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The Sun Also Shines On Dark Days. {Ben Winslow}

Davina Abrasax el Vie Jul 22, 2016 11:40 pm

Me había graduado de Hogwarts con excelentes notas, así que ya era oficialmente una estudiante universitaria mágica. Gracias a las notas que había sacado (notas que me merecía pues había tirado muchos meses con la nariz tan hundida en libros que ya hasta se me había aplanado) había conseguido matricularme en la universidad mágica en la carrera que yo quería: por fin iba a emprender el camino para convertirme en Inefable. 

Sin embargo no era eso todo lo que yo quería hacer con mis estudios. Una carrera mágica no era suficiente para mí. Una vez Ravenclaw, sería una Ravenclaw para toda la vida. La llamada del conocimiento me atraía como a un marinero el canto de una sirena, así que iba a seguir con mis planes de siempre de matricularme en la universidad muggle. Durante todos estos años había continuado mis estudios mágicos durante el verano en casa y en academias, y había obtenido todos mis diplomas y títulos necesarios de educación en el mundo muggle para poder ser aceptada en la universidad. Mis notas muggles también habían sido altas y había conseguido mi objetivo. A partir de ahora iba a ser también una estudiante en la universidad de Cambridge.

Me había partido el corazón tener que escoger sólo una entre Cambridge y Oxford, pero la ley muggle sólo permitía enviar la aplicación a una de ellas. Siempre había pensado que estudiaría en Oxford, pero había investigado y Cambridge era mejor para las ciencias. Después de todo, eso era lo que yo quería estudiar. Me habían aceptado, y ahora iba a ser una feliz estudiante de Inefable en la universidad mágica y de Física en Cambridge. Bastian opinaba que estaba loca por estudiar tanto, pero él ya sabía cómo era yo. Conseguiría hacerlo todo y aún así sacar tiempo, pues no pienso desaprovechar no un sólo minuto con él. Mi madre estaba contentísima y orgullosísima, mis hermanastros se metían conmigo por empollona, y mi padrastro estaba furioso porque iba a tener que (según él) gastarse un dineral en mis estudios. 

-¡Estoy harto de gastarme el sueldo comprando absurdos libros de tonterías mág...!- no llegó a decir la palabra "mágicas" porque se dio cuenta de que estábamos en medio de la calle en pleno Londres y los muggles nos iban a oír.- ¡Tonterías como las que tú haces! ¡¿Acaso no has tenido suficiente con siete años en ese ridículo colegio que ahora tienes que hacer más?!

-Tengo que ir a la universidad como todo el mundo- repliqué. Habíamos salido todos a la calle a comprar lo que todos necesitábamos. Mi madre había desaparecido en una tienda a por yo qué sé qué cosas, Marlon y Dean andaban haciendo el tonto en una tienda de videojuegos, que era el único sitio al que eran capaces de entrar (luego yo en casa sé los quitaba cuando no se cuajaban y jugaba yo sola porque me gustaba), y Paul estaba en la calle conmigo esperándoles a los tres. Yo ya había hecho algunas de mis compras: cargaba en una gran y bolsa los pesados libros para la carrera de Física.

-¡¿Y qué pasa si no te dan beca?! ¡¿Piensas que el dinero crece de los árboles?!

Puse los ojos en blanco y decidí hacerme la listilla.

-El dinero es papel. El papel sale de los árboles- dije con una sonrisa repelente. El rostro de Paul se puso de un feo color rojo.- ¿Qué te importa cuánto cueste? El dinero es de mamá, no tuyo. Y me están dando ganas de dejarte mudo todo el verano como hice con tu hijo el año pasado- le amenacé. Antes de que Paul pudiese seguir poniéndome verde porque se había levantado con el pie izquierdo y su terapia favorita era pagar los platos rotos conmigo cuando mi madre no estaba mirando para enfadarse con él y echarle la bronca me alejé de allí para acercarme al escaparate de una librería y distraerme mirando los títulos de las bellas portadas de los ejemplares que tenían expuestos ahí.
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Ben A. Winslow el Vie Jul 29, 2016 12:38 am

Lo bueno de ser un desempleado es que podía hacer todo aquello que quisiera. Cansado de caminar por el mundo mágico mientras todos me miraban sin parar, tome la decisión de tomarme una tarde alejado de todo el mundo y adentrarme en el mundo muggle. Perderme en sus calles y quien sabe si podría aprovechar para comprar alguna cosa para mi pequeña Ophelia y a mi querida esposa. Alegrarles un poco la dicha.

Mis pasos me llevaron a un centro comercial, bastante concurrido para el día que era. La gente se amontonaba y me sorprendía que muchos fueran con material para sus próximos cursos educativos. ¿La gente no se toma vacaciones? Ni que fuera complicado comprar un par de libros y algunas plumas y tinteros. Se agobian demasiado, si es tan sencillo como enviar a tu elfo a comprar. Los muggles se complican demasiado.

¿Podría comprarle a Magareth algún vestido hermoso para nuestra próxima fiesta? Esto de que ahora fuera ella la que trabajaba era extraño. Me sentía un poco el amo de la casa, teniendo que encargarme yo de las cosas propias de ella. Que no era aburrido, pero sí extraño para mí. Desde luego años atrás no me imaginaba caminando por un centro comercial pensando en que vestido le gustaría más a mi parienta, y mucho menos pensando en comprarle unos zapatos a juego. Sobretodo teniendo en cuenta que lo compraba sin intenciones ocultas, ni como señal de perdón por cualquier tontería. Entré a una boutique, en seguida se acercó una chica bastante guapa y elegante, con un vestido negro que llegaba a su rodilla, entallado e insinuando sus curvas. Hermosa mujer, sin lugar a dudas. - Buenos días, estaba buscando un vestido largo para una boda. Obviamente no es para mi. - Comenté con una sutil sonrisa pícara, la chica rió sin más en respuesta. - Ya lo imaginaba. ¿Qué talla estaría buscando? - Preguntó con una sonrisa. La miré de arriba abajo un par de veces. - Más o menos como tú. Lo que mi esposa es un poco más alta, y de piel blanca. Había pensado en algo negro, sin duda es su color. -  Dije con una sonrisa y recordando a mi esposa la última vez que salimos, siempre tan radiante y bella.

Alrededor de media hora estuve en la Boutique, eligiendo el vestido perfecto y encandilando a la dependienta para que se los probara, pudiendo de ese modo recrearme con su bella figura y los escotes que algunos vestidos le propiciaban. Un deleite para mis ojos sin duda alguna. Unos delicados zapatos de no mucha altura lo acompañaron y un pequeño clutch plateado para darle un toque destacable al conjunto. Salí de allí con dos grandes bolsas pues tanto el vestido como los zapatos iban en cajas. Perfecto para regalar.

Tocaba el regalo para mi pequeña Ophelia, pero qué regalarle… Iba adentrandome entre la gente cuando una voz familiar llamó mi atención, Davina. Me giré levemente en su dirección y pude ver que estaba con su padrastro. ¿Qué cómo lo sé? Pues sencillo, llevo vigilando a esa familia desde su nacimiento. Observé cómo ese hombre se alteraba, o al menos es lo que su rostro reflejaba y por unos segundos estuve dispuesto a intervenir pero mi pequeña hija era más lista de lo esperado. Enseguida se alejó y pude observar como aquel hombre murmuraba al aire. Muggle idiota.

Curiosidad sentía por conocer qué había ocurrido entre ellos y al ver como se paraba frente a una librería la ocasión estaba pintada para acercarme. - La veo demasiado cargada como para desear todavía más libros. - Comenté con una encantadora sonrisa. La miré unos segundos a los ojos antes de volver la vista al escaparate. - Me alegra verte de nuevo, Davina. Enhorabuena por tu graduación. - La felicité cortésmente, siendo políticamente correcto cuando en realidad desearía darle un abrazo por lo orgulloso que estaba de que mis dos pequeñas hubieran aprobado todo con excelentes notas.
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Davina Abrasax el Miér Ago 03, 2016 4:36 pm

En el escaparate de la librería se veían ejemplares de todos los géneros, y mi mirada se paseó por encima de todas las portadas y títulos, buscando los que más me llamaban la atención. A mí los que más me gustaban era los que tenían de todo, por eso siempre me habían atraído los libros de fantasía, porque podían ocupar infinidad de temas diferentes y mezclarlos todos de una manera estupenda. Además, cuando era pequeña siempre me gustaba leer esos libros y ver qué cosas maravillosas hacían los personajes, sobre todo aquellos con poderes. Había fantaseado tanto con poder hacer cosas como las que ellos hacían… Después de recibir mi carta de admisión a Hogwarts cuando tenía once años e ir a estudiar para ir a convertirme en una bruja había continuado leyendo libros como esos, y cada vez me gustaban más. Porque cada vez que los leía ya no tenía que fantasear con hacer cosas maravillosas como hacían los personajes de esos libros, sino que podía hacerlas de verdad. Me encantaba leer las aventuras de un mago o bruja y ser consciente de que, si se presentase la situación en la vida real, yo podría hacer algo igual o parecido.

Estaba a punto de entrar para investigar qué ejemplares se encontraban en el interior de la librería cuando me detuvo el sonido de una voz vagamente conocida, pero que no había escuchado en mucho tiempo. Me giré y me encontré cara a cara con nada más ni nada menos que Ben Winslow, el Ministro de Magia… Bueno, el antiguo Ministro de Magia, en realidad, aunque se me hacía algo raro pensar que él ya no ocupaba el cargo. Había leído un montón de cosas sobre él, cosas a las que no le di ninguna importancia. Si hubiese algo verdaderamente turbio en el historial del señor Winslow las autoridades ya se habrían hecho cargo, supongo.

-¡Señor Winslow, qué sorpresa!- exclamé, devolviéndole la sonrisa.- Es un placer verle. ¿Qué tal está?- pregunté educadamente.

Me encogí levemente de hombros cuando comentó el tema de todos los libros con los que yo estaba cargando, y levanté un poco la bolsa en la que los tenía metidos.

-Bueno, estos son los que el deber me hace comprar, ahora ando en busca de lectura por placer- aunque los libros de la universidad, sabiendo cómo era yo, acabarían siendo convertidos en lectura por placer también, porque adoraba estudiar y aprender. Pero a veces necesitaba descansos. Vi entonces que él  también llevaba dos grandes bolsas en las manos, y por el nombre que había en ellas supe que eran de una tienda de ropa de mujer. Sonreí de nuevo.- Veo que usted también anda de compras. ¿Para alguna ocasión especial o solo desea darle un capricho a la señora Winslow?- asumí que era para ella.

Me sorprendí de que, tras más de un año sin encontrarme con el señor Winslow y tras haberle visto en solo una ocasión, que se acordase de mí como si me conociese a la perfección. Pero no dejé que esa sorpresa se reflejase en mi rostro, sino que me mantuve serena y con total normalidad. Después de todo, una vez leí en un libro que si te sorprendes de que alguien se acuerde de ti entonces te quitas importancia a ti mismo y rebajas tu nivel.

-Muchas gracias- dije sonriendo cuando me felicitó por mi graduación. Antes de que pudiese añadir cualquier otra cosa escuché a mi madre llamándome y giré un poco la cabeza. Mis hermanastros mayores, Marlon y Dean, ya habían vuelto junto a su padre y los tres estaban mirándonos al señor Winslow y a mí, seguramente preguntándose quién era él, y mi madre se había acercado un poco a nosotros pues ella también había terminado de hacer sus compras.

-Davina, cariño, nosotros ya hemos terminado. ¿Tienes que comprar algo más?- me preguntó mi madre cuando llegó a mi lado. Mi madre era una mujer de excepcional belleza, todo el mundo estaba de acuerdo con eso, y me había mantenido siempre jovial y perfecta a pesar de los años y del estrés de su trabajo en uno de los mejores bufetes de abogados del país. Yo no me parecía en nada a ella, excepto en los ojos, de los cuales había heredado su color azul aunque la tonalidad del mío había salido un poco más verdosa-grisácea. Seguramente mis genes fuesen heredados de mi padre, fuese quien fuese.

-Quería echar un vistazo a algunas tiendas más, si no te importa- le dije a mi madre, con quien me llevaba muy bien, al contrario que con el petardo de su marido.

-Entonces deja que te lleve eso a casa, no quiero que estés cargando con ese peso todo el día- dijo ella mientras cogía la bolsa llena de los libros de mi universidad. Miró entonces al señor Winslow, y le dedicó su sonrisa más educada y encantadora.- Disculpe mis modales- se disculpó por no haberle prestado atención mientras hablaba conmigo. Ella era quien me había inculcado los modales a mí, así que en eso sí que nos parecíamos. Le tendió la mano al hombre para estrechársela.- Soy Felicity, la madre de Davina. ¿Es usted uno de sus profesores?- preguntó con curiosidad, pues mi madre era muy atenta e intuyó que él pertenecía al mundo mágico debido a cómo nos había visto hablar.

-No mamá, el señor Winslow es el Ministro de Magia- dije “es”, y no “era” tanto por costumbre como porque ella era excesivamente cotilla y no quería que después me preguntase en casa por qué ya no lo era, ya que no me apetecía explicarle todo lo que estaba ocurriendo en el mundo mágico en la actualidad.

-¡Oh! Es un placer, señor Winslow. Bueno, voy a volver a casa con Paul y los chicos. Avísame si quieres que vengamos a recogerte después, ¿de acuerdo?- Yo asentí, y me despedí de mi madre antes de verla alejarse y volver con Paul, Marlon y Dean. Paul protestó de que yo me quedase, porque no quería tener que salir luego a recogerme, pero mi madre le dijo que se callase de una vez y fueron a por el coche.
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Ben A. Winslow el Dom Sep 11, 2016 10:49 pm

Salir de compras al mundo muggle había reportado en mí una sensación de tranquilidad. Cierto que no gustaba de encontrarme con otros magos mientras lo hacía, a fin de cuentas mi reputación podría verse afectada. Aunque si lo piensas bien, podría jugar a mi favor, a fin de cuentas ¿quién podría acusarme de mortifago o de ayudarlos si me dedicaba a pasar tiempo como un muggle más?  

Fuera como fuese, mi incursión en el centro comercial muggle había hecho propicio un nuevo encuentro con mi pequeña Davina, la más pequeña de mis hijas. Nunca estaba de más poder hablar con ella, me gustaba conocer detalles de su vida y poder acercarme poco a poco, entablar esa relación que nunca habíamos tenido, aunque eso sí, sin admitir jamás quién era en realidad. A fin de cuentas, que se me relacionara tan directamente con una muggle no era bueno para mi imagen. Es uno de esos detalles que no sacaría a la luz a no ser que fuera estrictamente necesario y desde luego por el momento no lo era.

El placer es siempre mío. - Respondí con una leve inclinación de cabeza. - Bien, distrayendome un poco lejos de los periodistas. - Reí levemente al terminar mis palabras, haciendo esa pequeña confesión que esperaba tuviera como reacción la misma sinceridad. - ¿Tú que tal estás? - Cierto que tutearla no era lo más apropiado, pero creo que debería concederme tener un trato más cercano con ella. Además de que en nuestro anterior encuentro le había pedido que no me tuteara.

Curiosidad sentía por los libros que llevaba, y más observando cómo se fijaba en una nueva librería. La respuesta me sorprendió, sin lugar a dudas era una Ravenclaw de pies a cabeza, devorando libros sin cesar y queriendo más y más. - Un capricho sin más, dado que ahora ella trabaja mientras yo simplemente observo la vida pasar, creo que tanto ella como Ophelia se merecen algún regalo de vez en cuando. - Comenté sin borrar la sonrisa de mi rostro, encogiéndome levemente de hombros. - Aunque por ahora no sé qué comprarle a Ophelia. - Confesé esperando quizás que pudiera hacerme alguna sugerencia, o incluso que me ayudara directamente.

Nuestra plática se vio interrumpida por nada más y nada menos que su madre. Tan radiante y hermosa como la primera vez que la ví. Por unos segundos me quedé perplejo, no esperaba este encuentro, más reaccioné con rapidez, sonriendo educadamente sin dejar de mirarla a los ojos. Desde luego los años le habían sentado bien y apenas se notaba en su rostro el paso de los mismos. Lástima que no me recordara ya, puesto que hubiera sido interesante observar su reacción. - Un placer conocerla señora Abrasax. - Sí, la llame por su apellido, no podía tomarme demasiadas confianzas para con ella, a fin de cuentas no dejaba de ser una desconocida que acababa de presentarse, por mucho que sólo usara su nombre.

Curioso, muy curioso observar como me confundía con un profesor, en lugar de pensar que era un extraño que quisiera secuestrar a su hija o algo peor. Aunque nada más lejos de la realidad, si ella pudiera recordar...que gran semana pasamos juntos. - Podría acompañarla yo, así no tendrían que molestarse. - Dije a su madre, ofreciendome como un buen samaritano. Sin duda era muchísimo más sencillo usar la aparición que usar ese vehículo muggle que tanto ruido hacía.
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Davina Abrasax el Lun Sep 26, 2016 4:50 pm

Me pareció lo más normal del mundo que quisiese distraerse y alejarse de los periodistas. No podía ni imaginarme el caos que debía de haber tenido con ellos encima casi las veinticuatro horas del día, vigilando cada uno de sus movimientos e intentando buscar cualquier detalle que pudiesen explotar para beneficio propio sin importarles la privacidad de la persona a la que acosaban para vender más ejemplares de periódicos.

-Yo estoy bien, muchas gracias. Descansando del curso y de los exámenes y preparándome para la universidad. Espero disfrutar el verano, pero los días se pasan rápido- cosa que me entristecía, porque aunque la universidad me daba muchísima más libertad de la que tenía en Hogwarts, en cuanto empezase el curso yo estaría estudiando y Bastian volvería a Hogwarts. Aunque en cuanto me sacase el carnet de Aparición podría ir a visitarle a Hogsmeade prácticamente todos los días y él podía hacer lo mismo para venir a Londres, no quería separarme de él.

Me confirmó que efectivamente las compras que estaba realizando se trataban de caprichos que quería darle a su mujer, además de a su hija, un detalle que me pareció bonito. Al mencionar él a su hija me acordé del encuentro que ella y yo tuvimos hace tiempo en el Callejón Knockturn, en el que habíamos tenido que colaborar para escapar de aquel extraño tipo azul. ¿Le habría mencionado algo Ophelia acerca de lo ocurrido?

-Ojalá pudiese recomendarle algo para su hija, pero no sé si me atrevo. No conozco demasiado a Ophelia, pero sí que sé que tiene un gusto exquisito.- En realidad seguro que si le recomendase algo tendría que ser algo caro, y aunque sé que el antiguo Ministro podía permitirse comprar literalmente cualquier cosa, me habían enseñado que era de mala educación recomendar cosas caras a gente con quien no se tiene mucha confianza.

Después de la interrupción de mi madre (me pareció ver por el rabillo del ojo que el señor Winslow parecía momentáneamente sorprendido, pero no me extrañó en absoluto. Mi madre es una mujer excepcionalmente bella, después de todo, y acostumbraba a recibir miradas bastante de vez en cuando, algunas más descaradas que otras) estaba a punto de decirle que vale, que les avisaría para que viniesen a recogerme cuando yo ya estuviese lista para ir a casa, lo cual no sería hasta dentro de bastante tiempo seguramente, cuando me sorprendí al escuchar al señor Winslow ofreciéndose para acompañarme él mismo. Mi madre no tuvo ningún problema con ello.

-¿En serio? No quiero causarle ninguna molestia- dije por educación, aunque a mí tampoco me molestaba la idea.

Una vez que mi madre ya se hubo marchado y que yo la viese de lejos hablando con Paul (el cual, como no, se quejó COMO SIEMPRE) y yendo después al coche, miré al señor Winslow y esbocé una encantadora sonrisa.

-Bueno, supongo entonces que seremos compañeros de compras durante un rato- dije, ya que él todavía tenía que comprarle un regalo a su hija y yo tenía también la intención de vaciarme un poco el bolsillo antes de volver a casa, pero sin abusar del tiempo mucho porque no quería retener al antiguo Ministro conmigo más de la cuenta.- ¿Por dónde quiere empezar?
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Ben A. Winslow el Dom Oct 16, 2016 10:19 pm

Sonreí con sinceridad al escuchar sus palabras. Nada me alegraba más que conocer los esfuerzos de mi pequeña hija. Tenía todo planeado, predispuesto para hacerse con el nuevo curso sin perder un instante. Razón tenía, el verano volaba.  - Lo bueno de que vuele, es que disfrutas más de él. - comenté con una sonrisa.

Comentarle mis planes en ese centro comercial había sido sencillo. Tampoco es que fuera un secreto qué podía estar haciendo en aquel lugar. Reí levemente a su comentario sobre Ophelia. - No son tan exquisitos. Aunque pueda no parecerlo, en muchas ocasiones un simple cuadro puede hacerle más ilusión que un vestido de channel. - Le dije intentanto suavizar el momento, esperando que así se animara a darme alguna idea. - Si fuera para ti, si pudieras elegir cualquier cosa de este centro comercial, ¿qué elegirías? - Una pregunta con trampa, puesto que si estaba comprando detalles para las mujeres de mi vida, ella no podía quedarse con las manos vacías.

Sorprendido me hallé unos segundos al ver ante mí a su madre. Hacía años, muchos años que no la tenía frente a mí, y en ese momento muchos recuerdos acudieron a mi consciente, la primera vez que la conocí y cuando su delicioso cuerpo se fundió con el mío. Nada más allá de lo pasional.  - Por supuesto que no es ninguna molestia. Ahora dispongo de todo el tiempo del mundo. - Me permití bromear un poco con mi hija. Era la segunda ocasión en la que podía hablar con ella, tenía ese nerviosismo de la primera vez, pero quería, ansiaba, tanto el tener cercanía con ella, que olvidaba los formalismos. Quizás se sentía incómoda al ser asediada por un cuarentón que podía ser su padre, nunca mejor dicho.

- Podemos empezar por aquí, quizás haya algún libro interesante. Y luego acudir a alguna tienda de ropa juvenil. No sé muy bien qué es lo que está de moda. - Confesé con una mueca de confusión. La moda nunca había estado entre mis convicciones, y lo único que apreciaba del mundo muggle eran los vestidos de gala para mi esposa y los trajes de chaqueta para mi.

Con las bolsas a un lado, abrí la puerta de la librería, cediendo el paso a mi hija. Una voz masculina no tardó en hacerse notar. - Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles? - No habían ni pasado dos segundos, algo que me agobiaba en el trato. - Buenos días. - Dije amablemente, dejando que Davina respondiera a su pregunta. Prefería obviar a responder de mala manera.
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Davina Abrasax el Dom Oct 30, 2016 5:28 am

-Bueno, disfrutar del arte también requiere tener buen gusto- señalé cuando el señor Winslow dijo que los gustos de su hija no siempre eran tan exquisitos, poniendo de ejemplo que un cuadro podía llegar a gustarla más que un vestido. No era tan extraño, en mi opinión. Vestidos de Chanel alguien con dinero como la familia Winslow podía conseguir muchísimos en cualquier momento, pero el buen arte era más difícil de encontrar y conseguir. El señor Winslow me hizo entonces una pregunta muy difícil, pues se me daba fatal escoger cosas. Detestaba escoger, ¿por qué no podían escogerse todas las opciones?- Sinceramente, no lo sé. Si estuviese en mi poder elegir, elegiría llevarme absolutamente todo lo que me gustase- siempre había sido avariciosa, me gustaba poder tener todas las cosas que pudiese. Pero no era caprichosa, así que cuando no podía tener esas cosas no me daba un berrinche ni una pataleta, ni siquiera protestaba un poquito.- Pero si solo pudiese escoger una cosa por obligación… no voy a decir libros porque tengo muchos ya y mi librería va a reventar, aunque buscaré la manera de que haya más espacio. Tal vez me pasaría por la joyería- después de todo, ¿a quién no le gustan las cosas bonitas y brillantes? No tenía fallo si se escogía con gusto.

Me sorprendió muchísimo el ofrecimiento del señor Winslow de llevarme él mismo a casa cuando ambos terminásemos en el centro comercial y así no tendrían que venir a buscarme. En nuestro anterior encuentro ya me había parecido un hombre muy amable y atento, pero esta vez me había sorprendido y agradado aún más. ¿Sería así con todo el mundo? Debe de ser ese el caso, pues sino no comprendo por qué yo iba a recibir mejor trato que cualquier otra persona, siendo yo nadie en realidad, al menos nadie para él. No pude evitar entonces pensar en Bastian, y en que seguramente pondría mala cara al verme recibiendo tanta atención de un hombre que no era él, sobre todo un hombre más mayor. Pero aquello eran tonterías, el ex Ministro simplemente era muy amable. Aun así no pude evitar sonreír ligeramente al pensar en Bastian, aunque me lo estuviese imaginando con una cara gruñona, y mi mano automáticamente se alzó para rozar delicadamente con la punta de los dedos el colgante que me regaló después del Baile de Navidad.

Le di las gracias  de corazón al señor Winslow con una amplia sonrisa, y en cuanto mi madre se marchó y el hombre propuso que entrásemos primero en la librería acepté.- Bueno, depende de para qué estilo busque. Si quiere que le ayude a buscar algo para su hija va a tener que colaborar conmigo, porque solamente la he visto una vez fuera de Hogwarts así que no sé cuál es su estilo.- Al recordar cuáles fueron las circunstancias bajo las que me encontré con Ophelia Winslow decidí callarme rápidamente, pues no sabía si su padre era consciente de lo que había ocurrido en el Callejón Knockturn y si ese era el caso no estaba segura de querer dar yo explicaciones.

Entramos en la librería, donde fuimos rápidamente atendidos.- ¡Buenos días!- saludé de muy buen humor, como siempre que me hallaba rodeada de libros.- ¿La sección de Fantasía dónde se encuentra?- el dependiente me indicó el camino.- ¡Gracias!

No perdí el tiempo en literalmente lanzarme a buscar aquella sección. Esos libros eran como un imán, y yo el pobrecito pedacito de metal que atraían sin que pudiese ofrecer resistencia alguna. Me encontré entonces rodeada de estanterías con diversos tomos de todos los tamaños y colores, y de títulos llamativos. Mis ojos brillaban y mi sonrisa resplandecía.

-Lo tengo, lo tengo, lo he leído, lo tengo, lo he leído… ¡no lo tengo!- exclamé al encontrar un título desconocido y que llamó mi atención. Tenía las manos libres pues mi madre se había llevado las bolsas en las que cargaba todo lo de la universidad, así que pude sacar el libro de la estantería. Me gustó el resumen, pero vi algo que no me gustó.- ¡Cachis! Es el tercero de una serie- no me iba a comprar la serie entera ahora, así que dejé el libro donde estaba y continué mirando. Mi mirada dio de lleno entonces con un título que conocía muy bien. Beowulf. Pero no era una copia cualquiera de la novela épica. Lo saqué de la estantería, y casi di un chillido de emoción al ver que era una edición especial de coleccionista, con tapa de cuero cubierta de antiguos símbolos de la mitología nórdica, y al abrirlo me encontré todo el texto en estilo Gótico, con ilustraciones que reflejaban la historia. Casi me dio un infarto.- Oh Dios mío, ¡esto es una maravilla!

Ese libro era sin duda alguna EL ELEGIDO. Pero al mirar el precio a punto estuve de soltar todas las maldiciones del mundo. Yo era una persona buena, pero la rabia que me dio fue tal al ver que no tenía dinero suficiente, pues esa edición del libro costaba casi una fortuna, que estaba segura de que si hubiese sacado mi varita en ese momento hubiese sido capaz de conjurar una maldición asesina sobre algún pobre inocente. Resignada, coloqué el libro de nuevo en su sitio.

-Bueno- suspiré, y miré al señor Winslow, a quien sin querer había ignorado un poco mientras casi me daba un patatús admirando aquel libro- supongo que no voy a encontrar nada hoy. ¿Hay algún libro que quiera buscar o prefiere marcharse ya al otro sitio?
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