que tiene en mí. Es un bombón, y me pone mucho. Pero este no es un buen momento. Por supuesto, sigo enfadada porque me robó la varita y me trató como su yo fuese una intrusa cuando no lo soy del todo. Además, me ha dicho que pronto nos veremos sin decir nada en concreto. Y está le hecho de que está casado. Por más que me haya besado en la isla no significa que quiera revivir la historia de nuestro pasado.

Remató el viaje diciendo de nuevo que nos veríamos más a menudo, y que él no me lo pedía pero le gustaría tenerme como compañera de filas. - No hace falta que me una para tenerme de compañía. - Sonreí de forma pícara. A buen entendedor pocas palabras bastan, o eso suelen decir. Esperé a que el yate se hubiese detenido para levantarme y acercarme a él. El viaje de regreso había sido más silencioso que el de ida, quizás por eso se hizo más largo. Me acerqué y le pasé la mano por la cara, acercándome. - Espero que nuestros futuros encuentros sean menos complicados y más divertidos. - Le di un suave beso en la mejilla, sin atreverme a nada más en aquellos momentos y ya tan cerca de tierra firme. Era como volver a la realidad, y no quería ser asesinada por besar a un hombre casado.
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