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Where are you, Eevee? {Ian Howells}

Invitado el Vie Jul 22, 2016 3:15 am

Recuerdo del primer mensaje :


Where are Eevee? {Freya H. with Ian H.}
Londres - Viernes - 16:00hs


El comienzo de las dichosas vacaciones de verano me motivaba de una forma increíble. ¿A qué? Pues este es el momento, casi incómodo, en el que menciono que se desperdicia en un maldito juego. El Pokemon Go. El perverso vicio muggle, que estaba siendo un “boom” en el mundo, llegó a mi móvil de manera repentina. Por no querer mencionar  que era, inicialmente, culpa de mi hermana. Y sí, asumo la culpa de haber hecho también mi parte. En una de las sesiones de fotos, que se realizó para la agencia de modelaje de ropa interior, terminé corriendo por el lugar para encontrar a Eric y comentarle sobre cómo se me apareció un Geodude en el camerino.  Obviamente, se lo comentaba a él porque me había dado consejos sobre los inciensos y las pokeparadas cuando llegué metida en la pantalla de mi móvil, esa misma mañana.

¿Ahora? Pues salí de mi departamento para recorrer un poco Londres y ver si tenía suerte. Me estaba obsesionando. Hasta había entrado en un foro para aprender un poco sobre truquillos y esas cosas. Realmente, estaba impresionado como me había impactado esto. Y mi hermana solamente me recalcaba como tenía más pokemon que yo.

También aproveché para ir a buscar las fotos de la última sesión en una cafetería cercana. Habíamos ido con Stella a imprimirlas pero como tan cuidadosas éramos terminé olvidando el sobre de color marrón, en el primer lugar que nos sentamos. Cualquiera las sacaría de nuevo y dejaría que el mesero (que las halló y se encargó de que me llamaran) se las quedara aunque sea para pensamientos impuros. Sin embargo, estas estaban dedicadas. La leona de Gryffindor esparció todas en la mesa para, con un rotulador, escribir lo que se le venía a la gana. No las iba a perder.

Pensándolo mejor, seguramente el mesero quería invitarme algo. Siendo hombre haría guarradas con las imágenes, no estaría llamando a la dueña. ¿Cómo obtuvo mi número de móvil? Esto debe ser por el papel que me pidieron llenar en el otro negocio. ¿Tantos datos tienen que pedir por dejar un pendrive con fotos a imprimir? Sí, este lugar parecía que lo necesitaba. O era eso, o el que me llamó me estuvo siguiendo por años que sabe todo de mí.

Llegué sin problemas a la cafetería, no tardó mucho a que un joven bastante apuesto me hablara.

-¿Tu eres Denisse Howll?- alcé mi vista, y unos ojos grises se cruzaron con mi mirada.

-Sí, soy Denn. ¿Tú eres el camarero que tiene mis fotos?- cuestioné pasando por alto el detalle de mi nombre. Luego de unos años te acostumbras a estos cambios. Ser llamada en el mundo muggle como Denisse y en el mágico como Freya. Lo había hecho para separar los dos mundos. En uno era una modelo de una agencia reconocida, con departamento propio y unos hobbies bastantes frikis. Y en el otro, una estudiante más. – Gracias por cuidarlas,  ¿Podrías devolvérmelas?- sugerí con impaciencia extendiendo mis manos, el sobre estaba casi intacto pero no estaba en mi poder.

-Podríamos intercambiar, las fotos por tu dirección muñeca.- jooooo, tenía que venir el imbécil de turno. Mi ceño fruncido si no lo hacía recapacitar, debería tomar medidas desesperadas.

-No estoy de humor hoy, esto se me olvidó ayer y me gustaría recuperarlo. Técnicamente no es tuyo, y el maldito papel que estaba en el sobre tenía todos mis datos. Dudo que no los hayas copiado en otro. Así que sabes mi dirección.- tomé una pausa y me mordí el labio.- Mira, no quiero demandarte con la agencia por hurto de documentos privados. Porque si, esto es privado para mí. Dentro de un mes lo verás en una revista. Y no estamos en la época de los trueques.- le arrebaté el sobre cuando se quedó pasmado por mi contestación. ¿Esperaba que le dijera que mis llaves se encontraban debajo del felpudo? Iluso.

Salí disparada de ese lugar, no volvería hasta dentro de unos días. Y pensar que era mi cafetería favorita. Desbloqueé la pantalla de mi móvil para iniciar la aplicación. Mi mirada se dirigió a la esquina inferior derecha, ¿Quiénes se encontraban cerca? -¿Eso es un Eevee?- murmuré y caminé con rapidez por la acera, choqué un hombro pero no me preocupé. A ese no lo tenía. Estaba a unos cuantos pasos, mis piernas continuaban con la marcha. Toqué con mi pulgar la pantalla en el pokemon, la cámara se activó y giré en mi lugar con rapidez. -¿Dónde estás Eevee?-

Todo ocurrió rápido, no me importó la posición, nada. Quería ese pokemon. ¿Era demasiado este vicio? Posiblemente.

Había chocado mis rodillas contra el suelo, al resbalarme por la urgencia, me sostuve de la cadera de un chico, adolescente, hombre, anciano (lo que fuese) para no dar mi cara contra el cemento. Mi mano sostenía aún el dispositivo, entre las piernas del ajeno, y en el visor dio contra el Eevee, no esperé y tiré la pokebola.

¿Saben que pasó? -¡Lo atrapé!- salté y abracé con fervor a ese ser con el que me topé. No me importaba, estaba feliz de haberme salido con la mía. Mi mandíbula se cayó, más o menos, cuando vi de quién se trataba. –Joder Ian…- mordí mi lengua. No había que ser muy inteligente para saber cómo se tomaría la posición anterior el Slytherin. Ni mucho menos el contenido que se desparramó del sobre marrón en la acera.


Fotos:

Atuendo pa cazar pokemon:
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Ian Howells el Mar Oct 04, 2016 3:01 pm

Era cierto que el toque de "chica sexy malota" le ponía a cualquier hombre, pero a decir verdad, Ian había probado tantas de ese estilo que últimamente le iban más las "maduritas imposibles" o las "mojigatas no tan mojigatas". Era más curioso descubrir cosas que no te esperas en una mujer, porque está claro que una chica sexy malota va a ser sexy y malota en la cama, nada nuevo.-Mujer, no hay mal que por bien no venga. Ni bien que mal no traiga. Así que tienes que elegir si esto va a ser un pro o un contra para tu carrera como modelo y luchar por ello. Es lo único que te queda, bonita.-Le dijo con claridad, ya que era la absoluta verdad.

Ian soltó una sonora carcajada cuando Freya habló. No iba a negarlo, tenía un ego grande, pero le faltaba cierta picardía a la hora de intentar creerse más que Ian, ya que el chico todavía no veía siquiera que su ego se acercase al suyo. Le daba la sensación de que no escuchaba al cien por cien lo que decía y que por eso añadía cosas que no venían muy a cuento.-¿No me acabas de escuchar lo que te he dicho, Freya?-Preguntó algo "molesto" por sentirse totalmente ignorado.-Atenta, ¿vale? Te lo recalcaré como a los niños chicos para que evites tener que volver a hablar creyéndote una divinidad. He dicho claramente que te dejes de creer una Diosa Griega porque NO lo eres. Estás buena, SÍ, pero ya está. Yo NO quiero tocarte, ergo no lo voy a hacer, así que puedes estar tranquila. No seré de esos que te acosan porque BASTANTE HE TENIDO con que me hayas acosado tú a mí y hayas intentando meterte mi pene en tu boca en dos ocasiones. No me van las que son tan fáciles, ¿lo pillas?-Preguntó con ánimo total de ofenderla.-¿O te hago un esquema? O quizás un mapa. O quizás mejor si te lo tatuo.-La miró divertido, para luego zarandear la mano y quitar importancia a lo que dijo a continuación.-¿De verdad me pegaste solo porque si hablabas podían utilizar tus palabras en tu contra? ¿No eres consciente de que agredirme ha sido mil veces peor que intentar solucionarlo mediante la palabra?-Rió divertido ante la lógica de la chica.-Bueno... tu lógica es abrumadora. Ya veremos que dicen los policías después.-Le dijo finalmente, sonriendo con cierto pique cuando Freya afirmó que dudaba que pegase como un hombre. Ian se picaba con demasiada facilidad, sobre todo cuando se metían con su hombría o con sus capacidades.-No me tientes, morena. Soy un  chico con paciencia cero y ya estoy en la cárcel. ¿Crees que tengo más que perder si te dejo tirada en el suelo de un puñetazo? No suelo dar consejos sinceros, pero de verdad... no me toques los cojones.-Le dijo con más seriedad de la que puede albergar Ian. El ex-Slytherin tenía un temperamento de mierda y no era la primera vez que una tía le jodía subestimándole. Y no, no era la primera vez que golpeaba a una chica. No le gustaba porque consideraba que no era justo (sí, machista por doquier) pero era lo que había.-Yo saldré de aquí desde que pueda hacer esa llamada, haga lo que haga. Así que pórtate bien si no quieres que te deje aquí pudriéndote con estos tres subnormales.-Añadió, más altivo que nunca.  

Entonces escuchó como el hombre gordo comenzó a sollozar, tapándose la cara mientras se volvía una bola llorona sobre el banco. Ian se sorprendió, ya que no tenía idea de qué le pasaba, pero obviamente no fue a preguntarle porque en realidad le importaba tres mierdas lo que le pasara, lo que verdaderamente le preocupaba ahora mismo era la SUPER COLLEJA que se iba a llevar de su madre cuando se enterase que tenía que volver a comisaria a sacar a su hijo del calabozo.

Las sospechas de Freya no estaban tan mal, pero Ian seguía apostado por las que había dicho él. Eso sí, para corroborarlo, tenían que preguntarles, por lo que animó a Freya a hacerlo. Era la mujer y estaba buena, por lo que sería más apetecible por parte de aquellos dos contestarle a ella que a un subnormal como Ian. Sin embargo, cuando se acercó al yonki tatuado, éste saltó sin estar muy animado a socializar con los demás apresados. Se encaró hacia Freya y como Ian era un metepleito de primeras, no tardó en meterse en medio de Freya y él, demostrándole al yonki que a él no le sacaba 20 centímetros, solo cinco. Pero no importa, Ian se puso ligeramente de puntillas para aparentar ser más alto. Ian tenía la imperiosa necesidad de sentirse el macho alfa, por lo que no dudó en meterse en medio. No os equivoquéis, no lo hizo para defender a Freya.-¿Y hablas tú de respeto, listillo?-Preguntó Ian, mirándole con su típica pose de chulo de: "como esto siga así, nos pegamos a hostias y me encanta". Además, desde que Freya le había tocado los cojones tenía ganas de pegar un puñetazo y que mejor que a este subnormal chulillo.-¿Quieres que se agache, haga una reverencia y te bese la mano? Estás en la cárcel como nosotros, creo que aquí el respeto es relativo y sólo te hemos preguntado que por qué estás aquí. -Sonrió con suma altivez y alzó ligeramente los brazos.-Pero si quieres problemas, yo te puedo dar problemas.

A Ian le daba igual que Freya supiese kickboxing y se pudiera defender sola, repito que no se metió de por medio por ella, se metió por medio porque era masoquista, un temerario y le encantaba sentirse superior a todos y dejarlo claro mediante la violencia o la palabra.
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Invitado el Jue Oct 13, 2016 1:19 am

¿Era gilipollas? Se podría decir que sí pero nadie lo confirmaría hasta dentro de unos minutos. Aunque apostaba bastantes galeones a que el yonki iba a decirle algo antes de meterle un puño en la cara. ¿ Se creería guay? ¿O lloraría como nene de papá diciendo "nooo, mi cara. Mi bello y perfecto rostro"? Eso lo esperaba con unas ganas descomunales. No conocía a Ian para saber sus accionares, pero lo poco que sabía era que la palabras gigoló y gilipollas iban de la mano. El no era un NiNi, era un GiGi. Sí, sería mi chiste privado, debería comentárselo a Stella.

Bufé ante su primer comentario, pero el resto de su monólogo provocó que reproduciese en mi mente la canción muggle Giga Pudding Puddi Puddi para no prestar atención. ¿Era posible que una canción sea tan pegajosa que no te la puedas sacar de tu vida hasta en ocasiones como esta? Sin mencionar que habían videos de ello con diez horas contadas. Podía verle como movía los labios tratando de dar a entender su punto. ¿Había dicho pene? Está bien, ignoraré nuevamente eso hasta que termine la cancioncilla. Uno de los tres me miró extrañado, seguramente se mosqueó al escuchar esa palabra y que yo no me espantase. -Giga pudding.- murmuré finalizando mi indiferencia.- Mira, pegándote o hablando hubiera acabado aquí. No puedo negar de tu angustiante existencia a mi pesar, tal vez hice que me tacharan de culpable pero ustedes los hombres son básicos. Si digo que fue por mi período me creerán y te darán el pésame  por estar junto a mí. - respondí normalmente mientras una que otra palabra quería verse interferida por un "puddi". Me contuve de reírme, ya era demasiado ignorarlo al pobre. -¿No te gustaría que te toque los cojones? Te pierdes la oportunidad de hacerlo en una cárcel, aunque lo más probable es que ya lo hayas hecho y no me sorprendería.- contesté y no le seguí echando leña al fuego porque se notaba que se había molestado más que una mujer a la cual le dicen que está con el período. Y es que deberían saber que es una regla mundial, nunca molestar a una con eso. Y volviendo a su último comentario, se notaba que algún contacto tenía, no iba a ser la idiota de desperdiciar la oportunidad de salir de aquí.

El llanto del gordito me hizo exaltarme, pude olvidar la canción del pudding de inmediato ante tal escena. ¿Qué le ocurría? Sin embargo, iba a ver cuál era la historia acertada por lo que acercarme al tatuado debería haber sido una locura capaz de ser analizada para un manicomio. Si él no se corto, menos yo. -Mi madre murió así que no pudo hacer mucho por mí.- y la verdad es que fui educada hasta que ella partió y tuve que crecer en un orfanato. Y mi padre fue una mierda en modales así que debí haber aprendido de él.  pensé  aunque este se levantó y pude ver cómo me sacaba una cabeza de altura. Mi respuesta estaba en la lengua pero nunca salió por culpa del castaño. Interponiéndose entre ambos. Pero si se le veía hasta en China esos aires de "Macho alfa pecho peludo".  

¿Debo recordar la canción de Giga Pudding? Porque esto huele a pelea de quién es el más macho de los dos y estaba un poquito aburrida de ver eso. No, no iba a pasar la tarde en aquella cárcel pensando en un flan con cara mientras se movía al ritmo de la canción empalagosa. -Oigan, lo mejor es no armar un revuelo por aquí. No nos conviene a ninguno si queremos salir de esto lo más rápido.- aconsejé separando con mis manos a Ian, no tocaría al otro por la mínima posibilidad de que tendría ventaja de agarrarme y hacerme quién sabe qué.

-Solo quería ser amigable y ver el motivo por el cuál te arrestaron.- tomé una pausa y lo pensé.- Hasta te podrías echar unas risas si supieras el por qué estamos aquí. Y no, no es porque nos hayan encontrado manoseando en vía pública.- que desastre sería aquello. Debía ser una estancia amistosa aquella, no quería que me arruinaran el resto del verano con demandas por las cuales tener que actuar. Además sería bueno sociabilizar. ¿No? Observé el perfil de Ian, no, creo que no sería tan bueno. La altivez y que se hiciera el campeón de las peleas callejeras no lograrían nada, tenía más fe en el tatuado que en el exSlytherin. Le susurré al castaño o rubio, o el tono de cabello que tuviese, en fin, a Ian.-Tendrás un premio si haces caso y no armamos ningún problema.- le sonreí pícaramente. Sabía que estaba buena pero tal vez no era el estilo de él, sin embargo algo era mejor que nada. Aunque la risa llegaba a mis ojos por el modo en que se lo dije. Como si fuese a un perro que debía ser domesticado.
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Cuenta de Ambientación el Jue Oct 13, 2016 11:15 am

A Jack no le importaba nada en absoluto cuáles eran las razones por las que aquellos dos jóvenes habían acabado entre rejas. Había dado por hecho que se trataría de un crimen de poca monta y que en pocas horas sus padres vendrían a buscarlos para llevarlos a casa y, que nuevamente, contasen con la oportunidad de poder meterse en problemas y acabar una vez más en la misma celda en la que ahora  mismo se encontraban.

Cuando Freya se acercó a él, no hizo más que contestar de malas formas. ¿Quién se creía aquella niñata para hablarle de tal manera? – Lástima, quizá te hubiese enseñado modales. – Contestó el hombre antes de que Ian se metiese por medio con el fin de buscar pelea. – Déjame adivinar. ¿Tú eres elamigo que está locamente enamorado de ella y necesita hacerse el héroe para que así le hagan caso? Creo que no te das cuenta que las mujeres juegan con nosotros como quieren, chaval. – Dijo sin ánimo de ofender. Jack no se había metido en verdaderos problemas que requerían pasar a las manos en su vida. Él era un tipo tranquilo con un simple problema de drogas. Bien por venderlas, bien por consumirlas. - Y no me digas que eso sólo me pasará a mí. - Añadió antes de darle margen a la contestación fácil.

- Niña, estamos en prisión, esto no es para que te eches unas risas. Que seas una niña de papá a la que sacarán en un par de horas como mucho no convierte esto en un reality show para que disfrutes del espectáculo. Ese gordo de ahí tiene más problemas que tú y yo juntos, pero eh, tú estás aquí para echarte unas risas mientras él llora como un puto bebé. – Y los sollozos se elevaron incluso más. - ¡Santo Dios, cierra ya la boca! – Gritó molesto Jack. – Oh, ¿En serio? Yo te veía con cara de ligerita de cascos, de esas que van por ahí enrollándose con el mayor número de tíos posibles solo para dar el espectáculo. No porque seas atractiva, sino por la cara de come pollas que tienes niña ¿Te lo han dicho alguna vez? Eres digna de una operación gamba. – Miró a la chica de arriba abajo para luego volver a hablar, pero en ese momento, uno de los alguaciles se acercó a la verja.

- Fox, tienes dos minutos. – La puerta se abrió y Jack salió con intención de hacer su llamada. Lanzó una última mirada a los dos niñatos y desapareció tras el alguacil.

En la celda, aún quedaba el hombre que sollozaba y, en aquel momento, un sonoro ronquido anunció que la tercera dormida permanecía dormida como si de un bebé se tratase. – No-no… No le hagáis caso. – Dijo el hombre sollozante entre suspiro y suspiro. – No es ma-mala persona. Él so-so… Sólo intenta no venirse abajo. – Suspiró profundamente desde el rincón sin ni siquiera mirarles. – No quiere… No quieres ser como yo. – Y otra vez comenzó a sollozar elevando cada vez más el tono.
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Ian Howells el Dom Oct 16, 2016 7:07 pm

¿Hacerlo en una cárcel? Pues mira tú que eso no le llamaba lo más mínimo. Teniendo en cuenta la cantidad de cámaras de vídeo que habían y que rara vez en una cárcel así había privacidad, no le gustaba lo más mínimo. A Ian le gustaba el morbo, pero el morbo inteligente.

Si bien Ian tenía intención total de pelearse con aquel tipo si éste empezaba, la cosa no parecía ir por esa línea. Él no parecía con ánimo de pelearse en una cárcel, porque evidentemente podían meterle más cargos y no salir de allí tan rápido como podría hacerlo en caso contrario. El universitario desvió la mirada hacia Freya cuando ésta le ofreció un premio por dejar de encarar al tatuado, aunque no le dio tiempo de contestarle, ya que el tipo saltó con la estúpida idea de que Ian era el amigo enamorado y esas típicas mierdas que suelen decirse cuando un hombre se pone en medio de una trifulca entre una mujer y otra persona. Ian directamente se descojonó, con una risa que hasta le hizo retroceder. Tras unos segundos, volvió a erguirse y cogió aire.-Héroe, qué gracioso. Locamente enamorado... de verdad, diez. ¿Seguro que no te metieron aquí por exceso de humor?-Ironizó.-Me gusta pegar hostias y meterme en peleas y creía que ibas a ser un rival digno, por eso me metí de por medio, porque pegar puñetazos y romper narices me gusta.-Ian sonrió y miró al tipo.-El truco para que no jueguen contigo, tío, es jugar tú con ellas primero.-Se encogió de hombros.

Al final, el tipo cayó bien a Ian y todo, sobre todo cuando empezó a hablarle a Freya. Ian se quedó atrás, en un segundo plano, con la mano en la boca evitando partirse la polla con todo lo que le estaba diciendo a su compañera Ravenclaw. ¿E Ian iba a pegarse con ese Dios de la palabra? ¡Pero si era un jodido puto crack! No sabía por qué cojones estaba en la cárcel, pero Ian quería ser su amigo. Era simpático, parecía un tipo problemático y encima acababa de insultar a Freya. ¿Qué más necesitaba para que fuera su amigo perfecto? Nada. Ya lo era ya.

Uno de los policías llegó para llevarse al tipo y éste se fue sin decir más nada a utilizar los dos minutos que podrían sacarle de allí pronto o nunca. Ian, mientras él se iba, se acercó a Freya y le puso la mano solemnemente en un hombro.-¿Te habían dicho alguna vez que tienes cara de come pollas? Yo nunca lo había pensado, pero ahora que lo ha dicho y teniendo en cuenta nuestros encontronazos incómodos, a lo mejor tiene razón...-Dijo con ánimo de molestarla.

Eso sí, no pudo molestarla mucho más, ya que el otro tipo hizo acto de aparición, hablando entre sus sollozos para defender a Fox.-No, si a mí me cayó bien. Menos mal que no le pegué, me hubiera arrepentido. Se le nota un tipo problemático, pero simpático.-Dijo divertido al gordo.-¿Y tú por qué lloras? No sé si has llegado a la conclusión de que llorar no te va a solucionar nada. Quizás contárnoslo a mí y a la come pollas te ayude a dejar de llorar.-No ofreció su oído como buena fe, sino para saber si alguno de los dos, por lo menos, había acertado con la predicción de por qué el gordo está en la cárcel.
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Invitado el Mar Nov 15, 2016 4:03 pm

Estas nuevas interacciones comenzaban a darme mal gusto en la boca. Y acá me vengo a defender, no estaba yendo con prepotencia o lo estaba tratando de niñato, simplemente era conversación informal la cual parece que no son el fuerte del tatuado. Con respecto a él, me inquietaba que tuviese una tostada en el brazo. No era ninguna tostada normal, tenía cara y decía encima de esta “Giga Toasting” ¿Es coña? Lo que sea, la canción del pudín volvió a mí como si fuera el hit del verano. A este no lo podía molestar como a Ian, debía al menos mantener la compostura sin contar que no me gustaría iniciar un drama dentro de la celda, bastante teníamos con el gordito que lloriqueaba.

¿Jugamos con ellos? Este señor no conocía a Ian Howells, el que adquiere por semana a una o dos mujeres para su colección de muñecas folladas. ¿Vieron? Ahí debía hacer aparición el ego del niño, si en eso le conozco. Esto se terminará convirtiendo en un centro de autoayuda, dirigido por el castaño que ahora anda de consejero.

-Eres un imbécil.- comenté mientras aparecía una mueca en mi rostro, me había insultado y ya al lado mío podía visualizar a Ian esperando para estallar a carcajadas. Otro estúpido más. Los aguaciles se lo llevaron, tendría su llamada tan esperada o lo que fuese. Ahora estaba viendo nuestro turno un poco lejos de lo que creía. Encaré al retrasado que quedaba allí, sus comentarios no tardaron en llegar. Tiempo record. -¿Acaso te contenías de partirte la polla hace un rato? Porque literalmente te la voy a partir si piensas que puedes molestarme con ese apodito de mierda.- agradecía a Merlín que no lo volvería a ver a Howells por el Castillo, o el próximo año sería una mierda aguantarlo.

El otro tipo hizo acto de presencia en la escena, los sollozos continuaban entre medio de sus palabras y nosotros éramos simples espectadores para que contase su versión de los hechos. – Si sigues así terminarás sin hijos.- dije con una sonrisa amplia, sin embargo, no quedó en eso porque con mi mano izquierda le dediqué un golpe en el hombro con bastante fuerza. Si seguía pasándose de vivo terminaría sin dos huevos. Me crucé de brazos, agaché mi trasero contra el suelo permitiéndome que el peso de mi cuerpo hiciera que tocase la superficie mientras mis piernas se cruzaban en frente mío.  Esperaba que el gordito dijese algo coherente, y especialmente haber acertado en la apuesta.

Solamente quería salir de allí lo más rápido posible, el haberme cruzado con el Ex Slytherin ya había sido un problema y ahora tenerlo en la misma celda, era peligro seguro. No porque pueda morir por las estupideces que salían de sus bocas hacia mí sino por las acciones impulsivas que lo llevaban a encarar a un tipo tatuado con mala leche. Por un lado, estaba agradecida de que no se hayan golpeado los rostros salpicando a todos con sangre por haber roto narices. Por el otro, hubiese preferido lo primero porque el complot contra mi cara no me hará quedar callada sino todo lo contrario. Y el primer herido de guerra sería Ian.

-Vamos, vamos, cuéntanos que es lo que te aqueja. No te lo resolveremos pero más libre te sentirás al desquitarte. ¿Y tú puedes sentarte? ¿O te da asco? Y eso sería irónico sabiendo que tú eres bastante sucio- alcé una ceja.
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Cuenta de Ambientación el Mar Nov 15, 2016 8:39 pm

Mientras Jack salía a hacer su única llamada, fue Josh quien se quedó en el interior de la celda con aquellos dos jóvenes. Era incapaz de dejar de sollozar, pero entre sollozo y sollozo, con voz temblorosa y entrecortada, logró pronunciar un par de palabras antes de sumirse nuevamente en su llanto. Y es que para él aquellos dos se estaban metiendo en problemas de los que luego no podrían salir tan fácilmente como pensaban. – No… No deberías llamarla así. – Dijo Josh intentando proteger a la chica. – Comepollas. – Aclaró por si aún quedaba duda alguna de a qué se refería exactamente.

Dicho eso, volvió a hundir su rostro entre sendas rodillas, como si de esa manera pudiese protegerse de las miradas de ambos chicos y, lo que era incluso más importante, de sus preguntas.- Yo no… Yo no quiero hablar de ello. – Su voz apenas se oía debido al tono de voz del hombre y, además, por la postura que había tomado cubriendo su rostro por completo. – No debería. – Añadió antes de soltar un nuevo sollozo.

En ese preciso instante la celda se abrió nuevamente, escuchándose a lo lejos los gritos de Jack. - ¿Me oyes? ¡Te conozco! ¡Te conozco a ti y a la zorra de tu mujer! ¡Os pienso matar a ambos por esto! – Dos policías lo llevaban casi a rastras hacia la celda, la cual cerró nada más consiguieron hacerle entrar. Jack golpeó el metal dando con la mano abierta. - ¡Me conoces, soy inocente! – Gritó una vez más. Los dos policías rieron ante la reacción del hombre pero no dijeron nada en absoluto hasta que este se alejó lo suficiente de la puerta. – Howells, tu ma… - Pero no pudo decir nada más.


En ese preciso instante, una mujer entró prácticamente a trompicones en la estancia, consiguiendo zafarse de los guardias que intentaban sujetarla. - ¡Mi hijo! – Gritó la mujer apartando al guarda y aferrándose a los barrotes. – Ian, ya he pagado la fianza, no te preocupes. Yo te saco de aquí pero… - En ese momento su personalidad pareció cambiar por completo. - ¡Tenía que darte vergüenza Ian Howells! Ya verás tu padre cuando se entere que otra vez te han arrestado. ¡No gano para disgustos! Menos mal que tu hermana no ha salido como tú. – Giró la cabeza y posó la mano sobre el pecho de uno de los guardias. – Tendrías que ver a su hermana, es todo lo contrario. Es buena, aplicada, un encanto de niña. No como este. – Volvió la vista de nuevo a Ian. - ¡Vas a enterarte jovencito!

El alguacil abrió la puerta permitiendo a Ian salir y, nada más hacerlo, su madre le aferró entre sus brazo. - ¡Mi pequeño! – Gritó al borde de las lágrimas. Pero nuevamente recordó lo que había sucedido. Le cogió de una oreja y comenzó a tirar de este hasta la salida de la sala mientras seguía gritando. - ¡Una vergüenza para la familia! Casi me da un infarto cuando vi de nuevo la aguja con tu nombre en la palabra peligro. ¡Otra vez! Y dije, ¿Dónde puede estar este hijo mío? Ah, desgracia. Sólo se me ocurrió este sitio. Al final me darán carnet de cliente frecuente por sacarte tanto de aquí. ¿Sabes lo que llevo pagado en fianzas, Ian? ¡No tienes ni idea! Cuando comiences a trabajar vas a pagar cada una de esas malditas fianzas, Ian. ¿Me oyes? – Y los gritos aún se oían cuando salieron del lugar.

- Creo que tu amigo tiene más suerte que tú. – Dijo Jack, a quien el enfado se le había pasado por completo al admirar el espectáculo. - ¿Sabes si está divorciada? ¿O es viuda? Estás bastante más buena que tú, con una madre así normal que no te haga ni caso. – Añadió Jack antes de dejarse caer para tomar asiento junto al tipo gordo.
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Invitado el Lun Nov 21, 2016 8:42 pm

Entre los sollozos del tipo que estaba encarcelado por desconocida razón, la risa de Ian porque un imbécil me dijo que tenía cara de "comepollas" y que había un tercero dormido en la celda ya quería enloquecer y darle un puñetazo a cada uno. Especialmente al ser que conocía, el único con menos de una neurona que pedía a gritos ser asesinado por cualquiera que sintiese lástima. Sin embargo, todo continuaba y yo no sería la que ensuciaría sus manos por un castaño con mente de modelo rubio.  

-Mira, no ayudas en nada con ese comentario.- me resigné a contestarle al gordito ya que Ian comenzó a descojonarse nuevamente por el bendito apodo que se me había otorgado por un tatuado. -Es como la frase esa que siempre dicen ustedes "no aclares que oscureces".- le ofrecí una mueca de "ni siquiera intentes aclarar de nuevo". El ajeno pasó por alto que había utilizado en mi oración la aclaración de "ustedes" como si nosotros éramos de otra estirpe social o secta diferente, o lo que fuese a llegar a pensar.

El alboroto que provocó el tatuado al volver debería haber sido filmado para una telenovela muggle, cualquier señora ama de casa se dignaría a ver tales actuaciones. Sin mencionar que los policías se le estaban riendo en la cara enfureciéndolo aun más. En cuanto se alejó de la puerta y volvió a su lugar el apellido de Ian fue pronunciado. ¿Ya nos podríamos ir de allí? No era tan ingenua de creer que esto sería gratis, seguramente debería pagar por algo provocando que lo mirase de reojo hasta que me sorprendí de como sus facciones cambiaban al escuchar los gritos, esta vez no eran del tatuado, que provenían de una mujer. ¿Su madre?

Debería ser la madre del año, librando a su hijo de prisión y parece que no era la primera vez. Ni siquiera sentí mención de mi nombre por parte del castaño, y la fianza se refería a Ian Howells no al imbécil más su amiga que se vio metida en la misma bolsa por culpa de su bocaza. Furiosa me encontré apoyada en una de las paredes de aquella celda, con los comentarios de otro estúpido tratando de hacerme enfurecer. Con calma le contesté. -Mira, no es mi amigo y dudo que puedas acercarte a esa mujer teniendo en cuenta que estás encerrado en estas cuatro paredes. Además por tus gritos asumo que no saldrás de aquí como habías planeado.- alcé una ceja altaneramente. No hubo palabra alguna para contraatacarme porque un guardia que volvió de su ensimismamiento me llamó. -Denisse Howll tienes dos minutos.- se abrió por cuarta vez, desde que ellos pisaron la comisaria, la puerta dejándome salir.

El proceso que continuó fue bastante rápido, tomé mis dos minutos para llamar a mi representante. El regaño no fue extenso porque yo misma se lo corté, le debía decir exactamente mi ubicación. Después de eso todo pasó rápido, volví a la celda para esperar que vinieran por mí.

Lo único que me trajo dolor de cabeza fueron los silbidos y las palabras morbosas que me decían algunos. Sí, mis fotos habían pasado de mano en mano para que más de uno me pudiera dar una mirada lasciva. Nos subimos al auto en cuanto lo vimos. - Ya me las pagará Howells- murmuré esperando que comenzara a hablarme mi representante.
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