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Do you hear the people singing? [Sirius Black / Priv.]

Circe A. Masbecth el Miér Jul 20, 2016 1:18 pm

 
Esplanade Theatre, Londres · 17 de julio · 18.00 h · Nublado, 25 ºC

Desde que el curso había llegado a su fin apenas había parado por casa. Preparativos para la universidad y las nuevas clases, visitas frecuentes a la sede de las Arpias de Holyhead para formalizar su nuevo empleo como parte del equipo profesional de Quidditch, una breve visita a Apolo y a sus dragones, una aparición en Francia para visitar a sus padres que veraneaban por Lion, algún que otro encuentro con Ian para ayudarle con la documentación universitaria y unas pequeñas vacaciones en Italia. Apenas había terminado el curso unas semanas atrás y ya parecía que había pasado todo el tiempo del mundo con lo que había hecho. Pero lo que no había hecho era contestar la carta de Sirius.

Había pasado semanas pensando que escribir en ella. Que contestarle, pues no era dada a escribir nada y menos como respuesta a sus palabras. Lo mejor era verse, sin duda, pero no había tenido tiempo primeramente. Y segundo… En parte no tenía ganas de verle. No estaba acostumbrada a sentir aprecio por los demás y con Sirius… Con Sirius todo era tan diferente que podía acabar por provocarle un verdadero dolor de cabeza de darle tantas vueltas a la misma situación. Y por otra parte realmente le apetecía verlo. Quedar un rato y ver cómo había pasado los pocos días que habían pasado desde el final de las clases.

Por esa misma razón se decidió a contestar la carta aquel mismo lunes. No era de decir mucha palabra a través de las cartas y mucho  menos cuando esta iba destinada a Sirius. Cualquiera podía leerla, era cierto, pero las posibilidades se incrementaban en el caso del chico, el cual no vivía con su familia, sino con su mejor amigo. Y si James era remotamente parecido a Ian, se encargaría de mirar la correspondencia privada de su amigo buscando cualquier pretexto para bromear a su costa. Definitivamente, contestar una carta a Sirius siendo clara no era la mejor de las ideas.

Depositó un pequeño paquete sobre la mesa y se dispuso a buscar a la lechuza de  sus padres, más desquiciada por tener que tocar aquel animal que cualquier otra cosa. Cuando por fin dio con él, tardó varios minutos en armarse de valor para atar el paquete a la pata del animal y dejar que este emprendiese el vuelvo en busca de Sirius.

Para el domingo por la noche, decidió ponerse un vestido negro abierto por la espalda y unos tacones del mismo tono. Cogió un bolso de mano de color rojo y se apareció cerca de donde comenzaba el espectáculo, esperando que el chico fuese mínimamente puntual. Hacía tiempo que quería ir a ver aquel Musical y, dado que con Sirius podía hacer lo que le apeteciese a cada momento, no lo pensó dos veces cuando consiguió dos entradas. Primeramente había dudado en ir con él porque aquello parecería una cita pero a fin de cuentas, era a lo que ambos se dedicaban, ¿No? Quedaban cuándo y cómo les apetecía, y en aquella ocasión no tenían que estar pendientes de que ninguno de sus compañeros de Hogwarts doblase una esquina y diese con ellos hablando en un aula vacía con total tranquilidad. Era lo bueno de no estar en el castillo.

Se colocó la totalidad del cabello sobre su hombro izquierdo y avanzó entre la multitud que comenzaba a entrar en fila por la puerta principal. Se situó en un lateral de la puerta esperando a que Sirius apareciese, pues le había mandado ambas entradas al chico para no tener que mediar palabra alguna a través de la carta.

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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Vie Jul 29, 2016 8:13 pm

Hacia el inicio de esa semana había sido que una misteriosa carta había llegado hasta él, en casa de James. De partida era una lechuza que nunca había visto y que apenas le dejó el sobre, se fue sin recibir siquiera una pieza de comida, como hacía la mayoría de las lechuzas, y es que probablemente, si lo hubiese hecho, Sirius la habría seguido para ver de donde venía, pero lamentablemente no tuvo tiempo de ello.

Por supuesto, James se sintió curioso por el paquete y se acercó de inmediato para molestar a su amigo con quien fuese que le estuviese enviando recados, por lo que cuando el pilinegro lo abrió y sólo vio ahí dos tickets sin nada más, ambos se sorprendieron y pasaron casi toda tarde preguntándose quien demonios podría ser. De hecho, incluso se les pasó la idea de que tal vez esos tíquets fuesen para ellos dos, para que James y Sirius fuesen a ver esa obra juntos, pero ¿por qué? ¿sería acaso una trampa o una mala broma de Snape?

El Gryffindor guardó el sobre por las dudas, y cuando estuvo solo por la noche, probó en él un par de hechizos para leer mensajes indescifrables, rúnicos y hasta tinta invisible, pero ahí no había nada más que los dos tíquets para la obra de teatro.

Al día siguiente, él y James salieron en su moto para comprobar la dirección y que efectivamente la obra se estuviese presentando en ese lugar y que hubiese una función a la hora señalada, así como también dieron unas vueltas alrededor para ver si acaso alguien les estaba siguiendo o no. Por una semana completa, ambos se sintieron como verdaderos agentes secretos. Algo que Sirius se habría encargado de no compartir tanto con su amigo, y hacerle olvidar del tema si hubiese sabido quien se lo había enviado, pero, como ese no era el caso, lo motivaba más y más a descubrir el misterioso caso de los tíquets.

El día finalmente llegó, y ambos salieron en la motocicleta de Sirius para ir al teatro, convencidos de que los dos tíquets eran para ellos dos, aunque en el último minuto a Sirius le comenzó a entrar un mal presentimiento, pues en realidad, no eran muchas las personas que sabían que él vivía con James. Remus y Peter lo sabían, pero ya le habían preguntado a ambos y ninguno tenía conocimiento de los tíquets. La otra que sabía era Circe ¿pero para qué querría Circe que él fuese con James? A menos que… ¿serían tíquets para ella y él solamente? No, no lo creía, Circe habría puesto algún pequeño murciélago en algún lugar, en el sobre o en uno de los tíquets, pero ahí no había nada, por eso pensó que tal vez lo mas probable es que fuese alguien de su familia, tal vez Bellatrix que esperaba que asistiese con la chica que manchó su hermosa cama matrimonial para hacerles pagar de alguna forma, por ello más seguro se sentía yendo con James.

Así que ambos aparecieron con tiempo en la motocicleta de Sirius, y con la varita lista por debajo del brazo, preparados para enfrentarse con cualquier enemigo, cuando Sirius divisó la silueta de Circe a un costado de la entrada.

Sin pensarlo dos veces, sin pensarlo en absoluto, Sirius aceleró de improviso y James casi se cae de la motocicleta, por lo que comenzó a pedirle inmediatamente explicaciones. Sirius no respondió, sólo aceleró y desapareció a toda velocidad por la calle hasta meterse por un callejón, mientras James insistía en exigir una explicación.

—Yo…

Fue lo único que dijo Sirius, sin saber que más decir. Y entonces, un halo de luz salió por su varita, debajo de su brazo y dio de lleno en el rostro de su amigo, desmayándole en el mismo acto, quedando apoyado sobre la espalda del ojigris que manejaba la motocicleta.

Sirius respiró profundo, sin saber que más hacer, por lo que cogió uno de los brazos de James y se desapareció con él, para volver a materializarse en casa de los Potter y arrastrarle por todo el pasillo hasta dejarle recostado en su cama, aprovechando que por suerte el Señor y la Señora Potter no estaban en casa.

Joder… ahora tendría que pensarse muy bien que explicación daría a James al día siguiente.

Rápidamente regresó a su cuarto y se cambió ropa, y es que ni James, ni él habían ido realmente vestidos para la ocasión, pero luego de ver a toda a esa gente y a Circe misma, supo que debía ponerse la túnica de gala a la cual le tuvo que hacer un par e modificaciones con magia para que quedase un poco más muggle, y entonces volvió a aparecerse en el callejón y por fortuna su motocicleta estaba todavía ahí, así que la redujo hasta poder metérsela al bolsillo y salió a la calle principal para hacer detener a un taxi, pero entonces recordó que con la prisa y el susto no se había echado dinero muggle al bolsillo, así que tuvo que correr al callejón una vez más para desaparecerse, regresar a casa, coger dinero, dejar su motocicleta y volverse a aparecer, esta vez sí para tomar el taxi y bajarse de él en la calle, justo delante de la rubia a quien por fin miró con detenimiento.

Wow…

Dijo en un susurro aún antes de cerrar la puerta del vehículo y se acercó a ella comenzando a dibujar una sonrisa en sus labios a medida que avanzaba, para luego morderse los labios y negar con la cabeza, antes de ofrecerle una mano y con ella alzar la suya, para hacerle girar y poderle contemplar entera.

—Wow… —dijo nuevamente —Te ves espectacular… en realidad, espectacular te queda pequeño. Te ves sorprendente, hermosa, divina, diosa… Wow… Esa es la palabra, te ves wow…

Rió divertido, pero luego le entró la duda una vez más.

—De por casualidad… ¿tú me enviaste los tíquets o estás aquí esperando a alguien más? Porque si fuiste tú… joder, no te imaginas por todo lo que he pasado antes de llegar aquí —rió una vez más.

Off: Post autorizado por James, a quien le debo un nuevo rol para darle explicaciones XD
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Circe A. Masbecth el Mar Ago 02, 2016 4:22 pm

Se cruzó de brazos sobre su regazo esperando ver aparecer a Sirius en cualquier momento. Pero el chico no llegaba. Miró hacia el techo con cierta impaciencia, moviendo los pies al ritmo de una música que no sonaba en ninguna parte, ni siquiera en el interior de su cabeza. Rodó los ojos. Cambió el cabello hacia el lado opuesto más de cinco veces. Clavó los dientes superiores sobre el labio inferior. Le maldijo en silencio por ser impuntual y se maldijo a sí misma por haber decidido que aquello había sido una buena idea en algún universo paralelo. ¿Desde cuándo quedar con Sirius era una buena idea? No lo era. No debía juntarse con gente como él pero a fin de cuentas, se sentía tan cómoda a su lado que le importaba más bien poco lo que debía o lo que no debía a hacer.

Lo que sí que era cierto era que se sentía idiota. Una parte de sí misma le decía que el chico decidiría no aparecer en el último momento, o que este lo había decidido desde el momento en el que le llegó la carta. Otra parte de sí misma le decía que era un hombre, y era tan simple que posiblemente no entendiese la carta. Y es que Circe no era dada a las palabras y en aquella carta no había nada más que dos entradas para una obra de teatro. Capaz era de pensarse que era un regalo y presentarse allí con su último ligue. El simple pensamiento hizo que se le revolviese el estómago y es que imaginar a Sirius teniendo una bonita relación no era algo que estuviese capacitada para ver. Se repetía una y otra vez que era porque se negaba a perder a otro amigo porque este encontrase pareja. Aunque de sobra sabía que no era sólo por eso.

De no ser por su incapacidad para hablar con desconocidos por sentirse por encima de ellos, no fue capaz de preguntar a ninguno por la hora, pero supuso que la obra estaba a punto de comenzar cuando la fila se hacía cada vez más pequeña hasta casi desaparecer.

Apenas quedaban una veintena de personas cuando la voz de Sirius hizo que levantase la vista del suelo para toparse con el chico, quien avanzaba en su dirección. Elevó una ceja de manera automática al verle aparecer y tomó la mano de este cuando la ofreció para girar obligada por la presión ejercida por el chico.

Ladeó los labios y negó con la cabeza sin mostrar emoción alguna en el rostro. – Tú llegas tarde. – Concluyó la rubia sin sonreír lo más mínimo, o al menos eso intentó durante los primeros segundos, pues no tardó en aflorar una leve sonrisa entre sus labios. Pero no una sonrisa alegre, sino una egocéntrica por las palabras del chico. – Y yo me veo perfecta con cualquier cosa que me ponga. Pero se agradece el cumplido. – Miró al chico de arriba abajo juzgando su atuendo. – Tú estás pasable. – Se encogió de hombros antes de, esta vez sí, dibujar una sonrisa sincera entre sus labios.

Con la pregunta de Sirius no tardó en comprender cuál era la razón por la cual el chico había llegado tarde. Capaz había sido de pasarse media hora esperando en un rincón escondido para ver quién iba apareciendo por la zona para cerciorarse de que aquello no era una broma de mal gusto.

- Espero que lo hayas pasado verdaderamente mal y esa sea tu escusa para llegar tarde. – Añadió la rubia con una leve sonrisa aún presente en sus labios. En parte estaba molesta por la falta de puntualidad por parte de Sirius, pero por otra… Realmente le daba igual la obra de teatro. - ¿Vamos? Las entradas no son baratas. – Se volteó dando la espalda al chico y avanzando hacia la entrada, donde ya habían pasado las pocas personas que quedaban.

- Lo siento, pero la obra está a punto de comenzar. No podemos dejar pasar a nadie. – Circe elevó sendas cejas incrédula ante las palabras del hombre de la puerta quien no parecía precisamente dispuesto a dejarles pasar. - ¿Hablas en serio? – El hombre asintió sin mediar palabra. Circe se mordió el labio inferior y respiró. De no hacerlo habría sacado la varita que llevaba bajo el vestido para acabar con aquel hombre y hasta una persona impulsiva sabía que eso no era lo que debía hacer. Ni de lejos era lo que debía hacer. – Verá usted. – Rodó los ojos y señaló a Sirius. – Aquí mi amigo no conoce lo que es la definición de la puntualidad pero si no me equivoco, por lo que ha dicho, la obra va a comenzar. En nuestras entradas pone dónde están nuestros asientos y ni siquiera tendrá que acompañarnos a nuestros asientos. Pasaremos rápido y en silencio. Además, este tipo de obras siempre empiezan más tarde de lo que deberían y hasta hace dos minutos había gente pasando. ¿Qué son dos minutos más? – Dijo de la manera más amable que pudo, incluso forzando una sonrisa final. – Lo siento, no pueden pasar. – Insistió el hombre sin cambiar lo más mínimo la expresión de su rostro.

Si Circe hubiese sido un dibujo animado, en aquel momento habría comenzado a salir humo a través de sus orejas. Notaba el calor en su rostro y sus mejillas habían tomado cierto tono rojizo que contrastaba con el blanco natural de su piel. – No me joda con gilipolleces. Hemos pagado por entrar a esta maldita obra y no ha empezado todavía. No es como si llegásemos veinte minutos tarde y en vaqueros.  – El hombre no dudó en interrumpir a Circe para que no montase el espectáculo, pues no tardó en darse cuenta que de tener oportunidad lo haría. – Por favor, tranquilicese señorita o no tendré más remedio que llamar a seguridad. – Aquello fue la gota que colmó el vaso para la rubia. – Pues llame a la puta seguridad del teatro. ¿No puedes tú solito con una chica? ¿Tienes miedo de que te saque un ojo con los tacones o qué? – Pero el hombre ya estaba llamando a seguridad en aquel momento.
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Invitado el Mar Ago 02, 2016 6:50 pm

Si hubiese sido cualquier otra persona quien se lo dijera, a Sirius le hubiese dado exactamente igual, pero era Circe quien le decía que había llegado tarde y eso hizo que el pelinegro sintiese aunque sea un mínimo de remordimiento y culpabilidad. Si en ese momento hubiese estado convertido en un perro, de seguro hubiese hasta agachado las orejas.

—Sí, no te lo negaré, pero hoy te ves incluso más perfecta y eso es algo para lo que estaba preparado. No creía que pudieses verte incluso mejor de lo que te ves siempre.

No era un cumplido y tampoco mentía. Circe siempre se preocupaba mucho de su apariencia y dudaba que saliera de su habitación sin revisar que todo se viese perfecto antes de salir, pero ese día de verdad había logrado incluso quitarle el aliento.

Sonrió y alzó los hombros con simpleza cuando ella señaló que él estaba pasable, y es que aún cuando sus amigos siempre se metieran con él porque según ellos siempre parecía un modelo sacado de alguna revista de jóvenes rockers, él bastante poco se preocupaba de esas cosas. Sirius poco sabía de combinar prendas de ropa y siempre mantenía un estilo más o menos definido. Lo suyo era precisamente el look rebelde con camisetas de bandas de rock, chaquetas de cuero y jeans, aún cuando no se vistiese siempre del mismo modo, pero era con ese atuendo cuando más se sentía él mismo.

—Tuve que atacar a mi mejor amigo, MI MEJOR AMIGO —recalcó.

Aquello era el resumen más breve que podía dar en esos momentos y es que debían darse prisa para entrar. Ya más tarde podrían darse un tiempo para conversas, aunque dudaba que se pudiese hablar mucho en esas presentaciones, pero por suerte al menos en ese momento ya tenía claro que quien le había enviado las entradas había sido ella. Joder ¿no habría sido todo más fácil si les hubiese dibujado también un pequeño murciélago en una de las esquinas? De seguro así lo habría entendido y no habría pasado por todo lo que había pasado antes de llegar a ese lugar.

Así siguió a Circe cuando ella le invitó a entrar y le dio la espalda, dejando ver su piel al descubierto, por lo que para Sirius fue incontenible el acariciarla desde el inicio de su escote hasta el final de éste con la yema de los dedos. No, no se molestó en simularlo con posar su mano por su espalda, simplemente le acarició de la misma manera descarada en la que un niño acaricia cualquier artefacto que tenga un letrero de “No tocar” y sólo dejó de prestarle atención a la espalda de la rubia cuando el hombre de la entrada les dijo que no podían pasar.

—Tuve un accidente —interfirió mirando al hombre, inmediatamente Circe le dijo a él que su amigo no sabía de puntualidad.

No interrumpió más, no porque no tuviera nada que decir, sino porque vio a Circe tan enfadada que no le hubiese sorprendido en absoluto recibir un puño en la boca para callarle inmediatamente y seguir discutiendo con ese señor.

Una vez más se sintió culpable a causa de Circe y no sabía que hacer para que ella no perdiera sus entradas. No sabía si rogarle a aquel hombre de rodillas, ofrecerle todo el dinero que tenía o simplemente pegarle un puntapié en las canillas y entrar a ver la obra a la mala, pues todas ellas eran buenas opciones, aunque imaginó que lo del puntapié haría que una vez dentro Seguridad fuese a sacarles de sus asientos.

—No he visto muchas películas, pero sí me he visto las más clásicas y famosas —dijo al hombre que les impedía la entrada —¿Recuerdas la escena en que el policía le niega la entrada al Exterminador porque ya no se permitían visitas? Pues… créeme que siempre he querido hacer lo que hizo ese hombre, así que o nos dejas pasar o no diré más que… “Volveré”, pero… si eres buenito, podría hasta comprar tu bondad con un poco de efectivo estilo James Bond… tú eliges.

Señaló poniendo incluso la voz del Exterminador, para luego quedarse mirándole con las manos tomadas por delante y una sonrisa en los labios, como si jamás hubiese hecho amenaza alguna y desease muy cínicamente que todos en el Mundo hiciesen el amor y no la guerra.
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Circe A. Masbecth el Miér Ago 03, 2016 1:35 pm

Negó con la cabeza mirando en dirección a Sirius ante sus halagos. Como bien sabía el chico y cualquiera que hubiese pasado más de un minuto cerca de Circe, esta adoraba recibir halagos, pero no por esa razón iba a perdonarle el hecho de haber llegado tarde. Sí, era un hecho que adorase que le doraran la píldora, pero lo que también era un hecho era que la capacidad de perdonar de Circe era mucho menor a la normal.

- Tus halagos no harán que el tiempo vuelva atrás para que puedas ser puntual. – Afirmó la rubia dándole un leve golpe con el dedo índice en el hombro, como si aquello pudiese causar algún tipo de dolor.

No sabía cuál era la historia que había tras el retraso de Sirius. Lo único que sabía es que este había llegado tarde. Y no era por el hecho de llegar tarde, sino por el hecho de haber tenido que esperar para que este llegase. Y es que Circe no era una persona paciente, sino una de esas que necesitan ver rápido el resultado de toda acción, sin poder siquiera esperar un segundo. Por lo que esperar durante quince largos minutos en la puerta del teatro no había sido el mejor de los planes posibles para comenzar la velada.

- Espero que al menos esté en San Mungo. – Y no lo dijo como algo bueno referente a la responsabilidad de Sirius para atacar a alguien y luego dejarlo en un centro hospitalario donde pudiese ser curado. No. Lo decía para que la gravedad del asunto fuese tal que necesitase cuidados mágicos. No es que Potter no fuese de su agrado, es que lo poco que conocía de él era digno de golpearle en la cabeza hasta que se le saliese el poco cerebro que alardeaba tener por una de las orejas en forma líquida. – Ya me contarás luego la traumática historia en la que el leal Sirius Black se vio obligado a atacar a su mejor amigo para pasar un rato con una Slytherin sangre limpia. – Rodó los ojos con una leve sonrisa dibujada en sus labios. – Tus padres estarán orgullosos de ti cuando se enteren. – Añadió, por raro que pareciese, sin maldad alguna.

La rubia no lo pensó dos veces a la hora de encaminarse hacia la entrada ahora vacía para entrar al teatro. Notó un leve escalofrío nada más voltearse al sentir el tacto de la piel de Sirius recorriendo su espalda sin previo aviso. Hubiese dicho algo al respecto. Se hubiese girado y regañado a Sirius por tener complejo de adolescente que visita un museo y necesita tocar todo. Se hubiese girado y regañado a Sirius por ser tan idiota. Pero no tuvo tiempo para hacerlo, pues toda su atención se desvió rápidamente al hombre de la entrada, quien decía que no podían entrar a la función.

Circe estaba furiosa. Furiosa con aquel impertinente hombre que se negaba a dejarles pasar aún cuando pasaban apenas un par de minutos del cierre de la entrada. Furiosa con no poder conseguir lo que quería, algo a lo que no estaba acostumbrada y que, cuando sucedía, hacía que perdiese los nervios con mayor facilidad. Furiosa con Sirius por no ser puntual. Furiosa con el teatro por no tener una política menos estricta. Furiosa, una vez más, con Sirius por hacerse de rogar a la hora de llegar.

Pero en el fondo y si lo pensaba detenidamente, tampoco le importaba demasiado. Era más el hecho de estar frente a aquel hombre que le negaba algo que ella pedía lo que hacía que estuviese realmente furiosa. No el hecho de perder la entrada o la posibilidad de entrar a la obra.

Tras una breve pero intensa discusión, fue Sirius quien se coló en mitad de la conversación. No fue amable, como Circe esperaba en un primer momento. Tampoco fue demasiado brusco. Sino que se limitó a utilizar las palabras de la manera adecuada como para que de manera indirecta pudiese verse la amenaza.

- Insisto, no pueden pasar. – Dijo el hombre antes de que pudiesen ver como dos hombres vestidos de negro y que superaban el metro noventa apareciesen por la entrada, acercándose poco a poco a la entrada. – Sí, entiendo. – Dijo tranquilamente Circe. Se volteó ligeramente hacia Sirius y dibujó una sonrisa inocente antes de girarse en dirección al hombre y propinarle un puñetazo a la altura de la nariz.

Sin previo aviso, tomó la mano de Sirius obligándole a correr escaleras abajo mientras el hombre se tapaba la nariz con sendas manos y los miembros de seguridad acudían hacia él para comprobar que estuviese bien. Uno de los de seguridad se quedó en la entrada con el hombre agredido, mientras que el otro comenzó a correr tras Sirius y Circe.

La rubia tiró de Sirius por uno de los callejones colindantes aún teniendo en los talones al hombre de seguridad. Doblaron a la derecha. Recorrieron apenas dos manzanas y volvieron a girar esta vez a la izquierda, momento que Circe aprovechó para comprobar que el hombre de seguridad ya no estaba cerca. No sabía si se había cansado de seguirles o bien había tomado la dirección equivocada, pero al menos ya no estaba en su campo de mira.

Tiró una última vez de la mano de Sirius, haciendo que esta vez de desaparecieran hacia un pequeño callejón situado al lado de St Jame’s Park. Frenó en seco una vez se aparecieron en aquel lugar y miró a Sirius antes de romper a reír, apoyando la espalda en la pared. - Ahora me duele. - Añadió tomando su propio puño entre sus manos y mirando sus nudillos, los cuales habían tomado un tono rojizo.
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Invitado el Jue Ago 04, 2016 11:53 pm

—Lo sé y lo siento —se disculpó con cara de cachorrito.

La verdad es que él tampoco había sido muy consciente de la hora, pero con todo lo que había ocurrido, de seguro había llegado tarde, además, la misma falta de gente en la línea para entrar se lo corroboraba. Por ello no se quejó, ni nada, simplemente sonrió cuando Circe buscó enterrarle el dedo en su hombro.

—No realmente, pero sí está inconsciente —respondió con prisa, para alcanzar a la rubia.

Estaba seguro de que James no le perdonaría fácilmente y que además buscaría alguna forma de hacérsela pagar y eso le hacía sentir incluso un poco de bienestar, pues había que admitir que el chico era un poco zafado y adoraba el peligro y los piques.

—Ja, ja… muy graciosa.

Le hubiese gustado alegar un poco más respecto a la afirmación de Circe con que había atacado a su amigo para estar con una sangre limpia, pero lamentablemente ya estaban entrando en el marco auditivo del muggle de la puerta y si había algo que Sirius no deseara jamás en ese momento, era hablar respecto a su familia delante de cualquier persona.

Ambos hicieron su mejor esfuerzo por intentar atravesar esa puerta, incluso Sirius intentó contener sus ganas de aforrarle un puñetazo en todas la nariz, pues tenía a Circe a su lado y de cierto modo sentía que no quería desilusionarla y lo único que sabía es que ella había comprado los tíquets y que le habían costado bastante dinero, por lo cual no quería joderla más por ponerse chulo. Después de todo, probablemente fuese por Circe la única persona por la cual se contendría.

Mas todo lo que le dijeron al hombre no dio fruto alguno, por lo que la rubia miró a Sirius y, luego de sonreírle, repentinamente propinó al sujeto sendo golpe en toda la nariz. El pelinegro abrió la boca asombrado, mas no tuvo tiempo ni de celebrarla, porque la rubia le tomó de la mano y le hizo correr junto con ella mientras eran perseguidos por uno de los guardias de seguridad.

Corrieron por alrededor de dos manzanas, girando en alguna esquina o en otra para intentar perderle hasta que finalmente parecieron perderle de vista, por lo que Circe les hizo desaparecer junto a St James’s Park en el centro de Londres.

Sirius, por supuesto, se materializó un poco mareado y es que no estaba muy acostumbrado a las desapariciones conjuntas, menos aquellas que le tomaban de sorpresa, ya que incluso en su primera había llegado a vomitar los zapatos de Drake Ulrich, su padrino. Por ello, sólo alzó la mirada con el piso aún moviéndosele un poco, cuando escuchó a la rubia reír. Sirius respondió con una sonrisa y se acercó hasta quedar delante de ella y también echar un vistazo a su mano.

—Pues ese ha sido un muy buen golpe ¿dónde aprendiste a golpear así? Ni yo que soy hombre podría haberlo hecho mejor, y no te lo tomes como un comentario machista, simplemente se supone que somos los mas fuertes y en mi caso, además, me gustan las peleas.

Sonrió con sinceridad, y es que Sirius Black más de alguna vez había acabado con la nariz o la boca rota, no simplemente porque era muy bueno para responder a los piques y comenzar una pela, sino que también era bueno para meterse en líos.

—Por cierto… lo siento mucho. Si no lo golpeé yo fue porque de verdad estaba conteniéndome con todas mis fuerzas para agotar todos los recursos y permitir que nos dejasen entrar. De hecho, te pagaré los tíquets de alguna forma, no sé, me prostituyo o algo —rió brevemente —, pero no te enojes conmigo. Ni siquiera tenía idea que eras tú la que me esperaba, no te imaginas todas las hipótesis y teorías absurdas que saqué de quien me habían enviado los tíquets ¡Hasta pensé en mi prima Bellatrix! que quizás quería hacerme picar algún señuelo para cobrarse algunas de las que le he hecho, y sí… vine con James… por eso tuve que echarlo a dormir en cuanto vi que tú estabas en la fila y ahora voy a tener problemas con ello —suspiró —. Esperaba algún murgielaguito algo parecido si acaso eras tú… Lo siento mucho… Mucho, mucho, mucho…
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Circe A. Masbecth el Dom Ago 07, 2016 10:55 pm

El día que se repartió la paciencia Circe decidió quedarse cómodamente en su cama sin preocuparse lo más mínimo por coger un poco. Por esa misma razón era una persona que quería resultados inmediatos. Si Circe quería algo, lo quería para ayer. Si Circe pedía algo, tenía que tenerlo al instante. Y de no suceder aquello, podías tener todo el aguante del mundo que ella se encargaría de terminar con hasta la última gota. Y eso fue lo que pasó. Sin pensarlo dos veces elevó el brazo y golpeó con el puño el rostro de aquel hombre sin pensar en las consecuencias de sus actos.

Consecuencias que no tardaron ni un segundo en llegar en forma de un miembro de la seguridad del teatro que corría tras ambos chicos. No recordaba siquiera en qué momento había tomado la mano de Sirius y había comenzado a arrastrarle por las calles londinenses con el fin de alejarse lo más posible de aquel gorila que, de dar con ellos, les metería en un gran problema.

Tenía la adrenalina a tal nivel que no fue plenamente consciente de la situación hasta haberse desaparecido y romper finalmente a reír en mitad de aquel callejón. Dejó caer el peso de su cuerpo sobre la pared al tiempo que miraba su mano, pues aquel golpe había sido algo que no había sentido al realizar pero que, ahora de golpe, cobraba sus consecuencias en la realidad.

- Por un tiempo estuve yendo a clases de defensa personal. Al final sirvió para algo… Aunque no para defenderse, precisamente. – Rió tomando nuevamente su propia mano para cerciorarse que estaba todo bien. Pero salvo el dolor en los nudillos y la leve rojez en su piel, todo estaba en perfectas condiciones. – Creo que no es cuestión de fuerza, sino del momento en el que te pillen. – Volvió a reír sin poder evitarlo, pues con tanta adrenalina en vena no podía siquiera estarse quieta. – Y de las ganas que tengas de reventarle la cabeza a ese idiota que se cree superior al resto por tener una plaquita con su nombre en el pecho. – Dijo golpeando a Sirius con el dedo índice en el pecho, donde el hombre de la puerta tenía la placa con su nombre. Seguidamente elevó el dedo hasta golpear la nariz del chico y rió de nuevo.

Bajó la cabeza y colocó sendas manos sobre sus piernas, recobrando la respiración y la cordura de una vez por todas. Elevó la cabeza dejando que el cabelló cayese en cascada por ambos laterales de su rostro y luego apartó este pasándolo tras sus orejas.

Escuchó la explicación pertinente de Sirius y afirmó con la cabeza, aún recobrando el aliento, no sólo por la carrera y la aparición, sino por la situación en sí. Abrió la boca para quejarse y opinar, como era costumbre en ella, pero rápidamente volvió a cerrar la boca sin emitir ningún tipo de sonido. Escuchó la explicación de Sirius y rompió a reír ante su hipótesis sobre un posible regalo de la mismísima Bellatrix Lestrange. Pero rió mucho más cuando mencionó a James y entendió que cuando se refería a un ataque, era invitarle amablemente a quedarse profundamente dormido durante un periodo de tiempo. – Ahora me alegro más que nunca de no haber puesto ninguna marca en las entradas. – Volvió a reír, apartándose nuevamente el cabello del rostro.

- Te perdono sólo por eso. Tu cara debió de ser un poema, pero creo que lo que te hará James después de eso será mucho mejor. Una lástima no poder estar presente para ver lo que pasa. Pero cuéntame que escusa te inventas, quiero reírme más de ti. – Sonrió de medio lado. – Más aún, digo. – Añadió apartándose de la pared para acercarse levemente a Sirius y apoyar la cabeza sobre su pecho antes de romper a reír nuevamente. – No pensaba que pudieses ser tan estúpido. – Dijo entre risas para, finalmente, separarse en apenas unos segundos para comenzar a andar dirección a la calle principal.

Apenas había un par de personas en aquella calle, paseando tranquilamente bajo la luz de las farolas y hablando en voz baja para no molestar en la zona residencial en la que ahora se encontraban. - ¿Has estrenado la escoba? – Preguntó al recordar lo que había dicho del murciélago, pues hasta el momento era lo único que había marcado de tal forma para que este lo reconociese. – Me gustó tu pergamino, amigo asexual. – Dijo avanzando por la calle antes de frenar en seco frente a un escaparate donde podía verse reflejada para arreglar el vestido y el pelo. Porque a egocéntrica, pocos podían ganar a Circe.

Una vez terminó de arreglarse siguió caminando, ajena a lo que Sirius quisiese hacer o qué camino tomar. - ¿Y el verano? – Preguntó volteándose levemente. No era dada a preguntar a los demás por su vida, pues no le importaba en absoluto, pero con Sirius no era una mera cordialidad. Sino que le tenía en suficiente estima como para realmente preocuparse por él.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Sáb Ago 20, 2016 4:47 am

Sí, Sirius también tenía la respiración agitada de tanto correr y escapar de aquel guardia, pero era realmente la reacción final de Circe la que más le preocupaba en ese momento. Ya habría tiempo para sentir alivio más adelante, si acaso ella le perdonaba, porque ya estaba claro que si la rubia se enojaba, lo mejor era echarse a correr.

—Ja —rió con seca ironía —. Claro, te alegras porque te encanta meterme en problemas —suspiró y rodó los ojos antes de negar con la cabeza —. James me va a matar…

Dedicó una mueca de pocos amigos a la rubia, pero no pudo esconder su cara de alivio al escucharle decir que le perdonaría y es que, después de todo, eso era lo único que realmente le importaba en esos momentos, por lo que recién ahí, recién en ese instante, su mente le permitió sentir el cansancio en sus piernas.

Apunto estuvo de buscar apoyo en la muralla, junto a la ex-Slytherin, pero ella se despegó de la pared para acercarse a él y apoyar la cabeza sobre su pecho, haciendo que Sirius se tragase el aire que tenía por delante y se quedase aguantando la respiración hasta que ella misma, con sus comentarios, le hizo reír.

—No soy tan estúpido —sonrió —. Bueno, sí… un poquito.

Acarició su espalda suavemente y luego le permitió recuperar su espacio, momento en el que él respiró profundamente y le observó aún con la sonrisa de alivio curvándole los labios, para luego seguirle y caminar a su lado hacia la calle principal.

—Oh… ¡Por supuesto! Vuela espectacular la Bati-escoba, y sí, le puse nombre. Bati-escoba es un apodo en clave que sólo utilizo cuando estoy a solas o contigo, pero Yamaha es su verdadero nombre —rió divertido —. Es una marca popular de motocicletas muggles.

Sonrió satisfecho de su propia odiosidad, ya que le había puesto ese nombre a sabiendas de que su madre se sentiría orgullosa de volver a verle montado en una escoba más que en esa máquina de dos ruedas creada por los “asquerosos muggles”, así que por supuesto que algo de muggle tendría que tener y por eso hasta le había puesto el logo de Yamaha en uno de los costados. Le habría encantado ponerle además un manubrio, pero ello le hubiese quitado aerodinámica y él aún pretendía usarla lo mejor posible durante los partidos de quidditch y cualquier otra ocasión.

—¿Asexual? —preguntó riendo y negó con la cabeza —. Lamento desilusionarte, rubia, pero no soy asexual y tú me gustas.

Dijo sin pelos en la lengua, mientras le miraba de soslayo y sonreía de medio lado, mas de pronto amplió su sonrisa y alzó las manos en un gesto que clamaba inocencia.

—No te acosaré… y nada va a cambiar entre nosotros, no soy de ese tipo de personas y lo sabes, lo sabes de antes. Así que no creas que acabaré igual que tu amigote el Slytherin que quedó en ridículo luego del Torneo de los Cuatro Idiotas y luego huyo por ello, que yo no buscaré que mes nada, ni me echaré novia porque no me das. Y no, tampoco estoy obsesionado contigo, ni eres la razón de mi existencia —frunció el ceño —¿Por qué te doy tantas explicaciones? —se preguntó en voz alta, extendiendo los brazos antes de reír y volver a sacudir la cabeza como si de ese modo ayudase a aclarar sus ideas —. Estás buena, eres inteligente y me gusta estar contigo. Punto.

Se echó a reír y se detuvo por detrás de ella cuando Circe frenó para mirarse en el reflejo de un escaparate, por lo que él bajó una de sus manos y la extendió en dirección al culo de la rubia, aunque sin llegar a tocarlo, pero sí para hacerlo creer en el reflejo que la chica estaba mirando. Sacó la mano rápidamente y comenzó a silbar como quien acaba de llegar.

—Oh, Circe! Hola ¿cómo estás? ¿Qué tal tu verano? Sí, el mío ha estado estupendo, echando de menos a amigas que ahora se creen unas mayores porque estudian en la Universidad y pueden entrar a cualquier parte y además…

Se cortó a sí mismo y se quedó con la boca abierta por un momento, como si estuviese pensando en la más grandiosa de las ideas, antes de volver a cerrar la mandíbula y mirar a la chica con una sonrisa cómplice.

—¿Has entrado ya a uno de esos lugares para mayores de dieciocho o veintiún años? Se me acaba de ocurrir que debiésemos a ir a uno de esos lugares, no sólo para ver que tal son sino también para crear un poco de caos… —le sonrió de medio lado —Barrio Rojo de Amsterdam… tal vez…
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Circe A. Masbecth el Sáb Ago 20, 2016 2:18 pm

Sin lugar a dudas ver a Sirius metido de mierda hasta las orejas era algo digno de admirar y más cuando ella era la razón de todo aquello. Ya debería haber asumido que Circe disfrutaba molestando a los demás, pero en su caso, disfrutaba viéndole salir de los problemas pasándolo verdaderamente mal en el intento.

- ¿Acaso lo dudas? – Preguntó retóricamente, ya que no esperaba respuesta alguna por parte de su acompañante cuando ambos sabían que nadie en su sano juicio podría dudarlo. – Alguien me dijo una vez que viviese mi vida, por eso de morir joven y dejar un bonito cadáver. Así al menos habrías disfrutado de tu vida y no te arrepentirías de nada siendo viejo… James cumplirá tu sueño de morir joven, se nota que es tu mejor amigo y hace todo por cumplir tus deseos. – Dijo la rubia sin siquiera evitar reír.

Avanzaron un par de pasos hasta salir del callejón apartado de las miradas de los curiosos donde se encontraban, momento que Circe aprovechó para preguntar por la escoba que le había regalado al finalizar el curso. Pensar en cómo una lechuza dejaría un paquete en mitad del Gran Comedor había resultado divertido, pero más había sido que cayese en plena mesa de Gryffindor y que sólo Sirius supiese que aquel regalo venía directamente de la mesa de sus enemigos por naturaleza. – Bati-Escoba. – Repitió la chica arrugando la frente. Sin duda Sirius sabía cómo hacer que una escoba perdiese toda la dignidad que pudiese llegar a tener un objeto inanimado. - ¿En serio eso es una marca? – Preguntó atónita por el extraño nombre que los muggles habían decidido usar. - ¿Es un apellido japonés o algo así? – Añadió a la lista de preguntas sin respuesta, ya que a pesar de su conocimiento del mundo muggle, este no se centraba en cosas tan estúpidas como conocer las marcas muggles ni su procedencia.

- Más te vale entrenar bien con ella. Ahora que no juego en el equipo de Slytherin puedo animar a otros equipos y… - Apoyó la mano en el mentón, intentando parecer que estaba pensando seriamente en ello. – Sí, creo que ahora apoyaré a Gryffindor desde las sombras, la única persona que soporto de eses castillo juega en ese equipo. –Y sí, como era de esperar, hablaba del propio Sirius. – Además, el rojo me sienta bien. – Añadió haciendo alarde de su marcado amor propio del que parecía no ser capaz de desprenderse sin importar la situación en la que se encontrase. – Pero el verde me sigue quedando mucho  mejor, así que mi nuevo uniforme de las Arpías de Holyhead me quedará genial. – Y aquello último fue con la intención de contarle a Sirius de manera indirecta que había conseguido un puesto en aquel equipo de Quidditch Profesional. No era algo de lo que hubiese alardeado mucho por ahí y más teniendo en cuenta que únicamente lo sabía Ian y su familia. Bueno, y Lluna porque era su compañera de equipo, sino a esa no le contaba ni que estaba lloviendo ácido para que se le destrozase aún más la cara al salir.

Colocó los brazos en jarras y puso morritos cual niña enfadada el descubrir que su regalo no era lo que creía en un primer momento. - ¿Cómo que no? ¿No decías que un amigo asexual era un regalo que me sería útil? Deberías ser tú mi amigo asexual, si tan buen amigo fueses… - Al final de aquello dibujó una leve sonrisa y negó con la cabeza a las palabras de Sirius, pasando por alto su comentario. ¿Por qué? Porque por mucho que en un pasado hubiese sido la abeja reina en las relaciones con hombres, ahora no quería saber nada de estos en ese ámbito. Aunque era innegable que aquello que había dicho Sirius, era compartido por ella del mismo modo.

Creo que porque eres gilipollas, no encuentro otra explicación posible. – Dijo una vez volteada mirando en dirección a Sirius. – Sí, estoy buena. Soy inteligente, aunque sea rubia. Y estar conmigo… Mira, eso sí que eres raro para pensarlo. – Cualquiera que conociese a Circe podía considerarla un auténtico grano en el culo, y es que era el tipo de persona que podía caracterizarse por ser la imagen clara de “lo poco gusta, lo mucho cansa”. Aunque incluso lo poco tampoco llegaba a gastar de lo insufrible y borde que podía llegar a ser.

Vio la silueta de Sirius tras la suya pero no dijo nada al no notar su mano a pesar de verla bajar por su espalda en el reflejo. Sonrió al final del todo, cuando comenzó a hablar como si aquello sirviese para pasar por alto lo que acababa de fingir hacer. La rubia se giró, le dio un leve golpe en la parte superior del brazo y negó con la cabeza. - ¿Tienes amigas que se creen mayores por ser Universitarias? Ni que sacarte un año fuese para tanto… Deberías buscarte amigas mejores. No sé, amigas que te regalen escobas, entradas caras para musicales a los que llegues tarde y haya que tirar luego a la basura o… No sé, que te digan sin pelos en la lengua que deberías ponerte traje más a menudo porque te queda rematadamente bien. Pareces una persona, incluso.

- ¿Cuál es tu idea de caos, Black? – Preguntó elevando sendas cejas. – Pero si insistes… Ya que has destrozado el plan de esta noche, te permito elegir otro plan. – Tomó una de las manos del chico y la usó para dar un giro sobre sí misma como si de un baile se tratase. – Así que dime, ¿Quieres tener el honor de hacer tú la aparición conjunta esta vez o tienes miedo de que acabemos en San Mungo? – Sin soltar la mano del chico, se acercó a él, esperando a que fuese el valiente Gryffindor el que se atreviese con la aparición.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Sáb Ago 20, 2016 7:50 pm

Le miró de soslayo, con los ojos entrecerrados. Ese era precisamente el momento en que tenía ganas de matar a Circe Masbecth y largarse a reír a carcajadas al mismo tiempo, pero aún le resultaba sumamente difícil determinar cual de las dos opciones acabaría por gustarle más.

La rubia era jodidamente irónica y a veces demasiado difícil de contradecir y eso le ponía de nervios. Estaba claro que James era su amigo, prácticamente su hermano, aunque sabía el cariño incondicional que sentía por Regulus era algo incomparable, muchas veces llegaba hasta sentir que si tuviese que elegir entre salvar la vida de James y la de Regulus, acabaría decantándose por James y eso le hacía sentir algo culpable, sobre todo cuando acababa peleado con Regulus y además atacando a James.

—Ajam… Tiene un murciélago en la madera ¿no? TIENE que llamarse la Bati-escoba —recalcó con orgullo —. No me digas que nunca has visto Batman.

Le miró con ojos entre cerrados. Sabía que Circe provenía de una familia Sangre Pura y además medio purista, eso le decía que la chica podía no tener idea de muchas cosas, pero desde aquella vez en que ambos decidieron tatuarse juntos que no estaba seguro de cuanto o no conocía ella de los muggles, pues la ex-Slytherin había mostrado un gran, pero gran, dominio en el misterioso mundo de los computadores.

—Yamaha es una marca sí. No estoy seguro de donde provenga, pero tiene pinta de japonés. Puedes verlo en casi todas las motocicletas que circulan por la calle, pareciera ser la marca más accesiblemente popular.

Sonrió. No quería decirle directamente a Circe que le había puesto el nombre de una motocicleta de baja categoría a la escoba que le había regalado, pues no lo había hecho precisamente por eso, sino porque era en verdad el nombre más repetido en las calles y quería de algún modo que la gente lo asociara con mayor facilidad, sobre todo si esa gente llevaba a cuestas el apellido Black.

Tampoco mencionó que sintió un poquito de presión cuando ella dijo que este año apoyaría a Gryffindor y es que el año pasado parece que los balones no le habían querido mucho. Las bludger le amaban, eso estaba claro, siempre le llegaba alguna, pero no sabía porque la quaffle se le había escurrido tantas veces de las manos y con tanta facilidad. Quizás había sido la escoba o sus propios problemas familiares que le habían hecho acabar mudándose con James. Había estado distraído, sí, pero este año estaría más tranquilo y esperaba que su desempeño en el quidditch mejorara un poco más.

—¡¿Qué?! ¡¿Estás jugando para las Arpías de Holyhead?! Woooooow!! Felicidades! Ahora tendré un motivo más para ir a ver los partidos de Quidditch.

Esa idea le agradaba mucho, ahora podía decir incluso que tenía una amiga famosa, aunque claro, decir era algo retórico porque verdaderamente a veces dudaba que confesaría que Circe era su amiga ¡Si todos en Hogwarts pensaban que ellos se odiaban!

—Dije que un regalo útil para ti sería un Amigo Asexual, ya sabes, por lo que te ha pasado… pero no dije que sería yo tu regalo —sonrió, para luego mirarle un poco confundido —¿Estás diciendo que te gustaría que yo fuese tu regalo? ¿Tuyo de ti?

Rió brevemente, meneó la cabeza y aprovechó esa oportunidad en la que ella admiraba su reflejo para fingir que le agarraba el trasero hasta que la chica volteó para golpearle el costado de su brazo y echarse a reír.

Se miró a si mismo cuando ella le elogió, a su manera, por el traje que llevaba puesto y alzó los hombros como si supiera que él no tenía mucho arreglo.

—Lo usé también para el Baile de Navidad, luego de que Rose Saunders me invitase a ir con ella ¿tú no fuiste? —preguntó curioso —Bueno, tampoco nos conocíamos mucho por ese momento.

Precisamente Circe y Sirius se habían conocido después de Navidad, cuando ambos se habían quedado encerrados en el armario escobero de las mazmorras de Hogwarts. De no se por aquel accidente, ellos seguramente seguirían siendo indiferentes el uno para el otro. A veces era casi increíble pensar en cuan rápido había sido para ellos el llegar algo de respeto e importancia del uno para el otro.

—Me hubiese gustado conocerte un poquito antes —sonrió cuando ella le cogió de la mano —. Así hubiese coincidido otro año más de Hogwarts contigo y habría disfrutado de patearte el trasero en el campo de Quidditch con mi nueva súper bati-escoba —mantuvo su sonrisa al verla girar y le recibió también con su otro brazo, rodeando su cintura cuando ella se le acercó —Te vas arrepentir de haber dicho eso.

Sonrió de medio lado y acortó la pequeña distancia entre ellos para besarle en los labios y, así, en medio del beso, desapareció junto con ella haciendo que el jalón del estómago fuese totalmente inesperado y casi se les saliera por la boca, ya sea a modo de grito o algo más. Y para rematarla, se aparecieron sobre el tejado de una sencilla casa, en donde Sirius miró alrededor, para luego volver a desaparecerse en conjunto (pues aún sujetaba a Circe aunque sea de una mano) y tras ver que no había moros en la costa, aparecer junto a la puerta.

Jamás he estado en Amsterdanle explicó en un susurro —, no me puedo aparecer en un lugar en donde jamás he estado y no sé porque, pero cuando contigo soy un poco más precavidole sonrió —. Esta es la casa de James, necesito recoger mi motocicleta y algunas otras cosas, porque a ti voy a secuestrarte por toda una semana, me lo debes.

Indicó con el dedo índice por delante del rostro de la chica, para dejar en claro de que no aceptaba negativas. Entonces abrió la puerta y sólo asomó la cabeza, para luego entrar procurando meter el menor ruido posible, indicándole a la rubia que le siguiera. Si ella cedía, ambos subirían por las escaleras hasta el cuarto de James (y Sirius) en donde el chico de gafas yacía aún inconsciente y con medio cuerpo fuera de la cama.

—Bienvenida a mi nueva casa.

Sonrió a la chica y le entregó un par de crayolas, para luego mirar a James dormido con una sonrisa traviesa.

Yo siempre lo hago.
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Circe A. Masbecth el Sáb Ago 20, 2016 8:40 pm

Al ser la menor de su familia, se llevaba una cantidad de años considerables con el mayor de sus hermanos por lo que cuando Circe nació, Odiseo ya había sido repudiado por la mitad de su propio árbol genealógico. Por suerte o por desgracia, esto no impidió que la relación entre los dos hermanos fuese buena. No era la mejor del mundo, ni de lejos, no eran esos hermanos unidos que confiaban plenamente el uno en el otro. No eran uña y carne, pero Odiseo siempre había intentado alejar a todos sus hermanos de lo que sus padres esperaban para ellos. Consiguiéndolo con Adonis y haciendo grandes esfuerzos con Circe, quien desarrolló un gran afán hacia al cine muggle, por lo que conocía a aquel hombre vestido de negro y sin padres gracias a Odiseo y sus influencias.

- Sí, pero… - Negó con la cabeza. – Eso no tiene nada que ver. Simplemente yo no le pongo nombre a mi escoba, pero supongo que eso es cosa de hombre que más de uno va por ahí presumiendo del nombre que le ha puesto a su pene. – Parecía que los hombres necesitaban poner nombre a sus objetos de valor para así no sentirse mal consigo mismos, sino no encontraba la explicación a ponerle nombre a una escoba.

No comprendía nada sobre marcas de coche, moto, avión o bicicleta. Su control de los medios de transporte muggle eran inexistentes y más cuando había montado en moto por primera vez con Ian y que el único medio de transporte muggle que usaba era el tren y en contadas ocasiones.

Tenía un gran afán por hablar de sí misma y alimentar su ego, pero también era cierto que Circe jamás profundizaba en ella misma. Nunca iría por ahí hablando de lo que le había pasado y mucho menos de cómo se sentía al respecto. Pero como ya había quedado demostrado en numerosas ocasiones con Sirius, aquello daba un giro completo en su compañía.

Esta vez mencionó de pasada que ahora jugaría en un equipo de Quidditch profesional como si careciese de importancia alguna pero no pudo evitar reír al tiempo que negaba con la cabeza al ver la reacción desmesurada de Sirius. – Y si te portas bien puede que te consiga buenas entradas y gratis. O por un módico precio, así me llevo ganancias, que la vida del universitario es más cara que en Hogwarts.

Rodó los ojos al escuchar cómo Sirius tenía la necesidad imperiosa de sacar las cosas de contexto y poner en su boca palabras que, de alguna manera, había dicho. – Por Merlín, ¿Tienes algo en esa cabeza además de serrín? – Preguntó en cierto modo molesta. – No me refería a eso, idiota. - De haber sido toda una señorita tímida sus mejillas se habrían tornado rojas, pero en su lugar rió. – Lo que digo es que me gusta tenerte como amigo, no le des más vueltas no vaya a ser que te marees.

Durante la época en la que tuvo lugar el Baile de Navidad Circe no había estado en sus mejores momentos, por lo que desapareció en cuanto tuvo oportunidad y ni loca hubiese ido a aquel baile para ver cientos de parejas cogidas de la mano y sonriendo a la más mínima oportunidad. En ese momento, era lo que menos necesitaba. – Si hubiese ido a aquel estúpido baile habría quemado el Gran Comedor para no tener que ver tanta tontería. – Como a Damon con Lluna, entre otras parejas. Pero eso era lo de menos. El hecho de acabar de asumir que Derek sólo había jugado con ella durante meses había sido razón suficiente como para no poder ver parejas felices en ninguna parte.

-
¿Patearme el trasero tú a mí? – Elevó sendas cejas sin perder detalle de Sirius. - ¿Tú quién te crees que eres jugando al Quidditch? ¿Alguien útil? Por favor, si parece que no sabes ni sostenerte sobre la escoba como para intentar anotar algún punto… No sé ni para qué te regalo una escoba. – Se mordió el labio inferior antes de reír, pues si lo pensaba no se había fijado ni en cómo jugaba Sirius, ya que ella sólo acudía a los partidos que Slytherin jugaba.

Notó la mano de Sirius rodearla una vez más y antes de volver a aportarse, este la acercó hacia él, uniendo los labios de ambos en un corto beso. Tan corto que duró una aparición, algo que hizo que Circe cerrase los ojos con fuerza al no esperarse que aquello sucediese precisamente en ese momento. Notó su estómago revolverse y se odió por un segundo por haber intentado molestar a Sirius con la aparición, ya que ella misma no soportaba que otra persona contase con el control de su cuerpo como acababa de tener Sirius.

Se sentía tan mareada que no fue consciente de dónde aparecieron ni por qué. Simplemente se limitó a escuchar la voz de Sirius en apenas un susurro y aprovechó para sujetarse en los hombros del chico para no acabar cayendo por culpa del mareo que le había causado la aparición conjunta e inesperada. - ¿A Amsterdam en moto? ¿A qué velocidad puede ir esa cosa? – Preguntó sin haber escuchado el resto de sus palabras. Suficiente tenía con tener que volver a subirse a ese trasto como para fijar su atención en lo demás que había dicho.

Siguió a Sirius muy de cerca cuando este se abrió paso a una habitación que resultó ser la de James Potter, quien se encontraba en la cama totalmente dormido. O más bien, totalmente inconsciente. Inconsciente de la que se le veía encima. - ¿Qué tienes? ¿Cuatro años? – Le preguntó en un susurró cogiendo una de las pinturas que el chico tendió y acercándose a la cara de James con esta.

No lo pensó dos veces y apartó las gafas del rostro del chico. Apenas conocía a James Potter pero lo poco que le conocía había servido para que le considerase un subnormal prepotente. Lo mismo que pensaba de Sirius hasta que había parado a conocerle. Pero… Sí, era posible que James pudiese llegar a caerle bien si le conociera, pero prefería pintarle la cara que perder el tiempo conociendo a alguien inconsciente.

Hizo un breve trazo por su frente para comprobar con qué fuerza debía apretar para lograr pintar en el rostro de James y seguidamente pasó a sus párpados, dibujando un ojo bizco en uno de ellos con exageradas pestañas, mientras que el otro lo decoró con un bonito parche pirata, dejándole a Sirius la decoración del resto de la cara de su amigo.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Sáb Ago 20, 2016 11:50 pm

¿Qué los hombres le ponían nombre a su pene? ¿Quién dijo?

Sirius no pudo evitar reír, mas no hizo comentario alguno o su “Don Tiburonsín” podría acabar siendo motivo de burlas por parte de la rubia y eso era algo que sin duda podría afectar su ego. No, no, mejor era proteger a “Don Tiburonsín” (XD).

Joder, muchas veces se preguntaba si Circe seguiría considerándole su amigo si supiese de todas las estupideces que hacía o que pensaba. Ya conocía a mucha gente que le trataba de loco y bueno, Circe le trataba de estúpido, aunque eso parecía que era un apelativo que dedicaba a todo el mundo.

Lo de las entradas gratis sí que le gustó y es que no es que fuese un muerto de hambre, pero últimamente el dinero le escaseaba. Había sido criado como un niño rico al que le daban todo con sólo alzar un dedo y de pronto ¡Paft! De la noche a la mañana completamente desheredado.

—Oh, voy a cobrarte eso, tenlo por seguro. Recuerda que soy desheredado así que toda oferta me viene de pelos.

Sonrió. No se quejaba de su vida, jamás le había faltado ni techo, ni comida, pues sus amigos se habían portado mucho mejor de lo que jamás habría imaginado. Sobre todo James, ese pobre diablo a quien le pagaba knockeándolo para acabar saliendo con la chica. Menudo mierdas de amigo que era a veces, tenía más que claro que debía recompensarle muy muy bien.

Como siempre, otra estúpida idea se le pasó por la mente y, aprovechándose de la cercanía de Circe, la besó en los labios para desaparecerse. Ya se lo había dicho a alguien en alguna ocasión, creía que había sido a Alice. Tenía curiosidad por lo que sentía, si acaso era igual de desagradable o si incluso daban ganas de acabar devolviendo la comida en la boca de la otra persona y acabar traumatizado de por vida y ahora por fin se le presentaba la oportunidad para comprobarlo, mas tuvo que pasar por la desilusión porque no se sintió tan diferente. Sobre todo porque Circe tampoco se había apurado en responder aquel beso y bueno, la verdad es que nunca se habían dado un beso como la gente aun cuando la chica le había dicho que podía hacerlo. Circe era extraña, pero aún así le gustaba, aun cuando la mayoría de las veces le diesen ganas de empujarla del tejado para ver si obtenía algún cambio.

—Muy rápido, recuerda que puede volar, pero no, tampoco volaremos todo el tiempo, ya te dije que te secuestraré por una semana, así que ahora cállate y obedece.

Rió divertido, a sabiendas que quizás la chica se molestaría, porque dudaba que a alguien como Circe le pasara desapercibido el que le hicieran callar.

Volvieron a aparecerse, esta vez ya en tierra firme y a n costado de la puerta, por la cual entraron para acabar subiendo las escaleras y dar con el cuarto de James. Ahí fue donde Sirius entregó las crayolas a Circe y le animó para que le rayara la cara a su amigo a lo que la chica protestó, pero aún así obedeció.

El pelinegro aprovechó ese momento para empacar todo lo que iba a necesitar, incluyendo un poco de ropa y la motocicleta que aún estaba en estado miniatura. Cuando se giró para mirar a la chica y ver como estaba quedando su amigo. Sirius rió en silencio y se acercó para coger el lápiz que le ofrecía la chica para comenzar a dibujarle el típico bigote que no podía faltar. Sin embargo, esta vez combinaba perfectamente con su parche pirata y, ya estaba terminando cuando James se empezó a mover.

—Mierda.

Saltó dejando caer el lápiz y cogió nuevamente la mano de Circe para sacarla corriendo de la habitación, por lo que James sólo alcanzó a verles las espaldas mientras ambos salían por la puerta y corrían por las escaleras, lo que ocasionó que el ojigris perdiese el último peldaño y cayese de rodillas, pero se pusiera de pie de inmediato para seguir corriendo ante la alarma de escuchar el sonido de la puerta del segundo piso, pensando que serían los Potter a quienes habrían despertado. Ambos salieron por la puerta, cerrándole ya de golpe, pues ya no importaba no hacer ningún ruido, y ahí, ya con los pies en el jardín, pudieron desaparecer.

—La casa está protegida —explicó Sirius de inmediato, en cuanto se aparecieron.

Estaban en ese momento en una especie de pequeño parque cerrado con rejas y dos puertas las cuales estaban aún abiertas. La mirada del Gryffindor cruzó inmediatamente la calle para mirar hacia el frente, encontrándose con las características casas de Grimmauld Place. Había sido ese el primer lugar que se le había pasado por la cabeza.

—Solía vivir en este barrio.

Dudaba que Circe fuese capaz de ver el número doce y, obviamente, él no era el guardián del secreto para poder mostrárselo. Ya lo serían cuando pasaran los años y el resto de su familia muriera, dejándole a él nuevamente como único heredero.

—Vamos, se nos hace tarde.

Había una pequeña cuota de nostalgia en su voz y en su mirada, la cual ocultó rápidamente al buscar un mapa dentro del bolso con encantamiento súper extensible en donde empacado un mapa de Europa y en donde guardaba aún muchas de sus pertenencias.

—Bien, ya he estado en el puerto de Calais, iremos ahí.

Dijo volviendo a guardar el mapa tendiéndole la mano para, nuevamente, desaparecer.
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Circe A. Masbecth el Dom Ago 21, 2016 12:35 am

Su cabeza seguía centrada en el hecho de tener que montar en aquel peligro de vehículo durante tanto tiempo como para llegar a Amsterdam. Y es que Circe imaginaba que saldrían de Inglaterra volando y hasta que no encontraran el resto de Europa no volverían a poner un pie en tierra. Aquello no le gustaba. Por decirlo de alguna manera, le revolvía el estómago incluso más que aquella última desaparición conjunta. Pero se limitó a guardar silencio, no porque Sirius le obligase a ello, sino porque no le quedaba más remedio si no querían ser descubiertos en la propiedad ajena.

Circe frunció el ceño lanzándole a Sirius una última mirada que, de poder matar, lo hubiese hecho lenta y dolorosamente. Escasos segundos después el cielo de la noche había desaparecido para dar paso al techo de la casa de los Potter, algo que Circe adivinaría al toparse con el inconsciente James.

Mientras Sirius desaparecía de su vista, Circe se dedicó a pintar la cara de James Potter como si de un lienzo se tratase. O más bien, como si fuese una pared blanca y pulcra que se topa en el camino de un niño de tres años con pinturas con las que explorar su creatividad. La cara de James quedó hecha un verdadero cuadro, y nunca mejor dicho. Pues tanto Sirius como Circe aportaron su granito de arena en acabar con la dignidad de James Potter.

La rubia se apartó para dejar que fuese Sirius quien le diese el toque final a su particular obra de arte cuando notó como James se movía en la cama. No sabía cómo había quedado inconsciente pero lo que sí sabía a ciencia cierta era que en algún momento tenía que despertar. Y ese momento, era justo ese.

Salió corriendo guiada por Sirius sin pensar en dónde estaban ni las consecuencias de lo que acababan de echar. Corrió escaleras abajo y casi se da de bruces cuando fue Sirius quien tropezó, teniendo que pasar casi a trompicones por su lado para no caer contra el suelo. Lo esquivó de mala manera al ir corriendo tras él y tuvo que sostenerse en la baranda una vez llegó al final de las escaleras.

Circe corrió una vez más tras Sirius cuando este retomó la carrera y escasos segundos después el paisaje había cambiado drásticamente.  - ¿Qué demonios fue eso último? – Preguntó en tono de reprimenda refiriéndose a la caída de Sirius que bien podía haberles costado el ser descubiertos.

Miró a su alrededor sin reconocer muy bien la zona debido a la oscuridad, pero una vez observado el lugar no tardó en reconocer aquella parte de Londres. Sirius explicó que tiempo atrás aquella había sido su casa pero lo dijo todo de manera tan atropellada que Circe apenas pudo reaccionar a sus palabras. – Que te crees tú que nos vamos a ir tan rápido. ¿Pretendes que me vaya de viaje contigo a estas horas de la noche y con estas pintas? – Preguntó señalando al vestido largo y negro que llevaba y haciendo una especial parada al final, donde estaban los tacones. – Tú has cogido tus cosas, ahora toca que yo al menos me cambie de ropa.

Tomó la mano del chico y fue esta vez ella quien quedó con la voz cantante en la aparición, la cual tuvo lugar en unas escalinatas de piedra frente a una puerta antigua. Sacó la varita y apuntó a la cerradura, la cual se abrió al reconocer la varita de una de las dueñas de la casa. – Mis padres están de vacaciones con uno de mis hermanos y el resto ya se han independizado, así que puedes hacer todo el ruido que quieras. – Cerró la puerta tras ellos y se adelantó escaleras arriba rumbo a su dormitorio. – Si encuentras un elfo doméstico avísame, les he ordenado que no salgan hasta que vuelvan mis padres pero seguro que cuando no estoy hacen lo que quieren. – Odiaba a aquellos malditos elfos domésticos. Tan feos y desagradables.

Subió a su dormitorio dejando la puerta abierta tras de sí y cogió un par de cosas que llevarse sin siquiera saber si acabarían en Amsterdam o vete tú a saber dónde pero, a fin de cuentas, para algo eran magos y si necesitaba de algo más podía obtenerlo fácilmente. Además, tenía dinero suficiente como para no necesitar siquiera llevarse ropa y hacer un cambio radical de armario.

Una vez guardado todo, dio con la varita a su ropa, dejando de lado el vestido para cambiarse por un atuendo mucho más adecuado para aquella situación. Apenas le llevó un par de minutos, minutos que habían sido suficientes para que Sirius la alcanzase más que de sobra en el dormitorio. – Vale, creo que tengo todo. – Dijo haciendo una pausa tanto física como mental para pensar si había cogido suficiente.

- Y ahora varias cosas, Señor Prisas. – Dijo acercándose hasta donde estaba Sirius. – Uno, no te vuelvas a aparecer sin mi consentimiento o no podrás dejar descendencia si es que encuentras a alguien tan descerebrado como para querer perpetuar la especie a tu lado. Dos, James va a matarte lenta y dolorosamente. Y te lo mereces, amigo de mierda. – Ante aquello dibujó una media sonrisa, pues lo decía totalmente en broma. – Tres, eres inútil hasta para salir corriendo sin caerte, menos mal que tu vida no dependía de ello. – Añadió continuando metiéndose con él.

- ¡Ah! Y la próxima vez que hagas esto, hazlo bien. - Se acercó a Sirius, acortando la distancia entre ambos y fue ahora ella quien besó sus labios. Esta vez hizo que el beso durase, no como veces anteriores donde las circunstancias o ella misma, haciendo alarde de su peculiar manera de ser, no lo había permitido. - ¿Estás bien? – Preguntó sin alejarse demasiado. – Lo de tu casa... no tenías buena cara. – Seguía sin acostumbrarse a aquello. No sólo al hecho de preocuparse por alguien, sino al hecho de ser capaz de darse cuenta que alguien no estaba bien. – Seguro que te viene comer antes del viaje, ¿Vamos?
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Invitado el Dom Ago 21, 2016 3:27 am

¿Qué demonios había sido eso? Ni siquiera él lo sabía, pensaba que habían sido los papás de James saliendo de su cuarto, pero no estaba seguro, por lo que sólo se limitó a alzar los hombros. Y no, no entendió precisamente que la chica se refería a su caída, sino que asoció su frase más con el último ruido que habían escuchado en la casa de los Potter.

Fue en ese momento que la imagen de su antigua casa se apoderó de su mirada y la nostalgia y otras emociones que verdaderamente no entendía del todo, se arremolinaron en su cabeza haciéndole desear salir de ahí lo más rápido posible. Por ello es que ya estaba listo para partir al puerto de Calais en Francia, cuando Circe le paró en seco y le dijo que ella también debía recoger algunas cosas. La verdad es que sí había pensado en ello, pero… si la dejaba ir a casa en busca de sus cosas eso ya no iba a ser un secuestro ¿o sí?

Dudó por un momento, pero en su misma duda, Circe volvió a cogerlo de la mano y se desapareció con él a quien sabía donde, pues no reconocía para nada aquel sitio por lo que lo miró de un lado a otro en cuando pudo entornar bien sus ojos, que con tanta aparición y desaparición en esas ultimas vacaciones, ya se había ido acostumbrando y ya no vomitaba a la gente en los zapatos, como lo había hecho la primera vez que había conocido a su padrino.

—Oh… Entonces es tu casa —concluyó en cuanto Circe le explicó que su familia andaba mayoritariamente de vacaciones —¿Y por qué no fuiste tú con ellos?

Aquello había sido más curiosidad que cualquier otra cosa y es que él no tenía mayor conocimiento de que la rubia también tuviese problemas con sus padres.

Le siguió escaleras arriba al tiempo que lo miraba todo y ese todo, de cierto modo, le hacía recordar a su propia familia. Sobre todo cuando mencionó a los elfos domésticos con ese tono de voz de poco agrado y es que a él tampoco le agradaba Kreacher. Sin embargo, los elfos domésticos de Hogwarts eran bastante diferentes, esos sí eran simpáticos y además le daban comida.

También examinó la habitación de Circe, cuando entró a ella, y sonrió al darse cuenta de cuarto representaba mucho de su personalidad.

—Oooh… —fingió desilusión —Y yo que me esperaba una habitación rosa princesa con unicornios de colores.

Sonrió con ironía, pero la sonrisa se le fue de la boca en cuanto le vio cambiarse ropa con la varita, pues eso sí que le causó desilusión.

—¿En serio? ¿Con la varita? ¿Y dónde quedó la parte de “Me ayudas con el cierre, por favor”? Eso siempre lo he encontrado muy sexy.

Pero nuevamente se le quitó la sonrisa cuando la chica se acercó a él en plan tenemos que ajustar cuentas. Escuchó aquello de que no podía desaparecerse sin el permiso de ella y abrió la boca para protestar, pues ella también lo hacía, pero la chica continuó con el siguiente punto y no le dio espacio para hablar, por lo que el pelinegro volvió a cerrar la boca y le escuchó con una seriedad que sólo duró hasta que la chica sonrió, por lo que él empezó a sonreír también. Claro, hasta que ella llegó al último punto y se acercó a él, sorprendiéndole con aquel beso. Algo que definitivamente no se lo esperaba.

En un primer segundo sólo se quedó paralizado de la impresión, pero al siguiente cerró los ojos y respondió dándose el tiempo de incluso disfrutar de ese inesperado contacto y es que con Circe, no tenía idea de cuanto se tardara si acaso alguna vez se volvía a repetir.

Abrió los ojos una vez que la rubia decidiese dejar de besarlo y le miró a los ojos con una sonrisa. Si estaba bien, ella le preguntó, y Sirius no pudo más que echarse a reír.

—¿Qué si estoy bien? Y ahora me lo preguntas… Ahora estoy genial —respondió meneando la cabeza aún con la sonrisa de felicidad adornándole la boca —. Me siento infinito.

Dijo juntando su frente con la de ella, para desde ahí volver a mirarle a los ojos a una distancia que casi le hacía ponerse visco.

—Me encantas, Circe Masbecth —le sonrió —. Y sí, vamos a comer o no vaya a ser que me de por devorarte a ti o a tus elfos domésticos.

Le cogió de la mano y le miró con expresión de “Me voy a desaparecer”, pero luego se echó a reír y camino con ella para salir a través de la puerta y bajar por las escaleras.

—Estaba pensando… Y sí, no me jodas con eso de sorprenderte que pienso porque sí lo hago… que si tus padres no están en casa, perfectamente nos podemos quedar aquí esta noche y comenzamos nuestro viaje mañana por la mañana y así vamos viendo mejor el paisaje. Si quieres, claro. También está la opción de apareceremos en Calais y conocer un poco la vida nocturna de ahí antes de pasar la noche y continuar mañana. Lo que a ti te siente más cómodo.
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Circe A. Masbecth el Dom Ago 21, 2016 2:03 pm

A diferencia de Sirius, Circe sí se llevaba bien con sus padres. Pero también había una gran diferencia en cuanto que a ella no le apenaba lo más mínimo si acababa por romper toda relación con ellos. No se preocuparía por uno de sus hermanos en caso de que eso sucediese, caso contrario de lo que había pasado entre Sirius y Regulus. Por lo que quedarse en casa sola durante dos semanas aprovechando que sus padres habían salido fuera era algo que no desaprovechaba. Le encantaba la soledad y la tranquilidad de su casa.

- No soporto a mi hermano. – Se encogió de hombros. – Además, va a sonar típico adolescente, pero ya soy mayor para ir de vacaciones con mis padres. – Sonrió de medio lado. No lo consideraba como algo malo a fin de cuentas, pero eso de pasarse quince días soportando la irritante voz de Adonis y que este fuese su única compañía mientras sus padres les ignoraban por completo para hablar de sus cosas y disfrutar del verano… No, ni loca quería algo así. – Acabaría por morirme de aburrimiento o suicidándome para terminar con la agonía. – Dijo con tono bromista, aunque tampoco iba muy descabellada la idea.

Del mismo modo que Sirius había tenido la oportunidad de coger sus pertenencias, Circe hizo lo propio con las suyas. Miró a Sirius con cara de pocos amigos cuando este habló de cómo esperaba que fuese su dormitorio y es que este apenas tenía decoración alguna y para nada era infantil. Circe era una persona que adoraba el orden, por lo que evitaba que su habitación tuviese la oportunidad de acabar desordenada, en cuanto al toque infantil… No admitiría que tenía un armario con peluches de su infancia que no se había atrevido a tirar. Y sí, ahí Sirius podría encontrar unicornios de colores.

- Eso fue porque no había más remedio. – Contestó haciendo alusión a la vez que Sirius tuvo que ayudarle con el cierre del sujetador en la tienda de tatuajes, donde dado que estaban rodeados de muggles, no quería arriesgarse a ser descubierta.

Circe era alguien rematadamente impredecible incluso para ella misma. Dependiendo de su estado de ánimo podía reaccionar de una manera o de otra totalmente contraria. Pero no sólo eso, sino que su manera de actuar no se basaba en un pensamiento detenido de las consecuencias de sus actos así como de sus pros y sus contras. No. La decisión de hacer algo o no hacerlo apenas estaba por dos segundos en su mente, lo que hacía que en más de una ocasión se arrepintiese de lo que acababa de hacer por mero impulso infantil. Pero no en aquel caso. Pues no se arrepentía de haber acortado la distancia entre ambos cuando lo que realmente le apetecía era besarle. Porque por mucho que le molestase todo aquello, Sirius era importante y ambos habían quedado en hacer lo que les apeteciese a cada momento. Y en aquel preciso instante, era lo que quería.

- Lo que eres es infinitamente subnormal, Black. – Dijo la rubia contestando con su peculiar forma de ser hasta en aquellos momentos. No se apartó ni por un segundo, sino que se quedó a su lado, dejando que fuese Sirius quien acortase la distancia esta vez para juntar sendas frentes. Circe miró hacia arriba para poder encontrar los ojos de Sirius cuando este comenzó a hablar y no pudo más que reír ante su comentario. - ¿Y a quién no le encanta alguien tan genial como yo? – Preguntó retóricamente. Sí, todo el mundo respondería que Circe era rematadamente insoportable y acertarían. Pero con la gente que le importaba era incluso agradable.

- No creo que la carne de elfo doméstico sepa muy bien. Ahí arrugados… Seguro que están correosos. En cuanto a mí… - Rodó los ojos. – Seguramente acabarás intoxicado. – Si hablaban de personalidad, si Sirius mordía a Circe acabaría en San Mungo intoxicado o envenenado.

Su cara se convirtió en una mueca de pavor al pensar que Sirius volverá a aparecerse de un lado para otro. Pero, por suerte, no lo hizo, sino que la siguió escaleras abajo hasta dar con la cocina. Era amplia y luminosa, y gracias al trabajo de los elfos domésticos, bastante limpia. Tenía una mesa con unos bancos laterales en una esquina y el resto estaba preparado para cocinar, aunque de aquello tendían a encargarse los elfos de la casa.

Escuchó la explicación de Sirius y lo miró con curiosidad mientras este acababa de hablar. Luego se encogió de hombros. – Lo veo bien. – Dijo haciendo referencia a la opción de quedarse en casa a hacer noche. – Así no te mataré durante el viaje. Soy incluso más insoportable cuando estoy cansada. – Y dada la hora que era más que obvio que en un rato acabaría por querer matar a Sirius en cuanto el cansancio llamase a su puerta y no pudiese hacer lo que quisiera. – Entonces el plan es… Levantarnos mañana como personas descansadas y duchadas. – Porque para Circe la higiene era un pilar fundamental. – Nos vamos a una hora decente, nos aparecemos en Calais y desde allí… ¿En moto? – Preguntó sin saber muy bien cómo iba a ser el recorrido que llevarían. – Bueno, mejor no me lo digas o me arrepentiré de ir. – Aquello del secuestro había quedado muy atrás y de cualquier forma, si Circe se negaba a ir, no habría secuestro posible con su carácter.

- ¿Qué quieres cenar? – Dijo abriendo la nevera para sacar dos refrescos y colocarlos sobre la encimera. – Hay… Pizza, supongo que es lo típico, ¿No? – En su casa apenas se comía aquello pero dado que lo había visto en las películas muggles, suponía que era común. – Si no podemos ir a comprar algo o… Pedirlo, una vez pedí pizza con Ian. – Dijo con una sonrisa, porque era la única vez que había pedido comida a domicilio, aunque en su casa no había teléfono con el que poder llamar para pedir comida rápida. – También hay pan y embutido, fruta, pasta… No sé, elige que quieres.
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