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I put a spell on you [Apolo Masbecth]

Invitado el Lun Jul 25, 2016 11:27 pm


La hora a la que coincidían todos los finales de jornada en el Ministerio solía ser una hora cargada de alegría contenida y cansancio en la que todos los funcionarios mágicos empezaban a ver el llegar a sus casas como una meta no del todo imposible. Pero esos sentimientos eran para la mayoría de los funcionarios. Aquellos que tenían una familia y eran respetables. Para mi, solo era el principio de la noche y el comienzo de mi tiempo libre, un tiempo que cada vez anhelaba más y más tener, sobre todo en los días aburridos en los que me tenían todo el día rodeado de papeleo.

Tenía la costumbre de dedicar mi tiempo libre a mi mismo o a la fémina de turno que quisiese complacerme. En los últimos tiempos esa fémina solía ser Stella pero no pensaba permitir que pensase que tenía necesidad de ella, así que de vez en cuando una joven repipí y facilona me servía a la perfección para saciar mis necesidades y matar mi tiempo. Sin embargo, esa noche iba a ser diferente. Mi tiempo tras la jornada iba a ser para Apolo, uno de los pocos que podía considerar amigos cercanos. Pasar mi tiempo con él me resultaba productivo y agradable. Era un hombre interesante que sabía lo bastante de mi, y yo de él, para que se hubiese ganado mi respeto, lo que no podía decir casi nadie más.

Había quedado con él en un restaurante que no era demasiado mi estilo pero al que me adaptaría como a tantas otras cosas. Llegué al lugar cinco minutos antes de lo acordado con Apolo. Había bastante gente allí y se notaba que era un sitio para gente con dinero. El color blanco, el oro y el cristal parecían ser el tema de aquel lugar y a nadie parecía importarle eso. Yo, personalmente, tenía ganas de manchar aquellas inmaculadas paredes. Unas ganas que se incrementaban a cada paso que me adentraba en el local.

Encontré un camarero cuya única función parecía ser la de recibir y guiar a la gente y le pedí mesa para dos, aclarando que mi acompañante aun no había llegado. Me llevó hasta una mesa en una de las esquinas donde convergían dos de las paredes de cristal del restaurante que daban a un jardín digno de una película romántica muggle. Me senté en una de aquellas blancas sillas y sonreí cordialmente al hombre que me había guiado hasta allí. Cuando se hubo ido me encontré con la libertar suficiente para quitarme la americana, apoyarla en la silla y levantar una ceja, despectivo ante el ambiente en el que me encontraba. Era curioso que a pesar de estar acostumbrado a lugares como aquel, pues los frecuentaba la clase alta, me sacasen tanto de mis casillas.

Esperaba que Apolo no tardase.
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Apolo Masbecth el Lun Ago 01, 2016 7:41 am

Las vacaciones de verano son algo que el rubio nunca había ansiado tanto desde su época estudiantil pues significaban libertad durante tres meses en los que no preocuparse por tareas escolares, levantarse temprano y estar bien presentable era lo mejor para el rubio, claro que eso cambió cuando ingresó al mundo laboral, lo único que lo hacía levantarse por las mañanas de verano era saber que estaba haciendo un trabajo que le apasiona. Ahora las ganas del verano habían tomado otro significado para él, tiene un hijo y es la temporada de vacaciones para el pequeño en que puede verlo mayor tiempo y convivir para forjar una mejor relación que les hace falta.


Las primeras semanas transcurrieron bien pero Ícaro le pidió irse una semana con un amigo de la escuela al campo con la familia del otro niño, no se negó, después de todo él hacía lo mismo y aunque quisiera tenerlo para él más tiempo, aprovechó para volver al trabajo y pedir la siguiente semana libre. Al terminar el trabajo regresaba a casa, se sentaba en la sala de su nuevo hogar, vacío y demasiado grande para él solo. Pensó en sus amigos y en cómo deberían estar fuera divirtiéndose que él también podría hacerlo. Fue entonces cuando vino a su mente Jason, su nuevo amigo mortífago, era difícil tener amigos en las filas del señor tenebroso, sobretodo los cuales en quien confiar, a excepción de él y Abi no tenía a nadie más tan cercano en esa organización.


Se escribieron y se pusieron de acuerdo para verse, llevaban meses sin hacerlo, así que ver un rostro familiar  ¡y que rostro! le emocionaba. Eligió un restaurante de acuerdo a recomendaciones de sus conocidos, concretamente de los amigos de sus padres, juraban que era el sitio de moda y perfecto para una conversación entre dos enamorados. Aun cuando Apolo les recalcó que aquello no era el caso. Llegada la noche se dio una ducha con agua fría y se colocó encima unos pantalones de vestir gris Oxford, unos zapatos del mismo color, camisa azul y una chaqueta americana color azul marino. Salió de la casa y en un par de minutos después ya estaba frente al restaurante elegido.


Mirando la hora de su reloj mágico cuyas manecillas eran las garras de un dragón le indicaba que estaba justo a tiempo en la hora exacta acordada. No hubo necesidad de hacer reservación esa noche, al parecer no había demasiada gente y pudo ver perfectamente a su amigo al rincón del restaurante. El encargado le guió hasta la mesa y al verlo su rostro esbozó una sonrisa.  - Mi querido Jason, ¿cómo te va? - le dio un abrazo efusivo y un beso en la mejilla izquierda para después sentarse en el asiento vacío.  - Me alegro de verte y que podamos platicar después de tanto tiempo, cuentame como te va - le dijo sin desaparecer aquella sonrisa, realmente le alegra que aceptara la invitación.
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Invitado el Mar Ago 16, 2016 11:19 pm

Mientras esperaba a Apolo intentaba no concentrarme en aquel lugar, porque a lo mínimo que lo hacía, me imaginaba a mi mismo rebanando cuellos. No sé que tenía aquel despilfarro de poder adquisitivo que me daba ganas de matar sangrientamente. En mi sincera opinión, aquel repipí lugar estaría mucho más elegante con algunas manchas de sangre fresca y roja en las paredes. Algo parecido a una escena sacada de American Psycho.

Por suerte para todos los allí presentes, Apolo era una persona muy puntual que no se hizo esperar ni un segundo más de lo debido. El mismo camarero que me había indicado a mi dónde sentarme lo guió a él hasta mi mesa y como buen camarero que soy, me puse de pie para dar la bienvenida a mi amigo. Correspondí a su abrazo y me dejé besar en la mejilla a pesar de lo poco aficionado que soy al contacto físico con los demás salvo en situaciones sexuales. Apolo no era como yo en ese sentido, claramente.- Apolo, siempre es un placer verte- dije con una sonrisa natural y mirándole a los ojos, como solía hacer con toda aquella persona con la que interactuaba.

Nos sentamos de nuevo y asentí con la cabeza a sus palabras sobre que hacía mucho tiempo que no nos veíamos aunque a la hora de contarle como me iba todo no tenía demasiado claro que decir.- Todo va bien- concluí finalmente- El trabajo más aburrido que nunca, las mujeres tan sosas como siempre y las drogas cada día más raras. Uno ya no sabe donde meterse- dije con una sonrisa a modo broma- Pedimos una botella de vino y la carta?- ofrecí siendo igual de caballeroso con el que con una mujer, de haber sido el caso.

Levanté la mano y un camarero vino rápidamente hacia nosotros- Podría traernos una botella de su mejor vino y un par de menús? Gracias- dije con una sonrisa encantadora a aquel hombre asquerosamente esmoquinado. En cuanto se dio la vuelta, mi expresión cambió a la suspicacia.- Puedo preguntarte por qué escogiste este lugar?- pregunte con una expresión calmada buscando ser educado.- No parece el típico sitio donde tú y yo no desentonamos- dije con una pequeña sonrisa y un guiño buscando ser agradable. No sabía por qué lo había escogido, sabía que no me gustaba, pero no estaba seguro de confensarle mis ansias homicidas a un amigo como Apolo después de tanto tiempo sin verle.

- Cómo va tu vida, Apolo?- pregunté clavándole mis azules ojos en los suyos. Yo no había sido muy concreto con mis noticias, pero esperaba que el lo fuera un poco más, o que al menos tuviese más novedades propias que contar.- Alguna novedad?- pregunté en el mismo tono.
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Apolo Masbecth el Miér Ago 17, 2016 3:35 pm

¿Por qué escogió ese lugar? Esa es una muy buena pregunta, se dijo a sí mismo que era por el boca en boca y como todo mundo hablaba del nuevo sitio elegante, pero también su amigo tenía razón, no solían encontrarse en sitios como esos y sin embargo ahí estaban, sentados en un lugar donde la mayoría iba vestido de una manera muy formal, algunos hasta con traje y corbata, ejecutivos, mezcla de magos y muggles aunque estos últimos no lo supieran.  - La gente habla y se dice que la comida aquí está para morirse, lo cual consideró es un término muy vago, y claro, esperando ver si alguien muere por probar el filete mignon, eso sería entretenido de ver, ¿no lo crees? - bromeando, sostuvo el menú para ver lo que había en el.


No pudo evitar poner una cara siniestra al escuchar sobre su vida, buscando resistir el impulso de hacer un comentario al respecto pero al final sus ganas pudieron mas  - Quizá deberías probar con los hombres, por salir de la rutina, me pongo al principio de la lista, si eso - le guiño un ojo y volvió a ver la carta mientras escondía el rostro en esta mordiendo su labio por la sola idea, antes ya había pasado un encuentro que fue abruptamente interrumpido por el mismo, pero no era eso de lo que venían a hablar. Cuando por fin eligió algo bajó el papel sobre la mesa e hizo una seña al camarero para que se acercase.  - Quiero un pastel de carne, con verduras salteadas y pure de patata - ordenó y mientras esperaba que su amigo hiciese lo mismo recorrió el restaurante con la mirada, observando que todos parecían ser gente estirada a pesar de ser entre semana se veía concurrido.


- Pues veamos, en el amor voy mal, salía con un chico que al final me dejó plantado y se largó a su país, así que por ahora soltero - miró al camarero y le guiñó un ojo, es apuesto, este se puso rojo de pena y se retiró a la cocina tras anotar las órdenes.  - Había estado deprimido estos últimos días pero ya lo superé, tengo que admitir que tengo una maldición o algo así, pero ¡ey! encontrar a alguien no lo es todo en la vida ¿verdad? - dijo convenciendose a sí mismo de ello.  - Estas vacaciones tuve oportunidad de pasarlas con Ícaro, mi hijo, y nos unió más, lo necesitábamos, eso de no habernos conocido hasta el año pasado fue un cambio muy drástico en nuestras vidas, pero vamos progresando, se siente raro decir que tengo un hijo, pero a la vez es emocionante - se sintió en total libertad para contarle sobre su vida amorosa y sobre su nueva y descubierta paternidad porque lo considera ahora un amigo, es lo que habría hecho con cualquiera de ellos.


- En el trabajo me va muy bien, de hecho me han promovido, ahora estoy a cargo de un campamento en Noruega, más responsabilidades, consume un poco de tiempo extra pero mejor paga, así que no todo es malo - menciona orgulloso de ello - ¡Oh sí! y me he comprado una casa a las afueras, cerca de un bosque, eres bienvenido cuando quieras si andas por el vecindario o si quieres pasar a visita, mi casa es su casa - comentó sonriendo y entonces apareció el camarero con una botella de vino y sirvió en ambas copas - un brindis, porque esta sea una noche divertida - alzó la copa para brindar con su amigo.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Sáb Sep 10, 2016 1:45 pm

-No me lo había planteado así…-confesé con una sonrisa traviesa ante la perspectiva de que alguien matase a otro por un filete. Todos eran gente demasiado estirada para eso, pero imaginarlo era entretenido- Igual es que envenenan la comida y por eso la gente se muere por comer aquí. Ahora mismo estaríamos casi jugando a la ruleta rusa- dije casi con un deje emocionado en los ojos después de haber aguantado tanto las ganas de matar hasta que él llegó.

Sonreí a su indecente y nada disimulada proposición, sintiéndome halagado pero sin hacer comentarios al respecto. Él ya sabía que mi debilidad por las mujeres era demasiado fuerte como para cumplir sus fantasías, por muy halagadoras que me resultasen. La carta resultó útil en ese momento para que ambos nos escondiesemos un poco detrás de ellas, dejando todo el tema atrás. - Yo tomaré la langosta, gracias- dije al camarero después de Apolo ya había pedido. Para desviar el tema y no tener que retomar el anterior pregunté por novedades en la vida de Apolo y, para mi sorpresa y deleite, él tenía muchísimas más que yo.

-Ir de flor en flor es más divertido- dije con ya mi conocida sonrisa traviesa a su infortunio en el amor. Yo no era la mejor persona dando consejos y en temas de amor mucho menos. Poco más se podía obtener de mí que un simple y anodino “Vaya” en estos temas, pero había tenido la inspiración suficiente para expresar una frase más elaborada. A pesar de todo, fue su explicación sobre su hijo Ícaro lo que me dejó sin habla. Por suerte no estaba bebiendo ni comiendo todavía, pues se me habría atragantado.

-Eres padre?- dije sorprendido y casi de una manera atropellada. Ser padre no entraba en mis planes futuros. Jamás había querido progenie y cada vez que alguien comentaba algo al respecto me entraba una especie de sudores fríos que me esforzaba por disimular. Los críos no eran para mi, y las recientes noticias en la vida de mi amante no me alejaban precisamente de ese camino, aunque tampoco me encaminaban hacia él. Casi prefería no pensar en ello y seguir fantaseando con asesinar a casi todos los allí presentes y pintar con su sangre las paredes.

El tema continuó y en el trabajo parecía que le iba bien. Sonreí con la felicitación implícita que eso conllevaba por su ascenso y elevé ligeramente las cejas, manteniendo la sonrisa cuando me comentó lo de su nueva casa en las afueras. A medida que hablaba, me parecía más y más un adulto respetable con un hijo al que mantener, y aunque era mi amigo, todo lo que me estaba pintando de su vida me daba pánico y ganas de desaparecer para irme bien lejos de todo aquello.

Cuando el camarero llegó con la botella de vino y llenó las copas, Apolo propuso un brindis al que yo no me negué, por supuesto.- Por una noche divertida- dije justo antes de que nuestras copas chocasen con un agudísimo “chin!”.- Parece que tienes la vida muy encaminada, sin embargo. Significa eso el fin de nuestras salidas?- pregunté alzando una ceja y con una sonrisa que enmascaraba lo que verdaderamente pensaba de tener la vida tan atada.

Le di un sorbo al vino, que estaba delicioso, cosa que ya esperaba pues si el sitio era irritante al menos debía tener buen alcohol.- Reconozco que el dueño de este lugar ha sabido compensar su mal gusto decorando con un excelente vino. Aun así, confieso que este lugar me da ciertas ganas de matar. -dije en un susurro.- Podría ser ese un plan para más tarde?- pregunté en un tono que sugería que estaba haciendo una broma, por si alguien nos oía, aunque no era así para nada. Era una proposición completamente en serio.

Me quedé en silencio unos segundos. Silencio que cubrí dando otro sorbo a la copa de vino. Mi salud mental se retaba a sí misma buscando preguntas que no me resultasen vomitivas o típicas como...que tal la relación padre/hijo? por qué aquel cabrón te dejó? Aquella situación estaba comenzando a enervarme.

-No sé cómo puedes hacerlo- Terminé confesando- Tener un hijo...una casa...Me intriga saber quién fue esa mujer, por cierto, pero...suena todo de lo más...aburrido- dije con una sonrisa a modo de disculpa- No te has casado también y completaste el pack vida feliz?- pregunté con cierto sarcasmo.

No pretendía ofenderle, solo estaba siendo sincero a la par que irónico, pero todo lo que él tenía en ese momento a mi me aterraba.
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Apolo Masbecth el Miér Sep 14, 2016 2:22 pm

El rubio ya extrañaba sus encuentros con aquel moreno, tanto que en cuanto lo vio su rostro como respuesta automatizada elaboró una sonrisa muy grande y no dudó en hacerle saber las opciones que tenía por si un día se anima, pero también quiso contarle de su vida y en cuanto vio una oportunidad perfecta lo hizo. La verdad es que tampoco él creyó que algún día tendría un hijo, ni por la mente le pasaba todo eso, se trataba de una locura, como chico homosexual estar con una mujer le parecía aterrador y sin embargo lo hizo, cosa que le hizo reír en esos momentos y tuvo que esperar un minuto antes de contar la historia.


Tomó la copa y le dio un sorbo, el sabor de aquel vino sin duda es exquisito y asintió cuando fue halagado por eso porque estaba de acuerdo. - No puedo creer que no te lo haya dicho, perdona. Bueno, si, se que todo esto es un tema aburrido para ti, que eres un mujeriego que no le interesa más qué sí mismo y hablar de ser un padre de familia aterra, creeme, lo sé, yo era igual, y digo era porque no me ha quedado de otra más que aceptarlo - dijo ahora sí un poco más serio. - Bueno, te jodes y me escuchas. En cuarto año de Hogwarts experimenté con una chica francesa que estudiaba en Londres porque sus padres se mudaron, nos hicimos amigos, los dos Slytherin, y bueno, nos encerramos en el armario de escobas y lo hicimos, ambos éramos muy torpes, nuestra primera vez y con una mujer, ¿quien lo diría? Sobre todo que la primera y resultó embarazada, por supuesto yo no lo supe, se lo contó a sus padres y se la llevaron a Francia, yo no supe más de ella, creyendo que se había ido por otra cosa y no eso - la historia ya la había contado muchas veces pero al parecer no a Jason, no le molestaba hacerlo, aunque al otro quizá sí escucharla.


- Pasaron los años, yo nunca quise tener hijos, los niños no son para mí, no tengo tiempo para ellos y no, no me gustan, es la verdad. Pero el año pasado recibí la llamada de servicios sociales, me presentaron a un niño de diez años, se parece bastante a mi por lo que fue una impresión muy fuerte. Sus abuelos habían muerto y en su testamento estaba que el niño se quedará con su padre. Ya que la madre murió unos años antes que ellos, lo sé, una historia trágica para un pobre niño. - Exhaló, dándose un tiempo antes de continuar, revivir esos momentos era extraño, como si lo estuviera viviendo de nuevo. - Tuve que aceptar, si realmente era mi hijo necesitaba ser responsable y hacerme cargo de él, a mis padres les encantó ser abuelos, el niño ya no tenía familia materna, así que estaba solo. Al principio nos odiamos, y no dudamos en hacérnoslo saber el uno al otro, fue muy difícil poder formar una relación padre e hijo, imagínatelo, es aterrador y lo sigue siendo, Jason, bastante, pero es lo que hay. La diferencia es que ahora ya hemos encontrado un punto neutral y nos va mejor, de hecho es bastante aterrador que se parezca tanto a mi y en sus gustos, ya tiene once años y va en Ravenclaw - comenta un poco orgulloso pero eso sería lo último que hablaría de él porque a su amigo estaba seguro no le interesaba hablar de niños.


Para cambiar de tema, miró hacia todos lados y luego a su amigo. - Lo bueno de que vaya en una escuela como Hogwarts es que tengo demasiado tiempo libre, así que no, señor, nuestras salidas podrán seguir siendo, soy padre pero no estoy incapacitado,sigo siendo yo, un poco más maduro, con casa propia, pero igual sigo sabiendo cómo divertirme y claro que podemos revolcarnos desnudos en la sangre de alguno de estos comensales, será divertido y excitante - se tuvo que arrimar muy cerca del rostro ajeno para susurrar aquello y que los demás comensales no pudieran escuchar porque de hacerlo le tacharían de un psicópata y probablemente tengan razón, pero nada como a su amigo, quien le gana con creces en ese aspecto.


- En fin, no volveré a hablar del tema que se lo que opinas del asunto, y lo entiendo. Tampoco es como si te pidiera ser el padrino, ya está grande para eso - dice sonriendo y entonces el camarero aparece con la comida de ambos, el aroma es exquisito y ya quiere probarla. - Puedes probar un poco del mio si quieres, buen provecho - dice estas últimas dos palabras en una lengua foránea.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Jue Sep 29, 2016 10:00 pm

La historia de Apolo llegaba a mis oídos a medida que él la iba contando y a pesar de todo a algo en mi cerebro le costaba asimilar que esa historia fuese la suya. Mi imaginación no era capaz de verlo cuidando de un niño y menos engendrado por él, con una mujer, de manera natural y por voluntad propia. Sin duda, la vida de aquel chaval no había sido la más feliz del mundo pero eso no era algo que me preocupase demasiado. A medida que la historia avanzaba mi sarcástica ceja subía y bajaba y me sorprendía más o menos en lo referente a lo que él me decía. Escuché en silencio todo el rato y su discurso terminó con la afirmación de que nuestras pequeñas juergas conjuntas no acabarían. Al menos no durante el curso escolar. Torcí una sonrisa ante sus palabras de desnudos y sangre y algo más relajado le contesté.- Siempre pensando en desnudarme- dije en tono de broma.

Lo cierto es que Apolo me había clavado bastante a la hora de describir mi personalidad. Yo me caracterizaba, de cara al público por ser un egocéntrico y un fiestero que solo buscaba el placer para sí mismo y la emoción de la vida. Pero esa solo era una de mis facetas. Nunca había querido tener familia porque ya sufría bastante por la que ya había tenido y perdido. Y porque los niños me parecen más peligrosos que algunas magias antiguas. Son pequeñas armas de destrucción masiva.

-No lo digas así. Me gusta saber de ti...Pero es que soy alérgico a las familias felices. Ya lo sabes- dije con una sonrisa y un guiño buscando liberar un poco de la incomodidad que aún me quedaba- Si va a Ravenclaw será un chico listo. Es la mejor casa…-dije con la intención de picar a Apolo y desviar el tema. Yo había ido a Ravenclaw pero eso de la competición entre casas siempre me había parecido una niñería. Yo quería ser el mejor, pero el mejor de todos, no solo de mi casa, y había conocido a gente mucho más interesante de Slytherin, o Gryffindor que de mi propia casa. Las águilas en general son extraordinariamente aburridas en sus años de estudio.

Nuestra comida no se hizo esperar demasiado y en cuanto la tuvimos delante comenzó el banquete. Otro punto a favor del sitio era la comida. Tanto la cantidad como el olor. La prueba de fuego era el sabor y como fuera bueno sería una pena que aquel sitio fuese tan blanco y puro si tenía otras cosas tan buenas. Apolo me ofreció de lo suyo y yo sonreí con una ligera negación de la cabeza- Lo mismo digo- dije en cambio. Empecé a comer y efectivamente comprobé que lo único malo de aquel sitio era la gente y la decoración. Por desgracia, eso ya era lo bastante malo como para empañar lo demás para mi, que seguía fantaseando con una masacre entre aquellas blanquísimas paredes y sobre aquellas doradas sillas.

-De acuerdo, le concedo al sitio el buen vino y la exquisita comida- dije tras probar un bocado de mi langosta- Pero me temo que más tarde tendré que arrastrarte a un lugar y un entretenimiento algo más de mi estilo. No aceptaré un no por respuesta- dije tajante pero con un guiño. No tenía muy claro aun lo que quería hacer pero ya lo iría viendo sobre la marcha.

La cena transcurrió tranquila, y, como dos buenos caballeros, no hablamos demasiado mientras comíamos pero lo cierto es que comimos bastante rápido. Yo decidí pasar del postre y, en un momento que me ausenté para ir al aseo, pagué la cuenta antes de que Apolo pudiese reaccionar al respecto. Cuando volví a donde estaba mi amigo, me limité a coger mi americana y preguntar- Vamos?- con una sonrisa encantadora.
Salimos del local y la noche parecía agradable aunque la llegada del otoño ya se iba haciendo patente. A un par de calles de distancia del restaurante, una voz masculina nos habló. No entendí lo que dijo, pero cuando me giré un chico joven con un gorro de lana encasquetado casi hasta la boca nos amenazaba con una pistola de bajo calibre.

Miré a Apolo y sonreí sin decir palabra mientras mi mano iba lentamente hacia mi varita como quien busca la cartera.
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Apolo Masbecth el Mar Oct 04, 2016 2:56 am

Unas buenas risas es justo lo que el rubio necesita y qué mejor que con su querido amigo, otro que comparte sus ideales y la moralidad es un espectro que no existe para ellos y una total pérdida de tiempo. Sonríe al saberse descubierto, su amigo es muy guapo y tiene un físico tremendo así que no es de extrañarse que lo quiera ver sin ropa. - ¿Me puedes culpar acaso? Mirate - dice mientras da un bocado a su comida para no hablar más de la cuenta, ha sido directo y decir algo más ya saldría sobrando, además la cena era toda una delicia.


Si bien le emociona hablar de su hijo debe controlarse cuando está con personas a las que los niños no les agradan, siendo el caso de su amigo, lo entiende y por eso le causa gracia. - Lo dirás porque eras de ahí, pero las serpientes siempre hemos sido los mejores - sonríe, realmente ser de Slytherin ha sido símbolo de status, los Ravenclaw eran otra cosa, pero en su propia familia ha tenido solo tres personas que entraron en esa casa, sus dos hermanos y ahora su primogénito, las cosas estaban cambiando y eso le aterra un poco.


Como si se tratara de un niño pequeño, los ojos se le iluminaron al escuchar que se divertirían esa noche, no tiene idea de que pueda ser pero le emociona el solo pensar en ello. - Dificilmente obtendrás un no de mi parte - dice dando por terminada la aceptación y se dispone a seguir comiendo sin hablar durante los siguientes minutos pues aquel platillo requería de disfrutarse sin interrupciones.


Lo siguiete que supo es que ya se encontraban en la calle, concretamente en una donde no se veía a ningun alma caminando salvo una persona de apariencia extraña que no le tomó la importancia necesaria si no hasta que estuvo frente a los dos amenazandolos con un arma muggle. Aquello daba ternura, aunque en el fondo un poco de incertidumbre porque serán magos pero no inmortales y si el idiota intentaba presionar el gatillo podría tener consecuencias mortales. Sin embargo las varitas que ellos usan son igual o más peligrosas que un arma como esa. De hecho eran armas si se les veía por ese lado.


- ¿En serio? Oh, no por favor, no quiero morir aun, tengo esposa e hijos y muchas deudas como para dejarlos desamparados, le doy lo que usted quiera - dice fingiendo estar aterrado, podía ser buen actor si se lo propone y realmente lo estaba distrayendo para que su amigo tome cartas en el asunto que es el más interesado en esos momentos. - Te daré mi cartera, trae tarjetas de crédito y algunos billetes pero por favor no nos haga nada - dice retrocediendo un poco en la oscuridad de la calle y el hombre se acerca con la pistola apuntando en la sien del mago.


El mortifafo sonrió, sus dientes blancos se vislumbraron en las penumbras y con un hechizo no verval hizo que la pistola se convirtiera en una de juguete. Aprovechó la confusión del hombre al notar como su arma se volvía de hule y atacó rápido, logrando tumbarlo al suelo y entonces se hincó sobre el estómago del muggle ejerciendo presión y sosteniendo sus manos para inmovilizarlo. - ¿Que deberíamos hacer con este imbécil? - pregunta a su compañero pero sin desviar la mirada, no quería distraerse y que el ladrón escape.
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Invitado el Jue Oct 20, 2016 11:11 am

La noche y la charla estaban siendo tan agradables como cabría esperar para mi, aunque el tema de conversación distase mucho de ser de mis preferidos. Estar con Apolo siempre era agradable para mi, aunque eso incluyese que me hablase de su reciente paternidad en un sitio digno de ser el plató de un anuncio anodino de compresas. A pesar de todo, y aunque la calidad de los productos del sitio compensaba con mucho su apariencia repipi, la parte más interesante de la noche pareció dar comienzo cuando salimos de aquel restaurante.

En los tiempos que corren, incluso en el mundo muggle, me resulta hasta curioso que un atracador vaya a por dos hombres en plena calle a una hora no tan tardía. Con todas las oportunidades que el mundo le estaba dando para robar más y mejor, el pobre diablo del gorro embutido había escogido a dos hombres aleatorios saliendo de un restaurante. Reconozco que ni Apolo ni yo tenemos aspecto de ser pobres, pero aun así me parecía que había métodos más fáciles y eficientes de robar. Todo ello me llevaba a preguntarme por los motivos del chico para sus acciones. Lo movía la desesperación? La pereza? O simplemente la estupidez? En cualquier caso no era asunto nuestro descubrirlo y mientras mi amigo montaba una pantomima admirable para distraerlo, yo me llevaba las manos a los bolsillos, impasible, encargándome de tener a buen recaudo la varita.

Cuando el objetivo principal fue Apolo, logrando convertir su pistola en un juguete y tirándolo al suelo, yo me limité a atarlo para que mi amigo se pudiese levantar sin miedo.- Jugar- dije contestando a su pregunta con simpleza. Mi varita quedaba a la vista del atracador y ya estaba claro que había magia de por medio, sin embargo, el hombre no viviría lo suficiente para que lo juzgasen loco.- Hagamos esto más íntimo- dije y un con un hechizo embrujé la entrada del callejón para que nadie pudiese ver o escuchar lo que iba a pasar allí. Mi siguiente movimiento fue como un latigazo con la varita y un crucio silencioso atacó al hombre, cuyos gritos rompieron la noche aunque solo nosotros pudiésemos oirlos claramente.

-Sabes? La tortura muggle tiene algo de interesante. Te apetecería probar esos métodos? O tiramos de algo más tradicional?- le pregunté a Apolo con una sonrisa encantadora ante la atenta y aterrorizada mirada de nuestra presa que se había creído lo suficiente rápido para poder con nosotros. Es más, tras oír mis palabras su desesperación y confusión creció y, atado como estaba, intentó reptar para huir de allí. Lo que encontró fue la patada que recibió en medio de la cara por cortesía de la punta de mi zapato.- Quizás nos harían falta herramientas….Diviértete con él, vuelvo enseguida- le dije a Apolo y me fui de allí con paso tranquilo pues sabía perfectamente a dónde iba.

Un par de calles al sur de donde estábamos había una ferretería. No estaba yo muy versado en las artes muggles de la tortura pero confiaba en que cuando viese algo útil lo reconocería. Lo primero que captó mi atención al entrar en la tienda fueron las motosierras, pero quizás era algo demasiado aparatoso. Un set de cuchillos de un tamaño alarmante fue mi primera elección. La siguiente una pistola de clavos. Volví a pasar por donde estaban las sierras mientras les ponía ojitos por las posibilidades que me brindaban, pero finalmente me decanté por un simple hacha. Era una compra curiosa, pero parecía que no era lo más raro que aquel dependiente había visto. Ya que estaba, compré un par de bombillas también que tenían un propósito mucho más personal.

Pagué en efectivo y 10 minutos después de haberme ido ya estaba de vuelta con Apolo. Vacié la bolsa en el suelo, confiado en la inmovilidad del atracador y sonreí a mi amigo.- Escoge lo que más te guste.- Incité.
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Apolo Masbecth el Jue Oct 20, 2016 5:31 pm

Las torturas son lo primero que el rubio aprendió al unirse a las filas del señor tenebroso, convirtiéndose en algo así como su asignatura predilecta. Su padrino, un hombre el cual ahora estaba muerto víctima de una emboscada de aurores, fue uno de los mejores verdugos en el ministerio y también un torturador admirable en la comunidad de magos oscuros. Él le enseñó una cosa muy importante que sigue recordando hasta ahora y que será dificil de olvidar. Que un pobre desgraciado como aquel muggle se interpusiera en su camino había sido lo mejor para ellos quienes comenzaban a impacientarse por un poco de diversión y para él por supuesto era una pesadilla, había encontrado a dos personas sádicas y lo descubriría en poco tiempo, para su mala suerte.


— Me gusta jugar — responde de forma clara y concisa, ver como Jaosn se encarga de aquel muggle de forma tan agraciada y precisa le hace sentirse un tanto excitado. La tortura puede ser una herramienta de placer si se sabe cómo. Volviendo al pobre ladrón, Apolo sonrió mientras daba vueltas alrededor de este, tumbado en el suelo mientras su amigo hechizaba el callejón para alejar los ojos y oídos de los muggles o cualquier persona que quisiera espiar. Para ellos ese lugar estaba vacío y oscuro, no vería nada.  — De acuerdo… — No pudo decir nada más pues el mortífago se fue dejando al rubio solo con el ladrón.


El hombre quien ahora estaba de pie intentando huir y dando saltos debido a que se encuentra amarrado, se veía patético. Apolo caminó hasta él y sin usar la magia logró derribarlo. La boca del muggle besaba el frío suelo mientras el mago colocaba una rodilla sobre su espalda baja y acercó su rostro a la nuca del muggle. - ¿Sabes? No estas tan mal, tal vez deberíamos turnarnos y violarte, ¿eso te gustaría? - lamió la oreja del tipo, quien comenzó a gritar por miedo a aquello. Por supuesto que no lo haría, pero infundir el miedo y la incertidumbre es lo que más le gustaba de toda aquella diversión, hacerle creer que en cualquier momento podría llevar a cabo lo dicho.


Se levantó mientras le giraba para que quedase boca arriba, lo que no se percató fue que el muggle tenía en su bolsillo una navaja que con algo de dificultad sacó y logró liberarse las manos cortando la cuerda, así que al voltearlo este atacó con el arma blanca logrando hacer un corte en el brazo izquierdo del rubio, quien gracias a sus reflejos se salvó de ser apuñalado en el vientre como intentaba principalmente. - Oh, mira nada más, el corderito quiere atacar al lobo, que ternura, pero basta de tonterías - dijo sacando la varita y haciendo que la navaja se convierta en flores. - ¿Para mi? Que lindo - sonrió yendo hasta él, aprovechando que estaba confundido y le quitó las flores para volver a tirarlo en el suelo y sujetarlo, justo en ese momento regresó su amigo con algo entre manos.


- Justo a tiempo, se estaba poniendo un tanto rebelde, pero nada que no se pueda solucionar - dice mirando la bolsa que lleva y le entró la curiosidad, ni siquiera se preocupó por verse el corte superficial que llevaba en la mano. - ¿Que tenemos aquí? Veamos - dijo echando un vistazo a las herramientas muggles que tenía frente a sus ojos. La verdad es que no es la primera vez que tiene aparatos como esos en sus manos y mucho menos sin utilizar, los conoce todos porque uno debe buscar siempre recursos que no pensaría usar comúnmente, como artículos muggles.


Toma la pistola de clavos y la sujeta con ambas manos, frotandola como si la estuviera inspeccionando para luego mirar a Jason. - Alguien dijo una vez que la muerte es un regalo, pero un regalo que se debe dar lentamente, así que mi amigo, tu destino está sellado   - sonrió de forma malévola al acercarse a su víctima quien yacía postrada en el suelo, se hincó a su lado y mientras intentaba forcejear le estiró un brazo hacia arriba y se lo clavó al piso. El muggle comenzó a gritar de dolor y eso solo alentaba al mago para continuar, ejerciendo presión en el torso del hombre quien se retorcía para escapar. Le sostuvo la segunda mano y repitió el proceso. Con los pies le costó un poco más pues pataleaba e incluso llegó a golpear al rubio un par de veces, quien respondió con una risa y una patada en el costado, lo que le hizo detenerse.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

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