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Clementina de my love {Synnove L. Sorensen}

Invitado el Sáb Jul 30, 2016 5:38 pm

¡Verano! OH YEAH! ¡Cómo amaba el verano!

Parrandas desenfrenadas por mil. No sabía hasta cuando los Potter iban a aguantarle viviendo bajo su mismo techo si muchas veces llegaba de mañana cuando ellos estaban desayunando y además varias de esas veces arrastraba a James consigo. Lo bueno que podía decirse, es que sus parrandas eran considerablemente sanas, eran más de hacer estupideces y rebeldías varias en lugar de andarse quedando chicas que no conocían o quedando tan borrachos que no se acordaran de sí mismos. Eso, a ojos de Sirius, no era tan divertido como meterse a escondidas al cuarto de Remus y despertarlo a las tres de la madrugada para volar por las calles de Londres a toda velocidad evitando los muggles y acabar lanzándose un piquero al agua desde la misma cima del Big Ben, y sí, eso incluía espongificar parte de la plaza que tenía abajo, para poder caer luego de cabeza al agua.

Así, con su loco verano esa tarde una vez más había sacado su motocicleta para conducir a toda velocidad por las calles de… ni siquiera sabía donde, pero era algún lugar muggle relativamente cerca del Valle de Godric, pues había salido de la casa de los Potter como una flecha hacia donde le llevara el viento para conocer algún lugar nuevo.

Como era frecuente en él, no llevaba casco y se pasaba por el culete todas las restricciones de velocidad a menos que viese a la policía de frente y esas mismas irresponsabilidades le hacían bastante más propenso a accidentes. Por ejemplo, aquella insignificante piedra en su camino que hizo que de la nada la motocicleta saliera disparada por los aires y Sirius cayera de ella varios metros más allá. Por supuesto, no era la primera vez que se caía de la motocicleta o que sufriera un accidente, pero era la primera vez que lo hacía en un lugar tan lleno de muggles.

El trafico se detuvo, la gente más alarmada gritó, y los curiosos (es decir el 99.99% de la gente) se acercó inmediatamente a mirar. Y, como siempre, no faltaron las discusiones de aquellos que querían que se levantara del suelo para ver si estaba bien y los otros que decían que era mejor no moverlo, mientras los más pocos decían que le dieran espacio para que tuviera aire, como si el aire no pudiese colarse por entre medio de todos.

Sirius, para su desgracia, estuvo inconsciente por el golpe alrededor de un minuto, pero eso ya bastó para que la gente se alarmara lo suficiente para llamar a la ambulancia y quisieran hacerle resucitación cardio pulmonar, por lo que para cuando vino a reaccionar ya tenía encima de su boca, la boca de un tío lo más parecido a Arnold Schwarzenegger al que todos aplaudieron de héroe sin haberle resucitado realmente, pues al contrario, casi le mata del espanto y Sirius ya comenzaba a quererse morir del asco y no paraba de poner caras que, la mayoría de la gente, interpretaba como dolor.

Mierda… —murmuró para luego alzar la voz — Estoy bien, estoy bien. Gracias.

Intentó ser cortes en la medida posible y luego quiso de hacerse un espacio para ponerse de pie, pero ahí si que sintió dolor, mucho dolor. Se había roto la pierna.

—Oh, mierda —dijo uno de los muggles —No te muevas, la ambulancia viene en camino.

—¿Ambulancia? —preguntó Sirius.

Por un momento no habían entendido que demonios era eso, pero al siguiente recordó que lo había visto escrito en esos carros grandotes llenos de sirenas y luces que transportan a los enfermos o heridos a los hospitales muggles.

—Oh no… medicina muggle, no —dijo de repente.

Entonces intentó desesperadamente ponerse de pie para huir del lugar, pero la gente le atajó para echarle de nuevo hacia atrás y que no se moviera. Sirius por nada del mundo quería ver a un doctor muggle y es que ha había escuchado y visto demasiadas cosas de ellos, mientras que en San Mungo le arreglaban las fracturas en un abrir y cerrar de ojos. Fue en ese momento que vio a un rostro conocido, era una chica que sin duda alguna había visto antes en Hogwarts y había tenido más de alguna clase con ella en todos sus seis años de estudios. Él le llamaba “la ciega” porque su nombre en sílabas se separaba leyendo algo así como alguien que no veía, pero precisamente en ese momento, no podía acordarse de ese maldito nombre ¿Sería muy estúpido que le llamase “Eh! Tú, la ciega que no es ciega”?

—¡Clementina! —le llamó de pronto, simplemente inventándose un nombre, pero eso bastó para que todo el Mundo mirase a Synnove —¡La conozco! Estudiamos juntos, ella puede llevarme a casa, a que sí.
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S. Lyssandra Østberg el Jue Ago 04, 2016 4:55 pm

Tenía que comprar cosas que le habían mandado sus padres y que ellos no harían de su propia mano porque consideraban que era una tarea muy mundana para ellos. ¿Qué es lo que verdaderamente querían? Simplemente deshacerse de ella. Eso la llevó a querer abandonar la casa, claramente, no podía soportar un día más así. Aunque lo más posible es que acabara por no importarle aquello al pasar el rato y volviera lloriquenado o algo así para que la aceptaran nuevamente en la familia a duras penas. No era capaz de estar sin su familia, no era capaz de aceptar que aquello realmente no estaba bien. Siempre odiaba a su familia pero le era inevitable amarla. Resultaba ser complejo para sí misma y muchas veces era algo que la superaba. La superaba y acababa con ella en la habitación llorando, o incluso llorando en los hombros de Stella en muchas ocasiones.

Mientras caminaba por las calles se quedó expectante de todo, miraba todo detalle que había a su alrededor y esperaba que las cosas no fueran tan monotonas. No había realmente algo que despertase su curiosidad y su alma de águila. Suponía que era porque no debía pasar de ese modo. No las cosas iban a ser servidas en bandeja al gusto del consumidor, así no iba la vida. La vida era demasiado aleatoria como para que ocurriese lo que ella quisiera pero sin embargo ocurrió algo que realmente llamó su atención. Sobretodo por el sonido que este origen de su sorpresa hizo. No pudo evitar sobresaltarse, le había pillado en una situación justo al lado de la acera en la que estaba caminado. Y quien decía al lado decía a una distancia un poco lejos.

No tardaron en aparecer ojos curiosos, entre esos ojos se encontraba los de Synnove. Aun así ella se acercó más de la cuenta para poder observar quien era. Resultaba ser bastante fácil saber quien era tratándose de quien se trataba y de lo tanto que le había hablado Stella de él. No iba a olvidar el día en el que hicieron que Stella se quedase en el cuarto de los chicos. Se trataba de un Black, un león. Se quedó ahí esperando a ver que pasaba, los demás se limitaron a gritar asustados por el joven mientras llamaban a la ambulancia. Eso hizo que el castaño se despertara más de lo que Synno hubiera podido hacer en su situación, aunque solo hizo que la pequeña rubia quisiera hacerse más espacio entre las personas para poder ayudarlo. Quizá eso fuera lo que ayudó a la víctima a que la viera entre la multitud y que finalmente esta la mirase a ella como esperando algo.

Él es mi amigo, yo me encargo de él. — Apartó a las personas ya no con tanta modestia para poder ir a ayudar al contrario. — Yo me lo llevaré, tiene huesos duros como el acero. Seguro no es nada, no es la primera vez que se cae. — Aseguró como si aquello fuera cierto y una vez se hizo hueco entre la gente se acercó a él para que se apoyase en su hombro. — Les agradecería que no llamaran a una ambulancia. No es necesario y seguramente haya alguien que la necesite más que mi compañero. Tampoco se preocupen por el vehículo... Somos chicos muy responsables y sabemos como hacer las cosas. — Hablaba con total seguridad y una cálida sonrisa, a pesar de que muchos de los presentes no estuvieran de acuerdo con lo que estuviera diciendo pero fue suficiente para que muchos otros se marcharan a ver que era lo que realmente había pasado. — Yo te ayudaré a salir, tranquilo.. — Le murmuró a él cuando se agachó y esperar a que este se apoyase encima de ella para ayudarlo a levantarse.
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Invitado el Jue Ago 04, 2016 11:59 pm

—Cuidado mocosa —dijo uno de los curiosos cuando Synnove se abrió paso.

Sirius agradeció al infinito y más allá mientras le veía acercarse. Cualquier otra persona podría haber huido lejos, hacerse la loca o decirle que realmente no eran amigos y marcharse, pero la chica no lo hizo. Le siguió la corriente y se acercó a él aún a pesar de que la gente se lo ponía difícil, por lo que el ojigris le tendió una de sus manos cual niño sólo desea ser sacado de ahí lo antes posible por su madre.

—Sí, sí, siempre me caigo y la verdad es que odio los hospitales —corroboró Sirius.

—Pero ya llamamos a la ambulancia —dijo uno de ellos con el teléfono móvil en la mano —, además tienes un hueso roto, por más duros que sean, tienes que hacértelo ver.

—¡Pero ella es policía! —se apuró Sirius.

—¿Policía? ¿No que eran compañeros? Se ve muy joven para ser policía.

—Pero si lo es —continuó reclamando.

La verdad es que mas que cualquier otra cosa, lo que estaba haciendo era distraerlos, mientras él se aferraba del brazo de la chica para intentar ponerse de pie, o al menos ese era su plan y la Ravenclaw parecía estar pensando lo mismo, por la postura que adoptó y lo que le susurró al oído.

Entonces Sirius se apoyó en ella con un brazo y en el mismo suelo con el otro, para intentar ponerse de pie, apoyándose en la chica que no sabía si acaso sería capaz de soportar su peso, pero no tendría manera de saberlo si acaso no lo probaba. Mas cuando ya estuvo listo para apoyar las piernas, el dolor llegó a calarle mucho más allá de los huesos y acabó cayendo de trasero una vez más.

—Otra vez —pidió el animago, con los dientes apretados.

—No seas estúpido —volvieron a protestar los muggles y le sujetaron para que no se pusiera d pie.

—¡Déjenme! —gritó Sirius, intentando sacudírselos de encima, antes de volver a apretar los párpados por el dolor.

Y entre el forcejeo, las voces a coro diciendo “La ambulancia” y el apartarse de la gente, le señaló que realmente el vehículo de asistencia había llegado. Inmediatamente tanto el chofer como el paramédico bajaron la camilla de tabla y se acercaron a él para apartar a la gente y subir a Sirius a ésta antes de ponerle un cuello ortopédico y envolverle la pierna rota con una bolsa de aire que hacía de inmovilizador y colchón al mismo tiempo.

—No, esperen —pidió Sirius cuando se lo llevaba y estiró su mano hacia la Ravenclaw para que ésta se la tomara —. Ven conmigopidió con un hilo de voz, pues en su mente se tramaba una idea.

Así le subieron a la ambulancia y permitieron que Synnove le acompañara y se sentara a su lado mientras chofer y paramédico regresaban a la parte de adelante del vehículo. Sirius se quedó en silencio y volvió a tomar la mano de la chica, para hacer que ésta se acercara un poco más y poder susurrarle al oído.

¿Sabes desaparecerte? Si me llevas, podremos hacerlo ahora que no están mirando. Sé como hacerlo y tengo mi licencia, pero me duele tanto que estoy seguro que me escindo.
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S. Lyssandra Østberg el Sáb Ago 13, 2016 4:04 pm

Sonreía falsamente a todos los que tenía a su alrededor, mostrando la tranquilidad de una amiga que solo quería ayudar a su compañero del alma, si es que en ese caso resultaban ser eso. Había pasado de ser a una simple compañera a una policía. ¿Entonces eso le hacía una compañera de policía? No estaba muy puesta en el mundo muggle, sus familiares no le dejaban demasiado porque eso sería demasiada influencia, aunque tenía suerte de tener al menos a su tía. —¿Quieren dejar de agobiar? Resultáis ser personas de persistencia que sobrepasa los límites de la razón humana.— Dijo con un tono de ligera molestia por lo que estaba haciéndole aquellas personas al pobre castaño por una simple caída, si es que simple era la palabra correcta. La cuestión era que no les estaban dejando irse. Sin duda aquel chico no le apetecía nada aquella situación y Synnove le estaba ayudando, aunque no entendía muy bien porqué. Seguramente porque en situación de él pediría lo mismo.

Trató de ayudarlo a levantarse pero claramente este no podía sostenerse ya que su pierna no le permitía soportar demasiado peso, la pena era que en aquel momento poca magia se podía hacer al respecto. Estaban totalmente rodeados de muggles, y eso en cierto modo le ponía nerviosa porque no era una situación a la que estuviera muy acostumbrada. Aun así en aquel momento les estaba empezando a tener cierto odio porque no podía aguantarlos más. ¿No podían marcharse simplemente? Para colmo estaba llegando la ambulancia y parecía que aquello fuera un milagro. ¡Milagro era que se fueran para poderse ir ellos! Mas no, no iba a ser así porque las insistencias de los espectadores se cumplieron y finalmente la ambulancia llegó al lugar del accidente, aun así trató de no separarse del compañero para evitar que se lo llevaran, pero lo hicieron.

Acabarían por cogerle y tumbarlo en la camilla para finalmente introducirle en la ambulancia pero tras la petición del mismo, y por lo que habían pasado, no podía dejarle solo. — Hagan espacio sanguijuelas, dejen vivir a los demás y preocúpense de sus vidas. Cada uno lleva la vida como quiere... — Les diría a todos los de su alrededor antes de subirse a la ambulancia, claramente molesta con las reglas de la sociedad en aquel momento. ¿No podían aceptar que el joven no quisiera ayuda? Entonces fue cuando se sentó con él, calmándose de todo el barullo que la habían puesto ponerse un poco bajo presión y que la hizo incluso agobiarse. No es que las multitudes fuera de su gusto. — Que irrespetuosos que no te han escuchado. — Y fue entonces cuando el castaño la tomó de la mano para acercarla a él, cosa que le extrañó en aquel momento dada la situación.

¿Estas loco? ¿Aquí? — Miró a ambas partes un poco preocupada de que les pudieran oír, aunque no entenderían mucho al respecto. Entonces fue cuando miró al contrario a los ojos, algo preocupada porque seguramente fuera a doler le más de lo que él pensara. — De acuerdo, no sueltes mi mano. Te llevaré a mi casa que está a un poco más de tres manzanas. — Le tomó bien de la mano y antes de cerrar los ojos se aseguró de que nadie se hubiera enterado de nada y nadie estuviera atento para finalmente avisar al Black para cerrar los ojos y mentalizarse del lugar en el que se quería aparecer. Daba gracias a que no fuera una chica de poca concentración y de ideas claras pero no quería verse en más situaciones como esas. También daba gracias a que la aparición se realizara bien y resultara ser algo silencioso, no era como conjurar un hechizo aunque no sabía que consecuencias podría acarrear el hacerlo en aquel lugar.

Cuando abrió los ojos soltó un quejido de dolor pequeño porque aparecerse siempre resultaba ser algo un poco agobiante, al menos para ella, porque a veces la presión que resultaba realizar en el cuerpo era más duradera que en otras veces, suponía que era por los nervios al hacerlo o algo así. No tenía ni idea. Aun así estaban en el cuarto de Synnove. Un cuarto pintado y decorado de colores celestes y plateados, con muchos libros de muchos tipos pero pocos muggles. Todo demasiado sobrio y sin demasiados toques personales, denotando que era un cuarto más adulto de lo que podría ser para su edad. Todo hecho por su padre a gusto de él mismo, y no de ella. — Ya estamos, ¿estas bien? Que pregunta la mía... No te preocupes, llamaré a mi hermano. ¿De acuerdo? Él es sanador, casi toda mi familia lo es... Nos ayudará, ¿de acuerdo? — Le dijo esperando que al menos le afirmase, pues tampoco quería hacer nada en contra de su voluntad, y si se diera el caso, iría a por él cuando el castaño accediera.
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Invitado el Sáb Ago 20, 2016 8:47 pm

Sí, se le había pasado una idea loca, pero ¿cuándo no habían ideas locas en la cabeza de Sirius Black? Pedir que pensara de manera cuerda era como pedirle peras a un olmo, o así es como decían al menos los muggles. Por eso le pidió a la chica que se desaparecieran aún cuando no estaba seguro de si ella sería o no capaz de hacerlo, pues aunque no pudiera, él prefería tomar el riesgo de escindirse e ir a San Mungo a ser reparado en algún hospital muggle con todas sus famosas agujas y dolorosos implementos.

Por fortuna la chica pareció finalmente ceder y Sirius asintió con la cabeza, sin prestar verdadera atención a donde le llevaría y es que en esos momentos no le importaba en lo absoluto. Lo único que sabía es que la pierna dolía y que de algún modo deseaba llegar a San Mungo, aun cuando prefería hacerlo más vivo que muerto.

Se aferró de su mano como si fuese ésta su único camino para seguir viviendo y cerró los ojos, más por dolor que por miedo. Sintió el tirón del estómago y en la ambulancia se escuchó un pequeño Crack que hizo que ambos muggles mirasen hacia atrás, pero en la cabina ya no había nadie.

¿Qué? ¿Dónde están? ¿Desaparecieron? Imposible… ¿Estamos locos? ¿Habrán sido espíritus? Y así muchas teorías que no dejaron de ser preguntadas hasta que el vehículo regresó al hospital con una camilla vacía.

Sirius y Synnove, por otro lado, aparecieron en una habitación que el pelinegro no tuvo tiempo de mirar, pues aparecieron de pie y el dolor de la pierna le hizo gritar fuertemente y caer al suelo, arrastrando el brazo de la chica también consigo, por lo que la hizo tambalear, pero no caer.

No supo lo que ella le dijo, sólo sabía que la pierna dolía, que dolía mucho y que necesitaba ayuda mágica de una buena vez. Por eso fue que cuando vino a abrir los ojos, se dio cuenta de que no estaban en verdad en San Mundo sino en una habitación de un adulto random y que la rubia salía por la puerta dejándole ahí solo.

—¡No!

Dijo cuando ya era demasiado tarde y se llevó ambas manos a la pierna para apretársela con todas sus fuerzas, para luego intentar sacar su propia varita desde el bolsillo de su pantalón. Se maldijo mil veces por no saber hechizos de curación, pues ahora sabía que era una de las cosas que pediría a Drake que le enseñara, así que miró alrededor para buscar alguna solución temporal, un trozo de madera o metal que le sirviera para entablillarse la pierna, por lo que sus ojos acabaron clavados en una de las patas de la cama que se encontraba a su lado. No dudo en apuntar a su objetivo y estuvo a punto de decir el hechizo y echarse la cama, cuando la chica regresó al cuarto acompañada de un hombre mayor.

—Oh Merlín, pensé que te habías ido —le dijo a la chica y enseguida miró a su acompañante quien parecía no dudar en examinarle —. Es una pierna rota, quiero ir a San Mungo, no quiero ayuda muggle.

Explicó rápidamente, dudando si hacer o no hacer magia y sin entender porque Synnove le había traído a ese lugar ¿dónde estaba y quién era ese sujeto?
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S. Lyssandra Østberg el Dom Ago 28, 2016 2:29 pm

No quería arriesgarse a ir a San Mungo por aparición. ¿Qué pasaba si la interrogaban? ¿Cómo iba a explicar que se había desaparecido de una ambulancia muggle? No sabía como iba a poder explicar aquello, y sobretodo no sabía como iba a salir de aquello si tuviera que contarlo. Synnove consideraba que la medida más segura era aquella, aparecer en su cuarto y pedir ayuda a alguno de sus familiares. No estaba segura de lo que iba a decir el Black, ni si quiera sabía qué estuviera pensando en aquel momento. No obstante, aunque fuera extraño para solo conocerle de palabras de su amiga la leona, quería ayudarlo porque entendía que no era una de las mejores situaciones para él. ¿Por qué no ayudarlo? También era cierto, que si no fuera de Edward y Stella, seguramente se hubiera largado de aquel lugar haciéndose la loca para no tener mucho contacto social hacia otra persona. Aquel no era el caso y se sentía extrañamente cómoda al tratar de ayudar a alguien a pesar de las consecuencias que pudiera tener.

Estaba cambiando, ¿para bien?

Sin duda, Synnove nunca había sido una chica de malas intenciones y siempre con un corazón de oro, algo que muchas veces era contradictorio a lo que ella quería. Como ya no era realmente tan desconfiada, porque había logrado confiar en nuevas personas en el final de curso, pues se podía permitir ser más cercana con aquel Black y preocuparse por el mismo. Ni si quiera hizo caso a las palabras del mismo. Su negativa no haría que ella no fuera a ayudarlo, tampoco sabía si el gryffindor sabía verdaderamente qué era lo que estaba pasando. Por eso mismo se marchó rápidamente hacia el salón con la esperanza de encontrar a su hermano, quien debía andar por casa porque aún no era hora de que se fuera nuevamente a trabajar. Aunque no lo encontró. Maldición Miró a todos lados en busca de señales del mismo. ¡Incluso olfateó! Si, hizo eso. Tenía la sensación de que podía estar su colonia masculina embriagando el aire que la rodeaba y efectivamente fue así. Tan solo le quedó seguir el aroma masculino.

Acabó finalmente en lo que hacía de despacho en aquella casa. — ¡ Lagarto ! ¡Necesito tu ayuda! ¡Corre! — Gritó alarmada a su hermano y lo mejor será no cuestionar aquel apodo. Su hermano titubeó pero entendió que su hermana no iba en broma cuando le decía aquello. Así que la siguió hasta el cuarto de la fémina para darse cuenta de que había un chico. — A ver, no quiero meterme en vuestras cosas de adu...— Y antes de que terminase la frase el joven Black habló desesperado por el dolor y el querer a San Mungo. El mayor Sorensen se sintió realmente ofendido por ser confundido con un muggle aunque tampoco quería culpar al mismo de ello. — ¿Cómo te llamas joven? — Preguntó para desviar su atención y con suma elegancia sacar la varita del interior de la chaqueta para apuntar hacia la pierna. — No te preocupes, no dolerá. — Aunque realmente si dolía no le importaba al Sorensen. Luego de apuntar conjuró el hechizo para curarle la pierna y fue cuestión de los segundos necesarios para que aquello terminase al método mágico que el Black quería.

No quiero saber que ha pasado pero me agrada que no quieras atención muggle, no hay comparación con la magia. — Añadió orgulloso. — ¿Te encuentras mejor? ¿Te duele? ¿Necesitas algo? — Preguntó Synno preocupada de si había tomado la decisión correcta o no, lo que le llevó agacharse para tomar al Black de detrás de la cabeza y la espalda para incorporarlo y que pudiera respirar mejor y cómodamente. — ¿Te tumbo en la cama? Dime... — El hermano se quedó esperando durante unos segundos para luego mostrar una ligera sonrisa, cuya intención era desconocida, para luego marcharse. — Bonita pareja, me encargaré de que los padres se pongan de acuerdo... — Y tras una ligera risa socarrona se marchó, dejando a Synno aún preocupada del estado del castaño.
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Invitado el Lun Ago 29, 2016 10:49 pm

¡Dolor! ¡Dolor! ¡Dolor!

No podía pensar en otra cosa más que en el dolor y es que cada minuto que pasaba, la fractura se le enfriaba y él más se movía y eso le hacía sentirla aún más dolorosa. MUY dolorosa. Más no importaba cuanto dolo pudiera sentir, iba a oponerse rotundamente a recibir ayuda muggle. Un mago podía reponer huesos rotos en un segundo y un muggle lo hacía en meses y él NO se imaginaba meses con ese dolor.

—¡NO!

Gritó a modo de respuesta y también de protesta, cuando el mago recién llegado comenzó a preguntarle su nombre. Es que ¿no entendía? No iba a responderle nada, no iba a ser sociable, ni tampoco amable, él quería ir a San Mungo y no habría cortesía que le hiciera cambiar de parecer, mucho menos con un muggle. Por lo que cuando el hombre sacó una varita, entre medio de las muecas de dolor, Sirius le miró asombrado y eso que por fin dejara de resistirse.

—¡Black!

Exclamó antes de volver apretar los dientes y es que el dolor no le dejó seguir con su nombre, por lo que volvió apretarse la pierna con aún más fuerza, al tiempo que dejaba escapar otro alarido de dolor. Ni siquiera prestó atención a la advertencia de que aquello no le dolería, pues lo único que quería es que el dolor parase de una vez, sin importar si acaso tenía sufrir aún un pick máximo de sufrimiento.

Entonces, el hechizo fue conjurado y se escuchó un fuerte y doble “CRACK” desde la pierna de Sirius, lo que hizo que éste gritase una vez más, para luego… calma.

El chico se quedó mirando la pared de la habitación por un par de segundos, aún con la respiración agitada, como si sólo recién se hubiese dado cuenta de que había una pared ahí. El dolor por fin había desaparecido, pero su cuerpo aún estaba lleno de adrenalina.

Giró el rostro hasta el lugar de origen de la voz que escuchaba y sólo entonces pudo ver bien la cara del joven que le había ayudado y pudo también razonar sus palabras, por lo que asintió con la cabeza, pues definitivamente tenía razón. En cosas de medicina, los muggles lamentablemente tenían mucha desventaja.

—Sí, estoy bien —respondió a Synnove.

Respiró profundamente, intentando volver a calmarse, para luego negar con la cabeza a las otras dos preguntas, y es que primero necesitaba calmarse y bajar las revoluciones de su corazón y sus nervios antes de pensar cualquier cosa y determinar lo que quería.

Y no, tampoco deseaba tumbarse en la cama, pero sí deseaba ponerse de pie, por lo que se apoyó al borde de ésta e intentó pararse, apoyando la anterior pierna rota con un poco de desconfianza, y aceptando la ayuda de la chica para poder hacerlo.

—Gracias —dijo al mago en cuanto comprobó que la pierna funcionaba, pero éste se despidió con una frase algo confusa —. Okey…

Sirius respondió aún confundido y aturdido por todo lo que había pasado, por lo que miró a Synnove después, buscando algún tipo de explicación.

—¿Padres? —preguntó.

Esa palabra, definitivamente, le perturbaba mucho más que la palabra “pareja” y es que él nunca había tenido una pareja —bueno, sí, pero no contaba porque precisamente le habían dejado alegando que él no sabía lo que significaba estar en pareja—, pero sí había tenido padres y no quería ya tener nada que ver con ello. De hecho, prefería mil veces tener una pareja que tener de regreso a sus padres.

—¡La motocicleta!

Exclamó de pronto y, nuevamente, cogió la mano de la rubia para desaparecerse y, esta vez, aparecer en la esquina del lugar en donde había tenido el accidente y donde venía doblando un enorme camión, por lo que Sirius tuvo que arrojarse sobre la orilla de la calle y empujar a la chica con él, para luego mirarla algo asustado y quitarle el cabello del rostro para poder verle la cara.

—Lo siento, yo… aún estoy un poco aturdido —dijo sacudiendo la cabeza, para luego mirar al lugar en donde había tenido el accidente —¿Sería muy extraño que me apareciera ahora con la pierna arreglada?

Preguntó viendo como aún habían algunos curiosos conversando cerca del lugar en donde la policía estaba ahora subiendo la motocicleta a una especie de camioneta de carga y la aseguraba con varios listones de hule.

—Necesito recuperarla… —dijo sacando la varita —¿Alguna idea antes de que haga una locura?
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S. Lyssandra Østberg el Miér Sep 07, 2016 1:27 am

Daba gracias a su hermano por haberla ayudado, más bien haberle ayudado a Sirius. Tener familia de sanadores no era del todo malo, aunque odiaba que en cierto modo eso hiciera sentirse condicionada a ello. Aunque sus familiares aseguraban que no era necesario y que comprenderían totalmente que su sangre le condicionase el poder llegar tan lejos como ellos. ¿No sonaba repulsivo? Más de la cuenta y más de lo que su estómago aguantase.

Aun así lo peor estaría por llegar. Estaba claro que su hermano no se iba a ir de la habitación sin tocar las narices. Sabia perfectamente a lo que el mayor venia a referirse, pues no era el primer familiar que quería juntarlo con una familia de renombre. Todo por y para la pureza de la sangre. Synnove no era mas que una mercancía con la que poder ganar cosas útiles si un compromiso adecuado se presentase pero no sabían que ella podía irse por esa puerta que daba a la salida de su hogar y no aparecer más.

Aunque si sabían que de presentarse ocasión no seria capaz.

No pudo evitar sobresaltarse ante la exclamación de Sirius. ¡Habian dejado la motocicleta allí! Aunque realmente aquello no era una gran preocupación porque tan solo debían ir al garaje de la grúa para recoger el vehículo. Fuera como fuese trató de agarrar la cartera cuanto antes y lo hizo casi al límite, antes de ser arrastrada por Sirius hasta un callejón junto a la calle que habían abandonado antes.

Muchas emociones en un mismo día, se podría decir.

Aquel chico no era el único que le ponía el mundo patas arribas pero ciertamente estaba más cómoda de lo que hubiera imaginado por palabras de Stella sobre él. - No te preocupes, aun así avisame. Estos viajes me dan fatiga de muy seguido. - Suspiró mientras recobraba el aliento perdido en la aparición, sin dejar de escuchar al Black.

- No tiene porqué ser raro si realmente no tenias la pierna rota sino dislocada. Como quien se disloca un hombro. - Respondería tras una breve meditación para mirar la grúa y como la masa de gente cotilla esperaba a saber qué . Pero fue ver a Sirius sacar la varito lo que la hizo alarmarse para bajar su mano con algo de preocupación y susto en la mirada. - No, no hagas magia. ¿Estas loco? La llevaran al depósito para que llegue alguien que page su recuperación. No le van a hacer nada, son cosas muggles. - Miró con seriedad al Black esperando que comprendiera la situación como ella. - Voy a preguntar a que depósito van, antes de que se vayan, e iremos a él. Me presento, pago y tendrás tu motocicleta. ¿Te parece? - Y esperó su respuesta, aprovechando que aun quedaba por montar la moto en la grúa y anclarla bien. Lo único que quería es que Sirius estuviera de acuerdo con su plan y estar segura de que no haría una locura.

A no ser que el tuviera un plan más sensato.
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Invitado el Sáb Sep 10, 2016 10:16 pm

Sonrió al escuchar la petición de la chica, diciendo que le avisara la siguiente vez que se desapareciera. Sí, lo sabía, él también había pasado por esas sensaciones las primeras veces y, a decir verdad, aún lo vivía si no era él quien dirigía.

—Pero… ellos… ¿no se dieron cuenta que la tenía rota?

Estaba absolutamente confundido, el dolor lo había cegado tanto que, si bien había sido consciente de muchas de las cosas que pasaron a su alrededor, pero de varias de ellas desconocía los detalles, sobre todo esas en las que el dolor de su pierna se había llevado casi toda su atención.

No lo pensó dos veces al momento de sacar la varita para recuperar la motocicleta, aunque claro, sabía que no podía hacer magia ante muggles y por eso dio la advertencia a la chica, aunque él prefería mil veces enfrentar alguna investigación en el Ministerio de la Magia que perder su preciado medio de transporte. La Ravenclaw reaccionó rápido y le atajó la manos antes de que hiciera una locura, por lo que Sirius le miró esperando escuchar una mejor idea. Por algo era Ravenclaw ¿no? Alguna idea brillante tendría que salir de ella.

—Un poco ¿no se nota? —respondió divertido, cuando ella preguntó si acaso estaba loco —¿Qué deposito? ¿Por qué tienes que pagar si la motocicleta es mía?

Sirius no entendía nada de como funcionaban aquellos asuntos muggles, él sabía de las cosas divertidas; películas, bandas de rock y un poco de internet, pero definitivamente no tenía idea de como funcionaba la policía.

Los oficiales intentaron hacerle rodar las ruedas para subirla, pero la motocicleta parecía realmente estancada en el suelo, por lo que algunos de los transeúntes tuvo que unirse para levantarla del suelo y poderla subir a la grúa.

—Por favor, que no se monten, que no se monten, ni se carguen en el asiento.

Murmuró el joven con la vista fija en su precisada compañera de viaje, pero lo murmuró demasiado tarde, pues para amarrarla, uno de los oficiales cargó una de las cintas de hule demasiado sobre el asiento y de pronto la moticleta saltó, haciendo que todas las cintas se soltaran, golpeando fuertemente a uno de los policías.

—¡¿Qué pasó?! —gritó uno de los oficiales mientras iba a atender al policía herido.

—No es una simple motocicleta —comentó el ojigris, lo suficientemente audible como para la rubia escuchara —. No se dejará montar por otra persona a menos que yo vaya y se lo diga. Es… algo así como las rasuradoras mágicas a las que si no les pides que te rasure con educación y de buena manera, acaban por cortarte entero. Yo mismo la hechicé.

Sonrió orgulloso, aunque claramente su ingenio no le estaba jugando a favor en ese momento. Ambos oficiales se quedaron mirando la camioneta en ese momento, las correas se habían cortado y ellos no tenían explicación alguna más que tal vez haberle puesto más de la fuerza lo que habría hecho que el vehículo saltara por presión, según ellos. Así que le dejaron caer al piso, para llevarla acostada y suelta, sujetada ligeramente por un par de correas amarradas.

—¡¿Dónde se la llevan?! —exclamó el pelinegro al ver que los oficiales ya iban a subirse a la cabina de su propio vehículo.

Si Synnove iba a actuar, tenía que hacerlo ya, pues Sirius volvía a alzar la varita.
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S. Lyssandra Østberg el Dom Oct 16, 2016 11:40 am

¡Claro que se dieron cuenta! Me estas poniendo nerviosa. — Medio gritó en voz baja, realmente estaba poniéndose nerviosa porque no le estaba dando tiempo a pensar en un momento tan complejo como aquel. — Por Merlín, para la siguiente ten cuidado y no te caigas así. — Suspiró mientras seguía pensando una manera de hacer que no se llevasen la moto. No tenía muy claro que era lo más fácil de hacer y con lo que se pudiera solucionar sin llamar demasiado la atención. ¡Los muggles no podían ver magia! Sirius posiblemente estuviera en un punto en el que eso le importaba una mierda y por eso estaba así de alterado pero era totalmente normal cuando observé como estaba actuando la moto antes de ser puesta para ser llevada al depósito. — Esto se está yendo de las manos, no podemos hacer magia porque no podemos desmemorizar a tantos muggles. — Suspiró puesta más en tensión, lo único que veía era lo del depósito.

Escúchame la llevarán a un depósito para que lo recojas cuando te recuperes, es lo que hacen los muggles cuando hay un accidente y no tienen tu dirección del hogar. Una vez en el depósito hay que pagar una pequeña cantidad de dinero, no galeones, para retirarla del depósito. Seguro que si voy yo, que me vieron antes, podré retirar tu moto del depósito. No me importa pagarla porque prefiero eso antes que nos llegue el ministerio a darnos una charla o algo peor. Quiero seguir estudiando en hogwarts, ¿vale? — Si, la estaba volviendo loca llegado ese momento y es que la única opción que veía más coherente en aquel momento. Suspiró y esperó haber convencido a Sirius de aquello. — ¿Me he explicado mejor? — Preguntó mientras miraba al Black esperando que entendiera como iban los muggles con estas cosas. — Se la llevan para no dejarla en la calle y que te la puedan robar. ¡Imaginate si cada persona que la ve se quiere montar! — Volvió a decirle tratando de que no actuara de manera impulsiva. Synnove estaba segura de lo que decía sobre el depósito porque si lo sabía era porque lo había vivido por terceras personas cercanas que le pasaron algo similar, aunque sus automóviles no actuaban así cuando alguien trataba de subirse.

Entonces caminó un poco más adentro de la calle en la que estaban para masajearse la sien un poco dolida por todo lo que estaba aconteciendo que había pasado bastante rápido. — Mira, si quieres hacer mágica adelante porque sé que no me vas a escuchar pero lo que te he dicho es la única solución que tengo para este problema que tenemos. — ¿Y por qué iba a tener ella el problema? Quizá porque le preocupaba el contrario y no quería dejarle con todo el marrón, parecía ser tan impulsivo que podría hacer cualquier locura por tal de recuperar su moto y eso le preocupaba. Todo se arreglaría con un papel con una firma por parte de él autorizándola y pagando una cantidad de dinero. ¡Listo! ¿Le había llegado expresar aquello? No lo tenía claro pero esperaba poder hacer las cosas bien y preferiblemente sin magia de por medio para evitar más problemas.
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S. Lyssandra ØstbergUniversitarios

Invitado el Jue Nov 10, 2016 5:20 am

Prácticamente dio un salto cuando la chica exclamó de esa manera y se la quedó mirando con expresión de niño asustado. Vamos, Sirius estaba acostumbrado a que le regañase alguien como la Ravenclaw, así que aquello le había pillado absolutamente de sorpresa.

—No me caí a propósito.

Se defendió inmediatamente cuando ella le dijo que para la siguiente ves tuviese más cuidado y no se cayese de esa manera ¿De verdad estaba pensando que lo había buscado? Pues no, claro que no. ¡Si hasta se había roto una pierna!

Asintió cuando ella dijo que no podían hacer magia, pero ¿qué iba a hacer? No podía permitir que se llevasen la motocicleta de esa manera ¿no? Por eso es que ya estaba sacando la varita para detenerlos, cuando ella le frenó una vez mas, diciéndole que tenía que escucharle. Sirius le prestó atención, después de todo la chica parecía saber mucho más de como funcionaban los muggles en situaciones como aquellas. Sin embargo, seguía sin entender porque demonios tenía que pagar por recuperar su propia motocicleta, pero bueno, los muggles eran extraños.

—Sí, sí, tranquila —alzó ambas manos para que se calmara y luego se guardó la varita —. Entonces ¿qué? ¿Empezamos a correr detrás de esa camioneta?

Rió divertido y miró a su tesoro con expresión de dolor. Realmente no quería perderla de vista, ni pensar la probabilidad de pensar de que los muggles pudiesen llegar a hacerle algo. Estaba seguro que él antes se desmayaba que soportaba ver a su motocicleta desarmada y convertida en chatarra en algún basural muggle.

Tanto el chofer como el copiloto cerraron la puerta y al poco la camioneta se empezó a mover, lo que hizo que Sirius saliera de su escondite y se acercase lo más rápido posible a la calle, mirando hacia ambos lados hasta que vio a uno de eso vehículos de transporte público que él mismo había llegado a ocupar más de una vez.

—¡TAXI!

Gritó a todo pulmón y también pegó un chiflido con los dedos en la boca, lo que hizo que el taxista les escuchara y se diese la vuelta para recogerles unos segundos después. Abrió la puerta y le dio la pasada a la chica, para que ésta pudiese subir primero y tomase asiento.

—¡Siga a ese vehículo! —le ordenó al taxista y luego sonrió a la rubia —Siempre quise decir eso.

Sí, efectivamente a veces parecía un niño pequeño. Por eso mismo, cuando vio el símbolo que debía ponerse el cinturón de seguridad, frunció el ceño y comenzó a pelear con los cintos, sin tener la menor idea de como era que se usaban esas cosas, así que al final optó por no ajustárselo y viajar a la mala, como siempre. Dinero para el taxi, por fortuna sí tenía, así que pagó el vehículo sin problemas hasta donde se había detenido ese vehículo.

—¿Y ahora qué? —preguntó Sirius.
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S. Lyssandra Østberg el Jue Nov 10, 2016 11:02 am

Daba gracias de que Sirius la hubiera finalmente escuchado. Le iba a dar un ataque al corazón o algo si hubiera hecho magia delante de tantos muggles. No quería ni si quiera saber las consecuencias que le hubieran llevado a ambos por aquello. Sin duda estaba realmente asustada de aquella posibilidad pero finalmente acabó por guardar la varita y calmarla. — Que susto me ibas a dar... — No sabía ni cómo podía seguir ayudándolo. ¿Quizá porque sentía necesidad de protegerlo de sus propias locuras? Su serenidad no tenía cabida ahí con tanto ajetreo y no podía pensar con toda la claridad que necesitaba para solucionar las cosas como de normal solía hacer. Al menos había optado por la opción muggle, que era ir a pagar el depósito de la moto y listo.

Sirius acabaría por llamar a un taxi, y eso le puso más nerviosa aún porque así podría darse cuenta de que realmente no tenía la pata rota. Por suerte para ambos, nadie se fijo en el castaño y pudieron entrar en el taxi.

Una vez dentro, Sirius diría una frase típica de película muggle pero aquello no lo pillaría Synnove dado a que pocas películas muggles había visto y de ver alguna eran de fantasía. No había taxis ahí, al menos no como se conocía en este mundo. — Se te nota con esa sonrisa. — Sonreiría de vuelta mucho más tranquila que antes mientras observaba la grúa frente al taxi y como alcanzaban al ritmo del vehículo que perseguían. Todo realmente era una locura para Synnove pero estaba totalmente segura de que una vez acabado esto podrían estar realmente tranquilos ante todo

Cuando detuvo el taxi y lo pagó, tomó de la mano de Sirius para tirar de él en el momento que los transportistas no mirasen al taxi, para así llevarlo a fuera y dejar oculto a Sirius de los otros. — Mira, ¿ves que están dejando tu moto en aquel depósito? — Señaló a su moto la cual estaba cerca de la salida pero rodeada a su vez de otras motos. Mientras tanto los transportista se fueron a las oficinas para rellenar los papeles sobre la moto. — Iré a las oficinas de ahí y pagaré el depósito. A penas será dinero porque no ha estado mucho tiempo. Cuando vuelva voy a hacer como si la estuviera empujando pero necesito que tú lo muevas con la varita. Es decir.. No la eleves demasiado sino más bien a ralla para que parezca que va por el suelo. Sino tendré que mover yo la moto y me enviará volando a saber donde. — Comentaría su plan. — ¿Tienes alguna idea mejor de como mover tu moto sin que te vean? El permitir sacar la moto no va a ser un problema, el problema será moverla de ahí sin que te vean.
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Invitado el Sáb Nov 26, 2016 3:53 am

Se sorprendió cuando la chica tomó su mano, pero luego se dio cuenta que había sido para sacarlo del marco visual de los encargados de aquel corral en donde dejaban los vehículos que, imaginaba como el suyo, habían sido parte de algún accidente.

Siguió la dirección del dedo de la chica, cuando ella le dijo que allá estaba su motocicleta y asintió con la cabeza, para luego mirar al otro lugar que indicaba, el cual decía era la oficina donde debía pagar. También le escuchó decir parte de su plan y le preguntó por si se le ocurría alguna manera de que no le vieran, lo que hizo que Sirius se apuntase a sí mismo, con su propia varita sobre la nuca y recitara un encantamiento desilucionador.

—Caeca Temporalis.

Le sonrió y la Ravenclaw dejó de ver su sonrisa casi inmediatamente, pues toda la silueta de Sirius comenzó a camuflarse con el entorno como si fuse un verdadero camaleón. Una vez más se sentía tan feliz de por fin poder realizar magia fuera de la escuela sin llegar a meterse en líos.

Siguió a la muchacha, pero no llegó a entrar a la oficina, siempre se mantuvo guardando las distancias e intentando pasar un poco más desapercibido. Cuando ella salió por fin con el recibo en la mano y las supuestas llaves de su moticicleta —las cuales eran solamente adorno y para despirtar a los muggles —, Sirius se subió a ella y le invitó para que se sentara detrás, lo más apegado posible para que pareciera que conducía ella, y entonces salieron lo más rápido que le fue posible.

Una calle más allá, se sacó el encantamiento desilucionador de encima y sonrió a la rubia, antes d detenerse fuera de una heladería. Ahí le invito a ella el helado más grande que tenían disponible y ambos se sentaron a charlar un buen rato, lo que hizo que por fin conociera su nombre, así que él también se presentó por el suyo. Hablaron de la escuela, de amigos que tenían en común y de los profesores que más odiaban. Rieron, contaron un par de historias y luego fu a dejarle a casa, antes de que él regresara a la casa de los Potter.
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