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La cita [Anne VonBranberg]

Invitado el Vie Jul 15, 2016 9:14 pm

días antes del banquete...


Parecía que habían pasado mil años desde ese encuentro con Anne en los terrenos del castillo.  Quizá había sido fugaz, pero intenso. Si le preguntaban obviamente no lo admitiría a nadie, jamás, pero hacía tiempo que había comenzado a sentir, quizá algo poco más tarde que el resto, los efectos de la adolescencia y las hormonas. A veces le afectaban a la hora de tener pensamientos racionales, actuaba impulsivamente o por lo que en él podía llamarse impulsivamente, se le dificultaba ser racional. Pero donde más lo notaba era en su interés por el sexo opuesto, ponía atención a detalles que antes no hubiera contemplado. Antes resultaban prácticamente iguales a sus ojos, hoy bien podía definir cuales le generaban una atracción diferente del resto. Reconocía tener un gusto particular, y por encima de todo, en el trono ubicaba a su compañera. Le resultaba cada vez más difícil al estar hablando a escasa distancia no perderse en sus ojos o descender la mirada involuntariamente hacia sus labios. Normalmente sería igual de frio con todo el mundo, al menos hasta entrar en confianza, pero con ella en particular ahora sumaba el factor de que por momentos se sentía entre intimidado y nervioso al darse cuenta de que ya no la miraba con los mismos ojos que antes.

Así como pasaron los días, completamente proporcional fue aumentando su nerviosismo. Algunas noches le costaba dormir ya que su mente divagaba diferentes posibles escenas de la cita que parecía ser una realidad y cada minuto que pasaba se acercaba. Era en esas noches donde decidía tomar su encendedor e irse de guardia, aunque no fuera su turno, con el mero hecho de despejar su mente. No tenía ni idea de que hacer en una cita, ¿debía tomarlo como un encuentro como cualquier otro? Seguramente no o de lo contrario no se llamaría cita sino más bien sería un encuentro casual. ¿Debían en algún momento de la cita besarse? Sentía que era el rey imbécil cuando esa pregunta relampagueaba en su mente y le hacía fruncir el ceño y maldecir por lo bajo. Si alguien pudiera verle allí en la oscuridad de su cama, podría verle levemente sonrojado. Lo único que le daba cierta calma era que Anne conocía su singularidad para el trato y todos lo que implique socializar, después de todo ella también era particularmente diferente al resto, era una especie de simbiosis entre ambos.

La noche previa fue la que más trabajo le llevo poder conciliar el sueño, pero ya no tanto por nervios sino por ansiedad. Hacia un par de horas que había preparado su ropa junto a su cama. Ese era otro punto que le generaba muchas dudas, ¿debía vestir como cualquier otro día de visita a Hogsmeade? También lo dudaba, su instinto le indicaba que se trataba de algo especial y debía esmerarse más.  Y así lo había hecho, se había tomado el trabajo de comprar ropa nueva para la ocasión además de un perfume nuevo. Pero no solo eso, junto a sus cosas dentro de una pequeña cajita de madera había guardado algo que había mandado a comprar específicamente para la ocasión. No sabía bien que iba a suceder al revelar eso, pero se sentía a gusto de haberlo hecho, su instinto le indicaba que era un buen gesto.

A la mañana fue de los primeros en despertarse en la habitación, luego de un desayuno rápido y ducharse volvió para terminar de prepararse. Creyó escuchar algún murmullo por lo bajo, pero hizo no hizo ningún caso y salió a tranco largo de allí. Le gustaba ser puntual y odiaba cuando alguien no lo era, y en un día así no podía ser menos. Vestía zapatillas converse, jeans, una camisa a cuadros y una chaqueta de cuero negro que contrastaba perfectamente con su pelo rubio peinado hacia atrás. Se había afeitado y perfumado en sus muñecas y cuello.

El día no era demasiado caluroso por lo que la chaqueta no le vendría para nada mal ante la suave brisa que corría. Particularmente prefería el invierno, el frio y los días grises pero esa mañana Hogsmeade estaba especial, parecía que tendrían un día tranquilo, no había aun demasiada gente y el clima era ideal para pasearse por el pueblo.

Habían acordado encontrarse frente a la tienda de libros. Al llegar parecía alguien en el programa de protección de testigos, miraba hacia todos lados por sobre su hombro en busca de Anne. Se hubiera decepcionado si ella era la primera en llegar allí. Naturalmente tomó de su bolsillo el encendedor y comenzó a abrirlo una y otra vez, no fumaba ni había llevado nada para calmar la ansiedad, eso era lo único que le impedía no entrar en un ataque. La espera parecía eterna. Se apoyó en un poste de luz frente a la tienda y permaneció allí esperando por su cita.  

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Invitado el Mar Jul 19, 2016 3:55 pm

Lo que parecía ser un día deprimente terminó siendo una tarde interesante, aquel día en el Lago solo pensaba en pasar un rato a solas para autocompadecerse y de alguna manera terminó invitando a Patrick Burton a salir. Una cita. Ella a él.
No tenía idea aun de como lo había hecho o que fuerza sobrenatural le había provocado para invitarlo a salir; si Patrick era un poco perceptivo se daría cuenta con esa acción de que Anne iba un paso más adelante de la amistad aunque no tenía aun intenciones de nada ni tenía idea de que hacer.

El viernes previo al encuentro lo pasó encerrada después de clases, volteó el baúl buscando que ponerse, sus compañeras le ofrecieron ropa y nada la convencía -como era natural en una chica de su edad- hasta que finalmente lo encontró, olvidado, todavía con etiqueta y muy en el fondo se encontraba un vestido que no había usado por no encontrar la ocasión correcta, era a cuadros rojos y negros lo combinó con unas medias negras, chamarra de piel y unos botines que daban un aire a los militares aunque de charol y algo menos toscos.
El sábado por la mañana despertó mucho antes de lo necesario y era casi obligado ponerse a imaginara como iría eso. Patrick no era un chico muy convencional -y era precisamente eso lo que más le gustaba de él- cosa que hacía las cosas un poco más complicadas para ambos; habían pasado la mayor parte de su vida escolar molestándose y ahora no se explicaba como habían llegado a eso, estaba realmente nerviosa, mucha más que otra vez que acordara.

Finalmente se levantó de la cama, tomó una larga ducha y se peinó y maquilló lo necesario -basicamente nada- y se aseguró de no ir por la vida dejando una estela de perfume exageradamente fuerte, para ella bastaba con oler tenuemente, incluso en ese sentido le molestaba llamar demasiado la atención.

Anne no era impuntual aunque tampoco creía correcto llegar demasiado temprano, caminó por Hogwarts con sigilo intentando cuidar no encontrarse con el Ravenclaw antes de tiempo y finalmente se dirigió a Hogsmeade con los nervios en la mano, intentando que su cabello no se saliera demasiado de control y mirando de vez en cuando su reflejo en las vitrinas de los negocios.

No tuvo que esforzarse mucho, lo notó desde muchos pasos atrás y una oleada de satisfacción vino a ella cuando aun a lo lejos se dio cuenta de que estaba tan nervioso como ella o eso hacía parecer con sus movimientos, se acercó despacio y se permitió observarlo detenidamente antes de estar demasiado próxima y que fuese evidente... Tenía que aceptarlo aunque le costara, lucía mucho más desenfadado que en el colegio -seguramente por la manera en que se vestía-, de hecho, lucía demasiado bien y eso le empeoraba la situación ¿Qué demonios iba a pasar ese día?

-Burton -dijo mientras rodeaba el poste hasta quedar frente a Patrick, evitar su mirada sería una buena opción contra sus nervios pero como la leona que era, no lo haría.

-Por un momento pensé que tendrías miedo y no vendrías -sonrió -Te ves mucho mejor así que con el uniforme.

Estaba empezando a temer que los juegos fueran en parte reales y que de verdad ella no estuviera a su altura, en ese momento lo estaba viendo como un prospecto demasiado dificil de tener para alguien como ella.
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Invitado el Mar Jul 19, 2016 8:22 pm

Respiraba profundo, inhalando el aire y luego exhalándolo, al ritmo que marcaba al abrir y cerrar una vez y otra vez su encendedor de plata. Click, clack, click, clack. Era el único sonido que producía. Había fijado hacia algo de tiempo la vista en la vidriera frente a él. Allí se posaban libros con imágenes y textos que miraba sin leer. Intentaba recordar la primera vez que se había topado con Anne en Hogwarts, la primera charla, la primera impresión, y el lento pero firme camino que habían transitado hasta llegar a ese momento.  Al principio se molestaban por ser opuestos, luego por el disfrute de hacerlo, finalmente por el disfrute de la compañía del otro. Inútil sería negarlo. Más de una vez hubiera deseado compartir casa con tal de también poder estar con ella en la sala común o hasta en la misma mesa. Jamás lo admitiría públicamente, pero así lo sabía en su interior. No sabía cómo sentirse al respecto, era con la primera persona en sus largos años en el colegio con quien llegaba a ese grado de relación. ¿Ahora darían el siguiente paso? La incertidumbre de lo que pudiera pasar le tenía incomodo, toda su vida había sido una persona que se regía por sus propios motivos y siempre midiendo cada paso a realizar, cada objetivo fue siempre por el mérito personal y analizado con frialdad. Ahora se encontraba por dar un salto de fe hacia lo desconocido. Una cita con una chica. Él, quien jamás hubiera besado a alguien antes, ni siquiera tomado de la mano. Pero lo peor es que esa cita sería con su única amiga, y a quien ya hacía tiempo había dejado de ver como una simple amiga más.

- Mierda…-resopló por lo bajo ladeando la cabeza al darse cuenta de su falta de dominio de la situación. Por primera vez hizo rodar la rueda dentada de su encendedor y una chispa súbita impregnó la mecha encendiendo una llama casi imperceptible. Apretó la quijada y llevó la llama hacia la palma de su mano. Permaneció inmóvil unos segundos hasta que retiró el encendedor apagando la llama y cerró con fuerza el puño que acababa de auto hostigarse.

A su lado reposaba en el suelo un morral de cuero gastado donde traía eso que había preparado especialmente para Anne. Le miró por un instante de soslayo al tiempo que la duda parecía volver a invadirle de pies a cabeza. Cerró los ojos maldiciéndose por dentro, pero en ese instante alguien se paró frente a él.

En ese instante supo que ella se encontraba frente a él, y ahí estaban, ella y él. Todas las hipótesis, ideas, divagues, miedos, nervios, y la ansiedad serían puestas a prueba. Había llegado el momento. Abrió los ojos y le observó sonreír. No pudo evitarlo y sonrió con complicidad ampliando una sonrisa de lado. Ladeó la cabeza levemente a un lado mientras le veía. No había siquiera sopesado que se encontrarían ambos sin el uniforme de escolar, era la primera vez que le veía con su propia ropa y le agradaba. Mucho.

- ¿Miedo? Te dije que no me intimidabas y no podía dejar pasar la oportunidad de demostrártelo-dijo con confianza poniéndose de pie y parándose frente a ella.

- Tú también te ves…bien-aceptó su halago e intentó uno propio- quizá hasta pueda por fin olvidar la imagen de tu rostro lleno de forúnculos-ladeó la cabeza hacia atrás con cierto orgullo al recordar lo que él pensaba había sido una pequeña victoria.

El momento era ese, ya no había más dudas ni hipótesis, tenía ante sí a Anne y la cita había comenzado. Recogió el morral colgándolo por su espalda. Aún no era tiempo de develar lo que traía allí. – Y bien…¿tienes algo planeado? ¿quieres entrar a la tienda?-preguntó señalando con la cabeza a la tienda detrás de Anne, la tienda de libros que había servido como punto de reunión.
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Invitado el Miér Jul 20, 2016 4:06 am

Pensó que en cuanto estuviera frente a él se sentiría mejor pero no, seguía sintiéndose nerviosa y odiaba eso pero hizo su mejor esfuerzo por no demostrarlo, sentía que un sólo ápice de inseguridad la delatarían y no estaba dispuesta a recibir una burla y mucho menos preguntas realmente incómodas ¿Desde cuándo le preocupaba que él hiciera preguntas? La cosa estaba más mal de lo que creía. Verlo sonreir no mejoró el asunto, nada más ayudó a confirmar lo que ya venía pensando desde momentos atrás.

-Uuuy, el águila tiene algo de león ¿eh? -

Intentó que su comentario sobre verse "bien" no hiciera estragos en su mente, según ella el desinterés que fingía era una actuación epica que merecía un oscar aunque más bien le darían un premio a la pena ajena.

-Eres un imbécil -bromeó -Esos malditos forúnculos fueron una jugada muy sucia, debí haberte hecho un reducto en la cabeza por atentar contra mi vanidad.

Negó con la cabeza aunque estaba dispuesta a empezar a tomar camino a algún lugar, había mucha gente alrededor y sentía como si todo el mundo los observara -paranoías propias de VonBranberg- por lo que sintió que lo mejor sería empezar a caminar e improvisar sobre la marcha.

-No tengo nada planeado y la tienda de libros es la que más visito así que pienso que podríamos pasar de ella.

Sin pensarlo más empezó a caminar, no sabía exactamente a donde ir ¿sería buena idea pasar a tomar algo? quizás fue un poco más rapido de lo esperado pues se alejaban vertiginosamente de las aglomeraciones, trató entonces de hacer conversación antes de que pareciera que realmente quería que estuvieran a solas y él malinterpretara sus intenciones -quizás no se equivocara, pero tampoco sería para tanto-.

-La verdad es que Madame Tudipié no es mi "clase de lugar" -explicó -Y Cabeza de Puerco es algo poco ortodoxo, además el verano pasado trabajé en un lugar similar pero versión muggle y llegaron a incomodarme demasiado por eso del exceso de alcohol, ciertamente no planée nada para hoy... Tengo que ser muy sincera contigo y decir que no tengo ni prostituta idea de que podemos hacer, tampoco es que caminar me incomode, de hecho es lo que suelo hacer normalmente pero sin compañía.

Sin darse cuenta, se habían alejado un poco de la gente y había escasos magos y brujas paseando por esa área de Hogsmeade, empezaban a abrirse algunos caminos y otros más se reducían y los callejones del inicio de las viviendas y algunas trastiendas eran más visibles.

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Invitado el Lun Jul 25, 2016 2:51 am

Por cosas que realmente no son de la incumbencia de nadie, ni siquiera del lector, Rodolphus se encontraba caminando por las calles de Hogsmeade, ya con las diligencias hechas y por tanto sólo estirando las piernas antes de emprender su aparición rumbo a su propia mansión y reencontrarse con su mujer. Pero el destino es curioso y sin estarlo buscando ante sus ojos se cruzó nada más y nada menos que la barata niñera de su muñequito de entretención, el necio de Abel Crawford.

¿Cómo era que se llamaba la cría? ¿Anne? Sí, con lo corriente que era, no era para nada un nombre fácil de olvidar.

Rodolphus sonrió ladinamente y les siguió en silencio, deleitándose interiormente al ver que se alejaban de la concentración de transeúntes. No tardó en predecir el rumbo de sus pasos, por lo que se alejó por un costado para desaparecer y volver a materializarse unos metros por delates, escondido entre las sombras de un callejón en donde preparó su disfraz, dejándose caer al suelo como si estuviera mal herido.

—Ayuda… Ayuda por favor…

Llamó lastimeramente desde el callejón, justo antes de que la pareja pasar por su costado. No era difícil predecir que si Anne había tenido el corazón suficiente para compadecerse del muerto de hambre de Abel, sería incapaz de resistirse a un llamado de auxilio.

—Ayuda…

Volvió a repetir, sin abandonar ni un momento su imagen de pobre hombre, herido y desvalido.

—Me han robado, mi dinero y mi varita.

Explicó cuando sintió los pasos acercarse, mas mantuvo su rostro bajo, pretendiendo intentar ponerse de pie, hasta que uno de ellos —o los dos— le tomaron del brazo y le ayudaron. Entonces, y sólo entonces, alzó la mirada y se mostró el enmascarado.

Todo sucedió demasiado rápido, un flashazo de luz, un jalón desde el interior de sus tripas y al segundo siguiente… silencio, oscuridad.

Ambos comenzaron a recobrar la conciencia, estando colgados de cabeza en una especie de establo abandonado. Por supuesto, ninguno de ellos tenía ya su varita y ambos estaban atados de las manos y podían sentir como la sangre les bajaba a la cabeza.

—Lamento no haberles podido propinar una acomodación mejor, pero nuestra suite presidencial estaba ya ocupada —sonrió Rodolphus desde detrás de su máscara —. Admito que no les conozco en lo absoluto, pero bien podría apostar que uno de ustedes es un tonto Hufflepuff o tal vez Gryffindor. Incapaces de ver a un pobre hombre desvalido sin poderle ir a ayudar… que ternurita ¿no? Pues espero que les guste el resultado que han obtenido, ya que en este mundo la bondad no existe.

Se puso de pie desde su anterior asiento en un fardo de heno y se acercó a ambos para examinarles de cerca, y acariciarles el cuello con la punta de la varita, como si en verdad estuviese buscando el mejor lugar para enterrar un cuchillo.

—Ahora, pichoncitos, divirtámonos un poco y juguemos un juego. Sólo uno de ustedes saldrá vivo esta tarde y ustedes decidirán quien y por qué… y claro, si se niegan a jugar, les mato a los dos.
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Invitado el Lun Ago 01, 2016 7:42 pm

No podía apartarle la vista de encima, en ningún momento dejo de mirarle. Normalmente lo hacía por mera curiosidad y porque le gustaba conocer las muecas y gestos en una persona según reaccionaba a su entorno, pero en este caso se sentía fuera de sí.

- Claro, soy una mezcla de lo mejor de ambas casas…digamos un Grifo-dijo con ironía y paso una mano sobre su rostro para peinarse hacia atrás, aunque ya lo estuviera, no quería dejar que viera por muy mínimo que fuera que comenzaba a sonrojarse.

- ¿Acaso había reglas sobre los hechizos que podíamos usar y cuáles no? -hizo una mueca de desaprobación y aclaró- Lo lamento, pero soy muy competitivo VonBranberg-le miro con seriedad, aunque luego sonrió- además fue divertido.

Se sorprendió al verle negar con la cabeza, hubiera jurado que comenzarían la cita visitando la tienda de libros. No lo veía como mala opción, de esa forma evitarían sentarse de forma embarazosa a tomar algo y hablar de sus vidas, cosa que por el momento prefería seguir evitando.

Juntó su morral y le siguió caminando a la par suya. Comenzaron poco a poco a alejarse de los lugares típicos y más poblados de Hogsmeade, en ese entonces se percató de lo poco que conocía del resto del poblado. Ambos se mantenían en silencio, él expectante a alguna señal de ella con motivo de que habían llegado al lugar que pretendía.

Me alegra que digas eso, Madame Tudipié hubiera sido una horrenda elección-el solo hecho de pensar en una cita en ese lugar le parecía de lo más cliché. Medio castillo habría tenido su primera cita allí.

Se detuvo para mirarle cuando ella mencionó el lugar muggle donde había trabajado en el verano, ella no pareció notarlo o al menos no hizo ningún comentario al respecto, pero Patrick endureció la mandíbula y cerro sus puños con fuerza. Abrió la boca para hablar cuando de pronto un lamento les interrumpió, provenía de un callejón cercano a ellos.

Un escalofrío le corrió por la espalda haciéndolo titubear, pero Anne impulsivamente se acercó hacia allí. No pudo hacer más que seguirle, dentro de su chaqueta sujetaba con fuerza la varita por si acaso. En el interior de su morral y debajo de otros objetivos vibraba con fuerza el chivatoscopio, pero de nada le serviría.

En el callejón encontraron un hombre que yacía tirado y aparentemente había sufrido un robo. No dejaba de tener un mal presentimiento, el lugar era solitario y no habían escuchado ningún ruido, grito o gente corriendo antes de ese lamento de ayuda. Sin embargo, su amiga se acercó más hacía el hombre e intento ayudarle a ponerse de pie.

Todo sucedió en un instante, creyó ver una máscara en el rostro del hombre y una enorme sacudida lo arrastró desde dentro de sus entrañas.

Volvió a abrir los ojos y tardó unos segundos en poder focalizar la vista, estaban mayormente a oscuras en un lugar desconocido, pero además de eso tenía todo al revés. Allí fue que comprendió esa sensación extraña que le atormentaba en la cabeza, estaban atados y colgados de cabeza.

Inútilmente dio una primera sacudida buscando soltarse. Entonces oyó la voz apagada, comprendió que se trataba del mismo hombre que habían intentado ayudar y hablaba desde detrás de una máscara. Un mortifago.

No consideraba que Anne ni él fueran importantes como para ser tomados de rehenes ni para mandar un mensaje a la comunidad mágica, si a él lo mataban nadie le lloraría ni extrañaría, no era nadie importante. Y hasta donde sabía ella tampoco tenía ningún familiar importante. Sin embargo, la condición de sangre era otro cantar.

Escuchó sus palabras y sonrió irónicamente, no estaba tan en desacuerdo respecto a lo de la bondad en el mundo. Trato de girarse hacia un lado para comprobar el estado de Anne pero de pronto tuvo al hombre frente a él quien comenzó a recorrer su cuello con una varita. Dio un respingo moviéndose con todas sus fuerzas para evitar el contacto con la varita, eso lo ponía completamente fuera de sus casillas.

- ¿Y se supone que debemos confiar en tu palabra de que dejaras a uno irse? -no es que les quedara otra opción, pero lo que había dicho le parecía ridículo. No creía que de buena gana fuera a dejar a uno de los dos irse. Eran el mero divertimiento de una persona que ocultaba su rostro tras una máscara y les había colgado de cabeza sin sus varitas para poder obtener la ventaja, difícilmente les iba a dejar ir con vida siquiera a uno de los dos. Si lograban zafarse o milagrosamente recuperar una de las varitas tendrían una posibilidad. Pero no veía como podía pasar eso.

Sin dudas no era la cita esperada.

- ¿Si digo que la dejes ir a ella y quedes conmigo sera inútil verdad?-preguntó intentando ganar tiempo y usar la cabeza para hallar una via de escape a esa situación, aunque la sangre se le empezaba a acumular justamente allí y la sensación era muy incomoda.
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Invitado el Miér Ago 03, 2016 2:32 am

Lo notaba. Notaba que Burton la estaba mirando demasiado y dentro de si aquello le agradaba, normalmente la veía pero no tanto y quizás aquello era un pequeño acierto para Anne ¿Si no era de agrado, qué otra cosa podía ser? Casi se le escapaba una risa pensando en ello.

-¿Un grifo? Patrick Burton, no me hagas reir -bromeó, mientras analizaba sus gestos... Eso de estarse "peinando" innecesariamente también le causaba gracia, quizás había amanecido con el "tercer ojo" a todo lo que daba o solamente estaba siendo más observadora.

-Claro, divertido... excepto por los malditos forúnculos.

Siguieron caminando, el ambiente estaba más silencioso, más desolado ¿Ideal? Quizás si, al menos cuando estás con el chico que se supone que es tu mejor amigo pero con el que también te gustaría dar ese "siguiente paso", todo hubiese ido perfectamente de no ser el lamento que provenía de un callejón justo cuando pasaron por ahí.

"Ayuda... Ayuda por favor..."

Alguien debería informar a la gente el hecho de que muchos o la mayoría de los Gryffindors pecan de ser muy "corazón" y además tienen problemas de impulsividad, Anne lo demostró en ese momento y ni siquiera pidió la opinión de Patrick quien aun con su analítica mente siguió a la chica, quizás en un intento de protegerla de aquello que su intuición -y su chivatoscopio, silenciado por todo aquello que llevaba en el morral- le decía que estaba mal.

Se adelantó un poco y no dudó en auxiliarle, en un flash fuera de su testaruda forma de ser quiso pensar que aquello estaba mal pero ¿Y si fuera ella? ¿Si fuera Patrick, su primo, o su padre? Estiró un brazo para ayudar al desvalido y como en una pesadilla lo último que vió fue la máscara y lo último que sintió fue incomodidad, como si le hubieran estirado de adentro hacia afuera.

"¿Si digo que la dejes ir a ella y te quedes conmigo será inútil verdad?"

...

Fue lo primero que escuchó, sin embargo su primer impulso fue bajar las manos para arreglarse la maldita falda del vestido que ahora le colgaba hacia arriba de la cintura, afortunadamente había llevado medias gruesas y su ropa interior estaba protegida -al menos más que su integridad- volteó a todos lados y cuando sus ojos terminaron de acostumbrarse se encontró casi frente a frente con el enmascarado que estaba pasando la punta de su varita por su cuello.

-¿De qué se trata esto? Sádico oportunista, nosotros no estamos involucrados en nada... Sólo somos estudiantes...

Empezaba a sentir un nudo en la garganta ¿O era quizás la incómoda sensación de estar de cabeza? Al menos sabía que Patrick se encontraba ahí y parecía estar completo y sano.

-No hay ningún beneficio que puedas tener de nosotros, ni siquiera somos hijos de muggles*.

Intentaba ganar tiempo, pensar en algún plan, buscar una salida pero el panorama era oscuro, no tenían varitas y ni siquiera estaban tan listos para competir con alguien que conocía bien las maldiciones, de inmediato la clase de Cosmas se le vino a la mente y supo que estaban más allá de la perdición.


*: Según mi ficha xD los únicos que saben de la sangre mestiza de Anne son sus familiares para "taparle el ojo al macho", por otro lado, ella ni siquiera sabe el estado sanguineo de Patrick pero está dando patadas de ahogado.
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Invitado el Vie Ago 05, 2016 12:21 am

Los muchachos despertaron de mal humor, o al menos eso era lo que Rodolphus podía prever de sus miradas. No sólo estaban asustados como pequeños ratoncitos de campos, sino que además tenían rabia y reclamaban no tener nada de utilidad para él, incluso diciéndole que no eran hijos de muggles en lo absoluto.

—¿Y a quién le importa?

Preguntó el enmascarado mortífago, riendo ampliamente con los brazos abiertos como si esperase que algún ser magnánimo imaginario se presentara ante ellos para decir que él sí le importaba, pero por supuesto, nadie apareció.

—¿Qué acaso ustedes creen que los Caballeros de Walpurgis de verdad no saben como entretenerse? ¿Creen de verdad que sólo matamos y torturamos por odio o porque los impuros nos molestan? Jajajaja… no, pichoncitos, no en lo absoluto… también necesitamos de entretenernos y entrenar.

Sonrió de medio lado, con esa mirada de suficiencia que le caracterizaba aún cuando ellos no pudiesen ver ni un ápice de su rostro, y es que realmente lo disfrutaba y no tenía duda alguna de que lo estaba demostrando y por tanto, ellos podían imaginarse su sonrisa también.

—Matar sólo por deber es aburrido y es precisamente por esa misma razón por la que deben creerme, y es que ustedes son tan poca cosa y poco importantes que no necesito asesinarlos para sentirme mejor o cumplir con mi deber. Sólo estamos jugando ¿no es así? Aunque claro, si se niegan a jugar, no cabe duda que terminaré matándoles a los dos.

Sentenció aquella vez con seguridad y mucho más firmeza en el tono de sus palabras. Si los chicos eran inteligentes, podían interferir que esta vez estaba hablando en serio o es que mentía demasiado bien.

—Pero han comenzado mal, sobre todo tú, rubiecito ¿que acaso no entendiste no sólo quiero un quien debe vivir sino por un porqué? Si acaso no juegan les mataré a los dos, ya saben, así que partamos por la chica ¿si? Las damas primero.

Realizó una teatral reverencia hacia Anne, una que incluso hizo ondear parte de su túnica hacia atrás, para luego reincorporarse y acercarse a ella con su varita en la mano, mientras los nervios y la inquietud de ambos muchachos iba en aumento.

Rodolphus le tomó de los cabellos y la alzó levemente, tirando fuertemente de ellos hasta hacer que se arquease su cuero y tuviese su cabeza más a su alcance. No le importaron las protestas de ninguno de ellos en esos momentos y simplemente se limitó a hacer un pequeño corte en su garganta con la varita, antes de dejarla caer y que colgase de cabeza una vez más.

—Ahora, bastardo, dime porque ella merece vivir y es probable que la salve antes de que se desangre. Podemos jugar así por al menos una hora antes de que el juguete se nos muera, así que tu dirás… lo detengo o lo acelero…
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Invitado el Lun Ago 08, 2016 7:36 pm

Escuchó la voz de Anne a su lado y sintió una irónica tranquilidad al saber que se encontraba bien, colgada a manos de un aberrante ser, pero viva y consciente. Le miró con complicidad al escuchar que ella alegaba que ambos eran de sangre pura. Seguramente sería inútil dada la situación actual de ambos, pero no era un mal intento.

Entonces el enmascarado reveló su afiliación y también cuales eran sus verdaderos propósitos con ellos. Eran simplemente bolsas de carne dispuestas para el entrenamiento de una mente perversa y psicópata. Parecía divertido con la situación. Difícilmente pudieran razonar con esa persona.

Parecía que no tenían alternativa alguna, el hombre era firme en sus palabras y en su propia locura continuaba decidido a que le siguieran la corriente. Y eso parecía ser la única vía a seguir. Aún no había tenido tiempo suficiente para pensar una posible salida.

Abrió los ojos incrédulos cuando dijo que las damas irían primero y se dirigió a Anne con una reverencia. - ¿Qué? -susurró en un hilo de voz inaudible que dijo sin pensar

- ¡Suéltala maldito cobarde, haz lo que tengas que hacer conmigo! -exclamó al ver como de pronto la sujetaba del cabello haciendo que arqueara su cuerpo para luego con la varita propinarle un corte en la garganta. Al instante una cortina roja comenzó a descender por su cuello en dirección a su cabeza.

- ¡Cobarde hijo de puta! ¡Voy a matarte! -se sacudió con fuerza intentando en vano descolgarse y liberarse. En ese momento solo deseaba asesinar al hombre enmascarado. Una cólera asesina le invadió por completo como despertándolo de un largo letargo. Su rostro se había vuelvo completamente colorado y las venas se le marcaban con fuerza en la frente producto de su enojo además de la sangre que cada vez se iba acumulando más y más allí. Apretó las mandíbulas con fuerza y meneó la cabeza, comenzaba a dolerle la frente y a sentirse mareado. No apartaba los ojos en ningún momento de Anne.

Sus quejas e insultos eran en vano, tenía una hora antes de que Anne muriera y no parecía que el hombre fuera a detenerse. Cerró los ojos con fuerza respirando profundo intentando que todo eso fuera una pesadilla y aún se encontrara en su cama esa misma mañana. Permaneció unos segundos así hasta que por fin los abrió y buscó con la vista al enmascarado.

- Dices que esto es parte de tu entrenamiento, me parece un entrenamiento sumamente patético. ¿Colgar a una estudiante de sexto año de pies a cabeza y meramente cortarle el cuello hasta dejarle desangrar? Un muggle insignificante también habría podido hacerlo-hacía un esfuerzo absoluto por contener la calma y no volver a escupir su ira.

- Te propongo que la dejes vivir, a ambos, y nos lleves al lugar que tu elijas. El sitio más recóndito que puedas conocer. Y allí juegues al gato y al ratón con nosotros. Sera algo mucho mas fructífero para tu entrenamiento, tener dos presas vivas que cazar. Entonces si nos encuentras, nos matas. Pero si nosotros te encontramos a ti…-apretó la mandíbula y tragó saliva. Su mirada lo decía todo y el silencio hizo lo propio. Esperaba que el hombre tuviera el suficiente orgullo y sadismo para aceptar la oferta.
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Invitado el Mar Ago 16, 2016 5:10 am

¿Caballeros de Walpurgis? Le sonaba de algo aunque historicamente lo relacionaba más con mujeres, no importaba mucho ¿O si? El sujeto estaba simplemente dejándoles claro que los había atrapado porque le daba la gana, los había colgado porque le daba la gana y mataría a uno -o a ambos- porque le daba la maldita gana y todo por su maldita culpa y ese maldito sentimiento de ayudar al desvalido... Si salía de esa, sería la última vez que le tendería la mano a alguien.

Se habían topado con un psicópata con ganas de divertirse y ahora quizás no había manera de escapar, sin varitas y sin siquiera una de sus manos no les quedaba más que el diálogo pero parecían estar muy lejos de una posibilidad de piedad o de que el hombre se aburriera de usarlos como sacos de box.

"Las damas primero"

Miró entonces a Patrick con algo peor que la desesperación, estaba muerta de miedo y los segundos mientras él se acercó parecieron eternos, le forzó a arquear el cuello y el estado de shock no le permitió emitir palabra alguna en ese momento, escuchaba a Patrick insultar al sujeto como si estuviera a varios metros de ella y luego vino más dolor acompañado de la cálidéz y la humedad de su propia sangre resbalando por su rostro. La posición no ayudaba y a pesar de ser un corte pequeño empezó a gotear de inmediato.

-No... -Susurró apenas -Déjalo ir... -tomó una pausa, un zumbido en aumento estaba interfiriendo su sentido del oido y además la vista empezaba a ponérsele borrosa -Sabemos que igual moriré... ¿Quieres una razón? -Podía sentir como se desvanecía, sabía que no moriría en ese momento pero el olor metálico del líquido carmesí, la pérdida del mismo y el impacto de la situación estaban quitándole el tiempo útil -No hay nadie que me espere a mi, no tendrás problemas si yo desaparezco, haz lo que quieras conmigo y Burton, por favor, deja de decir tonterías... -

No hubo mucho más, su vista terminó por desaparecer y se sumergió en el silencio, en una pesadilla dentro de otra.
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Invitado el Dom Ago 21, 2016 5:26 am

Voy a matarte dijo el muchacho y la carcajada de Rodolphus salió de inmediato de su boca. Sonora y amplificada por el eco de la misma mascara metálica que ocultaba su identidad ¿Qué de verdad creía que él, un mocoso insolente y sin sentido alguno de la vida, podía matarle a él? Por favor, si él sabía mucho más de la vida que él ¿cómo es que se crío se atrevía siquiera a intentar ponerse a su altura?

—No, niñito, no he dicho que es parte de mi entrenamiento y no creas que voy a acabar aprendiendo de alguien como tú cuando ni siquiera sabes seguir mis reglas. Las escuchas, pero no las obedeces ¿Para que tienes las orejas?

Preguntó acercándose a él para precisamente tomar una de sus orejas y amasarla en sus manos como si de ese modo estuviese jugando con ella o tal vez midiendo su espesor.

Fue en ese momento que Anne decidió abrir la boca para interferir por Patrick. Oh, ella sí que sabía jugar, era una lastima que le hubiese cortado primero, aunque el muchacho era tan histérico como una niñita con sindrome premenstrual y eso también le divertía.

—¿Ves? ¿Ves como ella sí sabe jugar? Como ella sí escucha instrucciones.

Sonrió con satisfacción por detrás de su máscara, para luego volver a alzar su varita y, aún sujetando la oreja del muchacho con su otra mano, cargó la madera contra ella, como si fuese una especie de punta que le ayudase a atravesar su oreja la cual por fin perforó. Así sin magia y de manera totalmente lenta y dolorosa, haciendo que la varita le atravesase la oreja por completo como si fuese una verdadera aguja de cocer y Patrick fuese el muñeco roto al que debía de reparar.

—Oh, sí… Creo que por fin encontré una utilidad para tus orejas.

Agregó con ironía y se alejó de él con la varita completamente ensangrentada, esta vez para acercarse a Anne, a quien le cogió del rostro con suavidad y le ubicó junto al suyo enmascarado, como si de pronto la Gryffindor fuese su juguete favorito al cual echaba mucho de menos.

—Ella sí que sabe jugar ¿No es así, muñeca? Muac! —imitó el sonido de un beso, mientras su mascara le rozaba la mejilla —Lastima que el niño malo no escuche instrucciones y le interese una mierda tu vida. Acelerar entonces ¿no es así? Eso es lo que él ha escogido por no jugar.

Señaló a Patrick y luego otro pequeño corte se encargó de volver a decorar la garganta de Anne VonBranberg.

—Ahora tenemos media hora, rubiecito, mas te vale comenzar a jugar o ella se nos acabará yendo de las manos —dijo meneando con la cabeza, como si no aprobase su comportamiento — Ahora, dime rubiecito… ¿Por qué ella merece vivir?
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Invitado el Mar Ago 30, 2016 4:14 pm

Sus palabras, su propuesta había sido en vano. Había sido su inútil intento de razonar con un psicópata asesino que esconde el rostro tras una máscara. Como si esa mascara fuera una barrera que define la locura y la razón, ante esa barrera habían chocado y caído al suelo en su intento inútil. Pero había aprendido la lección, o eso creía. No podría razonar con esa persona.

De pronto lo tuvo frente a él sujetándole una de sus orejas y haciendo un intento de caricia sobre ella. Eso le revolvió el estómago, ahogó un grito y comenzó a moverse violentamente intentando zafarse de sus manos.
Entonces fue cuando Anne habló apenas en un hilo de voz pidiendo por su liberación y dando a entender que ella sería más fácil de ocultar. Le miró abriendo los ojos y con un nudo en la garganta sin saber que decir. Prácticamente se estaba sacrificando frente a él.

El hombre enmascarado volvió a centrar su atención en él y ahora sujetó más fuertemente su oreja acercándose con su varita- ¡Suéltame hijo de puta! -lo que siguió fue el dolor más agudo y difícil de tolerar que había sentido en su vida, además el enmascarado se aseguró de hacerlo de forma lenta alargando su agonía.

Al fin se alejó de él dejándolo hecho un harapo colgado allí en medio de su agonía. Pero sus pasos lo dirigieron hacia Anne, lo que le hizo olvidar su dolor y ese calor que provenía de su oreja para centrarse en ella.

Le vio pararse frente a ella, sujetarle del rostro y propinarle una parodia de beso y sintió como un fuego interno se apoderaba de él. Jamás había sentido tanto odio inmediato hacia alguien que apenas conocía.

Un nuevo corte propinó otra herida sangrante en el cuello de Anne, el tiempo se acortaba de nuevo y ya no tenía alternativas. Había aprendido por las malas a no intentar razonar con alguien así. – Esta bien, está bien…-dijo casi en un suplicio para que se alejara de Anne.- Jugare tu maldito juego, tienes mi atención…-dijo mirando a Anne que yacía colgada e inmóvil. Desconocía si se encontraba todavía consciente.

- Ella merece vivir…-comenzó y trago saliva intentando buscar las palabras que expresaran lo que llevaba dentro- merece vivir porque es lo único que me importa en esta vida, no merece ser asesinada, merece vivir una vida larga, feliz y plena-hizo una mueca al sentir un dolor agudo proveniente de su oreja- no me importa lo que luego hagas conmigo siempre y cuando la dejes ir a ella.

Se sentía confundido, nunca antes había hablado de su sentir con alguien y no pensaba que fuera a hacerlo justamente con esa clase de persona. Tampoco sabía si iba a funcionar, el enmascarado había conseguido confundirlo y sacarlo de su lado racional.
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Invitado el Jue Sep 01, 2016 7:54 pm

Escuchar a ambos hombres en la habitación parecía más un sueño que una realidad, el audio iba y venía como olas y por momentos ni siquiera entendía lo que decían.
Todo fue lejano hasta el momento en que escuchó a Patrick quejarse ¿Qué no había servido? Él ya debería estar bien lejos de ahí y ella debería ser la torturada pero las cosas eran muy distintas de lo esperado, apenas pudo entreabrir los ojos solo para ver como su oreja era perforada sin reparo alguno ¿Era eso necesario? Ya no podía moverse, cualquier pequeñez hacía brotar más sangre y aun albergaba -debía aceptarlo- una pequeña esperanza de que ambos salieran vivos de esa pesadilla.

Lo vio venir hacia ella y cerró los ojos nuevamente, no quería ni siquiera pensar en que le haría ahora y por un segundo solo deseo que acabara rapido con aquello.

"Acelerar"

La sola palabra le revolvió el estómago, ese falso beso y sentir tan cerca a ese ser despreciable la estaba matando por dentro al igual que moría fisicamente, su sangre caía al suelo a cuentagotas y pronto aumentaron su ritmo, justo cuando un nuevo ardor fue acompañado por otra pequeña cortina de sangre resbalando por su rostro.

Lo que vino a continuación no se lo esperaba -supusp- ni el enmascarado, habría creido escuchar miles de cosas saliendo por los labios de Patrick y ahora, a pesar del momento que estaban viviendo, se había grabado lo que él había dicho palabra a palabra.

"Merece vivir porque es lo único que me importa en esta vida, no merece ser asesinada, merece vivir una vida larga, feliz y plena"

Fué quizás eso lo que la mantuvo usando sus ultimos animos, la fuerza que le restaba la pérdida de sangre no era poca y sentía como se desvanecía en momentos pero la reciente confesión le había encendido una chispa, no podía sólo irse sin saber que pasaría, si significaba algo más o por lo menos no sin decirle que ella sentía lo mismo.

FdR: Post inútil xD no aporta nada.
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Invitado el Mar Sep 06, 2016 9:28 pm

Estaba pasándolo bien, muy bien, jugando con ese parsito. El chico había resultado predecible como una gota de agua, haciéndose el duro, el brabucón, el listillo, como la gran mayoría de los adolescentes rebeldes de su edad, y por eso lo había pagado caro. Rodolphus había perforado su oreja con una pequeña pero dañina maldición que le permitió incluso pasar su varita a través de aquel agujero como su fuese una verdadera aguja de cocer cuero.

El chico gritó y se sacudió de dolor, intentando alejarse de él, pero nada le fue posible. Rodolphus sonreía abiertamente por detrás de su mascara. No importa lo que hiciese el joven para sanar aquella oreja, siempre ardería y vería una marca en ella, sobre todo cuando se molestara, sintiera peligro o sufriera de cualquier emoción que le hiciese aumentar su presión sanguínea hacia la cabeza y también sus orejas. Sonrojarse no volvería a ser lo mismo, si acaso se sonrojaba alguna vez.

Pero si él no había jugado, había que acabar con la chica, había que apresurar su muerte, porque él sí estaba jugando. Por ello propinó otro corte, otro Diffindo no verbal en la garganta de la chica, y la hizo sangrar, esta vez con un pequeño chorro, uno que sangraba un poco más de lo que lo hacía la nueva herida del muchacho, por que sí, si él no jugaba, también moriría.

Sin embargo, y de manera inesperada, el rubio abrió la boca para robar por la vida de la morena, lo que hizo que Rodolphus se girara hacia él, dándole toda su atención hasta que el chico volvió a callarse la boca.

—Vaya, vaya… tu vida debe ser bastante miserable como para que esta mujer, a tu edad, sea lo único que te importe en esta vida ¿Acaso el ruebicito no tiene familia? o… ¿es que su familia es una mierda? Oh… espero no haber herido tus sentimientos —rió de manera burlesca —¿Escuchaste eso, querida? —preguntó a Anne tomándole del cabello —. Lo más importante que tiene en la vida, el maldito medriocre, y lo que es peor, algo me dice que el bastardo ha sido tan cobarde que jamás te lo ha dicho antes y eso lo convierte en un cagón, hijo de puta y bueno para nada. No te conviene, le falta valentía. Yo que tú me busco algo mejor.

Le soltó antes de dar un nuevo toque de la varita para que las cuerdas que sostenían a la chica se cortaran y ésta cayese directamente al suelo.

—Bien jugado, rubio. Me quedaría para otra mano, pero ya va siendo la hora de la cena. Que se diviertan.

Se despidió haciendo una reverencia, antes de agitar una vez más la varita para poner aquella habitación en llamas —con un Incendio no verbal— y, posteriormente, desaparecer sin importarle si acaso ambos morían ahí calcinados o lograban escapar. Anne tenía su varita, pero Patrick aún permanecía atado y las llamas avanzaban con mucha rapidez.

Si ambos lograban escapar, se darían cuenta que estaban en una especie de edificio abandonado en una población muggle, quien sabe donde, mas no era Hogsmeade.
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Invitado el Mar Sep 13, 2016 5:37 am

Dentro de toda la horrible situación, Anne atendió muy bien las palabras del mortífago y realmente la llevó a reflexionar -brevemente- si tenía o no razón, ¿Cómo ella podía ser lo más importante en su vida? Le gustaba pero también le hacía sentir insegura, casi podía jurar que aquello era en buena parte solamente para que pudieran salir medio vivos de ese pequeño infierno.

La Gryffindor se atrevió a mirar al sujeto por primera vez a los ojos, ya no con miedo sino con rabia ¿Qué podía decir de mediocridad alguien que atacaba a dos estudiantes sólo porque si? Ya no sabía si le dolía más el cuello o ser jaloneada del cabello, peor aun, estaba perdiendo sensibilidad y ya casi no sentía la sangre resbalando por el rostro.

Cuando vio alzada la varita se preparó para lo peor, sentía que ese último movimiento sería el que le daría muerte pero en su lugar cayó en seco al suelo viendo como el hombre desaparecía no sin antes prenderle fuego al lugar... Debía actuar rápido o de cualquier manera moriría.

Se levantó, o eso intentó... Se tambaleó pero logró pararse, no tenía mucho tiempo pues ahora que la sangre volvía abruptamente a la parte inferior de su cuerpo se sentía todavía más mareada, le costó mucho apuntar la cuerda que sujetaba a Patrick por el temblor en las manos pero finalmente pudo conjurar un Diffindo con un hilo de voz haciendo que el chico cayera al suelo de la misma manera en que ella lo había hecho un minuto atrás, se apuntó a si misma para buscar parar la sangre con un Episkey a sabiendas de que sería una solución temporal.

-Patrick, no nos queda mucho tiempo... No se donde está tu varita... Y estoy tan mareada...

Las llamas crecían, a la par que el humo también empezaba a afectar el lugar, No podría mantenerse en pie mucho más.
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