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Remember Me. {Drake Ulrich}

Stella Moon el Sáb Jul 30, 2016 6:04 pm

-¿Cuánto tiempo vamos a tener que esperar aquí?

Un asunto muy particular nos había reunido a Drake Ulrich y a mí de nuevo para una misión en un viaje en el extranjero. Esta vez no estábamos en Alemania infiltrándonos en la casa de ningún mortífago peligroso para salvar a un Auror idiota que acabaría muerto sí o sí, sino que estábamos en Estados Unidos. En Nueva Orleans, para ser más específicos. Era una ciudad hermosa a la que yo ya había visitado en el pasado cuando todavía vivía en mi país natal, para disfrutar de las fiestas del Mardi Gras, pero esta vez no era el ocio lo que me había traído aquí.

Últimamente se habían escuchado habladurías de que unos magos estaban realizando ciertas actividades ilegales en Nueva Orleans. No era algo que a los ciudadanos del Reino Unido nos preocupase en exceso, ya que no nos afectaba nada, aunque yo sí que me mantenía al pendiente de las noticias norteamericanas porque es mi país, lógicamente. Pero el Ministerio de Magia británico había decidido implicarse en el caso y colaborar con las investigaciones de MACUSA (investigaciones que yo tenía claro que a mi madre le traían al fresco, pues ella estaba excesivamente a favor de las Artes Oscuras, pero en cuando un caso llama demasiado la atención no solo nacional, sino que internacional, debe ponerse manos a la obra quiera o no) cuando no solo ciudadanos norteamericanos, tanto magos como muggles, se vieron afectados por la actividad de los magos tenebrosos de Nueva Orleans, sino ciudadanos europeos también. Había habido muchísimas desapariciones de turistas vinculadas con esos magos, y entre los desaparecidos había un grupo de casi veinte británicos. Es más, las desapariciones no estaban ocurriendo solamente en Nueva Orleans, sino que estaban ocurriendo en todo el mundo pero las víctimas estaban siendo llevadas a esa ciudad, donde… a saber qué hacían con ellos, porque yo no tengo ni idea.

¿Cuál había sido la decisión del Ministerio de Magia? Enviar a varios Aurores ingleses, entre ellos a muchos de los más idiotas que había, a investigar y encargarse del caso. Drake era uno de esos Aurores. ¿Por qué estaba yo aquí ahora, colaborando con él en contra de mi voluntad? Porque las trampas que estaban tendiendo a magos y muggles era con trasladores ilegales, por lo que yo, como Jefa del departamento de Transportes Mágicos, tenía que encargarme de la investigación también, ya que varios de esos trasladores trampa se habían activado en el Reino Unido y eran, por lo tanto, responsabilidad mía. Además, la Orden del Fénix nos había pedido a Drake y a mí que colaborásemos juntos en ese caso como miembros.

Así que aquí estábamos, en medio del Barrio Francés, también conocido como el Vieux Carré. Estábamos vigilando un edificio con preciosos balcones, esos que se ven en las películas y series en las que aparece esta ciudad, y observábamos las ventanas abiertas frente a las cuales unos tipos a los que estábamos vigilando se paseaban sin ninguna discreción, dejándose ver en todo momento. Las investigaciones de algunos Aurores habían llevado a la conclusión de que esos tipos eran parte de los magos que estaban provocando todas las desapariciones. En ese apartamentos que estábamos vigilando se encontraba uno de los sospechosos más destacados, Jackson Molineux. Ninguno de ellos había sido arrestado todavía porque no había pruebas suficientes en su contra, al parecer. Vigilábamos, esperando a que ocurriese algo… pero no pasaba nada, y yo estaba tan aburrida que estaba a punto de comerme las uñas.

-¿Cuántos bollos se ha comido ya?- arrugué ligeramente la nariz cuando vi a uno de los sospechosos se comía el que creía que era ya el noveno bollo gigante con crema y chocolate en menos de media hora.- Como tenga que seguir estando aquí parada viéndole zampar bollos me voy a lanzar un Avada Kedavra a mí misma.
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Drake Ulrich el Dom Jul 31, 2016 12:07 am

Mi amiga Stella y yo habíamos tenido que viajar por orden del Ministerio a Estados Unidos para resolver algunos conflictos, o más bien para vigilar a aquellas personas que era sospechosas de crear esos conflictos. Al ser personal del ministerio inglés, en Nueva Orleans no nos conocía nadie, por lo que podíamos pasar totalmente desapercibidos.

Nos encontrábamos en un bonito barrio francés, observando con detenimiento una edificio en el cual podía verse perfectamente el interior, lugar en donde estaba el sospechoso principal. Mientras tanto, nosotros estábamos en la calle de enfrente, sentados en un bonito restaurante-cafetería tomándonos unas bebidas debajo de una sombrilla. Una misión de vigilancia podía tener dos fines: ser divertida o ser aburrida; ser útil o ser totalmente inútil. Ya había hecho con Fly muchas misiones que consistían simplemente en vigilar y la gran mayoría no servían para nada bien porque el sujeto no hacía nada revelador o bien porque el sujeto era inocente. A decir verdad, eran las misiones más jodidamente aburridas del mundo.

Mientras Stella se quejaba, yo estaba leyendo el periódico de allí, así que no me enteraba de una puta mierda de nada. Bueno, sí me enteraba, pero más bien todo me importaba una mierda. Eso sí, siempre me había interesado la política muggle, por lo que me puse a leer sobre los dos candidatos a la presidencia para sustituir del negrito que había hasta ahora. Los candidatos más votados eran una mujer o un nazi. Si salía la mujer sería la primera mujer presidente de los EEUU, mientras que si salía el otro, parecía que iba a empezar la tercera guerra mundial.

¿Qué sabes de Donald Trump, tía? —pregunté a Stella—. Parece un tío peligroso. ¿No podrían los mortífagos matar o hacer desaparecer a personas así en vez de a personas inocentes? —añadí retóricamente.

Entonces elevé la mirada hacia la ventana que estábamos vigilando y sonreí al ver como el hombre en cuestión mordía un nuevo bollo de crema.

Se ha comido siete. Llevo la cuenta. Va a tener una cagalera esta noche que lo va a flipar —sonreí infantil, mostrando los dientes—. Te noto estresada. ¿No sueles hacer muchas misiones vigilando? Como auror que soy, son el pan de cada día. Bueno, de cada día no, pero hay tengo muchas misiones así, así que estoy acostumbrado. ¿Quieres jugar a algo mientras? ¿O leer el periódico? O no sé, puedes entrar corriendo a la casa y preguntarle directamente si es el culpable de todas las desapariciones —bromeé eso último, pero como Stella a veces era muy literal y no entendía mis bromas, me puse serio y alcé una mano—. Era broma. No lo hagas.

Entonces alcé las cejas varias veces y dejé el periódico sobre la mesa, mirándola con interés.

¿Ya tienes el vestido para la boda? —pregunté emocionado.
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Stella Moon el Dom Jul 31, 2016 12:56 am

Me aburría. Me aburría muchísimo. Yo no quería estar aquí, en una mesa de una cafetería esperando mientras vigilaba a una bola de sebo zampabollos desde una ventana. Yo quería acción. No sabía lo que estaban haciendo esos tipos, pero seguro era más divertido. ¿Estaban matando, torturando? ¡Entonces me apunto!

Drake parecía estar pasándoselo un poco mejor, pues estaba leyendo el periódico. Al menos hacía algo. Yo no leía el periódico porque no podía importarme menos… aunque seguro que había cosas más interesantes ahí que el zampabollos de la ventana.

-Que es un magnate que ha quebrado demasiadas veces como para tener el ego tan alto. Y estoy convencida de que su pelo es un peluquín hecho con el pelaje de la cola de una ardilla rabiosa- en Estados Unidos los magos y brujas no nos mezclábamos con los muggles, ambas sociedades estaban completamente separadas, no como en Europa y en los demás continentes, lo cual era la razón por la que la inmensa mayoría de la población mágica estadounidense eran todos de padres magos, pero no de un mago o una bruja y un muggle. A pesar de la separación abismal entre ambas sociedades sí que nos manteníamos al tanto de lo que pasaba en el mundo muggle, por eso sabía quién era ese gilipollas, además de que yo misma en Inglaterra me entero de muchas cosas porque ahí era separación era mucho menos brusca. Ya tiene que ser alguien muy gilipollas para que a mí, una mortífaga seguidora de un racista radical que quiere eliminar a una parte específica de la población del mapa para siempre, me parezca un imbécil.- Si al final acaba siendo él el Presidente, menos mal que los Presidentes de MACUSA y del gobierno muggle no mantienen ningún contacto… Seguro que mi madre acabaría convirtiéndole en un conejillo de indias y dándoselo de comer a un perro callejero. No conoces a mi madre, ¿verdad? Comparado con el de ella, mi carácter es dulce y adorable como el de una delicada princesita de cuento- dije con una mueca en mi rostro.

Quería pedirme algo de beber, pero no quería un café, ni ningún refresco. Quería alcohol, pero al estar en una misión de la Orden y trabajando para el Ministerio no podía. Mierda. Asco de día. ¿Cuándo se acabará todo esto? Drake se dio cuenta de mi impaciencia, pues esta era bastante obvia y fácil de detectar incluso para un Hufflepuff.

-No, a mí suelen llamarme cuando ya ha llegado la parte de patear culos, que es la que más me gusta- dije entre dientes, respondiendo a la pregunta de Drake mientras jugueteaba golpeando con mis uñas la superficie de la mesa.- Oh, fantástica idea, ya sabes que mi especialidad es tirar puertas ajenas abajo de una patada- dije con un tono de voz y una sonrisa sarcástica que iban a juego con su tono de voz bromista.

Nos desviamos entonces del tema cuando Drake me preguntó que si ya tenía vestido para la boda. ¡La boda! Siempre había creído que a final esos dos no se casarían, pues o Fly se daría cuenta de que podría buscarse a alguien mejor o Drake moriría durante una de sus grandísimas meteduras de pata. Pero no, al final habían llegado a esto, y el gran día estaba cada vez más cerca. Sonreí un poco.

-Sí, pero no tengo uno, tengo varios- dije.- Tengo que decidir cual es el mejor de todos. Ya sabes que soy una puta vanidosa y tengo que ser la mejor vestida del lugar.

Miré de nuevo a la ventana. Ahora se veía al gordo hablando con la boca llena de bollo y crema con otro tipo, un hombre larguirucho y feísimo con aspecto de rata de alcantarilla. Parecían estar discutiendo.

-Oh, qué emocionante- dije con tono sarcástico.- Problemas en el paraíso.
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Drake Ulrich el Miér Ago 03, 2016 12:27 am

Uy, ese Donald Trump pintaba muy mal. Muy pero que muy mal. Qué putada para la gente que viviese en EEUU, ¿no? Sólo esperaba que no fueran retrasados como las personas de ese país subdesarrollado lleno de retrasados que votan al mismo presidente siempre a pesar de haber robado una y otra vez, una y otra vez. Aunque por lo menos no es racista y no quiere crear un muro en Gibraltar para que no crucen los moros y otro en los Pirineos para evitar la entrada de los europeos. Pero bueno, que es un mierdas también.

Mi rostro cuando me habló del Trump fue muy gracioso, ya que al principio adoptó una mueca de sorpresa para luego pasar a ser asqueada.

La gente de este mundo está fatal —dije, cual vieja de ochenta años. Yo en Londres estaba feliz, con la Tita Isa como la mami de todo el mundo. Tita Isa era la Reina Isabel, la monarca británica—. ¿Te llevas bien con tu madre? —pregunté, ya que para ser sinceros, Stella y yo no es que fuésemos íntimos amigos. Seguro que no sabe ni cuántos hermanos tengo—. Pocas veces me has hablado de tu madre. Sé que es Ministra, pero fin. —Cerré el periódico y mostré toda mi atención en Stella.

Qué suerte tenía Stella en la Orden del Fénix no recibiendo misiones de simple vigilancia, que son normalmente las que más se hacían. Asentí cuando dijo que las otras eran las que más le gustaban y sí, podía dar fe de ello. A Stella le gustaba reventar culetes. A mí no tanto, la verdad. Me gustaba, pero prefería dejar que se rompieran el culo sentados en una celda de Azkaban. Me siento fatal de los feelings cuando mato a una persona sin querer, aunque sea mala y despiadada y sea su vida o la mía.

Para intentar evadir un poco la atención de Stella, decidí buscar un tema de conversación. Últimamente el tema que más agolpaba mi mente era el de la boda, una boda que llegaría inminente a finales de agosto y que cada día me ponía más nervioso. Además, como no tenía muchos amigos, muchas de las decisiones del novio eran totalmente mías… No iba a tener ni despedida de soltero. Pero bueno… Tampoco era necesario.

Solté una divertida carcajada cuando Stella dijo lo del vestido.

Siento decirte, Stella, que por muy vanidosa que seas, la única mujer que va a resaltar en esa boda será Fly. Y más te vale no resaltar más que ella o te patearé el culo yo a ti. —Le amenacé divertido, apuntándole con la pajita del refresco que me había pedido hace un rato—. Que por cierto, una pregunta de opinión personal. ¿Debería ir afeitado totalmente o me recorto la barba? Dime qué es lo que más te gusta a ti y lo que crees que le gustaría más a Fly. —Me apoyé en la mesa con los codos, interesado en su contestación.

Miré hacia arriba al ver cómo nuestro objetivo estaba discutiendo con otro tío y me quedé mirando, expectante. No sabía quién era ese otro hombre y suponía que Stella tampoco, ya que no había dicho nada al respecto.

Debería haber un remedio mágico para sacar fotos. Quizás ese tío es importante… —comenté, moviendo la silla para acercarme a Stella y no tener que hablar excesivamente alto—. ¡Ala, ala! —dije de repente, viendo como el tío flaco sujetaba a nuestro objetivo por el cuello de la chaqueta y le amenazaba. Yo sonreí—. Parece que está metido en un lío. Espero que no se ponga peor… O sí, así tenemos excusa para entrar.
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Stella Moon el Sáb Ago 06, 2016 5:35 pm

Drake tenía razón, nunca había hablado mucho de mi madre. No solía hacerlo, me llevaba muchísimo mejor con mi padre (bueno, con el que yo consideraba mi padre de verdad, no el otro) desde que era pequeña, aunque eso tampoco significaba que me llevase con mi madre. Nos llevábamos decentemente bien, aunque ambas éramos demasiado parecidas. Tan parecidas que nuestras personalidades a veces chocaban y estallaban como una bomba de relojería.

-- asentí simplemente a la pregunta.- Presidenta- corregí, aunque era un detalle insignificantes. En Estados Unidos no existía el término de “ministro”, y en Inglaterra no había Presidente. Esto era solo una prueba más de las múltiples diferencias de lenguaje que había entre ambos lugares, no todo consistía solo en el acento.- No hay mucho que decir, supongo- me encogí de hombros mientras miraba durante un instante a un grupo pintoresco de gente que caminaba en la otra acera, y entonces miré de nuevo a Drake.- Tú tampoco me has hablado nunca de tu familia.

Hay personas con las que costaba menos fingir ser buena que con otras. Con Drake, por ejemplo, era muy fácil. ¿Por qué? Porque no tenía que estar todo el tiempo teniendo cuidado para convencerle completamente de que mis tiempos oscuros habían quedado atrás, no tenía que modificar mi personalidad radicalmente para que creyesen que estaba en su bando, sino que podía ser más o menos yo misma. Podía ser, en ocasiones, una cabrona sin escrúpulos porque él se lo tomaría como que soy muy capulla y no pensaría nada más sobre el asunto. Eso hacía que en momentos más tranquilos como este la conversación me saliese más natural con él, porque estaba, en cierta manera, más cómoda que con otros miembros de la Orden.

Sonreí de manera genuina cuando él me dijo que por muy vanidosa que yo fuese la mujer que resaltaría en la boda sería Fly.

-Obviamente ella va a ser la protagonista de la boda, ¡es la novia! Pero entre las invitadas el foco será para mí- dije con una sonrisa pícara. Cuando me hizo la siguiente pregunta medité un poco antes de responder.- Pues yo creo que estás bien de las dos maneras, así que no sé qué decirte… Pero yo no sé cómo le gustas más a Fly, con barba o sin ella. Es la novia la que tiene que estar contenta, después de todo.

Miramos hacia arriba, fijándonos en la ventana del edificio donde estábamos espiando al tipo de los bollos, quien se estaba metiendo en un lío con otro tipo flaco justo ahí, a plena vista de todos. Los muggles a nuestro alrededor no parecieron darse cuenta, y si lo hicieron no prestaron ninguna atención. Pero Drake y yo sí, aunque no podíamos oír qué estaban diciendo ni sabíamos qué estaba pasando.

-Puedes usar un Pensadero después para volver a verlo todo, ¿quién necesita fotos?- Los magos se están haciendo cada vez más y más vagos, haciendo dependientes de asquerosos cachivaches muggles en vez de tomarse la molestia de hacer todo con magia como solíamos hacer antes.

Me hubiese gustado que hubiese habido más acción, pues al menos así dejaría de estar tan soberanamente aburrida. Pero aunque el gordo y el flaco no llegaron a las manos, sino que desaparecieron de la ventana, al rato les vimos saliendo del edificio por la puerta de la calle, donde se dispusieron a caminar entre la gente. Drake y yo nos pusimos de pie y comenzamos a seguirles discretamente a una distancia segura, sin llamar la atención hacia nosotros.
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Drake Ulrich el Mar Ago 09, 2016 12:23 pm

Mi familia no tenía nada en especial, a decir verdad. La familia de Stella tenía a una madre como presidenta en Estados Unidos mientras que la mía estaba en Italia preparando comida para mis primos pequeños y a mi hermano el pequeño que casi con veinticinco años sigue sin querer independizarse.

Es que mi familia no es interesante. —Me encogí de hombros—. Mi padre murió antes de yo entrar a Hogwarts, mi madre es la típica madre que hace comida increíble y que siempre ha trabajado como ama de casa y mi hermano es más retrasado que yo, así que hazte una idea. Él cayó en Gryffindor, por lo que parece que es más útil. Pero créeme, no. —Asentí con la cabeza, como si fuera una verdad absoluta—. Te caería fatal porque intentaría ligarte de la peor manera posible creyéndose que lo hace bien, además de babear en tus pies. Bueno, probablemente lo veas en la boda. Te recomendaría ponerte justo en el lado opuesto o decirle que eres lesbiana —le recomendé divertido.

Una de las cosas que había marcado mi vida y mis decisiones había sido la muerte de mi padre, aunque sonara a tópico. Pero soy Hufflepuff, un bonachón y mi padre fue auror asesinado por personas malas. ¿Acaso no voy a seguir sus pasos? ¡Pues claro que los iba a seguir! No me parezco en una mierda a mi padre, pero oye, seguramente estaría más orgulloso de su primogénito Hufflepuff que de Gary, aquel de veinticinco años que no tiene ni carrera ni trabajo.

Le pregunté a Stella que cómo debería ir a la boda, con barba o sin barba y a pesar de que parecía que iba a decir algo en claro… NO ME DIJO NADA. Pero nada, ¿eh? Obviamente mi intención era ir lo más guapo posible para Fly, pero si le preguntaba a ella que como le gustaba más, iba a saber evidentemente que iba a ir así y quería que fuera sorpresa. Miré a Stella con los ojos entrecerrados.

Me has ayudado un montón —dije irónicamente.

La idea del Pensadero fue muy buena, pero seguía prefiriendo la de las fotos.

¿Tú tienes un Pensadero? —pregunté sorprendido, porque lo que era yo, no tenía ninguno—. Porque yo no. Y con las fotos es más fácil, sacas fotos y las tienes siempre ahí y las puedes compartir con el mundo. Es todo más fácil, mujer. Estar sacándome ahora los recuerdos para poder repetir el momento… Se nota que no sueles usar cámaras de fotos. —Porque si lo hiciera, sabría que es mucho menos lioso y más práctico.

Entonces los dos señores que estaban peleándose en la habitación a través de la ventana, salieron del edificio. Stella y yo nos levantamos rápidamente y yo dejé algunas monedas sobre la mesa para pagar lo que habíamos tomado, aunque para ser sinceros aún no controlaba la moneda de allí, por lo que me da que le dejé una generosa propina sin haberlo querido.

Caminamos a una distancia prudencial de aquellos dos hombres a través de las calles y las personas que tranquilamente caminaban ajenos a toda aquella misión de espionaje.

¿Alguna idea de a donde pueden estar llevándolo? —pregunté en voz baja—. Deberías darme la mano para aparentar que somos una pareja de turistas felizmente casados y observando la hermosa arquitectura del barrio francés. Y sonríe por Dios. Hoy estás muy seria, ni que estuvieras en una misión aburrida de vigilancia… —Me quejé divertido, tendiéndole la mano para ver si quería dármela. Sería mucho más creíble ver a dos personas hablando, cogidas de la mano y sonriendo que a dos personas, super serias, caminando como si no fueran amigos y con la mirada fija en aquellas dos personas.

Por lo menos yo siempre intentaba tener en cuenta una cosa. Si nosotros vigilábamos a esa persona, ¿no sería probable que otras personas también lo hicieran? O peor, ¿que otras personas nos estuvieran vigilando a nosotros? Mejor aprovechar nuestras dotes de actrices y actores frustrados para evitar ser sospechosos ante cualquier persona.
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Stella Moon el Lun Ago 29, 2016 3:39 pm

Sonreí genuinamente cuando Drake me dijo que su hermano pequeño, al que yo nunca había conocido (o al menos no recordaba haberlo hecho. Tal vez me lo cruzase alguna vez en Hogwarts, pero a saber, ahí había demasiada gente) era más inútil que él. No era de extrañar, ya que al parecer el pobre había caído en Gryffindor.

-Siempre os he considerado a los Hufflepuffs más útiles que a los Gryffindors- dije entonces.- Los Hufflepuffs al menos tenéis cualidades útiles. Sois leales y trabajadores, eso sirve, se puede utilizar para fines productivos y se os puede mangonear fácilmente- dije, metiéndome con él como siempre hacía con cualquiera de la Casa Hufflepuff. Pero era verdad, eran fácilmente manipulables, lo sabían hasta ellos.- ¿Pero los Gryffindor qué tienen que sea útil? Bravuconería, eso es lo único que tienen, y no sirve para nada. Para meterse en líos, solo para eso. Pero no le digas esto a nadie, ¿eh? Que vivo con un ex-Gryffindor- dije manteniendo la sonrisa ligera de antes mientras le guiñaba un ojo a modo cómplice.

Puse los ojos y moví la mano levemente como si estuviese espantando a una mosca molesta cuando me dijo de manera muy sarcástica que le había ayudado un montón con respecto a cómo ponerse para el día de la boda.

-Agradéceme que no te ayude. Podría haber sido una verdadera cabrona y recomendarte que te pusiese de una manera en la que acabarías estando completamente ridículo, pero no lo he hecho. Por una vez que decido ser buena persona…- mascullé.- Échalo a cara o cruz si no te decides. Cara llevas barba, cruz te afeitas.

Sí, las cámaras de fotos eran más cómodas, pero capturaban muchísimos menos detalles que los recuerdos que podían verse en un Pensadero. ¿Y si se te pierden las fotos? ¿O se te pierde la cámara? La magia es mucho más fiable, aunque a veces los métodos muggles sean más rápidos. Como en el tema de la comunicación, por ejemplo. En ese aspecto ellos estaban más avanzados.

-Yo tampoco, pero algunos compañeros de la Orden sí que tienen- le informé a Drake.- He tomado varios prestados este último año, para revisar mis recuerdos e intentar descifrar cuáles son reales y cuáles no…- mi voz se fue apagando al decir aquello. Drake estaba al tanto de que yo había descubierto que muchas cosas de mi pasado habían sido borradas sin que yo lo supiese y habían sido reemplazados por otros. Él era una de las personas que acordaban de cosas de Hogwarts de las que yo no me acordaba y por eso había comenzado a sospechar muchísimo antes de ponerme a investigar en serio. Pero no le había puesto nunca al tanto de mis descubrimientos. Esos solamente los sabía Jason por el momento.

Nos pusimos a seguir a ambos hombres por la calle en cuanto ellos salieron del edificio. Yo estaba perfectamente contenta actuando como lo estaba haciendo, básicamente porque a mí no me interesaba realmente que la misión saliese bien y se les pillase o arrestase, y si se daban cuenta de que les estábamos siguiendo los de la Orden entonces todo sería genial. Pero no, hoy a Drake le dio por ser un espía bueno y hacer las cosas bien, por lo que me propuso intentar aparentar un poco mejor. Le miré con cara de pocos amigos antes de gruñir ligeramente por lo bajo después de poner los ojos en blanco por enésima vez ese día.

-Deberían pagarme por esto- mascullé entre dientes antes de fingir una radiante sonrisa que parecía de una chica genuinamente enamorada del imbécil de su “novio” y le di la mano tal y como él sugirió, y nos pusimos a aparentar que éramos una pareja feliz de turistas.

Seguimos a los dos hombres durante un buen rato a una distancia prudente hasta que ellos se detuvieron, y entonces nosotros hicimos lo mismo. Me giré para mirar a Drake, quedando de espaldas a ellos mientras se ponían a discutir de nuevo sobre a saber qué cosa.

-Haz como que me estás diciendo un montón de babosadas románticas mientras me dices qué están haciendo, ¿vale?- le dije a Drake en voz baja mientras mantenía mi expresión de chica contenta y encoñada. Le eché los brazos al cuello de manera juguetona para continuar con la actuación mientras nos deteníamos para esperar a que los dos hombres a los que espiábamos volviesen a echar a andar.

No me di cuenta de que muy cerca de nosotros estaba pasando una pareja con una niña pequeña… Una niña de la que yo no me acordaba, pues todos los recuerdos de ella habían sido borrados de mi mente…
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Drake Ulrich el Lun Ago 29, 2016 10:18 pm

¡Pero qué me estaba diciendo! ¡Una Slytherin diciendo que consideraba a los Gryffindor más inútiles que a los Hufflepuff! ¡Oh my god! ¿¡Se han alineado los planetas? ¡No! ¡¿Ha nacido el nuevo mesías? ¡NO! ¿¡Ha llegado al planeta algún tipo de meteorito que ha arrojado a la atmósfera un gas que nos matará a todos?! Sí, probablemente sea eso, el apocalipsis definitivo. La predicción de Nostradamus estaba MAL. MUY MAL. Si Nostradamus hubiera sido mago hubiera sabido que el apocalipsis llegaría a nuestro planeta cuando un Slytherin dijera que un Hufflepuff era útil. ¡Y no solo eso, más útil que un Gryffindor!

Será nuestro secreto. Creo que es lo más bonito que me ha dicho una Slytherin nunca y eso que me voy a casar con una. —Alcé divertido las cejas, para que se hiciera una idea de quién de la relación era el romántico. Aunque vivimos juntos bastante tiempo, así que ya sabría perfectamente que yo era el romántico de la relación y Fly la piedra rasposa y dura con sentimientos de cactus enfadado.

Vale, a veces yo era un poco ingenuo y un poco gilipollas también, pero por norma general estaba desarrollando mi capacidad de decisión inteligente y no es que fuera a seguir una recomendación que pudiera dejar en ridículo en mi propia boda.

Creo que me tienes en demasiada baja estima —asumí, sin ofenderme lo más mínimo—. Podrías haber sido cabrona, pero no te hubiera hecho caso. Creo que más o menos sé como ir, sólo que me quedan cosas que aún me fallan por indecisión, simplemente.

Cuando Stella habló de sus recuerdos, recordé el momento en el que se dio cuenta de lo que pasaba en su mente. Esa mentira camuflada en su propia cabeza que ella era incapaz de descifrar, viéndose confundida entre una realidad falsa y la verdadera. Hacía tiempo que no hablaba con ella de eso nuevamente, por lo que inevitablemente me entró curiosidad cuando habló que había estado trabajando con sus recuerdos en pensaderos para dar con las memorias reales.

¿Y cómo te ha ido? ¿Algún adelanto o novedad? —pregunté interesado, ya que sentía cierta empatía por ella y por cómo debería estar sintiéndose a no saber qué es real y qué no. Además, lo peor de todo era... ¿Y si la habían manipulado para hacer algo y ella no sabe que fue manipulada? ¡Eso era lo peor! O por lo menos lo que a mí me daría más rabia descubrir. Que solo he sido un peón.

Como aquel hombre al que estábamos buscando había salido del edificio junto a otro y habían comenzado a caminar de manera un poco salvaje y muy poco amistosa, Stella y yo los perseguimos para no perderlos de vista. Propuse como idea totalmente carente de segundas intenciones que nos hiciéramos pasar por una pareja para disminuir la probabilidad de parecer sospechosos y a ella le pareció bien, por lo que aceptó mi mano y sonrió tan ñoña que hasta se me hizo raro que me sonriera así.

Que rara, esa sonrisa me da miedo —admití divertido.

Sin percatarme de que aquellos dos se habían parado a discutir, Stella hizo que nos parásemos también y se puso delante de mí, llevando sus manos hasta mi cuello para aparentar que estábamos en modo baboso. Con Fly era tan difícil estar en modo baboso... ¿Por qué me he enamorado de una MACETA? ¡Que alguien me lo explique por  qué yo, un oso amoroso que necesita amor para sobrevivir, se ha enamorado de una maceta de piedras y cactus! Me acerqué entonces a Stella para decirle lo que estaban haciendo.

Están claramente discutiendo. El tipo que no conocemos está señalando con el dedo índice acusadora y amenazadoramente a nuestro hombre y parece realmente cabreado. Y nuestro hombre le ha apartado la mano del dedo con un guantazo en el dorso de su mano y ahora le ha señalado él acusadora y amenazadoramente. Oh, mira —dije entonces al ver como uno comenzaba a caminar indignado alejándose de nosotros—. Se mueven, vamos.

Pero nada más separarme de Stella para continuar caminando, me choqué con una niña pequeña que estaba pasando al lado nuestro y ésta, sin querer, cayó al suelo de rodillas. Casi se me cae el alma por ver la carita de la niña a punto de llorar.

¡Lo siento! —dije yo, sintiéndome más mal que en toda mi vida al ver esa carita.

¡No pasa nada, estoy bien! —dijo la niña, apretando el rostro como si se estuviera concentrando para no llorar.

La ayudé a levantarla amistosamente y de un saltito se volvió a poner de pie.

¿Seguro que estás bien? —le pregunté.

Justo en ese momento vinieron sus padres, la madre abrazó a la niña y el padre sonrió para dirigirse a Stella y a mí.

Seguro que iba mirando al suelo para no pisar las baldosas amarillas, ¿verdad? —preguntó a la niña.

Sí... —admitió casi inconscientemente, sin apartar la mirada de Stella. Parecía que estaba viendo un fantasma.
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Stella Moon el Miér Oct 26, 2016 8:38 pm

Poquísimas personas estaban al tanto de que mi memoria era… bueno, una mierda. Jason era el único que sabía todos los detalles de lo que había descubierto porque estaba allí conmigo cuando hice aquellos descubrimientos, pero aparte de él solo sabían que mi memoria había sido modificada Emily, porque ella me lo había dicho, Scott, y Drake porque él mismo también había sido aportador de información que me hizo sospechar al principio. A Iorwerth no le había contado nada, ni siquiera que mis recuerdos estaban modificados. Él era la última persona en el mundo que quiero que se pusiese a ayudarme a investigar, pues podía descubrir información que quería ocultarle absolutamente. Si supiese la verdad todo mi teatrito se iría a la mierda.

-Algunos- suspiré como respuesta cuando Drake me había preguntado si había adelantos.- Mi hermano lleva años muerto y yo no me acordaba. Y tengo…- estaba a punto de decirle la verdad que más me había sorprendido de todas, que era madre y tenía una hija. Pero preferí no decirlo al final. No quería entrar en un debate sobre lo que debería hacer al respecto o no. Había decidido olvidarme completamente de esa niña y no buscarla nunca. Para mí solo sería un estorbo, nunca había querido hijos y no tengo una vida adecuada para meter a mi hija en ella. Seguramente estaría con su padre, con Dante, ese hombre por el que no siento nada porque en mis recuerdos no existe. Así estaban muchísimo mejor las cosas.- Nada, déjalo.

Me olvidé rápidamente del tema en cuanto tuvimos que ponernos a caminar para seguir a los dos hombres que eran nuestro objetivo en esta misión. Bueno, el objetivo de la Orden, mi verdadero objetivo era que el objetivo no fuese conseguido. Tenía que buscar la manera de que el hombre escapase de nosotros y que no pareciese mi culpa, para así anotar otro tanto a mi carrera de espía de los mortífagos que se dedicaba a sabotear las misiones de sus compañeros de la Orden y salir siempre impune.

-¿A que soy una actriz estupenda?- pregunté con una sonrisa pícara a Drake mientras actuaba como que éramos una pareja completamente ridícula y encoñadísima en medio de las calles de Nueva Orleans mientras esperábamos la luz verde para continuar siguiendo a esos tipos. Drake me contaba lo que hacían mientras fingía estar diciéndome babosadas.- Oh, qué cosas más bonitas me dices…- susurré sarcásticamente con tono sensual, y una expresión que cualquiera que me mirase en ese momento pensaría que tenía ganas de arrancarle la ropa a Drake ahí mismo y asaltarle salvajemente. Nada más lejos de la verdad.- Me pones a cien…- añadí para rematar la coña en aquel estúpido teatrito que estábamos interpretando para no ser descubiertos.

Tenía que pensar rápidamente en como actuar para alertar disimuladamente a los dos hombres de nuestra presencia, pero al final no me hizo falta. En cuanto Drake y yo volvimos a caminar él, siendo el Hufflepuff patoso que es, se llevó por delante a una niña que caminaba tranquilamente por la calle. Yo no presté mucha atención a lo ocurrido, y mientras Drake ayudaba a la niña a levantarse y los padres de esta llegaban yo miré a los dos hombres a los que perseguíamos, que habían vuelto a detenerse para discutir. ¿Qué estaba pasando que era tan grave como para que estuviesen así?

Me giré de nuevo para mirar a Drake y ver si ya dejaba de distraerse con la maldita cría con la que había chocado, pero me quedé de piedra al ver a la niña. Sus ojos no se apartaban de mí, así que fueron lo primero que vi de ella, y aunque su recuerdo no existía en mi mente pues todos ellos habían sido borrados por alguna razón que desconocía, la reconocí inmediatamente. Era una niña más mayor que la que había visto en las fotos del corcho en la pared de su habitación en la que en el pasado había sido mi casa, nuestra casa, un hogar que ahora llevaba años abandonado y al que jamás debería haber vuelto. La forma de su cara se asemejaba a la mía, y el cabello que de más pequeña había sido de un suave color miel se le estaba oscureciendo un poco, como solía pasarle a todos los niños rubios con la edad. Sus ojos eran tan azules como los de su padre, y me estaban mirando llenos de incredulidad y de lágrimas y de felicidad.

-¿Ma… má?

Jamás pensé que llegaría a escuchar esa palabra dirigida a mí. Una parte de mí se sorprendió de que la niña la dijese, pues pensé que si yo tenía la memoria borrada, y mi familia no me había buscado, entonces a lo mejor ellos tendrían la memoria modificada también. Me daba cuenta ahora de que Dana era demasiado joven como para poder modificarle la memoria, hacerlo podría tener consecuencias catastróficas para su salud mental.

La pareja que estaba con la niña la miraron sorprendidos también. Parecía que estaban a punto de decirle algo, pero no tuvieron la oportunidad pues la niña se me abalanzó y me abrazó con tal fuerza alrededor de la cintura que casi sentí que me asfixiaba.

-¡Mamá! ¡MAMI!- se puso a llorar. Me miró incrédula cuando le puse las manos en los hombros para intentar apartarla de mí.

-No, te equivocas, yo no…

-¡Mami! Mami, ¿qué pasa? ¡¿No te acuerdas de mí?! ¡Mami!- varios curiosos nos estaban mirando en la calle a causa del llanto de la pequeña, que tendría que tener unos siete años más o menos. No lo sabía, no recordaba cuándo la había tenido.

El hombre se acercó a nosotras y agarró a la niña, apartándola de mí. La cogió en brazos, pero la niña luchó por zafarse de él y volver conmigo. Extendió el brazo todo lo que pudo para intentar alcanzarme, pero no lo consiguió.

-Lo siento, no sé qué le pasa hoy- dijo el hombre.

-No… No pasa nada…- dije, tal vez con tono menos seguro de lo que me habría gustado. Miré a la pareja. Intentaban calmar a la niña, y vi que me miraban nerviosos. Se dispusieron a alejarse entonces, provocando que los gritos de la pequeña se hiciesen más fuertes e histéricos.

-¡Christine, para ya!

Fruncí el ceño al escuchar aquello. ¿Christine? Ese no era su nombre. ¿Quiénes eran estas personas, por qué tenían a mi hija, y por qué la llamaban de esa manera?

“¿Y a ti qué te importa?” preguntó una voz en mi cabeza. “Nunca has querido hijos. No la quieres a ella. Te hacen un favor llevándosela, sea por lo que sea. No la quieres. No es nada para ti.”

-¡NO! ¡¿Qué le habéis hecho a mi mami?! ¡¿QUÉ LE HABÉIS HECHO A MI MAMÁ?!- la niña pataleó y gritó.- ¡MAMI, NO DEJES QUE ME LLEVEN!

Ahora nos estaba mirando la calle entera. Me di la vuelta y les di la espalda, pero seguía escuchando a la niña llorando mientras los que se hacían pasar por sus padres caminaban entre la gente tratando de alejarse lo más rápido posible. No sabía si eran magos o muggles, pero aquí había demasiada gente como para desaparecerse. Quise ignorar todo y decirle a Drake que continuásemos con la misión, pero con todo el escándalo los dos hombres se habían percatado nuestra presencia y se disponían a huir. Bien, eso era bueno…

Pero no podía pensar en la misión. Me estaba ocurriendo algo inexplicable. Cuando descubrí que era madre no sentí nada aparte de sorpresa e incredulidad. No sentí dolor, ni pena, ni rabia… No sentí nada. Pero ahora… Ahora las cosas habían cambiado. La había visto, la había tenido ante mí. Había visto que no estaba con su padre, como yo creía, y que algo andaba mal, muy mal. Y eso no me dejaba tranquila. Había algo, la sombra de un instinto en mi interior que acababa de despertar. Era apenas un suave eco de lo que una vez fue, pero ese eco fue suficiente para hacerme cambiar de opinión en ese momento.

Me giré de nuevo rápidamente para mirar en la dirección en la que se habían marchado. Ya no estaba tranquila e impasible como antes, ahora estaba nerviosa. Todavía no se habían alejado del todo, aún podía verles entre la gente.

-¡DANA!- la llamé.

La niña sonrió ampliamente y la pareja me miró con horror. Habían sido descubiertos. Echaron a correr, llevándose a mi hija, y yo eché a correr detrás de ellos para alcanzarles antes de que se llevasen a mi hija, pero la multitud de las calles de Nueva Orleans me lo puso difícil. Ni siquiera me di cuenta de si Drake me seguía o no.
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Drake Ulrich el Mar Nov 08, 2016 3:09 am

Pero... ¿qué estaba pasando?

Que yo me pusiera nervioso porque Stella me dijera de coña que le ponía a cien estando prometido, era normal porque era un inocentón. Que yo me chocase con personas por la calle, era normal porque soy tontito. Que se nos escapasen los sospechosos por mi culpa, era normal porque la cago mucho. ¿Pero que una niña se volviese loca diciendo que Stella era su madre? Qué momento más incómodo, madre mía, sobre todo para la supuesta madre de la niña. Es como si yo tengo un niño y ese niño va por la calle buscando otros padres. Sería un poco incómodo y triste para mí, SU ÚNICO Y REAL PADRE.

No pude decir absolutamente nada. No sabía si decirle a Stella de irnos para evitar ese momento que me estaba poniendo muy nervioso o si decirle a la niña que su madre era la otra señora que estaba cogiéndola de la mano o si decirle al mundo que los momentos incómodos son peor que tener ganas de cagar y no tener un váter cerca. En serio, es que siento como si una espada me estuviera desollando el estómago. Era una situación MUY CHUNGA. Imagínate si estaba nervioso que vi como nuestros hombres se iban corriendo y no tuve el valor ni la iniciativa de salir corriendo detrás de ellos por lo shock en lo que estaba. ¿He dicho ya que soy muy paternal? Ver a aquella niña llorar por pensar que tiene una madre que no la reconoce me estaba rompiendo el alma varonil y machota que tenía en mi interior.

Y ahí me veías... la niña yéndose con el alma en lágrimas con sus padres mientras gritaba que no quería separarse de su madre Stella, Stella con cara de póquer por no saber qué cojones ha pasado y yo ahí, al lado de ella, como un fiel observador de la batalla que no tiene nada que aportar. Parecía un sim sin acción. Una columna en medio de una habitación. Una piedra en medio de una playa desierta. Ese era yo, un don nadie en medio de un dramático e insulso momento que mi mente no era capaz de asimilar.

Cuando la familia y la niña se fueron, me fui a acercar a Stella para hablar del tema y decirle que nuestra misión se acababa de escapar.

Nuestra misio... —Stella gritó un nombre—. Dana. —Repetí pasivamente y vi como Stella salía corriendo detrás de la niña.

Luego vi como los supuestos padres de la niña sujetaban a la niña y salían corriendo con la niña porque al parecer Stella les estaba persiguiendo porque quería recuperar a la niña.

No entendía nada.

Por Merlín, necesitaba que alguien me dijera que estaba tan perdido como yo. Era imposible razonar lógica alguna a esta maldita situación.

Aún como un sim sin acción y una mirada perdida, salí corriendo por impulso detrás de Stella. Era mi amiga, así que si ella corría, yo corría. No sabía por qué, pero yo corría. No sabía qué estaba pasando, pero no importa, yo corría detrás de ella por si necesitaba mi apoyo en... algo. Lo importante es que estoy corriendo, ¿vale? Sólo necesitaba ordenar mis pensamientos y razonar por mí mismo por qué Stella está persiguiendo a una familia feliz con una niña.

Creo firmemente que me falta información.
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Stella Moon el Mar Dic 20, 2016 8:08 pm

Hacía meses que sabía de la existencia de mi hija, aunque en ningún momento me había preocupado lo más mínimo por ella. No tenía ningún tipo de instinto maternal, y no tenía ningún interés en buscar a la niña, a quien consideraba que no sería más que un estorbo. Había estado convencida de que habría desaparecido a la vez que Dante y ambos estarían en algún lugar del mundo perdidos, tal vez también sin memoria de mí como yo de ellos, o tal vez estarían muertos. En cualquier caso me daba igual, era un problema menos para mí. Pero acababa de comprobar con mis propios ojos que no, que ese no era el caso. Dana estaba, por lo que parecía, secuestrada, y se acordaba de mí… Algo en mí despertó y me obligó a actuar de la manera más irracional del mundo. Fue como si de repente yo no fuese yo. Como si otra persona hubiese tomado el control de mis acciones y de mis sentimientos, y me obligase a correr detrás de la niña y de los impostores que se hacían pasar por sus padres.

Corrí lo más rápido que pude detrás de ellos, pero ellos intentaron con todas sus fuerzas que yo no les alcanzase. La calle estaba abarrotada de gente, así que tuve que empujón sin miramientos a un montón de personas para que se apartasen y no me bloqueasen el paso. Era rápida, muy rápida, y en otra situación probablemente ya les hubiese alcanzado, pero esta vez las cosas eran más difíciles. Podía oír a Dana quejándose y gritando para que la soltasen y la dejasen venir conmigo. Estaba llamando mucho la atención de la gente, y tuve la esperanza de que alguna de las muchas personas que había allí se diesen cuenta de que esto se trataba de un caso de secuestro de menos y detuviesen a la pareja antes de que escapasen. Pero de repente ya no se escuchaba más el llanto de la niña, y cuando la vislumbré a ella y a sus secuestradores en medio de la multitud vi que Dana ahora estaba dormida en los brazos del hombre. La mujer tenía una varita en la mano, y supuse que le había lanzado un Desmaius a Dana para que se callase.

Les perseguí hacia la entrada de una callejuela lateral. Llevaban mucha ventaja sobre mí, pero al menos ya había menos gente en la calle. Sin importarme si algún muggle me veía o no saqué mi varita de mi bolsillo y apunté con ella a la pareja que se llevaba a mi hija antes de que desapareciesen en el interior de la callejuela.

“¡Terreo aparecium!” conjuré mentalmente para impedirles que se desapareciesen una vez estuviesen fuera de la vista de toda la gente en esa calle. Giraron la esquina y se adentraron en la callejuela, por lo que les perdí de vista durante varios segundos hasta que llegué al mismo lugar. Cuando entré en la callejuela no había nadie. ¿Había fallado el hechizo o se habían ocultado en algún sitio?

-¡Maldita sea! -mascullé frustrada. Miré por todas partes, intentando encontrar alguna pista que me indicase por dónde habían ido, pero no encontré ninguna. Drake llegó entonces, agotado y con expresión de estar completamente perdido. -Es mi hija… -le expliqué con voz entrecortada mientras recuperaba el aliento. El corazón me palpitaba a mil por hora. -Cuando me borraron la memoria… quienquiera que fuese borró todo. Mi pareja… mi vida… mi hija… -No se lo había contado a nadie, solo Jason sabía la verdad porque había estado allí conmigo, pero ahora Drake también sabía mi secreto. -Pensaba que estaba con su padre… ¿Dónde está…? ¿A dónde se la han llevado…?

Caminé rápidamente por la calle, sin tener ni idea de a dónde ir ni dónde buscar.
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Drake Ulrich el Miér Dic 21, 2016 3:50 am

No sabía qué narices estaba haciendo con mi vida, pero si mi amiga Stella estaba corriendo como si le fuera la vida detrás de una niña que gritaba ser su hija, yo no iba a quedarme atrás. Soy Hufflepuff, ¿recuerdan? Todo lo que sea importante para un buen amigo, lo es para mí también aunque no tenga ni puta idea de lo que esté pasando. Y aunque no fuera recíproco, Stella para mí era una amiga increíble que a pesar de su personalidad y carácter un poco tocapelotas, había hecho mucho por mí y por Fly. La tenía en alta estima. Así que sin preocuparme por ningún muggle y mucho menos por partirme un pie yendo por sitios que no pensé que pudiera ir para esquivar personas, perseguí a Stella lo más rápido que pude.

Algún que otro muggle se llevó sin querer un codazo mío, pero no estuve cerca de él el tiempo suficiente como para recibir su queja. Yo continué y continué hasta entrar en la misma callejuela en donde habían entrado tanto la pareja con la niña como Stella. Allí no habían muggles pues era lo que parecía un callejón sin salida, por lo que saqué mi varita automáticamente para defenderme en el caso de que hiciera falta, aunque algo me decía que sería más bien un ataque lo que debería de hacer en el caso de tener ocasión.

Cuando conseguí llegar hasta mi amiga, ella parecía inquieta y nerviosa por haber perdido a aquellos dos magos con la niña. Intenté tranquilizarla posando suavemente mis manos en sus hombros e intentando mantenerle la mirada, pero su siguiente confesión me dejó patidifuso. ¿Stella tenía una hija? ¿Yo aquí rogándole a Fly por un bebé y ya Stella tiene una hija? Qué injusta es esta vida.

Suspiré ante la noticia y parpadeé varias veces antes de centrarme en mi amiga.

Pero... ¿cómo sabes que tenías una pareja y una hija? ¿Cómo sabes que esa niña es tu hija? —pregunté sin entender nada. ¿Le habían vuelto los recuerdos o qué? No entendía cómo hace un momento no recordaba nada y, ahora, de repente, sí lo recordaba todo. Tragué saliva, intentando ser una persona de utilidad y no un inútil que se vuelve una carga en vez de una ayuda—. Tranquilízate, Stella. Encontraremos a... Dana —le aseguré—. Si no la encontramos hoy, te prometo que la encontraremos. Yo te ayudaré a hacerlo, ¿vale? —le prometí sin apartar la mirada de sus ojos, intentando que no perdiese los nervios. No por ella, que también, sino por mí. Yo era una persona muy sensible, como Stella perdiese los nervios yo también los iba a perder y no quería—. Mi madre siempre me ha dicho que el amor de una madre por un hijo cruza mares y fronteras. Te aseguro que será igual en tu caso.

Stella comenzó a caminar por aquella callejuela desesperada, buscando a aquellas personas. Posiblemente a la mínima oportunidad se hubiesen desaparecido, por lo que dudaba mucho que pudiera encontrar algo. Aún así acorté la distancia entre ambos y me coloqué a su lado, mirándola con una mirada que reflejaba perfectamente la empatía que estaba sintiendo por ella.

Stella, yo... —Pero no terminé la frase, ya que un hechizo me rozó la cabeza para seguir de largo.

Miré para atrás y vi al hombre huyendo a través de una paralela. Estaba solo. Intenté desaparecerme hacia allí para acortar distancias, pero no pude. ¿Sería ese ataque una distracción para conseguir que la mujer con la hija pudiesen buscar una zona en donde desaparecerse? Miré a Stella, esperando que ella decidiese qué hacer. Era su vida, era su hija y eran sus enemigos. Yo, sin embargo, la apoyaría en lo que decidiese.
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Stella Moon el Mar Ene 31, 2017 11:04 pm

Ver a Dana así, tan indefensa, asustada, y desesperada, despertó algo en mí que no sabía que existía hasta el momento. Jamás había pensado que yo podría tener instinto maternal, pero tal vez resultase que aunque mis recuerdos estuviesen modificados, eso no había borrado el hecho de que en el pasado había sido una buena madre y eso seguía ahí, aunque oculto y medio enterrado junto a todos los recuerdos de mi pasado. Pero además era una persona muy posesiva, y Dana era mí hija. Mía. No de esas dos personas que claramente la tenían en contra de la voluntad de la niña. No iba a permitir que se la llevasen, si ella no estaba con su padre entonces tendría que estar conmigo, o con quien yo decidiese, pero no con esas dos personas.

Así que corrí y corrí, con Drake pisándome los talones apoyándome en la persecución, pero les perdimos el rastro al entrar en un callejón. Maldije y le confesé a Drake que aquella niña era verdaderamente mi hija. Era Dana, no Christine como esos dos extraños la habían llamado. Drake se mostró confundido, obviamente, y le expliqué la situación mientras recuperaba la respiración y miraba desesperadamente a mi alrededor, buscando alguna pista que me indicase por dónde seguir buscando. Jamás me había sentido tan sacada de mis casillas, tan irracional. Técnicamente ni siquiera conocía a esa niña, no me había importado enterarme de su existencia ni me había molestado en buscarla, no había querido hacerlo, pero aquí estaba ahora, a punto de chillar por mi fracaso en la persecución. No tenía ningún sentido para mí, pero no me importaba.

-Vine a Estados Unidos hace meses para descubrir la verdad. No sabía si era cierto que me habían borrado los recuerdos- comencé a explicar a un muy confundido y muy sorprendido Drake.- Fui a mi casa y allí estaba todo. Fotografías, la ropa de mi pareja en nuestro cuarto, el dormitorio de mi hija… No se llama Christine como esos dos hijos de puta decían, se llama Dana Gabanelli. No recuerdo a su padre, solo sé de su existencia por lo que vi en las fotografías en la casa. Fue a Hogwarts con nosotros… No iba a buscar a ninguno de los dos, pero al verla así… No puedo dejar que se la lleven…

Drake intentó tranquilizarme, asegurándome que la íbamos a encontrar y que él me ayudaría. Le miré, y por primera vez… por primera vez aprecié su amistad de verdad, sin pensar que era una amistad falsa basada sobre un terrible engaño, me di cuenta de que era un amigo de verdad a pesar de que yo no lo fuese para él porque no me conocía de verdad, y si supiese mis intenciones me odiaría. Escuché lo que dijo sobre lo que decía su madre sobre el amor de una madre. ¿Sería verdad eso? ¿Sentiría yo, que soy una persona que puede llegar a ser despiadada y completamente cruel y egoísta, ese amor incondicional del que me estaba hablando? No lo sabía con certeza, y me resultaba muy extraño planteármelo siquiera, pero vista la situación en la que estábamos ahora mismo parecía que era ciertamente una posibilidad.

-Gracias…- me dio tiempo a decirle justo antes de que una maldición pasase rozándole la cabeza y le diese a la pared de uno de los edificios junto a los que nos encontrábamos. Miré en la dirección de la que provenía el hechizo y vi al hombre huyendo. Ni la mujer ni la niña estaban con él, pero pensé que si le atrapaba a él conseguiría llegar hasta ellas, así que sin perder nada de tiempo me puse a correr tras el hombre, indicando antes a Drake que viniese conmigo y me ayudase a atraparlo.

En medio de la persecución perdí completamente los estribos y alcé la varita hacia el hombre al ver que se nos iba a volver a escapar. Me importaban un cuerno las consecuencias de mis actos en este momento.

-¡Crucio!- bramé, y la Maldición Imperdonable surgió de mi varita y le dio de lleno al hombre, haciéndole caer al suelo entre alaridos de dolor. Se retorcía como un animal en el suelo, convulsionándose y gritando, suplicando que parase, pero no iba a detener el hechizo ni siquiera teniendo a un Auror a mi lado. Me daba igual. La rabia que sentía en mi interior casi de manera irracional hacía que mi Crucio fuese más intenso que una maldición normal.

-¡¿Dónde está mi hija?!- grité, aunque el hombre no podía contestarme en las condiciones en las que se hallaba.

Sin embargo, las cosas no salieron bien. Un gato callejero que no habíamos pensado que fuese más que eso se transformó en la mujer a nuestras espaldas de repente, pues era Animaga. Nos pilló por sorpresa a Drake y a mí, y antes de que nos diésemos cuenta fuimos noqueados por la espalda, permitiéndole a la pareja la oportunidad de escapar, sacar a mi hija del lugar donde la habían dejado inconsciente y escondida, y huir.

Cuando despertamos no sabía cuánto tiempo había pasado. Miré a mi alrededor, pero allí ya no había rastro de la pareja ni de Dana. Me quedé sentada en el suelo, algo aturdida, sin saber qué sentir, y con una expresión vacía en mi rostro. Había fallado.
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Drake Ulrich el Miér Feb 08, 2017 1:33 am

Se me hacía surrealista la historia de Stella, ya que la simple idea de pensar que yo podría tener otra vida de la que no recuerdo en donde existiese incluso la posibilidad de tener un hijo... se me hacía como una idea escalofriante. Era como darse cuenta de que en realidad vivías en una mentira. ¿O la mentira era tu anterior vida? ¡Era algo muy confuso! Intenté seguir todo lo que me decía, pero me parecía tan raro que parte de mi mente comenzó a divagar sobre cuánto de eso podía ser verdad o no, sobre todo porque yo conocía una versión de Stella muy diferente a la que me estaba diciendo.

No le dije nada al respecto, ya que decir algo sin parecer subnormal no me iba a resultar, así que simplemente intenté tranquilizarla para que no perdiese los estribos ni le diese un ataque de ansiedad y, aunque al principio dudase de mis capacidades de tranquilización, pareció funcionar en cierta manera.

No solía ser una persona de consejos muy buenos —o eso es lo que siempre había pensado de mí mismo—, pero lo que sí era era un buen hombro en el que llorar y en el que sentirte segura. Me gustaba ser cálido con mis amigos y prestarle mi apoyo y mi ayuda siempre que lo necesitasen, en los buenos y malos momentos. No me gustaba ver sufrir a nadie, mucho menos a gente tan cercana a mí como lo era Stella. Quizás yo para ella era un amigo más, un compañero gordo de piso que se come siempre toda la mermelada, pero yo a ella la tenía en gran estima.

Le sonreí cuando me lo agradeció y no pude decir nada más, pues una maldición me rozó la cabellera, delatando la posición del enemigo. Rápidamente seguí a Stella y perseguimos al tipo, pero todo pasó demasiado rápido. Ella lo derribó con una imperdonable —de la cual me quedé un poco acojonado, pero no hice nada por remediar— y parecía hasta disfrutar con ella. El tipo se lo merecía si todo lo que decía era verdad, por lo que en cierta manera me quedé en un segundo plano intentando ver por dónde tiraba Stella. Yo me sentía un poco mal por eso de ser auror y permitir semejante crueldad... pero debía de recordar que no estaba en mi país y las leyes ahí eran diferente y yo no tenía ninguna potestad... Aunque bueno... solo era una excusa más del montón para permitir aquello.

Sin embargo, debería de haber hecho algo, más que sea mirar a nuestro alrededor, ya que por la espalda nos atacaron sin previo aviso, dejándonos K.O en el suelo.

Segundos, minutos u horas después, no sabía cuánto, me desperté allí con un dolor de cabeza inhumano. Nunca era sano que te hicieran desmayarte estando de pie. ¿Alguien ha pensado en el chichón que te sale en la cabeza cuando tu gran melón choca contra el suelo? A mí será que me pesa mucho la cabeza, pero es lo primero que choca contra el suelo. A mí eso de que se me doblen las rodillas y caiga progresivamente no me pasa.

Me di cuenta de que Stella estaba a mi lado, con una mirada de pura tristeza y decepción. Me guardé la varita y me acerqué a ella, pasando mi brazo por detrás de ella y dándole un abrazo.

Yo te ayudaré a buscarla, te lo prometo. —Claro que en este momento no pasaba por mi cabeza las circunstancias futuras en donde yo iba a estar entre rejas. Pero mis intenciones actuales son bien sinceras—. ¿Vayámonos a casa, vale?

No se lo estaba preguntando, solo informándole. No íbamos a seguir con la misión original porque habíamos perdido el rastro y ninguno de los dos estaba como para volver a empezar de cero dada la hora que era. Así que la sujeté suavemente de la muñeca, le sonreí y me desaparecí con ella hacia mi casa, la misma casa en la que antes había vivido Stella con Fly y conmigo. La mimé como un buen amigo y le hice un chocolate caliente. Quisiese hablar o prefiriese quedarse callada, a mi no me importaba, ahí iba a estar yo para una cosa o para otra.
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