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Niña perdida por Londres (Libre)

Invitado el Sáb Jul 23, 2016 4:33 pm

23 de Julio, media tarde.

¡Por fin! Ya podía darme la luz del sol, así que no me pensé mucho qué hacer en cuanto mis padres abandonaron la casa esta mañana, necesitaba salir, pero siempre que me quedaba en el pueblo terminaban encontrándome, por lo que tenía que coger el tren y trasladarme a Londres, a la estación de King's Cross. El tren mágico desde Alemania era muy rápido, pero había salido el 21 de Julio y ya era día 23.

Llevaba dos días fuera de casa, y sólo una nota sobre la mesa de la cocina para que los elfos se la dieran a papá en cuanto lo vieran. ¿Estaría Robert por aquí?

Ya había terminado en Hogwarts y ahora estaba en la Universidad. Y Georgie, también, así que sólo me quedaba mi prima Anne en Gryffindor. Pero este curso sería su último curso, y yo iba a repetir segundo, por la enfermedad que me había dejado la mitad de curso en cama. Pero las pupas se habían ido, ya no tenía ni costras, tampoco el cuerpo se ponía rojo como un tomate y la boca se me quedaba rasposa.

Metí la mano en mi bolsillo y saqué unas cuantas monedas dirigiéndome a una máquina expendedora de bebidas al lado de un local de donde salía una música muy fuerte. El cielo estaba encapotado. Me paré delante de una señora que estaba sentada en el suelo con una caja delante llena de monedas- Le cambio esta moneda dorada por todas las que tiene en la caja -le dije, llevaba un galeón, no sabía cuantas libras eran, pero seguro que valía más que todas las moneditas pequeñas que tenía allí dentro.

Pero la mujer sólo permaneció quieta, ni siquiera parecía escucharme, no parpadeaba, tenía los ojos en blanco y una gran mancha roja estaba bajo su cuerpo. Me encogí de hombros, dejé el galeón dentro de la caja y recogí las otras monedas. Para comprar en el mundo muggle las necesitaba, y necesitaba comprar los tres escarabajos azules que le había cogido sin permiso al profesor Cosmas, el día que me echó de su clase de pociones.

Poco después no había podido seguir en el colegio, porque enfermé en aquel pasadizo que encontramos Neferet y yo desde el baño del vestíbulo.

No había podido escribir a nadie, ni siquiera mandarles una lechuza, eso estaba muy mal de mi parte. A los amigos había que cuidarlos y darles mimos, o se olvidaban de ti.

Seguí andando por la acera hasta entrar en una tienda que tenía un montón de cosas en el escaparate, como peceras pero llenas de bichos. Fuera comenzaba a tronar, los relámpagos iluminaban todo el cielo, y las gruesas gotas de lluvia no tardaron en caer. Aparte de levantarse el viento, menos mal que hoy llevaba pantalones y había optado por no ponerme la ropa que me había dejado mamá preparada sobre la cómoda de noche hacia dos noches.

- Buenas tardes. Quisiera comprar escarabajos azules vivos -el señor me miró con cara rara, tan rara que no sabía ni como definirla. El caso es que tenían que estar vivos, porque para la poción agudizadora de ingenio se necesitaban vivos, y tenía que devolverle sólo tres, que eran los que le había cogido.
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Invitado el Mar Jul 26, 2016 10:06 pm

Aprovechando las vacaciones, Matt había decidido ir a pasar una semana a casa de sus tíos en Londres. Debido a pasar todo el tiempo que un curso escolar duraba en Hogwarts, durante los últimos seis años, las oportunidades de ver al resto de miembros de su familia fuera de su núcleo, se habían visto reducidas. Por esa razón,  Matt siempre intentaba buscar algún hueco en el que ver a sus tíos, primos o abuelos.
En esta ocasión había sido el turno de sus tíos Allan y Margaret Derricks, que se alojaban en la zona del distrito de Camden en Londres.

Había aprovechado el fin de semana para pasar todo el día con ellos, pero los días de entre semana, Matt se las tenía que apañar solo hasta entrada la tarde, cuando sus tíos volvían de trabajar.
Para aprovechar el día de hoy había decidido salir y pasarse por la zona comercial, con la intención de buscar algún regalo para su hermano.
Iba tranquilamente caminando por la calle principal cuando al pasar junto a uno de los estrechos callejones, vio de refilón a una niña hablando con una anciana en el suelo. Siguió caminando de manera automática hasta que en su mente termino de formarse la imagen que acababa de ver, y si no se equivocaba, le había parecido ver que la niña tenía un galeón en la mano. ‘’¿sería posible?’’

Instintivamente Matt se dio la vuelta y deshizo los últimos metros andados hasta volver a cruzar el callejón, pero en el momento en el que él llegaba a la altura del callejón la niña ya salía de él, pasó por su lado y empezó a alejarse calle arriba por la calle principal, en la misma trayectoria en la que Matt estaba yendo minutos antes.
Los pensamientos de Matt fluyeron de manera inquieta durante los próximos segundos mientras veía alejarse a la niña. Y no fue hasta que alguien le golpeó en el brazo sin querer, al pasar por su lado, cuando reaccionó y decidió seguirla, solo por la curiosidad de descubrir si lo del galeón había sido su imaginación o no.

No llegaron  pasar más de dos minutos cuando la niña se detuvo y entro en una tienda de animales. Matt entro en la tienda y pasó por su lado observándola. La pequeña se había dirigido al mostrador y en su mano sujetaba unas monedas. Monedas normales, o del mundo muggle, quería decir.
La cara de desilusión se reflejó en el rostro de Matt al ver que había sido todo su paranoia, a la vez que se sentía como un acosador perturbado por haber seguido a una niña pequeña por la calle. Sin más preámbulo, decidió aprovechar la ocasión y el lugar y echar un ojo por la tienda, ya que al fin y al cabo tenía todo el día por delante para encontrar el regalo.

Sin embargo y de inmediato, su atención volvió hacia lo que estaba pasando en el mostrado al escuchar a la niña preguntando por escarabajos azules vivos. Matt volvió a girarse para observar la situación, y vio la cara de incertidumbre del dependiente.
‘’¡Ajá! ¡Lo sabía!'' se dijo a sí mismo eufórico, ''no estoy chalado, ningún muggle vendría a una tienda de animales a preguntar tal cosa, definitivamente la niña debía ser una bruja, y no muy familiarizada con este mundo, al parecer´´

Matt dejó lo que estaba haciendo y caminó con decisión hacia la niña, pretendiendo que la conocía de toda la vida y susurrando, le habló.
- No vas a encontrar lo que buscas aquí – dijo para luego dirigirse al dependiente. - disculpe señor, mi hermana solo está bromeando, no le molestaremos más – y haciéndole un gesto de cabeza a la niña con intención de que le siguiera (y esperando que se fiara de un desconocido), salió de la tienda y la esperó a un lado de la entrada.
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Invitado el Miér Jul 27, 2016 5:59 pm

Me giré despacio al escuchar una voz que me susurraba al oído, mirándolo con el ceño algo fruncido, era una tienda de animales, ¿Por que no iban a ver escarabajos azules? ¿Quien era ese chico?

- Pero yo necesito Escarabajos azules para devolvérselos al señor Cosmas, porque se los cogí sin permiso - miré otra vez al dependiente y sonriente dejé todas las monedas encima del mostrador- Tengo dinero para pagarle.

El señor Cosmas seguía dándome miedo, no le gustaban los niños y siempre iba muy serio. Igual es que no sabía sonreír, o al menos, conmigo nunca sonreía, además, me gritó, y me hizo llorar, y eso no se hacía. No había ido a su clase para molestarlo, sino para aprender, pero se me había olvidado recoger los escarabajos para la poción agudizadora de ingenio, y simplemente cogí los más bonitos de la vitrina.

Y por desgracia Pociones era obligatoria hasta quinto. Aún no sabía lo que iba a ser de mayor, pero no me iba a quedar de ama de casa como mamá, yo trabajaría en algo chulo.

Pero lo que dijo aquel chico me hizo gracia, era mucho más simpático que Georgie, desde luego, pero no era cierto lo que le había dicho al hombre, por lo que recogí las monedas del mostrador y salí de la tienda escuchando al dependiente partirse de la risa. Y preguntando donde estaba la cámara, que había sido muy buena idea. Me encogí de hombros y me dirigí de nuevo hacia la mujer, para recuperar mi galeón y devolverle sus monedas, pero al girar vi al chico apoyado en la pared y me detuve- ¿Tú sabes donde venden escarabajos azules por aquí? Porque en verdad los necesito para devolvérselos al señor Cosmas.- Si mi intención hubiera sido robarlos desde un primer momento, no estaría ahora buscando comprar tres que había matado, aunque hubiera cogido cuarto, porque el último se había suicidado desde la mesa, no había sido aplastado por el mortero.

Dejé escapar el aire despacio- Soy Ziva, ¿Como te llamas? ¿Me acompañas a devolverle a la señora sus moneditas y recuperar mi galeón? -estiré el brazo para señalarle el callejón en donde estaba aún la vagabunda, sobre aquel charco rojo- Creo que se sentó sobre jugo de tomate, ¿Sabes?

Y comencé a andar, si aquellas monedas no me servían, mejor devolverlas, necesitaba encontrar el sitio en donde vendían los escarabajos azules y cruzar los dedos para que papá y mamá no hubieran regresado a casa.A veces salían muchos días seguidos y me quedaba con Georgie, a su cuidado.
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Invitado el Jue Jul 28, 2016 6:08 pm

La niña volvió a preguntar por los escarabajos azules con total convencimiento, dejando esta vez el dinero en el mostrador para el dependiente. ¿Tenía que darle los escarabajos al señor Cosmas? ¿por qué mandaría a una niña a comprarlos? no tenía ningún sentido. Al menos ahora sabía que la chica estudiaba en Hogwarts. Matt se estaba planteando volver a entrar, al ver que la niña no se decidía a salir, pero entonces el dependiente soltó una carcajada, empezó a hablar para sí mismo, y la niña salió de la tienda, con toda la naturalidad del mundo.

Salió hacia la dirección por la que habíamos venido antes, cuando al verle esperando, se dio la vuelta y se acercó a Matt. Le preguntó donde podía conseguir lo que buscaba, volviendo a decir que tenía que devolvérselos al señor Cosmas. Matt se quedó pensativo con la boca medio abierta como apunto de decir algo, intentaba figurarse donde podía encontrar eso por ahí cerca, pero el único lugar que le venía a la mente era el único del que todos tenían conocimiento.
- Hasta donde sé, puedes conseguirlos en el callejón Diagón, o alrededores, supongo - le respondió. - No soy la mejor ayuda que podías encontrar, pero al menos puedo decirte que no los encontrarás en ningún tipo de tienda muggle. - le dijo y una sonrisa juguetona se dibujó en su cara.

- Soy Matt, un placer- le respondió mientras le tendía la mano para presentarse oficialmente. - Te acompañaré, no hay problema, ¿donde está la señora? - le preguntó suponiendo que se referiría a algún familiar, ¿su madre? ¿su abuela? puede que alguna anciana amiga suya, pero, en cualquiera de los casos, ¿porque le había dado dinero muggle y la había dejado ir a comprar sola sin advertirle que no iba a encontrar lo que quería? Mientras pensaba para si mismo, la niña continuó hablando, diciendo algo sobre jugo de tomate, a lo cual no le prestó demasiada atención, pensando que estaría hablando para sí misma.

-Solo una pregunta antes de marchar. - Le inquirió, aunque la niña ya había comenzado a andar y a Matt no le quedó mas remedio que empezar a seguirla
- ¿Por qué estás aquí sola? - quiso saber para darle algo de sentido a la situación, aunque de cualquier modo, no iba a dejar a la niña vagando sola por el lugar, abarrotado de gente.

Caminaron juntos, siguiendo el río de gente y evitando chocar con la muchedumbre que venía en dirección contraria hasta que llegaron al callejón donde toda esta situación había comenzado, la niña entró al callejón de aspecto ...dudoso, y Matt la siguió sin demasiada convicción. Fue entonces, al ver a una anciana en el suelo al final de la callejuela cuando recordó haber visto a la niña en primer lugar hablando con ella.

¿Quién sería esa anciana? empezaba a dudar que la conociera si quiera. Matt se acercó más a la chiquilla e intentó pararla sujetandola del hombro.
-Ziva… ¿conoces a esa señora de algo? – dejó de caminar y le pregunto mientras observaba a la anciana más adelante, planteandose si debían seguir acercandose o no. Si Ziva desconocía que algo como escarabajos azules no se vendieran en tiendas por estos alrededores, dudaba mucho que conociera estos callejones, y menos a la moribunda (si es que no había pasado ya al otro mundo) abuelita.
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Invitado el Dom Jul 31, 2016 6:32 pm

- Hola Matt -era un chico muy simpático, me había esperado fuera de la tienda y le había dicho al dependiente que era mi hermano, ojalá Georgie fuera tan simpático como él, porque para Georgie sólo era según sus palabras "un grano en el culo", y yo no tenía pinta de grano. Por suerte este curso ya no estaría en Hogwarts, no tendría que ver su cara larga todos los días en la mesa de las serpientes. ¿Por que a los mayores les costaba tanto sonreír con lo fácil que era?- Allí- señalé con el brazo extendido hacia el callejón, antes de comenzar a andar con las manos llenas de moneditas, para devolvérselas. Una cosa era coger las cosas prestadas, aunque fuera sin permiso, y otra distinta robarlas. Yo no quería robarle al señor Cosmas, pero necesitaba los escarabajos para hacer la poción, y no los había cogido.

Matt hablaba mucho, me encantaba- Pues porque vine sola, pero le dejé una nota en la cocina a papá, para que supiera que no iba a volver hasta dentro de unos días -y si me llegaban todos los galeones que llevaba, hasta el verano siguiente, pero dudaba que me fueran a llegar, además, aún tenía que ir a hacer las compras del material, el uniforme me estaba bueno, quizás un pelín más cortito, pero los zapatos y los calcetines me estaban buenos.

Tuvimos que ir sorteando a la gente que iba en contra dirección, todos iban al revés de como tocaba. En Alemania a este lado de la acera se andaba en la dirección en la que nosotros íbamos, eran todos los demás los que iban a revés, nosotros íbamos bien. Allí al final del callejón sobre el charco de jugo de tomate seguía la buena señora sin haber cambiado de posición. Me dirigí hacia ella y cuando estaba a unos metros noté una mano sobre el hombro y me detuve, mirando sobre el mismo y tropezando con la cara de Matt- Sí, es la misma señora que me prestó su dinero a cambio de mi galeón. Antes no me hizo nada -las personas no iban por ahí haciendo daño a los demás, ¿O sí?- Y aceptó el trato. Vengo a devolverle sus monedas para recuperar mi galeón.

Avancé un poco más, dejando que Matt se quedara al lado- Hola, no encontré los escarabajos, señora, vengo a devolverle su dinero -me acuclillé y dejé caer todas as monedas dentro de la caja, que ya estaba empapada de jugo de tomate- y recoger mi moneda, buena señora -pero como antes, ni una sola palabra, y olía como cuando los elfos mataban al cerdo a principios de Octubre, para hacer todos los fiambres- Este jugo de tomate huele a sangre, ¿Verdad?

Recogí mi galeón y lo guardé en el bolsillo junto a los otros- No es muy habladora Matt, pero no hace nada. ¿Me acompañas a donde venden escarabajos azules, por favor? No quisiera que el señor Cosmas pensara que soy una landrozuela, aunque me da miedo. ¿Tú has estado con él en clase de Pociones? ¿Verdad que es muy serio y habla muy fuerte?

Conmigo se había enfadado mucho, no sabía como reaccionaría si le podía devolver lo que le cogí prestado un día, porque luego había caído enferma y tuve que ausentarme del colegio. Y había perdido todo el curso.

Corrí tras él, tenía las piernas más largas y me costaba seguirle el paso, pero al salir del callejón se giró y casi me estampo contra él, trastabillando unos pasos al cambiar de dirección y mirarlo con el pecho un poco acelerado, por la carrera- Un poco, pero se quedó en el pantalón, no pasa nada -la sangre no era mía, no estaba herida.

Dijo algo que no entendía bien porqué, sólo era sangre, y no era mía. El jugo de tomate hubiera sido peor, porque con el calor el olor se hacía agrio. Pero un poco de sangre una vez seca ya no olía. Y empezó a correr mucho más rápido, y casi lo pierdo de vista en varias ocasiones, tuve que sacar las manos de lso bolsillos para poder llevar la carrera, no sabía dónde iba, y no sabía porqué lo estaba siguiendo, pero le tenía confianza, porque me había ayudado.

Vi como se metía dentro de una caja roja y con cristales y cogía algo que se llevaba a la oreja, cuando escuché un bocinazo y luego varios insultos de los de dentro de aquella cosa que iba por la zona en la que rodaban cosas parecidas y todas soltaban bocinazos- ¡Niña apartate!¡Sal de la carretera! -gritaban sin parar, pero cada vez que intentaba irme hacia un lado, otra nueva cosas de esas pitaba y me tenía que volver encima de aquellas dos rayas en medio de donde rodaban aquellas cosas en ambas direcciones.

Estaba asustada, porque parecían enfadados, me gritaban pero no había manera de poder llegar hasta donde se encontraba y parecía buscarme. Tenía ganas de llorar, pero no quería llorar delante de nadie. Me quedé parada, sin saber qué hacer.
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Invitado el Sáb Ago 20, 2016 11:19 am

Estaba aburrido, y como no tenía a Sirius para que le entretuviera había decidido dar una vuelta por el Londres muggle. Su madre le había mandado a hacer unos recados, completamente solo y eso era aburrido. Aunque no podía culparla, estaba convencido de que le había mandado a él porque sabía que de haber ido los dos habrían montado algún escándalo y nunca habrían llegado a comprar lo que necesitaba.

La cuestión era que tras ir al callejón Diagón y comprar lo que su progenitora le había pedido, se había tomado un gran helado y, aburrido y sin saber qué hacer, había decidido explorar la ciudad mientras pensaba en alguna que otra broma para el curso próximo.

Así fue como iba caminando sin prisa, con las compras reducidas y metidas en el bolsillo del pantalón, metido en sus pensamientos, con una sonrisa que auguraba una buena idea para otra broma. Pero su mente cambió de rumbo cuando empezó a escuchar bocinazos y gritos de los muggles. Frunció el ceño algo molesto por tanto ruido y dirigió sus ojos hacia la carretera, lugar de donde procedían dichos sonidos.

Al principio no vio qué era lo que causaba el enfado de los conductores, pero conforme se fue acercando lo pudo ver, había una niña en medio de la calle, quieta, la vio intentar cruzar un par de veces y retroceder asustada. Negó ante aquella escena, viendo como la gente ignoraba a la pobre niña. Así que sin pensarlo, apresuró el paso, empezó a cruzar la calle y llegó hasta ella, la agarró del brazo con suavidad y avanzó, haciendo que los coches tuvieran que parar si no querían atropellarlos. Y poco le importaron todos aquellos improperios que le gritaron, si no fuera por la niña, no se habría quedado callado ante aquellos insultos.

Llegaron hasta la acera intactos, y el tráfico retomó su curso. Suspiró y se agachó a la altura de la niña, preocupado—¿Estás bien?—preguntó observándola para ver si estaba herida o algo—¿Has venido sola?—cuestionó de nuevo, al ver que no parecía haber nadie buscándola. Ahí fue cuando vio la pequeña mancha de sangre en su ropa, frunció el ceño, la niña no parecía herida, pero tenía la ropa manchada.—¿Seguro que estás bien?—¿qué narices hacía una niña sola por las calles? ¿Dónde estaban sus padres? No hizo las preguntas en voz alta, quizá había una buena razón para ello aunque él no lo supiera.

Se irguió y suspiró, revolviéndose el pelo. Y ahora ¿qué se suponía que tenía que hacer con esa niña? La miró de nuevo—¿cómo te llamas? —aquello casi parecía un interrogatorio, solo le hacía preguntas a la cría. —Soy James Potter, encantado...—se presentó. Realmente aquella situación era de lo más extraña, jamás se habría imaginado toparse con algo así. —¿Dónde vives?—quizá, si la niña no vivía muy lejos podría acompañarla hasta su casa y después seguir haciendo... bueno, no hacía nada productivo, pero eso era lo de menos.


Off: me meto con permiso~
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Invitado el Dom Ago 21, 2016 12:02 pm

Esas personas no dejaban de gritar e insultarme. ¿Por que hacían eso? ¡Ni siquiera me dejaban pasar! Agaché la cabeza, los ojos me picaban muchísimo y apenas podía respirar, me iba a poner a llorar como no pudiera salir de allí, y no quería llorar. ¡No podía llegar hasta Matt y se le veía preocupado por mí! Él no dejaba de dar vueltas.

De golpe una sombra apareció en el suelo y alguien me tomó de la mano para empezar a andar, era difícil, estaba muerta de miedo, pero sin saber cómo mis pies lo acompañaron y sin dejar de temblar y con los ojos entornados al ver que esos cacharros en los que iban esas personas casi nos pisan conseguimos llegar encima de la acera.

¡Oh, Matt se había quedado al otro lado de la calle!
Levanté la cabeza y la giré, buscándolo- Me has traído al otro lado -estiré el brazo señalando a Matt, me había salvado, pero Matt estaba preocupado y él me había ayudado primero en aquella tienda- Tenemos que cruzar otra vez -volví a mirarlo, había hecho un montón de preguntas y lo miré ladeando la cabeza- Gracias, por salvarme, no podía pasar. Me llamo Ziva VonBranberg, vivo en Quedlinburg, Alemania, pero vine de visita a Londres, a buscar escarabajos egipcios y si puedo encontrar a mi primo Robert. ¿Lo conoces? -me habían dicho que en la cena de fin de curso había tenido un encontronazo con Sirius Black, y no entendía porqué no se podían llevar bien, a mi me caían muy bien los dos- ¡Oh, yo sé quien eres, te he visto jugar al quidditch, eres muy bueno como cazador! -empecé a dar saltitos emocionada, con ser la mitad de buena que era James Potter como cazadora estaría en el equipo como titular y no como suplente- ¿Me enseñarías a volar como tú lo haces y a lanzar a aros así?

Algo divertido, había tropezado con dos chicos muy divertidos aquella tarde, una pena que la señora estuviera muerta en ese callejón, se podría unir a la diversión, seguro que se nos ocurría hacer algo divertido a los cuatro juntos. Sólo había que despertarla, para que pudiera jugar con nosotros.

- Deberíamos decirle a la señora que se viniera con nosotros a jugar, pero tenemos que volver al callejón donde estaba. Vamos a por Matt y la ves. Tenía sangre, Matt dijo que era sangre y estaba muerta -había que buscar un sitio por donde cruzar, la calle empezó a reunir gente con uniformes azules y empezaron a poner cintas amarillas por todas partes. Estaban parando a la gente y llevándoselos en grupos, como no se diera prisa Matt se lo iban a llevar a él también.
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Invitado el Lun Ago 29, 2016 6:35 pm

Consiguió llevar a la niña hasta la acera sin mayor problema, pero una vez que habían cruzado la niña le dijo que tenían que ir al otro lado y señaló un punto con el dedo. James siguió la dirección que señalaba y vio a un chico algo alejado que parecía buscar algo, volvió a mirar a la niña y a la figura del otro lado, entornó un poco los ojos, aquella figura se le hacía conocida de algún sitio, pero desde ahí no podía decir de qué ni de dónde. Negó con la cabeza y suspiró.

—Está bien...—se revolvió el pelo y le hizo aquellas preguntas primero, tenía que asegurarse primero que estaba bien y luego ya vería que hacían. Le sorprendió que la niña le soltara todo aquello casi sin pestañear, o solo por la forma en que lo dijo sino porque además lo decía como si fuera lo más normal del mundo. Meneó la cabeza algo mareado por recibir tanta información de golpe, aunque sí era cierto que él había preguntado, pero no se había esperado en ningún momento que la niña, Ziva le contestara a todo aquello. Se aclaró la garganta, lo mejor sería ir por partes—A ver, eh.. Ziva, ¿Cómo que has venido tú sola desde Alemania?—cuestionó, en un tono no de sorpresa sino más bien de preocupación, aquello era muy arriesgado y sus padres debían estar preocupados—¿Tus padres te han dejado venir sola?—vale. Aquella era una pregunta tonta, no había muchos padres por ahí que dejaran a sus hijos viajar solos a otros países.

—Aquí no encontrarás escarabajos egipcios—habló, para aclarar ese segundo punto. Por un momento no pudo evitar una sonrisa de autosuficiencia cuando la chica dijo que le conocía, pero en seguida se alarmó ante el tono elevado que usó al hablar—¡baja la voz!—susurró, viendo que una señora que paseaba a su perro se quedó mirándoles como si tuvieran tres cabezas—los muggles no saben nada de eso Ziva—habló en voz baja para que solo ella escuchara. —¿Eh?—la miró ante aquella pregunta y asintió, aún algo aturdido por aquella extraña situación—Claro, te enseñaré — contestó con una suave sonrisa.

Lo siguiente que dijo la niña le alertó. ¿Señora? ¿Sangre? Miró de nuevo en la dirección en la que estaba el chico, Matt, frunció el ceño pensativo, el nombre le era familiar... Pero no era momento de pensar en eso. Volvió a mirar a la niña y entonces se percató de nuevo de aquella mancha de sangre en su ropa, si ella no estaba herida... Abrió mucho los ojos y se agachó a su altura—Ziva, ¿esa sangre...—señaló su ropa—Es de la señora del callejón?—preguntó temiendo la respuesta. En seguida vio que empezaba a llegar la policía muggle y no pudo evitar ponerse algo nervioso. No podía dejar a la niña ahí sola para ir a avisar al tal Matt que parecía conocerla, pero si se quedaban ahí... bufó, en menuda situación se había metido. Y esta vez no era culpa suya.
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Invitado el Lun Ago 29, 2016 10:09 pm

No podía ser, bueno sí era, pero era algo de locos. La segunda barriada atacada en una semana, y allí vivían muggles y algún que otro mago separado de la sociedad mágica, ya fuera por su trabajo o porque había decidido vivir alejado del mundo mágico.

Y squibs. Eso me alertaba, Booty debia tener protección, si ahora los mortífagos les daba por atacar a los squibs que quedaban vivos, mi amiga de la infancia se iba a encontrar en peligro, y no me gustaba la idea un solo pelo. Más ella, a ver como le explicaba que no debía salir de Hogsmade, igual pudiera abogar a Dumbledore para que le consiguiera un trabajo en Hogwarts, aunque fuera de ayudante. Ella trabajaba en Honneydukes, pero si les daba por atacar el pueblo mágico cuando se les gastase estos (aunque sonara fatal, en el momento se quedaran sin objetivos en el mundo muggle pasarían al mágico), iban a ir a por ella. Y por desgracia en su sangre había tan poca magia que era imposible que de la varita pudieran salir ni chispas rojas para avisar del peligro.

- Inspectora Lyall, tres muertos y la mujer del callejón -me informaron entregándome un expediente con todas las fotografías dentro de una carpeta de cartón amarilla- Nadie ha visto nada, como siempre.

Asentí con la cabeza, aquello era típico, sobretodo cuando había un asesinato de por medio. A la mujer del callejón le faltaba el corazón y algunos otros órganos, como a los otros tres muertos, no habían tenido cuidado en recoger la sangre o no dejar huellas, pero la incisión no estaba hecha con un arma blanca, sino con varita, por lo que habían sido magos. Y al ser todos los cuerpos squibs, todo apuntaba a un ataque mortífago, por los ideales que defendían, más el caso estaba abierto, y sin dar con el culpable no se podía asegurar nada.

- Lincoln, mantén a la prensa fuera, no quiero que se divulgue la noticia, hasta saber qué ha ocurrido o tener más datos. No me gustaría que saltara la alarma, ya con las desapariciones que están habiendo tenemos de sobra -de vez en cuando el Departamento filtraba alguna desaparición, pero sobretodo de magos. Las desapariciones en el mundo muggle de squibs, o de familias mágicas traidoras a la sangre se estaba llevando completamente en secreto.

La tarde empezaba a nublarse, un relámpago cruzó el horizonte y mi mirada se desvió hacia una conversación al oro lado de la calle, con el audite colocado sobre mí.

Avancé despacio, guardando los informes del caso bajo el brazo, con un abrigo a media pierna y haciendo resonar los tacones sobre la acera. Llegué a la orilla de la misma, elevé la mano y señalé a ambos en cuestión a uno de los aurores en cubierto que había en el grupo, mezclándose con la policía muggle.

Los muggles habían sido desalojados de las inmediaciones, las únicas personas que quedaban eran magos, y tres en cuestión aún no podían hacer magia fuera de Hogwarts al no ser mayores de edad. El tráfico se había detenido a golpe de silbato, y sin dejar de mirarlos crucé la calle hasta quedarme a su lado. Un chico y una niña que no tendría más de trece años.

- Inspectora de homicidios -saqué la acreditación para mostrársela al chico, parecía bastante protector con la pequeña, y sonreí al notar una pequeña mano tirar de mi muñeca, por lo visto la niña también quería ver la acreditación- Eunice Lyall.

En sí las palabras sobre la mujer del callejón habían salido de la boca de la pequeña, pero no se podía interrogar a un menor sin la presencia de sus padres. Y no pensaba saltarme las leyes ni crear un vacío legal que diera con todo al traste por un pequeño tecnicismo- ¿Os podéis identificar, por favor?
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Invitado el Mar Ago 30, 2016 1:32 am

Me encogí de hombros, había venido porque mis papás me habían dejado sola en casa con Georgie, y eso era muy aburrido, no quería hacer de diana para su puntería con la varita, que no siempre se me daba bien defenderme de sus hechizos, porque él siendo mayor se sabía muchos, y yo apenas conocía los de segundo.

- Me dejaron con Georgie, mi hermano mayor, el asqueroso está en Slytherin, estaba, este próximo curso mis padres quieren que estudie en la Universidad. Me vine en el expreso mágico desde Alemania ayer por la mañana, peo el viaje es largo, y llegué esta mañana -el trayecto había sido más largo que desde King`s Cross hasta Hogsmade, pero en el tren lo pasaba mejor, porque me acompañaban mis amigos, Danny, Rhea, Dorcas, Mary, Adae- ¿Por que no hay escarabajos egipcios aquí? ¿Y donde hay? Necesito devolvérselos al señor Cosmas. No se los robé -negué con la cabeza convencida de ello- sólo se los cogí prestados porque se me olvidó ir a recogerlos, y me colé en su clase para ver si él tenía.

¿Los muggles no conocían Egipto o no conocían los escarabajos egipcios? Ladeé la cabeza, porque Alemania sí la conocían, y Londres, pero...¿Qué eran muggles? -¿Qué son muggles, James? -ya estaba contenta, había dicho que me enseñaría a volar, por lo que di saltos más grandes. Seguro que Hufflepuff se llevaba la copa de Quidditch este año. Pero hablaba a su mismo tono de voz, ¿Por que tanto misterio?- ¿Te refieres a la gente no mágica?

Mis padres odiaban a la gente no mágica, por eso no me dejaban salir, pero yo me escapaba siempre que podía. Fuera de casa siempre había aventuras que recorrer. No sabía donde vivía Adae, sino hubiera ido a buscarlo.

Una voz me hizo dar un salto y casi le salto al cuello a James, pero sólo di un pasito al final hacia él, sin siquiera tocarlo y me giré para ver quien había hecho que mi corazón hubiera querido escaparse por la boca.

- ¿Usted está aquí por la señora del callejón? -estiré la mano para ver lo que le estaba enseñando a James, yo también quería verlo- Íbamos ahora a verla, ¿A que sí James? No estoy herida -que los mayores veían sangre y se asustaban en seguida, como Lily en Junio cuando se escaparon los Duendecillos, ¡Y yo no los había soltado, la jaula estaba vacía cuando llegué al aula de Defensa!- es de la señora, me prestó unas cuantas monedas para ir a la tienda para buscar los Escarabajos Azules para devolvérselos al señor Cosmas. No se los robé.
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Invitado el Jue Sep 08, 2016 3:53 pm

Su cara debía reflejar a la perfección la estupefacción que estaba experimentando en aquel momento. Si le hubieran dicho hacía un rato que se toparía con una niña como Ziva no se lo habría creído. La muchachita hablaba como si coger totalmente sola un tren desde Alemania hasta Londres fuera de lo más normal. Pero eso no era todo, ¿y su hermano? Si sus padres la habían dejado con él... ¿dónde estaba? o peor... ¿significaba eso que ellos no sabían que estaba ahí?  Se revolvió el pelo nervioso ante la situación. No solo la niña viajaba sola sin avisar (aparentemente) sino que además vagaba sola por el mundo muggle preguntando por escarabajos...

—A ver...—suspiró, tratando de aclarar sus ideas. —¿Tus padres no saben que estás aquí? ¿Y George?—preguntó, era cierto que sabía de la existencia de familias raras... pero aquello... bueno, no era muy normal. —Los muggles no venden ni compran escarabajos, Ziva, para eso hay que ir al callejón Diagón—explicó —Te acompañaré para que puedas comprarlos ¿vale?—No podía dejarla sola, tendría que hacer algo, pero mientras la ayudaría a comprar lo que necesitaba. —Sí, los muggles son la gente no mágica—contestó algo anonadado, ¿ni siquiera conocía esa palabra? ¿Qué clase de educación le habían dado?

Levantó la mirada de la niña un instante y fue entonces que se percató de algo extraño estaba pasado. Al parecer la gente había desaparecido de las calles, unos hombres que identificó como policía estaban por la zona, no sabía qué estaban haciendo, pero intuyó que debía ser por la mujer del callejón que había dicho Ziva. Lo mejor sería salir de ahí cuanto antes, pero antes de poder decirlo en voz alta una mujer se había acercado a ellos y se presentaba como inspectora de homicidios.

—Ahm...—miró la identificación y luego a la mujer y a Ziva y suspiró, aquello ya no tenía salida.—Soy James Potter...y esta es Ziva—dijo y deseó que la niña supiera cerrar la boca en los momentos oportunos, alguien debería enseñarle a no habar con tanta ligereza. —Y no, no íbamos a verla, Ziva—contestó mirando a la niña con una leve sonrisa, cuanto más apartados de un cadáver mejor.

—Disculpe inspectora... ¿podría decirme qué ha pasado?—cuestionó intentando no parecer demasiado... curioso, aunque su curiosidad residía en las palabras dichas por la pequeña Ziva.  Si antes la situación ya era rara ahora... bueno, casi que deseaba no haber salido de su casa aquella mañana. Casi. casi... porque no podía negar que aquello tenía pinta de mini-aventura, aunque fuera con una niña bruja que no sabía lo que era un cadáver y una inspectora con cara de mala leche.
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Invitado el Jue Sep 08, 2016 7:25 pm

James Potter, justamente el chico del que me había preocupado como ahijado en la Orden. ¿Por que terminaba siempre con los casos más difíciles? Menuda cara de panolis se gastaba el chaval, debía empezar a guiarme por otras cosas, porque así no íbamos a llegar muy lejos.

Un criajo más al que tendría que entrenar, y ni siquiera era aún universitario, al ver que la niña lo trataba bastante amigable, de tú a tú, por lo que estaba en Hogwarts. Potter, Potter... mis neuronas comenzaron a discurrir, intentando colocarlo en algún lado, trazando líneas de pensamiento en cómo podría ser, y tras escuchar las palabras de ambos críos tomé una decisión. Si quería entrar a formar parte de la Orden debía endurecer su estómago, porque cuando se viera sumergido ne medio de un ataque mortífago, no iba a ver caer pétalos de flores a su alrededor, no valía que dijera, "Tiempo muerto", podía ver a sus compañeros caer al lado, y tendría que hacer de tripas corazón para poder cumplir las misiones que se le hubieran encargado, y formarlo de aquella manera era mi misión, mi misión y mi responsabilidad. Ahora, que a la primera que viera que flaqueaba, me lo quitaba de en medio, no estaba para perder el tiempo con nadie, y había muchos aspirantes a los cuáles brindarles mi tiempo. Algo escaso, la verdad.

- Entrégenme sus varitas y acompáñenme, por favor- debía comprobar que aquellas varitas no hubieran lanzado el hechizo que terminó con la vida de la mujer o cualquier otro de los squibs, traidores había por doquier, y Potter era sangre pura. No sabía cómo había sido criado. Sin embargo, por lo que había dicho la niña, sí sabía cómo había sido criada, en la más absoluta separación de la realidad, eso si se podía llamar crianza a lo que hacían los sangre limpia con sus hijos, casas en donde el amor carecía de sentido. Ausente en la mayoría de casos, muestra odio y aprenderán a odiar, siembra amor y recogerás mínimo cariño.

Estiré la mano hacia ambos infantes colocando el hechizo repelente de muggles con un rápido movimiento de varita, sacada de la cinturilla y colocándola de nuevo en el mismo lugar. Mi varita iba variando de posición, así era más difícil que me la quitara algún graciosillo. Por si quedaba alguno entre la gente, estaría muy mal visto que un auror de mi categoría se saltara el Estatuto del Secreto de la Magia.


Última edición por Eunice L. Lyall el Mar Sep 27, 2016 4:15 pm, editado 1 vez
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Invitado el Vie Sep 09, 2016 6:54 pm

Me encogí de hombros, no sabía si mis padres se habían enterado que me había marchado de casa, total sólo hacía dos días, ellos solían estar más tiempo fuera de la misma. Y a Georgie le importaba un pimiento dónde estuviera, siempre y cuando no lo metiera en un lío- Ah, pues por eso el tendero me miraba tan raro, pero Matt me ayudó -asentí con la cabeza, ahora lo entendía. ¿Como iba yo a saber donde vendían escarabajos egipcios? Nunca había tenido que comprar, así que me vine a Londres porque aquí había de todo, y todos eran magos- Pero... -miré a James sin entender porqué decía que no íbamos a ir, si había dicho que me acompañaría a ver a la señora del callejón para ver si quería jugar con nosotros.

Estaba igual que los invitados de papá y mamá, después de pasarles las varitas, llenos de sangre, pero al cabo de unos días, se volvían a levantar y hacían caso de todo. No sabía cuanto tiempo llevaba la señora así, pero igual ya llevaba varios días y podía venir a jugar con nosotros.

La señora de los homicidios sonrió y le entregué mi varita, viendo como pasaba la suya por encima y se la quedaba- ¿Me la devolverá luego? ¿Donde vamos? -daba igual, el caso es que nos íbamos a mover, ya llevábamos demasiado rato parados.

Necesitaba la varita para poder volver a Hogwarts, sino el señor Cosmas seguro se volvía a enfadar conmigo esta vez por no llevar varita. En Defensa se necesitaba la varita.
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Invitado el Dom Sep 11, 2016 11:25 am

Era evidente que a Ziva no le habían explicado muchas cosas del mundo muggle, o ninguna, a juzgar por todo lo le había dicho. No entendía cómo una niña como ella había ido a parar al Londres más muggle que hay, normal que el tendero la hubiese mirado raro, seguro que había pensado que la niña estaba loca o le estaba jugando una broma de mal gusto.

Suspiró. De nuevo salía el tal Matt en la conversación, pero él no veía a nadie por ahí. Volvió a levantar la cabeza por si acaso pero no vio a nadie. Excepto a los policías y a la inspectora que se había parado justo delante de ellos. Frunció ligeramente el ceño ante aquella orden directa. No tenía ni una pizca de ganas de darle su varita pero ¿qué otra opción tenía?  

Se llevó la mano al bolsillo del pantalón y se la tendió tras mirarla unos segundos, como despidiéndose de su amada compañera. —Aquí tiene—habló, tendiéndosela—Espero que me la devuelva pronto, me siento algo... desnudo sin ella— dijo medio en broma, medio, porque algo de verdad sí que había en esas palabras, se sentía mucho más seguro sabiendo que tenía su varita, no se había separado de ella desde que la compró y la sensación de verse despojado de ella era... bueno, no era precisamente agradable.

Se preguntó si acaso la inspectora sospechaba que ellos habían podido ser responsables de lo que fuera que había pasado y en menos de dos segundos la respuesta llegó a su mente con un rotundo SÍ que resonó con eco.—Mire...no sé lo que  ha pasado, pero nosotros no hemos hecho nada malo— Habló por ambos porque le parecía evidente que la pequeña Ziva no podía haber hecho nada malo, ¡si ni siquiera sabía lo que era un cadáver! y él, obviamente, no iba por ahí matando gente y menos aún matando gente y quedándose cerca para que le pillasen... habría que ser tonto para hacer algo así.

—Disculpe... ¿no va a contestar a mi pregunta?—por supuesto no le había pasado desapercibido que había ignorado su pregunta, pero él quería saber qué estaba pasando. Qué menos ya que se había visto en medio de todo aquel lío sin quererlo ni buscarlo.
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Invitado el Dom Sep 11, 2016 11:24 pm

Tomé ambas varitas y comencé a andar, sin ellas los magos no se sentían bien, desnudos había dicho Potter, lo que me hizo sacar una amplia sonrisa.

Los guié entre las callejuelas hasta una de las entradas secretas del Ministerio- En su momento conocerás todas las respuestas, James -el nombre lo tenía para algo, en cuanto los padres recogieran a la niña podría hablar con él sin tapujos.

Tras haberla podido encasillar en un lado, había recordado la fotografía que había llegado del Ministerio alemán, y aunque me diera lástima tener que entregar una niña tan pequeña a unos desalmados padres, era mi deber como auror, una niña debía estar con su familia, ellos eran responsables de sus actos hasta que alcanzara la mayoría de edad.

Por supuesto ninguna de las dos varitas había dado muerte a aquella squib, pero no iba a llevar a una niña conmigo ante un cadáver, imagen que la podía traumatizar de por vida, eso sino lo había contemplado ya con esos pequeños ojos, algo que me hacía comprender que tal vez los VonBranberg no eran trigo limpio y habría que investigarlos, llevarles un seguimiento no fueran mortífagos.

Los niños podían contarte lo que quisieran, darte una cantidad de pistas ingentes, en sus ojos no se reflejaba la maldad, salvo en determinados casos, no estaban tan influenciado por lo correcto a hacer, por las normas de una sociedad decadente. Sus acciones no se demarcaban por esto es correcto esto es incorrecto, sino esto ha ocurrido así o no. El te voy a ayudar de un niño, era un tema peliagudo, terminaban liándolo todo más que echarte una mano.

Marqué las siglas del MMI para que la cabina bajase hasta el atrio del Ministerio, le entregué a Geoffrey las varitas de los tres y los guié en completo silencio hasta mi despacho, dejándolos en el interior para salir y dar el aviso de que Ziva VonBranberg había aparecido.

Volví a entrar a mi despacho y dirigí la mirada hacia James Potter, entregándole su varita- Espérame aquí, por favor, regreso en un minuto -tomé a la niña de la mano y la saqué fuera, sus padres llegarían en nada a por ella- Quédate aquí con Rosita, vienen a recogerte, y sino te quieres ver metida en líos mejor no salgas de casa sola -le revolví el pelo y dejé su varita en la mesa de la asistente de Asuntos Sociales. Si teníamos suerte aquella niña volvería a desobedecer y terminaría separada de su familia en un centro de menores, que siempre sería mucho mejor que estar con unos padres que no atendían correctamente a sus hijos.

Entré de nuevo en el despacho, cerré la puerta y tomé asiento al otro lado de la mesa de oficinas, acercándole un caramelo a Potter por si le apetecía- Este curso comienza séptimo, es hijo de Dorea Black y Henry Potter, está en la Casa de Gryffindor y he tenido una conversación con Albus Dumbledore. ¿Qué es lo que pretende aprender de mí? ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar? Le advierto que no soy la niñera de nadie, y salvo que me importe la persona y le tenga aprecio, no doy segundas oportunidades.- Apunté con la varita hacia todas las paredes del Despacho para insonorizar la habitación antes de que él hablara, pues no podía fiarme de todas las personas que trabajaban en el Departamento de aurores, ni de la mitad de los que trabajaban en el Ministerio. Las personas en las que depositaba mi confianza eran muy pocas, la vida te enseñaba a cualquier edad de una manera muy drástica, dejándote el cuerpo totalmente baldado, y algunas veces ni siquiera podías saber de dónde habían llovido los golpes. Pero ahora estábamos en un lugar muy seguro, y en el cuál nadie entraría para molestar.

James Potter era uno de los jóvenes más prometedores entre los aspirantes de la Orden del Fénix y al ver que no tenía padrino había decidido intentarlo, pero no pensaba perder el tiempo sino me demostraba de qué madera estaba hecho.
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